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Los ‘normales’ y Bolivia

No cabe duda que yo soy un tipo muy raro. La gente a mi alrededor se sorprende de lo mucho que me indigna la masacre que está sucediendo en Bolivia, en complicidad con el aberrante silencio de los grandes medios de comunicación. Total, ya lograron su objetivo: derrocar a Evo e instalar una dictadura militar en el país para ser saqueado. Total, a los que están masacrando son indígenas pobres, y como el racismo-fascismo es la ideología dominante para la “gente bien”, a nadie le importan estas atrocidades dignas de Hitler. Hasta ahora van al menos 30 muertos asesinados por las fuerzas armadas en Bolivia en menos de una semana, incluyendo las bajas en la masacre de Cochabamba y Senkata, cerca de El Alto. Masacres que los grandes medios simple y sencillamente han decidido no reportar.

De ahí mi molestia. Los integrantes de #LaBorregada sólo se molestan por cosas como el incendio de la catedral francesa de Notre Dame o algún tiroteo en EE.UU. En esos casos ponen banderitas en sus perfiles de redes y se indignan para estar a la moda. Son fácilmente programados por los medios que les ordenan qué sentir, a quién odiar, de qué indignarse. Se sienten aliviados de ser indiferentes al dolor ajeno porque, me dicen, los clavados como yo sufrimos innecesariamente. Su humanidad selectiva —siempre a favor de los poderosos, siempre condicionada por lo que aparece en la tele— simple y sencillamente no compagina con la mía.

Yo no puedo permanecer ecuánime ante el exterminio de mi pueblo, pues soy mexicano y pertenezco a un gran país llamado Latinoamérica. Me encarbona sobremanera que una masacre como la que está ocurriendo en Bolivia pase desapercibida mientras la gente “normal” hable de cosas banales y frívolas.

Dice Jiddu Krishnamurti que “no es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Coincido con él. Lo siento por la gente “normal”, tan fanatizada, tan indiferente. Están profundamente enfermos y ni siquiera se han dado cuenta.
::.

Los irascibles poetas según Baudelaire

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¡Levántate y pelea, Bolivia!

 

A los que luchan contra el exterminio.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Veo a tu pueblo
luchar contra la escoria
de tiranos llenos de odio
y se me llenan los ojos
de lágrimas.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Me duele aquel hombre
al que le reventaron la cara
con balas,
la mujer que lloró desconsolada
la muerte de su compañero del alma,
la gente cargando féretros
tras la masacre de Cochabamba.

Pero lo que más me duele
de ti, Bolivia,
es ver a mis familiares y amigos
tan llenos de odio,
tan envenenados de mentiras
que difunden en los medios,
son capaces de celebrar el golpe,
pero incapaces de dolerse por la sangre
de la gente pobre,
y ahora Bolivia,
mis amigos y mi familia
vitorean a los fachos
que con su infame Biblia y su Cristo tirano
(tan distinto de aquel carpintero judío
condenado a la cruz por el delito de amar)
ahora pretenden expulsar a Pachamama
del Palacio,
pretenden masacrar a tu valeroso pueblo aymara
y destruir su whipala,
como han intentado otras veces
desde antes de los tiempos de Tupac Katari.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Ármate con palas, picos, piedras, palos,
ármate con gritos, puños, fuego, dientes,
es hora de mostrar tu fuerza de gigante,
pues a lo lejos suenan ya los tambores
que anuncian la guerra,
ha llegado la hora de volver a tomar las calles
para expulsar a aquellos seres ruines
que firman decretos inmundos para legalizar
el exterminio,
mientras los lameculos del imperio
fingen demencia
y reproducen mentiras
con su infame boca
tan llena de cucarachas.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que tu pueblo porta hoy y con orgullo
la bandera de la dignidad latinoamericana,
mi dolorida patria de lamento andino,
has de levantar el puño y fijar la vista
en el horizonte,
has de levantarte de entre los cadáveres
para derrocar la maldad que se ha enquistado
en el corazón podrido de los voceros
de la infamia,
próceres del conservadurismo rapaz,
rehenes de su propio infierno,
gente diminuta y miserable, hipócrita,
invadida del inconfesable
terror de perderlo todo,
incluido su enfermizo trauma
de tratar a otros como servidumbre.

