Archivos Mensuales: diciembre 2019

El amor como salida a la falsa dicotomía machismo-feminismo (y otras dolorosas verdades)

Entre más estudio ese gran misterio de la condición humana, más comprendo que hay cosas inevitables, como la violencia. No ha existido nunca, en ninguna época, ni en ninguna cultura, persona que no haya sido expuesta a algún tipo de violencia o que no haya ejercido nunca algún tipo de violencia contra otros. Eso es una dolorosa verdad que muchos no están dispuestos a reconocer, y prefieren seguir embriagados en fantasías infantiles, pues no toda la gente está preparada para asimilar la crudeza que suele acompañar a las grandes verdades humanas.

Siempre existirá la guerra, siempre existirán las vejaciones, las masacres, y también siempre existirá gente temerosa, fácilmente manipulable y susceptible a aceptar los discursos de odio como una forma de lidiar con sus propios miedos. La manipulación es una técnica relativamente sencilla que consiste en exagerar unos datos y minimizar otros. Esto crea una distorsión, una gran mentira fabricada con medias verdades. Por eso es tan fácil engañar a la gente con una mentira fabricada con retazos de verdad. Y para darse cuenta de esas cosas, se requiere fortalecer la espiritualidad, develar el velo de maya, la ilusión. Y bien dicen los hindúes que la ilusión primera es la ilusión de la separación. La persona despierta y consciente, se da cuenta de estas cosas, pero el despertar espiritual no es algo que se consiga de la noche a la mañana, o que se pueda conseguir con una receta. Es ante todo, una actitud frente a la vida.

Tras leer un artículo sobre la ingeniería social y la manipulación de masas detrás del discurso del feminismo (que en su expresión más extremista ha llegado a la locura y estupidez de criminalizar a todos los hombres como asesinos y violadores potenciales), me queda claro que los discursos de odio no podrán resolver los grandes problemas humanos. La única forma de lograr la necesaria reconciliación de los sexos y trascender la falsa dicotomía feminismo-machismo -al igual que ocurre con el racismo o el clasismo tan de moda hoy en día- es optar por una tercera vía: el amor.

Lástima que en una era donde abundan los discursos de odio, hablar de amor sea algo tan anacrónico y anticuado, algo tan incómodo para los expertos en manipular a las masas temerosas. Por eso el perdón, la compasión, la justicia, la virtud, y su vínculo con la divinidad, son verdades universales que han estado presentes en prácticamente todas las culturas, de todos los tiempos.

Sólo el amor a todas las cosas, podrá sacarnos de la confusión que vive nuestra sociedad actual. El amor, y no el odio, es la única vía para ser feliz y al mismo tiempo resistir las muchas terribles verdades del mundo. Observen a la gente amorosa a su alrededor, y verán que hay algo de verdad en esto que digo yo. Sólo el amor puede trascender la maldad que anida, sigilosa, en el corazón de las personas. Esta es una verdad muy antigua.
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El retorno a lo sagrado (y el problema de la metafísica occidental)

La sabiduría debe tener un fin práctico. El gran problema de la metafísica occidental moderna, basada en la creencia de la razón absoluta, es creer que el conocimiento intelectual puede resolver todos los problemas de la humanidad. De este modo, la ciencia moderna, carente de emoción, pretende sustituir la espiritualidad por la ética. Pero resulta que la ética no es sino un razonamiento que trata de justificar las acciones humanas a partir de una definición del bien y el mal. Amputada de emotividad, desde la cual surge la compasión, la ética se reduce apenas a un planteamiento racionalista incapaz de conmover.

Esta idealización extrema tiene otro problema, pues al fundamentar nuestras acciones ‘en lo que debería ser’ y no a partir de ‘lo que es’, la lógica enmascara las verdades más profundas de la existencia humana y la recubre apenas con una capa de neurosis. Y esto provoca que mucha gente se pierda en falsas idealizaciones que poco o nada tienen que ver con la realidad. Por ello, en todas las tradiciones místicas, la emotividad juega un papel clave, pues solo al mirarnos desnudos, frente a frente en el espejo de las emociones, es que el ser humano pueda desarrollar y fortalecer su espíritu, siendo la compasión y la justicia, el estado supremo de la conciencia, donde cada cosa yace en el lugar que debe estar.

