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La evolución del alfabeto latino

Una tecnología revolucionaria. Sólo así puede comprenderse la trascendencia del alfabeto, un código capaz de construir palabras a partir de fonemas, que permitió la transferencia de información a un nivel nunca antes visto. Una tecnología tan potente, que sigue vigente hasta nuestros días y cuyo uso se ha potencializado a partir de las nuevas tecnologías digitales.

La imagen puede contener: textoEste peculiar invento se remonta hasta la escritura protosinaítica que incluyó lo que se conoce como el primer alfabeto consonántico documentado, hace casi 1750 años antes de nuestra era. Luego le siguieron el fenicio, griego y latino.

Una prueba de que el lenguaje es un ente vivo que evoluciona al igual que el resto de los seres animados que pueblan la Tierra.

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Historias de un mundo hipeconectado desde la lente de Herzog

¿Cómo podemos definir los límites de lo humano a partir del surgimiento de internet? ¿Cómo debemos interpretar este peculiar momento histórico? Esos son algunos puntos de partida que plantea Werner Herzog en torno a la llamada era de la información en su brillante documental: Lo And Behold: Reveries of the Connected World. Las historias que encuentra el director alemán son fascinantes. ¿El internet podría convertirse en una especie de religión? ¿O al menos fundar una nueva cosmogonía globalizada? ¿Qué pasaría con el actual modelo civilizatorio si existiera un gran apagón de internet? ¿Puede soñar el internet? Son algunas preguntas que sugiere la indagatoria del cineasta sobre un acontecimiento que sin duda, ha sentado las bases de un nuevo modelo de organización social, con la creciente complejidad que eso conlleva, con todo lo bueno y lo malo que implica vivir en un mundo hiperconectado.

Sinapsis y comunicación neuronal (o cómo es que el cerebro crea una proyección del universo)

Indagando en los misterios del cerebro humano y la manera en que se comunican las neuronas a partir de impulsos eléctricos y neurotransmisores químicos, encontré varios videos fascinantes en Youtube. Uno de ellos, es una charla con Henry Markram, neurocientífico que busca reproducir el funcionamiento del cerebro humano mediante una potente computadora, dentro del proyecto Blue Brain. Markram afirma que una de las tantas teorías sobre el cerebro señala que la mente es una creación del universo capaz de realizar proyecciones del universo mismo. Es decir, que la mente al ser parte del universo, es capaz de reproducir al universo mismo a través del pensamiento. Una vez más, los paralelismos entre mythos y logos resultan fascinantes. La realidad es un fractal.

La épica de la sociedad red: de Apple a WikiLeaks (pasando por Facebook)

Toda era necesita sus propios héroes, sus propios mitos. Lo épico, proveniente del griego epos, es un término cuyo significado puede traducirse como “palabra, historia, poema”. La historia del mundo es la autorrepresentación del ser humano construyendo su propia narrativa. Por eso la historia de la humanidad no es sino una reinterpretación de hechos concretos que solo pueden trascender un espacio-tiempo específico elevándose al nivel de símbolo. De ahí que el poeta o el cuentista de la tribu sea el personaje encargado de reconfigurar la realidad a través de la palabra. Todo grupo cultural tiene sus propios mitos fundacionales: Adán y Eva, Rómulo y Remo, el profético sueño de Aztlán, las guerras independentistas. Relatos que van edificando nuevos discursos y nuevas posibilidades de lo real. Esto explica el poder transformador del arte, ya que como toda manifestación del lenguaje, es un juego de espejos capaz de imponer nuevos límites al mundo, un nuevo orden que se teje a través de la representación. Dicho de otra forma, el poder transformador del arte reside en su capacidad para convertir la realidad en signo lingüístico. Por ello, Michel Foucault considera que la posibilidad de aprehender el mundo está condicionada a la capacidad de cada persona para interpretar los signos que construyen y delimitan al mundo:

“El mundo está cubierto de signos que es necesario descifrar y estos signos, que revelan semejanzas y afinidades, solo son formas de la similitud. Así pues, conocer será interpretar: pasar de la marca visible a lo que se dice a través de ella y que, sin ella, permanecería como palabra muda, adormecida entre las cosas”.[1]

Esto ayuda a entender el poder del cine como un eficaz instrumento simbolizador de lo real. Y si el mundo se codifica a partir de sus signos, ¿cómo deberíamos interpretar al mundo actual a partir del séptimo arte? Si bien la sola intención de interpretar la totalidad al mundo se presenta como una tarea exhaustiva imposible de realizar, sí es posible identificar ciertos discursos con el poder suficiente para reconfigurar el significado del mundo.

Un ejemplo concreto de este tipo de discursos lo encontramos en la épica de la sociedad red edificado en Hollywood en los últimos años, una narrativa potencializada a partir del vertiginoso auge de las tecnologías de la información, el avance de la globalización y un mundo decadente cuyas estructuras obsoletas lo hacen buscar con desesperación una posibilidad de futuro cancelada por los viejos dogmas.

Por ello resulta fascinante, al menos para mí, la manera en que la industria cinematográfica estadounidense, icono de ese mundo agónico que se resiste al cambio, ha contribuido de manera significativa a construir el discurso de la sociedad red a partir de películas como Red social, Jobs y El quinto poder. Tres filmes de corte biográfico que tratan de desentrañar la manera en que el mundo ha logrado extender sus propios límites mediante el internet y la hiperconectividad que ofrece el ciberespacio a la hora de desdoblar la realidad. Y por supuesto, ninguna narrativa estaría completa sin sus propios héroes. Ahí están Mark Zuckerberg (creador de Facebook), Steve Jobs (fundador de Apple, la compañía más poderosa del planeta) y Julian Assange (hacker y activista fundador del sitio WikiLeaks), como ejemplos palpables del nuevo héroe del siglo XXI: seres iconoclastas e inconformes con las caducas estructuras del mundo que buscaron reconstruir a partir de sus propias obsesiones, curiosamente relacionadas con el fenómeno informático que ha marcado la nueva era digital a partir de 2000.

Idolatrado por generaciones de jóvenes por su visión innovadora y habilidad para los negocios, Jobs fue un pionero en entender las enormes posibilidades que ofrecía la revolución informática que se desplegaba ante sus ojos a partir del desarrollo del microchip en el desierto de Sillicon Valley. Eso es precisamente lo que intenta retratar la película Jobs (2013), dirigida por Joshua Michael Stern y protagonizada Ashton Kutcher, filme que retrata la manera en que un hippie desarrollador de videojuegos se convirtió en el director de la compañía más famosa del planeta, luego de revolucionar la comunicación con dispositivos como el iPhone, primer teléfono inteligente en la historia, aparato que marcaría un parteagüas en la historia y cuya repercusión todavía resulta difícil de medir con precisión.

Algo similar ocurrió con el filme Red social (2010), de David Fincher y el actor Jesse Eisenberg, cinta que relata la historia del creador de Facebook, la plataforma que transformó la interacción social a través de la web. El eslogan de la película es elocuente: “No puedes tener 500 millones de amigos sin hacerte de algunos enemigos”. Una fotografía del mundo hiperconectado de hoy, donde una persona puede vivir aislado de todo contacto humano a pesar de tener 500 millones de amigos, situación que evidencia las asimetrías y paradojas que plantea este nuevo modo de interacción social.

Con El quinto poder, dirigida por Bill Condon, la narrativa de la sociedad red adquiere un matiz más político, de tintes anarquistas, mientras tratamos de revelar las motivaciones revolucionarias y libertarias de un personaje excéntrico, megalomaniático y obsesivo como Assange, interpretado por Benedict Cumberbatch. El filme representa una crítica a las instituciones caducas que sostienen al mundo actual, cuyas fronteras han sido borradas por las computadoras y cuyas instituciones evidencian profundos síntomas de agotamiento, tal como ocurre con la corrupción imperante en los gobiernos, las instituciones financieras y los mass media, incluyendo al cine hollywoodense que se parodia a sí mismo en el brillante final de la película. El desarrollo de la trama no solo cuenta las tensiones y contradicciones inherentes a la mayor filtración de información de la historia, la cual se hizo en una pequeña y portátil memoria USB, sino que retrata un mundo globalizado donde un mismo hecho noticioso se ve forzado en salir a la luz a través de plataformas mediáticas multinacionales: The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde o incluso La Jornada. Una nueva forma de guerrilla donde la información es convertida en arma contra un régimen opresor que vigila permanentemente, al estilo George Orwell. El cine como analogía de la realidad. No en balde, la película fue estrenada al mismo tiempo que el mundo entero se convulsiona con el programa de espionaje de los Estados Unidos, el cual quedó descubierto a partir de las revelaciones hechas por el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, Edward Snowden, quien fácilmente podría protagonizar la secuela de El quinto poder, mientras Assange encuentra la manera de burlar el arraigo domiciliario que enfrenta en la embajada ecuatoriana en Londres de un tiempo a la fecha. ¿Cuánto tiempo pasará para que alguna productora hollywoodense decida llevar la historia de Snowden a la pantalla grande? ¿Cuándo veremos el primer filme protagonizado por Anonymous? ¿Y la película sobre Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google? Pareciera cuestión de tiempo.

Estos héroes informáticos han dotado de una nueva identidad a los expertos en informática. Las burlas contra los nerds de los 80s se convirtió en la idolatría de los geeks de los 2000s. Series televisivas como Big Bang Theory parecen confirmar la hipótesis. Nada más cool actualmente que ser un genio del internet que abandonó la universidad para amasar fortunas millonarias en el ciberespacio, hacer yoga por las mañanas, moverse en bicicleta y cazar zombis en los ratos libres. La prosa de nuestros días.#


[1] Michel Foucault. Las palabras y las cosas. México. Siglo XXI. 2008. Página 40.

Poder, sociedad civil y tecnologías de la comunicación

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El poder no es la capacidad de someter al otro, sino la capacidad de un sujeto para transformar su realidad a través de la acción. Poderoso es el que puede, aquel capaz de reconfigurar la relación de significados que estructuran una determinada idea de mundo objetivo a través del poder-hacer, tal como lo establece la raíz etimológica del término que significa “tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”.[1]

De ahí que la autoridad de un auténtico líder se fundamente en el reconocimiento de una capacidad de acción mayor que la de sus seguidores. El líder puede más que los demás y es precisamente en el reconocimiento de dicha capacidad de acción sea la fuente de su poder. En este sentido apunta Hegel al desarrollar su dialéctica del amo y el esclavo, idea en la cual establece que la génesis de toda relación de sometimiento-dominación entre dos individuos iguales, se da cuando uno de ellos decide enfrentar su miedo a la muerte, lo cual provoca el sometimiento del segundo individuo luego de reconocer en su contraparte una mayor capacidad a la hora de actuar más allá de sus propios miedos, estableciendo así una relación de superioridad-obediencia. Y aunque el ejemplo descrito por Hegel puede prestarse a la polémica, evidencia la manera en que el poder aparece como capacidad de transformar el entorno. O como diría Ernani María Fiori al hacer una revisión crítica sobre la obra de Paulo Freire: “la verdad del opresor reside en la conciencia del oprimido[2]El poder se manifiesta en la acción, entendiendo por dicho término la definición de Weber:

“Por acción debe entenderse una conducta humana (bien consista en hacer un uso externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo. La acción social, por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo”.[3]

 

De este modo, el poder no tiene sentido sin la acción y, como bien apunta Habermas con su teoría de la acción comunicativa, toda acción social presupone la existencia de un lenguaje previo sobre el que se estructura la comunicación. Para Habermas, esto se debe a que toda acción poseedora de sentido se construye como signo lingüístico, requisito escencial para que pueda operar la condición de racionalidad sobre la que se estructura la idea de mundo objetivo que permite comunicarnos con otros miembros de un determinado grupo social[4]. En otras palabras, la racionalidad está condicionada por la comunicación. De ahí que Habermas posicione a la acción comunicativa como el punto de partida de lo social. Al respecto sostiene el filósofo alemán:

“Las manifestaciones racionales tienen el carácter de acciones plenas de sentido e inteligibles en su contexto, con las que el actor se refiere a algo en el mundo objetivo. Las condiciones de validez de las expresiones simbólicas remiten a un saber de fondo, compartido intersubjetivamente por la comunidad de la comunicación”.[5]

Esto explica la estrecha relación que existe entre los términos de poder, racionalidad y comunicación, conceptos que emanan de la misma fuente: el lenguaje. De ahí que autores como Castells consideren que “la comunicación es el espacio en el que se construyen las relaciones de poder, toda vez que “cualquier tipo de poder tiene que pasar por el espacio de la comunicación para poder llegar a nuestras mentes”.[6]

La afirmación de Castells parece darle consistencia a la teoría del bloque hegemónico enunciada por Gramsci, la cual afirma que el poder politico se sostiene a través de un discurso hegemónico diseñado en función de los intereses de las elites y que se reproduce a través de las superestructuras sociales, es decir, los componentes psíquicos que hacen funcionar al sistema social, los cuales van de la cultura, la religión, los valores morales, etcétera.

En el mismo sentido apunta Foucault al describir el funcionamiento de los aparatos de poder a través de lo que denomina ‘modos de subjetivación’, una técnica de dominación diseñada para condicionar la conducta de los individuos en función a los intereses de ciertos grupos a través de la apropiación de una realidad social que se expresa en un discurso hegemónico. Por ello, no resulta extraño que Foucault afirme que la raíz de todo poder se sostiene en una construcción simbólica de la realidad, al igual que ocurre con la construcción del saber y el desarrollo de determinados sujetos históricos, referentes ideales del ser humano que ayudan a regular la conducta de las personas a través de una determinada tabla de valores. El poder es una relación de significados capaz de establecer una diferencia entre lo que es acceptable socialmente y lo que no lo es, algo que Foucault puntualiza al explicar la forma en que los conceptos de “normal y anormal” son utilizados por las élites para ejercer un poder de dominación sobre masas subordinadas, incapaces de cuestionar la validez del orden social.

Lo mismo pasa con las instituciones, ya que el ejercicio del poder institucional está íntimamente ligado a las fronteras del lenguaje impuestas por ciertos grupos, como bien apunta Lyotard. Si las instituciones son por definición un conjunto de prácticas y significados comúnes capaces de trascender un espacio-tiempo específico para acumular información y simplificar la toma de decisiones al interior del grupo social, siguiendo la teoría de la estructuración social propuesta por Giddens[7], esto significa que toda institución es también una manifestación de poder delimita y condiciona la conducta de las personas, promoviendo ciertas cosas al mismo tiempo que prohibe otras. Al respecto señala Lyotard:

“Esas limitaciones operan como filtros sobre la autoridad del discurso, interrumpen conexiones posibles en las redes de comunicación: hay cosas que no se pueden decir. Y privilegian, además, determinadas clases de enunciados, a veces uno solo, de ahí que el predominio caracterice el discurso de la institución: hay cosas que se pueden decir y maneras de decirlas”.[8]

Todo lo anterior nos permite ubicar al poder como algo que se construye a partir de la acción comunicativa, una noción que sólo tiene sentido en términos de relación. El poder no es autorreferencial, toda vez que su existencia presupone una relación causal que sólo es possible a través de la comunicación. De ahí que la comunicación, entendida como una manifestación activa de nuestra capacidad de lenguaje, la base estructural de todo poder. No en balde, la legitimación de cualquier poder político se da en términos discursivos, como bien señala Weber[9]. Si el mundo es una construcción social generada a través de procesos comunicativos, esto significa que toda acción poseedora de sentido (y por lo tanto susceptible de ser interpretada como signo lingüístico) es capaz de trastocar las estructuras de poder institucional sobre las que opera el poder político. Al respecto señala Holloway:

“La realidad y el poder están tan imbricados que insinuar siquiera la posibilidad de disolver el poder es pararse fuera de la realidad. Todas nuestras categorías de pensamiento, todas nuestras certezas acerca de lo que la realidad es o lo que la política, la economía o hasta el lugar en el que vivimos son, están tan penetradas por el poder que sólo decir ¡No! al poder nos precipita hacia un mundo vertiginoso”.[10]

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El empoderamiento de la sociedad civil

