Archivos diarios: 10 noviembre, 2019

Que caigan los golpistas de Bolivia y América Latina

 

Con su renuncia a la presidencia de Bolivia, Evo Morales dejó en claro que su decisión fue provocada por una serie de agresiones contra las familias de sus ministros, legisladores de MAS y líderes sindicales afines al gobierno socialista. La familia de Morales también recibió agresiones directas en sus casas: incendiaron sus propiedades, secuestraron a sus hijos. Esto sólo evidencia que, más allá de las tensiones poselectorales, había un plan orquestado para perpetrar un golpe de Estado en Bolivia con ayuda de la OEA, instrumento del imperialismo estadounidense a nivel continental. Análisis independientes como el realizado por el Center for Economic and Policy Research (CEPR) señalan que no existe evidencia de fraude electoral en la primera vuelta de las elecciones en Bolivia. El análisis de la OEA no es confiable, pues ha quedado de manifiesto el papel que ha jugado dicho organismo a la hora de operar intentos de golpes de Estado con el aval de EE.UU. en países como Venezuela, como ocurrió a inicios de 2019. La traición de los mandos policiales y de las Fuerzas Armadas bolivianas sólo terminaron de cerrar la pinza para consumar la farsa.

Con el golpe de Estado en Bolivia, queda claro que el crecimiento económico con reparto reparto equitativo de la riqueza, no son factores suficientes para mantener un proyecto político contrahegemónico al capitalismo global impulsado por EE.UU. y la derecha internacional.

La lucha de clases ha sido y sigue siendo el factor crucial para entender el trasfondo de los golpes de Estado en América Latina. El desastre de la derecha siempre será minimizado por los medios de comunicación y organismos afines al proyecto hegemónico, mientras que los gobiernos populares que apuestan por el beneficio de las mayorías son satanizados y perseguidos. Lo hemos visto en el último año en países como México, Ecuador, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile y ahora en Bolivia. Los líderes progresistas son perseguidos y denostados por la maquinaria propagandística yanqui, mientras los golpistas de derecha se contentan con recibir palmaditas de su amo, como los deleznables perritos falderos que son.

Los ricos del planeta no están dispuestos a permitir un cambio en el sistema político imperante, un cambio que ponga en riesgo sus privilegios, emanados de la explotación y el despojo a ultranza, características fundamentales del neoliberalismo. Por eso es una ingenuidad brutal la de aquellos que se asumen como apolíticos, en medio de una guerra como la que vivimos todos los días, esta lucha de clases donde las oligarquías se organizan en función del dinero y la acumulación capitalista para ejercer la opresión de los más pobres.

Yo por eso tomo partido en esta lucha terrestre y estaré siempre del lado de los pobres, de los oprimidos. Es un deber moral repartir la riqueza para beneficio de todos.

¡Que mueran los tiranos y el mal gobierno!
¡Que muera el capitalismo y la explotación carnicera!

¡Que viva Evo Morales y el pueblo de Bolivia!

Ya habrá tiempo para saldar cuentas con la historia.
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