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El origen del sexo

¿Cómo o por qué fue que la vida desarrolló la reproducción sexual? Es uno de los grandes misterios de la biología evolutiva. Una cuestión que nos permite entender grandes procesos sociales y culturales que ocurren actualmente sin que nos demos cuenta.

Es por ello que el documental El origen del sexo, me resultó tan estimulante. Sobre todo, el caso donde se exponen las diferencias de comportamiento entre los chimpancés y bonobos, dos comunidades donde las relaciones de poder condicionan y configuran diferentes maneras de ejercer la sexualidad, y por ende, modifican por completo las dinámicas sociales.

El secreto origen de la vida: el ritmo del orden y el caos

ying-yang galáctico

Hoy tuve una revelación, de esas revelaciones profundas que le dan sentido a la existencia. Desperté de un sueño y me puse a reflexionar sobre la vida. Como mi proyecto actual para comprender el valor de las cosas me ha planteado un problema aún más grande, estoy tratando de construir una filosofía de la vida. Y para llevar a cabo semejante empresa, es preciso comprender primero qué es la vida.

Tras leer el libro de El origen de la vida, de Alexander Oparin, me quedó claro que la aparición de la materia orgánica -a partir de una combinación de moléculas de hidrógeno y carbono-, fue una condición elemental para que la vida en el planeta Tierra se desarrollara en el agua. La hipótesis de Oparin en torno a este caldo primigenio fue confirmada por el experimento de Miller y Urey, mismo que representó el inicio de la abiogénesis experimental al sintetizar materia orgánica a partir de sustancias inorgánicas. De este modo se comprobó que las reacciones químicas en los orígenes del planeta Tierra crearon las condiciones propicias para la aparición de la materia orgánica sobre la cual se desarrollaría la vida como la conocemos.

Sin embargo, a esta explicación le faltaba algo. ¿Cómo es posible que la materia inerte decidiera autorreplicarse? ¿En qué momento y en qué conducciones ocurrió esto? ¿Por qué? La pregunta me llevó a indagar sobre el papel del ácido ribonucléico (ARN) como la explicación más remota de la vida. La hipótesis del mundo del ARN, enunciada de manera formal por el químico Walter Gilbert en 1986, plantea que al ser el ARN un eficiente catalizador, esto permitió que los enlaces químicos encargados de procesar la energía para sintetizar proteínas pudiera mantenerse estable y guardar una copia de la información genética que a la larga haría posible la reproducción celular. Con el paso del tiempo, el ARN desarrolló una membrana protectora capaz de resguardar el material genético, lo cual dio origen a las primeras células. De este modo, la aparición de los ácidos nucléicos, permitieron convertir reacciones químicas simples en el complejo proceso del metabolismo celular.

Intrigado en comprender la manera en que las enzimas del ARN (conocidas como ribozimas) sintetizan energía, tuve que recurrir a principios elementales de bioquímica. En el camino me encontré con el trabajo de divulgación del doctor Edgar Vázquez Contreras, investigador del Instituto de Química de la UNAM, en el cual explica que uno de los conceptos fundamentales para entender la bioenergética a partir de la Segunda Ley de la Termodinámica es el concepto de entropía, el cual se define como una magnitud física que mide la energía que se desperdicia al realizar un trabajo. Y a partir de la idea de entropía, el investigador sostiene que “la información es una fuente de energía”. Una idea que resulta todo una revelación a la hora de entender sistemas complejos como el lenguaje, lo social o la existencia humana.

De este modo, la información (lenguaje) es un proceso a partir del cual en que la energía inherente en los seres vivos puede autorreplicarse, ya que todo código es una especie de enzima capaz de catalizar energía a través de unidades de información. De ahí que los seres vivos sean capaces de procesar enormes cantidades de información a una gran velocidad, lo cual hace suponer a investigadores como el físico Vlatko Vedral que organismos vivos como las plantas pueden procesar información mediante procesos de la mecánica cuántica para realizar funciones complejas como la fontosíntesis.

El concepto de entropía, desarrollado en la década de 1850 por Rudolf Clausius, autor de la Segundo principio de la termodinámica, se desarrolló con el fin de explicar cómo es que la transferencia de calor tiende hacia un equilibrio, lo cual permitió contrarrestar problemas elementales de eficiencia energética en el desarrollo de máquinas complejas a partir de la Revolución Industrial. En otras palabras, el término entropía explica la manera en que el universo tiende a distribuir la energía uniformemente; es decir, a maximizar la entropía. La entropía puede definirse como una medida de la distribución aleatoria de un sistema, una medida del caos generado dentro de un sistema aislado. La entropía busca calcular las posibilidades del desorden de la materia que tiende hacia un equilibrio térmico. En otras palabras, la noción de entropía permite entender la manera en que el caos busca un orden.

“Es posible afirmar que, como el universo es un sistema aislado, su entropía crece constantemente con el tiempo. Esto marca un sentido a la evolución del mundo físico, que se conoce como principio de evolución. Cuando la entropía sea máxima en el universo, esto es, cuando exista un equilibrio entre todas las temperaturas y presiones, llegará la muerte térmica del universo (enunciada por Rudolf Clausius)”, según explica un artículo de Wikipedia sobre el tema.

El asunto plantea un problema metafísico. El caos que tiende al orden absoluto, el equilibrio, donde todo es estático para convertirse nuevamente en caos. La existencia se presenta entonces como un fractal entre el orden y el caos, donde ambas fuerzas se sintetizan en un solo ente capaz de conferirle sentido a la existencia a través de la conciliación de los contrarios.

En un estado de orden absoluto, la unidad y el sistema se funden en uno solo. No hay divisiones, todo se vuelve estático. En el caos, la separación de la unidad y el sistema es total, genera ruido, es dinámica. Todo orden es caótico y todo caos es ordenado. Los contrarios se complementan. Esa es la evolución natural de las cosas.

Una verdad elemental que el taoísmo desarrolló a partir de la idea del ying-yang, símbolo que condensa la manera en que las fuerzas contrarias se conjugan en un solo ser (el Tao, Dios, el gran espíritu, la totalidad universal).

De este modo, la vida es una forma de orden que parte del caos y cuya finalidad es el equilibrio, es decir, regresar al caos del que vino. La existencia es cíclica porque es un ir y venir entre el orden y el caos. Ese desarrollo evolutivo de todas las cosas es lo que hace posible la existencia. La vida se definiría entonces, como una manifestación de esa dualidad energía-movimiento que hace posible ir y venir del caos al orden, que en realidad son lo mismo.

Esto nos permite entender a otro nivel situaciones compelas de la existencia humana, como el amor, esa energía-movimiento que permite conferirle sentido a todo y al mismo tiempo genera confusión y ausencia de sentido. Si nosotros formamos parte de la totalidad del cosmos, comprendernos a nosotros mismos es revelar el sentido del universo. “Como es arriba es abajo”, reza el principio hermético de correspondencia, en el cual se evidencia la relación existente entre todas las cosas del universo. El ser humano es un ser infinito porque en él reside el secreto de la vida, el secreto de la energía total que va continuamente del orden al caos. La vida es una manifestación del ritmo universal, la vida es al mismo tiempo caótica y ordenada. Comprender esto es comprenderlo todo, porque en la conciencia divina el uno y el todo son lo mismo. ::.

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Aves del paraíso: fantasía en la densa selva de Nueva Guinea

No es un sueño, aunque sus formas y colores insinúen lo contrario. En lo profundo de la selva tropical de Nueva Guinea habitan las aves del paraíso, cuya extensa gama de plumajes y comportamiento sexual son un deleite visual que evidencia la rica biodiversidad que habita en el planeta y que podría ayudar a los científicos a descifrar el misterio evolutivo de la reproducción sexual. De ahí que un ornitólogo de la Universidad de Cornell, Ed Scholes, y el fotógrafo Tim Laman han pasado la última década documentando a estos maravillosos seres extraídos de los confines más remotos de la imaginación del creador.

 

Parte de una gran familia: el ser humano y sus ancestros roedores

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Pensar que descendemos de un animal insectívoro parecido a una zarigüeya es digno de volarle los sesos a cualquiera. De acuerdo con un variado grupo de científicos, el retrato de este pequeño animal peludo de casi un kilogramo de peso, representa al primer mamífero con placenta, a partir del cual, se desarrolló una amplia gama de especies: elefantes, murciélagos, roedores, felinos, primates. La fotografía de nuestro abuelo representa el reflejo de nuestra especie visto en el espejo de la evolución.

Cuánto tiempo tuvo que pasar, cuántas vidas y cuántas muertes silenciosas se sucedieron durante años, siglos, milenios, eternidades enteras para que llegaramos al punto de escribir sobre nuestros remotos ancestros en una computadora y publicarlo en un blog. Cuántas pequeñas casualidades, cuántas mutaciones, cuántos dolores y cuántas alegrías tuvimos que pasar para que las ramas de la vida encontraran su cauce y permitieran definir nuestra identidad como especie. Y pensar que en esta larga cadena de la vida, todos tuvimos algún tatarabuelo (multiplicado a la n potencia) similar a un hurón, un reptil, un pez, una bacteria.

Pensar que todos los seres vivos en este planeta provenimos de un origen común nos lleva a replantear nuestro lugar en el mundo, como especie, como individuos. Cobrar conciencia de nuestro origen evolutivo es cobrar conciencia de quiénes somos, hacia dónde vamos. Estamos íntimamente conectados con todas las formas de vida en el planeta. Nuestro cuerpo es también un ecosistema complejo construído a partir de una amplia variedad de células que se reproducen y mueren cada segundo de nuestras vidas, sin que nos demos cuenta de ello. Del mismo modo, cada uno de nosotros formamos una minúscula parte de un organismo superior que ni siquiera alcanzamos a concebir. La realidad se rompe para configurarse en múltiples realidades, del mismo modo en que la luz se descompone en todos los colores del arcoiris cuando atraviesa un prisma de cristal.

Pensarnos como parte de un todo conlleva una responsabilidad grande para con todos los organismos con los que compartimos este planeta, una gran familia, con un origen en común. Nuestro destino está ligado al destino de muchas de las especies que actualmente pueblan la Tierra. Una consideración que olvidamos siempre y que deberíamos tener presente en cada acto de nuestras vidas. Acciones que inciden de forma directa en la vida de nuestros primos lejanos.

BBC: Conozca al antepasado del ser humano

El milagro de la existencia

Dos videos que muestran el delirio de existir desde diferentes perspectivas. El primero sobre la capacidad de asombro que nos mantiene vivos. El segundo, sobre la arquitectura del universo.

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