Me dueles, Bolivia,
me dueles en el alma,
al igual que me duele Ecuador
y me duele Chile,
tierra de poetas,
donde los carabineros pinochetistas
pretenden dejar ciego a su propio pueblo
sacándole los ojos,
mientras las marionetas del imperio
tratan de cubrirlo todo
con su burda farsa,
alimentada con el ruido idiota del televisor,
esa sustancia pegajosa y corrosiva
que viraliza la diarrea verbal
de autómatas programados para sentir miedo,
mucho miedo,
frente a la esperanza del pueblo que se levanta
contra el odio, para expulsar a la tiniebla.

Bolivia, me dueles,
como una herida que canta
la aflicción de mi alma latinoamericana.

Boliviano, tú que desciendes del cóndor
y llevas en las venas
la sangre volcánica del dios Tunupa,
encomiéndate a la pulsión de la tierra
y la tutela de Achachila
para que guíe tu camino a la victoria,
y acuérdate también
de aquel barbado y entrañable guerrero poeta
de boina y cigarro cubano,
que murió en una higuera
en lo profundo de tu selva
para liberar al hombre y la mujer
de la sumisión carnicera.

Ya llegará la hora, amada Bolivia,
de condenar a los tiranos a la horca.

Ya llegará tu hora
de saldar cuentas con la historia.

Boliviano de Los Altos y Cochabamba,
a ti hermano minero del Potosí,
a la gente de Sucre y el Titicaca,
a los rostros cenizos
que pueblan Oruro y Tajira,
a los que duermen soñando las estrellas
en el inmenso salar de Uyuni,
a ti te hablo hermano boliviano,
con la esperanza de que mi dolorido canto
llegue a tus oídos y te abrace
y te inyecte la fuerza que ahora necesitas
para seguir esquivando las balas
en pie de lucha
contra el odio asesino
que se ha instalado en tu patria
de quebrantos, esperanza y futuro.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que te necesitamos fuerte
para que entre todos organicemos
una rebelión planetaria
contra la inmunda riqueza malhabida
que ha terminado de amputarle el corazón
a los crueles egoístas y avaros
que promueven mercenarios
para regar por doquier el rumor
del fin de los tiempos,
y por eso mismo te necesitamos, Bolivia,
para encabezar esta rebelión
contra el hambre y la mentira
que ahora mismo nos acecha
en esta noche de llanto y tristeza.
::.

Dussel sobre Bolivia: los cambios estructurales son necesarios pero hace falta cambiar la subjetividad

 

He aquí la importancia de aprender filosofía para poder interpretar la realidad desde una perspectiva profunda que vaya más allá de la verborrea mediática que no hace sino reproducir el discurso hegemónico. Y por ello hay que escuchar al gran Enrique Dussel y lo que dice sobre la situación política en Bolivia y América Latina.

Afirma que en Latinoamérica se ha dado un nuevo fenómeno: los avances en materia social de los gobiernos de izquierda sacaron de la pobreza a mucha gente, construyendo una nueva clase media con otras aspiraciones y que ha buscado en las políticas de derecha una vía para satisfacer dichas aspiraciones, debido a que no ha existido un cambio en la subjetividad.

Algo que -esto no lo dice Dussel, pero me vino a la mente- sí ocurrió en países como Venezuela y Cuba, y explica en mayor o menor medida, el por qué no se han podido concretar los golpes de Estado pese al apoyo de EE.UU.

“No es solo cuestión de cambiar estructuras, que son necesarias para permitir cierto crecimiento económico de nuestros pueblos, sino hay que también preocuparse de cómo se interpreta la realidad, ese pueblo cotidiano en su subjetividad“, afirma el filósofo en entrevista con Carmen Aristegui.

