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Del amor, el arte y otras tantas patologías

Munch

 

Las personas inteligentes y sensibles son más propensas a los trastornos mentales. No es casualidad que muchos grandes artistas, hayan vivido inmersos de grandes depresiones o que muchos terminen suicidándose. Vivimos en una era donde las enfermedades mentales son más comunes que en cualquier otro momento de la historia, debido al proceso de desarrollo histórico de nuestras sociedades, sociedades donde se han roto muchos de los lazos comunitarios que en antaño permitían contener esta propensión de las personas a los desequilibrios mentales. Esto explica en buena medida, la epidemia de depresión, ansiedad, compulsiones o fanatismo, expresiones cada vez más comunes en nuestras sociedades. La enfermedad mental no es otra cosa que un desequilibrio anímico, un desequilibrio del alma. La neurosis de la medicina moderna, víctima de sus propios vicios, ha provocado un sobrediagnóstico de estos desequilibrios anímicos, lo cual ha provocado que se ‘inventen’ o se cataloguen como enfermedades mentales cosas que en otros tiempos no eran tales. “Tiene ásperger, tiene déficit de atención, padezco TOC (trastorno obsesivo compulsivo)”. De este modo, la sobrespecialización médica produce enfermos a los cuales hay que diagnosticar para venderles medicinas, tratamientos, etcétera. Y es así que muchos médicos condenan a sus pacientes a la enfermedad, pues el paciente termina asumiéndose como una persona enferma. Esto, desde luego, es un eficiente instrumento de control social. Si una persona padece un desequilibrio anímico, se debe a que está enferma. ¡Pobrecito! Esto maquilla y disfraza las causas profundas que produjeron el desequilibrio anímico. En muchos casos, esto implica un proceso de autocompasión en el que la persona diagnosticada como enferma mental, siente lástima de sí misma, lo cual no hace sino reforzar el desequilibrio al mismo tiempo que ‘libera’ de responsabilidad a las personas sobre su propio bienestar anímico, generando un círculo vicioso en el que la supuesta patología se convierte en explicación y justificación del malestar. “No es mi culpa, es que nací con una enfermedad”. Este proceso tiende a menguar o quebrar la voluntad de las personas. Lo mismo pasa con el “diagnóstico” de muchos problemas (enfermedades) sociales, como la pobreza, fenómeno que si bien se explica a partir de factores sociales específicos, en última instancia esto no es sino una ilusión que puede romperse. Por eso me molestan tanto los estudios sociales que condenan a la pobreza al pobre que se compadece de sí mismo. Al igual que la medicina, los “expertos” de las ciencias sociales quitan al pobre responsabilidad sobre su propio destino. “Estudio señala que el 90% de la gente que nace pobre, muere pobre”. Si uno termina creyéndose el cuento, puede acabar condenado a la pobreza, convirtiendo esa situación en justificación de su propia miseria existencial. Paradójicamente, algunas personas que simple y sencillamente no hacen caso de estos expertos, pueden romper esas barreras y sortear con éxito las muchas dificultades y barreras estructurales que plantean fenómenos complejos como la pobreza. En contraparte, esto mismo ocurre en los estratos altos de la sociedad, donde los ricos pagan a sus propios expertos para inventar un relato sobre cómo su riqueza es consecuencia del “trabajo duro” y su “propio esfuerzo”. Esto ‘libera’ de culpa al rico, quien termina creyéndose sus propias mentiras (“los pobres son pobres porque no quieren trabajar”) para no reconocer que en el fondo de todo proceso de acumulación subyace la explotación de otras personas. Esto explica también esa propensión de las clases altas a promover la caridad, como un mecanismo liberador de culpas, aún cuando esa caridad termina reforzando las relaciones de poder de unos sobre otros, condenando al rico a seguir preso en su delirio de supuesta superioridad sobre el pobre, relato que tatata de justificar relaciones de dominación. De ahí la importancia de promover, como bien afirma Paulo Freire, una pedagogía donde el oprimido pueda liberarse de su opresor, pero que al mismo tiempo, el opresor se libere de su necesidad de oprimir al otro. Un proceso de liberación que busca restablecer el equilibrio anímico en una sociedad enferma. De este modo, muchas patologías sociales no son sino la extensión de desequilibrios mentales que experimentan las personas. Y es aquí donde anidan los fanatismos, esos discursos llenos de animadversión, con los que muchas personas buscan contrarrestar el dolor que produce un desequilibrio anímico arremetiendo contra ‘los culpables’ de su propia desgracia. Una vez más se reproduce el nudo neurótico, que tiende a la autocompasión como una vía que tiene la psique para tratar de justificar un malestar emocional y mantenerse a flote. El nudo neurótico se convierte entonces en un mecanismo de la mente para sobrellevar un gran malestar anímico, es una válvula de escape para preservar la vida en un medio ambiente hostil. ¿Les suena familiar?

De este modo, las enfermedades mentales y las patologías sociales tienen una misma raíz en común: ambas son consecuencia de un desequilibrio del alma. Y no existe en el mundo una medicina, fármaco o droga capaz de aliviar las muchas tensiones, dificultades y contradicciones que plantea la existencia humana, algo que solo puede resolver una introspección profunda que nos ayude a comprender el fluir de la mente. Este sencillo patrón que se reproduce continuamente en la vida de las personas es capaz de explicar todos los males del mundo como consecuencia de un desequilibrio. La vida, por definición, es precisamente eso: un equilibrio energético mediado por reacciones químicas ordenadas que sostienen el metabolismo, ese fascinante proceso evolutivo en el que la materia inerte comenzó a ordenarse de tal modo, que con el paso del tiempo engendró el milagro de la vida. Esto explica la razón por la cual, la aparición de la vida es una manifestación del universo en busca de su propio equilibrio. Lo curioso, es que ese momentáneo y efímero equilibrio al que tienden todas las cosas, es consecuencia del movimiento, y ese movimiento a su vez, se produce a partir de un desequilibrio que busca de equilibrio. Es así que las grandes contradicciones generan el movimiento generador de la historia y la existencia humana. Paradójicamente, la búsqueda permanente del equilibrio es aquello que hace que las cosas sucedan. Esta gran enseñanza fue brillantemente plasmada por los taoístas en el ying-yang, símbolo que a partir de la complementación de los opuestos, genera el movimiento fundamental que explica el origen de todas las cosas. Como un trompo que encuentra un momentáneo equilibrio a partir del movimiento, para luego sumirse en el caos, una vez que el impulso comienza a decaer, hasta permanecer quieto, inmóvil. Pero a diferencia del trompo, este proceso es un flujo continuo de energía donde el movimiento se convierte en calma y viceversa, del mismo modo que la vida engendra muerte y la muerte engendra vida. Un continuo vaivén que el sabio Lao Tse denominó como ‘el ritmo del Tao’, ese continuo devenir que explica la existencia de todos los seres.

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Toda esta reflexión viene a colación, debido a una plática filosófica que sostuve ayer con un viejo amigo que hacía tiempo no veía. Para mí, conversar con otras personas sobre la vida -esa cosa misteriosa, maravillosa y terrible- es un aspecto fundamental en mi propio camino, mi muy personal búsqueda del equilibrio. A lo largo de mi vida, me he enamorado profundamente un par de ocasiones. En ambos casos la situación terminó mal. Llevo tiempo dándole vueltas a esa situación, tratando de entender por qué. Ambas mujeres, poseían una mezcla de sensualidad y locura que me parece absolutamente irresistible. Mujeres inteligentes, sensibles y explosivas, igual que yo, situación que generaba una extraña “atracción repulsiva” difícil de sobrellevar. Ambas chicas, además, manifestaban (desde mi perspectiva, al menos) una especie de desequilibrio anímico que me parecía hermoso, y al mismo tiempo, despertaba mi curiosidad por tratar de descifrar lo que había debajo de la superficie. Estas inquietudes mías me hacen propenso a buscar personas con este mismo tipo de inquietudes. Me aburren terriblemente las mujeres frívolas, huecas. Pero el problema es que esa misteriosa atracción que ejercen sobre mí estas mujeres pantera, puede ser muy difícil de sobrellevar. Tras varios amargos desencuentros, las cosas terminaron mal en ambos casos. Pero eran cosas que yo tenía que enfrentar para seguir creciendo. “Aprender es cambiar”, dijo el primer Buda al alcanzar la iluminación. Con la primer chica, aprendí que existen personas con una terrible necesidad de morder para tratar de lidiar con sus propias angustias. Por aquel entonces yo era un ‘hippie‘ que procuraba llevar el amor hasta sus últimas consecuencias. Tras llevarme varios chingadazos en el camino, aprendí una durísima lección que durante años me produjo una gran tristeza: no existe la maldad, solo un puñado de gente herida. La necesidad de hacer daño proviene de un daño recibido. “La oscuridad es la sangre de las cosas heridas”, resumió Borges en un inolvidable y espléndido verso. Esta es una verdad terrible e inevitable, pues comprendí que a pesar de todo el amor que uno pueda dar, en el mundo siempre habrá gente lastimada dispuesta a hacer daño. Comprendí entonces, la raíz de la violencia, algo que puede contenerse pero jamás podrá erradicarse, pues siempre existirán personas heridas. Yo me había vuelto vegetariano para tratar de erradicar la violencia, pero a partir de entonces, comprendí que lograr aquello era simplemente imposible. Volví a comer carne, ya sin la culpa de hacer daño. La verdad puede ser un bocado dolorosamente amargo, no apto para cualquiera. Curiosamente, a partir de entonces mi vida mejoró en muchos aspectos. Me volví más duro, pero eso permitió que pudiera impedir que otros abusaran de mí, como solía permitir con más holgura en otros tiempos. No me gustaban las reglas de su juego, pero si no había más remedio que jugar en esos términos, estaba decidido a no dejarme vencer. Tras una depresión de varios años regresé al ruedo con el cuchillo entre los dientes, más fuerte. Eso me permitió abrir puertas que hasta entonces habían permanecido cerradas. Supe que era momento de ajustar cuentas pendientes con viejos fantasmas. Una vez más, terminé herido tras el encuentro pero sobreviví, más fuerte, como el ave fénix que regresa siempre de sus cenizas. No pasó mucho tiempo para que terminara involucrándome con un nuevo amor, una chica de una ternura secreta que me deslumbró. Ella también había visto ese otro mundo, esa otra realidad que va más allá de las falsas apariencias, me lo mostró una vez, pero al mismo tiempo, parecía obstinada en engañarse a sí misma. Su brillo parecía ser opacado por un compulsivo deseo de venganza. Aquello me pareció todo un enigma que traté de descifrar. Me daba curiosidad y al mismo la amaba, por lo cual, yo sentía el deber de advertirle los peligros que yo percibía a su alrededor. Y ocurría entonces que ella explotaba, iracunda, al sentirse expuesta, vulnerable. Utilizaba su máscara de víctima para disfrazar su anhelado deseo de venganza, su profundo resentimiento que alguna vez le hicieron daño. Una persona cegada por la ira es incapaz de amar, a pesar de tener mucho amor escondido en su interior. Pasé varios meses tratando de entender esa situación, hasta que durante la noche me fue revelada la última pieza del rompecabezas a través de un sueño. Comprendí entonces, de dónde provenía la repetición de mi propio patrón, esa tendencia aparentemente inexplicable a la hora de relacionarme con mujeres tan intensas. Pero a pesar de los malos ratos, aquellas experiencias dejan siempre un gran aprendizaje para quien está atento a escuchar lo que tiene que decir su propio corazón. No hay peor infierno en este mundo que quedarse con las ganas de intentar aquello que nos mueve a actuar, desde el fondo de las entrañas. Y también por eso, no hay nada peor para la salud que rodearse de gente lúgubre y tóxica, insoportablemente negativa, gente chiquita que se droga con respuestas fáciles que los ayudan a evadirse, huir de sí mismos, respuestas fáciles que no los incomodan, no los confrontan con sus propios miedos, y así permanecen, rehenes de sus propios miedos, aterrados de su propia sombra. Por eso se estancan, no crecen, no aprenden, se pudren por dentro. “El deseo contenido engendra peste”, escribió sabiamente el poeta William Blake. Yo no dejo que se acumule la peste y a veces prefiero darme el lujo de cometer ciertos arrebatos de locura -a pesar de los riesgos y las consecuencias que traen consigo los propios errores- antes que convertirme en un depósito de peste y dejarme infectar con el virus de la desesperanza. La gente muere y se pudre por dentro cuando las ganas de vivir se desvanecen, las ganas de experimentar, de comerse el mundo a puños. La vida verdadera solo es posible cuando existe voluntad de vivir. En eso consiste el auténtico poder, esa capacidad de hacer cosas a pesar de las adversidades, y por eso mismo, ese otro loco furibundamente genial llamado Nietzsche, consideraba esa ‘voluntad de poder’ como el fundamento mismo de la vida. La voluntad es la gasolina para que pueda ponerse en marcha la pulsión de vivir.

Todo eso es lo que he ido aprendiendo con el paso de los años. Soy un tipo sensible y curioso, situación que me ha llevado a recorrer sendas un tanto extrañas para tratar de comprender los más profundos secretos de la existencia humana. Evidentemente, una búsqueda así no es tarea fácil. En el camino uno puede descubrir verdades terribles, difíciles de sobrellevar. Es entonces cuando uno debe encomendarse a otras fuerzas, para luchar y no dejarse devorar por el monstruo interno. Hay personas que, en esos momentos cruciales, prefiere huir antes que enfrentar al monstruo, por el peligro de salir herido de muerte. Habemos en cambio, personas que, por alguna misteriosa razón, preferimos mirar al monstruo directo a los ojos y cortarle la cabeza. Este triunfo espiritual -presente en el inconsciente colectivo y plasmado en todo mito fundacional de los pueblos y que narra la travesía del ser humano sobre la tierra- es aquello que nos hace crecer, pues sólo cuando uno es capaz de enfrentar sus miedos y salir vencedor en la épica batalla, se encuentre un pasito más cerca de volverse uno con la eternidad, hallar cada quien su lugar en el mundo, disolverse con la nada, volverse inmortal. Esto explica la razón por la cual, los héroes mitológicos parecieran estar rodeados de un áura especial que lo anima a enfrentar toda clase de peligros en busca de su realización espiritual. El héroe es aquel que se realiza en medio de la adversidad. Esa lección la aprendí del supremo arte de la ficción. Por eso yo creo que la verdadera cura para contrarrestar los desequilibrios anímicos del mundo, cuna de todo mal, reside en el arte. Y cuando digo arte, no me refiero a una actividad autocomplaciente que se limite simplemente a un goce estético. El verdadero arte debe confrontarnos con nosotros mismos, sacarnos de nuestra zona de confort, el verdadero arte debe contener un arte-obstáculo que permita también un arte-redención, un arte-alivio, capaz de restablecer el equilibrio perdido inherente a toda la existencia humana. Y esto se debe a que el poder curador del arte proviene de su capacidad para replantear los cimientos del mundo. Si la realidad es un consenso construido socialmente a partir de la percepción, y la percepción es una representación simbólica de la experiencia sensible, esto significa que para convertir la desdicha en alegría es necesario trastocar los símbolos a partir de los cuales interpretamos nuestra realidad. Es aquí donde se produce la transmutación, como bien sabían los antiguos alquimistas que buscaban convertir plomo en oro a través de la piedra filosofal. La verdadera magia no es una mera farsa, como creen ingenuamente los voceros del racionalismo imbécil, sino por el contrario, la magia es esa capacidad de reconfigurar nuestra percepción del entorno, para convertir ls mierda en flores, el agua en vino. Por ello, el poeta es siempre mago y curandero, pues la palabra es conjuro, resonancia cósmica, depositaria de todas las verdades. El poder transgresor y purificador del arte consiste en la metáfora, esa ‘otra forma’ de percibir y sentir el mundo, esa facultad que tienen algunos seres luminosos para “sentir con la imaginación”, como alguna vez dijo Pessoa. La ficción se revela entonces como el fundamento mismo de la realidad. El verdadero arte es un acto sublime capaz de transformar el dolor en dicha y esperanza, germen de futuro, pues el artista sabe muy bien que la fe no es otra cosa sino la certeza de que todas las cosas pasan por algo, y que el dolor puede ser también un gran maestro en nuestro camino hacia la iluminación, la eterna búsqueda del equilibrio, que nos hace mantenernos en movimiento a pesar de todo.

Aprender a fluir, aprender a amar, aprender a perdonar y agradecer por cada bocanada de aire. He ahí el secreto para una vida digna, a través de la cual, pueda revelarse la belleza en medio de la podredumbre. Esa es mi meta: compartir la belleza para ejercer una influencia positiva en el mundo donde quepan todos, los buenos y malos momentos que dan sentido a nuestra efímera residencia terrestre. Todo lo malo es para bien. Por eso mi deber de poeta es propagar la alegría y la esperanza, al igual que se riega el polen de las flores para que pueda volver a nacer el sol cada mañana. Y es para mí una alegría inmensa abrazarlos a todos con mi canto y mi palabra, espejos de mi alma enamorada.

Porque la vida es cuento

y la realidad es ficción.

¡Salud!

 

Ciudad de México, 23 de noviembre de 2019.

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Artesanar

La única medicina verdadera que yo conozco, es el arte. La música, la literatura o la gráfica, además del goce y la apertura sensorial que nos provocan a un nivel físico, sirven también como fuente de educación emocional. El significado profundo sobre la existencia humana yace en la cultura, en los mitos, y no hay cultura ni mito posible sin arte. La experiencia artística es una revelación, un caer en cuenta de la verdadera naturaleza del alma y el mundo. Por ello, la experiencia artística es sinónimo de espiritualidad, de divinidad, una conexión profunda con todos los seres y todas las cosas que conforman el basto universo de la imaginación humana. Arte es un estado alterado de conciencia que nos permite vernos y reconocernos a nosotros mismos, desnudos y sin máscaras, llenos de cicatrices y deformidades, y es ahí precisamente donde reside la belleza en su estado más puro, en los ojos que miran la transparencia de su propia alma, etérea, boreal. El arte permite reconfigurar el sentido del caos, hace que creszcan las flores donde sólo debería existir el hielo, arte es develar la belleza secreta del mundo, adentrarse en el misterio, volverse mago y demiurgo, transformando su entorno desde adentro. Arte es una forma de sentir, una actitud frente a la vida. Por eso el artista es capaz de crear realidades, galaxias, elementos, con sólo proponérselo. El arte es esa otra dimensión del alma donde se puede dialogar con los sueños, despojar de su mordaza al inconsciente, reconocernos en el animal que somos, con todas nuestras dolencias y anhelos, una bocanada de aire fresco en medio de la ciudad brumosa, un chapuzón de cenote en medio del calor, el sutil deleite de otra lengua, colores derramados en el vuelo de las aves, tu humedad y mi sed, la certeza de que todo cuanto existe puede ser nombrado en el idioma del corazón. Arte es el arte de la errata y es también perder el miedo, entregarse a lo desconocido y dejarse devorar por los lobos, aprender a quererlos. Arte es una pincelada sortilegio, el armónico vaivén de los árboles, habitar la piel del otro, tomar cerveza con fantasmas, bailar al filo del abismo, comulgar con los Dioses muertos llenos de rabia y compasión. Arte es ficción y poesía, es palabra viva, germinadora de caricias, arte es movimiento, un grito, una cuchillada, el fruto prohibido entre tus piernas, es la arena que viene y va del mar a ninguna parte, son los sueños rebeldes que siempre habrán de regresar al dulce hogar, arte es ser incapaz de distinguir la risa y la ruina, es bendecir y agradecer, repartir el amor como el polen, aprender a decir adiós, es también despertar y volver a morir. Arte es decir-hacer el supremo conjuro del arteficio, hacer madurar la alegría en todas sus formas, inventar la luz en la oscuridad primigenia, arte es el oficio de torcer el tiempo y hacer combustión, una rima sobre la otra, la perfecta sincronía del arroyo, la hierba y la montaña. Arte es ficción, el vicio último de los incurables soñadores.
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Sobre Nabokov y su nínfula

Me tomó algunos años terminar el libro. El inicio del relato es deslumbrante. ¡Qué manera de fluir a través de las palabras! La obsesión del pederasta Humbert Humbert por su adorada nínfula, Lolita, me cautivó desde el inicio. Sin embargo, tuve que detenerme al concluir la primera parte, pues me recordaba mucho a la persona que me regaló el libro, un viejo amor desechable, de esos que prefiero olvidar (bien dice Borges que el olvido es la única venganza y el único perdón).

Hace unas semanas retomé el libro y lo concluí. La primera parte es un ascenso a las elevadas cumbres de la lujuria. La segunda, trata sobre las terribles consecuencias de descender la montaña. El final de la primera parte y el capítulo 28 de la segunda mitad, son una verdadera obra maestra, el ejemplo perfecto de cómo lograr tensión, belleza y profundidad en una escena literaria.

La lectura de Lolita hizo replantearme muchas cosas. ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué clase de monstruo duerme debajo de la máscara? Es ahí, en el oscuro paredón de las inconfesables pasiones, donde se revela en plenitud la verdadera naturaleza humana: todas las contradicciones, todas las rarezas, toda la ternura y la ira, las fiebres, el dolor, el cansancio, el placer, todas las apetecibles luces que nos bombardean y nos gobiernan, ese temblor de la piel que resuena en el alma, todos los sueños que nos hacen desfallecer, los celos, la excitación, la zozobra, toda la ansiedad y la ruina que aletean como mariposas en las hojas de un libro.

De eso se trata la novela de Nabokov, uno de los grandes genios literarios del último siglo.

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La emotiva verdad de González Iñárritu

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Alejandro González Iñárritu podrá parecer demasiado obsesivo y hasta mamón en ocasiones, pero no cabe duda que es un artista auténtico. Su manera de expresarse sobre el cine y la música son propias de una persona con una sensibilidad por encima del promedio. De esto y más trató su reciente clase magistral impartida en la UNAM, un día antes de recibir el Doctorado Honoris Causa en la máxima casa de estudios de México.

Durante la charla, Iñárritu habló de cómo el acto de la comunicar es entrar en frecuencia con el otro (16:00); de cómo la historia de cada uno de nosotros está en el rostro, está en nuestras arrugas (51:00); de que abordar el fenómeno de la violencia sin consecuencias es un acto inmoral (01:09:00) o cómo el cine está perdiendo esta sensación de sueño (02:37:00).

