Archivos Mensuales: febrero 2020

Para que el mundo florezca

No hay víctimas ni victimarios
solo incómodas verdades.

Incluso una caricia puede herir
cuando la mano tienta
la herida de otra persona.

Unir todo lo que alguna vez
fue separado,
he ahí la tarea del sabio.

Un gran poder debe ir
siempre acompañado
de una gran responsabilidad,
para que el mundo florezca.
::.

La tarde de hoy

 

Hoy el atardecer tiene otra resonancia.

No fueron los dorados fulgores de ayer,
la incandesencia sobre la roca,
el calor del día en un último abrazo
antes de la noche clamorosa.

No. Lo de hoy tuvo otra sustancia,
una delgadísima y transparente membrana
que le confiere a la tarde un tono más sutil,
pinceladas suaves, hechas de viento
y una dulce calma.

La tarde de hoy es depositaria
de paz y armonía,
alguno que otro pensamiento lujurioso,
lleva el pelo rubio y las piernas torneadas,
es la tarde que suspira y resplandece,
intentando recitarme algo
sobre la verdad universal que respira
en el interior de todas las cosas.

La tarde de hoy deja ver las muchas capas
que conforman la Tierra,
el tiempo que camina a tientas
entre las dulces aguas del río.

El sol de la tarde lleva puesta
la ternura de las aves surcando el cielo,
lleva la cuenta de los días,
la soledad de quien se busca a sí mismo.

La tarde de hoy es de una belleza inaprehensible,
inalcanzable, enamoradiza,
un toque de frescura
luego de que los tambores,
los cantos y las plegarias
al fin culminaron.

La tarde de hoy lleva impresa
una epopeya en lengua sagrada,
lleva los ecos de la trascendencia,
la compasión resucitada de los dioses.

La tarde de hoy lleva colores cenizos,
los ojos húmedamente encendidos,
el alma despierta.

Sólo dejó a su paso
un fresco rumor de aves vespertinas,
la fragancia floral del crepúsculo
y nubes durazno:
las puertas abiertas de la noche luminosa.
::.

Pichola

Todos los brillos del agua
cantan al sol.

El amor es la única verdad.

El tiempo es necesario
para que todas las cosas
encuentren su propio camino,
su propio destino,
su propio paso.

Nadie escapa del pasado
y a veces la mejor forma
de salir de toda encrucijada
es simplemente dejar de intentar.

Somos un cúmulo de situaciones,
callejuelas sin nombre,
farolas apagadas,
jardines secretos.

Un bote a la deriva,
que se debate
entre la sed y el calor.

Somos un ardor tras otro,
una flama que se extiende y se apaga
y se hace polvo y se hace nada.

Somos el polen de todas las flores
conformando un solo aroma.

Somos el infinito que se deja ver
en el basto firmamento
de las noches sin luna,
ahí, en las arenas del sueño.

Hagamos del amor un mantra,
el estribillo de una canción,
el amor como forma de vida:
el único credo, el único sorbo,
el único remedio,
la última guarida.

Sólo el amor sobre todas las cosas.
::.

