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Qi Gong: la perfección como consecuencia del trabajo duro

El flujo del qi (“chi”, la energía vital) es uno de los preceptos fundamentales para la práctica del kung fu. Si la vida en el planeta no es más que una manera en que se manifiestan los flujos de energía del universo, esto significa que controlar dichos flujos de energía tienen un potencial bastante grande para la salud de los organismos vivos, tal como ocurre por ejemplo, con la respiración. Y esto es precisamente lo que busca el qi gong: aprender a manipular a nuestro favor la energía del cosmos.

Spiderman entrenando kung fu

De esas extrañas ocasiones en que uno se entera que Peter Parker hubiera podido conseguir poderes arácnidos practicando artes marciales. Una imponente muestra de la agilidad y acrobacia característica del kung fu.

Las muy variadas y diversas formas de dominar la mente a través del kung fu

Vagando por el ciberespacio, me topé con esta serie china llamada Kung Fu Quest, producida por National Geographic, en la que se exploran varios estilos marciales del kung fu, una disciplina que ayuda a entender la vida a través del entendimiento del propio cuerpo. De ahí que la diversidad de estilos y escuelas de esta disciplina sea impresionante: la suavidad del Shaolin, la ligereza del Wudang, la efectividad del Wing Chun, la ferocidad de los estilos del sur.

El kung fu es un estado de la mente.  ¿Y hacía dónde debe conducir ese estado mental? Hacia la paz interior y la realización espiritual.

“¿Cuál es el estado más grande de la mente en el kung fu shaolin? Yo digo que es no lastimarte a ti mismo y no lastimar a los demás. Aprender cómo salvarte a ti mismo y aprender cómo ayudar a los demás”, dice el monje shaolin Shidejian en la segunda entrega de la serie.

“El kung fu es para elevar la resistencia, nutrir el Qi. Si te quedas sin aliento… ¿cuál es el punto? No hay que forzarlo. No te lastimes a ti mismo (…) Para practicar kung fu debes entrenar a la mente. No tus brazos y piernas. Ábrete a tu corazón, practica en calma. Entre más practiquemos seremos más felices”.

El poder sobrenatural de los shaolin

Humanos sobrenaturales. Un ejemplo de lo que pueden lograr la dedicación y el entrenamiento llevado a su máxima expresión.

El sorprendente baile cyberpunk de Kenichi Ebina

Una peculiar coreografía inspirada por la danza, la robótica, las artes marciales y la mímica. El resultado es este sorprendente baile salido de una película cyberpunk.

Kung fu: el poder del ‘trabajo continuo’

El kung fu es una disciplina oriental basada en las enseñanzas del taoísmo y el budismo, cuyo fundamento consiste en controlar el ‘chi’ (energía interior) a través de la disciplina y las infinitas posibilidades que ofrece el entrenamiento constante. No en balde, el término kun fu proviene de los  ideogramas chinos kung: trabajo, posición o ejercicio; y fu: continuo, de manera correcta, bien hecho, sabio, total.

Es decir, que el kung fu no es en un arte marcial como tal, sino un método de trabajo que permite alcanzar la perfección de cualquier actividad, pues como bien apunta wikipedia, kung fu se define “como una habilidad adquirida a través del tiempo, con esfuerzo dedicación y continuidad. Por este motivo, no es exclusivo de las artes marciales, sino de cualquier actividad que se realice procurando hacerlo de la mejor manera posible”.

Esta habilidad para controlar el cuerpo y la mente a voluntad propia permite hacer cosas dignas de un superhombre, tal como controlar el dolor o aprender a amar, según explica Yan Ming, un monje shaolin ávido de difundir sus conocimientos en el mundo occidental:

De ahí que el objetivo esencial del kung fu sea controlar la mente y el cuerpo en perfecta armonía con el resto del universo, es decir, aprender a controlar esa fuerza cósmica que lo atraviesa todo, esa energía fundamental que se encuentra en todas las cosas y con la que convivimos permanentemente sin siquiera darnos cuenta. Es por ello que esta disciplina, a diferencia de diversas artes marciales enfocadas  en el combate, posee un marcado carácter esotérico, entendiendo por dicho término, como la capacidad que tiene todo ser humano por acceder a lo oculto, al mundo que se revela a través de la experiencia mística que conecta al hombre con lo sagrado, ese principio unificador del universo capaz de darle sentido a la propia existencia y a la totalidad del mundo que nos rodea. Después de todo, el mundo no es sino una proyección de nuestra mente que se materializa a través del cuerpo, esa delgada membrana que divide el adentro y el afuera. Y es ahí donde reside el verdadero poder: en la capacidad de manipular el entorno partiendo de las profundidades más remotas del mundo interno.

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