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India mística

India mística

India emana espiritualidad. “A veces vengo a estos lugares cuando necesito paz mental”, me dijo un joven indio mientras bebíamos el agua que ofrecen en la Gurduwara Bangli Sahib, el templo más grande de los sijes en Delhi. El joven no pertenece a esta religión (de hecho es hindú), pero da igual. Los lugares sagrados son sagrados para todas las personas, sin distinción. Así lo deja de manifiesto el Templo del Loto, creado para que vaya a orar ahí gente de todos los credos. Si uno no supiera sobre las disputas políticas e históricas entre diversos grupos religiosos indios sería difícil advertirlo. Las distintas religiones coexisten entre sí de manera cordial. O al menos eso es lo que se percibe. Quizá porque la espiritualidad está siempre tan presente en la calle. Los yoguis organizan meditaciones masivas con duración de todo una noche y que se anuncian en grandes pancartas como si fueran conciertos de rock. Akshardam -extraña mezcla entre parque temático, templo hinduísta y museo- es un vivo ejemplo de cómo los grandes líderes religiosos han sabido adaptarse a los nuevos tiempos de la convergencia digital. En su interior hay proyecciones de cine en gran formato, espectáculo con robots y paseos en bote al estilo Disneylandia. Pero a diferencia de otros grandes centros de entretenimiento en Occidente, el fin último de este lugar no es el consumo, sino el desarrollo espiritual. De hecho, la entrada es gratis, y lo que cobran en su interior por comida y algunas atracciones es muy barato, accesible para muchos indios.

A pesar de la evidente pobreza en que vive la gran mayoría de la población, las instituciones religiosas han creado mecanismos para contener este fenómeno. Incluso pareciera un concurso de quién es más caritativo, ya que en los centros religiosos se ofrecen servicios de salud, asilo y comida, tal como ocurre en las gurduwaras. Se dice que la más grande de Nueva Delhi alimenta a 35,000 personas al día, producto de las donaciones que realizan las personas que asisten a los templos.

Pero la contribución más importante de la religión es ofrecer un mecanismo para sobrellevar las carencias materiales. Aunque India también ha sido tierra de grandes palacios y marajás, la austeridad voluntaria es un asunto propio de personas honorables, tal como demostraron grandes personajes como Gandhi o el gran poeta bengalí, Rabindranath Tagore. De este modo, llevar una vida libre de apegos materiales es una condición indispensable para convertirse en brahmán, más allá de las limitaciones de castas que algunos movimientos reformistas intentan abolir pese a que esa diferenciación de clase se mantiene entre los sectores más ortodoxos.

Según el hinduísmo, el camino espiritual consta de varias etapas. Desde jóvenes, los aspirantes a purificar el alma asisten al Ashram para recibir instrucción. En el interior del Ashram Ramakrishna (ubicado cerca de la zona de Paharganj, refugio de mochileros) hay una biblioteca sobre todos los temas, un centro de salud y también un lugar para meditar. El conocimiento no es mero saber intelectual, sino que debe ir acompañado del desarrollo de la conciencia trascendental que le permite al ser humano conectarse con todas las cosas, eso que algunos llaman Dios. Una vez concluída la instrucción formal, interpretando los antiguos textos sagrados de los Vedas, contenidos en los Upanishad, los hindús deben casarse y formar una familia. Con el paso del tiempo, el iniciado hindú debe realizar un retiro espiritual, viviendo junto a su esposa en el bosque. En la actualidad eso no se practica tal cual, pero las parejas suelen hacer un viaje de peregrinación espiritual que los desconecte de los deberes mundanos. En el último trayecto de la odisea, el aspirante a rishi debe de abandonar a su familia y todas sus posesiones para dedicarse a contemplar la naturaleza y servir de guía a otras personas. De este modo, el líder espiritual sirve como referente moral de la sociedad y por ello es sumamente respetado.

La asuteridad se convierte así en una vía de realización, al fundirse el espíritu humano con el todo. De ahí que en el hinduismo, el brahamán recibe el mismo nombre que Brahama, dios creador de todas las cosas, pues a final, el ser humano y Dios son uno solo.

Esta visión resulta por completo diferente a la que prevalece en Occidente, cuyas instituciones religiosas tienden a la acumulación y donde la obsesión racionalista de algunas corrientes filosóficas ha caído en el enorme error de concebir a la realidad material como la única realidad válida. Esto desde luego, tiene repercusiones distintas en el plano social. A diferencia de otras regiones pobres del planeta, las calles de Nueva Delhi no se perciben como un lugar violento. Pese al nivel de marginación de algunos barrios, la gente camina despreocupada por las polvorientas y ruidosas calles. Quizá uno pueda toparse con alguien que te arrebate la cartera o el teléfono mientras caminas, pero no pasa de ahí, contrario a lo que ocurre en América Latina. En barrios latinoamericanos similares a las hediondas calles de Delhi, no sólo te roban, sino que además te acuchillan o te matan. Y creo que ahí es donde se evidencia la manera en que la cultura puede tejer diferentes tipos de sociedades en condiciones similares. De este modo, no es la pobreza la causante de la violencia, como erróneamente se cree en países como México, sino un conjunto de prácticas, creencias e instituciones arraigadas lo que explica los altos niveles de violencia en América Latina, la región más desigual del planeta. En Nueva Delhi estos contrastes entre ricos y pobres no son tan marcados como en el nuevo continente.

