Archivo de la categoría: Poemas

Sutileza

Yo siento que vivo atrasado
en este mundo tan aprisa
donde los viejos mueren prematuros.

Nunca nada es suficente
en la nociva carrera del autoelogio,
el aplauso fácil, el alma hueca.

Todo se vuelve pequeño
cuando se mide
en el oscuro espejo de la complacencia.

Pero hay otro modo, otro tiempo, otras formas.

Miran los antiguos
su reflejo en el estanque,
y se admiran de las piedras
y el agua.

De eso se trata todo.

Maravillarse con lo simple:
la bella sutileza del mundo.
::.

Serranía

 

La noche avanza sobre tu recuerdo,
como un cuerpo cayendo al vacío:
la extinción de una antigua fe.

Y los árboles insomnes
iban susurrando viejas plegarias
al sol de los desmemoriados.

Y los pájaros musitaban poemas lacustres
en el amargo sabor del viento,
como un maremoto en el alma.

Quiero dormir en tus muslos de sirena
abrevando en el tiempo insurrecto
que repta por mi espalda.

Detrás de mis ojos te sueño,
como un parpadeo en la sangre,
una luz pasajera.

Dicen las huestes de la ira
que habré de morirme de viejo
de tanto añorarte.

Pero ellas no saben soñar.

Vuela mi alma en el paredón del odio
vuela mi lengua en el pabellón de la piel tan abierta,
bella mujer de acento lunar que hoy regresas desde tu ausencia.

Hoy habré de morir ensimismado en la nada,
hoy habré de partir hacia una turba de hienas infelices.

Cae la lluvia triste sobre mi cuerpo de piedra,
cae el ascensor sobre mis manos delincuentes.

Caen mis ansias sobre tus pechos comestibles,
en el negro rincón donde mueren también las certezas.

La lumbre muerde mi tacto
en la voraz recurrencia
de tu cuerpo tan presente.

Escaleras que no avanzan,
el sabor de mis dedos profanos
todavía saborean la serrana curvatura
de tus caderas… imposibles.

::.

Varada en la sangre

 
La noche ríspida
va durmiendo en tu cuerpo
como un caudal de rosas.
 
Quizá no tenga
suficiente serotonina
en el alma.
 
Pero tengo al menos
un destino.
 
Será que para alegrarse
a veces es necesario
recordarse,
morderse,
acorralarse,
y recorrer pabellones
por donde el silencio
nunca ocurrió.
 
La tempestad
fija el curso de mis días
y las horas muertas
que lucen obscenas
desde la soledad del aparador
ahora te cantan
en su ataúd de recuerdos ingratos.
 
Los pasos enmudecieron
de pronto,
como una lengua
de mariposas desnudas.
 
Será que el atardecer
cayó conmigo,
como las flores desiertas
sobre el balcón
y la calle.
 
Y los cuerpos profanos
se humedecieron de pronto
en el calor de los sueños.
 
Y las palomas hirientes
miraban furiosas
desde la alacena
y la hornilla vacía.
 
Y los manteles tendidos
sobre la mesa, fugaces,
como si fueran una ofrenda
a la muerte sonriente
que aúlla y no duda.
 
En mi alma viciosa
ya nunca escampa.
 
Sólo se llena
de risas de tanta añoranza.
 
Es un poco de vino
mirando de lejos
las luces profanas
anidando en mi pecho.
 
Un mar de sombra
y cigarras
volando
ausentes
de tanto soñarte.
 
Inscripciones de piedra
y guitarra
ya lucen de pronto
enterradas en mi pecho.
 
La sangre tibia
me brota de versos lacustres
llenos de aliento y olvido.
 
Hoy miro mis manos
y apenas recuerdo
tu cuerpo tatuado
en mis dedos.
 
La tarde es un río
donde suceden
laberintos de carne
tan siempre dispuesta
buscando respuesta.
 
Las monjas blancas
se quedan absortas
mirando excitadas
las mieles del deseo
y la ruina.
 
Mi tacto sonoro
fue solo plegarias
buscando no verse.
 
Me acuesto en tu sueño
buscando
no amarte
en mis versos dolientes.
 
Tan solo apareces
cual musa dormida
en las fauces del tiempo.
 
A veces te siento
tan cerca y tan lejos
perdida en el viento.
 
Te miro y me acuerdo
que nunca exististe.
 
Tú fuiste tan breve
como una herida
varada en la piel
y la sangre.
 
