Archivo del sitio

El capital financiero y la privatización del espacio urbano en la era de la globalización

Las dinámicas del capital financiero a partir de la década de 1980, que coincide con el fin de la Guerra Fría y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, ha modificado las estructuras de los Estados nacionales y sentado las bases de un nuevo proceso estructural y global de apropiación de la riqueza.

Un proceso donde la desigualdad social, la migración y el choque de civilizaciones son sólo algunas de sus caras más visibles. Puntos esenciales para comprender el fenómeno de la globalización.

Aquí algunos conceptos para entender este complejo y fascinante proceso: David Harvey sobre la crisis del capitalismo; Saskia Sassen, sobre las desigualdades y el proceso de expulsión que promueve la ciudad global; Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida; y Manuel Castells sobre la sociedad red. Todo un marco conceptual para entender el mundo de hoy.

Marx y Adam Smith discuten sobre economía en fluido portugués

Un video muy interesante y muy bien interpretado en el que los dos principales referentes de la economía clásica sostienen una amena charla en portugués.

El arte de la creatividad para no perder el color en las fauces del capitalismo

Hoy me topé con el mismo problema abordado desde dos perspectivas distintas. Por un lado, Lipovetsky reflexiona sobre el papel que desempeña el arte y la creatividad en la era del hiperconsumo en una entrevista para la prensa española.

“No soy en absoluto pesimista: las contradicciones harán evolucionar el mundo, el hombre no es sólo un productor y consumidor, es un creador que encuentra la felicidad en esa dimensión creativa. Cada vez más la gente común escribe, fotografía, hace teatro… y no lo hace por esnobismo, sino en busca de la felicidad que no encuentra en el supermercado”, asegura el filósofo francés.

Casi inmediatamente después me topé con el multipremiado cortometraje de animación Alike, en el cual se retrata un problema común de nuestro tiempo: el descolorido del alma.

El paradójico discurso en torno al Día de la Mujer: breve disertación filosófica sobre las contradicciones discursivas de la liberación femenina

Sinceramente, yo no entiendo la retórica en torno al Día Internacional de la Mujer. Está bien que mujeres y hombres podamos acceder a la justicia y derechos sociales de manera equitativa. Nadie podría estar en contra de eso. Lo que no me cuadra, es festejar o conmemorar aquello de la “liberación femenina”. En lo que a mí concierne, ese es un discurso muy moderno, muy de la Ilustración, muy de la revolución industrial, utilizado entre otras muchas cosas, para convertir a las mujeres en fuerza de trabajo y máquinas de consumo en la lógica capitalista. Aquello del sometimiento histórico de la mujer es un mito contemporáneo. Yo creo, en cambio, que cada época y cada cultura han desarrollado su propia manera de ejercer los roles de género, mismos que obedecen a relaciones sociales y simbólicas muy complejas, a condiciones muy específicas. Es por ello que las mujeres siempre han desarrollado modos específicos de ejercer el poder, adecuándose a las condiciones particulares de cada lugar y cada momento histórico. Más allá del discurso liberal de la igualdad de género, a mi me gusta creer en la convivencia armónica entre todos los seres. No se trata de ser iguales, se trata de aprender a convivir celebrando nuestras diferencias. Al igual que el pueblo siempre ha tenido la última palabra en cuestiones de derrocar a los gobiernos tiranos, sin importar que el sistema político se llame monarquía o democracia, la mujer siempre ha ocupado un lugar preponderante en la historia. Por eso me resulta tan paradójico ese discurso de la “liberación femenina”. ¿Qué es más discriminatorio: estar en desacuerdo con el discurso de la liberación femenina o fomentar la victimización de la mujer en la era premoderna? Me parece que buena parte del discurso de género como lo conocemos hoy, está montado en el discurso liberal que construyó las bases del Estado-nación y el capitalismo como sistemas de representación social. La manera de concebir los roles de género en nuestra época es consecuencia de una tradición y de una ideología específica que hoy está en boga. Pero esa ideología es una entre tantas. Quizá por ello me resulta tan irónico ver a muchas personas tan clavadas con el tema. Yo sé que mis ideas en torno a las discusiones de género pueden no caer muy bien. No faltará quién me acuse de machista o misógino, lo cual no podría estar más lejos de la verdad. Siempre he respetado a la mujer, de un modo similar al que he procurado respetar a cualquier persona. Pero en fin, pensar por cuenta propia es un riesgo que debemos asumir si queremos avanzar en nuestro utópico proyecto de cambiar el mundo.

