Archivo de la categoría: Otros desvaríos

Sobre Nabokov y su nínfula

Me tomó algunos años terminar el libro. El inicio del relato es deslumbrante. ¡Qué manera de fluir a través de las palabras! La obsesión del pederasta Humbert Humbert por su adorada nínfula, Lolita, me cautivó desde el inicio. Sin embargo, tuve que detenerme al concluir la primera parte, pues me recordaba mucho a la persona que me regaló el libro, un viejo amor desechable, de esos que prefiero olvidar (bien dice Borges que el olvido es la única venganza y el único perdón).

Hace unas semanas retomé el libro y lo concluí. La primera parte es un ascenso a las elevadas cumbres de la lujuria. La segunda, trata sobre las terribles consecuencias de descender la montaña. El final de la primera parte y el capítulo 28 de la segunda mitad, son una verdadera obra maestra, el ejemplo perfecto de cómo lograr tensión, belleza y profundidad en una escena literaria.

La lectura de Lolita hizo replantearme muchas cosas. ¿Quiénes somos realmente? ¿Qué clase de monstruo duerme debajo de la máscara? Es ahí, en el oscuro paredón de las inconfesables pasiones, donde se revela en plenitud la verdadera naturaleza humana: todas las contradicciones, todas las rarezas, toda la ternura y la ira, las fiebres, el dolor, el cansancio, el placer, todas las apetecibles luces que nos bombardean y nos gobiernan, ese temblor de la piel que resuena en el alma, todos los sueños que nos hacen desfallecer, los celos, la excitación, la zozobra, toda la ansiedad y la ruina que aletean como mariposas en las hojas de un libro.

De eso se trata la novela de Nabokov, uno de los grandes genios literarios del último siglo.

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La evolución de nuestros ancestros

Nuestros ancestros alguna vez fueron marsupiales, alguna vez fueron reptiles, alguna vez fueron peces, alguna vez fueron bichos. Estamos hermanados con todos los seres del planeta que son también nuestra familia.

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De máscaras, llaves y fantasía: documental de lucha libre con comentarios de Monsivais y el ‘Mago’ Septién

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La lucha libre es algo mágico, cargado de fantasía, capaz de devolverle la capacidad de asombro al más incrédulo. Aquí el documental Gladiadores en la Lucha Libre, de 1990, con entrevistas al escritor Carlos Monsivais, el comentarista Pedro ‘Mago’ Septién, además de leyendas como Blue Demon o el Hijo del Santo. Para echarlo ojo.

 

 

La sabiduría de Miguel León-Portilla, nuestro ‘tlamatini’ que comprendió el corazón de los antiguos nahuas

En griego, educar es ‘paideia‘, que significa niño, niñear.

En latín es ‘educare‘, que significa guiar, sacar al otro de su ignorancia.

En náhuatl educar es ‘neyomelahualiztli‘, que significa enderezar el corazón. En otra concepción, los nahuas decían que educar dar sabiduría al rostro.

Así lo explicó el maestro Miguel León-Portilla, durante una conferencia en 2016. El erudito relató que cuando quiso estudiar a los antiguos mexicanos le pusieron muchas trabas en la Facultad de Filosofía y Letras. Un profesor incluso le reprochó que los indios no sabían pensar. A lo cual, el joven León-Portilla respondió con un poema nahua:

No hacemos sino soñar
todo es como un sueño
somos como las flores
que se frenecen
y desaparecen
y se secan.
Todo es vanidad.

Así de sabio era el maestro León-Portilla, nuestro ‘tlamatini’, nuestro sabio, que dejó el mundo de los vivos hace poco para entrar al Mictlán. Échenle ojo a su sabiduría, al alcance de un clic. Vale la pena.

 

La emotiva verdad de González Iñárritu

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Alejandro González Iñárritu podrá parecer demasiado obsesivo y hasta mamón en ocasiones, pero no cabe duda que es un artista auténtico. Su manera de expresarse sobre el cine y la música son propias de una persona con una sensibilidad por encima del promedio. De esto y más trató su reciente clase magistral impartida en la UNAM, un día antes de recibir el Doctorado Honoris Causa en la máxima casa de estudios de México.

