¡Levántate y pelea, Bolivia!

 

A los que luchan contra el exterminio.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Veo a tu pueblo
luchar contra la escoria
de tiranos llenos de odio
y se me llenan los ojos
de lágrimas.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Me duele aquel hombre
al que le reventaron la cara
con balas,
la mujer que lloró desconsolada
la muerte de su compañero del alma,
la gente cargando féretros
tras la masacre de Cochabamba.

Pero lo que más me duele
de ti, Bolivia,
es ver a mis familiares y amigos
tan llenos de odio,
tan envenenados de mentiras
que difunden en los medios,
son capaces de celebrar el golpe,
pero incapaces de dolerse por la sangre
de la gente pobre,
y ahora Bolivia,
mis amigos y mi familia
vitorean a los fachos
que con su infame Biblia y su Cristo tirano
(tan distinto de aquel carpintero judío
condenado a la cruz por el delito de amar)
ahora pretenden expulsar a Pachamama
del Palacio,
pretenden masacrar a tu valeroso pueblo aymara
y destruir su whipala,
como han intentado otras veces
desde antes de los tiempos de Tupac Katari.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Ármate con palas, picos, piedras, palos,
ármate con gritos, puños, fuego, dientes,
es hora de mostrar tu fuerza de gigante,
pues a lo lejos suenan ya los tambores
que anuncian la guerra,
ha llegado la hora de volver a tomar las calles
para expulsar a aquellos seres ruines
que firman decretos inmundos para legalizar
el exterminio,
mientras los lameculos del imperio
fingen demencia
y reproducen mentiras
con su infame boca
tan llena de cucarachas.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que tu pueblo porta hoy y con orgullo
la bandera de la dignidad latinoamericana,
mi dolorida patria de lamento andino,
has de levantar el puño y fijar la vista
en el horizonte,
has de levantarte de entre los cadáveres
para derrocar la maldad que se ha enquistado
en el corazón podrido de los voceros
de la infamia,
próceres del conservadurismo rapaz,
rehenes de su propio infierno,
gente diminuta y miserable, hipócrita,
invadida del inconfesable
terror de perderlo todo,
incluido su enfermizo trauma
de tratar a otros como servidumbre.

Me dueles, Bolivia,
me dueles en el alma,
al igual que me duele Ecuador
y me duele Chile,
tierra de poetas,
donde los carabineros pinochetistas
pretenden dejar ciego a su propio pueblo
sacándole los ojos,
mientras las marionetas del imperio
tratan de cubrirlo todo
con su burda farsa,
alimentada con el ruido idiota del televisor,
esa sustancia pegajosa y corrosiva
que viraliza la diarrea verbal
de autómatas programados para sentir miedo,
mucho miedo,
frente a la esperanza del pueblo que se levanta
contra el odio, para expulsar a la tiniebla.

Bolivia, me dueles,
como una herida que canta
la aflicción de mi alma latinoamericana.

Boliviano, tú que desciendes del cóndor
y llevas en las venas
la sangre volcánica del dios Tunupa,
encomiéndate a la pulsión de la tierra
y la tutela de Achachila
para que guíe tu camino a la victoria,
y acuérdate también
de aquel barbado y entrañable guerrero poeta
de boina y cigarro cubano,
que murió en una higuera
en lo profundo de tu selva
para liberar al hombre y la mujer
de la sumisión carnicera.

Ya llegará la hora, amada Bolivia,
de condenar a los tiranos a la horca.

Ya llegará tu hora
de saldar cuentas con la historia.

Boliviano de Los Altos y Cochabamba,
a ti hermano minero del Potosí,
a la gente de Sucre y el Titicaca,
a los rostros cenizos
que pueblan Oruro y Tajira,
a los que duermen soñando las estrellas
en el inmenso salar de Uyuni,
a ti te hablo hermano boliviano,
con la esperanza de que mi dolorido canto
llegue a tus oídos y te abrace
y te inyecte la fuerza que ahora necesitas
para seguir esquivando las balas
en pie de lucha
contra el odio asesino
que se ha instalado en tu patria
de quebrantos, esperanza y futuro.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que te necesitamos fuerte
para que entre todos organicemos
una rebelión planetaria
contra la inmunda riqueza malhabida
que ha terminado de amputarle el corazón
a los crueles egoístas y avaros
que promueven mercenarios
para regar por doquier el rumor
del fin de los tiempos,
y por eso mismo te necesitamos, Bolivia,
para encabezar esta rebelión
contra el hambre y la mentira
que ahora mismo nos acecha
en esta noche de llanto y tristeza.
::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 16 noviembre, 2019 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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