El infantilismo político en tiempos de la 4T

24-02-2020-CONFERENCIA-DE-PRENSA-MATUTINA-FOTO-06
Me encantan las infantiles posturas políticas de algunos mexicanos, cuya capacidad para interpretar la realidad social que vive el país difícilmente va más allá del meme.
México vive una etapa sin precedentes en el combate a la corrupción (con personajes de alto perfil como Rosario Robles, Emilio Lozoya, Juan Collado; a Carlos Romero Deschamps y ahora Gerardo Ruíz Esparza ya también los traen en la mira). No hay antecedentes de algo así en la historia reciente del país. Por primera vez, instituciones como la Secretaría de la Función Pública y el combate al lavado de dinero están funcionando relativamente bien.
Los feminicidas de Ingrid y la pequeña Fátima, dos casos que sacudieron a la opinión pública, fueron detenidos y vinculados a proceso. ¿Recuerdan que algún otro caso en el que, en cuestión de días, se detuvieran a los perpetradores de crímenes similares? Aún así, las exigencias de justicia deben seguir.
La limpia en el Poder Judicial, de la que poco o nada se habla en los medios, busca recomponer las muchas dolencias del sistema de impartición de justicia, empezando por castigar a jueces corruptos. No podemos saber ahora los alcances que tendrá la reforma, pero lo que sí es evidente es la intención de recomponer las cosas en uno de los pilares del Estado mexicano.
Un esfuerzo que también es evidente en otros sectores del espectro social.
Según datos de INEGI, el ingreso promedio de los ocupados en el país es de 7,337 pesos mensuales mientras que un año antes era de 6,963 pesos. Esto significa un crecimiento real de 2.5% en 2019 respecto al año anterior.
Asimismo, el Coneval reportó que en 2019 hubo un incremento de 5.9% en el ingreso laboral real per cápita en el último año.
Estos últimos datos son consecuencia directa de medidas como el incremento al salario mínimo y los programas sociales, impulsados por la 4T.
Es decir, que en poco tiempo se tienen logros concretos y sin precedentes en materia anticorrupción y combate a la pobreza, pero en redes no dejan de aparecer memes diciendo que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es una desgracia.
Lo curioso es que esos que se quejan ahora, esos que acaban de descubrir que había un México perfilándose a la ruina, no se dieron ni por enterados de las masacres de Allende, Tlatlaya, Apatzingán, Tanhuato, Nochixtlán, ocurridas en los sexenios anteriores. Hubiera sido muy bueno ver tantos memes de indignación como ahora. Pero como eso no salió en la tele, por la censura que había (algo que también se acabó con el cambio de régimen), algunos nos quedamos con las ganas de ver esa misma indignación ante las muchas desgracias que acontecían en el país y que a pocos, muy pocos, les importaba.
Por primera vez en muchos años vemos señales de un esfuerzo serio por recomponer el Estado mexicano que, aunque les enfurezca a algunos, se hizo pedazos durante las 3 décadas del modelo neoliberal. El nivel de degradación y los efectos de esa política económica los estamos padeciendo hoy, pero muchos no dejan de patalear y exigir resultados de un día para otro, cuando al mismo tiempo, su indiferencia durante décadas es corresponsable del desastre de país que es México en la actualidad. Esos mismos que ahora se enojan y patalean y hacen berrinche eran los mismos que se autodefinían como “apolíticos”, los que decían que bastaba tirar la basura en su lugar y respetar la ley para generar un cambio social. ¿Qué pasó entonces? ¿Por qué de repente les importó lo que pasaba en el país? ¿Por qué de repente les dio por convocar a marchas y protestas? ¿Será porque en el fondo a muchos les indigesta que se dé prioridad a los más pobres? Eso parece.
En el caso de la violencia contra las mujeres, sus reclamos son legítimos. Aunque creo también que, junto con las movilizaciones y expresiones de descontento, sería muy bueno hacer una revisión seria de cómo llegamos a este punto, contrastar, matizar. Para mí es muy evidente que los feminicidios en México son consecuencia de la violencia generalizada que existe en el país desde la guerra contra el narco decretada por Felipe Calderón. Tan es así, que los datos de asesinatos de mujeres registraban una tendencia a la baja de 1990 a 2007, y se detonaron a partir de entonces. Por eso, sostengo que el asunto del machismo y el heteropatriarcado se ha sobredimensionado a la hora de tratar de comprender la oleada de violencia contra la mujer en México. ¿O acaso no había machismo y heteropatriarcado de 1990 a 2007? ¿Por qué entonces se habla tanto de heteropatriarcado y machismo en torno a los feminicidios, pero al mismo tiempo, se habla tan poco de las implicaciones de la guerra contra el narco en este asunto? (ah, se me olvidaba, que Felipe Calderón y compañía ahora hasta hacen eco de las exigencias del feminismo en un derroche de cinismo e hipocresía pocas veces visto). Por supuesto, estas cosas no se dicen en los medios, que suelen ignorar por completo la postura feminista o reproducir de manera acrítica el nuevo dogma feminista de nuestro tiempo, lo cual, a mi manera de entender las cosas, está generando más confusión.

