Archivos diarios: 13 diciembre, 2019

Salvedades

 

Nos despedimos con un beso
en uno de los tantos malecones
que el sol de la roja tarde no parió.

Mi vida entre los pájaros
fue un vuelo sobre otro,
la osadía de saberme aire
y dormir en la espumosa cabellera
del mar infatigable.

Mis ojos se llenaron
de resonancias,
la noche palpitaba
debajo de tu piel
hecha de arena
y otros tantos versos
inagotables.

Todos los navíos murieron
de sed y de hastío
luego de cruzar
el horizonte.

Yo solo encuentro
en tu rostro extraviado
de mujer soñolienta
el fiel reflejo
de mi propia nostalgia,
como aquella sucia
y parda fotografía
donde fueron a morir
todas mis certezas.

Yo solo encuentro
en las palabras
la nube rota que llovió
sobre un desierto
de flores amarillas,
la historia que se repite
como presagio de otras vidas,
como el dulce fruto
que alguna vez hurté
del jardín de las caricias.

El cielo suspira en mis adentros
cada vez que me desprendo
del amargo yugo de tu cuerpo,
la avería de mi amor que galopa
en laberintos de anónimas huellas,
esa eterna lucha,
doloridamente innecesaria,
donde ahora reposan mis restos
recubiertos de sombra y anestesia.

La noche triste se dibuja
en tu sonrisa de hembra lejana,
en la creciente del río incesante
que inunda mi casa
y lo pudre todo,
las hojas de aquel libro
que te evoca, te recorre
y te penetra
cada vez que duermes
solitaria en tu cama
de ninfa desnuda.

Fueron las aguas negras del olvido,
el tiempo royendo el subsuelo
y la magra memoria.

Fueron las horas pasajeras
donde alguna vez
derramé mi vida,
esa herida tan mía
que viaja
entre mi saliva y tus piernas,
la sinuosa carretera que se alarga
del crepúsculo a la aurora.

Y no quedó más remedio
que arrojarme
al fondo submarino
sin ponerme la escafandra
y explorar los muchos peligros
del abismo de tu alma,
y no se me ocurrió otra cosa
que llevarte flores
por si alguna vez despiertas
de tu lánguido sueño
y te atreves
a mirarme
sin el miedo
que llevas
cosido
en la boca.
::.

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