Archivos Mensuales: agosto 2019

El origen del kung fu: el dominio del chi

Un muy buen documental sobre los orígenes y la práctica contemporánea del kung fu, en su acepción de arte marcial. Un viaje por los dominios de la mente y la carne, el flujo del chi, esa fuerza elemental que puede ser controlada para realizar proezas fantásticas.

Descolocado

 

Tan habitual es en mí
la soledad del ermitaño,
quien de tanto buscarse
sólo encuentra extravío.

Es el desamparo que
se lleva puesto
como una segunda piel.

Seré acaso una isla
varada y remota,
tan lejos del basto continente.

Un lobo solitario
con el hocico hiriente
vagando en el aire frío
de la campiña.

Serán las preguntas
sin respuesta
que se agolpan de pronto
en el lado oscuro del corazón.

La inexplicable nostalgia
de añorar
aquello que jamás ocurrió.

Mi colección
de amargas certezas.
::.

Convídame tu oscuridad

 

Convidadme un poco de tu oscuridad
para abrazarte
y compartirla con el mundo.

Dadme un poco de la noche
para chupar el tuétano
de tu herida que todavía sangra.

Dejadme ser el aire
que acaricia tu sueño,
tu roja canción que va
de planeta en planeta.

Dejadme que respire
mi angustia sobre tu boca seca
de mujer desolada.

Eres acaso un fantasma,
un suspiro evaporado
en la humedad del verano,
un adiós traicionero,
una alegre despedida.
::.

Vampiros

 

A mi alma no le basta un sorbo,
ha de beberse la eternidad
cada noche entre sus piernas.

A mi alma no le alcanza un recuerdo,
ha de incendiarse en la soledad
de un poema.

Busquemos la raíz del sueño
en la brasa donde abreva el fuego,
ardamos para siempre
en la fragilidad de un suspiro.

Somos una sombra
del tiempo primigenio
proyectada sobre tu espalda,
un navío en busca
de respuestas.

Lamiendo tu piel
sobre la orilla,
busco pedazos de mi alma
en el remanso de la noche postrera,
danzando en la cornisa,
una flecha en el aire,
un electrocardiograma
besando tus sueños
de silencio calavera

Ella hablaba de otra cosa,
de las estrellas haciendo combustión
y la soledad del cielo,
el canto de las sirenas,
todas las cosas suceden por algo,
todas las luces se encienden
de pronto en el alma
de las nubes relámpago.

Yo quería abrazarte hasta morir,
pero nunca entendiste
el sentido ritual y profundo
de la muerte,
metáfora de la vida
que se incendia y se apaga,
como los versos desprolijos
que palidecieron de pronto
en la pulcritud de tu sucia
hipocresía.

Una ventosa en mis anhelos,
la otra piel dentro de mi armario
va tejiendo historias
en el rubor de mi propia saliva.

Yo me sentaba frente al estéreo
a escuchar
las fiebres de la adolescencia
contenidas en una canción
inexplicable,
y todo se movía,
la sangre brotaba de la alfombra
y me acordaba de aquello que no fue.

Es la esencia de todas las cosas
prefigurando un destino,
es la palabra viva que cambia
el curso de los vientos y los días,
como un mareo,
el tránsito nocturno de las olas
sobre tu arena,
revelaciones que palpitan
en la frente de un ciego.

Tan solo soy un recuerdo
tatuado bajo tu almohada,
la desobediencia de mis pies
y su sed de arborescencia,
un crujir de besos asolados
por murciélagos,
la tempestad respira
a través de mis alveolos,
es el ocaso de los viejos cuentos
resonando
en otros cuerpos.

Los vampiros se despiden
a besos, en los ocres
colores del otoño,
varados en la soledad
de una vieja estación de tren,
abandonados a su suerte
impregnados de nostalgias y averías
transitando en el viento.

Sin dolor
la hierba no germina,
el amanecer ya no sucede,
los muertos no regresan
de su exilio,
ni tampoco las flores
que colmaron para siempre
la sed del corazón.
::.

De labios amarillos

 

Que yo no escatimo
un beso
en tus ojos
malévolos, casquivana,
mi niña de los labios piraña,
deja la hipocresía
para otra cosa
que tú ya sabes que no te creo,
yo soy un torbellino
convertido en volcán
en erupción,
un línea que viene y va
de la música a la penumbra,
del yambé al guaguancó,
una reliquia, un aforismo,
mi alma desaforada buscando
refugiarse entre tu piernas,
como una boca sin besos,
un ardor sin piernas,
un decir de labios amarillos.
::.

Oda a la poesía

 
Poesía,
alquimia de los antiguos
con la que esculpieron
la musicalidad del viento
como besos forjados
en la simetría del tiempo.

Poesía, eres sonido
sumergido
en la transparencia del agua,
eres aire perfumado
de aurora,
sangre de corazón machacado,
eres torbellino y eres fuego,
un rumor de olas
que se agolpa de pronto
en las intermitencias del deseo,
eres sueño derramado
en la piel de la luna.

Poesía, eres ruina
y pájaro frutal,
eres inmensa
como las tupidas ramas de una ceiba,
el diálogo introspectivo
que mastican los hombres
cuando se comunican con las estrellas.

Poesía, eres un aullido con antifaz,
eres cabellera celeste y eres canto,
una luz que palpita
en el acento floral
de la noche tan incierta.

Poesía, desde que te conozco,
el amor luce tan distinto,
luce tan amplio,
pareciera eterno.