 

ASESINATOS MUJERES MEXICO
El patrón de asesinato de mujeres en México es prácticamente el mismo que el que se registra al contabilizar el total de asesinatos de hombres y mujeres.
Asesinatos total
El infantilismo y la ignorancia manifiesta en muchas de las quejas de hoy contra el nuevo gobierno, explican en buena medida, cómo es que México se convirtió en lo que es ahora. Lástima que muchos de esos “críticos” del gobierno, sean tan poco autocríticos a la hora de evaluar el papel tan mediocre que han desempeñado como ciudadanos a lo largo de muchos, muchos años.
La reconstrucción del Estado mexicano es un proceso que tomará tiempo. Aunque el infantilismo de algunos los haga exigir resultados de la noche a la mañana, como si la sola exigencia fuera a resolver fenómenos que se vienen gestando varias décadas atrás. Es tan estúpido como exigirle a un árbol que dé frutos cuando apenas está germinando la semilla. Por más que se le exija a la planta, obtener frutos es un proceso que lleva tiempo. Aunque claro, el mexicano promedio está tan inmerso en la desinformación noticiosa y tan desconectado de la verdad, que estas cosas tan elementales se escapan a su comprensión. López Obrador ha cometido errores y debe ser criticado, como cualquier gobernante. Pero es una pena que la insensatez imperante en algunos sectores, muy enojados con los cambios impulsados por el actual gobierno, esté generado un clima tan tóxico a la hora de discutir asuntos públicos.
Afortunadamente, hay señales positivas de un cambio, a pesar de que la 4T está muy, muy lejos de ser el gobierno perfecto que muchos quisieran. Lástima que la ceguera les impida a muchos ver más allá de sus narices.
::.

De cómo el deseo de acabar con la violencia genera más violencia

¿Quieres entender la violencia? Entonces detente y analiza por qué has actuado de manera violenta alguna vez. Todos hemos ejercido la violencia, la cual podría definirse como ‘hacer daño a otro, intencionalmente’.

En eso meditaba yo mientras se acercó hasta mí una vaca para ser acariciada, casi al mismo tiempo que observaba yo con atención a algunas personas que oraban y derramaban leche sobre el agua y acariciaban al fuego, como parte de un ritual en el lago de la ciudad sagrada de Pushkar.

El deseo es la raíz de la violencia. Por ello, la actitud violenta busca, en el fondo, realizar un deseo insatisfecho. Piénsalo y te darás cuenta que siempre es así.

Pero vivimos en una sociedad donde se exacerba el deseo como una forma de consumo, voraz alimento para la maquinaria de autodestrucción que hace crecer la economía. Lo paradójico es que muchas personas alienadas han aceptado esta gran mentira como verdad, pues los instrumentos de dominación les han hecho creer que eso es sinónimo de bienestar y progreso.

El deseo es la raíz de la violencia y también de la dominación. Se nos incita a desear a través de la publicidad y los medios, deseamos el curvilíneo y sensual cuerpo de JLo y Shakira en el medio tiempo del SuperBowl, deseamos comer y al mismo tiempo deseamos tener un cuerpo escultural, deseamos ganar, deseamos fama y fortuna, deseamos comprar el más novedoso teléfono celular, la ropa de moda, deseamos ser profesionales exitosos, deseamos saber más, deseamos viajar por el mundo y tomarnos una ‘selfie’ porque también deseamos ser deseados por otros, deseamos el amor, deseamos acabar con el cambio climático, deseamos justicia, deseamos acabar con la violencia y así sucesivamente…

La gente, presa del pánico, no suele reparar en estas cosas y cree erróneamente, que la violencia se acabará con castigos y leyes más severas, con políticas públicas, con acciones de gobierno. Su estrecha visión del mundo les impide darse cuenta de la verdadera magnitud del problema. Bien dice un verso de Tagore: “Interpretamos mal el mundo y luego afirmamos que nos engaña”.

La incapacidad de satisfacer ese cúmulo creciente de deseos, explica la violencia que prevalece a nuestro alrededor. La violencia es el deseo no realizado (“el deseo insatisfecho engendra peste”, diría otro maravilloso verso de Blake). La violencia de índole sexual es consecuencia de un deseo sexual insatisfecho. Y es aquí lo que muchos sesgados análisis actuales no alcanzan a entender: la violencia no es cuestión de género, porque todas las personas desean y todas las personas participan de una u otra manera en este ciclo.

