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Poder: la voluntad de vivir como principio fundamental de las relaciones humanas

Perseo

Poder es la capacidad de imponer la voluntad de uno sobre otro. Es la realización del deseo personal frente al deseo del otro. De ahí que el ejercicio del poder pueda manifestarse de muchas formas: desde la fuerza física hasta la persuasión, carisma, conocimiento. Poder es la capacidad de convertir la voluntad personal en la voluntad del otro, a través de la coacción física, el convencimiento o la seducción. Poder es la capacidad de satisfacer el deseo personal a través del deseo del otro, o a pesar del deseo del otro.

El deseo es la raíz del poder, toda vez que nuestra condición de seres vivos nos vuelve seres con necesidades que buscamos satisfacer permanentemente. Y es en la lucha por la realización de dichos deseos, que el poder se manifiesta en la vida cotidiana de todo ser. Esto permite entender al poder como una capacidad propia de todo ser vivo para satisfacer sus necesidades dentro de un entorno marcado por las necesidades de otros. Poder es disputa y comunión, la capacidad de materializar nuestros sueños.

El poderoso es aquel que satisface su necesidad y su apetencia, un ejercicio a través del cual, todo ser busca sentirse bien para seguir viviendo. Poder es voluntad de vivir. El poderoso vive mientras otros mueren, pero también, es aquel capaz de sobreponerse al temor de la muerte en pos de un bien superior que da sentido a la vida misma. Poder es la afirmación de la vida sobre la muerte. Por ello, el poderoso es aquel capaz de vivir y seguir viviendo más allá de los confines de la muerte, es aquel capaz de trascender a la muerte. Poder es la voluntad de vivir a pesar del peligro mortal que esto conlleva. Poderoso es el que sobrepone a la adversidad, los obstáculos que enfrenta todo ser vivo para seguir viviendo. Poder es sinónimo de vida, y por lo tanto, una condición elemental de todo ser vivo. Poder es la manifestación del deseo vital.

El poder como ejercicio, puede convertirse en una técnica capaz de ser transmitida de generación en generación. Cada familia o grupo humano, transmite a su descendencia un conocimiento específico sobre cómo ejercer el poder. El poder, al igual que ocurre con cualquier fuerza física en el ámbito de la mecánica clásica, tiende a mantenerse a lo largo del tiempo a menos que exista una fuerza mayor capaz de contrarrestar la fuerza inercial.

Esto permite entender también al poder como una cultura, un conjunto de reglas, mecanismos y procedimientos que se despliegan simbólicamente en la imaginación humana, como una forma de satisfacer el deseo personal en un mundo caótico donde impera el continuo choque de los deseos.

Y es precisamente en el seno de la vida familiar que el poder se manifiesta por primera vez, a través de los padres, que representan la figura de poder por excelencia en la psique profunda de todo individuo y cuya finalidad, es garantizar la supervivencia de su descendencia. En general, los padres buscan el bienestar de sus hijos como una manera de sentirse bien consigo mismos y también garantizar su propia supervivencia. Es por ello que al ejercer el poder sobre sus hijos, los padres transmiten también un conocimiento específico de cómo ejercer el poder mediante diversas formas. El poder se vuelve entonces, parte de una tradición familiar que busca garantizar la supervivencia del clan, la supervivencia del grupo al cual se pertenece frente al peligro que encierran otros grupos sociales que buscan también satisfacer sus propios deseos.

Esto explica el origen mismo de las primeras sociedades primitivas, donde las relaciones de parentesco, constituían la base de las estructuras de poder, y posteriormente, las bases mismas de la civilización. De ahí que el linaje constituya una de las más esenciales formas de constituir el poder en términos sociales. La descendencia de un ser humano poderoso implica que sus sucesores recibirán también un conocimiento esencial sobre cómo ejercer el poder. Esto explica la existencia de familias fuertes capaces de someter a familias débiles que a su vez crean sus propias formas culturales de resistir al poderío de otros.

Sin embargo, esta correlación de fuerzas es siempre dinámica y se encuentra en constante cambio: al igual que ocurre con los individuos, existen familias fuertes que se debilitan, y existen también familias débiles que se vuelven fuertes con el paso del tiempo. Esta dinámica de las fuerzas sociales, explica el desarrollo mismo de la historia humana, entendida como un continuo choque de fuerzas.

De ahí que toda revolución implique siempre un estallido donde el abuso de unos sobre otros se vuelve insostenible, una lucha donde los sometidos pierden el miedo a la muerte para luchar por su propia supervivencia frente a los aparatos de control impuestos por las élites que detentan el poder político y el control de las instituciones. Toda revolución es una colisión de voluntades, es el deseo de vivir que se manifiesta en lo político, entendiendo lo político como ese continuo choque de deseos que se manifiesta en todo grupo social.

Pero como bien señalé al principio, el ejercicio del poder no se da sólo como una imposición, sino que puede ejercerse también de manera seductora: carismática y persuasiva. Esto explica en buena medida, el uso de la sexualidad como un mecanismo de control y poder. Pero también explica la manera en que se constituye la legitimidad como un ejercicio benéfico del poder al interior de cualquier grupo social.

La legitimidad es el reconocimiento de la voluntad del otro, el reconocimiento de la fuerza del poderoso, el principio esencial de toda autoridad verdadera. Legitimidad es reconocer una fuerza de voluntad superior en el otro, un fenómeno que lo mismo despierta admiración o fascinación, como manifestación del deseo vital del poderoso. El deseo del otro se convierte así en el deseo propio. De este modo, la voluntad del poderoso como seducción, refleja siempre la voluntad secreta del otro, un deseo reprimido que busca manifestarse en la fuerza del otro. Por ello, el liderazgo auténtico se produce cuando una masa crítica reconoce la autoridad y la fuerza del poderoso.

Si el grupo no reconoce la autoridad y la fuerza de un supuesto líder, su poder sobre los otros se verá cuestionado y debilitado. Esto explica por qué al igual que ocurre en las familias, la tribu, las empresas o la política, los verdaderos líderes son aquellos personajes capaces de afirmar su autoridad a través de una voluntad fuerte, capaz de resonar en la voluntad de los otros. De este modo, la atracción que ejerce un verdadero líder sobre los otros, reafirma su autoridad sobre los demás.

Los liderazgos débiles, en cambio, suele generar problemas al interior de cualquier grupo social, al propiciar luchas descarnadas por conquistar la voluntad de los otros para satisfacer la voluntad personal. Una disputa en la cual, la ausencia de liderazgos —es decir, la ausencia de voluntades lo suficientemente fuertes para cautivar a los demás— buscará ser compensada por otras vías de ejercer el poder.

Esto explica el por qué, los gobiernos tiranos se ven obligados a utilizar la fuerza como forma de someter a otros que no reconocen su legítima autoridad a favor del bien común. Los gobiernos débiles engendran peste, al ser una expresión del deseo insatisfecho de las masas, un deseo reprimido que genera malestar y descontento.

En cambio, la autoridad legítima propicia el orden social y el florecimiento de las relaciones humanas, al ser una proyección profunda del deseo colectivo realizado, situación que genera bienestar. Por ello los grandes líderes de la historia son catalizadores sociales que permiten expresar los deseos profundos de la gente. Un gobierno legítimo es la manifestación de la voluntad popular.

El poder es entonces, una forma de vivir, la manera de ejercer una voluntad de vivir que lo mismo genera fascinación u hostilidad en los otros. El poder es la realización del deseo personal que interactúa con el deseo de los otros, un choque de voluntades que puede engendrar vida o engendrar muerte. Poder es la capacidad de despertar la conciencia o sepultar la ira de los demás, es la realización de un sueño, el anhelo de la felicidad como destino último de la existencia.

Poder es llevar a cabo la utopía de la realización personal, la voluntad de vida que logra imponerse a los muchos peligros de un entorno caótico, la fascinación que inspira a los demás en la persecución del bienestar.

Poder es la posibilidad de derramar nuestros sueños sobre el mundo.

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La ciencia de la cachondería

Un divertido documental para televisión en el que se realizan varios experimentos para descubrir los muchos misterios de la cachondería humana. No dejan de sorprenderme los diferentes caminos que la evolución (y la cultura) encontró en hombres y mujeres a la hora de desarrollar nuestras habilidades sexuales. ¿Cuántos actos de nuestras vidas están condicionados por la libido, el deseo y la lujuria? Más de los que suponemos cotidianamente.

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