“Se ha hecho un gran avance en cambios objetivos e institucionales pero se ha avanzado mucho menos en la transformación de la subjetividad, y entonces tenemos un sujeto que en el fondo aspira a ser un consumista neoliberal“, remata.

De ahí, señala Dussel, la necesidad de cambiar el “sentido común” en nuestros pueblos.
También advierte que los movimientos de derecha en Bolivia y Brasil, no son la derecha católica tradicional, sino evangélica, lo cual modifica el sentido social de los movimientos de derecha, pues este giro al protestantismo busca insertarse de lleno en el proyecto capitalista global. El planteamiento de Dussel me parece deslumbrante y recuerda mucho esa otra gran obra de Weber, La ética protestante en el espíritu del capitalismo, para entender fenómenos actuales en América Latina.

Por ello, Dussel prevé un choque religioso entre los “Ponchos rojos” que defienden las tradiciones aymaras y los grupos evangélicos que han proclamado la salida de Pachamama y la imposición de la Biblia evangélica (neofascista, agregaría yo) en Bolivia.

“Va a ser una especie de lucha religiosa que es esencialmente política“, señala Dussel.

Ese es para mí, la gran tarea intelectual de nuestro tiempo: reinventar al hombre y la mujer, y su vida en sociedad. Y para ello es necesario construir un nuevo mito fundacional que nos permita reimaginar la realidad desde sus cimientos.
::.

Idiomas

Yo hablo todos los idiomas
de la tierra y el agua,
lo aprendí dialogando
con las aves, el viento
y el sol de una tibia mañana.

He conversado con los árboles
de raíces y tiempo,
he visto las palpitaciones del cielo
y su lengua galáctica.

Alguna vez le pregunté a los corales
qué se siente ser arrecife, guarida
y lienzo submarino,
qué se siente palpar
el bamboleo del mar,
su descomunal fuerza.

He vagado por los desiertos
buscando la sabiduría del nopal
y la cactáceas,
la flor celeste del maguey
y su enervante saliva.

Subí volcanes para dialogar
con las nubes,
recorrí salares donde convergen
la tierra y el sueño.

Yo soy descendiente del maíz,
hijo de la luna,
caminante del cielo,
guardián de la palabra,
ese tesoro que guarda el secreto
de la belleza del mundo.

Hace mucho tiempo
que me refugio
en la tierra del sueño
para alejarme de los chacales
y sus ganas de morder,
esos vampiros chupasangre
que marchitan el alma
con su veneno.

Hace mucho tiempo
que dejé de lamentarme,
pues con polvo del camino
entre mis pies,
he aprendido
que para conectarse con el todo
hay que ofrendarle la vida
a la muerte,
que el amor lo puede todo
y si no, lo inventa,
que la única verdad posible
consiste siempre
en hablar
la lengua del corazón.
::.

Diatriba contra la derecha global a propósito de las palabras del gran Evo Morales

 

Evo Morales y López Obrador

Escucho la conferencia de Evo Morales en México. Su mensaje y su relato, tras el golpe de Estado en Bolivia, son contundentes. El rechazo que existe entre algunos sectores de México al asilo político del expresidente boliviano, evidencia un racismo profundo, un hondo desprecio por los gobernantes que gobiernan para los pobres, para las mayorías. ¿No se suponía que de eso trata la democracia? ¿De construir sociedades más equitativas, más incluyentes, para vivir en paz?

¿Cómo puede ser que un presidente que trajo tanto beneficio a su pueblo sea tan denostado en medios y redes? De ese tamaño es la ignorancia, la enajenación, el avasallamiento soez al que muchos han sido sometidos por los aparatos de poder hegemónicos sin siquiera darse cuenta.

Luego uno ve las consecuencias del golpe en Bolivia, con el asalto de los fascistas al más puro estilo del franquismo español, alabando a Cristo rey, y eso no les indigna igual a los detractores de Evo o la 4T, impulsada por Andrés Manuel López Obrador en México.

En el fondo, esa gente afín a las ideas de derecha odia a los pobres.

