Archivos diarios: 4 agosto, 2019

La creación del mundo en el canto de los ancestros: mito wirarika, poema nahua y otros cuentos

La verdad profunda sobre la existencia humana se esconde en los mitos de todas las culturas. Sintetizan la experiencia humana de generaciones enteras en un cuento. Y ese cuento revela la esencia profunda de las cosas.

Por eso me conmovió mucho ver el relato sobre el origen del mundo de los wirárika, la del niño luminoso que se convierte en sol, fuente de la vida, para poblar la tierra de dioses que florecen por doquier.

Los videos me recordaron la Antología de poesía primitiva, de Ernesto Cardenal, en la cual, se explica que el verso es “el primer lenguaje de la humanidad”. La poesía es siempre un viaje ritual hacia el centro de nosotros mismos. Y eso es precisamente lo que expresan los mitos que desde el principio del tiempo han dado sentido a la humanidad entera.

Arte sortilegio

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El artista es mago por naturaleza.

Capaz de convertir la desgracia humana en experiencia única y sublime, el artista tiene algo de alquimista y curandero.

El verdadero arte tiene siempre un trasfondo espiritual, es un ritual con el poder de equilibrar las pasiones humanas, una experiencia estética que explota por dentro. El verdadero arte es una purga, un sacrificio, un sortilegio que purifica el alma y habla el idioma de los sueños.

El artista es un pequeño dios capaz de recrear el mundo que se manifiesta a su alrededor. Transgresor por naturaleza, demiurgo de la luz y la sombra, el artista transforma el mundo proyectando su visión interior. Conectado con la fuente de la que emanan todas las cosas, responde a la epifanía del universo con un poema, un bello cuadro, una canción. Por eso deslumbra y conmueve, seduce, inspira, cautiva. Conocedor de la ciencia de los antiguos, habla con los animales, las plantas, las piedras y los astros; crea una realidad propia valiéndose de los objetos cotidianos e insignificantes que tiene a la mano, dotándolos de energía, haciendo que todas las cosas canten, se muevan, pues el artista es también repartidor de la vida, de la fuerza inagotable que habita en su interior.

Tiene además, el deber social de hacer vibrar las emociones de la humanidad en un ritual colectivo donde se equilibran las disonantes y contradictorias pasiones humanas.

El artista es un hechicero capaz de traspasar el plano físico para recrear el tiempo y el espacio en ese otro mundo de lo imaginario, allí donde van a dar siempre todas las horas de todos los lugares de todos los tiempos de todos los hombres y mujeres que pueblan la Tierra desde el origen mismo de todas las cosas.

El artista es un retazo de tibia humanidad fosforeciendo en el aire de lo etéreo, un ser luminoso capaz de hacer resonar la partitura secreta del cosmos.
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