Para mí
tú ya fuiste pasado,
un fantasma,
una voz resonando
en el alba.
::.

Mar concupiscencia

¿Qué se dice
cuando nada ya
se tiene que decir?

¿Qué se oye
cuando el ruido
de la noche rotulada
ha inundado tus oídos?

¿Quiénes se miran
fijamente
desde las tumbas sin rostro
que vieron morir el cielo?

¿A dónde se huye
cuando todos los refugios
que yacían en el bosque
perecieron?

¿A quiénes se le canta
el fuego-carne
de la sangre intempestiva
cuando todos duermen?

El sol es un durazno
vestido de luminiscencia,
un calor fósil que trepa
por mis piernas.

La noche es un callejón sin salida,
una daga sedienta
queriendo beberse de un sorbo
la vida magullada que flota sobre el río.

La muerte es una piedra
que lleva tatuada
la suerte de los hombres,
es un sigiloso tormento
de manos desnudas
y vírgenes prostitutas.

¿Quién se acordará de mí
cuando la madrugada doliente
abreve en tu sueño
de hembra temblorosa?

¿Quiénes limpiarán las palabras
de este amor abrasivo
y su sucio perfume
de estrella tan lejana?

¿Dónde dormirá el canto
de las aves viciosas
sin la tregua de tu mediodía?

¿Dónde dolerán las puertas
que habrán de cerrarse
gimiendo el olvido?

Viento de nube y guitarra,
paredón donde se reflejan
todos los destellos de la carne
y la clarividencia del alma,
dime una copla al oído
para ir esgrimiendo con sangre
mis versos de aire y suspiro.

Ven a mí primavera,
que yo quiero llover contigo
en el estiaje
de los cuerpos solitarios.

Ven a mí madriguera,
que yo quiero sentir tu lengua desierta
saboreando mi gangrena.

Yo sólo dije lo que vi,
dije lo que oí,
celebré que lo viví
y sólo así
aprendí
que la luna
es el fiel reflejo
de tu rostro
cuando pueblas desnuda
mis fiebres
con las que te sueño
a la deriva,
diosa derrapante
que sucedes para siempre
mis ansias carburantes
de amante homicida,
tú que allanas incesante
la parcela de mi deseo
con tus labios carroñeros
y suicidas.

Recita en tu sueño
mi nombre
como una llave secreta
para abrir laberintos
tapizados de sangre
y los días tan felices.

Dime la lengua
que hablan las musas
en tu sueño unicornio
y despiértame cuando te vayas,
que yo seguiré flotando
entre las aguas sucias
de tu ausencia,
que yo seguiré despierto
en el fuego azul
de tu mar concupiscencia.
::.

Salar

 

Sal de mi
ser de sal
que no quiero ser
la noche celosa
buscando su cielo,
no quiero ser volando
la sed de tus ojos inciertos
suscitando desvelos

Fuiste tú
flor de azar
respirando las paredes
de ese sudoroso mar,
sed de ti
y nada más,
fumando tiempo arriba
cada herida malhabida
de esta sucia soledad.

Soy de ti
sólo un sol
un poco gris,
un ciervo azul
azorado y soez,
cuando la tarde
efervescente
busca en ti
la primavera.

Las azaleas asesinas
saboreaban
sangre surco
sirio sordo,
sarro duro,
zona oscura
donde solo sale ardor
en luz de sal,
porque ciegos van
mis ojos secos,
hoy sólo quiero
ser feliz,
salir al sur
y asir el sol
con las yemas
de los dedos.
::.

Elegía del aire

 

El aire desprolijo
iba recubierto
por una niebla tóxica.

Era el tufo gris
de la hidra de mil cabezas
vomitando la miseria del mundo.

Y los niños respiraban muerte
y los animales respiraban muerte
y los dioses muertos respiraban muerte.

El valle se vistió de veneno,
mientras algunos vociferaban
el anhelado fin de los tiempos.

Iban con la cabeza turbia,
los ojos baldíos de tanta ceguera
y el farragoso aliento del amargo corazón.

La Tierra musitaba una copla
llena de aspavientos,
una herida que todavía supura.

Nadie parecía advertir
que todo hábito mórbido
engendra cadáveres.

Fuimos rehenes del aire-gangrena
persiguiendo sueños nauseabundos
en el último anuncio de la TV.

Fueron los vientos de la ira
que regaban el incendio
por doquier.

