Archivos Mensuales: noviembre 2019

Las tres heridas

 

Para Miguel Hernández.

En su casa tenía
un huerto con plantas.

Se levantaba temprano
a pastorear las cabras.

De poesía se ahogaba
mientras de amor se moría.

Cantaba a las flores
entre el pan y la harina.

Su alma ligera resentía
las fiebres de la juventud.

Dormitaba entre calles doloridas
de anónima pobreza.

Herido y devastado, regresó al sur
y las palabras parieron estrellas.

El amor lo alcanzó
en los labios de una costurera.

Quién ha visto en sus ojos
la sombra de lo que siempre fuiste.

De arte aromó su sueño
como quien despierta a la vida.

Habría de ejercer la insana locura
en la urgencia del amor.

Fueron los rayos de la tempestad
que nunca cesaron.

La sangre bandolera se enterró
en la soledad de su carne.

Temprano lloraban las lluvias
y desalentadas primaveras.

Después de tantos avatares
la dura militancia, una bofetada.

Regresaría a palpar el amor
bajo la caricia de las acacias.

Pero la tierra tiembla
y no da tregua.

Se alistó para cantar al frente,
en el campo de batalla.

Vocero de la sangre humana
dijo los versos combatientes.

Las palabras calientes dejaron
corazón derramado sobre su pueblo.

Los días felices transcurrieron
como el toro poco antes de la muerte.

El viento recogió su aliento
de resignada tristeza.

Sonrieron todas las sonoridades
de la luminosa mañana.

Nacieron las aguas salobres
y marchitas sobre su cama.

El último trance, la herida primera,
preso de su propia sombra.

Se extinguieron, en el alba,
las consteladas horas de su ausencia.

Roídos los cañones, callaron los grillos
de tanta soberana mierda.

¿Qué hubiera sido si los fusiles
no hubieran enlutado su vida?

La angustia carcelaria le supo
a cebolla amarga y desnuda.

La sangre brotaba de sus ojos
al amarillento papel.

Una breve huida,
el fresco tufo de la libertad.

La traición escribió con saña
su fúnebre destino.

Dejarlo morir fue su condena,
escarbando pulmones en el aire siniestro.

Murió con los ojos bien abiertos
mirando el mañana.

Murió con los ojos bien abiertos
saboreando la vida.
::.

 

El tiempo explosión

Al tiempo combustible
le siguió el tiempo explosión.

La profecía se cumplió.

Los cuerpos arden
en las llamas del odio, la ira.

El mundo se desgarra
en una guerra imbécil
de todos contra todos,
la sangre sobre la sangre
no cesa tratando de tapar
los agujeros y el dolor.

Será por eso que ahora
me ha dado por hacer combustión
entre cadáveres
que repiten al unísono
la palabra violencia
violencia, violencia
violación, violencia,
VIOLENCIA, VIOLENCIA
la sangre se derrama
y no escampa
no espera.

Con el dedo ominoso
señala la jauría
y enseña los dientes.

El alma cercenada
no deja de lamerse las heridas,
ahora que fueron mutilados
todos los sueños
como las horas negras
que se atrincheran
en el desgarbado corazón,
y no hay tregua,
solo gritos de rabia y ardor,
solo una herida sobre la otra.

Los cuchillos hambrientos
van desfilando en la pasarela
de la vanidad,
como un hilito de sangre
escurriendo del techo,
un socavón en el alma pendenciera
anhelando ser humo,
con la esperanza intacta
de hallar en la densa tiniebla
un poco de olvido
y quizá redención.
::.

La música por dentro

 

Si el mundo debe arder
que arda.

Si las antiguas efigies
deben caer
que caigan.

La historia se escribe
con las pulsiones del corazón,
un millón de heridas gritando
de placer y dolor,
las manos rojas de tanto moler
el tomate, el ajo y la cebolla.

Yo prefiero refugiarme
en las hojas de un libro
o los colores encendidos
del atardecer.

Sólo aquellos que llevan
la música por dentro
pueden bailar
entre las ruinas,
parir la belleza
como quien mira un destello
brotar de su interior.
::.

Del amor, el arte y otras tantas patologías

Munch

 

Las personas inteligentes y sensibles son más propensas a los trastornos mentales. No es casualidad que muchos grandes artistas, hayan vivido inmersos de grandes depresiones o que muchos terminen suicidándose. Vivimos en una era donde las enfermedades mentales son más comunes que en cualquier otro momento de la historia, debido al proceso de desarrollo histórico de nuestras sociedades, sociedades donde se han roto muchos de los lazos comunitarios que en antaño permitían contener esta propensión de las personas a los desequilibrios mentales. Esto explica en buena medida, la epidemia de depresión, ansiedad, compulsiones o fanatismo, expresiones cada vez más comunes en nuestras sociedades. La enfermedad mental no es otra cosa que un desequilibrio anímico, un desequilibrio del alma. La neurosis de la medicina moderna, víctima de sus propios vicios, ha provocado un sobrediagnóstico de estos desequilibrios anímicos, lo cual ha provocado que se ‘inventen’ o se cataloguen como enfermedades mentales cosas que en otros tiempos no eran tales. “Tiene ásperger, tiene déficit de atención, padezco TOC (trastorno obsesivo compulsivo)”. De este modo, la sobrespecialización médica produce enfermos a los cuales hay que diagnosticar para venderles medicinas, tratamientos, etcétera. Y es así que muchos médicos condenan a sus pacientes a la enfermedad, pues el paciente termina asumiéndose como una persona enferma. Esto, desde luego, es un eficiente instrumento de control social. Si una persona padece un desequilibrio anímico, se debe a que está enferma. ¡Pobrecito! Esto maquilla y disfraza las causas profundas que produjeron el desequilibrio anímico. En muchos casos, esto implica un proceso de autocompasión en el que la persona diagnosticada como enferma mental, siente lástima de sí misma, lo cual no hace sino reforzar el desequilibrio al mismo tiempo que ‘libera’ de responsabilidad a las personas sobre su propio bienestar anímico, generando un círculo vicioso en el que la supuesta patología se convierte en explicación y justificación del malestar. “No es mi culpa, es que nací con una enfermedad”. Este proceso tiende a menguar o quebrar la voluntad de las personas. Lo mismo pasa con el “diagnóstico” de muchos problemas (enfermedades) sociales, como la pobreza, fenómeno que si bien se explica a partir de factores sociales específicos, en última instancia esto no es sino una ilusión que puede romperse. Por eso me molestan tanto los estudios sociales que condenan a la pobreza al pobre que se compadece de sí mismo. Al igual que la medicina, los “expertos” de las ciencias sociales quitan al pobre responsabilidad sobre su propio destino. “Estudio señala que el 90% de la gente que nace pobre, muere pobre”. Si uno termina creyéndose el cuento, puede acabar condenado a la pobreza, convirtiendo esa situación en justificación de su propia miseria existencial. Paradójicamente, algunas personas que simple y sencillamente no hacen caso de estos expertos, pueden romper esas barreras y sortear con éxito las muchas dificultades y barreras estructurales que plantean fenómenos complejos como la pobreza. En contraparte, esto mismo ocurre en los estratos altos de la sociedad, donde los ricos pagan a sus propios expertos para inventar un relato sobre cómo su riqueza es consecuencia del “trabajo duro” y su “propio esfuerzo”. Esto ‘libera’ de culpa al rico, quien termina creyéndose sus propias mentiras (“los pobres son pobres porque no quieren trabajar”) para no reconocer que en el fondo de todo proceso de acumulación subyace la explotación de otras personas. Esto explica también esa propensión de las clases altas a promover la caridad, como un mecanismo liberador de culpas, aún cuando esa caridad termina reforzando las relaciones de poder de unos sobre otros, condenando al rico a seguir preso en su delirio de supuesta superioridad sobre el pobre, relato que tatata de justificar relaciones de dominación. De ahí la importancia de promover, como bien afirma Paulo Freire, una pedagogía donde el oprimido pueda liberarse de su opresor, pero que al mismo tiempo, el opresor se libere de su necesidad de oprimir al otro. Un proceso de liberación que busca restablecer el equilibrio anímico en una sociedad enferma. De este modo, muchas patologías sociales no son sino la extensión de desequilibrios mentales que experimentan las personas. Y es aquí donde anidan los fanatismos, esos discursos llenos de animadversión, con los que muchas personas buscan contrarrestar el dolor que produce un desequilibrio anímico arremetiendo contra ‘los culpables’ de su propia desgracia. Una vez más se reproduce el nudo neurótico, que tiende a la autocompasión como una vía que tiene la psique para tratar de justificar un malestar emocional y mantenerse a flote. El nudo neurótico se convierte entonces en un mecanismo de la mente para sobrellevar un gran malestar anímico, es una válvula de escape para preservar la vida en un medio ambiente hostil. ¿Les suena familiar?

De este modo, las enfermedades mentales y las patologías sociales tienen una misma raíz en común: ambas son consecuencia de un desequilibrio del alma. Y no existe en el mundo una medicina, fármaco o droga capaz de aliviar las muchas tensiones, dificultades y contradicciones que plantea la existencia humana, algo que solo puede resolver una introspección profunda que nos ayude a comprender el fluir de la mente. Este sencillo patrón que se reproduce continuamente en la vida de las personas es capaz de explicar todos los males del mundo como consecuencia de un desequilibrio. La vida, por definición, es precisamente eso: un equilibrio energético mediado por reacciones químicas ordenadas que sostienen el metabolismo, ese fascinante proceso evolutivo en el que la materia inerte comenzó a ordenarse de tal modo, que con el paso del tiempo engendró el milagro de la vida. Esto explica la razón por la cual, la aparición de la vida es una manifestación del universo en busca de su propio equilibrio. Lo curioso, es que ese momentáneo y efímero equilibrio al que tienden todas las cosas, es consecuencia del movimiento, y ese movimiento a su vez, se produce a partir de un desequilibrio que busca de equilibrio. Es así que las grandes contradicciones generan el movimiento generador de la historia y la existencia humana. Paradójicamente, la búsqueda permanente del equilibrio es aquello que hace que las cosas sucedan. Esta gran enseñanza fue brillantemente plasmada por los taoístas en el ying-yang, símbolo que a partir de la complementación de los opuestos, genera el movimiento fundamental que explica el origen de todas las cosas. Como un trompo que encuentra un momentáneo equilibrio a partir del movimiento, para luego sumirse en el caos, una vez que el impulso comienza a decaer, hasta permanecer quieto, inmóvil. Pero a diferencia del trompo, este proceso es un flujo continuo de energía donde el movimiento se convierte en calma y viceversa, del mismo modo que la vida engendra muerte y la muerte engendra vida. Un continuo vaivén que el sabio Lao Tse denominó como ‘el ritmo del Tao’, ese continuo devenir que explica la existencia de todos los seres.

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Toda esta reflexión viene a colación, debido a una plática filosófica que sostuve ayer con un viejo amigo que hacía tiempo no veía. Para mí, conversar con otras personas sobre la vida -esa cosa misteriosa, maravillosa y terrible- es un aspecto fundamental en mi propio camino, mi muy personal búsqueda del equilibrio. A lo largo de mi vida, me he enamorado profundamente un par de ocasiones. En ambos casos la situación terminó mal. Llevo tiempo dándole vueltas a esa situación, tratando de entender por qué. Ambas mujeres, poseían una mezcla de sensualidad y locura que me parece absolutamente irresistible. Mujeres inteligentes, sensibles y explosivas, igual que yo, situación que generaba una extraña “atracción repulsiva” difícil de sobrellevar. Ambas chicas, además, manifestaban (desde mi perspectiva, al menos) una especie de desequilibrio anímico que me parecía hermoso, y al mismo tiempo, despertaba mi curiosidad por tratar de descifrar lo que había debajo de la superficie. Estas inquietudes mías me hacen propenso a buscar personas con este mismo tipo de inquietudes. Me aburren terriblemente las mujeres frívolas, huecas. Pero el problema es que esa misteriosa atracción que ejercen sobre mí estas mujeres pantera, puede ser muy difícil de sobrellevar. Tras varios amargos desencuentros, las cosas terminaron mal en ambos casos. Pero eran cosas que yo tenía que enfrentar para seguir creciendo. “Aprender es cambiar”, dijo el primer Buda al alcanzar la iluminación. Con la primer chica, aprendí que existen personas con una terrible necesidad de morder para tratar de lidiar con sus propias angustias. Por aquel entonces yo era un ‘hippie‘ que procuraba llevar el amor hasta sus últimas consecuencias. Tras llevarme varios chingadazos en el camino, aprendí una durísima lección que durante años me produjo una gran tristeza: no existe la maldad, solo un puñado de gente herida. La necesidad de hacer daño proviene de un daño recibido. “La oscuridad es la sangre de las cosas heridas”, resumió Borges en un inolvidable y espléndido verso. Esta es una verdad terrible e inevitable, pues comprendí que a pesar de todo el amor que uno pueda dar, en el mundo siempre habrá gente lastimada dispuesta a hacer daño. Comprendí entonces, la raíz de la violencia, algo que puede contenerse pero jamás podrá erradicarse, pues siempre existirán personas heridas. Yo me había vuelto vegetariano para tratar de erradicar la violencia, pero a partir de entonces, comprendí que lograr aquello era simplemente imposible. Volví a comer carne, ya sin la culpa de hacer daño. La verdad puede ser un bocado dolorosamente amargo, no apto para cualquiera. Curiosamente, a partir de entonces mi vida mejoró en muchos aspectos. Me volví más duro, pero eso permitió que pudiera impedir que otros abusaran de mí, como solía permitir con más holgura en otros tiempos. No me gustaban las reglas de su juego, pero si no había más remedio que jugar en esos términos, estaba decidido a no dejarme vencer. Tras una depresión de varios años regresé al ruedo con el cuchillo entre los dientes, más fuerte. Eso me permitió abrir puertas que hasta entonces habían permanecido cerradas. Supe que era momento de ajustar cuentas pendientes con viejos fantasmas. Una vez más, terminé herido tras el encuentro pero sobreviví, más fuerte, como el ave fénix que regresa siempre de sus cenizas. No pasó mucho tiempo para que terminara involucrándome con un nuevo amor, una chica de una ternura secreta que me deslumbró. Ella también había visto ese otro mundo, esa otra realidad que va más allá de las falsas apariencias, me lo mostró una vez, pero al mismo tiempo, parecía obstinada en engañarse a sí misma. Su brillo parecía ser opacado por un compulsivo deseo de venganza. Aquello me pareció todo un enigma que traté de descifrar. Me daba curiosidad y al mismo la amaba, por lo cual, yo sentía el deber de advertirle los peligros que yo percibía a su alrededor. Y ocurría entonces que ella explotaba, iracunda, al sentirse expuesta, vulnerable. Utilizaba su máscara de víctima para disfrazar su anhelado deseo de venganza, su profundo resentimiento que alguna vez le hicieron daño. Una persona cegada por la ira es incapaz de amar, a pesar de tener mucho amor escondido en su interior. Pasé varios meses tratando de entender esa situación, hasta que durante la noche me fue revelada la última pieza del rompecabezas a través de un sueño. Comprendí entonces, de dónde provenía la repetición de mi propio patrón, esa tendencia aparentemente inexplicable a la hora de relacionarme con mujeres tan intensas. Pero a pesar de los malos ratos, aquellas experiencias dejan siempre un gran aprendizaje para quien está atento a escuchar lo que tiene que decir su propio corazón. No hay peor infierno en este mundo que quedarse con las ganas de intentar aquello que nos mueve a actuar, desde el fondo de las entrañas. Y también por eso, no hay nada peor para la salud que rodearse de gente lúgubre y tóxica, insoportablemente negativa, gente chiquita que se droga con respuestas fáciles que los ayudan a evadirse, huir de sí mismos, respuestas fáciles que no los incomodan, no los confrontan con sus propios miedos, y así permanecen, rehenes de sus propios miedos, aterrados de su propia sombra. Por eso se estancan, no crecen, no aprenden, se pudren por dentro. “El deseo contenido engendra peste”, escribió sabiamente el poeta William Blake. Yo no dejo que se acumule la peste y a veces prefiero darme el lujo de cometer ciertos arrebatos de locura -a pesar de los riesgos y las consecuencias que traen consigo los propios errores- antes que convertirme en un depósito de peste y dejarme infectar con el virus de la desesperanza. La gente muere y se pudre por dentro cuando las ganas de vivir se desvanecen, las ganas de experimentar, de comerse el mundo a puños. La vida verdadera solo es posible cuando existe voluntad de vivir. En eso consiste el auténtico poder, esa capacidad de hacer cosas a pesar de las adversidades, y por eso mismo, ese otro loco furibundamente genial llamado Nietzsche, consideraba esa ‘voluntad de poder’ como el fundamento mismo de la vida. La voluntad es la gasolina para que pueda ponerse en marcha la pulsión de vivir.

