Archivo de la categoría: Comunicación

De las palabras frescas y calientes

Leyendo sobre cosmogonía mesoamericana me encontré el siguiente texto:

“Perla Petrich, en su libro La alimentación mochó, afirma que para los mototzintlecos las palabras existen autónomamente, como fuerzas, después de que han sido expresadas. Se deslizan como “una flecha en el aire” y penetran el cuerpo del destinatario, por los oídos cuando son benéficas y tranquilas, por las articulaciones cuando son dañinas y cargadas de malos sentimientos. Las palabras calientes son las que van con pasión maléfica o perturbadora. El hechicero posee “boca de fuego”. En cambio, el qamán (el defensor) pronuncia palabras frescas”.

A lo cual habría que agregar: cuidado con lo que uno dice, pues las palabras cuando andan sueltas forman parte del mundo de los espíritus.

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Kapuscinski: el viaje, la literatura, el periodismo y la vida

Al maestro Ryszard Kapuscinski hay que escucharlo. Siempre. Ahora que estoy leyendo sus crónicas del África subsahariana, en ese libro maravilloso que se llama Ébano, me puse a buscar algunos videos sobre el entrañable periodista polaco y me encontré con esta entrevista realizada por el buen Fernando Sánchez Dragó.

El periodismo peleonero

Después de ver la película Truth (Conspiración y poder, según le pusieron en Netflix), sobre la salida de los periodistas Mary Mapes y Dan Rather de la CBS luego de que el sistema se les vino encima por investigar a George W. Bush, confirmo algo que ya sabía: los periodistas de investigación tenemos algo de peleoneros.

Enfrentar al sistema requiere agallas. El periodismo no es una profesión apta para cobardes, por una sencilla razón: el miedo nunca podrá dialogar con la verdad. Vencer el miedo y atreverse a decir la verdad, requiere coraje, arriesgarlo todo en cada historia, en cada párrafo en cada palabra. No hay otra forma de dar la pelea contra la ignominia, la mezquindad, la podredumbre humana que privilegia a unos pocos a cambio del sufrimiento de millones. Hay que dar la pelea, siempre. No se trata de ejercer una simple profesión. Se trata de asumir postura frente a la vida.
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La profecía de Manuel Castells sobre la llegada de Donald Trump

Donald Trump jura como presidente de Estados Unidos
Algunas claves para descifrar el presente

De cuando uno se topa con claves para entender el presente, tal como me ocurrió al leer Globalización e identidad, un texto publicado por Manuel Castells en 2010:

“En el momento en que el Estado se ve privado de una fuerza identitaria que sostenga su difícil maniobra en el mundo de la globalización, ese Estado trata de relegitimarse volviendo a llamar a su gente, es decir, a su nación; pero esa nación, en muchos casos, ya se ha separado del Estado y cree que no está siendo representada”, afirma Castells.

Desde esta luminosa perspectiva, puede entenderse mejor la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. El golpe al establishment estadounidense se dio precisamente en esos términos. Basta revisar el discurso de Trump en su toma de posesión para comprender la manera en que el tipo apela a la “nación” que ha sido olvidada ante un proceso de apertura global donde las amenazas vienen de fuera o son producto de la globalización del mercado: los migrantes mexicanos, China, el TLCAN.

Si me sorprendió la manera en que Michael Moore profetizó la llegada de Trump desde el verano pasado, me sorprende aún más la manera en que Castells profetizó este fenómeno, cuyas causas aborda en otro texto reciente donde resalta algunos logros de la administración Obama. Y justo ahora que estoy leyendo El mito del Estado de Ernst Cassirer, no cabe duda de que las raíces mitológicas del imaginario popular juega un papel fundamental en lo político. Y lo que falta.

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El diccionario cerebral

Una investigación de la Universidad de California en Berkeley, titulada Natural speech reveals the semantimaps that tile human cerebral cortexmuestra cómo el cerebro humano procesa palabras en diferentes zonas del cerebro, agrupándolas en campos semánticos. De este modo, cuando escuchamos una palabra la computamos en relación con otros grupos de palabras. Y esto permite entender en buena medida, cómo es que el significado de las palabras nunca se produce de manera aislada, sino en relación con el universo de palabras propio de cada lengua.

Historias de un mundo hipeconectado desde la lente de Herzog

¿Cómo podemos definir los límites de lo humano a partir del surgimiento de internet? ¿Cómo debemos interpretar este peculiar momento histórico? Esos son algunos puntos de partida que plantea Werner Herzog en torno a la llamada era de la información en su brillante documental: Lo And Behold: Reveries of the Connected World. Las historias que encuentra el director alemán son fascinantes. ¿El internet podría convertirse en una especie de religión? ¿O al menos fundar una nueva cosmogonía globalizada? ¿Qué pasaría con el actual modelo civilizatorio si existiera un gran apagón de internet? ¿Puede soñar el internet? Son algunas preguntas que sugiere la indagatoria del cineasta sobre un acontecimiento que sin duda, ha sentado las bases de un nuevo modelo de organización social, con la creciente complejidad que eso conlleva, con todo lo bueno y lo malo que implica vivir en un mundo hiperconectado.

Ponencia sobre Corrupción en Pemex en Colpin 2015

En días recientes tuve la oportunidad de ir a Lima, Perú a presentar mi trabajo de investigación sobre Corrupción en Pemex dentro de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación 2015 (Colpin), en la cual se dieron cita “los autores de los mejores trabajos postulados al Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación”. Fue un honor para mí presentar mi trabajo periodístico en un evento tan importante, donde tuve la oportunidad de codearme con varios de los periodistas más talentosos del continente, con trabajos realmente impresionantes. Aquí les dejo el video de la ponencia.

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Apuntes sobre ‘Arquetipo e inconsciente colectivo’ de Carl Jung

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Resumen

– La psique preconsciente no está vacía; puesto que lo psíquico es preformado, existen “predisposiciones inconscientes” a las que pertenece toda “fantasía creadora” de la cual se desprenden los arquetipos. Los arquetipos no se difunden por tradición, lenguaje o migración, sino que pueden volver espontáneamente en toda época y lugar sin ser influidos por ninguna transmisión exterior.

– Los arquetipos no están determinados en cuanto a su contenido sino sólo formalmente, y de este modo muy limitado. El arquetipo es un elemento es un elemento formal vacío, una posibilidad a priori de la representación, que corresponden a los instintos Sólo se puede comprobar su existencia en el terreno de lo consciente.)

-“El saber si la estructura psíquica y sus elementos, los arquetipos, se formaron en algún momento es un problema metafísico y al que por lo tanto no debemos dar respuesta. La estructura es lo que siempre se encuentra ya, es decir, es lo que en todos los casos ya estaba, es la precondición”.

-“No se sabe cómo funciona ese inconsciente , pero partiendo de la presunción de que es un sistema psíquico, podemos pensar que probablemente ha de tener todo lo que tiene la conciencia, es decir: percepción, apercepción, memoria, fantasía, voluntad, afecto, sentimiento, reflexión, juicio, etcétera, pero todo esto en forma subliminal”.

-“Existen ciertas condiciones inconscientes colectivas que actúan como reguladoras y propulsores de la actividad creadora de la fantasía y que, al poner al servicio de sus fines el material existente en la conciencia, producen configuraciones correspondientes. Actúan exactamente como motores de los sueños”.

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Jung sobre el inconsciente colectivo:
– La existencia de estos reguladores inconscientes (dominantes) fundamentan la teoría de Jung sobre el inconsciente colectivo.

-De este modo, los arquetipos regulan y modifican la configuración de los contenidos conscientes, y se comportan como instintos.

-Para Jung, el contenido esencial de todas las mitologías, de todas las religiones y de todos los istmos es de naturaleza arquetípica.

-El arquetipo, como imagen del instinto, es psicológicamente una meta espiritual hacia la cual tiende la naturaleza del hombre; el mar hacia el cual todos los ríos trazan sus sinuosos cauces.

– La conciencia del yo aparece como dependiente de: las condiciones de la conciencia colectiva los arquetipos.


Apuntes

“Un estrato en cierta medida de lo inconsciente es, sin duda, personal. Lo llamamos inconsciente personal. Pero ese estrato descansa sobre otro más profundo que no se origina en la experiencia y la adquisición personal, sino que es innato: lo llamado inconsciente colectivo”. (p.10)

“La existencia psíquica se reconoce sólo por la presencia de contenidos conciencializables (…) Los contenidos de los inconsciente personal son en lo fundamental los llamados complejos de carga afectiva, que forman parte de la intimidad de la vida anímica. En cambio, los contenidos de lo inconsciente colectivo los denominamos arquetipos”. (p.10)

“Por lo tanto, el concepto ‘arquetipo’ sólo indirectamente puede aplicarse a las representaciones colectivas, ya que en verdad designa contenidos psíquicos no sometidos aún a elaboración consciente alguna, y representa entonces un dato psíquico inmediato”. (p.11)

“Lo inconsciente colectivo, como hoy lo llamamos, nunca fue psicológico, puesto que mucho antes de la iglesia católica, ya en tiempos prehistóricos del neolítico, existieron misterios. Nunca le faltaron a la humanidad imágenes poderosas que le dieran protección contra la vida inquietante de las honduras del alma. Siempre fueron expresadas las figuras de lo inconsciente mediante imágenes protectoras y benéficas que permitían expulsar el drama anímico hacia el espacio cósmico-extraanímico”. (p.18)

“Las imágenes arquetípicas son ya a priori tan significativas, que el hombre nunca pregunta qué podrían en rigor significar. Por eso mueren de tanto en tanto los dioses, porque de repente se descubre que no significan nada, que son inutilidades hechas de madera y de piedra, fabricadas por la mano del hombre”. (p.19)

“Lo inconsciente es esa psique que va desde la claridad diurna de una conciencia espiritual y moral hasta ese sistema nervioso denominado simpático desde mucho tiempo atrás. Este sistema que gobierna la percepción y actividad muscular como el sistema cerebro-espinal y por eso no puede controlar el espacio circundante, pero que manienten en cambio el equilibrio vital sin valerse de órganos sensoriales y que siguiendo secretos caminos no sólo nos da noticias sobre la naturaleza íntima de otra vida sino que también provoca en ella un efecto interno. En este sentido es un sistema extremadamente colectivo, es la verdadera base de toda participation mystique”. (p.25)

“Pero apenas nos toca lo inconsciente ya somos inconscientes, pues nos volvemos inconscientes de nosotros mismos. Este es el peligro primordialque el hombre primitivo, que tan cerca está todavía de ese pleroma, conoce instintivamente, y ante el cual siente terror. Su conciencia es todavía insegura y vacilante, es todavía infantil y apenas despunta sobre las aguas primitivas. Fácilmente puede barrerla una ola de lo inconsciente, y ese hombre olvida entonces quién era él y hace cosas en las cuales ya no se reconoce. Por esa causa temen los primitivos las pasiones incontenidas, ya que en ellas desaparece con facilidad la conciencia y puede tener lugar la posesión. De ahí que los esfuerzos de la humanidad se dirijan siempre al fortalecimiento de la conciencia”. (p.28).

“El hombre ha despertado en un mundo que no comprende, y por eso trata de interpretarlo”. (p.38)

“El proceso simbólico es un vivenciar en imagen y de la imagen”. (p.45)

“A mi parecer, es un gran error admitir que el alma del recién nacido es una tabula rasa y afirmar en consecuencia que en ella no hay absolutamente nada. Puesto que el niño llega al mundo con un cerebro predeterminado por la herencia y diferenciado, y por lo tanto también individualizado, no se enfrenta a los estímulos de los sentidos con cualquier disposición sino con una disposición específica, que ya condiciona una selección y configuración peculiar (individual) de la apercepción. Se puede comprobar que estas disposiciones son institntos y preformaciones heredadas. Estas preformaciones son las condiciones a priori y formales, basadas en los instintos, de la apercepción. Su existencia estampa en el mundo del niño y del soñador el sello antropomórfico. Son los arquetipos. Los arquetipos señalan vías determinadas a toda la actividad de la fantasía y producen de ese modo asombrosos paralelos mitológicos, tanto en las creaciones de la fantasía onírica infantil, como en los delirios de esquizofrenia, así como también, aunque en menor medida, en los sueños de los normales y neuróticos. No se trata entonces de representaciones heredadas sino de posibilidades de representaciones”. (p.62)

“Hay un a priori de todas las actividades humanas y ese a priori es la estructura individual de la psique, estructura innata y por eso preconsciente e inconsciente. La psique preconsciente, como por ejemplo la del recién nacido, de ningún modo es una nada vacía, la cual, dadas circunstancias favorables, ha de adquirir todo por el aprendizaje: esa psique es, por lo contrario, una condición previa enormemente complicada y determinada individualmente en extremo, que sólo aparece como nada oscura porque no podemos verla directamente”. (p.72)

“Puesto que todo lo psíquico es preformado, también lo son sus funciones particulares, en especial aquellas que provienen directamente de predisposiciones inconscientes. A ese campo pertenece ante todo la fantasía creadora. En los productos de la fantasía se hacen visibles las ‘imágenes primordiales’ y es aquí donde encuentra su aplicación específica el concepto arquetípico”. (p.73)

“Si alguna parte me toca de estos descubrimientos, esa parte consiste en haber demostrado que los arquetipos no se difunden meramente por la tradición, el lenguaje o la migración, sino que pueden volver a surgir espontáneamente en toda época y lugar sin ser influidos por ninguna transmisión exterior” (p.73). (“Un hombre sin una representación colectiva dominante sería un fenómeno por completo anormal” p.58)

“El arquetipo es un elemento formal en sí vacío, que no es sino una facultas praeformandi, una posibilidad dada a priori de la forma de la representación. No se heredan las representaciones, sino las formas, que desde este punto de vista corresponden exactamente a los institntos, los cuales también están determinados formalmente. Así como es imposible comprobar la existencia de arquetipos en sí, tampoco puede comprobarse la de los instintos en tanto estos no actúen in concreto”. (p.74)

“Todos los símbolos pueden tener un sentido positivo, favorable, o un sentido negativo, nefasto”. (p.75)

“El conflicto produce el fuego de los afectos y emociones, y como todo fuego, también éste tiene dos aspectos: el de la combustión y el de la producción de luz. La emoción es el fuego alqumístico, cuyo calor es lo que hace aparecer todo y cuyo ardor quema todo lo superfluo, y es también, por otro lado, ese momento en el cual es eslabón golpea sobre el pedernal y se produce una chispa: la emoción es la fuente madre de toda conciencialización. Sin emoción no se produce transformación alguna de las tinieblas en la luz y de la inercia en movimiento”. (p. 89-90).

“Todo lo exterior es también interior, se podría decir con Goethe. Sólo que ese ‘interior’, que tanto le gusta al moderno racionalismo derivar de lo ‘exterior’, tiene su propia estructura, que precede como un a priori a toda experiencia consciente”. (p.94)

“La psique es esencialmente conflicto entre el instinto ciego y la voluntad, o sea libertad de elección”. (p.128)

(Para Jung, la manera en que la psique ordena las imágenes arquetípicas son las siguientes:)
“Menciono como características fundamentales la multiplicidad caótica y el orden; la posición de claridad y oscuridad, arriba y abajo, derecha e izquierda; la unificación de los contrarios en un tercero; la cuaternidad (cuadrilátero, cruz), la rotación (círculo, esfera) y finalmente la ordenación radial, por lo general, de acuerdo con un sistema cuaternario”. (p.147)

(Sobre las estructuras del imaginario)
“Existen ciertas condiciones inconscientes colectivas que actúan como reguladores y propulsores de la actividad creadora de la fantasía y que, al poner al servicio de sus fines el material existente en la conciencia, producen configuraciones correspondientes. Actúan exactamente como motores de los sueños, por lo cual la imaginación activa -nombre que he dado a este método- reemplaza hasta cierto grado los sueños. La existencia de estos reguladores inconscientes -que en ciertas ocasiones también he designado como dominantes a causa de su forma funcional- me pareció tan importante que fundé sobre ello mi hipótesis respecto del llamado inconsciente colectivo, impersonal”. (p.149)

(Sobre la dialéctica de la mente)
“La psique consiste en procesos cuya energía puede provenir de la compensación de los más variados opuestos”. (p.151)

(El arquetipo es una proyección simbólica del inconsciente hacia la búsqueda de la realización, el bienestar, y por lo tanto, de la espiritualidad).
“El arquetipo, como imagen del instinto, es psicológicamente una meta espiritual hacia la cual tiende la naturaleza del hombre”. (p.157)

(La valoración del inconsciente en Jung)
En lugar de la medida exacta de cantidades, en la psicología se realiza una determinación aproximada de intensidades, para lo cual se hace uso de la función del sentimiento (valoración). Esta ocupa en la psicología el lugar de la medición en la física. Las intensidades psíquicas y sus graduales diferencias indican la presencia de procesos dotados de carácter cuantitativo, pero inaccesibles a la observación directa y a la medición”. (p.181).

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Presentación Power Point sobre el arquetipo de la Madre


Bibliografía

JUNG, Carl Gustav. Arquetipos e inconsciente colectivo. Ediciones Paidós Ibérica. España, 1970.

Aprender chino para principiantes: disfrazarse de otra cultura

Hoy leí un par de textos sobre aprendizaje de lenguas que llamaron mi atención. En primer lugar, un artículo de la BBC sobre Cómo aprender 30 idiomas, en el cual se explica que las personas que hablan 10 idiomas o más poseen algunos trucos para aprender las inmensas posibilidades combinatorias de cada lengua. El truco que más llamó mi atención, fue el de “meterse en el personaje” propio de cada lengua, algo así como disfrazarse de otra cultura. Un ejemplo claro de cómo la lengua es algo vivo que se conecta con nuestra parte emotiva. Bien decía Borges que “un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”.

Y en este sentido, también me topé con un video que explica de manera sencilla la arquitectura del idioma chino y la manera en que construyen sus ideogramas, a partir del método Chineasy. Es sorprendente cómo cada lengua modifica las relaciones entre las cosas, a partir de lo cual se construye el pensamiento. Por ello la tesis Sapir-Whorf señala que cada lengua condiciona cierto modo de pensar. El lenguaje es la estructura que nos permite reconstruir el mundo a través de la potencia del pensamiento. Bien dice Wittgenstein que los límites del mundo son los límites del lenguaje.

Reflexiones sobre el arte de contar la historia

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.

   Gabriel García Márquez

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

Jorge Luis Borges

Es un lugar común decir que la historia nació con la invención de la escritura. Y es cierto. Pero lo que no se dice, es que la escritura nació gracias a la necesidad humana de contar historias. Narración y lenguaje forman así una sola entidad articuladora del tiempo. Si el tiempo es una sucesión ordenada de acontecimientos albergados en la memoria, el tiempo no existiría si no hubiera alguien capaz de percibir dicha secuencia ordenada de hechos capaces de articular una historia. Por ello dice Paul Ricoeur que “el tiempo se hace tiempo humano en cuanto se articula de modo narrativo”,[1] y que de manera simultánea, “el mundo desplegado por toda obra narrativa es siempre un mundo temporal”.[2]

Si vivimos en el tiempo es gracias al lenguaje, que no es sino una manifestación de la experiencia humana situada en un momento y un lugar específicos. Si no pudiéramos percibir que las cosas a nuestro alrededor cambian, difícilmente podríamos entender el tiempo, toda vez que el tiempo es una sensación. El tiempo se percibe del mismo modo en que percibimos la cercanía de otras personas y otros seres con los que interactuamos a lo largo de la vida, como ocurre en cualquier acto comunicativo. Una vez más, se revela esta dicotomía entre tiempo y lenguaje. ¿Y qué es la historia sino el alquímico acto de convertir el pasado en presente? La historia es indagar en las huellas del hombre en su paso por el mundo, para reconstruir ese gran cuento de la humanidad que es la historia. Y es muy probable que, como refiere March Bloch, esta necesidad de reconstruir el pasado sea motivada por nuestra necesidad de comprender el presente, pues “la incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”.[3] ¿Qué hacemos aquí? ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? Son algunas de las obligadas preguntas de corte existencial que tratan de responder los historiadores de manera implícita al tratar de reconstruir pieza por pieza ese enorme mosaico de posibilidades, acontecimientos, alegrías y fracasos que es la historia del ser humano. ¿Cómo indagar en el pasado? A través de los vestigios que el hombre va dejando en su propio relato.

Y en este contexto, la invención de la escritura permitió que la experiencia humana pudiera quedar fijada en el tiempo, ya que la escritura hace posible que cualquier grupo humano “pueda ‘situarse a sí mismo’ en el tiempo y el espacio”, como bien señala Giddens.[4] Si la historia es en esencia narración y lenguaje, esto convierte a la palabra en la materia prima para el trabajo del historiador, personaje encargado de relatar el pasado del ser humano.[5]

Pero resulta que el lenguaje, al ser siempre referencial y nunca absoluto, enfatiza algunas cosas y omite otras, por lo cual, toda narración, por definición, es siempre incompleta. De ahí que la utopía hegeliana de abarcar la totalidad de la historia a través de la razón resulte difícil de sostener a la luz del desarrollo de la historiografía como una disciplina que ha desarrollado un método para indagar en el misterio del pasado.

