Archivo de la categoría: Poemas

Lejos de aquí

 

Arrástrame fuera del mundo,
allá,
lejos,
a lo alto
de la estratósfera,
hasta la cumbre
de aquella montaña
hecha de nubes.

Arrástrame lejos,
a la última orilla del viento
remando aguas arriba
para escapar
de ese doloroso caudal
del tiempo embravecido,
el tiempo de la ira
que me ha mordido el rostro
y las palabras.

Arrástrame lejos,
que hoy solo quiero respirar
una bocanada de aire limpio
y fingir que nada importa…
ya la paz irá tomando su cauce
y los riachuelos se formarán
en las escarpadas laderas
donde se ahogaron todos los gritos,
todos los navíos de madera
que iban diambulando
de sueño en sueño
hasta cruzar la aurora,
como un suspiro derramado
en el aire negro
de la mansa noche.
::.

Cálido despertar

 

Despertar
con un baño caliente
un café caliente
la imaginación caliente.

Arderé y arderá
mi lengua incendiaria
con palabras calientes
en esa prisión invisible
que es el crudo invierno.
::.

Zambullida

 

Era una época de épicas batallas,
de cuando los hombres dejaron de ser simples mortales
para convertirse en propagadores de la alegría,
eran los tiempos del infortunio
y su doble máscara,
una balada de nieve y carnívoro fuego
resonando en la fría soledad del invierno.

Dormirán mis deseos en tus senos
como dos tibios ataúdes,
como una orgía de flores
gimiendo de placer
en la fiesta de tu cuerpo,
esa fiebre viciosa de imaginarte a todas horas
danzando bajo el agua.

Eran dos manos desnudas
copulando en el aire
como libélulas en las intermitencias del sueño,
un vaso de vino roto
y el corazón a la intemperie,
como la muerte deliberada
y entreabierta que se filtra por los poros
jugando a ser cuchillo y ser raíz,
como tus ojos húmedos de añoranza,
tus ojos negros de obsidiana
que lo decían todo
sin necesidad de decir nada.
::.

De qué hablarán…

 

De qué hablarán las canciones
si no es de laberintos y desamor,
con la boca espesa
de tanto murmurar
letanías antiguas
con sabor a la persona amada.

¿Cuántos aullidos nocturnos
debe aguantar el cuerpo
antes de hacer erupción?

¿Cuántas quimeras caben
en la maleta,
cuántas despedidas se requieren
para encender la luz y caminar a oscuras,
cuántas risas sobre la alfombra roja,
cuántas visiones
auténticamente absurdas
bebiéndose colores obscenos,
como pájaros repentinos…
::.

Tanta sangre en los periódicos

 

Y nos quedamos
sin saber qué decir
cuando el mundo ardía
empapado en oscura sangre.

No bastaron las palabras,
las buenas intenciones:
la lumbre, la ira y el dolor
corrían por todas partes.

Y yo no supe hacer otra cosa
que cerrar los ojos
y soñar que había soñado
tanta jodida muerte en los periódicos.
::.

Invernal bajo las sábanas

 

El nuestro fue un amor de invierno,
un amor calientito y bajo las sábanas
para quitarnos el frío del corazón
en la más helada ventisca.

Hoy siento
como si todo fuera posible,
incluyendo los besos que no nos dimos
cuando peleábamos por ver
quién tenía la razón.

Basta de tanta cordura tan innecesaria,
vamos a reírnos de nuestra pesadez
o a retozar en los desgastados colchones.

Quiero beberme un té color amarillo
sobre tus pechos diurnos,
mientras el corazón galopante
va tirando del sueño mojado
que se fue tejiendo
en el claridad de la noche.

Quiero comerte toda, amor,
como si no hubiera pasado el tiempo
como si no hubiera más remedio
que decir(te) todo lo que no ha sido dicho aún,
las canciones que cantaban
los espíritus ebrios en mi oído,
las primeras luces de la mañana,
un lunes bisiesto de pizza,
películas australianas
y drama absurdamente sentimental,
como cuento de Cortázar.

La belleza es también
una forma de mirar,
esa misteriosa atracción gravitacional
que se experimenta al lado
de la perdona amada.
::.