La ética puede servir para trazar mapas, pero nunca será lo mismo trazar líneas que andar a pie por el áspero camino de la vida, sentir el polvo entre los pies con el frío viento de la montaña soplando en el rostro.

Sólo cuando logremos sincronizar los corazones, libres de miedo, podremos dar el gran salto de conciencia que demanda nuestro tiempo. El retorno a lo sagrado y revivir a los dioses muertos, es la gran misión de nuestra época. Por eso sostengo, sin temor a equivocarme, que sólo los poetas podrán salvar al mundo, con sus palabras cargadas de sentido, palabras que son alquimia, conjuro, canto, y nos revelan el origen de todas las cosas.

¡Poetas del mundo, uníos!
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Venimos del cielo

Somos descendientes del cielo,
pues allá,
mucho más allá de la estratosfera,
se encuentra
nuestro origen cósmico.

Venimos de lejos,
de la otra orilla del sol
para poblar este rincón
de tierra y agua,
esta piedra flotante
donde transcurren
nuestras alegrías y tristezas,
ahí donde se escriben
los días de gloria y de ruina,
la carne y el anhelo,
la historia del hombre.

Descendemos del cielo
y en la tierra encarnamos
un sueño que habla
de los confines del tiempo
que duerme y despierta
en nuestro interior.

Una explosión de blancos avatares
merodeando el universo.
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Satelital

Yo sólo fui
un breve sorbo
de besos hirientes
girando
en tu órbita
de estrella lejana.

Yo sólo fui
un vaso roto
navegando
en las aguas
del ensueño,
movedizas,
un témpano
espolvoreado
de lunas
tan frías.

Yo sólo fui satelital,
un mago-juglar
sediento
de camino virgen,
el vago alegre
que de tantos amores
la boca tatuada lleva.

Yo sólo fui
el preludio de un beso
en la imaginación
del poeta,
temperamental
y clarividente,
un negro escarabajo
que se acuesta
cada noche
a mirar el cielo.
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Pobrecilla

 

Lo suyo
fue
venganza
encubierta
en el difraz
de la inocencia.

Un velo de novia,
arácnidamente
mortecina,
ejerciendo
su tiránico papel
de victimaria
víctima.

Pobrecilla.

Victimaria víctima
de sí misma.
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Confucio y de cómo un buen gobernante es aquel que vive en armonía con el Cielo

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Leo sobre el pensamiento de Confucio, quien afirmaba que un ser humano pleno es aquel que vive en armonía con el Cielo (el orden natural de las cosas), y la cabeza se me llena de ideas.

Esta doctrina señala que el ser humano tiene el deber de autoperfeccionarse mediante la introspección y el estudio.

“Si lo logra, tendrá conocimiento de sí mismo y de los deseos del Cielo, lo que le servirá para desarrollar su Li, que significa los ritos, las ceremonias, la rectitud y las buenas formas interiorizadas. El Li es útil para desarrollar el Ren que se podría traducir por «buenos sentimientos hacia los demás hombres». La práctica del Ren supone las virtudes Zhong y Shu, que se traducen aproximadamente como ‘lealtad’ y ‘perdón’, o como ‘fidelidad’ y ‘compasión’. Si el hombre tiene Ren, podrá fácilmente practicar la justicia, los buenos principios, llamados Yi”, explica un texto en Wikipedia.

“El hombre que practica las anteriores virtudes es un Junzi, un hombre superior (…) El Junzi sería educado y justo, la (virtud) le sería inherente y siempre estaría en el Justo Medio, que indicaba la necesidad de moderación en todo. Además, el Junzi conoce y respeta los mandatos del Cielo, y conoce el propio”, agrega la enciclopedia.

Para el confucianismo, “el mal gobierno contradice el orden natural y viola el Mandato del Cielo. El gobernante que se conduce así pierde su legitimidad y puede ser depuesto por otro que recibirá este mandato”.

Así, el buen gobierno sería aquel que predica y ejerce la virtud. La legitimidad de un buen gobernante dependerá entonces de su ejercicio de la virtud. Esto es una visión interesante que pone en entredicho lo que pasa hoy en día con las democracias liberales, donde se piensa que la legitimidad es consecuencia de las elecciones populares, independientemente de la conducta y las acciones del gobernante.

Mezclándolo con otros conceptos del hinduismo, podríamos decir que un requisito para ser un buen gobernante es tener buen karma.
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El cambio climático es, ante todo, una lucha por el poder

 

Leo las conclusiones de la COP y cada año es lo mismo. Quien crea que la situación ambiental cambiará en estas cumbres internacionales de cambio climático, está en un rotundo error.

“Los países más contaminantes secuestraron la Cumbre de Cambio Climático – COP25”, titula el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en un comunicado. “La Cumbre del Clima de Naciones Unidas que más ha durado de todas las celebradas hasta el momento, COP25, concluye con los grandes países contaminantes como EE.UU., China, India, Japón, Brasil y Arabia Saudí, entre otros, eludiendo su responsabilidad de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esta postura ha bloqueado el progreso de las negociaciones climáticas en Madrid”, señala WWF.

El problema de raíz del capitalismo, es que la acumulación de riqueza te vuelve fuerte frente a otras tribus-naciones. Renunciar a la acumulación es renunciar a la posibilidad de dominar al otro y volverse susceptible de ser dominado. ¿Cómo corregir esa falla sistémica?

Las naciones no están dispuestas a dejar de acumular riqueza y eso implica más explotación, más producción, más contaminación. Así como el feudalismo fue devorado por una pujante burguesía, es probable que el capitalismo reviente por imparables oleadas masivas de pobres que anhelan acumular riqueza como los países ricos. Algo que, de hecho, ya está sucediendo. Basta revisar el crecimiento económico de China y la manera en que India desplazará a EE.UU. como la segunda economía del planeta para 2040, según consultoras como el Foro Económico Mundial, PwC o Standard Chartered. Algo que modificará por completo la correlación de fuerzas a nivel global.

Quizá la única posibilidad viable de implementar políticas socialistas en el mundo, sea a través de relaciones de poder más equilibradas entre distintos bloques geopolíticos. Y esto se explica porque también existe una tendencia a construir bloques regionales como un mecanismo de fuerza, para contener amenazas externas.

La lógica de la acumulación como sinónimo de poder, sólo tiene sentido en un régimen profundamente desigual.

Combatir el cambio climático no sólo implica reducir el consumo como la forma más salvaje de acumulación y explotación de la naturaleza. De ahí que resolver la crisis ambiental implica, sobre todo, una lucha política entre ricos y pobres. Mientras la pobreza siga siendo utilizada como instrumento de dominación, el ser humano estará condenado a la autodestrucción frente a la crisis climática.

El momento histórico que vivimos requiere cambios de fondo en nuestra manera de concebir la propiedad, es decir, nuestra concepción de la justicia. La única salida a la crisis del mundo es promover un gran salto de conciencia. Y para ello se requiere una nueva metafísica.
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La diferencia entre el sabio y el intelectual

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La historia es siempre perspectivística.

Pero a lo largo de nuestra historia humana, siempre ha existido una constante: la diferencia entre un sabio y un necio.

La gente de conocimiento trata de comprender su entorno más allá de sus propios prejuicios, es curiosa por naturaleza, explora, cuestiona, no se engaña, pone atención a la relación que existe entre el mundo interno y el mundo exterior, y por lo mismo, suele tener una mayor sensibilidad.

Los necios, en cambio, intentarán siempre aferrarse a cualquier discurso o ideología que les permita justificar sus miedos y odios más profundos.

