Archivo del Autor: manuelhborbolla

Nocturnal bajo la lluvia

Llevo la toxicidad rumiante
de quien echa raíces
en la oscuridad doliente
que acompaña al encierro.

La lluvia ácida permeaba
en el sueño,
como una cicatriz
que nunca cierra.

Se me ha secado la lengua
y el habla, esperando impaciente
en el paredón
de las cosas inútiles.

Todas las ausencias
son más llevaderas
que el sagrado ritual
de la rutina,
el monótono cansancio
de hacer siempre lo mismo,
la insoportable fatiga
de no hacer absolutamente nada.

Todas las flores se ahogaron
en el estanque
de las aguas muertas,
todos los trágicos lirios
durmieron de pronto
la eternidad.

Ojalá que la noche caiga
delante de nosotros,
en los estertores del otoño,
en un recuerdo perfumado
de olvido
o la calle baldía
donde bufa siempre
el encharcado corazón.

Soy tan solo
una sombra itinerante
cantando una elegía,
un murciélago de alas rotas
saboreando
los suspiros de la luna.

Hierve todo el frío
de mi helada sangre
derramada sobre el piso,
llueven mordeduras y poemas
en la dulce hoja del cuchillo.

Todos los fantasmas
salieron a beberse la tristeza
del mundo
entre las risas estridentes
que moran las entrañas
de una cantina polvorienta.

Esta es mi oda a la rutina,
épica, dramática, nocturna,
como un cadaver devorado
por las hienas,
como mis ansias reventando
entre las piernas temblorosas
de mujeres calavera.
::.

Consecuencia

La verdadera amenaza consiste
en abandonar nuestros sueños.

Quién hubiera pensado
que seríamos consecuencia
de nuestros propios aullidos.

::.

Un café, por favor

Uno de mis primeros intentos por escribir un cuento, allá por 2006. El texto fue hallado en los restos de un antiguo blog que ya no existe.

cafe
El sol de la tarde teñía de un cálido tono dorado la calle. El tiempo se estancó durante un rato, mientras me entretenía viendo a través de la ventana del restaurante, pensando, imaginando cosas.

-Un café, por favor- respondí mientras una mujer con un pequeño perro desfilaban frente a mí, al otro lado de la calle.

Seguí esperando por la única razón de que no tenía mucho más que hacer. Ésa es la verdad. La demora ya era de casi media hora, y ni siquiera se había tomado la molestia de llamar por teléfono. Siempre ha sido así.

Tomé una servilleta de papel mientras traían la taza con café, saqué la pluma y empecé a dibujar algunos rostros que me venían a la cabeza mientras intentaba mitigar la espera. Era una tarde tranquila, casi desierta de no ser por el paso accidental de algunos coches que se paseaban lentamente por el asfalto.

Arrojé un profundo suspiro de resignación mientras di el primer sorbo al café. Le faltaba azúcar. Pensé que este sería un buen momento para leer un libro, pero me había salido sin nada más que una pluma y la cartera. Miré las estáticas manecillas del reloj que descansaba sobre una de las paredes junto a la caja. Habían pasado solamente un par de minutos desde la última vez que lo vi.

En eso sonó el teléfono. Revisé el mensaje de texto que decía: “espérame ahí, no tardo”.

—Qué novedad— me dije a mi mismo mientras guardaba de nueva cuenta el teléfono en el pantalón. Por lo menos, significa que vendrá.

Comenzaba a desesperarme. Podía entender el retraso por el exceso de tráfico o por la toma de calles por parte de alguna manifestación, de esas tan comunes por aquí. Pero no, era domingo, las calles están vacías. Y yo aquí esperando sin nada más que hacer. Me resistí a darle el último trago, pero no se, sería la sed o quizá el fastidio lo que me hizo terminar el café.

Se acercó la mesera ofreciéndome algo más. “No gracias, espero a alguien”, dije son cierto aire de abandono y esa risita estúpida que me sale cuando gana el nerviosismo.

La noche empezaba a aparecer y sólo tenía un mensaje de texto en el teléfono. Intenté marcarle por tercera, cuarta, quizá quinta vez, pero nada. Pensé que sería bueno marcharme de una vez, después de todo aún no había perdido la dignidad, bueno, aún no toda, pero después pensé en el fastidio que me provocaba pasar horas en el cuarto, cambiando de canal sin encontrar nada una y otra vez. Rectifiqué mi postura, después de contemplar una vez más la tranquilidad que proporcionaba la afable noche que recién aparecía.

—Otro café, por favor.

::.

 

Música pa’ mover el bote en sábado por la noche

Tres rolas que me gustan y no sabía cómo se llamaban, hasta que hoy, cenando en un restaurante me topé con sus respectivos videos musicales. Rolas para bailar y mover el bote con cierto saborcillo a música disco.

La obra de Francisco Toledo, artista de la naturaleza

Alguna vez platiqué con Francisco Toledo en Oaxaca, en septiembre de 2007. Era un tipo peculiar, huraño. No le gustaban las fotos ni las entrevistas. Pero quisiera llegar a viejo como él y volar papalotes en las calles de Oaxaca. Su legado e influencia como luchador social es incuestionable. Más allá de su obra, que tiene un estilo único, ser artista es una forma de afrontar la vida. Y Toledo lo era. Descanse en paz maestro.

Aquí un pequeño homenaje póstumo con algunas muestras de su obra.

 

Un grillo en la casa

I
Hay un grillo en la casa. El otro día se nos apareció a media borrachera, a ras de suelo, caminando entre la gente. Antes se escondía en el fregadero de la cocina y ahora en la sala. Me gusta oírlo cantar por las noches. Ojalá le guste el cantón y viva aquí mucho tiempo.

II

El grillo empezó a cantar ora que pusimos a los Caifanes. Y con Daft Punk. Les digo que el grillo es chido.

::.

La explosiva y deslumbrante prosa de Clarice Lispector

Desde Nabokov, no leía una prosa que me impactara tanto.

Mucho me habían anunciado a la gran Clarice Lispector, pero antes era yo muy pobre y sus libros publicados en Siruela, muy caros. Por eso llegué un poco tarde al encuentro con ella, pero al mismo tiempo siento que nuestro encuentro se dio cuando se tenía que dar. Paradojas del destino.

Una explosión, un derrame de imaginativa y furibunda elocuencia, un navajazo tras otro, una sobredosis de sorpresa. Así es la escritura de esta mujer que revolucionó la literatura brasileña. Es increíble todo lo que se puede decir en un relato breve, cuando las palabras son cargadas de sentido.

De Kawabata aprendí que la novela puede ser la más refinada forma de venganza. Con Lispector aprendí que la novela puede ser también un poema en prosa. Deslumbrante.

No hay descripción de la foto disponible.

 

La neurosis mitológica de la ciencia moderna

“Es de todas maneras una fe metafísica la que subyace nuestra fe en la ciencia”.

Nietzsche, Gaia ciencia

 

Sin título

 

Vaya sorpresa tan agradable fue toparme con un fragmento del texto de Alejandro Martínez-Gallardo, La sociedad moderna, libre e igualitaria: ¿el rebaño perfecto?, el cual trata sobre la contradicción implícita en el pensamiento científico. Un texto que, además, incluye la mejor crítica que he leído al pensamiento de Nietzsche. En un acertado fragmento del texto, Martínez-Gallardo refiere que:

“Los grandes logros de la sociedad moderna, con los que supuestamente se ha querido librar de las creencias y de la metafísica, son sistemas de creencias y metafísicas encubiertas. La ciencia es el nuevo mito, el mito que ha ganado tracción y poder, para paliar nuestro miedo al caos y la incertidumbre, para adormecer nuestros instintos y evitar el encuentro terrible-numinoso con el misterio. La fuerza que mueve a la ciencia no sería el deseo de conocer la realidad, ni siquiera de dominarla, sino de eliminar su peligro, de domesticar la existencia”.

Completamente de acuerdo. La ciencia es el reflejo de un miedo atroz al vacío. El problema del pensamiento científico es que siempre será incompleto, no puede abarcar la totalidad de la existencia, el misterio que encierra la vida. Esta falta de totalidad se resiente en la neurosis de saberse incompleto. De ahí proviene ese sentimiento de angustia y zozobra tan propio de la sociedad moderna, siempre sedienta de lo nuevo. Ahí reside también la fe en la tecnología y el progreso, que habrán de -supuestamente- salvarnos del caos. Por eso los científicos recalcitrantes no entienden que todos estamos locos y que la locura es una forma de abrazarnos con el todo. El grito del poeta se resiente en las estrellas. De esas cosas no trata la ciencia, tan fría, tan metódica, tan racional. Y el ser humano es todo, menos racional.

::.

El origen del kung fu: el dominio del chi

Un muy buen documental sobre los orígenes y la práctica contemporánea del kung fu, en su acepción de arte marcial. Un viaje por los dominios de la mente y la carne, el flujo del chi, esa fuerza elemental que puede ser controlada para realizar proezas fantásticas.

Descolocado

 

Tan habitual es en mí
la soledad del ermitaño,
quien de tanto buscarse
sólo encuentra extravío.

Es el desamparo que
se lleva puesto
como una segunda piel.

Seré acaso una isla
varada y remota,
tan lejos del basto continente.

Un lobo solitario
con el hocico hiriente
vagando en el aire frío
de la campiña.

Serán las preguntas
sin respuesta
que se agolpan de pronto
en el lado oscuro del corazón.

La inexplicable nostalgia
de añorar
aquello que jamás ocurrió.

Mi colección
de amargas certezas.
::.

Convídame tu oscuridad

 

Convidadme un poco de tu oscuridad
para abrazarte
y compartirla con el mundo.

Dadme un poco de la noche
para chupar el tuétano
de tu herida que todavía sangra.

Dejadme ser el aire
que acaricia tu sueño,
tu roja canción que va
de planeta en planeta.

Dejadme que respire
mi angustia sobre tu boca seca
de mujer desolada.

Eres acaso un fantasma,
un suspiro evaporado
en la humedad del verano,
un adiós traicionero,
una alegre despedida.
::.

Vampiros

 

A mi alma no le basta un sorbo,
ha de beberse la eternidad
cada noche entre sus piernas.

A mi alma no le alcanza un recuerdo,
ha de incendiarse en la soledad
de un poema.

Busquemos la raíz del sueño
en la brasa donde abreva el fuego,
ardamos para siempre
en la fragilidad de un suspiro.

Somos una sombra
del tiempo primigenio
proyectada sobre tu espalda,
un navío en busca
de respuestas.

Lamiendo tu piel
sobre la orilla,
busco pedazos de mi alma
en el remanso de la noche postrera,
danzando en la cornisa,
una flecha en el aire,
un electrocardiograma
besando tus sueños
de silencio calavera

Ella hablaba de otra cosa,
de las estrellas haciendo combustión
y la soledad del cielo,
el canto de las sirenas,
todas las cosas suceden por algo,
todas las luces se encienden
de pronto en el alma
de las nubes relámpago.

Yo quería abrazarte hasta morir,
pero nunca entendiste
el sentido ritual y profundo
de la muerte,
metáfora de la vida
que se incendia y se apaga,
como los versos desprolijos
que palidecieron de pronto
en la pulcritud de tu sucia
hipocresía.

Una ventosa en mis anhelos,
la otra piel dentro de mi armario
va tejiendo historias
en el rubor de mi propia saliva.

Yo me sentaba frente al estéreo
a escuchar
las fiebres de la adolescencia
contenidas en una canción
inexplicable,
y todo se movía,
la sangre brotaba de la alfombra
y me acordaba de aquello que no fue.

Es la esencia de todas las cosas
prefigurando un destino,
es la palabra viva que cambia
el curso de los vientos y los días,
como un mareo,
el tránsito nocturno de las olas
sobre tu arena,
revelaciones que palpitan
en la frente de un ciego.

Tan solo soy un recuerdo
tatuado bajo tu almohada,
la desobediencia de mis pies
y su sed de arborescencia,
un crujir de besos asolados
por murciélagos,
la tempestad respira
a través de mis alveolos,
es el ocaso de los viejos cuentos
resonando
en otros cuerpos.

Los vampiros se despiden
a besos, en los ocres
colores del otoño,
varados en la soledad
de una vieja estación de tren,
abandonados a su suerte
impregnados de nostalgias y averías
transitando en el viento.

Sin dolor
la hierba no germina,
el amanecer ya no sucede,
los muertos no regresan
de su exilio,
ni tampoco las flores
que colmaron para siempre
la sed del corazón.
::.

De labios amarillos

 

Que yo no escatimo
un beso
en tus ojos
malévolos, casquivana,
mi niña de los labios piraña,
deja la hipocresía
para otra cosa
que tú ya sabes que no te creo,
yo soy un torbellino
convertido en volcán
en erupción,
un línea que viene y va
de la música a la penumbra,
del yambé al guaguancó,
una reliquia, un aforismo,
mi alma desaforada buscando
refugiarse entre tu piernas,
como una boca sin besos,
un ardor sin piernas,
un decir de labios amarillos.
::.

Oda a la poesía

 
Poesía,
alquimia de los antiguos
con la que esculpieron
la musicalidad del viento
como besos forjados
en la simetría del tiempo.

Poesía, eres sonido
sumergido
en la transparencia del agua,
eres aire perfumado
de aurora,
sangre de corazón machacado,
eres torbellino y eres fuego,
un rumor de olas
que se agolpa de pronto
en las intermitencias del deseo,
eres sueño derramado
en la piel de la luna.

Poesía, eres ruina
y pájaro frutal,
eres inmensa
como las tupidas ramas de una ceiba,
el diálogo introspectivo
que mastican los hombres
cuando se comunican con las estrellas.

Poesía, eres un aullido con antifaz,
eres cabellera celeste y eres canto,
una luz que palpita
en el acento floral
de la noche tan incierta.

Poesía, desde que te conozco,
el amor luce tan distinto,
luce tan amplio,
pareciera eterno.

Tú sabes bien de lo que hablo,
me has visto desfallecer
de regocijo y de tormento,
en aquellos momentos en que el alma
extraviada
ya no puede más,
me has visto palidecer en la asfixia
del tiempo entrecortado,
me has visto embriagarme
en el licor de la selva
y llorar
en la intimidad de mi cama
junto a la mujer amada,
me has visto lanzar piedras
sobre el río
y también cantar en el arenal
de los besos forajidos.

Toda la noche se adhiere
a sus muslos,
toda mi lengua se adhiere
a su orilla,
lo sabes bien, poesía,
tú que me has visto mascullar
su nombre con insistencia
sin saber a dónde voy
o cómo habrá de terminar
aquella historia que nos hemos
empecinado en llamar
‘la vida’.
::.

Caminar

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Cada quien elige cómo crecer. Las posibilidades que ofrece la vida son tantas… pero aquel que decide su propio destino, será bienaventurado a lo largo de su camino.

Todos cometemos errores. Pero aprender de ellos nos hace madurar. Hay gente que prefiere evadirse de los problemas, andar por la vía más fácil. Y habemos en cambio, quienes nos gustan las cosas difíciles, retarnos a nosotros mismos, expandir nuestro horizonte. “No me lamento del presente. La gente se hace más fuerte enfrentándose a la realidad”, dijo Gai sensei. No me importa cuántas veces habré de fracasar en cualquier cosa que me proponga, pues al final, siempre habré de levantarme más fuerte que antes. Se puede perder con el enemigo pero jamás con el miedo. No hay fuerza más poderosa que la voluntad. Esa es una valiosa enseñanza en la vida, que afortunadamente, en días como hoy, me da por recordar.

Soy un tipo afortunado. Últimamente pienso mucho en ello. El camino ha sido largo y difícil, muy duro por momentos, pero así lo decidí yo. No me arrepiento. A veces es necesario aprender a lidiar con la tormenta para afianzar las raíces y esperar la salida del sol. Todo llega a su tiempo. La vida es una rueda que gira de manera misteriosa, fascinante, con subidas y bajadas. En cada estación, uno puede aprender una importante lección, si se presta la debida atención.

No aferrarse a nada, ser ligero como el viento. Perfeccionar al ser, antes que solamente poseer. Apreciar la belleza de todas las cosas, disfrutar los placeres sencillos que se esconden en las cosas diminutas. Amar y nada más. ¿Hay acaso una mayor dicha en la vida?

Y así habremos de irnos, silbando una canción al compás de la luna. Así habremos de irnos, desnudos y sonrientes, dejando una flor en cada herida, dejando el alma en cada puesta de sol, bailar bajo la lluvia. ¡Qué maravilla!

::.

Ciclos

 

Ocurre siempre,
que el árbol se vuelve semilla.

Seré breve,
como un ardor en el aire.

Como la lluvia que ronda
tu sueño.
::.

La creación del mundo en el canto de los ancestros: mito wirarika, poema nahua y otros cuentos

La verdad profunda sobre la existencia humana se esconde en los mitos de todas las culturas. Sintetizan la experiencia humana de generaciones enteras en un cuento. Y ese cuento revela la esencia profunda de las cosas.

Por eso me conmovió mucho ver el relato sobre el origen del mundo de los wirárika, la del niño luminoso que se convierte en sol, fuente de la vida, para poblar la tierra de dioses que florecen por doquier.

Los videos me recordaron la Antología de poesía primitiva, de Ernesto Cardenal, en la cual, se explica que el verso es “el primer lenguaje de la humanidad”. La poesía es siempre un viaje ritual hacia el centro de nosotros mismos. Y eso es precisamente lo que expresan los mitos que desde el principio del tiempo han dado sentido a la humanidad entera.

Arte sortilegio

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El artista es mago por naturaleza.

Capaz de convertir la desgracia humana en experiencia única y sublime, el artista tiene algo de alquimista y curandero.

El verdadero arte tiene siempre un trasfondo espiritual, es un ritual con el poder de equilibrar las pasiones humanas, una experiencia estética que explota por dentro. El verdadero arte es una purga, un sacrificio, un sortilegio que purifica el alma y habla el idioma de los sueños.

El artista es un pequeño dios capaz de recrear el mundo que se manifiesta a su alrededor. Transgresor por naturaleza, demiurgo de la luz y la sombra, el artista transforma el mundo proyectando su visión interior. Conectado con la fuente de la que emanan todas las cosas, responde a la epifanía del universo con un poema, un bello cuadro, una canción. Por eso deslumbra y conmueve, seduce, inspira, cautiva. Conocedor de la ciencia de los antiguos, habla con los animales, las plantas, las piedras y los astros; crea una realidad propia valiéndose de los objetos cotidianos e insignificantes que tiene a la mano, dotándolos de energía, haciendo que todas las cosas canten, se muevan, pues el artista es también repartidor de la vida, de la fuerza inagotable que habita en su interior.

Tiene además, el deber social de hacer vibrar las emociones de la humanidad en un ritual colectivo donde se equilibran las disonantes y contradictorias pasiones humanas.

El artista es un hechicero capaz de traspasar el plano físico para recrear el tiempo y el espacio en ese otro mundo de lo imaginario, allí donde van a dar siempre todas las horas de todos los lugares de todos los tiempos de todos los hombres y mujeres que pueblan la Tierra desde el origen mismo de todas las cosas.

El artista es un retazo de tibia humanidad fosforeciendo en el aire de lo etéreo, un ser luminoso capaz de hacer resonar la partitura secreta del cosmos.
::.

Transparencia

El cielo sobre nosotros
es una antigua ciudad en ruinas
levantada sobre el llanto
de los hombres.

Todas mis plegarias
fueron a morir al sol.

Queman mis ojos
hechos de alcohol,
nada queda ya
tras sepultar la primavera
bajo la lluvia
y el recuerdo de una triste canción.

Todavía siento la erosión de sus dedos
sobre mi arena,
la quilla de su barca sedienta
de otro nuevo naufragio.

Ella sigue escondida
entre muros lejanos y silvestres
ataviados de coloridas pinturas,
con la piel del corazón tan expuesta
al frío y el desamor.

La vida se evaporó
en el sueño fermentado del maguey,
ácidas visiones habitan la asimetría del desierto,
un mar de cactáceas y flores amarillas.

En la boca llevo el tono triste
de su voz desnuda
en el humo del cigarro.

Orfebre de las palabras calientes,
el ocelote canta una elegía
al viento irremediable de la noche
que le roza el alma.

Nacerá del agua fresca
un nuevo comienzo
al final del horizonte,
es la translúcida perfección
del presente y el alba,
el amanecer de los días sin sombra,
el último suspiro de un amor roto.

El dolor desciende como las aves
para purificar el cielo en sus alas.

Las piedras se beben el tiempo enmohecido
que dormita en la memoria de los viejos.

Llueve el grano dorado sobre los silos
de la historia
para alimentar al animal
que llevamos dentro,
la bestia que duerme y resucita
al interior de nosotros.

Una herida sobre la otra
se dibuja en mi costado,
como la humedad de la tibia sangre
que ronda mi sueño:
es una galería de corazones a la deriva,
una sinfonía de payasos tristes,
los besos lascivos que fueron abortados
de tu boca y mi boca al filo del crepúsculo.

La noche es el misterio
que se esconde en tus pupilas,
la sábana blanca donde duermen
todos mis demonios,
un cuento inofensivo,
una panga cruzando la selva
en la suave caricia del río
y su caudal de leyendas.

Brotan seres luminosos
de entre las plantas,
fluyen los cardúmenes de plata
bajo el agua y las estrellas,
germinan los pozos
donde la gente va a arrojar
todas sus averías,
todos sus anhelos,
todo el amor aún por cumplir.

Los grillos silban al compás de la luna,
una suave melodía de piano los acompaña,
la tierra mojada rejuvenece entre la hierba,
son siglos forjados por el hambre y el metal,
el destino que se cuece a fuego lento,
el eterno galopar de los caballos
sobre las nubes.

Una bocanada de alegres canciones
se posa sobre nosotros,
como si fuera una mariposa:
esa inexplicable felicidad
que de pronto nos inunda el corazón.
::.

Un sorbo de etérea humanidad

 

Mi alma masculla versos
sin sustancia.

Ahí reside la verdadera
naturaleza humana,
en palabras deformes
que no dicen nada,
salvo algún gemido,
el aire sonoro de lo que duele.

Conocerse es conocer
a los demás.

Pero qué será de aquellos impostores
que han decidido refugiarse
para siempre detrás de la máscara,
evadiendo su propio reflejo
frente al espejo.

¿Podrán conocerse realmente?

Son apenas tristes maniquís
buscando no morir de asfixia
en el aire venenoso
de quien se miente a sí mismo.

La verdad puede ser un trago amargo,
no es apta para todos.

Sólo los valientes son capaces
de abrevar en sus aguas.

Un estallido, un terremoto,
el colapso de los cinco sentidos
en su búsqueda de Dios,
el mundo convulsiona
entre las piernas de un amor en llamas.

Sólo los valientes habrán de quedarse
en la colina
a presenciar el espectáculo
de los cuerpos corrosivos
y salvajes
yendo a mitigar la sed
en la puesta de sol.

Encontré mi voz sangrienta
en un pentagrama,
mi retina disuelta
en un óleo de Schiele,
la vida es un tulipán amarillo
que se abre en medio
del invierno y la nieve,
mi corazón es otra cosa,
un navío con destino incierto,
siempre predispuesto a la aventura.

Dirán que carezco de mesura
y tendrán razón,
la mesura es para quienes han decidido
morirse por dentro,
yo pertenezco a una antigua raza
de personas-volcán,
que de vez en cuando tiene la urgencia
de hacer erupción,
soy el poeta-huracán
de los versos terremoto,
quien habrá de sacudir al mundo
con su canto de mil estrellas
gimiendo de dolor y de placer
entre los escombros de una mujer obscena,
soy la tempestad y la mañana de rocío
al pie de la cuesta,
soy quien habrá de organizar una acampada
en la luna
y también en el centro de la Tierra,
soy el hombre desnudo que camina
y desuella canciones
mientras sueña un rumor de caricias,
y desnuda a la madrugada
en su alberca de flores.

Yo estoy hecho de la misma sustancia
del extravío
me he perdido mil veces
en todos los rincones de este absurdo laberinto,
he sobrevivido a la infamia,
ese cruel vestigio de la vanidad
que pudre el alma de los hombres,
sigo despierto y sediento
de la arborescencia ritual de la selva,
soy el jaguar que mira en lo profundo
de la noche,
soy la ceiba madre que conecta
el Xibalba con el cielo,
soy la sangre transparente del río
que fluye en tus adentros,
soy la inmensidad del océano
que revienta en tus pupilas,
soy el corazón salvaje relinchando
en el regocijo de las flores,
soy la vendetta de los pueblos sin nombre
buscando un exorcista,
soy el sueño ácido derramado
en la duda tornasol
de una encrucijada.

Soy el vino y la sangre,
el alma que se desprende del cuerpo
para continuar su cósmico sendero
de cumbres y destierros.

Llueve la tarde sobre nosotros,
llueven las anheladas horas
de la muerte
sobre el deshielo del alma,
somos consecuencia
de tantas cosas…
una mirada, un abrazo,
un bello atardecer
o las impredecibles olas del mar,
las sábanas destendidas
sobre la cama
en las horas azules del amor,
somos fiebre y carcajada,
un grito violento
tapizando las cuatro paredes
de una habitación,
somos el caos de la calle
y su carnaval de sorpresas,
somos humo
y somos nada,
un dulce sorbo de licor
al otro lado
de nuestra etérea humanidad.
::.

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