Archivo de la categoría: Poemas

Eres lo que sueñas

No tengas miedo de ser quien eres,
que el mundo se entrega como un regalo
a los valientes,
aquellos guerreros que han forjado su voluntad
en el fuego de la carne,
esos héroes que han logrado derrotarse a sí mismos
en la eterna lucha contra las más viles pasiones humanas.

No temas al caos, suelta los amarres,
lánzate a lo desconocido,
deja que el misterio y el azar
respiren a través de ti.

Déjate caer. Sólo aquellas aves
que no temen arrojarse al vacío
son capaces de aprender a volar.

Libérate, crece, ama sin condiciones,
baila a ras de luna,
que la vida es momentánea
y se va en un suspiro.

Eres lo que sueñas.
Eres lo que sueñas.
Eres lo que sueñas.
::.

Mismalencia

La gente transcurre
tan igual,
todos caminan por la calle
con la misma máscara,
las mismas dolencias,
ausencia tras ausencia,
todos transitan por la vida
con la misma fatiga,
la misma intrascendencia,
cargando sobre sus espaldas
los mismos ataúdes,
las mismas heridas.

Y yo sigo ahí,
fuera del mundo,
inventando canciones,
remando en la órbita
de un sueño tan azul.

Somos un río de
tibias semejanzas,
rumor de agua,
somos la erosión
de los pies descalzos,
corazón sin astillas,
una fragata,
somos travesía,
una encrucijada,
una triste carcajada
aleteando en el viento.
::.

Fuimos

Fuimos sombras movedizas
perfumando el crepúsculo.

Fuimos la erosión de dos cuerpos lejanos
y la noche a la deriva.

Los dedos dolientes que apenas rozan
el invisible transcurrir de la carne.

Fuimos un beso desnudo
acampando a la intemperie.

Fuimos aves a ras de suelo
construyendo el mañana.
::.

Tú conoces

Tú conoces

Tú conoces mis instintos.

La osadía de ser tan solo un recuerdo.

Tú conoces la oscuridad que llevo tatuada en mi pecho.

Los demonios cuando reptan del inframundo a mi sueño.

Tú conoces las inconfesables pasiones secretas
que gobiernan la vida de los hombres.

Conoces lo que hay más allá
de simples palabras.

Has visto a las orugas retorcerse
en las brasas de la tierra incandescente.

Has visto a las luciérnagas fosforecer de amor
en medio del bosque y la lluvia.

Has visto el tapiz que decora las paredes
de palacios y habitaciones jadeantes.

Tú conoces a qué sabe la soledad.

Sólo tú conoces lo que hierve en la entraña.

Y sabiendo todo eso,
nomás te da por fingir demencia
para que nadie descubra tu verdadero rostro
que se esconde
bajo el antifaz de la inocencia.

Y los gatos se muerden
gimiendo el amor entre los surcos
de la noche desgarrada,
se muerden y se hieren
como hiere la espera entre los cardonales,
y se lamen y se entierran
y rasguñan y se gozan
mientras sueñan con lanzar
una plegaria al cielo.
::.

Preludio y travesía

Hacía mucho tiempo
que no sentía aquella ligereza
del corazón derramado en el viento.

Acaso fue
el alquitrán que se acumula en los sueños,
cuando todo se estanca en el comfort
de una muerte lenta.

Ya extrañaba yo
adentrarme en el misterio,
extraviarme en la soledad del camino
y el tiempo-carretera
donde uno termina siempre
por encontrarse a sí mismo.

Cada vez que me voy
regreso a mi centro,
al punto de partida donde germinaron
todas las flores.

Toma la mochila, empaca apenas lo necesario,
la sed de vivir,
que la vida es apenas un suspiro
palpitando en el frío de la montaña,
un remolino de querencias cabalgando el aire,
la hoguera donde van a morir las azucenas.

Mi lengua de labios morados respira
en el pastizal de los sueños forajidos.

Mis pies sedientos buscan emular la eternidad
en un inmenso laberinto de tierra.

La luna me miró a los ojos
y en su blanca tez de arena
yo vi todos los colores del amanecer.
::.

Deja que suceda

Hay que dejar que el azar suceda
para saltar de una dimensión a otra.

Es el carácter aleatorio de la vida
lo que a veces ayuda a construir sentido.

Hay que aprender a perder el control
de vez en cuando,
para darnos cuenta que nada está bajo control.

Sentirse bien es un hábito,
la deliciosa costumbre de que todo valga madre.

Hay que dejarse seducir por el instante,
ese cúmulo de percusiones en el alma.

Deja que el tiempo escurra
en las comisuras de tu boca.

Procura vivir el momento para no tener
que pagar durante años
esa deuda idiota de la inútil mesura.

Deja que el sonido del mar te bese los pies,
deja que la noche gobierne tu instinto felino.

El secreto de la alegría yace en la claridad del aura,
vivir sin culpas y a la deriva sobre un bote sin remos,
siempre inmerso en el caudaloso río
donde habita lo inesperado.

Somos un atisbo de lumbre
propagando luz en la devoradora tiniebla.

Somos una madeja de nostalgias sin freno,
un acorde gravitando en el turbio aire
de la noche.

Deja que suceda el vino, la sangre y la poesía.

Deja que suceda la fatiga, el ansia, el amor a deshoras.
::.

Venimos del cielo

Somos descendientes del cielo,
pues allá,
mucho más allá de la estratosfera,
se encuentra
nuestro origen cósmico.

Venimos de lejos,
de la otra orilla del sol
para poblar este rincón
de tierra y agua,
esta piedra flotante
donde transcurren
nuestras alegrías y tristezas,
ahí donde se escriben
los días de gloria y de ruina,
la carne y el anhelo,
la historia del hombre.

Descendemos del cielo
y en la tierra encarnamos
un sueño que habla
de los confines del tiempo
que duerme y despierta
en nuestro interior.

Una explosión de blancos avatares
merodeando el universo.
::.

Satelital

Yo sólo fui
un breve sorbo
de besos hirientes
girando
en tu órbita
de estrella lejana.

Yo sólo fui
un vaso roto
navegando
en las aguas
del ensueño,
movedizas,
un témpano
espolvoreado
de lunas
tan frías.

Yo sólo fui satelital,
un mago-juglar
sediento
de camino virgen,
el vago alegre
que de tantos amores
la boca tatuada lleva.

Yo sólo fui
el preludio de un beso
en la imaginación
del poeta,
temperamental
y clarividente,
un negro escarabajo
que se acuesta
cada noche
a mirar el cielo.
::.

Pobrecilla

 

Lo suyo
fue
venganza
encubierta
en el difraz
de la inocencia.

Un velo de novia,
arácnidamente
mortecina,
ejerciendo
su tiránico papel
de victimaria
víctima.

Pobrecilla.

Victimaria víctima
de sí misma.
::.

Salvedades

 

Nos despedimos con un beso
en uno de los tantos malecones
que el sol de la roja tarde no parió.

Mi vida entre los pájaros
fue un vuelo sobre otro,
la osadía de saberme aire
y dormir en la espumosa cabellera
del mar infatigable.

Mis ojos se llenaron
de resonancias,
la noche palpitaba
debajo de tu piel
hecha de arena
y otros tantos versos
inagotables.

Todos los navíos murieron
de sed y de hastío
luego de cruzar
el horizonte.

Yo solo encuentro
en tu rostro extraviado
de mujer soñolienta
el fiel reflejo
de mi propia nostalgia,
como aquella sucia
y parda fotografía
donde fueron a morir
todas mis certezas.

Yo solo encuentro
en las palabras
la nube rota que llovió
sobre un desierto
de flores amarillas,
la historia que se repite
como presagio de otras vidas,
como el dulce fruto
que alguna vez hurté
del jardín de las caricias.

El cielo suspira en mis adentros
cada vez que me desprendo
del amargo yugo de tu cuerpo,
la avería de mi amor que galopa
en laberintos de anónimas huellas,
esa eterna lucha,
doloridamente innecesaria,
donde ahora reposan mis restos
recubiertos de sombra y anestesia.

La noche triste se dibuja
en tu sonrisa de hembra lejana,
en la creciente del río incesante
que inunda mi casa
y lo pudre todo,
las hojas de aquel libro
que te evoca, te recorre
y te penetra
cada vez que duermes
solitaria en tu cama
de ninfa desnuda.

Fueron las aguas negras del olvido,
el tiempo royendo el subsuelo
y la magra memoria.

Fueron las horas pasajeras
donde alguna vez
derramé mi vida,
esa herida tan mía
que viaja
entre mi saliva y tus piernas,
la sinuosa carretera que se alarga
del crepúsculo a la aurora.

Y no quedó más remedio
que arrojarme
al fondo submarino
sin ponerme la escafandra
y explorar los muchos peligros
del abismo de tu alma,
y no se me ocurrió otra cosa
que llevarte flores
por si alguna vez despiertas
de tu lánguido sueño
y te atreves
a mirarme
sin el miedo
que llevas
cosido
en la boca.
::.

Quizá tú nunca fuiste

Que el corazón decida
su forma de dolerse.

Yo habito ahora
entre la soledad y la noche.

Como un sepulcro
de sangre entreabierta.

Yo me refugio ahora
entre tus piernas soñolientas.

Como una triste despedida,
amarga sinfonía.

Y que suene el mariachi
en aquellas lánguidas horas
donde nunca fuiste.

En la efervescencia
de tu sonrisa triste.

Nada queda, sino la ausencia
de los siglos en la molienda.

Nada queda, sino las tardes
cargadas de melancolía.

Y los pájaros sobrevolando el olvido
y las piedras rodando por el desfiladero.

Estoy estacionado en el exceso
de tu boca adherida a mi boca de naufragio.

Siento mis raíces
anidando en mi garganta.

Como una estampa
de bandoleras necedades.

Que la cuerda vibre
en la zotehuela del alma.

Echádle más alcohol
a la herida.

Que yo seguiré viviendo
aunque sea tan solo por pura inercia.

Que yo seguiré latiendo
aunque me sepas a lumbre del aire.

Yo soy la brasa última que respira
en tu pelo.

Yo soy el verbo en carneviva
que clama por ti en sus adentros.
::.

Las tres heridas

 

Para Miguel Hernández.

En su casa tenía
un huerto con plantas.

Se levantaba temprano
a pastorear las cabras.

De poesía se ahogaba
mientras de amor se moría.

Cantaba a las flores
entre el pan y la harina.

Su alma ligera resentía
las fiebres de la juventud.

Dormitaba entre calles doloridas
de anónima pobreza.

Herido y devastado, regresó al sur
y las palabras parieron estrellas.

El amor lo alcanzó
en los labios de una costurera.

Quién ha visto en sus ojos
la sombra de lo que siempre fuiste.

De arte aromó su sueño
como quien despierta a la vida.

Habría de ejercer la insana locura
en la urgencia del amor.

Fueron los rayos de la tempestad
que nunca cesaron.

La sangre bandolera se enterró
en la soledad de su carne.

Temprano lloraban las lluvias
y desalentadas primaveras.

Después de tantos avatares
la dura militancia, una bofetada.

Regresaría a palpar el amor
bajo la caricia de las acacias.

Pero la tierra tiembla
y no da tregua.

Se alistó para cantar al frente,
en el campo de batalla.

Vocero de la sangre humana
dijo los versos combatientes.

Las palabras calientes dejaron
corazón derramado sobre su pueblo.

Los días felices transcurrieron
como el toro poco antes de la muerte.

El viento recogió su aliento
de resignada tristeza.

Sonrieron todas las sonoridades
de la luminosa mañana.

Nacieron las aguas salobres
y marchitas sobre su cama.

El último trance, la herida primera,
preso de su propia sombra.

Se extinguieron, en el alba,
las consteladas horas de su ausencia.

Roídos los cañones, callaron los grillos
de tanta soberana mierda.

¿Qué hubiera sido si los fusiles
no hubieran enlutado su vida?

La angustia carcelaria le supo
a cebolla amarga y desnuda.

La sangre brotaba de sus ojos
al amarillento papel.

Una breve huida,
el fresco tufo de la libertad.

La traición escribió con saña
su fúnebre destino.

Dejarlo morir fue su condena,
escarbando pulmones en el aire siniestro.

Murió con los ojos bien abiertos
mirando el mañana.

Murió con los ojos bien abiertos
saboreando la vida.
::.

 

El tiempo explosión

Al tiempo combustible
le siguió el tiempo explosión.

La profecía se cumplió.

Los cuerpos arden
en las llamas del odio, la ira.

El mundo se desgarra
en una guerra imbécil
de todos contra todos,
la sangre sobre la sangre
no cesa tratando de tapar
los agujeros y el dolor.

Será por eso que ahora
me ha dado por hacer combustión
entre cadáveres
que repiten al unísono
la palabra violencia
violencia, violencia
violación, violencia,
VIOLENCIA, VIOLENCIA
la sangre se derrama
y no escampa
no espera.

Con el dedo ominoso
señala la jauría
y enseña los dientes.

El alma cercenada
no deja de lamerse las heridas,
ahora que fueron mutilados
todos los sueños
como las horas negras
que se atrincheran
en el desgarbado corazón,
y no hay tregua,
solo gritos de rabia y ardor,
solo una herida sobre la otra.

Los cuchillos hambrientos
van desfilando en la pasarela
de la vanidad,
como un hilito de sangre
escurriendo del techo,
un socavón en el alma pendenciera
anhelando ser humo,
con la esperanza intacta
de hallar en la densa tiniebla
un poco de olvido
y quizá redención.
::.

La música por dentro

 

Si el mundo debe arder
que arda.

Si las antiguas efigies
deben caer
que caigan.

La historia se escribe
con las pulsiones del corazón,
un millón de heridas gritando
de placer y dolor,
las manos rojas de tanto moler
el tomate, el ajo y la cebolla.

Yo prefiero refugiarme
en las hojas de un libro
o los colores encendidos
del atardecer.

Sólo aquellos que llevan
la música por dentro
pueden bailar
entre las ruinas,
parir la belleza
como quien mira un destello
brotar de su interior.
::.

¡Levántate y pelea, Bolivia!

 

A los que luchan contra el exterminio.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Veo a tu pueblo
luchar contra la escoria
de tiranos llenos de odio
y se me llenan los ojos
de lágrimas.

Bolivia, me dueles,
no sabes cuánto.

Me duele aquel hombre
al que le reventaron la cara
con balas,
la mujer que lloró desconsolada
la muerte de su compañero del alma,
la gente cargando féretros
tras la masacre de Cochabamba.

Pero lo que más me duele
de ti, Bolivia,
es ver a mis familiares y amigos
tan llenos de odio,
tan envenenados de mentiras
que difunden en los medios,
son capaces de celebrar el golpe,
pero incapaces de dolerse por la sangre
de la gente pobre,
y ahora Bolivia,
mis amigos y mi familia
vitorean a los fachos
que con su infame Biblia y su Cristo tirano
(tan distinto de aquel carpintero judío
condenado a la cruz por el delito de amar)
ahora pretenden expulsar a Pachamama
del Palacio,
pretenden masacrar a tu valeroso pueblo aymara
y destruir su whipala,
como han intentado otras veces
desde antes de los tiempos de Tupac Katari.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Ármate con palas, picos, piedras, palos,
ármate con gritos, puños, fuego, dientes,
es hora de mostrar tu fuerza de gigante,
pues a lo lejos suenan ya los tambores
que anuncian la guerra,
ha llegado la hora de volver a tomar las calles
para expulsar a aquellos seres ruines
que firman decretos inmundos para legalizar
el exterminio,
mientras los lameculos del imperio
fingen demencia
y reproducen mentiras
con su infame boca
tan llena de cucarachas.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que tu pueblo porta hoy y con orgullo
la bandera de la dignidad latinoamericana,
mi dolorida patria de lamento andino,
has de levantar el puño y fijar la vista
en el horizonte,
has de levantarte de entre los cadáveres
para derrocar la maldad que se ha enquistado
en el corazón podrido de los voceros
de la infamia,
próceres del conservadurismo rapaz,
rehenes de su propio infierno,
gente diminuta y miserable, hipócrita,
invadida del inconfesable
terror de perderlo todo,
incluido su enfermizo trauma
de tratar a otros como servidumbre.

Me dueles, Bolivia,
me dueles en el alma,
al igual que me duele Ecuador
y me duele Chile,
tierra de poetas,
donde los carabineros pinochetistas
pretenden dejar ciego a su propio pueblo
sacándole los ojos,
mientras las marionetas del imperio
tratan de cubrirlo todo
con su burda farsa,
alimentada con el ruido idiota del televisor,
esa sustancia pegajosa y corrosiva
que viraliza la diarrea verbal
de autómatas programados para sentir miedo,
mucho miedo,
frente a la esperanza del pueblo que se levanta
contra el odio, para expulsar a la tiniebla.

Bolivia, me dueles,
como una herida que canta
la aflicción de mi alma latinoamericana.

Boliviano, tú que desciendes del cóndor
y llevas en las venas
la sangre volcánica del dios Tunupa,
encomiéndate a la pulsión de la tierra
y la tutela de Achachila
para que guíe tu camino a la victoria,
y acuérdate también
de aquel barbado y entrañable guerrero poeta
de boina y cigarro cubano,
que murió en una higuera
en lo profundo de tu selva
para liberar al hombre y la mujer
de la sumisión carnicera.

Ya llegará la hora, amada Bolivia,
de condenar a los tiranos a la horca.

Ya llegará tu hora
de saldar cuentas con la historia.

Boliviano de Los Altos y Cochabamba,
a ti hermano minero del Potosí,
a la gente de Sucre y el Titicaca,
a los rostros cenizos
que pueblan Oruro y Tajira,
a los que duermen soñando las estrellas
en el inmenso salar de Uyuni,
a ti te hablo hermano boliviano,
con la esperanza de que mi dolorido canto
llegue a tus oídos y te abrace
y te inyecte la fuerza que ahora necesitas
para seguir esquivando las balas
en pie de lucha
contra el odio asesino
que se ha instalado en tu patria
de quebrantos, esperanza y futuro.

¡Levántate y pelea, Bolivia!
Que te necesitamos fuerte
para que entre todos organicemos
una rebelión planetaria
contra la inmunda riqueza malhabida
que ha terminado de amputarle el corazón
a los crueles egoístas y avaros
que promueven mercenarios
para regar por doquier el rumor
del fin de los tiempos,
y por eso mismo te necesitamos, Bolivia,
para encabezar esta rebelión
contra el hambre y la mentira
que ahora mismo nos acecha
en esta noche de llanto y tristeza.
::.

Idiomas

Yo hablo todos los idiomas
de la tierra y el agua,
lo aprendí dialogando
con las aves, el viento
y el sol de una tibia mañana.

He conversado con los árboles
de raíces y tiempo,
he visto las palpitaciones del cielo
y su lengua galáctica.

Alguna vez le pregunté a los corales
qué se siente ser arrecife, guarida
y lienzo submarino,
qué se siente palpar
el bamboleo del mar,
su descomunal fuerza.

He vagado por los desiertos
buscando la sabiduría del nopal
y la cactáceas,
la flor celeste del maguey
y su enervante saliva.

Subí volcanes para dialogar
con las nubes,
recorrí salares donde convergen
la tierra y el sueño.

Yo soy descendiente del maíz,
hijo de la luna,
caminante del cielo,
guardián de la palabra,
ese tesoro que guarda el secreto
de la belleza del mundo.

Hace mucho tiempo
que me refugio
en la tierra del sueño
para alejarme de los chacales
y sus ganas de morder,
esos vampiros chupasangre
que marchitan el alma
con su veneno.

Hace mucho tiempo
que dejé de lamentarme,
pues con polvo del camino
entre mis pies,
he aprendido
que para conectarse con el todo
hay que ofrendarle la vida
a la muerte,
que el amor lo puede todo
y si no, lo inventa,
que la única verdad posible
consiste siempre
en hablar
la lengua del corazón.
::.

Artesanar

La única medicina verdadera que yo conozco, es el arte. La música, la literatura o la gráfica, además del goce y la apertura sensorial que nos provocan a un nivel físico, sirven también como fuente de educación emocional. El significado profundo sobre la existencia humana yace en la cultura, en los mitos, y no hay cultura ni mito posible sin arte. La experiencia artística es una revelación, un caer en cuenta de la verdadera naturaleza del alma y el mundo. Por ello, la experiencia artística es sinónimo de espiritualidad, de divinidad, una conexión profunda con todos los seres y todas las cosas que conforman el basto universo de la imaginación humana. Arte es un estado alterado de conciencia que nos permite vernos y reconocernos a nosotros mismos, desnudos y sin máscaras, llenos de cicatrices y deformidades, y es ahí precisamente donde reside la belleza en su estado más puro, en los ojos que miran la transparencia de su propia alma, etérea, boreal. El arte permite reconfigurar el sentido del caos, hace que creszcan las flores donde sólo debería existir el hielo, arte es develar la belleza secreta del mundo, adentrarse en el misterio, volverse mago y demiurgo, transformando su entorno desde adentro. Arte es una forma de sentir, una actitud frente a la vida. Por eso el artista es capaz de crear realidades, galaxias, elementos, con sólo proponérselo. El arte es esa otra dimensión del alma donde se puede dialogar con los sueños, despojar de su mordaza al inconsciente, reconocernos en el animal que somos, con todas nuestras dolencias y anhelos, una bocanada de aire fresco en medio de la ciudad brumosa, un chapuzón de cenote en medio del calor, el sutil deleite de otra lengua, colores derramados en el vuelo de las aves, tu humedad y mi sed, la certeza de que todo cuanto existe puede ser nombrado en el idioma del corazón. Arte es el arte de la errata y es también perder el miedo, entregarse a lo desconocido y dejarse devorar por los lobos, aprender a quererlos. Arte es una pincelada sortilegio, el armónico vaivén de los árboles, habitar la piel del otro, tomar cerveza con fantasmas, bailar al filo del abismo, comulgar con los Dioses muertos llenos de rabia y compasión. Arte es ficción y poesía, es palabra viva, germinadora de caricias, arte es movimiento, un grito, una cuchillada, el fruto prohibido entre tus piernas, es la arena que viene y va del mar a ninguna parte, son los sueños rebeldes que siempre habrán de regresar al dulce hogar, arte es ser incapaz de distinguir la risa y la ruina, es bendecir y agradecer, repartir el amor como el polen, aprender a decir adiós, es también despertar y volver a morir. Arte es decir-hacer el supremo conjuro del arteficio, hacer madurar la alegría en todas sus formas, inventar la luz en la oscuridad primigenia, arte es el oficio de torcer el tiempo y hacer combustión, una rima sobre la otra, la perfecta sincronía del arroyo, la hierba y la montaña. Arte es ficción, el vicio último de los incurables soñadores.
::.

Poémame

Llúviame
poémame
cancióname
águame
viéntome
que yo quiero ser
tan solo resonancia
de la belleza
del mundo.

Pintúrame
partitúrame
sóleme
fuégome
guitárrame,
que yo quiero ser
uno solo con el todo
que se extiende
por el cielo.

Rójome
azúlome
corazóname
alcohólame
hójame,
que yo quiero
sentir todo aquello
que no ha sido dicho
todavía.

Palabrame
lisúrame
yacimiéntame
oscúrame
flórame,
que yo quiero
bajar al tuétano
del inframundo
y resucitar
en las estrellas.

Novélame
dramatúrgiame
téxtome
ójome
bócame,
que yo habré de dar
algunas pinceladas
para repartir
el pan y la alegría
sobre los cerros tristes.
::.

Poeviaje

Nunca sé
a dónde habrá de llevarme
un poema.

Quizá hacia un desierto
de puertas abiertas,
un callejón sin salida,
el sueño profundo
de un volcán dormido.

Nunca sé a dónde
habrá de llevarme
el ayuno de tu cuerpo
y mi disfraz de hiena
tan hambrienta.

Nada sabe
esta gente borracha
en las cantinas,
de melancolía
y sus horas inútiles.

Nada saben los sapos
sino andar entre quebrantos
por el mundo.

Esta noche parirán
las azucenas
en medio del estanque.

El amor duele,
como bien saben
los gatos en celo,
no menos que la soledad
y su blanca niebla.

La vida es momentánea
y así hay que bebérsela,
trago a trago,
golpe a golpe,
tiempo al tiempo.

Todos los locos
se reúnen a fumar
quimeras y hojarasca
en el cónclave
de los bohemios locos,
que van musitando versos
de labios repentinos
con sus lenguas mariposa,
presagio de la vida que será,
como los muertos sonrientes
que siempre fueron.

No sé a dónde
habrá de llevarme
el azul profundo
del mar a la deriva
y su eterno amanecer.

No sé a dónde
habrán de llevarme
tus labios sedientos
de aventura,
tan predispuestos
a los encantos de la noche.

Llúviame en tu memoria,
que yo te llevaré en la dulce nota
de mi viento reguilete.

Rápido avanza la carretera,
y nada sucede entre nosotros,
salvo quizá, el tiempo detenido
en el galooar de los coches.

Sólo conozco
la desolación del tigre
cuando acecha a su presa
en la pálida luminiscencia
de la luna.

Sólo conozco de besos y ortigas
en mi huerto de frutos secos,
la simetría del caos
y su rosa-taquicardia.
::.

La fiera

He dormido cien años
en la caricia
de una vidente ciega
y su colección de orcos,
el distópico perfume
de la autodestrucción.

Pero he despertado,
no temas.

He sido exorcizado,
gracias a la desmesura
del otoño febril
y las flores insensatas.

He caminado
en la cornisa del cielo
y la ciudad brumosa
donde habitan espantapájaros
de nombres dolientes.

Ha llegado el tiempo
de fallecer
en la intimidad del sueño.

Ahora he de profanarte,
recorrer sin censura
tu piel de santo sepulcro,
escalar tus impenetrables
murallas
hechas de espuma y arena.

Ahora he de mirarte
a través
de la víscera desnuda
y su tiempo corrosivo.

Bailan las aves
de colorido plumaje
aleteando el sueño,
bailan las horas
con disfraz y sombrero
en el carnaval
de los versos hirientes.

Nada es realidad,
salvo tus ojos.

Nada es cierto
en este amasijo de madera
que algunos llaman cuerpo.

La noche prevalece
en tus dedos cuando aúllan
una canción
de cuatro acordes
invocando el paraíso.

Tiéndete sobre el lecho,
abre las garras,
rasgúñame la espalda
como la fiera
que siempre fuiste,
desgráname para siempre
este ardor
de mazorca variopinta,
ahógame tan lejos
con tu licor de estrella.

Seremos tan solo
un recuerdo naranja
levitando
en el humo del copal.
::.

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