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La sabiduría del baba

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I
Las personas son como la leche

 

“Baba, ¿por qué hay personas que no entienden?”, preguntó Mariska al sabio.

El viejo baba respondió que las personas son como la leche.

De un litro de leche, apenas el 25% es leche auténtica, el resto es agua. Cuando cocinas la leche y la pones bajo la lumbre, solo un pequeño porcentaje de esta, se convierte en ‘ghee’, la mantequilla más pura, usada como ofrenda a los dioses en antiguos rituales.

Para el sadú, solo unas pocas personas son como la leche: almas que buscan la verdad. El resto son insustanciales, como el agua, seres que se mienten a sí mismos. Y de entre las personas inquietas que son como la leche, solo unas pocas pueden refinarse lo suficiente hasta ser purificados, como el ‘ghee’.

Las personas verdaderas son como la leche. Pero sólo unos pocos serán dignos de ofrendar su alma a los dioses.
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II
La furia de Kali

 

Mariska también le preguntó al sabio sobre la diosa Tara, la estrella.

El baba relató que Kali, la diosa madre del hinduismo, fue creada por Brahma para exterminar a los demonios que asolaban la tierra. Kali, furibunda y apasionada, despedazó a los demonios con su imponente fuerza. Pero la diosa, imparable, se volvió adicta a decapitar demonios y otros seres. Fue entonces que los dioses, Visnú y Shiva, se reunieron para discutir cómo calmar la furia de Kali, cegada por su insaciable sed de sangre.

Recordé de pronto, que yo tuve una novia como Kali. Me interesó saber qué habían resuelto los dioses, y le pedí a Mariska que me siguiera narrando la historia, tal como le fue contada por el baba.

Resulta que Visnú y Shiva decidieron someterse a la furia Kali. Se disfrazaron de demonios y se recostaron sobre el suelo, para dejarse vencer por la intempestiva mujer. La diosa aplastó a los dioses con el pie, y levantó el brazo en señal de triunfo, lista para degollarlos. Fue entonces que Shiva aprovechó la oportunidad, para convertirse en cobra y asustar a Kali, valiéndose de su imponente presencia.

La diosa se dio cuenta que su víctima era en realidad el dios Shiva, y cobró conciencia de la verdad y sus propias acciones. Kali se iluminó y su convirtió en estrella, en la diosa Tara. Desde entonces brilla en el cielo, purificada, libre de ira.

“Yo intenté lo mismo con mi exnovia”, le comenté a Mariska. “Sólo que quizá falló mi transformación en cobra”.

Moraleja: tengo que practicar más mis movimientos de cobra.
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III
La puerta del cielo

 

El baba también contó a Mariska que Rishikesh es el lugar donde las personas vienen a buscar la conexión con lo divino, el lugar donde uno se sienta a meditar para disolverse en lo eterno. El baba cuenta que cuando los reyes venían a este lugar, se convertían en seres ordinarios por un momento, dejaban a un lado sus riquezas y se sometían a las fuerzas de la naturaleza y la instrucción de los sabios, para poder conectarse con Dios.

Pero también le contó que la ciudad de Hardiwar -que se encuentra a una hora de camino de Rishikesh- es en realidad un portal donde empieza el camino al cielo.

Pero así como Hardiwar es el portal que conecta la tierra con el cielo, también es un lugar donde el velo de maya es muy fuerte: la gente ambiciona el dinero, los placeres materiales. Por ello, antes de alcanzar el cielo, la gente debe bañarse y beber de las aguas sagradas del río Ganga.

Pero Hardiwar es apenas el inicio de la travesía. Una vez iniciado el trayecto, se pasa por otros lugares sagrados, como Kedarnath, pueblo ubicado en la coordillera del Himalaya. Ahí, en las montañas, justo donde comienza la escalera al cielo, vivía un hombre con su esposa y sus cinco hermanos. Todos ellos decidieron transitar las peligrosas escalinatas, que atraviesan nevadas cumbres y pronunciados precipicios. El camino es tan peligroso que por eso muy pocos llegan al cielo. Aún así, el hombre, acompañado de los suyos, decidieron emprender la travesía. La primera en morir fue la esposa, al caer por un precipicio. El hombre se entristeció pero siguió caminando. Uno a uno, sus cinco hermanos también cayeron al abismo, hasta que se quedó solo, pero el hombre siguió adelante, sin mirar atrás. Fue entonces que el hombre se encontró con un perro en lo alto del camino. El can le acompañó durante la dura travesía y también lo guió por algunos senderos secretos. Ambos sortearon grandes peligros. El hombre se encariñó con el perro, que se convirtió en su amigo, su fiel compañero. Finalmente, el hombre y el perro llegaron a las puertas del cielo. Los dioses permitieron la entrada del hombre pero prohibieron el ingreso del perro. “Tú puedes pasar, pero el perro no”, dijeron los dioses.

El hombre se negó a entrar al cielo sin su amigo.

“Si el perro no puede entrar, yo tampoco, porque él me guió hasta aquí”, dijo el hombre. Fue entonces que el perro se convirtió en el dios Visnú, el preservador, y todos juntos lograron ingresar al cielo.

Esa es la historia que el baba relató a Mariska. A ella le sorprendió que el hombre decidiera no entrar al cielo sin el perro, aún cuando en el accidentado trayecto perdió a su esposa y sus hermanos.

El perro, símbolo de la nobleza y la compasión, era en realidad Visnú. Para entrar al cielo uno tiene que dejarse guiar por el instinto, la desinteresada bondad que caracteriza a los perros, y vive también en el corazón de las personas.
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Derviches y mística sufí: una danza giratoria para fundirse con lo divino

Si tus pensamientos son rosas, todo a tu alrededor será un jardín de rosas. Si tus pensamientos son espinas, todo a tu alrededor serán espinas.
Rumí (poeta y místico sufí).

Canto, danza, poesía. La mística sufí es una cosa muy particular e interesante. El término derviche, proviene de la palabra persa darvīsh, que significa el “umbral de la puerta”. A través de la oración y sema, la danza tradicional con la que, girando, los derviches se vuelven uno con Dios. Con la mano izquierda hacia arriba para recibir la gracia divina y con la mano derecha hacia bajo para llevar al pueblo dicha gracia, el derviche se convierte en un intermediario del mundo invisible y la realidad cotidiana en la vida de los seres humanos. El particular sombrero que llevan puesto los derviches, sikke, representa una tumba, la disolución del ego. Salir del cuerpo para fundirse con la eternidad. La mística danzante de girar hasta volverse uno con el todo. Fascinante.

La catástrofe ambiental del mundo es consecuencia de una modernidad en ruinas

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La crisis ambiental de nuestro tiempo es consecuencia de un modelo civilizatorio en crisis: la modernidad.

Este modelo civilizatorio nació en Europa alrededor del siglo XV, con una ruptura entre el pensamiento religioso y la racionalidad, como forma de interpretar la realidad, lo cual sentaría las bases de la ciencia moderna. Esta ruptura entre mythos y logos, como diría García Gual, vino acompañada de otros fenómenos históricos paralelos como el colonialismo y una concentración de riqueza por parte de un sector social integrado por comerciantes y pequeños artesanos: la burguesía. Esta clase social utilizó el discurso de la racionalidad para enfrentar los abusos de las monarquías europeas, cuya legitimación dependía precisamente de un supuesto vínculo divino entre Dios y el monarca. Dicho de otro modo, la burguesía tuvo que matar a Dios para tomar el poder. De ahí que las revoluciones que dieron origen al Estado-nación como modelo de organización política, surgieron formalmente con la Revolución Francesa y el resto de las “revoluciones burguesas” (como diría Hobsbawm), las cuales permitirían a las clases ricas asumir el poder político sin necesidad de tener títulos nobiliarios. En este periodo, los banqueros se asumen como un actor protagónico en las relaciones de poder que articulan a las sociedades modernas, cuyo desarrollo tecnológico con fines bélicos, permitió a los europeos imponerse sobre otras civilizaciones. En este periodo surge la democracia como discurso de legitimación política y al mismo tiempo, se generaron condiciones históricas que explican la expansión del capitalismo, lo cual a su vez, explica el surgimiento de la Revolución Industrial, con su respectiva voracidad de recursos naturales y un gasto energético sin precedentes que genera el calentamiento global del último siglo y medio. Y es precisamente este proceso histórico de 500 años lo que ha generado la crisis ambiental de nuestro tiempo.

Si queremos solucionar la catástrofe ecológica no basta con dejar de usar popotes y reciclar plástico. Se requiere un cambio profundo, espiritual y filosófico, que nos permita replantear de raíz el propósito existencial del ser humano y su relación con el mundo. Pero de esto no se habla en las noticias porque representa una amenaza para las élites privilegiadas, promotoras del pensamiento conservador, que buscan mantener su hegemonía, dándole respiración artificial a un sistema civilizatorio caduco, que ha cumplido su ciclo histórico.

Lo que requerimos, es construir los cimientos de una nueva civilización. Ese es el gran proyecto intelectual de nuestro tiempo. Vayamos al fondo de la cuestión y no nos quedemos nada más en la superficie. Se requiere una nueva cosmogonía para este planeta hiperconectado y diverso, una nueva mitología que permita solucionar grandes problemas estructurales como la migración. El mundo requiere radicales capaces de cuestionarlo todo, para que la humanidad pueda renacer de entre los escombros de una civilización obsoleta..

El secreto origen de la vida: el ritmo del orden y el caos

ying-yang galáctico

Hoy tuve una revelación, de esas revelaciones profundas que le dan sentido a la existencia. Desperté de un sueño y me puse a reflexionar sobre la vida. Como mi proyecto actual para comprender el valor de las cosas me ha planteado un problema aún más grande, estoy tratando de construir una filosofía de la vida. Y para llevar a cabo semejante empresa, es preciso comprender primero qué es la vida.

Tras leer el libro de El origen de la vida, de Alexander Oparin, me quedó claro que la aparición de la materia orgánica -a partir de una combinación de moléculas de hidrógeno y carbono-, fue una condición elemental para que la vida en el planeta Tierra se desarrollara en el agua. La hipótesis de Oparin en torno a este caldo primigenio fue confirmada por el experimento de Miller y Urey, mismo que representó el inicio de la abiogénesis experimental al sintetizar materia orgánica a partir de sustancias inorgánicas. De este modo se comprobó que las reacciones químicas en los orígenes del planeta Tierra crearon las condiciones propicias para la aparición de la materia orgánica sobre la cual se desarrollaría la vida como la conocemos.

Sin embargo, a esta explicación le faltaba algo. ¿Cómo es posible que la materia inerte decidiera autorreplicarse? ¿En qué momento y en qué conducciones ocurrió esto? ¿Por qué? La pregunta me llevó a indagar sobre el papel del ácido ribonucléico (ARN) como la explicación más remota de la vida. La hipótesis del mundo del ARN, enunciada de manera formal por el químico Walter Gilbert en 1986, plantea que al ser el ARN un eficiente catalizador, esto permitió que los enlaces químicos encargados de procesar la energía para sintetizar proteínas pudiera mantenerse estable y guardar una copia de la información genética que a la larga haría posible la reproducción celular. Con el paso del tiempo, el ARN desarrolló una membrana protectora capaz de resguardar el material genético, lo cual dio origen a las primeras células. De este modo, la aparición de los ácidos nucléicos, permitieron convertir reacciones químicas simples en el complejo proceso del metabolismo celular.

Intrigado en comprender la manera en que las enzimas del ARN (conocidas como ribozimas) sintetizan energía, tuve que recurrir a principios elementales de bioquímica. En el camino me encontré con el trabajo de divulgación del doctor Edgar Vázquez Contreras, investigador del Instituto de Química de la UNAM, en el cual explica que uno de los conceptos fundamentales para entender la bioenergética a partir de la Segunda Ley de la Termodinámica es el concepto de entropía, el cual se define como una magnitud física que mide la energía que se desperdicia al realizar un trabajo. Y a partir de la idea de entropía, el investigador sostiene que “la información es una fuente de energía”. Una idea que resulta todo una revelación a la hora de entender sistemas complejos como el lenguaje, lo social o la existencia humana.

De este modo, la información (lenguaje) es un proceso a partir del cual en que la energía inherente en los seres vivos puede autorreplicarse, ya que todo código es una especie de enzima capaz de catalizar energía a través de unidades de información. De ahí que los seres vivos sean capaces de procesar enormes cantidades de información a una gran velocidad, lo cual hace suponer a investigadores como el físico Vlatko Vedral que organismos vivos como las plantas pueden procesar información mediante procesos de la mecánica cuántica para realizar funciones complejas como la fontosíntesis.

El concepto de entropía, desarrollado en la década de 1850 por Rudolf Clausius, autor de la Segundo principio de la termodinámica, se desarrolló con el fin de explicar cómo es que la transferencia de calor tiende hacia un equilibrio, lo cual permitió contrarrestar problemas elementales de eficiencia energética en el desarrollo de máquinas complejas a partir de la Revolución Industrial. En otras palabras, el término entropía explica la manera en que el universo tiende a distribuir la energía uniformemente; es decir, a maximizar la entropía. La entropía puede definirse como una medida de la distribución aleatoria de un sistema, una medida del caos generado dentro de un sistema aislado. La entropía busca calcular las posibilidades del desorden de la materia que tiende hacia un equilibrio térmico. En otras palabras, la noción de entropía permite entender la manera en que el caos busca un orden.

“Es posible afirmar que, como el universo es un sistema aislado, su entropía crece constantemente con el tiempo. Esto marca un sentido a la evolución del mundo físico, que se conoce como principio de evolución. Cuando la entropía sea máxima en el universo, esto es, cuando exista un equilibrio entre todas las temperaturas y presiones, llegará la muerte térmica del universo (enunciada por Rudolf Clausius)”, según explica un artículo de Wikipedia sobre el tema.

El asunto plantea un problema metafísico. El caos que tiende al orden absoluto, el equilibrio, donde todo es estático para convertirse nuevamente en caos. La existencia se presenta entonces como un fractal entre el orden y el caos, donde ambas fuerzas se sintetizan en un solo ente capaz de conferirle sentido a la existencia a través de la conciliación de los contrarios.

En un estado de orden absoluto, la unidad y el sistema se funden en uno solo. No hay divisiones, todo se vuelve estático. En el caos, la separación de la unidad y el sistema es total, genera ruido, es dinámica. Todo orden es caótico y todo caos es ordenado. Los contrarios se complementan. Esa es la evolución natural de las cosas.

Una verdad elemental que el taoísmo desarrolló a partir de la idea del ying-yang, símbolo que condensa la manera en que las fuerzas contrarias se conjugan en un solo ser (el Tao, Dios, el gran espíritu, la totalidad universal).

De este modo, la vida es una forma de orden que parte del caos y cuya finalidad es el equilibrio, es decir, regresar al caos del que vino. La existencia es cíclica porque es un ir y venir entre el orden y el caos. Ese desarrollo evolutivo de todas las cosas es lo que hace posible la existencia. La vida se definiría entonces, como una manifestación de esa dualidad energía-movimiento que hace posible ir y venir del caos al orden, que en realidad son lo mismo.

Esto nos permite entender a otro nivel situaciones compelas de la existencia humana, como el amor, esa energía-movimiento que permite conferirle sentido a todo y al mismo tiempo genera confusión y ausencia de sentido. Si nosotros formamos parte de la totalidad del cosmos, comprendernos a nosotros mismos es revelar el sentido del universo. “Como es arriba es abajo”, reza el principio hermético de correspondencia, en el cual se evidencia la relación existente entre todas las cosas del universo. El ser humano es un ser infinito porque en él reside el secreto de la vida, el secreto de la energía total que va continuamente del orden al caos. La vida es una manifestación del ritmo universal, la vida es al mismo tiempo caótica y ordenada. Comprender esto es comprenderlo todo, porque en la conciencia divina el uno y el todo son lo mismo. ::.

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El dolor y la vida según Malick

La vida duele. Ese pareciera ser el punto de partida de El árbol de la vida, quinto largometraje en la filmografía de Terrence Malick, el cual le hizo acreedor de la Palma de Oro en 2011.

En este ensayo-ficción sobre la cruel lucha entre las pasiones humanas y la redención implícita en la anhelada búsqueda de la felicidad, el director estadounidense descubre un nuevo lenguaje cinematográfico, una nueva forma de narrar con soltura algo tan complejo como la vida misma.

A partir de retazos cotidianos y reminiscencias de nuestro origen cósmico, Malick se adentra en las contradicciones de la condición humana para explorar temas inherentes al drama de estar vivos: Dios, el miedo, el amor, la muerte, el dolor. Una batalla entre el orden natural de las cosas frente al caos de las pulsiones carnales.

La historia se sostiene en la intimidad de una típica familia estadounidense de los años 50s donde los desplantes de un padre autoritario obsesionado con el éxito (interpretado por Brad Pitt) y la ternura incondicional de una madre (Jessica Chastain) son los referentes principales en al vida de tres niños que van descubriendo el mundo a través del desencanto que implica la muerte paulatina de la inocencia. Tres niños que descubrirán la aflicción de la vida a través de la fatalidad de Dios y sus extraños mandatos, ese señor omnipresente y caprichoso que “envía moscas a heridas que debería sanar”.

De este modo es que Malick hace de las sensaciones más sutiles una experiencia sublime, logrando un discurso sólido en esta pieza donde las imágenes del cinefotógrafo mexicano Emmanuel ´Chivo´ Lubezki (en uno de los mejores trabajos de su carrera) revelan texturas, matices y encuadres que dotan de una carga explosiva al melancólico y áspero mundo al que hace referencia el filme.

Un retrato sobre el dolor primigenio de las relaciones humanas, donde el amor se presenta como la única puerta de escape, tal como reconocen el propio Malick a través de sus personajes: “La única manera de ser feliz es amando. Si no amas, tu vida pasará rápidamente”.

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