¿Pero cómo lograr la objetividad de la historia? Si la objetividad es un consenso construido de manera intersubjetiva creado para articular una realidad común a las múltiples formas posibles de experimentar el mundo, es necesario partir de ahí para reconstruir y documentar los hechos innegables, aquellos sucesos que nadie pueda cuestionar, para luego tratar de descubrir cómo se conectan hechos aparentemente aislados y construir así un relato histórico. Y en eso consiste todo relato: en explicar de un modo narrativo cómo están conectados unos hechos con otros. De ahí que el conocimiento de la historia siempre esté en constante cambio, pues siempre existirán modos nuevos de conexión que nos lleven a articular nuevas narrativas sobre ese enorme cuento de la humanidad que es la historia. Partimos de hechos incuestionables para articular nuestra historia que trate de explicar un determinado momento del pasado.

Por ello, una parte elemental de la labor del historiador consiste en buscar y encontrar datos, pistas, documentos o cualquier tipo de huella capaz de retratar una parte específica del pasado. El hallazgo de evidencia documental permite tener cierta fidelidad de un hecho concreto. La aparición de una carta, por ejemplo, puede revelar muchos datos desconocidos sobre las motivaciones de los personajes históricos, y por lo tanto, abren nuevas posibilidades de relación con el relato histórico existente. Y es al encontrar estas conexiones perdidas, que los acontecimientos históricos dejan de ser hechos aislados para insertarse en una compleja red de significaciones que nos permiten articular el relato histórico como algo más grande, una narración compuesta de muchas narraciones que van construyendo el tejido de la historia.

De ahí la importancia de saber qué preguntarle a los documentos. ¿Qué queremos saber? ¿Qué pieza falta en el rompecabezas? ¿Qué fue aquello que determinó que las cosas fueran de un modo y no de otro? ¿Por qué un determinado personaje actuó de cierta forma cuando tenía otras opciones? Y como suele ocurrir en cualquier trabajo de investigación, la pericia y el instinto del historiador es una parte fundamental para hacer que las cosas hablen por sí mismas. El historiador debe dejar que el archivo le cuente su propia historia, pero es sólo la interpretación del historiador la que podrá lograr que aquellas historias dispersas tengan sentido al vincularlas con otros acontecimientos que a su vez van dibujando un panorama más completo del pasado, dentro de las limitaciones propias de la condición humana.

La consistencia del relato histórico se logra a través de una argumentación sólida, donde las acciones de los personajes y las circunstancias en las que se desarrollan comparten líneas generales de sentido. Al igual que ocurre con un relato de ficción, donde la verosimilitud de la trama recae en una relación de sentido entre las acciones de los personajes de acuerdo a sus muy particulares circunstancias dictadas por las reglas implícitas en el juego de la ficción, la consistencia del relato histórico versa en poder demostrar líneas generales de sentido que ayuden a explicar por qué las cosas ocurren de un modo y no de otro. Los personajes de ficción, al igual que las personas, siempre actúan con motivos y fines determinados, como bien ha demostrado la teoría de la acción de Weber continuada por los trabajos de Schutz, por lo cual, comprender las motivaciones y fines de dichos personajes permite al historiador llenar el vacío documental inherente a toda investigación. Y este es un punto fundamental para reconstruir cualquier relato histórico, pues siempre quedarán preguntas por responder o piezas faltantes en ese gran rompecabezas que intenta armar el historiador.

Y en este sentido, el vacío de la razón será siempre llenado por la imaginación. Pero el hecho de que el historiador recurra a la imaginación no significa que manipule a su antojo el relato que los mismos acontecimientos le van sugiriendo. Por el contrario, el historiador tiene el deber de, una vez recolectada toda la información documental que le servirá como referentes en los cuales se anclará la consistencia del relato, buscará establecer conexiones de sentido que la evidencia documental por sí misma es incapaz de revelar. De este modo, la imaginación del historiador, fincada en su conocimiento del tema estudiado, sustituye los huecos de la historia a través de la interpretación. Ésta es una condición propia de la naturaleza humana, como bien ha demostrado la psicología de la Gestalt al documentar cómo es que el cerebro humano tiende a llenar los huecos de una imagen geométrica.

Para ser convincente, la estructura del relato histórico tiene que indagar a profundidad en los hechos que permitan sostener el argumento narrativo. Gracias a la teoría dramática, sabemos que toda historia tiene un principio, un nudo y un desenlace. Los relatos siempre comienzan en alguna parte, en algún momento específico, y es a partir de cómo se desarrollan una serie de acontecimientos que el historiador debe documentar, que se explica el nudo de la trama, lo cual permita explicar por qué las cosas pasaron como pasaron y no de otro modo, lo cual siempre tiene consecuencias, es decir, tiene repercusiones que marcan el final del relato. Pero la manera de abordar cada relato histórico es tan grande como la imaginación del historiador. La historia puede contarse desde diversas perspectivas, se le puede dar mayor énfasis a ciertos elementos que el historiador considera relevantes por encima de otros, puede destacar a ciertos personajes y relegar a otros, puede focalizarse en una región pequeña o abarcar varios países, puede centrarse en un episodio de unos cuantos días o cientos de años. La escala de observación depende siempre de la historia que se quiera contar. En algunas ocasiones, será necesario remontar varios siglos para encontrar las conexiones que permitan explicar el presente a través de una serie de acontecimientos que se fueron dando de manera única e irrepetible. Por ello el análisis historiográfico estudia hechos particulares para a partir de ahí, encontrar verdades generales sobre la existencia humana en el pasado.

Por eso, entender las motivaciones y los fines de los personajes, en medida de lo posible, permitirá clarificar la trama y llenar los vacíos. El historiador tiene por obligación, al igual que todo gran novelista, de adentrarse en la psique de los personajes, ponerse en sus zapatos, entender sus motivaciones, sus sueños, sus miedos, su contexto social, aquellos hechos biográficos que nos permitan ir dibujando cada vez con mayor precisión el perfil del personaje, para a partir de ahí, tratar de proyectarnos en su realidad, en sus circuntancias, meternos en su alma para tratar de comprender por qué actúo de un modo y no de otro. Por ello la historia también es diálogo, como señala Bloch, cuando dice que “toda información sobre cosas vistas está hecha en buena parte de cosas vistas por otro”.[6]

“Como explorador de la actualidad inmediata trato de sondear la opinión pública sobre los grandes problemas del momento: hago preguntas, anoto, compruebo y enumero las respuestas. ¿Y qué obtengo si no es la imagen que mis interlocutores tienen de lo que creen pensar o de lo que desean presentarme en su pensamiento? Ellos son los sujetos de mi experiencia (…) Porque en el inmenso tejido de los acontecimientos, de los gestos y de las palabras de que está compuesto el destino de un grupo humano, el individuo no percibe jamás sino un pequeño rincón, estrechamente limitado por sus sentidos y falta de atención”.[7]

Y en este sentido, el historiador debe ser un conocedor de la naturaleza humana para poder interpretar la vida de otras personas que vivieron en una época distinta, con un contexto social distinto. La única referencia para desentrañar el misterio de aquellas personas, además de los hechos documentales que permiten una aproximación más “tangible” de aquellos acontecimientos, es la misma esencia humana del historiador, aquella que comparte con las personas que estudia y le permite establecer interpretar el pasado a partir del presente. Ese es el vínculo comunicante entre la persona que protagoniza la historia y el narrador de la misma. Por ello afirma Bloch que “conscientemente o no, siempre tomamos de nuestras experiencias cotidianas, matizadas, donde es preciso, con nuevos tintes, los elementos que nos sirven para reconstruir el pasado”.[8]

Pero reconstruir la psique y el mundo en el que se desarrolló un determinado episodio de la historia no es tarea fácil. Para ello, es necesario comprender el conjunto de relaciones de significado que articulaban el pensamiento de una época específica, la episteme, diría Foucault, lo cual puede ayudarnos a tener una aproximación más precisa de las motivaciones que empujaron a los personajes de la historia a actuar de un modo específico. El momento histórico determina un cierto modo de ser, y por ello es importante entender la relación entre las particularidades de cada persona y el contexto en el que se desarrollan a la hora de hacer una interpretación histórica, tal como apunta Gadamer¨

“En realidad no es la historia la que nos pertenece, sino que somos nosotros los que pertenecemos a ella. Mucho antes que nosotros nos comprendamos a nosotros mismos en la reflexión, nos estamos comprendiendo ya de una manera autoevidente en la familia, la sociedad y el estado en que vivimos (…) Por eso los prejuicios de un individuo son, mucho más que sus prejuicios, la realidad histórica de su ser”.[9]

El historiador, como todo buen narrador, tiene la obligación de desarrollar a los personajes, explicar esa serie de circunstancias particulares que hicieron que una persona de características peculiares en un contexto específico e irrepetible pudiera convertirse en un personaje histórico, tal como ejemplifica a la perfección Friedrich Katz en su biografía de Pancho Villa. Y en esta búsqueda del personaje, el ser humano se revela. Eso es quizá lo que hace que los historiadores sientan fascinación con ciertos personajes cuya vida parece plagada de sucesos increíbles y anecdóticos, personajes que devuelven la capacidad de asombro sobre las posibilidades de la naturaleza humana.

Pero resulta que los humanos como la historia, suelen dar giros inesperados. Regularmente, las personas no se comportan como deberían. La vida es tan compleja que a veces factores casi imperceptibles pueden cambiar el curso de la de los acontecimientos y la historia. Y es precisamente la labor del historiador indagar en estas minucias que no saltan a la vista con sólo revisar los archivos. Los documentos son una guía, una señal, pero ninguna historia puede reconstruirse únicamente a través de documentos. Para que los documentos hablen necesitan ser interpretados, necesitan ser vinculados con otros sucesos y otros personajes para encontrar su lugar en esa narración de narraciones que construye la historia. Y también ocurre, que el hallazgo de nueva evidencia documental permite reescribir y reinterpretar el pasado a profundidad. De ahí que nuestro conocimiento del pasado esté siempre en constante cambio, pues como acertadamente señala Bloch, “el pasado es, por definición, un dato que ya nada habrá de modificar. Pero el conocimiento del pasado es algo que está en constante progreso, que se transforma y perfecciona sin cesar”.[10] O como señala Gilly: “En cada tiempo, la valoración de los humanos va cambiando”.[11]

La historia, al igual que ocurre con el lenguaje, está siempre viva porque es sólo a través de la gente que cuenta y vive inmerso en los relatos del pasado que el pasado se hace siempre presente. Y como todo organismo vivo, la historia siempre será susceptible de transformar nuestro entendimiento del pasado a partir del hallazgo de nuevas pistas que permitan conectar los acontecimientos del pasado de un modo distinto, para generar así nuevas interpretaciones.

El historiador es un coleccionista de cuentos, alguien que decide relatar la historia de ciertas personas a partir de los relatos que le cuentan otras personas. Por ello el historiador debe saber preguntar, debe sumergirse en las narraciones de los otros, antes de contar la misma historia desde la perspectiva del presente.

Historias de la revolución

Y dentro de ese gran cuento que es la historia, la lucha del ser humano contra el abuso de sus semejantes ha sido una constante. Más allá del sistema de gobierno imperante o de la moral propia de cada época, la defensa contra el abuso es quizá el tema predilecto de la historia, el relato de los seres humanos buscando la anhelada libertad, la felicidad que les ha sido arrebatada, prohibida. De ahí que Gilly considere que no es la pobreza el motor que alimenta a las revoluciones, sino el deseo de recuperar la dignidad perdida.

“La revolución es una explosión contra la humillación, y luego la pobreza, que es también una forma de humillación”, afirma Gilly.[12]

A lo largo de la historia del hombre, la disputa entre ricos y pobres ha sido permanente a lo largo de siglos y siglos de despojos, saqueos, abusos, manipulación. La historia es cíclica, como bien señala Nietzsche, y por eso tiende a repetirse, no con exactitud, pero sí en lo esencial. Por ello no sólo ocurre que la comprensión del presente nos permita una mejor interpretación del pasado, sino que también ocurre a la inversa: comprender el pasado para interpretar el presente.

Y en todos los casos, desde el despojo de tierras en Papantla detonado por una fiebre de la vainilla, la Revolución Mexicana, las revueltas rurales de la Francia revolucionaria, el arribo de los bolcheviques al y la creación de la Unión Soviética, la formación de la clase obrera en Inglaterra o la insurgencia del pueblo aymara contra el colonialismo, son historias que comparten un rasgo común: el del pueblo que se organiza para combatir la opresión.

Si bien cada una de estas historias obedece a momentos, circunstancias y desenlaces diferentes, todas ellas narran rebeliones populares cuya única posibilidad de generar un cambio real es a través de la organización social. Desde las asambleas de los campesinos del Tercer Estado francés o los sóviets de los trabajadores rusos, las revoluciones con posibilidades de triunfo suelen ser aquellas donde la cohesión social y el hartazgo logran articularse en torno a un fin común para generar un cambio de fondo que restablezca el equilibrio social, al menos durante un tiempo. Y en este proceso de lucha contra la opresión, el factor ideológico juega una pieza clave en el rompecabezas. Como bien escribió Trosky en su relato sobre la Revolución Rusa, ninguna revolución puede prosperar sin la participación de la gente, por más innovadora que sea la ideología defendida por la clase intelectual revolucionaria. Pero tampoco se puede negar que las ideas son un instrumento poderoso para hacer frente a la ignominia, pues a final de cuentas, las ideas fijan un rumbo, un horizonte al cual dirigir el hartazgo de un pueblo en busca de justicia. Al final de cuentas, la historia de los movimientos sociales bien podría reducirse a eso: un puñado de hombres en busca de justicia.

Y si la historia ha de servirnos para interpretar el presente, ¿dónde nos encontramos situados hoy, en un país como México donde todos los días aparecen actos de corrupción monumentales y donde todos los días nos enteramos de nuevas masacres que permanecen impunes? ¿A qué se debe esa inmovilidad del grueso de la población pese al recurrente y cada vez más cínico abuso de sus élites? Si alguna lección nos ha enseñado la historia, es que las cosas terminan ocurriendo cuando deben ocurrir, no antes ni después. Así como los primeros intentos de una revolución obrera en Rusia, o los primeros levantamientos armados contra el régimen porfirista fracasaron, tuvieron que pasar muchos años para que ese complejo entramado de relaciones sociales desembocara en revueltas sociales capaces de generar nuevas condiciones de convivencia.

En un sentido opuesto, a veces también es necesario redescubrir los fracasos del pasado para enmendar los errores y reivindicar la tradición, como ocurre con la reelaboración del relato histórico del pueblo boliviano en la obra de Thomson, lo cual es una muestra fehaciente de que, como bien advirtió George Orwell, el pasado puede transformarse desde el presente.

Por supuesto, ninguna revolución es garantía de un cambio permanente, pues como hemos visto, la historia es dinámica, está constantemente en movimiento. Pero eso no es una razón de peso suficiente como para que los seres humanos dejen de escribir la historia con cada acto de sus vidas.

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[1] Paul Ricoeur. Tiempo y narración I. Configuración del tiempo en el relato histórico. Siglo XXI Editores. México, 2004. Quinta edición, p. 39.

[2] Ibídem.

[3] Marc Bloch. Introducción a la historia. Fondo de Cultura Económica. México, 2012, séptima reimpresión, p. 47.

[4] Anthony Giddens. Sociología. Alianza Universidad Textos. España, 1996. Segunda edición, segunda reimpresión, p. 74.

[5] “«Ciencia de los hombres», hemos dicho. La frase es demasiado vaga todavía. Hay que agregar: «de los hombres en el tiempo». El historiador piensa no sólo lo humano. La atmósfera en que su pensamiento respira naturalmente es la categoría de la duración”. March Bloch, Op. cit., p. 31.

[6] Bloch, p. 53.

[7] Ibídem, pp. 53-54.

[8] Ibídem, p. 48.

[9] Hans-Georg Gadamer. Verdad y método I: Fundamentos de una hermenéutica filosófica. Ediciones Sígueme. España, 1993, p. 344.

[10] Marc Bloch, Op. cit., p. 61.

[11] Adolfo Gilly. Seminario de Investigación y escritura de la historia. Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. México, 11 de marzo de 2015.

[12] Ibídem.

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Bibliografía:

BLOCH, Marc. Introducción a la historia. Fondo de Cultura Económica. México, 2012, séptima reimpresión.

GADAMER, Hans-Georg. Verdad y método I: Fundamentos de una hermenéutica filosófica. Ediciones Sígueme. España, 1993. Quinta edición.

KATZ, Friedrich. Pancho Villa. Ediciones Era. México, 2000.

KOURÍ, Emilio. Un pueblo dividido: Comercio, propiedad y comunidad en Papantla, México. Fondo de Cultura Económica-El Colegio de México. México, 2013.

LEFEBVRE, Georges. El gran miedo de 1789: La revolución francesa y los campesinos. Ediciones Paidós. España, 1986.

RICOEUR, Paul. Tiempo y narración I. Configuración del tiempo en el relato histórico. Siglo XXI Editores. México, 2004. Quinta edición.

THOMPSON, E. P. Thompson. La formación de la clase obrera en Inglaterra. Crítica. España, 1989.

THOMSON, Sinclair. Cuando reinasen los indios: La política aymara en la era de la insurgencia. Muela del Diablo Editores. Bolivia, 2006.

TROSKY, Lev. Historia de la revolución rusa. Versión castellana de la Red Vasca Roja, 1998. Edición en línea.

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El árbol de la lengua

Una bellísima infografía sobre las ramificaciones de las diferentes lenguas indoeuropeas que dominan el habla en el mundo. Me gustaría conocer los otros árboles de la lengua para completar ese bello jardín de la lengua humana.

El árbol de la lengua

Weber y la ética protestante en la conformación del espíritu capitalista

Releer a Weber siempre será un placer. Los años pasan y no deja de sorprenderme la claridad que poseía el fundador de la llamada sociología comprensiva para identificar y describir con una precisión asombrosa las causas que intervinieron en el desarrollo de ciertos fenómenos sociales. Así lo hace de manera magistral con La ética protestante y el espíritu del capitalismo, obra maestra de la sociología contemporánea, en la cual Weber explica la manera en que la reforma protestante y en específico el calvinismo que impregnó a todas las sectas “puritanas” de la Iglesia Protestante fueron determinantes para que el modelo capitalista fuera adoptado como una práctica común en las principales potencias económicas de occidente, incluyendo países como Estados Unidos, Países Bajos y Alemania.

Esto se debe a que, según Weber, a “la determinación del influjo de ciertos ideales religiosos en la constitución de una ‘mentalidad económica’,[1] es decir, la presencia de un ethos económico implícito en el calvinismo y las vertientes protestantes influenciadas por esta rama del cristianismo.

Haciendo una crítica al materialismo histórico enarbolado por el marxismo, Weber inicia su análisis comparando la relación religión-trabajo entre los grupos protestantes y católicos, llegando a la conclusión de que la lógica religiosa de los protestantes fomenta que sus devotos ocupen mejores posiciones de trabajo dentro de las fábricas y los centros industriales, ya que “los católicos participan también en menor proporción en las capas ilustradas del elemento trabajador de la moderna gran industria”. [2]

Intrigado por las relaciones causales entre el credo religioso y la racionalidad económica de los grupos calvinistas, Weber concluye, siguiendo a Gothein, que la llamada diáspora calvinista de Europa noroccidental a partir del siglo XVI se convirtió en un “vivero de la economía capitalista”.[3]

De este modo es como Weber explica la manera en que la doctrina calvinista, contrario al luteranismo, niega la posibilidad de la salvación postmortem y asume que la realización espiritual debe plasmarse en vida, específicamente a través del trabajo y la acumulación de riqueza como una forma de alabar a Dios y ayudar al prójimo, asumiendo que la salvación espiritual está reservada para unos cuantos.

Esta concepción del cristianismo rompe completamente con la ideología imperante en la Iglesia católica y al mismo tiempo abre la posibilidad de que prácticas como la explotación y la usura dejen de ser vistas como una práctica inmoral. De este modo, la cosmovisión de los calvinistas fue un terreno propicio para el desarrollo de un incipiente capitalismo que ya existía desde hace muchos años atrás en culturas como la de China y Babilonia. Al respecto señala Weber:

“La ‘concepción del mundo’ marcha determinada por la suerte de los intereses político-comerciales y sociales. Aquel que no quiere o no es capaz de adoptar un comportamiento práctico a las condiciones de triunfo capitalista, ha de hundirse, o al menos, no progresa lo bastante”. [4]

De ahí que Weber ahonde en la concepción protestante de la “profesión” (beruf) como un medio a través del cual el calvinismo asume como un fin la acumulación de dinero, lo cual hace necesario mejorar los niveles de rendimiento del capital al mismo tiempo que el enriquecimiento se convierte en una señal de predestinación a la salvación eterna.