Al mismo tiempo que la maquinaria del consumo se impone a través de la publicidad, el marketing y la propaganda política, las instituciones sociales que se habían creado para contener este mal se han erosionado, precisamente, porque se convirtieron en instrumento de dominación, al exacerbar la idea de la salvación y la vida eterna en el corazón de las fieles masas, siempre temerosas y manipulables.

Pero existe otra vía para acabar con la espiral violencia. Esa vía es la renuncia del deseo. Algo que la sociedad Occidental condena como sinónimo de conformismo, precisamente, porque una persona conforme y satisfecha con su vida difíclmente se convertirá en un voraz consumidor.

Paradójicamente, desear que termine la violencia nos vuelve esclavos del perverso ciclo, pues al desear vehementemente acabar con ella, nos volvemos susceptibles a la manipulación y al chantaje político, nos vuelve susceptibles incluso a terminar creyendo nuestras propias mentiras, con tal de tratar de encontrar una vía para satisfacer nuestro deseo insatisfecho. Esta es la raíz más profunda de la espiral de violencia que vivimos hoy. Todo lo demás es tan solo una consecuencia de esta causa primera.

Quizá la manera más efectiva (y más difícil) de transformar la sociedad y reducir la violencia, es renunciar a todo deseo, incluso el deseo de controlar nuestra propia vida, algo para lo cual es necesario arrojarnos al caos y el azar, sumergirnos en el misterioso abismo de la existencia, dejar que las fuerzas que rigen el universo desde siempre sigan su curso. A final del día, nosotros somos también reflejo y consecuencia de esas fuerzas naturales que penetran, recorren y conectan a todas las cosas.

La vía espiritual ofrece precisamente una alternativa al ciclo del sufrimiento y la violencia, pero en una sociedad que ha renunciado a esta senda como medio para alcanzar la realización -y en cambio ha preferido enajenarse en la idolatría al dinero y el consumo- resulta muy difícil terminar con la violencia.

No es casualidad que los grandes maestros hayan llegado a la misma conclusión, por diferentes vías.

Es decisión nuestra, ser o no ser partícipes del incesante ciclo de violencia que nos aqueja. Antes de querer cambiar el mundo, quizá deberíamos poner atención a lo que ocurre en nuestro interior.
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India: primer encuentro

Nada me preparó para ese primer encontronazo contigo, Delhi,
puerta que se abre ante mí
para descifrar ese inmenso continente
lleno de misterios e historias,
ese anhelado lugar
que eras también tú, India,
la de los mil dioses de los mil brazos
de las mil almas de los mil colores.

No sé por qué razón me sentí atraído
hacia ti,
pues ya te quería
desde hace mucho tiempo antes de conocerte.

Serían las muchas fantasías
que me contó el Adampol,
o sería la huella que dejó en mí el Mahatma,
los versos de Tagore,
la prosa imprudente de Rushdie
o las aventuras de Kipling,
serían las odas que Valmiki dedicó Rama y al imponente Hanuman,
o quizá fueron tus muchos secretos infumables,
India, tierra de gurús, elefantes y rishis
lo que me trajo hasta aquí,
seducido por tu enervante embrujo
de dioses azules,
hombres bigotones y ensortijados,
y enjoyadas mujeres con velo de arcoíris.

Nada de lo que oí antes
me preparó para tus calles sucias,
el penetrante hedor de la orina entre las piedras,
nada me preparó para el ruido y el caos,
el rechinido de los insoportables claxonazos,
el riesgo siempre latente de morir atropellado
por un frenético tuk tuk
en avenidas sin sentido,
nadie me adivirtió suficiente
sobre tu gente adorable, tan amigable y elocuente,
ni tus oscurísimos mendigos,
ni los monos trepando por cables eléctricos en el bullicio de la ciudad
o las vacas siempre sonrientes,
adornadas con collares de flores amarillas.

Yo quería saber por qué vienen hasta aquí
aquellos que anhelan un poco de paz interior
y lo primero que encontré
fueron embaucadores y extravío
en las reticencias de la noche profana,
calles hirviendo de silencio
en las horas más inciertas
de la inhóspita madrugada,
esa fue mi primer bofetada con la India real,
la que no sale en los libros,
ni en las gestas heróicas que cuentan aquellos
que se atreven a recorrer sus muchos laberintos.