::.

wcdiBoligan

La enfermedad mental de la opulencia

La vida da giros inesperados. Siempre. Así fue como Thomas Peter Shadyac, director de comedias como Ace Ventura o Patch Adams se dio cuenta de que la idea de éxito impulsada por la civilización occidental es una enfermedad mental, o wetiko, palabra con la cual el investigador Jack Davis explica cómo algunas etnias de indígenas norteamericanos describen ese comportamiento atípico de los seres humanos que se “comen la vida de otro ser humano”, de un modo similar al canibalismo. Contrario a lo que ocurre en la naturaleza, el ser humano busca acumular más de lo que necesita para vivir. De ahí que vivamos en una sociedad enferma donde la realización se concibe como la acumulación de capital. ¿Y cómo remediarla? A través del amor y la compasión por lo demás. Ese es el mensaje último de Shadyac, en Yo soy (I am), una peliculita sincera en el que se investigan las alternativas para sanar a ese monstruo llamado capitalismo, alimentado por nuestra ambición desmedida y falta de conexión con todos los seres que pueblan la existencia.

Hoy venía en el autobús pensando que soy un hombre rico. Y no porque tenga dinero, sino porque necesito pocas cosas para ser feliz. La riqueza de un ser humano no debería medirse por su capacidad de acumular bienes materiales, sino por el desarrollo del ser, condición que conduce a vivir feliz sin esa enfermiza necesidad de acumular cosas materiales y hacer daño a los demás. Ya por la noche, mi hermano me recomendó una peliculilla que va muy ad hoc con lo que venía pensando. ¿Qué sería del mundo si midiéramos la riqueza desde otra perspectiva? ¿Qué pasaría si todas las personas buscaran el desarrollo del ser antes que la acumulación de bienes? Un mundo muy diferente, sin duda alguna.

Weber y la ética protestante en la conformación del espíritu capitalista

Releer a Weber siempre será un placer. Los años pasan y no deja de sorprenderme la claridad que poseía el fundador de la llamada sociología comprensiva para identificar y describir con una precisión asombrosa las causas que intervinieron en el desarrollo de ciertos fenómenos sociales. Así lo hace de manera magistral con La ética protestante y el espíritu del capitalismo, obra maestra de la sociología contemporánea, en la cual Weber explica la manera en que la reforma protestante y en específico el calvinismo que impregnó a todas las sectas “puritanas” de la Iglesia Protestante fueron determinantes para que el modelo capitalista fuera adoptado como una práctica común en las principales potencias económicas de occidente, incluyendo países como Estados Unidos, Países Bajos y Alemania.

Esto se debe a que, según Weber, a “la determinación del influjo de ciertos ideales religiosos en la constitución de una ‘mentalidad económica’,[1] es decir, la presencia de un ethos económico implícito en el calvinismo y las vertientes protestantes influenciadas por esta rama del cristianismo.