“La labor social del calvinista en el mundo sólo se realiza in majorem Dei gloriam. En la ética profesional ocurre precisamente igual, puesto que sirve al conjunto global de los hombres en su paso por el mundo”, afirma Weber al explicar el carácter “utilitaria de la ética calvinista”.[5]

Más allá de los pormenores descritos con minucioso detalle en el ojo crítico de Weber, el texto sostiene que el espíritu del capitalismo presente en la reforma protestante permitió el florecimiento de dicho modelo económico y social al reivinidcar prácticas sociales que eran condenadas en la ética religiosa tradicional. De este modo, Weber logra conectar dos esferas sociales aparentemente inconexas entre sí, para describir la manera en que la lógica eclesiastica de los países protestantes impulsó el sistema económico que creció exponencialmente como consecuencia de la Revolución Industrial.

Weber parece llegar a la conclusión de que antes de la existencia del capitalismo moderno, existía ya un espíritu capitalista implícito en las creencias religiosas de la ética protestante, tal como argumenta irónicamente al citar algunos postulados de Benjamin Franklin con el fin de delinear algunas máximas de la “cultura americana”.

Así es como Weber, reconociendo las limitaciones metodológicas de sue propio estudio, construyó una obra sólida convertida en un referente de la sociología moderna al describir la relación causal de factores que fueron determinantes para que el capitalismo moderno floreciera en países de corte protestante que con el paso de los siglos se convertirían en potencias politico-económicas de Occidente.

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[1] Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición. Página12.

[2] Ibidem, p. 17.

[3] Ibidem, p. 20.

[4] Ibidem, p. 39.

[5] Ibidem, pp. 63-64.

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Bibliografía:

WEBER, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición.

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Apuntes sobre la metodología de las ciencias sociales: Weber, Schutz y Giddens

A continuación presento una serie de apuntes sobre la metodología de las ciencias sociales a partir de las lecturas de Max Weber, Alfred Schutz y Anthony Giddens.

sociedad

El método sociológico en Weber

En su libro Ensayos sobre metodología sociológica, el sociólogo alemán Max Weber afirma que cada individuo otorga una significación a hechos concretos de la realidad, a través de sus propias ideas de valor, situación que ayuda a definir un determinado objeto de estudio. De ahí que para Weber, el problema de la objetividad en las ciencias sociales está condicionado por factores subjetivos propios de cada individuo, situación que hace necesario establecer criterios mínimos de validez que ayuden a encontrar las conexiones causales entre los diversos fenómenos que se manifiestan en el ámbito social, reconociendo las limitaciones del saber social incapaz de conocer la totalidad del ente social.

Y aunque Weber reconoce que toda investigación está influenciada por determinados valores culturales, la validez metodológica de todo conocimiento propio de las ciencias sociales debe identificar verdades esenciales que puedan ser validadas en diferentes ámbitos culturales, ya que “una demostración científica metódicamente correcta en el ámbito de las ciencias sociales, si pretende haber alcanzado su fin, tiene que ser reconocida también como correcta por un chino”.[1]

“La ciencia social que queremos promover es una ciencia de la realidad. Queremos comprender la realidad de la vida que nos circunda, y en la cual estamos inmersos, en su especificidad; queremos comprender, por un lado, la conexión y significación cultural de sus manifestaciones individuales en su configuración actual, y, por el otro, las razones por las cuales ha llegado históricamente a ser así-y-no-de-otro-modo”. [2]

En otras palabras, aunque la investigación científica esté delineada a partir de ciertas “premisas subjetivas”, el investigación social debe buscar las conexiones causales que expliquen, de manera lógica y con el mayor grado de objetividad posible, el funcionamiento de los fenómenos sociales.

En términos de Weber: “la verdad científica es lo que pretende valer para todos aquellos que quieren la verdad”.[3]

El sociólogo alemán también critica la manera en que la noción de tipo ideal, es decir una construcción mental idealizada y representativa de un determinado fenómeno social, sea tomada como empíricamente válida por una corriente de pensamiento basada en la lógica y la razón instrumental (como ocurre marcadamente en el marxismo y la noción de Estado), lo cual no significa que esta idealización de lo real sea, efectivamente, sinónimo de realidad social.

“No obstante, la nítida distinción entre la referencia lógica comparativa de la realidad a tipos ideales en sentido lógico y el juicio valorativo acerca de la realidad a partir de ideales constituye un deber elemental del autocontrol científico y el único medio de evitar sorpresas. Un tipo ideal en nuestro sentido es algo por entero indiferente a cualquier juicio valorativo, y nada tiene que ver con una perfección que no sea puramente lógica”, según refiere Weber.[4]

Al reflexionar sobre el carácter científico de la historia, Weber sostiene que la interpretación científica de la misma se realiza a partir de ‘modelos imaginarios’ creados mediante la eliminación de uno o varios de los elementos de la realidad que han existido de hecho, y la construcción conceptual de un curso de los acontecimientos modificado en relación con una o varias condiciones”. Por lo tanto, dice Weber, el primer paso del juicio histórico es un proceso de abstracción que debe desembocar en una “síntesis de la conexión causal efectivamente real”.[5]

Lo que señala Weber en relación al conocimiento científico de la historia, es que la validez de todo saber histórico tiene que ser explicado a partir de argumentos causales que ayuden a dilucidar los factores esenciales que determinaron un determinado curso de la historia, ya que no ahondar en las causas del proceso histórico convertiría a la historia en una simple narración de hechos sin explicación.

De ahí se desprende el concepto de “posibilidad objetiva” a partir del cual Weber pretende construir una especie de posibilidad hipotética que describa otra narrativa posible en relación a determinados acontecimientos históricos. Un concepto que de manera extraña, contrario al resto de la tipología propuesta por Weber, carece del fundamento científico defendido en el resto del libro. Esto, debido a que la posibilidad de que las cosas transcurrieran de tal o cual modo a partir de un hecho histórico, es un problema sumamente complejo como para que el saber científico pueda deducir de manera racional lo que pudo haber pasado si los hechos históricos se hubieran desarrollado de otro modo.

Schutz y el problema de la realidad social

En su libro, El problema de la realidad social, Alfred Schultz sostiene que el conocimeinto científico está basado en los factores que construyen la noción de sentido común mediante la cual los individuos se relacionan con el mundo.

“Todo nuestro conocimiento del mundo, tanto en el sentido común como en el pensamiento científico, supone construcciones, es decir, conjuntos de abstracciones, generalizaciones, formalizaciones e idealizaciones propias del nivel respectivo de organización del pensamiento. En términos estrictos, los hechos puros y simples no existen. Desde un primer momento todo hecho es un hecho extraído de un contexto universal por la actividad de nuestra mente. Por consiguiente, se trata siempre de hechos interpretados, ya sea que se los considere separados de su contexto mediante una abstracción artificial, o bien insertos en él”.[6]

Para Schutz, el pensamiento sociológico es una construcción de segundo orden derivado de la construcción de sentido común. En otras palabras, afirma Schutz, el conocimiento del mundo no es un asunto privado, sino “intersubjetivo o socializado desde el principio”.

“No puedo comprender un objeto cultural sin referirlo a la actividad humana en la cual se origina”.[7]

De este modo, las formas de tipificación sobre las que se construye el sentido común tienen que ver con el punto de vista, tanto espacio-temporal como biográfico-significativa, de acuerdo con los postulados de Schutz.

El sentido común resuelve estos problemas dando por sentado que otro punto de vista desde una posición diferente también puede ser válido y que las diferencias biográficas entre dos individuos que observan un mismo hecho social no son relevantes al momento de construir una explicación lógica sobre dicho fenómeno.

Schutz afirma que mediante el sentido común, las personas crean tipos ideales de comportamiento para establecer vínculos de interacción social con sus semejantes.

Schutz también sostiene que para realizar una interpretación subjetiva del sentido que articula la acción social, el científico social debe construir un modelo capaz de explicar y conectar las motivaciones que originan la acción social, así como el porqué de las mismas, con el fin de establecer pautas mínimas que permitan al observador comprender ese fragmento delimitado de la realidad que constituye su objeto de estudio.

De acuerdo con Schutz, los requisitos para la construcción de dichos modelos son: a) la coherencia lógica; b) la interpretación subjetiva; c) la adecuación de dicha interpretación para mejorar la comprensión.

La construcción de tipos ideales

En su libro Estudios sobre teoría social, Schultz trata de explicar la manera en que las ciencias sociales pueden conocer e interpretar a la sociedad mediante el uso de tipificaciones ideales que ayuden a esclarecer las causas y el sentido de la acción social.

A grandes rasgos, lo que interesa a Schultz es la posibilidad de conocer la realidad social a través de las conexiones que se desprenden de la acción social y sus motivaciones.

Esto resulta fundamental para tratar de explicar la manera en que se construye la noción de sentido dentro de los sistemas sociales, ya que como apunta el autor, “el complejo más simple de sentido en términos del cual una acción es interpretada por el actor son sus motivos”.[8]

Schultz sostiene que, para que puedan ser comprendidos los fenómenos social deben de existir construcciones típico-ideales regidas por los postulados de: 1) significatividad (el problema social crea un marco de referencia y establece límites para la formación de tipos ideales); 2) adecuación (la tipificación debe ser comprendida por el actor); 3) coherencia lógica; 4) compatibilidad (el sistema de tipos ideales debe contener supuestos verificables).

Con el fin de explicar cómo es que agrupamos nuestras experiencias de lo cotidiano a través de construcciones típico–ideales, Schutz propone diferenciar la relación “Nosotros” de la relación “Ellos”. En la relación Nosotros, existe una relación del tipo “yo me experimento a mí mismo a través de usted y usted se experimenta a sí mismo a través de mí”.

Es decir, la relación Nosotros se da a través de una interacción directa, cara a cara, en el que las personas se relacionan de manera intersubjetiva y sin intermediarios, situación que

Del otro lado, la relación “Ellos”, que se despliega en “el mundo de los contemporáneos” involucra tipificaciones indirectas que sirven para establecer una interacción a pesar de no establecer contacto físico. De este modo, las experiencias del otro y mis experiencias forman un nuevo tipo de experiencia común, la de nuestras experiencias, las cuales son reguladas mediante un proceso de racionalización.

De este modo, Schultz trata de demostrar que la noción de mundo está condicionada por estructuras de tipificación que hacen posible establecer un marco de referencia del sentido común a partir del cual, el científico social establece sus propias categorías a la hora de describir las causas de un determinado fenómeno social.

Esto con el fin de anticipar la conducta futura de la acción de otras personas, mediante la imaginación. Esto significa que se debe visualizar el estado de cosas que provocará acciones futuras antes de poder esbozar los pasos específicos de dicha acción, lo cual establece, para Schultz, un nivel mínimo de verificación dentro de las ciencias sociales.

Lo anterior ocurre, por ejemplo, con la interpretación de la historia, la cual tiene la misión de “decidir qué sucesos, acciones y actos comunicativos han de elegirse para la interpretación y reconstrucción de la historia a partir de la realidad social total del pasado”.[9]

El ejemplo de la tipificación de la historia, permite entender la manera en que el conocimiento social solamente es posible a partir de una interpretación racional de la acción, es decir, una interpretación estructurada de los significados que permanentemente modifican el sentido de lo social.

Me parece que la concepción propuesta por Schultz sobre la metodología de las ciencias sociales permite establecer criterios mínimos de fiabilidad y validez del conocimiento social, a través de una serie de construcciones ideales que sirvan como base de la explicación racional que todo científico social debe realizar en torno a un determinado fenómeno.

De esta forma, la acción racional, en el plano del sentido común, es siempre acción dentro de un marco de tipificaciones que ayuden a identificar los motivos, medios, y fines que habrán de dar sentido a la sociedad como el resultado de una serie de interacciones comunicacionales entre los sujetos de un determinado grupo.

Giddens y las nuevas reglas del método sociológico

En su libro Las nuevas reglas del método sociológico, Anthony Giddens hace una revisión de las principales escuelas de la llamada “sociología interpretativa” al exponer sus principales aportaciones y limitaciones conceptuales a la hora de construir un método para las ciencias sociales.

En términos generales, el sociólogo británico explica que desde Weber la sociología busca interpretar al mundo social como un ente poseedor de significado, explicable o inteligible, dependiente del lenguaje y la acción, lo cual hace necesario una teoría de la interpretación (hermenéutica) con el fin de explicar las causas que originan los fenómenos sociales.

En este sentido, Giddens resume las principales limitaciones de las diferentes escuelas de la sociología interpretativa en tres puntos: 1) el esclarecimiento del concepto de acción, junto con las nociones de intención, razón y motivo; 2) las conexiones entre la teoría de la acción y las estructuras institucionales; 3) las dificultades epistemológicas que implica la lógica del método científico-social.

Para Giddens, “la producción de la sociedad es resultado de las destrezas constituyentes activas de sus miembros, pero utiliza recursos y depende de condiciones de los cuales los miembros no tienen noción, o perciben sólo confusamente”, por lo cual, existen tres aspectos a tomar en cuenta dentro de la producción de la interacción social: 1) la producción de significado; 2) la moralidad; 3) las relaciones de poder.

Debido a que la teoría sociológica de Giddens pone un énfasis central en el proceso de estructuración institucional, donde la reproducción juega un papel fundamental, el autor señala que “todas las organizaciones o colectividades constan de sistemas de interacción y pueden ser analizadas como estructuras”. [10]

Giddens retoma algunos planteamientos de Schutz sobre el “sentido común”, para señalar que la sociología busca interpretar un mundo preinterpretado, “donde la creación y reproducción de los marcos de significado es la condición misma de lo que procura analizar, o sea, la conducta humana”.[11] De ahí que exista la necesidad de aplicar una “doble hermenéutica” a la hora de interpretar los fenómenos sociales.

De este modo, Giddens propone cuatro puntos elementales para la construcción de un nuevo marco metodológico para el estudio de lo social Sus principales postulados son:

A) La producción y reproducción de la sociedad

  1. La sociología no se ocupa de un universo preconcebido, sino uno constituido o producido por los procederes activos de los sujetos.
  2. La producción y reproducción social debe ser considerada como una realización de sus miembros y no solo como una serie mecánica de procesos.

B) Los límites de la actividad y los modos en que los procesos de producción y reproducción pueden ser examinados

  1. El dominio de la actividad humana es limitado. Los hombres producen la sociedad pero lo hacen como sujetos históricamente situados, no en condiciones de su propia elección.
  2. Las estructuras no deben conceptualizarse solo como coerciones de la actividad humana, sino también como algo que la permite (dualidad de la estructura).
  3. Los procesos de estructuración implican una interpelación de significado, normas y poder.

C) Los modos en que se observa la vida social

  1. El observador sociológico no puede tornar asequible la vida social como un fenómeno para la observación, independientemente de utilizar su conocimiento sobre la misma a modo de un recurso mediante el cual la constituye como un “tema de investigación”.
  2. La inmersión en una forma de vida es el medio único y necesario por el cual un observador puede generar caracterizaciones. (Esta inmersión no implica que el observador se convierta en un miembro activo de la comunidad que estudia).

D) La formulación de conceptos dentro de los marcos de significado como metalenguajes

  1. Los conceptos sociales obedecen a una doble hermenéutica.
  2. Las tareas primarias del análisis sociológico son: I) la explicación y mediación de hermenéuticas de forma de vida divergentes dentro de los metalenguajes descriptivos de las ciencias sociales. II) La explicación de la producción y reproducción de la sociedad como el resultado logrado por la actividad humana.

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[1] Max Weber, Ensayos sobre metodología sociológica, Amorrortu. Argentina, 1978, página 47.

[2] Ibidem, pag. 61.

[3] Ibidem, pag. 73.

[4] Ibidem pag. 88.

[5] Ibidem, pags. 159-160.

[6] Alfred Schutz. El problema de la realidad social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974, páginas 36-37.

[7] Ibidem, pag. 41.

[8] Alfred Schutz. Estudios sobre teoría social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974, página 24.

[9] Ibidem, pag. 67.

[10] Anthony Giddens. Las nuevas reglas del método sociológico. Amorrortu Editores. Argentina. 1993, p. 161.

[11] Ibidem, p. 162.

 

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Bibliografía:

GIDDENS, Anthony. Las nuevas reglas del método sociológico. Amorrortu Editores. Argentina, 1993.

SCHUTZ, Alfred. El problema de la realidad social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974.

SCHUTZ, Alfred. Estudios sobre teoría social. Amorrortu Editores. Argentina, 1974.

WEBER, Max. Ensayos sobre metodología sociológica, Amorrortu. Argentina, 1978.

Lipovetsky y las paradojas del individualismo en la era hipermoderna

La era del individualismo exacerbado plantea una ruptura con el marco conceptual que dio forma al proyecto de modernidad. De ahí que el filósofo francés Gilles Lipovetsky señala que factores como como la celebración del gozo privado, la obsesión por la salud y el cuerpo, el cambio en el paradigma educativo, así como el culto al mercado y a la autonomía, marcan el “derrumbe de las ideologías modernas”, tales como el nacionalismo o el progreso. A diferencia del modelo anterior, la gente ya no está dispuesta a sacrificar el presente en aras de un futuro mejor, como ocurrió marcadamente en el siglo XIX y prácticamente todo el siglo XX.

En su ponencia titulada “Desafíos del individualismo contemporáneo: vida pública y privada”,  realizada en el Senado de México el día de hoy, Lipovetsky explicó que la sociedad global se encuentra en un momento histórico en el que el individualismo exacerbado ha traído como consecuencia un desencanto generalizado de los ciudadanos en la política electoral, al mismo tiempo que la gente empieza a construir otras formas de participación política a través de las nuevas tecnologías de la información.

El individualismo ha generado cambios profundos en las instituciones sociales, desde la familia hasta la religión y la política, creando la posibilidad de que cada persona construya su singular opinión del mundo a partir de los múltiples discursos disponibles en el mundo hiperconectado de la era global. Sin embargo, una mayor autonomía en la toma de decisiones viene acompañada de un aumento en el sentimiento de angustia que experimentan las personas ante retos como la fragilidad psicológica, la competencia laboral, una mayor vigilancia de los aparatos de control y un hiperlocalismo a la hora de construir nuevas formas de identidad.

Ideas que Lipovetsky desarrolla de manera apabullante para tratar de entender el cambio epistemológico de la era actual frente al caduco proyecto de modernidad, con el fin de entender el mundo en que vivimos. Va la charla completa.

La épica de la sociedad red: de Apple a WikiLeaks (pasando por Facebook)

Toda era necesita sus propios héroes, sus propios mitos. Lo épico, proveniente del griego epos, es un término cuyo significado puede traducirse como “palabra, historia, poema”. La historia del mundo es la autorrepresentación del ser humano construyendo su propia narrativa. Por eso la historia de la humanidad no es sino una reinterpretación de hechos concretos que solo pueden trascender un espacio-tiempo específico elevándose al nivel de símbolo. De ahí que el poeta o el cuentista de la tribu sea el personaje encargado de reconfigurar la realidad a través de la palabra. Todo grupo cultural tiene sus propios mitos fundacionales: Adán y Eva, Rómulo y Remo, el profético sueño de Aztlán, las guerras independentistas. Relatos que van edificando nuevos discursos y nuevas posibilidades de lo real. Esto explica el poder transformador del arte, ya que como toda manifestación del lenguaje, es un juego de espejos capaz de imponer nuevos límites al mundo, un nuevo orden que se teje a través de la representación. Dicho de otra forma, el poder transformador del arte reside en su capacidad para convertir la realidad en signo lingüístico. Por ello, Michel Foucault considera que la posibilidad de aprehender el mundo está condicionada a la capacidad de cada persona para interpretar los signos que construyen y delimitan al mundo:

“El mundo está cubierto de signos que es necesario descifrar y estos signos, que revelan semejanzas y afinidades, solo son formas de la similitud. Así pues, conocer será interpretar: pasar de la marca visible a lo que se dice a través de ella y que, sin ella, permanecería como palabra muda, adormecida entre las cosas”.[1]

Esto ayuda a entender el poder del cine como un eficaz instrumento simbolizador de lo real. Y si el mundo se codifica a partir de sus signos, ¿cómo deberíamos interpretar al mundo actual a partir del séptimo arte? Si bien la sola intención de interpretar la totalidad al mundo se presenta como una tarea exhaustiva imposible de realizar, sí es posible identificar ciertos discursos con el poder suficiente para reconfigurar el significado del mundo.

Un ejemplo concreto de este tipo de discursos lo encontramos en la épica de la sociedad red edificado en Hollywood en los últimos años, una narrativa potencializada a partir del vertiginoso auge de las tecnologías de la información, el avance de la globalización y un mundo decadente cuyas estructuras obsoletas lo hacen buscar con desesperación una posibilidad de futuro cancelada por los viejos dogmas.

Por ello resulta fascinante, al menos para mí, la manera en que la industria cinematográfica estadounidense, icono de ese mundo agónico que se resiste al cambio, ha contribuido de manera significativa a construir el discurso de la sociedad red a partir de películas como Red social, Jobs y El quinto poder. Tres filmes de corte biográfico que tratan de desentrañar la manera en que el mundo ha logrado extender sus propios límites mediante el internet y la hiperconectividad que ofrece el ciberespacio a la hora de desdoblar la realidad. Y por supuesto, ninguna narrativa estaría completa sin sus propios héroes. Ahí están Mark Zuckerberg (creador de Facebook), Steve Jobs (fundador de Apple, la compañía más poderosa del planeta) y Julian Assange (hacker y activista fundador del sitio WikiLeaks), como ejemplos palpables del nuevo héroe del siglo XXI: seres iconoclastas e inconformes con las caducas estructuras del mundo que buscaron reconstruir a partir de sus propias obsesiones, curiosamente relacionadas con el fenómeno informático que ha marcado la nueva era digital a partir de 2000.

Idolatrado por generaciones de jóvenes por su visión innovadora y habilidad para los negocios, Jobs fue un pionero en entender las enormes posibilidades que ofrecía la revolución informática que se desplegaba ante sus ojos a partir del desarrollo del microchip en el desierto de Sillicon Valley. Eso es precisamente lo que intenta retratar la película Jobs (2013), dirigida por Joshua Michael Stern y protagonizada Ashton Kutcher, filme que retrata la manera en que un hippie desarrollador de videojuegos se convirtió en el director de la compañía más famosa del planeta, luego de revolucionar la comunicación con dispositivos como el iPhone, primer teléfono inteligente en la historia, aparato que marcaría un parteagüas en la historia y cuya repercusión todavía resulta difícil de medir con precisión.

Algo similar ocurrió con el filme Red social (2010), de David Fincher y el actor Jesse Eisenberg, cinta que relata la historia del creador de Facebook, la plataforma que transformó la interacción social a través de la web. El eslogan de la película es elocuente: “No puedes tener 500 millones de amigos sin hacerte de algunos enemigos”. Una fotografía del mundo hiperconectado de hoy, donde una persona puede vivir aislado de todo contacto humano a pesar de tener 500 millones de amigos, situación que evidencia las asimetrías y paradojas que plantea este nuevo modo de interacción social.

Con El quinto poder, dirigida por Bill Condon, la narrativa de la sociedad red adquiere un matiz más político, de tintes anarquistas, mientras tratamos de revelar las motivaciones revolucionarias y libertarias de un personaje excéntrico, megalomaniático y obsesivo como Assange, interpretado por Benedict Cumberbatch. El filme representa una crítica a las instituciones caducas que sostienen al mundo actual, cuyas fronteras han sido borradas por las computadoras y cuyas instituciones evidencian profundos síntomas de agotamiento, tal como ocurre con la corrupción imperante en los gobiernos, las instituciones financieras y los mass media, incluyendo al cine hollywoodense que se parodia a sí mismo en el brillante final de la película. El desarrollo de la trama no solo cuenta las tensiones y contradicciones inherentes a la mayor filtración de información de la historia, la cual se hizo en una pequeña y portátil memoria USB, sino que retrata un mundo globalizado donde un mismo hecho noticioso se ve forzado en salir a la luz a través de plataformas mediáticas multinacionales: The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde o incluso La Jornada. Una nueva forma de guerrilla donde la información es convertida en arma contra un régimen opresor que vigila permanentemente, al estilo George Orwell. El cine como analogía de la realidad. No en balde, la película fue estrenada al mismo tiempo que el mundo entero se convulsiona con el programa de espionaje de los Estados Unidos, el cual quedó descubierto a partir de las revelaciones hechas por el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, Edward Snowden, quien fácilmente podría protagonizar la secuela de El quinto poder, mientras Assange encuentra la manera de burlar el arraigo domiciliario que enfrenta en la embajada ecuatoriana en Londres de un tiempo a la fecha. ¿Cuánto tiempo pasará para que alguna productora hollywoodense decida llevar la historia de Snowden a la pantalla grande? ¿Cuándo veremos el primer filme protagonizado por Anonymous? ¿Y la película sobre Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google? Pareciera cuestión de tiempo.

Estos héroes informáticos han dotado de una nueva identidad a los expertos en informática. Las burlas contra los nerds de los 80s se convirtió en la idolatría de los geeks de los 2000s. Series televisivas como Big Bang Theory parecen confirmar la hipótesis. Nada más cool actualmente que ser un genio del internet que abandonó la universidad para amasar fortunas millonarias en el ciberespacio, hacer yoga por las mañanas, moverse en bicicleta y cazar zombis en los ratos libres. La prosa de nuestros días.#


[1] Michel Foucault. Las palabras y las cosas. México. Siglo XXI. 2008. Página 40.

Disertación sobre el periodismo contemporáneo a raíz de mi visita a la World Press Photo 2013

Cada año me decepciona más la World Press Photo. Se ha vuelto monotemática. El dolor humano en el Medio Oriente y sus alrededores. Algunas prostitutas y una que otra tragedia espantosa como la señora y la hija sin cara porque el marido decidió echarle ácido en el rostro, complementan la exposición. Hasta las de deportes tienen ya un aire trágico. De no ser por los pingüinos emperador, cortesía de National Geographic, y una que otra foto por ahí, uno bien podría pasar de largo la exposición. Recuerdo la primera vez que asistí a una World Press Photo en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México por ahí de 2008. Una foto alucinante de Marylin Manson en un autobús de escuela junto a varios morros, era una de las primeras imágenes de la muestra. Más adelante, el detalle de una fotografía del presidente ruso Vladimir Putin resaltaba del resto. La amplia gama de historias me cautivó. Pero la variedad de temas ha ido decreciendo. Ahora hay pocas imágenes que nos hagan imaginar que otro mundo ajeno al sufrimiento vil es posible. Las fotografías describen puntualmente la miseria humana, pero ahondan poco en las causas que han generado ese dolor.

Eso lo lleva a uno a cuestionar el papel que juega actualmente la prensa a nivel global. Con esto, no quiero decir que la labor de los fotorreporteros que arriesgaron sus vidas para documentar la catástrofe no sea digna de reconocimiento. Todo lo contrario. Sin embargo, ya no es suficiente enunciar la perdición del mundo. El periodismo tiene el deber ético y moral de buscar alternativas de futuro para este mundo enfermo de todos contra todos. Mientras no le demos vuelo a las historias de las personas capaces de transformar esta realidad viciosa seguiremos padeciendo ese dolor victimario que desborda los diarios del planeta. Tal pareciera que el dolor es la única narrativa posible en este mundo. Echarnos limón en una herida que nunca cierra. ¡Qué bonita profesión la que hemos escogido nosotros los periodistas!

El mundo, al ser una correlación de significados (como bien sugiere Wittgenstein en su famoso Tractatus Logico-Philosophicus) puede transformarse a partir de un cambio profundo radical en el discurso hegemónico. Los periodistas y los medios solemos dar muchas cosas por hecho cosas que no necesariamente son ciertas. ¿El crecimiento macroeconómico es sinónimo de bienestar? No necesariamente. Y sin embargo, los diarios lo dan por hecho, como si se tratara de una verdad irrefutable. Estamos atrapados en el discurso de un proyecto civilizatorio en crisis. Y mientras la prensa se limite a describir la fatalidad del mundo, apegada a los intereses financieros de los grandes capos de la información, el mundo seguirá jodido tal como está ahora. Hay que anunciar el advenimiento de ese nuevo mundo que está gestándose en algunos rincones del planeta y que los diarios no voltean a ver. De ahí la importancia de que los medios, como escenario donde se libra el debate público en estos tiempos hipermodernos, rompa con los viejos paradigmas para construir un nuevo modelo informativo. La objetividad inspirada en la ciencias formales ya no satisface por sí misma las necesidades de la gente. Algo que parece confirmar la explosión de las redes sociales. El periodismo debe transformarse para poder transformar al mundo.

Y mientras ponemos de nuestra parte para hacer que esto ocurra, la única fotografía de la World Press Photo 2013 que me arrebató el aliento, en la lente del fotógrafo Paul Nicklen.

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El último papel de Lanata

En mi lectura diaria de noticias, me topé con un texto interesante de la BBC sobre el periodista argentino Jorge Lanata y su afrenta abierta contra el gobierno de Cristina Krichner. Sin ser yo un conocedor a fondo de tan complejo y descarnado pleito, me recordó la entrevista que le hice a Lanata en 2008, poco después de fundar el diario Crítica de la Argentina, en aquellos meses de mi estadía en Buenos Aires, tras recorrer buena parte del continente americano. Al desempolvar este viejo texto del baúl, uno no deja de sorprenderse de cómo algunas cosas nunca cambian.  En aquel entonces escribí sobre el corpulento periodista que me atendió amablemente en su oficina dentro de la redacción del diario: “Lanata ha demostrado una disposición poco usual para mantenerse en el centro de la polémica”. Cinco años después constato, para mi sorpresa, que no andaba yo tan equivocado.

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El nombre de Jorge Lanata es un referente del periodismo argentino. De estilo irreverente, creativo, Lanata es un tipo inquieto que lo mismo puede incursionar en prensa escrita, televisión, radio o cine. Siempre fiel a su forma de contar historias sin un molde prestablecido y acostumbrado a generar reacciones con sus mordaces comentarios, se confiesa como un obsesionado a revelar el lado oscuro del poder.

Lanata ha demostrado una disposición poco usual para mantenerse en el centro de la polémica. Así lo dejó en claro con el lanzamiento del diario Crítica de la Argentina el pasado 2 de marzo (2008), mismo que ha comenzado a despertar interés entre los argentinos y el ámbito mediático por su peculiar eslogan: “el último diario de papel”. Un acontecimiento atípico luego de que los dirigentes de diversos diarios estadounidenses como The New York Times pronostican el fin de los diarios impresos dentro de los próximos cinco años ante el imponente avance de internet.

¿Cómo percibe el momento actual de los diarios frente al avance de nuevas tecnologías como el internet?

Creo que estamos en un momento de transición, pero es demasiado rápido para decretar la defunción de los diarios de papel. Si analizas las diferencias de conexión a internet, vemos que en el hemisferio sur tenemos un treinta y seis por ciento de conectividad mientras en el norte es de noventa por ciento, pero aún así falta mucho para que el papel sea remplazado. Para que eso ocurra, hay que desarrollar papel electrónico, algo con la textura y el grosor del papel, algo que tarde o temprano va a suceder, además de superar la dificultad de dar notas largas en pantalla. Creo que superando eso, tal vez la web pueda remplazar a los diarios dentro de un tiempo, pero estamos hablando de veinte o treinta años por lo menos, dentro de cinco años todo va a seguir igual. De hecho, si nos dijeran hoy que el papel desaparece, pero que se mantienen los avisos publicitarios, a nosotros nos conviene, porque el papel representa el cuarenta por ciento del costo total del diario. Si sólo sacáramos el diario en internet, donde el soporte es gratis, sería buenísimo, pero es algo que no creo que vaya a pasar dentro de poco tiempo.

En el caso de Crítica, el diario es uno solo, pero sale en dos soportes. La web no es un espejo del diario, sino parte del mismo. El sitio web esta pensado como una agencia de noticias de actualización y una forma de transparentar la información al permitir que el lector pueda ver cómo se va formando la edición del día siguiente.

¿Podría decirse que el avance de internet ha redefinido el papel que juegan los diarios dentro de la sociedad?

Los medios electrónicos te dan la noticia de primera mano, pero no tienen tiempo o la dinámica de contarte por qué pasan las cosas, además de que los periodistas que laboran en dichos medios, no están preparados para hacerlo, pues están más preocupados por la forma en la que dan las información, en lugar de preocuparse más por lo que dicen. Los periodistas que trabajan dentro de la prensa escrita tienen mejor formación que los que trabajan en televisión, por eso es más fácil que alguien que ha pasado por el rigor de una redacción puede trabajar con mayor facilidad en radio o televisión, cosa que no ocurre al revés. Creo que en parte, es porque que la palabra escrita tiene un peso distinto al estar publicada, no son palabras al aire.

¿Qué cambios existen entre Página 12 y Crítica de la Argentina? ¿Tuvo oportunidad de corregir algunos detalles con el lanzamiento de su segundo diario?

Todo es muy distinto, épocas diferentes. Cuando saqué Página 12 tenía veintiséis años, ahora tengo cuarenta y siete, por lo que tengo más experiencia. En algunas cosas soy más seguro, en otras no. Sigo quejándome de que no hay buenos periodistas. En estos últimos años no hubo quienes formaran escuela en Argentina; la última generación, que después emigró a distintos medios, fue la que formamos en Página y eso se siente mucho a la hora de convocar gente nueva, pues el desnivel profesional es muy grande.

No salieron medios que formaran camadas. Creo que los chicos están más preocupados por ser famosos que por ser buenos. Ser famoso es fácil, pero ser buen periodista no lo es. En general los jóvenes escriben mal porque leen poco. Es increíble que en una redacción cualquiera de cualquier parte del mundo, el noventa por ciento del personal no habla inglés, algo absurdo. Es como los periodistas económicos que no leen The Economist o Wall Street Journal, publicaciones que tienen que leer. No estoy diciendo que les tiene que gustar o que tengan que estar de acuerdo con la postura de estos medios pero no pueden dejar de leerlo. Eso pasa aquí y en toda Argentina. Los periodistas leen poco y creo que eso se nota después, con la exigencia del trabajo diario.

¿Qué relación considera que debe existir entre la forma y el contenido? Por momentos pareciera que existe una preocupación mayor por el diseño gráfico por encima de la información…

Trabajamos mucho en ese tema. Para mi todos los medios son experimentales, hay muchas cosas que se pueden hacer en la radio, la televisión y por supuesto en los diarios. En Página 12, diario que fundé veinte años atrás, trabajamos mucho en la relación entre la forma y contenido porque el diario demostró a través de los años, que vos podías hacer un chiste en la tapa, hacer un fotomontaje, hacerle un guiño al lector y que eso no te hacía perder credibilidad. Si la información era seria, funcionaba igual. Cuando hicimos la revista Veintitrés, se nos ocurrió sacar un número con un agujero en medio de la revista al publicar una nota relacionada al presupuesto, donde la idea era representar una especie de agujero negro. Mucha gente habló de ese número y del tema, llamó mucho la atención, pero la nota que publicamos era en serio, sólo que la manera con la que decidimos comunicar eso era original. Esto lo repetimos varias veces en Página 12, jugando con el color del diario y cosas por el estilo. Mientras el contenido sea serio, la relación con la forma es infinita, además de que sirve para renovar la relación con el lector. Me parece que la relación entre forma y contenido es un rubro en el que se puede explorar, pero no hay que perder de vista que el entretenimiento es algo inherente en los medios, sin que esto signifique sacar notas frívolas o idiotas. Hay que buscar la manera de hacer buenas notas y comunicar de forma creativa, porque entretenerse no está mal, todo depende la manera en que uno lo haga.

¿Qué opina de géneros periodísticos como la crónica y el reportaje? Pareciera que pierden terreno con la dinámica con que operan los medios actuales.

Para mí los géneros no existen. Lo importante es que tengas algo que decir, la forma en que lo digas no importa. Yo no soy trabajador de Blockbuster, no me importa en qué estantes o dónde vayan acomodadas las películas, yo hago películas sin importar que la llamen documental o ficción, es lo de menos. Acá existe el estereotipo de que una crónica tiene que ser colorida e interesante por lo que diga, pero si es nota, tiene que ser seca y aburrida. No, eso es una idiotez. Una crónica puede tener elementos de la noticia. ¿Por qué no ofrecer una noticia bien escrita e interesante? Lo que la gente quiere leer son buenas historias. Cualquier periodista puede entrevistar a Clinton, pero lo difícil es que el portero del edificio me cuente su historia: amó, persiguió, fue perseguido, odió, tuvo un problema… lo importante radica en hacer que el tipo cuente su historia. Si uno lo logra, en ese momento se hace periodismo, sin importar que se llame crónica, reportaje o nota.

¿Cuál es el reto del llamado periodismo independiente en un mundo donde la concentración del poder mediático en grupos económicos que los utilizan como herramienta de control político es una constante que se repite a diario?

La palabra periodismo independiente es lo que en el estudio de la lógica, se conoce como tautología. Es lo mismo que decir que un can es un perro. El periodismo es independiente, si no, no es periodismo. Lo otro es publicidad, son dos cosas distintas. El periodismo independiente es una categoría inventada por los medios tradicionales para fingir ser independientes. Yo no necesito decir que soy independiente, no hace falta aclarar esas cosas. Si tienes que dar explicaciones al respecto estas en un problema, porque significa que algo tienes que ocultar. Un diario es un puente entre la sociedad y el poder, y uno elige de qué lado ponerse. Nosotros elegimos ponernos del lado de la gente y otros del lado del poder. Los resultados son muy distintos. Los que están en el poder creen que siempre van a estar ahí, pero no es verdad, los ministros cambian, pasan, incluso en ocasiones tiramos a alguno, pero no son importantes en el fondo, el periodismo tiene que mirar hacia otro lado y apostar por la gente que siempre va a estar ahí.

¿Existe algún método para que los medios impresos logren la autonomía en su política editorial sin la interferencia de los anunciantes y que, al mismo tiempo sea un negocio redituable? ¿Cómo se logra esto?

Es un equilibrio difícil. Hay algunos medios como el Canal Algene de Francia, un semanario anarquista que venden medio millón de ejemplares sin que tengan un solo aviso en sus páginas. Se sustentan únicamente por la venta, cosa que pueden hacer por el gran volumen que manejan. Uno puede tratar de de posicionarse lo más posible con la venta directa, más publicidad de producto y menos publicidad de gobierno, la cual siempre esta condicionada a algo. Hay que apostar a eso y al tiempo, estar en la calle hasta convertirse en un referente.

 

¿Qué papel juega el periodismo de investigación en los esquemas de negocios de los diarios? Hay quienes perciben a la investigación como un gasto innecesario…

En primera, creo que ese es otro concepto equivocado, porque todo el periodismo es de investigación. Yo no voy a copiar un cable de otro porque no sé si sea cierto lo que dice la agencia. Siempre hay que tener un par de fuentes enfrentadas que puedan hablar del mismo tema desde su punto de vista, así que cada nota es una mini investigación y después se puede hablar de investigaciones en serio, un término que está muy desvirtuado, porque una nota que llevó tres días para su elaboración se dice de investigación, pero no es así, una buena nota de investigación requiere un par de meses por lo menos.

Sin embargo, no existe una relación entre la circulación de los diarios y este tipo de información. Las notas de investigación no te van a hacer vender más diarios, pero te dan prestigio, te dan seriedad y sirven para ir formando una imagen ante el público.

 

¿Cuál es el principal problema de la actualidad en cuanto a la libertad de expresión? ¿A qué nivel trabaja la censura dentro de los medios?

Hoy se puede hablar más de la autocensura. Durante los primeros años del gobierno de Kirchner hubo mucha censura directa, amenazando, intimidando o insultando periodistas, pero ahora están comprados, así que los dirigente de los medios prefieren no meterse en problemas con el poder en turno.

 

¿Cómo percibe la participación de los medios argentinos en el desarrollo de la crisis agraria que enfrenta el país actualmente?

Tenemos un gobierno difícil con los medios. Acabamos de ver como el gobierno calificó como golpistas a todos los que pensaban distinto a ellos, lo cual es una locura, porque en Argentina no existe ninguna posibilidad real de que exista un golpe de estado. Me parece que los medios están muy controlados por el gobierno, pero aún así no alcanza, el gobierno quiere más control. Es una lógica que nunca termina, porque el gobierno esta permanentemente al tanto de lo que los medios dicen sobre ellos. Creo que la gente que trabaja en el gobierno debería de dejar de leer tantos diarios y leer más libros.

En este momento, no hay programas políticos en la televisión abierta porque así lo quiso el gobierno, sólo existen en cable. Gran parte de los medios reciben publicidad oficial y están muy condicionados por el gobierno. A nivel nacional debe haber dos o tres diarios que no tienen presiones o que si las tienen, no les importan. Algunos radios y algunas revistas están en esa situación, pero todos los demás están alineados.

 

¿Cree que es necesaria una restructuración en cuanto a contenidos dentro de los mismos medios?

No estoy muy de acuerdo con que el estado regule los medios. Tiene que haber medios fuertes por parte del estado, pero que después dejen de joder. El público tiene que servir de regulador, la gente no es tonta ni es cierto que sólo le guste la mierda, no es así. En ocasiones se subestima al público, ya que creo que está más preparado de lo que pensamos, a pesar de que se deberían de realizar campañas a favor de apagar la televisión, apagar la radio o cambiar de canal, la gente no está del todo consiente de ello, pero es importante saber que existen otras posibilidades. Como lo dije anteriormente, los medios son experimentales, no hay nada establecido y creo que en el caso de los medios electrónicos se están buscando otras alternativas, algo que además resulta muy divertido.

¿Cómo percibe el nacimiento de Crítica a un mes de su aparición? ¿Qué se puede esperar para el futuro?

Es muy rápido para hace una evaluación pero hay cosas interesantes. El diario se está asentando, encontrando su identidad. Los diarios que publicamos hoy son mejores que los de hace 20 días. Tanto la edición en papel como la web tuvieron mucha repercusión, pues mientras en la edición en papel estamos tirando 40 mil ejemplares por día, en internet tenemos cerca de 150 mil visitantes al día. Hasta ahora la evaluación es buena, pero tomando en cuenta que es un proyecto a largo plazo.

Estamos haciendo el diario en un país de tercer mundo con todo en contra y estamos tratando de estabilizarlo. No quiero ser el primer diario de Argentina, porque no me interesa y porque no tenemos el dinero para ello, pero si dentro de unos años podemos posicionarnos como el segundo o tercer diario, sería muy bueno. Espero seguir aquí mientras pueda decir lo que se me ocurra, no podría estar condicionado. ::.

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Apuntes sobre la imagen y el sistema visual

¿Qué es el sistema visual, y de cuantas etapas se compone?
La percepción visual es, de todos los modos de relación del hombre con el mundo que lo rodea, uno de los mejores conocidos. La visión es un proceso que utiliza varios órganos especializados. En una primera aproximación podría decirse que la visión resulta de tres operaciones distintas (y sucesivas): operaciones ópticas, químicas y nerviosas.

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Transformaciones ópticas:

El ojo es un globo más o menos esférico, de un diámetro de unos dos centímetros y medio, cubierto de una capa en parte opaca (la esclerótica) y en parte transparente. Esta parte, la córnea, es la que asegura la mayor de la convergencia de los rayos luminosos. Tras la córnea se encuentra el iris, músculo esfínter regido de modo reflejo, que en su centro delimita una abertura, la pupila, cuyo diámetro va de 2 a 8 milímetros aproximadamente.
La pupila se abre para dejar penetrar más luz cunado ésta es poco intensa, y se cierra en el caso contrario. Sin embargo la disminución de la pupila modifica la percepción, no a causa de la variación de la cantidad de luz que penetra en el ojo, sino a causa del efecto producido en términos de profundidad de campo: cuanto más cerrada está la pupila, más importante es la profundidad de campo (por eso se ve más nítidamente cuando hay mucha luz: la pupila está cerrada).
Finalmente, la luz tiene que atravesar el cristalino, que aumenta o reduce la convergencia. El cristalino es, ópticamente hablando, una lente biconversa, de convergencia variable; esta variabilidad es lo que se llama acomodación. Acomodar en función de la distancia de la fuente de luz (para mantener la imagen nítida en el fondo del ojo, hay que hacer converger los rayos tanto más cuanto más cercana este la fuente luminosa). Es también un proceso reflejo, bastante lento, puesto que se necesita casi un segundo para pasar de la acomodación más próxima a la más lejana.

Transformaciones químicas:

En la retina, se encuentran receptores de luz en número muy elevado. Estos receptores son de dos tipos: los bastones (unos 120 millones) y los conos (alrededor de 7 millones); estos últimos están sobre todo presentes en los alrededores de la fóvea, una especie de jequecillo en la retina, casi en el eje del cristalino, particularmente rico en receptores.
Bastones y conos contienen moléculas de pigmento (unos 4 millones de moléculas por bastón) que contienen una sustancia, la rodopsina, que absorbe quanta luminosos y se descompone, por reacción química, en otras dos sustancias. Una vez operada esta descomposición, la molécula en cuestión ya no puede absorber nada; por el contrario, si se deja de enviarle luz, la reacción se invierte y la rodopsina se recompone (es preciso permanecer unos tres cuartos de hora en la oscuridad para que todas las moléculas de rodopsina de la retina se recompongan, pero la mitad están ya recompuestas al cabo de cinco minutos): puede entonces empezarse de nuevo a hecer funcionar esta molécula.
La imagen retiniana no es sino la proyección óptica obtenida en el fondo del ojo gracias al sistema córnea + pupila + cristalino, y que esta imagen, que es aún de naturaleza óptica, es tratada por el sistema químico retiniano, el cual la transforma en una información de naturaleza totalmente diferente.
La imagen retiniana no es más que un estadio del tratamiento de la luz por el sistema visual, no una imagen en el sentido en el que hablamos de imágenes en general.
Transformaciones nerviosas: Cada receptor retiniano se enlaza con una célula nerviosa por un relé (llamado sinapsis); cada una de éstas célelas son muy complejas: a los dos niveles sinápticos se añaden múltiples enlaces transversales que agrupan las células en redes. El nervio óptico sale del ojo y termina en una región lateral del cerebro. El cuerpo geniculado, del que salen nuevas conexiones nerviosas hacia la parte posterior del cerebro, para llegar al córtex estriado.
Esta red, extremadamente densa y compleja, representa un tercer y último estadio del tratamiento de la información, tratada primero en forma óptica y después química. Por regla general, no hay correspondencia de punto a punto, sino, por el contrario, multiplicación de las correspondencias transversales: el sistema visual no se contenta con copiar información, la trata en cada etapa. Así, las sinapsis no son simples enlaces; tienen, por el contrario, un papel activo, siendo algunas excitadoras y otras inhibidoras.

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Diferencia entre lo visible y lo visual.
La constancia y la estabilidad perceptivas no pueden explicarse si no se admite que la percepción visual pone en funcionamiento, casi automáticamente un saber sobre la realidad visible.

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Grandes enfoques de la percepción visual

Enfoque analítico: podría decirse, en general, que si el sistema visual no tiene todos los elementos necesarios para interpretar lo que se ve, preferirá inventar una respuesta a no dar ninguna. Los encuentros repetidos con el mundo visual producen además, hábitos que se traducen por expectativas en cuanto al resultado visible de los actos perceptivos (y motores). Estas expectativas son fuente, en gran parte, de las hipótesis de invariancia emitidas sobre los objetos del mundo visual.

Enfoque sintético: consiste, por el contrario, en buscar correspondencias de la percepción del mundo visual únicamente en el estímulo. Para estos enfoques, la imagen óptica en la retina –incluidas por supuesto sus modificaciones en el tiempo- contiene toda la información necesaria para la percepción de los objetos en el espacio, por estar nuestro sistema visual suficientemente equipado para tratarla en este sentido. Supone que pueden apreciarse las variaciones de las estructuras de la imagen retiniana refiriéndolas a una continuidad (la de las superficies) y a una constancia (la de los objetos); los objetos momentáneamente fuera de la vista siguen concibiéndose, en particular, como existentes. Se basa en la idea de que la estimulación retiniana, compleja y cargada de información, da acceso a los invariantes del mundo visual, es decir, a sus cualidades intrínsecas más profundas. El fin de la percepción, para Gibson, es de algún modo una escala de evaluación del mundo visual (que no se confunde evidentemente con el campo visual momentáneo); el movimiento y la secuencialidad –y por tanto el tiempo- son esenciales en la construcción de esta escala espacial, que es la base del mundo percibido.

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La percepción visual como enlace entre la persona y el mundo exterior
La percepción visual es, una información que nos llega por mediación de la luz que entra en nuestros ojos. Como toda información, ésta es codificada, en un sentido que determina la actividad nerviosa en función de la información contenida en la luz. Hablar de codificación de la información visual significa, que nuestro sistema visual es capaz de localizar y de interpretar ciertas regularidades en los fenómenos luminosos que alcanzan nuestros ojos. En lo esencial, estas regularidades afectan caracteres de la luz: su intensidad, su longitud de onda y su distribución en el espacio.
La percepción del espacio no será casi nunca, en la vida corriente, únicamente visual. La idea del espacio está fundamentalmente ligada al cuerpo y a su desplazamiento; la verticalidad en particular, es un dato inmediato de nuestra experiencia, a través de la gravitación: vemos los objetos caer verticalmente, pero sentimos también la gravedad pasar por nuestro cuerpo. El concepto mismo de espacio es, pues, de origen táctil y kinésico tanto como visual.
Nuestra percepción se realiza mediante un muestreo continuo (alternancia de movimientos ojo y fijaciones breves); ahora bien, no tenemos conciencia, ni de la multiplicidad de esas vistas sucesivas, ni del difuminado que se produce durante los movimientos oculares, sino que, interpretamos nuestra percepción como la de una escena estable y continua.
La constancia y la estabilidad perceptivas no pueden explicarse si no se admite que la percepción visual pone en funcionamiento, casi automáticamente, un saber sobre la realidad visible. La percepción del movimiento, es explicada en la actualidad de la siguiente manera: la presencia en el sistema visual (de detectores de movimiento, capaces de codificar lasa señales que afectan a puntos cercanos en la retina y, por otra parte, una información sobre nuestros propios movimientos, que permiten no atribuir a los objetos percibidos un movimiento aparente debido a nuestros desplazamientos o a nuestros movimientos oculares.
La detección del movimiento: el principio de estos detectores es sencillo; se trataría de células especializadas, que reaccionan cuando unos receptores retinianos cercanos unos con los otros, y situados en el campo de la célula, son activados en sucesión rápida.
El más conocido de estos indicadores está constituido por el conjunto de los efectos posteriores ligados al movimiento: si se mira durante bastante tiempo (un minuto) un movimiento regular –el ejemplo clásico es el de la cascada- y se traslada a continuación la mirada a otro objeto inmóvil éste parecerá afectado por un movimiento en sentido inverso. Estos efectos atestiguan que unas células, estimuladas durante cierto tiempo, siguen funcionado algo después del fin de la estimulación, leyendo como movimiento al revés el no-movimiento súbito.

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La información sobre nuestros propios movimientos

Desde 1867, Helmholtz había notado la necesidad de que estuviéramos informados de modo permanente sobre la posición de nuestros ojos y de nuestro cuerpo, para no confundir movimientos de lo real mirado y movimientos de nuestra mirada. De hecho, la información sobre los movimientos oculares es poco precisa, y no puede desempeñar esta función. Se piensa que, la intuición de Helmholtz era justa, pero a condición de asignar el papel de información no al feedback de los músculos oculares, sino a la señal eferente del cerebro. Se llama información eferente a la información nerviosa que va del cerebro a los órganos sensorio-motores, información aferente a la información inversa (de los órganos al cerebro) e información referente a la facilitada por sucesos sensoriales producidos mediante movimientos voluntarios.

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Umbrales de percepción del movimiento: si la proyección retiniana de un borde visual se mueve demasiado lentamente, no se la verá moverse (sin perjuicio de apercibirse seguidamente de su desplazamiento); si se mueve demasiado rápidamente, no se verá más que un difuminado. Los umbrales correspondientes, inferior y superior, son función de diversas variables:

– Las dimensiones del objeto: un objeto de gran tamaño aparente deberá desplazarse más para que nos demos cuenta de que se mueve.
– La iluminación y el contraste: cuanto más elevado son, mejor se percibe el movimiento.
– El entorno: la percepción del movimiento es parte relacional y viene facilitada por la existencia de puntos fijos de referencia.

Para Gibson, percibir es percibir las propiedades del entorno, en referencia a las criaturas que en él viven. La luz nos proporciona toda la información útil para eso, bajo las especies de la perspectiva dinámica (relación entre sujeto y entorno y de las estructuras invariantes (sucesos y objetos en el entorno). El papel del aparato visual no es, para él, ni el de descodificar unos inputs, ni el de construir preceptos, sino el de extraer información. La percepción es una actividad directa.

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Fuentes:
Aumont, Jacques. La imagen. Ediciones Paidos. España, 1992.
http://www.wikipedia.org

Poder, sociedad civil y tecnologías de la comunicación

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El poder no es la capacidad de someter al otro, sino la capacidad de un sujeto para transformar su realidad a través de la acción. Poderoso es el que puede, aquel capaz de reconfigurar la relación de significados que estructuran una determinada idea de mundo objetivo a través del poder-hacer, tal como lo establece la raíz etimológica del término que significa “tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”.[1]

De ahí que la autoridad de un auténtico líder se fundamente en el reconocimiento de una capacidad de acción mayor que la de sus seguidores. El líder puede más que los demás y es precisamente en el reconocimiento de dicha capacidad de acción sea la fuente de su poder. En este sentido apunta Hegel al desarrollar su dialéctica del amo y el esclavo, idea en la cual establece que la génesis de toda relación de sometimiento-dominación entre dos individuos iguales, se da cuando uno de ellos decide enfrentar su miedo a la muerte, lo cual provoca el sometimiento del segundo individuo luego de reconocer en su contraparte una mayor capacidad a la hora de actuar más allá de sus propios miedos, estableciendo así una relación de superioridad-obediencia. Y aunque el ejemplo descrito por Hegel puede prestarse a la polémica, evidencia la manera en que el poder aparece como capacidad de transformar el entorno. O como diría Ernani María Fiori al hacer una revisión crítica sobre la obra de Paulo Freire: “la verdad del opresor reside en la conciencia del oprimido[2]El poder se manifiesta en la acción, entendiendo por dicho término la definición de Weber:

“Por acción debe entenderse una conducta humana (bien consista en hacer un uso externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo. La acción social, por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo”.[3]

 

De este modo, el poder no tiene sentido sin la acción y, como bien apunta Habermas con su teoría de la acción comunicativa, toda acción social presupone la existencia de un lenguaje previo sobre el que se estructura la comunicación. Para Habermas, esto se debe a que toda acción poseedora de sentido se construye como signo lingüístico, requisito escencial para que pueda operar la condición de racionalidad sobre la que se estructura la idea de mundo objetivo que permite comunicarnos con otros miembros de un determinado grupo social[4]. En otras palabras, la racionalidad está condicionada por la comunicación. De ahí que Habermas posicione a la acción comunicativa como el punto de partida de lo social. Al respecto sostiene el filósofo alemán:

“Las manifestaciones racionales tienen el carácter de acciones plenas de sentido e inteligibles en su contexto, con las que el actor se refiere a algo en el mundo objetivo. Las condiciones de validez de las expresiones simbólicas remiten a un saber de fondo, compartido intersubjetivamente por la comunidad de la comunicación”.[5]

Esto explica la estrecha relación que existe entre los términos de poder, racionalidad y comunicación, conceptos que emanan de la misma fuente: el lenguaje. De ahí que autores como Castells consideren que “la comunicación es el espacio en el que se construyen las relaciones de poder, toda vez que “cualquier tipo de poder tiene que pasar por el espacio de la comunicación para poder llegar a nuestras mentes”.[6]

La afirmación de Castells parece darle consistencia a la teoría del bloque hegemónico enunciada por Gramsci, la cual afirma que el poder politico se sostiene a través de un discurso hegemónico diseñado en función de los intereses de las elites y que se reproduce a través de las superestructuras sociales, es decir, los componentes psíquicos que hacen funcionar al sistema social, los cuales van de la cultura, la religión, los valores morales, etcétera.

En el mismo sentido apunta Foucault al describir el funcionamiento de los aparatos de poder a través de lo que denomina ‘modos de subjetivación’, una técnica de dominación diseñada para condicionar la conducta de los individuos en función a los intereses de ciertos grupos a través de la apropiación de una realidad social que se expresa en un discurso hegemónico. Por ello, no resulta extraño que Foucault afirme que la raíz de todo poder se sostiene en una construcción simbólica de la realidad, al igual que ocurre con la construcción del saber y el desarrollo de determinados sujetos históricos, referentes ideales del ser humano que ayudan a regular la conducta de las personas a través de una determinada tabla de valores. El poder es una relación de significados capaz de establecer una diferencia entre lo que es acceptable socialmente y lo que no lo es, algo que Foucault puntualiza al explicar la forma en que los conceptos de “normal y anormal” son utilizados por las élites para ejercer un poder de dominación sobre masas subordinadas, incapaces de cuestionar la validez del orden social.

Lo mismo pasa con las instituciones, ya que el ejercicio del poder institucional está íntimamente ligado a las fronteras del lenguaje impuestas por ciertos grupos, como bien apunta Lyotard. Si las instituciones son por definición un conjunto de prácticas y significados comúnes capaces de trascender un espacio-tiempo específico para acumular información y simplificar la toma de decisiones al interior del grupo social, siguiendo la teoría de la estructuración social propuesta por Giddens[7], esto significa que toda institución es también una manifestación de poder delimita y condiciona la conducta de las personas, promoviendo ciertas cosas al mismo tiempo que prohibe otras. Al respecto señala Lyotard:

“Esas limitaciones operan como filtros sobre la autoridad del discurso, interrumpen conexiones posibles en las redes de comunicación: hay cosas que no se pueden decir. Y privilegian, además, determinadas clases de enunciados, a veces uno solo, de ahí que el predominio caracterice el discurso de la institución: hay cosas que se pueden decir y maneras de decirlas”.[8]

Todo lo anterior nos permite ubicar al poder como algo que se construye a partir de la acción comunicativa, una noción que sólo tiene sentido en términos de relación. El poder no es autorreferencial, toda vez que su existencia presupone una relación causal que sólo es possible a través de la comunicación. De ahí que la comunicación, entendida como una manifestación activa de nuestra capacidad de lenguaje, la base estructural de todo poder. No en balde, la legitimación de cualquier poder político se da en términos discursivos, como bien señala Weber[9]. Si el mundo es una construcción social generada a través de procesos comunicativos, esto significa que toda acción poseedora de sentido (y por lo tanto susceptible de ser interpretada como signo lingüístico) es capaz de trastocar las estructuras de poder institucional sobre las que opera el poder político. Al respecto señala Holloway:

“La realidad y el poder están tan imbricados que insinuar siquiera la posibilidad de disolver el poder es pararse fuera de la realidad. Todas nuestras categorías de pensamiento, todas nuestras certezas acerca de lo que la realidad es o lo que la política, la economía o hasta el lugar en el que vivimos son, están tan penetradas por el poder que sólo decir ¡No! al poder nos precipita hacia un mundo vertiginoso”.[10]

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El empoderamiento de la sociedad civil

Desde Tocqueville hasta Habermas, la sociología moderna ha definido a la sociedad civil como un conjunto de organizaciones ajenas al Estado y el sistema económico, ubicada en un tercer ámbito de lo social donde se construye la cultura y donde la comunicación se posiciona como la unidad de significación, tal como sostiene Fernández Santillán al hacer una revisión de la teoría de las tres esferas planteada por Habermas:

“La distinción entre las esferas social, económica y política es uno de los temas que se encuentran prácticamente en todos los escritos habermasianos. Lo que sucede es que a esas esferas las denomina con otros vocablos. De manera muy general podríamos decir que a las partes económica y política las concentra en lo que  llama  “sistema”;  pero  advierte  la  presencia,  dentro  del  “sistema”,  de  dos subsistemas, es decir el mercado, de una parte, y, de otra, el aparato estatal. Esos subsistemas a su vez son coordinados por medios (otro concepto habermasiano) diferentes, el dinero para el mercado y el poder para el aparato de estatal. Por lo que hace a lo social, también de manera muy general, lo relaciona con el “mundo de  la  vida”.  Se  trata  del  espacio  sociocultural,  de  la  reproducción  de  las mentalidades  y  la  integración.  En  el “mundo  de  vida”  el  medio  esencial  es  la comunicación (…) La sociedad civil está formada por las asociaciones, organizaciones y movimientos que más o menos espontáneamente intensifican la resonancia originada en la esfera no estatal ni económica para luego transmitir esta resonancia amplificada a la esfera política. La sociedad civil está constituida por una red asociativa que institucionaliza discursos orientados a resolver cuestiones de interés general”.[11]

Aunque la teoría de las tres esferas propuesta por Habermas permite esbozar a grandes rasgos los diferentes ámbitos de los sistemas sociales, no está exenta de contradicciones profundas, toda vez que el Estado, el mercado y la sociedad civil no pueden ser concebidos como entes de un mismo nivel que interactúan y buscan ejercer su influencia entre sí. Por el contrario, el Estado y la economía son subsistemas que sólo pueden desarrollarse a partir de la construcción previa de un discurso dominante que sólo puede construirse a través de los procesos comunicativos que se desarrollan al interior de un determinado grupo social. Esto se debe a que tanto el Estado como el mercado, son construcciones simbólicas que requieren un nivel mínimo de racionalidad para poder operar, y dicha racionalidad no puede funcionar sin la existencia previa de un consenso social que se articula a través de la comunicación. De ahí que tanto el Estado como el mercado son consecuencias de un complejo proceso comunicativo que otorga un valor determinado a ciertas cosas. Así ocurre por ejemplo con las potestades conferidas al Estado a través del derecho y un determinado marco jurídico, así como el problema del valor dentro de la teoría económica, nociones que pueden ser modificadas a lo largo del tiempo en función de los criterios sobre los que se construye el discurso hegemónico que habrá de dar sustento al mundo objetivo que comparten todos los integrantes de un determinado grupo social. De ahí que, al establecer a la palabra como unidad mínima de autorreferencia en el ámbito de acción sobre el que opera la sociedad civil, se establece una relación desigual frente al monopolio del legítimo derecho a la coacción (unidad mínima de referencia en el Estado) y el dinero (en el caso del mercado), según plantea Habermas en su teoría. Y esto se explica dado que tanto la legitimidad de la coacción y el valor del dinero sólo pueden tener un sentido racional a través de un pacto social que sólo puede lograrse a través de la comunicación.

