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La raíz de la violencia (o de cómo la injusticia engendra monstruos)

Para entender la violencia en México hay que explorar sus causas más profundas. Y para ello, es indispensable comprender la diferencia entre justicia y venganza.

Spanish activist Jil Love and Mexican activist Julia Klug perform with tapes and fake blood during a protest against femicide and violence against women in Mexico City, Mexico

Manuel Hernández Borbolla

Una familia viaja por la carretera México-Puebla. El padre siente deseos de orinar y estaciona la camioneta en la que viaja junto a su esposa, su sobrina (una adolescente de 14 años) y su hijo, un bebé de dos años. La familia es sorprendida por una banda de asaltantes que intenta despojarlos del vehículo. Los ocho agresores golpean al padre, violan a la madre y la hija, y asesinan al bebé. Un día después, el cadáver de una mujer de 25 años es encontrado en Ciudad Universitaria, amarrada por el cuello a una caseta telefónica junto a la Facultad de Química.

Dos casos cuya violencia no deja de estremecer, a pesar de que la crisis humanitaria que vive México desde hace una década pareciera haber convertido la crueldad y el horror en un asunto cotidiano, donde el hallazgo de fosas clandestinas y el recuento de asesinatos se ha vuelto algo normal, parte de la rutina noticiosa que nos ha ido arrebatando nuestra capacidad de asombro e indignación.

Los datos son contundentes. A una década de la llamada guerra contra el narcotráfico decretada por Felipe Calderón, el número de homicidios en el país se disparó desde 2007, registrando su pico más alto en 2011 y con un repunte en los últimos años, según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Pero la tendencia se mantiene a la alza, ya que el primer trimestre de 2017 es ya el inicio de año más violento en la historia reciente de México. Un hecho que incluso ha sido reconocido por el presidente Enrique Peña Nieto, quien asegura que “los índices de criminalidad en diferentes entidades federativas nuevamente empezaron a regresar a escenarios del pasado”.

Homicidios

Pero no solo eso. De 2007 a la fecha, en México se han encontrado 855 fosas clandestinas con 1,548 cadáveres, según un informe reciente de la CNDH. Un país donde la guerra contra el narco provocó una crisis humanitaria con más de 30 mil desaparecidos, una ola de feminicidios y más de 35 mil desplazados. Además, México posee cinco de las 50 ciudades más violentas del planeta, según diversas fuentes. De este modo, el nivel de violencia, equiparable al de países en guerra civil, ha provocado que México sea considerado como el tercer país más peligroso del mundo.

Pero la contundencia de las cifras no es suficiente para comprender la magnitud del fenómeno de la violencia en México y otros países de América Latina, recién reconocida como la región más violenta del planeta. Una región donde el tráfico de las drogas, la pobreza y la desigualdad social no bastan para explicar los niveles de violencia registrados en los últimos años: desde el exterminio de migrantes en San Fernando y las mujeres violadas de Atenco, hasta el atentado y suicidio de un estudiante del Colegio Americano de Monterrey o el hallazgo de 249 cadáveres en una fosa de Veracruz, por mencionar algunos casos recientes.

“Este hombre me contaba, con mucha serenidad, cómo a una de sus víctimas le había abierto el pecho, sacado las costillas para poder arrancarle el corazón vivo y vio cómo se le agotaba el latido en sus manos”, relataba el periodista y corresponsal de guerra David Beriain hace unas semanas, al describir el impactante nivel de violencia de las pandillas en El Salvador.

“Cuando tú te sientas delante de ese al que llaman terrorista, asesino o narcotraficante, gente que mata gente, y no a uno ni a dos, te gustaría pensar que va a existir una distancia infinita entre tú y él, que va a pertenecer prácticamente a otra especie. ¿Y sabes qué es lo que pasa cuando te acercas? Es igual que tú. Y puedes reconocer muchas partes de ti en él. Y eso asusta”, me contaba Beriain en otra ocasión.

¿Pero, cuál es la raíz de la violencia? ¿Qué es lo que lleva a una persona común a realizar actos tan terribles como desollar viva a una persona o asesinar a un bebé de dos años para luego violar a su madre? ¿Qué es lo que ocurre en una sociedad donde continuamente se presentan actos de barbarie como estos? Son preguntas cuya explicación requiere una revisión profunda de la condición humana.

Aftermath Teachers Protest in Oaxaca

La venganza, el odio y la injusticia

Toda violencia es consecuencia de un dolor profundo que busca ser aliviado. Un dolor proveniente de viejas heridas que siguen abiertas y no terminan de sanar, o también, del miedo a ser lastimado otra vez. Y por ello, toda agresión representa, en realidad, un acto de venganza contra el mundo.