Desde Tocqueville hasta Habermas, la sociología moderna ha definido a la sociedad civil como un conjunto de organizaciones ajenas al Estado y el sistema económico, ubicada en un tercer ámbito de lo social donde se construye la cultura y donde la comunicación se posiciona como la unidad de significación, tal como sostiene Fernández Santillán al hacer una revisión de la teoría de las tres esferas planteada por Habermas:

“La distinción entre las esferas social, económica y política es uno de los temas que se encuentran prácticamente en todos los escritos habermasianos. Lo que sucede es que a esas esferas las denomina con otros vocablos. De manera muy general podríamos decir que a las partes económica y política las concentra en lo que  llama  “sistema”;  pero  advierte  la  presencia,  dentro  del  “sistema”,  de  dos subsistemas, es decir el mercado, de una parte, y, de otra, el aparato estatal. Esos subsistemas a su vez son coordinados por medios (otro concepto habermasiano) diferentes, el dinero para el mercado y el poder para el aparato de estatal. Por lo que hace a lo social, también de manera muy general, lo relaciona con el “mundo de  la  vida”.  Se  trata  del  espacio  sociocultural,  de  la  reproducción  de  las mentalidades  y  la  integración.  En  el “mundo  de  vida”  el  medio  esencial  es  la comunicación (…) La sociedad civil está formada por las asociaciones, organizaciones y movimientos que más o menos espontáneamente intensifican la resonancia originada en la esfera no estatal ni económica para luego transmitir esta resonancia amplificada a la esfera política. La sociedad civil está constituida por una red asociativa que institucionaliza discursos orientados a resolver cuestiones de interés general”.[11]

Aunque la teoría de las tres esferas propuesta por Habermas permite esbozar a grandes rasgos los diferentes ámbitos de los sistemas sociales, no está exenta de contradicciones profundas, toda vez que el Estado, el mercado y la sociedad civil no pueden ser concebidos como entes de un mismo nivel que interactúan y buscan ejercer su influencia entre sí. Por el contrario, el Estado y la economía son subsistemas que sólo pueden desarrollarse a partir de la construcción previa de un discurso dominante que sólo puede construirse a través de los procesos comunicativos que se desarrollan al interior de un determinado grupo social. Esto se debe a que tanto el Estado como el mercado, son construcciones simbólicas que requieren un nivel mínimo de racionalidad para poder operar, y dicha racionalidad no puede funcionar sin la existencia previa de un consenso social que se articula a través de la comunicación. De ahí que tanto el Estado como el mercado son consecuencias de un complejo proceso comunicativo que otorga un valor determinado a ciertas cosas. Así ocurre por ejemplo con las potestades conferidas al Estado a través del derecho y un determinado marco jurídico, así como el problema del valor dentro de la teoría económica, nociones que pueden ser modificadas a lo largo del tiempo en función de los criterios sobre los que se construye el discurso hegemónico que habrá de dar sustento al mundo objetivo que comparten todos los integrantes de un determinado grupo social. De ahí que, al establecer a la palabra como unidad mínima de autorreferencia en el ámbito de acción sobre el que opera la sociedad civil, se establece una relación desigual frente al monopolio del legítimo derecho a la coacción (unidad mínima de referencia en el Estado) y el dinero (en el caso del mercado), según plantea Habermas en su teoría. Y esto se explica dado que tanto la legitimidad de la coacción y el valor del dinero sólo pueden tener un sentido racional a través de un pacto social que sólo puede lograrse a través de la comunicación.

Todo lo anterior permite establecer que el poder se construye a partir de la articulación del lenguaje, como bien lo sabe un abogado capaz de manipular la ley a través de la palabra o un publicista a la hora de confeccionar con precisión mensajes audiovisuales que habrán de difundirse a través de los medios masivos de comunicación. El poder es una derivación del lenguaje, y por ello, la apropiación del lenguaje propio permite que los individuos sometidos por un determinado poder puedan reconocerse a sí mismos como sujetos autónomos dotados de un poder de crítica capaz de desarticular racionalmente los conceptos base sobre los que se fundamenta el poder de su opresor. Esto es precisamente lo que apunta el pensamiento de Freire al considerar que la apropiación de la palabra representa un mecanismo de liberación para los oprimidos, o la manera en que Gandhi pudo desactivar el poder de coacción del imperialismo británico mediante el uso de la resistencia civil pacífica.

Esto también explica la manera en que a lo largo de la historia de la civilización, existe una relación directa entre las tecnologías de la información y la horizontalidad del poder político.

El desarrollo del lenguaje y la eventual aparición de la cultura transformaron la interacción social de los grupos humanos, generando así nuevos esquemas de organización social, tal como ocurrió con la división del trabajo. A partir de entonces, los grupos humanos fueron capaces de concebir un mundo más complejo, en el cual, la interacción con los otros miembros del grupo cobró otra dimensión al quedar plasmada en la conformación de una identidad colectiva, capaz de extender los alcances del grupo social a través de redes de significación que dieron origen a los primeros clanes y tribus que utilizaron este conjunto de significados culturales como una herramienta eficaz para fortalecer la cohesión social del grupo. Es decir, que con la creación de la cultura, cada expresión oral del individuo tiene una conexión con las pautas de pensamiento y acción del grupo al que pertenece.[12]

Durante este periodo de la prehistoria, el surgimiento de la cultura permitió la conformación de una inteligencia y memoria colectiva capaz de almacenar y transmitir información a las siguientes generaciones. De este modo, la estructuración del lenguaje a través de signos lingüísticos capaces de objetivar la realidad, se convirtió en una tecnología sumamente efectiva en la transmisión de información, lo cual tuvo un impacto directo en los modos de organización social que surgieron a partir del descubrimiento de la agricultura, con lo cual, el hombre pasó de ser nómada a sedentario con el establecimiento de las primeras aldeas. La cultura permitió un modo más efectivo en cuanto a la transmisión del conocimiento de una generación a otra, y sin duda, este fue un factor clave para entender la conformación de grupos sociales cada vez más complejos.

Tras la invención de la cultura como un subproducto del lenguaje, la siguiente gran transformación de la humanidad se efectuó gracias a la invención de la escritura, una tecnología de la comunicación que serviría como una extensión del lenguaje oral que permitiría el surgimiento de la civilización y el comienzo de la historia, ya que sólo una sociedad que posee escritura “puede ‘situarse a sí misma’ en el tiempo y el espacio”, como bien señala Giddens[13]. De este modo, la escritura permitió una transmisión mucho más efectiva de información en comparación al lenguaje oral, y por ello, se convirtió en una pieza clave dentro de la conformación de grupos sociales cada vez más grandes.

Esta nueva tecnología fue el factor determinante en la aparición en la articulación de las primeras leyes y códigos de conducta sobre los que se construyó el concepto de ciudad-estado que surge en Mesopotamia y que se extendería a diversos rincones del planeta con el devenir de los siglos siguientes. Asimismo, la organización social basada en esta nueva tecnología provocó el surgimiento de la burocracia, una élite de letrados encargados de administrar el aparato social que se extendió de forma directamente proporcional a la manera en que la escritura expandía los límites espacio-temporales de la comunicación humana.

A partir de este momento, el contacto directo con otras personas ya no sería una limitación para establecer un vínculo comunicativo con los otros. Con la escritura, el pasado se convierte en presente, la información viaja a una velocidad nunca antes vista, y esto a su vez, tendrá fuertes repercusiones en los mecanismos con los que operarían las sociedades civilizadas.[14]

Otro paso en la evolución de la comunicación se dio con la invención del alfabeto, una tecnología que aparece varios siglos después de la invención de la escritura y que permitió un grado mayor de abstracción simbólica a partir de la construcción de un sencillo sistema de signos con el que fue posible alcanzar una claridad conceptual sin precedentes[15].

El alfabeto permitió al ser humano adquirir una concepción más profunda de su entorno y su propia existencia, además de ser un nuevo vehículo capaz de incrementar los alcances del lenguaje escrito como medio de difusión de la información, ya que esta tecnología permitió que la información fuera accesible a un mayor número de sectores sociales que hasta entonces permanecían marginados en cuanto a la construcción del conocimiento. Si bien el uso de esta tecnología seguía estando concentrado en pocas manos, pues en la antigüedad la gran mayoría de las personas no sabían leer ni escribir, los procesos de expansión territorial del comercio y el control político provocó que un número creciente de individuos tuviera acceso al uso de esta tecnología, algo que resultó fundamental en el eventual fortalecimiento de los aparatos burocráticos.