El sabio tiene una peculiar propensión al amor y la compasión, pues al saberse parte del todo, es capaz de adentrarse en el corazón de las otras personas y entender sus debilidades.

El necio, en cambio, muestra una tendencia natural a la agresión, pues siente un terror profundo ante lo mucho que ignora. Intelectualizar sin compasión, engendra monstruos y tiranías espantosas.

En algún punto de esta dicotomía, entre el sabio y el necio, se encuentra la delgada línea que divide al bien y el mal.

La verdadera sabiduría sólo es posible cuando la razón pasa antes por el filtro del corazón.

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Salvedades

 

Nos despedimos con un beso
en uno de los tantos malecones
que el sol de la roja tarde no parió.

Mi vida entre los pájaros
fue un vuelo sobre otro,
la osadía de saberme aire
y dormir en la espumosa cabellera
del mar infatigable.

Mis ojos se llenaron
de resonancias,
la noche palpitaba
debajo de tu piel
hecha de arena
y otros tantos versos
inagotables.

Todos los navíos murieron
de sed y de hastío
luego de cruzar
el horizonte.

Yo solo encuentro
en tu rostro extraviado
de mujer soñolienta
el fiel reflejo
de mi propia nostalgia,
como aquella sucia
y parda fotografía
donde fueron a morir
todas mis certezas.

Yo solo encuentro
en las palabras
la nube rota que llovió
sobre un desierto
de flores amarillas,
la historia que se repite
como presagio de otras vidas,
como el dulce fruto
que alguna vez hurté
del jardín de las caricias.

El cielo suspira en mis adentros
cada vez que me desprendo
del amargo yugo de tu cuerpo,
la avería de mi amor que galopa
en laberintos de anónimas huellas,
esa eterna lucha,
doloridamente innecesaria,
donde ahora reposan mis restos
recubiertos de sombra y anestesia.

La noche triste se dibuja
en tu sonrisa de hembra lejana,
en la creciente del río incesante
que inunda mi casa
y lo pudre todo,
las hojas de aquel libro
que te evoca, te recorre
y te penetra
cada vez que duermes
solitaria en tu cama
de ninfa desnuda.

Fueron las aguas negras del olvido,
el tiempo royendo el subsuelo
y la magra memoria.

Fueron las horas pasajeras
donde alguna vez
derramé mi vida,
esa herida tan mía
que viaja
entre mi saliva y tus piernas,
la sinuosa carretera que se alarga
del crepúsculo a la aurora.

Y no quedó más remedio
que arrojarme
al fondo submarino
sin ponerme la escafandra
y explorar los muchos peligros
del abismo de tu alma,
y no se me ocurrió otra cosa
que llevarte flores
por si alguna vez despiertas
de tu lánguido sueño
y te atreves
a mirarme
sin el miedo
que llevas
cosido
en la boca.
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Quizá tú nunca fuiste

Que el corazón decida
su forma de dolerse.

Yo habito ahora
entre la soledad y la noche.

Como un sepulcro
de sangre entreabierta.

Yo me refugio ahora
entre tus piernas soñolientas.

Como una triste despedida,
amarga sinfonía.

Y que suene el mariachi
en aquellas lánguidas horas
donde nunca fuiste.

En la efervescencia
de tu sonrisa triste.

Nada queda, sino la ausencia
de los siglos en la molienda.

Nada queda, sino las tardes
cargadas de melancolía.

Y los pájaros sobrevolando el olvido
y las piedras rodando por el desfiladero.

Estoy estacionado en el exceso
de tu boca adherida a mi boca de naufragio.

Siento mis raíces
anidando en mi garganta.

Como una estampa
de bandoleras necedades.

Que la cuerda vibre
en la zotehuela del alma.

Echádle más alcohol
a la herida.

Que yo seguiré viviendo
aunque sea tan solo por pura inercia.

Que yo seguiré latiendo
aunque me sepas a lumbre del aire.

Yo soy la brasa última que respira
en tu pelo.

Yo soy el verbo en carneviva
que clama por ti en sus adentros.
::.

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