Tú sabes bien de lo que hablo,
me has visto desfallecer
de regocijo y de tormento,
en aquellos momentos en que el alma
extraviada
ya no puede más,
me has visto palidecer en la asfixia
del tiempo entrecortado,
me has visto embriagarme
en el licor de la selva
y llorar
en la intimidad de mi cama
junto a la mujer amada,
me has visto lanzar piedras
sobre el río
y también cantar en el arenal
de los besos forajidos.

Toda la noche se adhiere
a sus muslos,
toda mi lengua se adhiere
a su orilla,
lo sabes bien, poesía,
tú que me has visto mascullar
su nombre con insistencia
sin saber a dónde voy
o cómo habrá de terminar
aquella historia que nos hemos
empecinado en llamar
‘la vida’.
::.

Caminar

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Cada quien elige cómo crecer. Las posibilidades que ofrece la vida son tantas… pero aquel que decide su propio destino, será bienaventurado a lo largo de su camino.

Todos cometemos errores. Pero aprender de ellos nos hace madurar. Hay gente que prefiere evadirse de los problemas, andar por la vía más fácil. Y habemos en cambio, quienes nos gustan las cosas difíciles, retarnos a nosotros mismos, expandir nuestro horizonte. “No me lamento del presente. La gente se hace más fuerte enfrentándose a la realidad”, dijo Gai sensei. No me importa cuántas veces habré de fracasar en cualquier cosa que me proponga, pues al final, siempre habré de levantarme más fuerte que antes. Se puede perder con el enemigo pero jamás con el miedo. No hay fuerza más poderosa que la voluntad. Esa es una valiosa enseñanza en la vida, que afortunadamente, en días como hoy, me da por recordar.

Soy un tipo afortunado. Últimamente pienso mucho en ello. El camino ha sido largo y difícil, muy duro por momentos, pero así lo decidí yo. No me arrepiento. A veces es necesario aprender a lidiar con la tormenta para afianzar las raíces y esperar la salida del sol. Todo llega a su tiempo. La vida es una rueda que gira de manera misteriosa, fascinante, con subidas y bajadas. En cada estación, uno puede aprender una importante lección, si se presta la debida atención.

No aferrarse a nada, ser ligero como el viento. Perfeccionar al ser, antes que solamente poseer. Apreciar la belleza de todas las cosas, disfrutar los placeres sencillos que se esconden en las cosas diminutas. Amar y nada más. ¿Hay acaso una mayor dicha en la vida?

Y así habremos de irnos, silbando una canción al compás de la luna. Así habremos de irnos, desnudos y sonrientes, dejando una flor en cada herida, dejando el alma en cada puesta de sol, bailar bajo la lluvia. ¡Qué maravilla!

::.

Ciclos

 

Ocurre siempre,
que el árbol se vuelve semilla.

Seré breve,
como un ardor en el aire.

Como la lluvia que ronda
tu sueño.
::.

La creación del mundo en el canto de los ancestros: mito wirarika, poema nahua y otros cuentos

La verdad profunda sobre la existencia humana se esconde en los mitos de todas las culturas. Sintetizan la experiencia humana de generaciones enteras en un cuento. Y ese cuento revela la esencia profunda de las cosas.

Por eso me conmovió mucho ver el relato sobre el origen del mundo de los wirárika, la del niño luminoso que se convierte en sol, fuente de la vida, para poblar la tierra de dioses que florecen por doquier.

Los videos me recordaron la Antología de poesía primitiva, de Ernesto Cardenal, en la cual, se explica que el verso es “el primer lenguaje de la humanidad”. La poesía es siempre un viaje ritual hacia el centro de nosotros mismos. Y eso es precisamente lo que expresan los mitos que desde el principio del tiempo han dado sentido a la humanidad entera.

Arte sortilegio

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El artista es mago por naturaleza.

Capaz de convertir la desgracia humana en experiencia única y sublime, el artista tiene algo de alquimista y curandero.

El verdadero arte tiene siempre un trasfondo espiritual, es un ritual con el poder de equilibrar las pasiones humanas, una experiencia estética que explota por dentro. El verdadero arte es una purga, un sacrificio, un sortilegio que purifica el alma y habla el idioma de los sueños.

El artista es un pequeño dios capaz de recrear el mundo que se manifiesta a su alrededor. Transgresor por naturaleza, demiurgo de la luz y la sombra, el artista transforma el mundo proyectando su visión interior. Conectado con la fuente de la que emanan todas las cosas, responde a la epifanía del universo con un poema, un bello cuadro, una canción. Por eso deslumbra y conmueve, seduce, inspira, cautiva. Conocedor de la ciencia de los antiguos, habla con los animales, las plantas, las piedras y los astros; crea una realidad propia valiéndose de los objetos cotidianos e insignificantes que tiene a la mano, dotándolos de energía, haciendo que todas las cosas canten, se muevan, pues el artista es también repartidor de la vida, de la fuerza inagotable que habita en su interior.

Tiene además, el deber social de hacer vibrar las emociones de la humanidad en un ritual colectivo donde se equilibran las disonantes y contradictorias pasiones humanas.

El artista es un hechicero capaz de traspasar el plano físico para recrear el tiempo y el espacio en ese otro mundo de lo imaginario, allí donde van a dar siempre todas las horas de todos los lugares de todos los tiempos de todos los hombres y mujeres que pueblan la Tierra desde el origen mismo de todas las cosas.

El artista es un retazo de tibia humanidad fosforeciendo en el aire de lo etéreo, un ser luminoso capaz de hacer resonar la partitura secreta del cosmos.
::.

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