Y de pronto ya era oriundo de aquí,
y desfilaba por lóbregas callejuelas,
y descubrí que el grano tiene otra resonancia,
que las lentejas eran dal
y el pan era chapati,
y que masala más que un destino
era una fragancia tatuada en la lengua.

Y visité a tu padre, India,
ese señor flaco y chaparrito
que en realidad era un gigante,
un alma claridosa
que ayudó a los más pobres
a vencer el miedo y la ira,
para sobrevivir a este mundo caníbal
y reescribir la historia del hombre
con su maquinaria bélica,
esa sonora monstruosidad
a la que siempre se opuso tu padre, India,
ese señor menudito y descalzo que movía montañas
con su hinchado corazón,
que convirtió el hambre en fuerza
para llevar a cabo su demencial anhelo
de la no violencia,
porque sólo los locos sueñan
con un mundo donde las personas no tengan
que hacerse daño,
ni matarse los unos a los otros
por mera costumbre.

Y me quedé atónito, India,
al adentrarme en tus templos descalzos
que buscan preservar la vida
y la paz a toda costa,
tu milenaria paciencia
hecha de rezos y harina.

Eres polvo rojo,
condimento molido
en las arenas del tiempo,
eres inagotables parvadas
eclpisando el cielo brumoso,
volando ida y vuelta
del crepúsculo a la aurora.

Y me sumergí en tus ashrams,
fuentes del saber y la pregunta,
donde se enseña que las palabras sagradas
sólo son verdaderas
cuando resuenan en el alma,
y vi también a la niñita saltimbanqui
hacer piruetas fantásticas
al borde de una cuerda
para conseguir un poco de pan
al final del día.

Delhi de los mil dioses
de los mil brazos
de los mil colores,
tienes un dios para cada alma
en pena,
tienes una bendición
para cada una de las mil flores
que habitan en una plegaria.

Así te conocí yo, India, despeinada
y numerosa, atolondrada,
entre turbantes y saris,
arando milenios de historia sagrada
en cada respiro,
un poco de eternidad
para apreciar la tierna crueldad
del instante,
una flor de loto para cada uno
de los corazones marchitos
que pueblan la Tierra,
eres una bendición para el mundo, India,
una reserva de espiritualidad
para el hombre moderno y prosaico
que prefiere mutilarse por dentro
y seguir siendo esclavo
de su idolatría al dinero y la mentira,
quizá por eso eres diferente, India,
pues a cada paso hay un templo,
un lugar para orar y mirarse hacia dentro,
eres otra cosa, colorida y atroz,
eres polvo, polvo rojo, polvo amarillo,
polvo acumulado en los ojos y las manos y los pies,
eres polvo que barrieron los antiguos,
eres leche dulce sobre la herida,
eres tiempo y eres ahora, India,
adorable, insistente, resplandeciente,
eres búsqueda y sacrificio,
eres viaje y camino y azar y destino,
eres el poema que brotó
de unos labios hechos de sol
y de artificio,
un sorbo de agua fresca
en las llamas de la ira,
eres aire transparente
que se desprende del sueño de la montaña,
la puerta de entrada al mundo invisble
donde el alma se confunde con lo eterno.
::.

India mística

India mística

India emana espiritualidad. “A veces vengo a estos lugares cuando necesito paz mental”, me dijo un joven indio mientras bebíamos el agua que ofrecen en la Gurduwara Bangli Sahib, el templo más grande de los sijes en Delhi. El joven no pertenece a esta religión (de hecho es hindú), pero da igual. Los lugares sagrados son sagrados para todas las personas, sin distinción. Así lo deja de manifiesto el Templo del Loto, creado para que vaya a orar ahí gente de todos los credos. Si uno no supiera sobre las disputas políticas e históricas entre diversos grupos religiosos indios sería difícil advertirlo. Las distintas religiones coexisten entre sí de manera cordial. O al menos eso es lo que se percibe. Quizá porque la espiritualidad está siempre tan presente en la calle. Los yoguis organizan meditaciones masivas con duración de todo una noche y que se anuncian en grandes pancartas como si fueran conciertos de rock. Akshardam -extraña mezcla entre parque temático, templo hinduísta y museo- es un vivo ejemplo de cómo los grandes líderes religiosos han sabido adaptarse a los nuevos tiempos de la convergencia digital. En su interior hay proyecciones de cine en gran formato, espectáculo con robots y paseos en bote al estilo Disneylandia. Pero a diferencia de otros grandes centros de entretenimiento en Occidente, el fin último de este lugar no es el consumo, sino el desarrollo espiritual. De hecho, la entrada es gratis, y lo que cobran en su interior por comida y algunas atracciones es muy barato, accesible para muchos indios.