Por ello, algunos autores consideran que la invención del alfabeto fue un factor determinante para explicar la manera en que la Grecia antigua empieza a generar nuevas formas de pensar la realidad a través de un marco lógico-conceptual que pudiera hacer frente al marco epistemológico sobre el que se construyó el mundo antiguo, basado en el mito y la magia como medios para conocer el mundo, según sostienen Goody y Watt al afirmar que “el surgimiento de la civilización griega es, pues, el primer ejemplo histórico de la transición a una sociedad con verdadera cultura escrita”[16].

Si bien el acceso a esta tecnología seguía estando limitado para ciertos sectores sociales, el alfabeto permitió una expansión nunca antes vista de la palabra escrita y otras redes de significación, lo cual influyó de forma determinante para la constitución de una sociedad más equitativa en la que aparecen los primeros intentos por establecer un sistema de gobierno democrático que posicionara el bien común por encima de los intereses personales.

En este contexto fue que pensadores de la talla de Aristóteles y Platón, por mencionar a algunos, empezaron a confeccionar un nuevo mundo a través de diversos textos todavía vigentes, gracias a los alcances de una escritura capaz de reproducir el lenguaje oral y una precisión conceptual a niveles nunca antes vistos.

La Grecia clásica representa a una sociedad letrada capaz de ejercer un nuevo nivel de crítica hacia el status quo, establecido durante la antigüedad, a través de una plataforma de comunicación con la fuerza suficiente para potencializar a la razón como un medio para construir una nueva dimensión de la realidad[17]. Esto debido a que la aparición del alfabeto fonético propició nuevos esquemas de comunicación que tendrían un efecto decisivo en la conformación de una inteligencia colectiva con el poder necesario para detonar una transformación social que sólo sería posible gracias a nuevos esquemas de pensamiento, capaces de delimitar el poder de los gobernantes a través de disciplinas como la política, el derecho y la filosofía, situación que se aceleraría todavía más, con el surgimiento de la imprenta en Europa algunos siglos más tarde.

Con la aparición de Gutenberg y su imprenta de tipos móviles a mediados del siglo XV, la comunicación dio otro enorme salto en la historia de occidente[18]al permitir que la información contenida en los libros pudiera reproducirse de forma vertiginosa, lo cual trajo como consecuencias que en poco más de tres siglos, las ideas surgidas en la Ilustración lograran expandirse rápidamente por todo Europa hasta materializarse en las revoluciones burguesas que marcarían el comienzo de la modernidad. Una vez más, los procesos de comunicación serían determinantes en la construcción de un nuevo orden social, y esto se debe a que la letra impresa revolucionó la velocidad de los flujos de información, algo que se extendió por todo el planeta con el proceso de globalización que empieza a gestarse con el colonialismo europeo y que tomaría forma a partir de la Revolución Industrial.

Algo similar ocurre hoy en día con la llegada del internet, cuya aparición a finales del siglo XX ha detonado una transformación social a ritmo acelerado, pues los cambios que antes demoraban miles de años para tomar forma y consolidarse, ahora lo hacen en unas cuantas décadas. Un acontecimiento que de acuerdo con autores como Castells o Wellman, ha propiciado el surgimiento de un nuevo esquema de organización social: la sociedad en red[19].

El principal atributo del internet reside en su capacidad de generar conexiones múltiples entre personas de todo el mundo, sin que la geografía sea una limitante para entablar una relación directa de comunicación además del encuentro cara a cara. Esto ha generado que la gente con ideas afines pueda establecer vínculos sin necesidad de intermediarios, lo cual ha derivado en una conectividad sin precedentes en la historia humana.

De ahí que algunos teóricos de la comunicación consideren que el surgimiento de internet representa un parteaguas en la reconfiguración del aparato social. Las reglas del juego son otras, y esto tiene repercusiones directas en diferentes componentes estructurales del tejido social, desde cambios profundos en los procesos de producción y generación de la riqueza, hasta la manera en que se desarrollan las relaciones de poder. Un nuevo mundo se está gestando y esto se debe en gran parte, a las posibilidades que ofrece el ciberespacio para comunicarnos con otros y las facilidades que brinda esta herramienta para generar acciones colectivas. Acontecimiento que para algunos, representa el inicio de una nueva era, tal como bien señala Galindo Cáceres:

“La lógica de la comunicación, de la vida horizontal, del diálogo, de la interacción, del enriquecimiento mutuo, también está presente y gana espacio gracias a la red de relaciones, y no gracias a la concentración de la información en un solo lugar. La red es la respuesta a la paranoia de la sociedad de la información; entre más grande, entre más múltiple y diversa, menos posibilidades de control central autárquico: el monstruo se desvanece, aparece una nueva sociedad con una nueva cultura, la cibersociedad y la cibercultura”[20].

La información ya no circula en un solo sentido, como ocurría anteriormente, sino que fluye en múltiples direcciones, distribuyendo así el conocimiento y el poder de forma cada vez más horizontal. En el ciberespacio la gente deja de ser un ente pasivo que simplemente recibe información para participar activamente en la toma de decisiones. La sociedad de masas se convierte entonces en multitudes inteligentes capaces de producir realidad social por medio de la acción colectiva.

Todo lo anterior nos permite establecer que existe una relación profunda entre el nivel de comunicación y la velocidad con la que se desarrollan las transformaciones sociales, y esto se debe principalmente a la manera en que las redes de comunicación amplifican el poder del sujeto como agente transformador de lo social[21]. Una conectividad mayor de los sujetos dentro de una red de transmisión de información, genera un efecto multiplicador capaz de generar una nueva conciencia colectiva que sirva de base para la construcción del mundo.

Si la construcción del aparato social es ante todo un reflejo de la mente humana, eso quiere decir que al modificar el significado de los mensajes que utilizamos a diario para comunicarnos con los otros, esto tiene una repercusión directa en la construcción del mundo y su transformación. El medio es el mensaje, de acuerdo con McLuhan, y por ello, la manera en que nos relacionamos con los otros y la forma en que operan los procesos de comunicación en el seno de lo social tienen un efecto directo en la modificación de las estructuras simbólicas que sostienen la idea de mundo, pues como bien apunta Norbert Bolz, “el mundo es todo aquello que es comunicado”[22]. @

 


