Archivos Mensuales: marzo 2020

Han cerrado los templos

Han cerrado todos los templos,
temerosos de la peste.

Mañana volverá a salir el sol,
pero hoy,
¿quién mantendrá encendida
la llama de la esperanza?

Han cerrado
las puertas de los templos
y dejaron a Dios afuera,
con los enfermos.

Mañana será otro día
y quizá se evaporen los miedos,
o quizá no.

Han cerrado los templos
pero el aliento de la creación
vive todavía,
en el cielo, el río y la montaña.

Han cerrado todos los templos
y está bien,
porque a mí
lo único que me hace falta
es agradecerle al aire
la oportunidad de respirar
un poco, cada día.
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Carretera

Me gusta la carretera.

El lento transcurrir del paisaje.

Los verdes campos colmados de esperanza.

Me gusta el viento
que se filtra por la ventana,
ver a la gente que pasa, en bicicleta;
con costales sobre la cabeza
o arando la tierra.

Me gusta imaginar cómo viven
los hombres y mujeres
que habitan aquellos pueblos
silenciosamente anónimos
a orillas de carretera.

Me gusta el tiempo
que se desliza sobre el asfalto,
la suavidad de un día soleado
cuando danza con las nubes.

Me gusta
la gradual y armoniosa transformación
que hace brillar el mundo
cuando cambia la vegetación
entre el desierto, la pradera y la montaña.

Me gusta la carretera
porque me da tiempo
para estar conmigo,
en silencio,
simplemente mirándome
hacia adentro
cuando miro a través de la ventana
del destartalado autobús.

Me gusta el mundo
cuando canta una canción
en todos los idiomas de la tierra
y el corazón,
y yo canto también.

Y no me hace falta ya nada,
pues puedo abrazar a todos
con un poema
rodando, sobre la carretera.
::.

El templo dorado

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Por varias razones, el Golden Temple de Amritsar, lugar sagrado de los sij, es uno de los lugares más deslumbrantes que he visito en mi vida. Lo primero que destaca al entrar al lugar es el dorado edificio en medio de un estanque de aguas limpísimas y peces dorados, conocido como el ‘néctar de la vida’, mismo que da nombre a la ciudad, ubicada en la región del Punyab, muy cerca de la frontera de India con Paquistán. Los sijes vienen aquí para bañarse y purificarse en sus aguas al menos una vez en sus vidas. Yo sólo mojé los pies y agradecí la oportunidad de conocer un recinto sagrado con una vibración tan fuerte. El interior del templo es de una belleza tremenda y, como ocurre en otras gurduwaras, alberga un volumen de gran tamaño del Gurú Granth Sahib, libro sagrado de los sijes. La oración más conocida, autoría de Gurú Nanak, fundador de la religión, se llama Mul Mantra y dice así:

El Ser es Uno
Su nombre es Verdad
Creador del Universo
Más allá del miedo, más allá de la venganza
Más allá de la muerte, lo no nacido
Existe por sí mismo
Por la gracia de la Sabiduría
(Medita)
Verdad en el principio
Verdad en todas las eras
Verdad incluso ahora
Nanak dice que la verdad siempre será.

Uno de los grandes hallazgos de mi travesía por India ha sido el acercamiento con la cultura sij. En general son personas muy bondadosas, muy buena vibra. La religión sij surgió como una alternativa planteada por Gurú Nanak para solucionar los continuos enfrentamientos entre musulmanes e hindús. La cultura sij condensa y toma mucho de ambas. Por ejemplo, la arquitectura y las vestimentas son muy parecidas a las usadas por los musulmanes, aunque los turbantes usados por los hombres, tienen ciertas particularidades que los hace fácilmente reconocibles. Su lengua, punyabí, y algunas prácticas religiosas incluyendo el vegetarianismo, están más próximos al hinduísmo.

En el Golden Temple pueden entrar personas de todas las religiones. Si algo llama la atención de los sijes, es su apertura hacia otros credos, a pesar de que pueden parecer feroces por la manera en que usan espadas como parte de su vestimenta ritual. Al interior del museo principal del templo, hay pinturas bellísimas y algunas de una crueldad sorprendente, que retratan la persecución a la que fueron sometidos los sijes durante siglos. Algunos cuadros dan testimonio de hombres serruchados por la mitad desde la cabeza a los pies, niños prensados en máquinas especialmente diseñadas para ello, mujeres obligadas a portar collares con sus hijos desmembrados. Los terribles alcances de la violencia y crueldad humana. Aquellas escenas me hacen pensar en la forma como la delicadeza e hipersensibilidad de la sociedad occidental actual, ha provocado que se pierda toda proporción sobre la violencia, palabra que ha sido degradada de una manera abominable por los pregoneros del bienpensantismo y lo políticamente correcto, lo cual explica en buena medida la confusión en que vivimos.

Pero quizá lo más impresionante del Golden Temple, además de sus músicos y su aura sagrada, es su cocina. Ahí, un ejército de voluntarios alimenta a la gente, sin importar su procedencia o su credo. La comida se compra con las donaciones que la gente realiza en el templo. También te puedes quedar a pasar la noche si no tienes dónde dormir. En los países ricos de Occidente, no me ha tocado ver una cosa similar. Alimentar el cuerpo y alimentar el alma. Una auténtica utopía que conmueve hasta lo más profundo, y me hace pensar que es el modo en que debe proceder una auténtica religión. ¡El verdadero camino que enunciaba Gurú Nanak!

Varias veces se me humedecieron los ojos al recorrer el templo y sentir tanta bondad. Un lugar sagrado, una de las joyas mejor guardadas de la India.
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¿El coronavirus es un arma biológica originada en una base militar de EE.UU.? Algunos datos inquietantes que refuerzan esta hipótesis

¿El coronavirus pudo haber sido creado en laboratorios de armas biológicas de EE.UU.? Es una hipótesis que comienza a tomar fuerza tras una serie de datos que han sido silenciados u omitidos deliberadamente en los medios propagadores de la pandemia de terror global ligada al coronavirus.

El virólogo estadounidense, Robert Redfield, actual Director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, admitió ante la Cámara de Representantes de EE.UU. que algunas personas que murieron en territorio estadounidense por influenza dieron positivo en covid-19 tras realizarse exámenes póstumos.

Esta declaración provocó que el portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Lijian Zhao, deslizara la posibilidad de que el coronavirus fuera sembrado por el ejército estadounidense en la ciudad de Wuhan.

“¿Cuándo comenzó el paciente cero en EE.UU.? ¿Cuántas personas están infectadas? ¿Cómo se llaman los hospitales? Podría ser el Ejército de EE.UU. lo que llevó la epidemia a Wuhan. ¡Sé transparente! ¡Haz públicos tus datos! ¡Nos debe una explicación!”, escribió el portavoz chino en su cuenta de Twitter.

Asimismo, el jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán, Hossein Salami, señaló el pasado jueves que “es posible que este virus sea producto de un ataque biológico de Estados Unidos que inicialmente se extendió a China y luego a Irán y al resto del mundo”.

Obviamente estas declaraciones suelen no publicarse de manera destacada en la prensa occidental.

Daniel Lucey, virólogo de la Universidad de George Town, cree que el primer brote de coronavirus pudo haberse producido en noviembre de 2019. Otros especialistas incluso sostienen que el brote pudo presentarse desde septiembre.

Asimismo, virólogos taiwaneses y japoneses consideran que el coronavirus pudo provenir de EE.UU. y luego dispersado en el mercado de Wuhan, China. Esto, de acuerdo con el farmacólogo taiwanés, Pan Huaizong, se debe a que sólo EE.UU. y Australia, cuentan con las cinco cepas conocidas del virus, y en Australia no se han registrado brotes. En Italia e Irán el virus es de otra cepa del virus diferente a la registrada en China. Los científicos consideran que estas variedades de coronavirus debieron surgir de un lugar común, como ramas de un mismo tronco, por lo cual, la evidencia sugiere que la epidemia no se originó en el mercado de Wuhan, tal como sostiene un estudio científico publicado en la revista The Lancet. En este sentido, el experto taiwanés también refiere que desde septiembre de 2019, se alertó al gobierno de EE.UU. sobre 200 casos de una supuesta fibrosis pulmonar registrados en territorio estadounidense, con síntomas similares al coronavirus, pero el gobierno desechó la advertencia al considerar que se trataba de casos vinculados con el uso de cigarrillos electrónicos.

Un mes antes de que se detectara el brote de la supuesta fibrosis pulmonar en EE.UU., el gobierno estadounidense decidió cerrar la instalación militar de Fort Detrick, Maryland, que históricamente ha sido el centro de programa de armas biológicas estadounidenses, por problemas de seguridad. “Investigación de gérmenes letales se cierra en laboratorio del Ejército por preocupaciones de seguridad. Los problemas con la eliminación de materiales peligrosos llevaron al gobierno a suspender la investigación en el principal centro de biodefensa del Ejército”, destaca una nota de The New York Times fechada en agosto de 2019.

Inmediatamente después del cierre del centro de armas biológicas se registró el brote vinculado con cigarrillos electrónicos, mismo que, se sospecha, pudo ser el inicio del coronavirus.

“Entre 2005 y 2012, EE. UU. Experimentó 1,059 eventos en los que los patógenos fueron robados o escaparon de laboratorios estadounidenses durante los diez años anteriores: un promedio de uno cada tres días”, destaca el analista Larry Romanoff.

En octubre de 2019, se realizaron los Juegos Mundiales Militares en la ciudad de Wuhan, China. Según documentaron medios chinos, cinco atletas extranjeros fueron enviados al Hospital Wuhan por sufrir enfermedades infecciosas importadas. De ahí que algunos analistas sostengan que militares estadounidenses pudieron propagar de manera intencional o accidental el virus en la ciudad de Wuhan.

El exagente de la CIA, Philip M. Giraldi, experto en contraterrorismo e inteligencia militar, sostiene la hipótesis de que el coronavirus pudo haber sido creado por EE.UU. en colaboración con Israel para dañar a China e Irán, dos de los cuatro países más afectados por el brote.

“Es difícil explicar por qué el coronavirus ha afectado gravemente a un país en particular que no sea China. Ese país es Irán, el enemigo frecuentemente citado tanto de EE.UU. como de Israel”, escribió el exagente de la CIA en un artículo publicado en el portal Global Research con sede en Canadá.

Giraldi destaca que la manera en que científicos del Galilee Research Institute de Israel han señalado que podrían tener lista una vacuna contra el coronavirus dentro de “pocas semanas” tras haber trabajado durante años con cepas similares.

También destaca la manera en que Mark Dubowitz, director Ejecutivo de la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), con sede en Washington pero conectada con el gobierno israelí, se jactó en Twitter de que “el coronavirus ha hecho lo que las sanciones económicas estadounidenses no pudieron: cerrar las exportaciones no petroleras” de Irán.

Tras leer y corroborar los datos anteriores, me parece demasiada casualidad que dos de los cuatro países más afectados por cepas diferentes de coronavirus (Irán y China) sean enemigos directos de EE.UU. No olvidemos que el gobierno estadounidense ha realizado en los últimos años, operaciones directas en contra de estas dos naciones, como el asesinato del general Qassem Suleimani, jefe de la fuerza de élite iraní Quds Force. Demasiada casualidad también que un país como Israel, aliado de EE.UU. y enemigo de Irán, se encuentre a tan solo semanas de obtener una vacuna.

Esto, además de la manera en que el asunto del coronavirus se convirtió rápidamente en escándalo mediático desde diciembre, aún antes de que existieran datos concretos sobre el brote. Algo que puso en evidencia la manera en que el asunto fue inflado artificialmente por intereses geopolíticos que controlan a la prensa occidental.

Datos duros que alimentan fuertemente mis sospechas de que todo el asunto del coronavirus es en realidad un montaje mediático, en medio de una guerra no convencional entre EE.UU. y China por la hegemonía global.

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De colores

“No se puede transmitir la sabiduría y percepción a otra persona. La semilla ya está ahí. Un buen maestro toca la semilla, lo que le permite despertar, brotar y crecer”, leí en una publicación sobre budismo.

Muy cierto. Otra de las grandes lecciones para mí en estas últimas semanas, es aprender a no desesperarme de que los demás no vean cosas que para mí son muy evidentes. Comprendí que en ocasiones, no es que la gente no quiera ver las cosas, sino que no pueden, porque no han desarrollado los mecanismos perceptuales para ello. Es una necedad mía pretender que un daltónico vea colores.

Los colores son hermosos. Por eso mi ansia de que compartir esa experiencia, que los demás puedan verlos y apreciarlos. Es triste ver que muchas personas podrían ver colores, pero tienen tanto miedo, que están bloqueados. Bien dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. En una sociedad de daltónicos, ver colores es cosa de locos, les asusta que unas personas raras hablen de unas cosas igual de raras, llamadas colores. Como es algo que no entienden y le temen, los daltónicos tratan de castigar y reprimir a quien ve colores, pero al mismo tiempo, hay algo que les maravilla y produce fascinación. Lo mismo pasa con los místicos, que ven colores que otros no pueden ver.

El arte es un camino que desarrolla la sensibilidad y por ende, aumenta la percepción para el desarrollo de la conciencia. No hay espiritualidad posible sin arte, sin experiencia estética. Los grandes sabios han comprendido esta situación y por ello todas las grandes religiones han sido acompañadas siempre de un arte sacro: desde las ornamentales pinturas de oro de Bizancio hasta las alucinógenas vestimentas de los wixárika.

El arte es sensibilidad. Si a la sensibilidad se le suma un intento de comprensión, el resultado será favorable para la persona, lo cual genera a su vez una influencia positiva sobre el mundo.

Yo por eso procuro repartir la belleza, con la esperanza de que todos los seres puedan vivir en un mundo lleno de colorido, en lugar de ese mundo sórdido y monocromático al que muchos se han condenado.
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“A India hay que verla con ojos del corazón”: recuento de la travesía por Rajastán

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Y de repente, India me explotó en el ojo, en la mente, en el alma. Bailé al estilo Bollywood, bebí pociones mágicas en honor a Shiva, un gurú me dio su teléfono, me pateó una vaca y conocí a buenos amigos en el camino.

Así la primera entrega de mi paso por Rajastán. En Jaipur conocí el templo de los monos en honor a Hanuman, y hablé con Canaya, quien cuida de los simios. Un tipo interesante. También pude aproximarme a la manera en que los hindús viven la espiritualidad y hasta me tocó honrar a Ganesh.

También conocí el Jantar Mantar, uno de los imponentes observatorios astronómicos construidos por el maharajá Jai Singh en 1728. Un lugar impresionante que muestra las inquietudes de los antiguos gobernantes indios por comprender los misterios del cosmos.

En la ciudad sagrada de Pushkar, me tocó vivir la festividad del Maha Shivaratri, el día en honor a Shiva. Una explosión de colorido en un lugar entrañable, llena de gurús que buscan hacer de la perfección interior un camino para ejercer una influencia positiva para el mundo a través de la no-violencia.

Hay quienes dicen que India es un país pobre, pero para mí, es un país muy rico. Pobre es el que necesita muchas cosas para disfrutar una vida plena. Y aquí he visto a mucha gente que, pese a las carencias materiales, goza la vida en plenitud.

La segunda parte del recorrido por Rajastán incluyó de todo. En Udaipur, conocí a un joven cuyo abuelo pintaba para el rey de aquella región, y me mostró los secretos de la pintura tradicional india, la cual suele retratar escenas de la vida pública y los gobernantes. Los colores se elaboran de manera tradicional (el amarillo, por ejemplo, se obtiene de la orina de la vaca) y las obras se realizan con un pincel finísimo de pelo de ardilla. El detalle de las pinturas es impresionante, y el trabajo que requiere una sola obra puede demorar hasta un año. En Udaipur también me llegaron desde las lejanías mexicanas algunas malas vibras que, paradójicamente, resultaron muy positivas, pues coincidió que estaba yo indagando los misterios detrás de la simbología de Krishna, comenzando a leer las enseñanzas del Baghavad Gita. En esas andaba yo cuando visité el Jagdish Temple, un impresionante templo hinduísta en el que permanecí varias horas, hasta que descubrí una gran verdad, que me conmovió profundamente, e hizo que me explotara Anahata, el chakra del corazón. Ahora entiendo mejor esa extraña atracción por el color verde, el color del chakra del corazón, al elegir una pequeña pintura que compré. También comprendí mejor la manera en que opera el karma, y eso me hizo sentir muy bien. Todo una experiencia.

En Jodhpur, la ciudad azul, pasé el día entero persiguiendo el color azul. Esperaba más de lo que vi, pero en el camino, me encontré con muchos niños que me hicieron el día. En esta segunda parte de la vuelta por Rajastán, la convivencia con niños se volvió parte importante de la travesía. Mucha alegría, mucho juego, mucha vitalidad. Los niños que yo vi no están encerrados ni pegados a una pantalla como zombis. Andan por la calle, saltando, corriendo, gritando y en general son muy bondadosos. Un niño por ejemplo, estaba muy preocupado por ayudarme en mi primer recorrido de tren y a cada rato iba a mi lugar para darme información, de cómo tenía que tomar un taxi de 4 kilómetros tras llegar a nuestro destino y cosas así. Los niños dicen mucho sobre la salud de una sociedad, y en el caso de India, son el ejemplo perfecto de lo bondadosa que suele ser la gente por aquí.

“A la India hay que verla con ojos del corazón”, me dijo una señora suiza de unos 60 años de edad. Estaba un poco contrariada de que a su hija, quien estudia en Monterrey, México, no le interesan estas cosas y prefiere juntarse con “juniors” pedantes y frívolos. Para ese tipo de mentalidad tan arraigada en lo material, India sólo ofrece pobreza, pero para quien puede ver con los ojos del corazón, como me dijo la señora, el regalo es tremendo.

En Jaisalmer, la ciudad dorada, con sus casas y templos color arena, fue una grata parada, a pesar de que fue ahí donde me atacaron unos perros. También me rencontré con algunos amigos de ruta, con quienes aprendimos algo de kabaddi, el popular deporte indio del que no conocía absolutamente nada y aprendí viendo jugar a unos niños en la calle. También me adentré en el desierto, en mi primer recorrido a camello, unos animales increíbles. Por un día, el reiterativo sonido de los claxonazos tan característico en India se convirtió en silencio, un silencio profundo, que sirvió para disfrutar la naturaleza en plenitud, lo cual me alegró mucho. Hasta aproveché para meditar un poco y hacer otro poco de kung fu, que buena falta me hacía. Acampar en las suaves arenas del desierto, cubierto por el manto de la constelada noche, es una cosa espléndida.

La última parada en Rajastán fue Bikaner. Tuve que recorrer 18 kilómetros en tuk tuk para llegar al Karni Mata Temple, mejor conocido como el templo de las ratas. Me voló la mente, saber de manera directa que al otro lado del planeta hay una civilización donde la gente lleva comida y da leche a una colonia de roedores que habitan el lugar. Tienes que entrar descalzo y es una experiencia fuerte. Rompe completamente con todos nuestros parámetros occidentales de lo que es un templo. Y hablando de romper parámetros occidentales, en esta etapa del recorrido finalmente me adapté al modo indio de ir al sanitario sin papel de baño. Suena muy fuerte, pero ya que lo experimentas no es la gran cosa, una vez que se supera el bloqueo mental. Supongo que muchas cosas en la vida son así. Creemos que es una cosa es un obstáculo muy grande y cuando rompes la barrera te das cuenta que se trataba de una nimiedad. En India uno no deja de sorprenderse y aprender cosas trascendentales, hasta en los lugares menos glamorosos.

Una tremenda experiencia, estas casi 3 semanas en Rajastán, el “corazón de la India”. Un lugar de ensueño que guarda gente colorida y entrañable, un pasado milenario, y una manera de percibir y entender el mundo que me parece deslumbrante.

Ahora son días de fiesta. Mañana iré a dar una vuelta al Taj Mahal, el lugar más turístico de India. Luego me tocará intensear con el festival Holi y de ahí al norte del país, a la frontera con Pakistán, para conocer el lugar sagrado de los sijes, y de ahí a la coordillera del Himalaya. Ha pasado ya un mes de travesía y apenas voy sumergiéndome a las profundidades de mí mismo. A diferencia del mero goce sensorial que ofrece el turismo convencional, el viaje tiene esa otra dimensión introspectiva que le hace a uno cuestionarse cosas, limpiar otras tantas, maravillarse con lo cotidiano, aprender, deslumbrarse, crecer. A ver qué otras nuevas sorpresas habré de encontrarme, ahora que me adentre más en los dominios del gran Siddhartha.
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El desierto dijo silencio

Vine a escuchar al desierto
y me dijo “silencio”.

Le pregunté el por qué de todas
las cosas
y me dijo “silencio”.

A lo lejos una canción,
las tiernas resonancias del sol enamorado
del horizonte.

Enterré los pies sobre la arena
y el desierto me dijo “frescura”.

Y entendí de qué me hablaba.

Mi corazón apacible
arrojó un hondo suspiro
para darle las “gracias”.

Y el desierto solo dijo “silencio”.
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