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Para comprender la guerra del cambio de divisas

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La política monetaria y el cambio de divisas, es una arma geopolítica que está siendo muy utilizada en nuestros días. EE.UU. defiende la hegemonía del dólar mientras que la Unión Europea apuesta al euro como alternativa, al mismo tiempo que las potencias orientales como China, Rusia y Turquía intentan explorar otras posibilidades como el yuan o la adquisición de oro como una medida para contrarrestar el poderío hegemónico estadounidense.

Algo que yo no sabía y me llamó la atención, es la manera en que al ser una divisa fiduciaria, con una amplia presencia más allá de sus fronteras, la hegemonía del dólar le permite a la Reserva Federal de EE.UU. imprimir con más holgura el papel moneda y generar riqueza con poco impacto inflacionario, lo cual es una ventaja importante a la hora de, por ejemplo, adquirir deuda. Un proceso que se conoce como monetización de

El asunto de los mercados financieros de divisas es algo sumamente complejo de entender. Pero por ahí encontré algunos videos que pueden ayudar a clarificar algunos puntos importantes.

¿Cuál es el valor auténtico de las cosas?

Siempre se habla de que los problemas de la humanidad están asociados a una crisis de valores. Por eso decidí explorar el tema como mi proyecto de tesis de maestría. Indagando en estos asuntos, un amigo me pasó este video donde se abordan algunas cuestiones irónicas en torno al problema del valor. ¿Qué hace que valoremos cosas tan ridículas como el dinero al mismo tiempo que acabamos con el aire, el agua, el entorno y las demás personas? Un misterio del absurdo se esconde detrás de todas esas cuestiones. Aunque he logrado descubrir ciertos aspectos de este problema, apenas me encuentro escribiendo un libro sobre este fundamental dilema filosófico. Y mientras trato de construir una teoría general del valor como un problema de lenguaje, les dejo este video que plantea una introducción interesante al problema de los valores en el mundo caótico en que vivimos.

La enfermedad mental de la opulencia

La vida da giros inesperados. Siempre. Así fue como Thomas Peter Shadyac, director de comedias como Ace Ventura o Patch Adams se dio cuenta de que la idea de éxito impulsada por la civilización occidental es una enfermedad mental, o wetiko, palabra con la cual el investigador Jack Davis explica cómo algunas etnias de indígenas norteamericanos describen ese comportamiento atípico de los seres humanos que se “comen la vida de otro ser humano”, de un modo similar al canibalismo. Contrario a lo que ocurre en la naturaleza, el ser humano busca acumular más de lo que necesita para vivir. De ahí que vivamos en una sociedad enferma donde la realización se concibe como la acumulación de capital. ¿Y cómo remediarla? A través del amor y la compasión por lo demás. Ese es el mensaje último de Shadyac, en Yo soy (I am), una peliculita sincera en el que se investigan las alternativas para sanar a ese monstruo llamado capitalismo, alimentado por nuestra ambición desmedida y falta de conexión con todos los seres que pueblan la existencia.

Hoy venía en el autobús pensando que soy un hombre rico. Y no porque tenga dinero, sino porque necesito pocas cosas para ser feliz. La riqueza de un ser humano no debería medirse por su capacidad de acumular bienes materiales, sino por el desarrollo del ser, condición que conduce a vivir feliz sin esa enfermiza necesidad de acumular cosas materiales y hacer daño a los demás. Ya por la noche, mi hermano me recomendó una peliculilla que va muy ad hoc con lo que venía pensando. ¿Qué sería del mundo si midiéramos la riqueza desde otra perspectiva? ¿Qué pasaría si todas las personas buscaran el desarrollo del ser antes que la acumulación de bienes? Un mundo muy diferente, sin duda alguna.

Banco Mundial: del control de las finanzas globales a la gestión de la verdad

Las acusaciones de la exabogada del Banco Mundial, Karen Hudes, sobre la manera en que dicha institución ejerce un control casi absoluto de muchos países a través de la deuda y otros mecanismos financieros, es digna de llamar la atención. Sin embargo, esto no ha sido razón suficiente para que las fuertes declaraciones de Hudes hayan encontrado un eco en los medios tradicionales, salvo en algunas emisiones televisivas afines al actual gobierno ruso (en lo que parece ser la secuela de la Guerra Fría). Nuevamente revive la fábula orwelliana. Resulta casi imposible verificar las acusaciones de Hudes cuando nuestros referentes de lo que significa “información oficial” son administrados por la parte acusada. Es así como se construye la paradoja del Panóptico de Bentham al que hace referencia mIchel Foucault a la hora de explicar los mecanismos a través de los cuales el poder en turno vigila y castiga sin siquiera ser percibido. Y eso es quizá, lo más aterrador del asunto: la manera en que los grupos encumbrados en el poder tienen la capacidad de controlar el sistema de creencias sobre el que se articula nuestra delimitada noción de la verdad y todo lo que esto implica. El terror de Orwell terminó convertido en nuestra realidad de todos los días. ¿Cómo resolver el problema? Evidenciando la manera en que operan nuestros celadores para despojarlos de su umbría máscara. Tomar conciencia de quiénes y para quiénes gobiernan los que gobiernan en el mundo implica reconstruir los equilibrios de poder hoy vigentes. La eterna batalla por la verdad.

La orgía de hacer dinero y el trauma de perderlo todo (hasta la razón)

Dos grandes películas, dos grandes directores, un mismo tema. Por un lado, Martin Scorsese relatando la salvaje historia de un personaje real que pareciera sacado de la perversa imaginación de un guionista hollywoodense pitorreándose de los excesos característicos de Wall Street. Del otro lado, la sutileza típica de Woody Allen haciendo un retrato sobre la crisis de ansiedad de un personaje de ficción cuyo parecido con la realidad, impresiona.

La dupla Scorsese-Di Caprio vuelve a arrojar buenos dividendos con The Wolf of Wall Street, filme que narra la historia verídica de Jordan Belfort, un farsante con un talento extraordinario para hacer dinero (no muy legal que digamos, como ocurre siempre con el criminal sistema financiero vigente en el planeta), al mismo tiempo que disfruta de los placeres mundanos que suelen acompañar el apabullante éxito económico de un obsesionado con la riqueza: mujeres al por mayor, alcohol, pastillas, cerros de cocaína, yates con helicópteros y otras extravagancias. Un estilo de vida que llama la atención del FBI y comienza a complicar las cosas en esta historia donde el exceso por el exceso mismo es una constante a lo largo de la trama.

En la otra esquina, Allen ocupa el mismo pretexto del dinero mal habido para contar la historia de una dama de sociedad venida a menos y el trauma de la vanidad propio de las clases acomodadas, con una insuperable Cate Blanchett en el protagónico de Blue Jazmin. Una acaudalada mujer neoyorquina que se ve forzada a mudarse con su hermana pobre que vive en San Francisco, es el punto de inicio para este drama donde se expone la ansiedad provocada por un delirio de grandeza frustrado frente al duro espejo de la realidad. Y es precisamente en ese reflejo burdo de sí misma donde Jazmin comenzará a cavar su propio agujero sin darse cuenta.

Dos formas de abordar la inmundicia del dinero fácil y la manera en que millones de dólares pueden enterrar cualquier resquicio de humanidad entre trajes de marca, tardes soleadas frente a la piscina y fiestas elegantes con lo más selecto de la crema y nata de la sociedad. O todo lo contrario. Quizá lo que más nos asusta, en el fondo, es la manera en que el dinero puede desnudar nuestra verdadera condición humana.

 

¿Estamos a gusto con lo que hacemos? La vida a un paso de distancia

Dos videos que plantean una pregunta fundamental en la vida: ¿estamos a gusto con lo que hacemos? El primero narrado por Alan Watts, un conocedor del budismo. El segundo, una muestra contundente del trabajo como una manifestación discursiva de una época específica. La pasión por la actividad que realizamos a diario es fundamental para desarrollarse en plentiud, sentirse vivo. Lo demás es simple inercia: nos convertimos en expertos y el dinero llega solo, sin necesidad de andarlo persiguiendo como desesperado. El universo conspira siempre a nuestro favor si le damos la oportunidad.

 

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