Archivos Mensuales: julio 2019

Transparencia

El cielo sobre nosotros
es una antigua ciudad en ruinas
levantada sobre el llanto
de los hombres.

Todas mis plegarias
fueron a morir al sol.

Queman mis ojos
hechos de alcohol,
nada queda ya
tras sepultar la primavera
bajo la lluvia
y el recuerdo de una triste canción.

Todavía siento la erosión de sus dedos
sobre mi arena,
la quilla de su barca sedienta
de otro nuevo naufragio.

Ella sigue escondida
entre muros lejanos y silvestres
ataviados de coloridas pinturas,
con la piel del corazón tan expuesta
al frío y el desamor.

La vida se evaporó
en el sueño fermentado del maguey,
ácidas visiones habitan la asimetría del desierto,
un mar de cactáceas y flores amarillas.

En la boca llevo el tono triste
de su voz desnuda
en el humo del cigarro.

Orfebre de las palabras calientes,
el ocelote canta una elegía
al viento irremediable de la noche
que le roza el alma.

Nacerá del agua fresca
un nuevo comienzo
al final del horizonte,
es la translúcida perfección
del presente y el alba,
el amanecer de los días sin sombra,
el último suspiro de un amor roto.

El dolor desciende como las aves
para purificar el cielo en sus alas.

Las piedras se beben el tiempo enmohecido
que dormita en la memoria de los viejos.

Llueve el grano dorado sobre los silos
de la historia
para alimentar al animal
que llevamos dentro,
la bestia que duerme y resucita
al interior de nosotros.

Una herida sobre la otra
se dibuja en mi costado,
como la humedad de la tibia sangre
que ronda mi sueño:
es una galería de corazones a la deriva,
una sinfonía de payasos tristes,
los besos lascivos que fueron abortados
de tu boca y mi boca al filo del crepúsculo.

La noche es el misterio
que se esconde en tus pupilas,
la sábana blanca donde duermen
todos mis demonios,
un cuento inofensivo,
una panga cruzando la selva
en la suave caricia del río
y su caudal de leyendas.

Brotan seres luminosos
de entre las plantas,
fluyen los cardúmenes de plata
bajo el agua y las estrellas,
germinan los pozos
donde la gente va a arrojar
todas sus averías,
todos sus anhelos,
todo el amor aún por cumplir.

Los grillos silban al compás de la luna,
una suave melodía de piano los acompaña,
la tierra mojada rejuvenece entre la hierba,
son siglos forjados por el hambre y el metal,
el destino que se cuece a fuego lento,
el eterno galopar de los caballos
sobre las nubes.

Una bocanada de alegres canciones
se posa sobre nosotros,
como si fuera una mariposa:
esa inexplicable felicidad
que de pronto nos inunda el corazón.
::.

Un sorbo de etérea humanidad

 

Mi alma masculla versos
sin sustancia.

Ahí reside la verdadera
naturaleza humana,
en palabras deformes
que no dicen nada,
salvo algún gemido,
el aire sonoro de lo que duele.

Conocerse es conocer
a los demás.

Pero qué será de aquellos impostores
que han decidido refugiarse
para siempre detrás de la máscara,
evadiendo su propio reflejo
frente al espejo.

¿Podrán conocerse realmente?

Son apenas tristes maniquís
buscando no morir de asfixia
en el aire venenoso
de quien se miente a sí mismo.

La verdad puede ser un trago amargo,
no es apta para todos.

Sólo los valientes son capaces
de abrevar en sus aguas.

Un estallido, un terremoto,
el colapso de los cinco sentidos
en su búsqueda de Dios,
el mundo convulsiona
entre las piernas de un amor en llamas.

Sólo los valientes habrán de quedarse
en la colina
a presenciar el espectáculo
de los cuerpos corrosivos
y salvajes
yendo a mitigar la sed
en la puesta de sol.

Encontré mi voz sangrienta
en un pentagrama,
mi retina disuelta
en un óleo de Schiele,
la vida es un tulipán amarillo
que se abre en medio
del invierno y la nieve,
mi corazón es otra cosa,
un navío con destino incierto,
siempre predispuesto a la aventura.