Para el investigador de la Universidad de Ámsterdam, Nico Frijda, el dolor, tanto físico como psíquico, es el motor del deseo de vengar el insulto, lesión, pérdida, desprecio, sometimiento o humillación ocasionados por otra persona o grupo social, al existir “un alivio del dolor, a través del ejercicio de un poder elemental sobre el ofensor”, según sostiene en su libro The Lex Talionis: On Vengeance. En un sentido similar, la psiquiatra británica Felicity de Zuleta, autora del libro From Pain to Violence: The Traumatic Roots of Destructiveness, sostiene que las personas particularmente violentas suelen ser aquellas que sufren algún tipo de abuso a edades tempranas y recrean ese mismo patrón siendo adultos: víctimas que se transforman en victimarios.

De ahí que la venganza y la justicia son dos formas de curar el dolor que se genera cuando una persona ha sido lastimada por otra. Y este es un factor clave para comprender las repercusiones sociales de la violencia.

La venganza es un dolor que busca alivio en el dolor ajeno. Que el otro sienta el mismo dolor que yo siento, como un mecanismo de compensación: no se trata de quién nos la hizo, sino de quién nos la paga. Esto explica también el placer momentáneo que produce la venganza. Pero esta necesidad de satisfacer el dolor con el dolor de otro, suele generar un circulo vicioso que conduce a la crueldad, palabra cuyo sentido original hace referencia a algo que se “recrea en la sangre”. Una patología social que puede manifestarse en conductas psicópatas (que no siente culpa por hacer daño) o sadomasoquistas (quien siente placer con el dolor). Es decir, una forma de violencia que se reproduce y multiplica sistemáticamente con consecuencias autodestructivas, pues como bien sugiere aquella bella frase atribuida lo mismo a Shakespeare que a Buda: “La ira es el veneno que uno toma esperando que el otro se muera”.

La venganza y la justicia son dos formas de curar el dolor que se genera cuando una persona ha sido lastimada por otra.

Esto bien podría explicar cómo es que surgen casos como El Ponchis, el niño sicario que mató a cuatro personas a los 14 años, o El Pozolero, el albañil que terminó disolviendo cadáveres para el crimen organizado. Personajes emblemáticos de la galería del horror mexicana que surgen de un contexto social hostil donde la violencia se reproduce en múltiples formas: marginación, abandono, pobreza, abusos, frustración, etcétera. Un ambiente hostil que también ayuda a entender otros fenómenos, como la violencia en los estadios de futbol o la violencia durante protestas políticas. Toda rebelión surge de una furia incontenible.

La justicia, en cambio, busca lidiar con el dolor mediante una compensación del daño recibido. Por ello, la justicia busca restablecer el equilibrio perdido de manera armónica en relación con el orden natural de las cosas o con algún código moral expresado en la cultura. De este modo, el castigo de las malas acciones, ya sea por mandato humano o divino (un castigo de Dios, la ley del karma), suele estar asociado a un sentimiento de justicia. Y este sentimiento de justicia puede ser trastocado cuando las acciones condenables generan una sensación de gozo para quien las lleva a cabo. Un asunto que bien nos podría ayudar a entender el repudio popular que causó la burlona sonrisa del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, tras ser detenido en Guatemala.

De ahí que la injusticia del Estado hace que la gente tenga que recurrir a otras expresiones de fuerza para defenderse de la violencia. Un ejemplo de esto, es la manera en que la impunidad sistemática y la complicidad del gobierno con el crimen organizado provocó que en 2013, un grupo de aguacateros y productores de limón se levantara en armas para constituir los grupos de Autodefensas en Michoacán, luego de que bandas delincuenciales extorsionaban a la población e incluso amenazaron con abusar sexualmente de sus esposas, hijas y madres.

Esta diferencia entre las nociones de justicia y venganza permite entender cómo es que la incapacidad del Estado para proveer seguridad y justicia a las víctimas de la violencia genera más violencia. Por ello, no es casualidad que la diáspora de la violencia en México esté íntimamente vinculada a una debilidad institucional provocada por altos niveles de corrupción e impunidad, que a su vez, ponen en entredicho la viabilidad misma del Estado como garante de la paz social.

Esta diferencia entre las nociones de justicia y venganza permite entender cómo es que la incapacidad del Estado para proveer seguridad y justicia a las víctimas de la violencia genera más violencia.

La justicia es un factor clave para que el Estado pueda ejercer el monopolio de la fuerza. Pero si el Estado mexicano es incapaz de impartir justicia, con niveles de impunidad del 99%, esto explica en buena medida la epidemia de violencia que existe en el país. La injusticia engendra monstruos.

“A mi juicio la violencia está en las instituciones políticas. La desigualdad ha estado aquí siempre y eso por sí solo no explica la violencia del narcotráfico”, me comentaba el historiador y politólogo Lorenzo Meyer en 2011, cuando lo entrevisté para un reportaje que exploraba las causas profundas de la violencia a partir del caso Monterrey, poco antes de que ocurriera el atentado contra el Casino Royale.