Árbol hueco

 

 

Vestigios de una hoja,
fantasma arbóreo,
transparencia vegetal,
luz herbórea que trasciende
las noches y los días
de nubosa y espesa
desmesura,
las babas del sueño
buscando su nombre,
un solo beso tuyo.
::.

Un hombre es también todos los hombres

 

Un hombre es lo que come
y los libros que lee,
los árboles que siembra,
el tiempo acumulado
en los claroscuros del alma,
los pasos silenciosos
que se van quedando
después del temblor.

Un hombre
es también todos los hombres
cuando la alegre soledad del mundo
canta en su interior.
::.

El tiempo es una trenza (poema)

 

Existe una armonía secreta
en la disonancia,
un orden invisible en el caos,
algo de azaroso en todo destino.

Es el universo que busca siempre
a su contraparte,
su otra mitad para sentirse completo.

Será por eso que andamos por ahí,
buscando aquello que nos hace falta
para reparar esas fiebres de incompletud
que nos pegan de pronto.

Yo no sabía que el tiempo es una trenza,
que se cruza y entrelaza
de manera caprichosa,
un tanto misteriosa,
y que es en esa epifanía invisible
donde los sueños maduran
y se ríen,
es en ese pequeño volcán junto al crepúsculo
donde flotan la ansiedad,
el tatuaje de tus manos
haciendo surcos
en el encharcado corazón.

Será que el tiempo no avisa
y se avecina de golpe,
y a veces, sólo a veces,
es que dos personas logran encontrarse
y mirarse a los ojos llenos
en este mar de extravíos,
naufragios y reencuentros,
ese mar insomne y silencioso,
como una bocanada de humo
que se eleva hasta disolverse en el aire,
una canción que nos recuerda
que nunca más estaremos solos.

Vino el cometa a romperse en mil pedazos,
fracturando el cielo,
como un nudo atorado en el alma,
agujereada y llena de esquirlas,
una bomba de fragmentación
que nos revienta en la mano
para sacudir la noche con su estruendo,
una explosión que emana
desde la intimidad del sueño,
eran nubes desnudas y arrebolinadas,
un poema-luciérnaga
flotando dulcemente en el aire,
el frío aliento de la hierba
cruzando el río en una balsa,
un lazo rojo bebiendo toloache
para remediar todo mal de amores,
un nostálgico tranvía
que se detiene a contemplar la tarde
donde abreva el corazón,
un sorbo de té
en el fondo de una cueva,
un fuego tenue para calentar el alma,
una voz que nos acaricia
y nos platica aquello que ocurrió
alguna vez en alguna galaxia remota,
un par de manos temblorosas,
tan susceptibles,
escribiendo palabras como soles
para alumbrar el caos que vive
dentro de nosotros
y cambiar para siempre
el curso del tiempo.

Los cometas no alcanzaron a decir
‘te quiero’.
::.

V de Verso Vicioso, Volcán y Viceversa

 

Virtud se escribe
con V de Venganza,
la misma letra
desVergonzada
que sirVe también
para escribir:
V de Voluntad
V de Valentía
V de Valioso
V de Volcán
V de Viajero
V de Vicio con Vitaminas
V de Violencia
V de Vejez
V de Vidrio Vigoroso
V de Viento Vagabundo
V de Vacío
V de Visión
V de Vocal
V de Virgen y Varón
V de Vanguardia y Viceversa
V de Vale-Verga-la-Vida.

¿Y si todas las palabras
estuvieran tejidas
por un Vínculo secreto
reVelado en el símbolo
que encierra a cada letra?

¿Qué relación habría entonces
entre las Voces Vespertinas
de las Víboras Voraces
que Vienen y Van desde algún lugar remoto
con aquellas otras Veces
en que terminamos Vomitando
las Viejas heridas
en un espléndido Verso?

¿Qué relación mágica
guardan entre sí
las Vacilaciones de un Vidente leVemente odioso
y una Viuda Vehemente
buscando Vencer la ansiedad
en el Valle sagrado de Vilcabamba?

¿Qué conexión misteriosa existe
entre los Vellos que se erizan
con el melódico lamento del Violín?

¿Entre el Vapor de una locomotora
y la nostalgia de una Veinteañera Viendo la Vida pasar
a traVés de la Ventana?

¿Qué relación existe
entre una botella de Vino Vacía
y una Vagina sedienta?

Son las notas secretas
que nos Vinculan con el todo.

Las letras como Vibraciones
que Vuelan Veloces por la Vía Láctea.

La magia de crear imágenes
a partir de las sonoridades del alma,
porque antes que concepto,
la palabra fue sonido.

Es ahí donde reVerbera
la música que lleVamos dentro,
la palabra que resuena a lo lejos
en toda letra,
que es también un dibujo
cantando todas las Vicisitudes del mundo
con su propia Voz,
su propia forma de Volar
y hacer Volar también el corazón.
::.

Tomar partido

 
Yo tomo partido:
a favor de la alegría,
siempre en contra
de la infamia asesina.
 
Me niego a morir derrotado
por el yugo del tirano,
el odio disfrazado de vulgar ambición,
y también me niego
a morir aplastado por la historia.
 
Yo tomo partido
en esta lucha terrestre:
contra el hambre y el miedo,
la soledad y la angustia,
la carnicera podredumbre
de quienes sólo sueñan
una muerte con espinas
y sabor a fosa clandestina,
mercaderes de la ruina
que lo devoran todo
y lo destruyen todo,
esos tecnócratas
tan pulcramente vestidos con traje homicida,
seres grises que van por ahí
con las manos sucias de sangre inocente
como un par de guantes rojo carmesí
que buscan esconder
un crimen impune.
 
Habrá que gritar y dar la pelea,
llamar a las cosas por su nombre,
decirle asesino al asesino,
dictador al dictador,
y habrá también que levantar el puño
y salir a tomar las calles rotas
convertidas en trinchera
y llevar el alma siempre dispuesta
a darlo todo
para el bien de todos.
 
Si he de morir en la lucha,
¡¡que así sea!!
pero no me arrancarán nunca
la sonrisa de la cara,
las ganas de vivir
para seguir riendo junto a los míos,
borracho de amor,
con esas ganas de abarcarlo todo
y decirlo todo
y querer sin condiciones,
por la simple razón de tener
el corazón hinchado,
alado y fiestero,
un corazón como pájaro matutino
que no sabe sino cantarle
un par de plegarias al sol
antes de echarse a volar.
 
Vivir es aprender a jugar
el juego mortal de la supervivencia.
 
Y para vivir es necesario
tomar postura,
fijar el rumbo que habrán de seguir
nuestros pasos soñolientos.
 
Sólo las piedras
permanecen neutrales.
::.

Una noche salió el sol

 

Pájaros en el tejado
cantando un río,
árboles como ataúdes
acariciando la noche.

Fue un clamor de lilas
en las fiebres del otoño,
un piano tenue,
una sonrisa saltándose la cerca.

Será que poquito a poco
me fui alejando de tu órbita,
como un planeta exógeno
aprendiendo a vivir.

Fue una canción tornasol,
respirando ensoñaciones prohibidas
en los labios de la luna,
una cabalgata en el aire.
::.

Vendaval

 

Te canto amor,
desde el florido rincón
de tus cumbres lejanas,
como una visión oscura
que me llega de pronto
una noche de luna llena.

Era un canto seco,
un canto como un eco subterráneo
una lluvia de estrellas,
una ceguera blanca y luminosa,
una tierra sin dientes,
un caos perfumando la sangre.

Era una fotografía en tonos amarillos
recorriendo mis sueños
con los ojos cerrados,
un caballo montado por una mujer desnuda,
una herida a cielo abierto,
un verso dormitando en el viento.
::.

Soñemos otros mundos

 

 

Un aguacero cayó sobre el mundo,
un aluvión de sollozos y pérdida,
un reguero de balas y muerte,
tanta desgracia, tan jodidamente inútil.

Y se hizo la oscuridad
entre las grietas del frío,
entre los escombros de la tristeza,
como un racimo de gritos ahogados en silencio.

Pero yo sabía que aquello era un sueño.

“Otro mundo es posible”, dijo una voz
que resonaba desde lejos, en la selva.

Sólo quien ríe, sueña,
me dije a mí mismo,
recordando al poeta,
quien afirmó valiente:
“sólo quien ama, vuela”.

Yo no sé cómo se gana una guerra
pero algo sabré de tropiezos y fantasmas,
y sé también que no hay peor lucha
que la que no se hace,
no hay peor revolución
que aquella donde nunca se baila,
del mismo modo que no hay amor más triste
que aquel que nunca existió.

Dirán que escribir apostando la vida
no servirá de nada,
y que tampoco servirá de nada
levantar el puño, ni salir a la calle,
ni desenmascarar el odio,
ni cabalgar quimeras,
ni hacer canciones…
y quizá tengan razón.

Pero no hay peor mundo posible
que aquel donde nadie sueña,

nadie canta, nadie ríe.

Es por eso que
para seguir soñando,
seguir cantando
y seguir riendo,
a veces se vuelve necesario
inventarse un cuento
para tener un lugar donde vivir,
un refugio contra la miseria humana,
una guarida para recordar quienes somos.

Y si el mundo es sueño…
¿por qué habríamos entonces dejar de soñar?

Hagamos mundos multicolores
mundos que florezcan en el inhóspito desierto
mundos refrescantes como el agua virgen del río
mundos matutinos con sabor a carnaval
mundos donde llueva la risa
mundos como lámparas en lo profundo de la cueva
mundos con aletas y paracaídas
mundos descalzos desgranando maíz para hacer tortillas
mundos donde el dinero sirva de algo
mundos arborescentes para respirar clarito
mundos como alebrijes aleteando entre edificios
mundos epistolares que nos cuenten nuestro origen terrestre
mundos con sabor a helado de vainilla
mundos impregnados de besos y esperanza
mundos sin muros, ni cárceles, ni grilletes
mundos azules como remolinos danzantes
mundos pintarrajeados por puro loco chévere
mundos resonando en el cielo como pájaros
mundos andando en bicileta y de bajada
mundos como perros moviendo la cola
mundos fosforescentes inventando el amor bajo las sábanas
mundos furibundamente aguerridos
mundos rocosos de alta montaña
mundos como abrazos en la desgracia
mundos como tortugas desovando en la playa
mundos como fruta en medio del calor
mundos cinematográficos donde la imaginación sea también realidad
mundos como espigas creciendo entre el monte
mundos como libélulas a ras del agua
mundos como manglares haciendo frente a la tempestad
mundos que sean al mismo tiempo ataúdes y semillas
mundos para echar raíces
mundos para beberse elocuentes botellas de vino
mundos de parodia llenos de chistes mordaces
mundos caminantes y viajeros, errantes y locos,
mundos que reciten versos en muchas lenguas
mundos palpitantes donde quepan otros mundos
mundos donde quepa toda la alegría del corazón.
::.

Apariciones

 

¿Cuántos gritos yacen
debajo de la almohada,
cuántas sonoridades azules
siguen vivas en la piel?

Amo profundamente,
pero no sé cómo…
quizá por eso es tan difícil.

Pero ya aprenderé
a desatar todos los nudos
que quedaron por ahí,
amarrados al pasado.

Lo mío es cantarle a las cosas
para que aparezcan.
::.

Descenso

 

La muerte es una sustancia quieta.

Comienza el descenso,
como un ave rapaz buscando a su presa.

Todos los colores yacen en el ahora.

Son los gritos del sol
en el agua fría que se descuelga
de una nube fugitiva.

La cumbre es siempre momentánea.
::.

Donde los hombres se convierten en dioses

 

Todo lo que sabemos del mundo
es sueño,
ese gran relato de lo humano
que contaron los primeros hombres
y las primeras mujeres
que poblaron la Tierra.

Todo lo que sabemos de nosotros
no es sino el cuento que contaban los ancestros
que viven dentro de nosotros,
y para conectar con los espíritus
es necesario viajar al interior,
donde yace el dolor y el gozo,
en las entrañas de la perecedera carne.

Los dioses nacen y mueren
en el desierto de la conciencia,
ahí donde se sacuden los álamos
y el ombligo del maguey florece
en el centro de la galaxia.

Los dioses viven inmersos
en el misterio de las pasiones humanas,
y se se hacen piedra y se hacen polvo
cuando su recuerdo ha sido borrado del corazón.

Por eso hay que caminar con rumbo al oriente
y celebrar la llegada del sol,
hay que conmemorar su partida
hacia el mundo de los muertos,
y hay que perderse también
en las negras noches de obsidiana
para ver nuestro reflejo
en la más espesa oscuridad.

Gira el tiempo en el vórtice del cielo invisible
y se desnuda el viento que se cuela
en el corazón,
como el aire transparente
que entra y sale de los pulmones,
y se abren los poros de la piedra
como un par de ojos que miran por primera vez.

Vuelan los pájaros y las serpientes,
circunnavegando las estrellas
en el fuego de la noche primigenia,
un halo silencioso y musical,
una lluvia de luz sobre el aguacero del alma,
una encrucijada de caminos yuxtapuestos
donde copulan las flores del bien y el mal.

El aire tenue agita la imaginación
en lo alto de la montaña:
es la pulcritud del alma quieta,
una bocanada de esperanza.
::.

Estética de los amores pasajeros

Compartir la vida con otra persona es mirar el mundo con los mismos ojos, sentir con un mismo corazón. Es la estética de los amores pasajeros. Las personas que alguna vez hemos amado dejan en nosotros huellas, rastros, cicatrices y viejas añoranzas que se encienden dentro de nosotros con una canción, un cuadro, una fotografía, algún poema. Compartir ciertas formas de amar, ciertas palabras, ciertos cuidados, cierto modo de cerrar los ojos en el mismo compás de una melodía. Y recordar, recordar con el musculo cardiaco hinchado y benevolente, recordar ciegos de tanto decir. Como si transcurriera una cerveza tras otra, y esa forma de percibir nos condujera directo a un torrencial aguacero sentimental donde alguna vez abrevó un tibio amor, encallado en la arena, a la orilla del sol, una esencia de agua, un roce del aire, desolación del alma a media noche, como un fantasma que se muerde el corazón a hurtadillas para no hacer ruido, mientras la noche bufa, y las luces se disipan bajo la lluvia, y un trémulo rechinar de dientes nos va arrastrando lejos, cada vez más lejos, un reflejo, un aullido, y la nostalgia permanece intacta, bella y crepuscular como un ramo de flores, y las páginas de un libro se suceden una tras otra hasta desatornillarnos el alma lentamente, piedra por piedra, capa por capa, como si se tratara de una cebolla tiernamente blanca y reluciente, y los acordes de la guitarra iban desangrándose en las escaleras, y el sonido de los grillos sobre el teclado, y el eco de la sillas vacías, y la tibia añoranza de quien mira a lo lejos y se mira desnudo, flotando en medio del vacío grandilocuente de la soledad que se cierra sobre nosotros, y nos mutila las piernas, y nos parte de tajo como una manzana, un animal resiliente y acorralado musitando una elegía en las faldas de la luna.

La noche se hizo despojos, y la saliva tan liviana y fresca, oscura y arborescente como quien ha amado para siempre sin ser correspodido, y aleteaban las aves a media mañana, y nos mirábamos los ojos, radiantes, exhaustos de tanto gritar, de tanto arañarnos la espalda sobre el colchón, de tanto aullar con el corazón batiente lo que no dijeron nuestros largos silencios para fugarnos del mundo, y aguantarnos las ganas de decir te amo para no echarlo todo a perder, y hacernos humo como una bocanada de cigarro, mientras las luces apagadas de la calle nos delataban, y tu cuerpo fosforecía en un mar ennegrecido de odio, y las fragatas se ausentaban para siempre en algún lugar del esporádico cielo, y nos íbamos haciendo nada mientras nuestros caminos se cruzaban sin saberlo, y la hoguera de nuestros adentros se vaciaba sobre la arena como un turbio pozo condenado a la nada, y las ramas de los árboles diurnos claudicaban
y se iban de largo como tus labios, como tu cuerpo hecho de tinta y terciopelo, hecho de rabia remojada en ansiedad, locura y deseo,
y tu cuerpo hermoso, tan elocuente,
se iba mudando de manos a otras caricias
y se me iba secando la lengua junto con el desaforado corazón que sólo contempla
tu azarosa cabellera ennegrecida y revuelta
y se iba llenando mis días y mis noches de sosiego inútil,
es una enorme marejada de canciones
que me llega de pronto
y me ahoga en los versos perfectos
que nunca escribí,
como la luna que lloraba
una luz platinada y obscena
que se filtra por la ventana
y se cuela por los poros del alma sin anticongelante,
lo mío era una risa triste que se descuelga desde algún hervidero,
una somnolescencia gris como graznido de cuervos
o la resonancia de un páramo pretérito sin anestesia,
una hoguera donde se consume ese olvido tan ajeno del cuerpo,
un cuaderno con apuntes viejos,
un aroma con colores de otra vida,
una arenga hecha de polvo y menudencias,
un eco lacustre que me mira de regreso desde lo blanco del papel hasta la almohada,
reminiscencia del sueño escarpado que me grita por dentro y se evapora y se eleva como un globo rojo taciturno y sediento,
un globo rojo que se diluye en el multitudinario cielo que ahoga,
un cielo añil que asfixia con palabras y promesas,
un amasijo de recuerdos que se cuelgan de la carne en carne viva,
una hemorragia de canciones
derramada sobre el huerto de los sueños profanos,
una homilía sin cura y desayuno,
un papagayo cantando en tonos escarlata,
una abandonada remera sobre la playa,
un lagarto descalzo,
un navío sin destino ni tregua,
un corazón desbocado que nunca entiende,
un tiburón sediento de victimaria sangre,
unos ojos vacíos que nada miran desde el otro lado de la tierna muerte,
una muerte que me mira con los ojos apagados y una mueca llena de sarcasmo,
como el dorado y dulce amaranto que son tus labios,
como palabras desnudas que van de lengua en lengua, de boca en boca, de tumba en tumba y la tambora que tamborilea en la memoria que aúlla una canción con un enervante perfume de romero y manzanilla,
y los días se hicieron grises y azules,
y los pies siguieron caminando sin saberlo, remotos y felices,
como las hienas,
como las monjas masturbándose en la iglesia,
como un río de sangre amarilla.
::.

Tú nunca te fuiste, poesía

 

Oh poesía!
yo sé que nunca te fuiste
pero hoy celebro tu regreso,
ahora que ando con la piel delirante
entre los aullidos del frío
y las fiebres palpitantes
que me llegaron de pronto
con la visita del querido Pablo
y sus versos imposibles
que dicen cosas
que no se pueden decir de otra forma.

Oh poesía!
vaya reencuentro que tuvimos
en el sino triste del invierno
y su luna roja, recordando
viejas y ensangrentadas batallas todavía por venir,
como preludio de la carnívora sombra
que se niega a partir.

Pero el camino en estos años
no ha sido en balde,
oh poesía,
y en mi cabeza ya no cabe más
que la posibilidad de reír furibundo de alegría
(no sin cierto cinismo)
y danzar sobre los entumecidos cadáveres
que pueblan las calles,
pues finalmente he podido salir victorioso
de aquella vieja afrenta,
esas ganas misteriosas
de morderse el corazón
cuando la vida no da para más.

Por eso sonrío,
poesía,
aunque nos toque volver a ver
la misma película de siempre,
pues los fantasmas
que antes acechaban mi sueño
se esfumaron,
y sólo quedó la tibia certeza
de comer palomitas
y burlarse de la infamia
y asar bombones tras el incendio
que dejó tras de sí
el tiempo combustible,
seguir queriendo con el corazón
inflamado y lleno de escamas,
tan susceptible,
siempre listo
para el próximo combate,
una próxima partida,
algún amor pasajero
extraviado en el viento de la tarde.
::.

Remembranza del frío

 

Una luz doliente
reverbera en el sueño,
una colección de distancias repetidas
se acumulan en el pecho,
el tiempo prófugo
gotea en el corazón,
es una embriaguez de sombra delirante
adherida a polvorientas canciones
por donde nunca pasó nadie,
acaso un murmullo
de nostalgias y deseo,
esa necedad idiota
de tener la sangre galopante y eruptiva,
la malsana costumbre del mortero y la lumbre,
ese dulce vicio
de ser al mismo tiempo
huracán, vigilia y terremoto,
hambre homicida
cavando suspiros entre raíces y tumbas,
árboles sin hojas como caídos de una nube,
colores diminutos se cuelan
por la fiera noche donde nunca escampa,
es un trago de tempestades a bocajarro,
un tren solitario
recorriendo tierras baldías,
planetas inertes,
como los vientos solares
que se diluyen y hacen nada en la fría
inmensidad del espacio,
un cielo sin fronteras
se despuebla y se marchita
en la premura lacustre
de unos ojos tristes,
una nave a la deriva
que va de sueño en sueño
buscando su cauce
en este cúmulo de soledades,
agua helada y terciopelo.
::.

A %d blogueros les gusta esto: