Sobre este blog

Manifiesto Ficcionalista

Ficción es la sustancia de la que está hecha la realidad,
y la ficción no es sino la narración de ese sueño transparente
que es la vida y es también la muerte,
el sueño de la energía que fluye por el caudaloso río de la existencia,
porque la vida que es también amar,
es dolerse, es reír y llorar, es sentir, sentir, sentir mucho,
con los sentidos dilatados y el corazón desbordado.

Toda ficción es poesía, y por eso,
en el tiempo primigenio,
los primeros cuenta cuentos
fueron los poetas de la tribu.

Pero la poesía es siempre una poesis,
es la concreción de lo mental en el ámbito físico,
es la sensibilidad convertida en acción.

Más que un decir, la poesía es un hacer.

Por eso apelamos al método de la ficción-acción
como único medio posible para transformar al mundo.

Convertir la realidad en ficción y hacer de la ficción, realidad:
fórmula mágica para redibujar el mundo,
semilla de la que brota esta rebelde alegría
que impregnará los campos con fábulas, mitos y leyendas.

Al lenguaje hay que apachurrarlo
como si fuera limón para hacerlo cantar,
hacerlo reír, hacerlo ladrar contra la miseria.

Porque en la política como en la poesía,
de nada sirve convencer:
hay que seducir.

De nada sirve saber si no podemos amar,
de nada sirve pensar si no podemos sentir,
de nada sirve conocer si no podemos sanar,
pues la verdad solo puede ser dicha
cuando el corazón y la mente hablan el mismo idioma.

Imagen, imaginación, magia, magenta,
sueño, sueño, sueño…

Somos sonámbulos caminando dormidos al filo del precipicio,
al filo del tiempo que se abre
como una dilatada herida
que se remonta al origen
de un hombre y una mujer
pariendo el mundo en una cueva.

Hay que volver a trazar todos los mapas,
todas las fronteras que nos dividen
y mantienen presos uno del otro,
hay que desenterrar a los dioses muertos
para encontrar la divinidad perdida del hombre,
reencontrarnos con los espíritus que vagan por la tierra…

Hay que despojarse de la enfermedad consumista que nos devora,
en ese fantasmagórico fastidio de la vida en serie,
esa remunerada costumbre de estar muerto,
trabajar para ser desechado como basura llegada la hora maldita,
el rutinario abuso, la explotación carnicera.

¡Nunca más la antropofagia capitalista!

Por eso proclamamos hoy el fin del libre mercado,
pues de ahora en adelante,
la riqueza será medida por nuestra capacidad de amar
y hallar la felicidad entre los escombros de una civilización obsoleta.

Nunca más la tiranía del despojo,
la banalidad del presente tóxico,
la parafernalia consumista
promovida por los mercaderes de la muerte.

Hay que deshacernos de las ficciones caducas,
de la numeralia inservible
con la que nos han impuesto
la irracional dictadura del raciocinio.

Vamos a reimaginar esta nauseabunda realidad
con el revolucionario poder el arte.

Hay que enunciar la realidad con nueva voz,
una nueva forma de mirar,
hay que sacarnos los ojos para limpiarlos en la claridad del río
y saborearnos todos los colores
que habrán de reventar en nuestras sedientas pupilas,
y podamos sentir entonces
el armónico fluir de todos los sueños dormidos que preñan el aire.

Somos un retazo de energía cósmica
buscando su cauce,
dando vueltas entre la emoción y el deseo,
palpitando versos y canciones.

Somos rolleros por naturaleza
y por ello habremos de desenrollar la mente en el lienzo del lenguaje
para que el árbol de la fantasía comience a dar sus frutos.

Vamos a poner bombas en el imaginario
y dinamitar edificios con hedor a obsolescencia,
esos viejos cascarones a punto de derrumbarse
en el terremoto de la carne viva
y el futuro que reclama para sí la eternidad.

Vamos a nadar desnudos en el río de la vida
que nos arrastra
a los misteriosos e inefables pantanos de la existencia.

Vamos a nacer juntos en el tiempo combustible
que se incendia con nosotros dentro,
y podamos entonces renacer de entre las llamas
y dejar la piel en los arbustos
como la serpiente que se despoja de un pedazo de sí
para seguir viviendo.

Vamos a respirar transparencias y vomitar las heridas
que habrán de hacernos fuertes.

Sacudiremos el cuerpo hasta quedar exhaustos
y vibraremos a distintas frecuencias para formar una gran orquesta,
pues cada quien decide cómo tocar su instrumento
y hacer resonar su música
en la gran sinfonía del mundo…
y de paso sacaremos a bailar al sol y la luna
en la azotea, bajo un cielo estrellado.

Vamos a escribir poemas en todas las lenguas,
a saltar de una dimensión a otra,
de un corazón a otro, a ras del agua, de flor en flor.

Vamos a reírnos de nuestra ridiculez,
vamos a reírnos de nuestra desgracia,
vamos a reírnos de nuestra pesadez,
vamos a llorar de tanto reír,
vamos a reír de tanto llorar…

Buscar la transformación permanente
es reconocer que nada permanece quieto,
ni siquiera el alma.

Vamos a sumergirnos en esa alberca llena de historias que es la condición humana,
vamos a copular con nuestra lengua promiscua y engendrar nuevas palabras,
rebautizar todas las cosas para descubrir nuevas posibilidades de sentir y habitar el mundo.

Vamos a caminar descalzos entre piedras incandescentes
haciendo erupción en el fresco rumor del agua.

Vamos a romper las formas cerradas
para que podamos crecer como la enredadera que trepa por el acantilado,
vamos a crecer sin arnés, ni muletas, ni bozal, ni grilletes,
ni tampoco disfrazados de aquella legalidad y retórica barata
que sostiene a toda injusticia.

Vamos a cantar, a cantar mucho, a cantar fuerte,
todas las canciones que habrán de fecundar y hacer germinar esta estéril realidad.

Hay que proyectar el futuro de la humanidad hacia el origen de la vida,
hay que rastrear nuestro génesis terrestre en la pulsión del sueño,
ese hilo eléctrico que lo conecta todo.

Hay que abrirnos el corazón en un gran abrazo
para que la sangre riegue los campos de alegría.

Vamos a escuchar el canto de las ballenas,
el grito de los monos saraguato en medio de la selva,
el mugido de los cebúes,
el croar de los sapos,
el zumbido de las abejas y su multitudinaria danza de polen,
el fiero rugido del tigre,
el eco de la montaña,
el torrente fluvial del agua viva,
los aullidos del mar,
el bamboleo del viento que se mece entre los árboles
cuando acarician las nubes…

Hay que hackear esta realidad viciosa,
tragándonos un coctel con la pastilla roja y también la pastilla azul al mismo tiempo,
sabedores de que la dolorosa verdad es solo una ilusión.

Convertiremos a la filosofía en el próximo fenómeno de la cultura pop,
para que el próximo Nietzsche tenga tantos seguidores en Twitter como Justin Bieber,
tan popular y famoso como el próximo ídolo de papel,
fabricado por la escandalosa industria de la autohumillación y la vanidad.

Cansados de tratar de convencer a los indiferentes,
vamos a reprogramarlos sin que se den cuenta,
vamos a infiltrarnos en su imaginario para transformar al mundo
con el desdén de los autómatas.

Vamos a reventar a carcajadas
contra los delirios dictatoriales de esta inmunda corruptocracia
que sólo sabe revolcarse en su propia mierda
para tratar de disfrazar la podredumbre humana.

Preferimos reescribir el mundo antes que pasarnos la vida
retratando la desgracia de moda,
la tragedia que todavía no acontece,
el suceso fatal que los ciegos llenos de rabia
tanto esperan con apocalíptico fervor.

Antes que pretender acabar con todas las religiones
vamos a campechanear nuestro credo según nos pegue la gana,
según nos haga felices,
según nos vaya susurrando la vida en el oído,
pues sólo tomaremos por cierto aquello que nos haga sonreír.

Somos sembradores de esperanza en este mundo-zombi que amenaza con morder.

Y por eso habremos de sembrar un millón de semillas en el más inhóspito desierto
hasta llenarlo de arboresencia,
para que del duro concreto germinen los sueños
con los que habremos de ver reverdecer desde adentro.

Romperemos las ataduras del sexo
para reconciliar al hombre y la mujer,
y retozaremos hasta romper los colchones
hasta reconocer el reflejo de nuestro dilatado corazón
en los ojos de la persona amada,
pues la belleza no sólo reside en una cara bonita,
sino también en la amplitud de una querencia
y no hay nada más irresistible que la comunión de la carne y el espíritu,
una chica con onda
que mueva las caderas mientras recita versos de Shakespeare
y se fuma la noche de una sola bocanada.

La única forma de suavizar la vida
es raspar el alma con una lija,
un alma sin astillas.

Nunca más estaremos solos.
Nos aprenderemos el nombre del vecino,
hablaremos con desconocidos,
entraremos de colados a esa gran fiesta que es la vida
y nos hermanaremos con todos los bichos del planeta
como si nunca nos hubiéramos ido…

¡Sonríe cabrón! Que nada está bajo control.
¡Sonríe cabrón! Que el mundo se fue a la mierda y de la mierda nacen flores.
¡Sonríe hijoeputa! Que el bailongo apenas empieza.

Nuestro tótem será el siempre sonriente ajolote,
que no quiso crecer
para no tener que lidiar
la patología de la chavorruquez,
y la güeva de ser adulto en esta era
gobernada por mirreyes y milenials,
donde todo es light y desechable,
como las personas…
por eso nosotros habremos de mantener el alma siempre fresca
sin importar la edad,
para evitar que la negra amargura
haga metástasis y devore nuestros sueños,
nuestras ganas de vivir.

Le cortaremos la cabeza a los monstruos
con el fulgurante escudo de la sabiduría, como hizo Perseo,
y nos volveremos caballeros andantes y locos
después de tanto leer el Quijote,
y convertiremos el agua en vino
en todas las pedas como hizo Jesús,
y descenderemos al tuétano subterraneo del inframundo
como hizo Quetzalcóatl,
para juntar los pedazos descuartizados del hombre y refundar la humanidad,
y despertaremos desde adentro
como hizo Buda,
y mataremos a los dioses caducos para dar la bienvenida al superhombre
y elegiremos nuestro propio destino como hizo Neo
y beberemos cerveza todos los días como el profeta Homero Simpson
y escucharemos el sonido de nuestra respiración
que nos platica el origen de todas las cosas,
y nos condenarán al manicomio por sentirnos dioses y reescribir en verso
la historia misma de la creación.

Vamos a sepultar los ídolos de cartón,
a los imbéciles que se regodean en su mamonería y prepotencia
sólo para reafirmar el agujero que llevan dentro, llenos de frivolidad.

Convertiremos la cocina en laboratorio,
combinaremos sabores imposibles
y haremos también economía política desde la estufa o el horno de microondas.

No hay acto más revolucionario que tener fe en medio de la oscuridad,
tener la certeza de que todo va a estar bien
aunque todo vaya de la chingada.
Así es como se construye la esperanza.
Así se construyen las utopías que serán nuestra brújula y salvavidas
en los momentos de extravío,
así se escriben las historias de los héroes inmortales
que vencieron el efímero perecer de la carne para habitar la eternidad.

Orfebres de las causas perdidas,
vamos a modelar el barro del mañana
según nos vayan dictando los instintos,
aquella sensibilidad que nos mantiene vivos.

Desapendéjese compi,
deshágase de ese consumismo idiota que nos consume y consume también todo rastro de comunidad,
el consumismo imbécil que erosiona esa común-unión del ser humano con los otros,
la del ser humano que se hace uno y se hace muchos
y se multiplica como el pan, el pescado y las tortillas.

Desapendéjese compa,
que todavía hay mucho por hacer
en esta lucha contra el odio y la estupidez humana,
esa que nos hace matarnos unos contra otros
bajo cualquier pinche pretexto.

Por ello habremos de perseguir la paz y la esperanza
como si fueran pokemones.

Lo más valioso de todo cuento no es el final,
sino el cómo se cuenta la travesía del ser humano contra sí mismo,
y por ello la revolución como cualquier otro cuento de la historia humana
se escribe con la sangre y las hazañas de los héroes
que vencieron a su propia sombra para fundar un nuevo comienzo,
un nuevo principio, una nueva vuelta de tuerca en esa rueda interminable que es la vida.

Dominar la belleza de la lengua es la clave para hackear la realidad,
y es con versos que morirá la hidra capitalista de mil cabezas
que no ha hecho sino evidenciar el fracaso de la metafísica occidental.

Como los vientos luminosos
del medio día
que se agitan con fuerza el corazón terrestre
que me abandona en largas jornadas de desasosiego,
los rápidos giros de las plantas
buscan beberse la luz del sol,
en el ardiente placer
de ser la dulce exhalación de un volcán.

La pulcritud de la inmaculada ciencia es un cadáver apestoso
que habremos de enterrar para que sirva de abono
a la nueva cultura que hemos soñado y está aún por florecer.

Soy una burbuja que reventó
en la sistólica presión del aire.

¿Has sentido alguna vez que se te desborda el alma en el aguacero de la imaginación?

Yo también lo he sentido, señora,
en la fiebre de este corazón inquieto y bastardo que no termina de nacer.

El único modo posible
de volverse poeta
es beberse la vida
cuando se acaba el vino.

Activar el secreto poder de la palabra
es hacer que las voz tiemble en todas direcciones,
en todas las latitudes del alma.

Yo vengo a cantar todos los silencios que callaron los cobardes
en la oquedad de sus palabras.

Yo vengo a reír toda la risa
que habrá de derramarse sobre el mundo,

Yo vengo a bailar toda la música para ahuyentar la tiniebla.

Yo vengo a romper los barrotes de esta miserable prisión mental
que mantuvo cautiva a mi generación,
una generación de jóvenes cuya única posibilidad de futuro yace en el ahora,
en el acecho permanente, en la de angustia de no morirse de hambre,
de sed o soledad entre los escombros de este mundo con sabor a raticida.

Yo vengo a romper las cadenas de la modernidad
con los labios amarillos de la poesía
y un corazón inflamable que arderá en la aciaga noche,
latidos del corazón como tambores que habrán de mostrarnos el camino,
la urgente lumbrera que habrá de acabar con la oscuridad que nos ha dejado ciegos,
que nuestro corazón caliente sea nuestro guía
a la hora de turistear por las más lóbregas catacumbas,

porque hoy yo vengo a enjuagarme las heridas en la fresca lluvia de verano,
yo vengo a nacer con todos vosotros en un gran abrazo,
a compartir los primeros rayos solares
que ahora canto con mis pulmones y mi garganta y mi lengua colorada que vuela y se desnuda en este poema con el que ahora imagino otro mundo posible,
un mundo donde podamos conversar de nuevo con los árboles y los pájaros
y rompamos la barrera del idioma
para comunicarnos con todos los seres que pueblan nuestra casa terrestre
que es también su casa,
y bailaremos al sangrieto compás de la luna,
baladas de torbellino y madera,
pues mi canto será el aliento de un gigantesco huracán
que habrá de cortar de raíz toda la tristeza,
toda la soledad que lastima y hace dolerse a los hombres y mujeres del mundo
en su insaciable búsqueda del amor.

Por eso yo vengo a hablarle hoy a todo aquel que alguna vez ha llorado en la intimidad de su cama,
a todo aquel que alguna vez ha sentido ese dolor incurable que se descuelga de los párpados,
a todo aquel que alguna vez ha imaginado acabar con la agonía
entre el fiero rugido las balas
o una sobredosis de pastillas que nos ayude a olvidar
esa otra sobredosis de realidad que nos asfixia.

Por eso hoy yo vengo a cantarle al campesino que cosecha el alimento
que habrá de nutrirnos de esperanza,
hoy yo vengo a notificarle a los banqueros que se ha terminado el obsceno negocio de la podredumbre y la miseria humana,
hoy yo vengo a regar tulipanes con todas las lágrimas de quien ha perdido a alguien,
a convertir este yermo en la tolvanera que dará frutos en el mar de tus ojos salinos
y la inmediatez de los cuerpos tempranos que temblaron de rabia y de placer
en el trémulo calor de un último beso.

Hoy yo vengo a hacer un agujero en la playa
para que desoven las tortugas voladoras que poblarán el cielo,
vengo a levantar el peso muerto de la historia,
vengo a tapizar las ciudades con un rastro de flores y acuarela,
voy a dejar que mis pies echen raíces hasta el centro de una galaxia remota.

Por eso vengo a reescribir el cuento de nuestra finitud terrestre
bajo el influjo de la primavera
y el dorado aliento de la tarde que perfumó para siempre mis versos
en la persecución de este sueño descalzo que hoy se ha vuelto realidad.

La imaginación habrá de salvar al hombre de sí mismo,
del peligro que encierra
ese devorador de mundos
que todo lo ensucia de sangre.

Dadme un bolígrafo y un pedazo de papel,
que con esos dos instrumentos mágicos
yo voy a remediar todos los dolores de la tierra y el alma.

Sólo la poesía podrá salvar al mundo.
::.

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