Por ello, no es casualidad que la violencia en México esté asociada a la violencia promovida desde las instituciones políticas, el sistema económico, la marginación social y el abuso como forma de vida, sin que existan los mecanismos sociales que permitan mitigar o revertir el daño causado.

La oscuridad es la sangre de las cosas heridas“, dijo alguna vez Jorge Luis Borges en un espléndido verso. No existe la maldad, solo un puñado de gente herida. He ahí la raíz de la violencia.

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Publicado originalmente en el Huffpost México

¿Estamos viviendo el inicio de la Tercera Guerra Mundial y no nos hemos dado cuenta?

La lucha por la hegemonía global entre Estados Unidos y Europa, frente a Rusia y China ha revivido los temores de una guerra nuclear en un escenario de tensiones crecientes.

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¿Estamos viviendo el preámbulo de una Tercera Guerra Mundial? Es la pregunta que impregna el aire tras los acontecimientos registrados en los últimos meses a nivel global. Acontecimientos que, de algún modo, evidencian una disputa por el control del mundo entre dos bandos: Estados Unidos y Europa, por un lado, frente a Rusia y China, en el otro lado. Una reedición de la Guerra Fría que ha revivido los viejos temores de un holocausto nuclear, ante las crecientes tensiones entre las principales potencias bélicas del planeta.

El pasado 7 de abril, Estados Unidos bombardeó una base militar Siria con el pretexto de que, supuestamente, el gobierno sirio de Bachar Al-Assad utilizó armas químicas contra civiles en la provincia de Idlib. Sin embargo, no existen pruebas de que el ataque con armas químicas haya sido perpetrado por el gobierno sirio, y por el contrario, los expertos consideran altamente probable que dicho ataque haya sido realizado por rebeldes sirios apoyados por Washington, tal como ha ocurrido antes, según revela un informe de Naciones Unidas de 2013, en el cual se documenta la manera en que los rebeldes sirios utilizaron gas sarín contra el gobierno sirio.IFrame

Pese a la falta de evidencias, el gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente, Donald Trump, y los gobiernos europeos, han justificado el ataque norteamericano contra Siria mientras que el presidente ruso, Vladimir Putin, calificó el hecho como una “agresión contra un país soberano”.IFrame

El ataque de Estados Unidos provocó que Rusia suspendiera los acuerdos de no agresión firmados con el gobierno norteamericano, movilizó un barco de guerra al Mediterráneo y convocó a una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Durante la reunión, Estados Unidos advirtió que habría más bombardeos y Europa respaldó los ataques contra Siria. Mientras tanto, Rusia acusó a las potencias occidentales de utilizar el ataque de armas químicas en Jan Sheijun, en la provincia de Idlib, como una justificación para que Estados Unidos y la OTAN pueda entrar militarmente en Siria, con pretextos similares y carentes de pruebas como los utilizados para intervenir militarmente en Medio Oriente en 2003. De ahí que el representante ruso ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, reprochó que las potencias Occidentales no reaccionaran de la misma forma ante el ataque con armas químicas perpetrado por el Estado Islámico en Mosul, Iraq, tanto en marzo como a inicios de abril.IFrame

Los ataques de Estados Unidos sobre Siria han sorprendido a los analistas, quienes advierten una posible escalada del conflicto bélico entre Rusia y la OTAN, luego de que en las últimas semanas, diversos atentados supuestamente perpetrados por organizaciones terroristas aumentaran las tensiones entre Rusia y Occidente.

Una situación que ha agudizado las tensiones geopolíticas entre Rusia y Estados Unidos, debido a que Siria es un país estratégico para los intereses de ambos países y donde los rusos tienen su mayor base militar fuera de sus fronteras. Un conflicto bélico que además, sirve de colofón al conflicto que se vive en Medio Oriente entre países antagónicos como Israel (aliado de EU) e Irán (aliado de Rusia).

RUSSIA-POLITICS/

¿Terrorismo o guerra fría?

Los bombardeos ordenados por Trump, se dan un par de días después de que el pasado 4 de abril un presunto atentado terrorista en el metro de San Petersburgo, Rusia, acabó con la vida de 14 personas. El contexto del ataque cobra relevancia por varios motivos. Uno de ellos, es que los atentados se produjeron justo después de que Putin visitara San Petersburgo, su ciudad natal, por lo cual, podría interpretarse como un mensaje al presidente ruso por parte de grupos extremistas islámicos. Sin embargo, es una práctica común que los servicios de inteligencia financien a extremistas islámicos para promover un ataque contra países enemigos, tal como en el pasado ha hecho Estados Unidos, por lo cual, tampoco puede descartarse que el atentado en San Petersburgo pueda tener un fin estratégico en el contexto de la Nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia.

No en balde, los rusos señalaron a las potencias Occidentales: “Ni se les ocurra enemistaros con el mundo árabe”. Esto es lo que dijo el representante de Rusia, Vladimir Safrónkov, ante el Consejo de Seguridad de la ONU. “En realidad, la agresión de Estados Unidos no hace más que fortalecer el terrorismo”, recalcó Safrónkov, agregando que los terroristas “se han animado” al recibir “este tipo de apoyo de Washington”.

También por eso cobra relevancia que apenas un día después del bombardeo de Estados Unidos a Siria, se registrara otro supuesto ataque terrorista en Suecia, cuyo perpetrador, un uzbeko, contaba con un “dispositivo técnico” en su vehículo, que posiblemente se tratara de una bomba. ¿Una respuesta de la inteligencia rusa? Aunque no existe ninguna prueba de ello, esto podría no parecer tan descabellado si tomamos en cuenta que las tensiones entre Rusia y Suecia han aumentado en el último año, a raíz de que la OTAN ha aumentado su presencia en el norte de Europa para impedir la expansión militar de los rusos, hecho que ha provocado que, por ejemplo, el servicio militar obligatorio se haya reactivado para los jóvenes suecos. Algo que también ha provocado tensiones y un mayor despliegue militar en el Báltico, tal como ocurre entre Noruega y Rusia debido al desembarco de marines estadounidenses en el país nórdico.

Esto sin contar con otros antecedentes recientes como el asesinato del embajador de Rusia en Turquía, país enemistado con el presidente sirio Bachar Al-Assad, pero que en los últimos años ha tenido un acercamiento cada vez mayor con Rusia y un distanciamiento de Estados Unidos tras el fallido golpe de Estado contra el presidente Recep Tayyip Erdogan.

Otro antecedente es la crisis política en Ucrania que entre otras cosas provocó la anexión de Crimea y Sebastopol por parte de Rusia en 2014, hecho que fue condenado por las potencias Occidentales, incluyendo el derribe de un avión comercial presuntamente por parte de las fuerzas armadas rusas. Por ello, no es casualidad que la crisis política en Ucrania está ligada a una adhesión de aquel país a la Unión Europea, y una posible expansión de las bases de la OTAN en el perímetro ruso.

El despliegue armamentístico de las potencias ha provocado que incluso la Unión Europea esté discutiendo tener su propia fuerza nuclear.

De ahí que los rusos hayan aumentado y reforzado su potencial bélico en los últimos años y fortalecido su alianza políticomilitar con los turcos, pese al asesinato del embajador en aquel país, suceso que parecía buscar una ruptura entre Rusia y Turquía. Sin embargo, el ataque a Siria también reavivó las diferencias entre Moscú y Ankara, luego de que el gobierno turco recriminara a los rusos su apoyo al gobierno sirio tras el bombardeo estadounidense. Un hecho que posiciona a Turquía como un aliado geoestratégico tanto para Estados Unidos como Rusia.

En el último año, la OTAN ha desplegado cuatro multibatallones en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, mientras que Rusia ha respondido instalando misiles tácticos de corto alcance Iskander-M en el Kaliningrado, entre Polonia y Lituania.

Según datos del Ministerio de Defensa de Rusia, los vuelos de reconocimiento de la OTAN en las fronteras rusas se ha multiplicado de manera drástica, ya que “en los años noventa hubo 107 vuelos de este tipo; en la década del 2000, 298, y en solo este año (2016) ya llevamos 852”, según indicó el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú en diciembre pasado.

El poder la geografía

La disputa entre Rusia y las potencias Occidentales (Estados Unidos y Europa) por el control de Ucrania y Turquía tiene un interés económico y geoestratégico, ya que buena parte de la estrategia y posturas de países europeos, tiene que ver con reducir la dependencia energética de Europa frente a Rusia. Un tercio de las importaciones de petróleo, el 39% del gas y el 29% de combustibles sólidos proviene de Rusia, país que además, es el único proveedor de las importaciones de gas de seis países de la Unión Europea.

De este modo, el ataque de Estados Unidos a Siria provocó “un daño considerable” en las de por sí deterioradas relaciones entre norteamericanos y rusos, según declaró Putin.

Una relación que, en los últimos meses, ha estado marcada por las acusaciones del gobierno de Estados Unidos acerca de que Rusia intervino en el proceso electoral estadounidense que llevó a la presidencia a Donald Trump, a través de una red de ciberespionaje ruso que obtuvo información de los cuarteles generales del Partido Demócrata, misma que interfirió en el resultado de la elección estadounidense, según la excandidata presidencial demócrata, Hillary Clinton.

Esto provocó que el entonces presidente Barack Obama expulsara de suelo estadounidense a por lo menos 35 funcionarios de inteligencia rusos, en diciembre pasado.

La intervención de Rusia en la elección estadounidense, es un tema que podría derivar en una posible destitución de Trump, luego de que la investigación realizada por el FBI abriera diferentes vías legales para que el Congreso de los Estados Unidos pueda solicitar la remoción del actual presidente. Un caso que cobra cada vez más fuerza, luego de que la investigación contra Trump ha permitido documentar cada vez más vínculos entre su equipo de campaña y agentes de inteligencia rusos.

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China, Corea del Norte y la batalla por el control del Pacífico

Pero Europa y Medio Oriente no son las únicas regiones del planeta donde se han movido las piezas del ajedrez geopolítico, ya que inmediatamente después de los bombardeos de Estados Unidos a Siria, el gobierno de Donald Trump ordenó mover una flota de ataque cerca de la Península de Corea. Un asunto que complicará más las relaciones entre Estados Unidos y China, tras el acercamiento de Trump con Taiwán, considerada por Beijing como una provincia en rebeldía.

Esto, aún cuando el gobierno chino ha reconocido la necesidad de frenar las amenazas del líder coreano, Kim Jong-un.

NKOREA-POLITICS-KIM

El movimiento de Estados Unidos se dio luego de que Corea del Norte realizara pruebas con misiles nucleares en el mar de Japón, justo un día antes de que el presidente de China, Xi Jiping, se reuniera por primera vez con Donald Trump, durante una visita a Florida. Un encuentro en el que Trump decidió presionar a su homólogo chino para detener el programa nuclear de Corea del Norte, bajo la amenaza de intervenir militarmente en la región, de manera unilateral.

“Si China no va a resolver Corea del Norte, lo haremos nosotros”, declaró Trump a principios de la semana pasada en una entrevista con el Financial Times.

De acuerdo con un reporte de la NBC, altos funcionarios del gobierno estadounidense
informaron que el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca busca instalar armas nucleares en Corea del Sur o matar al dictador Kim Jong-un, como respuesta al programa nuclear que realiza Pyongyang.

La instalación de arsenal nuclear estadounidense en Corea del Sur, ha derivado en una creciente preocupación y molestia del gobierno chino ante una mayor intervención estadounidense en su zona de influencia. Una maniobra estratégica en la que el gobierno estadounidense instaló un escudo antimisiles de alta tecnología, conocido como Sistema de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud (THAAD, por sus siglas en inglés), en Corea del Sur durante marzo pasado, hecho que provocó la reacción enérgica de China y sus aliados rusos.

“Quiero enfatizar que nos oponemos firmemente al despliegue del THAAD en Corea del Sur y tomaremos firmemente las medidas necesarias para defender nuestros intereses en materia de seguridad”, manifestó un portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Geng Shuang, en marzo pasado.

Un informe del gobierno estadounidense, publicado por la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad EU-China en marzo pasado, señala que “China y Rusia parecen avanzar hacia un nivel más alto de cooperación en materia de defensa”, ya que las tres áreas principales de la relación de defensa bilateral, han aumentado el nivel y la calidad del compromiso entre ambos países.

De este modo, la alianza militar entre China y Rusia ha derivado en un aumento en la venta de armamento ruso de última generación, incluyendo el sofisticado sistema antimisiles S-400 (SAM). Entre 2012 y 2016, China y Rusia han llevado a cabo ejercicios militares conjuntos en al menos 25 operaciones.

China Rusia

El acercamiento militar entre China y Rusia frente a Estados Unidos y Europa (alianza que se mantiene viva luego de que Trump reiterara su apoyo financiero a la OTAN pese a considerar “obsoleto” el acuerdo militar entre las potencias Occidentales), ha revivido los temores de una guerra de grandes proporciones ante la nueva carrera nuclear encabezada por Trump y Putin.

Un informe reciente de la Arms Control Association con sede en Washington, señala a Rusia como la mayor potencia de armamento nuclear del planeta con cerca de 7 mil ojivas nucleares, frente a 6 mil 800 de Estados Unidos. Más abajo le siguen Francia, con 300; China con 260; Reino Unido con 215; Paquistán con 140; India con 110 e Israel con 80 ojivas nucleares.

Armas nucleares en el mundo

El despliegue armamentístico de las potencias ha provocado que incluso la Unión Europea esté discutiendo tener su propia fuerza nuclear, encabezada por Francia, situación que hasta hace unos años “parecía inimaginable”, según destaca el The New York Times en un reporte de marzo pasado.

Las tensiones entre Estados Unidos y China se producen en medio de una batalla económica, en la cual, el crecimiento de la economía china de las últimas décadas arrebató a los estadounidenses la posición como la mayor potencia económica del planeta, desde 2014. Una disputa económica en la que el control de las rutas comerciales del Océano Pacífico, donde se desarrolla el 50% de las redes comerciales del mundo, juegan un papel crucial para los intereses de Estados Unidos y China.

Trump

El torbellino Trump que podría desatar una guerra mundial

Otro factor relevante a la hora de comprender en el complejo rompecabezas internacional tiene que ver con los problemas que enfrenta el gobierno de Trump al interior de la Casa Blanca.

El magnate neoyorquino vivió un arranque caótico durante los primeros meses de su mandato: jueces que cancelaron sus órdenes ejecutivas, despidos prematuros, falta de coordinación en su equipo, manifestaciones, una derrota contundente en el Congreso luego de que demócratas y republicanos bloquearan su intento de echar abajo el programa de salud conocido como el Obamacare y un posible juicio político en puerta por la intervención rusa en su campaña presidencial.

Justo antes del ataque a Siria, Steve Bannon, el principal asesor de Trump, fue removido del Consejo de Seguridad Nacional tras sus diferencias con el otro polémico asesor del presidente: su yerno, Jared Kushner, quien cada vez toma más poder dentro de la Casa Blanca.

Una crisis interna que el conflicto bélico en Siria podría darle un respiro a su administración, al mismo tiempo que le permite tomar distancia de Putin.

“Al lanzar un ataque militar aéreo tan solo 77 días después de empezar su mandato, el presidente Trump tiene una oportunidad –sin garantía alguna– de cambiar la percepción de desorden en su gobierno”, asegura un texto reciente de The New York Times en el que se analizan algunos escenarios para Trump tras el bombardeo a Siria.

Sin embargo, no son pocos han advertido que la falta de prudencia de Trump puede crispar aún más los ánimos en un contexto internacional donde la movilización de tropas y las alianzas militares se han vuelto cada vez más comunes.

Esto ha revivido los temores de que el conflicto bélico y las tensiones diplomáticas entre las potencias pueda desencadenar una Tercera Guerra Mundial, siguen latentes. Las condiciones están dadas. Basta revisar la historia para encontrar algunas similitudes con las dos guerras mundiales que marcaron al siglo XX.

La expansión de China y Rusia, frente a los intentos de Estados Unidos y Europa por mantener la hegemonía planetaria, han provocado que las potencias bélicas hayan comenzado a mover sus piezas en el tablero de la geopolítica internacional. Un reacomodo de poderes y la reconfiguración de un nuevo orden mundial donde basta solo una chispa que el mundo comience a arder. Ojalá no ocurra.

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Publicado en Huffington Post México.

Trump y la democracia: ese ‘lamentable abuso de la estadística’

Tan improbable como impredecible, el triunfo del magnate neoyorquino sorprendió al mundo entero y representó un duro golpe al sistema político estadounidense.

Republican presidential candidate Trump gestures and declares

Había muchas razones para creer que Donald Trump no llegaría a la presidencia de los Estados Unidos. Pero el empresario neoyorquino no es un tipo de razones. Y la razón no fue impedimento para que tomara por asalto la Casa Blanca ante la sorpresa e incredulidad del mundo entero.

Las posibilidades de que un personaje como Trump llegara a la presidencia parecían un disparate hasta hace no mucho tiempo. Siempre le gustó mandar a sus anchas, con esa característica arrogancia que le salía tan bien en El aprendiz, el programa televisivo que ayudó a construir su imagen de empresario exitoso y que lo catapultó como líder de las masas educadas a través de la pantalla del televisor. “¡Estás despedido!” (You’re fired!), era la frase que repetía con gozo cada semana en dicha emisión. Una frase que se convertiría en su sello distintivo a la hora de entender y ejercer la política.

“Hacer grande a América otra vez” fue su lema de campaña: la siempre redituable apuesta por la nostalgia frente a un futuro adverso y lleno de incertidumbre. Un futuro incierto que abría las puertas a un tipo colmado de certezas, cuya imprudencia no da cabida para el más mínimo atisbo de duda razonable. Cansados de la retórica oficialista y políticamente correcta de Washington, sus seguidores vieron en él a un hombre de acción, un tipo exitoso en el voraz mundo de los negocios, un caudillo capaz de conducir a su pueblo a la grandeza original que paradójicamente les ha sido arrebatada por la tiranía de la globalización y el libre mercado, la misma que contribuyó a construir la fortuna de Trump.

Por más que la demócrata Hillary Clinton se esforzó en evidenciar las muchas contradicciones de Trump, esa nimiedad no lo perjudicó en lo más mínimo: la coherencia nunca formó parte de su oferta política. Le bastaba con lanzar improperios, descalificaciones e insultos para construir a los culpables de la tragedia estadounidense: los migrantes, las políticas de libre comercio, el establishment. De ahí que su irrupción en la escena pública resultara tan incómoda tanto para los republicanos como para los demócratas.

La democracia, como cualquier otra manifestación de la política, es más visceral de lo que estamos dispuestos a creer.

La incongruencia también fue parte esencial de su personaje: un magnate que defendía a la mayoría blanca y pobre olvidada por un gobierno más identificado con las minorías. Un empresario que de manera extraña era percibido como un peligro para Wall Street y que renegaba del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Un tipo burdo, acusado de misógino por denostar a las concursantes de Miss Universo y ser capaz de “agarrarle la vagina” a cualquier mujer que se deje sabrosear. Un gringo loco que pretende construir un muro fronterizo aún más grande para contener a los mexicanos “violadores y criminales” que migran hacia Estados Unidos, y que al mismo tiempo era recibido como jefe de estado en México aun antes de ser presidente, a expensas de la dignidad de los mexicanos.

Un showman denostado por los grandes medios de comunicación y las celebridades de Hollywood. Un tipo rudo al que, aseguran sus simpatizantes, no le tiembla la mano para declararle la guerra a otro país, mandar encarcelar a sus enemigos o expresar su simpatía por el presidente ruso Vladimir Putin. Un fascista que llega al poder con mayoría republicana en el Congreso gracias a las muchas contradicciones de la democracia.

Quizá por ello no deba sorprendernos que un tipo que se revolcaba arriba del cuadrilátero contra luchadores de la WWE tenga hoy el poder de desatar una guerra nuclear o decretar la inexistencia del cambio climático por puro capricho. Por eso Trump es capaz de despertar fervorosa admiración entre sus seguidores y terror en el resto del mundo. Poseedor de un carácter temperamental y volátil, su lengua enardecida y vehemencia retórica le ha valido también comparaciones con Adolf Hitler, el más célebre villano de la historia moderna.

El formidable escritor argentino Jorge Luis Borges alguna vez declaró que la democracia no era sino un “lamentable abuso de la estadística”. La idiotez masiva es peligrosa. Lo sabemos en México, lo saben en Alemania, países donde la demagogia de sus gobernantes ha hecho estragos.

A los estadounidenses no les bastó con haber elegido a un tipo como George Bush, autor de la conflictiva política en Medio Oriente que ha desatado una epidemia masiva de refugiados y actos terroristas en todo el mundo, responsable también de la crisis financiera de 2008 y buena parte del “desastre de país” criticado por Trump.

El cineasta y escritor Michael Moore tenía razón, al advertir que el desencanto y la frustración de los obreros en estados industriales que resultarían clave para la elección presidencial, tales como Michigan, Wisconsin, Ohio y Pennsylvania abrirían la puerta para el triunfo de Trump.

La victoria de Trump se sobrepuso también a los pronósticos adversos enunciados por los gurús de la estadística —los mismos que han fallado sus predicciones una y otra vez en México, el Brexit o el plebiscito para los acuerdos de paz en Colombia—, al llenar ese vacío de esperanza que no pudo llenar la vasta experiencia política de Hillary Clinton.

Todavía el mismo día de la elección, los números daban como favorita a Hillary. “No hay que ser alarmistas”, decían los analistas. Pero las personas no son estadísticas. Y su forma de ejercer pasiones secretas en las urnas no tardó mucho tiempo en darle a Trump una cómoda ventaja que nunca soltó y terminaría en nocaut. La democracia, como cualquier otra manifestación de la política, es más visceral de lo que estamos dispuestos a creer.

La llegada del empresario neoyorquino a la presidencia de Estados Unidos no es el fin del mundo, pero serán años difíciles ante la volatilidad del personaje frente a un escenario internacional sumamente complejo. Un mundo que requiere prudencia y un poco más de sabiduría para mantener esa frágil e hipócrita paz global que tanto trabajo ha costado construir.

Trump tenía todo para perder, pero ganó. Así de irracional puede ser la democracia. Furibundamente impredecible, como el mismo Donald Trump.

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Más poesía para cambiar al mundo

Soy un convencido de que la poesía tiene el poder de transformar al mundo. Y esto se debe a una sencilla razón: la poesía constituye el fundamento mismo de la realidad. O dicho de otro modo, la poesía son los tabiques con los que se edifica la realidad.

Quizá por ello algunos poetas como el nicaragüense Ernesto Cardenal suelen afirmar que pueden existir pueblos sin prosa, pero no existen pueblos sin poesía. Esto debido a que la poesía impregna todas las palabras y representa también el génesis de toda lengua, pues como bien explicaba Jorge Luis Borges, “un idioma es una tradición, un modo de sentir la realidad, no un arbitrario repertorio de símbolos”.

Cada idioma plantea una particular forma de entender y percibir la realidad, y es también por ello que existen palabras que son intraducibles de una lengua a otra y que de algún modo misterioso condicionan nuestro pensamiento, tal como sostenía el filósofo Ludwig Wittgenstein al afirmar que “los límites del mundo son los límites del lenguaje”, ante nuestra imposibilidad de pensar algo más allá de las fronteras del lenguaje.

En una época donde las viejas certezas parecen haber caducado, requerimos hoy más que nunca de poetas con la capacidad de reimaginar el mundo para resolver todos los grandes problemas que aquejan hoy a la humanidad.

Un planteamiento que nos ayuda a entender cómo es que toda noción de realidad varía de una lengua a otra, de una cultura a otra, de una época a otra, como bien señala Michel Foucault en su libro Las palabras y las cosas, a la hora de explicar de qué forma es que todo intento de ordenar el entorno y clasificar todo cuanto existe dentro de una determinada noción realidad, se construye a partir de múltiples discursos que se van tejiendo como un todo al interior de cualquier grupo social.

De ahí que la realidad, más que algo dado en la naturaleza, es consecuencia de la inventiva humana, tal como sostienen los sociólogos Peter Berger y Thomas Luckmann en su célebre tratado sobre La construcción social de la realidad.

Y si la realidad no es sino mero artificio, es aquí donde la poesía despliega todo su poder a la hora de transformar al mundo, debido a que la poesía, al igual que el arte, devela zonas de la realidad que permanecen ocultas en nuestra vida cotidiana. El poder alquímico del fenómeno poético yace en su capacidad de reconfigurar el significado de las cosas a través de la metáfora, esa otra forma de decir y enunciar la existencia, cuyas posibilidades son infinitas. Y esto se debe a que, citando de nueva cuenta a Borges, “la metáfora consiste en expresar los vínculos secretos entre las cosas”.

Es decir, que la metáfora plantea siempre un descubrimiento, una nueva forma de mirar y relacionarse las cosas que pueblan el mundo, al mismo tiempo que nos permite explorar y delinear nuevos límites entre la realidad y la ficción, haciendo que lo imposible sea posible en el artilugio de la palabra.

Toda lengua es una larga tradición cultural que surge de un imaginario compartido socialmente. Un sueño que a través del lenguaje y la cultura, cobra forma y sustancia a través del mito, creando diferentes modos de percibir y vivir la realidad. Y el hecho de que un misma cosa pueda llamarse lo mismo árbol, que tree (inglés), o baum (alemán), shú (chino), shajara (árabe), mti (suajili), cuahuitl (náhuatl), tsuri (japonés), rakau (maorí), fa (húngaro), ped (hindi), ocurre gracias al arbitrario capricho de la imaginación humana. Algo que permite entender la manera en que cada cultura construye su propia cosmovisión, su propia concepción de la existencia humana, su propia manera de entender la vida que se refleja en el maravilloso artificio del lenguaje.

De ahí que para Octavio Paz, “el arte poético es la ciencia de la iluminación”, al revelar el sentido oculto de la existencia humana.

“Proclamar que el mundo es mágico quiere decir que los objetos y los seres están animados y que una misma energía mueve al hombre y las cosas. Toca al poeta nombrar esa energía, aislada y concentrada en el poema. Cada poema es un orbe diminuto de simpatías y repulsiones, un campo de relaciones mágicas y, así, un doble del mundo real”, advierte Paz en su ensayo El camino a la pasión, sobre la obra del poeta Ramón López Velarde.

De este modo, la poesía expresa siempre una emotividad secreta que se manifiesta siempre en términos de lenguaje, pues como bien sugería Fernando Pessoa, la poesía puede interpretarse como una forma de “sentir con la imaginación“.

Pero la poesía no se reduce sólo al ámbito de la palabra escrita, como bien advertían los antiguos griegos, quienes concebían a la poesía como sinónimo de creación, tal como se evidencia en la raíz etimológica del término, que proviene del griego poesis, que literalmente significa “cualidad de la acción de hacer”. Es decir, que la poesía como poder creador no se reduce sólo a escribir versos, sino que se manifiesta en cualquier acto humano capaz de reconfigurar los significados del mundo: desde combinar ingredientes imposibles en un delicioso platillo, inventar un nuevo paso de baile o concebir una forma única de patear un tiro penal en un partido de fútbol. La poesía está en todos lados.

Y si el sentido de lo social se articula gracias al significado de las acciones humanas, como bien explica la teoría de la acción social fundada por Max Weber, esto quiere decir que la poesía entendida como creación de realidad constituye el medio más eficaz para transformar el mundo. Y en una época donde las viejas certezas parecen haber caducado, requerimos hoy más que nunca de poetas con la capacidad de reimaginar el mundo para resolver todos los grandes problemas que aquejan hoy a la humanidad: el cambio climático, la desigualdad, los abusos del capitalismo, el drama de la migración o el desencanto en la democracia.

Solo la poesía podrá salvar al mundo.

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Publicado en: http://www.huffingtonpost.com.mx/manuel-hernndez-borbolla/mas-poesia-para-cambiar-al-mundo/

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