Todo eso es lo que he ido aprendiendo con el paso de los años. Soy un tipo sensible y curioso, situación que me ha llevado a recorrer sendas un tanto extrañas para tratar de comprender los más profundos secretos de la existencia humana. Evidentemente, una búsqueda así no es tarea fácil. En el camino uno puede descubrir verdades terribles, difíciles de sobrellevar. Es entonces cuando uno debe encomendarse a otras fuerzas, para luchar y no dejarse devorar por el monstruo interno. Hay personas que, en esos momentos cruciales, prefiere huir antes que enfrentar al monstruo, por el peligro de salir herido de muerte. Habemos en cambio, personas que, por alguna misteriosa razón, preferimos mirar al monstruo directo a los ojos y cortarle la cabeza. Este triunfo espiritual -presente en el inconsciente colectivo y plasmado en todo mito fundacional de los pueblos y que narra la travesía del ser humano sobre la tierra- es aquello que nos hace crecer, pues sólo cuando uno es capaz de enfrentar sus miedos y salir vencedor en la épica batalla, se encuentre un pasito más cerca de volverse uno con la eternidad, hallar cada quien su lugar en el mundo, disolverse con la nada, volverse inmortal. Esto explica la razón por la cual, los héroes mitológicos parecieran estar rodeados de un áura especial que lo anima a enfrentar toda clase de peligros en busca de su realización espiritual. El héroe es aquel que se realiza en medio de la adversidad. Esa lección la aprendí del supremo arte de la ficción. Por eso yo creo que la verdadera cura para contrarrestar los desequilibrios anímicos del mundo, cuna de todo mal, reside en el arte. Y cuando digo arte, no me refiero a una actividad autocomplaciente que se limite simplemente a un goce estético. El verdadero arte debe confrontarnos con nosotros mismos, sacarnos de nuestra zona de confort, el verdadero arte debe contener un arte-obstáculo que permita también un arte-redención, un arte-alivio, capaz de restablecer el equilibrio perdido inherente a toda la existencia humana. Y esto se debe a que el poder curador del arte proviene de su capacidad para replantear los cimientos del mundo. Si la realidad es un consenso construido socialmente a partir de la percepción, y la percepción es una representación simbólica de la experiencia sensible, esto significa que para convertir la desdicha en alegría es necesario trastocar los símbolos a partir de los cuales interpretamos nuestra realidad. Es aquí donde se produce la transmutación, como bien sabían los antiguos alquimistas que buscaban convertir plomo en oro a través de la piedra filosofal. La verdadera magia no es una mera farsa, como creen ingenuamente los voceros del racionalismo imbécil, sino por el contrario, la magia es esa capacidad de reconfigurar nuestra percepción del entorno, para convertir ls mierda en flores, el agua en vino. Por ello, el poeta es siempre mago y curandero, pues la palabra es conjuro, resonancia cósmica, depositaria de todas las verdades. El poder transgresor y purificador del arte consiste en la metáfora, esa ‘otra forma’ de percibir y sentir el mundo, esa facultad que tienen algunos seres luminosos para “sentir con la imaginación”, como alguna vez dijo Pessoa. La ficción se revela entonces como el fundamento mismo de la realidad. El verdadero arte es un acto sublime capaz de transformar el dolor en dicha y esperanza, germen de futuro, pues el artista sabe muy bien que la fe no es otra cosa sino la certeza de que todas las cosas pasan por algo, y que el dolor puede ser también un gran maestro en nuestro camino hacia la iluminación, la eterna búsqueda del equilibrio, que nos hace mantenernos en movimiento a pesar de todo.

Aprender a fluir, aprender a amar, aprender a perdonar y agradecer por cada bocanada de aire. He ahí el secreto para una vida digna, a través de la cual, pueda revelarse la belleza en medio de la podredumbre. Esa es mi meta: compartir la belleza para ejercer una influencia positiva en el mundo donde quepan todos, los buenos y malos momentos que dan sentido a nuestra efímera residencia terrestre. Todo lo malo es para bien. Por eso mi deber de poeta es propagar la alegría y la esperanza, al igual que se riega el polen de las flores para que pueda volver a nacer el sol cada mañana. Y es para mí una alegría inmensa abrazarlos a todos con mi canto y mi palabra, espejos de mi alma enamorada.

Porque la vida es cuento

y la realidad es ficción.

¡Salud!

 

Ciudad de México, 23 de noviembre de 2019.

::.

Los ‘normales’ y Bolivia

No cabe duda que yo soy un tipo muy raro. La gente a mi alrededor se sorprende de lo mucho que me indigna la masacre que está sucediendo en Bolivia, en complicidad con el aberrante silencio de los grandes medios de comunicación. Total, ya lograron su objetivo: derrocar a Evo e instalar una dictadura militar en el país para ser saqueado. Total, a los que están masacrando son indígenas pobres, y como el racismo-fascismo es la ideología dominante para la “gente bien”, a nadie le importan estas atrocidades dignas de Hitler. Hasta ahora van al menos 30 muertos asesinados por las fuerzas armadas en Bolivia en menos de una semana, incluyendo las bajas en la masacre de Cochabamba y Senkata, cerca de El Alto. Masacres que los grandes medios simple y sencillamente han decidido no reportar.

De ahí mi molestia. Los integrantes de #LaBorregada sólo se molestan por cosas como el incendio de la catedral francesa de Notre Dame o algún tiroteo en EE.UU. En esos casos ponen banderitas en sus perfiles de redes y se indignan para estar a la moda. Son fácilmente programados por los medios que les ordenan qué sentir, a quién odiar, de qué indignarse. Se sienten aliviados de ser indiferentes al dolor ajeno porque, me dicen, los clavados como yo sufrimos innecesariamente. Su humanidad selectiva —siempre a favor de los poderosos, siempre condicionada por lo que aparece en la tele— simple y sencillamente no compagina con la mía.

Yo no puedo permanecer ecuánime ante el exterminio de mi pueblo, pues soy mexicano y pertenezco a un gran país llamado Latinoamérica. Me encarbona sobremanera que una masacre como la que está ocurriendo en Bolivia pase desapercibida mientras la gente “normal” hable de cosas banales y frívolas.

Dice Jiddu Krishnamurti que “no es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Coincido con él. Lo siento por la gente “normal”, tan fanatizada, tan indiferente. Están profundamente enfermos y ni siquiera se han dado cuenta.
::.

Los irascibles poetas según Baudelaire

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¡Levántate y pelea, Bolivia!

 

A los que luchan contra el exterminio.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Veo a tu pueblo
luchar contra la escoria
de tiranos llenos de odio
y se me llenan los ojos
de lágrimas.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Me duele aquel hombre
al que le reventaron la cara
con balas,
la mujer que lloró desconsolada
la muerte de su compañero del alma,
la gente cargando féretros
tras la masacre de Cochabamba.

