Archivo de la categoría: Política

Los tambores anuncian ya la batalla

 

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Si algo ha quedado claro en las últimas semanas, es que ni Peña ni Calderón gobernaban México. No eran sino simples títeres de los mercados financieros internacionales, coautores de la desgracia mexicana.

Desde Carlos Salinas de Gortari, los presidentes mexicanos han sido rebajados a burdos gerentes del capital financiero, vergonzosos títeres que han permitido que los mexicanos sean rehenes de la banca trasnacional. Durante tres décadas de proyecto neoliberal, los gestores del régimen político no hicieron otra cosa que seguir al pie de la letra los postulados económicos dictados desde Washington y Wall Street, postulados que han enriquecido a los ricos a niveles grotescos a costa de los más pobres.

La desgracia de los mexicanos ha dido un jugoso negocio para el capital financiero trasnacional. Ahí están los indicadores de la creciente desigualdad, ahí está la violencia sin precedentes, la corrupción solapada por los señores del dinero.

A los grandes inversionistas les importa un carajo el bienestar de la gente. Lo han demostrado hasta el cansancio. Por eso los mercados internacionales reaccionaron favorablemente cuando con el fraude que se gestó en Brasil y provocó la llegada al poder de Bolsonaro, un Hitler brasileño.

En el caso mexicano, ya se resiente la presión de los grandes capitales. Al menor intento por regular o limitar la cruel voracidad del sector financiero, los mercados reaccionan provocando turbulencias macroeconómicas, tirando las bolsas de valores, retirando capitales y devaluando la moneda.

Son las consecuencias del proyecto neoliberal que promovió a la
Inversión extranjera como motor de un supuesto desarrollo que, lejos de cumplir con sus promesas, agudizó las condiciones de missria de millones de personas para beneficio de las élites y su insultante riqueza basada en el despojo y el exterminio. Ahí está la devastación provocada por las mineras como un palpable ejemplo de esta situación.

Mientras despojaban de sus tierras a ejidos y comunidades para beneficio de la oligarquía, los mercados fueron felices. Mientras el país se desangraba en la famosa “guerra contra el narco” ls tecnócratas celebraban la “estabilidad macroeconómica” generada por instituciones sometidas al capital financiero internacional.

Ahora que por fin llega en México un gobierno popular, como consecuencia de la catástrofe neoliberal, los mercaderes de la muerte utilizan sus instrumentos para generar caos cuando un gobierno no accede a satisfacer sus intereses y mantener sus privilegios obtenidos con la desgracia de millones.

En esto consiste la profunda crisis estructural del Estado nación y las democracias liberales, rehenes de la insaciable voracidad del capital financiero trasnacional, los señores de la banca, los grandes y omnipotentes inversionistas, dueños del mundo, responsables directos de la actual crisis global.

A pesar de sus errores, Andrés Manuel López Obrador no es responsable de la catástrofe que se avecina. Son los tecnócratas neoliberales quienes pudieron al país en la actual situación de vulnerabilidad, a disposición del capital financiero trasnacional. Los responsables tienen nombre y apellido, aunque las estructuras sociales desarrolladas por la oligarquía traten de ocultar y distorsionar la verdad.

Lo que vemos hoy en México es consecuencia de un nuevo tipo de guerra global, una guerra donde la oligarquía financierista global busca mantener intactos sus privilegios a expensas de la miseria de millones.

Y como en toda guerra, hay que elegir partido. Por supuesto, algunas pobres ovejas, víctimas de la manipulación informativa, el fanatismo exacerbado y la enajenación más soez, defenderán hasta la muerte a sus verdugos, creyendo ingenuamente que los privilegios de las élites son también los suyos.

Y habemos, en cambio, quienes elegimos defender el interés de la gente, de esas grandes mayorías expulsadas del mundo que hoy luchan por tratar de encontrar un lugar en medio de la catástrofe global. Y así hemos de asumir alegres nuestro papel terrestre en esta guerra de todos contra todos: luchando incansables contra la injusticia, la estupidez y la maldad en todas sus formas.

Que suenen los tambores y se escondan los cobardes. Aquí seguiremos dando pelea en esta continua lucha por la supervivencia.
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El mapa del mundo según el tamaño de la población global

Un muy interesante ejercicio que me topé por ahí, en la página del World Economic Forum. Si hablamos de población, la correlación de fuerzas en el mundo cambia drásticamente. Europa no es tan pequeño, Asia es inmenso y América sigue más o menos con sus mismas proporciones.

Disertación contra el fanatismo en redes

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Oigan, en verdad, tómense un tecito de tila para calmar los nervios. La cosa política los trae muy estresados. Pónganse a ver menos noticias en la tele y el Feis y a leer más libros si en verdad quieren entender lo que está pasando en vez de armar escándalo por todo.

Seamos claros.

Yo critico que la decisión del nuevo aeropuerto en Santa Lucía haya carecido de elementos técnicos y haya sido consecuencia de un proceso manipulado por intereses políticos. Creo que merecemos algo mejor y seguiré siendo crítico de esas cosas que considero, están mal, aunque algunos traten de justificar un turbio proceso porque logró imponerse la opción que apoyaban.

Pero de eso a la vergonzosa y alarmista campaña mediática emprendida por las cúpulas empresariales para generar pánico con la subida del dolar y la especulación financiera hay mucho trecho. Ojalá los que ahora se rasguñan la cara hubieran sido igual de críticos con las reformas, la quiebra de Pemex, el alza de los combustibles o la crisis humanitaria sin precedentes que lleva más de 250 mil asesinatos y 30 mil desparecidos. Así que no sean ridículos. No les queda.

Lo que no deja de sorprenderme es la creciente polarización y fanatismo en esta encarnizada lucha de clases a la mexicana. Algo que se refleja en los viscerales y psicóticos comentarios que abundan en redes sociales. Como violentos hinchas de futbol en un enfrentamiento entre barras bravas.

Si uno celebra que López Obrador haga algo bien, uno se convierte en un pinche chairo. Si uno critica a López Obrador por hacer algo mal, entonces uno es un tecnócrata vendido.

El fanatsimo es la antesala del autoritarismo, es ahí donde brota el germen del fascismo que se extiende por todo el planeta. Ese fanatismo imbécil del cual han surgido personajes como Donald Trump en EE.UU., Jair Bolsonaro en Brasil o las acciones terroristas financiadas por el gobierno de Arabia Saudita en Medio Oriente.

Ahí están las expresiones fascistas que vimos en México contra los migrantes centroamericanos como un vivo ejemplo de este enorme peligro que se cierne sobre el mundo.

La vida tiene MATICES y CLAROSCUROS. Pero cuando la simpatía o antipatía hacia un personaje nubla el juicio y cualquier posibilidad de tratar de comprender las motivaciones del otro, la violencia es el siguiente paso. Ahí está la polarización en Venezuela como un ejemplo de ello.

En lugar de estar tan preocupados por emitir opiniones llenas de lugares comunes, que repiten como autómatas con su sesgadísimo consumo noticioso dictado desde los centros del poder hegemónico, yo les recomendaría profundizar y leer libros o ver videos en Youtube que nos ayuden a comprender mejor qué carajos pasa. Es muy diferente el tipo de discusión que se genera cuando ambas partes tratan de descubrir algo nuevo sobre el mundo en que vivimos antes que tratar de imponer mi visión del mundo a los otros.

Yo por eso en este tipo de coyunturas no dejo de referirme al gran Ryszard Kapuscinski, el maestro, a la hora de ahondar en las raíces profundas del fanatismo:

“Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”, solía decir, certero, el formidable periodista polaco.

No caigamos en la trampa.
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A los escritores, periodistas, artistas e intelectuales de América Latina y el mundo: URGE CONFORMAR UN FRENTE GLOBAL ANTIFASCISTA

Mientras en México los cretinos se indignan por el hecho de que Maduro vendrá a la toma de posesión de López Obrador, al mismo tiempo que no dicen ni pío sobre la dictadura en Honduras que expulsa miles de migrantes, hoy el triunfo electoral del fascista Jair Bolsonaro en Brasil escribe hoy uno de los episodios más oscuros para América Latina en los últimos 20 años.

Al final, a la ultraderecha brasileña apoyada por Estados Unidos, le salió la jugada de encarcelar a Lula sin que existiera una sola prueba que demostrara su culpabilidad. Lo de hoy es sólo consecuencia de un golpe de Estado y un fraude orquestado desde hace ya varias semanas.

Lo increíble es la poca resonancia mediática que tiene este avance de la ultraderecha en el mundo. Prácticamente todo el norte de Europa tiene gobiernos abiertamente neonazis, al igual que países como Italia, Hungría, Estados Unidos y ahora Brasil.

¿Dónde están los intelectuales del mundo condenando esta afrenta contra los derechos civiles de la gente?

Pero por supuesto, los medios hegemónicos, controlados desde Washington y Wall Street, simplemente callan frente a esta tragedia global.

Por eso urge organizar un frente mundial contra el fascismo. No podemos permitir que en el mundo avancen estos trogloditas mientras aquellos que ocupan lugares de privilegio en los medios de comunicación, simplemente se limitan a observar la catástrofe.

Hagamos algo. No permitamos que los fascistas se apoderen del mundo. Recordemos las millones de muertes que provocó la Segunda Guerra Mundial. No podemos ni debemos aceptar que el discurso supremacista blanco siga ganando terreno en el ajedrez de la geopolítica global. El futuro de millones está en riesgo.

Conformemos un frente antifascista para resistir la embestida y reescribir la historia del mundo.
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Diatriba antifascista a propósito de la caravana migrante

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En mis 16 años como periodista, pocas coberturas me han impactado tanto como la caravana migrante. La catástrofe es de gigantescas proporciones. Pero el hecho evidenció el racismo, la xenofobia y la estupidez de muchos mexicanos. Paradójicamente, critican a Trump por denostar a los mexicanos pero ellos hacen lo mismo con los centroamericanos. Ser pobre y luchar por no morir de hambre o acribillado es delito en estos tiempos. ¡Incluso se indignan porque los migrantes “dejan sucias” las relucientes e inmaculadas plazas públicas mexicanas por donde pasan! El fascismo es un germen muy contagioso en estos tiempos.

Pero lo más sorprendente e indignante, me parece, es la mordaza mediática. A juzgar por las noticias, pareciera que los migrantes surgieron de la nada, por generación espontánea. Nadie habla de la violencia y la carestía que trajo consigo el golpe de Estado, el fraude y la dictadura impuesta por el actual presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, con ayuda de Estados Unidos. La catástrofe hondureña no tiene resonancia ni siquiera por el éxodo masivo que ha detonado en toda la región. Los hondureños no son migrantes, son refugiados de una guerra civil que ni siquiera es guerra para los medios de comunicación.

Muchos se indignan con la situación en Venezuela, pero ni siquiera se han enterado del otro desastre que está por consumarse en Brasil, donde un fascista de mierda de nombre Jair Bolsonaro está por llegar al poder con la complacencia, sí, otra vez, de Estados Unidos y su maquinaria mediática, que se reproduce fehacientemente en países que se dicen independientes pero son en realidad colonias del imperio.

Por supuesto, eso no les indigna a los imbéciles que se sienten identificados con el neonazismo, próceres de la higiene a ultranza, ellos, con sus delirios de grandeza a la gringa, insoportablemente ignorantes, vacíos, políticamente indiferentes, seres frívolos y tristes que tratan de esconder su miseria humana odiando al otro: al pobre, al jodido, al extranjero. Por eso sueñan en secreto ser güeros y ricos como Trump, déspotas y tiranos, vulgares, inmundos, machistas que sienten placer sometiendo y sobajando a la mujer. Ese es el “progreso” de la supremacía blanca, ese anhelo que nos han metido a la fuerza en el cine y las noticias.

Pobres diablos. Tan urgidos de todo porque sólo poseen cosas materiales. Tan encerrados en sus prejuicios y sus odios. Tan ensimismados en su propia podredumbre, sin siquiera imaginar que existe un mundo allá fuera, un mundo distinto en el que viven personas que están dispuestas a caminar miles de kilómetros con niños recién nacidos entre los brazos para escapar de la miseria. ¡Y todavía los tachan de irresponsables! Lo responsable, según esta gente ilustrada y estúpida, sería quedarse en su país a buscar trabajo y resignarse a morir de hambre. Total, como “el cambio está en uno mismo”, basta con tirar la basura en su lugar para evitar que los pandilleros de la MS-13 te maten a tiros por el simple hecho de vivir en territorios bárbaros donde la única ley que vale es la ley del más fuerte.

Lo mismo pasa para quienes discuten sobre la viabilidad del nuevo Aeropuerto, sin tratar de entender una chingada, exhibiendo sus prejuicios y fantasías pueriles, como si construir un jodido aeropuerto no trajera irremediablemente consecuencias ambientales, sociales y económicas. Pero hay quienes prefieren vivir en su mundo de caramelo antes de aceptar que el mundo es en ocasiones un lugar terrible donde hay que tomar decisiones dolorosas.

Un infantilismo político, promovido dese la hiperrealidad -ese peculiar rinconcito del capitalismo y la modernidad en el cual, nada existe a menos que salga en la tele y en el Feis- que incita a la inacción política, porque “la política es mala y el poder corrompe”. Pero resulta que nadie está dispuesto a esuciarse los zapatos y ejercer el poder de manera responsable, pues es más cómodo dejarlo en manos de los tiranos o simplemente elucubrar complejas teorías de la conspiración, pero hasta ahí.

Tan podrido está todo. Pero a pesar de que en días como este a uno le dan ganas de echarse a dormir y no despertar, eso no sucederá. Mientras haya vida, habrá lucha. Y mi deber terrestre como periodista y poeta es precisamente ese: luchar contra la estupidez y la oscuridad que se esparce por el mundo en todas sus formas, luchar contra el fascismo y lo prejuicios, luchar contra el odio y la tiranía, con el único objetivo de propagar la alegría y reescribir el mundo. Así he de vivir hasta el último de mis días.

¡He dicho!
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“La modernidad es la esencia del capitalismo”: Enrique Dussel

Uno de los filósofos más trascendentes de nuestra era, y sin duda, el más relevante en América Latina: Enrique Dussel. Con motivo del 50 aniversario de los movimientos de 1968, el filósofo de la liberación hace un recuento histórico en su infatigable lucha por el decolonialismo epistemológico y sostiene una idea que llevo yo también pensando durante un buen tiempo: “la modernidad es la esencia del capitalismo”.

“La cuestión de la discusión no es tanto el capitalismo sino descubrir el capitalismo como el sistema de la modernidad”, afirma Dussel, quien advierte el riesgo de transitar hacia una modernidad no capitalista.

Pero Dussel va más allá y advierte algo evidente que hasta el día de hoy, muchos marxistas se niegan a ver: el socialismo es también un invento de la modernidad. De ahí su incapacidad de reformular a fondo los cimientos del actual movimiento civilizatorio hegemónico, hoy en crisis.

 

Lo que sabemos a una semana del ataque porril contra la UNAM ¿La mano de Narro mece la cuna?

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Por lo que hemos podido rastrear la última semana, hay un fuerte interés de ciertos grupos políticos por meter mano en la UNAM y destituir al rector Enrique Graue. Hay algunas señales peligrosas en este sentido, pero antes de las especulaciones, revisemos los hechos.

1. Existe un consenso generalizado en que el ataque porril fue orquestado para desestabilizar a la UNAM.

2. Hay una campaña promovida por grupos políticos (además de un sector importante de estudiantes) para destituir a Graue.

3. Hay un conflicto evidente entre Rectoría y el Gobierno de la CDMX (como vimos con la polémica sobre los detenidos que fueron liberados).

4. Personajes de Morena dentro de la UNAM han salido públicamente a apoyar a Graue.

Pero se mantiene la duda: ¿quién se beneficia realmente ante la desestabilización de la UNAM? Hasta ahora no se ven indicios claros de que el gobierno saliente o entrante estén interesados en desestabilizar a la UNAM. Sin embargo, sabemos que históricamente la UNAM ha sido manejada por el PRI, y que muchos priistas están buscando acomodo ante la falta de espacios (el PRI no sólo perdió la presidencia, perdió el Congreso y gubernaturas importantes), por lo cual, pareciera que ciertos grupos políticos (incluyendo sectores del PRD) buscan mantener o rescatar los pocos espacios de poder que les quedan, y la UNAM entra dentro de dicha ecuación.

Según se comenta en los pasillos de Ciudad Universitaria, uno de los personajes que podrían resultar más beneficiados con la crisis al interior de la UNAM, es el exrector José Narro. “Es el único que pudo haber orquestado un ataque tan preciso, moviendo a distintos grupos dentro y fuera de la universidad”, me comentó alguien que conoce bien de la política al interior de la UNAM.

Si bien faltan elementos y pruebas contundentes para señalar a Narro, la hipótesis no suena descabellada, debido a que, según cuentan, el grupo de Narro al interior de la UNAM se ha ido debilitando durante la gestión de Graue y recordemos que Narro tiene una mala relación con López Obrador (en 2012 AMLO no pudo hacer campaña en CU por la negativa del entonces rector y actual secretario de Salud en el gobierno de Peña), lo cual hará difícil que Narro siga teniendo el peso que todavía mantiene dentro de la UNAM. Y recordemos que la universidad es un coto de poder importantísimo, no sólo por el presupuesto que maneja (superior a estados como Colima o Tlaxcala), sino por la influencia y relaciones que implica estar al frente de la UNAM.

Bajo esta HIPÓTESIS, salen a notar algunos puntos interesantes:

1. Narro y Graue compartieron mesa en la presentación del más reciente libro de Andrés Oppenheimer, horas antes del ataque de porros, celebrada el 3 de septiembre a las 10:00 horas en la Sala Nezahualcóyotl, previo a que ambos asistieran al sexto y último informe de Peña. Hasta donde se sabe, la relación entre Graue y Narro no es mala.

https://www.facebook.com/events/303886260186310/

2. En entrevista con Pascal Beltrán, el rector Graue señaló que: “las hipótesis que estamos explorando van desde el REPOSICIONAMIENTO de grupos políticos que no han tenido cabida a la presencia de narcomenudeo”, (min. 5:00). “Estos son grupos que quieren posicionarse ANTE alguien”, agregó el rector (6:28), tras descartar a los grupos de Peña y López Obrador como posibles perpetradores del ataque. Pero queda la pregunta: ¿ante quién buscarían quedar bien estos grupos? ¿Ante el próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador? ¿Ante los grupos que buscan el control de la universidad? ¿Ante quién más podrían querer posicionarse los grupos a los que alude el rector?

 

3. Un dato clave: desde el inicio de la adminsitración de Graue, Narro ha perdido posiciones importantes para mantener el control de la UNAM: alrededor de una tercera parte de la Junta de Gobierno que designa a directores y al mismo rector (una tercera parte de los integrantes del órgano de gobierno, alrededor de 6 de 15, son “aliados” de Graue y el resto son afines a Narro, según me cuenta gente que le sabe a la grilla universitaria). Entre las personas aliadas a Graue, se encuentra Rosaura Ruiz, quien sonaba para ser la primera rectora de la UNAM y quien ocupará el cargo de Secretaria de Educación de la Ciudad de México en el gobierno de Claudia Sheinbaum.

http://www.juntadegobierno.unam.mx/

Pero entrando de lleno en el terreno especulativo, hubo otro acontecimiento que llama la atención.

Según nos cuentan, es la poca resistencia que mostró el director de la Facultad de Derecho, a la hora de oponerse al paro de actividades. Un hecho que destaca, debido a que históricamente la Facultad de Derecho ha sido manejada por grupos de ala conservadora, y que el mismo Raúl Contreras Bustamante, hizo campaña a favor de José Antonio Meade en la pasada contienda presidencial. A Contreras Bustamante se le identifica como un cercano de Narro. Un hecho inusual en la política universitaria, que además se suma a la llamativa forma en que muchas asambleas estudiantiles en muchas facultades fueron convocadas de manera escalonada, por lo cual, existen sospechas de que grillos profesionales están operando políticamente para radicalizar las asambleas y elevar la presión contra Graue. De este modo, apuntan algunos analistas, es posible que la radicalización artificial de las protestas contra Graue tengan por objetivo desestabilizar al rector y forzar el “reposicionamiento” de algunos grupos. Y aunque es posible que el exrector Narro no tenga nada que ver en los ataques, existen altas probabilidades de que el grupo de relaciones que construyó al interior de la UNAM sean de los más beneficiados con un reacomodo de fuerzas al interior de la universidad, ante el debilitamiento de Graue. Recordemos que dentro de un año habrá sucesión en la Rectoría y hay mucho dinero y posiciones de poder en juego.

Asímismo, siguen apareciendo indicios de que algunos grupos del PRD, y en específico de la corriente Vanguardia, mantienen relación con grupos porriles en Gustavo Madero y Coyoacán.

Asimismo, no podemos perder de vista otras aristas, que parecen temas distintos pero no lo son. Recordemos que a más tardar en octubre, se decidirá la construcción del Nuevo Aeropuerto, un tema en el que hay muchos intereses económicos, y que de algún modo, forma parte de la coyuntura política. No en balde, los pobladores de Texcoco en resistencia se han acercado a las asambleas estudiantiles con la intención de formar un frente común.

Y por supuesto, la pista más clara es el autobús en que viajaban los porros, procedente del Estado de México. El gobierno capitalino ya tiene las placas del vehículo, y con esta pista, debería ser relativamente fácil indagar a quién pertenece el autobús y quién pagó para transportar a los porros. Si con el paso del tiempo no se aclara esta cuestión, será evidente que hay intereses detrás ocultando datos relevantes para proteger a ciertos personajes.

Hoy lunes, 10 de septiembre, Graue se reunió con AMLO para tratar el tema de la crisis al interior de la UNAM. El presidente electo externó su apoyo a Graue, y confió en que “no prosperará ningún intento de desestabilización”. Con ello, queda claro que el rector solicitó el apoyo de López Obrador para contener el ataque de otros grupos. Sin embargo, no han salido a la luz más detalles sobre quiénes podrían ser estos otros grupos.

 

Pero más allá de eso, el llamado de los estudiantes de destituir a Graue y “democratizar la UNAM” (lo que sea que eso signifique) en la actual coyuntura de cambio de régimen, puede resultar particularmente peligroso para la universidad. A pesar de la tibieza y los errores de Graue, me parece que en el actual contexto político puede salir contraproducente pedir la cabeza del rector ante el clima de efervescencia política que se vive. Queda claro que este reclamo de la cabeza de Graue va acompañada de una campaña orquestada desde algunos medios para destacar complicidades dentro y fuera de la UNAM, algo que resulta evidente ante la notoria similitud con la que reconocidos columnistas ligados al poder, han abordado el tema.

Lo dejo aquí para la reflexión.

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10 puntos para tratar de entender el ataque de porros contra estudiantes de la UNAM

Tras el ataque de porros ocurrido el 3 de septiembre de 2018 en Ciudad Universitaria, cuando un grupo de estudiantes del CCH Azcapotzalco fueron agredidos por grupos de choque, hay varias cosas que llaman la atención.

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1. El ataque de porros contra estudiantes del CCH Azcapotzalco fue un atentado orquestado contra la UNAM.

2. Aunque varios señalan como responsable del ataque a Rectoría, queda claro que Enrique Graue y la dirigencia de la universidad es uno de los grupos más afectados con la crisis.

3. Sin embargo, es de resaltar la inoperancia e ineptitud de las autoridades universitarias para contener la violencia nada más y nada menos que a las afueras de Rectoría. La manera en que Teófilo Licona “El Cobra”, fue captado en medio de los disturbios sin realizar mayor esfuerzo por detener la violencia, aunado a las órdenes de no actuar por parte de las autoridades de la UNAM es un ingrediente que genera sospechas y Rectoría debe aclarar.

4. El comunicado de Rectoría, en el cual se insinúa un golpe orquestado por un grupo político para desestabilizar a la UNAM, es un mensaje entre líneas, un tanto inusual. Me llama la atención el penúltimo párrafo: “Agresiones como la sucedida esta tarde son inadmisibles, pues sólo buscan enturbiar el ambiente y desestabilizar la vida académica de esta casa de estudios”.

5. La crisis de violencia en todos los planteles de la UNAM sigue siendo un tema sin resolver que debilita a la institución y sigue haciendo crecer el malestar entre la comunidad estudiantil (lo cual es un caldo de cultivo para que grupos ajenos a la universidad puedan gestar una crisis relativamente fácil).

6. El ataque contra la UNAM se produce el mismo día en que el rector Enrique Graue se encontraba en el sexto y último informe del presidente Enrique Peña Nieto, el mismo día, en que el equipo de Andrés Manuel López Obrador decide hacer público que el exfiscal electoral Santiago Nieto (quien fue cesado del cargo tras indagar los sobornos millonarios de Odebrecht a la campaña presidencial de Peña Nieto vía Emilio Lozoya), será el encargado de perseguir el lavado de dinero, lo cual es un mensaje para Peña y sus secuaces. Llama también la atención que Obrador no tuvo actividades públicas.

7. El ataque, perpetrados por porros de tres planteles distintos (los grupos 3 de marzo, 31 de marzo y Federación de Estudiantes de Naucalpan), tienen presuntos vínculos con el PRI, de acuerdo con algunas versiones que todavía es necesario confirmar.

8. El ataque se produce exactamente un mes antes de que se cumplan 50 años de la matanza del 2 de octubre. Llama la atención que el ataque no fue perpetrado únicamente por el grupo porril de un plantel, sino de varios. Alguien está muy interesado en desestabilizar a la UNAM y al país a casi tres meses de la sucesión presidencial y el cambio de régimen que ya comenzó en el Congreso. ¿Con qué finalidad? Es algo que todavía no queda del todo claro.

9. Las permanentes disputas entre distintos grupos de poder al interior de la UNAM, es otro asunto que no debemos perder de vista. Históricamente las autoridades de la UNAM han sido priistas, y con el cambio de régimen, es posible que también estemos en presencia de movidas políticas con el fin de golpear e intentar abrir puertas con la nueva élite hegemónica. Recordemos que la presencia de Claudia Sheinbaum como parte de uno de los grupos de poder al interior de la UNAM (los llamados Güeros del Colegio Madrid), también forman parte de la ecuación. Y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), que domina este grupo, inmediatamente aprobó cerrar las instalaciones tras la asamblea que realizaron los estudiantes de dicha facultad. ¿Qué otros grupos dentro de la UNAM están aprovechando la coyuntura para patearse debajo de la mesa?

10. El cambio de régimen no será tan terso como se pensaba. Se avecina un mes de mucha movilización estudiantil en la capital del país. Alguien tuvo la intención de ir a patear el avispero y remover las aguas. A río revuelto, ganancia de pescadores. ¿Quiénes son exactamente esos grupos que preparan ya sus redes para salir de pesca? Es la pregunta importante que habrá que tratar de responder. Y para responderla hay que seguir la cola de rata: ¿quiénes manejan a los grupos porriles que orquestaron la agresión? Esa pista, si se investiga, permitirá identificar a los agresores que se esconden en la sombra.

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Crítica ficcionalista a las elecciones presidenciales de 2018 en México (y a los pejefóbicos que nunca entendieron de qué se trató la cosa)

AMLOVE

Concluye un ciclo histórico de 30 años y empieza una nueva etapa. No sabemos si mejor o peor, pero será una nueva etapa al fin y al cabo. Creo que era un paso necesario y urgente que México tenía que dar para crecer como nación. Llevábamos demasiado tiempo estancados en la misma lógica y siempre es bueno un cambio de aires para refrescar la mirada, aunque eso signifique enfrentar nuevos retos, nuevos desafíos, nuevos vicios, nuevos problemas. El cambio de hoy es muy probable que se corromperá mañana, no sabemos si dentro de tres años o dentro de cien, pero es algo que ocurrirá tarde o temprano, siempre, porque la historia es cíclica, un continuo ir y venir por territorios desconocidos, y las soluciones del ahora están construyendo desde ya los desafíos del futuro. Es la inercia de la vida. Y la política, como cualquier otro ámbito de la vida, no escapa a la dinámica de estas fuerzas fundamentales que rigen todas las cosas.

Por eso mismo, sostengo que el cambio era urgente. La vida de los pueblos como las personas, experimentan el mismo choque de fuerzas que determinan la existencia. La psicología de masas no es sino una suma de psicologías individuales que a su vez, construyen un nuevo ente más complejo, pero que en el fondo, comparten un origen común. Así como las personas somos un nivel de conciencia que surge de la cooperación ordenada de millones de células, la sociedad es también un nivel de conciencia colectiva que responde a la dinámica de las fuerzas primordiales que constituyen el universo.

Y ocurre que el desarrollo espiritual de las naciones es similar al desarrollo espiritual de las personas, el cual depende en buena medida, de enfrentar los demonios internos. Y en las naciones como en las personas, el miedo a enfrentar esos fantasmas delirantes que duermen en nuestras profundidades, suele traer consigo consecuencias trágicas. “Todo deseo contenido engendra peste”, escribió maravillosamente el poeta William Blake. Una peste que proviene del deseo insatisfecho, una necesidad de autorrealización que se ve frenada por el miedo de enfrentarnos a aquellas fuerzas que nos impiden crecer. Por ello, toda tradición mística y esotérica, es ante todo una enseñanza sobre cómo enfrentar nuestros miedos más elementales: el miedo a la muerte, el miedo al dolor, el miedo a la soledad.

No es casualidad que a lo largo de la historia de la humanidad, el mito del héroe que vence a sus demonios internos para alcanzar la armonía existencial, es una constante en cualquier cultura, de cualquier tiempo, en cualquier rincón del planeta. El héroe que en busca de sí mismo que es capaz de crear un cambio significativo en el mundo.

Esta estructura psíquica encargada de simbolizar la experiencia humana (descubierta y descrita por Jung y su concepto de arquetipo e inconsciente colectivo) están presentes en prácticamente cualquier relato, sin importar que se trate de un pasaje de la Biblia, un cuento para niños, una película de Hollywood o un drama de Shakespeare. La psique humana se articula a través de ficciones que nos permiten crear un punto de referencia a partir del cual, podemos interpretar y habitar un mundo articulado, gracias al milagro del lenguaje. No en balde, “los límites del mundo son los límites del lenguaje”, como bien señalaba Wittgenstein. De este modo, toda cultura es el resultado de un complejo proceso de intercambio de experiencias que articulan una cosmovisión, es decir, un relato fundamental a partir del cual se construyen todos los demás relatos posibles. Este relato esencial, que los antropólogos conocen como mito, no es sino un relato de ficción a través del cual, el ser humano se explica y trata de interpetar el mundo en que vive. Dicho mito, es el sustento mismo de la realidad. Es decir, que el mito es un discurso que trata de condensar la experiencia humana durante varias generaciones, para luego plasmarla en un relato capaz de explicar todas las cosas, a partir de las cuales, podemos situarnos en el mundo. Toda cultura, por lo tanto, es un cúmulo de narrativas que buscan entender las implicaciones de la existencia y la relación del ser humano con su entorno.

Para quien entiende esta relación entre vida, cultura y lenguaje, resulta sencillo comprender otros ámbitos como la ideología, es decir, un conjunto de ideas más o menos estructuradas que tratan de explicar la realidad cotidiana. Un conjunto de ideas que alude siempre al mito, a partir del cual, se construye cualquier ideología posible. En este sentido, la política, entendida como una disputa por el poder, no es sino una lucha por el control de la realidad. Una batalla que se libra a través del uso del lenguaje y la construcción de narrativas. Esto nos permite entender por qué razón no existe una diferencia significativa entre el relato de ficción y el relato histórico, ya que como bien apunta Paul Ricoeur en su libro Tiempo y narración, ambas modalidades del relato funcionan a partir de los mismos esquemas mentales que posibilitan el lenguaje. Por ello, es común que la historia, entendida como el estudio de la experiencia humana en el pasado, se construye a través de narrativas. De ahí que, cuando decimos que una persona “hace historia”, significa en el fondo que las acciones de dicha persona provocaron un cambio en la narrativa sobre la experiencia humana en el pasado. Hacer historia, por lo tanto, es cambiar el curso de la narrativa hegemónica mediante la cual, el ser humano se explica a sí mismo, a partir de la experiencia de otros seres humanos que vivieron antes que él. Por ello, el surgimiento de la historia surge como tal con la invención de la escritura, ese artificio del lenguaje que permite fijar en el tiempo y el espacio la experiencia humana a un nivel de detalle imposible de recrear a través de las finitas capacidades de la memoria humana y la tradición oral. En este sentido, no es casualidad que la historia, el derecho y el surgimiento del Estado tengan un origen común, que coincide con la invención de la escritura. De modo similar, la política entendida como un control de la realidad a través de estructuras narrativas, permite comprender la manera en que las ideologías políticas se debilitan y fortalecen con el paso del tiempo, cuando dicho relato deja de tener sentido frente a nuestra experiencia de vida. Por eso, dice Gadamer, la verdad es una afimación (o un relato) de la existencia que debe constatarse continuamente en la experiencia humana. Un discurso político deja de tener sentido (es decir, deja de ser verdadero) cuando dicha afirmación sobre la existencia deja de tener relación con mi propia experiencia de vida y mi propia interpretación del mundo. La verdad, será entonces, un relato cuya validez se otorga a partir de una experiencia de vida común entre los diversos integrantes de un grupo social. La verdad está siempre en entredicho, siempre a prueba, siempre contrastada con mi propia experiencia de vida. Las grandes verdades universales sobre la existencia humana, son aquellas afirmaciones que no pierden vigencia y siguen significando cosas para la gente a través del tiempo, sin importar la época.

Yo me di cuenta de esta situación, quizá no de manera teórica pero sí más intuitiva, cuando comencé a trabajar. Recuerdo que en mi familia y círculo social cercano, crecí con la idea imperante dentro del liberalismo económico, idea hegemónica dentro de nuestra cultura occidental, la cual sostiene que la riqueza es fruto del trabajo. Pero recuerdo que aquella frase dejó de tener un sentido para mí, cuando en mi primer empleo, yo me la pasaba trabajando durante más de ocho horas diarias, seis días a la semana, mientras apenas tenía dinero suficiente para pagar mis necesidades más elementales, al mismo tiempo que veía a otros chicos de mi edad irse de fiesta todos los días porque sus papás tenían dinero suficiente como para que sus hijos no tuvieran la necesidad de trabajar. En un sentido similar, veía a mi alrededor que un albañil, por ejemplo, podía realizar un trabajo más exhaustivo, con jornadas larguísimas de 12 o 14 horas, mientras el “patrón” podía trabajar, pero eso no incidía directamente en los niveles de acumulación de riqueza. A partir de ahí, me di cuenta de que trabajar todo el día, por sí solo, no permite acumular riqueza, sino que por el contrario, existen otros mecanismos sociales que permiten dicha acumulación. Esa intuición fue reforzada cuando, ya en la universidad, tuve la oportunidad de leer El Capital de Karl Marx, libro que no es sino un relato de cómo se genera dicha acumulación a través de la explotación y la apropiación de los medios de producción, relato que tiene mucho más sentido para mí, que el discurso liberal que siguen suelen sostener aquellos cretinos que creen que “los pobres son pobres porque no quieren trabajar”.

Lo que intento demostrar, es que nuestras ideas políticas suelen estar referidas a nuestra experiencia de vida. Y nos identificamos con determinados discursos políticos porque dichos discursos significan algo para nosotros, según nuestra propia experiencia. Pero resulta que nuestra propia experiencia de vida, es al mismo tiempo, una interpretación que pretende dar coherencia lógica y estructura narrativa a distntos hechos aislados, articulados como un todo gracias a la memoria y nuestra capacidad de estructurar relatos de vida, en función de nuestras emociones.

De ahí que cualquier ideología busca en el fondo tratar de establecer una relación causal entre mis emociones y los relatos a partir de los cuales trato de explicar el mundo. Es decir, que toda ideología es en el fondo, un relato sobre la relación entre mis emociones y las cosas que ocurren en mi entorno, es decir, un discurso que me permite explicar por qué me siento como me siente en función de la manera en que me relaciono con el mundo que me rodea. De ahí que toda retórica política tenga un sustento emotivo, más que racional, y explica también el poder del demagogo: ese parlanchín que dice lo que el pueblo quiere oír para tratar de restablecer un equilibrio anímico que ha sido trastocado de alguna manera por algún tipo de crisis que pone en peligro mi bienestar. Esto permite entender cómo es que todo discurso político busca apelar a las emociones de las masas para tratar de construir un relato en torno a las causas del bienestar y el bienestar como propósito de futuro. Y todo discurso político lleva implícitas estructuras mitológicas, como bien lo advirtió el filósofo Ernst Cassirer. Por ello, no existe un solo discurso político que no aluda al bienestar colectivo de un determinado grupo. Es decir, que todo discurso político está orientado a tratar de convencer de que una comunidad se siente como se siente, debido a una serie de causas que es necesario corregir para restablecer el bienestar perdido. Las promesas de campaña tienen este fin: tratar de persuadir sobre las formas en que, una serie de acciones encabezadas por los líderes de la comunidad (los gobernantes) habrán de estar orientadas en tratar de mantener el bienestar existente o tratar de acceder a él.

Sobre estos ejes se estructuran las ideas elementales del espectro político: la derecha como una ideología que busca mantener los mecanismos estructurales que explican el bienestar de un grupo, frente a una izquierda cuyo propósito es acceder a un bienestar que le ha sido negado. De ahí que la disputa entre la derecha y la izquierda es, en el fondo, una lucha por conservar cierto tipo de privilegios o tratar de acceder a dichos privilegios. Desde luego, las posiciones de cada polo serán determinadas en función de los intereses de cada persona. Aunque lo cierto es que, más allá de la condición material, lo que realmente importa es cómo es que cada quién construye su propia narrativa en torno al problema del bienestar. Por ello, el pensamiento de conservador de derecha, generalmente asociado a las clases privilegiadas, buscan preservar dichos privilegios emanados de las estructuras sociales, mientras que la izquierda busca acceder a una forma de bienestar que le ha sido negada, principalmente por relaciones de subordinación. Dicho de otro modo, dentro del contexto de la lucha de clases, el pensamiento conservador busca mantener sus privilegios, mientras que el pensamiento de izquierda busca acceder a un bienestar prohibido. A través de esta dicotomía y polaridad, se puede entender la razón por la cual, es posible establecer, de manera muy general, vínculos entre el pensamiento de derecha y los sectores más ricos de la población, así como un pensamiento de izquierda generalmente asociado a los sectores más pobres. De este modo, la disputa entre derecha e izquierda tiene como trasfondo la continua batalla entre ricos y pobres, o quienes se asumen partido a favor de un bando determinado. Esto explica, en buena medida, el por qué existen “pobres de derecha” y “ricos de izquierda”, pues a final de cuentas, la identidad no tiene que ver únicamente con una condición material per se, sino más bien, con la construcción de una narrativa propia. Un relato que busca relacionarse con una determinada idea de bienestar como fenómeno colectivo, que trasciende incluso la condición individual de cada persona. Es por ello, que toda ideología política, sea de izquierda o derecha, es consecuencia de una identidad colectiva que trata de satisfacer necesidades vitales o equilibrar pulsiones elementales propias de todo ser vivo, frente a una narrativa del bien común.

Es así, que la política busca en el fondo, construir narrativas en torno al problema del bienestar. Y a medida que dicha narrativa tenga una resonancia interna entre las masas, mayor será su efectividad para persuadir, convencer, manipular y controlar.

Por ello, romper esta relación de dominación implica volverse fuerte, y para ello es un requisito indispensable conocerse a uno mismo, vencer el miedo y aprender de nuestros errores, con el fin de construir narrativas que nos permitan reestablecer el equilibrio anímico a nivel individual y colectivo. Pero cuando esto no ocurre, la desgracia suele hacerse presente en la vida de los individuos y los pueblos.

Eso fue justamente lo que hemos vivido en México los últimos años: una sociedad mexicana presa del miedo que decidió votar en contra de quien representaba “un peligro para México”, según una campaña de terror orquestada desde las cúpulas empresariales y el gobierno, para infundir miedo de un cambio. Una situación que derivó en una crisis de violencia sin precedentes que suma más de 250,000 asesinatos y más de 37,000 desaparecidos en 12 años de “guerra contra el narco”. Presa del miedo, México se sumió en una profunda crisis, la cual se hizo aún más profunda con aquella timorata frase que encumbró al PRI en 2012: “mas vale malo conocido que bueno por conocer”. Al fin y al cabo, decían los aplaudidores del PRI, ellos “sí saben gobernar”. Un terror irracional al cambio cuyos ecos se mantuvieron hasta las campañas de 2018, con versiones sin ningún tipo de sustento o evidencia empírica sobre el enorme “peligro que representaba López Obrador para la economía”- Un miedo bien alimentado por rumores, campañas de terrorismo ideológico orquestadas por los bancos y los medios afines al sector financiero, que se filtraron en el imaginario de las clases medias, incapaces de interpretar los intereses ocultos tras la información divulgada en los medios.

Las consecuencias de los últimos dos sexenios, ya lo sabemos, fueron desastrosas. A tal punto, que en 2018 la inmensa mayoría de los mexicanos prefirieron correr el riesgo de convertirse en “Venezuela del Norte” antes que volver a apostar por el bipartidismo de derecha que impulsó el modelo neoliberal, que durante tres décadas devastó al país mediante políticas como las privatizaciones, la firma del TLCAN, el rescate bancario vía el Fobaproa o las llamadas reformas estructurales que incluyeron la privatización del petróleo, así como la precarización del salario y las condiciones laborales.

El PRI y el PAN son los principales responsables de que López Obrador haya ganado las elecciones con una ventaja din precedentes, aplastante, que no hubiera ocurrido si en 2006 las élites político-empresariales que mantuvieron intacto su pacto de impunidad mientras el país se desangraba, no hubieran impedido la llegada de López Obrador a la presidencia, en condiciones más acotadas que lo que ocurrió en 2018. Dicho de otro modo, si hubieran dejado pasar a López Obrador en 2006 no hubiera llegado con mayoría en el Congreso y una cantidad de votos aplastante para la elección de 2018. Hoy en cambio, no sólo se convirtió en el presidente más votado en la historia del país desde la época de la Revolución, sino que además llega con 5 gubernaturas y mayoría en las dos Cámaras. Paradojas de la historia. Una muestra de que, más allá de la política, existen otras fuerzas elementales que rigen la naturaleza y que generan un efecto contrario al que la derecha buscaba generar en un principio, cerrándole el paso a quien se había ganado la simpatía de la gente.

Por otra parte, la tenacidad y perseverancia de Obrador, aderezada con su obsesión por la historia, una moral chapada a la antigua y su afilado colmillo político, le permitieron aprender de sus errores y conformar un movimiento social incluyente que poco a poco lo fue vacunando contra los ataques de un PRIAN, fracturado por la desmedida ambición de sus integrantes, lo cual fue un factor decisivo en la contienda. Esto aún cuando persiste la animadversión clasista contra un personaje popular como Obrador, quien prefiere recorrer las plazas públicas utilizando una retórica sencilla e incluso rudimentaria, para convencer a la gente de la existencia de una “mafia del poder” que tiene secuestrada a las instituciones (lo cual es cierto) y cuyos niveles de corrupción han provocado un nivel de podredumbre generalizado.

Lo interesante aquí, es que el desastre de país en los últimos dos sexenios terminó provocando que el discurso sobre el cual se sostenía la continuidad del modelo neoliberal se derrumbara, ante la urgente necesidad de un cambio que permitiera devolver el equilibrio anímico a la colectividad. Un fenómeno que no es exclusivo de México, sino parte de un proceso histórico mucho más profundo que tiene que ver con la dinámica de la globalziación financierista y las tensiones que esto genera en Estados-nación que ven vulnerada su legitimidad frente al poderío del capital trasnacional.

“En el momento en que el Estado se ve privado de una fuerza identitaria que sostenga su difícil maniobra en el mundo de la globalización, ese Estado trata de relegitimarse volviendo a llamar a su gente, es decir, a su nación; pero esa nación, en muchos casos, ya se ha separado del Estado y cree que no está siendo representada”, refiere Manuel Castells en su ensayo Globalización e identidad. Una situación que explica el resurgimiento de líderes nacionalsitas en todo el mundo que aparecen como alternativa a los estragos de una modelo globalizador basado en la movilidad del capital financiero, que ha devastado comunidades y territorios enteros mediante negocios multimillonarios que son incapaces de satisfacer la insaciable ambición de una pequeña élite a expensas del sufrimiento de millones de personas que se ven obligadas a migrar de sus territorios para ganarse la vida en las ciudades donde se concentra la mayor parte de la riqueza global. Un fenómeno migratorio de gran escala que a su vez, socava la cohesión cultural a través de la cual se sostiene la idea del Estado-nación, lo cual provoca una fractura al interior de las grandes urbes que se convierten en espacios de confrontación entre grupos étnicos, religiosos y multiculturales, muchas veces antagónicos entre sí.

Una situación que ocurre actualmente en México, con el fenómeno migratorio hacia Estados Unidos, la devastación ambiental y social ocasionada en comunidades y pueblos a manos de empresas extractivas protegidas por gobiernos neoliberales que han renunciado a su facultad de proteger a sus ciudadanos, con el pretexto de atraer inversión extranjera, siempre dispuesta a generar riqueza mediante el despojo, la explotación y empleos mal pagados. Una situación que fue evidenciada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional desde la fase inicial del proyecto neoliberal en México y que se fue propagando por todo el país a lo largo de los años, junto a múltiples evidencias del fracaso de la apertura económica a varios niveles.

¿Qué ocurrió entonces? Lo que siempre ocurre en la política. El discurso de López Obrador ofreció una explicación cada vez más convincente de la realidad nacional, lo cual le abrió las puertas del triunfo. Cuando Andrés Manuel afirmaba que el PRIAN era lo mismo, las alianzas entre Diego Fernández de Cevallos y Carlos Salinas de Gortari o los continuos guiños de Vicente Fox con Peña Nieto, siempre con la tecnocracia neoliberal como vaso comunicante entre priistas y panistas, terminó dando razón al tabasqueño en torno a la existencia de una “mafia del poder”, cada vez más obscena y evidente.

Una alianza histórica que, sin embargo, fue dinamitada por un impetuoso Ricardo Anaya que, en aras de su ambición presidencial, provocó una ruptura profunda con el PRI, tras la reunión secreta que sostuvo con Peña en Los Pinos el 20 de enero de 2017 en el contexto de la elección a la gubernatura del Estado de México, en la que supuestamente ambos habrían pactado algo que el líder panista terminó por “traicionar”, según han señalado los cercanos de Peña. Pero esta no fue la única fisura provocada por Anaya, quien utilizó la dirigencia nacional del PAN para apoderarse del partido e impulsar su candidatura presidencial con un alto costo político para la militancia blanquiazul: la fractura y rompimiento con el grupo de Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, lo cual derivó una disputa interna que se mantiene vigente y le pasará factura al joven queretano tras la elección de 2018. No en balde, las cifras muestran que con todo y las alianzas del PAN con PRD y MC, la de Anaya fue la peor votación para un candidato presidencial panista del que se tenga registro en la historia reciente, desde la llamada transición democrática. Por si fuera poco, Anaya construyó una alianza antinatura con el PRD, sí, el mismo partido que surgió como consecuecia del pacto entre PRI y PAN tras el fraude de 1988, situación que en una de esas peculiares paradojas de la historia, terminó arrastrando a su mayor debacle electoral desde el inicio de la alternancia y sepultando al PRD, reducido a un partido satélite luego de haber tenido posibilidades reales de acceder al poder. De este modo, Anaya cometió tres errores clave que dinamitaron la cohesión histórica de la tecnorcracia neoliberal de derecha que sostuvo la hegemonía del PRIAN durante tres décadas.

Ante un escenario así, era más que entendible que un discurso antisistema como el de López Obrador tuviera cada vez más resonancia entre un número creciente de damnificados por los estragos del neoliberalismo, tal como quedó de manifiesto con el gasolinazo, derivado de la reforma energética aprobada por el PRI y el PAN. De este modo, la retórica lopezobradorista se convirtió en la única alternativa viable, ante la notable ausencia de otros discursos antisistema con la fuerza necesaria para satisfacer esa necesidad, razón por la cual, más allá de los aciertos del tabasqueño, la retórica neoliberal aunada a los altos índices de violencia y corrupción, derivados de intentos desesperados por retener un poder decadente y cuestionado por la vía del fraude electoral, como ocurrió en 2006 y 2012, terminó por derrumbar al PRI y al PAN en 2018, convirtiendo a Morena en un movimiento social emergente con posibilidades de construirse como partido hegemónico en un futuro no muy lejano, generando así un cambio de régimen, entendido como el conjunto de instituciones que regulan y administran el poder político.

Por supuesto, la inmensa mayoría de los críticos de López Obrador a lo largo de las campañas electorales ni siquiera se percataron de la enorme trascendencia histórica que encerraban las elecciones de 2018, en buena medida, por la dinámica con que operan los grandes medios de comunicación y la industrialización del internet, que ha convertido cualquier acontecimiento en un espectáculo propio de la sociedad del consumo, a expensas de la reflexión y una búsqueda profunda de la verdad.

De este modo, los sectores conservadores asustados de perder sus privilegios frente a un proyecto político como el de López Obrador -que busca priorizar a los más pobres con el fin de contrarrestar los desequilibrios generados por el mercado frente a un Estado débil- fueron burdamente manipulados por los intereses de las cúpulas empresariales que se han enriquecido de manera indignante mientras la brecha entre ricos y pobres en México se vuelve cada vez más amplia, reavivando los temores de masas desinformadas que, sin conocer a fondo la situación de Venezuela, afirmaban una y otra vez, similitudes inexistentes entre el régimen chavista y el proyecto lopezobradorista.

Estas son las implicaciones de fondo de la elección presidencial de 2018, las cuales pasaron prácticamente inadvertidas por el grueso de la población, felizmente enajenada con muchos memes y críticas chafas que evidenciaron también la crisis al interior de la comentocracia mexicana, alimentada por el régimen neoliberal y con fuerte presencia en los grandes medios de comunicación, cuyos argumentos fueron perdiendo fuerza ante la incapacidad intelectual de las élites para reinterpretar el momento político y social por el que atraviesa México.

En conclusión, considero que el paso que dimos los mexicanos con el arribo de un líder popular, proveniente de movimientos sociales como López Obrador, no sólo resultaba necesario, sino urgente, dado el nivel de descomposición social por el que atraviesa el país.

Sin embargo, no soy ingenuo, y desde luego entiendo que el nuevo régimen traerá consigo una serie de riesgos, favoreciendo a unos y perjudicando a otros, como ocurre con cualquier otro régimen político, pero me parece que el llamado a la reconciliación nacional, proviniendo de un personaje como López Obrador, puede ayudar a México pasar a otra etapa histórica. Un acontecimiento que, como bien escribió Jorge Volpi en un artículo reciente publicado en Reforma, representa una enorme oportunidad para que los mexicanos aprendamos de nuestros errores, enfrentemos nuestros miedos y estemos dispuestos a seguir nuestro camino en un nuevo periodo histórico. Una oportunidad que implica abrir muchas puertas y ventanas que durante mucho tiempo estuvieron cerradas. Pero una cosa es abrir la puerta y otra muy diferente, cruzarla.

No sabemos qué traerá consigo este cambio, pero vale la pena correr el riesgo e intentarlo. En una de esas, no sabemos, quizá el país pueda mejorar un poco en algunos aspectos fundamentales, lo cual sería ya, un pequeño avance, aunque sabemos que siempre habrá grupos inconformes, tal como ocurrió con buena parte de los gobiernos de izquierda que gobernaron en países de Sudamérica durante las primeras dos décadas del siglo XXI. Gobiernos de izquierda que, pese a sus innegables avances en ámbitos como el combate a la pobreza, han tenido muchos problemas para mantener el poder frente a una derecha rapaz protegida por los medios de comunicación afines a las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos y Gran Bretaña, las dos principales sedes del capital financiero trasnacional.

De este modo, confío en que López Obrador hará lo que esté a su alcance para remediar los males que aquejan al país, toda vez que su obsesión histórica y su condición de líder de un movimiento social auténtico, de base, lo hacen un personaje adecuado para encarar en reto. Mucho más adeucado, sin duda alguna, que los tecnócratas “avalados” con sus títulos obtenidos en universidades extranjeras, quienes provocaron la devastación de un país inmensamente rico en posibilidades como lo es México.

La magnitud del cambio histórico que traerá consigo el cambio de régimen es digno de analizarse, discutirse y reflexionarse. En lugar de quejarse amargamente, los pejefóbicos deberían cuestionarse qué fue lo que ocurrió para que un personaje como López Obrador lograra llegar a la presidencia de México en su tercer intento. Quizá entonces, puedan mirar hacia adentro, ser autocríticos y aprender algo en el camino.

La historia, como todo relato de ficción, es un cuento en permanente cambio. Un cuento cuyo sentido depende de su capacidad para apelar a las emociones y las más profundas necesidades humanas- Un cuento que en política, simplifica estos aspectos en la idea del bienestar.

Si bien el regreso del nacionalismo revolucionario remasterizado es preferible a la continuidad de un neoliberalismo fracasado, me parece urgente que los mexicanos comencemos a buscar alternativas para construir otro futuro posible, inventar un nuevo cuento que nos permita redefinir el papel del ser humano y su relación con el mundo, un cuento que cuestione y ponga en duda todos los saberes, un cuento que nos permita reconciliarnos con todos los seres que pueblan el planeta, un cuento que nos permita celebrar nuestras muchas diferencias, un cuento capaz de reescribir la historia misma de la humanidad. Esto, o seguir siendo rehenes de narrativas caducas.

Porque la vida es cuento y la realidad es ficción.

¡Salud!
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Crítica a las opiniones simplonas de la clase media mexicana a escasas horas de una elección histórica

Elecciones 2018: El elector volátil decidirá al próximo presidente

A un día de las elecciones, todos tienen una opinión. Y yo no dejo de sorprenderme de lo limitado de muchas “opiniones” que no hacen sino repetir los discursos de las élites que se difunden con virulencia en los medios.

Se nota que no hay el mínimo esfuerzo por pensar tantito, el mínimo esfuerzo por indagar y tratar de comprender lo que ocurre a nuestro alrededor.

Borges decía que el problema con la democracia es que se trataba de “un lamentable abuso de la estadística”. ¿Cómo puede saber la gente, o bajo qué criterios, puede determinar la masa quién es el mejor gobernante? ¿Con la mierda que ven en a diario en la tele?

Interpretar el mundo en que vivimos requiere un esfuerzo para tratar de comprender más allá de las apariencias. Algo para lo cual, es muy útil saber un poco de varios temas: historia, filosofía, literatura, economía, arte, ser curioso, leer, viajar, hablar con gente diferente a la que abunda en nuestro círculo social más inmediato, tratar de establecer empatía con otros muy diversos.

Me da risa cómo la gente construye sus “opiniones” a través de prejuicios y un criterio limitadísimo que no hace sino generar más confusión. Lo cual es muy útil para que el poder hegemónico manipule fácilmente a #LaBorregada, a través de verdades a medias que suelen mezclar con burdas mentiras, que la masa idiota acepta sin chistar o poner en tela de duda.

Después de años y años de trabajar en medios de comunicación, he visto muchos ejemplos de cómo funciona este proceso y cómo se repiten siempre los mismos patrones. Me parece lamentable que muchos amigos y familiares a quienes les platico de estas cosas prefieran creerle a “periodistas” vendidos, por el simple hecho de que salen en la tele, como si eso los hiciera más creíbles en comparación a uno, que se ha recorrido el país hablando con la gente y contando sus historias, uno que se la pasa investigando, cuestionándolo todo, viviendo en carne propia acontecimientos históricos y conversando de viva voz con los protagonistas de la vida nacional. Es más fácil creer las idioteces de un “Youtuber” fabricado en la deleznable industria del escándalo y la vanidad, que creerle a aquellos que han arriesgado su vida para tratar de contar la verdad.

Esas son las coordenadas mediante las cuales la inmensa mayoría de la gente construye sus “opiniones”. Y luego nos sorprendemos de tanto cretino suelto por ahí.

Sus esquemas mentales sorprenden por su sencillez tan elemental, frente a un mundo cada vez más complejo. AMLO=Venezuela. Una simple ecuación con la que intentan justificar sus traumas clasistas: el hecho de que un gobernante no se apegue al estereotipo elitista y oligárquico que contradice cualquier principio democrático. Pensar la política mexicana mediante el eslogan de un publicista. Vaya estrupidez. Como si la Venezuela chavista fuera el único espejo posible para comparar la realidad mexicana. Lo peor es que el desafortunado símil ha sido repetido hasta el cansancio por gente que no sabe un carajo de Venezuela o Cuba, menos aún de muchos otros casos cercanos como los de Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Nicaragua, Honduras, El Salvador o Guatemala. Ya ni hablar de lo que ocurre en Asia, Europa, Medio Oriente, África. La realidad de esos países no figura en ningún caso comparativo en las críticas simplonas que suelen realizar los tristísimos representantes de #LaBorregada. Ya ni para qué hablar de otros espejos más profundos que nos podrían ayudar a entender la realidad compleja en la que estamos inmersos: del neoliberalismo a 500 años de colonialismo, las raíces del capitalismo, el surgimiento del Estado o el lenguaje como una manifestación de las relaciones de poder. Temas demasiado sofisticados para mentes sencillas en busca de respuestas fáciles que les permitan justificar sus filias y sus fobias, gente rudimentaria que ni siquiera sabe leer un periódico. Así son los opinadores multitudinarios que abundan en Facebook y redes sociales en la era de la posverdad.

Otro especímen peculiar en estos tiempos de campañas son aquellos que cómodamente dicen, “¡todos los políticos son lo mismo!”, como una vía para justificar su pasividad. Desde luego, si uno hace análisis superficiales y simplones, uno se vuelve incapaz de percibir matices, relieves, sabores y otras muchas cualidades que conforman este mundo complejo y fascinante. Piensan con plastas y una paleta de colores muy limitada, esquemas poco detallados que evidencian un pensamiento simplón e insoportablemente convencional, una calca de las ideas de los demás.

Entre estos próceres del pensamiento simple y lineal, abundan muchos universitarios, tristemente, lo cual hace a uno cuestionarse lo jodido de un modelo educativo que educa para la obediencia y premia la mediocridad. Quizá por ello, a estas alturas de mi vida no me sorprende, pero no deja de parecerme fascinante, haber conocido campesinos que con apenas la educación primaria terminada tienen una conciencia política mucho más sólida, crítica y profunda que muchos académicos con doctorado, egresados de universidades extranjeras.

Me acaba de suceder hace poco, cuando viajé a un pequeño poblado en Zacatecas, devastado por una minera del multimillonario Carlos Slim, y tuve la oportunidad de platicar con don Roberto, un viejo que entiende muy bien el mundo en que vive y lucha por cambiarlo. En contraparte, hace unos meses fui a platicar con un famoso comentócrata que aparece en la tele y escribe en los periódicos, para entrevistarlo en su lujosa residencia de Bosques de las Lomas, su pequeño feudo a partir del que articula su limitadísima visión del mundo, misma que se propaga en las débiles mentes de los autómatas, quienes se maravillan con títulos nobiliarios por la pura güeva que provoca pensar por uno mismo. Al salir de la casa de este comentócrata, me quedó la sensación de que el sesudo analista no entendía cosas elementales sobre cómo funciona el mundo de allá afuera, lejos de su burbuja llena de comodidades y privilegios.

Lo divertido es que estos cretinos opinan y forman “opinión” entre las masas desinformadas, esa gente chiquita que será siempre sometida a los intereses del abusivo en turno, sin siquiera percatarse de ello.

Aprender es darse cuenta. Y para darse cuenta es necesario estar atento, afilar los sentidos, expandir la mente.

“La peor visión del mundo, de todas las visiones del mundo posibles, es aquella que nunca vio el mundo”, escribió alguna vez Alexander Von Humboldt. Tenía razón.

No hay forma de salir de la confusión sin indagar por nuestra propia cuenta aquellos vínculos secretos que nos permiten comprender el origen de todas las cosas, esa relación misteriosa que nos permite conectarnos con el mundo, esas conexiones mágicas que habitan en nuestro interior.

Mañana son las elecciones del 1 de julio de 2018 y se perfila para ser un día histórico, un día de fiesta, aunque muchos mexicanos cegados por el miedo y la ignorancia que han cultivado asiduamente durante muchos años, ni siquiera se han dado cuenta. Viven presas del miedo que les han inyectado desde los grandes medios de comunicación, esas enormes maquinarias de consumo que son empresas y, como tales, su finalidad es el lucro en lugar de promover el pensamiento crítico, medios basura que no son otra cosa sino eficaces instrumentos de control al servicio del poder hegemónico.

Pobrecillos. Mañana será un día de fiesta y ellos tan ensismados en sus miedos, en sus diminutos problemas, extraviados en su individualidad viciosa que los hace desentenderse de lo colectivo, esa verbena de lo diverso, tan alejados del mundo que aparece tras su ventana, sin siquiera tratar de asimilar las enormes posibilidades que ofrece la condición humana.

Desde luego, habrá que estar atentos para no permitir un nuevo despojo, una nueva trampa, un nuevo saqueo, una nueva afrenta contra la voluntad popular. Ninguna fiesta, ninguna victoria, es eterna. Así en la política como en los otros muchos ámbitos que conforman la existencia humana.

La vida es aprender a caer y levantarse, aprender de nuestros errores y nunca dejar de luchar.

Y así habremos de seguir luchando tras celebrar lo que se perfila como un día de fiesta para los mexicanos, con unas elecciones históricas que marcarán el ocaso de un neoliberalismo voraz que ha destruido al país. Mañana México escribirá una nueva historia.
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Poder: la voluntad de vivir como principio fundamental de las relaciones humanas

Perseo

Poder es la capacidad de imponer la voluntad de uno sobre otro. Es la realización del deseo personal frente al deseo del otro. De ahí que el ejercicio del poder pueda manifestarse de muchas formas: desde la fuerza física hasta la persuasión, carisma, conocimiento. Poder es la capacidad de convertir la voluntad personal en la voluntad del otro, a través de la coacción física, el convencimiento o la seducción. Poder es la capacidad de satisfacer el deseo personal a través del deseo del otro, o a pesar del deseo del otro.

El deseo es la raíz del poder, toda vez que nuestra condición de seres vivos nos vuelve seres con necesidades que buscamos satisfacer permanentemente. Y es en la lucha por la realización de dichos deseos, que el poder se manifiesta en la vida cotidiana de todo ser. Esto permite entender al poder como una capacidad propia de todo ser vivo para satisfacer sus necesidades dentro de un entorno marcado por las necesidades de otros. Poder es disputa y comunión, la capacidad de materializar nuestros sueños.

El poderoso es aquel que satisface su necesidad y su apetencia, un ejercicio a través del cual, todo ser busca sentirse bien para seguir viviendo. Poder es voluntad de vivir. El poderoso vive mientras otros mueren, pero también, es aquel capaz de sobreponerse al temor de la muerte en pos de un bien superior que da sentido a la vida misma. Poder es la afirmación de la vida sobre la muerte. Por ello, el poderoso es aquel capaz de vivir y seguir viviendo más allá de los confines de la muerte, es aquel capaz de trascender a la muerte. Poder es la voluntad de vivir a pesar del peligro mortal que esto conlleva. Poderoso es el que sobrepone a la adversidad, los obstáculos que enfrenta todo ser vivo para seguir viviendo. Poder es sinónimo de vida, y por lo tanto, una condición elemental de todo ser vivo. Poder es la manifestación del deseo vital.

El poder como ejercicio, puede convertirse en una técnica capaz de ser transmitida de generación en generación. Cada familia o grupo humano, transmite a su descendencia un conocimiento específico sobre cómo ejercer el poder. El poder, al igual que ocurre con cualquier fuerza física en el ámbito de la mecánica clásica, tiende a mantenerse a lo largo del tiempo a menos que exista una fuerza mayor capaz de contrarrestar la fuerza inercial.

Esto permite entender también al poder como una cultura, un conjunto de reglas, mecanismos y procedimientos que se despliegan simbólicamente en la imaginación humana, como una forma de satisfacer el deseo personal en un mundo caótico donde impera el continuo choque de los deseos.

Y es precisamente en el seno de la vida familiar que el poder se manifiesta por primera vez, a través de los padres, que representan la figura de poder por excelencia en la psique profunda de todo individuo y cuya finalidad, es garantizar la supervivencia de su descendencia. En general, los padres buscan el bienestar de sus hijos como una manera de sentirse bien consigo mismos y también garantizar su propia supervivencia. Es por ello que al ejercer el poder sobre sus hijos, los padres transmiten también un conocimiento específico de cómo ejercer el poder mediante diversas formas. El poder se vuelve entonces, parte de una tradición familiar que busca garantizar la supervivencia del clan, la supervivencia del grupo al cual se pertenece frente al peligro que encierran otros grupos sociales que buscan también satisfacer sus propios deseos.

Esto explica el origen mismo de las primeras sociedades primitivas, donde las relaciones de parentesco, constituían la base de las estructuras de poder, y posteriormente, las bases mismas de la civilización. De ahí que el linaje constituya una de las más esenciales formas de constituir el poder en términos sociales. La descendencia de un ser humano poderoso implica que sus sucesores recibirán también un conocimiento esencial sobre cómo ejercer el poder. Esto explica la existencia de familias fuertes capaces de someter a familias débiles que a su vez crean sus propias formas culturales de resistir al poderío de otros.

Sin embargo, esta correlación de fuerzas es siempre dinámica y se encuentra en constante cambio: al igual que ocurre con los individuos, existen familias fuertes que se debilitan, y existen también familias débiles que se vuelven fuertes con el paso del tiempo. Esta dinámica de las fuerzas sociales, explica el desarrollo mismo de la historia humana, entendida como un continuo choque de fuerzas.

De ahí que toda revolución implique siempre un estallido donde el abuso de unos sobre otros se vuelve insostenible, una lucha donde los sometidos pierden el miedo a la muerte para luchar por su propia supervivencia frente a los aparatos de control impuestos por las élites que detentan el poder político y el control de las instituciones. Toda revolución es una colisión de voluntades, es el deseo de vivir que se manifiesta en lo político, entendiendo lo político como ese continuo choque de deseos que se manifiesta en todo grupo social.

Pero como bien señalé al principio, el ejercicio del poder no se da sólo como una imposición, sino que puede ejercerse también de manera seductora: carismática y persuasiva. Esto explica en buena medida, el uso de la sexualidad como un mecanismo de control y poder. Pero también explica la manera en que se constituye la legitimidad como un ejercicio benéfico del poder al interior de cualquier grupo social.

La legitimidad es el reconocimiento de la voluntad del otro, el reconocimiento de la fuerza del poderoso, el principio esencial de toda autoridad verdadera. Legitimidad es reconocer una fuerza de voluntad superior en el otro, un fenómeno que lo mismo despierta admiración o fascinación, como manifestación del deseo vital del poderoso. El deseo del otro se convierte así en el deseo propio. De este modo, la voluntad del poderoso como seducción, refleja siempre la voluntad secreta del otro, un deseo reprimido que busca manifestarse en la fuerza del otro. Por ello, el liderazgo auténtico se produce cuando una masa crítica reconoce la autoridad y la fuerza del poderoso.

Si el grupo no reconoce la autoridad y la fuerza de un supuesto líder, su poder sobre los otros se verá cuestionado y debilitado. Esto explica por qué al igual que ocurre en las familias, la tribu, las empresas o la política, los verdaderos líderes son aquellos personajes capaces de afirmar su autoridad a través de una voluntad fuerte, capaz de resonar en la voluntad de los otros. De este modo, la atracción que ejerce un verdadero líder sobre los otros, reafirma su autoridad sobre los demás.

Los liderazgos débiles, en cambio, suele generar problemas al interior de cualquier grupo social, al propiciar luchas descarnadas por conquistar la voluntad de los otros para satisfacer la voluntad personal. Una disputa en la cual, la ausencia de liderazgos —es decir, la ausencia de voluntades lo suficientemente fuertes para cautivar a los demás— buscará ser compensada por otras vías de ejercer el poder.

Esto explica el por qué, los gobiernos tiranos se ven obligados a utilizar la fuerza como forma de someter a otros que no reconocen su legítima autoridad a favor del bien común. Los gobiernos débiles engendran peste, al ser una expresión del deseo insatisfecho de las masas, un deseo reprimido que genera malestar y descontento.

En cambio, la autoridad legítima propicia el orden social y el florecimiento de las relaciones humanas, al ser una proyección profunda del deseo colectivo realizado, situación que genera bienestar. Por ello los grandes líderes de la historia son catalizadores sociales que permiten expresar los deseos profundos de la gente. Un gobierno legítimo es la manifestación de la voluntad popular.

El poder es entonces, una forma de vivir, la manera de ejercer una voluntad de vivir que lo mismo genera fascinación u hostilidad en los otros. El poder es la realización del deseo personal que interactúa con el deseo de los otros, un choque de voluntades que puede engendrar vida o engendrar muerte. Poder es la capacidad de despertar la conciencia o sepultar la ira de los demás, es la realización de un sueño, el anhelo de la felicidad como destino último de la existencia.

Poder es llevar a cabo la utopía de la realización personal, la voluntad de vida que logra imponerse a los muchos peligros de un entorno caótico, la fascinación que inspira a los demás en la persecución del bienestar.

Poder es la posibilidad de derramar nuestros sueños sobre el mundo.

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Grandes medios controlados por 11 familias, evidencian falta de pluralidad y fracaso de la reforma de telecomunicaciones

Patrones

La concentración en la propiedad de los medios de comunicación está asociada a una cobertura apegada al poder político y salarios cada vez más bajos para periodistas, revela un informe desarrollado por RSF y Cencos.

Sin título

El control de los grandes medios de comunicación en México está concentrado en 11 familias, afectando la pluralidad de la cobertura noticiosa, evidenciando además grandes deficiencias en la Reforma de Telecomunicaciones impulsada por el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Una situación que, también, ha generado dueños de medios cada vez más ricos con periodistas cada vez más pobres.

Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden del informe Media Owner Monitor México (MOM México), desarrollado por las organizaciones Reporteros Sin Fronteras y Cencos.

En México, 11 familias controlan más de la mitad (24 de 42) de los medios más importantes con las mayores audiencias y, además, reciben la mitad del presupuesto de publicidad oficial”. MOM México

Según los datos, 10 de los 25 dueños de medios mexicanos más importantes analizados por MOM, son familias. En dos casos, una misma familia es propietaria de dos grupos mediáticos cada una: Los Azcárraga (Emilio Azcárraga Jean y Rogerio Azcárraga Madero) y la familia Vázquez (Vázquez Raña y Vázquez Ramos).

De este modo, seis de ocho televisoras, seis de 11 radiodifusoras, seis de 13 sitios online y seis de 10 periódicos impresos forman parte de corporativos que forjaron sus fortunas el siglo pasado, lo cual se traduce en una homogenización de la cobertura informativa.

Más de la mitad de los canales de televisión, programas de radio y diarios impresos reproducen los enfoques noticiosos de élites ligadas tradicionalmente al poder político. Puede observarse mayor pluralidad en el caso de los portales de internet, donde se diversifica la propiedad sobre los medios de comunicación”. MOM México

El análisis por RSF y Cencos, realizado a 42 medios con grandes audiencias (ocho de televisión, 11 de radio, 13 online y 10 de prensa), permitió ubicar a 11 grupos empresariales que controlan la difusión de las noticias que llegan a la mayor parte de los espectadores mexicanos. La mayoría de los negocios de dichos grupos están en distintos sectores de medios (televisión, radio, impresos y digitales) y en otras industrias, como construcción, minería, servicios financieros y casinos.

De este modo, el informe sostiene que entre el 60% y 80% de los medios noticiosos más consumidos del país, “pertenece a conglomerados que, además de tener empresas de medios, tiene negocios que dependen de contratos con el gobierno”.

Una situación que pone en alto riesgo la pluralidad de los grandes medios mexicanos.

El reporte también documentó que no existen regulaciones gubernamentales que permitan conocer las respectivas audiencias de los medios, lo cual representa un problema ahora que el Congreso mexicano tenga que legislar y reglamentar el tema de la publicidad oficial en los medios, ya que no existe forma de saber el impacto que tienen en la esfera mediática.

El gobierno mexicano no ha reglamentado medidas de transparencia para que los medios o empresas privadas certificadas divulguen cifras confiables sobre audiencias. MOM México

“Así, sólo las televisoras que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores o en la Bolsa de Valores de Nueva York tienen obligación de abrir sus datos empresariales”, añade la investigación.

Medios ricos, periodistas pobres

Pese a que en México el sector de medios crece casi cuatro veces más que la economía nacional (8.6% contra 2.5%, respectivamente), esto no se ha visto reflejado en una mejora de salarios para los periodistas, sino todo lo contrario. De este modo, México es un país con medios ricos y periodistas cada vez más pobres, muy por debajo de la media salarial percibida por un profesionista mexicano.

“Pese a sus fortunas familiares, los dueños de los medios en México pagan salarios precarios: en 2013, el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight de la Universidad de Texas retomó un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad, que encontró que el periodismo es uno de los cinco trabajos peor pagados en el país con un salario promedio de 7 mil 973 pesos al mes, es decir, aproximadamente 610 dólares. Ese sueldo se ha ido degradando en los últimos años: la empresa de recursos humanos Indeed ubicó en marzo de este año que la media salarial para un reportero mexicano es de apenas 4 mil 560 pesos al mes (245 dólares), de acuerdo con los sueldos de 835 ofertas de trabajo. El salario promedio de un profesionista mexicano es de unos 11 mil pesos mensuales (615 dólares)”, añade el informe.

No podemos hablar de periodismo independiente si no hay un entorno mediático saludable; en México parece ser una paradoja, porque la industria está creciendo pero con una distribución desigual de la riqueza”, dijo Olaf Steenfadt, quien encabeza el proyecto de Monitoreo de Dueños de Medios de RSF a nivel global.

El fracaso de la reforma de telecomunicaciones

Una de las principales promesas y argumentos de la reforma de telecomunicaciones impulsada por el PRI, PAN y PRD a principios de sexenio, dentro del Pacto por México, era acabar con la concentración mediática de algunas grandes corporaciones.

Sin embargo, esto no ocurrió, ya que en sectores como la televisión de paga, que puede incluir los servicios de teléfono e internet, Televisa sigue tendiendo un lugar preponderante con prácticamente nulas restricciones, según explicó Aleida Callejea, experta del del Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia (Observacom).

Cuatro años, casi cinco años de la nueva ley, lo que podemos decir es que en algunos sectores la concentración ha subido. Es el caso de la televisión de paga, donde Televisa fue favorecida por la ley y tiene un poder sustancial del mercado con un control de más del 63% en televisión de paga, televisión de cable y satelital”. Aleida Calleja, Observacom

Sin embargo, y aunque el Poder Judicial facultó al Instituto Federal de Telecomunicaciones para que emitiera medidas de regulación para evitar que Televisa abuse de su poder en ese mercado, el instituto no ha tomado las medidas pertinentes.

“Los cambios en la ley federal tienen que ver con la existencia de legisladores que responden directamente a los intereses de las grandes televisoras”, dijo Calleja.

Sobre la falta de información para conocer a quién pertenecen los medios y las mediciones de audiencia, Calleja aseguró que la ley obliga a los medios entregar dicha información al IFT.

“El problema es que no hacen versiones públicas para que la sociedad tenga este tipo de información. Todos los datos de mediciones de audiencia los tiene el IFT”, dijo. “No hay posibilidad de verificar la competencia efectiva en el mercado ni ver quién concentra, ni tomar decisiones de política pública, si no tienes las mediciones de audiencia”, agregó Calleja.

“En todos los documentos del IFT, está plagado de hacer cumplir el pluralismo y la diversidad, pero no existe un solo criterio para medir el pluralismo en el sistema de medios”, agregó Calleja, quien explica que sede hace cuatro años el instituto prometió emitir dichos criterios. Hasta el momento no hay nada e incluso esa actividad desapareció de su último plan de trabajo anual, lo cual evidencia el abandono del tema por parte del gobierno federal.

Tal como lo muestra el MOM, tenemos contenido noticioso homogéneo por los intereses comerciales o los intereses gubernamentales a través de la publicidad oficial. Esto tiene una gravísima consecuencia en la calidad del debate democrático”. Aleida Calleja, Observacom

La experta añadió que en 2017, el informe de la OCDE evaluando la reforma de telecomunicaciones menciona varios problemas con el órgano regulador y con la ley, para evitar que Televisa siga acumulando poder en el sector de televisión de paga, así como otras medidas inconsistentes que no han permitido una

“Ahora que la OCDE es crítica con el status quo que se sigue manteniendo en el sistema de medios, el gobierno no dijo nada”, añadió Calleja, quien cuestionó que el gobierno no haya hecho nada al respecto, luego de que el asesor jurídico de Televisa considerara que dicho informe de la OCDE había que “tirarlo a la basura”.

“Tenemos un organismo con autonomía constitucional, con facultades cuasi legislativas pero que sigue entendiendo la institucionalidad como un sistema de lealtades”, concluyó Calleja.

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México, país de imbéciles

País de imbéciles

El país se va a la mierda mientras los imbéciles, que son la gran mayoría, van por ahí, pasándola, tan ajenos a todo lo que pasa a su alrededor. Discutiendo pendejadas y frivolidades, mientras la violencia no para y la transformación de México en un Estado totalitario avanza de manera consistente.

Por supuesto, a nadie le importan estas cosas. La ejecución de dos adolescentes a manos de la policía en Veracruz no pasará de ser una anécdota más. No. Lo importante es subirse al tren del mame, con los Oscares o la muerte de Stephen Hawking o algún video de perritos o algún otro meme simplón que explique cómo no pasarse el semáforo en rojo representa una enorme contribución para cambiar la mierda en que vivimos.

Vayan y díganle eso a las familias de los 43 o los desaparecidos de las fosas de Tetelcingo. Explíquenle a sus hijos cómo es que en este país, el crimen organizado, el ejército y la policía pueden desaparecerte, asesinarte, violarte, golpearte o encarcelarte, sólo porque la gran mayoría de los mexicanos son un puñado de cretinos que no hacen otra cosa sino escupir estupideces en Facebook, repitiendo como idiotas las mentiras que ven en la tele.

Ahí están los autómatas advirtiendo el gravísimo riesgo de que México se convierta en Venezuela, cuando no movieron un dedo, un jodido dedo para postear alguna pinche noticia sobre la Ley de Seguridad Interior con la cual se decretó una dictadura militar en México, o la resolución de la SCJN ayer, que abre las puertas y legaliza la extorsión policial que padecemos a diario. De eso no se quejan. Quizá porque no fueron programados para ello, por la sencilla razón que a los señores del dinero y la ignominia no les resulta conveniente, para que puedan seguir haciendo “negocios” con el sufrimiento de millones de ovejas que van en silencio y asintiendo con la cabeza agachada, rumbo al matadero.

En días como hoy, a uno le dan ganas de gritar y morder, ante tanta impotencia, tanta jodida impotencia y dolor regado por doquier.

Vivimos en un país de mierda gracias a imbéciles como usted. Imbéciles que han sido abusados una y otra y otra vez durante más de 30 años, sin siquiera darse cuenta. Siéntase orgulloso, querido autómata.

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(Iracunda reflexión a raíz de varios hechos noticiosos ocurridos en marzo de 2018)

Apuntes de Masa y poder de Elías Canetti

Otro de los textos rescatados del archivo, de los años de colegial. Un resumen del libro Masa y poder, en el cual, Elías Canetti analiza el fenómeno de las masas desde una perspectiva de la antropología filosófica. Aquí un resumen con algunas definiciones para entender ese extraño y peculiar fenómeno que es el poder de las masas.

Canetti

Inversión del hombre de ser tocado

Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Solamente inmerso en la masa el hombre puede librarse del temor de ser tocado. En masa, el hombre pierde ese temor, busca la densidad, se siente seguro.

 

Cuatro características esenciales de la masa.

La masa siempre quiere crecer. La compulsión a crecer es la primera y suprema característica de la masa.

La masa unifica: todos son iguales en ella. En el interior de la masa reina la igualdad.

La masa ama la densidad.

La masa necesita una dirección.

 

Otras características

Posee una descarga, un objetivo común.

El ataque desde fuera solo puede fortalecer a la masa. Físicamente separados, sus miembros tienden a juntarse con más fuerza. En cambio, el ataque desde dentro es peligroso de verdad.

 

Masa abierta

Su crecimiento no tiene límites prefijados. La masa abierta existirá mientras siga creciendo. Su desintegración empieza en cuanto deja de crecer.

 

Masa Cerrada

Busca establecerse, creando su propio espacio al limitarse. El límite impide un crecimiento incontrolado, pero dificulta y retarda la desintegración. Lo que gana en estabilidad, sacrifica en posibilidad de crecimiento.

 

La descarga

El fenómeno más importante que se produce al interior de la masa es la descarga. Antes de ella, la masa no existe propiamente: solo la descarga la constituye de verdad. En el instante que todos forman parte de ella se deshacen de sus diferencias y se sienten iguales. La descarga es el objetivo para el cual se formó la masa.

 

Estallido

Repentina transición de una masa cerrada a una abierta.

 

Domesticación de las masas

La dirección se convierte en lo más importante. Cuanto más lejana la meta, más posibilidades tiene de perdurar, tal como ocurre en las religiones.

 

Pánico

El pánico es una desintegración de la masa dentro de la masa. El individuo quiere abandonarla y escapar de ella, que está amenazada en cuanto a su totalidad. Pero como aún se halla físicamente en su interior, debe arremeter contra ella.

 

Ritmo

En la masa rítmica densidad e igualdad coinciden desde el principio. Todo en ella depende del movimiento.

 

Retención

La masa retenida es compacta, cualquier movimiento libre le resultaría del todo imposible. La masa retenida espera.

 

La masa invisible

La percepción de que existe una masa más allá de la existencia, tal como los muertos o las generaciones que aún no han nacido.

 

 

Clasificación según la dominante afectiva

  1. Masa de acoso – se constituye teniendo como finalidad la consecución rápida de un objetivo. Este es conocido y señalado con precisión, se encuentra próximo.
  2. Masa de fuga – se genera por una amenaza. Es propio de ella que todos huyan y arrastren todo en su huída. El peligro que amenaza es el mismo para todos.
  3. Masa de prohibición – Cuando muchos resuelven no seguir haciendo lo que hasta ese momento hacían individualmente. La prohibición es repentina, ellos mismos se la imponen. El mejor ejemplo es una huelga.
  4. Masa de inversión- Las revoluciones son el ejemplo típico de cuando los que durante tanto tiempo permanecieron indefensos, enseñan los dientes. Su número compensa la falta de experiencia o maldad.
  5. Masa festiva – Hay gran abundancia en un espacio limitado y todos los que se mueven en él pueden participar de lo que haya. La fiesta es la meta. La vida y el placer estarán asegurados mientras dure la fiesta.

 

Cristales de masas

Pequeños y rígidos grupos humanos, bien delimitados y de gran estabilidad, que sirven para desencadenar la formación de masas.

 

La muta

Unidad previa a los cristales de masa y a la masa. Su principal característica es que no puede crecer, pero lo desea. Este fenómeno se da en tribus. En ella, crecimiento y densidad son características representadas, igualdad y dirección sí existen. Aunque circunstancias adversas la obliguen a dividirse, la muta a diferencia de la masa, siempre volverá a reunirse.

 

Las entrañas del poder

“Quien quiera dominar seres humanos intentará rebajarlos, privarlos arteramente de su resistencia y sus derechos hasta tenerlos impotentes a sus pies, como animales (…) Su objetivo será siempre succionarlos y digerirlos. Le es indiferente lo que de ellos quede”.

 

Agarrar e incorporar

La mano y la psicología del comer

 

El superviviente

El momento de sobrevivir es el momento del poder. El espanto ante la visión de la muerte se disuelve en la satisfacción de no ser uno mismo el muerto. Todas las aspiraciones del hombre a la inmortalidad contienen algo del ansia de sobrevivir. El que sobrevive, siempre será sinónimo de poder, pues representará ciertas características que lo hacen más fuerte, más apto que los demás. Le da superioridad. Por ello, la aversión de los poderosos hacia los supervivientes.

 

Elementos del poder

Fuerza y poder

A diferencia de la fuerza, el poder supone cierta expansión, más espacio y más tiempo. Poder es la capacidad de administrar la fuerza. (Ejemplo del gato y el ratón).

 

Velocidad

Toda velocidad forma parte del ámbito del poder, la velocidad física como propiedad del poder.

 

Pregunta y respuesta

Toda pregunta tiene condicionada una orden de respuesta. El que interroga ejerce poder sobre el otro.

 

El secreto

Se halla en la médula misma del poder. El acto de acechar a la presa es mantener un secreto de los movimientos a seguir. Se utiliza la sorpresa, lo inesperado como arma.

 

Sentenciar y enjuiciar

El que juzga, ejerce poder sobre el otro. Al rebajar nos encumbramos. El juez separa qué es bueno y malo.

 

El poder del perdón y la gracia

El que concede perdón sobre el otro, ejerce poder. Un buen ejemplo de esto es la Iglesia católica y el perdón de los pecados.

 

La orden

Es el poder de ejercer la voluntad propia sobre el otro, de manera directa o indirecta.

 

 

Metamorfosis

La metamorfosis de la masa es una propiedad que por medio de una ilusión, fantasía o mito, ejerce poder sobre el otro. Un ejemplo de esto es la esclavitud, en la que el hecho de que un hombre se perciba como propiedad de otro, ya es un indicio de que se está ejerciendo poder sobre él.

 

 

Sobre las posiciones del hombre que contienen poder

 

Estar de pie

Se funda en la necesidad de ser libre y no necesitar ningún tipo de apoyo.

 

Estar sentado

El hombre se procura la ayuda de piernas ajenas a las suyas, a las que ha renunciado momentáneamente, para sostenerse.

 

Yacer

Para el hombre yacer es como deponer las armas. El yacente quiere desprenderse de su entorno, además de que incorporarse bruscamente siempre resulta seductor, estar de lo más bajo a lo más alto en un instante.

 

Acuclillarse

Pone de manifiesto la ausencia de necesidades sin replegarse sobre si mismo, luce tranquilo.

 

Arrodillarse

Hay que interpretar este movimiento como el hecho de pedir gracia.

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La palabra será siempre mi amada forma de resistencia

(Un texto que escribí hace exactamente un año, en enero de 2017, y que sigue vigente hasta nuestros días).

Sin título

Resulta curioso, por decirlo de algún modo, que algunos medios de comunicación nacidos en la era digital sigan defendiendo posturas del siglo XIX como el de “objetividad”, “imparcialidad” y otros términos caducos, que a estas alturas de la historia, dan flojera.

Nadie les avisó a los jerarcas de los medios que hace más de cien años Kant en su crítica a la razón pura o los filósofos de la sospecha (Marx, Nietzsche, Freud) pusieron en duda la objetividad positivista que regía el pensamiento occidental, o que el mito de la razón absoluta de la modernidad fue destruido por la Dialéctica del Iluminismo de Adorno y Horkheimer o la Filosofía de las formas simbólicas de Ernst Cassirer o la teoría de la acción de Weber o la fenomenología que va de Brentano a Bachelard (pasando por Husserl) o la hermenéutica de Heidegger, Gadamer y Ricoeur o la arqueología del saber de Michel Foucault o los paradigmas de Kuhn o la construcción social de la realidad de Berger y Luckmann o la antropología comparada de Frazer, Malinowski, Geertz y Campbell o los estudios de religión de Eliade o la lógica de Wittgenstein. Ni qué decir de los planteamientos en el campo de la física cuántica, los teoremas de la incompletud de Gödel que deshicieron el proyecto totalizador de la matemática o el principio de incertidumbre de Heisenberg o los estudios del lenguaje desde Pierce hasta Eco. Ya no digamos los aportes de la neurobiología y la psicología de las emociones desde la década de 1990.

No señores. Por increíble que nos pueda parecer a algunos, los jerarcas de los medios se quedaron instalados en lo más temprano del siglo XIX, y siguen hablando sobre la necesidad de retratar la realidad objetivamente con un grado de pureza solo asequible para la metafísica o la literatura del género fantástico. Lástima que les pasó de noche el último siglo y medio en la historia de las ideas, y que sigan creyendo que el milagro del lenguaje y la escritura es posible sin dejar pedazos del alma en cada línea del texto y sigan creyendo que se puede escribir sin adjetivos y sin juicios de valor, como si eso fuera posible, como si el lenguaje no estuviera siempre cargado de emotividad. ¡Qué lástima que quienes pretenden escribir la Historia desde el presente lean tantos informes del FMI y tan poca filosofía, tan poca literatura que habla de esa otra realidad más duradera que un efímero tuit!

Para todos aquellos que siguen pensando que la Tierra es plana, lamento informarles que la cosa no va por ahí. Los seres humanos estamos hechos de historias, vivimos inmersos en narrativas y nos explicamos el mundo a través de ficciones que creemos verdaderas. Sí, señoras y señores: la realidad está hecha de creencias. La realidad está hecha de poesía. Y lamento también informarles que no existen creencias ni poemas químicamente “objetivos”. ¿Nadie les habrá notificado que la objetividad es un consenso social que puede modificarse? Nuestra sociedad todavía no ha logrado curarse de ese enfermizo tufo de racionalidad a la europea que alguna vez pretendió colonizar el mundo en la utopía imbécil del libre mercado. No señores, la Tierra no es plana ni estática ni tampoco el centro del universo, como se creía en el medievo. “¡Y sin embargo se mueve!”, dijo Galileo cuando trataron de imponerle una verdad podrida.

Es por ello que para sobrevivir en esta continua guerra por el control de la realidad, hay que tener el corazón hinchado, la imaginación arborescente, la lengua sensual y la pluma feroz, los sueños siempre dispuestos, la risa fácil y hay también que aprender a ensuciarse para bailar en el lodo. Pero aunque algunos busquen aferrarse a la ruina de los viejos dogmas, aquí estamos los poetas para derribar los muros de esa atrofia existencial que aprisiona la mente, aquí estamos para cantarle al nuevo mundo que abreva en cada palabra que nos brota del corazón, el mundo nuevo que habremos de inventar para inventar también una nueva forma de la felicidad que no cabe en los viejos moldes ni en el amargo yermo de la vanidad. El sueño se hace verdad, del mismo modo que alguna vez el verbo se hizo carne y se hizo canto y se hizo eterno. El universo entero cabe en un verso: y la verdad es un poema.
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La democracia NO existe

LA DEMOCRACIA NO EXISTE

La democracia es una aspiración, una meta, un ideal. Pero, contrario a lo que nos han hecho creer, la democracia como sistema de gobierno simple y sencillamente no existe. Y esto se debe a que desde el origen de la civilización, el ejercicio del poder político ha sido siempre oligárquico.

El término oligarquía se define como una “forma de gobierno en la cual el poder político es ejercido por un grupo minoritario”. Una situación que de hecho, viene ocurriendo desde la creación del Estado, cuyo antecedente más lejano se remonta a la construcción de las primeras ciudades sumerias que poblaron Mesopotamia alrededor del año 3000 a.C.

Desde entonces, el ejercicio del poder político dentro de la civilización ha estado marcado por la imposición de un pequeño grupo lo suficientemente fuerte para imponerse frente a otros grupos. Como bien advirtió Max Weber, una minoría organizada siempre termina imponiéndose a una mayoría desorganizada. Y es precisamente a partir de esta imposición de un pequeño grupo bien organizado por encima las masas desorganizadas lo que explica el surgimiento de las élites, que no es otra cosa que “la clase política” a la que aludía el politólogo Gaetano Mosca, lo mismo que Gramsci denominó como “bloque hegemónico”.

De ahí que algunos juristas adviertan que, más que un acuerdo fruto del consenso, toda Constitución expresa la correlación de fuerzas entre los diversos grupos que conforman una sociedad. Una ecuación donde unos ganan y otros pierden. Por ello el Estado, y todo conjunto de leyes que estructuran el marco normativo que fundamenta la existencia y funcionalidad del mismo, son siempre una manifestación de poder, que busca posicionar los intereses de un grupo por encima de otros. Un asunto que conoce bien todo buen analista político, quien al más puro estilo de Maquiavelo, sabe que el real ejercicio del poder está siempre orientado a intereses de grupos, más que dilemas morales sobre el bien y el mal. Intereses particulares que sin embargo, requieren de cierta resonancia entre las masas con el fin de construir legitimidad.

Aunque el papel de las mayorías será siempre un factor que incide y puede inclinar la balanza en la disputa que libran los distintos grupos políticos, no existe un solo ejemplo a lo largo de la historia de la civilización en que las masas hayan podido gobernarse sin mediación de estas élites, más allá de algunos breves y efímeros episodios de adorable anarquía.

El ejercicio del poder político es siempre oligárquico, pues ningún sistema de gobierno, sin importar que se trate de monarquía, totalitarismo o la llamada “democracia liberal”, ha podido sostenerse en pie sin la existencia de una “élite de poder”, como diría el sociólogo estadounidense Charles Wright Mills. De ahí que toda revolución, no sea otra cosa que un reacomodo de élites: quitar a unos para poner a otros.

Pero la historia también nos ha enseñado que, aunque el poder político sea siempre sectario, existen oligarquías más abusivas o más tolerantes que otras. Estas oligarquías más abiertas a la deliberación de los distintos sectores sociales es lo que nuestra cultura occidental ha denominado como “democracia”.

Una palabra cuyo origen y uso actual, remonta precisamente al uso de la razón como instrumento de lucha y resistencia contra el poder hegemónico cuya legitimidad radicaba en el carácter divino de los gobernantes. Esto permite entender cómo es que, en la antigua Grecia, el discurso de la democracia defendido por los primeros filósofos planteó una ruptura entre la razón y lo sagrado como forma de conocer e interpretar el mundo, un proceso que el filólogo español Carlos García Gual denominaría como una ruptura entre mythos y logos, entre emoción y la razón. Una ruptura que más allá de múltiples consideraciones existenciales y epistemológicas, tenía también un trasfondo político.

No en balde, el desarrollo del pensamiento científico durante el Renacimiento y la Ilustración traería como consecuencia el surgimiento de las democracias liberales con el inicio de la Revolución Francesa que más tarde se extendería a Estados Unidos y otras colonias americanas. Un proceso histórico donde la razón serviría como medio de lucha para tratar de contrarrestar los abusos de élites políticas cuya legitimidad estaba basada en la religión. Es por ello que para acabar con la monarquía, era necesario primero matar a Dios con las luces de la razón. Este proceso histórico, ocurrido a finales del siglo XVIII, marcaría el inicio formal de las democracias liberales, con la institución del Estado laico y el empoderamiento de una burguesía emergente que terminaría consolidando su carácter hegemónico con el florecimiento de la Revolución Industrial.

En esto consistió el proyecto de la Modernidad, del cual no logran escapar ni el liberalismo ni el socialismo más ortodoxo, toda vez que el proyecto ilustrado, basado en ideas como el progreso o el método científico como fundamento para conocer la realidad, deja de ser realizable sin una racionalidad que pretende negar la validez del mito. He ahí la paradoja que caracteriza al proyecto moderno, que trata de exterminar el mítico mundo de lo sagrado valiéndose de otro mito: el mito de la razón absoluta. De ahí que los límites de la racionalidad en el terreno científico, planteado en campos como la física teórica, pero principalmente en la lógica y las matemáticas (incapaces de funcionar sin proposiciones no demostrables racionalmente, conocidos como axiomas), ha dejado al descubierto los límites de la racionalidad, lo cual tiene también implicaciones políticas para los próceres de la democracia. Estos límites de la racionalidad en lo político han quedado evidenciados en los planteamientos de la hermenéutica, pero también en obras como Dialéctica del Iluminismo de Adorno y Horkheimer, y en las estructuras mitológicas del Estado descritas por Ernst Cassirer, quien brillantemente advertía que la raíz del pensamiento simbólico que condiciona el lenguaje es emotiva, más que racional. Antes que la lógica, fue la metáfora. Y esta crítica a la razón absoluta, que ya había sido planteada por Kant, implica también una dura crítica a la democracia liberal, que suele exaltar y exagerar las virtudes del diálogo, el consenso y la deliberación de los asuntos públicos, por encima del conflicto y el golpeteo político. Pero resulta que, los seres humanos somos más emotivos que racionales, seres impulsivos que ponen a la razón en un segundo plano a la hora de tomar sus decisiones. Sólo bajo este tenor puede entenderse no sólo la llegada de personajes como Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, sino también, el factor emotivo que juega un papel crucial en cualquier proceso electoral en cualquier país del mundo.

Desde una perspectiva histórica, el desarrollo de la modernidad significó avances sin precedentes en el campo tecnológico, el surgimiento del Estado-nación como forma de organización social y el predominio de la democracia como referente para la construcción de los sistemas de gobierno. Todos ellos, fenómenos que irían siempre ligados a una forma específica de entender e interpretar el mundo. Una forma de concebir la existencia humana que, a su vez, se traduce en formas concretas de ejercer el poder político y construir legitimidad, que no es otra cosa que una justificación discursiva para ostentar el poder con su respectiva validación por parte una sociedad. Esto permite entender la razón por la cual, la legitimidad está siempre anclada a una cosmovisión plasmada en la cultura. De este modo, las tradiciones y las mitologías de cada pueblo juegan un papel determinante en la legitimación de cualquier régimen político.

Y esto mismo ocurrió durante la Modernidad. La democracia moderna surge como un medio de resistencia y de lucha contra los abusos de una monarquía cuyo fundamento de legitimidad estaba basado en un supuesto vínculo divino entre Dios y el monarca. Un fenómeno cuyo trasfondo político era la disputa de la burguesía frente a la monarquía, donde la lucha ideológica trastocaría la legitimidad del antiguo régimen y abriría la puerta para una transformación conceptual de los sistemas de gobierno, lo cual representa el triunfo político de un grupo sobre otro: la instauración de la burguesía como parte de la nueva élite política moderna.

A partir de entonces, la idea de la democracia como forma de gobierno se ha propagado de generación en generación a lo largo de los últimos dos siglos y medio, facilitando que un puñado de oligarcas se ostenten como los legítimos representantes del pueblo. Cualquier paralelismo con los monarcas que antiguamente se ostentaban como los legítimos representantes de Dios en la Tierra no es mera casualidad.

La democracia no deja de pertenecer al terreno mítico. El mito de la democracia es el mito de nuestro tiempo. Una construcción ideal que encuentra muchos problemas para encajar en un mundo donde la continua disputa de unos contra otros es la regla no escrita de la política. Podemos aspirar a parecernos al ideal de la democracia, pero ese ideal será siempre inalcanzable, siempre irrealizable, por la sencilla razón de que el poder político dentro de los confines de la civilización, nunca ha podido ser ejercido sin élites, grupos minoritarios con la fuerza suficiente para imponer su visión del mundo por encima de otras visiones del mundo posibles. Un esquema de poder que se reproduce a través de los aparatos de control que operan en el imaginario, a través de la cultura, y un andamiaje institucional que replica el discurso hegemónico sobre el que se sostiene el poder de las élites.

Por eso la crisis de la democracia es al mismo tiempo una crisis de las élites en el poder, una crisis que surge a partir de las contradicciones cada vez más evidentes del discurso democrático, incapaz de cumplir con las promesas de igualdad, libertad y fraternidad que dieron sustento ideológico durante el surgimiento del Estado-nación. Esto explica en buena medida el desencanto democrático que pareciera prevalecer en varios rincones del planeta, luego de que fenómenos como el incremento de la desigualdad, el despojo a manos de empresas trasnacionales y la manera en que las instituciones del Estado tienden a favorecer a una minoría de ricos por encima de una mayoría de pobres, ha ido resquebrajando poco a poco la máscara democrática. Un disfraz con el cual, las oligarquías que controlan los mercados financieros globales tienen el poder suficiente para poner y quitar gobiernos a su antojo, aún en contra de la voluntad de los pueblos que se ven orillados a buscar otras formas de resistencia, frente a la voracidad y los abusos de una élite corrompida por su insaciable ambición que contrasta con los inéditos niveles de concentración de riqueza que prevalecen a lo largo y ancho del planeta. De ahí el extrañamiento que suscita la frase que suelen acuñar los zapatistas cuando dicen que un buen gobierno es aquel donde “el pueblo manda y el gobierno obedece”. Cosa que paradójicamente no ocurre en ninguna democracia del mundo. ¿O acaso alguien podría argumentar que existe un país ajeno a los intereses de los bancos, los fondos de inversión, las empresas trasnacionales o las élites financieras, que son en realidad los dueños del dinero del mundo? ¿Alguien en verdad podrá argumentar hoy que existe un país donde la gente es realmente la que manda sin que exista la mediación de una élite?

Quizá por ello, uno de los grandes retos de nuestro tiempo, para quienes soñamos con transformar el mundo, sea precisamente desmontar el mito de la democracia que hemos repetido incansablemente durante más de 200 años. Así como la burguesía tuvo que matar a Dios para tomar el poder, quizá hoy sea necesario matar a la democracia para acabar con los abusos de una minoría capitalista y rapaz, que promueve un modelo político y económico que favorece la concentración de la riqueza y que, entre muchos otros problemas, ha creado fenómenos como la crisis ambiental que explica también el cambio climático. Y para matar a la democracia como la conocemos, también es necesario derribar el mito de la supremacía de la razón sobre los otros ámbitos que conforman la rica diversidad de la existencia humana: destruir el mito de la racionalidad como único medio posible para concebir el mundo.

La democracia es una utopía, un referente, un ideal que en el mejor de los casos habrá de servir como guía para la construcción de un sistema político más equitativo. Pero la democracia, lamentablemente, no es, ni ha sido nunca, un proyecto realizable en la práctica.

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6 textos para desenmascarar a los “gigabancos” que dominan el mundo

 

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La concentración de riqueza y la desigualdad, uno de los grandes temas de nuestro tiempo, adquiere una nueva dimensión cuando se revisa minuciosamente. El capital financiero internacional parece haber quedado reducido a un puñado de fondos de inversión cuyo poder sobrepasa por mucho el Producto Interno Bruto de varios países: BlackRock, Vanguard, State Street y Fidelity.

Fondos de inversión que son dueños de los principales bancos comerciales y las empresas más grandes del planeta.

Un negocio donde las familias Goldman Sachs, Rockefeller, Lehman y Rothschild, así como otros personajes como George Soros y Warren Buffett, figuran siempre entre algunos de las dinastías más acaudaladas del mundo, pese a que sus nombres no son tan mediáticos como Jeff Bezos, Mark Zuckeberg, Bill Gates o Carlos Slim.

Familias que a su vez están cohesionadas en grupos como Bildeberg, que a su vez tiene un peso importante en las decisiones de organismos multilaterales como la OTAN.

Aquí mis apuntes y una pequeña guía para entender quién es quién en eso de la dominación global.

 

 

 

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Pactos de sangre: la política como lucha de clanes

La familia es el núcleo del poder político. Permite acumular capital, en forma de bienes, pero también conocimiento, a través de la cultura. Por ello, no es casualidad que un grupo pequeño de familias pueda permanecer siglos en el poder político, tal como lo han demostrado las grandes dinastías, desde los Ming, los Habsburgo o los Borbón, entre muchas otras. En esto consiste en esencia, el verdadero Juego de Tronos que es la política, tan fielmente retratado en la obra de George R. Martin.

Aunque las revoluciones burguesas cambiaron las reglas del sistema de gobierno a partir del cual se justifica el poder, el sistema dinástico se mantiene intacto en lo fundamental, tal como puede constatarse con las familias que se mantienen durante siglos encumbradas dentro de la clase política, aún cuando la reformulación del acuerdo político moderno como consecuencia de la construcción del Estado-nación, implica una rotación en los cargos que detentan el poder, concepto fundamental de las llamadas democracias liberales emanadas del siglo XVIII. Sin embargo, los vínculos de sangre siguen jugando un papel central en la ecuación del poder político, y para muestra, basta citar el reinado de los Bush en Estados Unidos, o la manera en que ciertos expresidentes buscan regresar al poder a través de sus hijos, esposas o parientes cercanos.

De este modo, la política se reduce a una disputa entre clanes, que al igual que ocurre desde tiempos remotos, utilizan el poder de la sangre para reafirmar su poderío por encima de otros. La raíz para entender esta disputa, se remonta a la lucha entre familias fuertes tratando de dominar a familias débiles. Esta disputa trae como consecuencia la lucha de clases, que no es sino un grupo de familias o clanes en contra de otras familias y clanes fragmentados. Una disputa en que el uso de las armas y la riqueza, pero sobre todo el lenguaje como medio de control de la realidad (incluida la religión y cualquier otra forma de ideología), juega un papel fundamental para explicar la dominación de un grupo sobre otro. Esto permite entender cómo en un primer momento la fuerza física de un líder guerrero podía implicar un poderío mayor dentro de la tribu, tal como ocurría en sociedades primitivas. Sin embargo, la necesidad de realizar alianzas con otros grupos para garantizar la superviviencia del clan, fue un factor determinante para que la fuerza física fuera gradualmente sustituida por otros atributos, como la capacidad de negociación, la inteligencia para prever escenarios y otro tipo de cualidades propios de un auténtico animal político.

De este modo, la supervivencia del clan se basa en la capacidad de establecer acuerdos de sangre con otros clanes. Y este acuerdo de sangre se da a través del matrimonio y la procreación. De ahí que “provenir de buena familia”, implica acceder a los privilegios que el clan ha acumulado a lo largo de generaciones. Por ello, la hegemonía de una clase social sobre otra, se basa en un tipo de “selección natural de segundo orden”, donde además del factor genético, existen otros atributos a tomar en cuenta a la hora de establecer alianzas de sangre con otros clanes. La fuerza del clan consiste en su capacidad de pactar con otros clanes. En términos políticos, esto tiene dos ventajas: 1) da mayor cohesión al grupo gobernante; 2) la hace menos vulnerable a ataques del exterior.

En toda familia existen historias de ruina, perversión y excesos. Pero guardar el secreto del clan los hace menos vulnerables a los embates de otros grupos. De ahí que “la ropa sucia se lave en casa”. De este modo, el poder político en el contexto humano puede resumirse a una lucha de clanes, donde la cultura y la ideología se vuelven factores cruciales no solamente para establecer su poderío. Esto permite entender desde una perspectiva más amplia, la manera en que opera el bloque hegmónico al que refería Gramsci, pues la dominación de un clan por encima de otro se fija en el imaginario del sometido a través de la cultura. No es casualidad que la fundación de un Estado-nación esté justificada en un conflicto bélico de rasgos mitológicos donde el grupo ganador es convertido en héroe a través del arte y el discurso. De este modo, para poder ostentar el poderío político, hace necesario que los clanes en el poder construyan su propia mitología capaz de someter a otros desde el imaginario. Por ello, la política es una continua lucha de narrativas cuyo objetivo es el control de la realidad. Un control donde los medios de comunicación (sean orales, escritos o digitales) cobran una particular relevancia a la hora de ejercer el poder político.

Esto permite entender cómo es que todo proyecto revolucionario es ante todo, un disurso capaz de trastocar los intereses del grupo dominante. Un discurso cuya legitimación se da en la acción, en la lucha, cuya máxima expresión es el ofrecimiento de la vida a cambio de un ideal. Un nuevo pacto de sangre capaz de romper el otro pacto de sangre establecido por las élites. De este modo, toda revolución busca crear su propia mitología, con el fin de justificar su permanencia en el poder. El debilitamiento o fortalecimiento de dicho grupo revolucionario dependerá de su capacidad para mantener la coherencia del discurso mitológico, para lo cual, se vuelve indispensable crear vínculos emocionales con ese “artificio de realidad” construido por los grupos de poder a través del lenguaje y la cultura. De este modo, todo concepto de realidad, como ocurre también con todo acto de lenguaje, implica un ejercicio del poder político. Esto permite entender el papel del arte en todo proceso revolucionario como ese gran transformador de narrativas, y permite también entender la manera en que el poder hegemónico trata de capturar y canalizar hacia sus propios intereses, el poder transformador del arte: desde el arte sacro del medievo hasta Hollywood como instrumento de propaganda.

Sin embargo, la familia como cualquier otro ente vivo, también es susceptible de ver menguado su poderío político a partir de las disputas internas u otros vicios propios de la condición humana, como dan cuenta la ruina de múltiples dinastías que en su momento parecían imbatibles. La perversión, la enajenación, la corrupción, el vicio y la podredumbre humana en sus distintas manifestaciones son siempre el preludio de la ruina, la explicación fundamental para entender la caída de los grandes imperios y los grandes clanes. Sólo el más apto sobrevive, siguiendo la máxima darwinista sobre la selección natural aplicada en el terreno de lo político. Y en esa rueda interminable que es la vida, algunos caen y otros se levantan, mientras otros luchan por mantenerse. Es el juego de la vida, el juego de lo político, donde el control de la realidad persigue un solo fin: la supervivencia de la especie a través del clan.
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Apuntes sobre Chomsky y su crítica a los Estados canallas (o la política intervencionista de los Estados Unidos)

El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad“.

Fénelon

 

“La desobediencia hacia los prepotentes la he considerado siempre

como el único modo de usar el milagro de haber nacido”. 

Oriana Fallaci

 

 Chomsky

 

El mundo de la posguerra quedó marcado de forma profunda y significativa, luego de la aterradora herida que dejaron las imágenes la Segunda Guerra Mundial. Buscando que esta terrible experiencia nunca volviera a repetirse, gobiernos y organizaciones de todo el orbe, impulsado por las potencias vencedoras del conflicto, comenzaron a gestar lo que posteriormente se convertiría en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organismo que perseguía el ideal (lamentablemente utópico) de mantener la paz entre las naciones mediante la aplicación de la ley internacional plasmada en la Carta de las Naciones Unidas, la cual señalaba que la guerra, por definición, constituía un crimen basándose en las nuevas normas de derecho internacional. Es decir, la existencia de un régimen de derecho y de orden internacional que engloba a todos los estados, basado en la Carta de Naciones Unidas, las resoluciones subsecuentes y el Tribunal de Justicia. La amenaza o el uso de la fuerza están prohibidos a menos que estén explícitamente autorizados por el Consejo de Seguridad después de haber determinado que los medios pacíficos han fracasado, o en defensa propia contra un ataque armado hasta que el Consejo de Seguridad actúe.

Curiosamente, de manera paralela a la formación de la ONU, se gestaba otra realidad, cuando el mapa geopolítico fue redibujado por las dos superpotencias que polarizaron al mundo y que en poco tiempo derivaría en la aparición de la Guerra Fría.

No puede existir estabilidad política y una paz duradera, cuando la ley y el derecho internacional son quebrantados de manera impune una y otra vez por uno o varios de los miembros. Esto fue precisamente lo que pasó durante el largo tiempo en que EEUU y la extinta URSS, movían de manera estratégica las piezas del rompecabezas mundial para asegurar la hegemonía política del planeta, pasando por alto los tratados y pactos firmados con anterioridad ,que garantizaban el respeto a las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley internacional, es decir, el Consejo de Seguridad de la ONU.

De este modo, las potencias ejercían una doble moral con un cinismo sin precedentes, cumpliendo la ley y desobedeciéndola según la situación se apegara a los intereses particulares de cada país.

Es precisamente en este contexto, que aparecen los primeros Estados canallas, capaces de promover guerras (ilegales, según la Carta de Naciones Unidas), manipular la situación política de países independientes e indefensos ante el poder aplastante de las potencias, o simplemente, violentar la soberanía de los estados independientes. El Estado canalla es, en síntesis, un criminal.

Con el paso del tiempo, el sistema socialista abanderado por la URSS, terminó por desplomarse a finales de los ochentas, luego de una serie de conflictos políticos, económicos y bélicos con su contraparte estadounidense. El mapa se redibujó de nueva cuenta. La Guerra Fría tenía un ganador, un sobreviviente y una única superpotencia capaz de establecer su voluntad por medio de la fuerza sin que existiera posibilidad alguna de evitarlo. EEUU se había convertido en el Estado canalla por excelencia.

Desde los años cincuentas, EEUU ha intervenido prácticamente en todos los rincones del planeta para salvaguardar sus intereses utilizando métodos ilegales y carentes de toda ética posible para lograr su cometido, sin importar la gran cantidad de gente que “tenga que ser sacrificada” o atropellada en el camino.

Samuel Huntington, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard conocido por su análisis de la relación entre el gobierno civil y militar, su investigación acerca de los golpes de estado en países del tercer mundo y su tesis acerca de los conflictos sociales futuros , resume el problema del autoritarismo norteamericano explicando cómo es que EEUU se ha posicionado como el canalla por excelencia:

“A ojos del mundo (probablemente la mayor parte del mundo) EE.UU. está conviertiéndose en la superpotencia canalla y los demás estados lo consideran como la principal amenaza externa a sus sociedades. La teoría de las relaciones internacionales realista, argumenta, predice que pueden formarse coaliciones para contrarrestar a la superpotencia canalla”.[1]

Este hecho, ha repercutido en una severa crisis para la ONU, ya que uno de los principales métodos que ha utilizado EEUU para “justificar” sus acciones, se basa en descalificar y poner en duda la capacidad de Naciones Unidas para ejercer como intermediario y resolver los conflictos por la vía diplomática y pacífica, antes de ejecutar acciones militares.

Al mismo tiempo, el Estado canalla ha sabido utilizar eficazmente a los medios de comunicación para encubrir, distorsionar y legitimizar el accionar del gobierno norteamericano ante la opinión pública. La comunidad internacional ha guardado silencio o en algunos casos, ha hecho tímidas objeciones a los planes estadounidenses como la reciente invasión de Irak. El problema radica en que para la gran mayoría de la población global, desconoce a ciencia cierta la gran cantidad de crímenes que esta país ha efectuado de manera denigrante, ya que por lo regular, la ocupación e invasión estadounidense se realiza en países con poca presencia y repercusión en el mundo occidental, mismo que controla, de manera cuestionable, el destino del mundo.

Es así, que los estadounidenses se han enfundado ilegítimamente en el derecho de ejercer como procuradores de “justicia” del mundo, a pesar de que esta pase por encima de los organismos correspondientes, o de que el concepto de “justicia” que ejercen, no solo sea cuestionable o reprobable, sino ilegal, por irónico que suene.

Hedley Bull, professor de Relaciones Internacionales de la Australian National University, the London School of Economics, and the University of Oxford , señala que el grave peligro de efectuar estos procedimientos radica en que “los estados individuales, o grupos de estados que se presentan a sí mismos como los jueces autorizados del bien común mundial, sin considerar los puntos de vista de los demás, son, de hecho, una amenaza para el orden internacional y por lo tanto, para las acciones efectivas en este terreno”.[2]

Además, los constantes e hipócritas “argumentos” sobre la “intervención humanitaria” son otro de los pretextos predilectos de EEUU para justificar su incursión militar en diversos lugares, aunque siendo objetivos, el concepto canalla de “intervención humanitaria” solamente aplica para los casos en que se atenta contra los derechos humanos en poblaciones que afecten los intereses de la OTAN y los EEUU, ya que si fueran coherentes con su “doctrina humanitaria”, se habrían podido evitar miles de muertes en conflictos en los que el Consejo de Seguridad de la ONU, principalmente en los decidió intervenir e increíblemente, no contó con el apoyo del juez-policía del mundo. Los ejemplos son muchos. Mientras que la ONU decidió mandar un ejército que mantuviera la paz en inconmesurables actos genocidas como los ocurridos en Angola o Sierra Leona, los EEUU prefirieron intervenir de manera arbitrárea, en el conflicto entre Serbia y Kosovo, en donde Naciones Unidas, aún mantenía esperanzas de resolver el problema por la vía diplomática.

La constante intervención de Washington en una infinidad de países como Colombia, Bolivia, Laos, Camboya, Indonesia, Irán, Irak, Afganistán, El Salvador, Nicaragua o la ex Yugoslavia, por mencionar algunos casos, empieza a tener consecuencias de resonancia que están generando un severo ambiente de tensión y volatilidad en todo el mundo. Y es que si tomamos en cuenta que el famoso 11 de septiembre no se comparan en lo absoluto a la destrucción, la muerte, el hambre, la miseria y el rencor acumulado por generaciones que la aplanadora yankee ha dejado a lo largo de los años en todo el planeta, sirven como un claro ejemplo de lo que ocurre cuando un Estado que ha sido ultrajado de manera impune utiliza los propios métodos diseñados por el Estado canalla, y toma la justicia por propia mano, carente de un sentido y sustento legal y que además ha sido corrompido por un insaciable deseo de venganza. Los EEUU son presas de su propia política de pasar por encima del derecho internacional. Lo peor es que parece que Washington no aprende del pasado, ya que las recientes incursiones en Medio Oriente solo lograrán acentuar la crisis. Lo sorprendente de los atentados al WTC de Nueva York no es que se hayan consumado, sino que no se hayan realizado con anterioridad tomando en cuenta el enorme historial de los EEUU en este tipo de “operaciones militares”.

En el siguiente capítulo, analizaremos el caso de la invasión estadounidense a Panamá a fines de los ochentas, en el cual se ejemplifica a detalle cómo es que EEUU ha operado en lugares que parecieran ser remotos y no tener una importancia alguna en los intereses angloamericanos. Lamentablemente, cuando se tiene el firme objetivo de controlar al planeta, ningún sitio es lo suficientemente lejano como para permanecer fuera del alcance imperialista de EEUU y su decadente concepción de justicia.

 

El caso Panamá

 Panamá había sido un país dominado por una minoría de descendencia europea hasta que el general populista Omar Torrijos dio un golpe que permitió a los negros y mestizos pobres participar en un naciente proceso democrático.

EEUU siempre había mantenido un interés especial en Panamá, ya que hasta hace poco tiempo, era quien controlaba el “Canal de Panamá”, el cual representa un punto importante en los intereses norteamericanos, y desde hacía tiempo, estaba interesado en desestabilizar a Panamá y quitar a Torrijos del poder. En 1981 Torrijos resultó muerto en un misterioso accidente de aviación en el que muchos culparon al gobierno estadounidense.

Hacia 1983, Manuel Noriega, un criminal proveniente de la estructura militar panameña, con conocidos vínculos con el narcotráfico, llegó al poder con el beneplácito estadounidense, ya que durante mucho tiempo, Noriega formó parte de la nómina de los servicios de inteligencia norteamericanos.

Incluso en mayo de 1986 el director de la Agencia de la lucha contra la Droga elogió a Noriega por su «vigorosa política de lucha contra el tráfico de drogas». Un año después el director «Felicitaba nuestra estrecha asociación» con Noriega, mientras que el fiscal general Edwin Meese paró una investigación del Departamento de Justicia sobre las actividades criminales del personaje.

En agosto de 1987 una resolución del Senado condenó a Noriega como un narcotraficante que ponía en riesgo la seguridad interna de los EEUU. Cuando finalmente Noriega fue encausado en Miami en 1988, todos los cargos excepto uno eran relativos a actividades previas a 1984, irónicamente el tiempo que había trabajado para la CIA, ayudando en la guerra sucia contra Nicaragua y cometiendo fraude en las elecciones con aprobación de EEUU.

El rompimiento entre Noriega y el gobierno estadounidense, se debió a que el  independentismo de Noriega amenazaba con los intereses de Washington en el Canal de Panamá. El 1 de enero de 1990 gran parte de la administración del canal debía recaer en manos panameñas, y en el año 2000 debía estar terminado el proceso de transferencia.

La historia se repetía. Nuevamente, los aliados de EEUU se voltearon en contra suya, de manera que la CIA determinó que era necesario quitar a Noriega, a quien calificó como un brutal asesino, corrupto, criminal y narcotraficante que oprimía al pueblo panameño. Toda una encarnación del mal mismo.  Esta estrategia de descalificación y justificación de las futuras acciones de Washington utilizó de manera eficaz la versión mítica de la realidad de la que hablaba Lawrence LeShan en su “Psicología de la Guerra”.

Se intentó un golpe militar, pero falló. Ya en diciembre de 1989 Estados Unidos se aprestó a celebrar la caída del muro de Berlín y el final de la Guerra Fría invadiendo Panamá al margen de todo derecho internacional y matando cientos o miles de personas, (nadie sabe, y pocos se molestan en averiguarlo). La intervención tenía como objetivo “restaurar” la democracia en el país (misma que contribuyeron a destruir años atrás), así como restablecer el poder de la élite blanca rica, que había sido desplazada por el golpe de Torrijos, justo a tiempo de asegurar un gobierno lacayo antes de que se procediese al cambio de administración del Canal el 1 de enero de 1990, como no dejó de observar la prensa derechista europea.

Durante todo el proceso la prensa norteamericana no dejó de seguir las consignas de Washington seleccionando a los “malos” en base a las necesidades del momento. Acciones que anteriormente eran encubiertas por EEUU se convirtieron en crímenes imperdonables de la noche a la mañana.

Los medios de comunicación de la administración Reagan y sus aliados, los principales periódicos del país, se cuidaron muy mucho de criticar las elecciones fraudulentos perpretadas por Noriega en colaboración con la CIA, pero minimizaron y calumniaron las elecciones celebradas por los sandinistas en ese mismo ano, mucho mas honestas y libres más allá de cualquier duda, porque desconfiaban del resultado.

Los sectores marginales de Panamá fueron utilizados de manera infame como campo de práctica para probar el sofisticado armamento experimental que EEUU había desarrollado con miras a utilizarlo en la próxima incursión a Irak planeada para principios de los noventa y que sería conocida como la Guerra del Golfo.

Un número de víctimas inocentes fueron ejecutadas en Panamá, al tan condenable estilo de la Alemania nazi, en donde nuevamente, los complacientes medios de comunicación se convirtieron en cómplices del crímen, ya que la información proporcionada por Washington estaba totalmente trasgiversada y ajena a la realidad.

El mismo día, el de la invasión de Panamá, la Casa Blanca también anunció planes (que fueron llevados a cabo inmediatamente), para conceder créditos a Irak. El Departamento de Estado anunció, con su cara más seria, que esto se debía al intento «de incrementar las exportaciones norteamericanas y situarnos en una mejor posición para pactar con lrak su respeto a los derechos humanos.

El Departamento continuaba con su postura de ignorar la oposición democrática iraquí (banqueros, profesionales, etc,) y bloquear los esfuerzos del Congreso de condenar los atroces crímenes del antiguo amigo de Bush. Comparado con los colegas del presidente Bush en Bagdag y Pekín, Noriega parecía la Madre Teresa.

Después de la invasión, Bush anunció una ayuda de mil millones de dólares. De esta cantidad 400 millones consistieron en incentivos a la exportación norteamericana con destino Panamá, 150 millones tenían como fin pagar créditos bancarios y 65 millones fueron al sector privado y a garantizar las inversiones de EEUU en el país. En otra palabras la mitad de la ayuda fue un regalo de los contribuyentes norteamericanos a las grandes corporaciones, también norteamericanas.

A final de cuentas, el narcotráfico continúa, y EEUU logró su propósito. Ultrajó de manera denigrante, vil, pisoteando y abusando de su omnipotencia absoluta en el globo sin que pasara nada al respecto. Nadie hizo nada.

 

A manera de conclusión

El mundo no parece ser un lugar seguro en un lugar donde los crímenes de la guerra permanecen impunes y peor aún, en los que la comunidad internacional se ha acostumbrado. La guerra parece ser cosa de todos los días, algo normal que ya no impacta, y por lo tanto, no importa. Las esperanzas de que este conflicto se resuelva parecen lejanas, ya que los EEUU han logrado el tan anhelado objetivo de desestabilizar y descalificar a la ONU como el organismo encargado de resolver crisis internacionales. EEUU es el canalla, el terrorista por excelencia. Nadie ha pisoteado más los derechos humanos y la ley internacional que el Tío Sam, y sin embargo, el discurso denigrante, soberbio, hipócrita, cínico y lascivo del gobierno de las barras y las estrellas representa una burla a los países que ha pisoteado.

Pareciera que es cuestión de tiempo (en caso de que no haya comenzado ya) para que la violencia se salga por completo de control. Quizá el hombre esté destinado a tropezar en la misma piedra y necesite recordar o revivir el sufrimiento y el dolor de un acontecimiento igual o más devastador que el recuerdo de lo que fue Aushwitz, Stalingrado o Hiroshima. El recuerdo del presente, del infierno, de Ruanda, de Somalia, de Irak, de Camboya, de Guantánamo, de Afganistán, Indonesia, los Balcanes y todo lo que ha tocado la mano del canalla, de la violencia y de la injusticia. ¿Hasta cuando?

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Fuentes:

Chomsky, Noam. Estados canallas: El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales. Ed. Paidós, España. 2001

[1] Samuel Huntington. Foreign Affaire, mazo- abril 1999.

[2] Hedley Bull. Justice in Internacional Relations. Hagey Lectures, Notario, Waterloo University, 1983, pp. 1-35.

La historia se repite dos veces: Marx y el 18 Brumario de Luis Bonaparte

“La historia es un incesante volver a empezar”.

Tucídides

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Segundas partes nunca son buenas

Dice la sabiduría popular que segundas partes nunca son buenas. Algo que Marx tenía bien claro, tal como lo muestra al inicio de su libro ‘El 18 brumario de Luis Bonaparte’.

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa”, expresó Marx como un preludio de lo que sería el recuento de los hechos que llevaron a tirar por la borda los ideales que promulgaba la Revolución Francesa, para instaurar de nueva cuenta una monarquía constitucional, y de paso, burlarse de las increíbles contradicciones de la historia, siempre dando vueltas en espiral, siempre cíclica.

El 18 de Brumario del año VIII de la República (9 de noviembre de 1799) Napoleón Bonaparte, aprovechó la debilidad política del Directorio Ejecutivo gobernante en Francia, para dar un sorprendente golpe de estado contando con el apoyo popular y del ejército (sabedores de sus hazañas y capacidades en las diferentes campañas de las Guerras Revolucionarias Francesas), junto a algunos ideólogos de la Revolución, estableciendo el Primer Imperio francés.

Años más tarde, el 2 de diciembre de 1852 para ser exactos, la historia se repetiría una vez más cuando Luis Napoleón Bonaparte impusiera un Segundo Imperio tras acceder al poder al abrirse paso en el intrincado mundo de la política al más puro estilo de Maquiavelo.

La plataforma de Luis Napoleón significaba para los electores la restauración del orden después de los meses de la agitación política, del gobierno fuerte, de la consolidación social y de la grandeza nacional, a los cuales él abrogó con todo el crédito de su nombre, especialmente con la memoria de su tío Napoleón I, ya héroe nacional de Francia.

El sobrino del caudillo galo supo aprovechar las circunstancias políticas de su país para ir escalando peldaños en la subida al poder. Pese a no ser un tipo brillante, Bonaparte era un político astuto, siempre listo a aprovechar una oportunidad cuando esta se presentara.

Al contar con el apoyo popular (haciendo uso de lo que implicaba llamarse Napoleón Bonaparte) logró acceder al poder tras presentarse como candidato en la elección presidencial, la primera al sufragio universal masculino en Francia. Luis-Napoleón ganó por abrumadora mayoría, en las elecciones celebradas el 10 de diciembre de 1848.

Su abrumadora victoria fue debida a la ayuda de las masas rurales, a las cuales el nombre de Bonaparte significó algo, contrariamente a los nombres de los otros competidores para la presidencia que eran desconocidos a las masas. Representaba entonces también la idea de rescatar el orden tradicional y la causa de la religión católica, amenazada por los liberales.

Así, Luis Bonaparte fue convenciendo de su viabilidad como gobernante a las masas y a las clases acomodadas convencidas de la necesidad de restablecer un gobernante único que resolviera el continuo caos económico, político y social que reinaba en Francia. Eliminó a la oposición y le fue restando poder al aparato legislativo para que de esta forma, pudiera proclamarse emperador del Segundo Imperio Francés.

Luis Napoleón da un golpe de estado, el 2 de diciembre de 1852, presentándose ante los franceses como defensor de la democracia y el sufragio universal frente a la Asamblea. La crisis es superada mediante la celebración de un plebiscito popular que le es favorable y que aumenta su autoritarismo, que ejerce contra los republicanos extremistas y los monárquicos legitimistas y orleanistas.

El 14 de enero de 1852 se promulga una nueva constitución que refuerza los poderes del ejecutivo —duración de la presidencia 10 años, reelegible— y disminuye el del legislativo que divide en tres cámaras: Asamblea, Senado y Consejo de Estado. Finalmente, mediante plebiscito celebrado en noviembre, Francia deviene un Imperio, que se proclama solemnemente el 2 de diciembre de 1852.

Sin embargo, durante el periodo en que Luis Bonaparte, conocido también como Napoleón III, Francia se vio envuelta en una serie de conflictos bélicos como consecuencia de su sed imperialista, trayendo consigo un periodo de inestabilidad política y económica que permitió el despegue de otras potencias europeas en la lucha por la hegemonía mundial, incluyendo a Inglaterra, cuna de la revolución industrial, y posteriormente la aparición de Alemania e Italia tras su unificación.

Y como siempre, cuando la ambición desmedida llega a un punto insostenible empieza la caída. Esto fue precisamente lo que le pasó a Luis Bonaparte y sus ansias de expansión, al iniciar primero, una incursión militar para apoderarse de México, misma que fracasaría de forma estrepitosa al igual que la guerra contra Prusia, la cual dibujaría el comienzo de una nueva disputa por el control geopolítico del globo y que terminaría colapsando tras un largo periodo en lo que sería la Primera Guerra Mundial.

 

Breve síntesis de las guerras del Segundo Imperio francés

La respuesta de Napoleón a la demanda de Rusia para influir en el imperio otomano llevó a una victoriosa participación de Francia en la Guerra de Crimea (marzo de 1854–marzo de 1856). También aprobó lanzar una expedición naval en 1858 para castigar a los vietnamitas y forzar a su corte real a aceptar una presencia francesa en el país. El 14 de enero de 1858 Napoleón escapó a otra tentativa de asesinato.

En mayo-julio de 1859 la intervención francesa asegura la derrota de Austria en Italia. Pero la invasión francesa de México (enero de 1862–marzo de 1867) terminó en derrota y en la ejecución del emperador de México Maximiliano apoyado por Francia.

En octubre de 1865 en (Biarritz), el canciller prusiano Otto von Bismarck obtuvo de Napoleón III que Francia se mantuviera al margen de un previsible conflicto austro-prusiano, mientras que Prusia se comprometía a apoyar al Reino de Italia para conseguir la anexión de Venecia, en manos austriacas. Napoleón pensó que el conflicto sería largo y le brindaría la oportunidad de actuar de mediador y tal vez conseguir ventajas territoriales. El emperador se comprometió a mediar ante los italianos, lo que se consiguió con la alianza ofensivo-defensiva contra Austria firmada en abril de 1866. Pero Prusia derrotó fácilmente a Austria en la Guerra de las Siete Semanas.

Forzado por la diplomacia del canciller alemán Otto von Bismarck, Napoleón declaró el inicio de las hostilidades en la Guerra franco-prusiana (1870) que resultó desastrosa para Francia y dio vía libre a la conformación del Segundo Reich. El Emperador fue preso en la Batalla de Sedán (2 de septiembre) y depuesto por las fuerzas de la Tercera República en París dos días después.

 

La visión de Marx

El autor del libro, hace una detallada crónica de lo sucedido, explicando de qué forma la lucha de clases interviene en la toma de poder y cómo la participación de algunos personajes decisivos sirve como catalizadores de la historia.

Pero cuando Marx se dispuso a analizar una sociedad puntual, como fue el caso de la Francia que había sido conmovida por el golpe de Estado de Luis Bonaparte en diciembre de 1851, tras la derrota de la insurrección de 1848, elaboró un análisis mucho más complejo.

Además de estos dos grandes personajes, la burguesía y el proletariado, Marx distingue en la formación social francesa toda una gama de segmentos sociales que también forman parte de la lucha de clases. Además, da cuenta del fraccionamiento que la burguesía sufre en medio de la lucha política. No es lo mismo, nos advierte Marx, la fracción burguesa dedicada a los negocios financieros, que la burguesía industrial. Y ninguna de estas dos fracciones es idéntica a la burguesía terrateniente. Entre los diversos fraccionamientos de las clases se tejen alianzas políticas, donde una de las fracciones dirige y arrastra al resto. La lucha de clases, entonces, concluye Marx en El 18 Brumario, no es plana y horizontal, sino fraccionada y transversal.

En El 18 Brumario Marx nos habla también de Luis Bonaparte, un dictador que encabeza un golpe de Estado y permanece dos décadas al frente del gobierno francés. Este dictador era un personaje secundario, que gracias al liderazgo del Ejército se convierte en determinado momento de Francia en una especie de “árbitro” de los conflictos sociales. Una especie de “juez equidistante”, que viene a solucionar y a moderar los conflictos.

En su análisis de Luis Bonaparte y de la situación francesa de aquel período, Marx plantea elementos fundamentales de su teoría política. Por ejemplo, sugiere que la mejor forma de dominación política de la burguesía, la más eficaz, es “la república parlamentaria”. Para Marx república parlamentaria no es sinónimo de democracia, como sugiere la filosofía política del liberalismo. La república parlamentaria no garantiza “la libertad” sino que constituye una forma de dominación. A diferencia de la monarquía o de la dictadura militar (donde un solo sector de la burguesía domina) en la república parlamentaria es el conjunto de la burguesía el que ejerce su dominio a través del Estado y sus instituciones “representativas”.

Según Marx, la república parlamentaria licua los intereses particulares de las distintas fracciones de la burguesía, alcanzando una especie de “promedio” de todos los intereses de la clase dominante en su conjunto y, de este modo, logra una dominación política general, esto es: anónima, impersonal y burocrática.

En El 18 Brumario, Marx además agrega que cuando la situación política “se desborda” por la indisciplina y la rebelión popular, la vieja maquinaria republicana (con sus partidos, su Parlamento, sus jueces, su prensa “independiente”; en suma: con todas sus instituciones) ya no alcanza para mantener la dominación. En esos momentos de crisis aguda, los viejos partidos políticos de la burguesía ya no representan a esa clase social. Quedan como “flotando en el aire” y girando en el vacío. Entonces, emerge otro tipo de liderazgo político para representar a la clase dominante: la burguesía deja de estar representada por los liberales, los constitucionalistas o los republicanos y pasa a estar representada por el Ejército y las fuerzas armadas que, de este modo, se constituyen en “El Partido del Orden”. el ejército, entonces, aparece en la arena política como si fuera a equilibrar la situación catastrófica.

Refiriéndose al viejo mecanismo del Estado, Marx en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, concluyó que todas las revoluciones lo perfeccionaban en vez de destruirlo.

Conclusión fundamental que reafirma el carácter revolucionario, de principios y de actualidad del Marxismo sobre su teoría del Estado. Otra de las conclusiones a las que llega Marx en esta obra es el de la relación entre el proletariado y el carácter de aliado en que se ubica el campesinado, cuando históricamente éste llega a comprender bien sus intereses.

En suma esta obra, reafirma a través de su práctica que en el desarrollo de las sociedades y sus acontecimientos, la lucha de clases es una constante histórica que conduce a la revolución proletaria y a la dictadura del proletariado; que la existencia de los partidos políticos es por su naturaleza una necesidad de las clases sociales por sus intereses de clase; así como la esencia misma del bonapartismo y su incidencia en la historia de Francia y de Europa.

Marx lo resume de forma ejemplar a través de la figura de Napoleón III: “Bonaparte quisiera aparecer como el bienhechor patriarcal de todas las clases. Pero no puede dar nada a una sin quitárselo a la otra”, según deja ver casi al final de la obra a manera de conclusión.

 

Reflexiones finales

Al igual que ocurrió en la Francia de los Bonaparte, la historia siempre termina por repetirse, aunque tan sólo hayan pasado algunos años.

Así ha quedado claro en México. Las elecciones fraudulentas de 2006 fueron un claro ejemplo de ello, tal como sucedió en 1988. A pesar de que México tuvo cambios importantes en lo político durante este lapso, los paralelismos son inevitables, tal como lo confirman diversos estudios sobre el tema.

Pese a que el sistema electoral era completamente otro y que la jornada de 2006 transcurrió lejos de las irregularidades de su antecesora, las herramientas utilizadas por los que ejercen el poder no ha variado mucho.

Dicen los conocedores que cuando los extremos se enfrentan y la sociedad se polariza, lo de en medio sale sobrando. Nada más falso, ya que es precisamente que cuando en un duelo, la participación de un tercero siempre terminará inclinando la balanza.

Así pasó en el 88 cuando el PAN decidió negociar con el PRI la “legitimización” de Salinas de Gortari como presidente de la República sacando tajada de por medio pese a que los datos no oficiales señalan a Cárdenas como el ganador de la contienda. Así pasó en 2006, cuando PRI y PAN repitieron la dosis e impidieron que se abrieran las actas para comprobar el resultado de la elección y la posible victoria de López Obrador.

Así es como se repite la historia. Los mismos mecanismos del poder en turno que en su momento criticaba la oposición, ahora son las herramientas que utilizan para aferrarse al poder.

Sin embargo, este poder repetitivo de la historia tiene varias caras. Las condiciones parecen puestas para que el descontento popular se transforme en un movimiento social que reclame el poder. El fantasma de la Revolución Mexicana ronda el 2010. ¿Volverá a repetirse la historia?

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(Texto rescatado de los archivos universitarios de 2009)

Fuentes:

Karl Marx. El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Alianza Editorial, S.A., 1990, Buenos Aires.

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