Archivos Mensuales: septiembre 2019

Decidme futuro

Decidme futuro,
hacia dónde habrán de galopar
las estrellas.

Decidme destino,
cómo hacer para modificar
el curso de los vientos.

Decidme memoria,
cómo fueron los pasos hirientes
que escribieron nuestra historia.

Decidme alegría,
dónde se oculta aquella luz omnipresente
que habita en todos nosotros.

Decidme locura,
cómo hacer que germine
la semilla y el canto
en los corazones marchitos.

Decidme esperanza,
si nacerá el tiempo amarillo
en la danza de las abejas.

Decidme olvido,
dónde habrán de morir
las flores que no parió la primavera.

Al final del horizonte, la vida,
los sueños todavía por nacer.
::.

Embriaguez de mañana

 

La noche tristemente insomne
se desnuda
en el frío de la mañana,
en los labios morados
del pordiosero
que dormita en la banca de un parque
mientras los perros danzan de alegría
junto a sus dueños
y su frísbi rojo surcando el viento sucedáneo
que transita la arboleda.

Fueron los ardores
inconfesables
de la carne siempre abyecta
que ladra y resuena
en la concupiscencia despreciable
del que sueña,
como un hombre derretido
sentado en la banqueta
jubto a su hijo
haciendo hoyos en la tierra,
una mujer hermosa
perfumando el aire lila
que se desprende
de la húmeda lavanda,
un balón desinflado en medio
de la calle
que nada dice.

La mañana habla
un idioma de luces muertas,
habla de raíces y hojarasca,
habla de la mirada interior
que reverdece
en los olvidados pastizales del alma,
es la partitura que remueve
todas las caricias secretas
guardadas con llave
en el ritmo de la sangre,
como las flores huérfanas
gimiendo una canción
de tonos azules,
es un conjuro,
el poema doliente
que se escribe entre la herida y la entraña,
símbolos antiguos que describen
cada parte del todo,
la piel del universo
cuando respira
una tempestad de versos sonrientes.
::.

 

El deslumbrante talento en 3D de Adry del Rocío

El talento de esta mujer me arrebató el aliento. Sus creaciones tridimensionales rompen la cuadratura del espacio con una explosión lúdica. No sólo es su manejo del color y texturas hiperrealistas o su dominio de varias técnicas, sino también la composición de sus obras, lo que resulta impactante. Un talento extraordinario el de Adry del Rocío, quien demuestra que la calle es la más inmensa galería de arte. Échenle ojo a su sitio.

Nocturnal bajo la lluvia

Llevo la toxicidad rumiante
de quien echa raíces
en la oscuridad doliente
que acompaña al encierro.

La lluvia ácida permeaba
en el sueño,
como una cicatriz
que nunca cierra.

Se me ha secado la lengua
y el habla, esperando impaciente
en el paredón
de las cosas inútiles.

Todas las ausencias
son más llevaderas
que el sagrado ritual
de la rutina,
el monótono cansancio
de hacer siempre lo mismo,
la insoportable fatiga
de no hacer absolutamente nada.

Todas las flores se ahogaron
en el estanque
de las aguas muertas,
todos los trágicos lirios
durmieron de pronto
la eternidad.

Ojalá que la noche caiga
delante de nosotros,
en los estertores del otoño,
en un recuerdo perfumado
de olvido
o la calle baldía
donde bufa siempre
el encharcado corazón.

Soy tan solo
una sombra itinerante
cantando una elegía,
un murciélago de alas rotas
saboreando
los suspiros de la luna.

Hierve todo el frío
de mi helada sangre
derramada sobre el piso,
llueven mordeduras y poemas
en la dulce hoja del cuchillo.

Todos los fantasmas
salieron a beberse la tristeza
del mundo
entre las risas estridentes
que moran las entrañas
de una cantina polvorienta.

Esta es mi oda a la rutina,
épica, dramática, nocturna,
como un cadaver devorado
por las hienas,
como mis ansias reventando
entre las piernas temblorosas
de mujeres calavera.
::.

Consecuencia

La verdadera amenaza consiste
en abandonar nuestros sueños.

Quién hubiera pensado
que seríamos consecuencia
de nuestros propios aullidos.

::.

Un café, por favor

Uno de mis primeros intentos por escribir un cuento, allá por 2006. El texto fue hallado en los restos de un antiguo blog que ya no existe.

cafe
El sol de la tarde teñía de un cálido tono dorado la calle. El tiempo se estancó durante un rato, mientras me entretenía viendo a través de la ventana del restaurante, pensando, imaginando cosas.

-Un café, por favor- respondí mientras una mujer con un pequeño perro desfilaban frente a mí, al otro lado de la calle.

Seguí esperando por la única razón de que no tenía mucho más que hacer. Ésa es la verdad. La demora ya era de casi media hora, y ni siquiera se había tomado la molestia de llamar por teléfono. Siempre ha sido así.

Tomé una servilleta de papel mientras traían la taza con café, saqué la pluma y empecé a dibujar algunos rostros que me venían a la cabeza mientras intentaba mitigar la espera. Era una tarde tranquila, casi desierta de no ser por el paso accidental de algunos coches que se paseaban lentamente por el asfalto.

Arrojé un profundo suspiro de resignación mientras di el primer sorbo al café. Le faltaba azúcar. Pensé que este sería un buen momento para leer un libro, pero me había salido sin nada más que una pluma y la cartera. Miré las estáticas manecillas del reloj que descansaba sobre una de las paredes junto a la caja. Habían pasado solamente un par de minutos desde la última vez que lo vi.