Pero lo que más me duele
de ti, Bolivia,
es ver a mis familiares y amigos
tan llenos de odio,
tan envenenados de mentiras
que difunden en los medios,
son capaces de celebrar el golpe,
pero incapaces de dolerse por la sangre
de la gente pobre,
y ahora Bolivia,
mis amigos y mi familia
vitorean a los fachos
que con su infame Biblia y su Cristo tirano
(tan distinto de aquel carpintero judío
condenado a la cruz por el delito de amar)
ahora pretenden expulsar a Pachamama
del Palacio,
pretenden masacrar a tu valeroso pueblo aymara
y destruir su whipala,
como han intentado otras veces
desde antes de los tiempos de Tupac Katari.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Ármate con palas, picos, piedras, palos,
ármate con gritos, puños, fuego, dientes,
es hora de mostrar tu fuerza de gigante,
pues a lo lejos suenan ya los tambores
que anuncian la guerra,
ha llegado la hora de volver a tomar las calles
para expulsar a aquellos seres ruines
que firman decretos inmundos para legalizar
el exterminio,
mientras los lameculos del imperio
fingen demencia
y reproducen mentiras
con su infame boca
tan llena de cucarachas.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que tu pueblo porta hoy y con orgullo
la bandera de la dignidad latinoamericana,
mi dolorida patria de lamento andino,
has de levantar el puño y fijar la vista
en el horizonte,
has de levantarte de entre los cadáveres
para derrocar la maldad que se ha enquistado
en el corazón podrido de los voceros
de la infamia,
próceres del conservadurismo rapaz,
rehenes de su propio infierno,
gente diminuta y miserable, hipócrita,
invadida del inconfesable
terror de perderlo todo,
incluido su enfermizo trauma
de tratar a otros como servidumbre.

Me dueles, Bolivia,
me dueles en el alma,
al igual que me duele Ecuador
y me duele Chile,
tierra de poetas,
donde los carabineros pinochetistas
pretenden dejar ciego a su propio pueblo
sacándole los ojos,
mientras las marionetas del imperio
tratan de cubrirlo todo
con su burda farsa,
alimentada con el ruido idiota del televisor,
esa sustancia pegajosa y corrosiva
que viraliza la diarrea verbal
de autómatas programados para sentir miedo,
mucho miedo,
frente a la esperanza del pueblo que se levanta
contra el odio, para expulsar a la tiniebla.

Bolivia, me dueles,
como una herida que canta
la aflicción de mi alma latinoamericana.

Boliviano, tú que desciendes del cóndor
y llevas en las venas
la sangre volcánica del dios Tunupa,
encomiéndate a la pulsión de la tierra
y la tutela de Achachila
para que guíe tu camino a la victoria,
y acuérdate también
de aquel barbado y entrañable guerrero poeta
de boina y cigarro cubano,
que murió en una higuera
en lo profundo de tu selva
para liberar al hombre y la mujer
de la sumisión carnicera.

Ya llegará la hora, amada Bolivia,
de condenar a los tiranos a la horca.

Ya llegará tu hora
de saldar cuentas con la historia.

Boliviano de Los Altos y Cochabamba,
a ti hermano minero del Potosí,
a la gente de Sucre y el Titicaca,
a los rostros cenizos
que pueblan Oruro y Tajira,
a los que duermen soñando las estrellas
en el inmenso salar de Uyuni,
a ti te hablo hermano boliviano,
con la esperanza de que mi dolorido canto
llegue a tus oídos y te abrace
y te inyecte la fuerza que ahora necesitas
para seguir esquivando las balas
en pie de lucha
contra el odio asesino
que se ha instalado en tu patria
de quebrantos, esperanza y futuro.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que te necesitamos fuerte
para que entre todos organicemos
una rebelión planetaria
contra la inmunda riqueza malhabida
que ha terminado de amputarle el corazón
a los crueles egoístas y avaros
que promueven mercenarios
para regar por doquier el rumor
del fin de los tiempos,
y por eso mismo te necesitamos, Bolivia,
para encabezar esta rebelión
contra el hambre y la mentira
que ahora mismo nos acecha
en esta noche de llanto y tristeza.
::.

Dussel sobre Bolivia: los cambios estructurales son necesarios pero hace falta cambiar la subjetividad

 

He aquí la importancia de aprender filosofía para poder interpretar la realidad desde una perspectiva profunda que vaya más allá de la verborrea mediática que no hace sino reproducir el discurso hegemónico. Y por ello hay que escuchar al gran Enrique Dussel y lo que dice sobre la situación política en Bolivia y América Latina.

Afirma que en Latinoamérica se ha dado un nuevo fenómeno: los avances en materia social de los gobiernos de izquierda sacaron de la pobreza a mucha gente, construyendo una nueva clase media con otras aspiraciones y que ha buscado en las políticas de derecha una vía para satisfacer dichas aspiraciones, debido a que no ha existido un cambio en la subjetividad.

Algo que -esto no lo dice Dussel, pero me vino a la mente- sí ocurrió en países como Venezuela y Cuba, y explica en mayor o menor medida, el por qué no se han podido concretar los golpes de Estado pese al apoyo de EE.UU.

“No es solo cuestión de cambiar estructuras, que son necesarias para permitir cierto crecimiento económico de nuestros pueblos, sino hay que también preocuparse de cómo se interpreta la realidad, ese pueblo cotidiano en su subjetividad“, afirma el filósofo en entrevista con Carmen Aristegui.

“Se ha hecho un gran avance en cambios objetivos e institucionales pero se ha avanzado mucho menos en la transformación de la subjetividad, y entonces tenemos un sujeto que en el fondo aspira a ser un consumista neoliberal“, remata.

De ahí, señala Dussel, la necesidad de cambiar el “sentido común” en nuestros pueblos.
También advierte que los movimientos de derecha en Bolivia y Brasil, no son la derecha católica tradicional, sino evangélica, lo cual modifica el sentido social de los movimientos de derecha, pues este giro al protestantismo busca insertarse de lleno en el proyecto capitalista global. El planteamiento de Dussel me parece deslumbrante y recuerda mucho esa otra gran obra de Weber, La ética protestante en el espíritu del capitalismo, para entender fenómenos actuales en América Latina.

Por ello, Dussel prevé un choque religioso entre los “Ponchos rojos” que defienden las tradiciones aymaras y los grupos evangélicos que han proclamado la salida de Pachamama y la imposición de la Biblia evangélica (neofascista, agregaría yo) en Bolivia.

“Va a ser una especie de lucha religiosa que es esencialmente política“, señala Dussel.

Ese es para mí, la gran tarea intelectual de nuestro tiempo: reinventar al hombre y la mujer, y su vida en sociedad. Y para ello es necesario construir un nuevo mito fundacional que nos permita reimaginar la realidad desde sus cimientos.
::.

