Quizá tú nunca fuiste

Que el corazón decida
su forma de dolerse.

Yo habito ahora
entre la soledad y la noche.

Como un sepulcro
de sangre entreabierta.

Yo me refugio ahora
entre tus piernas soñolientas.

Como una triste despedida,
amarga sinfonía.

Y que suene el mariachi
en aquellas lánguidas horas
donde nunca fuiste.

En la efervescencia
de tu sonrisa triste.

Nada queda, sino la ausencia
de los siglos en la molienda.

Nada queda, sino las tardes
cargadas de melancolía.

Y los pájaros sobrevolando el olvido
y las piedras rodando por el desfiladero.

Estoy estacionado en el exceso
de tu boca adherida a mi boca de naufragio.

Siento mis raíces
anidando en mi garganta.

Como una estampa
de bandoleras necedades.

Que la cuerda vibre
en la zotehuela del alma.

Echádle más alcohol
a la herida.

Que yo seguiré viviendo
aunque sea tan solo por pura inercia.

Que yo seguiré latiendo
aunque me sepas a lumbre del aire.

Yo soy la brasa última que respira
en tu pelo.

Yo soy el verbo en carneviva
que clama por ti en sus adentros.
::.

Acerca de manuelhborbolla

Poeta, filósofo y periodista, egresado de la UNAM. Creo que es posible transformar el mundo a través de la poesía.

Publicado el 8 diciembre, 2019 en Poemas. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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