Haciendo una crítica al materialismo histórico enarbolado por el marxismo, Weber inicia su análisis comparando la relación religión-trabajo entre los grupos protestantes y católicos, llegando a la conclusión de que la lógica religiosa de los protestantes fomenta que sus devotos ocupen mejores posiciones de trabajo dentro de las fábricas y los centros industriales, ya que “los católicos participan también en menor proporción en las capas ilustradas del elemento trabajador de la moderna gran industria”. [2]

Intrigado por las relaciones causales entre el credo religioso y la racionalidad económica de los grupos calvinistas, Weber concluye, siguiendo a Gothein, que la llamada diáspora calvinista de Europa noroccidental a partir del siglo XVI se convirtió en un “vivero de la economía capitalista”.[3]

De este modo es como Weber explica la manera en que la doctrina calvinista, contrario al luteranismo, niega la posibilidad de la salvación postmortem y asume que la realización espiritual debe plasmarse en vida, específicamente a través del trabajo y la acumulación de riqueza como una forma de alabar a Dios y ayudar al prójimo, asumiendo que la salvación espiritual está reservada para unos cuantos.

Esta concepción del cristianismo rompe completamente con la ideología imperante en la Iglesia católica y al mismo tiempo abre la posibilidad de que prácticas como la explotación y la usura dejen de ser vistas como una práctica inmoral. De este modo, la cosmovisión de los calvinistas fue un terreno propicio para el desarrollo de un incipiente capitalismo que ya existía desde hace muchos años atrás en culturas como la de China y Babilonia. Al respecto señala Weber:

“La ‘concepción del mundo’ marcha determinada por la suerte de los intereses político-comerciales y sociales. Aquel que no quiere o no es capaz de adoptar un comportamiento práctico a las condiciones de triunfo capitalista, ha de hundirse, o al menos, no progresa lo bastante”. [4]

De ahí que Weber ahonde en la concepción protestante de la “profesión” (beruf) como un medio a través del cual el calvinismo asume como un fin la acumulación de dinero, lo cual hace necesario mejorar los niveles de rendimiento del capital al mismo tiempo que el enriquecimiento se convierte en una señal de predestinación a la salvación eterna.

“La labor social del calvinista en el mundo sólo se realiza in majorem Dei gloriam. En la ética profesional ocurre precisamente igual, puesto que sirve al conjunto global de los hombres en su paso por el mundo”, afirma Weber al explicar el carácter “utilitaria de la ética calvinista”.[5]

Más allá de los pormenores descritos con minucioso detalle en el ojo crítico de Weber, el texto sostiene que el espíritu del capitalismo presente en la reforma protestante permitió el florecimiento de dicho modelo económico y social al reivinidcar prácticas sociales que eran condenadas en la ética religiosa tradicional. De este modo, Weber logra conectar dos esferas sociales aparentemente inconexas entre sí, para describir la manera en que la lógica eclesiastica de los países protestantes impulsó el sistema económico que creció exponencialmente como consecuencia de la Revolución Industrial.

Weber parece llegar a la conclusión de que antes de la existencia del capitalismo moderno, existía ya un espíritu capitalista implícito en las creencias religiosas de la ética protestante, tal como argumenta irónicamente al citar algunos postulados de Benjamin Franklin con el fin de delinear algunas máximas de la “cultura americana”.

Así es como Weber, reconociendo las limitaciones metodológicas de sue propio estudio, construyó una obra sólida convertida en un referente de la sociología moderna al describir la relación causal de factores que fueron determinantes para que el capitalismo moderno floreciera en países de corte protestante que con el paso de los siglos se convertirían en potencias politico-económicas de Occidente.

__________________________________________________

[1] Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición. Página12.

[2] Ibidem, p. 17.

[3] Ibidem, p. 20.

[4] Ibidem, p. 39.

[5] Ibidem, pp. 63-64.

____________________________________________________

Bibliografía:

WEBER, Max. La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Premia Editora. México, 1991. Novena edición.

::.