Todo lo anterior permite establecer que el poder se construye a partir de la articulación del lenguaje, como bien lo sabe un abogado capaz de manipular la ley a través de la palabra o un publicista a la hora de confeccionar con precisión mensajes audiovisuales que habrán de difundirse a través de los medios masivos de comunicación. El poder es una derivación del lenguaje, y por ello, la apropiación del lenguaje propio permite que los individuos sometidos por un determinado poder puedan reconocerse a sí mismos como sujetos autónomos dotados de un poder de crítica capaz de desarticular racionalmente los conceptos base sobre los que se fundamenta el poder de su opresor. Esto es precisamente lo que apunta el pensamiento de Freire al considerar que la apropiación de la palabra representa un mecanismo de liberación para los oprimidos, o la manera en que Gandhi pudo desactivar el poder de coacción del imperialismo británico mediante el uso de la resistencia civil pacífica.

Esto también explica la manera en que a lo largo de la historia de la civilización, existe una relación directa entre las tecnologías de la información y la horizontalidad del poder político.

El desarrollo del lenguaje y la eventual aparición de la cultura transformaron la interacción social de los grupos humanos, generando así nuevos esquemas de organización social, tal como ocurrió con la división del trabajo. A partir de entonces, los grupos humanos fueron capaces de concebir un mundo más complejo, en el cual, la interacción con los otros miembros del grupo cobró otra dimensión al quedar plasmada en la conformación de una identidad colectiva, capaz de extender los alcances del grupo social a través de redes de significación que dieron origen a los primeros clanes y tribus que utilizaron este conjunto de significados culturales como una herramienta eficaz para fortalecer la cohesión social del grupo. Es decir, que con la creación de la cultura, cada expresión oral del individuo tiene una conexión con las pautas de pensamiento y acción del grupo al que pertenece.[12]

Durante este periodo de la prehistoria, el surgimiento de la cultura permitió la conformación de una inteligencia y memoria colectiva capaz de almacenar y transmitir información a las siguientes generaciones. De este modo, la estructuración del lenguaje a través de signos lingüísticos capaces de objetivar la realidad, se convirtió en una tecnología sumamente efectiva en la transmisión de información, lo cual tuvo un impacto directo en los modos de organización social que surgieron a partir del descubrimiento de la agricultura, con lo cual, el hombre pasó de ser nómada a sedentario con el establecimiento de las primeras aldeas. La cultura permitió un modo más efectivo en cuanto a la transmisión del conocimiento de una generación a otra, y sin duda, este fue un factor clave para entender la conformación de grupos sociales cada vez más complejos.

Tras la invención de la cultura como un subproducto del lenguaje, la siguiente gran transformación de la humanidad se efectuó gracias a la invención de la escritura, una tecnología de la comunicación que serviría como una extensión del lenguaje oral que permitiría el surgimiento de la civilización y el comienzo de la historia, ya que sólo una sociedad que posee escritura “puede ‘situarse a sí misma’ en el tiempo y el espacio”, como bien señala Giddens[13]. De este modo, la escritura permitió una transmisión mucho más efectiva de información en comparación al lenguaje oral, y por ello, se convirtió en una pieza clave dentro de la conformación de grupos sociales cada vez más grandes.

Esta nueva tecnología fue el factor determinante en la aparición en la articulación de las primeras leyes y códigos de conducta sobre los que se construyó el concepto de ciudad-estado que surge en Mesopotamia y que se extendería a diversos rincones del planeta con el devenir de los siglos siguientes. Asimismo, la organización social basada en esta nueva tecnología provocó el surgimiento de la burocracia, una élite de letrados encargados de administrar el aparato social que se extendió de forma directamente proporcional a la manera en que la escritura expandía los límites espacio-temporales de la comunicación humana.

A partir de este momento, el contacto directo con otras personas ya no sería una limitación para establecer un vínculo comunicativo con los otros. Con la escritura, el pasado se convierte en presente, la información viaja a una velocidad nunca antes vista, y esto a su vez, tendrá fuertes repercusiones en los mecanismos con los que operarían las sociedades civilizadas.[14]

Otro paso en la evolución de la comunicación se dio con la invención del alfabeto, una tecnología que aparece varios siglos después de la invención de la escritura y que permitió un grado mayor de abstracción simbólica a partir de la construcción de un sencillo sistema de signos con el que fue posible alcanzar una claridad conceptual sin precedentes[15].

El alfabeto permitió al ser humano adquirir una concepción más profunda de su entorno y su propia existencia, además de ser un nuevo vehículo capaz de incrementar los alcances del lenguaje escrito como medio de difusión de la información, ya que esta tecnología permitió que la información fuera accesible a un mayor número de sectores sociales que hasta entonces permanecían marginados en cuanto a la construcción del conocimiento. Si bien el uso de esta tecnología seguía estando concentrado en pocas manos, pues en la antigüedad la gran mayoría de las personas no sabían leer ni escribir, los procesos de expansión territorial del comercio y el control político provocó que un número creciente de individuos tuviera acceso al uso de esta tecnología, algo que resultó fundamental en el eventual fortalecimiento de los aparatos burocráticos.

Por ello, algunos autores consideran que la invención del alfabeto fue un factor determinante para explicar la manera en que la Grecia antigua empieza a generar nuevas formas de pensar la realidad a través de un marco lógico-conceptual que pudiera hacer frente al marco epistemológico sobre el que se construyó el mundo antiguo, basado en el mito y la magia como medios para conocer el mundo, según sostienen Goody y Watt al afirmar que “el surgimiento de la civilización griega es, pues, el primer ejemplo histórico de la transición a una sociedad con verdadera cultura escrita”[16].

Si bien el acceso a esta tecnología seguía estando limitado para ciertos sectores sociales, el alfabeto permitió una expansión nunca antes vista de la palabra escrita y otras redes de significación, lo cual influyó de forma determinante para la constitución de una sociedad más equitativa en la que aparecen los primeros intentos por establecer un sistema de gobierno democrático que posicionara el bien común por encima de los intereses personales.

En este contexto fue que pensadores de la talla de Aristóteles y Platón, por mencionar a algunos, empezaron a confeccionar un nuevo mundo a través de diversos textos todavía vigentes, gracias a los alcances de una escritura capaz de reproducir el lenguaje oral y una precisión conceptual a niveles nunca antes vistos.

La Grecia clásica representa a una sociedad letrada capaz de ejercer un nuevo nivel de crítica hacia el status quo, establecido durante la antigüedad, a través de una plataforma de comunicación con la fuerza suficiente para potencializar a la razón como un medio para construir una nueva dimensión de la realidad[17]. Esto debido a que la aparición del alfabeto fonético propició nuevos esquemas de comunicación que tendrían un efecto decisivo en la conformación de una inteligencia colectiva con el poder necesario para detonar una transformación social que sólo sería posible gracias a nuevos esquemas de pensamiento, capaces de delimitar el poder de los gobernantes a través de disciplinas como la política, el derecho y la filosofía, situación que se aceleraría todavía más, con el surgimiento de la imprenta en Europa algunos siglos más tarde.

Con la aparición de Gutenberg y su imprenta de tipos móviles a mediados del siglo XV, la comunicación dio otro enorme salto en la historia de occidente[18]al permitir que la información contenida en los libros pudiera reproducirse de forma vertiginosa, lo cual trajo como consecuencias que en poco más de tres siglos, las ideas surgidas en la Ilustración lograran expandirse rápidamente por todo Europa hasta materializarse en las revoluciones burguesas que marcarían el comienzo de la modernidad. Una vez más, los procesos de comunicación serían determinantes en la construcción de un nuevo orden social, y esto se debe a que la letra impresa revolucionó la velocidad de los flujos de información, algo que se extendió por todo el planeta con el proceso de globalización que empieza a gestarse con el colonialismo europeo y que tomaría forma a partir de la Revolución Industrial.

Algo similar ocurre hoy en día con la llegada del internet, cuya aparición a finales del siglo XX ha detonado una transformación social a ritmo acelerado, pues los cambios que antes demoraban miles de años para tomar forma y consolidarse, ahora lo hacen en unas cuantas décadas. Un acontecimiento que de acuerdo con autores como Castells o Wellman, ha propiciado el surgimiento de un nuevo esquema de organización social: la sociedad en red[19].

El principal atributo del internet reside en su capacidad de generar conexiones múltiples entre personas de todo el mundo, sin que la geografía sea una limitante para entablar una relación directa de comunicación además del encuentro cara a cara. Esto ha generado que la gente con ideas afines pueda establecer vínculos sin necesidad de intermediarios, lo cual ha derivado en una conectividad sin precedentes en la historia humana.

De ahí que algunos teóricos de la comunicación consideren que el surgimiento de internet representa un parteaguas en la reconfiguración del aparato social. Las reglas del juego son otras, y esto tiene repercusiones directas en diferentes componentes estructurales del tejido social, desde cambios profundos en los procesos de producción y generación de la riqueza, hasta la manera en que se desarrollan las relaciones de poder. Un nuevo mundo se está gestando y esto se debe en gran parte, a las posibilidades que ofrece el ciberespacio para comunicarnos con otros y las facilidades que brinda esta herramienta para generar acciones colectivas. Acontecimiento que para algunos, representa el inicio de una nueva era, tal como bien señala Galindo Cáceres:

“La lógica de la comunicación, de la vida horizontal, del diálogo, de la interacción, del enriquecimiento mutuo, también está presente y gana espacio gracias a la red de relaciones, y no gracias a la concentración de la información en un solo lugar. La red es la respuesta a la paranoia de la sociedad de la información; entre más grande, entre más múltiple y diversa, menos posibilidades de control central autárquico: el monstruo se desvanece, aparece una nueva sociedad con una nueva cultura, la cibersociedad y la cibercultura”[20].

La información ya no circula en un solo sentido, como ocurría anteriormente, sino que fluye en múltiples direcciones, distribuyendo así el conocimiento y el poder de forma cada vez más horizontal. En el ciberespacio la gente deja de ser un ente pasivo que simplemente recibe información para participar activamente en la toma de decisiones. La sociedad de masas se convierte entonces en multitudes inteligentes capaces de producir realidad social por medio de la acción colectiva.

Todo lo anterior nos permite establecer que existe una relación profunda entre el nivel de comunicación y la velocidad con la que se desarrollan las transformaciones sociales, y esto se debe principalmente a la manera en que las redes de comunicación amplifican el poder del sujeto como agente transformador de lo social[21]. Una conectividad mayor de los sujetos dentro de una red de transmisión de información, genera un efecto multiplicador capaz de generar una nueva conciencia colectiva que sirva de base para la construcción del mundo.

Si la construcción del aparato social es ante todo un reflejo de la mente humana, eso quiere decir que al modificar el significado de los mensajes que utilizamos a diario para comunicarnos con los otros, esto tiene una repercusión directa en la construcción del mundo y su transformación. El medio es el mensaje, de acuerdo con McLuhan, y por ello, la manera en que nos relacionamos con los otros y la forma en que operan los procesos de comunicación en el seno de lo social tienen un efecto directo en la modificación de las estructuras simbólicas que sostienen la idea de mundo, pues como bien apunta Norbert Bolz, “el mundo es todo aquello que es comunicado”[22]. @

 


[1] De acuerdo con la definición de la Real Academia de la Lengua Española. Otros autores como Cabrera establecen que el poder es “tener facultad, virtud, disposición, aptitud para hacer alguna cosa” [Ramón Cabrera. Diccionario de etimologías de la lengua castellana. España. Imprenta de don Marcelino Calero. 1837. Tomo I, página 545].
[2] Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. México. Siglo XXI. 2005, página 12.
[3] Max Weber. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. México. Fondo de Cultura Económica. 1996. Décima reimpresión, pág. 5.
[4] Wittgenstein define a la realidad como todo aquello que es posible; el mundo, en cambio, lo define como una relación causal de hechos basados en un conjunto de ‘entidades’ que conforman la condición de posibilidad del mundo: la estructura lógica, los valores morales-estéticos y el sujeto metafísico. Mientras la realidad absoluta es infinita, el mundo es una delimitación de lo real, efectuada a partir de una estructura racional que funciona como marco de referencia para la construcción del mundo a partir de un sujeto que piensa. [Ludwig Wittgenstein. Tractatus lógico-philosophicus. España. Alianza Editorial. Tercera reimpresión. 2002, 5.632 y 5.633].
[5] Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008, página 31.
[6] Manuel Castells. “El poder en la era de las redes sociales”. Nexos, número 417. México. Septiembre de 2012, página 45.
[7] “Los sistemas sociales se constituyen de acciones y relaciones humanas: lo que les confiere a éstas su pauta es su repetición a través de periodos de tiempo y distancias en el espacio. Así en el análisis sociológico las ideas de reproducción social y de estructura social están íntimamente ligadas. Hemos de entender las sociedades humanas como edificios que en todo momento son reconstruidos por los mismos ladrillos que las componen. Las acciones de todos nosotros están influidas por las características estructurales de las sociedades en las que crecemos y vivimos; al mismo tiempo, recreamos (y también hasta cierto punto, alteramos) esas características estructurales con nuestras acciones”. [Anthony Giddens. Sociología. España. Alianza Universidad Textos. 1996. Segunda edición. Segunda reimpresión,pág. 52].
[8] Jean François Lyotard. La condición postmoderna: informe sobre el saber. Argentina. Ediciones Cátedra. 1991. Segunda edición, pág. 18].
[9] Max Weber. Op. cit., pág. 26.
[10] John Holloway. “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. México. Sísifo Ediciones-Bajo Tierra Ediciones, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 2010, pág. 43.
[11] José Fernández Santillán. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf
[12] Blai Guarné Cabello. Oralidad, escritura y tecnologías de la comunicación, en Adriana Gil Juárez, et al. Tecnologías sociales de la comunicación. España. Editorial UOC. 2005, pág. 80.
[13] Anthony Giddens. Sociología., pág. 74.
[14] “La conciencia del pasado depende, pues, de una sensibilidad histórica que difícilmente puede darse en ausencia de registros escritos permanentes. La escritura introduce cambios similares en la transmisión de otros elementos del repertorio cultural. Pero el alcance de estos cambios varía según la índole y la distribución social del sistema de escritura en cuestión, es decir, varía en función de la eficacia intrínseca del sistema como medio de comunicación, y en función de las restricciones sociales que le son impuestas, o sea, del grado de difusión que tiene el uso del sistema en la sociedad” [Jack Goody. Cultura escrita en sociedades tradicionales. España. Editorial Gedisa. 2003. Primera reimpresión, pág. 46].
[15] Esta tecnología es el reflejo de la evolución de la escritura ideográfica a la fonética. A finales del IV milenio a.C., los sumerios comenzaron a escribir su idioma mediante ideogramas, que representaban palabras y objetos, pero no conceptos abstractos. Se cree que el alfabeto fonético, que sustituyó al silábico, pudo tener su origen en el alfabeto semítico septentrional o cananeo, datado entre el 1700 y el 1500 a.C., mismo que dio origen al alfabeto fenicio que se expandió rápidamente por todo el Oriente Medio y parte del Mediterráneo, del cual se desprenden otros alfabetos como el griego, cirílico, arameo, hebreo, árabe, etrusco y romano.
[16] Jack Goody. Op. cit., pág. 53.
[17] Otros autores parecen ir en un sentido similar, tal como señala Antonio Alegre Gorri al hacer una revisión del trabajo de Havelock: “El paso de la oralidad a la escritura alfabética –es decir, a un medio de expresión escrita accesible, al menos en potencia, a todo el mundo, y además capaz de acoger y reproducir toda la riqueza fonética del habla oral- es un momento decisivo para la transición de una sociedad regida por la tradición, que experimentaba el orden de las relaciones sociales como sagrado e inmutable, a una sociedad política que concibe su propio ordenamiento como objeto de decisión consciente de sus miembros y, por ende, de discusión racional. Sólo en este horizonte pueden emerger las nociones de razón, sujeto y moral (y con ello, la filosofía, la política, la retórica y el derecho); y sólo a partir de ahí, la indagación del orden de la naturaleza deja de ser privilegio de una casta sacerdotal y queda abierta a la especulación racional de cualquiera que esté capacitado para ello: he aquí lo que se ha designado, con cierto anacronismo, como el ‘nacimiento de la ciencia’”. [Erick A. Havelock. La musa aprende a escribir: reflexiones sobre la oralidad y la escritura desde la antigüedad hasta el presente. España. Ediciones Paidós. 2008, pág. 15].
[18] Se dice que entre 1041 y 1048, Bì Shēng inventó en China el primer sistema de imprenta de tipos móviles, donde ya existía un tipo de papel de arroz, a base de complejas piezas de porcelana en las que se tallaban los caracteres chinos; esto constituía un complejo procedimiento por la inmensa cantidad de caracteres que hacían falta para la escritura china. En 1234 artesanos del reino de Koryo (actual Corea), conocedores de los avances chinos con los tipos móviles, crearon un juego de tipos que se anticipó a la imprenta moderna. Sin embargo, la imprenta moderna no se creó hasta el año 1440 aproximadamente, de la mano de Johannes Gutenberg [es.wikipedia.org]. El éxito de la imprenta europea frente a su contraparte china sólo puede explicarse en virtud de las facilidades que ofrece esta tecnología al alfabeto occidental compuesto por alrededor de 30 caracteres, frente a la complejidad de la escritura china.
[19] El término sociedad red fue acuñado en 1991 por Jan van Dijk en su obra De Netwerkmaatschapágs.ij (La Sociedad Red). Sin embargo, es Manuel Castells quien ha contribuido a mayor desarrollo y popularización del término a partir del extenso análisis que desarrolla sobre los cambios sociales derivados de las tecnologías de la comunicación. Al respecto explica Castells: “Las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites, integrando nuevos nodos mientras puedan comunicarse entre sí, es decir, siempre que compartan los mismo códigos de comunicación (por ejemplo, valores o metas de actuación). Una estructura social que se base en las redes es un sistema muy dinámico y abierto, susceptible de innovarse sin amenazar su equilibrio”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México. Siglo XXI. 2005. Sexta edición, pág. 507]. Si bien este modo de organización no es nuevo, sí lo son sus alcances a partir de las nuevas tecnologías de la información: “Aunque la forma en red de la organización social ha existido en otros tiempos y espacios, el nuevo paradigma de la tecnología de la información proporciona la base material para que su expansión cale toda la estructura social” [Ibidem, pág. 505].
[20] Jesús Galindo Cáceres. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II, volumen IV, número 7. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pág. 17.
[21] Un tema ampliamente desarrollado por Castells, quien sostiene que “la relación histórica parece indicar que, en términos generales, cuanto más estrecha sea la relación entre los emplazamientos de la innovación, la producción y el uso de las nuevas tecnologías, más rápida será la transformación de las sociedades y mayor la retroalimentación positiva de las condiciones sociales sobre las condiciones generales necesarias para que haya más innovaciones”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red, pág. 64].
[22] Norbert Bolz. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

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Bibliografía:

BLANCO JAKSIC, Christian. El concepto de sociedad civil. Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades. Chile, 2005. http://www.libertadesciudadanas.cl/documentos/docs/El%20Concepto%20de%20Sociedad%20Civil.pdf

BOLZ, Norbert. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

FERNÁNDEZ SANTILLÁN, José. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf

FREIRE, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI. México, 2005. Segunda edición.

GALINDO CÁCERES, Jesús. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”.Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, número 7, Época II, volumen IV. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pp. 9-23.

HABERMAS, Jürgen. El discurso filosófico de la modernidad. Katz Editores. España, 1998. Primera edición.

HABERMAS, Jürgen. Escritos sobre moralidad y eticidad. Ediciones Paidós. España, 2003.

HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008.

WEBER, Max. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. Fondo de Cultura Económica. México, 1996. Décima reimpresión.

WITTGENSTEIN, Ludwig. Tractatus lógico-philosophicus. Alianza Editorial. España, 2002. Tercera reimpresión.

Apuntes de semiótica y/o semiología

¿Qué es la semiótica/semiología?

La semiología es la ciencia que estudia los sistemas de signos: lenguas, códigos, señalizaciones, etcétera. Actualmente, no hay consenso, ni autor que se atribuya o tome la iniciativa de plasmarla en algún manual. Se propone que la semiología sea el continente de todos los estudios derivados del análisis de los signos, sean estos lingüísticos (semántica) o semióticos (humanos y de la naturaleza).

Para Ferdinand de Saussure, la semiología es “una ciencia que estudia la vida de los signos en el marco de la vida social”. Su definición de signo como entidad de dos caras (significado y significante) ha anticipado y determinado todas las definiciones posteriores de la función semiótica. Así pues, consideraba implícitamente al signo como un artificio comunicativo que afectaba a dos seres humanos dedicados intencionalmente a comunicarse y a expresarse algo.

