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Apuntes sobre Chomsky y su crítica a los Estados canallas (o la política intervencionista de los Estados Unidos)

El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad“.

Fénelon

 

“La desobediencia hacia los prepotentes la he considerado siempre

como el único modo de usar el milagro de haber nacido”. 

Oriana Fallaci

 

 Chomsky

 

El mundo de la posguerra quedó marcado de forma profunda y significativa, luego de la aterradora herida que dejaron las imágenes la Segunda Guerra Mundial. Buscando que esta terrible experiencia nunca volviera a repetirse, gobiernos y organizaciones de todo el orbe, impulsado por las potencias vencedoras del conflicto, comenzaron a gestar lo que posteriormente se convertiría en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organismo que perseguía el ideal (lamentablemente utópico) de mantener la paz entre las naciones mediante la aplicación de la ley internacional plasmada en la Carta de las Naciones Unidas, la cual señalaba que la guerra, por definición, constituía un crimen basándose en las nuevas normas de derecho internacional. Es decir, la existencia de un régimen de derecho y de orden internacional que engloba a todos los estados, basado en la Carta de Naciones Unidas, las resoluciones subsecuentes y el Tribunal de Justicia. La amenaza o el uso de la fuerza están prohibidos a menos que estén explícitamente autorizados por el Consejo de Seguridad después de haber determinado que los medios pacíficos han fracasado, o en defensa propia contra un ataque armado hasta que el Consejo de Seguridad actúe.

Curiosamente, de manera paralela a la formación de la ONU, se gestaba otra realidad, cuando el mapa geopolítico fue redibujado por las dos superpotencias que polarizaron al mundo y que en poco tiempo derivaría en la aparición de la Guerra Fría.

No puede existir estabilidad política y una paz duradera, cuando la ley y el derecho internacional son quebrantados de manera impune una y otra vez por uno o varios de los miembros. Esto fue precisamente lo que pasó durante el largo tiempo en que EEUU y la extinta URSS, movían de manera estratégica las piezas del rompecabezas mundial para asegurar la hegemonía política del planeta, pasando por alto los tratados y pactos firmados con anterioridad ,que garantizaban el respeto a las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley internacional, es decir, el Consejo de Seguridad de la ONU.

De este modo, las potencias ejercían una doble moral con un cinismo sin precedentes, cumpliendo la ley y desobedeciéndola según la situación se apegara a los intereses particulares de cada país.

Es precisamente en este contexto, que aparecen los primeros Estados canallas, capaces de promover guerras (ilegales, según la Carta de Naciones Unidas), manipular la situación política de países independientes e indefensos ante el poder aplastante de las potencias, o simplemente, violentar la soberanía de los estados independientes. El Estado canalla es, en síntesis, un criminal.

Con el paso del tiempo, el sistema socialista abanderado por la URSS, terminó por desplomarse a finales de los ochentas, luego de una serie de conflictos políticos, económicos y bélicos con su contraparte estadounidense. El mapa se redibujó de nueva cuenta. La Guerra Fría tenía un ganador, un sobreviviente y una única superpotencia capaz de establecer su voluntad por medio de la fuerza sin que existiera posibilidad alguna de evitarlo. EEUU se había convertido en el Estado canalla por excelencia.

Desde los años cincuentas, EEUU ha intervenido prácticamente en todos los rincones del planeta para salvaguardar sus intereses utilizando métodos ilegales y carentes de toda ética posible para lograr su cometido, sin importar la gran cantidad de gente que “tenga que ser sacrificada” o atropellada en el camino.

Samuel Huntington, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard conocido por su análisis de la relación entre el gobierno civil y militar, su investigación acerca de los golpes de estado en países del tercer mundo y su tesis acerca de los conflictos sociales futuros , resume el problema del autoritarismo norteamericano explicando cómo es que EEUU se ha posicionado como el canalla por excelencia:

“A ojos del mundo (probablemente la mayor parte del mundo) EE.UU. está conviertiéndose en la superpotencia canalla y los demás estados lo consideran como la principal amenaza externa a sus sociedades. La teoría de las relaciones internacionales realista, argumenta, predice que pueden formarse coaliciones para contrarrestar a la superpotencia canalla”.[1]

Este hecho, ha repercutido en una severa crisis para la ONU, ya que uno de los principales métodos que ha utilizado EEUU para “justificar” sus acciones, se basa en descalificar y poner en duda la capacidad de Naciones Unidas para ejercer como intermediario y resolver los conflictos por la vía diplomática y pacífica, antes de ejecutar acciones militares.

Al mismo tiempo, el Estado canalla ha sabido utilizar eficazmente a los medios de comunicación para encubrir, distorsionar y legitimizar el accionar del gobierno norteamericano ante la opinión pública. La comunidad internacional ha guardado silencio o en algunos casos, ha hecho tímidas objeciones a los planes estadounidenses como la reciente invasión de Irak. El problema radica en que para la gran mayoría de la población global, desconoce a ciencia cierta la gran cantidad de crímenes que esta país ha efectuado de manera denigrante, ya que por lo regular, la ocupación e invasión estadounidense se realiza en países con poca presencia y repercusión en el mundo occidental, mismo que controla, de manera cuestionable, el destino del mundo.

Es así, que los estadounidenses se han enfundado ilegítimamente en el derecho de ejercer como procuradores de “justicia” del mundo, a pesar de que esta pase por encima de los organismos correspondientes, o de que el concepto de “justicia” que ejercen, no solo sea cuestionable o reprobable, sino ilegal, por irónico que suene.

Hedley Bull, professor de Relaciones Internacionales de la Australian National University, the London School of Economics, and the University of Oxford , señala que el grave peligro de efectuar estos procedimientos radica en que “los estados individuales, o grupos de estados que se presentan a sí mismos como los jueces autorizados del bien común mundial, sin considerar los puntos de vista de los demás, son, de hecho, una amenaza para el orden internacional y por lo tanto, para las acciones efectivas en este terreno”.[2]

Además, los constantes e hipócritas “argumentos” sobre la “intervención humanitaria” son otro de los pretextos predilectos de EEUU para justificar su incursión militar en diversos lugares, aunque siendo objetivos, el concepto canalla de “intervención humanitaria” solamente aplica para los casos en que se atenta contra los derechos humanos en poblaciones que afecten los intereses de la OTAN y los EEUU, ya que si fueran coherentes con su “doctrina humanitaria”, se habrían podido evitar miles de muertes en conflictos en los que el Consejo de Seguridad de la ONU, principalmente en los decidió intervenir e increíblemente, no contó con el apoyo del juez-policía del mundo. Los ejemplos son muchos. Mientras que la ONU decidió mandar un ejército que mantuviera la paz en inconmesurables actos genocidas como los ocurridos en Angola o Sierra Leona, los EEUU prefirieron intervenir de manera arbitrárea, en el conflicto entre Serbia y Kosovo, en donde Naciones Unidas, aún mantenía esperanzas de resolver el problema por la vía diplomática.

La constante intervención de Washington en una infinidad de países como Colombia, Bolivia, Laos, Camboya, Indonesia, Irán, Irak, Afganistán, El Salvador, Nicaragua o la ex Yugoslavia, por mencionar algunos casos, empieza a tener consecuencias de resonancia que están generando un severo ambiente de tensión y volatilidad en todo el mundo. Y es que si tomamos en cuenta que el famoso 11 de septiembre no se comparan en lo absoluto a la destrucción, la muerte, el hambre, la miseria y el rencor acumulado por generaciones que la aplanadora yankee ha dejado a lo largo de los años en todo el planeta, sirven como un claro ejemplo de lo que ocurre cuando un Estado que ha sido ultrajado de manera impune utiliza los propios métodos diseñados por el Estado canalla, y toma la justicia por propia mano, carente de un sentido y sustento legal y que además ha sido corrompido por un insaciable deseo de venganza. Los EEUU son presas de su propia política de pasar por encima del derecho internacional. Lo peor es que parece que Washington no aprende del pasado, ya que las recientes incursiones en Medio Oriente solo lograrán acentuar la crisis. Lo sorprendente de los atentados al WTC de Nueva York no es que se hayan consumado, sino que no se hayan realizado con anterioridad tomando en cuenta el enorme historial de los EEUU en este tipo de “operaciones militares”.

En el siguiente capítulo, analizaremos el caso de la invasión estadounidense a Panamá a fines de los ochentas, en el cual se ejemplifica a detalle cómo es que EEUU ha operado en lugares que parecieran ser remotos y no tener una importancia alguna en los intereses angloamericanos. Lamentablemente, cuando se tiene el firme objetivo de controlar al planeta, ningún sitio es lo suficientemente lejano como para permanecer fuera del alcance imperialista de EEUU y su decadente concepción de justicia.

 

El caso Panamá

 Panamá había sido un país dominado por una minoría de descendencia europea hasta que el general populista Omar Torrijos dio un golpe que permitió a los negros y mestizos pobres participar en un naciente proceso democrático.

EEUU siempre había mantenido un interés especial en Panamá, ya que hasta hace poco tiempo, era quien controlaba el “Canal de Panamá”, el cual representa un punto importante en los intereses norteamericanos, y desde hacía tiempo, estaba interesado en desestabilizar a Panamá y quitar a Torrijos del poder. En 1981 Torrijos resultó muerto en un misterioso accidente de aviación en el que muchos culparon al gobierno estadounidense.

Hacia 1983, Manuel Noriega, un criminal proveniente de la estructura militar panameña, con conocidos vínculos con el narcotráfico, llegó al poder con el beneplácito estadounidense, ya que durante mucho tiempo, Noriega formó parte de la nómina de los servicios de inteligencia norteamericanos.

Incluso en mayo de 1986 el director de la Agencia de la lucha contra la Droga elogió a Noriega por su «vigorosa política de lucha contra el tráfico de drogas». Un año después el director «Felicitaba nuestra estrecha asociación» con Noriega, mientras que el fiscal general Edwin Meese paró una investigación del Departamento de Justicia sobre las actividades criminales del personaje.

En agosto de 1987 una resolución del Senado condenó a Noriega como un narcotraficante que ponía en riesgo la seguridad interna de los EEUU. Cuando finalmente Noriega fue encausado en Miami en 1988, todos los cargos excepto uno eran relativos a actividades previas a 1984, irónicamente el tiempo que había trabajado para la CIA, ayudando en la guerra sucia contra Nicaragua y cometiendo fraude en las elecciones con aprobación de EEUU.

El rompimiento entre Noriega y el gobierno estadounidense, se debió a que el  independentismo de Noriega amenazaba con los intereses de Washington en el Canal de Panamá. El 1 de enero de 1990 gran parte de la administración del canal debía recaer en manos panameñas, y en el año 2000 debía estar terminado el proceso de transferencia.

La historia se repetía. Nuevamente, los aliados de EEUU se voltearon en contra suya, de manera que la CIA determinó que era necesario quitar a Noriega, a quien calificó como un brutal asesino, corrupto, criminal y narcotraficante que oprimía al pueblo panameño. Toda una encarnación del mal mismo.  Esta estrategia de descalificación y justificación de las futuras acciones de Washington utilizó de manera eficaz la versión mítica de la realidad de la que hablaba Lawrence LeShan en su “Psicología de la Guerra”.

Se intentó un golpe militar, pero falló. Ya en diciembre de 1989 Estados Unidos se aprestó a celebrar la caída del muro de Berlín y el final de la Guerra Fría invadiendo Panamá al margen de todo derecho internacional y matando cientos o miles de personas, (nadie sabe, y pocos se molestan en averiguarlo). La intervención tenía como objetivo “restaurar” la democracia en el país (misma que contribuyeron a destruir años atrás), así como restablecer el poder de la élite blanca rica, que había sido desplazada por el golpe de Torrijos, justo a tiempo de asegurar un gobierno lacayo antes de que se procediese al cambio de administración del Canal el 1 de enero de 1990, como no dejó de observar la prensa derechista europea.

Durante todo el proceso la prensa norteamericana no dejó de seguir las consignas de Washington seleccionando a los “malos” en base a las necesidades del momento. Acciones que anteriormente eran encubiertas por EEUU se convirtieron en crímenes imperdonables de la noche a la mañana.

Los medios de comunicación de la administración Reagan y sus aliados, los principales periódicos del país, se cuidaron muy mucho de criticar las elecciones fraudulentos perpretadas por Noriega en colaboración con la CIA, pero minimizaron y calumniaron las elecciones celebradas por los sandinistas en ese mismo ano, mucho mas honestas y libres más allá de cualquier duda, porque desconfiaban del resultado.

Los sectores marginales de Panamá fueron utilizados de manera infame como campo de práctica para probar el sofisticado armamento experimental que EEUU había desarrollado con miras a utilizarlo en la próxima incursión a Irak planeada para principios de los noventa y que sería conocida como la Guerra del Golfo.

Un número de víctimas inocentes fueron ejecutadas en Panamá, al tan condenable estilo de la Alemania nazi, en donde nuevamente, los complacientes medios de comunicación se convirtieron en cómplices del crímen, ya que la información proporcionada por Washington estaba totalmente trasgiversada y ajena a la realidad.

El mismo día, el de la invasión de Panamá, la Casa Blanca también anunció planes (que fueron llevados a cabo inmediatamente), para conceder créditos a Irak. El Departamento de Estado anunció, con su cara más seria, que esto se debía al intento «de incrementar las exportaciones norteamericanas y situarnos en una mejor posición para pactar con lrak su respeto a los derechos humanos.

El Departamento continuaba con su postura de ignorar la oposición democrática iraquí (banqueros, profesionales, etc,) y bloquear los esfuerzos del Congreso de condenar los atroces crímenes del antiguo amigo de Bush. Comparado con los colegas del presidente Bush en Bagdag y Pekín, Noriega parecía la Madre Teresa.

Después de la invasión, Bush anunció una ayuda de mil millones de dólares. De esta cantidad 400 millones consistieron en incentivos a la exportación norteamericana con destino Panamá, 150 millones tenían como fin pagar créditos bancarios y 65 millones fueron al sector privado y a garantizar las inversiones de EEUU en el país. En otra palabras la mitad de la ayuda fue un regalo de los contribuyentes norteamericanos a las grandes corporaciones, también norteamericanas.

A final de cuentas, el narcotráfico continúa, y EEUU logró su propósito. Ultrajó de manera denigrante, vil, pisoteando y abusando de su omnipotencia absoluta en el globo sin que pasara nada al respecto. Nadie hizo nada.

 

A manera de conclusión

El mundo no parece ser un lugar seguro en un lugar donde los crímenes de la guerra permanecen impunes y peor aún, en los que la comunidad internacional se ha acostumbrado. La guerra parece ser cosa de todos los días, algo normal que ya no impacta, y por lo tanto, no importa. Las esperanzas de que este conflicto se resuelva parecen lejanas, ya que los EEUU han logrado el tan anhelado objetivo de desestabilizar y descalificar a la ONU como el organismo encargado de resolver crisis internacionales. EEUU es el canalla, el terrorista por excelencia. Nadie ha pisoteado más los derechos humanos y la ley internacional que el Tío Sam, y sin embargo, el discurso denigrante, soberbio, hipócrita, cínico y lascivo del gobierno de las barras y las estrellas representa una burla a los países que ha pisoteado.

Pareciera que es cuestión de tiempo (en caso de que no haya comenzado ya) para que la violencia se salga por completo de control. Quizá el hombre esté destinado a tropezar en la misma piedra y necesite recordar o revivir el sufrimiento y el dolor de un acontecimiento igual o más devastador que el recuerdo de lo que fue Aushwitz, Stalingrado o Hiroshima. El recuerdo del presente, del infierno, de Ruanda, de Somalia, de Irak, de Camboya, de Guantánamo, de Afganistán, Indonesia, los Balcanes y todo lo que ha tocado la mano del canalla, de la violencia y de la injusticia. ¿Hasta cuando?

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Fuentes:

Chomsky, Noam. Estados canallas: El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales. Ed. Paidós, España. 2001

[1] Samuel Huntington. Foreign Affaire, mazo- abril 1999.

[2] Hedley Bull. Justice in Internacional Relations. Hagey Lectures, Notario, Waterloo University, 1983, pp. 1-35.

La historia se repite dos veces: Marx y el 18 Brumario de Luis Bonaparte

“La historia es un incesante volver a empezar”.

Tucídides

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Segundas partes nunca son buenas

Dice la sabiduría popular que segundas partes nunca son buenas. Algo que Marx tenía bien claro, tal como lo muestra al inicio de su libro ‘El 18 brumario de Luis Bonaparte’.

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”, expresó Marx como un preludio de lo que sería el recuento de los hechos que llevaron a tirar por la borda los ideales que promulgaba la Revolución Francesa, para instaurar de nueva cuenta una monarquía constitucional, y de paso, burlarse de las increíbles contradicciones de la historia, siempre dando vueltas en espiral, siempre cíclica.

El 18 de Brumario del año VIII de la República (9 de noviembre de 1799) Napoleón Bonaparte, aprovechó la debilidad política del Directorio Ejecutivo gobernante en Francia, para dar un sorprendente golpe de estado contando con el apoyo popular y del ejército (sabedores de sus hazañas y capacidades en las diferentes campañas de las Guerras Revolucionarias Francesas), junto a algunos ideólogos de la Revolución, estableciendo el Primer Imperio francés.

Años más tarde, el 2 de diciembre de 1852 para ser exactos, la historia se repetiría una vez más cuando Luis Napoleón Bonaparte impusiera un Segundo Imperio tras acceder al poder al abrirse paso en el intrincado mundo de la política al más puro estilo de Maquiavelo.

La plataforma de Luis Napoleón significaba para los electores la restauración del orden después de los meses de la agitación política, del gobierno fuerte, de la consolidación social y de la grandeza nacional, a los cuales él abrogó con todo el crédito de su nombre, especialmente con la memoria de su tío Napoleón I, ya héroe nacional de Francia.

El sobrino del caudillo galo supo aprovechar las circunstancias políticas de su país para ir escalando peldaños en la subida al poder. Pese a no ser un tipo brillante, Bonaparte era un político astuto, siempre listo a aprovechar una oportunidad cuando esta se presentara.

Al contar con el apoyo popular (haciendo uso de lo que implicaba llamarse Napoleón Bonaparte) logró acceder al poder tras presentarse como candidato en la elección presidencial, la primera al sufragio universal masculino en Francia. Luis-Napoleón ganó por abrumadora mayoría, en las elecciones celebradas el 10 de diciembre de 1848.

Su abrumadora victoria fue debida a la ayuda de las masas rurales, a las cuales el nombre de Bonaparte significó algo, contrariamente a los nombres de los otros competidores para la presidencia que eran desconocidos a las masas. Representaba entonces también la idea de rescatar el orden tradicional y la causa de la religión católica, amenazada por los liberales.

Así, Luis Bonaparte fue convenciendo de su viabilidad como gobernante a las masas y a las clases acomodadas convencidas de la necesidad de restablecer un gobernante único que resolviera el continuo caos económico, político y social que reinaba en Francia. Eliminó a la oposición y le fue restando poder al aparato legislativo para que de esta forma, pudiera proclamarse emperador del Segundo Imperio Francés.

Luis Napoleón da un golpe de estado, el 2 de diciembre de 1852, presentándose ante los franceses como defensor de la democracia y el sufragio universal frente a la Asamblea. La crisis es superada mediante la celebración de un plebiscito popular que le es favorable y que aumenta su autoritarismo, que ejerce contra los republicanos extremistas y los monárquicos legitimistas y orleanistas.

El 14 de enero de 1852 se promulga una nueva constitución que refuerza los poderes del ejecutivo —duración de la presidencia 10 años, reelegible— y disminuye el del legislativo que divide en tres cámaras: Asamblea, Senado y Consejo de Estado. Finalmente, mediante plebiscito celebrado en noviembre, Francia deviene un Imperio, que se proclama solemnemente el 2 de diciembre de 1852.

Sin embargo, durante el periodo en que Luis Bonaparte, conocido también como Napoleón III, Francia se vio envuelta en una serie de conflictos bélicos como consecuencia de su sed imperialista, trayendo consigo un periodo de inestabilidad política y económica que permitió el despegue de otras potencias europeas en la lucha por la hegemonía mundial, incluyendo a Inglaterra, cuna de la revolución industrial, y posteriormente la aparición de Alemania e Italia tras su unificación.

Y como siempre, cuando la ambición desmedida llega a un punto insostenible empieza la caída. Esto fue precisamente lo que le pasó a Luis Bonaparte y sus ansias de expansión, al iniciar primero, una incursión militar para apoderarse de México, misma que fracasaría de forma estrepitosa al igual que la guerra contra Prusia, la cual dibujaría el comienzo de una nueva disputa por el control geopolítico del globo y que terminaría colapsando tras un largo periodo en lo que sería la Primera Guerra Mundial.

 

Breve síntesis de las guerras del Segundo Imperio francés

La respuesta de Napoleón a la demanda de Rusia para influir en el imperio otomano llevó a una victoriosa participación de Francia en la Guerra de Crimea (marzo de 1854–marzo de 1856). También aprobó lanzar una expedición naval en 1858 para castigar a los vietnamitas y forzar a su corte real a aceptar una presencia francesa en el país. El 14 de enero de 1858 Napoleón escapó a otra tentativa de asesinato.

En mayo-julio de 1859 la intervención francesa asegura la derrota de Austria en Italia. Pero la invasión francesa de México (enero de 1862–marzo de 1867) terminó en derrota y en la ejecución del emperador de México Maximiliano apoyado por Francia.

En octubre de 1865 en (Biarritz), el canciller prusiano Otto von Bismarck obtuvo de Napoleón III que Francia se mantuviera al margen de un previsible conflicto austro-prusiano, mientras que Prusia se comprometía a apoyar al Reino de Italia para conseguir la anexión de Venecia, en manos austriacas. Napoleón pensó que el conflicto sería largo y le brindaría la oportunidad de actuar de mediador y tal vez conseguir ventajas territoriales. El emperador se comprometió a mediar ante los italianos, lo que se consiguió con la alianza ofensivo-defensiva contra Austria firmada en abril de 1866. Pero Prusia derrotó fácilmente a Austria en la Guerra de las Siete Semanas.

Forzado por la diplomacia del canciller alemán Otto von Bismarck, Napoleón declaró el inicio de las hostilidades en la Guerra franco-prusiana (1870) que resultó desastrosa para Francia y dio vía libre a la conformación del Segundo Reich. El Emperador fue preso en la Batalla de Sedán (2 de septiembre) y depuesto por las fuerzas de la Tercera República en París dos días después.

 

La visión de Marx

El autor del libro, hace una detallada crónica de lo sucedido, explicando de qué forma la lucha de clases interviene en la toma de poder y cómo la participación de algunos personajes decisivos sirve como catalizadores de la historia.

Pero cuando Marx se dispuso a analizar una sociedad puntual, como fue el caso de la Francia que había sido conmovida por el golpe de Estado de Luis Bonaparte en diciembre de 1851, tras la derrota de la insurrección de 1848, elaboró un análisis mucho más complejo.

Además de estos dos grandes personajes, la burguesía y el proletariado, Marx distingue en la formación social francesa toda una gama de segmentos sociales que también forman parte de la lucha de clases. Además, da cuenta del fraccionamiento que la burguesía sufre en medio de la lucha política. No es lo mismo, nos advierte Marx, la fracción burguesa dedicada a los negocios financieros, que la burguesía industrial. Y ninguna de estas dos fracciones es idéntica a la burguesía terrateniente. Entre los diversos fraccionamientos de las clases se tejen alianzas políticas, donde una de las fracciones dirige y arrastra al resto. La lucha de clases, entonces, concluye Marx en El 18 Brumario, no es plana y horizontal, sino fraccionada y transversal.

En El 18 Brumario Marx nos habla también de Luis Bonaparte, un dictador que encabeza un golpe de Estado y permanece dos décadas al frente del gobierno francés. Este dictador era un personaje secundario, que gracias al liderazgo del Ejército se convierte en determinado momento de Francia en una especie de “árbitro” de los conflictos sociales. Una especie de “juez equidistante”, que viene a solucionar y a moderar los conflictos.

En su análisis de Luis Bonaparte y de la situación francesa de aquel período, Marx plantea elementos fundamentales de su teoría política. Por ejemplo, sugiere que la mejor forma de dominación política de la burguesía, la más eficaz, es “la república parlamentaria”. Para Marx república parlamentaria no es sinónimo de democracia, como sugiere la filosofía política del liberalismo. La república parlamentaria no garantiza “la libertad” sino que constituye una forma de dominación. A diferencia de la monarquía o de la dictadura militar (donde un solo sector de la burguesía domina) en la república parlamentaria es el conjunto de la burguesía el que ejerce su dominio a través del Estado y sus instituciones “representativas”.

Según Marx, la república parlamentaria licua los intereses particulares de las distintas fracciones de la burguesía, alcanzando una especie de “promedio” de todos los intereses de la clase dominante en su conjunto y, de este modo, logra una dominación política general, esto es: anónima, impersonal y burocrática.

En El 18 Brumario, Marx además agrega que cuando la situación política “se desborda” por la indisciplina y la rebelión popular, la vieja maquinaria republicana (con sus partidos, su Parlamento, sus jueces, su prensa “independiente”; en suma: con todas sus instituciones) ya no alcanza para mantener la dominación. En esos momentos de crisis aguda, los viejos partidos políticos de la burguesía ya no representan a esa clase social. Quedan como “flotando en el aire” y girando en el vacío. Entonces, emerge otro tipo de liderazgo político para representar a la clase dominante: la burguesía deja de estar representada por los liberales, los constitucionalistas o los republicanos y pasa a estar representada por el Ejército y las fuerzas armadas que, de este modo, se constituyen en “El Partido del Orden”. el ejército, entonces, aparece en la arena política como si fuera a equilibrar la situación catastrófica.

Refiriéndose al viejo mecanismo del Estado, Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, concluyó que todas las revoluciones lo perfeccionaban en vez de destruirlo.

Conclusión fundamental que reafirma el carácter revolucionario, de principios y de actualidad del Marxismo sobre su teoría del Estado. Otra de las conclusiones a las que llega Marx en esta obra es el de la relación entre el proletariado y el carácter de aliado en que se ubica el campesinado, cuando históricamente éste llega a comprender bien sus intereses.

En suma esta obra, reafirma a través de su práctica que en el desarrollo de las sociedades y sus acontecimientos, la lucha de clases es una constante histórica que conduce a la revolución proletaria y a la dictadura del proletariado; que la existencia de los partidos políticos es por su naturaleza una necesidad de las clases sociales por sus intereses de clase; así como la esencia misma del bonapartismo y su incidencia en la historia de Francia y de Europa.

Marx lo resume de forma ejemplar a través de la figura de Napoleón III: “Bonaparte quisiera aparecer como el bienhechor patriarcal de todas las clases. Pero no puede dar nada a una sin quitárselo a la otra”, según deja ver casi al final de la obra a manera de conclusión.

 

Reflexiones finales

Al igual que ocurrió en la Francia de los Bonaparte, la historia siempre termina por repetirse, aunque tan sólo hayan pasado algunos años.

Así ha quedado claro en México. Las elecciones fraudulentas de 2006 fueron un claro ejemplo de ello, tal como sucedió en 1988. A pesar de que México tuvo cambios importantes en lo político durante este lapso, los paralelismos son inevitables, tal como lo confirman diversos estudios sobre el tema.

Pese a que el sistema electoral era completamente otro y que la jornada de 2006 transcurrió lejos de las irregularidades de su antecesora, las herramientas utilizadas por los que ejercen el poder no ha variado mucho.

Dicen los conocedores que cuando los extremos se enfrentan y la sociedad se polariza, lo de en medio sale sobrando. Nada más falso, ya que es precisamente que cuando en un duelo, la participación de un tercero siempre terminará inclinando la balanza.

Así pasó en el 88 cuando el PAN decidió negociar con el PRI la “legitimización” de Salinas de Gortari como presidente de la República sacando tajada de por medio pese a que los datos no oficiales señalan a Cárdenas como el ganador de la contienda. Así pasó en 2006, cuando PRI y PAN repitieron la dosis e impidieron que se abrieran las actas para comprobar el resultado de la elección y la posible victoria de López Obrador.

Así es como se repite la historia. Los mismos mecanismos del poder en turno que en su momento criticaba la oposición, ahora son las herramientas que utilizan para aferrarse al poder.

Sin embargo, este poder repetitivo de la historia tiene varias caras. Las condiciones parecen puestas para que el descontento popular se transforme en un movimiento social que reclame el poder. El fantasma de la Revolución Mexicana ronda el 2010. ¿Volverá a repetirse la historia?

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(Texto rescatado de los archivos universitarios de 2009)

Fuentes:

Karl Marx. El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Alianza Editorial, S.A., 1990, Buenos Aires.

Verse reflejado en el espejo del Che

Che

Termino de ver el documental de Paco Ignacio Taibo sobre Ernesto Che Guevara, y no puedo evitar sentirme profundamente conmovido. Abro el Facebook y aparece una foto mía de mi paso por Perú, de ese mágico día hace casi una década en que visité Machu Pichu y se desató dentro de mí el nudo de la poesía.

Mirarme entonces reflejado en la figura del Che se vuelve inevitable. Será que ambos compartimos siempre ese gusto de la lectura, esa fiebre de viajar harapientos, pasando hambres, con el corazón desbocado, tratando de entender de qué va el mundo en esta permanente lucha terrestre que es la vida. Nunca fui tan valiente como el Che y no me volví guerrillero. Hice del periodismo mi trinchera y ahí andamos, sobreviviendo, dando tumbos, peleando, incomodando a los corruptos de vez en cuando.

También me queda claro, que las circunstancias definen al personaje. Si el Che no hubiera estado presente en Guatemala cuando Estados Unidos da el golpe al gobierno de Árbenz, quizá no se hubiera detonado ahí la necesidad de pelear en Cuba. También me queda claro que si no hubiera triunfado en la revolución, cobijado por una voluntad de acero, la efervescencia popular y un poco de buena estrella, su historia hubiera podido ser otra muy distinta, más cercana quizá a la del impetuoso guerrero que murió asesinado en la selva boliviana cuando la buena suerte no le favoreció.

¿Qué es entonces lo que define al ser humano a la luz de la historia? Sus acciones. Y es entonces que uno se pregunta si en verdad ha hecho uno lo suficiente, si ha quedado a deber en esa gran película que es la historia de la humanidad o si no estará uno reprochándose cosas de más.

Al final del día, el ser humano busca siempre cómo sobrevivir y adaptarse a su entorno de la mejor manera que puede. Vivir es saber improvisar. Luego me viene a la mente alguna frase de Borges y me queda clara una cosa: el destino de un hombre es el destino de todos los hombres.
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Machu Pichu

Las revoluciones burguesas, una perspectiva histórica desde la mirada de Eric Hobsbawm

Todo poder excesivo dura poco”.

Lucio Anneo Séneca

 

REVOLUCIONES

Tras el desgaste del aparato absolutista, la aparición de las primeras revoluciones burguesas marcaron de forma significativa la historia de occidente. Esto representó un cambio radical en las estructuras políticas y económicas del mundo.

Dentro de este contexto, los aportes del historiador británico Eric Hobsbawm, pensador de corriente marxista, aporta una serie de elementos que permiten entender lo ocurrido con la construcción de las primeras Repúblicas modernas, tal como lo ha expresado en su libro ‘Las revoluciones burguesas’.

Quizá la aportación más importante del autor en este sentido es el haber establecido dos factores esenciales como ejes de dichos movimientos revolucionarios: la política y la economía, siendo dos de las principales potencias de la época, Francia e Inglaterra, las cunas en donde se gestarían los primeros cambios de una sociedad europea en busca de la modernidad.

Por ello, tanto la revolución francesa en lo político como la inglesa en lo económico, representan los dos acontecimientos más influyentes en la configuración de una nueva sociedad que desbanca al “antiguo régimen” y marca el inicio de una nueva era que a su vez daría pie a la creación de nuevas formas de organización social.

Desde el inicio, Hobsbawm quiere hacer notar la paulatina y creciente aparición de fuerzas que irían dotando a la nueva sociedad burguesa de diversas herramientas ideológicas y prácticas que lentamente irían forzando a la clase dominante a ceder el poder. Así lo ha dejado en claro al referir que estos nuevos elementos sociales se constituían esencialmente como “las fuerzas e ideas que buscaban la sustitución de la nueva sociedad triunfante”, materializando todos estos esfuerzos y llevándolos a sus últimas consecuencias a través de la reacción: el levantamiento armado y la justificación de la fuerza como una medida válida para tomar el poder y revertir los abusos de la clase gobernante. Esto sentó un referente único dentro de la historia moderna.

Sin embargo, para poder explicar la forma en que se fueron dando estos procesos, el autor hace una exhaustiva revisión de la situación que atravesaban las diversas clases sociales de la época, centrándose principalmente en las bases sociales de la colérica masa reaccionaria que terminaría por cambiar el rostro del sistema político. Estos dos grupos son el sector campesino y la naciente clase obrera.

El juicio general que le merece a Hobsbawm el panorama agrario es el de una minoritaria clase dominante, constituida en poco menos que casta cerrada, que se aprovecha del cultivador. Clase dominante que se constituye por la propiedad del medio de producción, la tierra.

“La condición de noble e hidalgo (que llevaba aparejados los privilegios sociales y políticos y era el único camino para acceder a los grandes puestos del Estado) era inconcebible sin una gran propiedad”. Completa el cuadro general con una baja nobleza, que según apunta el inglés, no constituye una clase media, sino un sector de la alta que comparte, si no su riqueza, sí su mentalidad al referir que “además de los magnates, otra clase de hidalgos rurales, de diferente magnitud y recursos económicos, expoliaba también a los campesinos”.

Sin embargo, Hobsbawm advierte que estas características generalizadas en prácticamente toda Europa Occidental, habían perdido empuje desde hacía algún tiempo en el seno social de Francia e Inglaterra.

Así lo manifiesta al declarar que “la sociedad rural occidental era muy diferente. El campesino había perdido mucho de su condición servil en los últimos tiempos de la Edad Media, aunque subsistieran a menudo muchos restos irritantes de dependencia legal”.

Las ideas de la ilustración, la aparición de la ciencia y las aportaciones ideológicas de diversos pensadores políticos de la talla de Maquiavelo, Hobbes o Descartes, fueron un antecedente importante para entender cómo fue que se empezó a producir un cambio de mentalidad en la Europa de aquella época. Estas ideas, que cuestionaban el poder absoluto y abogaban por una reconstrucción del sistema político, fueron permeado con fuerza al interior de la sociedad, sentando los cimientos de la ideología que habrían de asumir los líderes de la Revolución Francesa para finales del siglo XVIII.

Por ello, Hobsbawm cree que Francia era el terreno más propicio para que floreciera una revolución social como la que se venía gestando. Ante esto, el investigador inglés ha afirmado que “el conflicto entre el armazón oficial y los inconmovibles intereses del antiguo régimen y la subida de las nuevas fuerzas sociales era más agudo en Francia que en cualquier otro sitio”.

Entre las principales causas que explican la ascenso al poder de la burguesía esta “su fuerza, y ante todo, el evidente progreso de la producción y el comercio”.

Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía durante 71 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país. La revolución socavó las bases del sistema monárquico como tal, más allá de sus estertores, en la medida que le derrocó con un discurso capaz de volverlo ilegítimo.

Por otra parte, en el segundo capítulo, el autor analiza el despertar de la industrialización en la Gran Bretaña y su desarrollo hasta la mitad del siglo XIX. De este modo esquemático, puede decirse que abarca la etapa en que la industria del algodón y la aparición del ferrocarril fueron los detonantes de la Revolución Industrial. De este periodo, Hobsbawm considera que “por primera vez en la historia humana, se liberó de sus cadenas al poder productivo de las sociedades humanas”, lo cual resulta un tanto exagerado si se toma en cuenta que la capacidad de producción del hombre no dejó de ser explotada por una minoría.

La economía basada en el trabajo manual fue reemplazada por otra dominada por la industria y la manufactura. La Revolución comenzó con la mecanización de las industrias textiles y el desarrollo de los procesos del hierro. La expansión del comercio fue favorecida por la mejora de las rutas de transportes y posteriormente por el nacimiento del ferrocarril. Las innovaciones tecnológicas más importantes fueron la máquina de vapor y la denominada Spinning Jenny, una potente máquina relacionada con la industria textil. Estas nuevas máquinas favorecieron enormes incrementos en la capacidad de producción. La producción y desarrollo de nuevos modelos de maquinaria en las dos primeras décadas del siglo XIX facilitó la manufactura en otras industrias e incrementó también su producción.

Para Hobsbawm, la transformación del comercio juega un papel decisivo en la forma en que la naciente burguesía industrial se hace del poder. El comercio interior pasa de comercio de feria a un mercado nacional integrado, debido a la desaparición de las aduanas interiores, el aumento de la demanda y la mejora de los transportes. El comercio exterior también benefició el progreso de la industria.

Asimismo, la Revolución Industrial determinó la aparición de dos nuevas clases sociales: la burguesía industrial (los dueños de las fábricas) y el proletariado industrial (los trabajadores).  Se los llamaba proletarios porque su única propiedad era su prole, o sea sus hijos, quienes, generalmente a partir de los cinco años, se incorporaban al trabajo.

En otras palabras, podría decirse que Hobsbawm considera que el desarrollo de la Revolución Industrial en Inglaterra respondió a una combinación particularmente favorable de múltiples factores. Uno de ellos fue la transformación que desde el siglo xv se venía produciendo en el ámbito rural al permitir el crecimiento de un sector dentro de la sociedad. Otro factor importante fue la formación de un mercado interno unificado. La expansión colonial es considerada decisiva en este proceso pues proporcionó mercados muy dinámicos que estimularon la producción manufacturera.

En el mismo tono, el Estado tuvo también un rol protagónico, no sólo como defensor de los intereses de comerciantes y productores, sino también como consumidor de la producción manufacturera.

 

Conclusiones

El balance de todo este periodo es, para Hobsbawm, la creación de una “fuerte clase media de pequeños propietarios, políticamente avanzada y económicamente retrógrada, que dificultará el desarrollo industrial, y con ello el ulterior avance de la revolución proletaria”. Han transcurrido muchos años, y con ellos la industrialización francesa, pero la augurada “revolución proletaria” ha sido lo que no ha avanzado. La visión de un acontecimiento histórico desde una perspectiva cargada de prejuicios motivados por razones ideológicas, sólo puede desembocar en una apreciación parcial con juicios erróneos, y a unas conclusiones que la misma Historia se encarga de desmentir.

Las conclusiones a las que llega el autor son dignas de una revisión más profunda. En términos generales, la tesis final de Hobsbawm señala que el período de las revoluciones burguesas cumple la función de preparar el terreno para las revoluciones proletarias de 1848, con la llegada del marxismo. Por una parte, porque “las condiciones de vida de las masas les impulsaban inevitablemente hacia la revolución social”, ya sea por odio a la riqueza o el utópico anhelo de un mundo mejor. Por otra parte, porque “el gran despertar de la Revolución Francesa les había enseñado que el pueblo llano no tiene porqué sufrir injusticias mansamente”.

Hobsbawm quiere así considerar a las masas populares como el auténtico protagonista que subyace en los acontecimientos estudiados. El pueblo llano no es visto como instrumento, sino como protagonista. “Suya, y casi sólo suya fue la fuerza que derribó los antiguos regímenes desde Palermo hasta las fronteras de Rusia”, según explica.

Sin embargo, y aunque hace un extenso análisis de los hechos principales del Periodo del Terror que se vivió en Francia tras la revolución, el autor parece no darle importancia suficiente a los líderes sociales como catalizadores de los movimientos sociales que produjeron cambios importantes en la época.

Tal parece que la importancia más trascendente de este análisis de la historia realizado por Hobsbawm radica en que el investigador inglés ve en estas revoluciones la fuerza impulsora de la tendencia predominante hacia el capitalismo liberal de hoy en día.

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(Texto de 2009 rescatado de los archivos)

El Estado absolutista, una revisión a la obra de Perry Anderson

 

“El poder político es simplemente el poder

organizado de una clase para oprimir a otra”

Karl Marx

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Quizá la famosa frase que define la figura del déspota ilustrado, L’êtat c’est rnoi (el estado soy yo) atribuida al monarca francés Luis XVI, no podía estar más lejos de la verdad, tal como lo enunciarían algunos estudios posteriores sobre el estado absolutista, ya que precisamente fue la creación del estado lo que terminó por precipitar la caída del sistema político que pretendía defender.  A pesar de que la mayoría de las definiciones del absolutismo enuncian como característica principal de esta etapa histórica, la concentración del poder en la figura del rey, lo cierto es que ocurrió todo lo contrario, ya que aunque el rey seguía ejerciendo un papel determinante al aglutinar a las fuerzas políticas dominantes de la época, la creación de diversas instituciones emanadas del surgimiento de los estados nacionales provocaron un deterioro lento y progresivo por parte del control de la nobleza, la cual terminaría por colapsarse con el ascenso al poder al término de las revoluciones burguesas de los siglos posteriores.

En su libro El estado absolutista, el historiador inglés Perry Anderson realizó un estudio minucioso y bien fundamentado estudio sobre las causas que provocaron un cambio radical en el sistema político y económico de la Europa feudal y que tras una serie de sucesos terminarían por poner los cimientos para que la burguesía accediera al poder algunos siglos después.

“Los cambios en las formas de explotación feudal que acaecieron al final de la época medieval no fueron en absoluto insignificantes; por el contrario, son precisamente esos cambios los que modifican las formas del Estado. El absolutismo fue esencialmente eso: un aparato reorganizado y potenciado de dominación feudal, destinado a mantener a las masas campesinas en su posición social tradicional, a pesar y en contra de las mejoras que habían conquistado por medio de la amplia conmutación de las cargas. Dicho de otra forma, el estado absolutista nunca fue un árbitro entre la aristocracia y la burguesía ni, mucho menos, un instrumento de la naciente burguesía contra la aristocracia: fue el nuevo caparazón político de una nobleza amenazada”.

Esta serie de cambios pueden explicarse a través de la crisis del sistema feudal, ya que la mejora de las técnicas agrícolas y el consiguiente incremento del comercio, a partir del siglo XIII, provocaron que una cada vez más poderosa clase burguesa comenzara a presionar a la nobleza en el poder para que se facilitara la apertura económica de los espacios cerrados de las urbes, se redujeran los tributos de peaje y se garantizaran formas de comercio seguro, factores que hicieron posible que la nobleza realizara algunos ajustes en el sistema político para mantener el control, tal como lo afirma Anderson al referir que el estado absolutista no es otra cosa que “un rediseño del aparato feudal de dominación con el fin de devolver a la masa campesina a su rol social original, luego de que ésta ganara la conmutación de cuotas”.

Debido a esto, la clase en el poder tuvo la necesidad de reorganizar su estructura política y económica, por lo que el viejo modelo de ciudades estado dominadas por un señor feudal se transformó en el surgimiento del estado nacional, luego de que entre las prioridades del poder estuviera la centralización de la administración pública, lo cual a su vez, provocó el surgimiento por parte de una serie de instituciones que hicieran más fácil la administración del estado, tal como lo evidencia Anderson al enunciar que “el estado absolutista fue una transición del poder entre la nobleza feudal y el sistema capitalista. Por ello, durante el absolutismo el sistema feudal presentó síntomas de crisis en el poder de clase: el advenimiento de las revoluciones burguesas y el surgimiento de los estados capitalistas”, y no un árbitro entre las dos clases, como pensaba Federico Engels.

Sin embargo este proceso de cambios radicales no estuvo exento de ironías, ya que por ejemplo, mientras garantizar la seguridad de la población se convirtió en una de las prioridades del estado, esto provocó que el señor feudal fuera perdiendo gradualmente el control absoluto de los vasallos, al tiempo que la creciente burguesía afianzaba su dominio sobre el sistema burocrático necesario para que el estado pudiera ejercer sus funciones, lo cual se traduciría, siglos más tarde, en la toma del poder político por parte de una fortalecida burguesía.

Entre las características más importantes de esta serie de transformaciones, se encuentra la creación de instituciones políticas tales como el ejército, sistema tributario, la burocracia, los tratados comerciales o la diplomacia, las cuales hicieron que el estado ganara peso en el poder y mayor legitimidad entre la sociedad al tiempo que solucionaban problemas de organización política.

Asimismo, esta serie de estructuras darán pie a la aparición y conformación del mercado interno y externo, uno de los puntos de apoyo más importantes para que la burguesía fuera ganando terreno dentro de la disputa de clases por el poder, ya que a partir de esta etapa, la burguesía jugaría un rol decisivo en el cambio de las políticas económicas del estado.

Aunque es cierto que dentro de esta etapa el mercantilismo y la acumulación de riqueza representó uno de los ejes del sistema económico, donde el estado regulaba la cantidad de importaciones y exportaciones mediante la imposición de aranceles, lo cierto es que a partir de entonces, el comercio sería la actividad económica que empezaría a marcar la pauta de lo que sucedería siglos más tarde hasta la actualidad, ya que desde entonces, la guerra sufriría una transformación sustancial, pues no sólo era un mecanismo de controlar el territorio y extraer riqueza, sino un medio para abrir nuevos mercados y por ende en una parte fundamental del sistema capitalista, a diferencia de lo que afirmara Anderson al señalar que, en aquel entonces, “la morfología del estado no corresponde a una racionalidad capitalista, sino a una creciente memoria medieval en cuanto a las funciones de la guerra”, ya que a pesar de que efectivamente, existía toda una estructura en torno a la guerra, ésta empezaba a tomar un rumbo diferente que se haría más notorio con el paso del tiempo.

Es por eso, que las alianzas entre señores eran más comunes, ya no tanto para la guerra, sino para permitir el desarrollo económico de sus respectivos territorios, donde la figura del rey fue el elemento aglutinador de dichas alianzas.

Por otra parte, a medida que el absolutismo político se impone y desarrolla la teorización sobre algunos problemas derivados de la justificación del poder, tales como el derecho divino de los reyes y la limitación de su poder, las bases de la sociedad política, el desarrollo de la conciencia nacional y su fundamento, justificación y límites incluida la reconsideración de la relación de la iglesia con el estado.

 

 

La ruptura en el pensamiento político

La percepción del poder y los gobernantes en occidente sufrió cambios importantes. La pujante clase burguesa empieza a cuestionar el poder del monarca conforme va subiendo en la escalera del poder. Para una sociedad donde la ciencia empezaba a dar sus primeros pasos, la religión dejó de ser válida para que los monarcas reinantes pudieran justificar el origen de su mandato.

Esta etapa fomentó la aparición de algunos de los primeros pensadores políticos modernos tales como Maquiavelo o Hobbes, cuyas ideas serían un antecedente importante para poder entender el desarrollo del pensamiento que dio origen a las revoluciones burguesas.

Para Nicolás Maquiavelo, padre de la ciencia política moderna, el asunto del poder estaba lejos del compromiso ético que en alguna ocasión plantearon los griegos clásicos como Platón o Aristóteles. Para Maquiavelo el poder es la capacidad de obligar a otros a la obediencia. En el ejercicio del poder rechaza cualquier norma ética o moral en favor de la razón de Estado y la eficacia. Todo es válido en la práctica del poder.

Maquiavelo, uno de los primeros analistas políticos de la historia, era partidario del Estado republicano, aunque consideraba que en situaciones difíciles es necesario acudir a un príncipe que mantenga el orden. La anarquía es el peor de los males, y un príncipe es preferible a la anarquía, además de que consideraba que existía un ciclo inevitable en las formas que adopta el Estado: monarquía, tiranía, aristocracia, oligarquía, democracia y anarquía, esta última fase ha de ser evitada con el recurso a un príncipe fuerte, con lo que se vuelve a la monarquía.

Por ello en su libro más famoso, El príncipe, Maquiavelo hace una serie de recomendaciones para mantener el poder a toda costa: estudiar lo que la gente quiere, emplear la violencia con medida y mantener al pueblo contento, para lo cual, si es necesario, ha de instrumentalizar la religión para conseguir sus fines políticos. También puede utilizar la censura para evitar que el pueblo se corrompa, y ha de proporcionarle: educación cívica y amor a la patria.

Uno de los puntos más innovadores del pensamiento maquiavélico es la construcción del concepto de Estado de Derecho, pues consideraba que un país es afortunado cuando tiene unas leyes que le hacen continuar como país, le sostiene y a las que todos están sometidos. Para ello, es necesaria la ley y la moral del pueblo, pero el príncipe está por encima de ella, en virtud de la razón de Estado y la eficacia política.

Estas aportaciones al pensamiento político de la época inicó una serie de cambios en los sistemas de poder. El aporte de Maquiavelo abrió camino a la modernidad en su concepción política y a la reestructuración social.

Asimismo, las aportaciones de Hobbes también representaron una ruptura con el pensamiento que justificaba al Estado Absolutista. Para Hobbes, el estado de naturaleza es un estado de guerra y de anarquía donde los hombres son iguales por naturaleza. No existe noción de los justo y de lo injusto, y tampoco la de propiedad. No hay industria, ni ciencia, ni sociedad. Hobbes se opone, con esta visión pesimista, a los teóricos del derecho natural y a todos aquellos que disciernen en el hombre una inclinación natural a la sociabilidad. Dentro de estos parámetros, las nociones de lo moral y lo inmoral, de lo justo y de lo injusto no tienen allí cabida. Donde no hay un poder común, no hay ley; y donde no hay ley, no hay injusticia.

Hobbes define al Estado como “una persona de cuyos actos, por mutuo acuerdo entre la multitud, cada componente de ésta se hace responsable, a fin de que dicha persona pueda utilizar los medios y la fuerza particular de cada uno como mejor le parezca, para lograr la paz y la seguridad de todos” y se dice que un Estado ha sido creado o instituido cuando “una multitud de hombre establece un convenio entre todos y cada uno de sus miembros, según el cual se le da a un hombre o a una asamblea de hombres, por mayoría, el derecho de personificar a todos, es decir, de representarlos”, según expresó el autor en su libro Leviatán.

Estos razonamientos revolucionarios resultan aún más contundentes luego de que el pensador inglés argumentara que “si los súbditos no pueden cambiar de forma de gobierno, y por lo tanto están sujetos a un monarca , pueden abolir la monarquía sin su aprobación y volver a la confusión propia de una multitud desunida”.

Estos preceptos sirvieron de base para la implementación de los primeros sistemas parlamentarios, un antecedente importante que buscaba limitar el poder del gobernante. El parlamentarismo surge en Inglaterra hacia 1640 (aunque existen referencias muy parecidas en el siglo XIII) y durante un breve plazo de tiempo, hasta que Cromwell instaura la dictadura en 1649. No obstante, ésta primera irrupción del modelo va a mostrar ya sus rasgos fundamentales. En primer lugar, el Parlamento era una asamblea popular elegida por los ciudadanos en igualdad de condiciones y que gozaba de todos los poderes del Estado, sin que fuera posible violentar su autonomía; en segundo lugar, lo que hoy conocemos como el poder ejecutivo estaba sometido plenamente a la asamblea; y en tercer lugar, el parlamento sólo podía ser disuelto por el propio pueblo que lo había elegido. El triunfo definitivo del régimen parlamentario ocurre con la Revolución Gloriosa en 1688, a partir del cual el Reino Unido aplicó el mismo de manera integral.

En el continente europeo se habrá de esperar hasta la Revolución Francesa para que se atisbe un modelo de representación democrático-parlamentario similar, que indisolublemente va unido a la división de poderes formulada por Montesquieu, dentro del periodo con el que inician las revoluciones burguesas.

La ironía más grande en que cayeron los monarcas durante el Estado Absolutista, es que al buscar las herramientas necesarias que les permitieran extender sus dominios y por ende, acrecentar su poder, abrieron la puerta para que la pujante clase burguesa adquiriera los conocimientos necesarios para administrar el Estado, tomando posiciones claves que decicidirían el curso de la historia occidental tras las primeras guerras por tomar el poder y reconstruir la visión del Estado moderno.

La soberbia de Luis XVI es un síntoma ineludible de la miopía política del monarca francés. El Estado no podía entenderse a través del monarca, sino a través de las diversas instituciones y estructuras sociales, políticas y administrativas que contribuyeron a que el poder absoluto se repartiera entre algunos más (no necesariamente de forma equitativa). Quizá en el momento no lo supo, pero al crearse las bases del Estado moderno, Luis XVI y el poder absoluto que representaba, terminaron cavando su propia tumba.

(Texto escrito en 2009 y rescatado del archivo personal).
Fuentes:

Perry Anderson. El Estado Absolutista. Siglo XXI. México. 1985.

El capital financiero y la privatización del espacio urbano en la era de la globalización

Las dinámicas del capital financiero a partir de la década de 1980, que coincide con el fin de la Guerra Fría y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, ha modificado las estructuras de los Estados nacionales y sentado las bases de un nuevo proceso estructural y global de apropiación de la riqueza.

Un proceso donde la desigualdad social, la migración y el choque de civilizaciones son sólo algunas de sus caras más visibles. Puntos esenciales para comprender el fenómeno de la globalización.

Aquí algunos conceptos para entender este complejo y fascinante proceso: David Harvey sobre la crisis del capitalismo; Saskia Sassen, sobre las desigualdades y el proceso de expulsión que promueve la ciudad global; Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida; y Manuel Castells sobre la sociedad red. Todo un marco conceptual para entender el mundo de hoy.

La poesía libertaria de Roque Dalton

Un documental sobre el poeta y militante salvadoreño, Roque Dalton, símbolo de la resistencia latinoamericana. La poesía, como el amor, es y será siempre libertaria.

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Ayer

Junto al dolor del mundo mi pequeño dolor,
junto a mi arresto colegial la verdadera cárcel de los hombres sin voz,
junto a mi sal de lágrimas
la costra secular que sepultó montañas y oropéndolas,
junto a mi mano desarmada el fuego,
junto al fuego el huracán y los fríos derrumbes,
junto a mi sed los niños ahogados
danzando interminablemente sin noches ni estaturas,
junto a mi corazón los duros horizontes
y las flores,
junto a mi miedo el miedo que vencieron los muertos,
junto a mi soledad la vida que recorro,
junto a la diseminada desesperación que me ofrecen,
los ojos de los que amo
diciendo que me aman.

Roque Dalton

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Las relaciones de poder para principiantes: Foucault, Gramsci y Hegel

Dos de los grandes pensadores de todos los tiempos en torno al fenómeno del poder, en versión para novatos. Un par de videos introductorios a la obra de Michel Foucault, Antonio Gramsci y Hegel. Para comprender un poco mejor el mundo caótico y violento en que vivimos, donde los aparatos de control se enfrentan a la rebelión de la conciencia.

HEGEL from diego levy on Vimeo.

La guerra de Trump

Trump
Estados Unidos bombardea Siria con el pretexto de que el gobierno de Al Assad, supuestamente, utilizó armas químicas contra civiles. El gobierno de Trump no ha dado una sola prueba de que el ataque fue orquestado por el gobierno sirio y ha tensado a la comunidad internacional.
Los hechos se dan apenas unos días después de un supuesto atentado terrorista en San Petersburgo, Rusia. Otro atentado se presenta en Estocolmo justo después de los bombardeos. La reunión en el Consejo de Seguridad de la ONU transcurrió con serias acusaciones de los rusos contra la ilegalidad del bombardeo norteamericano, de acuerdo con el derecho internacional. Y mientras tanto, los rusos enseñaron los dientes y retiraron la cooperación que habían mostrado en los primeros meses de la nueva administración estadounidense.
Y aún cuando el gobierno de Donald Trump quiso mostrar el músculo, lo único que evidencia es una debilidad interna de su gobierno que ahora están tratando de disfrazar. No en balde, el bombardeo se da horas después de que el asesor estrella de Trump, Steve Bannon, fue retirado del Consejo de Seguridad Nacional.
Un ataque que, dicho sea de paso, no contó con la aprobación del Congreso estadounidense, lo cual ha generado malestar entre los demócratas, quienes han tachado de irresponsables las acciones de Trump. Este es el problema de dejar a un imbécil al frente de la mayor potencia bélica del planeta.

El periodismo peleonero

Después de ver la película Truth (Conspiración y poder, según le pusieron en Netflix), sobre la salida de los periodistas Mary Mapes y Dan Rather de la CBS luego de que el sistema se les vino encima por investigar a George W. Bush, confirmo algo que ya sabía: los periodistas de investigación tenemos algo de peleoneros.

Enfrentar al sistema requiere agallas. El periodismo no es una profesión apta para cobardes, por una sencilla razón: el miedo nunca podrá dialogar con la verdad. Vencer el miedo y atreverse a decir la verdad, requiere coraje, arriesgarlo todo en cada historia, en cada párrafo en cada palabra. No hay otra forma de dar la pelea contra la ignominia, la mezquindad, la podredumbre humana que privilegia a unos pocos a cambio del sufrimiento de millones. Hay que dar la pelea, siempre. No se trata de ejercer una simple profesión. Se trata de asumir postura frente a la vida.
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El nacionalismo trasnochado de la derecha mexicana

Si hubiera existido un ápice del nacionalismo chafa que ahora pulula en México en los más de 30 años de neoliberalismo ortodoxo que hemos padecido en este país, México no sería tan vulnerable a los caprichos de un fascista como Donald Trump.

Si los que ahora se desgarran las vestiduras, no hubieran sido cómplices y sostén del régimen corruptocrático y vendepatrias que se vive desde los sexenios de Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, la catástrofe no sería de este tamaño. Ahí están las consecuencias del bipartidismo de derecha, impulsores de aquel famoso “pacto de impunidad” no escrito entre las miserables élites político-económicas que administran la desgracia de millones para su propio beneficio.

Los que destruyeron este país se envuelven ahora en la bandera nacional ante la amenaza Trump. Pero la debilidad del Estado mexicano no la provocó Trump. La provocaron las élites mafiosas que privatizaron todo. Los que acabaron con los derechos sociales, abarataron los salarios y el empleo en nombre de la competitividad, sólo para beneficiar a las empresas extranjeras. Los que apoyaron la militarización del país para tratar de construir la legitimidad que no pudieron obtener en las urnas y detonando una crisis humanitaria sin precedentes. Los aplaudidores que celebraban con bombo y platillo las reformas estructurales que “salvarían” a México.

Ahí están las desastrosas cuentas que entrega el bipartidismo de derecha que ha gobernado México desde 1988 y que explican la actual crisis política, social y económica que padecemos, ante la pérdida de soberanía nacional y un “libre mercado” que sólo ha servido para enmascarar el saqueo de los grandes capitales trasnacionales que lucran con el sufrimiento de millones de personas que a diario padecen los efectos de la pobreza, la inseguridad, la falta de justicia, las violaciones sistemáticas a la dignidad humana.

En lugar de tirarse al suelo y decir tanta estupidez frente a las cámaras, los próceres de la derecha deberían tener un poquito de vergüenza, dar la cara y rendir cuentas por el desastre de país que nos tiene a merced de un psicópata como Trump, capaz de desatar una guerra mundial por mera egolatría.

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La profecía de Manuel Castells sobre la llegada de Donald Trump

Donald Trump jura como presidente de Estados Unidos
Algunas claves para descifrar el presente

De cuando uno se topa con claves para entender el presente, tal como me ocurrió al leer Globalización e identidad, un texto publicado por Manuel Castells en 2010:

“En el momento en que el Estado se ve privado de una fuerza identitaria que sostenga su difícil maniobra en el mundo de la globalización, ese Estado trata de relegitimarse volviendo a llamar a su gente, es decir, a su nación; pero esa nación, en muchos casos, ya se ha separado del Estado y cree que no está siendo representada”, afirma Castells.

Desde esta luminosa perspectiva, puede entenderse mejor la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. El golpe al establishment estadounidense se dio precisamente en esos términos. Basta revisar el discurso de Trump en su toma de posesión para comprender la manera en que el tipo apela a la “nación” que ha sido olvidada ante un proceso de apertura global donde las amenazas vienen de fuera o son producto de la globalización del mercado: los migrantes mexicanos, China, el TLCAN.

Si me sorprendió la manera en que Michael Moore profetizó la llegada de Trump desde el verano pasado, me sorprende aún más la manera en que Castells profetizó este fenómeno, cuyas causas aborda en otro texto reciente donde resalta algunos logros de la administración Obama. Y justo ahora que estoy leyendo El mito del Estado de Ernst Cassirer, no cabe duda de que las raíces mitológicas del imaginario popular juega un papel fundamental en lo político. Y lo que falta.

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El gasolinazo y la pesadilla del neoliberalismo a la mexicana

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La liberalización de los precios de la gasolina evidencia los estragos de un modelo económico al que México apostó su futuro y hoy está en declive ante el triunfo Trump y el Brexit.

El gasolinazo provocado por la liberalización de los precios de los combustibles es el último capítulo de la pesadilla neoliberal mexicana que lleva 30 años desarrollándose en nuestras narices. Una pesadilla que cobra nuevas dimensiones ante la derrota en la escena internacional del proyecto neoliberal al que México apostó todas sus canicas, empeñando el futuro de una generación entera que ahora se ve forzada a pagar los platos rotos.

Fue a mediados de los años 80 cuando los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, entonces comandados por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, impulsaron una serie de medidas económicas para los países en desarrollo a través de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sentando así las bases del proyecto neoliberal.

La receta del éxito, según los neoliberales, se basaba en tres puntos clave: privatización de las empresas públicas, el fomento del libre comercio y la desregulación de los mercados. Esto, con el fin de que el Estado interviniera lo menos posible en los asuntos económicos. Recomendaciones que en buena medida, explican el actual incremento a los precios de la gasolina.

No pasó mucho tiempo para que México adoptara a rajatabla dicho modelo económico. Tras la privatización de los bancos y otras empresas durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el gobierno firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con la promesa de generar crecimiento económico atrayendo inversión extranjera, impulsando las exportaciones y generando empleos bien pagados. Cosa que nunca ocurrió, toda vez que México desmanteló la industria nacional para convertirse en un país maquilero e importador, arrojando un saldo negativo de la balanza comercial ante el poco valor agregado que genera el modelo maquilador.

Las cifras son contundentes, ya que los mexicanos perdieron el 80% de su poder adquisitivo de 1987 a 2016, duplicando los niveles de pobreza, al pasar del 31% en 1994 al 62% en 2015 según datos del Banco Mundial. Al mismo tiempo, la implementación del modelo neoliberal en México trajo consigo el surgimiento de un selecto grupo de multimillonarios beneficiados por las privatizaciones, tales como Carlos Slim (Telmex), German Larrea (Grupo México), Alberto Bailleres (Grupo Peñoles) y Ricardo Salinas Pliego (Televisión Azteca), cuatro de los 30 empresarios más ricos del país cuya fortuna supera los mil millones de dólares.

Desde entonces, el gobierno mexicano no ha dejado de señalar a diversos “factores externos” como los culpables del estancamiento económico, mientras los cómplices del oficialismo tratan de ocultar la manera en que la implementación del proyecto neoliberal convirtió a México en un país particularmente vulnerable a los caprichos de los mercados internacionales.

Pero a pesar de que con el paso de los años existe cada vez más evidencia sobre los efectos negativos del modelo neoliberal en México, en 2014 el gobierno de Enrique Peña Nieto —valiéndose de un discurso tramposo en el que incluso se aseguraba que Lázaro Cárdenas estaba a favor de la privatización, que por momentos hacía recordar aquella máxima incluida en la novela 1984 de George Orwell sobre la manera en que “quien controla el presente controla también el pasado”—, impulsó la reforma energética aprobada por el PRI y el PAN, cuyo propósito era privatizar la industria petrolera que para ese entonces sostenía una tercera parte del presupuesto anual del país.

De este modo, la codiciada renta petrolera mexicana terminó formando parte del proyecto neoliberal por acuerdos entre los partidos políticos, pese al evidente rechazo de la ciudadanía.

A pesar de que la reforma energética significó cumplir con uno de los mayores anhelos de los tecnócratas neoliberales en México, lo cierto es que la industria petrolera ya venía experimentando una privatización silenciosa a través de las empresas privadas de Pemex que conforman el Grupo PMI, que desde finales desde finales de la década de 1980 hasta 2014 manejó con total discrecionalidad los recursos obtenidos por las exportaciones e importaciones de petróleo crudo y sus derivados, incluyendo la gasolina.

Una práctica inspirada en un modelo de negocios en Pemex basado en la exportación de petróleo crudo, que dejó en el olvido la planta industrial con la que contaba el país, incluyendo refinerías y el sector petroquímica. Y por absurdo que parezca, ahora somos un país importador de gasolina proveniente de Estados Unidos y otros países. Una metáfora de lo que ha sucedido con la economía mexicana a más de dos décadas de la implementación del modelo neoliberal.

A más de dos años de distancia, sobra decir que la reforma fue un rotundo fracaso, tal como lo evidencia la virtual quiebra de Pemex, el desmantelamiento de las refinerías que trabajan al 38% de su capacidad, el desabasto de combustible en al menos 10 estados o el incremento de 20% en el precio de la gasolina, y los incrementos en las tarifas de luz y gas.

Mientras el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, asegura que el “libre mercado” de la gasolina fomentará la “competencia” del sector, lo cierto es que dicho aumento tendrá efectos adversos en el aumento de la inflación y hará aún más compleja aquella “película de terror” a la que hizo referencia el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, para describir el negro escenario económico que se vislumbra en 2017.

Y todo esto, en medio de el derrumbe del neoliberalismo con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea vía el Brexit, dos países donde las políticas de libre mercado cedieron a las presiones de una derecha proteccionista cuyo triunfo representa un duro golpe para los tratados de libre comercio. Un proyecto neoliberal al cual México apostó su futuro y que junto con los altos niveles de corrupción e impunidad que padece el país, han ocasionado un presente incierto y desolador para una generación entera de mexicanos.

¿A quién habremos de pasarle la cuenta del desastre de país que nos han dejado?

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Entender la guerra en Siria, la derrota del neoliberalismo y el nuevo orden mundial

Proyectos de infraestructura, descontento social, potencias metidas de lleno en el ajedrez geopolítico en una región harto volátil, conflictos étnico-religiosos. Entender lo que ocurre en Siria no es algo sencillo. La realidad es más compleja de lo que parece. Aquí algunos videos para tratar de entender un fenómeno sumamente complejo que ha sido el epicentro de una nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, con el papel protagónico de China, un conflicto que tiene como trasfondo la derrota del neoliberalismo con la llegada de Donald Trump y el ascenso de la ultraderecha en Europa.

Lo que ocurre en Siria es consecuencia de un mapa geopolítico en transformación, donde la reedición de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, tiene hoy a China como un tercero en disputa a la hora de inclinar la balanza. Pero no sólo eso, ya que tanto el Brexit como el triunfo de Trump marcan la derrota del neoliberalismo frente el ascenso de una derecha autoritaria y populachera de tintes fascistas, no sólo en Estados Unidos, sino también en Francia con LePen y Alemania con PGIDA, países donde habrá elecciones en 2017 y donde la ultraderecha puede ser la gran triunfadora en Europa ante la crisis de refugiados y la violencia yijadista impulsada desde Medio Oriente.

Vaya encrucijada que vive el mundo el día de hoy. Pareciera que el escenario va perfilándose poco a poco para una nueva guerra mundial de grandes proporciones. Pero por extraño que parezca, quizá la llegada de Trump podría darle un respiro a las tensiones entre las potencias, escenario en el que Putin figura como el gran vencedor y el personaje más poderoso del planeta. Aquí una serie de materiales para una reflexión profunda sobre la guerra en Siria y el nuevo orden mundial.

El negocio de la censura

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Si el derecho a la información en verdad fuera considerado un derecho humano, la censura tendría que ser sancionada de alguna forma por un auténtico Estado de derecho. No ocurre así. Por el contrario, los oligarcas de los medios de comunicación administran la información a conveniencia, como si se tratara de una mercancía. En su reciente informe,  Medios de comunciación: los oligarcas se van de comrpas, Reporteros Sin Frontera documenta al menos cinco formas en que los dueños de los medios practican la censuran el derecho a la información de manera sistemática: 1) Poner su imperio mediático al servicio del régimen; 2) Cambiar información por entretenimiento; 3) Usar su medio de comunicación contra los opositores; 4) Censurar todo lo que vaya contra sus intereses; 5) Comprarse un medio de comunicación para corromper el poder.

Si uno de los principios elementales de la democracia es el derecho a la información como condición elemental para que los pueblos puedan ejercer su soberanía, la situación de la prensa global a merced de los intereses mercantilistas del capitalismo y los intereses privados por encima del interés público, representan uno de los ejes para explicar la crisis de confianza que existe en las llamadas democracias liberales que se constituyen como el modelo de gobierno hegemónico a nivel global.

Si bien en todo el mundo estas prácticas son cosa de todos los días, en países como México la censura mediática ha alcanzado niveles tales, que el más reciente informa de RSF de 2016 sitúa a México en el lugar 149 de un total de 180 países en términos de libertad de prensa, por debajo de países como Rusia, Etiopía o Bangladesh. Algo que contradice el derecho a la información que pregonan las autoridades mexicanas, lo cual no hace sino evidenciar el simulacro democrático en que vivimos, que no es otra cosa que una oligarquía con disfraz de populismo. Basta ver lo acontecido en las últimas semanas con el acoso judicial de los aliados del gobierno de Enrique Peña Nieto contra periodistas e investigadores críticos al actual régimen como Carmen Aristegui y Sergio Aguayo, para entender que el derecho a la información, en el mejor de los casos, no es sino un indicador para medir la calidad de una democracia. Un indicador en el que México sale irremediablemente reprobado.

Un frente ciudadano para combatir a la corruptocracia: una lectura política de la dolorosa realidad nacional desde la matanza de Nochixtlán

El asesinato de al menos once personas a manos de la Policía Federal y el saldo de más de cien heridos durante las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y la sociedad civil en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado domingo 19 de junio de 2016, es la muestra más reciente de la dictadura que se padece actualmente en México.

A diferencia de lo ocurrido en Ayotzinapa, en Nochixtlán hubo muchos fotógrafos y testigos que documentaron la matanza. El secretario de gobernación, Miguel Osorio Chong, dice que prefiere esperar a las investigaciones, lo cual se traduce en que quieren ganar tiempo para inventarse otra “verdad histórica” con la tontería esa de que los policías fueron emboscados. Nadie les cree. Y menos cuando hay fotos de agentes con armas largas vestidos de civiles. La crisis de derechos humanos que vivimos en México sólo se ve en las más crueles dictaduras: asesinatos, represión, desaparecidos, torturados.

Y en este sentido, es necesario cuestionar las inconsistencias en la estrategia política de la CNTE y su exigencia de diálogo con la Secretaría de Gobernación, a lo cual uno podría preguntarse qué posibilidad real de diálogo existe cuando el gobierno utiliza armas de fuego para asesinar manifestantes desarmados. ¿Con quién habría que dialogar? ¿Con un gobierno ilegítimo que viola sistemáticamente los derechos humanos para reprimir a sus opositores y censurar la libertad de expresión? ¿Hasta qué punto reconocer el diálogo implica reconocer como interlocutor a un gobierno ilegítimo que asesina a la población para salvaguardar los intereses de una oligarquía corruptocrática que ha convertido la ruina del país en un lucrativo negocio privado, como ocurrió con la reforma energética y la reforma educativa que pretende facilitar el despido de los maestros disidentes en beneficio de intereses políticos del gobierno? [1] De ahí que la reforma educativa no sea sino un instrumento de control diseñado para que el PRI pueda recuperar el control del gremio magisterial, luego de que los gobiernos del PAN otorgaron una serie de privilegios a los líderes corruptos del sindicato docente con fines político-electorales. Esto explica el por qué los profesores de la CNTE se oponen a un proceso de evaluación que otorga a los señores de la corruptocracia la posibilidad de sustituir a los maestros disidentes por maestros dóciles, lo cual convierte dicha reforma en un aparato de control diseñado para desarticular la oposición al actual régimen.

No es la primera vez que el gobierno de Enrique Peña Nieto reprime a sus opositores mediante el uso de la fuerza y otros medios coercitivos. Así ocurrió con la detención de José Manuel Mireles y las autodefensas de Michoacán, luego de que tuvieran que levantarse en armas para defenderse ante los continuos ataques del crimen organizado y la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad pública. Así ocurrió también con la intervención de las fuerzas armadas, el crimen organizado y el Estado en la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, además de la campaña de desprestigio y acoso orquestada por el gobierno federal en contra el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Esto sin contar con las presiones del gobierno sobre MVS para censurar a Carmen Aristegui y sus colaboradores luego del escándalo de corrupción de la Casa Blanca que involucra directamente a la esposa de Peña Nieto, así como el continuo asesinato de periodistas, activistas y líderes sociales, casos que muestran las difíciles condiciones que se enfrentan actualmente en México para ejercer la libertad de expresión. Rasgos típicos de una dictadura, término que puede definirse como una forma de gobierno en la que una persona o una élite ejerce el poder político a través de diversos mecanismos de coerción para contener a sus opositores mediante el uso de la fuerza.

Por lo anterior habría que preguntarse: ¿Con qué instituciones pretenden lograr gobernabilidad? ¿Con un Poder Ejecutivo que reprime a la disidencia y el pensamiento crítico al mismo tiempo que protege y beneficia a sus cómplices? ¿Con un Poder Legislativo que dicta leyes a modo para beneficiar los intereses de la clase política por encima de la gente, como ocurrió recientemente con la manera en que echaron abajo la propuesta de ley anticorrupción promovida desde la sociedad civil?[2] ¿Con un Poder Judicial que dicta sentencia en función de intereses políticos y donde los crímenes quedan impunes en más del 99% de los casos?[3] ¿Con órganos electorales que invariablemente resultan omisos ante la inyección de dinero ilícito durante las campañas electorales?[4] ¿Con procuradurías de justicia que torturan y manipulan los hechos a su conveniencia para construir “verdades históricas” como las de Ayotzinapa?[5] ¿Con gobernadores corruptos que no son sino empleados del crimen organizado y las empresas trasnacionales?[6] ¿Con los serviles medios de comunicación que administran la ignorancia y realizan campañas de difamación para beneficiar al gobierno en turno?[7] Este es el vivo retrato del actual régimen, donde la corrupción es aquello que da cohesión a todo el sistema político mexicano, lo cual permite entender el actual fenómeno de ingobernabilidad como consecuencia de una severa crisis de legitimidad. Una situación que ha derivado en una grave crisis institucional donde la ausencia de un Estado de derecho ha generado una ola de violencia utilizada por el gobierno para imponer sus propios intereses por encima del bien común, mediante el uso de la fuerza y una maquinaria burocrática diseñada para promover el abuso sistemático en contra de la población. Rasgos de un Estado fallido que busca reconfigurarse como una dictadura donde la política del garrote y la mordaza se ha convertido en el medio predilecto para tratar de controlar la creciente molestia social ante los desastrosos resultados de un gobierno ilegítimo y tirano.

Por ello, no es casualidad que la brutal represión y la detención de los líderes del magisterio disidente se produzca pocas semanas después de que los partidos políticos que forman parte del actual régimen, aprobaran en las comisiones de la Cámara de Diputados una iniciativa de ley que busca crear un Estado de excepción para suspender los derechos humanos y legalizar la represión contra la población civil.[8] Un instrumento típicamente utilizado por las dictaduras para acabar con la oposición política, controlar el descontento social y aferrarse al poder mediante el uso de la fuerza. Algo que, de hecho, ha venido ocurriendo desde 2007, a inicios del sexenio de Felipe Calderón, tal como puede constatarse en el elevado índice de letalidad de las fuerzas armadas en su presunta “guerra contra el narcotráfico”,[9] lo cual evidencia que durante la última década se han realizado una serie de “ejecuciones sumarias” contra civiles,[10] tal como quedó de manifiesto con las masacres de Tlatlaya,[11] Apatzingán[12] y Tanhuato[13] a manos del ejército mexicano y fuerzas federales. Esto, sin contar con los casos de tortura reconocidos por los altos mandos del ejército[14] y otros casos violaciones graves a los derechos humanos como los ocurridos en San Fernando, Ojinaga, Allende

De ahí que existan elementos más que suficientes para responsabilizar al Estado mexicano en tribunales internacionales por delitos contra la humanidad, tal como sostiene un reciente informe de Open Society, el cual señala que ante la crisis de asesinatos, desapariciones y tortura continua que prevalece en el país “existen bases para sostener que actores estatales y no estatales por igual han cometido crímenes de lesa humanidad en México”.[15]

Una crisis de derechos humanos que no es sino síntoma de una enfermedad crónica provocada por un sistema capitalista cuya perversa lógica de explotación, acumulación y miseria ha servido para enriquecer a los más ricos mediante el sufrimiento de los más pobres,[16] situación que en buena medida explica los altos índices de violencia en México[17] y sirve también para encubrir una política de despojo promovida por empresas que —en su continua disputa por territorios, recursos y mercados— violentan los derechos elementales de las personas y las comunidades en complicidad con el Estado.[18] Una crisis profunda generada por un “pacto de impunidad” entre las élites político-empresariales que controlan al país.[19]

Es por ello que la renuncia de Enrique Peña Nieto y todo su gabinete se vuelve un reclamo elemental para evitar una escalada de violencia ante el creciente descontento y la ola de represión contra opositores del actual régimen. Si bien la renuncia o destitución de funcionarios de alto perfil difícilmente resolverá la actual crisis política que enfrenta México, sí representa un primer paso para realizar cambios de fondo en la estructura del sistema político mexicano.

Aún cuando en las actuales condiciones la vía armada representa una opción legítima para derrocar al gobierno tirano que asesina civiles y protege delincuentes, me parece que la mejor vía para afrontar la crisis desde la resistencia civil es mediante la conformación de un Frente Amplio Democrático que genere consensos y una estrategia muy concreta para frenar la violencia y combatir la corrupción, los dos pilares que sostienen el poder político del gobierno autoritario que padecemos. La construcción de un Frente Amplio Democrático permitiría aglutinar y cohesionar la protesta social en las calles, al mismo tiempo que generaría condiciones para construir los consensos mínimos necesarios para echar a andar una reforma profunda del Estado mexicano y ejercer presión sobre la corruptocracia desde distintas trincheras, a partir de una estrategia puntual que ataque el problema de raíz y que pueda implementarse en diversos sectores sociales.

Por ello resulta urgente empezar a plantear la conformación de un frente ciudadano para encarar los abusos de la corruptocracia y convertir la inconformidad social que a diario vemos en las calles y redes sociales en un proyecto político donde la ciudadanía reclame el poder político que le corresponde y le ha sido arrebatado por políticos sin escrúpulos que han dejado en la ruina al país. Una labor urgente que sólo podrá convertirse mediante la construcción de acuerdos mínimos entre diversos sectores sociales, situación que atenta contra la tradición fragmentaria de una izquierda cuyo dogmatismo ideológico y su imposibilidad de construir consensos carga con una parte de responsabilidad en este desastre de país provocado por un bipartidismo de derecha cuyas políticas neoliberales no han hecho sino amplificar el abuso, la desigualdad y la miseria en todas las formas posibles. Una estampa que retrata a la perfección el México corrompido y violento en el que vivimos.

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[1] Manuel Gil Antón. La reforma Educativa. El Colegio de México, 2013. Entrevista disponible en Youtube.

[2] Rubén Rojas. “Elude Senado reclamo de mexicanos y aprueba Ley 3 de 3 rasurada”, en UNOtv. México, 15 de junio de 2016.

[3] Índice Global de Impunidad en México 2016. Universidad de las Américas, Puebla. México, 2016.

[4] Oswaldo Chacón Rojas. ”Diagnóstico del modelo de fiscalización electoral mexicano” en Revista Mexicana de Derecho Electoral, Especial sobre Observación Electoral 2012, num. 4, pp. 275-301. PNUD-UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas. México, 2013.

[5] Informe Ayotzinapa II. Avances y nuevas conclusiones sobre la investigación, búsqueda y atención a las víctimas. Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes-CIDH. México, 2016.

[6] Humberto Padgett. Tamaulipas. La casta de los narcogobernadores: un eastern mexicano. Ediciones Urano. México, 2016.

[7] Jenaro Villamil. “Rapados en Comitán: el montaje fallido de Aurelio Nuño contra la CNTE”, en Homozapping. 1 de junio de 2016.

[8] “Aprueban diputados, en comisiones, dictamen sobre Estado de excepción en México”, en Aristegui Noticias. México, 29 de marzo de 2016.

[9] Carlos Silva Forné, Catalina Pérez Correa y Rodrigo Gutiérrez Rivas. Índice de letalidad 2008-2014: Disminuyen los enfrentamientos, misma letalidad, aumenta la opacidad. Documento de trabajo. Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. México, 2015.

[10] Azar Ahmed y Eric Schmitt. “En México, la letalidad desproporcionada de sus fuerzas armadas genera preocupación”, en The New York Times. 26 de mayo de 2016. // “Las ejecuciones extrajudiciales y la impunidad persisten en México – Informe de seguimiento de experto de la ONU”. Boletín de prensa. Naciones Unidas. Ginebra-Ciudad de México. 20 de junio de 2016.

[11] “Difunde AP que elementos de la Sedena fusilaron a 22 personas en el Edomex”, en Proceso. México, 11 de julio de 2014.

[12] Laura Castellanos. “Masacre en Apatzingán”, en Aristegui Noticias. Reportaje en dos partes. México, 19 de abril-24 de mayo de 2015.

[13] “Fue masacre en Tanhuato; la saña y que nadie traía zapatos, pruebas: familiares”, en La Jornada. México, 25 de mayo de 2015.

[14] “Ejército pide perdón por caso de tortura en Guerrero”, en Milenio Diario. México, 16 de abril de 2016.

[15] Atrocidades innegables. Confrontando crímenes de lesa humanidad en México. Open Society Foundations, 2016, p. 166.

[16] Gerardo Esquivel Hernández. Desigualdad extrema en México. Concentración del poder económico y político. Oxfam México. México, 15 de junio de 2015.

[17] Ted Enamorado, et al. Income Inequality and Violent Crime: Evidence from Mexico’s Drug War. Banco Mundial. Junio de 2014. // Índice de Paz México 2016. Instituto para la Economía y la Paz (IEP), 2016.

[18] Carlos Fazio. Estado de Emergencia. De la guerra de Calderón a la guerra de Peña Nieto. Grijalbo. México, 2016.

[19] Edgardo Buscaglia. Vacíos de poder en México. Random House Mondadori. México, 2014.

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Apuntes sobre ‘El arte de la guerra’ según Sun Tzu

El ímpetu nunca será suficiente para ganar una batalla. Para ello se requiere estrategia, orden, disciplina, claridad. Ahora que las protestas contra el gobierno mexicano han cobrado fuerza en todo el país, pensé que no estaría de más revisar algunos consejos prácticos de cómo ganar en el campo de batalla. Tras la lectura del clásico libro de Sun Tzu, me queda claro que si queremos cambiar las cosas de verdad hace falta más organización. A final de cuentas, el arte de la guerra pasa por un entendimiento profundo de cómo se mueve la energía, la misma energía elemental que regula la vida y la muerte. De ahí que la guerra sea también un reflejo profundo de la esencia humana, lugar donde se vierten todas las pasiones humanas. Van los apuntes:

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– El arte de la guerra se basa en el engaño.

– Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas. Así pues, lo más importante en una operación militar es la victoria y no la persistencia. Esta última no es beneficiosa. Un ejército es como el fuego: si no lo apagas, se consumirá por sí mismo.

– Si intentas utilizar los métodos de un gobierno civil para dirigir una operación militar, la operación será confusa.

– Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después. Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no tienen planes premeditados.

– La fuerza es la energía acumulada o la que se percibe. Esto es muy cambiante. Los expertos son capaces de vencer al enemigo creando una percepción favorable en ellos, para así obtener la victoria sin necesidad de ejercer su fuerza.

– La ortodoxia y la heterodoxia no es algo fijo, sino que se utilizan como un ciclo (…) El ataque directo es ortodoxo. El ataque indirecto es heterodoxo. (Es decir, hay que ser flexible para desconcertar al enemigo. La rigidez de las maniobras te vuelve predecible*).

– Un antiguo libro que trata de asuntos militares dice: “Las palabras no son escuchadas, para eso se hacen los símbolos y los tambores. Las banderas y los estandartes se hacen a causa de la ausencia de visibilidad.” Símbolos, tambores, banderas y estandartes se utilizan para concentrar y unificar los oídos y los ojos de los soldados. Una vez que están unificados, el valiente no puede actuar solo, ni el tímido puede retirarse solo: ésta es la regla general del empleo de un grupo.

– Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse con los que se agitan, esto es dominar el corazón.

– No presiones a un enemigo desesperado. Un animal agotado seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza.

– La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar, aprovechándose de los errores de los adversarios, desplazándose por caminos que no esperan y atacando cuando no están en guardia.

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*El paréntesis es mío.

El músculo represor que evidencia la debilidad del actual gobierno

Tres tanquetas del gobierno capitalino y varias hileras de policías que se extendían por toda la Alameda bloquearon el acceso de la CNTE al Zócalo en una marcha que transcurrió de manera pacífica. Nunca había visto un operativo de estas dimensiones por una protesta en el primer cuadro de la Ciudad de México. Las negociaciones entre el magisterio y el gobierno de Mancera para avanzar hasta el epicentro del país, resultaron fallidas. Algunas versiones durante la marcha señalaron que la secretaría de Gobierno de la CDMX, Patricia Mercado, explicó que no podían mover el cerco policiaco por órdenes del gobierno federal. Y mientras tomaba nota, no dejaba de preguntarme ¿por qué el gobierno decidió impedir el paso de la manifestación hasta el Zócalo? Durante la marcha no hubo ningún incidente que justificara un operativo como este. Y el asunto era precisamente ese: mandar un mensaje de fuerza. La dictadura corruptocrática necesitaba desplegar un operativo gigantesco para obtener fotografías impactantes como esta, imágenes que de algún modo, buscan infundir miedo entre los inconformes con la amenaza de la represión.

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Este desastroso gobierno no tiene otra alternativa que recurrir a la amenaza de la violencia para tratar de reafirmar el poder de una élite que durante décadas ha pisoteado los derechos elementales de las mayorías sedientas de justicia que ayer decidieron acompañar a los maestros en su lucha. La postal habla mucho del momento actual que vive el país: la tiranía de un gobierno déspota y autoritario cuya ambición perversa y el malestar creciente entre distintos sectores de la sociedad, han provocado que el chantaje y la bravuconería sean las únicas vías que le quedan a este gobierno ilegítimo para seguir ejerciendo su política idiota del saqueo, el despojo, la manipulación informativa y la violencia en todas sus formas. Vientos de insurrección soplan en todo México. Todavía faltan muchas páginas por escribir en este gran cuento, en esta gran lucha por la libertad, la paz y la justicia, este canto épico donde el coraje del pueblo hace frente a la miseria de sus gobernantes, que no son sino el más crudo retrato de la podredumbre humana.
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La dictadura de la corruptocracia: la represión del gobierno contra la disidencia magisterial

30 Encajoso

 

Manuel Hernández Borbolla

Una dictadura puede definirse como una forma de gobierno en que una persona o una élite ejerce el poder político a través de diversos mecanismos institucionales para contener a sus opositores a través de la fuerza y otros instrumentos de coerción. Para quien a estas alturas del partido todavía siga dudando si vivimos o no dentro de una dictadura, basta ver lo ocurrido en México durante las últimas semanas desde una perspectiva más amplia para darse cuenta de la verdad. Más allá de que podamos estar a favor o en contra de la manera en que los maestros de la CNTE realizan sus protestas contra la llamada reforma educativa, el tema de fondo que se debería estar discutiendo en medios y redes es la manera autoritaria y represiva en que el gobierno detuvo a los líderes magisteriales violentando el debido proceso judicial, según lo relatado por testigos que presenciaron la detención de Rubén Núñez, quien de inmediato fue trasladado a Sonora por supuestos delitos que tuvieron una amplia resonancia en la campaña mediática contra el magisterio en resistencia, orquestada por Aurelio Nuño desde la Secretaría de Educación Pública. Por ello, lo importante no es discutir si los maestros deben ser evaluados o no, aún cuando ese sea solo el pretexto para que el PRI recupere el control del magisterio luego de que las administraciones docena trágica panista de Vicente Fox y Felipe Calderón cedieron una serie de privilegios a las cúpulas mafiosas del sindicato docente entonces encabezado por Elba Esther Gordillo con fines político-electorales. Lo realmente importante es cuestionar la manera tan burda en que el gobierno utiliza la maquinaria del Estado para reprimir a la disidencia, es decir, la manera en que utilizan la ley para reprimir a todo aquel que se manifieste en contra el actual régimen corruptocrático.

No es la primera vez que esto sucede. Así ocurrió con José Manuel Mireles y las autodefensas de Michoacán, quienes a la fecha siguen presos, y casos como el de Emilio Álvarez Icaza, a quien le fueron imputados cargos por un supuesto fraude como represalia por haber impulsado, desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las investigaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes que hizo trizas la versión histórica de la PGR sobre lo ocurrido con los 43 estudiantes de Ayotiznapa.

Esto, sin contar con la presión que ejerció el gobierno de Enrique Peña Nieto para censurar a los muy pocos medios críticos, como pasó con el veto a Carmen Aristegui y sus colaboradores tras la investigación de la Casa Blanca, aún cuando algunos medios que han resistido el cerco informativo siguen denunciado y evidenciado la corrupción al interior del actual régimen, como recientemente ocurrió con la investigación de Animal Político contra el nefasto gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien cínicamente sigue en su cargo de manera impune pese a su desastrosa administración y de que existen muchas pruebas documentales sobre la manera en que él y sus colaboradores se han enriquecido a expensas del dinero público destinado para combatir la pobreza. Mientras el gobierno es sumamente efectivo para hacer “cumplir la ley” y reprimir a los líderes de la sección 22 de la CNTE con delitos fabricados, que van de lavado de dinero al “robo de libros de texto”, el mismo gobierno resulta particularmente omiso a la hora de ejercer la ley contra la larga lista de exgobernadores vinculados con el crimen organizado y acusados de saquear las arcas públicas, incluyendo a personajes como el exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, quien incluso fue defendido legalmente por una comisión del gobierno mexicano sin que existiera justificación alguna para ello, tras su detención en España por lavado de dinero.

Es decir, que en México la ley es utilizada para beneficiar a corruptos y reprimir a la disidencia, rasgos típicos del autoritarismo y de una dictadura oligárquica donde la corrupción es aquello que le da cohesión a todo sistema político mexicano. Es por ello que, lejos de vivir en una democracia, en México padecemos desde hace ya varios años una dictadura corruptocrática que explica en buena medida la manera en que el PRI y sus secuaces han detenido el avance de las leyes anticorrupción en el Congreso promovidas por la sociedad civil. Pero si bien el impulso de medidas como la Ley 3de3 resultan necesarias y urgentes ante la apabullante corrupción en todos los niveles de la esfera pública, la elaboración de una ley difícilmente podrá revertir la profunda crisis institucional que enfrenta México, pues a final de cuentas la justicia seguirá siendo aplicada de manera discrecional por la corruptocracia que tiene secuestrada al país.

Elude Senado reclamo de mexicanos y aprueba Ley 3 de 3 rasurada

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Y esta profunda crisis estructural de las instituciones mexicanas es lo que ha provocado que México pueda ser considerado hoy como un Estado fallido, incapaz de satisfacer las necesidades elementales de la población, tal como queda evidenciado con los altos niveles de inseguridad, pobreza, marginación y violencia que prevalecen a lo largo y ancho del territorio nacional, donde el abuso y la violación sistemática de los derechos humanos pareciera ser la única regla que saben respetar al pie de la letra los señores de la corruptocracia. Un argumento que se sostiene con cifras oficiales, ya que más del 92% de los delitos que se cometen en México quedan impunes debido a la falta de un Estado de derecho que permita el acceso a la justicia, según datos que se desprenden de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (INEGI, 2015).

IMPUNIDAD 2

Por ello resulta tan grotesco que los grandes medios de comunicación, que no son sino aplaudidores y voceros del actual régimen corruptocrático, celebren el triunfo del PAN frente al PRI en las recientes elecciones, como si esto fuera una muestra de una supuesta alternancia democrática que en realidad ha funcionado como disfraz para ejercer un bipartidismo de derecha, el mismo que en los últimos 28 años ha aprobado casi todas las reformas legales que actualmente tienen en la ruina al país, desde la apertura del Tratado de Libre Comercio hasta las reformas laboral, educativa y energética, pasando por el rescate bancario del FOBAPROA y la privatización de prácticamente todo el patrimonio nacional que tanto trabajo costó construir tras la Revolución Mexicana. Un esquema de simulación democrática que queda en evidencia en los procesos electorales, donde la compra de votos mediante el desvío de recursos públicos es una constante y casos como el de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, donde el alto grado de abstencionismo sólo se explica por la manera en que el sistema de partidos es ajeno a los intereses de los ciudadanos. Así pudo constatarse en los muchos candados que se impusieron para la participación de candidatos independientes, así como la manera en que, a pesar de haber obtenido más votos en la Ciudad de México, Morena tendrá menos representantes que el PRI a la hora de redactar la nueva constitución capitalina, debido a la manera en que fue negociada la reforma política de la Ciudad de México en el Congreso federal, entre las cúpulas del PRI, PAN y PRD dentro del Pacto por México.

Cómo estarán las cosas, que hasta el cínico del expresdiente Carlos Salinas de Gortari, el principal promotor del modelo neoliberal en México, ahora reniega del neoliberalismo al señalar que “sólo propone abusos de mercado”. Lo que olvidó decir Salinas es que él junto con algunos de sus colaboradores cercanos han sido beneficiarios de dichos abusos, tal como ocurre con sus exsecretarios Pedro Aspe y Luis Téllez, quienes siguen enriqueciéndose con la reforma energética que convirtió la quiebra de Pemex un gran negocio para las mafias empresariales cercanas al poder.

Pero el saqueo sistemático no es el único problema derivado del fallido Estado mexicano, ya que la crisis de violencia, asesinatos y desaparecidos que se mantiene desde 2006 hasta la fecha, situación por la cual, organizaciones internacionales como Open Society consideran que los gobiernos Calderón y Peña son corresponsables por delitos de lesa humanidad contra ciudadanos mexicanos, crímenes típicos de gobiernos dictatoriales entre los cuales se encuentran casos como el de Ayotzinapa, las masacres como las de Tlatlaya, Apatzingán y San Fernando, y otros casos menos conocidos como los de Tetelcingo, Ojinaga y Allende, por mencionar solo algunos.

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Todos ellos, casos de desaparición forzada, tortura, asesinato y detenciones con fines políticos, donde la participación del Estado es innegable y donde incluso los altos jefes del ejército mexicano han tenido que salir a pedir disculpas por los abusos cometidos contra la sociedad civil, al mismo tiempo que la corruptocracia pretende darle más facultades a las fuerzas armadas para allanar domicilios e intervenir las comunicaciones de los ciudadanos, medidas típicas de las dictaduras para reprimir a todo aquel que se manifieste abiertamente en contra del gobierno, como ocurre actualmente con los maestros de la CNTE y otros grupos inconformes. Por ello, no es casualidad que los mismos militares sigan jugando un papel clave para contener las protestas de la disidencia magisterial en entidades como Chiapas y Oaxaca.

Todo lo anterior deja ver que la restauración autoritaria no es una posibilidad latente, sino una realidad consumada, luego de que la división de poderes al interior del Estado obedece a los intereses oligárquicos que explican la manera en que las resoluciones judiciales de alto impacto obedecen más a intereses políticos que la impartición de justicia. Por eso resulta absurdo seguir tratando de abordar la profunda crisis institucional que vive México desde el filtro de una supuesta alternancia democrática, como insisten en hacernos creer los intelectuales leales al actual régimen y los críticos descafeinados que han hecho de sus moderados comentarios una apacible forma de vida.

De ahí la importancia de tener en claro que, más allá de estar o no de acuerdo en los métodos utilizados por la CNTE en sus protestas, no podemos permitir que el gobierno siga utilizando los aparatos de control del Estado para reprimir a quienes se manifiestan en contra del actual régimen corruptocrático, cuyos rasgos autoritarios permiten establecer una similitud notable frente a las peores dictaduras del siglo XX. ¿Cuánto tiempo más va a pasar para que llamemos a las cosas por su nombre? La dictadura de la corruptocracia. Así se llama este triste episodio en la historia de México. ¿Qué vamos a hacer al respecto?

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El imperdonable crimen de limitar el uso del coche

En este país no hay atropello más grande contra los derechos humanos que limitar el uso del coche. Respirar aire limpio es un tema intrascendente cuando de movilidad se trata. En México se puede perdonar la corrupción, el saqueo, la burla, la humillación, el despojo, los asesinatos, el secuestro, la impunidad, la carestía alimentaria, la represión, la censura, la manipulación informativa, la esclavitud remunerada, los negocios turbios de las cúpulas empresariales que evaden impuestos y un larguísimo etcétera… pero que nadie se atreva a despojarnos del automóvil si no quiere enfurecer a las masas. Respirar veneno es lo de menos. Aquí no hay crimen más vil que coartar la libertad de un automovilista. Hasta el día de hoy, nadie le perdona al Peje haber tomado Reforma tres meses tras el fraude electoral de 2006. Mientras en México todo fraude es permisible, como ocurrió también con la reforma energética, tomar la calle para protestar por lo que está mal es considerado un acto monstruoso, ajeno a las buenas costumbres de la corruptocracia.

Desde luego, la crítica a la paradójica y justificada ira de los automovilistas no significa que apoye al gobierno de la Ciudad de México y su doble No Circula, pues Mancera no ha hecho sino estupideces con su reglamento de tránsito que promovió la adquisición de más coches nuevos y una mayor emisión de gases contaminantes, mientras las multas de tránsito y los parquímetros se convierten en un jugoso negocio privado para los cuates del poder en turno. Pero aún así, no deja de llamar la atención que, desde otra perspectiva, el actual presidente Enrique Peña Nieto siga tan campante en su cargo, luego de al menos cinco escándalos que en otros países hubieran sido razón más que suficiente para tirar a un presidente. Quizá si la gente se enfureciera e indignara de un modo similar por lo que pasa en lugares como Veracruz, este país sería otro ligeramente mejor. Lástima. Habrá que ponerle carrocería a la desgracia nacional en la que vivimos para ver si así pasa algo en el país donde pareciera que nunca pasa nada.
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MALA CALIDAD DEL AIRE

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