Archivo de la categoría: Poemas

Y tú

La tristeza
llovió en la coladera.

Como una azotea
despoblada.

Un desierto
lleno de ausencias.

Como un amanecer
sin dientes.

Los pájaros vuelan
sobre el acantilado.

¿Cómo iba a dejar pasar
la oportunidad
de decir te amo?

¿Cómo iba a callar
todas las luces irremediables
que no cupieron en mi voz?

Y tú
ni siquiera te dabas cuenta.
::.

Una luz bajo tierra

 

Enciende una luz bajo tierra
para iluminar el mundo
desde la pista de baile.
::.

El verdadero poder

width_640_235-Meditation

La imposibilidad de distinguir matices y entender que la vida es un fenómeno complejo, lleno de contradicciones y posibilidades, merma considerablemente la capacidad de entender el todo. La gente está acostumbrada a pensar con esquemas rígidos y moldes mentales prefabricados, ideas cerradas que les proporcionan cierta seguridad frente a un mundo caótico, pero que al mismo tiempo, les impide abrirse y explorar otras posibilidades a la hora de vivir la riquísima diversidad de la experiencia humana.

Al creer que lo saben todo, se niegan a sí mismos la posibilidad de maravillarse con lo desconocido. Están tan seguros de sus propias certezas, que nunca se cuestionan nada que vaya más allá de lo convencional. Convencidos de su normalidad, no dudan en calificar a los otros de raros y anormales. Dicen tener la razón, pero ni siquiera se dan cuenta de su enorme ignorancia de los temas que tratan. ¡Qué fácil es tener una opinión basada en pendejadas! Todos emiten juicios pero muy pocos tratan de entender en realidad lo que sucede a su alrededor. Así operan los autómatas, seres unidimensionales y planos, insoportablemente convencionales, incapaces de pensar por sí mismos, enfrentarse a sus sentimientos más profundos y decir: ¡este es mi bien y este es mi mal! Así es la gente débil, tan manipulable, tan inocente, tan frágil, dispuestos a dejarse guiar por cualquier charlatán que les endulce el oído y ofrezca respuestas fáciles.

Habemos en cambio, quienes no nacimos para dejarnos pastorear cual rebaño. Somos rebeldes, necios, inconformes, chairos, que se niegan a aceptar la resignación, el infortunio como forma de vida. Locos que se atreven a soñar otros mundos posibles por el puro gusto de soñar. Solamente los cobardes y los pobres de espíritu viven encerrados en sus propios miedos. El conocimiento no es para todos. Se necesita ser valiente y estar dispuesto a librar muchas batallas para acceder a la verdad, porque la libertad es conquista y no donación, es el privilegio de los fuertes, de quienes tienen el valor de autoafirmarse.

La gente pusilánime está hecha para obedecer y asentir con la cabeza en silencio. Habemos en cambio, quienes tenemos el irremediable vicio de sentirnos vivos, y sentir que ha valido la pena, de algún modo o de otro. Es la alegría que colma el corazón, la paz de no quedarse con las ganas. ¿Cómo puede prosperar un país, un pueblo, un colectivo, si la gente sigue presa de su miedo disfrazado de cómoda neutralidad y holgazanería? Disfrazan su odio con indiferencia, su pequeñez con delirios de grandeza, del mismo modo que pretenden llenar sus muchas carencias con esa pavorosa frivolidad que les otorga salir de compras al centro comercial, y presumir la “selfie” en redes sociales para llenarse de elogios y sentirse queridos. Todos anhelan tener millones de seguidores para masturbarse en el espejo de su vanidad. Nadie quiere hacerse responsable de nada. ¡Qué fácil! Son unos niños todavía, reclamando un poco de atención. Gente hueca que repite como autómatas las mismas frases desgastadas que sus amos les han ordenado, sin siquiera darse cuenta. ¿Cómo puede prosperar la democracia en un país donde la gente es fabricada en serie, en esa gran maquila de la televisión? La lucrativa industria del autoengaño. ¿Cómo podrán florecer los colores en un mundo donde la ceguera y la idiotez se han convertido en el último grito de moda?

La única forma de salir de la espiral del sufrimiento es aceptar lo terrible y maravilloso del mundo, el misterio de la existencia, volverse uno con el todo.

Yo soy un convencido de que el cambio está en uno mismo, pero a diferencia de los cretinos que utilizan esta idea para justificar su pasividad, el verdadero cambio consiste en darse cuenta que las cosas no habrán de cambiar si no hacemos que suceda. De nada sirve tirar la basura en su lugar, no meterse en la fila, ni pasarse el alto, cuando el exterminio llama a tu puerta. El cambio comienza en uno mismo, en darse cuenta que la única forma de sobrevivir a este mundo salvaje es volverse fuerte y luchar. Es la vida que se abre entre las fauces del tigre y la hiena, la vida que se abre como el árbol que crece lentamente mientras sus raíces se aferran con fuerza a lo profundo del suelo para acariciar con sus ramas, las estrellas. Hay que aprender a hacer erupción y experimentar la calma tras la tempestad. Hay que aprender a ver y cerrar los ojos para escuchar el sonido de nuestra respiración. Hay que reescribir la historia y reinventar la humanidad. Hay que mirar hacia afuera y mirar hacia dentro. Aprender que en la vida hay tiempo de luchar y dejarse arrastrar por el río, hay tiempo de morder y reír, hay tiempo para oscurecerse e iluminarse, porque la vida es momentánea y hay también que devolverla.

¿Cómo hacer entonces para terminar con la podredumbre? ¿Cómo ahuyentar el dolor que acecha y grita dentro de uno y ya no suelta? Hay que detenerse un instante para contemplar y contemplarse, entender la relación, descubrir el vínculo secreto de todas las cosas, maravillarse con lo cotidiano y aprender a soltar llegada la hora, volverse nada para fundirse con el todo, entender que nada permanece quieto, todo se mueve, todo respira, todo va y viene, que la tristeza es alegría y visceversa, la dualidad es la raíz del movimiento y la unidad es la reconciliación de la contradicción, es aceptar lo que somos y nada más, dejar que el silencio hable, aprender de nuestros fracasos, aprender a ver con las manos y el corazón, aprender a sentir con la imaginación, porque el universo entero cabe en una sola palabra.

El verdadero poder es ver lo invisible, cantarle a las cosas para que aparezcan.
::.

De tanto no dormir

 

De tanto no dormir
fuimos polvo.

Un faro a medianoche,
una luz arrinconada.

De tanto no dormir
nos fuimos haciendo viejos.

Como una herida silenciosa,
un gato solitario en la pared.

De tanto no dormir,
nos fuimos
devorando mar adentro.

El sueño y las pastillas,
la siempre lenta oscuridad.
::.

Anatomía de un beso

Tus labios fueron
territorio no cartografiado.

Tu risa fue mi alegría
derramada sobre un claro de luna.

Tus ojos negros
son dos grandes avispones
buscando clavar su aguijón.

Te extrañé como siempre
bebiéndome tu recuerdo
entre nostalgia y poesía
en un veraniego balcón
de calles adoquinadas.

Voy a fumarme tus besos
con reggae y cafeína,
para hacerle la necropsia
a este viejo amor pasajero.

Pues resulta que a veces,
no queda nada más que escribir.
::.

Eran

Eran los sueños fugitivos
y descalzos
para huir volando
dentro de un papalote.

Eran las pisadas ansiosas
en las intermitencia
de la fiera noche.

Eran las punzadas
de la sangre y el vino
comiéndose a besos.

Eran las ganas
de dormir para siempre
en las amígdalas del cielo.

Nubarrones y deseo,
como una pincelada gris
tatuada sobre el pecho.

Entrégame tu corazón
de aceituna
en la liturgia de la
insoportable indiferencia.

Entrégame tus ganas
de gritar y acechar
como una lechuza hambrienta
aleteando entre las espinas.

Era la canción solemne
saboreando el desamor,
la estampida perfecta
jalando el gatillo.

Eran los ojos lejanos
de la luna
mirando el eterno vacío
que quedó tras nosotros.
::.

Allí van los amantes

Allí van taciturnos
los moribundos amantes.

Algunos se buscan
toda la vida.

Otros simplemente
se encuentran.

Hay que mojar los labios
en las aguas rojas del amor.

Hay que ensuciar los cuerpos
en la soledad de un adiós.

Allí van, efervescentes,
los pueriles amantes.

Sudando el alma en la sed
de un último beso.

Hay que enjuagar las heridas
en el sueño azul del mezcal.

Hay que jugarse la vida
en el calor de la noche.

Allí van encendidos
los amantes suicidas.

Jurándose amor en los ojos vacíos
de la muerte.

Hay que beberse el frío
de las balas asesinas.

Hay que sentir el filo del cuchillo
hundirse en el alma.

Allí van los amantes,
soñolientos,
con los ojos llenos
y las manos tan solas.

Allí van los amantes,
perfumando el alba,
entre besos muertos
y la sangre caliente.

Hay que sentir el aire homicida
desgarrando el corazón.

Hay que caer en el dolorido
panteón de tus ojos lejanos.

Allí van los recuerdos
tapizando
las blancas paredes.

Allí van sus delirios
penetrando
los gemidos de la luna.
::.

Su momento

No había llegado
su momento.

¿Cuándo llegará?

Nadie lo sabe.

A las cosas
hay que darles tiempo
para que maduren.

¿Y si no maduran nunca?

Simplemente se mueren.

Su momento no llegó nunca.

Y sucede que a veces,
cuando maduran demasiado pronto,
se encienden y se extinguen
en un parpadeo,
como si acaso fuésemos
una fugaz bengala.

Somos tan momentáneos,
como la violenta explosión
de un millón de estrellas.

Hay que darle tiempo
al tiempo
y dejarlo inventar
otras realidades
con su lengua de colores.

A todos les llega su hora,
tarde o temprano.

A todos les llega su momento
de hacer combustión,
brillar en la oscura noche
y hacer arder la eternidad.
::.

Conocer un lugar

 

Para conocer un lugar
hay que caminarlo,
recorrerlo a tierra lenta,
hay que perderse y reencontrarse
en una madeja de puertas abiertas,
hay que vagar sin destino fijo
y dejarse embaucar
por la maravillosa sorpresa
de lo cotidiano.

Conocer un lugar
es adentrarse en el imaginario
de otros,
masticar su lengua
como si fuera chicle,
es recorrer también
su misteriosa simbología,
saludar a los espíritus
que pueblan el aire,
es adentrarse en el calor
de casas petrificadas por el tiempo
y calles baldías hechas de tierra.

Conocer un lugar
es saborear sus secretos manjares,
es oler el perfume de sus ríos,
reconocer la belleza inaudita
de sus árboles y sus mujeres,
es dejarse seducir por la tuba y la tambora,
mojar el alma y los sentidos
en el canto coral de las aves vespertinas
en algún atardecer frutal.

Conocer un lugar
es sonreírle a la alegría de la gente,
es despertar del casi imperceptible letargo
de la rutina,
es hablar y brindar con desconocidos
en las horas de baile,
navegar con un suspiro
la apacible quietud
de la rumorosa ribiera.

Conocer un lugar
es descubrir y descubrirse al mismo tiempo,
es mirar el mismo mundo de siempre
con otros ojos,
la posibilidad de sentir el aire fresco
resoplando los viejos recuerdos
que se mecen
como las velas de un barco,
que viene y va
de puerto en puerto,
de cama en cama,
un barco errabundo y feliz
que se deja arrastrar por el sueño
cuando cruza el horizonte.

Conocer un lugar
es exprimir el corazón
sobre la hierba
como si fuera una naranja,
dejar nuestras huellas
entre calles solitarias y risueñas
habitadas por fantasmas.
::.

Mi trabajo es ser loco y ser poeta

 

Curioso deporte aquel
de ser quimera.

Extraña costumbre
de soñar en voz alta
como el mago y el profeta.

Mi vocación es inventar
la belleza y el color
en la palabra.

Es el gozo irremediable
de la bohemia y la rockola,
navegando el mundo
sobre un mar de libros con sombrero,
yo viajo con los pies descalzos
a la orilla de la carretera,
yo soy el aventurero que se adentra
en la más oscura y densa selva,
yo soy aquel alegre vagabundo
que se pierde en el desierto
y la montaña haciendo versos,
yo soy el incansable morador
de las cantinas,
yo canto a dueto con guitarra
y con los árboles también,
yo barro toda la ira y el odio
con mi perfumado corazón
derramado sobre las flores,
yo soy zurdo y soy rojito
como el vino que lloraban
tus dos ojos fermentados,
yo soy el triste alegre
que mastica nubes negras
en el tiempo enmohecido,
yo soy el baile pernicioso y trasnochado
con que mueven las caderas
las mujeres calavera.

Así es
mi adorable profesión
de guerrillero, trovador
y saltimbanqui.

Así es
mi adorable profesión,
de ser loco
ser maroma-torbellino
y ser poeta.
::.

No sabemos

 

No se puede juzgar
a la gente.

Nunca nadie sabe
la vida de cada quién,
apenas retazos,
fragmentos de un espejo roto,
incapaces de explicar el todo.

No se puede juzgar
así nada más,
y señalar con el dedo mordaz,
sin saborear las muchas heridas
que fueron esculpiendo los rostros
de la gente que camina dormida
por la calle.

Qué diferente sería todo
si antes de emitir una opinión,
nos detuviéramos un instante
para tratar de entender
al otro.

Es la mirada interior
mirando por el retrovisor,
es la voluntad que se quiebra
y levanta el vuelo
en el infortunio de la vida.

El silencio que se cuela
entre las grietas.
::.

Oda a la fantasía

 

 

Sólo el sueño es real…

Es un huevo dorado
que pregunta
e indaga dentro de nosotros,
lo que sentimos:
nuestros miedos
nuestros anhelos.

Yo bebí desde temprano
las mieles de la fantasía,
viendo las historias de guerreros bondadosos,
cuentos de habichuelas,
un plomero salvando princesas,
tortugas con antifaz,
enciclopedias,
un viejo delirante luchando vehemente
contra molinos de viento,
cucarachas que buscaban escapar
de la dolorosa verdad,
el sabio que contempló todas las caras secretas del universo
bajo las escaleras de un sótano de Buenos Aires,
el niño que llevaba dentro
un demonio de nueve colas tatuado en el vientre,
un carpintero hippy
purificando el mundo,
así llegó a mi vida la poesía
entre lúgubres canciones,
profetas bigotones
bailando en el velorio
de los dioses muertos,
longevas familias de caudillos e inventores
soportando un diluvio de cuatro años en el pueblo,
los estragos de la vida y el amor,
un torbellino de mariposas amarillas
perfumando el aire caliente,
enmascarados haciendo la revolución,
bastardos y doncellas
combatiendo dragones,
quimeras, traiciones,
gélidos zombis,
todo sea en nombre
de ese sueño profano
que es la felicidad,
el anhelo de todo aquello
que respira,
porque los hombres y mujeres
inventan ficciones
para habitar el mundo,
pues la fantasía no es tan solo
un refugio, una droga,
una vil escapatoria,
es el encuentro con nosotros mismos
en lo profundo de la conciencia,
es el corazón derramado en los sueños,
porque las metáforas son también
pulsiones corporales,
un soplo de vida,
una bocanada de aire limpio
en los páramos tristes del desasosiego,
una breve amnistía con esas ganas
de mordernos la cara y reventar,
aliviar el deseo,
tocar lo inasible
pronunciar lo indecible
imaginar el principio y el fin
de todas las cosas,
porque la historia humana
es también cuento,
las huellas de los héroes
que descendieron al inframundo
para bailar con la muerte
o contemplar un bello atardecer
en lo alto de la montaña,
fantasía son dos ojos desorbitados
que añoran,
una lengua taquigráfica
lamiendo los versos que habrán
de limpiarnos el corazón,
la vigilia que antecede al sueño,
un mortero lleno de colores
listos para llover sobre el mundo,
símbolos mágicos
abriendo las puertas de universos paralelos
que habitan dentro de nosotros,
una lámpara maravillosa
que alumbra nuestros deseos,
una rana saltando de un estanque,
volcanes exhalando fumarolas
que nos hablan también
de otro tiempo,
viscicitudes y ataúdes,
jardines secretos,
la medicina milagrosa
que se esconde
en la última estrofa
de una canción,
tiburones hambrientos,
extraterrestres y duendes digitales
pintados de acuarela,
gigantes de hierro,
tlacuaches ebrios de cola incendiaria
oficiando misa,
flamingos que son aviones,
gatos que son teléfonos,
vampiros veganos
bebiendo cerveza con clamato,
luces como pirinola
resonando en el alma y los pies calientes,
una nostalgia pasajera
que viene y se va
como el rumor de las olas,
una lluvia de pescado,
viejos con pistola al cinto
hablando con las hormigas
en la soledad del calabozo,
el mundo azul que nació entre los cerros
y los cuernos del venado,
será la fantasía aquella hoguera
donde van a morir los fantasmas,
la ceniza a partir de la cual renaceremos,
como pajaritos haciendo
su nido entre los cables,
la alegría contagiosa
de seguir soñando despierto
entre libros y canciones,
la algarabía de la semilla
que se abre y se multiplica
en los muchos senderos inexplorados
de la imaginación,
es la fantasía de la vida
que nos mantiene vivos,
la fantasía que se escribe en el aire
como la luz y la sombra,
una colmena de suspiros y colores
haciendo erupción
en las intermitencias de la muerte,
ese misterio maravilloso y terrible
que se esconde en lo profundo
de la tierra,
porque la vida es cuento
y los cuentos son globos,
con los que nos dejamos
arrastrar por el viento,
un oasis para mitigar la sed,
porque la fantasía es un sorbo de agua fresca
en medio del verano,
una herida suturada,
una plegaria al sol,
la reconciliación con aquel animal herido
que habita en nosotros,
porque la vida es vivir
dentro de un cuento
donde viven también muchos cuentos,
un territorio sin tiempo ni fronteras
donde se expande el alma,
la algarabía del sueño
germinando de la tierra.

La única libertad posible
yace en las aguas invisibles
de la imaginación.
::.

Lejanísima

 

Siempre fuiste lejana
siempre lejana,
lejanísima,
nebulosa y sideral,
un poco solitaria,
despojada de pudor
y desvergüenza,
como una llanura de pájaros
con anteojos,
un automóvil sin capota
a toda velocidad
saboreándose la carretera,
eras brillante,delirante y sofocante
un sueño gravitacional
donde todo fue desmesura
y la sangre desvelada
pariendo estrellas sin descanso
a las puertas del templo,
estabas ahí,
en la curvatura del tiempo
y la memoria,
una cacofonía de cosas asombrosas,
un bosque citadino
rumiando alegrías y primavera,
la vida que se abre
y se bifurca
y se ramifica
entre las grietas de tus ojos,
el extravío de la mente voladora
surcando el cielo,
una carta sin remitente ni destinatario,
la levedad de los versos
que se bebían tus labios rotos,
cúspides tardías arrullando al ocaso,
anheladas cumbres diminutas
devorando nubes de colores vespertinos,
un grafitti alocado cubriendo agujeros
en los grises paredones del alma,
un alma a dentelladas
recorriendo la verde coordillera
sobre aladas bestias montadas por
demiurgos bailarines,
una luz borracha que se filtra
sobre la alcoba,
la insensatez de querer
sin ser correspondido,
una broma del destino
y su absurdo desenlace
de piedras y escolleras,
ballenas muertas sobre la playa,
besos carburantes y comestibles,
prisioneros de tus labios forajidos
que no volvieron nunca más.

::.

Dictadura de calor

 



Somos gobernados por el calor
de los besos muertos.

El sol naufraga en tu cintura
como un árbol de duraznos,
un manojo de palomas asustadas.

Vivimos quemándonos
detrás del amor,
como ratas huyendo
del exterminio.

Pero fue al recorrer la noche fractal
que nos dimos cuenta
de la mortal ironía.

Casi como un fantasma
que se desdobla y se evapora
fuera de uno,
una luciérnaga
que muere y se apaga,
una lámpara tibia
y sin luz.

Era un racimo de canciones
dando fruto,
canciones frescas
despertando soñolientas
en la sed del desierto.

Y el agua fría resbalando
sobre tu espalda.

::.

Ocurre

 

Ocurre
que a veces solo basta dormir
para despertar y ser feliz,
escuchar el rumor de la mañana
latiendo cual nube de pájaros.

Ocurre
que a veces sólo basta
el viento sobre los árboles,
una tarde soleada,
la perfecta compañía
o alguna solitaria canción
entre los labios.

Ocurre
que a veces pareciera
que nada ocurre,
pero al mismo tiempo
ocurre todo.
::.

Nodo espacial

 

Era el rostro de la humanidad
reflejado en las estrellas,
una rendija en la eternidad.

La galaxia es un feto
a punto de nacer
en la quemadura del sol.

Un corazón con tentáculos
va caminando
en la sombra y en la hoguera,
fuera de mi camino,
un absurdo volver.

Eran acordes graves
y pesados
que caen sobre
el desfiladero.

El amor reina en mí
y resplandece,
como una huerta
de aguacates.
::.

Muy tarde aprendí

 

Alguna vez me dijeron
que la vida
no era como yo pensaba.

Alguna vez me dijeron
que la vida
podía ser también
como un cuento de hadas.

Muy tarde aprendí
que la soledad
no era tan amarga:
era tan sólo un simple juego.
::.

Del vino a la nostalgia

 

Eran los latidos tristes
de tu magra ausencia,
en el marasmo
de los días perdidos,
como un hervidero de fantasmas.

Era la gota fría y sucedánea
recorriendo la espina dorsal,
esas fiebres de pescado,
una constelación de recuerdos
o la música que lloraban tus ojos.

La muerte clara
tiene un ligero aroma a hierbas
y pintura fresca,
como pájaros a mansalva
orbitando el canto matutino
de las flores.

Poco a poco
se fueron secando las estalactitas
y las ideas,
como una barcaza
que va remando río arriba
la oscuridad de la caverna.

Era el accidente de tus labios,
la frontera azul donde copulan
el cielo y la mar,
la duda donde naufraga siempre
el inflamado silencio.

Dime cómo haces tú
para arribar silenciosa
a la atmósfera del sueño,
cómo haces tú
para para volar tan ligera
en la intermitencia luminosa
de la noche enamorada.
::.

Yo solo quería que amaneciera

 

 

A los familiares y amigos de los 43 de Ayotzinapa

 

El lienzo de la muerte
se abre entre callejuelas
con olor a sangre.

Yacen sobre el suelo
las tortugas voladoras,
entre los murmullos
de la fiera noche.

Fueron uno, luego dos,
luego miles de gritos de dolor
clamando justicia.

Vino el silencio,
horas de llanto y desasosiego,
la podredumbre,
la vileza,
la insoportable angustia
que se va enterrando en el alma
como un cuchillo,
esa mancha voraz
que lo ensucia todo,
la imposición del dolor
como política de Estado,
la ruin ambición,
de quien pretende lucrar
con el sufrimiento ajeno,
la ira incontenible,
esas ganas de morder y ser mordido,
para que el dolor de la carne
ayude a olvidar
ese otro dolor que lastima
y ya no suelta.

Fueron emergiendo
los rostros ausentes,
devolviendo el brillo a sus ojos,
una sonrisa lejana
emergiendo
de corazones destrozados.

Eran los ecos de la tierra,
aullidos como manchas,
recuerdos como besos
que hieren el sueño
como una infección en el alma,
latidos esporádicos
que se van haciendo nada.

Gritos sordomudos
que resuenan en ninguna parte,
cicatrices que no cierran,
un dolor sin fondo,
un oscuro abismo
sin esperanza de cielo,
acaso un momentáneo respiro
disfrazado de violenta calma,
las ganas de vivir en la piel del otro
y ser semilla,
ese contagioso deseo
que algún día vuelva a salir el sol.

Yo solo quería que amaneciera.

::.

Noche de trova y poesía en la barriga de un sapo cantor y bohemio

 

 

“Nadie me dijo que el sueño tenía que andarse a guitarra”,
cantaba el trovador en lo alto de la peña.

Fue regresar al edificio sin nombre donde nací,
a las escaleras lúgubres y opacas
que alumbraron los primeros recuerdos,
la remota infancia,
los primeros sabores de la vida y el mundo
en lo alto de un penthouse,
las mismas estampas impregnadas
en esa fotografía amarillenta
que es la memoria.

Eran las mismas calles,
un poco más pequeñas quizá,
las gelatinas con forma de perrito,
un banco antiguo y café,
una tienda con una enorme rampa,
las primeras risas con gafa oscura
cortando el césped sintético
con una podadora de burbujas,
la bañera movediza,
los primeros juguetes
desfilando sobre la alfombra.

“Habrá que creer en algo
o en alguien, tal vez”,
continuaba el poeta.

“Tú naciste arrullado entre canciones”, me dijo mi madre.

La noche tersa
iba cediendo poco a poco,
en la más suave evocación de la luna,
recuerdos añiles pintados en la pared.

Una guitarra,
una copita de nostalgia,
y el tiempo iba escurriendo
en el eco moribundo de la calle.

Ahí estaba Pakal
recostado entre raíces
para contemplar las estrellas,
como peces batiéndose
en el inmenso mar de los abrazos.

El aire adelgazaba,
la atmósfera bañada en luz tornasol,
el espeso humo del cigarro,
los ojos rojos de tanto añorar,
una despedida,
el universo que duerme y respira
la eternidad
de una sola bocanada.

Era el croar del sapo
celebrando la vid y la caña,
la risa que se oculta
detrás de una máscara triste.

“Nunca dejó de ser quien era”,
dijo el poeta,
en honor al entrañable cantor de la isla.

Nada es cierto,
salvo el embellecido color de la sangre
bufando a medio recital,
caminando lento y de rodillas,
como quien lleva dentro un vendaval.

Era el corazón varado en el callejón,
la habitación contigua
donde a veces sale el sol.

Despierta
en el rumor de la madera,
los pies al ras del agua,
la tierra obscena aullando entre la selva,
la respuesta incorregible
que va mordiendo el corazón,
la dramaturgia de tus senos a la deriva,
tan presdispuestos
a los estragos del amor.

Era el sonido sordo del teléfono
maullando el precipicio,
una marejada de canciones imposibles,
un cuerpo aletargado en pleno soliloquio.

Después de ti rondaba la nada
en un par de manos vacías,
después de masticar las hojas marchitas que caían de tus ojos:
iban lloviendo flores
en la premura del verano.

Los lobos eran lobos
y mordían,
y las luciérnagas brillaban,
para volar al sur del horizonte
solo hacen falta un par de sueños alados,
decir adiós al tiempo enmohecido,
prenderle fuego a las palabras venideras,
ciego de buscarme dentro,
subí a un vagón de tren para no escapar de ti otra vez,
un murmullo que se abre
como una vela y una herida,
como todo lo que estalla,
una tonada que el viento
encuentra en el alba.

Eran las naves ansiosas
extraviadas de planeta en planeta,
tu vestido sobre el suelo,
tu cuerpo adherido al mío
en el borde de la cama,
un bar con sabor a milonga.

Fueron tus pasos mudos
que lloraban sobre la escalera,
fueron las musas suicidándose en el cielo,
el silencio que reptaba sobre una nube
mientras las flores muertas
iban llegando a mis versos noctámbulos,
versos salados con un extraño escozor animal,
laúdes como lunas hechas de hielo y artificio,
la zozobra sin final que nunca escampa,
las luces rotas del amanecer y la tempestad,
las cosas que no dijeron mis manos,
el polvo sobre los libros,
el vino sobre la poesía,
la humareda bailando entre los cerros,
la vuelta al mundo en papalote,
la ironía de unos labios solos.

Así pasaba yo
las noches en vela en un cuarto de azotea,
una bañera sin cortina,
serial de los besos profanos,
la inútil alusión de viejos amores de la infancia,
repetición de un disco a la medida,
testigo de mi alma enamorada
reflejada en un tarro medio vacío de cerveza,
era el aire vagabundo
que rondaba en la cabeza
de quien vuela,
la arena removida entre el sargazo,
un par de versos de amaranto
buscando reescribir su propio cuento,
un beso levadura,
una canción causando estragos,
escarbando suspiros en el temblor
de tus piernas.

Era la ruina del alma
en la tierna alevosía de tu piel.

Ojalá que pronto
nos volvamos a ver.
::.

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