El reconocido orientalista Alain Daniélou, conocido como Shiv Sharan, alguna vez escribió que los hindús “organizaron su sociedad para facilitar el desarrollo de cada ser humano, tomando en cuenta su naturaleza interna y las razones de su existencia, ya que para los hindús el mundo no es solamente el resultado de una serie de oportunidades sino de realización de un plan divino donde todos los aspectos están conectados”.

Un aspecto que hace diferente a la India respecto a otras grandes civilizaciones y que explica la manera en que la espiritualidad juega un papel central en el desarrollo de la India mística que, dentro de pocos años, posiblemente para 2030 según estimaciones del Foro Económico Mundial, desbancará a EE.UU. como la segunda economía más grande del planeta.

Pero más allá de esas cosas, me parece que la India es una bendición para el mundo. Una reserva de poder espiritual para un mundo decadente, obsesionado con la idolatría al dinero, el consumo y la frivolidad inherente a los falsos placeres.

Por ello me parece fascinante y conmovedor que de entre estas calles polvorientas y sucias, pueda surgir una nueva esperanza para aliviar todos los dolores del mundo. Una esperanza para quienes buscan trascender las ataduras materiales para fundirse con en el todo en el reino de lo eterno.
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Visitando al Mahatma: el legado de Gandhi en la India de hoy

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Mi primer visita en Nueva Delhi fue el museo y el lugar donde cremaron a Mahatma Gandhi. A diferencia de otros próceres nacionales, Gandhi fundó un país sin disparar un solo tiro, promoviendo la no-violencia como forma de vida. La presencia, respeto, cariño y admiración hacia Gandhi es evidente entre todas las religiones. El pensamiento, vida y obra de ‘Bapu’, como también se le llamaba, representa una de las cumbres más elevadas del siglo XX, pues sirvió de ejemplo para otros líderes sociales de gran estatura, como Nelson Mandela. Gandhi aparece en todos los billetes. El museo no es espectacular, sino modesto, igual que el estilo de vida que adoptó el Mahatma para hacerse uno con el pueblo al que tanto amaba. Para mí era una parada importante. Cuando vi la película hace ya algunos años (con un Ben Kingsley en plan magistral, en una de las mejores interpretaciones en la historia del cine) sentí que se desenredó una madeja que traía yo enredada en mi interior. Me clavé en el asunto de la no-violencia y me volví vegetariano un par de años, para contribuir a la causa, aunque después desistí.

Recorrer el museo fue sin duda una experiencia emotiva. Para Gandhi, Dios es sinónimo de Verdad. Y por ello, “una persona que busca la verdad no puede seguir violento. Esta persona percibe en el curso de su búsqueda, que no tiene necesidad de ser violento y si a la larga descubre que existe un rastro de violencia dentro de sí, fallará en encontrar la verdad que está buscando”. Reconocía a Buda y Cristo como sus maestros, en la senda espiritual de lograr un cambio social a partir de un cambio de conciencia. Afirmaba que la vida pública era reflejo de la vida interior, y por ello, consideraba que los siete pecados sociales son:

1. Política sin principios.
2. Riqueza sin trabajo.
3. Placer sin conciencia.
4. Conocimiento sin carácter.
5. Comercio sin moralidad.
6. Ciencia sin humanidad.
7. Adoración sin sacrificio.

Si uno analiza a nuestra sociedad bajo esta lente, no es tan difícil entender muchos de los males que nos aquejan, en medio de una confusión generalizada, donde la violencia contra la mujer se ha convertido en un mal cotidiano en el contexto mexicano y en otras partes del mundo.

“La cultura donde la mujer no sea honrada está condenada. El mundo no puede seguir adelante sin el hombre y la mujer, sólo puede seguir en la mutua cooperación entre ambos”, decía Gandhi. Coincido profundamente con él.

Gandhi también se asumía como socialista, pero creía que para sólo es posible establecer un verdadero socialismo mediante “la verdad, la no-violencia y la pureza del corazón”, pues el socialismo es “tan puro como un cristal” y requiere de personas así para llevarlo a cabo, por lo cual, hasta 1947, creía que no existía un país verdaderamente socialista en el mundo.

Un gran ser humano. Ejemplo para las nuevas generaciones que buscan respuestas en un mundo lleno de contradicciones.
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La descomposición del Estado, narcoviolencia y cambio de régimen: claves para entender el aumento de asesinatos en México

Leo las noticias en los últimos días y veo que hubo al menos 69 asesinatos en Guanajuato el pasado fin de semana. Leo los empujones de simpatizantes lopezobradoristas contra la marcha por la paz convocada por Javier Sicilia. Leo el asesinato del ambientalista Homero Gómez, defensor de la mariposa monarca. Y todos estos hechos tienen un origen común: el incuestionable aumento de la violencia en México.

Voy a comer con un amigo y me pide una hipótesis sobre qué ha provocado el repunte de la violencia. “El caos de país que vivimos”, respondo. Llevo trabajando casi sin dormir los tres últimos días y el cerebro no da para más. De repente, me viene la inspiración y esbozo una idea, consecuencia de un estudio profundo de la violencia que llevo reportando desde hace ya varios años, en múltiples recorridos por todo el país. Ya sabemos que la moda imperante en México es quejarse y pelear con insultos en redes sociales por estupideces como la rifa del avión presidencial. Pero, contestatario como soy, me aventuro a plantear algunas posibles respuestas por el puro afán de tratar de comprender qué carajos está ocurriendo a nuestro alrededor.

¿A qué se debe que en 2017 y luego en 2018 y otra vez en 2019 México haya roto récord de violencia, tras una ligera caída y un repunte en el número de asesinatos desde 2014? Me parece que la respuesta es eminentemente política. Y para ello es necesario conocer algunos fundamentos de ciencia política.

Desde siempre, el Estado ha sido el principal administrador del crimen. Esa es en esencia, el origen de su existencia: una organización que busca regular la violencia a través del imperio de la ley. El Estado, represor por naturaleza, se reserva el monopolio de la coacción física para imponer la ley. Y sabemos que esta imposición de la ley es, al mismo tiempo, consecuencia de un juego político, donde los sectores más poderosos de la sociedad imponen su ley a los más débiles. La construcción misma del Estado es entonces, consecuencia de un régimen político, el cual se define como el conjunto de instituciones que regulan el poder al interior de una sociedad. Es así que el Estado se convierte en mediador de los conflictos humanos, con el objetivo de impedir que se maten unos contra otros. Por ello, se puede decir que el Estado es “un mal necesario”, capaz de organizar con relativo orden grandes conglomeraciones de personas con distintas maneras de entender el mundo, situación que no ocurría en las comunidades tradicionales anteriores al origen de la civilización.

Por ello resulta muy útil entender primero qué es el Estado, a la hora de tratar de construir un diagnóstico sobre la violencia en México.

El Estado mexicano vivió su auge histórico en la era posrevolucionaria, para luego entrar en un lento y gradual proceso de deterioro que inicia con la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968, como consecuencia de un creciente autoritarismo del PRI. Esta descomposición del régimen priista continuó en los años posteriores, y se evidenció en la reforma política de 1977 y posteriormente en el fraude de 1988, que marcaría el inicio de un bipartidismo de derecha cuyo objetivo en común era imponer un modelo económico neoliberal que maximizaría las ganancias de los sectores privilegiados, precarizando las condiciones sociales de los sectores más vulnerables.

Con la llegada de Vicente Fox a la presidencia de México en 2000, el antiguo régimen priista se desarticuló. Sin embargo, el PRI seguía manteniendo un número importante de gobernadores que, por primera vez, ya no veían al presidente como su jefe político. Esto provocó que los gobernadores se convirtieran en amos y señores de sus feudos, lo cual les otorgó mayor autonomía a la hora de administrar el territorio y las mafias locales. Esta fragmentación del poder político vendría acompañada por una expansión de los cárteles de la droga motivada por una lógica de mercado, lo cual provocó que los conflictos entre cárteles de la droga fueran escalando de forma paralela a las disputas electorales en los años de la alternancia en el poder.

Esto es precisamente lo que da relevancia histórica al fraude de 2006, pues a partir de este acontecimiento, la descomposición del Estado mexicano entró en un proceso de aceleración, a la par que la violencia en el país. La guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón es entonces, consecuencia de un proceso de degradación del Estado mexicano, que llegó a niveles de corrupción sin precedentes mientras la epidemia de violencia echaba raíces en territorios devastados por la lógica neoliberal y una anarquía creciente entre las mafias. El sicariato de Felipe Calderón intentó recuperar la rectoría del Estado en la administración del crimen organizado a través de su principal operador, Genaro García Luna, cuya gestión sólo provocó una mayor fragmentación de las bandas criminales al mismo tiempo que intentaba ordenar el reparto del país entre los cárteles de la droga más grandes: el Cártel de Sinaloa y el Cártel del Golfo, organizaciones que en la lógica del sicariato calderonista, habrían de ayudar al Estado mexicano a eliminar (con relativo éxito) a organizaciones más violentas como Los Zetas, los Beltrán Leyva o los Caballeros Templarios.

Luego de un pico de violencia en 2011, la continuida del PAN se hizo inviable. La violencia en México bajaría momentáneamente entre 2012 y 2014, al mismo tiempo que el regreso del PRI a la presidencia, hizo pensar a muchos que el antiguo régimen priista podría reconfigurarse. Pero la voracidad sin precedentes del nuevo PRI, anclado no en la lógica del nacionalismo revolucionario, sino en la depredación sin cuartel del proyecto neoliberal, detonó en el mayor nivel de corrupción política en la hsitoria del país. Basta citar el caso de gobernadores corruptos, sicarios y ladrones, como Javier Duarte en Veracruz, quien representa la cumbre más alta de un modelo político más amplio que se extedió durante 15 años en todo el país. En 2014, los casos de corrupción política (Casa Blanca, Monexgate, Odebrecht, Operación Zafiro, Estafa Maestra) sumados a violaciones graves de derechos humanos (primer Tlatlaya y Aayotzinapa, seguida de Apatzingán, Nochixtlán, Tanhuato, así como la reconstrucción histórica de casos como Allende) hizo más evidente la descomposición profunda del Estado mexicano y el régimen neoliberal.

Por ello, la aplanadora electoral con la que Andrés Manuel López Obrador llegó a la presidecia de México en 2018, es consecuencia de este proceso de desomposición del Estado mexicano y la urgente necesidad de transformar el régimen neoliberal. De ahí que la llamada Cuarta Transformación de López Obrador, más que un proyecto de gobierno, es en realidad un proyecto de recomposición del Estado mexicano, tal como resulta evidente en la intención de reformar el poder judicial y meter en cintura a los poderes fácticos (principalmente empresarios), además de comabtir la corrupción política. Una tarea para la cual, López Obrador ha echado mano del Ejército como su principal pilar en esta tarea de recomponer el Estado mexicano.

Si bien dentro de la visión lopezobradorista pareciera existir cierto reconoimiento de esta realidad, el esfuerzo de combatir la violencia a través de un nuevo (y necesario) cuerpo de seguridad como la Guardia Nacional, sigue siendo insuficiente para mitigar el número de asesinatos mientras el lento proceso de recomposición del Estado mexicano sigue su curso. Sin embargo, la necesidad de dar resultads urgentes, que puedan ayudar a mantener el proyecto político de la 4T, ha provocado que aún con un fuerte respaldo popular, el gobierno lopezobradorista, rebasado por la realidad nacional, haya cometido errores del tamaño de los hechos en Culiacán, con la captura y liberación de Ovidio Guzmán, lo cual evidencia el grado de descomposición en el que se encuntra el Estado mexicano.

Sin embargo, la 4T ha hecho poco a la hora de involucrar a otros sectores sociales en la recomposición del Estado mexicano, y ha delimitado esta misión a un sector de la clase política, cuyas disputas por el poder siguen arraigadas en las viejas prácticas del sistema político mexicano, como es evidente en las disputas al interior del nuevo partido hegemónico, Morena, cuya fractura parece inevitable aún antes de su propia consolidación como garante del proyecto lopezobradorista. Basta ver hasta dónde es capaz de llegar López Obrador en su intento de reconstruir un Estado mexicano en ruinas, y los resultados de dicho proyecto tendrían que verse reflejados en alguna medida a lo largo de su mandato. Pero el cansancio y enojo social, acumulado de varias décadas atrás, así como las presiones geopolíticas -en el contexto de un imperialismo decadente en EE.UU. y su disputa por la hegemonía global frente a otras potencias- hace que el margen de maniobra de la 4T sea bastante reducido.

Es por ello que comprender el papel del Estado como adminsitrador de la violencia, es un punto crucial para comprender el baño de sangre que padece México. Sin embargo, los medios de comunicación, insertos en la continua disputa por el poder, siguen jugando un papel decisivo en tareas de propaganda y desinformación, al tratar de descarrilar el proyecto político de la 4T con la esperanza de recuperar los privilegios de los que alguna vez gozaron mientras duró el “pacto de impunidad” entre las élites que se forjaron durante el régimen neoliberal. Esto explica también la voraz, tendenciosa y confontativa cobertura informativa que vemos hoy entre los medios, la cual pone en evidencia una abierta confrontación entre dos grupos (chairos y fifís) en continuo choque y con intereses antagónicos.

Lástima que los medios y los comentócratas de pacotilla que abundan en las redes sociodigitales estén más interesados en atizar dicha disputa y discutir temas intrascendentes como la rifa del avión presidencial, antes que hacer una revisión profunda a las causas de la violencia en México, que tiene profundas raíces políticas que prácticamente nadie se atreve siquiera a mencionar.
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Los antipejes

No deja de sorprenderme la retórica anti-AMLO. Los conservadores hablan como si el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hubiera recibido un país próspero y lo estuviera encaminando a la ruina. ¿En serio? ¿En qué burbuja vive esa gente? Ellos por supuesto, no han visitado nunca un ejido, un pueblo pobre, una ranchería, no han siquiera cruzado palabra alguna con la gente que ahí vive y padece los estragos del modelito económico que los conservadores tanto defienden. Y al mismo tiempo se quejan de la violencia, como si fueran cosas ajenas.

El fifí por excelencia piensa que todo México es Polanco. No puede siquiera concebir que haya rincones del país donde no existe conexión de internet. Se quejan de la situación nacional mientras planean su próximo viaje a Europa, al mismo tiempo que en otras latitudes, existen mexicanos que comen agua caliente con sal para tratar de engañar al hambre. Pero eso no les indigna. Consideran que ayudar a los más necesitados es populismo. Defienden los beneficios de una supuesta meritocracia como si hubieran crecido y prosperado en la sierra Tarahuamara y no en las Lomas de Chapultepec. Siguen pensando que los clasemedieros son los únicos que trabajan, que los pobres son pobres porque quieren y no quieren trabajar. Habría que verlos cargando bultos de cemento bajo el rayo del sol, arando la tierra, o exponiendo la salud en trabajos miserables y mal remunerados, en lugar de oírlos decir estupideces desde la comodidad de la computadora. Se asumen como “capitalistas” cuando en realidad son unos pobres asalariados acomplejados, o en el mejor de los casos, tienen un changarrito familiar. Pero eso sí, nadie les va a arrebatar su derecho a la infamia, y harán todo lo posible por defender la propiedad privada, porque en el fondo, anhelan fama y fortuna, para tratar de sobrellevar el insoportable vacío existencial que padecen cada vez que se miran al espejo. Cualquier cosa que aluda a la cooperación como forma de convivencia social, será vista como una conspiración comunista y representa una amenaza que debe ser aniquilada. Los antipejes no proponen nada, sólo se quejan.

Así de pobre y limitada es su capacidad de interpretar el mundo.

Lo curioso es que aquellos que más se quejan del Peje, son los mismos que defendieron durante años el sicariato de Felipe Calderón, los mismos que decían que extrañarían a Peña Nieto porque los hacía reír con tantos memes. Cegados en su frivolidad, no se dieron cuenta que el país se fue al carajo mientras ellos nomás se reían viendo el Feis.

El derroche de ignorancia es tal, que las críticas estúpidas a López Obrador son por cosas tan triviales o insulsas como la rifa del oneroso avión presidencial, mientras las grandes contradicciones de la 4T, como lo ocurrido con la termoeléctrica de Huexca, donde vimos la peor versión de Andrés Manuel, pasó inadvertida.

Y eso se debe a que los intereses de los medios de comunicación que gobiernan las insípidas mentes de #LaBorregada, sólo se ofenden cuando se atenta contra los intereses del capital financiero trasnacional. Lo demás, les importa un carajo, así se trate de exterminar y arrasar con pueblos enteros.

Los antipejes suelen ser el mismo tipo de personas que creen que no usar popotes o bolsas de plástico salvará al planeta de la crisis ecológica, los mismos que vociferan si no hay crecimiento económico, aún cuando ese crecimiento económico contamina el aire, el agua, la tierra y envenena animales, plantas y personas. Por supuesto, ellos no se dan ni por enterados que los patrones de acumulación de riqueza o la mecánica de producción-consumo del sistema capitalista, son el trasfondo de la catástrofe ambiental que padece el planeta.

Pero ellos, muy tranquilos, siguen renovando su teléfono celular cada año, para estar a la moda. Eso no es un atentado contra la ecología, por supuesto que no. Es simple y sencillamente estar al día, para tomarse selfies más sofisticadas. La fastuosa galería de la podredumbre humana.

¡Cuánta frivolidad! ¡Qué derroche de ignorancia!
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Eres lo que sueñas

No tengas miedo de ser quien eres,
que el mundo se entrega como un regalo
a los valientes,
aquellos guerreros que han forjado su voluntad
en el fuego de la carne,
esos héroes que han logrado derrotarse a sí mismos
en la eterna lucha contra las más viles pasiones humanas.

No temas al caos, suelta los amarres,
lánzate a lo desconocido,
deja que el misterio y el azar
respiren a través de ti.

Déjate caer. Sólo aquellas aves
que no temen arrojarse al vacío
son capaces de aprender a volar.

Libérate, crece, ama sin condiciones,
baila a ras de luna,
que la vida es momentánea
y se va en un suspiro.

Eres lo que sueñas.
Eres lo que sueñas.
Eres lo que sueñas.
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Mismalencia

La gente transcurre
tan igual,
todos caminan por la calle
con la misma máscara,
las mismas dolencias,
ausencia tras ausencia,
todos transitan por la vida
con la misma fatiga,
la misma intrascendencia,
cargando sobre sus espaldas
los mismos ataúdes,
las mismas heridas.

Y yo sigo ahí,
fuera del mundo,
inventando canciones,
remando en la órbita
de un sueño tan azul.

Somos un río de
tibias semejanzas,
rumor de agua,
somos la erosión
de los pies descalzos,
corazón sin astillas,
una fragata,
somos travesía,
una encrucijada,
una triste carcajada
aleteando en el viento.
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Derviches y mística sufí: una danza giratoria para fundirse con lo divino

Si tus pensamientos son rosas, todo a tu alrededor será un jardín de rosas. Si tus pensamientos son espinas, todo a tu alrededor serán espinas.
Rumí (poeta y místico sufí).

Canto, danza, poesía. La mística sufí es una cosa muy particular e interesante. El término derviche, proviene de la palabra persa darvīsh, que significa el “umbral de la puerta”. A través de la oración y sema, la danza tradicional con la que, girando, los derviches se vuelven uno con Dios. Con la mano izquierda hacia arriba para recibir la gracia divina y con la mano derecha hacia bajo para llevar al pueblo dicha gracia, el derviche se convierte en un intermediario del mundo invisible y la realidad cotidiana en la vida de los seres humanos. El particular sombrero que llevan puesto los derviches, sikke, representa una tumba, la disolución del ego. Salir del cuerpo para fundirse con la eternidad. La mística danzante de girar hasta volverse uno con el todo. Fascinante.

La historia de la civilización: el surgimiento y caída de grandes imperios (MAPA año por año)

Nada es para siempre. Solemos creer que los territorios, las naciones y los países son eternos. Pero en realidad son mucho más efímeros de lo que pensamos. Un país es un momento dentro de la historia. Todo es mezcla, constante cambio. La única constante es la guerra, la eterna lucha entre tribus, clanes, imperios. Eh ahí el rostro de la humanidad, resumido en la historia geoplítica del mundo.

Fuimos

Fuimos sombras movedizas
perfumando el crepúsculo.

Fuimos la erosión de dos cuerpos lejanos
y la noche a la deriva.

Los dedos dolientes que apenas rozan
el invisible transcurrir de la carne.

Fuimos un beso desnudo
acampando a la intemperie.

Fuimos aves a ras de suelo
construyendo el mañana.
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Tú conoces

Tú conoces

Tú conoces mis instintos.

La osadía de ser tan solo un recuerdo.

Tú conoces la oscuridad que llevo tatuada en mi pecho.

Los demonios cuando reptan del inframundo a mi sueño.

Tú conoces las inconfesables pasiones secretas
que gobiernan la vida de los hombres.

Conoces lo que hay más allá
de simples palabras.

Has visto a las orugas retorcerse
en las brasas de la tierra incandescente.

Has visto a las luciérnagas fosforecer de amor
en medio del bosque y la lluvia.

Has visto el tapiz que decora las paredes
de palacios y habitaciones jadeantes.

Tú conoces a qué sabe la soledad.

Sólo tú conoces lo que hierve en la entraña.

Y sabiendo todo eso,
nomás te da por fingir demencia
para que nadie descubra tu verdadero rostro
que se esconde
bajo el antifaz de la inocencia.

Y los gatos se muerden
gimiendo el amor entre los surcos
de la noche desgarrada,
se muerden y se hieren
como hiere la espera entre los cardonales,
y se lamen y se entierran
y rasguñan y se gozan
mientras sueñan con lanzar
una plegaria al cielo.
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Preludio y travesía

Hacía mucho tiempo
que no sentía aquella ligereza
del corazón derramado en el viento.

Acaso fue
el alquitrán que se acumula en los sueños,
cuando todo se estanca en el comfort
de una muerte lenta.

Ya extrañaba yo
adentrarme en el misterio,
extraviarme en la soledad del camino
y el tiempo-carretera
donde uno termina siempre
por encontrarse a sí mismo.

Cada vez que me voy
regreso a mi centro,
al punto de partida donde germinaron
todas las flores.

Toma la mochila, empaca apenas lo necesario,
la sed de vivir,
que la vida es apenas un suspiro
palpitando en el frío de la montaña,
un remolino de querencias cabalgando el aire,
la hoguera donde van a morir las azucenas.

Mi lengua de labios morados respira
en el pastizal de los sueños forajidos.

Mis pies sedientos buscan emular la eternidad
en un inmenso laberinto de tierra.

La luna me miró a los ojos
y en su blanca tez de arena
yo vi todos los colores del amanecer.
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Deja que suceda

Hay que dejar que el azar suceda
para saltar de una dimensión a otra.

Es el carácter aleatorio de la vida
lo que a veces ayuda a construir sentido.

Hay que aprender a perder el control
de vez en cuando,
para darnos cuenta que nada está bajo control.

Sentirse bien es un hábito,
la deliciosa costumbre de que todo valga madre.

Hay que dejarse seducir por el instante,
ese cúmulo de percusiones en el alma.

Deja que el tiempo escurra
en las comisuras de tu boca.

Procura vivir el momento para no tener
que pagar durante años
esa deuda idiota de la inútil mesura.

Deja que el sonido del mar te bese los pies,
deja que la noche gobierne tu instinto felino.

El secreto de la alegría yace en la claridad del aura,
vivir sin culpas y a la deriva sobre un bote sin remos,
siempre inmerso en el caudaloso río
donde habita lo inesperado.

Somos un atisbo de lumbre
propagando luz en la devoradora tiniebla.

Somos una madeja de nostalgias sin freno,
un acorde gravitando en el turbio aire
de la noche.

Deja que suceda el vino, la sangre y la poesía.

Deja que suceda la fatiga, el ansia, el amor a deshoras.
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El amor como salida a la falsa dicotomía machismo-feminismo (y otras dolorosas verdades)

Entre más estudio ese gran misterio de la condición humana, más comprendo que hay cosas inevitables, como la violencia. No ha existido nunca, en ninguna época, ni en ninguna cultura, persona que no haya sido expuesta a algún tipo de violencia o que no haya ejercido nunca algún tipo de violencia contra otros. Eso es una dolorosa verdad que muchos no están dispuestos a reconocer, y prefieren seguir embriagados en fantasías infantiles, pues no toda la gente está preparada para asimilar la crudeza que suele acompañar a las grandes verdades humanas.

Siempre existirá la guerra, siempre existirán las vejaciones, las masacres, y también siempre existirá gente temerosa, fácilmente manipulable y susceptible a aceptar los discursos de odio como una forma de lidiar con sus propios miedos. La manipulación es una técnica relativamente sencilla que consiste en exagerar unos datos y minimizar otros. Esto crea una distorsión, una gran mentira fabricada con medias verdades. Por eso es tan fácil engañar a la gente con una mentira fabricada con retazos de verdad. Y para darse cuenta de esas cosas, se requiere fortalecer la espiritualidad, develar el velo de maya, la ilusión. Y bien dicen los hindúes que la ilusión primera es la ilusión de la separación. La persona despierta y consciente, se da cuenta de estas cosas, pero el despertar espiritual no es algo que se consiga de la noche a la mañana, o que se pueda conseguir con una receta. Es ante todo, una actitud frente a la vida.

Tras leer un artículo sobre la ingeniería social y la manipulación de masas detrás del discurso del feminismo (que en su expresión más extremista ha llegado a la locura y estupidez de criminalizar a todos los hombres como asesinos y violadores potenciales), me queda claro que los discursos de odio no podrán resolver los grandes problemas humanos. La única forma de lograr la necesaria reconciliación de los sexos y trascender la falsa dicotomía feminismo-machismo -al igual que ocurre con el racismo o el clasismo tan de moda hoy en día- es optar por una tercera vía: el amor.

Lástima que en una era donde abundan los discursos de odio, hablar de amor sea algo tan anacrónico y anticuado, algo tan incómodo para los expertos en manipular a las masas temerosas. Por eso el perdón, la compasión, la justicia, la virtud, y su vínculo con la divinidad, son verdades universales que han estado presentes en prácticamente todas las culturas, de todos los tiempos.

Sólo el amor a todas las cosas, podrá sacarnos de la confusión que vive nuestra sociedad actual. El amor, y no el odio, es la única vía para ser feliz y al mismo tiempo resistir las muchas terribles verdades del mundo. Observen a la gente amorosa a su alrededor, y verán que hay algo de verdad en esto que digo yo. Sólo el amor puede trascender la maldad que anida, sigilosa, en el corazón de las personas. Esta es una verdad muy antigua.
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El retorno a lo sagrado (y el problema de la metafísica occidental)

La sabiduría debe tener un fin práctico. El gran problema de la metafísica occidental moderna, basada en la creencia de la razón absoluta, es creer que el conocimiento intelectual puede resolver todos los problemas de la humanidad. De este modo, la ciencia moderna, carente de emoción, pretende sustituir la espiritualidad por la ética. Pero resulta que la ética no es sino un razonamiento que trata de justificar las acciones humanas a partir de una definición del bien y el mal. Amputada de emotividad, desde la cual surge la compasión, la ética se reduce apenas a un planteamiento racionalista incapaz de conmover.

Esta idealización extrema tiene otro problema, pues al fundamentar nuestras acciones ‘en lo que debería ser’ y no a partir de ‘lo que es’, la lógica enmascara las verdades más profundas de la existencia humana y la recubre apenas con una capa de neurosis. Y esto provoca que mucha gente se pierda en falsas idealizaciones que poco o nada tienen que ver con la realidad. Por ello, en todas las tradiciones místicas, la emotividad juega un papel clave, pues solo al mirarnos desnudos, frente a frente en el espejo de las emociones, es que el ser humano pueda desarrollar y fortalecer su espíritu, siendo la compasión y la justicia, el estado supremo de la conciencia, donde cada cosa yace en el lugar que debe estar.

La ética puede servir para trazar mapas, pero nunca será lo mismo trazar líneas que andar a pie por el áspero camino de la vida, sentir el polvo entre los pies con el frío viento de la montaña soplando en el rostro.

Sólo cuando logremos sincronizar los corazones, libres de miedo, podremos dar el gran salto de conciencia que demanda nuestro tiempo. El retorno a lo sagrado y revivir a los dioses muertos, es la gran misión de nuestra época. Por eso sostengo, sin temor a equivocarme, que sólo los poetas podrán salvar al mundo, con sus palabras cargadas de sentido, palabras que son alquimia, conjuro, canto, y nos revelan el origen de todas las cosas.

¡Poetas del mundo, uníos!
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Venimos del cielo

Somos descendientes del cielo,
pues allá,
mucho más allá de la estratosfera,
se encuentra
nuestro origen cósmico.

Venimos de lejos,
de la otra orilla del sol
para poblar este rincón
de tierra y agua,
esta piedra flotante
donde transcurren
nuestras alegrías y tristezas,
ahí donde se escriben
los días de gloria y de ruina,
la carne y el anhelo,
la historia del hombre.

Descendemos del cielo
y en la tierra encarnamos
un sueño que habla
de los confines del tiempo
que duerme y despierta
en nuestro interior.

Una explosión de blancos avatares
merodeando el universo.
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Satelital

Yo sólo fui
un breve sorbo
de besos hirientes
girando
en tu órbita
de estrella lejana.

Yo sólo fui
un vaso roto
navegando
en las aguas
del ensueño,
movedizas,
un témpano
espolvoreado
de lunas
tan frías.

Yo sólo fui satelital,
un mago-juglar
sediento
de camino virgen,
el vago alegre
que de tantos amores
la boca tatuada lleva.

Yo sólo fui
el preludio de un beso
en la imaginación
del poeta,
temperamental
y clarividente,
un negro escarabajo
que se acuesta
cada noche
a mirar el cielo.
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Pobrecilla

 

Lo suyo
fue
venganza
encubierta
en el difraz
de la inocencia.

Un velo de novia,
arácnidamente
mortecina,
ejerciendo
su tiránico papel
de victimaria
víctima.

Pobrecilla.

Victimaria víctima
de sí misma.
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Confucio y de cómo un buen gobernante es aquel que vive en armonía con el Cielo

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Leo sobre el pensamiento de Confucio, quien afirmaba que un ser humano pleno es aquel que vive en armonía con el Cielo (el orden natural de las cosas), y la cabeza se me llena de ideas.

Esta doctrina señala que el ser humano tiene el deber de autoperfeccionarse mediante la introspección y el estudio.

“Si lo logra, tendrá conocimiento de sí mismo y de los deseos del Cielo, lo que le servirá para desarrollar su Li, que significa los ritos, las ceremonias, la rectitud y las buenas formas interiorizadas. El Li es útil para desarrollar el Ren que se podría traducir por «buenos sentimientos hacia los demás hombres». La práctica del Ren supone las virtudes Zhong y Shu, que se traducen aproximadamente como ‘lealtad’ y ‘perdón’, o como ‘fidelidad’ y ‘compasión’. Si el hombre tiene Ren, podrá fácilmente practicar la justicia, los buenos principios, llamados Yi”, explica un texto en Wikipedia.

“El hombre que practica las anteriores virtudes es un Junzi, un hombre superior (…) El Junzi sería educado y justo, la (virtud) le sería inherente y siempre estaría en el Justo Medio, que indicaba la necesidad de moderación en todo. Además, el Junzi conoce y respeta los mandatos del Cielo, y conoce el propio”, agrega la enciclopedia.

Para el confucianismo, “el mal gobierno contradice el orden natural y viola el Mandato del Cielo. El gobernante que se conduce así pierde su legitimidad y puede ser depuesto por otro que recibirá este mandato”.

Así, el buen gobierno sería aquel que predica y ejerce la virtud. La legitimidad de un buen gobernante dependerá entonces de su ejercicio de la virtud. Esto es una visión interesante que pone en entredicho lo que pasa hoy en día con las democracias liberales, donde se piensa que la legitimidad es consecuencia de las elecciones populares, independientemente de la conducta y las acciones del gobernante.

Mezclándolo con otros conceptos del hinduismo, podríamos decir que un requisito para ser un buen gobernante es tener buen karma.
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El cambio climático es, ante todo, una lucha por el poder

 

Leo las conclusiones de la COP y cada año es lo mismo. Quien crea que la situación ambiental cambiará en estas cumbres internacionales de cambio climático, está en un rotundo error.

“Los países más contaminantes secuestraron la Cumbre de Cambio Climático – COP25”, titula el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en un comunicado. “La Cumbre del Clima de Naciones Unidas que más ha durado de todas las celebradas hasta el momento, COP25, concluye con los grandes países contaminantes como EE.UU., China, India, Japón, Brasil y Arabia Saudí, entre otros, eludiendo su responsabilidad de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Esta postura ha bloqueado el progreso de las negociaciones climáticas en Madrid”, señala WWF.

El problema de raíz del capitalismo, es que la acumulación de riqueza te vuelve fuerte frente a otras tribus-naciones. Renunciar a la acumulación es renunciar a la posibilidad de dominar al otro y volverse susceptible de ser dominado. ¿Cómo corregir esa falla sistémica?

Las naciones no están dispuestas a dejar de acumular riqueza y eso implica más explotación, más producción, más contaminación. Así como el feudalismo fue devorado por una pujante burguesía, es probable que el capitalismo reviente por imparables oleadas masivas de pobres que anhelan acumular riqueza como los países ricos. Algo que, de hecho, ya está sucediendo. Basta revisar el crecimiento económico de China y la manera en que India desplazará a EE.UU. como la segunda economía del planeta para 2040, según consultoras como el Foro Económico Mundial, PwC o Standard Chartered. Algo que modificará por completo la correlación de fuerzas a nivel global.

Quizá la única posibilidad viable de implementar políticas socialistas en el mundo, sea a través de relaciones de poder más equilibradas entre distintos bloques geopolíticos. Y esto se explica porque también existe una tendencia a construir bloques regionales como un mecanismo de fuerza, para contener amenazas externas.

La lógica de la acumulación como sinónimo de poder, sólo tiene sentido en un régimen profundamente desigual.

Combatir el cambio climático no sólo implica reducir el consumo como la forma más salvaje de acumulación y explotación de la naturaleza. De ahí que resolver la crisis ambiental implica, sobre todo, una lucha política entre ricos y pobres. Mientras la pobreza siga siendo utilizada como instrumento de dominación, el ser humano estará condenado a la autodestrucción frente a la crisis climática.

El momento histórico que vivimos requiere cambios de fondo en nuestra manera de concebir la propiedad, es decir, nuestra concepción de la justicia. La única salida a la crisis del mundo es promover un gran salto de conciencia. Y para ello se requiere una nueva metafísica.
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La diferencia entre el sabio y el intelectual

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La historia es siempre perspectivística.

Pero a lo largo de nuestra historia humana, siempre ha existido una constante: la diferencia entre un sabio y un necio.

La gente de conocimiento trata de comprender su entorno más allá de sus propios prejuicios, es curiosa por naturaleza, explora, cuestiona, no se engaña, pone atención a la relación que existe entre el mundo interno y el mundo exterior, y por lo mismo, suele tener una mayor sensibilidad.

Los necios, en cambio, intentarán siempre aferrarse a cualquier discurso o ideología que les permita justificar sus miedos y odios más profundos.

El sabio tiene una peculiar propensión al amor y la compasión, pues al saberse parte del todo, es capaz de adentrarse en el corazón de las otras personas y entender sus debilidades.

El necio, en cambio, muestra una tendencia natural a la agresión, pues siente un terror profundo ante lo mucho que ignora. Intelectualizar sin compasión, engendra monstruos y tiranías espantosas.

En algún punto de esta dicotomía, entre el sabio y el necio, se encuentra la delgada línea que divide al bien y el mal.

La verdadera sabiduría sólo es posible cuando la razón pasa antes por el filtro del corazón.

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