A pesar de la evidente pobreza en que vive la gran mayoría de la población, las instituciones religiosas han creado mecanismos para contener este fenómeno. Incluso pareciera un concurso de quién es más caritativo, ya que en los centros religiosos se ofrecen servicios de salud, asilo y comida, tal como ocurre en las gurduwaras. Se dice que la más grande de Nueva Delhi alimenta a 35,000 personas al día, producto de las donaciones que realizan las personas que asisten a los templos.

Pero la contribución más importante de la religión es ofrecer un mecanismo para sobrellevar las carencias materiales. Aunque India también ha sido tierra de grandes palacios y marajás, la austeridad voluntaria es un asunto propio de personas honorables, tal como demostraron grandes personajes como Gandhi o el gran poeta bengalí, Rabindranath Tagore. De este modo, llevar una vida libre de apegos materiales es una condición indispensable para convertirse en brahmán, más allá de las limitaciones de castas que algunos movimientos reformistas intentan abolir pese a que esa diferenciación de clase se mantiene entre los sectores más ortodoxos.

Según el hinduísmo, el camino espiritual consta de varias etapas. Desde jóvenes, los aspirantes a purificar el alma asisten al Ashram para recibir instrucción. En el interior del Ashram Ramakrishna (ubicado cerca de la zona de Paharganj, refugio de mochileros) hay una biblioteca sobre todos los temas, un centro de salud y también un lugar para meditar. El conocimiento no es mero saber intelectual, sino que debe ir acompañado del desarrollo de la conciencia trascendental que le permite al ser humano conectarse con todas las cosas, eso que algunos llaman Dios. Una vez concluída la instrucción formal, interpretando los antiguos textos sagrados de los Vedas, contenidos en los Upanishad, los hindús deben casarse y formar una familia. Con el paso del tiempo, el iniciado hindú debe realizar un retiro espiritual, viviendo junto a su esposa en el bosque. En la actualidad eso no se practica tal cual, pero las parejas suelen hacer un viaje de peregrinación espiritual que los desconecte de los deberes mundanos. En el último trayecto de la odisea, el aspirante a rishi debe de abandonar a su familia y todas sus posesiones para dedicarse a contemplar la naturaleza y servir de guía a otras personas. De este modo, el líder espiritual sirve como referente moral de la sociedad y por ello es sumamente respetado.

La asuteridad se convierte así en una vía de realización, al fundirse el espíritu humano con el todo. De ahí que en el hinduismo, el brahamán recibe el mismo nombre que Brahama, dios creador de todas las cosas, pues a final, el ser humano y Dios son uno solo.

Esta visión resulta por completo diferente a la que prevalece en Occidente, cuyas instituciones religiosas tienden a la acumulación y donde la obsesión racionalista de algunas corrientes filosóficas ha caído en el enorme error de concebir a la realidad material como la única realidad válida. Esto desde luego, tiene repercusiones distintas en el plano social. A diferencia de otras regiones pobres del planeta, las calles de Nueva Delhi no se perciben como un lugar violento. Pese al nivel de marginación de algunos barrios, la gente camina despreocupada por las polvorientas y ruidosas calles. Quizá uno pueda toparse con alguien que te arrebate la cartera o el teléfono mientras caminas, pero no pasa de ahí, contrario a lo que ocurre en América Latina. En barrios latinoamericanos similares a las hediondas calles de Delhi, no sólo te roban, sino que además te acuchillan o te matan. Y creo que ahí es donde se evidencia la manera en que la cultura puede tejer diferentes tipos de sociedades en condiciones similares. De este modo, no es la pobreza la causante de la violencia, como erróneamente se cree en países como México, sino un conjunto de prácticas, creencias e instituciones arraigadas lo que explica los altos niveles de violencia en América Latina, la región más desigual del planeta. En Nueva Delhi estos contrastes entre ricos y pobres no son tan marcados como en el nuevo continente.

El reconocido orientalista Alain Daniélou, conocido como Shiv Sharan, alguna vez escribió que los hindús “organizaron su sociedad para facilitar el desarrollo de cada ser humano, tomando en cuenta su naturaleza interna y las razones de su existencia, ya que para los hindús el mundo no es solamente el resultado de una serie de oportunidades sino de realización de un plan divino donde todos los aspectos están conectados”.

Un aspecto que hace diferente a la India respecto a otras grandes civilizaciones y que explica la manera en que la espiritualidad juega un papel central en el desarrollo de la India mística que, dentro de pocos años, posiblemente para 2030 según estimaciones del Foro Económico Mundial, desbancará a EE.UU. como la segunda economía más grande del planeta.

Pero más allá de esas cosas, me parece que la India es una bendición para el mundo. Una reserva de poder espiritual para un mundo decadente, obsesionado con la idolatría al dinero, el consumo y la frivolidad inherente a los falsos placeres.

Por ello me parece fascinante y conmovedor que de entre estas calles polvorientas y sucias, pueda surgir una nueva esperanza para aliviar todos los dolores del mundo. Una esperanza para quienes buscan trascender las ataduras materiales para fundirse con en el todo en el reino de lo eterno.
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Visitando al Mahatma: el legado de Gandhi en la India de hoy

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Mi primer visita en Nueva Delhi fue el museo y el lugar donde cremaron a Mahatma Gandhi. A diferencia de otros próceres nacionales, Gandhi fundó un país sin disparar un solo tiro, promoviendo la no-violencia como forma de vida. La presencia, respeto, cariño y admiración hacia Gandhi es evidente entre todas las religiones. El pensamiento, vida y obra de ‘Bapu’, como también se le llamaba, representa una de las cumbres más elevadas del siglo XX, pues sirvió de ejemplo para otros líderes sociales de gran estatura, como Nelson Mandela. Gandhi aparece en todos los billetes. El museo no es espectacular, sino modesto, igual que el estilo de vida que adoptó el Mahatma para hacerse uno con el pueblo al que tanto amaba. Para mí era una parada importante. Cuando vi la película hace ya algunos años (con un Ben Kingsley en plan magistral, en una de las mejores interpretaciones en la historia del cine) sentí que se desenredó una madeja que traía yo enredada en mi interior. Me clavé en el asunto de la no-violencia y me volví vegetariano un par de años, para contribuir a la causa, aunque después desistí.

Recorrer el museo fue sin duda una experiencia emotiva. Para Gandhi, Dios es sinónimo de Verdad. Y por ello, “una persona que busca la verdad no puede seguir violento. Esta persona percibe en el curso de su búsqueda, que no tiene necesidad de ser violento y si a la larga descubre que existe un rastro de violencia dentro de sí, fallará en encontrar la verdad que está buscando”. Reconocía a Buda y Cristo como sus maestros, en la senda espiritual de lograr un cambio social a partir de un cambio de conciencia. Afirmaba que la vida pública era reflejo de la vida interior, y por ello, consideraba que los siete pecados sociales son:

1. Política sin principios.
2. Riqueza sin trabajo.
3. Placer sin conciencia.
4. Conocimiento sin carácter.
5. Comercio sin moralidad.
6. Ciencia sin humanidad.
7. Adoración sin sacrificio.

Si uno analiza a nuestra sociedad bajo esta lente, no es tan difícil entender muchos de los males que nos aquejan, en medio de una confusión generalizada, donde la violencia contra la mujer se ha convertido en un mal cotidiano en el contexto mexicano y en otras partes del mundo.

“La cultura donde la mujer no sea honrada está condenada. El mundo no puede seguir adelante sin el hombre y la mujer, sólo puede seguir en la mutua cooperación entre ambos”, decía Gandhi. Coincido profundamente con él.

Gandhi también se asumía como socialista, pero creía que para sólo es posible establecer un verdadero socialismo mediante “la verdad, la no-violencia y la pureza del corazón”, pues el socialismo es “tan puro como un cristal” y requiere de personas así para llevarlo a cabo, por lo cual, hasta 1947, creía que no existía un país verdaderamente socialista en el mundo.

Un gran ser humano. Ejemplo para las nuevas generaciones que buscan respuestas en un mundo lleno de contradicciones.
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