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El origen del kung fu: el dominio del chi

Un muy buen documental sobre los orígenes y la práctica contemporánea del kung fu, en su acepción de arte marcial. Un viaje por los dominios de la mente y la carne, el flujo del chi, esa fuerza elemental que puede ser controlada para realizar proezas fantásticas.

AICO: una historia sobre la conciencia, la identidad, el cuerpo y el alma

Uno de los grandes animes de los últimos tiempos. Una historia compleja y entrañable sobre la conciencia, la identidad, el cuerpo y el alma. Una oda a la imaginación, esta lograda serie de tan solo 12 capítulos, que bien podría convertirse en un nuevo clásico de la ciencia ficción. Lástima que se nos haya ido tan rápido. Se llama AICO Incarnation.

La sensualidad femenina en el pincel de Marshennikov y Hanks

Hay pocas cosas tan bellas en la naturaleza como el cuerpo de una mujer. Y esto es precisamente los que refleja el pincel del artista Serge Marshennikov, cuyos retratos hiperrealistas están dotados de una sutil sensualidad que acentúa el goce de la anatomía femenina.

Otro artista cuyo pincel celebra a la mujer es Steve Hanks, quien a través de la acuarela es capaz de representar esa sensación de comfort en sus pinturas. “Las emociones son lo que pinto. El realismo es cómo lo hago”, según declara:

Lipovetsky y las paradojas del individualismo en la era hipermoderna

La era del individualismo exacerbado plantea una ruptura con el marco conceptual que dio forma al proyecto de modernidad. De ahí que el filósofo francés Gilles Lipovetsky señala que factores como como la celebración del gozo privado, la obsesión por la salud y el cuerpo, el cambio en el paradigma educativo, así como el culto al mercado y a la autonomía, marcan el “derrumbe de las ideologías modernas”, tales como el nacionalismo o el progreso. A diferencia del modelo anterior, la gente ya no está dispuesta a sacrificar el presente en aras de un futuro mejor, como ocurrió marcadamente en el siglo XIX y prácticamente todo el siglo XX.

En su ponencia titulada “Desafíos del individualismo contemporáneo: vida pública y privada”,  realizada en el Senado de México el día de hoy, Lipovetsky explicó que la sociedad global se encuentra en un momento histórico en el que el individualismo exacerbado ha traído como consecuencia un desencanto generalizado de los ciudadanos en la política electoral, al mismo tiempo que la gente empieza a construir otras formas de participación política a través de las nuevas tecnologías de la información.

El individualismo ha generado cambios profundos en las instituciones sociales, desde la familia hasta la religión y la política, creando la posibilidad de que cada persona construya su singular opinión del mundo a partir de los múltiples discursos disponibles en el mundo hiperconectado de la era global. Sin embargo, una mayor autonomía en la toma de decisiones viene acompañada de un aumento en el sentimiento de angustia que experimentan las personas ante retos como la fragilidad psicológica, la competencia laboral, una mayor vigilancia de los aparatos de control y un hiperlocalismo a la hora de construir nuevas formas de identidad.

Ideas que Lipovetsky desarrolla de manera apabullante para tratar de entender el cambio epistemológico de la era actual frente al caduco proyecto de modernidad, con el fin de entender el mundo en que vivimos. Va la charla completa.

Debajo del limonero

Precedido del tedio y ese aburrimiento crónico que se hace cada vez más recurrente conforme se van acumulando los años, me resigné a dormir temprano un viernes por la noche, derrotado, agotado por un tibio desgano que hizo imposible levantarme temprano para asistir a la escuela. El sueño fue pesado pero eficiente. Desperté al día siguiente, ya entrada la mañana. Decidí que seguir cultivando el fastidio de la noche anterior era algo estúpido. Me levanté a recorrer 16 kilómetros en la escaladora de la sala mientras veía televisión, para luego seguir con algunos ejercicios de brazo. El desgaste físico fue reconfortante, ante la imperiosa necesidad de sentir el cuerpo. Salí al jardín. El cielo nublado presagiaba un día lluvioso, pero aún así decidí sentarme un rato a meditar larga y tendidamente debajo de un limonero.

Empezó el trance con el fluir de la respiración y el adormecimiento paulatino de las piernas. Cerré los ojos para poner atención al sonido de la mañana. Fue entonces que todo comenzó a cobrar sentido. Escuchando el trinar de las aves, comprendí al fin que nuestro canto debe ser como el de ellos: un cántico sagrado que nos lleve al corazón del otro, rasguñando la estratósfera para arrojarnos al centro mismo del universo, ese punto infinito e inconmesurable debajo del limonero donde las ideas fluyen como el oleaje del mar hecho pura abstracción, tan vaga como la perfección misma que se crea y destruye dentro de nosotros, tan endeble como un suspiro o el impulso natural de abrir los ojos sólo para ver colores cuya existencia ignorábamos desde siempre. Supe de pronto que sólo somos sombras de otros tiempos. Descubrí a qué huele mi respiración. El universo y yo estábamos alineados, uno detrás del otro, en la perfecta armonía de una tonada musical, como un presagio, como las voces elocuentes de otras manos, de otros tiempos y otras vidas hechas carne en el presente, en ese instante preciso. Comprendí entonces que no estaba solo. Después de ese día, el mundo no podía seguir siendo el mismo.

limonero

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Reinventar al ser humano en las llamas del Olimpo

Es sorprendente lo que el cuerpo humano puede lograr cuando hay entrenamiento de por medio. De ahí el interés que generan los Juegos Olímpicos cada cuatro años, una fiesta multicolor que nos ayuda a redimensionar el potencial de nuestra especie, redefinir nuestros límites.

Para mí, pocas imagenes tan emotivas como la del jamaicano Usain Bolt haciendo trizas el récord mundial de los 100 metros planos en Beijing 2008. Cuando me dijeron que Bolt había entrado caminando a la meta me pareció una exageración desmedida. ¿Cómo era posible que alguien rompiera un récord mundial así? Al ver la imagen por primera vez, no lo podía creer. Bolt llegó sobrado, festejando con antelación su contundente victoria con tiempo de 9.68 segundos. “Bolt es un monstruo”, decíamos maravillados al ver una y otra vez al ser humano más veloz que hubiera pisado el planeta Tierra desde los remotos orígenes de nuestra especie hace más de 200 mil años. Bolt redefinió así las posibilidades del ser humano.

Otra de las imágenes más increíbles del olimpismo se dio en Montreal 76, cuando una niña de apenas 14 años reinventó la perfección. La rumana Nadia Comăneci sorprendió al mundo entero al conseguir el primer 10 perfecto de la historia en una competición olímpica en las barras asimétricas. Las computadoras de aquel tiempo resultaron insuficientes para registrar su perfecta ejecución en el All Around. Los instrumentos de los jueces no estaban preparados para una calificación así. En aquella ocasión conquistó tres oros, una plata y un bronce, elevando al máximo cualquier parámetro dentro de su deporte al mismo tiempo que se convertía en un referente obligado al hablar sobre la perfección del cuerpo humano.

Ahí está también el Dream Team de Barcelona 92, integrado por una galaxia de estrellas bajo el mando de Michael Jordan. Ahí está el salto del siglo que pegó Bob Beamon en México 68 y la manera en que Dick Fosbury reinventó el salto de altura. Ahí está la ´locomotora´ Emil Zatopek con los músculos a punto de desgarrarse en Helsinki 1952. Ahí está el etiope Abebe Bikila rompiendo el récord mundial de maratón en Roma 60 con los pies desnudos. Ahí esta Michael Phelps con sus ocho oros en el cuello al salir de la alberca. Personas que a través de la disciplina y el entrenamiento han reconstruído al hombre. Cuentos fantásticos como sacados de la imaginación de Homero. Leyendas que forjaron su inmortalidad en las llamas del Olimpo. Postales que congelan el habla.

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Les dejo este link muy recomendable con otros momentos emblemáticos de los JOs, vía ESPN:

http://espndeportes.espn.go.com/news/story?id=1442590&s=oli&type=story

Kung fu: el poder del ‘trabajo continuo’

El kung fu es una disciplina oriental basada en las enseñanzas del taoísmo y el budismo, cuyo fundamento consiste en controlar el ‘chi’ (energía interior) a través de la disciplina y las infinitas posibilidades que ofrece el entrenamiento constante. No en balde, el término kun fu proviene de los  ideogramas chinos kung: trabajo, posición o ejercicio; y fu: continuo, de manera correcta, bien hecho, sabio, total.

Es decir, que el kung fu no es en un arte marcial como tal, sino un método de trabajo que permite alcanzar la perfección de cualquier actividad, pues como bien apunta wikipedia, kung fu se define “como una habilidad adquirida a través del tiempo, con esfuerzo dedicación y continuidad. Por este motivo, no es exclusivo de las artes marciales, sino de cualquier actividad que se realice procurando hacerlo de la mejor manera posible”.

Esta habilidad para controlar el cuerpo y la mente a voluntad propia permite hacer cosas dignas de un superhombre, tal como controlar el dolor o aprender a amar, según explica Yan Ming, un monje shaolin ávido de difundir sus conocimientos en el mundo occidental:

De ahí que el objetivo esencial del kung fu sea controlar la mente y el cuerpo en perfecta armonía con el resto del universo, es decir, aprender a controlar esa fuerza cósmica que lo atraviesa todo, esa energía fundamental que se encuentra en todas las cosas y con la que convivimos permanentemente sin siquiera darnos cuenta. Es por ello que esta disciplina, a diferencia de diversas artes marciales enfocadas  en el combate, posee un marcado carácter esotérico, entendiendo por dicho término, como la capacidad que tiene todo ser humano por acceder a lo oculto, al mundo que se revela a través de la experiencia mística que conecta al hombre con lo sagrado, ese principio unificador del universo capaz de darle sentido a la propia existencia y a la totalidad del mundo que nos rodea. Después de todo, el mundo no es sino una proyección de nuestra mente que se materializa a través del cuerpo, esa delgada membrana que divide el adentro y el afuera. Y es ahí donde reside el verdadero poder: en la capacidad de manipular el entorno partiendo de las profundidades más remotas del mundo interno.

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