Vampiros

 

A mi alma no le basta un sorbo,
ha de beberse la eternidad
cada noche entre sus piernas.

A mi alma no le alcanza un recuerdo,
ha de incendiarse en la soledad
de un poema.

Busquemos la raíz del sueño
en la brasa donde abreva el fuego,
ardamos para siempre
en la fragilidad de un suspiro.

Somos una sombra
del tiempo primigenio
proyectada sobre tu espalda,
un navío en busca
de respuestas.

Lamiendo tu piel
sobre la orilla,
busco pedazos de mi alma
en el remanso de la noche postrera,
danzando en la cornisa,
una flecha en el aire,
un electrocardiograma
besando tus sueños
de silencio calavera

Ella hablaba de otra cosa,
de las estrellas haciendo combustión
y la soledad del cielo,
el canto de las sirenas,
todas las cosas suceden por algo,
todas las luces se encienden
de pronto en el alma
de las nubes relámpago.

Yo quería abrazarte hasta morir,
pero nunca entendiste
el sentido ritual y profundo
de la muerte,
metáfora de la vida
que se incendia y se apaga,
como los versos desprolijos
que palidecieron de pronto
en la pulcritud de tu sucia
hipocresía.

Una ventosa en mis anhelos,
la otra piel dentro de mi armario
va tejiendo historias
en el rubor de mi propia saliva.

Yo me sentaba frente al estéreo
a escuchar
las fiebres de la adolescencia
contenidas en una canción
inexplicable,
y todo se movía,
la sangre brotaba de la alfombra
y me acordaba de aquello que no fue.

Es la esencia de todas las cosas
prefigurando un destino,
es la palabra viva que cambia
el curso de los vientos y los días,
como un mareo,
el tránsito nocturno de las olas
sobre tu arena,
revelaciones que palpitan
en la frente de un ciego.

Tan solo soy un recuerdo
tatuado bajo tu almohada,
la desobediencia de mis pies
y su sed de arborescencia,
un crujir de besos asolados
por murciélagos,
la tempestad respira
a través de mis alveolos,
es el ocaso de los viejos cuentos
resonando
en otros cuerpos.

Los vampiros se despiden
a besos, en los ocres
colores del otoño,
varados en la soledad
de una vieja estación de tren,
abandonados a su suerte
impregnados de nostalgias y averías
transitando en el viento.

Sin dolor
la hierba no germina,
el amanecer ya no sucede,
los muertos no regresan
de su exilio,
ni tampoco las flores
que colmaron para siempre
la sed del corazón.
::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 11 agosto, 2019 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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