[1] De acuerdo con la definición de la Real Academia de la Lengua Española. Otros autores como Cabrera establecen que el poder es “tener facultad, virtud, disposición, aptitud para hacer alguna cosa” [Ramón Cabrera. Diccionario de etimologías de la lengua castellana. España. Imprenta de don Marcelino Calero. 1837. Tomo I, página 545].
[2] Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. México. Siglo XXI. 2005, página 12.
[3] Max Weber. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. México. Fondo de Cultura Económica. 1996. Décima reimpresión, pág. 5.
[4] Wittgenstein define a la realidad como todo aquello que es posible; el mundo, en cambio, lo define como una relación causal de hechos basados en un conjunto de ‘entidades’ que conforman la condición de posibilidad del mundo: la estructura lógica, los valores morales-estéticos y el sujeto metafísico. Mientras la realidad absoluta es infinita, el mundo es una delimitación de lo real, efectuada a partir de una estructura racional que funciona como marco de referencia para la construcción del mundo a partir de un sujeto que piensa. [Ludwig Wittgenstein. Tractatus lógico-philosophicus. España. Alianza Editorial. Tercera reimpresión. 2002, 5.632 y 5.633].
[5] Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008, página 31.
[6] Manuel Castells. “El poder en la era de las redes sociales”. Nexos, número 417. México. Septiembre de 2012, página 45.
[7] “Los sistemas sociales se constituyen de acciones y relaciones humanas: lo que les confiere a éstas su pauta es su repetición a través de periodos de tiempo y distancias en el espacio. Así en el análisis sociológico las ideas de reproducción social y de estructura social están íntimamente ligadas. Hemos de entender las sociedades humanas como edificios que en todo momento son reconstruidos por los mismos ladrillos que las componen. Las acciones de todos nosotros están influidas por las características estructurales de las sociedades en las que crecemos y vivimos; al mismo tiempo, recreamos (y también hasta cierto punto, alteramos) esas características estructurales con nuestras acciones”. [Anthony Giddens. Sociología. España. Alianza Universidad Textos. 1996. Segunda edición. Segunda reimpresión,pág. 52].
[8] Jean François Lyotard. La condición postmoderna: informe sobre el saber. Argentina. Ediciones Cátedra. 1991. Segunda edición, pág. 18].
[9] Max Weber. Op. cit., pág. 26.
[10] John Holloway. “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. México. Sísifo Ediciones-Bajo Tierra Ediciones, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 2010, pág. 43.
[11] José Fernández Santillán. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf
[12] Blai Guarné Cabello. Oralidad, escritura y tecnologías de la comunicación, en Adriana Gil Juárez, et al. Tecnologías sociales de la comunicación. España. Editorial UOC. 2005, pág. 80.
[13] Anthony Giddens. Sociología., pág. 74.
[14] “La conciencia del pasado depende, pues, de una sensibilidad histórica que difícilmente puede darse en ausencia de registros escritos permanentes. La escritura introduce cambios similares en la transmisión de otros elementos del repertorio cultural. Pero el alcance de estos cambios varía según la índole y la distribución social del sistema de escritura en cuestión, es decir, varía en función de la eficacia intrínseca del sistema como medio de comunicación, y en función de las restricciones sociales que le son impuestas, o sea, del grado de difusión que tiene el uso del sistema en la sociedad” [Jack Goody. Cultura escrita en sociedades tradicionales. España. Editorial Gedisa. 2003. Primera reimpresión, pág. 46].
[15] Esta tecnología es el reflejo de la evolución de la escritura ideográfica a la fonética. A finales del IV milenio a.C., los sumerios comenzaron a escribir su idioma mediante ideogramas, que representaban palabras y objetos, pero no conceptos abstractos. Se cree que el alfabeto fonético, que sustituyó al silábico, pudo tener su origen en el alfabeto semítico septentrional o cananeo, datado entre el 1700 y el 1500 a.C., mismo que dio origen al alfabeto fenicio que se expandió rápidamente por todo el Oriente Medio y parte del Mediterráneo, del cual se desprenden otros alfabetos como el griego, cirílico, arameo, hebreo, árabe, etrusco y romano.
[16] Jack Goody. Op. cit., pág. 53.
[17] Otros autores parecen ir en un sentido similar, tal como señala Antonio Alegre Gorri al hacer una revisión del trabajo de Havelock: “El paso de la oralidad a la escritura alfabética –es decir, a un medio de expresión escrita accesible, al menos en potencia, a todo el mundo, y además capaz de acoger y reproducir toda la riqueza fonética del habla oral- es un momento decisivo para la transición de una sociedad regida por la tradición, que experimentaba el orden de las relaciones sociales como sagrado e inmutable, a una sociedad política que concibe su propio ordenamiento como objeto de decisión consciente de sus miembros y, por ende, de discusión racional. Sólo en este horizonte pueden emerger las nociones de razón, sujeto y moral (y con ello, la filosofía, la política, la retórica y el derecho); y sólo a partir de ahí, la indagación del orden de la naturaleza deja de ser privilegio de una casta sacerdotal y queda abierta a la especulación racional de cualquiera que esté capacitado para ello: he aquí lo que se ha designado, con cierto anacronismo, como el ‘nacimiento de la ciencia’”. [Erick A. Havelock. La musa aprende a escribir: reflexiones sobre la oralidad y la escritura desde la antigüedad hasta el presente. España. Ediciones Paidós. 2008, pág. 15].
[18] Se dice que entre 1041 y 1048, Bì Shēng inventó en China el primer sistema de imprenta de tipos móviles, donde ya existía un tipo de papel de arroz, a base de complejas piezas de porcelana en las que se tallaban los caracteres chinos; esto constituía un complejo procedimiento por la inmensa cantidad de caracteres que hacían falta para la escritura china. En 1234 artesanos del reino de Koryo (actual Corea), conocedores de los avances chinos con los tipos móviles, crearon un juego de tipos que se anticipó a la imprenta moderna. Sin embargo, la imprenta moderna no se creó hasta el año 1440 aproximadamente, de la mano de Johannes Gutenberg [es.wikipedia.org]. El éxito de la imprenta europea frente a su contraparte china sólo puede explicarse en virtud de las facilidades que ofrece esta tecnología al alfabeto occidental compuesto por alrededor de 30 caracteres, frente a la complejidad de la escritura china.
[19] El término sociedad red fue acuñado en 1991 por Jan van Dijk en su obra De Netwerkmaatschapágs.ij (La Sociedad Red). Sin embargo, es Manuel Castells quien ha contribuido a mayor desarrollo y popularización del término a partir del extenso análisis que desarrolla sobre los cambios sociales derivados de las tecnologías de la comunicación. Al respecto explica Castells: “Las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites, integrando nuevos nodos mientras puedan comunicarse entre sí, es decir, siempre que compartan los mismo códigos de comunicación (por ejemplo, valores o metas de actuación). Una estructura social que se base en las redes es un sistema muy dinámico y abierto, susceptible de innovarse sin amenazar su equilibrio”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México. Siglo XXI. 2005. Sexta edición, pág. 507]. Si bien este modo de organización no es nuevo, sí lo son sus alcances a partir de las nuevas tecnologías de la información: “Aunque la forma en red de la organización social ha existido en otros tiempos y espacios, el nuevo paradigma de la tecnología de la información proporciona la base material para que su expansión cale toda la estructura social” [Ibidem, pág. 505].
[20] Jesús Galindo Cáceres. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II, volumen IV, número 7. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pág. 17.
[21] Un tema ampliamente desarrollado por Castells, quien sostiene que “la relación histórica parece indicar que, en términos generales, cuanto más estrecha sea la relación entre los emplazamientos de la innovación, la producción y el uso de las nuevas tecnologías, más rápida será la transformación de las sociedades y mayor la retroalimentación positiva de las condiciones sociales sobre las condiciones generales necesarias para que haya más innovaciones”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red, pág. 64].
[22] Norbert Bolz. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

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Bibliografía:

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BOLZ, Norbert. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

FERNÁNDEZ SANTILLÁN, José. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf

FREIRE, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI. México, 2005. Segunda edición.

GALINDO CÁCERES, Jesús. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”.Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, número 7, Época II, volumen IV. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pp. 9-23.

HABERMAS, Jürgen. El discurso filosófico de la modernidad. Katz Editores. España, 1998. Primera edición.

HABERMAS, Jürgen. Escritos sobre moralidad y eticidad. Ediciones Paidós. España, 2003.

HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008.

WEBER, Max. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. Fondo de Cultura Económica. México, 1996. Décima reimpresión.

WITTGENSTEIN, Ludwig. Tractatus lógico-philosophicus. Alianza Editorial. España, 2002. Tercera reimpresión.

Reinventar la democracia en código abierto: Clay Shirky

Una plática de Clay Shirky, especialista en medios y redes sociales, sobre las posibilidades que ofrece el internet para construir nuevas vías de democracia participativa. ¿Será posible redactar una Constitución en código abierto? ¿Será Linux el referente para reinventar al poder legislativo? Ideas que estimulan la imaginación de los ciudadanos inconformes. Nuevas vías de afrontar la profunda crisis de los sistemas de representación política emanados de la modernidad.

La comunicación emergente: hacia un nuevo modelo de organización social

En el reacomodo de libros y demás, salió a la luz un trabajito que hice en la universidad en abril de 2010  y que, de algún modo, es un borrador del capítulo III de mi tesis profesional Sujeto y comunicación: bases de la transformación social. Les dejo este ensayo previo que tiene algunos datos y referencias que olvidé incluir en la tesis o que de plano ya no tuvieron cabida. Les comparto el texto que presenté como trabajo final para mi extraordinario en la materia de Análisis de la comunicación emergente.

El cambio de paradigma social

Son tiempos de ruptura, de cambios profundos que marcarán el comienzo de una nueva era. La civilización maya predijo que el mundo como lo conocemos terminaría por derrumbarse en diciembre de 2012, lo cual, a estas alturas del partido, no puede parecer más evidente, pues no cabe la menor duda de que el mundo en el que vivirán las próximas generaciones de seres humanos distará mucho del que vivimos actualmente, una vez que el sistema social emanado del proyecto de modernidad finalmente termine por colapsarse.