En eso sonó el teléfono. Revisé el mensaje de texto que decía: “espérame ahí, no tardo”.

—Qué novedad— me dije a mi mismo mientras guardaba de nueva cuenta el teléfono en el pantalón. Por lo menos, significa que vendrá.

Comenzaba a desesperarme. Podía entender el retraso por el exceso de tráfico o por la toma de calles por parte de alguna manifestación, de esas tan comunes por aquí. Pero no, era domingo, las calles están vacías. Y yo aquí esperando sin nada más que hacer. Me resistí a darle el último trago, pero no se, sería la sed o quizá el fastidio lo que me hizo terminar el café.

Se acercó la mesera ofreciéndome algo más. “No gracias, espero a alguien”, dije son cierto aire de abandono y esa risita estúpida que me sale cuando gana el nerviosismo.

La noche empezaba a aparecer y sólo tenía un mensaje de texto en el teléfono. Intenté marcarle por tercera, cuarta, quizá quinta vez, pero nada. Pensé que sería bueno marcharme de una vez, después de todo aún no había perdido la dignidad, bueno, aún no toda, pero después pensé en el fastidio que me provocaba pasar horas en el cuarto, cambiando de canal sin encontrar nada una y otra vez. Rectifiqué mi postura, después de contemplar una vez más la tranquilidad que proporcionaba la afable noche que recién aparecía.

—Otro café, por favor.

::.

 

Música pa’ mover el bote en sábado por la noche

Tres rolas que me gustan y no sabía cómo se llamaban, hasta que hoy, cenando en un restaurante me topé con sus respectivos videos musicales. Rolas para bailar y mover el bote con cierto saborcillo a música disco.

La obra de Francisco Toledo, artista de la naturaleza

Alguna vez platiqué con Francisco Toledo en Oaxaca, en septiembre de 2007. Era un tipo peculiar, huraño. No le gustaban las fotos ni las entrevistas. Pero quisiera llegar a viejo como él y volar papalotes en las calles de Oaxaca. Su legado e influencia como luchador social es incuestionable. Más allá de su obra, que tiene un estilo único, ser artista es una forma de afrontar la vida. Y Toledo lo era. Descanse en paz maestro.

Aquí un pequeño homenaje póstumo con algunas muestras de su obra.

 

Un grillo en la casa

I
Hay un grillo en la casa. El otro día se nos apareció a media borrachera, a ras de suelo, caminando entre la gente. Antes se escondía en el fregadero de la cocina y ahora en la sala. Me gusta oírlo cantar por las noches. Ojalá le guste el cantón y viva aquí mucho tiempo.

II

El grillo empezó a cantar ora que pusimos a los Caifanes. Y con Daft Punk. Les digo que el grillo es chido.

::.

La explosiva y deslumbrante prosa de Clarice Lispector

Desde Nabokov, no leía una prosa que me impactara tanto.

Mucho me habían anunciado a la gran Clarice Lispector, pero antes era yo muy pobre y sus libros publicados en Siruela, muy caros. Por eso llegué un poco tarde al encuentro con ella, pero al mismo tiempo siento que nuestro encuentro se dio cuando se tenía que dar. Paradojas del destino.

Una explosión, un derrame de imaginativa y furibunda elocuencia, un navajazo tras otro, una sobredosis de sorpresa. Así es la escritura de esta mujer que revolucionó la literatura brasileña. Es increíble todo lo que se puede decir en un relato breve, cuando las palabras son cargadas de sentido.

De Kawabata aprendí que la novela puede ser la más refinada forma de venganza. Con Lispector aprendí que la novela puede ser también un poema en prosa. Deslumbrante.

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La neurosis mitológica de la ciencia moderna

“Es de todas maneras una fe metafísica la que subyace nuestra fe en la ciencia”.

Nietzsche, Gaia ciencia

 

Sin título

 

Vaya sorpresa tan agradable fue toparme con un fragmento del texto de Alejandro Martínez-Gallardo, La sociedad moderna, libre e igualitaria: ¿el rebaño perfecto?, el cual trata sobre la contradicción implícita en el pensamiento científico. Un texto que, además, incluye la mejor crítica que he leído al pensamiento de Nietzsche. En un acertado fragmento del texto, Martínez-Gallardo refiere que:

“Los grandes logros de la sociedad moderna, con los que supuestamente se ha querido librar de las creencias y de la metafísica, son sistemas de creencias y metafísicas encubiertas. La ciencia es el nuevo mito, el mito que ha ganado tracción y poder, para paliar nuestro miedo al caos y la incertidumbre, para adormecer nuestros instintos y evitar el encuentro terrible-numinoso con el misterio. La fuerza que mueve a la ciencia no sería el deseo de conocer la realidad, ni siquiera de dominarla, sino de eliminar su peligro, de domesticar la existencia”.

Completamente de acuerdo. La ciencia es el reflejo de un miedo atroz al vacío. El problema del pensamiento científico es que siempre será incompleto, no puede abarcar la totalidad de la existencia, el misterio que encierra la vida. Esta falta de totalidad se resiente en la neurosis de saberse incompleto. De ahí proviene ese sentimiento de angustia y zozobra tan propio de la sociedad moderna, siempre sedienta de lo nuevo. Ahí reside también la fe en la tecnología y el progreso, que habrán de -supuestamente- salvarnos del caos. Por eso los científicos recalcitrantes no entienden que todos estamos locos y que la locura es una forma de abrazarnos con el todo. El grito del poeta se resiente en las estrellas. De esas cosas no trata la ciencia, tan fría, tan metódica, tan racional. Y el ser humano es todo, menos racional.

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