Pero como no lo pueden reconocer públicamente, tienen que buscarse una justificación a su odio irracional, para tratar de darle cohesión y sentido a su psique. De ahí su esfuerzo tan grande a la hora de tratar de erigir monstruos, tratando de calificar con el dedo inquisidor de “dictadores malévolos” a personajes que no lo son. Esta gente, temerosa, se miente a sí misma, porque es preferible eso a reconocer que tienen miedo, y en ese miedo se fundamenta la raíz de su odio. Y al mismo tiempo, paradójicamente, se muestran terriblemente tolerantes frente a las verdaderas injusticias y atrocidades que azotan al mundo: la violencia, el abuso, la dominación caníbal de unos sobre otros.

Por ello, esta gente de ideas conservadoras prefiere darle limosnitas y ayudas caritativas a los pobres, en vez de generar condiciones para que crezcan y se desarrollen, algo que por supuesto, la derecha no puede permitir, porque lo ven como una amenaza a sus privilegios. De ahí proviene el horror desmesurado, estúpido e irracional de la derecha global frente a los gobiernos populares.

Saben que un crecimiento de los sectores más pobres implicará que esos pobres, empoderados, incluso se atrevan a ser presidentes de su país, siendo indígenas, siendo morenos, personajes que hablan raro, con frases populacheras, personajes forjados en el barrio, frontales, ajenos al decoro y los modales de las altas esferas tan acostumbradas a mandar, esas élites pedantes que ven a los pobres como servidumbre y no como sus iguales.

Por eso los propagandistas de la derecha hablan del socialismo como si se tratara del mismísimo diablo. Temen tanto ser desposeídos de su riqueza, de sus propiedades, de sus privilegios, que no están dispuestos a compartir un poco de eso para el beneficio común, ni siquiera para que no maten ni secuestren a sus hijos en la calle. Y a todo esto, yo me pregunto. ¿Cómo hace esta gente de derecha para poder vivir, con tanto odio, con tanto miedo dentro?
::.

Artesanar

La única medicina verdadera que yo conozco, es el arte. La música, la literatura o la gráfica, además del goce y la apertura sensorial que nos provocan a un nivel físico, sirven también como fuente de educación emocional. El significado profundo sobre la existencia humana yace en la cultura, en los mitos, y no hay cultura ni mito posible sin arte. La experiencia artística es una revelación, un caer en cuenta de la verdadera naturaleza del alma y el mundo. Por ello, la experiencia artística es sinónimo de espiritualidad, de divinidad, una conexión profunda con todos los seres y todas las cosas que conforman el basto universo de la imaginación humana. Arte es un estado alterado de conciencia que nos permite vernos y reconocernos a nosotros mismos, desnudos y sin máscaras, llenos de cicatrices y deformidades, y es ahí precisamente donde reside la belleza en su estado más puro, en los ojos que miran la transparencia de su propia alma, etérea, boreal. El arte permite reconfigurar el sentido del caos, hace que creszcan las flores donde sólo debería existir el hielo, arte es develar la belleza secreta del mundo, adentrarse en el misterio, volverse mago y demiurgo, transformando su entorno desde adentro. Arte es una forma de sentir, una actitud frente a la vida. Por eso el artista es capaz de crear realidades, galaxias, elementos, con sólo proponérselo. El arte es esa otra dimensión del alma donde se puede dialogar con los sueños, despojar de su mordaza al inconsciente, reconocernos en el animal que somos, con todas nuestras dolencias y anhelos, una bocanada de aire fresco en medio de la ciudad brumosa, un chapuzón de cenote en medio del calor, el sutil deleite de otra lengua, colores derramados en el vuelo de las aves, tu humedad y mi sed, la certeza de que todo cuanto existe puede ser nombrado en el idioma del corazón. Arte es el arte de la errata y es también perder el miedo, entregarse a lo desconocido y dejarse devorar por los lobos, aprender a quererlos. Arte es una pincelada sortilegio, el armónico vaivén de los árboles, habitar la piel del otro, tomar cerveza con fantasmas, bailar al filo del abismo, comulgar con los Dioses muertos llenos de rabia y compasión. Arte es ficción y poesía, es palabra viva, germinadora de caricias, arte es movimiento, un grito, una cuchillada, el fruto prohibido entre tus piernas, es la arena que viene y va del mar a ninguna parte, son los sueños rebeldes que siempre habrán de regresar al dulce hogar, arte es ser incapaz de distinguir la risa y la ruina, es bendecir y agradecer, repartir el amor como el polen, aprender a decir adiós, es también despertar y volver a morir. Arte es decir-hacer el supremo conjuro del arteficio, hacer madurar la alegría en todas sus formas, inventar la luz en la oscuridad primigenia, arte es el oficio de torcer el tiempo y hacer combustión, una rima sobre la otra, la perfecta sincronía del arroyo, la hierba y la montaña. Arte es ficción, el vicio último de los incurables soñadores.
::.