Durante la charla, Iñárritu habló de cómo el acto de la comunicar es entrar en frecuencia con el otro (16:00); de cómo la historia de cada uno de nosotros está en el rostro, está en nuestras arrugas (51:00); de que abordar el fenómeno de la violencia sin consecuencias es un acto inmoral (01:09:00) o cómo el cine está perdiendo esta sensación de sueño (02:37:00).

Pero algo que llamó particularmente mi atención fue su concepción de la verdad.

“Las cosas no tienen verdad, las cosas tienen una certidumbre emocional, esa es la verdad.Cuando las cosas tienen una certeza emocional, resuenan. No tienen que ser históricamente correctas. La verdad radica en la resonancia emocional. Hay una verdad emocional de alguna forma”, dijo Iñárritu (39:00).

De ahí, varias anécdotas de su filmografía, que le ha merecido reconocimientos a nivel global. Pero yo me quedo con esa concepción de la verdad como una “resonancia emocional”.

 

 

Un grillo en la casa

I
Hay un grillo en la casa. El otro día se nos apareció a media borrachera, a ras de suelo, caminando entre la gente. Antes se escondía en el fregadero de la cocina y ahora en la sala. Me gusta oírlo cantar por las noches. Ojalá le guste el cantón y viva aquí mucho tiempo.

II

El grillo empezó a cantar ora que pusimos a los Caifanes. Y con Daft Punk. Les digo que el grillo es chido.

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La neurosis mitológica de la ciencia moderna

“Es de todas maneras una fe metafísica la que subyace nuestra fe en la ciencia”.

Nietzsche, Gaia ciencia

 

Sin título

 

Vaya sorpresa tan agradable fue toparme con un fragmento del texto de Alejandro Martínez-Gallardo, La sociedad moderna, libre e igualitaria: ¿el rebaño perfecto?, el cual trata sobre la contradicción implícita en el pensamiento científico. Un texto que, además, incluye la mejor crítica que he leído al pensamiento de Nietzsche. En un acertado fragmento del texto, Martínez-Gallardo refiere que:

“Los grandes logros de la sociedad moderna, con los que supuestamente se ha querido librar de las creencias y de la metafísica, son sistemas de creencias y metafísicas encubiertas. La ciencia es el nuevo mito, el mito que ha ganado tracción y poder, para paliar nuestro miedo al caos y la incertidumbre, para adormecer nuestros instintos y evitar el encuentro terrible-numinoso con el misterio. La fuerza que mueve a la ciencia no sería el deseo de conocer la realidad, ni siquiera de dominarla, sino de eliminar su peligro, de domesticar la existencia”.

Completamente de acuerdo. La ciencia es el reflejo de un miedo atroz al vacío. El problema del pensamiento científico es que siempre será incompleto, no puede abarcar la totalidad de la existencia, el misterio que encierra la vida. Esta falta de totalidad se resiente en la neurosis de saberse incompleto. De ahí proviene ese sentimiento de angustia y zozobra tan propio de la sociedad moderna, siempre sedienta de lo nuevo. Ahí reside también la fe en la tecnología y el progreso, que habrán de -supuestamente- salvarnos del caos. Por eso los científicos recalcitrantes no entienden que todos estamos locos y que la locura es una forma de abrazarnos con el todo. El grito del poeta se resiente en las estrellas. De esas cosas no trata la ciencia, tan fría, tan metódica, tan racional. Y el ser humano es todo, menos racional.

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El origen del kung fu: el dominio del chi

Un muy buen documental sobre los orígenes y la práctica contemporánea del kung fu, en su acepción de arte marcial. Un viaje por los dominios de la mente y la carne, el flujo del chi, esa fuerza elemental que puede ser controlada para realizar proezas fantásticas.

Caminar

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Cada quien elige cómo crecer. Las posibilidades que ofrece la vida son tantas… pero aquel que decide su propio destino, será bienaventurado a lo largo de su camino.

Todos cometemos errores. Pero aprender de ellos nos hace madurar. Hay gente que prefiere evadirse de los problemas, andar por la vía más fácil. Y habemos en cambio, quienes nos gustan las cosas difíciles, retarnos a nosotros mismos, expandir nuestro horizonte. “No me lamento del presente. La gente se hace más fuerte enfrentándose a la realidad”, dijo Gai sensei. No me importa cuántas veces habré de fracasar en cualquier cosa que me proponga, pues al final, siempre habré de levantarme más fuerte que antes. Se puede perder con el enemigo pero jamás con el miedo. No hay fuerza más poderosa que la voluntad. Esa es una valiosa enseñanza en la vida, que afortunadamente, en días como hoy, me da por recordar.

Soy un tipo afortunado. Últimamente pienso mucho en ello. El camino ha sido largo y difícil, muy duro por momentos, pero así lo decidí yo. No me arrepiento. A veces es necesario aprender a lidiar con la tormenta para afianzar las raíces y esperar la salida del sol. Todo llega a su tiempo. La vida es una rueda que gira de manera misteriosa, fascinante, con subidas y bajadas. En cada estación, uno puede aprender una importante lección, si se presta la debida atención.

No aferrarse a nada, ser ligero como el viento. Perfeccionar al ser, antes que solamente poseer. Apreciar la belleza de todas las cosas, disfrutar los placeres sencillos que se esconden en las cosas diminutas. Amar y nada más. ¿Hay acaso una mayor dicha en la vida?

Y así habremos de irnos, silbando una canción al compás de la luna. Así habremos de irnos, desnudos y sonrientes, dejando una flor en cada herida, dejando el alma en cada puesta de sol, bailar bajo la lluvia. ¡Qué maravilla!

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El hombre unidimensional y la pobreza del espíritu en tiempos de la 4T

Sin título

 

En una revisión a la obra de Herbert Marcuse y su concepto de “hombre unidimensional”, la académica Blanca Muñoz señala que:

“El individuo unidimensional se caracteriza por su delirio persecutivo, su paranoia interiorizada por medio de los sistemas de comunicación masivos. Es discutible hasta la misma noción de alienación porque este hombre unidimensional carece de una dimensión capaz de exigir y de gozar cualquier progreso de su espíritu. Para él, la autonomía y la espontaneidad no tienen sentido en su mundo prefabricado de prejuicios y de opiniones preconcebidas”.

La definición es brutal y sintetiza a la perfección los tiempos en que vivimos: una sociedad de individualismo exacerbado, donde las personas son fácilmente manipuladas por los medios de comunicación masiva, donde el consumo se ha convertido en el nuevo culto.

Dime el grado de consumismo y te diré el grado de enajenación. Ahí reside la incapacidad de muchas personas a la hora de darse cuenta cómo están siendo burdamente pastoreadas por grupos que defienden un modelo civilizatorio en ruinas.

Las masas tienen que consumir mucho para tratar de llenar sus vacíos existenciales, la pobreza de su espíritu, débil, abyecto. En la sociedad capitalista, el consumo es la nueva religión. La gente trabaja y a cambio el sistema te devuelve unas horas de entretenimiento superficial, cómodo y simplón, un entretenimiento comercial que inhibe el desarrollo espiritual de las personas.

El entretenimiento dominical orientado al consumo se convierte entonces en una droga, la adicción de nuestro tiempo, que nos permite sobrellevar un sistema económico que tiende a la acumulación de la riqueza a través de la explotación humana y de la naturaleza.

Dime qué tan fifí te asumes y te diré el grado de alienación en el que te encuentras. Y algo parecido sucede en otros sectores impregnados de fanatismos apegados a ideologías rancias, incluyendo el marxismo, el liberalismo y otras corrientes filosóficas emanadas de la modernidad.

Curar todos los males del mundo implica desarrollar una nueva espiritualidad propia de nuestro tiempo. Volver a unir todo lo que fue separado.

Lástima que #LaBorregada prefiera simplemente ver la tele y procastinar en el feis.

Hay que destruir este mundo para escribir uno nuevo. ¡He dicho!
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Lecciones del Buda poeta

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El Buda enseñó que la avidez, el odio y el ofuscamiento son “las tres raíces de lo perjudicial”.