Piketty, el economista que desnudó al capitalismo salvaje del siglo XXI

 

El economista francés Thomas Piketty ha desatado la furia de los neoliberales con el éxito de su libro El capital en el siglo XXI, el cual ha sido comparado con grandes obras de la teoría económica clásica, desde El capital de Marx hasta La riqueza de las naciones, de Adam Smith. Lo más curioso es el entripado que dicho libro desató entre los editores de la revista británica The Economist, uno de los mayores referente ideológicos de la derecha neoliberal a nivel global. ¿La razón? El estudio de Piketty arroja argumentos contundentes (según afirman quienes lo han leído) sobre la manera en que los grandes rendimientos del capital privado terminan por debilitar el crecimiento económico de las naciones en el largo plazo, luego de hacer una revisión exhaustiva con datos de 30 países durante los últimos 30 años. La ecuación es simple: r > g (donde r es igual a rendimiento económico del capital y g es crecimiento económico). Una grieta estructural que, aunada al crecimiento exponencial e insostenible de la desigualdad social, golpea las entrañas del sistema económico vigente. De ahí la enorme molestia que ha generado entre los conservadores. Interesante tema para seguirle la pista.

BBC: Thomas Piketty, la nueva estrella de la economía mundial

The Guardian: The Piketty phenomenon: big picture economics

The Economist: Thomas Piketty’s “Capital”, summarised in four paragraphs

Infografía del abuso

Los datos son elocuentes. La perfecta estampa de la desigualdad planetaria.

El tsunami y la SOPA: La guerra en tiempos de internet

 

La iniciativa de ley Stop Online Piracy Act (mejor conocida como SOPA), no será el primero ni el último de los intentos de los gobiernos del mundo por controlar el contenido que circula libremente por internet. La clausura de sitios web como Megaupload y la contraofensiva de grupos en defensa de la libertad en la red como Anonymous representan la primera batalla de una guerra ideológica que apenas empieza. Una colisión de civilizaciones con el poder de transformar drásticamente el mundo como lo conocemos. El futuro nos ha alcanzado.

Y a pesar del revuelo que ha causado el tema en las redes sociales que pueblan ese universo paralelo conocido como el ciberespacio, pocos han reparado en el verdadero trasfondo del tema: el derrumbe de un sistema político y la aparición de nuevos esquemas de organización con el poder de reinventar los sistemas sociales como los conocemos. Vivimos tiempos de transición que van de la agonía de la modernidad al nacimiento de la sociedad red que profetizó Manuel Castells hace más de una década en su monumental obra, La era de la información.

El trasfondo real de SOPA tiene poco que ver con el combate a la piratería, como intentan hacer creer algunos congresistas estadounidenses, sino con la defensa de un sistema político que utiliza la acumulación de capital como un instrumento de control social que  garantiza el bienestar de los pocos a costa del sufrimiento de los muchos. Y en este extenso y fascinante rompecabezas, el control del internet representa un elemento clave para mantener intactas las asimetrías que sostienen el status quo.

¿Cómo opera el sistema social en que vivimos al día de hoy? Bases del sistema político-económico de la modernidad

Como bien explicó Marx en su libro El Capital, la más profunda crítica al capitalismo que se haya hecho, la creciente brecha entre ricos y pobres sólo puede entenderse a partir de las estructuras de explotación-dominación sobre las que se sostiene el sistema económico actual. Si el trabajo es la única mercancía capaz de generar plusvalor por sí misma, siguiendo a Marx, esto significa que las grandes fortunas del planeta son producto de la acumulación del trabajo de otros mediante la explotación.

¿Qué significa esto? En términos más coloquiales: el hecho de que un personaje como el empresario mexicano Carlos Slim Helú, el hombre más rico del mundo, haya podido acumular una fortuna valuada en 74 mil millones de dólares, esto significa que detrás de esa riqueza existe la explotación de millones de personas en todo el planeta.

De modo similar a lo que ocurre con la ley de la conservación de la energía, podríamos decir que la riqueza no se crea ni se destruye, sólo se acumula. Quizá algunas cifras pueden ayudar a entender la monstruosa diferencia entre ricos y pobres. Datos de la ONU en 2011 sostienen que el 80% de la riqueza del mundo está en control de apenas una cuarta parte de los 7 mil millones de personas que habitan el planeta[1]. En el mismo tono, la OCDE sostienen que la brecha entre ricos y pobres han crecido de forma alarmante en los últimos 30 años[2].