Dirán que carezco de mesura
y tendrán razón,
la mesura es para quienes han decidido
morirse por dentro,
yo pertenezco a una antigua raza
de personas-volcán,
que de vez en cuando tiene la urgencia
de hacer erupción,
soy el poeta-huracán
de los versos terremoto,
quien habrá de sacudir al mundo
con su canto de mil estrellas
gimiendo de dolor y de placer
entre los escombros de una mujer obscena,
soy la tempestad y la mañana de rocío
al pie de la cuesta,
soy quien habrá de organizar una acampada
en la luna
y también en el centro de la Tierra,
soy el hombre desnudo que camina
y desuella canciones
mientras sueña un rumor de caricias,
y desnuda a la madrugada
en su alberca de flores.

Yo estoy hecho de la misma sustancia
del extravío
me he perdido mil veces
en todos los rincones de este absurdo laberinto,
he sobrevivido a la infamia,
ese cruel vestigio de la vanidad
que pudre el alma de los hombres,
sigo despierto y sediento
de la arborescencia ritual de la selva,
soy el jaguar que mira en lo profundo
de la noche,
soy la ceiba madre que conecta
el Xibalba con el cielo,
soy la sangre transparente del río
que fluye en tus adentros,
soy la inmensidad del océano
que revienta en tus pupilas,
soy el corazón salvaje relinchando
en el regocijo de las flores,
soy la vendetta de los pueblos sin nombre
buscando un exorcista,
soy el sueño ácido derramado
en la duda tornasol
de una encrucijada.

Soy el vino y la sangre,
el alma que se desprende del cuerpo
para continuar su cósmico sendero
de cumbres y destierros.

Llueve la tarde sobre nosotros,
llueven las anheladas horas
de la muerte
sobre el deshielo del alma,
somos consecuencia
de tantas cosas…
una mirada, un abrazo,
un bello atardecer
o las impredecibles olas del mar,
las sábanas destendidas
sobre la cama
en las horas azules del amor,
somos fiebre y carcajada,
un grito violento
tapizando las cuatro paredes
de una habitación,
somos el caos de la calle
y su carnaval de sorpresas,
somos humo
y somos nada,
un dulce sorbo de licor
al otro lado
de nuestra etérea humanidad.
::.

El fraude bancario que gobierna el mundo

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“Controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”.

Henry Kissinger

La mejor explicación en video que he visto sobre cómo funciona ese gigantesco fraude llamado sistema financiero internacional, una maquinaria diseñada por los banqueros del mundo para generar y concentrar riqueza de la nada, lo cual explica en buena medida la manera en que ha aumentado la desigualdad en el mundo.

Es un fragmento de la película Thrive ¿Cuánto le costará al planeta?, de  Kimberly Carter Gamble y Steve Gagné.

El problema de estos asuntos es que, como la realidad es un punto de encaje, muchos fenómenos que cuestionan el discurso hegemónico sobre el que se sostiene la “realidad” de nuestro tiempo, parecen una auténtica locura. Pero hay elementos interesantes para que, al menos, otorguemos a estos argumentos el beneficio de la duda. 

Un puente

 

No existe la piel desnuda
en el roce de la caña,
frente al ventarrón
de mí para ti.

Yo te miraba
y tú fosforecías
en la canción
que todavía duele.

No puedo comprender
como fue
que alguna vez soñé,
que estabas ahí,
tal vez me engañaste
pero no podrás engañarte a ti.

El humo es tan elocuente,
un vacío que no cabe
en nosotros dos,
una espera victimaria,
acaso ríspida,
un pasón de eutanasia y recuerdos.

Tu pasado sabe a bolero,
al punto exacto en que la espera
se alarga,
como una multitud de salobres miradas,
tratando de ahuyentar el mar
que se colma sobre nosotros dos.

Un recuerdo añil,
acaso una sutil bocanada,
de tatuajes y sabores adheridos
a la piel incandescente
de mi alma enamorada,
la rima que duele
en tus ojos lejanos
perdidos en la inmensidad del sol.

Aparecí en el aroma
de tu cabello carburante,
añoranza y explosión
de la mente viajera
que viene y va
desde la luna menguante
hasta la tenue piel de tu otro planeta.

Ya estás aquí
¿y ahora qué?
si sólo me quedaron
las desgracias
de tu aroma.

Bébete el amanecer de los muertos
como un puente sucedáneo
sobre la tenue luz del amor.

Como la boca en tu aurora,
un instrumento de tu horca
bebiendo la delicia de tus pechos
en la miel de lo que sueñas.
::.

Volví

Fue una sensación
lo suficientemente amarga
como para volver
a respirar.
::.

Un millón de años luz

 
Un alma hermosa
es aquella que se abre
es aquella que comparte
un par de sueños ensimismados
en el vino taciturno
de un corazón soñoliento.
 
Se queda huyendo
como un libro entreabierto
en tu boca de papel,
toda la ternura derramada
en tus manos forajidas,
en cada rincón,
cada reducto innombrable
de tu partitura secreta.
 
La luna enrojecida
nos miraba desnuda
desde su estante
de miradas vacías.
 
¿Cómo habré de saber
la hermosura de un alma diáfana?
 
¿Cómo habré de identificar
la pulsión de un alma verdadera?
 
La risa siempre revela
la claridad de los tigres
sonriendo sobre un mar
de turbias pasiones,
un par de acordes cediendo
a la luz del mar
y su sed de amanecer.
 
Un señuelo en tus ojos profanos
ya parece suspirar
mi debilidad de hombre herido,
la esperanza de mi sangre en tu sangre,
como un viento feliz,
el curso de las cosas
de un amor
que ya no da para más.
 
Una clave esplendorosa
es la claridad que nos ahogó
en tibia miel
sofocada por la altura del glacial,
un alma líquida,
derramada entre cerveza y la tinta
en el papel,
una luz y nada más,
que pareciera descubrir
un océano de besos.
 
La fiebre en cinta,
un suave despertar,
las manos sobre tus llagas,
un dulce palpitar
cayendo sobre tu cuerpo
hecho de sueños y sudor,
oh dulce víctima,
aparecida en el paredón
de mis sueños forajidos
donde nunca escampa el sol.
 
Era una luz,
apenas carcelaria,
como tu voz en mi voz
inundando los recuerdos
que habrán de demorar
la tiniebla sobre mi alma desnuda,
como una casa vacía
merodeando la amplitud terrestre
de los que vuelven subterráneos
del desierto.
 
Hoy he de morir como tantas veces
sobre tu nombre de luna vulnerada
en la tibia acuarela de un poema.
 
Yo te cuidaré
hasta donde mis cavidades
lo permitan.
 
Yo te amé para siempre,
pero eras tan solo una niña berrinchuda,
una simple mortal
cuando mi alma me exigía
mujer cósmica y galopante
para exorcizar el aire tóxico
que se filtra en los pulmones
y la piel de la guitarra,
su sonido sordo
con sabor a eternidad.
 
El pabellón de las ansias indispuestas
ahora nos mira,
es un viento amargo y amarillo,
añorando llorar
toda la rabia y el placer
de quien ha perdido a alguien
ahora y para siempre
en el reducto de tus labios encendidos,
el sillón echando chispas
en las cenizas de un amor en duermevela,
un amor desafiando la tormenta,
un amor a un millón de años luz.
::.

El hombre unidimensional y la pobreza del espíritu en tiempos de la 4T

Sin título

 

En una revisión a la obra de Herbert Marcuse y su concepto de “hombre unidimensional”, la académica Blanca Muñoz señala que:

“El individuo unidimensional se caracteriza por su delirio persecutivo, su paranoia interiorizada por medio de los sistemas de comunicación masivos. Es discutible hasta la misma noción de alienación porque este hombre unidimensional carece de una dimensión capaz de exigir y de gozar cualquier progreso de su espíritu. Para él, la autonomía y la espontaneidad no tienen sentido en su mundo prefabricado de prejuicios y de opiniones preconcebidas”.

La definición es brutal y sintetiza a la perfección los tiempos en que vivimos: una sociedad de individualismo exacerbado, donde las personas son fácilmente manipuladas por los medios de comunicación masiva, donde el consumo se ha convertido en el nuevo culto.

Dime el grado de consumismo y te diré el grado de enajenación. Ahí reside la incapacidad de muchas personas a la hora de darse cuenta cómo están siendo burdamente pastoreadas por grupos que defienden un modelo civilizatorio en ruinas.

Las masas tienen que consumir mucho para tratar de llenar sus vacíos existenciales, la pobreza de su espíritu, débil, abyecto. En la sociedad capitalista, el consumo es la nueva religión. La gente trabaja y a cambio el sistema te devuelve unas horas de entretenimiento superficial, cómodo y simplón, un entretenimiento comercial que inhibe el desarrollo espiritual de las personas.

El entretenimiento dominical orientado al consumo se convierte entonces en una droga, la adicción de nuestro tiempo, que nos permite sobrellevar un sistema económico que tiende a la acumulación de la riqueza a través de la explotación humana y de la naturaleza.

Dime qué tan fifí te asumes y te diré el grado de alienación en el que te encuentras. Y algo parecido sucede en otros sectores impregnados de fanatismos apegados a ideologías rancias, incluyendo el marxismo, el liberalismo y otras corrientes filosóficas emanadas de la modernidad.

Curar todos los males del mundo implica desarrollar una nueva espiritualidad propia de nuestro tiempo. Volver a unir todo lo que fue separado.

Lástima que #LaBorregada prefiera simplemente ver la tele y procastinar en el feis.

Hay que destruir este mundo para escribir uno nuevo. ¡He dicho!
::.

Táctil

 

Reviéntame el corazón a mordidas
con la furibunda dentellada
de tu tibia indiferencia.

Es el presagio-destino
de mis días calavera,
la nave doliente y delirante
por donde marchan mis restos
en el panteón de mis sueños descarnados,
el manicomio de tus besos ausentes.

El alma a la deriva
es un viejo astillero
donde van a morir los fantasmas,
un ataúd sin puertas ni ventanas
donde se abreva mezcalina
para encubrir esta sucia soledad.

El tapiz de mi sangre
lleva tatuado el Norte
y tu aliento de madera,
una quimera de rostros encendidos,
un recale de labios silenciosos
que incendiaron para siempre
la sudorosa piel del horizonte.

Quiere bañarte mi lengua en caricias,
en el estruendo de la tarde-taquicardia
que me arrastra lejos,
un país remoto donde no sale el sol.

Fue el recuerdo de tu boca
el que gobernó mis días, soñolientos,
mis días de locura intempestiva y necesaria,
como un ramo de flores,
esa magra carestía
de vivir abatido y arrollado por tu nombre
de hojarasca.

Al otro lado del tiempo solo sombras,
al otro lado del camino solo un desfiladero
de crueles verdades con sombrero,
un barranco gracioso
esgrimiendo conjeturas y nostalgias
en la quietud de febrero.

Ahora respiro el aire-insecticida
que impregnó mi cuerpo
en la criminal reticencia
de tus manos radioactivas.

Las fotografías que nos vieron morir de amor
son ahora un derrotero de misivas sin respuesta,
citoplasma derramado
tras la delgada membrana de un recuerdo,
el olvido añejado en mis fiebres
de poeta errante.

Todavía siento la clarividencia
de tus ojos soñolientos sobre los míos,
todavía siento el embrujo
de tus piernas,
esa pulsión animal que nos aúlla
en la poesía del tacto
y su predisposición a cantar.

Dice Foster Wallace que escribir
nos ayuda a afrontar la soledad esencial del mundo
(o algo así)
y tiene razón,
porque la soledad puede ser también
una pincelada al filo de la noche,
un baño de agua fría,
el ataque cardiaco que en ocasiones
padece el crepúsculo.

Nada que el tiempo y el ansia
no permitan florecer.

::.

Cavidades

 

Cavidades de mi alma rota
solas van,
en el delirio de quien repta
en un cielo de nubes frías.

Llueve en la cripta
que fueron tus ojos,
mientras bailan sonrientes
las calaveras sin dientes
que me miran y saludan
insoportablememte alegres,
como estrellas de TV.

Mueren los ríspidos cuerpos
al calor de una fe inagotable,
la esperanza de que siempre vuelva
aquella luz tan lejana,
una cúspide intocable y desierta.

¿Qué sería del fulgor de un rayo sin trueno?
¿Qué será de mi pluma sin el perfume de tu ausencia?

¿A dónde irán a morir las canciones
que galoparon en un mar de recuerdos
hechos de sal y de arena?

como el tambor de los versos hirientes
que nunca revientan…

::.

 

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