Transparencia

El cielo sobre nosotros
es una antigua ciudad en ruinas
levantada sobre el llanto
de los hombres.

Todas mis plegarias
fueron a morir al sol.

Queman mis ojos
hechos de alcohol,
nada queda ya
tras sepultar la primavera
bajo la lluvia
y el recuerdo de una triste canción.

Todavía siento la erosión de sus dedos
sobre mi arena,
la quilla de su barca sedienta
de otro nuevo naufragio.

Ella sigue escondida
entre muros lejanos y silvestres
ataviados de coloridas pinturas,
con la piel del corazón tan expuesta
al frío y el desamor.

La vida se evaporó
en el sueño fermentado del maguey,
ácidas visiones habitan la asimetría del desierto,
un mar de cactáceas y flores amarillas.

En la boca llevo el tono triste
de su voz desnuda
en el humo del cigarro.

Orfebre de las palabras calientes,
el ocelote canta una elegía
al viento irremediable de la noche
que le roza el alma.

Nacerá del agua fresca
un nuevo comienzo
al final del horizonte,
es la translúcida perfección
del presente y el alba,
el amanecer de los días sin sombra,
el último suspiro de un amor roto.

El dolor desciende como las aves
para purificar el cielo en sus alas.

Las piedras se beben el tiempo enmohecido
que dormita en la memoria de los viejos.

Llueve el grano dorado sobre los silos
de la historia
para alimentar al animal
que llevamos dentro,
la bestia que duerme y resucita
al interior de nosotros.

Una herida sobre la otra
se dibuja en mi costado,
como la humedad de la tibia sangre
que ronda mi sueño:
es una galería de corazones a la deriva,
una sinfonía de payasos tristes,
los besos lascivos que fueron abortados
de tu boca y mi boca al filo del crepúsculo.

La noche es el misterio
que se esconde en tus pupilas,
la sábana blanca donde duermen
todos mis demonios,
un cuento inofensivo,
una panga cruzando la selva
en la suave caricia del río
y su caudal de leyendas.

Brotan seres luminosos
de entre las plantas,
fluyen los cardúmenes de plata
bajo el agua y las estrellas,
germinan los pozos
donde la gente va a arrojar
todas sus averías,
todos sus anhelos,
todo el amor aún por cumplir.

Los grillos silban al compás de la luna,
una suave melodía de piano los acompaña,
la tierra mojada rejuvenece entre la hierba,
son siglos forjados por el hambre y el metal,
el destino que se cuece a fuego lento,
el eterno galopar de los caballos
sobre las nubes.

Una bocanada de alegres canciones
se posa sobre nosotros,
como si fuera una mariposa:
esa inexplicable felicidad
que de pronto nos inunda el corazón.
::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 21 julio, 2019 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: