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Del amor, el arte y otras tantas patologías

Munch

 

Las personas inteligentes y sensibles son más propensas a los trastornos mentales. No es casualidad que muchos grandes artistas, hayan vivido inmersos de grandes depresiones o que muchos terminen suicidándose. Vivimos en una era donde las enfermedades mentales son más comunes que en cualquier otro momento de la historia, debido al proceso de desarrollo histórico de nuestras sociedades, sociedades donde se han roto muchos de los lazos comunitarios que en antaño permitían contener esta propensión de las personas a los desequilibrios mentales. Esto explica en buena medida, la epidemia de depresión, ansiedad, compulsiones o fanatismo, expresiones cada vez más comunes en nuestras sociedades. La enfermedad mental no es otra cosa que un desequilibrio anímico, un desequilibrio del alma. La neurosis de la medicina moderna, víctima de sus propios vicios, ha provocado un sobrediagnóstico de estos desequilibrios anímicos, lo cual ha provocado que se ‘inventen’ o se cataloguen como enfermedades mentales cosas que en otros tiempos no eran tales. “Tiene ásperger, tiene déficit de atención, padezco TOC (trastorno obsesivo compulsivo)”. De este modo, la sobrespecialización médica produce enfermos a los cuales hay que diagnosticar para venderles medicinas, tratamientos, etcétera. Y es así que muchos médicos condenan a sus pacientes a la enfermedad, pues el paciente termina asumiéndose como una persona enferma. Esto, desde luego, es un eficiente instrumento de control social. Si una persona padece un desequilibrio anímico, se debe a que está enferma. ¡Pobrecito! Esto maquilla y disfraza las causas profundas que produjeron el desequilibrio anímico. En muchos casos, esto implica un proceso de autocompasión en el que la persona diagnosticada como enferma mental, siente lástima de sí misma, lo cual no hace sino reforzar el desequilibrio al mismo tiempo que ‘libera’ de responsabilidad a las personas sobre su propio bienestar anímico, generando un círculo vicioso en el que la supuesta patología se convierte en explicación y justificación del malestar. “No es mi culpa, es que nací con una enfermedad”. Este proceso tiende a menguar o quebrar la voluntad de las personas. Lo mismo pasa con el “diagnóstico” de muchos problemas (enfermedades) sociales, como la pobreza, fenómeno que si bien se explica a partir de factores sociales específicos, en última instancia esto no es sino una ilusión que puede romperse. Por eso me molestan tanto los estudios sociales que condenan a la pobreza al pobre que se compadece de sí mismo. Al igual que la medicina, los “expertos” de las ciencias sociales quitan al pobre responsabilidad sobre su propio destino. “Estudio señala que el 90% de la gente que nace pobre, muere pobre”. Si uno termina creyéndose el cuento, puede acabar condenado a la pobreza, convirtiendo esa situación en justificación de su propia miseria existencial. Paradójicamente, algunas personas que simple y sencillamente no hacen caso de estos expertos, pueden romper esas barreras y sortear con éxito las muchas dificultades y barreras estructurales que plantean fenómenos complejos como la pobreza. En contraparte, esto mismo ocurre en los estratos altos de la sociedad, donde los ricos pagan a sus propios expertos para inventar un relato sobre cómo su riqueza es consecuencia del “trabajo duro” y su “propio esfuerzo”. Esto ‘libera’ de culpa al rico, quien termina creyéndose sus propias mentiras (“los pobres son pobres porque no quieren trabajar”) para no reconocer que en el fondo de todo proceso de acumulación subyace la explotación de otras personas. Esto explica también esa propensión de las clases altas a promover la caridad, como un mecanismo liberador de culpas, aún cuando esa caridad termina reforzando las relaciones de poder de unos sobre otros, condenando al rico a seguir preso en su delirio de supuesta superioridad sobre el pobre, relato que tatata de justificar relaciones de dominación. De ahí la importancia de promover, como bien afirma Paulo Freire, una pedagogía donde el oprimido pueda liberarse de su opresor, pero que al mismo tiempo, el opresor se libere de su necesidad de oprimir al otro. Un proceso de liberación que busca restablecer el equilibrio anímico en una sociedad enferma. De este modo, muchas patologías sociales no son sino la extensión de desequilibrios mentales que experimentan las personas. Y es aquí donde anidan los fanatismos, esos discursos llenos de animadversión, con los que muchas personas buscan contrarrestar el dolor que produce un desequilibrio anímico arremetiendo contra ‘los culpables’ de su propia desgracia. Una vez más se reproduce el nudo neurótico, que tiende a la autocompasión como una vía que tiene la psique para tratar de justificar un malestar emocional y mantenerse a flote. El nudo neurótico se convierte entonces en un mecanismo de la mente para sobrellevar un gran malestar anímico, es una válvula de escape para preservar la vida en un medio ambiente hostil. ¿Les suena familiar?

De este modo, las enfermedades mentales y las patologías sociales tienen una misma raíz en común: ambas son consecuencia de un desequilibrio del alma. Y no existe en el mundo una medicina, fármaco o droga capaz de aliviar las muchas tensiones, dificultades y contradicciones que plantea la existencia humana, algo que solo puede resolver una introspección profunda que nos ayude a comprender el fluir de la mente. Este sencillo patrón que se reproduce continuamente en la vida de las personas es capaz de explicar todos los males del mundo como consecuencia de un desequilibrio. La vida, por definición, es precisamente eso: un equilibrio energético mediado por reacciones químicas ordenadas que sostienen el metabolismo, ese fascinante proceso evolutivo en el que la materia inerte comenzó a ordenarse de tal modo, que con el paso del tiempo engendró el milagro de la vida. Esto explica la razón por la cual, la aparición de la vida es una manifestación del universo en busca de su propio equilibrio. Lo curioso, es que ese momentáneo y efímero equilibrio al que tienden todas las cosas, es consecuencia del movimiento, y ese movimiento a su vez, se produce a partir de un desequilibrio que busca de equilibrio. Es así que las grandes contradicciones generan el movimiento generador de la historia y la existencia humana. Paradójicamente, la búsqueda permanente del equilibrio es aquello que hace que las cosas sucedan. Esta gran enseñanza fue brillantemente plasmada por los taoístas en el ying-yang, símbolo que a partir de la complementación de los opuestos, genera el movimiento fundamental que explica el origen de todas las cosas. Como un trompo que encuentra un momentáneo equilibrio a partir del movimiento, para luego sumirse en el caos, una vez que el impulso comienza a decaer, hasta permanecer quieto, inmóvil. Pero a diferencia del trompo, este proceso es un flujo continuo de energía donde el movimiento se convierte en calma y viceversa, del mismo modo que la vida engendra muerte y la muerte engendra vida. Un continuo vaivén que el sabio Lao Tse denominó como ‘el ritmo del Tao’, ese continuo devenir que explica la existencia de todos los seres.

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Toda esta reflexión viene a colación, debido a una plática filosófica que sostuve ayer con un viejo amigo que hacía tiempo no veía. Para mí, conversar con otras personas sobre la vida -esa cosa misteriosa, maravillosa y terrible- es un aspecto fundamental en mi propio camino, mi muy personal búsqueda del equilibrio. A lo largo de mi vida, me he enamorado profundamente un par de ocasiones. En ambos casos la situación terminó mal. Llevo tiempo dándole vueltas a esa situación, tratando de entender por qué. Ambas mujeres, poseían una mezcla de sensualidad y locura que me parece absolutamente irresistible. Mujeres inteligentes, sensibles y explosivas, igual que yo, situación que generaba una extraña “atracción repulsiva” difícil de sobrellevar. Ambas chicas, además, manifestaban (desde mi perspectiva, al menos) una especie de desequilibrio anímico que me parecía hermoso, y al mismo tiempo, despertaba mi curiosidad por tratar de descifrar lo que había debajo de la superficie. Estas inquietudes mías me hacen propenso a buscar personas con este mismo tipo de inquietudes. Me aburren terriblemente las mujeres frívolas, huecas. Pero el problema es que esa misteriosa atracción que ejercen sobre mí estas mujeres pantera, puede ser muy difícil de sobrellevar. Tras varios amargos desencuentros, las cosas terminaron mal en ambos casos. Pero eran cosas que yo tenía que enfrentar para seguir creciendo. “Aprender es cambiar”, dijo el primer Buda al alcanzar la iluminación. Con la primer chica, aprendí que existen personas con una terrible necesidad de morder para tratar de lidiar con sus propias angustias. Por aquel entonces yo era un ‘hippie‘ que procuraba llevar el amor hasta sus últimas consecuencias. Tras llevarme varios chingadazos en el camino, aprendí una durísima lección que durante años me produjo una gran tristeza: no existe la maldad, solo un puñado de gente herida. La necesidad de hacer daño proviene de un daño recibido. “La oscuridad es la sangre de las cosas heridas”, resumió Borges en un inolvidable y espléndido verso. Esta es una verdad terrible e inevitable, pues comprendí que a pesar de todo el amor que uno pueda dar, en el mundo siempre habrá gente lastimada dispuesta a hacer daño. Comprendí entonces, la raíz de la violencia, algo que puede contenerse pero jamás podrá erradicarse, pues siempre existirán personas heridas. Yo me había vuelto vegetariano para tratar de erradicar la violencia, pero a partir de entonces, comprendí que lograr aquello era simplemente imposible. Volví a comer carne, ya sin la culpa de hacer daño. La verdad puede ser un bocado dolorosamente amargo, no apto para cualquiera. Curiosamente, a partir de entonces mi vida mejoró en muchos aspectos. Me volví más duro, pero eso permitió que pudiera impedir que otros abusaran de mí, como solía permitir con más holgura en otros tiempos. No me gustaban las reglas de su juego, pero si no había más remedio que jugar en esos términos, estaba decidido a no dejarme vencer. Tras una depresión de varios años regresé al ruedo con el cuchillo entre los dientes, más fuerte. Eso me permitió abrir puertas que hasta entonces habían permanecido cerradas. Supe que era momento de ajustar cuentas pendientes con viejos fantasmas. Una vez más, terminé herido tras el encuentro pero sobreviví, más fuerte, como el ave fénix que regresa siempre de sus cenizas. No pasó mucho tiempo para que terminara involucrándome con un nuevo amor, una chica de una ternura secreta que me deslumbró. Ella también había visto ese otro mundo, esa otra realidad que va más allá de las falsas apariencias, me lo mostró una vez, pero al mismo tiempo, parecía obstinada en engañarse a sí misma. Su brillo parecía ser opacado por un compulsivo deseo de venganza. Aquello me pareció todo un enigma que traté de descifrar. Me daba curiosidad y al mismo la amaba, por lo cual, yo sentía el deber de advertirle los peligros que yo percibía a su alrededor. Y ocurría entonces que ella explotaba, iracunda, al sentirse expuesta, vulnerable. Utilizaba su máscara de víctima para disfrazar su anhelado deseo de venganza, su profundo resentimiento que alguna vez le hicieron daño. Una persona cegada por la ira es incapaz de amar, a pesar de tener mucho amor escondido en su interior. Pasé varios meses tratando de entender esa situación, hasta que durante la noche me fue revelada la última pieza del rompecabezas a través de un sueño. Comprendí entonces, de dónde provenía la repetición de mi propio patrón, esa tendencia aparentemente inexplicable a la hora de relacionarme con mujeres tan intensas. Pero a pesar de los malos ratos, aquellas experiencias dejan siempre un gran aprendizaje para quien está atento a escuchar lo que tiene que decir su propio corazón. No hay peor infierno en este mundo que quedarse con las ganas de intentar aquello que nos mueve a actuar, desde el fondo de las entrañas. Y también por eso, no hay nada peor para la salud que rodearse de gente lúgubre y tóxica, insoportablemente negativa, gente chiquita que se droga con respuestas fáciles que los ayudan a evadirse, huir de sí mismos, respuestas fáciles que no los incomodan, no los confrontan con sus propios miedos, y así permanecen, rehenes de sus propios miedos, aterrados de su propia sombra. Por eso se estancan, no crecen, no aprenden, se pudren por dentro. “El deseo contenido engendra peste”, escribió sabiamente el poeta William Blake. Yo no dejo que se acumule la peste y a veces prefiero darme el lujo de cometer ciertos arrebatos de locura -a pesar de los riesgos y las consecuencias que traen consigo los propios errores- antes que convertirme en un depósito de peste y dejarme infectar con el virus de la desesperanza. La gente muere y se pudre por dentro cuando las ganas de vivir se desvanecen, las ganas de experimentar, de comerse el mundo a puños. La vida verdadera solo es posible cuando existe voluntad de vivir. En eso consiste el auténtico poder, esa capacidad de hacer cosas a pesar de las adversidades, y por eso mismo, ese otro loco furibundamente genial llamado Nietzsche, consideraba esa ‘voluntad de poder’ como el fundamento mismo de la vida. La voluntad es la gasolina para que pueda ponerse en marcha la pulsión de vivir.

Todo eso es lo que he ido aprendiendo con el paso de los años. Soy un tipo sensible y curioso, situación que me ha llevado a recorrer sendas un tanto extrañas para tratar de comprender los más profundos secretos de la existencia humana. Evidentemente, una búsqueda así no es tarea fácil. En el camino uno puede descubrir verdades terribles, difíciles de sobrellevar. Es entonces cuando uno debe encomendarse a otras fuerzas, para luchar y no dejarse devorar por el monstruo interno. Hay personas que, en esos momentos cruciales, prefiere huir antes que enfrentar al monstruo, por el peligro de salir herido de muerte. Habemos en cambio, personas que, por alguna misteriosa razón, preferimos mirar al monstruo directo a los ojos y cortarle la cabeza. Este triunfo espiritual -presente en el inconsciente colectivo y plasmado en todo mito fundacional de los pueblos y que narra la travesía del ser humano sobre la tierra- es aquello que nos hace crecer, pues sólo cuando uno es capaz de enfrentar sus miedos y salir vencedor en la épica batalla, se encuentre un pasito más cerca de volverse uno con la eternidad, hallar cada quien su lugar en el mundo, disolverse con la nada, volverse inmortal. Esto explica la razón por la cual, los héroes mitológicos parecieran estar rodeados de un áura especial que lo anima a enfrentar toda clase de peligros en busca de su realización espiritual. El héroe es aquel que se realiza en medio de la adversidad. Esa lección la aprendí del supremo arte de la ficción. Por eso yo creo que la verdadera cura para contrarrestar los desequilibrios anímicos del mundo, cuna de todo mal, reside en el arte. Y cuando digo arte, no me refiero a una actividad autocomplaciente que se limite simplemente a un goce estético. El verdadero arte debe confrontarnos con nosotros mismos, sacarnos de nuestra zona de confort, el verdadero arte debe contener un arte-obstáculo que permita también un arte-redención, un arte-alivio, capaz de restablecer el equilibrio perdido inherente a toda la existencia humana. Y esto se debe a que el poder curador del arte proviene de su capacidad para replantear los cimientos del mundo. Si la realidad es un consenso construido socialmente a partir de la percepción, y la percepción es una representación simbólica de la experiencia sensible, esto significa que para convertir la desdicha en alegría es necesario trastocar los símbolos a partir de los cuales interpretamos nuestra realidad. Es aquí donde se produce la transmutación, como bien sabían los antiguos alquimistas que buscaban convertir plomo en oro a través de la piedra filosofal. La verdadera magia no es una mera farsa, como creen ingenuamente los voceros del racionalismo imbécil, sino por el contrario, la magia es esa capacidad de reconfigurar nuestra percepción del entorno, para convertir ls mierda en flores, el agua en vino. Por ello, el poeta es siempre mago y curandero, pues la palabra es conjuro, resonancia cósmica, depositaria de todas las verdades. El poder transgresor y purificador del arte consiste en la metáfora, esa ‘otra forma’ de percibir y sentir el mundo, esa facultad que tienen algunos seres luminosos para “sentir con la imaginación”, como alguna vez dijo Pessoa. La ficción se revela entonces como el fundamento mismo de la realidad. El verdadero arte es un acto sublime capaz de transformar el dolor en dicha y esperanza, germen de futuro, pues el artista sabe muy bien que la fe no es otra cosa sino la certeza de que todas las cosas pasan por algo, y que el dolor puede ser también un gran maestro en nuestro camino hacia la iluminación, la eterna búsqueda del equilibrio, que nos hace mantenernos en movimiento a pesar de todo.

Aprender a fluir, aprender a amar, aprender a perdonar y agradecer por cada bocanada de aire. He ahí el secreto para una vida digna, a través de la cual, pueda revelarse la belleza en medio de la podredumbre. Esa es mi meta: compartir la belleza para ejercer una influencia positiva en el mundo donde quepan todos, los buenos y malos momentos que dan sentido a nuestra efímera residencia terrestre. Todo lo malo es para bien. Por eso mi deber de poeta es propagar la alegría y la esperanza, al igual que se riega el polen de las flores para que pueda volver a nacer el sol cada mañana. Y es para mí una alegría inmensa abrazarlos a todos con mi canto y mi palabra, espejos de mi alma enamorada.

Porque la vida es cuento

y la realidad es ficción.

¡Salud!

 

Ciudad de México, 23 de noviembre de 2019.

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La emotiva verdad de González Iñárritu

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Alejandro González Iñárritu podrá parecer demasiado obsesivo y hasta mamón en ocasiones, pero no cabe duda que es un artista auténtico. Su manera de expresarse sobre el cine y la música son propias de una persona con una sensibilidad por encima del promedio. De esto y más trató su reciente clase magistral impartida en la UNAM, un día antes de recibir el Doctorado Honoris Causa en la máxima casa de estudios de México.

Durante la charla, Iñárritu habló de cómo el acto de la comunicar es entrar en frecuencia con el otro (16:00); de cómo la historia de cada uno de nosotros está en el rostro, está en nuestras arrugas (51:00); de que abordar el fenómeno de la violencia sin consecuencias es un acto inmoral (01:09:00) o cómo el cine está perdiendo esta sensación de sueño (02:37:00).

Pero algo que llamó particularmente mi atención fue su concepción de la verdad.

“Las cosas no tienen verdad, las cosas tienen una certidumbre emocional, esa es la verdad.Cuando las cosas tienen una certeza emocional, resuenan. No tienen que ser históricamente correctas. La verdad radica en la resonancia emocional. Hay una verdad emocional de alguna forma”, dijo Iñárritu (39:00).

De ahí, varias anécdotas de su filmografía, que le ha merecido reconocimientos a nivel global. Pero yo me quedo con esa concepción de la verdad como una “resonancia emocional”.

 

 

El deslumbrante talento en 3D de Adry del Rocío

El talento de esta mujer me arrebató el aliento. Sus creaciones tridimensionales rompen la cuadratura del espacio con una explosión lúdica. No sólo es su manejo del color y texturas hiperrealistas o su dominio de varias técnicas, sino también la composición de sus obras, lo que resulta impactante. Un talento extraordinario el de Adry del Rocío, quien demuestra que la calle es la más inmensa galería de arte. Échenle ojo a su sitio.

La obra de Francisco Toledo, artista de la naturaleza

Alguna vez platiqué con Francisco Toledo en Oaxaca, en septiembre de 2007. Era un tipo peculiar, huraño. No le gustaban las fotos ni las entrevistas. Pero quisiera llegar a viejo como él y volar papalotes en las calles de Oaxaca. Su legado e influencia como luchador social es incuestionable. Más allá de su obra, que tiene un estilo único, ser artista es una forma de afrontar la vida. Y Toledo lo era. Descanse en paz maestro.

Aquí un pequeño homenaje póstumo con algunas muestras de su obra.

 

La explosiva y deslumbrante prosa de Clarice Lispector

Desde Nabokov, no leía una prosa que me impactara tanto.

Mucho me habían anunciado a la gran Clarice Lispector, pero antes era yo muy pobre y sus libros publicados en Siruela, muy caros. Por eso llegué un poco tarde al encuentro con ella, pero al mismo tiempo siento que nuestro encuentro se dio cuando se tenía que dar. Paradojas del destino.

Una explosión, un derrame de imaginativa y furibunda elocuencia, un navajazo tras otro, una sobredosis de sorpresa. Así es la escritura de esta mujer que revolucionó la literatura brasileña. Es increíble todo lo que se puede decir en un relato breve, cuando las palabras son cargadas de sentido.

De Kawabata aprendí que la novela puede ser la más refinada forma de venganza. Con Lispector aprendí que la novela puede ser también un poema en prosa. Deslumbrante.

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Arte sortilegio

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El artista es mago por naturaleza.

Capaz de convertir la desgracia humana en experiencia única y sublime, el artista tiene algo de alquimista y curandero.

El verdadero arte tiene siempre un trasfondo espiritual, es un ritual con el poder de equilibrar las pasiones humanas, una experiencia estética que explota por dentro. El verdadero arte es una purga, un sacrificio, un sortilegio que purifica el alma y habla el idioma de los sueños.

El artista es un pequeño dios capaz de recrear el mundo que se manifiesta a su alrededor. Transgresor por naturaleza, demiurgo de la luz y la sombra, el artista transforma el mundo proyectando su visión interior. Conectado con la fuente de la que emanan todas las cosas, responde a la epifanía del universo con un poema, un bello cuadro, una canción. Por eso deslumbra y conmueve, seduce, inspira, cautiva. Conocedor de la ciencia de los antiguos, habla con los animales, las plantas, las piedras y los astros; crea una realidad propia valiéndose de los objetos cotidianos e insignificantes que tiene a la mano, dotándolos de energía, haciendo que todas las cosas canten, se muevan, pues el artista es también repartidor de la vida, de la fuerza inagotable que habita en su interior.

Tiene además, el deber social de hacer vibrar las emociones de la humanidad en un ritual colectivo donde se equilibran las disonantes y contradictorias pasiones humanas.

El artista es un hechicero capaz de traspasar el plano físico para recrear el tiempo y el espacio en ese otro mundo de lo imaginario, allí donde van a dar siempre todas las horas de todos los lugares de todos los tiempos de todos los hombres y mujeres que pueblan la Tierra desde el origen mismo de todas las cosas.

El artista es un retazo de tibia humanidad fosforeciendo en el aire de lo etéreo, un ser luminoso capaz de hacer resonar la partitura secreta del cosmos.
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Arte, ficción y realidad, a propósito de Tolkien

Salgo de ver la película biográfica sobre J.R.R. Tolkien y confirmo algo que ya sabía: que la única vida que vale la pena es aquella que se vive como una obra de arte.

Pasan los años y cada vez me parece más absurdo eso que nos ha dado por llamar “realidad”. La literatura, la plástica, la música, son expresiones de ese lado inefable de la vida, ese donde habita el misterio de la existencia, ese que no se puede comprender racionalmente pero se puede sentir. Supongo que eso es la poesía, y por eso llevo años escribiendo versos, para decir aquello que no se puede decir de otra forma, tratar de darle forma y sonido a esas fuerzas profundas que habitan en nosotros, esas fuerzas que buscan la manera de manifestarse. La Tierra es un lugar poblado de espíritus, un lugar sagrado donde los árboles y las piedras y el agua dicen cosas. Al poeta, al artista, le toca escuchar las palpitaciones del mundo para luego tratar de traducirlas, interpretarlas.

Es por ello que en la ficción y no los periódicos, reside la verdad profunda de la condición humana. La de los seres que sufren y aman y odian y matan y son héroes. Es la condición humana en su estado más puro. El arte como requisito de supervivencia.

Siempre he dicho que el periodismo me hizo mejor persona, al permitirme la oportunidad de conocer y platicar con personas muy diversas, escuchar sus historias. Pero la literatura me ha salvado la vida en más de una ocasión, porque ahí, varado en medio de la más espesa oscuridad, siempre había un libro con el que podía uno dialogar y sentirse identificado, un autor con el cual compartimos ciertas cosas que nos remiten a nuestra propia manera de habitar y sentir el mundo. La literatura es una forma de encarar la soledad y sentirse acompañado por ese otro al solemos seguir valerosamente en su larga travesía, ese extraño mundo donde las barreras entre el autor y el personaje se diluyen, y solo queda una esencia universal, la del ser humano arrojado a las brasas, dispuesto a luchar contra cualquier monstruo para seguir riendo, seguir amando. La literatura -y el arte en general- es el mecanismo que ha desarrollado el ser humano para lidiar con los muchos problemas que encierra la vida, el juego que le ayudará a lograr su realización espiritual. Por ello, sostengo que la magia es el arte sublime de la ficción, el poder de transmutar la realidad, deformarla a nuestro antojo. Por ello decía Nietzsche que en todo creador habita un Dios dispuesto a ince diar la pista de baile o reinventar la historia misma de la creación. Es una lástima que muchas personas, tan encerradas en su propio cuerpo, no sean capaces de entender sobre estas cosas.

Supongo que algo de eso le pasó a Tolkien. Y no le quedó más remedio que inventar mundos con enanos, dragones y anillos, para poder decir aquello que no se puede decir de otra forma.

La ficción como cumbre y raíz de toda realidad posible. El verdadero arte consiste en descubrir la magia que habita en todas las cosas.
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Felinos y mujeres

Me encontré con la obra de este compa, Evelio Moreno, y hubo algunas cosas que llamaron mi atención, principalmente, sus acuarelas de mujeres y felinos. Les dejo una muestra para que le echen ojo.

El impresionante colorido ácido prehispánico de Cix Mugre

Las pinturas de este artista mexicano son simplemente alucinantes. Una estética propia y un envidiable dominio del color. Vaya generación de muralistas mexicanos la que tenemos ahora. Échenle ojo a Cix Mugre en sus redes.

Homenaje a Egon Schiele a un siglo de su muerte

Quizá el mayor descubrimiento de mi viaje por Europa, fue la obra de Egon Schiele. La fuerza de este pintor austriaco, a quien le bastaron 28 años de vida para volverse inmortal, tiene una originalidad trágica, un trazo tembloroso y vibrante, una estética única. Aquí un pequeño homenaje para el genio, uno de los mayores exponentes del llamado Expresionismo Austriaco y discípulo de Klimt.

El arte en bolígrafo de Nicolas V. Sánchez

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Me encontré con la obra de Nicolas V. Sánchez gracias a un video sobre su arte con bolígrafo. Me llamó la atención no sólo por la calidad técnica, sino porque me pareció que sus pinturas decían más cosas. Adentrándome en su sitio web, encontré algunas pinturas peculiares: el ganado y la familia, dos de sus inquietudes recurrentes que recrean el mundo a su alrededor. Interesante.

 

Un buen drama

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¿Cómo identificar un buen drama? Cuando oyes hablar a los distintos personajes que luchan entre sí, y todos tienen una dosis de razón, una pasión oculta, un motivo para hacer lo que cada uno hace.

La condición humana está más allá del bien y del mal. Quien entiende esta sencilla verdad, puede comprender la vida con mayor amplitud. Por ello la ficción tiene también una función pedagógica: ayudarnos a comprender mejor el mundo en que vivimos y comprendiéndonos mejor a nosotros mismos.

La calidad del drama que usted consume querido lector, será directamente proporcional a su comprensión del maravilloso y terrible misterio de la existencia humana.
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La Mecánica de la Historia, de Yoann Bourgeois (o de cómo el movimiento dice cosas)

Una serie de instalaciones sorprendentes, realizadas por el coreógrafo Yoann Bourgeois. Impresionante. Dos obras que dicen mucho a través del movimiento.

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Jim Carrey: la delgada línea de la locura para soportar la realidad

Me impactó el documental Jim y Andy, que narra la manera en que el actor Jim Carry se metió tanto en el papel del comediante Andy Kauffman que ya no podía salir. La mente humana es fascinante. La locura puede ser un dispositivo para alejarnos del mundo cuando éste nos provoca un inmenso dolor. La locura es pues, un extraño mecanismo de supervivencia. La película es una indagatoria profunda en la psique humana, una revelación de las fuerzas internas que continuamente convergen y se manifiestan en nosotros, en nuestros actos, en nuestra vida.

Pero la historia no queda ahí, ya que en otra pequeña película documental, se relata la “necesidad de color” por la que atravesó el comediante para lidiar con la profunda crisis existencial que le aqueja y trató de ocultar con una máscara de payaso que lo condujo a la fama y la riqueza, pero no a la felicidad. Ahora busca reconstruir los pedazos rotos de su interior a través de la pintura. Interesante personaje, lleno de matices. Un hombre atormentado en busca de sí mismo.

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Paul McCartney recorre las calles que marcaron su juventud

¡Qué belleza! Paul McCartney es un viejo adorable, con una vitalidad envidiable para su casi 80 años de edad. Se nota que la vida lo ha tratado bien y que no se ha quedado con ganas de hacer nada. Esas ganas de vivir y disfrutar las cosas buenas, pero también la posibilidad de crear belleza a partir de los momentos difíciles, es el remedio elemental para curar todos los males del mundo. Escenas mágicas que surgen de lo inesperado. Gran momento para la televisión y para el simpático gordo, James Cordin. Imperdible.

Sobre el poder sanador del arte

ARTE

Obra de Oswaldo Guayasamin

Por azares de la vida, me topé con mis viejos poemas, de aquella época en que andaba yo en el bajón existencial hard core, esa época que en mi autobiografía lleva el nombre del Filonauta del tiempo combustible. Es curioso lo diferente que se ve todo en retrospectiva. Hoy me parece increíble verme reflejado en esos versos, que parecieran un tanto distantes al tipo que soy en la actualidad. Luego me vino el recuerdo de una declaración de Jodorowsky, cuando decía que él no aspiraba a un arte donde cada uno vomitara sus traumas, sino un arte sanador. El viejo estaba en un error, pues a final de cuentas, el poder sanador del arte reside, en buena medida, precisamente en esa posibilidad de vomitar las dolencias.

Fue así que comprendí que expresar el dolor, la ira o la tristeza en cualquier manifestación artística, es realizar un conjuro mágico, un acto alquímico capaz de convertir nuestra desgracia en algo bello. Dejar que salga y se exprese lo que llevamos dentro. El arte es también encontrar la belleza de nuestras muchas deformidades. ¡No puede existir acto más purificador y revolucionario! Convertir el dolor y la rabia en algo sublime, etéreo. ¡Qué belleza! He ahí, queridos alquimistas, la fórmula para remediar todos los dolores de la tierra y el alma.

Palabra ficcionalista.
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Simbología del alma

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Todo sentimiento es polisémico. Significa muchas cosas al mismo tiempo, a veces contradictorias. Tratar de interpretar el alma implica estar atento, desarrollar cierta intuición para comprender la enorme complejidad que encierra cada persona. Pero sólo aquel que se explora a sí mismo y trata de descifrar el significado de sus propias emociones, puede aventurarse a tratar de descifrar el alma de otra persona. Las emociones son la base de todo lenguaje posible, aquello que nos permite establecer una conexión espiritual con el otro. Comprender por qué razón el otro se siente como se siente y encontrar similitudes con nuestra propias emociones, es la clave para desarrollar empatía: ver reflejado nuestro corazón en el corazón del otro. Eso es el arte.

Por ello, creo firmemente que el arte es el único medio posible para transformar al mundo. Convertir la vida en un poema es unir todo aquello que un día fue separado, es restablecer la conexión perdida con los demás, la base de toda experiencia mística, la comunión del uno con el todo. No es la política, ni los argumentos racionales, ni las discusiones interminables lo que nos sacará del lodazal en que nos encontramos. Es el alma, che, el deseo ingobernable de fundirnos todos juntos en un gran abrazo. La única revolución posible es el amor a los demás. Y el arte es la clave para amplificar las resonancias del corazón. No es posible una revolución sin arte.

Nosotros los artistas tenemos el deber de crear una nueva estética, una nueva manera de sentir e interpretar el mundo. La imaginación como forma de supervivencia. Transformar la mierda en flores con un acto de magia. Alquimia poética. He ahí la clave, los cimientos para la transformación del mundo que habremos de construir entre los escombros de una civilización obsoleta. Hacer resonar los corazones como si fueran tambores. Así se construye la esperanza.

Palabra ficcionalista.
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Las pinturas vivientes de Alexa Meade

Ya había visto el trabajo de Alexa Meade desde hace un rato. Pero ahora que me topé con un video suyo en Facebook, me dio por ahondar en su obra. Interesantes pinturas tiene en su portafolio esta artista que ideó una manera de convertir a gente de carne y hueso en pinturas de dos dimensiones. Vale la pena echarle ojo a su sitio web.

 

 

 

 

 

Los claroscuros de José Luis Malo

Hoy me topé con la obra de José Luis Malo. Me impresionó la fuerza de sus retratos, su manejo de la luz y la sombra, los motivos de sus pinturas. Recomendable echarle un ojo a su sitio oficial. Me gustó el video. Se nota la energía en sus trazos.

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