A inicios de 1600, Descartes declararía formalmente inaugurada la era moderna al separar las nociones de sujeto-objeto y establecer el predominio de la razón como un instrumento capaz de liberar al ser humano de las ataduras de las instituciones religiosas que utilizaron la figura de Dios para legitimar un poder político que se expandió durante siglos por toda Europa. Esta expansión de la monarquía europea, provocó la necesidad de construir una estructura administrativa que le permitiera a la corona poder ejercer un control más efectivo sobre su territorio, acto que irónicamente, terminaría abriendo las puertas para que la burguesía naciente asumiera el poder luego de que la expansión de las ideas emanadas de la Revolución Francesa. A partir de entonces, la razón se impuso como medida de todas las cosas, permitiendo el florecimiento de la ciencia moderna, la revolución industrial y la consolidación de un sistema capitalista vigente hasta nuestros días pese al evidente desgaste por el que atraviesan las estructuras sobre las que se sostiene el sistema económico.

La modernidad ha rebasado sus propios límites y por ello, podemos afirmar que su tiempo ha terminado. Expliquémoslo desde un enfoque funcionalista al estilo de Luhmann. El sistema social, al igual que cualquier otro, busca sobrevivir y expandirse. Una vez que no puede crecer más, el sistema cobra conciencia de sí mismo, por decirlo de alguna manera, y se da cuenta de que necesita reinventarse para poder garantizar su existencia. El sistema muere sólo para dar paso al nacimiento de un nuevo sistema que, tarde o temprano, habrá de terminar sólo para comenzar de nuevo, debido a que el tiempo es cíclico, tal como bien explica Nietzsche con su noción del eterno retorno. La monarquía inventó a la burguesía para crecer más allá de sus propios límites, y eso precisamente terminaría por imponer un nuevo sistema social llamado modernidad, el cual ha llegado a su límite máximo.

El agotamiento de este sistema es evidente en la manera en que opera el sistema económico vigente, el cual ha provocado, más allá de la creciente desigualdad social, una crisis ambiental sin precedentes, tal como queda de manifiesto con los efectos del cambio climático, fenómeno que ha provocado una revisión profunda de la estructura económica actual. El sistema económico no es compatible con la capacidad del planeta para renovarse. Tenemos un sistema económico lineal operando en un mundo que funciona a base de ciclos. Pongamos un ejemplo. Si una empresa como Coca Cola impone récord de ventas en 2008, en 2009 va a querer superar dicho récord, en 2010 igual y así sucesivamente, pues el capitalismo no conoce límite alguno. Este proceso, basado en un consumo excesivo, tiene un alto costo para el planeta debido a los altos gastos de energía que se requieren dentro del proceso productivo. Por ello, existen algunas propuestas económicas que plantean reinventar el sistema desde sus bases más profundas, incluyendo los criterios para establecer precios de algunos bienes. ¿Cómo ponerle precio a un árbol en medio de un bosque? Mientras una visión clásica de la economía establecería dicho costo basado en los principios de oferta y demanda, esta perspectiva no contempla todos los beneficios que implica ese árbol para equilibrar el sistema natural, tal como ocurre con la captación de agua y captura de gases de efecto invernadero (causantes del calentamiento global), por ejemplo. De ahí, que en las últimas décadas hayan aparecido términos como el de “mochila ecológica”, “huella de carbono” y más recientemente “capital natural”, los cuales pretenden integrar los recursos naturales con las leyes de mercado con el fin de restablecer el equilibrio perdido por la voracidad del sistema capitalista. Todo esto, implica cambios de gran escala en el mundo como lo conocemos, ya que esto provocará cambios en nuestros patrones de consumo y la manera en que producimos energía, lo cual a su vez cambiará las relaciones de poder entre los países del mundo. Incluso, algunos especialistas como Serge Latouche empiezan a hablar sobre la posibilidad de que el descrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se convierta en un modelo de desarrollo que combata al consumo excesivo que prevalece hoy en día.

Del mismo modo, la propiedad privada (uno de los pilares del sistema económico de acuerdo con Adam Smith) empieza a ceder terreno frente a otras formas de propiedad colectiva, una situación evidente en el mundo del ciberespacio, donde la cooperación empieza a ser parte de un nuevo esquema de organización social sin precedentes, situación que sólo pudo ser posible a partir del vertiginoso desarrollo del internet.

En su libro Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, Howard Rhiengold sostiene que “internet es el ejemplo de bien público artificial con mejores resultados de los últimos tiempos”, pues internet no es sino la “infraestructura que posibilita nuevos modos de organizar la acción colectiva a través de tecnologías de la comunicación”[1]. Esta afirmación del especialista en tecnologías de la información deja claro la manera en que el internet se ha convertido en un  detonante capaz de revolucionar las relaciones sociales mediante la creación de bienes públicos, ya que, tal como señala Lawrence Lessig, profesor de derecho en Harvard y Stanford, “el valor de internet no procede de una institución o compañía, sino de las innovaciones colectivas de millones de participantes”[2].

Este cambio en la manera de percibir muchas de las estructuras sociales que se creían intocables, ha permitido explorar otras posibilidades de la organización social, tal como explica Clay Shirky, quien considera que en un futuro no muy lejano, los grupos cerrados y compañías darán paso a redes más laxas donde pequeñas contribuciones juegan un rol importante y la cooperación fluida reemplaza formas rígidas de planeación, y donde el poder de las instituciones fluya de manera más horizontal[3].

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El ejemplo de Wikipedia

Hoy en día, son pocos los usuarios de internet que pueden negar los beneficios que arroja la cooperación de los usuarios en la construcción del conocimiento, tal como ocurre con proyectos web como Wikipedia, la enciclopedia libre, sitio que en poco tiempo ha logrado consolidarse como uno de los más visitados del mundo, casi a la par de buscadores como Yahoo, MSN y Google que ocupan los primeros tres puestos de la lista global.

Wikipedia se define a sí misma como una enciclopedia libre plurilingüe basada en la tecnología wiki. Wikipedia se escribe de forma colaborativa por voluntarios, permitiendo que la gran mayoría de los artículos sean modificados por cualquier persona con acceso mediante un navegador web, misma que surge  como “un esfuerzo para crear y distribuir una enciclopedia libre, de la más alta calidad posible, a cada persona del planeta, en su idioma, para lograr un mundo en el que cada persona del planeta tenga acceso libre a la suma de todo el saber de la humanidad”, según la visión de sus creadores[4].

Originalmente, el proyecto de la enciclopedia libre surge a raíz de la aparición de Nupedia en marzo de 2000, el cual fue dirigido por Jimmy ‘Jimbo’ Wales y Larry Sanger, editor en jefe, con el objetivo de crear una enciclopedia en línea de alta calidad, de código abierto y que pudiera ser modificada con la participación de académicos y eruditos de todo el mundo.

Sin embargo, la lentitud de los procesos burocráticos y revisión de contenido, provocó que Wales y Sanger decidieran iniciar un ‘pequeño proyecto alterno’ en el que usuarios de todo el mundo pudieran editar y escribir artículos que fueran revisados posteriormente por los especialistas, mediante la utilización de un código wiki, desarrollado por Ward Cunningham, quien definió dicho código, como “la base de datos en línea más simple que pueda funcionar”[5]. Fue así como Wikipedia, nació un 15 de enero de 2001 originalmente como un proyecto en lengua inglesa, aunque dos meses más tarde, en marzo de 2001, se inició la segunda edición del proyecto, la Wikipedia en alemán. El crecimiento acelerado de la Wikipedia, provocó que Wales y Sanger abandonaran el proyecto de la Nupedia, para enfocarse de lleno al desarrollo de la ‘nueva’ enciclopedia libre, misma que tomó su nombre de una propuesta de Sanger, quien se dedicó a establecer algunas pautas y lineamientos del sitio web, la cual trabaja con una licencia de documentación libre GNU (también conocida como GDFL), es decir, una licencia copyleft para contenido libre, diseñada por la Fundación del Software Libre, la cual estipula que cualquier copia del material, incluso de ser modificado, debe llevar la misma licencia. Dichas copias pueden ser vendidas pero, de ser producidas en cantidad, deben ser distribuidas en un formato que garantice futuras ediciones. Wikipedia es el mayor proyecto que utiliza esta licencia.

En síntesis, podríamos decir que Wikipedia es una enciclopedia, entendida como soporte que permite la recopilación, el almacenamiento y la transmisión de la información de forma estructurada. Es un wiki, por lo que, con pequeñas excepciones, puede ser editada por cualquiera, debido a su contenido abierto que utiliza la licencia GDFL.

A pesar de que la libre participación de la sociedad dentro del proyecto se ha convertido en el principal blanco por parte de la crítica, ésta es también su mayor fuerza, ya que la democratización del conocimiento a través de la interacción grupal de los diversos asentamientos humanos, es el motor principal de la sociedad de la información, en la que el acceso a ella y la participación ciudadana juegan un papel central, tal como lo expresa Armand Mattelart:

“El peligro para las ciencias de la comunicación está en la política de la tábula rasa: olvidar que somos el producto de construcciones anteriores (…) No puede haber una sociedad de la información o diversidad cultural, sin diversidad mediática y sin participación, porque esa es la definición que hacen de la comunicación estos medios alternativos: el acceso y la participación”[6].

En la misma tónica, el especialista en comunicación y nuevas tecnologías, Raúl Trejo Delabre, sugiere que aunque el proyecto de la enciclopedia libre es susceptible a tener fallas de fiabilidad, éste tipo de herramientas no pueden ser desechadas por la pedagogía, ya que de cualquier modo, brinda una excelente oportunidad para constatar algunos datos que faciliten el conocimiento por parte de los estudiantes.

“Como todo proyecto abierto, en Wikipedia existe la posibilidad de errores o engaños. Pero ese mismo carácter contiene los mecanismos para que la información allí disponible sea verificada y enmendada constantemente. En tan solo seis años, Wikipedia se ha convertido en referencia indispensable de la cultura contemporánea y es el proyecto intelectual más concurrido que haya existido jamás. Su diseño básico reproduce la estructura colaborativa en la que se desarrolla la creación del conocimiento. Vale la pena no marginar a la educación a distancia, y a la educación en todas sus modalidades, de experiencias como esa”[7].

La participación de la sociedad global en la construcción de Wikipedia, presenta un punto llamativo dentro del estudio de las ciencias sociales, ya que la democratización del conocimiento ha provocado que la gente se sienta comprometida a seguir generando nuevas plataformas para el desarrollo del conocimiento humano y por lo tanto, un beneficio directo tanto para el individuo como para la sociedad en su conjunto, de la misma forma que lo establecen otras ciencias como las matemáticas aplicadas, dentro de la ‘teoría de los juegos’[8].

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Los efectos sociales de las redes de comunicación

La participación ciudadana en proyectos de esta índole, podría producir algunos frutos en el futuro próximo, tal como señala el periodista James Surowiecki en su libro ‘La Sabiduría de los grupos: Por qué los muchos son más inteligentes que los pocos y cómo la sabiduría colectiva da forma a los negocios, economía, sociedades y naciones’, publicado por primera vez en 2004. Esto, debido a que la combinación de la información en grupos suele producir una toma de decisiones más acertada que las que podrían haber sido tomadas por un solo miembro del grupo. Según la tesis de Surowiecki, basada en un perfil económico y psicológico, no todas las masas son sabias, ya que para que esto ocurra es necesario que intervengan factores como la diversidad de opinión, pues cada persona debería tener información privada aún si es sólo una interpretación excéntrica de los hechos conocidos, la independencia del individuo, donde las opiniones de la gente no deberían ser determinadas por las opiniones de los que los rodean, la descentralización, donde la gente debería poder especializarse y recurrir al conocimiento local, y la Combinación, ya que existen algunos mecanismos para convertir los juicios privados en decisiones colectivas.

Si tomamos en cuenta los puntos de Surowiecki, el conocimiento al alcance de las masas podría ser un factor de suma importancia dentro del desarrollo de la historia del hombre, ya que esto podría abrir un camino nunca antes visto en la toma de decisiones de la sociedad en cuestiones de interés público, tal como lo referente al gobierno y el estado.

Esto es precisamente a lo que Rheingold ha denominado como multitudes inteligentes, es decir, grupos sociales que cuentan cada vez con mayor información a la hora de tomar sus decisiones debido al rápido crecimiento de las redes de comunicación, las cuales podrían explicar la rapidez con la que se generan los cambios sociales.

Si la sociedad es comunicación, como afirma Luhmann, esto podría ayudarnos a entender como el desarrollo del internet y de las redes de comunicación han logrado transformar a la sociedad global de principios de siglo XXI.

Kevin Kelly ejemplifica muy bien esta cuestión al comparar al internet con un cerebro humano, en el cual, se desarrollan una serie de conexiones y redes neurológicas capaces de construir mayores capacidades cognoscitivas, y donde cada aparato que se conecta a esa enorme máquina llamada internet sería comparable con cada una de las neuronas que constituyen nuestro cerebro[9].

La proliferación y el aumento de estas redes comunicacionales han ayudado a desarrollar un conocimiento colectivo que se manifiesta claramente en las nuevas generaciones de seres humanos. Mucho se habla, por ejemplo, de que los niños de la actualidad son cada vez más inteligentes que los de antaño, una afirmación que es necesario revisarla a profundidad para evitar caer en suposiciones carentes de fundamento. La diferencia entre un niño nacido en el siglo XXI y uno nacido a principios del siglo XX no estriba en su capacidad intelectual, que es básicamente la misma, sino en la manera en que las redes de comunicación han logrado influir de forma visible en el comportamiento de las nuevas generaciones. En otras palabras, podríamos decir que la construcción de estas complejas redes de información han hecho que los niños de la actualidad cuenten con una sorprendente capacidad de interpretar el mundo en el que viven. Algo lógico, si tomamos en cuenta que mientras a principios de siglo XX la información disponible para los grandes públicos estaba limitada al material impreso de difícil acceso en comparación al bombardeo mediático de la actualidad. Para los niños de hoy, basta apretar un botón para acceder a otras dimensiones de la realidad humana, sin importar ningún tipo de restricción espacial o temporal, lo cual, necesariamente, se traduce en una “inteligencia” por encima de las generaciones anteriores, lo cual es en realidad, un reflejo de la manera en que los procesos comunicativos son capaces de transformar la realidad social. Al respecto dice Arun Netravali, el entonces presidente de los laboratorios Bell durante 2002:

“Cuando sus hijos tengan su edad, una megarred de redes envolverá a la Tierra como una piel de comunicación. A medida que la comunicación se vuelva más rápida, más pequeña, más barata y más inteligente durante el milenio que comienza, esta piel, alimentada por un flujo constante de información (…) contendrá millones de sistemas de medición electrónica que controlarán ciudades, ferrocarriles y medio ambiente[10].

Y si estas redes son capaces de transformar a la sociedad de la manera en que refiere Netravali, se debe a la manera en que estas redes tienen la posibilidad de modificar la percepción de la realidad presente en la gente, en la sociedad. De ahí que este fenómeno sobre las redes comunicativas es sumamente interesante, pues en realidad, son una de las estructuras fundamentales sobre las que se construye la sociedad. ¿Podríamos imaginar o entender a nuestra civilización sin la aparición del alfabeto y la escritura? Por supuesto que no, y del mismo modo, es probable que en algunos siglos no podamos concebir a la civilización sin la existencia de estas nuevas tecnologías de la información que paulatinamente irán borrando los límites actuales entre el hombre y la máquina, tal como puede observarse hoy en día con la todavía incipiente nanotecnología que dentro de algunas décadas se convertirá en una práctica común en cualquier hospital del mundo.

Por ello, no resulta insensato asegurar que el internet es una de las bases fundamentales sobre las que se sostiene este cambio de paradigma social por el que estamos viviendo. Internet ha representado una apertura total de información susceptible de transformarse en un conocimiento colectivo capaz de transgredir el orden social vigente en nuestros días. Esto es fácil de explicar, ya que cuando una persona cambia su conciencia del mundo y la trascendencia de sus acciones, puede cambiar sus hábitos, el cambio de hábitos es capaz de transformar a las instituciones (tal como afirma Giddens), y la transformación de dichas instituciones con capaces de cambiar la realidad social.

Este cambio en el paradigma social representa importantes retos para la política y la manera en que se desarrollan las relaciones de poder, ya que al cambiar las estructuras fundamentales sobre las que se sostiene la sociedad contemporánea la política tendrá forzosamente que dar un giro, tal como afirma Sloterdijk con su concepto de hiperpolítica. Al respecto de este cambio que las nuevas tecnologías han propiciado en las nuevas generaciones nos dice Sloterdijk:

“Los jugadores del nuevo juego mundial de la nueva era industrial ya no se definen a sí mismos por la patria y el suelo, sino por medio de los accesos a estaciones de ferrocarril, a terminales, a posibilidades de enlace. El mundo es para ellos una hiperesfera conectada en red. El que accede a la clase de las tareas elevadas, la propia de los actores de la hiperesfera, empieza a tener que ver con lo grande de una forma muy distinta, una forma que no podía aprenderse en Roma, ni en Atenas, ni en los Lycèes y Gymnasien de la Europa moderna”[11].

Si el concepto del Estado como lo conocemos ha de sufrir un cambio sustancial, lo mismo debe ocurrir con la política, en la cual, los hombres ya no pueden seguir utilizando a otros hombres para reproducir un discurso dominante que ayude a las élites a mantener el poder, sino por el contrario, es necesario que la sociedad construya estructuras sólidas que permitan a los seres humanos inventarse a sí mismos construyéndose como sujetos autónomos, actores de sus propios actos, seres creadores capaces de darle un giro de 180 grados a nuestra definición de realidad social. Seres capaces de cambiar al mundo por medio de sus acciones. Por ello, es necesario que los seres humanos construyan un nuevo paradigma de sociedad a partir del entendimiento de que la sociedad es precisamente, una dimensión más amplia de la conciencia humana.

Fromm afirma en su obra El corazón del hombre, que el hombre actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito, pero lo más grave, es que la mayor parte de las personas que viven en el sistema actual, se han construido a sí mismos como objetos, como máquinas capaces de generar riqueza y reproducir un discurso, meros instrumentos que han ayudado a consolidar una dominación de la que ni siquiera perciben su existencia.

Según el autor, en la sociedad actual el éxito y el fracaso se basa en el saber invertir la vida. El valor humano, se ha limitado a lo material, en el precio que pueda obtener por sus servicios y no en lo espiritual (cualidades de amor, ni su razón, ni su capacidad artística). La autoestima en el hombre depende de factores externos y de sentirse triunfador con respecto al juicio de los demás. De ahí que vive pendiente de los otros, y que su seguridad reside en la conformidad; en no apartarse del rebaño. El hombre debe estar de acuerdo con la sociedad, ir por el mismo camino y no apartarse de la opinión o de lo establecido por ésta. Para funcionar bien, la sociedad de consumo necesita una clase de hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos que quieren consumir más y más, cuyos gustos estén estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Este tipo de sociedad necesita hombres que se sientan libres o independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que no obstante estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social. Los hombres actuales son guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin ninguna meta, salvo la de continuar en movimiento, de avanzar. Esta clase de hombre es el autómata, persona que se deja dirigir por otra.

Este concepto de ‘hombre máquina’, el cual aparece también en la obra de Herbert Marcuse y su noción de ‘hombre unidimensional’, es el mayor reto que enfrenta la sociedad actual. Alguna vez escribió el pedagogo brasileño Paulo Freire, que la libertad es conquista y no donación, y por ello, es necesario que el ser humano aprenda a pensarse por sí mismo y asumir la responsabilidad de sus acciones, a pesar de que sea más fácil y cómodo dejar que sean otros los que piensen por uno. El ser humano necesita más que nunca salirse del sistema, de esa jaula de hierro de la que hablaba Weber, de esa Matrix que mantiene preso al ser humano. Y en esta búsqueda y en esta conquista de la libertad, la comunicación y el desarrollo de las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental.

 

BIBLIOGRAFÍA

CIBERGOLEM. La quinta columna digital: antitratado sobre hiperpolítica. Gedisa Editorial. España, 2005.

FROMM. Erich. El corazón del hombre. FCE. México, 1983.

LUHMANN, Niklas. Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia. Editorial Trotta. España, 1998.

MATTELART, Armand. La comunicación masiva en el proceso de liberación. Siglo XXI. México, 1988. Decimosegunda edición.

RHEINGOLD, Howard. Multitudes inteligentes: la próxima revolución social. Gedisa Editorial. España, 2004.

SLOTERDIJK, Peter. En el mismo barco: ensayo sobre la hiperpolítica. Ediciones Siruela. España, 2008. Quinta edición.


[1] Howard Rhiengold. Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, página 74.

[2] Ibídem, página 82.

[5] Un wiki (del hawaiano wiki wiki, que significa rápido) es un sitio web colaborativo que puede ser editado por varios usuarios. Los usuarios de una wiki pueden así crear, editar, borrar o modificar el contenido de una página web, de una forma interactiva, fácil y rápida; dichas facilidades hacen de una wiki una herramienta efectiva para la escritura colaborativa. La tecnología wiki permite que páginas web alojadas en un servidor público (las páginas wiki) sean escritas de forma colaborativa a través de un navegador, utilizando una notación sencilla para dar formato, crear enlaces, etc, conservando un historial de cambios que permite recuperar fácilmente cualquier estado anterior de la página. Cuando alguien edita una página wiki, sus cambios aparecen inmediatamente en la web, sin pasar por ningún tipo de revisión previa. Los orígenes de los wikis están en la comunidad de patrones de diseño, que los utilizaron para escribir y discutir patrones. El primer WikiWikiWeb fue creado por Ward Cunningham, quien inventó y dio nombre al concepto wiki, y produjo la primera implementación de un servidor WikiWiki para el repositorio de patrones Portland (Portland Pattern Repository) en 1995. En palabras del propio Cunningham, un wiki es “la base de datos en línea más simple que pueda funcionar”.

[6] Entrevista con Armand Mattelart, realizada por Johanna Puyol y publicada en la revista digital Rebelión.

[7] Raúl Trejo Delarbre. La nueva alfabetización: el e-learning en la lógica reticular y abierta de Internet.

[8] La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas de incentivos (los llamados juegos). Sus investigadores estudian las estrategias óptimas así como el comportamiento previsto y observado de individuos en juegos. Tipos de interacción aparentemente distintos pueden, en realidad, presentar estructuras de incentivos similares y, por lo tanto, representar conjuntamente un mismo juego. Los economistas han usado la teoría de juegos para analizar un amplio abanico de problemas económicos, incluyendo subastas, duopolios, oligopolios, la formación de redes sociales, y sistemas de votaciones. Estas investigaciones normalmente están enfocadas a conjuntos particulares de estrategias conocidos como conceptos de solución. La investigación en ciencias políticas también ha usado resultados de la teoría de juegos. Una explicación de la teoría de la paz democrática es que el debate público y abierto en la democracia envía información clara y fiable acerca de las intenciones de los gobiernos hacia otros estados. Por otra parte, es difícil conocer los intereses de los líderes no democráticos, qué privilegios otorgarán y qué promesas mantendrán. Según este razonamiento, habrá desconfianza y poca cooperación si al menos uno de los participantes de una disputa no es una democracia.

[9] Kevin Kelly sobre los próximos 5000 días de la “web”. http://www.ted.com/talks/lang/spa/kevin_kelly_on_the_next_5_000_days_of_the_web.html

[10] Howard Rheingold. Op cit., páginas 111-112.

[11] Peter Soderlijk. En el mismo barco: ensayo sobre la hiperpolítico, página 68.

¿De dónde vienen las buenas ideas?

Un video que explica cómo las grandes ideas surgen de las conexiones con las ideas de otros. Al estar más conectados, la velocidad con la que circula la información al interior de la red se acelera. Esto permite entender cómo es que a mayor comunicación entre los integrantes de un grupo se aceleran los cambios sociales. El mundo no es sino una idea que se construye con las ideas de todos.

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