Otros datos más contundentes muestran que mientras en los años 90 una persona rica tenía 30 veces más que una pobre, en los últimos años la proporción se disparó en una proporción de 130 a uno, según un reporte de Amnistía Internacional en 2007[3]. Un dato más: mientras la revista Forbes calcula que en el mundo existen 1 mil 210 magnates con fortunas superiores a los mil millones de dólares[4], la ONU calcula que 925 millones de personas padecen hambre en el planeta[5], es decir, una proporción de uno por cada 764 mil 463.

Este sistema económico que enriquece más a los ricos y empobrece más a los pobres, sólo pudo ser posible a través de la instauración de un complejo sistema político que permitiera a las élites ejercer un control sobre los oprimidos. Algo que Antonio Gramsci, el gran teórico marxista de la deominación explicaría a través de su concepto de hegemonía, es decir, la manera en que los grupos de poder construyen las estructuras sociales que les facilitan mantener dicho control.

Este sistema político surge precisamente a partir de lo que el historiador Eric Hobsbawm denomina como las ‘Revoluciones Burguesas’ que iniciaron formalmente en Francia y que terminarían propagándose a todos los rincones del orbe con el fin de establecer un marco regulatorio a favor de la economía de libre mercado que terminaría afianzando el poder de la burgesía, los nuevos dueños del mundo.

De esta manera fue como los sistemas de dominación sufrieron una transformación de forma, más no de fondo. La nobleza que soportaba el poder de la monarquía se convirtió en la nueva clase política que habría de sostener a las democracias liberales de los siglos siguientes.

Esto permitió que el poder emergente de la burguesía europea, basado en el colonialismo y la explotación de sus respectivos esclavos, fincara las bases de un sistema de dominación que cambió las reglas del juego social. Así fue que ideas como Estado-nación, división de poderes, parlamentos o ciudadanía, terminarían convirtiéndose en herramientas de un nuevo sistema de dominación que pretendía ocultar los viejos esquemas de explotación basados en la asimetría creciente entre ricos y pobres. El obrero sustituye al esclavo, el capitalista al señor feudal, los bancos a la iglesia, la clase política a la nobleza.

Las democracias de libre mercado son entonces, una máscara que pretende disfrazar la manera en que las élites ejercen su poder sobre los oprimidos a través de la acumulación del capital y la defensa a ultranza de la propiedad privada, aún cuando esto vaya en contra del interés colectivo.

Sólo así puede entenderse que el Estado moderno sea capaz de pisotear los derechos humanos con tal de beneficiar los intereses de las grandes corporaciones. Así, los gobiernos pretenden justificar estos privilegios bajo el pretexto de crecimiento económico y generación de empleos mal pagados que lo único que hacen es reproducir y fortalecer el mismo esquema de dominación. Por eso muchos países prefieren optar por rescatar bancos en quiebra con dinero público en lugar de resolver la epidemia de pobreza que aqueja a más de la mitad de la población global, aún cuando exista dinero para ello[6].

Lo anterior sirve muy bien para ejemplificar la crisis económica que padecen actualmente potencias globales como Estados Unidos o los países que integran la Unión Europea, generada por 30 años de políticas neoliberales que profundizaron las asimetrías entre países ricos y pobres.

Esto ha provocado que las cifras de la migración hacia países que concentran la mayor proporción de la riqueza global aumentara drásticamente en las últimas décadas, un mecanismo que tiende a restablecer el equilibrio perdido en cuanto a la inequidad en la distribución del ingreso[7].

Sin embargo, este esquema político y económico que tiende al crecimiento de la desigualdad social sólo puede mantenerse vigente a través de un sistema de producción-consumo alimentado por un individualismo exacerbado que se impone desde las instituciones que condicionan la conducta a través de la cultura. Así es como las reglas del sistema se transmiten generación tras generación mediante normas que se fijan en el inconsciente colectivo que auto regula el rango de acción de los individuos al interior de los sistemas sociales.

Esto genera que ciertas ideas puedan afirmarse sinónimos de verdad sin la necesidad de ponerlas en duda, situación que es aprovechada por los grupos de poder para imponer determinadas pautas de conducta a sus subordinados mediante el control de los mensajes que se difunden a través de las redes de comunicación.

Fue así como a lo largo del siglo XX la burguesía construyó un sistema de dominación orientado a promover el consumo y la explotación de otros como una forma de vida plasmada en el american way of life que se reforzaba psicológicamente a través de los medios masivos de comunicación: los diarios, el cine, la radio y la televisión, por mencionar algunos.

Sin embargo, este refinado sistema de dominación no estaba exento de fallas, pues su necesidad creciente de reafirmar su poder a través de las redes de información terminaría por modificar gradualmente las estructuras mismas de todo el sistema político. El intercambio de mercancías fue sustituido por un intercambio de signos, situación que modificó drásticamente los objetivos del sistema económico: ya no se trataba de producir mercancías, sino consumidores. Y para ello, era necesario reforzar el control a través de los medios de información cuya importancia crecía a ritmo acelerado.

Este fenómeno, conocido como economía política del signo, de acuerdo con el filósofo francés Jean Baudrillard, permite entender el ‘boom’ de las técnicas de mercado y la publicidad a lo largo del siglo XX. No se trataba más de vender simples mercancías sino estilos de vida que posicionaran al consumo como un referente inequívoco del éxito y bienestar social.

¿Qué tiene que ver todo esto con la disputa por el control del internet? Claves para entender el derrumbe del sistema capitalista como lo conocemos

Con el paso de los años, el sistema terminó por calentarse y reventar. Los crecientes índices de desigualdad social y el escenario de crisis económica que predomina en el mundo entero a raíz del colapso de los bancos, provocado por los vicios de un sistema financiero que opera con base en la especulación.

Así como las primeras agencias informativas del mundo surgieron como una necesidad comercial de los empresarios del siglo XIX (caso de Reuters, por ejemplo), la especulación de los sistemas financieros propició la aparición de tecnologías de la información cada vez más eficaces y veloces. Dicho contexto hizo favorable el surgimiento del internet, una herramienta que funciona en base a una red de conexiones en la que la información circula a una velocidad que hasta hace un par de décadas sonaba a ciencia ficción.

A partir de los años 70, innovaciones tecnológicas como el microchip, las telecomunicaciones o la fibra óptica permitirían construir los cimientos del estallido informático de las décadas siguientes y reconfigurar para siempre las reglas de operación del sistema económico.

En el caso concreto de los Estados Unidos, la manera en que las grandes empresas de la era industrial comenzaron a verse rezagadas por las reglas de operación de las empresas surgidas a partir de la era de la información. Algo que se ilustra a la perfección en la amnera en que la industria automotriz iba perdiendo terreno paulatinamente frente a las pequeñas empresas de garaje instaladas en Silicon Valley, lugar que se convirtió en pocas décadas en el epicentro de la innovación global y referente de la una revolución informática que apenas comenzaba a dar los primeros avisos de lo que vendría en las próximas décadas.

El vertiginoso despegue de la web durante la década de los 90, y su uso masificado a partir de 2000, terminó por sentar las bases de un nuevo sistema económico. Nació la era google, donde la información fluye en múltiples direcciones haciendo de la inmediatez una norma de vida para estos tiempos donde las telecomunicaciones acabaron con las distancias.