Que caigan los golpistas de Bolivia y América Latina

 

Con su renuncia a la presidencia de Bolivia, Evo Morales dejó en claro que su decisión fue provocada por una serie de agresiones contra las familias de sus ministros, legisladores de MAS y líderes sindicales afines al gobierno socialista. La familia de Morales también recibió agresiones directas en sus casas: incendiaron sus propiedades, secuestraron a sus hijos. Esto sólo evidencia que, más allá de las tensiones poselectorales, había un plan orquestado para perpetrar un golpe de Estado en Bolivia con ayuda de la OEA, instrumento del imperialismo estadounidense a nivel continental. Análisis independientes como el realizado por el Center for Economic and Policy Research (CEPR) señalan que no existe evidencia de fraude electoral en la primera vuelta de las elecciones en Bolivia. El análisis de la OEA no es confiable, pues ha quedado de manifiesto el papel que ha jugado dicho organismo a la hora de operar intentos de golpes de Estado con el aval de EE.UU. en países como Venezuela, como ocurrió a inicios de 2019. La traición de los mandos policiales y de las Fuerzas Armadas bolivianas sólo terminaron de cerrar la pinza para consumar la farsa.

Con el golpe de Estado en Bolivia, queda claro que el crecimiento económico con reparto reparto equitativo de la riqueza, no son factores suficientes para mantener un proyecto político contrahegemónico al capitalismo global impulsado por EE.UU. y la derecha internacional.

La lucha de clases ha sido y sigue siendo el factor crucial para entender el trasfondo de los golpes de Estado en América Latina. El desastre de la derecha siempre será minimizado por los medios de comunicación y organismos afines al proyecto hegemónico, mientras que los gobiernos populares que apuestan por el beneficio de las mayorías son satanizados y perseguidos. Lo hemos visto en el último año en países como México, Ecuador, Venezuela, Brasil, Argentina, Chile y ahora en Bolivia. Los líderes progresistas son perseguidos y denostados por la maquinaria propagandística yanqui, mientras los golpistas de derecha se contentan con recibir palmaditas de su amo, como los deleznables perritos falderos que son.

Los ricos del planeta no están dispuestos a permitir un cambio en el sistema político imperante, un cambio que ponga en riesgo sus privilegios, emanados de la explotación y el despojo a ultranza, características fundamentales del neoliberalismo. Por eso es una ingenuidad brutal la de aquellos que se asumen como apolíticos, en medio de una guerra como la que vivimos todos los días, esta lucha de clases donde las oligarquías se organizan en función del dinero y la acumulación capitalista para ejercer la opresión de los más pobres.

Yo por eso tomo partido en esta lucha terrestre y estaré siempre del lado de los pobres, de los oprimidos. Es un deber moral repartir la riqueza para beneficio de todos.

¡Que mueran los tiranos y el mal gobierno!
¡Que muera el capitalismo y la explotación carnicera!

¡Que viva Evo Morales y el pueblo de Bolivia!

Ya habrá tiempo para saldar cuentas con la historia.
::.

Poémame

Llúviame
poémame
cancióname
águame
viéntome
que yo quiero ser
tan solo resonancia
de la belleza
del mundo.

Pintúrame
partitúrame
sóleme
fuégome
guitárrame,
que yo quiero ser
uno solo con el todo
que se extiende
por el cielo.

Rójome
azúlome
corazóname
alcohólame
hójame,
que yo quiero
sentir todo aquello
que no ha sido dicho
todavía.

Palabrame
lisúrame
yacimiéntame
oscúrame
flórame,
que yo quiero
bajar al tuétano
del inframundo
y resucitar
en las estrellas.

Novélame
dramatúrgiame
téxtome
ójome
bócame,
que yo habré de dar
algunas pinceladas
para repartir
el pan y la alegría
sobre los cerros tristes.
::.

Poeviaje

Nunca sé
a dónde habrá de llevarme
un poema.

Quizá hacia un desierto
de puertas abiertas,
un callejón sin salida,
el sueño profundo
de un volcán dormido.

Nunca sé a dónde
habrá de llevarme
el ayuno de tu cuerpo
y mi disfraz de hiena
tan hambrienta.

Nada sabe
esta gente borracha
en las cantinas,
de melancolía
y sus horas inútiles.

Nada saben los sapos
sino andar entre quebrantos
por el mundo.

Esta noche parirán
las azucenas
en medio del estanque.

El amor duele,
como bien saben
los gatos en celo,
no menos que la soledad
y su blanca niebla.

La vida es momentánea
y así hay que bebérsela,
trago a trago,
golpe a golpe,
tiempo al tiempo.

Todos los locos
se reúnen a fumar
quimeras y hojarasca
en el cónclave
de los bohemios locos,
que van musitando versos
de labios repentinos
con sus lenguas mariposa,
presagio de la vida que será,
como los muertos sonrientes
que siempre fueron.

No sé a dónde
habrá de llevarme
el azul profundo
del mar a la deriva
y su eterno amanecer.

No sé a dónde
habrán de llevarme
tus labios sedientos
de aventura,
tan predispuestos
a los encantos de la noche.

Llúviame en tu memoria,
que yo te llevaré en la dulce nota
de mi viento reguilete.

Rápido avanza la carretera,
y nada sucede entre nosotros,
salvo quizá, el tiempo detenido
en el galooar de los coches.

Sólo conozco
la desolación del tigre
cuando acecha a su presa
en la pálida luminiscencia
de la luna.

Sólo conozco de besos y ortigas
en mi huerto de frutos secos,
la simetría del caos
y su rosa-taquicardia.
::.

La fiera

He dormido cien años
en la caricia
de una vidente ciega
y su colección de orcos,
el distópico perfume
de la autodestrucción.

Pero he despertado,
no temas.

He sido exorcizado,
gracias a la desmesura
del otoño febril
y las flores insensatas.

He caminado
en la cornisa del cielo
y la ciudad brumosa
donde habitan espantapájaros
de nombres dolientes.

Ha llegado el tiempo
de fallecer
en la intimidad del sueño.

Ahora he de profanarte,
recorrer sin censura
tu piel de santo sepulcro,
escalar tus impenetrables
murallas
hechas de espuma y arena.

Ahora he de mirarte
a través
de la víscera desnuda
y su tiempo corrosivo.

Bailan las aves
de colorido plumaje
aleteando el sueño,
bailan las horas
con disfraz y sombrero
en el carnaval
de los versos hirientes.

Nada es realidad,
salvo tus ojos.

Nada es cierto
en este amasijo de madera
que algunos llaman cuerpo.

La noche prevalece
en tus dedos cuando aúllan
una canción
de cuatro acordes
invocando el paraíso.

Tiéndete sobre el lecho,
abre las garras,
rasgúñame la espalda
como la fiera
que siempre fuiste,
desgráname para siempre
este ardor
de mazorca variopinta,
ahógame tan lejos
con tu licor de estrella.

Seremos tan solo
un recuerdo naranja
levitando
en el humo del copal.
::.