Idiomas

Yo hablo todos los idiomas
de la tierra y el agua,
lo aprendí dialogando
con las aves, el viento
y el sol de una tibia mañana.

He conversado con los árboles
de raíces y tiempo,
he visto las palpitaciones del cielo
y su lengua galáctica.

Alguna vez le pregunté a los corales
qué se siente ser arrecife, guarida
y lienzo submarino,
qué se siente palpar
el bamboleo del mar,
su descomunal fuerza.

He vagado por los desiertos
buscando la sabiduría del nopal
y la cactáceas,
la flor celeste del maguey
y su enervante saliva.

Subí volcanes para dialogar
con las nubes,
recorrí salares donde convergen
la tierra y el sueño.

Yo soy descendiente del maíz,
hijo de la luna,
caminante del cielo,
guardián de la palabra,
ese tesoro que guarda el secreto
de la belleza del mundo.

Hace mucho tiempo
que me refugio
en la tierra del sueño
para alejarme de los chacales
y sus ganas de morder,
esos vampiros chupasangre
que marchitan el alma
con su veneno.

Hace mucho tiempo
que dejé de lamentarme,
pues con polvo del camino
entre mis pies,
he aprendido
que para conectarse con el todo
hay que ofrendarle la vida
a la muerte,
que el amor lo puede todo
y si no, lo inventa,
que la única verdad posible
consiste siempre
en hablar
la lengua del corazón.
::.

Diatriba contra la derecha global a propósito de las palabras del gran Evo Morales

 

Evo Morales y López Obrador

Escucho la conferencia de Evo Morales en México. Su mensaje y su relato, tras el golpe de Estado en Bolivia, son contundentes. El rechazo que existe entre algunos sectores de México al asilo político del expresidente boliviano, evidencia un racismo profundo, un hondo desprecio por los gobernantes que gobiernan para los pobres, para las mayorías. ¿No se suponía que de eso trata la democracia? ¿De construir sociedades más equitativas, más incluyentes, para vivir en paz?

¿Cómo puede ser que un presidente que trajo tanto beneficio a su pueblo sea tan denostado en medios y redes? De ese tamaño es la ignorancia, la enajenación, el avasallamiento soez al que muchos han sido sometidos por los aparatos de poder hegemónicos sin siquiera darse cuenta.

Luego uno ve las consecuencias del golpe en Bolivia, con el asalto de los fascistas al más puro estilo del franquismo español, alabando a Cristo rey, y eso no les indigna igual a los detractores de Evo o la 4T, impulsada por Andrés Manuel López Obrador en México.

En el fondo, esa gente afín a las ideas de derecha odia a los pobres.

Pero como no lo pueden reconocer públicamente, tienen que buscarse una justificación a su odio irracional, para tratar de darle cohesión y sentido a su psique. De ahí su esfuerzo tan grande a la hora de tratar de erigir monstruos, tratando de calificar con el dedo inquisidor de “dictadores malévolos” a personajes que no lo son. Esta gente, temerosa, se miente a sí misma, porque es preferible eso a reconocer que tienen miedo, y en ese miedo se fundamenta la raíz de su odio. Y al mismo tiempo, paradójicamente, se muestran terriblemente tolerantes frente a las verdaderas injusticias y atrocidades que azotan al mundo: la violencia, el abuso, la dominación caníbal de unos sobre otros.

Por ello, esta gente de ideas conservadoras prefiere darle limosnitas y ayudas caritativas a los pobres, en vez de generar condiciones para que crezcan y se desarrollen, algo que por supuesto, la derecha no puede permitir, porque lo ven como una amenaza a sus privilegios. De ahí proviene el horror desmesurado, estúpido e irracional de la derecha global frente a los gobiernos populares.

Saben que un crecimiento de los sectores más pobres implicará que esos pobres, empoderados, incluso se atrevan a ser presidentes de su país, siendo indígenas, siendo morenos, personajes que hablan raro, con frases populacheras, personajes forjados en el barrio, frontales, ajenos al decoro y los modales de las altas esferas tan acostumbradas a mandar, esas élites pedantes que ven a los pobres como servidumbre y no como sus iguales.

Por eso los propagandistas de la derecha hablan del socialismo como si se tratara del mismísimo diablo. Temen tanto ser desposeídos de su riqueza, de sus propiedades, de sus privilegios, que no están dispuestos a compartir un poco de eso para el beneficio común, ni siquiera para que no maten ni secuestren a sus hijos en la calle. Y a todo esto, yo me pregunto. ¿Cómo hace esta gente de derecha para poder vivir, con tanto odio, con tanto miedo dentro?
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Artesanar

La única medicina verdadera que yo conozco, es el arte. La música, la literatura o la gráfica, además del goce y la apertura sensorial que nos provocan a un nivel físico, sirven también como fuente de educación emocional. El significado profundo sobre la existencia humana yace en la cultura, en los mitos, y no hay cultura ni mito posible sin arte. La experiencia artística es una revelación, un caer en cuenta de la verdadera naturaleza del alma y el mundo. Por ello, la experiencia artística es sinónimo de espiritualidad, de divinidad, una conexión profunda con todos los seres y todas las cosas que conforman el basto universo de la imaginación humana. Arte es un estado alterado de conciencia que nos permite vernos y reconocernos a nosotros mismos, desnudos y sin máscaras, llenos de cicatrices y deformidades, y es ahí precisamente donde reside la belleza en su estado más puro, en los ojos que miran la transparencia de su propia alma, etérea, boreal. El arte permite reconfigurar el sentido del caos, hace que creszcan las flores donde sólo debería existir el hielo, arte es develar la belleza secreta del mundo, adentrarse en el misterio, volverse mago y demiurgo, transformando su entorno desde adentro. Arte es una forma de sentir, una actitud frente a la vida. Por eso el artista es capaz de crear realidades, galaxias, elementos, con sólo proponérselo. El arte es esa otra dimensión del alma donde se puede dialogar con los sueños, despojar de su mordaza al inconsciente, reconocernos en el animal que somos, con todas nuestras dolencias y anhelos, una bocanada de aire fresco en medio de la ciudad brumosa, un chapuzón de cenote en medio del calor, el sutil deleite de otra lengua, colores derramados en el vuelo de las aves, tu humedad y mi sed, la certeza de que todo cuanto existe puede ser nombrado en el idioma del corazón. Arte es el arte de la errata y es también perder el miedo, entregarse a lo desconocido y dejarse devorar por los lobos, aprender a quererlos. Arte es una pincelada sortilegio, el armónico vaivén de los árboles, habitar la piel del otro, tomar cerveza con fantasmas, bailar al filo del abismo, comulgar con los Dioses muertos llenos de rabia y compasión. Arte es ficción y poesía, es palabra viva, germinadora de caricias, arte es movimiento, un grito, una cuchillada, el fruto prohibido entre tus piernas, es la arena que viene y va del mar a ninguna parte, son los sueños rebeldes que siempre habrán de regresar al dulce hogar, arte es ser incapaz de distinguir la risa y la ruina, es bendecir y agradecer, repartir el amor como el polen, aprender a decir adiós, es también despertar y volver a morir. Arte es decir-hacer el supremo conjuro del arteficio, hacer madurar la alegría en todas sus formas, inventar la luz en la oscuridad primigenia, arte es el oficio de torcer el tiempo y hacer combustión, una rima sobre la otra, la perfecta sincronía del arroyo, la hierba y la montaña. Arte es ficción, el vicio último de los incurables soñadores.
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Que caigan los golpistas de Bolivia y América Latina

 

Con su renuncia a la presidencia de Bolivia, Evo Morales dejó en claro que su decisión fue provocada por una serie de agresiones contra las familias de sus ministros, legisladores de MAS y líderes sindicales afines al gobierno socialista. La familia de Morales también recibió agresiones directas en sus casas: incendiaron sus propiedades, secuestraron a sus hijos. Esto sólo evidencia que, más allá de las tensiones poselectorales, había un plan orquestado para perpetrar un golpe de Estado en Bolivia con ayuda de la OEA, instrumento del imperialismo estadounidense a nivel continental. Análisis independientes como el realizado por el Center for Economic and Policy Research (CEPR) señalan que no existe evidencia de fraude electoral en la primera vuelta de las elecciones en Bolivia. El análisis de la OEA no es confiable, pues ha quedado de manifiesto el papel que ha jugado dicho organismo a la hora de operar intentos de golpes de Estado con el aval de EE.UU. en países como Venezuela, como ocurrió a inicios de 2019. La traición de los mandos policiales y de las Fuerzas Armadas bolivianas sólo terminaron de cerrar la pinza para consumar la farsa.

Con el golpe de Estado en Bolivia, queda claro que el crecimiento económico con reparto reparto equitativo de la riqueza, no son factores suficientes para mantener un proyecto político contrahegemónico al capitalismo global impulsado por EE.UU. y la derecha internacional.

La lucha de clases ha sido y sigue siendo el factor crucial para entender el trasfondo de los golpes de Estado en América Latina. El desastre de la derecha siempre será minimizado por los medios de comunicación y organismos afines al proyecto hegemónico, mientras que los gobiernos populares que apuestan por el beneficio de las mayorías son satanizados y perseguidos. Lo hemos visto en el último año en países como México, Ecuador, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile y ahora en Bolivia. Los líderes progresistas son perseguidos y denostados por la maquinaria propagandística yanqui, mientras los golpistas de derecha se contentan con recibir palmaditas de su amo, como los deleznables perritos falderos que son.

Los ricos del planeta no están dispuestos a permitir un cambio en el sistema político imperante, un cambio que ponga en riesgo sus privilegios, emanados de la explotación y el despojo a ultranza, características fundamentales del neoliberalismo. Por eso es una ingenuidad brutal la de aquellos que se asumen como apolíticos, en medio de una guerra como la que vivimos todos los días, esta lucha de clases donde las oligarquías se organizan en función del dinero y la acumulación capitalista para ejercer la opresión de los más pobres.

Yo por eso tomo partido en esta lucha terrestre y estaré siempre del lado de los pobres, de los oprimidos. Es un deber moral repartir la riqueza para beneficio de todos.

¡Que mueran los tiranos y el mal gobierno!
¡Que muera el capitalismo y la explotación carnicera!

¡Que viva Evo Morales y el pueblo de Bolivia!

Ya habrá tiempo para saldar cuentas con la historia.
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Poémame

Llúviame
poémame
cancióname
águame
viéntome
que yo quiero ser
tan solo resonancia
de la belleza
del mundo.

Pintúrame
partitúrame
sóleme
fuégome
guitárrame,
que yo quiero ser
uno solo con el todo
que se extiende
por el cielo.

Rójome
azúlome
corazóname
alcohólame
hójame,
que yo quiero
sentir todo aquello
que no ha sido dicho
todavía.

Palabrame
lisúrame
yacimiéntame
oscúrame
flórame,
que yo quiero
bajar al tuétano
del inframundo
y resucitar
en las estrellas.

Novélame
dramatúrgiame
téxtome
ójome
bócame,
que yo habré de dar
algunas pinceladas
para repartir
el pan y la alegría
sobre los cerros tristes.
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Poeviaje

Nunca sé
a dónde habrá de llevarme
un poema.

Quizá hacia un desierto
de puertas abiertas,
un callejón sin salida,
el sueño profundo
de un volcán dormido.

Nunca sé a dónde
habrá de llevarme
el ayuno de tu cuerpo
y mi disfraz de hiena
tan hambrienta.

Nada sabe
esta gente borracha
en las cantinas,
de melancolía
y sus horas inútiles.

Nada saben los sapos
sino andar entre quebrantos
por el mundo.

Esta noche parirán
las azucenas
en medio del estanque.

El amor duele,
como bien saben
los gatos en celo,
no menos que la soledad
y su blanca niebla.

La vida es momentánea
y así hay que bebérsela,
trago a trago,
golpe a golpe,
tiempo al tiempo.

Todos los locos
se reúnen a fumar
quimeras y hojarasca
en el cónclave
de los bohemios locos,
que van musitando versos
de labios repentinos
con sus lenguas mariposa,
presagio de la vida que será,
como los muertos sonrientes
que siempre fueron.