Fue la peste del clima
y su broma macabra
devolviéndonos el gesto.

La máquina voraz del consumo
seguía su curso, hirviendo el planeta,
entre tanta jodida indiferencia.

Los mercados celebraban victoriosos
cuando los tiranos decidieron cortar
cada árbol, cada cerro, cada río.

“¡Espantarán a los inversionistas!”,
reprochaban a quienes protestaban
contra el nuevo holocausto.

La tierra sangra la sangre tierra
y los hombrecillos miserables
solamente se lamentan.

Respiran veneno, beben veneno,
oyen veneno, miran veneno,
piensan veneno, repiten veneno.

Otro mundo fue posible
en la mente del que sueña
con las manos y el corazón.

Un alegre vergel
donde la risa y el alma limpia
sean sinónimos de riqueza.

Un mundo donde el despojo
y la propagación de la ruina
no sean alabados en las revistas de negocios.

El destino del ser humano
está siempre
al alcance de su mano.

Otro mundo arborescente
sigue siendo posible
en la lucha cotidiana del que ama.

Y mientras tanto,
el aire pálido
oscurecía los pulmones.

Y mientras tanto,
las noticias derramaban espanto
y nula esperanza.

Es el negocio de los insaciables avaros
que administran la infamia
con su dinero sabor a raticida.

Pronto no quedará nada:
ni un sorbo de aire azul,
ni un bebedero de agua clara.

Todo se irá pudriendo lentamente
en la inmensa cloaca
de la historia humana.

El tiempo vendrá sobre nosotros
y maldeciremos la suerte del mundo,
la crueldad de los dioses.

Mejor eso que abrir el corazón
y aceptar la verdad:
la violenta naturaleza del hombre.

Morirán las abejas y los ajolotes,
se secarán las selvas
y los ricos se quedarán con todo.

Las flores tristes llorarán de pena
sin que nadie les cante una canción
al oído.

El aire ardiente soplará sobre el mundo,
como un infierno desatado en los mares
de la desiria.

Nadie notará cuando nos hayamos ido
porque nada quedará después de nosotros.
::.

Materia

La materia es el último grado
del ensueño.

Todas las personas tienen una esencia
y esa esencia
determina el curso de sus días.

Todas las personas llevan puestos
sus demonios y fantasmas
como una culpa, una herida.

Yo por eso porto orgulloso
todas mis cicatrices
como trofeos de mis muchas batallas.

El sol sucede a la noche
y así sucesivamente
hasta el fin de los tiempos.

Una puerta se cierra,
otra se abre,
pero no hay puerta que resista
a un buen cerrajero.

Estoy vivo, estoy aquí,
lo que dura un suspiro
derramado en la premura del aire.

La tarde desnuda libera
el perfume de las flores.

Todo vuelve a su centro
tarde o temprano,
en ese vaivén de tropiezos
y despojos,
alegrías y frenesí,
que es la vida de los mortales.

Toda la carne vuelve para siempre
a la tierra.

Y así habremos de irnos
nosotros también
llegado el momento.

Sólo quien muere y renace muchas veces
puede dormitar la eternidad.

La materia vuelve al mundo
de los sueños.

::.

Rómpase en caso de incendio

 

En las horas de recuerdos sin descanso
poesía
en la náusea de los años más aciagos
poesía
en las noches donde todo es ausencia
poesía
en el ardor de la insoportable rutina
poesía
en la levedad de un suspiro
poesía
al otro lado del espejo
poesía
en el último trago de vino
poesía
en dolientes veladas de sueño e insomnio
poesía
en las tardes de inexplicable tristeza
poesía
en el hambre de distancia y lejanía
poesía
en los días añiles como fiebres
poesía
en la soledad de una hoja en blanco
poesía
en la resonancia de tus manos
poesía
en la sed del tiempo irreversible
poesía
en la nostalgia que mira por la ventana
poesía
en la amargura de saberse nadie
poesía
en las muchas preguntas sin respuesta
poesía
poesía
poesía.
::.

Todo está roto

Tus labios tóxicos
tus dedos tóxicos
tus besos tóxicos
tu lengua desnuda
como espinas
adheridas a mi cuerpo…
y la espuma de mi alma
merodeando en la cornisa.

Así quedé varado
en el lado oscuro de la luna
y su alado misterio rojo
de sudor de amapola,
como un hueco en la sangre.

Hay que disfrutar
el placer de la caída
y su mortal desenlace
de piernas entreabiertas,
hay que lamerse los labios
y frotarse las manos
en el eterno palpitar
de la carne y la memoria,
una crujía de huesos.

Hay que caer y oscurecerse
como una sombra huérfana
que llora sobre las tumbas sin nombre
donde acamparon los turbios paredones
de la muerte sin cabeza,
una hoguera sin dientes.

Maleza venenosa,
higos cargados de áridas promesas,
el humo negro se despuebla
y cae sobre tus muslos profanos,
ahí escamparon
para siempre tus ojos molidos
de tanto estremecerse
de dolor y de caricias.

El sueño está roto,
el verso está roto,
el vino está roto,
la noche se ha roto la cadera
en las intermitencias del tiempo-navaja
que cae sobre nosotros,
es una urdimbre de pies descalzos
caminando entre el asfalto caliente,
un par de cuerpos desmembrados
en la pálida luz de un recuerdo.
::.

 

Vaticinios

 

Cada época viene cifrada
en distintas lenguas
buscando su cauce de río,
como un arenal de luces encendidas
en medio de la nada.

Cada época es un ramo de flores
que caduca pronto
y sólo queda el recuerdo de su perfume.

Las aves negras vaticinan ya
la tempestad,
son oscuros nubarrones forjados
en la llama azul de la melancolía.

El peso de los sueños boquiabiertos
no sabe de enfermedad ni de fronteras,
es apenas una luna menguante
cruzando el horizonte
en el blanco lienzo de la tarde.

Vivo entre nostalgias de vinil y videotape,
trajes brillantes tapizados
en el firmamento inamovible
de mis manos despiertas
esgrimiendo tu nombre
en el viento de la calle silenciosa.

Llévame lejos,
ahí donde suelen perecer
las azucenas,
canta una canción trazada
con el compás de la noche
y deja que mis ansias cocainómanas
mueran de sed y soledad
al dormitar la eternidad.

Nada es para siempre,
ni siquiera el alma.

Nada permanece,
ni siquiera la tristeza.

Todo vuelve a su centro,
en el continuo caer de las hojas
y los árboles taciturnos
añorando el amargo sabor del invierno
y el olvido.

Todas las palabras fueron raíces,
todas las naves, sepultura,
todos los mares que prometieron
las videntes desnudas
se congregaron en un poema.
::.

Estampado

Todo lo que alguna vez
fue un temblor de la carne,
se convirtió en firmeza.

¿Se llamará madurez,
fortaleza,
o simple y llana
indiferencia?

Será que los años
no pasan en balde.

Será que el corazón
se va volviendo calloso,
como un taciturno dromedario
recorriendo
las doradas arenas de la muerte,
para no resentirse
una y otra vez
por los mismos añejos dolores.

Será que el tiempo
me alcanzó de pronto,
como un crujido de ramas,
un vidrio roto
sobre la alfombra.

Será el quejido del viento
y su noche de luna forajida
que aúlla y desuella:
un grito tatuado en el cielo.

Será la lluvia ácida
cayendo sobre los árboles…

O la cruda certeza
de lo inevitable.
::.

El duelo

Siempre llegamos al mismo punto,
al punto cero,
de sentirse descorazonado, triste,
abatido y doliente,
como un ardor bajo la piel
desgarrando las horas de sueño,
es el grito de mil asesinos contenido en la garganta,
las arenas de la tibia muerte donde uno se hunde
con los ojos vendados
cada cierto tiempo.

Así queda uno,
aspirando el turbio silencio de la noche
y su perfume tóxico,
la noche amaraga que respira en mi nuca,
como olfateando a su presa.

¿Qué es lo que ha quedado de nosotros
cuando todo se acaba?

Tan sólo una herida,
una huella más sobre este cuerpo
derrumbado por la ira del tiempo.

Así se queda uno,
noqueado y triste,
varado en laberintos amarillamente corrosivos
como un trago de tierna bilis,
sorbos de asfixia y penumbra,
sangre fresca salpicando las paredes
de mi habitación vacía.

El insomnio repite su nombre,
su nombre bendito de mujer y libélula,
y así se queda uno,
masticando nostalgias y manojos de clavos viejos
mientras los ojos magullados de tanto dolerse
terminan derritiéndose
en el punzocortante brillo del computador,
una cuchillada, un ardor recalcitrante,
un anhelo de abandonarse para siempre
en oscuras alucinaciones,
abandonarse sin remedio
entre las fauces de la fiebre negra
y sus temblorosos estertores.

Es la tentación del olvido
y su hedor a lumbre amarga.

Voy a beberme a tu salud
una botella de vino llena de hematomas,
y me beberé también
el ácido espectorante de la poesía,
para escupir racimos de carne ansiosa y podrida,
carne muerta,
para festejar así tu amortajada partida
hacia ninguna parte
y saborearme este delicioso banquete-necropsia
donde uno se devora a sí mismo
en la calidez de un recuerdo.

Ahora beben sangre sucia
las flores muertas
sobre mi tumba.
::.

 

Melomanía

Música es la danza del viento,
las pulsiones del sol
ahogadas bajo el mar,
el sonar de las mazorcas
en un perfume
de luna crepuscular.

Música es la sangre del tiempo,
un rechinar de dientes,
alimento sagrado
que espanta el frío y la tristeza
en el corazón de los hombres.

Música es un parpadear
de mariposa,
las arenas del sueño
que gravitan como lechuzas
en las malvas fiebres de la tarde
y su desnudez amortajada.

Música es también
sucumbir al deseo y la asfixia,
un hormigueo,
un ardor como de lija,
una voz en los trigales
como una sinfonola de estrellas,
el cálido aliento de un volcán
varado a media noche.

Música es una sustancia
de raíces y arboleda,
el vuelo diurno de un pez
sideral y sonriente,
una bocanada,
los delirios del agua del río
y su suave transcurrir
de palabras.

Música es una sed de azar
y de máscaras,
un temblor de piernas,
la risa de los sapos
croando el horizonte
cuando la oscuridad
se acuesta en la maleza.

Música es el galopar
de las valquirias
y sus fúnebres trompetas,
la embriaguez artificial
y clarividente
de una planta enamorada,
un relucir de piedras,
cavernosas humedades
de angustia y fantasmas.

Música es una rotonda
de cuervos arlequines
haciendo surcos en el cielo,
una kilométrica avenida
con tapiz de tulipanes,
nostalgia de gaseosa
y de gangrena,
el éxtasis religioso y mortecino
de las células azules
cuando duermen.
::.

 

Libre

Si alguna vez
fui libre,
aquello ocurrió
en un poema.
::.

Desnudez y vestimenta

Todos nosotros nacemos dormidos
y sólo despiertan aquellos
que se visten de palabras,
aseguran los sabios mapuche.

O dicho de otro modo:
despertar es vestirse de palabras.

Y dormir…
¿qué será entonces?

Dormir es desnudarse,
quedar varados en el sueño
del que ama la tierra con las manos,
dormir es soñar y ser soñado,
descubrir y descubrirse,
mirarse hacia dentro y hacia afuera
como quien bulle en las aguas hirvientes
del olvido y la memoria,
dormir es decir y deshacer
haciéndose todo con la nada
y hacerse nada con el lodo,
es suspirar y exasperarse
como el corazón que enrojece
en el silencio de una manzana,
dormir es un recuerdo
de luna tibia
como una espuma de cerveza
recitando poemas
en la saliva copular
que yace en el viento.

Dormir es una luz obscena,
luz añeja y transparente,
casi muda,
es una fiebre de anhelos
y esperanza descalza
entre una selva de cardos y ortigas.

Hay que decir la noche
con otra carga emotiva,
hay que seducir a la palabra viajera
que mora en las piernas
de una mujer delirante,
hay que mojar la lengua
en aquella sustancia eléctrica
donde anida la poesía,
retorcerse y regodearse
en la sombra
como quien brilla por dentro.

Porque dormir es callar
y dejar morir
las palabras quietas,
dormir es apagar la luz
y despojarse de las ropas
en la fiebre delirante
de quien camina en el aire,
porque sólo quien duerme
despierta,
sólo quien muere
vive realmente,
sólo quien guarda silencio
ve crecer las palabras frutales
que nutren la vida,
pues despertar es enunciar
la palabra sagrada
que brota en la mente
del dormido,
la palabra luminosa
que emana de la lengua
como un sueño de madera,
la palabra ardiente
que lo mismo viste y desuella,
la palabra-fuego
que nos incendia por dentro
y habrá de quitarnos también
el frío que nos entume el corazón.
::.

El caos de lo real

Un cadáver exquisito que nos salió a Carlos Adampol, a mi hermano el Cholo y a mí, una noche de cerveza y plática filosófica en La Faena, Ciudad de México, el 5 de febrero de 2019.

La realidad es una lengua de mil ojos
que se evapora en el sueño líquido de los vivos,
que se reduce a la palabra,
se entrega al instante del que todo está hecho,
es el caos infinito que ordena la belleza,
la ley del más fuerte sólo prevalece
cuando la oscuridad se yergue en el horizonte
como una humareda de gatos muertos,
una cura a la enfermedad del mundo,
una salida a la trampa que propone lo que es real,
aquello que con el tiempo cambiará pero ahora prevalece,
son los juegos de poder que se transforman sin cesar
en la mente perniciosa del que sueña despierto
un rosal de piernas entreabiertas.

Me disuelvo en las grietas de la piel de nuestra era,
el camino de este uno que se disuelve en el éter,
en la totalidad de esta sociedad cambiante a paso lento, místico.

Y la luna reptaba a tientas sobre la cornisa
y la risa de las hienas contaminaba el aire
que el verso del solitario purificaba,
y mostraba que lo humano es la creación
pues el tiempo es la madre materia que circunda todo,
lo que ronda el misterio,
lo profundo de los sauces,
lo fértil de la tierra,
una lumbrera en lo alto de la montaña,
una cacofonía de estrellas.
::.

Un diminuto eclipse

Un diminuto eclipse
oscureció mi corazón
a medio armisticio,
entre el humo de las balas.

Tan irremediable
y añil,
la condición humana,
tan carnicera.

Fueron tus ojos distantes
haciendo surcos en mi alma,
tus labios enterrados
en la cicatriz del sueño.

Las palabras sordas
fueron tan elocuentes.

Así es niña,
en tus labios duermen
las hebras del tiempo
tendido sobre la hierba.

Y yo apenas
me reconozco.

Llevo tanto años
viendo morir las azucenas…

Llevo sobre la espalda
la rúbrica del otoño
y su panteón de hojas secas.

Las costuras de la batalla,
una cartografía de fosas
y destierros sobre mi rostro.

La pálida transparencia
de quien ama la luz de una vela
que se apaga.

Fueron las yemas de mis dedos
con tu nombre tatuado en la frente
como fríos ataúdes.

Fueron montañas sin viento
mirando el paisaje.

Una tolvanera de relámpagos
y lodo
en la suela de los zapatos.

Una canción solemne
royendo mi almohada,
mi alma taciturna
escondida en la penumbra.
::.

A veces

A veces,
sólo a veces,
la imaginación
vuela más rápido
que el corazón.

A veces,
sólo a veces,
escampan las dudas
entre las nubes
pasajeras.

A veces,
casi siempre,
invoco entre sueños
la risa contagiosa
que fueron tus labios.
::.

Dolerán las espinas que fueron mariposas

Desnúdate,
ha pasado el tiempo sin máscaras,
deja que los murciélagos videntes
sigan avivando el fuego que dormita
en la memoria
como un temblor de carne muerta.

Quítate la venda de los ojos,
que tu lengua no es sepulcro,
es un animal herido y violento,
una bestia hambrienta acechando a su presa
en el luto sin dientes
donde habrán de perecer las buenas conciencias
y su insoportable vileza.

Afílate las garras,
que la tormenta ha llegado a tu puerta
sin que te dieras cuenta,
eres tan sólo un pequeño insecto
en esta selva habitada por monstruos
queriendo arrancarte la cabeza y devorarte
como hizo Cronos con sus hijos.

Levántate y lucha,
que las flores se ahogan
en el inmundo pantano de la melancolía,
las mismas flores que mueren de sed
al calor del último beso.

Levántate y pelea,
pequeño hombrecillo,
que la luna no es eterna
cuando te han arrancado los ojos
de un zarpazo.

No te compadezcas de ti mismo.

Prepárate para morder,
que la delgada membrana que llevas puesta
no está lista para soportar
el crujir de los huesos,
ni la crueldad del invierno
y su hielo mortecino.

Enciende la mirada, amarilla,
yergue las púas de tu dorso
que alguna vez fueron alas,
que nadie te dará una mano
para salir de la oscuridad del pozo,
estás solo,
tú y tu alma,
si acaso te acompañan
en tu amarga travesía
el hinóspito desierto y la cigarra,
el alucinógeno llanto de la cactácea.

Arráncate el miedo-gangrena
que te ha amputado el corazón,
sé fuerte,
pequeño hombrecillo,
que el aire tóxico que respiras
te ha llenado los pulmones de hollín,
pero sigues vivo,
vivo y crujiente,
revolcándote en la asquerosa benevolencia
de la compasión humana,
ese chiquero de la inmerecida ternura.

Despierta,
moja tus ojos de vidrio
con solvente y aguarrás,
sé como el tigre sin fronteras
que reclama para sí su territorio,
sé como una botella de alcohol
temblando de rabia y placer
en los desgarradores gemidos del violín,
sé como el grillo y la lechuza
para que escuches los muchos horrores
que encierra la noche,
bébete las espinas
que habitan tu corazón
como un fermento en la sangre,
baila como la comadreja a ras de suelo,
afila las piedras con las que habrás
de librar las batallas,
ensúciate la cara
con el hedor de la ira,
vuelve a parir los erizos
que te hicieron gritar de dolor
y acepta tu derrota,
deja que el viento combustible
siga su curso,
vuelve a recordar el infierno
que alguna vez habitaste,
vuélvete uno con la tierra y la nada,
tú que has nacido guerrero y asesino,
defiende con la vida el agua fresca
que corre bajo tu parcela
y defiende también a la mujer que amas,
pues llegará la hora maldita,
los umbríos callejones
donde rodarán las cabezas
y no querrás esconderte para siempre
dentro de una fosa.

Date cuenta
de tu propia fuerza,
abraza a tus demonios,
baila con ellos, hazles el amor,
viólalos si es necesario,
que en el panteón de la dolorida noche
todavía llueven ácidas muertes desde el cielo,
date cuenta
de una y vez por todas,
que tu cuerpo es una brasa ardiendo
que nada ni nadie podrá apagarla,
pues tus manos abiertas pueden ser también
un fuego que lastima.

Dolerán las espinas
que son necesarias.

Pero aquí no pasa nada.

Sólo la vida batiéndose a duelo
con la muerte,
como una herida que nunca cesa.

Aquí no pasa nada.

Sólo la vida masticando sus miedos
entre la neblina y los cerros,
como una jauría de pies descalzos,
una hemorragia de fierros oxidados,
la bilis donde se conjugan
el sueño y la tormenta,
un arenal de mariposas muertas
sobre el zacate.
::.

Claro de luna

 

Luna negra sin memoria,
te has vestido de rojo
para aullar al viento sideral
una canción que narra
las hendiduras de la noche solitaria,
luna menguante y sangrienta,
parpadeas con tu tercer ojo
para revelar la luz
en medio de la oscuridad,
eres el espejo más pulcro
del las pasiones humanas,
tú que gobiernas las mareas,
el sueño de las mujeres
y la ira de los hombres,
acuérdate de nosotros,
simples mortales,
cuando te desnudes
para siempre
en la momentánea
transparencia del cielo,
que ahí estaremos tus pobres siervos,
siempre listos,
para contemplarte y admirarte
y adorarte
desde las áridas penumbras
del inverno,
ahí estarán tus hijos,
luna errante y seductora,
tratando de descifrar tu misterio,
el pudor innombrable que escondes
bajo tu antifaz de amapola,
ahí estaremos nosotros,
los simples terrestres,
oh dolorida luna,
escribiendo versos para celebrar
tu enervante existencia,
ahí estaremos pedestres,
los hijos de la tierra y la mazorca,
para llevarte una serenata
de miradas dulces,
viendo cómo se derrama el vino tinto
de tu boca,
luna blanca y sedienta,
tú que vuelves siempre al pedestal
donde te evoca
la tristeza y la locura,
acuérdate de nosotros,
los simples hombres,
que seguiremos soñando dragones
para surcar el cielo y robarte una caricia,
un sorbo de nieve,
luna líquida e inflamable,
tú que curas y abres
todas las heridas
que portan orgullosos
los jóvenes enamorados,
sigue latiendo,
sigue remando,
sigue abatiendo tormentos y desgracias,
sigue derramando tu luz
sobre el mundo y los trigales,
tu pálida luz de estrella temprana,
sigue amaneciendo vespertina
sobre el lienzo
como una alegre sinfonía de colores,
una multitud de nostalgias
cabalgando en el viento,
una voz risueña
resonando en el cuerpo y el alma,
en lo blanco del papel,
como una herida entreabierta,
derramada
en un claro de luna.
::.

A %d blogueros les gusta esto: