Archivos diarios: 13 julio, 2019

Un puente

 

No existe la piel desnuda
en el roce de la caña,
frente al ventarrón
de mí para ti.

Yo te miraba
y tú fosforecías
en la canción
que todavía duele.

No puedo comprender
como fue
que alguna vez soñé,
que estabas ahí,
tal vez me engañaste
pero no podrás engañarte a ti.

El humo es tan elocuente,
un vacío que no cabe
en nosotros dos,
una espera victimaria,
acaso ríspida,
un pasón de eutanasia y recuerdos.

Tu pasado sabe a bolero,
al punto exacto en que la espera
se alarga,
como una multitud de salobres miradas,
tratando de ahuyentar el mar
que se colma sobre nosotros dos.

Un recuerdo añil,
acaso una sutil bocanada,
de tatuajes y sabores adheridos
a la piel incandescente
de mi alma enamorada,
la rima que duele
en tus ojos lejanos
perdidos en la inmensidad del sol.

Aparecí en el aroma
de tu cabello carburante,
añoranza y explosión
de la mente viajera
que viene y va
desde la luna menguante
hasta la tenue piel de tu otro planeta.

Ya estás aquí
¿y ahora qué?
si sólo me quedaron
las desgracias
de tu aroma.

Bébete el amanecer de los muertos
como un puente sucedáneo
sobre la tenue luz del amor.

Como la boca en tu aurora,
un instrumento de tu horca
bebiendo la delicia de tus pechos
en la miel de lo que sueñas.
::.

Volví

Fue una sensación
lo suficientemente amarga
como para volver
a respirar.
::.

Un millón de años luz

 
Un alma hermosa
es aquella que se abre
es aquella que comparte
un par de sueños ensimismados
en el vino taciturno
de un corazón soñoliento.
 
Se queda huyendo
como un libro entreabierto
en tu boca de papel,
toda la ternura derramada
en tus manos forajidas,
en cada rincón,
cada reducto innombrable
de tu partitura secreta.
 
La luna enrojecida
nos miraba desnuda
desde su estante
de miradas vacías.
 
¿Cómo habré de saber
la hermosura de un alma diáfana?
 
¿Cómo habré de identificar
la pulsión de un alma verdadera?
 
La risa siempre revela
la claridad de los tigres
sonriendo sobre un mar
de turbias pasiones,
un par de acordes cediendo
a la luz del mar
y su sed de amanecer.
 
Un señuelo en tus ojos profanos
ya parece suspirar
mi debilidad de hombre herido,
la esperanza de mi sangre en tu sangre,
como un viento feliz,
el curso de las cosas
de un amor
que ya no da para más.
 
Una clave esplendorosa
es la claridad que nos ahogó
en tibia miel
sofocada por la altura del glacial,
un alma líquida,
derramada entre cerveza y la tinta
en el papel,
una luz y nada más,
que pareciera descubrir
un océano de besos.
 
La fiebre en cinta,
un suave despertar,
las manos sobre tus llagas,
un dulce palpitar
cayendo sobre tu cuerpo
hecho de sueños y sudor,
oh dulce víctima,
aparecida en el paredón
de mis sueños forajidos
donde nunca escampa el sol.
 
Era una luz,
apenas carcelaria,
como tu voz en mi voz
inundando los recuerdos
que habrán de demorar
la tiniebla sobre mi alma desnuda,
como una casa vacía
merodeando la amplitud terrestre
de los que vuelven subterráneos
del desierto.
 
Hoy he de morir como tantas veces
sobre tu nombre de luna vulnerada
en la tibia acuarela de un poema.
 
Yo te cuidaré
hasta donde mis cavidades
lo permitan.
 
Yo te amé para siempre,
pero eras tan solo una niña berrinchuda,
una simple mortal
cuando mi alma me exigía
mujer cósmica y galopante
para exorcizar el aire tóxico
que se filtra en los pulmones
y la piel de la guitarra,
su sonido sordo
con sabor a eternidad.
 
El pabellón de las ansias indispuestas
ahora nos mira,
es un viento amargo y amarillo,
añorando llorar
toda la rabia y el placer
de quien ha perdido a alguien
ahora y para siempre
en el reducto de tus labios encendidos,
el sillón echando chispas
en las cenizas de un amor en duermevela,
un amor desafiando la tormenta,
un amor a un millón de años luz.
::.
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