No sé a dónde
habrá de llevarme
el azul profundo
del mar a la deriva
y su eterno amanecer.

No sé a dónde
habrán de llevarme
tus labios sedientos
de aventura,
tan predispuestos
a los encantos de la noche.

Llúviame en tu memoria,
que yo te llevaré en la dulce nota
de mi viento reguilete.

Rápido avanza la carretera,
y nada sucede entre nosotros,
salvo quizá, el tiempo detenido
en el galooar de los coches.

Sólo conozco
la desolación del tigre
cuando acecha a su presa
en la pálida luminiscencia
de la luna.

Sólo conozco de besos y ortigas
en mi huerto de frutos secos,
la simetría del caos
y su rosa-taquicardia.
::.

La fiera

He dormido cien años
en la caricia
de una vidente ciega
y su colección de orcos,
el distópico perfume
de la autodestrucción.

Pero he despertado,
no temas.

He sido exorcizado,
gracias a la desmesura
del otoño febril
y las flores insensatas.

He caminado
en la cornisa del cielo
y la ciudad brumosa
donde habitan espantapájaros
de nombres dolientes.

Ha llegado el tiempo
de fallecer
en la intimidad del sueño.

Ahora he de profanarte,
recorrer sin censura
tu piel de santo sepulcro,
escalar tus impenetrables
murallas
hechas de espuma y arena.

Ahora he de mirarte
a través
de la víscera desnuda
y su tiempo corrosivo.

Bailan las aves
de colorido plumaje
aleteando el sueño,
bailan las horas
con disfraz y sombrero
en el carnaval
de los versos hirientes.

Nada es realidad,
salvo tus ojos.

Nada es cierto
en este amasijo de madera
que algunos llaman cuerpo.

La noche prevalece
en tus dedos cuando aúllan
una canción
de cuatro acordes
invocando el paraíso.

Tiéndete sobre el lecho,
abre las garras,
rasgúñame la espalda
como la fiera
que siempre fuiste,
desgráname para siempre
este ardor
de mazorca variopinta,
ahógame tan lejos
con tu licor de estrella.

Seremos tan solo
un recuerdo naranja
levitando
en el humo del copal.
::.

Vínculos

 

¿Qué nos vincula
con qué?

La vida y la ficción
(que son lo mismo)
me han enseñado
que lo más valioso
del mundo,
son las relaciones
que establecemos
con aquellos que amamos.

El amor es eso:
compartir con otros.

El vínculo es aquello
que nos une,
es una parte mía
y una parte tuya,
una parte en común,
lo que nos unifica
y nos hace querernos
unos con otros a pesar
de las muchas diferencias.

Eso es el vínculo,
aquello que no se rompe,
aunque pasen los días
y las horas y los años
y las lluvias y el caos
y los pleitos y la sal y la ruina,
la cruda realidad.

Los verdaderos lazos
no se rompen,
porque a final de cuentas
nuestros vínculos
son tan solo
un reflejo verdadero
de lo que somos.
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Nomás criticar no resolverá el problema de la violencia

Hacen falta menos opiniones y más trabajo. Es claro que el gobierno está rebasado y que la estrategia de la 4T, tal como lo vengo advirtiendo desde antes que iniciara este mandato, es limitada. Pero más allá de criticar o defender al presidente, el pueblo necesita tomar la iniciativa: organizarse, hacer foros, convocar a universidades, comunidades, movilizar a las distintas fuerzas sociales.

El problema de la inseguridad no es solo responsabilidad del gobierno. Se necesita que el pueblo construya una estrategia de seguridad desde la base social. Si hubiera un programa aterrizado y con amplia convocatoria (que no se limite a las ONGs financiadas por las cúpulas empresariales) se podría presionar al Congreso para destinar recursos a programas específicos. López Obrador ha pretendido resolver el tema de la violencia únicamente desde el gobierno federal y eso es un error. ¿Dónde está el Congreso? ¿Qué han hecho los gobernadores además de mirar placenteramente cómo se les resbala mediáticamente la masacre de moda? ¿Qué han propuesto los otros partidos además de arremeter contra sus adversarios? ¿Las universidades públicas dejarán su burbuja en las aulas para discutir el tema con otras fuerzas sociales? ¿Qué pueden aportar los empresarios, los maestros, los obreros, los campesinos, los ingenieros, los comités vecinales, para resolver el problema de la violencia? Se necesita convocar a las fuerzas sociales para refundar este país, no sólo desde las urnas, sino a través de la participación política y la erradicación de la violencia.

Uno de los rasgos característicos del proyecto neoliberal impulsado por la derecha, es precisamente el desgarramiento del tejido social. Se requiere urgentemente reconstruir esos lazos sociales para contener la epidemia de violencia que vive el país, el cual es un problema estructural que tardará varios años en resolverse.

La crítica por sí sola resulta estéril si no es acompañada de acción política. Está bien exigir resultados al gobierno en turno, pero no es suficiente. ¿Qué harás tú para resolver el problema, más allá de sentarte y opinar sobre las noticias que aparecen en medios y redes sociales? El pueblo debe tomar las riendas de su propio destino. Es el deber histórico que nos demandan los tiempos sanguinarios que vivimos hoy.

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Eones

 

Tuve que viajar constelaciones
para saborear su pulpa prohibida.

Luego me di cuenta
de que nada permanece quieto.

Las constelaciones viajaron
a través de mí
para saciar su sed de porvenir.
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Muerte, nada sé de ti

Muerte,
dolorida certeza
que despuebla mis ojos.

Nada sé de ti,
sino ataúdes y ausencia,
la fría sombra
que hiela corazones
en la delirante
secrecía de la noche.

Muerte,
nada sé de ti,
salvo las aves negras
y su enlutado vuelo
de falsas promesas.

He oído los suspiros
de la sangre turbia
exhalar de tu boca,
un rechinido de dientes,
como la daga sedienta
cuando hiere al crepúsculo.

Muerte,
fuiste como aquel poema-cuchillo
que brotó de mí
con su avispero de palabras,
un silencio incesante
que no deja recordar
lo necesario que veces
resulta el olvido,
volverse polvo y nada más,
como las hojas sucias
teñidas de invierno
o el estertor de las flores
sobre la mesa.
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