Por su parte, el estadounidense Charles Sanders Peirce definió a la semiótica como “la doctrina de la naturaleza esencial y de las variedades fundamentales de cualquier clase posible de semiosis. (…) Por semiosis entiendo una acción, una influencia que sea o suponga, una cooperación de tres sujetos, como por ejemplo, un signo, su objeto y su interpretante, influencia tri-relativa que en ningún caso puede acabar con la acción entre parejas”. Una diferencia respecto a la definición de Saussure, es que para Peirce, el signo no requiere ser emitido intencionalmente. En otras palabras, podríamos decir que un signo es todo aquello que, a partir de una convención aceptada previamente, pueda entenderse como alguna cosa que esta en lugar de otra.

De acuerdo a la definición de Charles William Morris (1938) “algo es un signo sólo porque un intérprete lo interpreta como signo de algo… por tanto, la semiótica no tiene nada que ver con el estudio de un tipo de objetos en particular, sino con los objetos comunes en la medida en que participan en la semiosis”.

Para P. Guiraud (1972) la semiótica estudia las distintas señales, signos y códigos de comunicación lingüísticos y los no lingüísticos. Esta definición tiene el mismo sentido abarcador que la de Saussure, pues asigna a la semiótica la tarea de encargarse del estudio científico, tanto del lenguaje oral (código lingüístico) como de otros signos y señales no lingüísticos (lenguaje de banderas, gestos, el lenguaje Braille, etc).

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La semiología de los mass media en Roland Barthes

Su obra ha sido considerada por algunos filósofos alemanes como un intento de construir una filosofía de la semiótica, cuya identidad reside en el reconocimiento de su singularidad. Entre sus obras destacan: Elementos de semiología (1965), Crítica y verdad (1966), Sistema de la moda (1967), S/Z (1970), El imperio de los signos (1970), El placer del texto (1973), Fragmentos de un discurso amoroso (1977) y La cámara lúcida (1980). En 1980 Barthes fue víctima de un mortal accidente de automóvil cerca de la Sorbona.

Barthes es parte de la escuela estructuralista, influenciado por el lingüista Ferdinand de Saussure, por Benveniste, Jakobson y Lévi-Strauss. Crítico de los conceptos positivistas en literatura que circulaban por los centros educativos franceses en los años 50. Una parte de la obra inicial de Barthes, si bien heterogénea y a menudo abstracta, puede ser accesible con una lectura metódica y concentrada; los conceptos propuestos para el análisis semiológico, en un primer momento provenientes de lingüistas como Saussure, Hjelmslev y otros van derivando a una especificidad mayor que permite avanzar por el entonces poco transitado camino de la Semiótica.

En S/Z, de 1970, realiza un análisis extenso de una historia breve, el Sarrasine de Balzac, donde pretende identificar otras fuentes de significado y de relevancia. Con su lectura tan abierta, establece cinco grandes códigos que determinan los tipos de significado, y que pueden encontrarse en un texto a través de múltiples lexias. Estos grandes códigos lo llevaron a definir que las historias tienen la capacidad de ofrecer una pluralidad de significados, si bien ésta se halla limitada por otros elementos formales, como es la secuencia lineal de la escritura: al ser una línea temporal definitiva, que debe ser seguida por el lector, restringe su libertad analítica e interpretativa. De este proyecto concluye que un texto ideal debiera ser reversible; es decir, abierto a una gran variedad de interpretaciones diferentes. Un texto solo puede ser reversible al evadir los artefactos restrictivos que Sarrasine tiene, por ejemplo las líneas temporales restrictivas, así como definiciones exactas de eventos. Él lo describe como la diferencia entre un texto escribible, en la cual el lector reinterpreta libremente y adquiere un papel activo en el proceso creativo; y un texto legible, en los cuales se restringen estas posibilidades y son textos simplemente leídos. Este proyecto le ayudó a identificar lo que él buscaba en la literatura, la apertura para múltiples interpretaciones. Su noción de textos escribibles es similar al concepto del hipertexto, el cuál será desarrollado posteriormente por otros autores.

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El signo como referente de la cultura según Umberto Eco

Se pueden definir dos presupuestos clave en la amplia producción del autor: en primer lugar, el convencimiento de que todo concepto filosófico, toda expresión artística y toda manifestación cultural, de cualquier tipo que sean, deben situarse en su ámbito histórico; y en segundo lugar, la necesidad de un método de análisis único, basado en la teoría semiótica, que permita interpretar cualquier fenómeno cultural como un acto de comunicación regido por códigos y, por lo tanto, al margen de cualquier interpretación idealista o metafísica.

Teniendo en cuenta este planteamiento, se puede comprender el porqué de la variedad de los aspectos analizados por Umberto Eco, que abarcan desde la producción artística de vanguardia, hasta la cultura de masas.

A la sistematización de la teoría semiótica dedicó, sobre todo, el Tratado de semiótica general (1975), obra en la que el autor elabora una teoría de los códigos y una tipología de los modos de producción sígnica.

Durante los años del auge del estructuralismo, Eco escribió, enfrentándose a una concepción ontológica de la estructura de los fenómenos naturales y culturales, La estructura ausente (1968), que alcanza su óptima continuación en Lector in fabula (1979). En esta última obra, efectivamente, se afirma que la comprensión y el análisis de un texto dependen de la cooperación interpretativa entre el autor y el lector, y no de la preparación y de la determinación de unas estructuras subyacentes, fijadas de una vez por todas.

Algunos conceptos básicos del Tratado, en cambio, fueron estudiados nuevamente, discutidos y, en ocasiones, modificados por el propio autor en una serie de artículos escritos para la Enciclopedia Einaudi y recogidos después en Semiótica y filosofía del lenguaje (1984). El concepto de signo, especialmente, abandonando el modelo propio “de diccionario” por un modelo “de enciclopedia”, ya no aparece como el resultado de una equivalencia fija, establecida por el código, entre expresión y contenido, sino fruto de la inferencia, es decir, de la dinámica de las semiosis.

Eco define a la semiótica como el “estudio de todos los procesos culturales (es decir, aquellos en los que entran en juego agentes humanos que se ponen en contacto sirviéndose de convenciones sociales) como procesos de comunicación”. De ahí que el autor considere a la semiótica como “una teoría general de la cultura y un sustituto de la antropología cultural”, según explica Eco en las primeras páginas de su libro La estructura ausente.

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Postulados de la semiología

Para que algo sea un signo, debe “representar”, como solemos decir, a otra cosa, llamada su objeto, aunque la condición de que el signo debe ser distinto de su objeto es, tal vez, arbitraria, porque, si extremamos la insistencia en ella, podríamos hacer por lo menos una excepción en el caso de un signo que es parte de un signo. El signo puede solamente representar al objeto y aludir a él. No puede dar conocimiento o reconocimiento del objeto. Saussure define signo como la combinación de un “significante” (imagen acústica) y de un “significado” (que representa la idea).

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Definición de lengua.- La lengua es una forma, es decir, un conjunto de relaciones entre sus componentes, no una sustancia. Plantea que la lengua es un conjunto de convenciones sociales, es una institución como la jurídica y las políticas, pero tiene una diferencia respecto de éstas: se trata de un sistema de signos. Advierte, no obstante, que no es el único sistema de signos existentes en la sociedad. La lengua es el más importante, pero hay otros.

Definición de habla .-El habla, parole en français, es la plasmación concreta de la lengua que hacemos cada uno de los hablantes. En lingüística se conoce como habla a la selección asociativa entre imágenes acústicas y conceptos que tiene acuñados un hablante en su cerebro y el acto voluntario de fono-articulación que se llevará a cabo para iniciar el recorrido de la lengua. Habla: materialización individual de los pensamientos de una persona, sirviéndose del modelo o sistema que facilita la lengua. Es la actualización aquí y ahora de los fonemas de la lengua por un hablante. El habla es el uso particular e individual que hace un hablante de una lengua. Desde esta perspectiva, como acto individual, se opone a la lengua que es social.

Significante.- Es la imagen acústica, lo significante, en un ejemplo, es la imagen sonora evocada por la voz “manzana”.

Significado.- Representa la idea, en el mismo ejemplo de la manzana, lo significado no es (como falsamente se podría intuir) la manzana misma, sino el concepto de la manzana.

Diacronía.- El análisis diacrónico describe la evolución histórica de un idioma a lo largo del tiempo. Es diacrónico todo lo que tiene que ver con las evoluciones. Diacrónicos (históricos).

Sincronía.- El estudio sincrónico se detiene en analizar el estudio particular de ese idioma en una determinada época o período temporal. Es sincrónico todo lo que se refiere al aspecto estático de nuestra ciencia. Sincrónicos (sobre un momento concreto).

Definición de sintagmático.- Saussure lo define así: “las palabras contraen entre sí, en virtud de su encadenamiento, relaciones fundadas en el carácter lineal de la lengua, que excluye la posibilidad de enunciar dos elementos a la vez. Los elementos se alinean uno tras otros en la cadena del habla. Estas combinaciones que se apoyan en extensión se pueden llamar sintagmas. El sintagma se compone siempre, pues, de dos o más unidades consecutivas y colocado en un sintagma un término solo tiene valor porque se opone al que le precede o al que le sigue o a ambos (…) La noción sintagma no solo se aplica a las palabras, sino también a los grupos de palabras, a las unidades complejas de toda dimensión y de toda especie (palabras compuestas, derivadas, miembros de oración, oraciones enteras)(…) La oración es el tipo por excelencia de sintagma”.

Definición de paradigmático.- Las relaciones paradigmáticas definen el valor de un signo por lo que éste es y por lo que no es. El conjunto de posibilidades combinatorias de los signos permite relacionarlos en oposición (eje paradigmático) y contraste, relaciones sintagmáticas.

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Postulados de semiótica

En esencia, el argumento es que toda síntesis proposicional implica una relación significativa, una semiosis (la acción del signo), en la que se articulan tres elementos:

1) El signo o representamen (que es el nombre técnico que emplea Peirce), es “algo que está para alguien en lugar de algo bajo algún aspecto o capacidad. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o quizá un signo más desarrollado. Ese signo creado es al que llamo interpretante del primer signo. Este signo está en lugar de algo, su objeto. Está en lugar de algo no en todos sus aspectos, sino sólo en relación con alguna idea a la que a veces he llamado la base (ground) del representamen”.

2) El objeto es aquello por lo que está el signo, aquello que representa.

3) El interpretante es el signo equivalente o más desarrollado que el signo original, causado por ese signo original en la mente de quien lo interpreta. Se trata del elemento distintivo y original en la explicación de la significación por parte de Peirce y juega un papel central en toda interpretación no reduccionista de la actividad comunicativa humana. Este tercer elemento convierte a la relación de significación en una relación triádica —frente a todo dualismo cartesiano o estructuralista post-saussureano—, pues el signo media entre el objeto y el interpretante, el interpretante relaciona el signo y el objeto, y el objeto funda la relación entre el signo y el interpretante.

Todo signo es un representamen. Representar es la operación más propia del signo, es estar en lugar del objeto “como el embajador toma el lugar de su país, lo representa en un país extranjero». Representar es «estar en una relación tal con otro que para un cierto propósito es tratado por una mente como si fuera ese otro. Así, un portavoz, un diputado, un agente, un vicario, un diagrama, un síntoma, una descripción, un concepto, un testimonio, todos ellos representan, en sus distintas maneras, algo más a las mentes que los consideran”.

Pensar es el principal modo de representar, e interpretar un signo es desentrañar su significado. El representamen no es la mera imagen de la cosa, la reproducción sensorial del objeto, sino que toma el lugar de la cosa en nuestro pensamiento. El signo no es solo algo que está en lugar de la cosa (que la sustituye, con la que está en relación de “equivalencia”), sino que es algo mediante cuyo conocimiento conocemos algo más. Al conocer el signo inferimos lo que significa.

El representamen amplía así nuestra comprensión, de forma que el proceso de significación o semiosis llega a convertirse en el tiempo en un proceso ilimitado de inferencias. Por ello los signos no se definen sólo porque sustituyan a las cosas, sino porque funcionan realmente como instrumentos que ponen el universo al alcance de los intérpretes, pues hacen posible que pensemos también lo que no vemos ni tocamos o ni siquiera nos imaginamos.

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Categorías del signo

Peirce definió tres categorías de signos, cada una de las cuales muestra una relación diferente entre el signo y su objeto, o aquello a lo cual se refiere:

a) ícono– el signo se parece de alguna manera a su objeto, se ve o se oye parecido.

b) índice–  hay un lazo directo entre el signo y su objeto, tienen una conexión real. Un estornudo es indicio de resfriado.

c) símbolo–  no hay conexión o parecido entre el signo y el objeto: un símbolo comunica solamente porque la gente se ha puesto de acuerdo en que va a representar algo. Una fotografía es un ícono, el humo es indicio de fuego, y una palabra es un símbolo. Las palabras en general son símbolos, los números son igualmente símbolos.

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La organización de los signos

Los signos se organizan en códigos de dos maneras:

a) Por paradigmas (un paradigma es un conjunto de signos de entre los cuales se escoge el que se va a usar). Por ejemplo, el conjunto de formas para las señales de carretera (cuadradas, redondas o rectangulares).

b) Por la sintagmática (un sintagma es el mensaje dentro del cual se combinan los signos escogidos). Por ejemplo, una señal de carretera es un sintagma, una combinación de la forma con el símbolo seleccionado.

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Definición de código

Código: conjunto de signos y reglas para combinarlos que componen el mensaje, y tiene que ser común al emisor y al receptor.

Para Uumberto Eco, en su Tratado de semiótica general, el código es un sistema de significación que reúne entidades presentes y ausentes. Siempre que una cosa materialmente presente a la percepción del destinatario representa otra cosa a parir de reglas subyacentes, hay significación.

“Para que el destinatario pueda comprender la señal correctamente es necesario que, tanto en el momento de la emisión como en el momento de la destinación, se haga referencia a un mismo código. el código es un sistema de reglas que atribuye a determinadas señales un determinado valor. Demos valor y no “significado”, porque en el caso de un aparato hemostático (relación entre dos máquinas) no puede decirse que la máquina destinataria “comprenda el significado” de la señal (como no se en sentido metafórico): ha sido instruida para responder de una determinada forma a una solicitación determinada”, según explica Eco.

En otras definiciones, código es el modo, la forma en que se estructuran en él los símbolos o los mensajes, quedando traducidos o convertidos en un lenguaje comprensible apara el receptor o para el canal que lo descodificará y lo pondrá en otro o en el mismo código.

Podríamos decir que los códigos son los sistemas de organización de los signos y están gobernados por reglas que son aceptadas por todos los miembros de la comunidad que los utiliza. Esto quiere decir que el estudio de los códigos da mayor énfasis a la dimensión social de la comunicación.

La comunicación no verbal se realiza por medio de códigos presenciales tales como gestos, movimientos de los ojos o calidades de la voz. Estos códigos pueden transmitir mensajes solamente sobre el aquí y ahora, se limitan a la comunicación cara a cara.

El alfabeto y la lengua son quizá los códigos más comunes, pero también existen otro tipo de códigos no verbales, entre ellos, los gestos faciales, que pueden expresar diferentes emociones. También hay códigos visuales como los colores del semáforo, por ejemplo, o los señalamientos viales.

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Denotación y connotación

Definición de denotación.- Se llama denotación al tipo de significado de una palabra que es objetivo y se da en el plano saussuriano de la lengua. Es el significado universal, el que una palabra tiene para todos los conocedores de una lengua, sin que exista la más mínima discrepancia entre ellos: el que tiene por ejemplo metal y recoge el Diccionario de la Real Academia. Propiamente dicho, se trata del significado tal como se presenta fuera de cualquier contexto. Por ejemplo, aurora denota la parte del día correspondiente a la salida del sol, y es así como se define en los diccionarios.

Definición de connotación.- También conocida como significado connotativo, es aquello que poseen las palabras y expresiones cuando se les da un significado personal e individual subjetivo que no figura en el diccionario y por lo tanto se opone a la denotación o significado objetivo. Es, pues, el significado en el plano saussuriano del habla. Por ejemplo, la palabra lluvia posee el significado connotativo de “tristeza” o “melancolía”. Otro ejemplo seria, en la frase “una vida de perros”. La denotación sería la vida de los animales (perros), pero casi nunca, usamos ese significado. La connotación podría ser tener una vida vaga, floja, mala. Muchas palabras, pues, poseen un significado casi por entero connotativo.

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Significantes de connotación

La connotación, por ser un sistema, abarca significantes, significados y el proceso que une unos con otros (significación), por lo que sería necesario emprender antes que nada el inventario de estos tres elementos en cada sistema. Los significantes de connotación, que llamaremos connotadores, están constituidos por signos (significantes y significados reunidos) del sistema denotado; naturalmente, varios signos denotados pueden reunirse para formar un solo connotador, si está provisto de un solo significado de connotación; dicho de otra manera, las unidades del sistema connotado no tienen forzosamente la misma dimensión que las del sistema denotado; largos fragmentos de discurso denotado pueden constituir una sola unidad del sistema connotado (es el caso, por ejemplo, del tono de un texto, formado por palabras múltiples, pero que remite sin embargo a un solo significado).

Cualquiera que sea la manera en que maquilla el mensaje denotado, la connotación no lo agota: siempre subsiste algo de «denotado» (sin lo cual el discurso sería imposible) y los connotadores son siempre, en última instancia, signos discontinuos, «erráticos», naturalizados por el mensaje denotado que los vincula.

En cuanto al significado de connotación, tiene un carácter a la vez general, global y difuso: es, si se quiere, un fragmento de ideología: el conjunto de los mensajes franceses remite, por ejemplo, al significado «Francés»; una obra puede remitir al significado «Literatura»; estos significados están en estrecha comunicación con la cultura, el saber, la historia; mediante ellos, si es lícito expresarse así, el mundo penetra el sistema; la ideología sería en suma, la forma (en el sentido de Hjelmslev) de los significados de connotación, en tanto que la retórica sería la forma de los connotadores.

En la semiótica connotativa, los significantes del segundo sistema están constituidos por los signos del primero; en el metalenguaje, sucede lo inverso: son los significados del segundo sistema los que están constituidos por los signos del primero.

Hjelmslev precisó la noción de metalenguaje de la manera siguiente: dado que una operación es una descripción fundada sobre el principio empírico, es decir, no contradictoria (coherente), exhaustiva y simple, la semiótica científica o metalenguaje es una operación, en tanto que la semiótica connotativa no lo es.

Es evidente, por ejemplo, que la semiología es un metalenguaje, puesto que se hace cargo, a título de segundo sistema, de un lenguaje primero (olenguaje-objeto) que es el sistema estudiado; y este sistema-objeto es significado a través del metalenguaje de la semiología. La noción de metalenguaje no debe reservarse a los lenguajes científicos; cuando el lenguaje articulado, en su estado denotado, se hace cargo de un sistema de objetos significantes, se constituye en «operación», es decir, en metalenguaje: es el caso, por ejemplo, de la revista de moda que «habla» las significaciones de la ropa; caso absolutamente ideal, puesto que el periódico no presenta de ordinario un lenguaje puramente denotado; tenemos aquí, pues, para terminar, un conjunto complejo donde el lenguaje, en su nivel denotado, es metalenguaje, pero este metalenguaje está, a su vez, comprendido en un proceso de connotación.

Sin embargo, nada prohíbe que un metalenguaje se convierta a su vez en lenguaje-objeto de un metalenguaje; sería el caso de la semiología, por ejemplo, el día en que fuera hablada por otra ciencia; si se aceptara definir las ciencias humanas como lenguajes coherentes, exhaustivos y simples, (principio empírico de Hjelmslev), es decir, como operaciones, cada ciencia nueva aparecería entonces como un metalenguaje nuevo que tomaría como objeto el metalenguaje que la precede, poniendo la mirada simultáneamente en lo real-objeto que está en el fondo de estas “descripciones”; la historia de las ciencias humanas sería de esta manera, en cierto sentido, una diacronía de metalenguajes, y cada ciencia, incluida, por supuesto, la semiología, contendría su propia muerte, bajo la forma del lenguaje que la hablara.

Esta relatividad, interior al sistema general de los metalenguajes, permite rectificar la imagen demasiado rígida que se podría tener inicialmente de la semiología frente a la connotación; el conjunto de un análisis semiológico moviliza a la vez ordinariamente, además del lenguaje estudiado y la lengua (denotada) que con más frecuencia se hace cargo de ella, un sistema de connotación y el metalenguaje del análisis que es aplicado; podría decirse que la sociedad, detentadora del plano de la connotación, habla los significantes de sistema considerado, en tanto que el semiólogo habla sus significados; parece, pues, poseer una función objetiva de desciframiento (su lenguaje es una operación) frente al mundo que naturaliza o enmascara los signos del primer sistema bajo los significantes del segundo; a pesar de ello, su objetividad se hace provisional por obra de la historia misma que renueva los metalenguajes.

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Ejemplo de denotación y connotación en la publicidad

A partir del análisis que hace de Barthes de una propaganda de los fideos Panzani, en su libro Retórica de la imagen, analizaremos las siguientes imágenes tomadas de una campaña publicitaria del vodka Absolut, las cuales nos servirán para ejemplificar claramente lo que explica el semiólogo francés. Para el siguiente análisis, optaremos por utilizar los términos de mensaje icónico codificado (connotación) y no codificado (denotación), ya que de acuerdo a Barthes, es la terminología más apropiada a la hora de interpretar mensajes visuales.

Quizá el mayor acierto de la campaña de Absolut, es que los creativos lograron hacer de la botella, un ícono distintivo. Este elemento ha sido utilizado de diferentes formas.

En el primer anuncio, los diferentes códigos son similares a los utilizados en un sistema operativo de computadoras, formando una imagen de la botella del producto. Sin embargo, la imagen no tendría ningún sentido sin la frase ‘ABSOLUT HACKER’ (que hace la función de anclaje). Para que el mensaje logre su cometido, el receptor debe estar familiarizado con el manejo de computadoras y debe de saber que un hacker, es un experto en códigos computacionales. De esta forma, podemos decir que el mensaje icónico no codificado serían los números en clave y la silueta de la botella, mientras que el mensaje icónico codificado, sería la pantalla de computadora que aparece de manera implícita para el receptor, así como la frase.

En la segunda imagen los mensajes icónicos cambian, ya que el mensaje icónico no codificado (denotación) sería la botella de cabeza apoyada en el tapete azul. Sin embargo, cuando se descifra el mensaje icónico codificado, sabemos que la imagen hace referencia a una de las posturas que se practican en el yoga. Esto lo sabemos gracias a la frase, que nuevamente hace la función de anclaje y que termina por darle sentido a todo el cuadro, redondeando el mensaje lingüístico.

En la tercera imagen, varias rebanadas de pepino forman la silueta de la botella acompañadas de la frase ABSOLUT BEAUTY (que podría traducirse como ABSOLUTAMENTE BELLA). En este anuncio, el mensaje icónico codificado es un poco más complejo, ya que el receptor debe saber de antemano, que las mascarillas de pepino, con sus respectivas rebanadas cubriendo los ojos, son una técnica común dentro del área de belleza y cosmetología, principalmente utilizado por las mujeres para ponerse “aún más bellas”. Por ello, la frase es lo que termina por construir el mensaje completo, ya que sería difícil entenderlo únicamente con la imagen.

En el último anuncio, sucede un caso parecido. En esta ocasión el nombre del producto se ve censurado por algunos recuadros. Ésta sería la denotación. Sin embargo, la frase ABSOLUT ANONYMOUS (ABSOLUTAMENTE ANÓNIMO), nos remite a las técnicas utilizadas en televisión para resguardar la identidad de personas dispuestas a declarar sobre algún tema comprometedor, lo cual representaría la connotación del mensaje, es decir, lo que viene de forma implícita.

Lo original y exitoso de estos anuncios radica en que de alguna forma, el mensaje lo termina de construir el receptor, asociando diversos elementos de la cultura popular occidental, ya que la imagen sólo “sugiere” (intencionadamente) ciertos elementos que permitirán al receptor darle forma a todo el mensaje de manera conjunta.

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El texto

Proveniente del latín textus, se define como “enunciado o conjunto coherente de enunciados orales o escritos”, según la Real Academia de la Lengua Española. Dentro de la semiótica, el texto es un ensamblaje de signos construido e interpretado en referencia a la convención asociada al género de su medio particular de comunicación (Chandler, 1994). Para Umberto Eco, es el resultado de la coexistencia de varios códigos, o por lo menos, de varios subcódigos.

El análisis semiótico es con frecuencia utilizado para el análisis de textos en un intento de caracterizar su estructura y la identificación de significados potenciales, aunque su potencial de objetos observables es más amplio e incluye el análisis del medio, la publicidad, el cine, la fotografía, el arte o la dimensión estética humana. Es necesario notar que “texto” no se refiere a la connotación logocéntrica del término y que este existe en cualquier medio y puede ser verbal, no-verbal o ambas, siendo “un mensaje con existencia física propia, independiente de su emisor o receptor”, lo que nos permite hablar, en nuestro caso, de textos mediáticos.

 

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Semiótica de la imagen

Entendemos por semiótica de la imagen el estudio del signo icónico y los procesos de sentido-significación a partir de la imagen. El estudio de la imagen y las comunicaciones visuales en realidad desborda lo estrictamente pictórico o visual, tal como pueden ser los análisis de colores, formas, iconos y composición, para dar paso a los elementos históricos y socio-antropológicos que forman parte de la semiótica de la imagen.

La semiótica de lo visual se configura como una parte de esa macro semiótica del mundo natural que constituye con la macro semiótica de las lenguas naturales el lugar natural del ejercicio del conjunto de las lenguas naturales el lugar natural del ejercicio del conjunto de las prácticas semióticas.

También parece evidente que el campo de la semiótica de lo visual desborda ampliamente el campo del análisis de las imágenes, de los denominados textos icónicos. Algunos autores hablan de la semiótica plenaria y contraponen a ella una semiótica de la imagen constituida por signos icónicos. En esta última la iconicidad se integra de manera natural en la orientación elegida.

Representar se identifica con evocar por descripción, retrato e imaginación, con situar semejanzas de algo ante la mente o los sentidos. Hay que subrayar que la representación, tal y como la entiende la filosofía clásica se plantea como una función del lenguaje en general.

La significación se produce siempre que una cosa materialmente presente ante la percepción de un destinatario represente a otra cosa a partir de reglas subyacentes, tal como lo explica Barthes con su defiición de mensaje icónico codificado y no codificado. Hay que precisar tres puntos importantes:

-La cosa representada no tiene porque existir ni sustituir de hecho en el momento en que el signo sustituto significante de otra cosa la represente.

-El acto de significación es autónomo con respecto a cualquier acto potencial de comunicación.

-Debe existir un código que establezca una correspondencia entre lo que el signo representa y lo representado.

Cuando un código relaciona elementos de un sistema transmisor con elementos de un sistema transmitido se produce la significación a través de la aparición de una función semiótica:

a) Un signo no es una entidad física. No forma más que el plano expresivo.

b) El signo no es una entidad semiótica fija, sino un lugar de encuentro de elementos independientes que proceden de sistemas diferentes y que se asocian a través de una correlación codificada transitoria.

c) La denotación se identifica con el hecho de que, según una correlación codificadora dada a unos elementos dados del plano expresivo les corresponde de forma unívoca y directa una posición permanente del contenido. Asimismo, se habla de connotación cuando el plano expresivo de una función semiótica se presente formado por otro sistema de significación, que incluye un plano expresivo y de contenido.

El concepto de imagen se divide en un campo semántico determinado por dos polos opuestos. Uno describe la imagen directa percibible o hasta el mismo existente. El otro contiene la imagen mental simple que en ausencia de estímulos visuales puede evocarse.

Para Barthes, el anclaje es la función más frecuente del mensaje lingüístico; aparece por lo general en la fotografía de prensa y en publicidad. La función de relevo es menos frecuente (por lo menos en lo referente a la imagen fija); se la encuentra principalmente en los dibujos humorísticos y en las historietas. Aquí la palabra (casi siempre un trozo de diálogo) y la imagen están en una relación complementaria. Las palabras, al igual que las imágenes, son entonces fragmentos de un sintagma más general, y la unidad del mensaje se cumple en un nivel superior: el de la historia, de la anécdota, de la diégesis (lo que confirma en efecto que la diégesis debe ser tratada como un sistema autónomo).

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Mensaje lingüístico

Se refiere al lenguaje articulado escrito que podría llegar a formar parte de la misma imagen. Por otra parte, la ausencia de palabras recubre siempre una “intención enigmática”. Las posibles funciones del mensaje lingüístico son:

Función de anclaje.- Sostiene o apoya la imagen, la función es denominativa y corresponde al anclaje de tdoso los posibles sentidos denotados. Contribuye a una conveniente identificación de los objetos. A nivel de mensaje simbólico, el lingüístico guía, ya no el reconocimiento sino que la interpretación y constituye una “tenaza” que impide que los sentidos connotados se desorienten. En otras palabras, se limita el poder proyectivo de la imagen.

Función de relevo.- Es menos frecuente que la anterior y se la encuentra frecuentemente en las historietas (comics). Se trata de una intercalación inseparable entre el texto y la imagen, no se encarga de otrorgarle sentido a ésta última sino que constituye un elemento más del sintagma icónico. En los casos en que el mensaje lingüístico cumple una función de relevo, posee una carga informativa mucho mayor que cuando se trata de anclaje. La significación recae sobre las palabras y la imagen aparece como soporte.

Mensaje icónico codificado.- Está formado por agrupaciones de determinados elementos de la figura que aluden a conocimientos pertenecientes a la realidad cultural compartida por emisor y receptor. Barthes intenta establecer a nivel teórico las reglas que aparecen en el proceso de connotación icónico, proceso que se hallará limitado por las habilidad interpretativa de los receptores. Es así que, ante una determinada imagen, solo hay una cantidad limitada de posibles lecturas vinculadas a diferentes saberes (ej: práctico, estético, etc.). Esos saberes constituyen lo que Barhtes denominará “léxicos”. El conjunto de léxicos incorporado en un individuo, se llamara idiolecto.

Mensaje icónico no codificado.- Su análisis, nos refiere a la denotación. Para captar el nivel denotativo, solamente se requiere la percepción. Sin embargo, cabe puntualizar que el análisis estructural denotativo nunca debería confundirse con una simple enumeración de los elementos, sino que explica y describe la relación de los mismos en función de una estructura. La imagen literal es la imagen denotada, a la que le corresponde la identificación, la cual es una operación ‘natural’, en el sentido en que la relación entre signficante y significado se establece en un primer nivel de lectura.

En el análisis de un anuncio de fideos, Barthes propone como principal objetivo la separación de todos los elementos y signos para ser estudiados por separado y otorgarles un significado, estos significados se enlazan uno con otro para complementarse, en un análisis los colores, la posición y el tamaño influyen directamente en el resultado final, para llevar a cabo dicho análisis se necesitan tener conocimientos previo sobre el tema y sobre el contexto cultural en el que se efectúa dicho mensaje.

La estructura de un anuncio publicitario se refiere básicamente a sus componentes, y lo que nos dicen en sentido literal, sin leer entrelineas y mucho menos dar nuestro punto vista. Al describir la estructura de un mensaje, sólo debemos mencionar el tamaño, la intensidad de los colores, así como el espacio que ocupan, a estos detalles se les conoce como composición estética. En este sentido, la teoría de la sintaxis visual afirma que existen ciertos elementos que permiten la construcción de un mensaje, (tal como las letras del abecedario son la base para construir palabras) y por ende, el significado que se desprende de la combinación de dichas palabras.

Podríamos decir que para lograr la alfabetización verbal, es necesario aprender una sintaxis común que establezca límites constructivos acordes a los usos aceptados. En otras palabras, podría decirse que “existen líneas generales para la construcción de composiciones, existen elementos básicos que pueden aprender y comprender los estudiantes de medios audiovisuales (…) para crear claros mensajes visuales”. Otras acepciones como la de Lindekens (1976) establece a la imagen como un signo autónomo, en principio independiente del texto que lo acompaña.

Asimismo, Bense postula “una semiótica visual como esencia de los problemas del lenguaje visual”, en donde todo objeto de percepción está constituido por una unidad de forma y color.

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¿Qué es placer y goce?

En El placer del texto, Roland Barthes hace una diferencia entre el placer y el goce: “texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura y está ligado a una práctica confortable de la lectura. Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje”.

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La semiótica narrativa

Señala que todo cuanto existe es dialéctica significativa y por lo tanto texto. Su análisis se guía por una racionalidad subjetiva. Es el estudio semiótico de un texto o mensaje cualquiera como relato, es decir como una unidad en la cual existe una representación de sucesos o acciones que de verifican en un devenir espacio-temporal. De hecho existen tipos de textos (cuentos, novelas, relatos televisivos, cinematográficos) que no pueden ser analizados sino por una semiótica narrativa, que es la única que puede dar cuenta de la organización temporal y dinámica de dicho tipo de textos. Pero aún los textos descriptivos o espaciales son susceptibles de ser analizados por la perspectiva diacrónica de este tipo de semiótica.

Aborda el estudio de la narratividad a partir del análisis de lo que denomina, con rigor,   la estructura narrativa del texto. Es precisamente su procedencia teórica la que garantiza la solidez de la construcción de los objetos que manipula. El parentesco de estos objetos teóricos con los elementos que se consideran propios del análisis narrativo, tales como los personajes, acciones, etc.). Por ahora será necesario dedicar una mínima discusión a los conceptos centrales de la teoría y, en particular, al  denominado recorrido generativo, cuya armazón, fundadora de toda la aproximación de Greimas.

De esta forma, podemos decir que el recorrido generativo es una construcción teórica que intenta modelar el modo cómo se genera y se articula el sentido en un texto. No se trata de una simulación del modo cómo se produce el tránsito entre una “idea” y una película, sino de una estructura que puede construirse mediante el análisis y que permite comprender el funcionamiento semiótico de este tipo de texto en particular.

Este recorrido generativo consta de dos grandes niveles: el nivel de  las  estructuras discursivas y el nivel de las estructuras semio-narrativas.

a) El nivel de las estructuras discursivas es el nivel de la manifestación textual,  es decir, aquel con el que nos enfrentamos al  “leer”  el  texto. Corresponde a un nivel analítico que sólo puede derivarse del discurso del texto.

b) El nivel de las estructuras semio-narrativas es un nivel más abstracto cuyos constituyentes no se manifiestan directamente en el texto, sino que son reconstruidos a través del análisis. Asimismo, el nivel de las estructuras semio-narrativas se encuentra, subdividido en dos subniveles: un subnivel profundo  y en un subnivel de superficie. El nivel más profundo de las estructuras semio-narrativas es el nivel más abstracto, el nivel en donde, para la teoría,  tienen lugar las primeras articulaciones del sentido, es decir, donde  aparecen los términos menos elaborados y más elementales de la significación: bueno-malo, masculino-femenino, vida-muerte, por ejemplo. Estas unidades se presentan en sencillas oposiciones binarias, que en su conjunto dan lugar a un entramado puramente lógico cuya estructura podría recordarnos el nivel semántico primario del lenguaje con el que opera una computadora.

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Semiótica del discurso en Greimas

Para Greimas, el estudio de la semiótica se desarrolla con el objetivo de buscar los sentidos de los textos. Con la influencia de Propp, Hjelmslev, Lévi-Strauss y otros, Greimas desarrolló un método que permite analizar la organización de los discursos, en el plano del contenido, a partir del concepto de narratividad.

Estos estudios llevaran Greimas a identificar la existencia de formas universales de organización de la narrativa en el texto. Tales formas se repiten en los más diversos textos y son esas estructuras que sustentan la construcción de los sentidos y de la significación de los textos. La existencia de esa estructura narrativa se manifiesta en cualquier tipo de discurso. Se percibe bien esto cuando Greimas dice:

“Todos los cuentistas del mundo repiten incansablemente: la calificación del sujeto, manifestada bajo diversas formas (rituales de iniciación, ritos de pasaje, concursos y condecoraciones); la realización del sujeto en la vida, considerada como un espacio virtual en que el hombre es convocado a llenar por sus actos, ejecutando alguna cosa y revelándose a sí mismo en el mismo gesto; el reconocimiento, ese mirar del otro que atribuye los actos a su autor y lo constituye en su ser”.

Es necesario decir también que el esquema narrativo se desarrolla a través de relaciones paradigmáticas, esto es, elementos que pueden substituirse unos a los otros en un mismo contexto y sintagmáticas, identificada por ser un proceso lineal. Esto queda claro cuando Greimas explica que la narración debe interpretarse como un solo bloque de contenido semiótico.

“Reconocer la existencia de unidades narrativas de carácter (ya sean o paradigmático o sintagmático), constituidas por las relaciones que los enunciados narrativos mantienen en sí, e interpretar la narrativa como una estructura narrativa, esto es, como una vasta red relacional subentendida por el discurso de superficie que solamente la manifiesta parcialmente”.

Para Greimas la narratividad se construye en tres niveles de complejidades diversas: estructura fundamental, estructura narrativa y estructura discursiva.

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Estructura fundamental

Se caracteriza por ser la estructura mas profunda y abstracta. Greimas identifica los semas en la base de esta estructura. Un sema se define como la extremidad de una relación funcional binaria entre sememas. El sema es, pues, la más pequeña unidad de significación definida por el análisis. Y un sema es como es, pues tiene otro sema como referencia, lo que posibilita la identificación de las diferencias. Para aclarar mejor ese aspecto, Courtès menciona los tipos de relaciones existentes entre ellas:

La relación que se encuentra establecida entre los dos semas es de naturaleza antonímica, relevando al mismo tiempo de la disyunción y de la conjunción”.

Los semas tienen carácter binario. Ellos se unen por una relación de oposición. Por lo tanto, esa relación se da siempre entre dos semas. Tal relación puede ser representada en el cuadrado semiótico, y “permite darse cuenta del orden de los universos semânticos en su conjunto”.

De esta forma, la estructura elemental es concebida de forma lógica en una categoría sémica binaria del tipo blanco y negro, y los términos están en relación de contrariedad, de contradictoriedad y de implicación. Esa estructura existe en cualquier discurso y organiza las relaciones, sea en el orden sintagmático, sea en el paradigmático.

Las características formales del cuadrado semiótico son esclarecidas por Courtès cuando afirma que “esta presentación del modelo constitucional, se hizo al nivel de sistema, esto es, en una perspectiva paradigmática. Se puede entonces, complemenaáriamente, considerarlo del punto de vista del proceso, esto es según el eje sintagmático”.

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Estructura narrativa

La estructura narrativa es la etapa más superficial del percurso generativo. Esa organización es dada sobre los sememas, y es llamada por Greimas de “modelo actancial”. La organización actancial es formada por actuantes que, conforme Greimas son “seres o cosas que, a un título cualquiera y de un modo cualquiera, todavía a título de meros actores secundarios y de manera más pasiva posible, participan del proceso “.

Todo el discurso se desarrolla encima de objetos, personajes, lugares, etcétera. Los actuantes son seres del discurso. El modelo actancial propuesto por Greimas está estructurado de la siguiente forma:

a) El enunciado conjuntivo es la relación entre el sujeto y el objeto, que puede ser diferentemente situado, en la medida que el objeto puede ser dotado de diferentes valores, “objetivos” o “subjetivos “.

b) En los enunciados disyuntivos, el objeto, entre tanto, dotado de valor, no está en conjunción con el sujeto.

Para Greimas, “la disyunción solamente virtualiza la relación entre sujeto y objeto, manteniéndola como una posibilidad de conjunción. Por ello, el sujeto y el objeto no son los únicos a hacer parte de la estructura narrativa. Tenemos también el destinador y el destinatario, que forman el segundo par de actuantes. Estos están interligados por el objeto de deseo.

“La confrontación, a su vez, puede ser quera polémica, quera transaccional, manifestándose sea por combate, sea por una troca, permitiendo esta distinción reconocer dos concepciones de las relaciones inter-humanas”.

Toda la confrontación ocurre porque existe un objeto a ser disputado. A partir del momento que este objeto es deseado por las partes envueltas, el mismo pasa a tener un determinado valor, y entonces pasa a ser un objeto de deseo para el sujeto, estando situado entre el destinador el destinatario. Destinador es aquel actuante que hace hacer, diferente del sujeto que tiene la acción, que hacer ser. Diferentes relaciones se establecen: entre el destinador y el destinatario, una relación de implicación; entre el sujeto y el objeto, una relación de proyección y, entre ayudante y opositor, una relación de contradicción.

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Estructura discursiva

La estructura discursiva está identificada al nivel más superficial. Los tres niveles caracterizan un percurso de pasaje de lo más abstracto a lo mas concreto. Se puede decir todavía que la estructura discursiva está en el limpiar de la relación de la significación (expresión y contenido). La estructura discursiva viste la narrativa, sino el nivel más próximo de la textualización. Y en ese nivel es donde ocurren los procesos de figurativización, temporalización, espacialización, gestualidad, sociabilidad y sexualidad.

Las figuras se organizan en el discurso y se agrupan para dar lugar a configuraciones discursivas. La construcción de las figuras se da por un procedimiento de desembrage y embrage. El desembrage consiste en la retirada de todas las marcas de temporalidad, especialidad, mientras el embrage dota estos elementos de marcas de tiempo, espacio y otros elementos similares.

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Bibliografía:

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Art and the Semiotics of images: Three Questions About Visual Meaning: http://faculty.washington.edu/dillon/rhethtml/signifiers/sigsave.html

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