Archivo de la categoría: Poemas

El llamado

 

Escucho los tambores:
es el llamado al viaje
que retumba en mis oídos,
el llamado a la aventura
galopando desde adentro.
::.

Jornaleros

 

Rumiantes y cabizbajos
marcha la gente hacia el trabajo,
rutinario ritual del hastío
donde el sol no penetra
y el follaje es tan solo
un espejismo.

Rumiantes y cabizbajos
cual vacas rumbo al matadero,
llegan elegantes los jornaleros
a la fúnebre jornada
de prohibiciones
y suciedad en el alma.

Llevan la camisa rota,
las manos como terregales,
la mirada lejana hecha de vidrio,
ahí van los jornaleros
a empeñar la vida en la fábrica,
a rascar la piedra con los dientes.

Taciturnos y febriles
se arremangan los sueños
y se aguantan las horas
para salir huyendo en el tranvía,
aguardar la anhelada quincena
y arrancarse las ganas
de salir volando por la ventana.
::.

La memoria es una selva de tonos lila

 

 

Cuantas dimensiones
tiene el alma,
cuantos vocablos,
cuantas imágenes y aromas,
cuantos sonidos.

Será que imaginar
es otra forma de recordar,
otra forma de sentir
y hacer presente
esa elocuente punzada
que llevamos
tan dentro de nosotros.

Es el lenguaje del alma
que habla
desde un vívido sueño
de embriagantes flores
o coloridas visiones
brotando en la superficie
de la luna.

Los espíritus vagan
por el mundo,
ahí donde convergen
el cielo, la tierra y el mar,
como el día que
desnuda a la noche:
son ballenas flotando
en el aire,
racimos de ciervos
huyendo de la sequía,
selvas de mangos y fresas
repartiendo dulzura
para olvidar las penas.

Así se escribe
desde las lúgubres catacumbas
del corazón,
desde la cienagosa pulcritud
de recuerdos color sepia,
una película
que se repite una y otra vez
en el imaginario
de quien sueña despierto,
siempre atento al llamado
de la próxima aventura,
el próximo diluvio,
la próxima puesta de sol.

Es un amor a las brasas
alumbrando la penumbra,
las coordenadas secretas
de los anhelos prohibidos,
la furibunda obsesión
de un último beso.
::.

Dunas

 

Dicen que en el desierto
se nos mete la muerte
cuando extraviamos
nuestra sombra.

Es la tiranía del sol:
ardiente, cruel y sofocante.

Y es en ese infierno de arena
que a los hombres
les da por inventarse,
de la nada,
el paraíso.

Un poco de sed
para perder la cordura,
un poco de agua
para recobrar la esperanza.

Es la vida arenosa
de quien vive en el desierto
huyendo del calor:
empapado de sed
y de hastío,
aferrado a la frescura
de su propia sombra.
::.

Será la noche

 

¿Qué sería la noche
sin alcohol
sin canciones
ni poemas?

Tan sólo una broma,
un residuo mortecino
de otros tiempos.

¿Qué sería la noche
sin recuerdos
ni risas
o esa hemorragia sentimental?

Tan sólo un despojo,
una fosa lunar,
reminiscencias de otras vidas.

¿Qué será la noche sin ti?
Solo abandono,
triste fosforescencia,
sabor a decadencia.
::.

Cacería

Me afilo los colmillos
y me alisto a morder:
la cacería apenas comienza.

La presa intenta huir,
pero no podrá:
la sangre corre más rápido.
::.

Debí nacer

 

Yo debí nacer
entre luces de colores
y un amplificador
a todo volumen.

Seguro nací
entre alegres canciones
y la inevitable sonrisa
de quien fue parido por el amor.
::.

Moreliana

 

No sabía
que me sabía
tantas cosas de ti.

Lo supe de pronto,
al oír
una canción.

Fui yo
quien comenzó
el desmadre.

Y no supe
cómo detenerme
en medio de la noche.

Los gatos maullaban
sobre las bardas,
sedientos de amor.

Los árboles callaban
todas las palabras
que el viento nunca dijo.

El alma destendida
sobre las sábanas
ronroneaba por ti.

Y no supe
qué decir
ni qué hacer.

Fue tan solo un exabrupto,
un error entre tantos
que volví a recordar.

Y soñé
que te marchabas
otra vez.

Y que de pronto
amanecías
junto a mí.

Y no quise despertar,
apenas pude recordar
lo que era sonreír.

Era un hueco
en el aire,
un vacío tan elocuente.

Tu mirada impía
que llovió de golpe
en el corazón.

Una brisa leve
que ocultaba
todo rastro de ti.

Y yo me fui cayendo
en el solitario vicio
de querer.

Y yo me fui bailando
en el absurdo intento
de querer.
::.

Belleza

 

Abraza la belleza
como quien se aferra a la vida.

Descubre la belleza
que se esconde
en la crueldad del mundo.

Quizá para entonces,
puedas darte cuenta
que la felicidad
es disfrutar la belleza
de la miseria humana.
::.

Pasaba por ahí

 

Escribir
es dejar constancia
de que alguien
alguna vez
estuvo vivo.

Y hoy que estás
como ausente,
quizá te preguntes
a dónde se fue volando
el corazón por la ventana,
una mañana gris.

Vivir es escribir,
caminar y caminar
hacia ninguna parte,
y dejar constancia
de que alguien
alguna vez
pasó por aquí.
::.

Comerse el corazón a mordidas como si fuera una manzana

 

El sol es una lumbre
que muerde
pero no calienta.

Todavía
sigue haciendo frío
en los muchos
agujeros del alma.

¿En qué profunda fosa
dormirán la eternidad
los días azules?

No queda más
que cantar viejas canciones
para mitigar la sed.

No queda más
que reír y caminar
a oscuras
para tratar de ahuyentar
a los fantasmas.

No hay mejor forma
de perderlo todo,
que tenerlo todo.

Dicen que nada
es para siempre,
pero sucede que a veces
uno despierta
empapado de añoranza,
retrocediendo el tiempo
a hurtadillas,
tratando de esconderse
de su propio reflejo
frente al espejo,
tratando de convencer
al necio corazón
que no entiende
explicación alguna.

Las cumbres más altas
provienen de los
abismos más profundos,
pero en la tiranía
de la ligereza
no hay lugar para las
honduras sentimentales,
apenas un breve
paseo por la superficie,
un vago extravío de miradas
que no se cruzaron.

¿Cómo lidiar
con ese anhelo
de cercana lejanía?

¿Cómo vivir
con la distancia irremediable
que no se extingue
en la proximidad
de dos cuerpos solitarios?

No queda más
que sentarse a contemplar
la insoportable renuncia
desde lo alto de la colina,
esta fiebre de recuerdos
que me asalta soñoliento
como todas las mañanas.

Habrá que sentarse
a mirar la puesta del sol,
respirar la claridad,
darle vueltas
a las manecillas del reloj,
el tiempo de la molienda
en que nos vamos
devorando
poco a poco
el corazón.
::.

Alguna extraña razón

Mis ojos van detrás de ti
y por alguna extraña razón
no te sueltan.

Los latidos del corazón
van repitiéndose con tu nombre
adherido al sueño,
y por alguna extraña razón
me preguntan por ti.

Las flores sedientas
se fueron abriendo
al calor del verano
y por alguna extraña razón
me recuerdan tanto a ti.

No sé por qué será
que a todas horas
el mundo entero
habla de ti.

Sólo de ti.
::.

La luna llena es un navío

 

Van por ahí los solitarios,
caminando
en los linderos de la noche,
sofocando el aire
con recuerdos inflamables,
soledades que se postran
delante de uno,
como un dentellado fuego
cuando baila en el bosque.

Ladran todos los silencios,
ladran de costado y fuera de la piel,
son ladridos taladrando el corazón,
como luces de colores
agujereando la negrura de la noche.

Será la fatiga de permanecer
en el mismo lugar,
la tentación del vacío
o la levedad del sueño
respirando la madrugada,
con los ojos baldíos
como ausentes,
casi resecos de tanto mirar.

Nadie está a salvo de perderse
en un laberinto lleno de gente,
nadie está a salvo de dormitar
en otro sueño incandescente,
pero no por eso
dejaremos de intentar,
pero no por eso
dejaremos de escarbar un pozo
de agua fresca
para mitigar la sed.

Han pasado semanas
desde el último comienzo,
han pasado meses
desde la última remontada,
años enteros
desde el último viaje,
un largo tiempo
de sosiego inexplicable.

Era mi dulce reencuentro
con la sangre delirante
que escribe canciones
para alegrarse
y aprender a convivir
con los fantasmas.

La luna llena es un navío
que se alarga por el cielo,
es un espejo de obscena melancolía,
un sol diminuto
pariendo los latidos del alma
que se filtran por la tierra.

Eran tibios sonidos azules
retumbando desde adentro.
::.

Ahí, ahora

 

Estar,
solamente estar,
estar presente
en el ahora,
respirar, mirar, reír,
solamente vivir
sumergido en el instante.

Estar,
sin nada por hacer,
sólo estar ahí,
sin nada qué decir
más allá de disfrutar
un bello atardecer
sobre la mesa de un café.
::.

La otra nostalgia

 

 

Rafagueantes y solemnes
se fueron marchitando las palabras
en la pertinencia de mudarse a otro cuerpo
cuando la soledad aprieta
y no puede más.

Es la ingobernable apetencia
de quien le canta al amor
cuando las flores no germinan,
porque la vida también es querer
sin ser correspondido.

Son las palabras de quien freneció
rumiando sospechas,
ese sentimiento bucólico
de respirar la verde alegría de los campos.

Era como encontrar la verdad
bajo una piedra junto al mar,
lejos de todo rastro de bondad y de maldad,
solo personas procurando no ahogarse
en el lío de la vida,
como las flores que no son malas ni buenas
aunque estén llenas de veneno.

La fantasía es un azar de la memoria,
es una enredadera cobijando un árbol,
como la selva que se abre paso
entre el árido concreto,
trepando edificios.

Yo no hacía más que escribir
para seguir viviendo,
no hacía sino beberme
esa nostalgia tan mía y tan tuya
en las cantinas
para curtirme el alma a chingadazos.

¿De dónde nacerá ese extraño placer
de morirse recordando lo que nunca ocurrió,
de morirse olvidando lo que nos marcó de por vida?

Ahí van dos corazones despoblados
como tulipanes amarillos
brotando entre la nieve
y la humareda rosa del volcán
imaginando ser una nube.

Es la secreta melancolía
que nos hace palidecer frente al espejo
llegada la hora.

Y así se me fueron las ganas de ver el mar
escurrirse a pinceladas,
así se fueron silbando las luciérnagas,
así se fue royendo el corazón
como la temblorosa flama de una vela
que ilumina pero no calienta.

Somos un huerto de ataúdes y tumbas,
por eso preferimos un jardinero
antes que un sepulturero,
porque la tierra más fértil para hacer el amor
es donde se ha labrado la alegría
bajo el monzón del verano,
los gusanos, el estiércol,
y la luna llena derramada en tus ojos felinos.

La oscuridad que nos habita
es fresca y dentellada,
es la misma calma fría y silenciosa
que yace en el fondo de una cueva,
como estalactitas que gotean
en el tiempo subterráneo.

Yo no enfermé de tanto dormir,
a mi la enfermedad me vino de lejos,
en la humedad de una canción
y las cuerdas de la guitarra
que apretaban y dejaban marcas
de asfixia en la insensatez de una caricia,
un corazón caliente
que no sabe sino remar a contracorriente
y decir groserías porque sí.

No soy sino una hemorragia ambulante
vagando de cama en cama,
una mancha de sangre fermentada
volando a cielo abierto,
un aullido que se evapora
entre las piernas de una mujer,
un cúmulo de estrellas haciendo explosión
hace apenas un segundo,
o quizá un millón de años luz.

Yo me sentaba a disfrutar
de la tarde boscosa y lacustre
junto a ti,
una tarde sofocada por un ligero ventarrón
que mecía los recuerdos y el aire imperturbable.

Dirán que yo no sé de lo que hablo
y puede que tengan razón,
pero yo no sé sino cantar
lo que me va dictando la vida al oído.

Las etiquetas siempre salen sobrando
cuando uno sabe quién es.

Esta no es una nostalgia como las otras,
es una nostalgia alegre y necesaria,
como la anhelada soledad
de encontrarse consigo mismo.

Por eso hoy te pido:
cuéntame un verso que todavía no conozco,
dime si me equivoco cuando digo
que para mirarse hacia adentro
no se necesita abrir los ojos,
tan sólo es preciso
dejarse envolver en el misterio
y disfrutar la función.

Así se escriben los grandes dramas,
las grandes comedias,
las grandes pasiones
de la vida breve que se va
entre sueños y ficciones,
ladridos del alma que nunca podrán
domesticarse.
::.

Así te conocí

 

La vida se abre
y es como una herida
que va perfumando las horas
de días y flores,
así te conocí,
bella y rebelde,
con tu pelo de hojarasca
donde se perdieron las miradas
que nunca volvieron,
y mi corazón era una pequeña flama
que apenas alumbra
como si fuera una vela,
¿acaso dormirán mis labios
en la superficie de tu sueño?
eran las hojas de un árbol
cayendo a la deriva
sobre tu pecho,
y la mañana fría
era un sorbo de agua fresca,
una fotografía amarilla,
y el cuchillo con el pan sobre la mesa,
el vino tan dispuesto
a dejarnos morir de amor
una tarde soleada
de tranvías y deseo,
como un rayo de luna, palabras azules,
la tibia angustia de un abrazo
tan breve y distante,
como las horas que se fueron pasajeras
en las cosas de siempre,
pensando en ti,
¿a dónde fueron a parar todas las risas?
¿a dónde se fueron a llorar tus lindos ojos negros?
¿a dónde se fueron aquellas caricias sucias?
yo me quedé tan descansado de quererte
como un recuerdo lejano
que se iba disolviendo en el aire pastel,
un cielo pintado de acuarela,
una fría despedida
en la que nadie dijo adiós,
como la sangre del verano
que no deja de llover
sobre mis ganas de escribirte canciones
por la pura costumbre de extrañarte,
un par de canciones bandoleras
que van y vienen de la eternidad
a ninguna parte,
como el sofocante encierro de las palabras
que nunca dije,
una habitación sin ventanas,
la muerte tan sedienta
y los peces flotando en el aire,
respirando los versos que no se quedaron
a vernos llorar,
versos libres y llenos de nostalgia
como quien se ha roto por dentro,
versos que se van acumulando
en el costado,
versos tristes
que se van sin despedirse…
y me recuerdan tanto a ti.
::.

La vida zombi

 

Mi próximo proyecto de vida
será tratar de convertirme
en zombi,
y andar por la vida como ausente,
asintiendo con la cabeza en silencio,
repitiendo frases desgastadas
y pensando las mismas ideas desechables que los demás,
por eso ahora que comience
mi nueva vida zombi
iré a una oficina de gobierno
a recoger mi número de serie
para ya no tener que llevarle la contra a nadie
y abandonar esa grosera costumbre
de tener una opinión propia,
y vestiré a la moda con el mismo peinado,
los mismos bigotes,
la misma oquedad de los demás,
y soñaré los mismos sueños comerciales
que anuncian en la tele
y me drogaré con azúcar,
cafeína, ropa nueva
y chismes de la farándula,
y no me bajaré nunca
del adorado tren del mame
sin importarme un pito
a dónde vaya, a dónde me lleve,
y dejaré que los demás decidan por mí
para evitarme la molesta costumbre
de equivocarse
y opinaré de manera instantánea
sobre el último suceso noticioso
mucho antes de siquiera
tratar de entender
qué carajos pasa
y le iré agarrando gustito
a comer mierda todos los días,
a la rutinaria maquila,
al hastío de levantarse siempre cansado
y me moveré por la pura inercia
rumbo a una fosa
sin siquiera darme cuenta,
y me encerraré en la prisión de mi propio cuerpo
para impedir que el alma inquieta
siga dándose sus rondines por la eternidad
y dejaré también de sentir
la maravillosa y terrible
amplitud del mundo
en todas sus formas,
así será la vida zombi
de ahora en adelante,
monótona y gris,
tan confortable,
así se irán las horas
masticando carroña
con el hambre siempre insatisfecha,
así será la vida zombi
transcurriendo entre mordidas,
tan ajena al dolor y la risa
de saberse vivo,
como los muertos
cuando caminan dormidos.
::.

Estallido

 

Un estallido
es como un grito
de muchos rostros:
de rabia y de placer,
de ira y revuelta,
de calles, morteros
y una lluvia de piedras.

Un estallido
es una estampida
de sueños galopando
entre tambores
y besos prohibidos
emergiendo de la noche,
como un disturbio
de sangre y de flores.

Un estallido
es una ventolera
de fiebre y cerveza,
una ráfaga temblorosa,
un escalofrío en el alma
y algunos versos encendidos,
aleteando en el fiero día
que camina dormido.

Un estallido
es un rugido de balas
y ojos como vidrios,
es un pedazo de papel
remojado en tinta negra,
es la erosión de dos manos
llenas de esperanza
que siguen aplaudiendo
incandescentes,
para que vuelva a salir el sol.
::.

Todas las cosas están vivas porque se mueven

 

El viento se mueve
cuando vaga entre los árboles
¿pero no está vivo?

El agua se mueve
y se hace río y se hace nube
¿pero no está viva?

El fuego se mueve y se agita
cuando baila en la fogata
¿pero no está vivo?

La tierra se mueve y gira
como trompo alrededor del sol
¿pero no está viva?

¿Qué está vivo entonces?
¿Qué es la vida sino movimiento?
¿Y qué es entonces el movimiento?

Es la manifestación de la energía
que recorre todas las cosas,
el aliento vital que lo impregna todo,
la manera en que se relacionan
todas las cosas entre sí,
la interacción de la materia
que es también energía,
como bien comprendió Einstein.

Nada permanece
salvo lo que nunca permanece,
porque todo cuanto existe
se mueve
y sólo aquello que se mueve
realmente puede llegar a ser,
como el alma que se muere
cuando deja de moverse.

Pero ni siquiera la muerte
puede detener el movimiento,
pues aún cuando nos hayamos ido
seguiremos cambiando de piel
hasta hacernos polvo y alimento
para que otros coman,
y seguirá fluyendo el infatigable
río de la vida,
cuando las palabras mueran
y los bichos mueran
y los cerros mueran
y los planetas mueran
y el sol se apague
y las galaxias suspiren por última vez,
pues el movimiento
es incesante
y la vida es moverse,
como bien sabemos nosotros
que nacimos de la materia inerte
que un día comenzó a replicarse,
inquieta, sólo porque sí,
por el puro gusto de bailar
a otro ritmo.

Todo lo que existe cambia.
Todo lo que cambia existe.

Todo se mueve, todo está vivo.

Todo es movimiento.
::.

Yo seguiré cantando

 

Que nadie se atreva
a ensuciarme el corazón.

Que nadie se atreva
a quitarme esta canción.

Que yo seguiré cantando
aunque no quede nadie a quien cantar,
que yo seguiré queriendo
aunque no quede nadie a quien querer.

Que nadie se vaya
sin saber lo que era amar.

Que nadie se muera
sin haber olido el mar.

Que yo seguiré cantando
aunque no quede nadie a quien querer,
que yo seguiré queriendo
aunque no quede nadie a quien cantar.
::.

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