Vínculos

 

¿Qué nos vincula
con qué?

La vida y la ficción
(que son lo mismo)
me han enseñado
que lo más valioso
del mundo,
son las relaciones
que establecemos
con aquellos que amamos.

El amor es eso:
compartir con otros.

El vínculo es aquello
que nos une,
es una parte mía
y una parte tuya,
una parte en común,
lo que nos unifica
y nos hace querernos
unos con otros a pesar
de las muchas diferencias.

Eso es el vínculo,
aquello que no se rompe,
aunque pasen los días
y las horas y los años
y las lluvias y el caos
y los pleitos y la sal y la ruina,
la cruda realidad.

Los verdaderos lazos
no se rompen,
porque a final de cuentas
nuestros vínculos
son tan solo
un reflejo verdadero
de lo que somos.
::.

Nomás criticar no resolverá el problema de la violencia

Hacen falta menos opiniones y más trabajo. Es claro que el gobierno está rebasado y que la estrategia de la 4T, tal como lo vengo advirtiendo desde antes que iniciara este mandato, es limitada. Pero más allá de criticar o defender al presidente, el pueblo necesita tomar la iniciativa: organizarse, hacer foros, convocar a universidades, comunidades, movilizar a las distintas fuerzas sociales.

El problema de la inseguridad no es solo responsabilidad del gobierno. Se necesita que el pueblo construya una estrategia de seguridad desde la base social. Si hubiera un programa aterrizado y con amplia convocatoria (que no se limite a las ONGs financiadas por las cúpulas empresariales) se podría presionar al Congreso para destinar recursos a programas específicos. López Obrador ha pretendido resolver el tema de la violencia únicamente desde el gobierno federal y eso es un error. ¿Dónde está el Congreso? ¿Qué han hecho los gobernadores además de mirar placenteramente cómo se les resbala mediáticamente la masacre de moda? ¿Qué han propuesto los otros partidos además de arremeter contra sus adversarios? ¿Las universidades públicas dejarán su burbuja en las aulas para discutir el tema con otras fuerzas sociales? ¿Qué pueden aportar los empresarios, los maestros, los obreros, los campesinos, los ingenieros, los comités vecinales, para resolver el problema de la violencia? Se necesita convocar a las fuerzas sociales para refundar este país, no sólo desde las urnas, sino a través de la participación política y la erradicación de la violencia.

Uno de los rasgos característicos del proyecto neoliberal impulsado por la derecha, es precisamente el desgarramiento del tejido social. Se requiere urgentemente reconstruir esos lazos sociales para contener la epidemia de violencia que vive el país, el cual es un problema estructural que tardará varios años en resolverse.

La crítica por sí sola resulta estéril si no es acompañada de acción política. Está bien exigir resultados al gobierno en turno, pero no es suficiente. ¿Qué harás tú para resolver el problema, más allá de sentarte y opinar sobre las noticias que aparecen en medios y redes sociales? El pueblo debe tomar las riendas de su propio destino. Es el deber histórico que nos demandan los tiempos sanguinarios que vivimos hoy.

::.

Eones

 

Tuve que viajar constelaciones
para saborear su pulpa prohibida.

Luego me di cuenta
de que nada permanece quieto.

Las constelaciones viajaron
a través de mí
para saciar su sed de porvenir.
::.

Muerte, nada sé de ti

Muerte,
dolorida certeza
que despuebla mis ojos.

Nada sé de ti,
sino ataúdes y ausencia,
la fría sombra
que hiela corazones
en la delirante
secrecía de la noche.

Muerte,
nada sé de ti,
salvo las aves negras
y su enlutado vuelo
de falsas promesas.

He oído los suspiros
de la sangre turbia
exhalar de tu boca,
un rechinido de dientes,
como la daga sedienta
cuando hiere al crepúsculo.

Muerte,
fuiste como aquel poema-cuchillo
que brotó de mí
con su avispero de palabras,
un silencio incesante
que no deja recordar
lo necesario que veces
resulta el olvido,
volverse polvo y nada más,
como las hojas sucias
teñidas de invierno
o el estertor de las flores
sobre la mesa.
::.

Belleza

Apenas y recuerdo
a que sabía la tristeza.

Hace mucho tiempo que la lluvia
dejó de gobernar mis pasos taciturnos
por este mundo caníbal.

Yo procuro la belleza en todas sus formas.

La miro aparecer por doquier,
en la calle mojada
o la soledad de un motel de paso,
la miro entre los escombros de un país
convaleciente
y en la curvatura imposible
de una mujer obscena.

Yo procuro la belleza
y por ello sonrío,
auqnue la alegría sea una cosa anticuada,
tan pasada de moda.

Miro el espejo
y el tiempo avanza
en reversa.

Solo quedan los ecos petrificados
de la mortal carnicería,
tan doloridamente innecesaria.

¿A dónde migraron tus sueños descalzos?

¿A dónde naufragaron tus ganas de morder,
el tracto dulce
de tus labios empolvados?

Eras una musaraña
y yo no me había dado cuenta:
diminuta y feroz,
tan irascible.

Por la luna desfilaron
los rojos hervores del desasosiego,
la sed del que ama,
las fiebres de quien se ha acostumbrado
a pernoctar dentro de otro cuerpo.

Y por ello sonrío,
pues he aprendido la dura lección
del que vuela:
nada es para siempre,
ni siquiera la muerte.

Fuimos un ardor en el aire,
efímeramente tan eterno,
un chasquido del fuego
retozando en la oscuridad.

Algún día mis hojas muertas
habrán de volver a soñar
en las intermitencias
de otra boca.
::.

La muerte es una sola

 

La muerte
es una sola
ausencia
gimiendo
en el balcón
de los sueños
forajidos.

La muerte
es una misma
herida
cosida a los ojos
umbría
errante
derramadora
de tristezas.
::.

Sobre Nabokov y su nínfula

Me tomó algunos años terminar el libro. El inicio del relato es deslumbrante. ¡Qué manera de fluir a través de las palabras! La obsesión del pederasta Humbert Humbert por su adorada nínfula, Lolita, me cautivó desde el inicio. Sin embargo, tuve que detenerme al concluir la primera parte, pues me recordaba mucho a la persona que me regaló el libro, un viejo amor desechable, de esos que prefiero olvidar (bien dice Borges que el olvido es la única venganza y el único perdón).

Hace unas semanas retomé el libro y lo concluí. La primera parte es un ascenso a las elevadas cumbres de la lujuria. La segunda, trata sobre las terribles consecuencias de descender la montaña. El final de la primera parte y el capítulo 28 de la segunda mitad, son una verdadera obra maestra, el ejemplo perfecto de cómo lograr tensión, belleza y profundidad en una escena literaria.

La lectura de Lolita hizo replantearme muchas cosas. ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué clase de monstruo duerme debajo de la máscara? Es ahí, en el oscuro paredón de las inconfesables pasiones, donde se revela en plenitud la verdadera naturaleza humana: todas las contradicciones, todas las rarezas, toda la ternura y la ira, las fiebres, el dolor, el cansancio, el placer, todas las apetecibles luces que nos bombardean y nos gobiernan, ese temblor de la piel que resuena en el alma, todos los sueños que nos hacen desfallecer, los celos, la excitación, la zozobra, toda la ansiedad y la ruina que aletean como mariposas en las hojas de un libro.

De eso se trata la novela de Nabokov, uno de los grandes genios literarios del último siglo.

::.

Confesiones

Lo confesable
es apenas
la piel del alma.

Ahí dentro,
en las entrañas
de lo inconfesable,
yace la verdadera
condición humana.
::.

Adiooós

El tiempo se calienta.

Todo lo demás es etéreo…

Sólo nos quedan las palabras,
la horca, el rubor y el deseo,
un apretar de dientes,
la placentera muerte.

Y no quedó
más remedio que saborearme
todos los fuegos artificiales
estallando en mis adentros.
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