Yo soy un tipo muy intenso. Tengo una especie de amplificador en los sentidos y el alma, propenso a desear cosas apasionadamente. Pero así como las cosas buenas se vuelven sublimes en ese estado mental, las cosas malas se vuelven terribles, insoportables. Esos altibajos conducen tarde o temprano al sufrimiento. Con el paso del tiempo, he logrado atemperar un poco ese ardor que vive en mí, pero todavía me queda mucho camino por recorrer, mucho aún por aprender sobre mí mismo en esta rueda de vaivenes que es la vida.

A veces es bueno parar y tratar de entender esas cosas. Sobre todo, en un ambiente tan contaminante como el que vivimos últimamente, lleno de avidez, odio y ofuscamiento, como el que predomina en la calle y las redes sociodigitales.

Algo que me ha sorprendido al comenzar mi lectura sobre el Majjhima Nakaya (los sermones medios del Buda) es descubrir que Siddartha era también poeta:

Voy ahora a Kasi para poner en marcha la rueda de la Enseñanza
y hacer sonar el tambor de lo que no muere
en un mundo que está ciego.

“Hacer sonar el tambor de lo que no muere”. ¡Qué espléndido verso!

No existe un camino único para alcanzar el desarrollo del espíritu. La vida ofrece muchas posibilidades. Cada quien decide cuál sendero tomar. Somos consecuencia del karma, la suma de todas nuestras acciones, buenas y malas, mismas que habrán de configurar un destino. Por eso agradezco los momentos de extravío, que nos permiten frenar la vorágine del tiempo que nos devora, aclarar la mente y el corazón, recobrar el Norte.

La eternidad reside en lo efímero, en la conciencia de que nada permanece. Somos acaso un suspiro cabalgando en el viento, un fuego bailando en la simetría del sueño.

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Arte, ficción y realidad, a propósito de Tolkien

Salgo de ver la película biográfica sobre J.R.R. Tolkien y confirmo algo que ya sabía: que la única vida que vale la pena es aquella que se vive como una obra de arte.

Pasan los años y cada vez me parece más absurdo eso que nos ha dado por llamar “realidad”. La literatura, la plástica, la música, son expresiones de ese lado inefable de la vida, ese donde habita el misterio de la existencia, ese que no se puede comprender racionalmente pero se puede sentir. Supongo que eso es la poesía, y por eso llevo años escribiendo versos, para decir aquello que no se puede decir de otra forma, tratar de darle forma y sonido a esas fuerzas profundas que habitan en nosotros, esas fuerzas que buscan la manera de manifestarse. La Tierra es un lugar poblado de espíritus, un lugar sagrado donde los árboles y las piedras y el agua dicen cosas. Al poeta, al artista, le toca escuchar las palpitaciones del mundo para luego tratar de traducirlas, interpretarlas.

Es por ello que en la ficción y no los periódicos, reside la verdad profunda de la condición humana. La de los seres que sufren y aman y odian y matan y son héroes. Es la condición humana en su estado más puro. El arte como requisito de supervivencia.

Siempre he dicho que el periodismo me hizo mejor persona, al permitirme la oportunidad de conocer y platicar con personas muy diversas, escuchar sus historias. Pero la literatura me ha salvado la vida en más de una ocasión, porque ahí, varado en medio de la más espesa oscuridad, siempre había un libro con el que podía uno dialogar y sentirse identificado, un autor con el cual compartimos ciertas cosas que nos remiten a nuestra propia manera de habitar y sentir el mundo. La literatura es una forma de encarar la soledad y sentirse acompañado por ese otro al solemos seguir valerosamente en su larga travesía, ese extraño mundo donde las barreras entre el autor y el personaje se diluyen, y solo queda una esencia universal, la del ser humano arrojado a las brasas, dispuesto a luchar contra cualquier monstruo para seguir riendo, seguir amando. La literatura -y el arte en general- es el mecanismo que ha desarrollado el ser humano para lidiar con los muchos problemas que encierra la vida, el juego que le ayudará a lograr su realización espiritual. Por ello, sostengo que la magia es el arte sublime de la ficción, el poder de transmutar la realidad, deformarla a nuestro antojo. Por ello decía Nietzsche que en todo creador habita un Dios dispuesto a ince diar la pista de baile o reinventar la historia misma de la creación. Es una lástima que muchas personas, tan encerradas en su propio cuerpo, no sean capaces de entender sobre estas cosas.

Supongo que algo de eso le pasó a Tolkien. Y no le quedó más remedio que inventar mundos con enanos, dragones y anillos, para poder decir aquello que no se puede decir de otra forma.

La ficción como cumbre y raíz de toda realidad posible. El verdadero arte consiste en descubrir la magia que habita en todas las cosas.
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El último ninja de Japón

El ninjutsu es el arte del sigilo. “Ninja no tiene sonido, olor, reconocimiento ni popularidad”, afirma Kawakami Jinchi, el último heredero de esta práctica marcial dedicada a las tareas de espionaje. Las habilidades de este hombre, que comenzó a practicar ninjutsu a los 6 años de edad, son sorprendentes. Un legado a punto de extinguirse. Afortunadamente, nos queda su testimonio registrado en video para conocer cómo era la vida de los hombres en otro lugar y otros tiempos.

La catástrofe ambiental del mundo es consecuencia de una modernidad en ruinas

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La crisis ambiental de nuestro tiempo es consecuencia de un modelo civilizatorio en crisis: la modernidad.

Este modelo civilizatorio nació en Europa alrededor del siglo XV, con una ruptura entre el pensamiento religioso y la racionalidad, como forma de interpretar la realidad, lo cual sentaría las bases de la ciencia moderna. Esta ruptura entre mythos y logos, como diría García Gual, vino acompañada de otros fenómenos históricos paralelos como el colonialismo y una concentración de riqueza por parte de un sector social integrado por comerciantes y pequeños artesanos: la burguesía. Esta clase social utilizó el discurso de la racionalidad para enfrentar los abusos de las monarquías europeas, cuya legitimación dependía precisamente de un supuesto vínculo divino entre Dios y el monarca. Dicho de otro modo, la burguesía tuvo que matar a Dios para tomar el poder. De ahí que las revoluciones que dieron origen al Estado-nación como modelo de organización política, surgieron formalmente con la Revolución Francesa y el resto de las “revoluciones burguesas” (como diría Hobsbawm), las cuales permitirían a las clases ricas asumir el poder político sin necesidad de tener títulos nobiliarios. En este periodo, los banqueros se asumen como un actor protagónico en las relaciones de poder que articulan a las sociedades modernas, cuyo desarrollo tecnológico con fines bélicos, permitió a los europeos imponerse sobre otras civilizaciones. En este periodo surge la democracia como discurso de legitimación política y al mismo tiempo, se generaron condiciones históricas que explican la expansión del capitalismo, lo cual a su vez, explica el surgimiento de la Revolución Industrial, con su respectiva voracidad de recursos naturales y un gasto energético sin precedentes que genera el calentamiento global del último siglo y medio. Y es precisamente este proceso histórico de 500 años lo que ha generado la crisis ambiental de nuestro tiempo.

Si queremos solucionar la catástrofe ecológica no basta con dejar de usar popotes y reciclar plástico. Se requiere un cambio profundo, espiritual y filosófico, que nos permita replantear de raíz el propósito existencial del ser humano y su relación con el mundo. Pero de esto no se habla en las noticias porque representa una amenaza para las élites privilegiadas, promotoras del pensamiento conservador, que buscan mantener su hegemonía, dándole respiración artificial a un sistema civilizatorio caduco, que ha cumplido su ciclo histórico.

Lo que requerimos, es construir los cimientos de una nueva civilización. Ese es el gran proyecto intelectual de nuestro tiempo. Vayamos al fondo de la cuestión y no nos quedemos nada más en la superficie. Se requiere una nueva cosmogonía para este planeta hiperconectado y diverso, una nueva mitología que permita solucionar grandes problemas estructurales como la migración. El mundo requiere radicales capaces de cuestionarlo todo, para que la humanidad pueda renacer de entre los escombros de una civilización obsoleta..

Game of Thrones: un final anticlimático para una épica historia sin héroes

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Vaya manera de echar a perder lo que prometía ser la saga épica más importante de esta generación. Una historia donde los héroes son desechados, donde el crecimiento espiritual de los personajes no sirve para nada. Una historia donde los traidores, los autistas, los truhanes, los pusilánimes se salen con la suya, para terminar justo donde comenzó todo. Un viaje hacia ninguna parte donde ningún personaje llega a la madurez.

Bastaron seis capítulos de la última temporada para convertir a Game of Thrones en la gran historia anticlimática de la narrativa contemporánea. Los personajes no llegan nunca a la tragedia ni a la realización espiritual. Simplemente van disolviéndose en su mediocridad hasta quedar reducidos a nada. Personajes que pudieron crecer y se quedaron chiquitos. En un mundo ávido de héroes, GOT nos enseña que, luches lo que luches, y hagas lo que hagas, todo terminará exactamente igual. Después de tanto dolor y sufrimiento el mundo será gobernado por un tarado y una frívola arpía. Una tiranía tras otra, una sucesión de fracasos, una crónica interminable de lamentos. Un mundo donde la felicidad no existe, una tierra inhóspita donde nada germina, un lugar enfermo y triste donde sólo se respira muerte. 

El final de una historia donde no existe la más mínima manifestación amor.

Una buena trama permite siempre hacer catársis para aliviar el malestar del ser humano con el mundo. GOT, en cambio, reprime la catársis. De ahí proviene aquella insatisfacción, esa sensación de vacío y desolación, donde algo dentro del espectador permanece roto.

Nada más desalentador para un mundo en ruinas donde urgen las grandes hazañas, las gestas heróicas de aquellos inadaptados que habrán de vencer a dragones y los demonios internos para purificar al mundo con la sangre de mil batallas. La historia de lo que pudo haber sido y no fue. Qué pena. 

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Periodismo, CIA y narcotráfico: la persecución contra Gary Webb

Si quieren entender cómo funciona realmente el negocio del narcotráfico, vean la película Matar al mensajero, basada en la investigación del periodista Gary Webb, quien documentó la manera en que la CIA vendía drogas en Los Angeles y otras partes de EE.UU. para financiar la contraguerrilla en Nicaragua. Un esquema que se repetía también en países como Colombia y permite entender parte de lo que ocurre en lugares como México.

¿Y qué le pasó al periodista que sacó a la luz esta información? Se echó en contra al sistema, incluyendo a sus colegas y editores, esos seres mezquinos capaces de vender a su madre para salvar el pellejo. Me ha pasado. En más de una ocasión he tenido que lidiar con esa gentuza. Para ejercer el periodismo se necesita mucho valor, mucho coraje, muchas agallas. Aunque uno se juegue la vida para exponer cosas que a la gente le importan un carajo. La verdad es una doncella ingrata.

 

Apuntes sobre el #MeToo a la mexicana (y el fanatismo de género)

 

¡Qué cantidad de pleitos ha generado la polémica por las denuncias del MeToo en México! Me parece triste tanto el debate como lo que hemos visto en los últimos días.

Por un lado, las mujeres violentadas, acorraladas, no les ha quedado más alternativa que denunciar en redes el acoso que padecen sistemáticamente, ante un aparato de justicia inservible e impregnado de machismo.

Por el otro lado, tal parece que en el nuevo dogma feminista la presunción de inocencia no existe (porque las mujeres por ser mujeres nunca mienten) y eso también es un problema.

En las denuncias había de todo: acusaciones legítimas de mujeres violentadas y también, casos donde la exageración y la banalización estaban a la orden del día. No toda insinuación es acoso, aunque la línea es muy delgada y es difícil establecer con precisión milimétrica cuál es cual. Ni tampoco toda agresión es culpa del heteropatriarcado (me tocó leer por ahí un testimonio de una mujer que se quejaba de eso porque le decían gorda y marimacha en la escuela, como si a los hombres no les dijeran cosas por el estilo en el salón de clases).

Lo más preocupante son los mensajes de odio y fanatismo desbordado que abundan por ahí. Desde las mujeres que aplaudieron el suicidio del bajista Armando Vega Gil (el primer “martir del patriarcado”, según algunas extremistas) hasta la estupidez del MeToo Hombres, creado para, dicen, tratar de contrarrestar el linchamiento femenino en redes con más linchamiento masculino.

Las mujeres en México y el mundo han sido muy lastimadas y por lo tanto, es entendible esa explosión de enojo con la que buscan trastocar las viejas relaciones de poder frente a los hombres. Los niveles de violencia que hemos vivido en este país, los últimos años, no eran para menos. Hay mujeres que en el camino, han ido tomando cada vez mayor conciencia de su propia fuerza y yo lo celebro.

Pero, por otro lado, me da la impresión que algunas mujeres se están haciendo mucho daño en todo este proceso. Una cosa es el empoderamiento femenino y otra cosa es la victimización. El odio exacerbado contra los hombres por parte de algunas feministas raya ya, por momentos, en expresiones propias del fascismo. Es algo que hay que discutir, aunque no sea políticamente correcto decirlo, aunque más de una se podrá sentir ofendida, en esta época donde la susceptibilidad está a tan flor de piel y cualquier comentario puede resultar ofensivo para alguien.

Una de las verdades que emana al develar el velo de maya, según el hinduismo, es comprender la ilusión de la separación. Todo está conectado y la separación es, por lo tanto, una ilusión que no corresponde a la verdad profunda sobre la existencia humana. Por ello resulta preocupante que, en esta era de fanatismo ideológico, esa falsa idea de la separación es cada vez más común en nuestras sociedades: hombre-mujer, blanco-negro, chairo-fifí, rico-pobre, nacionalistas-globalistas.

Yo, por mi parte, anhelo el día en que el hombre y la mujer puedan romper las ataduras del sexo para reconciliarse y amarse sin condiciones. Entender que, pese a nuestras diferencias, quizá podamos encontrar la manera de querernos sin etiquetas y disfrutar de este viaje juntos. La violencia se puede mitigar, pero nunca se podrá erradicar del todo. Es la dolorosa lección que me tomó mucho tiempo aprender. La maldad no existe: sólo es un montón de gente lastimada.

Luego me vienen a la mente un par de sabias frases enunciadas por Buda, quien afirmaba que “el verdadero amor nace de la comprensión”. ¿Tendremos la capacidad de comprender al otro, a la otra, sin juzgarnos de antemano?

“El odio no cesa con el odio, el odio cesa con el amor. Ésta es una ley muy antigua”, afirmaba Siddhartha luego de alcanzar la iluminación.

No nos resta más que esparcir un poco de amor en este mundo tan lleno de odio. Un verdadero acto revolucionario, en esta carnicería de todos contra todos.
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La magia o el arte de modificar la conciencia a voluntad

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Qué diferente sería todo si, en lugar de perder el tiempo discutiendo por ideologías rancias, el ser humano tratara de comprender los misterios de la existencia para vivir en plenitud.

Eso es la magia: “ciencia y arte de provocar cambios en la conciencia a voluntad, de acuerdo con el gran practicante del siglo XX, Dion Fortune. Los magos o practicantes de la magia utilizan rituales, simbolismo, meditación y otros métodos para lograr inusuales estados de conciencia en los cuales, según las enseñanzas ocultistas, se pueden canalizar poderes imperceptibles y contactar con entes no físicos para causar cambios en el mundo”.

Excelente definición de John Michael Greer, en su libro El ocultismo, sobre la ciencia de los antiguos.

Lástima que, para algunas personas, la existencia humana sea reducida a un asunto estrictamente material, sin saber que frente a sus ojos se manifiesta, continuamente, el mundo de los espíritus.

¡Y el que tenga oídos para oír que oiga!::.

Lazcano y el origen de la vida

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Un curso de tres días sobre el origen de la vida -a propósito de los 75 años de la publicación ¿Qué es la vida? de Erwin Schrödinger- e impartido por el mexicano Antonio Lazcano.

El surgimiento de la vida sigue planteando uno de los grandes misterios de la ciencia. Cómo fue que la materia comenzó a replicarse? ¿Con qué propósito? Estas son algunas de las preguntas que quedan varando en el aire y al mismo tiempo, evidencian las limitaciones de la ciencia moderna.

A final de cuentas, como bien refiere Lazcano, la ciencia tiene problemas para definir conceptos como vida, energía, espacio, tiempo, debido a que la ciencia trabaja precisamente con categorías fenomenológicas y filosóficas. Una situación que, desde mi perspectiva, evidencia la dependencia de la ciencia a la metafísica, del mismo modo en que el concepto de número en la matemática depende de axiomas para poder funcionar. Y por metafísica me refiero al lenguaje, esa capa de la realidad y la percepción que va más allá de lo estrictamente físico y opera en el ámbito de la abstracción.

Una cosa que me llamó la atención, fue descubrir que una forma de metabolismo primitivo es precisamente la fermentación.

La fermentación es el metabolismo más sencillo que hay, la forma más ineficiente para producir ATP”, afirma Lazcano (sesión 2, 2:00:10). “Esa distribución universal que tienen la fermentación o las enzimas de la fermentación está hablando del momento en que todos veníamos de un ancestro fermentador. El último ancestro común a todos los seres vivos, seguramente era un fermentador. En el caso de las mitocondrias, lo que vemos son los vestigios de lo que alguna vez fue una bacteria de vida libre, probablemente una depredadora, que se metió dentro de otra bacteria, otro procarionte, y en el curso del tiempo evitó la rebundancia”, afirma Lazcano al explicar algunas simbiosis primitivas que dieron origen a ese coctel de sustancias que conforman la vida.

La charla de Lazcano me puso a pensar. ¿Será posible que la vida sea consecuencia de algún tipo de “simbiosis primitiva” entre virus (que poseen código genético) con estructuras orgánicas complejas subcelulares, protobiontes, que tienen reacciones químicas similares al metabolismo? ¿A qué se debe que los virus posean código genético y al mismo tiempo sean incapaces de autorreplicarse?

Si la vida es una “suma de propiedades” como afirma Lazcano, ¿cómo fue que los sistemas complejos con reacciones similares al metabolismo comenzaron a autorreplicarse? He ahí la clave para entender el origen de la vida.

 

Batallas tecnológicas: la complejidad creciente de un internet privatizado

Últimamente he batallando mucho con la tecnología digital. Se suponía que la era de los smartphones e Internet haría la vida más fácil en muchos aspectos. Y aunque así ocurre en muchos casos, la complejidad creciente de los dispositivos digitales es una cosa abrumadora, sofocante en ocasiones.

Llevo ya varios días luchando con contraseñas. Antes ponías una contraseña y ya. Ahora te piden muchas cosas: más de ocho caracteres, que incluya una mayúscula, un número y un signo de puntuación, además de que generalmente las cuentas digitales están también vinculadas al correo y el número telefónico. En algunas cuentas llegan al absurdo de pedir datos biométricos como el iris o la huella digital. Controles de seguridad absurdos en una época donde el gran oligopolio que domina el Internet (Google, Facebook y demás) lucran con nuestros datos personales todo el tiempo, abarrotado nuestros muros digitales y las plataformas de videos con detestables con anuncios personalizados.

Tantas exigencias en las contraseñas dificultan recordarlas o llevar un registro puntual de ellas, por lo que muy seguido, tengo que reestablecer las claves, lo cual implica corroborar datos de cuentas de correo y otros dispositivos vinculados a cuentas. Un verdadero fastidio.

Lo mismo pasa con las actualizaciones.

En alguna ocasión, para poder usar un programa, tuve que actualizar el sistema operativo de la máquina. Una vez hecho eso, se borraron archivos del disco duro externo al no ser compatibles con el nuevo sistema operativo. Como diría mi tío: un problema para cada solución.

Ese es el sino de nuestro tiempo. Una era hiperconectada donde lo fácil se vuelve cada vez más complicado conforme avanza el proceso de privatización e industrialización del internet. Algo que sin duda llegará a otro nivel con el desarrollo de la inteligencia artificial.

¿No tendríamos que plantearnos ya la posibilidad de construir un Internet público donde no todo sea negocio? ¿Es posible un Internet donde se privilegia el interés público sobre los intereses privados? ¿Estamos siendo sometidos por la dictadura del bit sin darnos cuenta?

Lo increíble es que la gran mayoría de nosotros ni siquiera solemos plantearnos ese tipo de cosas. Consecuencias de la enajenación de la mente y los sentidos en la era digital, donde todo está al alcance de un clic.
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