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Quizá tú nunca fuiste

Que el corazón decida
su forma de dolerse.

Yo habito ahora
entre la soledad y la noche.

Como un sepulcro
de sangre entreabierta.

Yo me refugio ahora
entre tus piernas soñolientas.

Como una triste despedida,
amarga sinfonía.

Y que suene el mariachi
en aquellas lánguidas horas
donde nunca fuiste.

En la efervescencia
de tu sonrisa triste.

Nada queda, sino la ausencia
de los siglos en la molienda.

Nada queda, sino las tardes
cargadas de melancolía.

Y los pájaros sobrevolando el olvido
y las piedras rodando por el desfiladero.

Estoy estacionado en el exceso
de tu boca adherida a mi boca de naufragio.

Siento mis raíces
anidando en mi garganta.

Como una estampa
de bandoleras necedades.

Que la cuerda vibre
en la zotehuela del alma.

Echádle más alcohol
a la herida.

Que yo seguiré viviendo
aunque sea tan solo por pura inercia.

Que yo seguiré latiendo
aunque me sepas a lumbre del aire.

Yo soy la brasa última que respira
en tu pelo.

Yo soy el verbo en carneviva
que clama por ti en sus adentros.
::.

Las tres heridas

 

Para Miguel Hernández.

En su casa tenía
un huerto con plantas.

Se levantaba temprano
a pastorear las cabras.

De poesía se ahogaba
mientras de amor se moría.

Cantaba a las flores
entre el pan y la harina.

Su alma ligera resentía
las fiebres de la juventud.

Dormitaba entre calles doloridas
de anónima pobreza.

Herido y devastado, regresó al sur
y las palabras parieron estrellas.

El amor lo alcanzó
en los labios de una costurera.

Quién ha visto en sus ojos
la sombra de lo que siempre fuiste.

De arte aromó su sueño
como quien despierta a la vida.

Habría de ejercer la insana locura
en la urgencia del amor.

Fueron los rayos de la tempestad
que nunca cesaron.

La sangre bandolera se enterró
en la soledad de su carne.

Temprano lloraban las lluvias
y desalentadas primaveras.

Después de tantos avatares
la dura militancia, una bofetada.

Regresaría a palpar el amor
bajo la caricia de las acacias.

Pero la tierra tiembla
y no da tregua.

Se alistó para cantar al frente,
en el campo de batalla.

Vocero de la sangre humana
dijo los versos combatientes.

Las palabras calientes dejaron
corazón derramado sobre su pueblo.

Los días felices transcurrieron
como el toro poco antes de la muerte.

El viento recogió su aliento
de resignada tristeza.

Sonrieron todas las sonoridades
de la luminosa mañana.

Nacieron las aguas salobres
y marchitas sobre su cama.

El último trance, la herida primera,
preso de su propia sombra.

Se extinguieron, en el alba,
las consteladas horas de su ausencia.

Roídos los cañones, callaron los grillos
de tanta soberana mierda.

¿Qué hubiera sido si los fusiles
no hubieran enlutado su vida?

La angustia carcelaria le supo
a cebolla amarga y desnuda.

La sangre brotaba de sus ojos
al amarillento papel.

Una breve huida,
el fresco tufo de la libertad.

La traición escribió con saña
su fúnebre destino.

Dejarlo morir fue su condena,
escarbando pulmones en el aire siniestro.

Murió con los ojos bien abiertos
mirando el mañana.

Murió con los ojos bien abiertos
saboreando la vida.
::.

 

El tiempo explosión

Al tiempo combustible
le siguió el tiempo explosión.

La profecía se cumplió.

Los cuerpos arden
en las llamas del odio, la ira.

El mundo se desgarra
en una guerra imbécil
de todos contra todos,
la sangre sobre la sangre
no cesa tratando de tapar
los agujeros y el dolor.

Será por eso que ahora
me ha dado por hacer combustión
entre cadáveres
que repiten al unísono
la palabra violencia
violencia, violencia
violación, violencia,
VIOLENCIA, VIOLENCIA
la sangre se derrama
y no escampa
no espera.

Con el dedo ominoso
señala la jauría
y enseña los dientes.

El alma cercenada
no deja de lamerse las heridas,
ahora que fueron mutilados
todos los sueños
como las horas negras
que se atrincheran
en el desgarbado corazón,
y no hay tregua,
solo gritos de rabia y ardor,
solo una herida sobre la otra.

Los cuchillos hambrientos
van desfilando en la pasarela
de la vanidad,
como un hilito de sangre
escurriendo del techo,
un socavón en el alma pendenciera
anhelando ser humo,
con la esperanza intacta
de hallar en la densa tiniebla
un poco de olvido
y quizá redención.
::.

La música por dentro

 

Si el mundo debe arder
que arda.

Si las antiguas efigies
deben caer
que caigan.

La historia se escribe
con las pulsiones del corazón,
un millón de heridas gritando
de placer y dolor,
las manos rojas de tanto moler
el tomate, el ajo y la cebolla.

Yo prefiero refugiarme
en las hojas de un libro
o los colores encendidos
del atardecer.

Sólo aquellos que llevan
la música por dentro
pueden bailar
entre las ruinas,
parir la belleza
como quien mira un destello
brotar de su interior.
::.

¡Levántate y pelea, Bolivia!

 

A los que luchan contra el exterminio.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Veo a tu pueblo
luchar contra la escoria
de tiranos llenos de odio
y se me llenan los ojos
de lágrimas.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Me duele aquel hombre
al que le reventaron la cara
con balas,
la mujer que lloró desconsolada
la muerte de su compañero del alma,
la gente cargando féretros
tras la masacre de Cochabamba.

Pero lo que más me duele
de ti, Bolivia,
es ver a mis familiares y amigos
tan llenos de odio,
tan envenenados de mentiras
que difunden en los medios,
son capaces de celebrar el golpe,
pero incapaces de dolerse por la sangre
de la gente pobre,
y ahora Bolivia,
mis amigos y mi familia
vitorean a los fachos
que con su infame Biblia y su Cristo tirano
(tan distinto de aquel carpintero judío
condenado a la cruz por el delito de amar)
ahora pretenden expulsar a Pachamama
del Palacio,
pretenden masacrar a tu valeroso pueblo aymara
y destruir su whipala,
como han intentado otras veces
desde antes de los tiempos de Tupac Katari.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Ármate con palas, picos, piedras, palos,
ármate con gritos, puños, fuego, dientes,
es hora de mostrar tu fuerza de gigante,
pues a lo lejos suenan ya los tambores
que anuncian la guerra,
ha llegado la hora de volver a tomar las calles
para expulsar a aquellos seres ruines
que firman decretos inmundos para legalizar
el exterminio,
mientras los lameculos del imperio
fingen demencia
y reproducen mentiras
con su infame boca
tan llena de cucarachas.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que tu pueblo porta hoy y con orgullo
la bandera de la dignidad latinoamericana,
mi dolorida patria de lamento andino,
has de levantar el puño y fijar la vista
en el horizonte,
has de levantarte de entre los cadáveres
para derrocar la maldad que se ha enquistado
en el corazón podrido de los voceros
de la infamia,
próceres del conservadurismo rapaz,
rehenes de su propio infierno,
gente diminuta y miserable, hipócrita,
invadida del inconfesable
terror de perderlo todo,
incluido su enfermizo trauma
de tratar a otros como servidumbre.

Me dueles, Bolivia,
me dueles en el alma,
al igual que me duele Ecuador
y me duele Chile,
tierra de poetas,
donde los carabineros pinochetistas
pretenden dejar ciego a su propio pueblo
sacándole los ojos,
mientras las marionetas del imperio
tratan de cubrirlo todo
con su burda farsa,
alimentada con el ruido idiota del televisor,
esa sustancia pegajosa y corrosiva
que viraliza la diarrea verbal
de autómatas programados para sentir miedo,
mucho miedo,
frente a la esperanza del pueblo que se levanta
contra el odio, para expulsar a la tiniebla.

Bolivia, me dueles,
como una herida que canta
la aflicción de mi alma latinoamericana.

Boliviano, tú que desciendes del cóndor
y llevas en las venas
la sangre volcánica del dios Tunupa,
encomiéndate a la pulsión de la tierra
y la tutela de Achachila
para que guíe tu camino a la victoria,
y acuérdate también
de aquel barbado y entrañable guerrero poeta
de boina y cigarro cubano,
que murió en una higuera
en lo profundo de tu selva
para liberar al hombre y la mujer
de la sumisión carnicera.

Ya llegará la hora, amada Bolivia,
de condenar a los tiranos a la horca.

Ya llegará tu hora
de saldar cuentas con la historia.

Boliviano de Los Altos y Cochabamba,
a ti hermano minero del Potosí,
a la gente de Sucre y el Titicaca,
a los rostros cenizos
que pueblan Oruro y Tajira,
a los que duermen soñando las estrellas
en el inmenso salar de Uyuni,
a ti te hablo hermano boliviano,
con la esperanza de que mi dolorido canto
llegue a tus oídos y te abrace
y te inyecte la fuerza que ahora necesitas
para seguir esquivando las balas
en pie de lucha
contra el odio asesino
que se ha instalado en tu patria
de quebrantos, esperanza y futuro.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que te necesitamos fuerte
para que entre todos organicemos
una rebelión planetaria
contra la inmunda riqueza malhabida
que ha terminado de amputarle el corazón
a los crueles egoístas y avaros
que promueven mercenarios
para regar por doquier el rumor
del fin de los tiempos,
y por eso mismo te necesitamos, Bolivia,
para encabezar esta rebelión
contra el hambre y la mentira
que ahora mismo nos acecha
en esta noche de llanto y tristeza.
::.

Idiomas

Yo hablo todos los idiomas
de la tierra y el agua,
lo aprendí dialogando
con las aves, el viento
y el sol de una tibia mañana.

He conversado con los árboles
de raíces y tiempo,
he visto las palpitaciones del cielo
y su lengua galáctica.

Alguna vez le pregunté a los corales
qué se siente ser arrecife, guarida
y lienzo submarino,
qué se siente palpar
el bamboleo del mar,
su descomunal fuerza.

He vagado por los desiertos
buscando la sabiduría del nopal
y la cactáceas,
la flor celeste del maguey
y su enervante saliva.

Subí volcanes para dialogar
con las nubes,
recorrí salares donde convergen
la tierra y el sueño.

Yo soy descendiente del maíz,
hijo de la luna,
caminante del cielo,
guardián de la palabra,
ese tesoro que guarda el secreto
de la belleza del mundo.

Hace mucho tiempo
que me refugio
en la tierra del sueño
para alejarme de los chacales
y sus ganas de morder,
esos vampiros chupasangre
que marchitan el alma
con su veneno.

Hace mucho tiempo
que dejé de lamentarme,
pues con polvo del camino
entre mis pies,
he aprendido
que para conectarse con el todo
hay que ofrendarle la vida
a la muerte,
que el amor lo puede todo
y si no, lo inventa,
que la única verdad posible
consiste siempre
en hablar
la lengua del corazón.
::.

Artesanar

La única medicina verdadera que yo conozco, es el arte. La música, la literatura o la gráfica, además del goce y la apertura sensorial que nos provocan a un nivel físico, sirven también como fuente de educación emocional. El significado profundo sobre la existencia humana yace en la cultura, en los mitos, y no hay cultura ni mito posible sin arte. La experiencia artística es una revelación, un caer en cuenta de la verdadera naturaleza del alma y el mundo. Por ello, la experiencia artística es sinónimo de espiritualidad, de divinidad, una conexión profunda con todos los seres y todas las cosas que conforman el basto universo de la imaginación humana. Arte es un estado alterado de conciencia que nos permite vernos y reconocernos a nosotros mismos, desnudos y sin máscaras, llenos de cicatrices y deformidades, y es ahí precisamente donde reside la belleza en su estado más puro, en los ojos que miran la transparencia de su propia alma, etérea, boreal. El arte permite reconfigurar el sentido del caos, hace que creszcan las flores donde sólo debería existir el hielo, arte es develar la belleza secreta del mundo, adentrarse en el misterio, volverse mago y demiurgo, transformando su entorno desde adentro. Arte es una forma de sentir, una actitud frente a la vida. Por eso el artista es capaz de crear realidades, galaxias, elementos, con sólo proponérselo. El arte es esa otra dimensión del alma donde se puede dialogar con los sueños, despojar de su mordaza al inconsciente, reconocernos en el animal que somos, con todas nuestras dolencias y anhelos, una bocanada de aire fresco en medio de la ciudad brumosa, un chapuzón de cenote en medio del calor, el sutil deleite de otra lengua, colores derramados en el vuelo de las aves, tu humedad y mi sed, la certeza de que todo cuanto existe puede ser nombrado en el idioma del corazón. Arte es el arte de la errata y es también perder el miedo, entregarse a lo desconocido y dejarse devorar por los lobos, aprender a quererlos. Arte es una pincelada sortilegio, el armónico vaivén de los árboles, habitar la piel del otro, tomar cerveza con fantasmas, bailar al filo del abismo, comulgar con los Dioses muertos llenos de rabia y compasión. Arte es ficción y poesía, es palabra viva, germinadora de caricias, arte es movimiento, un grito, una cuchillada, el fruto prohibido entre tus piernas, es la arena que viene y va del mar a ninguna parte, son los sueños rebeldes que siempre habrán de regresar al dulce hogar, arte es ser incapaz de distinguir la risa y la ruina, es bendecir y agradecer, repartir el amor como el polen, aprender a decir adiós, es también despertar y volver a morir. Arte es decir-hacer el supremo conjuro del arteficio, hacer madurar la alegría en todas sus formas, inventar la luz en la oscuridad primigenia, arte es el oficio de torcer el tiempo y hacer combustión, una rima sobre la otra, la perfecta sincronía del arroyo, la hierba y la montaña. Arte es ficción, el vicio último de los incurables soñadores.
::.

Poémame

Llúviame
poémame
cancióname
águame
viéntome
que yo quiero ser
tan solo resonancia
de la belleza
del mundo.

Pintúrame
partitúrame
sóleme
fuégome
guitárrame,
que yo quiero ser
uno solo con el todo
que se extiende
por el cielo.

Rójome
azúlome
corazóname
alcohólame
hójame,
que yo quiero
sentir todo aquello
que no ha sido dicho
todavía.

Palabrame
lisúrame
yacimiéntame
oscúrame
flórame,
que yo quiero
bajar al tuétano
del inframundo
y resucitar
en las estrellas.

Novélame
dramatúrgiame
téxtome
ójome
bócame,
que yo habré de dar
algunas pinceladas
para repartir
el pan y la alegría
sobre los cerros tristes.
::.

Poeviaje

Nunca sé
a dónde habrá de llevarme
un poema.

Quizá hacia un desierto
de puertas abiertas,
un callejón sin salida,
el sueño profundo
de un volcán dormido.

Nunca sé a dónde
habrá de llevarme
el ayuno de tu cuerpo
y mi disfraz de hiena
tan hambrienta.

Nada sabe
esta gente borracha
en las cantinas,
de melancolía
y sus horas inútiles.

Nada saben los sapos
sino andar entre quebrantos
por el mundo.

Esta noche parirán
las azucenas
en medio del estanque.

El amor duele,
como bien saben
los gatos en celo,
no menos que la soledad
y su blanca niebla.

La vida es momentánea
y así hay que bebérsela,
trago a trago,
golpe a golpe,
tiempo al tiempo.

Todos los locos
se reúnen a fumar
quimeras y hojarasca
en el cónclave
de los bohemios locos,
que van musitando versos
de labios repentinos
con sus lenguas mariposa,
presagio de la vida que será,
como los muertos sonrientes
que siempre fueron.

No sé a dónde
habrá de llevarme
el azul profundo
del mar a la deriva
y su eterno amanecer.

No sé a dónde
habrán de llevarme
tus labios sedientos
de aventura,
tan predispuestos
a los encantos de la noche.

Llúviame en tu memoria,
que yo te llevaré en la dulce nota
de mi viento reguilete.

Rápido avanza la carretera,
y nada sucede entre nosotros,
salvo quizá, el tiempo detenido
en el galooar de los coches.

Sólo conozco
la desolación del tigre
cuando acecha a su presa
en la pálida luminiscencia
de la luna.

Sólo conozco de besos y ortigas
en mi huerto de frutos secos,
la simetría del caos
y su rosa-taquicardia.
::.

La fiera

He dormido cien años
en la caricia
de una vidente ciega
y su colección de orcos,
el distópico perfume
de la autodestrucción.

Pero he despertado,
no temas.

He sido exorcizado,
gracias a la desmesura
del otoño febril
y las flores insensatas.

He caminado
en la cornisa del cielo
y la ciudad brumosa
donde habitan espantapájaros
de nombres dolientes.

Ha llegado el tiempo
de fallecer
en la intimidad del sueño.

Ahora he de profanarte,
recorrer sin censura
tu piel de santo sepulcro,
escalar tus impenetrables
murallas
hechas de espuma y arena.

Ahora he de mirarte
a través
de la víscera desnuda
y su tiempo corrosivo.

Bailan las aves
de colorido plumaje
aleteando el sueño,
bailan las horas
con disfraz y sombrero
en el carnaval
de los versos hirientes.

Nada es realidad,
salvo tus ojos.

Nada es cierto
en este amasijo de madera
que algunos llaman cuerpo.

La noche prevalece
en tus dedos cuando aúllan
una canción
de cuatro acordes
invocando el paraíso.

Tiéndete sobre el lecho,
abre las garras,
rasgúñame la espalda
como la fiera
que siempre fuiste,
desgráname para siempre
este ardor
de mazorca variopinta,
ahógame tan lejos
con tu licor de estrella.

Seremos tan solo
un recuerdo naranja
levitando
en el humo del copal.
::.

Vínculos

 

¿Qué nos vincula
con qué?

La vida y la ficción
(que son lo mismo)
me han enseñado
que lo más valioso
del mundo,
son las relaciones
que establecemos
con aquellos que amamos.

El amor es eso:
compartir con otros.

El vínculo es aquello
que nos une,
es una parte mía
y una parte tuya,
una parte en común,
lo que nos unifica
y nos hace querernos
unos con otros a pesar
de las muchas diferencias.

Eso es el vínculo,
aquello que no se rompe,
aunque pasen los días
y las horas y los años
y las lluvias y el caos
y los pleitos y la sal y la ruina,
la cruda realidad.

Los verdaderos lazos
no se rompen,
porque a final de cuentas
nuestros vínculos
son tan solo
un reflejo verdadero
de lo que somos.
::.

Eones

 

Tuve que viajar constelaciones
para saborear su pulpa prohibida.

Luego me di cuenta
de que nada permanece quieto.

Las constelaciones viajaron
a través de mí
para saciar su sed de porvenir.
::.

Muerte, nada sé de ti

Muerte,
dolorida certeza
que despuebla mis ojos.

Nada sé de ti,
sino ataúdes y ausencia,
la fría sombra
que hiela corazones
en la delirante
secrecía de la noche.

Muerte,
nada sé de ti,
salvo las aves negras
y su enlutado vuelo
de falsas promesas.

He oído los suspiros
de la sangre turbia
exhalar de tu boca,
un rechinido de dientes,
como la daga sedienta
cuando hiere al crepúsculo.

Muerte,
fuiste como aquel poema-cuchillo
que brotó de mí
con su avispero de palabras,
un silencio incesante
que no deja recordar
lo necesario que veces
resulta el olvido,
volverse polvo y nada más,
como las hojas sucias
teñidas de invierno
o el estertor de las flores
sobre la mesa.
::.

Belleza

Apenas y recuerdo
a que sabía la tristeza.

Hace mucho tiempo que la lluvia
dejó de gobernar mis pasos taciturnos
por este mundo caníbal.

Yo procuro la belleza en todas sus formas.

La miro aparecer por doquier,
en la calle mojada
o la soledad de un motel de paso,
la miro entre los escombros de un país
convaleciente
y en la curvatura imposible
de una mujer obscena.

Yo procuro la belleza
y por ello sonrío,
auqnue la alegría sea una cosa anticuada,
tan pasada de moda.

Miro el espejo
y el tiempo avanza
en reversa.

Solo quedan los ecos petrificados
de la mortal carnicería,
tan doloridamente innecesaria.

¿A dónde migraron tus sueños descalzos?

¿A dónde naufragaron tus ganas de morder,
el tracto dulce
de tus labios empolvados?

Eras una musaraña
y yo no me había dado cuenta:
diminuta y feroz,
tan irascible.

Por la luna desfilaron
los rojos hervores del desasosiego,
la sed del que ama,
las fiebres de quien se ha acostumbrado
a pernoctar dentro de otro cuerpo.

Y por ello sonrío,
pues he aprendido la dura lección
del que vuela:
nada es para siempre,
ni siquiera la muerte.

Fuimos un ardor en el aire,
efímeramente tan eterno,
un chasquido del fuego
retozando en la oscuridad.

Algún día mis hojas muertas
habrán de volver a soñar
en las intermitencias
de otra boca.
::.

La muerte es una sola

 

La muerte
es una sola
ausencia
gimiendo
en el balcón
de los sueños
forajidos.

La muerte
es una misma
herida
cosida a los ojos
umbría
errante
derramadora
de tristezas.
::.

Confesiones

Lo confesable
es apenas
la piel del alma.

Ahí dentro,
en las entrañas
de lo inconfesable,
yace la verdadera
condición humana.
::.

Adiooós

El tiempo se calienta.

Todo lo demás es etéreo…

Sólo nos quedan las palabras,
la horca, el rubor y el deseo,
un apretar de dientes,
la placentera muerte.

Y no quedó
más remedio que saborearme
todos los fuegos artificiales
estallando en mis adentros.
::

Efectos

 
El sonido del tigre
me inyecta
me desdobla
me rebasa…
 
El rugir de las olas
me infecta
me desgrana
me estremece…
 
El eco de tu voz
me viola
me vuela
me desmaya…
 
Todos los días
todas las noches
fueron suspiros
cabalgando en el viento.
::.

Seis poemas breves

 

I

Te miro ahora
bajo una luz diferente,
una luz
diamantina y violenta,
irremediablemente
temprana.

Una luz homicida
que deslumbra y aúlla
en la blanca piel
de la luna.
::.

 

II

Ya no me interrumpas
cuando digo ‘te quiero’.

Ojalá no te rompas
otra vez en mi sueño.
::.

 

III

Y mis ojos
tarantinos
se despueblan
en la sed
de tu cuerpo.

Y tus labios
repentinos
me desuellan
a la luz
de un recuerdo.
::.

 

IV

De mis versos
a tu ausencia:
sortilegio y taquicardia,
el aroma
dulce y siniestro
que lloraban
las flores.
::..

 

V

Era
la dulce nota
del viento,
la caricia
de tu pelo.

Era
la herida tenue
del tiempo
arando surcos
en mi cielo.
::.

 

VI

Iba
yo lamiendo
cada rastro
de tus muslos
imposibles.

Iba
yo inventando
cada tramo
de tus ojos
comestibles.
::.

De la voz roja

Soy el poeta de la voz roja,
pues mis versos beben sangre.

Triste es el tiempo enraizado
en tus labios.

Para mí, tú fuiste distopía,
futuro yermo.

Fuimos una breve quemadura
sin sustancia.

Ven, escúchame.

Vamos a morir juntos
en la hoguera de los abrazos.
::.