Pero algo que llamó particularmente mi atención fue su concepción de la verdad.

“Las cosas no tienen verdad, las cosas tienen una certidumbre emocional, esa es la verdad.Cuando las cosas tienen una certeza emocional, resuenan. No tienen que ser históricamente correctas. La verdad radica en la resonancia emocional. Hay una verdad emocional de alguna forma”, dijo Iñárritu (39:00).

De ahí, varias anécdotas de su filmografía, que le ha merecido reconocimientos a nivel global. Pero yo me quedo con esa concepción de la verdad como una “resonancia emocional”.

 

 

El deslumbrante talento en 3D de Adry del Rocío

El talento de esta mujer me arrebató el aliento. Sus creaciones tridimensionales rompen la cuadratura del espacio con una explosión lúdica. No sólo es su manejo del color y texturas hiperrealistas o su dominio de varias técnicas, sino también la composición de sus obras, lo que resulta impactante. Un talento extraordinario el de Adry del Rocío, quien demuestra que la calle es la más inmensa galería de arte. Échenle ojo a su sitio.

La obra de Francisco Toledo, artista de la naturaleza

Alguna vez platiqué con Francisco Toledo en Oaxaca, en septiembre de 2007. Era un tipo peculiar, huraño. No le gustaban las fotos ni las entrevistas. Pero quisiera llegar a viejo como él y volar papalotes en las calles de Oaxaca. Su legado e influencia como luchador social es incuestionable. Más allá de su obra, que tiene un estilo único, ser artista es una forma de afrontar la vida. Y Toledo lo era. Descanse en paz maestro.

Aquí un pequeño homenaje póstumo con algunas muestras de su obra.

 

La explosiva y deslumbrante prosa de Clarice Lispector

Desde Nabokov, no leía una prosa que me impactara tanto.

Mucho me habían anunciado a la gran Clarice Lispector, pero antes era yo muy pobre y sus libros publicados en Siruela, muy caros. Por eso llegué un poco tarde al encuentro con ella, pero al mismo tiempo siento que nuestro encuentro se dio cuando se tenía que dar. Paradojas del destino.

Una explosión, un derrame de imaginativa y furibunda elocuencia, un navajazo tras otro, una sobredosis de sorpresa. Así es la escritura de esta mujer que revolucionó la literatura brasileña. Es increíble todo lo que se puede decir en un relato breve, cuando las palabras son cargadas de sentido.

De Kawabata aprendí que la novela puede ser la más refinada forma de venganza. Con Lispector aprendí que la novela puede ser también un poema en prosa. Deslumbrante.

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La creación del mundo en el canto de los ancestros: mito wirarika, poema nahua y otros cuentos

La verdad profunda sobre la existencia humana se esconde en los mitos de todas las culturas. Sintetizan la experiencia humana de generaciones enteras en un cuento. Y ese cuento revela la esencia profunda de las cosas.

Por eso me conmovió mucho ver el relato sobre el origen del mundo de los wirárika, la del niño luminoso que se convierte en sol, fuente de la vida, para poblar la tierra de dioses que florecen por doquier.

Los videos me recordaron la Antología de poesía primitiva, de Ernesto Cardenal, en la cual, se explica que el verso es “el primer lenguaje de la humanidad”. La poesía es siempre un viaje ritual hacia el centro de nosotros mismos. Y eso es precisamente lo que expresan los mitos que desde el principio del tiempo han dado sentido a la humanidad entera.

Arte sortilegio

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El artista es mago por naturaleza.

Capaz de convertir la desgracia humana en experiencia única y sublime, el artista tiene algo de alquimista y curandero.

El verdadero arte tiene siempre un trasfondo espiritual, es un ritual con el poder de equilibrar las pasiones humanas, una experiencia estética que explota por dentro. El verdadero arte es una purga, un sacrificio, un sortilegio que purifica el alma y habla el idioma de los sueños.

El artista es un pequeño dios capaz de recrear el mundo que se manifiesta a su alrededor. Transgresor por naturaleza, demiurgo de la luz y la sombra, el artista transforma el mundo proyectando su visión interior. Conectado con la fuente de la que emanan todas las cosas, responde a la epifanía del universo con un poema, un bello cuadro, una canción. Por eso deslumbra y conmueve, seduce, inspira, cautiva. Conocedor de la ciencia de los antiguos, habla con los animales, las plantas, las piedras y los astros; crea una realidad propia valiéndose de los objetos cotidianos e insignificantes que tiene a la mano, dotándolos de energía, haciendo que todas las cosas canten, se muevan, pues el artista es también repartidor de la vida, de la fuerza inagotable que habita en su interior.

Tiene además, el deber social de hacer vibrar las emociones de la humanidad en un ritual colectivo donde se equilibran las disonantes y contradictorias pasiones humanas.

El artista es un hechicero capaz de traspasar el plano físico para recrear el tiempo y el espacio en ese otro mundo de lo imaginario, allí donde van a dar siempre todas las horas de todos los lugares de todos los tiempos de todos los hombres y mujeres que pueblan la Tierra desde el origen mismo de todas las cosas.

El artista es un retazo de tibia humanidad fosforeciendo en el aire de lo etéreo, un ser luminoso capaz de hacer resonar la partitura secreta del cosmos.
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Arte, ficción y realidad, a propósito de Tolkien

Salgo de ver la película biográfica sobre J.R.R. Tolkien y confirmo algo que ya sabía: que la única vida que vale la pena es aquella que se vive como una obra de arte.

Pasan los años y cada vez me parece más absurdo eso que nos ha dado por llamar “realidad”. La literatura, la plástica, la música, son expresiones de ese lado inefable de la vida, ese donde habita el misterio de la existencia, ese que no se puede comprender racionalmente pero se puede sentir. Supongo que eso es la poesía, y por eso llevo años escribiendo versos, para decir aquello que no se puede decir de otra forma, tratar de darle forma y sonido a esas fuerzas profundas que habitan en nosotros, esas fuerzas que buscan la manera de manifestarse. La Tierra es un lugar poblado de espíritus, un lugar sagrado donde los árboles y las piedras y el agua dicen cosas. Al poeta, al artista, le toca escuchar las palpitaciones del mundo para luego tratar de traducirlas, interpretarlas.

Es por ello que en la ficción y no los periódicos, reside la verdad profunda de la condición humana. La de los seres que sufren y aman y odian y matan y son héroes. Es la condición humana en su estado más puro. El arte como requisito de supervivencia.

Siempre he dicho que el periodismo me hizo mejor persona, al permitirme la oportunidad de conocer y platicar con personas muy diversas, escuchar sus historias. Pero la literatura me ha salvado la vida en más de una ocasión, porque ahí, varado en medio de la más espesa oscuridad, siempre había un libro con el que podía uno dialogar y sentirse identificado, un autor con el cual compartimos ciertas cosas que nos remiten a nuestra propia manera de habitar y sentir el mundo. La literatura es una forma de encarar la soledad y sentirse acompañado por ese otro al solemos seguir valerosamente en su larga travesía, ese extraño mundo donde las barreras entre el autor y el personaje se diluyen, y solo queda una esencia universal, la del ser humano arrojado a las brasas, dispuesto a luchar contra cualquier monstruo para seguir riendo, seguir amando. La literatura -y el arte en general- es el mecanismo que ha desarrollado el ser humano para lidiar con los muchos problemas que encierra la vida, el juego que le ayudará a lograr su realización espiritual. Por ello, sostengo que la magia es el arte sublime de la ficción, el poder de transmutar la realidad, deformarla a nuestro antojo. Por ello decía Nietzsche que en todo creador habita un Dios dispuesto a ince diar la pista de baile o reinventar la historia misma de la creación. Es una lástima que muchas personas, tan encerradas en su propio cuerpo, no sean capaces de entender sobre estas cosas.

Supongo que algo de eso le pasó a Tolkien. Y no le quedó más remedio que inventar mundos con enanos, dragones y anillos, para poder decir aquello que no se puede decir de otra forma.

La ficción como cumbre y raíz de toda realidad posible. El verdadero arte consiste en descubrir la magia que habita en todas las cosas.
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Felinos y mujeres

Me encontré con la obra de este compa, Evelio Moreno, y hubo algunas cosas que llamaron mi atención, principalmente, sus acuarelas de mujeres y felinos. Les dejo una muestra para que le echen ojo.

El infantilismo caótico de Kovensky

Alguien compartió un artículo en Facebook. No recuerdo el contenido pero me llamó la atención la imagen que ilustraba el texto. Revisé el nombre del autor y así llegué a Martín Kovensky, artista visual e ilustrador argentino. Sus obras tienen ciertos rasgos infantiles pero no por ello menos fuerza. Parte de su obra está disponible en la Galería Júpiter, para que le echen un vistazo.

 

Snowden, el alto precio de revelar la verdad

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Háganse un favor y échenle un ojo a la película biográfica sobre Edward Snowden, el excontratista y agente de la CIA que develó la manera en que el gobierno de Estados Unidos espía a todos los ciudadanos del mundo a través de dispositivos electrónicos. Dirigida por Oliver Stone, la película narra de forma ágil, las motivaciones por las cuales un geek de la informática, con fuertes problemas de estrés, decidió arriesgarlo todo para dar a conocer la verdad sobre cómo funciona el poderío del imperialismo estadounidense. Una obra sobre aquello que ocurre en los sótanos del poder global.

El impresionante colorido ácido prehispánico de Cix Mugre

Las pinturas de este artista mexicano son simplemente alucinantes. Una estética propia y un envidiable dominio del color. Vaya generación de muralistas mexicanos la que tenemos ahora. Échenle ojo a Cix Mugre en sus redes.

Homenaje pictórico a las canciones Silvio Rodríguez

Soy un fan de la obra musical de Silvio Rodríguez, el cantor más grande de nuestra América Latina del siglo XX. Y cuando descubrí las bellísimas pinturas de Luis Alberto Romero, éstas siempre me han dado vueltas en la imaginación. Pero como luego se me suele perder el enlace en internet para dar con estas bellas pinturas, las dejo por aquí.

Canciones para tomarse las cosas con calma y disfrutar la buena vida

Un par de canciones que he escuchado en los últimos días. La primera se llama La pegatina, de los Caligaris: “que corran los demás, nosotros venimos caminando”.

La segunda de Zaz, cantante francesa que se popularizó desde hace un rato en redes con esta canción, Je veux, que siempre me gustó, pero fue hasta hace poco que comprendí lo que decía la letra, que me parece fenomenal.

Y aprovechando que estamos metiéndole mano al archivo de videos musicales en Youtube, este otro video que me pareció muy bueno. Una canción de Ana Tijoux, con un lindo verso: Todo lo sólido se desvanece en el aire. Una entrañable crítica al mundo capitalista donde acumular riqueza se ha vuelto más importante que la felicidad de las personas.

Literatura es sueño: el arte de hipnotizar al lector según García Márquez

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Decía García Márquez que el truco de escribir consiste en hipnotizar al lector. Y eso se logra con ritmo, el ritmo de la respiración. Si se rompe, el lector despierta del trance. Quizá por eso Borges decía también que la literatura es un sueño dirigido. Habrá que escribir y escribir hasta volverse un encantador de serpientes.
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Homenaje a Egon Schiele a un siglo de su muerte

Quizá el mayor descubrimiento de mi viaje por Europa, fue la obra de Egon Schiele. La fuerza de este pintor austriaco, a quien le bastaron 28 años de vida para volverse inmortal, tiene una originalidad trágica, un trazo tembloroso y vibrante, una estética única. Aquí un pequeño homenaje para el genio, uno de los mayores exponentes del llamado Expresionismo Austriaco y discípulo de Klimt.

El amor antes de partir: Me and Earl and the Dying Girl

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Una de las películas más bellas, conmovedoras e inteligentes que haya visto en los últimos años. Se llama Yo, Earl y la chica moribunda (horriblemente traducida al español como Yo, él y Raquel) Un drama sobre la amistad, el amor y la muerte, en el que destaca el preciosismo técnico con el que fue realizada esta hermosa cinta dirigida por Alfonso Gomez-Rejon, con la sobresaliente fotografía de Chung-hoon Chung y las actuaciones de dos jóvenes figuras de Hollywood: Thomas Mann y Olivia Cooke.

Un bello retrato sobre la adolescencia, el arte y aquello que dejan las personas tras de sí luego de partir. Bellísima pieza con un guión asombroso de Jesse Andrews. Una película redonda que refresca la baraja de talentos en el cada vez más monótono cine estadounidense. Vaya sorpresa que me llevé al descubrir esta película durante un viaje en autobús.

 

 

Psycho-Pass: una distopía sobre la justicia, el control y la bondad

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Uno de los mejores ánimes que he visto. Un discurso sobre la justicia, la bondad y el control, lleno de referencias literarias donde lo mismo se cita a Weber, que a Foucault, Swift o Pascal. Los japoneses son unos maestros de la ciencia ficción, tal como demuestran con categoría en esta novela corta repleta de escenas poéticas donde se ponen a prueba las pasiones humanas. Se llama Psycho-Pass y es uno de los grandes clásicos contemporáneos de cualquier género. Una historia inquietante y violenta, cuya narrativa representa un desafío permanente para el espectador. Apenas terminé la primera temporada, pero da para mucho más. Imperdible.

https://animeflv.net/anime/5244/psycho-pass

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