El ciberespacio borró las fronteras impuestas por los Estados-nación para dar pie a una verdadera sociedad global que comparte problemas comunes. Los dos bloques hegemónicos de la Guerra Fría quedaron obsoletos para abrir las puertas de un mapa geopolítico más plural. Aparecen bloques como el G-20 o el BRIC (Brasil, Rusia, India y China, las potencias emergentes). El mundo ya no puede entenderse sin los países del mal llamado “Tercer Mundo”, término con el que los países ricos buscan mantener su hegemonía sobre los países pobres que ahora tienen verdadera voz y voto en el concierto de las naciones.

Cuando finalmente, la especulación financiera terminó por desatar una crisis económica sin precedentes a partir de 2008, preludio de la muerte del capitalismo como lo conocemos, el malestar de la gente se regó como pólvora a través del mundo entero, luego de que los privilegios del sector bancario por parte de una servil clase política global se hicieron cada vez más evidentes a los ojos de la ciudadanía. En cuestión de semanas, la Primavera Árabe iniciada en Túnez y con clímax en Egipto, se propagó por Europa y Norteamérica. Los ‘Indignados’ españoles tomaron las plazas públicas del mismo modo en que los ‘Occupy’ hicieron lo propio en Wall Street. Movimientos de protesta que han empezado a criticar las bases mismas de un sistema capitalista cuya viabilidad ya no puede ser defendida por los bancos internacionales, los jefes de Estado, las clases empresariales o los industriales de los medios.

Al igual que ha ocurrido desde los albores de la humanidad con la invención de la escritura, el alfabeto y la imprenta, la llegada del internet modificó los antiguos esquemas de organización social, modificando estructuras que en otros tiempos parecían inamovibles, como el sistema económico.

La especulación financiera dejará muy pronto de regir la economía del planeta para cederle su lugar a la confianza, tal como ocurre en sitios de ventas por internet como e-bay, donde la certidumbre y la reputación juegan un papel fundamental en las transacciones comerciales.

Sin embargo, quizá el más grande logro del ciberespacio haya sido modificar el concepto de individualismo psicótico que prevaleció en el siglo XX por un nuevo pensamiento colectivo que participa activamente en la construcción de un nuevo sujeto social que habrá de convertirse en la piedra angular de este nuevo sistema social que se encuentra en labor de parto.

De este modo, la acumulación está siendo sustituida por la cooperación. Y esta es la clave para entender la monumental transformación que experimenta el sistema económico de la actualidad y que han hecho de figuras legales como los derechos de autor, algo totalmente desfasado en el espacio-tiempo, tal como explica Rachel Bostman al explicar el concepto de consumo colaborativo:

Las empresas del futuro inmediato (tan inmediato que bien podríamos ponerlo en presente) no serán las que logren acumular mayor capital a través de la explotación, sino las que compartan más ese capital con otros, provocando una distribución más horizontal del conocimiento y la riqueza, y por ende, modificando la arquitectura de los sistemas sociales. El auge de Facebook, Twitter, Youtube, Flickr, Megaupload y muchos otros sitios web no puede entenderse de otro modo.

Esto explica por qué la venta de periódicos se ha convertido en un sinsentido en una era donde los diarios impresos tienen forzosamente que ser gratuitos para seguir existiendo. La era donde las grandes empresas regían al mundo, ha llegado a su fin, luego de que su esperanza de vida se viera drásticamente disminuida en tan sólo un par de décadas. Por ello, la volatilidad de las grandes corporaciones ha empezado a cuestionar la viabilidad financiera de los grandes emporios industriales[8].

Esto ha generado que compartir se esté convirtiendo rápidamente en el nuevo paradigma social que habrá de reinventar las bases que dan fundamentos a los sistemas sociales. Y si las empresas no quieren perder competitividad en el mercado, tendrán que adoptar las nuevas reglas del juego. Adaptarse al cambio o morir en el intento, como lo demostró Mercedez Benz al hacer eco de la doctrina del Che Guevara durante una expo de automóviles diseñados para compartir viajes con desconocidos. La frase del Zetsche, el presentador del coche ejemplifica muy bien la cuestión: “algunos colegas todavía creen que compartir carro raya con el comunismo (…) Pero si ése es el caso, ¡viva la revolución!”[9].

La cooperación como medio de generar riqueza (plusvalor) ha roto los paradigmas clásicos del sistema capitalista que defiende a capa y espada el derecho a la propiedad privada. Las licencias creative commons o copy left se erigen ahora como contraparte de las licencias por derechos de autor (copyright), cada vez más en desuso.

La propiedad privada no tiene sentido en el ciberespacio si no permite compartir algo con otros. Y esto es precisamente lo que intentan defender sitios emblemáticos como Wikipedia, Yahoo! y Google con sus protestas por la ley SOPA, al igual que sucede con Anonymous, un grupo de revolucionarios que buscan detener los abusos de las grandes corporaciones y los grupos de poder que han secuestrado los aparatos seudodemocráticos que operan en función de los intereses de la burguesía, los grandes millonarios del mundo que pretenden mantener intactos sus privilegios aún a costa del sufrimiento de millones de personas.

SOPA, condenada al fracaso

Por todo lo anterior, SOPA está condenada a ser un fracaso rotundo, aún cuando sea aprobada. Si los Estados Unidos pretenden imponerle un marco regulatorio a la web, es probable que las grandes empresas del ciberespacio opten por mudar sus servidores a países con regulación más laxa en este sentido bajo la promesa de un desarrollo económico acorde con las reglas de operación del nuevo sistema social. Esto haría viable que por ejemplo, Facebook o cualquier otra compañía pudiera cambiar de dirección fiscal para asentarse, por ejemplo, en países como India o Brasil, lo cual representaría un duro golpe a la economía norteamericana que sigue aferrada a las reglas del viejo régimen.

El temor de Obama a la hora de apoyar dicha iniciativa, refleja perfectamente esta situación, pues sabe (o debería saber) que el futuro de la economía gringa depende en buena medida de lo que ocurra en esa realidad alterna del ciberespacio.

Del mismo modo en que las grandes potencias no han podido detener fenómenos que rebasan la capacidad operativa del Estado-nación (como ocurre con la migración de los países pobres a países ricos), los poderes fácticos no podrán imponer en el mundo marcos regulatorios rígidos que hagan aún más evidentes los intentos de acabar con la libertad de expresión que dicen defender los sistemas democráticos, ya que esta contradicción plantea un suicidio político a la hora de tratar de legitimar el orden social vigente.

Si aún así los gobiernos del mundo deciden seguir el ejemplo de China, las grandes potencias occidentales corren el riesgo de que las protestas sociales maduren y se terminen por convertirse en un proyecto social con la suficiente fuerza para declarar, de una buena vez, el inicio oficial del sistema social que surgirá de esta era de la información.

SOPA representa un intento desesperado del sistema capitalista por mantener el control en los términos dictados por el viejo régimen económico y político de la era industrial. Quien siga resistiéndose a los cambios vertiginosos que le han tocado vivir a nuestra generación, tendrá que prepararse para afrontar las consecuencias. Podrán construir rompeolas gigantes, pero este tsunami nadie lo para.

 

 


[1] Más justicia: ONU insta a reducir brecha entre ricos y pobres. http://www.dw-world.de/dw/article/0,,15444448,00.html
[3] Se agranda la brecha entre ricos y pobres http://edant.clarin.com/diario/2007/08/13/elmundo/i-02202.htm
[4] Forbes: Slim sigue a la cabeza, pero crece la cifra de multimillonarios. http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/03/110309_economia_millonarios_forbes_lista_jrg.shtml
[7] Aumentan las remesas a los países en desarrollo. http://www.cinu.mx/noticias/mundial/aumentan-las-remesas-a-los-pai/
A %d blogueros les gusta esto: