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Simbología del alma

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Todo sentimiento es polisémico. Significa muchas cosas al mismo tiempo, a veces contradictorias. Tratar de interpretar el alma implica estar atento, desarrollar cierta intuición para comprender la enorme complejidad que encierra cada persona. Pero sólo aquel que se explora a sí mismo y trata de descifrar el significado de sus propias emociones, puede aventurarse a tratar de descifrar el alma de otra persona. Las emociones son la base de todo lenguaje posible, aquello que nos permite establecer una conexión espiritual con el otro. Comprender por qué razón el otro se siente como se siente y encontrar similitudes con nuestra propias emociones, es la clave para desarrollar empatía: ver reflejado nuestro corazón en el corazón del otro. Eso es el arte.

Por ello, creo firmemente que el arte es el único medio posible para transformar al mundo. Convertir la vida en un poema es unir todo aquello que un día fue separado, es restablecer la conexión perdida con los demás, la base de toda experiencia mística, la comunión del uno con el todo. No es la política, ni los argumentos racionales, ni las discusiones interminables lo que nos sacará del lodazal en que nos encontramos. Es el alma, che, el deseo ingobernable de fundirnos todos juntos en un gran abrazo. La única revolución posible es el amor a los demás. Y el arte es la clave para amplificar las resonancias del corazón. No es posible una revolución sin arte.

Nosotros los artistas tenemos el deber de crear una nueva estética, una nueva manera de sentir e interpretar el mundo. La imaginación como forma de supervivencia. Transformar la mierda en flores con un acto de magia. Alquimia poética. He ahí la clave, los cimientos para la transformación del mundo que habremos de construir entre los escombros de una civilización obsoleta. Hacer resonar los corazones como si fueran tambores. Así se construye la esperanza.

Palabra ficcionalista.
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El cerebro social

Leyendo El error de Descartes, un libro de neurociencia escrito por Antonio Damasio, resulta muy claro cómo las conexiones que establece cada neurona con el resto son determinantes para explicar el buen funcionamiento del cerebro. En el cerebro existen comunidades de neuronas en las que cada una juega un papel específico en las funciones cerebrales. Y dentro de cada comunidad, cada neurona puede establecer un número de conexiones variable, entre 1,000 a 6,000 sinapsis con otras neuronas. Es decir, que el funcionamiento del cerebro depende de qué tan bien están conectadas unas neuronas con otras. Del mismo modo, el cerebro se conecta con el resto del cuerpo a través del sistema nervioso. Por eso Damasio considera que la mente se construye a partir de la relación entre el cuerpo y el cerebro. El cuerpo no es un ente ajeno a la mente, sino parte de la misma. De ahí que los sentimientos jueguen un papel elemental en la toma de decisiones racionales. La metáfora cerebral puede aplicarse perfectamente a lo social.

El bienestar de todo grupo social depende de la manera en que se desarrollan las interconexiones entre sus integrantes. Pero resulta que en el modelo civilizatorio actual, la comunidad está rota. Las neuronas se conectan entre sí a un nivel mínimo. La gente en las ciudades no conoce a sus vecinos. Somos un cerebro disfuncional. A medida que nosotros como neuronas, tengamos capacidad para conectarnos con otras, podremos hacer sinapsis de manera más efectiva. Una revolución es eso: un cambio de conciencia que se va construyendo de manera colectiva. De ahí que tender puentes con una amplia diversidad de personas es la clave para lograr un cambio profundo. Si el mundo no es algo material, sino una relación de cosas, la manera en que nos relacionamos con las cosas determina al mundo.

Todos los seres vivientes de este planeta estamos conectados unos con otros, del mismo modo en que la vida está conectada a su medio ambiente. Entender la relación que tenemos con los demás, es la clave para el despertar. Por eso dicen los hindúes que para develar el velo de maya, el mundo de las ilusiones, es necesario acabar con la ilusión de la separación. Despertemos juntos de esa ilusoria separación que divide al ser humano en ricos y pobres, buenos y malos, blancos y negros. El desarrollo del espíritu solo puede darse cuando nos reconectamos con la fuente, es decir, cuando nos sentimos conectados con todas las cosas que construyen el mundo. Dejemos atrás el aislamiento patológico de la modernidad. No hay necesidad de aferrarnos a la soledad. Entender la manera en que nos relacionamos con todas las cosas (la manera en que comemos, vestimos, pensamos, sentimos, hablamos…) determinará el mundo en que vivimos. Investiguemos la manera en que nos relacionamos con los demás, la manera en que nos sentimos ante determinadas circunstancias de la vida y proyectemos ese conocimiento interno hacia afuera, hacia los otros. De ahí que la empatía y la compasión sean las claves para transformar al mundo.

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El profeta: sembrador de esperanza

Toda profecía es una reinterpretación del presente. El profeta es capaz de revelar el futuro porque entiende que el futuro no es sino una consecuencia del presente. Su poder para predecir el futuro es el poder de la clarividencia, es decir, el poder de ver con claridad. El profeta anuncia el porvenir al enunciar el significado del mundo. Sabe que si fertiliza la tierra y siembra la semilla, el árbol dará frutos, aunque pasen mil años. Hace falta que florezcan profetas en esta oscuridad para sembrar esperanza en este mundo desahuciado que aprieta los dientes. Y para ello, será necesario viajar a los confines de la existencia, hacia el centro de nosotros mismos. Si queremos entender los problemas del mundo tenemos que mirar hacia dentro, estudiarnos, explorarnos, entender que el mundo no es sino el reflejo de nuestros adentros. Cuando comprendemos esta sencilla verdad, podemos entender el sufrimiento del otro. Creamos un vínculo con su dolor, con su alegría. Luego entenderemos que todos los seres que pueblan este planeta forman un solo organismo. Ya no habrá separación. La empatía va creando vínculos. Mi bienestar será el bienestar de los demás. Se borrará el odio. Germinará la compasión. Y el mundo habrá cambiado. La verdad revelada por el profeta terminará haciéndose realidad. El amor se regará por el mundo. He aquí mi profecía.

El código moral de los chimpancés

Una charla fascinante con el etnólogo Frans de Waal sobre empatía y seguridad en las relaciones de los chimpancés y otros mamíferos. Cualquier parecido con la conducta humana es mera causalidad.

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