Archivo del sitio

Apuntes sobre Chomsky y su crítica a los Estados canallas (o la política intervencionista de los Estados Unidos)

El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad“.

Fénelon

 

“La desobediencia hacia los prepotentes la he considerado siempre

como el único modo de usar el milagro de haber nacido”. 

Oriana Fallaci

 

 Chomsky

 

El mundo de la posguerra quedó marcado de forma profunda y significativa, luego de la aterradora herida que dejaron las imágenes la Segunda Guerra Mundial. Buscando que esta terrible experiencia nunca volviera a repetirse, gobiernos y organizaciones de todo el orbe, impulsado por las potencias vencedoras del conflicto, comenzaron a gestar lo que posteriormente se convertiría en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), organismo que perseguía el ideal (lamentablemente utópico) de mantener la paz entre las naciones mediante la aplicación de la ley internacional plasmada en la Carta de las Naciones Unidas, la cual señalaba que la guerra, por definición, constituía un crimen basándose en las nuevas normas de derecho internacional. Es decir, la existencia de un régimen de derecho y de orden internacional que engloba a todos los estados, basado en la Carta de Naciones Unidas, las resoluciones subsecuentes y el Tribunal de Justicia. La amenaza o el uso de la fuerza están prohibidos a menos que estén explícitamente autorizados por el Consejo de Seguridad después de haber determinado que los medios pacíficos han fracasado, o en defensa propia contra un ataque armado hasta que el Consejo de Seguridad actúe.

Curiosamente, de manera paralela a la formación de la ONU, se gestaba otra realidad, cuando el mapa geopolítico fue redibujado por las dos superpotencias que polarizaron al mundo y que en poco tiempo derivaría en la aparición de la Guerra Fría.

No puede existir estabilidad política y una paz duradera, cuando la ley y el derecho internacional son quebrantados de manera impune una y otra vez por uno o varios de los miembros. Esto fue precisamente lo que pasó durante el largo tiempo en que EEUU y la extinta URSS, movían de manera estratégica las piezas del rompecabezas mundial para asegurar la hegemonía política del planeta, pasando por alto los tratados y pactos firmados con anterioridad ,que garantizaban el respeto a las instituciones encargadas de hacer cumplir la ley internacional, es decir, el Consejo de Seguridad de la ONU.

De este modo, las potencias ejercían una doble moral con un cinismo sin precedentes, cumpliendo la ley y desobedeciéndola según la situación se apegara a los intereses particulares de cada país.

Es precisamente en este contexto, que aparecen los primeros Estados canallas, capaces de promover guerras (ilegales, según la Carta de Naciones Unidas), manipular la situación política de países independientes e indefensos ante el poder aplastante de las potencias, o simplemente, violentar la soberanía de los estados independientes. El Estado canalla es, en síntesis, un criminal.

Con el paso del tiempo, el sistema socialista abanderado por la URSS, terminó por desplomarse a finales de los ochentas, luego de una serie de conflictos políticos, económicos y bélicos con su contraparte estadounidense. El mapa se redibujó de nueva cuenta. La Guerra Fría tenía un ganador, un sobreviviente y una única superpotencia capaz de establecer su voluntad por medio de la fuerza sin que existiera posibilidad alguna de evitarlo. EEUU se había convertido en el Estado canalla por excelencia.

Desde los años cincuentas, EEUU ha intervenido prácticamente en todos los rincones del planeta para salvaguardar sus intereses utilizando métodos ilegales y carentes de toda ética posible para lograr su cometido, sin importar la gran cantidad de gente que “tenga que ser sacrificada” o atropellada en el camino.

Samuel Huntington, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard conocido por su análisis de la relación entre el gobierno civil y militar, su investigación acerca de los golpes de estado en países del tercer mundo y su tesis acerca de los conflictos sociales futuros , resume el problema del autoritarismo norteamericano explicando cómo es que EEUU se ha posicionado como el canalla por excelencia:

“A ojos del mundo (probablemente la mayor parte del mundo) EE.UU. está conviertiéndose en la superpotencia canalla y los demás estados lo consideran como la principal amenaza externa a sus sociedades. La teoría de las relaciones internacionales realista, argumenta, predice que pueden formarse coaliciones para contrarrestar a la superpotencia canalla”.[1]

Este hecho, ha repercutido en una severa crisis para la ONU, ya que uno de los principales métodos que ha utilizado EEUU para “justificar” sus acciones, se basa en descalificar y poner en duda la capacidad de Naciones Unidas para ejercer como intermediario y resolver los conflictos por la vía diplomática y pacífica, antes de ejecutar acciones militares.

Al mismo tiempo, el Estado canalla ha sabido utilizar eficazmente a los medios de comunicación para encubrir, distorsionar y legitimizar el accionar del gobierno norteamericano ante la opinión pública. La comunidad internacional ha guardado silencio o en algunos casos, ha hecho tímidas objeciones a los planes estadounidenses como la reciente invasión de Irak. El problema radica en que para la gran mayoría de la población global, desconoce a ciencia cierta la gran cantidad de crímenes que esta país ha efectuado de manera denigrante, ya que por lo regular, la ocupación e invasión estadounidense se realiza en países con poca presencia y repercusión en el mundo occidental, mismo que controla, de manera cuestionable, el destino del mundo.

Es así, que los estadounidenses se han enfundado ilegítimamente en el derecho de ejercer como procuradores de “justicia” del mundo, a pesar de que esta pase por encima de los organismos correspondientes, o de que el concepto de “justicia” que ejercen, no solo sea cuestionable o reprobable, sino ilegal, por irónico que suene.

Hedley Bull, professor de Relaciones Internacionales de la Australian National University, the London School of Economics, and the University of Oxford , señala que el grave peligro de efectuar estos procedimientos radica en que “los estados individuales, o grupos de estados que se presentan a sí mismos como los jueces autorizados del bien común mundial, sin considerar los puntos de vista de los demás, son, de hecho, una amenaza para el orden internacional y por lo tanto, para las acciones efectivas en este terreno”.[2]

Además, los constantes e hipócritas “argumentos” sobre la “intervención humanitaria” son otro de los pretextos predilectos de EEUU para justificar su incursión militar en diversos lugares, aunque siendo objetivos, el concepto canalla de “intervención humanitaria” solamente aplica para los casos en que se atenta contra los derechos humanos en poblaciones que afecten los intereses de la OTAN y los EEUU, ya que si fueran coherentes con su “doctrina humanitaria”, se habrían podido evitar miles de muertes en conflictos en los que el Consejo de Seguridad de la ONU, principalmente en los decidió intervenir e increíblemente, no contó con el apoyo del juez-policía del mundo. Los ejemplos son muchos. Mientras que la ONU decidió mandar un ejército que mantuviera la paz en inconmesurables actos genocidas como los ocurridos en Angola o Sierra Leona, los EEUU prefirieron intervenir de manera arbitrárea, en el conflicto entre Serbia y Kosovo, en donde Naciones Unidas, aún mantenía esperanzas de resolver el problema por la vía diplomática.

La constante intervención de Washington en una infinidad de países como Colombia, Bolivia, Laos, Camboya, Indonesia, Irán, Irak, Afganistán, El Salvador, Nicaragua o la ex Yugoslavia, por mencionar algunos casos, empieza a tener consecuencias de resonancia que están generando un severo ambiente de tensión y volatilidad en todo el mundo. Y es que si tomamos en cuenta que el famoso 11 de septiembre no se comparan en lo absoluto a la destrucción, la muerte, el hambre, la miseria y el rencor acumulado por generaciones que la aplanadora yankee ha dejado a lo largo de los años en todo el planeta, sirven como un claro ejemplo de lo que ocurre cuando un Estado que ha sido ultrajado de manera impune utiliza los propios métodos diseñados por el Estado canalla, y toma la justicia por propia mano, carente de un sentido y sustento legal y que además ha sido corrompido por un insaciable deseo de venganza. Los EEUU son presas de su propia política de pasar por encima del derecho internacional. Lo peor es que parece que Washington no aprende del pasado, ya que las recientes incursiones en Medio Oriente solo lograrán acentuar la crisis. Lo sorprendente de los atentados al WTC de Nueva York no es que se hayan consumado, sino que no se hayan realizado con anterioridad tomando en cuenta el enorme historial de los EEUU en este tipo de “operaciones militares”.

En el siguiente capítulo, analizaremos el caso de la invasión estadounidense a Panamá a fines de los ochentas, en el cual se ejemplifica a detalle cómo es que EEUU ha operado en lugares que parecieran ser remotos y no tener una importancia alguna en los intereses angloamericanos. Lamentablemente, cuando se tiene el firme objetivo de controlar al planeta, ningún sitio es lo suficientemente lejano como para permanecer fuera del alcance imperialista de EEUU y su decadente concepción de justicia.

 

El caso Panamá

 Panamá había sido un país dominado por una minoría de descendencia europea hasta que el general populista Omar Torrijos dio un golpe que permitió a los negros y mestizos pobres participar en un naciente proceso democrático.

EEUU siempre había mantenido un interés especial en Panamá, ya que hasta hace poco tiempo, era quien controlaba el “Canal de Panamá”, el cual representa un punto importante en los intereses norteamericanos, y desde hacía tiempo, estaba interesado en desestabilizar a Panamá y quitar a Torrijos del poder. En 1981 Torrijos resultó muerto en un misterioso accidente de aviación en el que muchos culparon al gobierno estadounidense.

Hacia 1983, Manuel Noriega, un criminal proveniente de la estructura militar panameña, con conocidos vínculos con el narcotráfico, llegó al poder con el beneplácito estadounidense, ya que durante mucho tiempo, Noriega formó parte de la nómina de los servicios de inteligencia norteamericanos.

Incluso en mayo de 1986 el director de la Agencia de la lucha contra la Droga elogió a Noriega por su «vigorosa política de lucha contra el tráfico de drogas». Un año después el director «Felicitaba nuestra estrecha asociación» con Noriega, mientras que el fiscal general Edwin Meese paró una investigación del Departamento de Justicia sobre las actividades criminales del personaje.

En agosto de 1987 una resolución del Senado condenó a Noriega como un narcotraficante que ponía en riesgo la seguridad interna de los EEUU. Cuando finalmente Noriega fue encausado en Miami en 1988, todos los cargos excepto uno eran relativos a actividades previas a 1984, irónicamente el tiempo que había trabajado para la CIA, ayudando en la guerra sucia contra Nicaragua y cometiendo fraude en las elecciones con aprobación de EEUU.

El rompimiento entre Noriega y el gobierno estadounidense, se debió a que el  independentismo de Noriega amenazaba con los intereses de Washington en el Canal de Panamá. El 1 de enero de 1990 gran parte de la administración del canal debía recaer en manos panameñas, y en el año 2000 debía estar terminado el proceso de transferencia.

La historia se repetía. Nuevamente, los aliados de EEUU se voltearon en contra suya, de manera que la CIA determinó que era necesario quitar a Noriega, a quien calificó como un brutal asesino, corrupto, criminal y narcotraficante que oprimía al pueblo panameño. Toda una encarnación del mal mismo.  Esta estrategia de descalificación y justificación de las futuras acciones de Washington utilizó de manera eficaz la versión mítica de la realidad de la que hablaba Lawrence LeShan en su “Psicología de la Guerra”.

Se intentó un golpe militar, pero falló. Ya en diciembre de 1989 Estados Unidos se aprestó a celebrar la caída del muro de Berlín y el final de la Guerra Fría invadiendo Panamá al margen de todo derecho internacional y matando cientos o miles de personas, (nadie sabe, y pocos se molestan en averiguarlo). La intervención tenía como objetivo “restaurar” la democracia en el país (misma que contribuyeron a destruir años atrás), así como restablecer el poder de la élite blanca rica, que había sido desplazada por el golpe de Torrijos, justo a tiempo de asegurar un gobierno lacayo antes de que se procediese al cambio de administración del Canal el 1 de enero de 1990, como no dejó de observar la prensa derechista europea.

Durante todo el proceso la prensa norteamericana no dejó de seguir las consignas de Washington seleccionando a los “malos” en base a las necesidades del momento. Acciones que anteriormente eran encubiertas por EEUU se convirtieron en crímenes imperdonables de la noche a la mañana.

Los medios de comunicación de la administración Reagan y sus aliados, los principales periódicos del país, se cuidaron muy mucho de criticar las elecciones fraudulentos perpretadas por Noriega en colaboración con la CIA, pero minimizaron y calumniaron las elecciones celebradas por los sandinistas en ese mismo ano, mucho mas honestas y libres más allá de cualquier duda, porque desconfiaban del resultado.

Los sectores marginales de Panamá fueron utilizados de manera infame como campo de práctica para probar el sofisticado armamento experimental que EEUU había desarrollado con miras a utilizarlo en la próxima incursión a Irak planeada para principios de los noventa y que sería conocida como la Guerra del Golfo.

Un número de víctimas inocentes fueron ejecutadas en Panamá, al tan condenable estilo de la Alemania nazi, en donde nuevamente, los complacientes medios de comunicación se convirtieron en cómplices del crímen, ya que la información proporcionada por Washington estaba totalmente trasgiversada y ajena a la realidad.

El mismo día, el de la invasión de Panamá, la Casa Blanca también anunció planes (que fueron llevados a cabo inmediatamente), para conceder créditos a Irak. El Departamento de Estado anunció, con su cara más seria, que esto se debía al intento «de incrementar las exportaciones norteamericanas y situarnos en una mejor posición para pactar con lrak su respeto a los derechos humanos.

El Departamento continuaba con su postura de ignorar la oposición democrática iraquí (banqueros, profesionales, etc,) y bloquear los esfuerzos del Congreso de condenar los atroces crímenes del antiguo amigo de Bush. Comparado con los colegas del presidente Bush en Bagdag y Pekín, Noriega parecía la Madre Teresa.

Después de la invasión, Bush anunció una ayuda de mil millones de dólares. De esta cantidad 400 millones consistieron en incentivos a la exportación norteamericana con destino Panamá, 150 millones tenían como fin pagar créditos bancarios y 65 millones fueron al sector privado y a garantizar las inversiones de EEUU en el país. En otra palabras la mitad de la ayuda fue un regalo de los contribuyentes norteamericanos a las grandes corporaciones, también norteamericanas.

A final de cuentas, el narcotráfico continúa, y EEUU logró su propósito. Ultrajó de manera denigrante, vil, pisoteando y abusando de su omnipotencia absoluta en el globo sin que pasara nada al respecto. Nadie hizo nada.

 

A manera de conclusión

El mundo no parece ser un lugar seguro en un lugar donde los crímenes de la guerra permanecen impunes y peor aún, en los que la comunidad internacional se ha acostumbrado. La guerra parece ser cosa de todos los días, algo normal que ya no impacta, y por lo tanto, no importa. Las esperanzas de que este conflicto se resuelva parecen lejanas, ya que los EEUU han logrado el tan anhelado objetivo de desestabilizar y descalificar a la ONU como el organismo encargado de resolver crisis internacionales. EEUU es el canalla, el terrorista por excelencia. Nadie ha pisoteado más los derechos humanos y la ley internacional que el Tío Sam, y sin embargo, el discurso denigrante, soberbio, hipócrita, cínico y lascivo del gobierno de las barras y las estrellas representa una burla a los países que ha pisoteado.

Pareciera que es cuestión de tiempo (en caso de que no haya comenzado ya) para que la violencia se salga por completo de control. Quizá el hombre esté destinado a tropezar en la misma piedra y necesite recordar o revivir el sufrimiento y el dolor de un acontecimiento igual o más devastador que el recuerdo de lo que fue Aushwitz, Stalingrado o Hiroshima. El recuerdo del presente, del infierno, de Ruanda, de Somalia, de Irak, de Camboya, de Guantánamo, de Afganistán, Indonesia, los Balcanes y todo lo que ha tocado la mano del canalla, de la violencia y de la injusticia. ¿Hasta cuando?

:

Fuentes:

Chomsky, Noam. Estados canallas: El imperio de la fuerza en los asuntos mundiales. Ed. Paidós, España. 2001

[1] Samuel Huntington. Foreign Affaire, mazo- abril 1999.

[2] Hedley Bull. Justice in Internacional Relations. Hagey Lectures, Notario, Waterloo University, 1983, pp. 1-35.

La guerra de Trump

Trump
Estados Unidos bombardea Siria con el pretexto de que el gobierno de Al Assad, supuestamente, utilizó armas químicas contra civiles. El gobierno de Trump no ha dado una sola prueba de que el ataque fue orquestado por el gobierno sirio y ha tensado a la comunidad internacional.
Los hechos se dan apenas unos días después de un supuesto atentado terrorista en San Petersburgo, Rusia. Otro atentado se presenta en Estocolmo justo después de los bombardeos. La reunión en el Consejo de Seguridad de la ONU transcurrió con serias acusaciones de los rusos contra la ilegalidad del bombardeo norteamericano, de acuerdo con el derecho internacional. Y mientras tanto, los rusos enseñaron los dientes y retiraron la cooperación que habían mostrado en los primeros meses de la nueva administración estadounidense.
Y aún cuando el gobierno de Donald Trump quiso mostrar el músculo, lo único que evidencia es una debilidad interna de su gobierno que ahora están tratando de disfrazar. No en balde, el bombardeo se da horas después de que el asesor estrella de Trump, Steve Bannon, fue retirado del Consejo de Seguridad Nacional.
Un ataque que, dicho sea de paso, no contó con la aprobación del Congreso estadounidense, lo cual ha generado malestar entre los demócratas, quienes han tachado de irresponsables las acciones de Trump. Este es el problema de dejar a un imbécil al frente de la mayor potencia bélica del planeta.

Entender la guerra en Siria, la derrota del neoliberalismo y el nuevo orden mundial

Proyectos de infraestructura, descontento social, potencias metidas de lleno en el ajedrez geopolítico en una región harto volátil, conflictos étnico-religiosos. Entender lo que ocurre en Siria no es algo sencillo. La realidad es más compleja de lo que parece. Aquí algunos videos para tratar de entender un fenómeno sumamente complejo que ha sido el epicentro de una nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, con el papel protagónico de China, un conflicto que tiene como trasfondo la derrota del neoliberalismo con la llegada de Donald Trump y el ascenso de la ultraderecha en Europa.

Lo que ocurre en Siria es consecuencia de un mapa geopolítico en transformación, donde la reedición de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, tiene hoy a China como un tercero en disputa a la hora de inclinar la balanza. Pero no sólo eso, ya que tanto el Brexit como el triunfo de Trump marcan la derrota del neoliberalismo frente el ascenso de una derecha autoritaria y populachera de tintes fascistas, no sólo en Estados Unidos, sino también en Francia con LePen y Alemania con PGIDA, países donde habrá elecciones en 2017 y donde la ultraderecha puede ser la gran triunfadora en Europa ante la crisis de refugiados y la violencia yijadista impulsada desde Medio Oriente.

Vaya encrucijada que vive el mundo el día de hoy. Pareciera que el escenario va perfilándose poco a poco para una nueva guerra mundial de grandes proporciones. Pero por extraño que parezca, quizá la llegada de Trump podría darle un respiro a las tensiones entre las potencias, escenario en el que Putin figura como el gran vencedor y el personaje más poderoso del planeta. Aquí una serie de materiales para una reflexión profunda sobre la guerra en Siria y el nuevo orden mundial.

Trump y la democracia: ese ‘lamentable abuso de la estadística’

Tan improbable como impredecible, el triunfo del magnate neoyorquino sorprendió al mundo entero y representó un duro golpe al sistema político estadounidense.

Republican presidential candidate Trump gestures and declares

Había muchas razones para creer que Donald Trump no llegaría a la presidencia de los Estados Unidos. Pero el empresario neoyorquino no es un tipo de razones. Y la razón no fue impedimento para que tomara por asalto la Casa Blanca ante la sorpresa e incredulidad del mundo entero.

Las posibilidades de que un personaje como Trump llegara a la presidencia parecían un disparate hasta hace no mucho tiempo. Siempre le gustó mandar a sus anchas, con esa característica arrogancia que le salía tan bien en El aprendiz, el programa televisivo que ayudó a construir su imagen de empresario exitoso y que lo catapultó como líder de las masas educadas a través de la pantalla del televisor. “¡Estás despedido!” (You’re fired!), era la frase que repetía con gozo cada semana en dicha emisión. Una frase que se convertiría en su sello distintivo a la hora de entender y ejercer la política.

“Hacer grande a América otra vez” fue su lema de campaña: la siempre redituable apuesta por la nostalgia frente a un futuro adverso y lleno de incertidumbre. Un futuro incierto que abría las puertas a un tipo colmado de certezas, cuya imprudencia no da cabida para el más mínimo atisbo de duda razonable. Cansados de la retórica oficialista y políticamente correcta de Washington, sus seguidores vieron en él a un hombre de acción, un tipo exitoso en el voraz mundo de los negocios, un caudillo capaz de conducir a su pueblo a la grandeza original que paradójicamente les ha sido arrebatada por la tiranía de la globalización y el libre mercado, la misma que contribuyó a construir la fortuna de Trump.

Por más que la demócrata Hillary Clinton se esforzó en evidenciar las muchas contradicciones de Trump, esa nimiedad no lo perjudicó en lo más mínimo: la coherencia nunca formó parte de su oferta política. Le bastaba con lanzar improperios, descalificaciones e insultos para construir a los culpables de la tragedia estadounidense: los migrantes, las políticas de libre comercio, el establishment. De ahí que su irrupción en la escena pública resultara tan incómoda tanto para los republicanos como para los demócratas.

La democracia, como cualquier otra manifestación de la política, es más visceral de lo que estamos dispuestos a creer.

La incongruencia también fue parte esencial de su personaje: un magnate que defendía a la mayoría blanca y pobre olvidada por un gobierno más identificado con las minorías. Un empresario que de manera extraña era percibido como un peligro para Wall Street y que renegaba del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Un tipo burdo, acusado de misógino por denostar a las concursantes de Miss Universo y ser capaz de “agarrarle la vagina” a cualquier mujer que se deje sabrosear. Un gringo loco que pretende construir un muro fronterizo aún más grande para contener a los mexicanos “violadores y criminales” que migran hacia Estados Unidos, y que al mismo tiempo era recibido como jefe de estado en México aun antes de ser presidente, a expensas de la dignidad de los mexicanos.

Un showman denostado por los grandes medios de comunicación y las celebridades de Hollywood. Un tipo rudo al que, aseguran sus simpatizantes, no le tiembla la mano para declararle la guerra a otro país, mandar encarcelar a sus enemigos o expresar su simpatía por el presidente ruso Vladimir Putin. Un fascista que llega al poder con mayoría republicana en el Congreso gracias a las muchas contradicciones de la democracia.

Quizá por ello no deba sorprendernos que un tipo que se revolcaba arriba del cuadrilátero contra luchadores de la WWE tenga hoy el poder de desatar una guerra nuclear o decretar la inexistencia del cambio climático por puro capricho. Por eso Trump es capaz de despertar fervorosa admiración entre sus seguidores y terror en el resto del mundo. Poseedor de un carácter temperamental y volátil, su lengua enardecida y vehemencia retórica le ha valido también comparaciones con Adolf Hitler, el más célebre villano de la historia moderna.

El formidable escritor argentino Jorge Luis Borges alguna vez declaró que la democracia no era sino un “lamentable abuso de la estadística”. La idiotez masiva es peligrosa. Lo sabemos en México, lo saben en Alemania, países donde la demagogia de sus gobernantes ha hecho estragos.

A los estadounidenses no les bastó con haber elegido a un tipo como George Bush, autor de la conflictiva política en Medio Oriente que ha desatado una epidemia masiva de refugiados y actos terroristas en todo el mundo, responsable también de la crisis financiera de 2008 y buena parte del “desastre de país” criticado por Trump.

El cineasta y escritor Michael Moore tenía razón, al advertir que el desencanto y la frustración de los obreros en estados industriales que resultarían clave para la elección presidencial, tales como Michigan, Wisconsin, Ohio y Pennsylvania abrirían la puerta para el triunfo de Trump.

La victoria de Trump se sobrepuso también a los pronósticos adversos enunciados por los gurús de la estadística —los mismos que han fallado sus predicciones una y otra vez en México, el Brexit o el plebiscito para los acuerdos de paz en Colombia—, al llenar ese vacío de esperanza que no pudo llenar la vasta experiencia política de Hillary Clinton.

Todavía el mismo día de la elección, los números daban como favorita a Hillary. “No hay que ser alarmistas”, decían los analistas. Pero las personas no son estadísticas. Y su forma de ejercer pasiones secretas en las urnas no tardó mucho tiempo en darle a Trump una cómoda ventaja que nunca soltó y terminaría en nocaut. La democracia, como cualquier otra manifestación de la política, es más visceral de lo que estamos dispuestos a creer.

La llegada del empresario neoyorquino a la presidencia de Estados Unidos no es el fin del mundo, pero serán años difíciles ante la volatilidad del personaje frente a un escenario internacional sumamente complejo. Un mundo que requiere prudencia y un poco más de sabiduría para mantener esa frágil e hipócrita paz global que tanto trabajo ha costado construir.

Trump tenía todo para perder, pero ganó. Así de irracional puede ser la democracia. Furibundamente impredecible, como el mismo Donald Trump.

::.

Conociendo a esos peculiares y extraños nativos norteamericanos

La premisa de esta serie suele romper con los paradigmas convencionales. Un grupo de exploradores se decide internar en un experimento antropológico para conocer a un numeroso grupo de nativos en un país remoto. Lo peculiar de esta serie producida por National Geographic, llamada Meet the natives (Conocer a los nativos), radica en la inversión de los roles tradicionales de conocedor y conocido. En esta ocasión, cinco integrantes de las tribus oriundas de Tana, una pequeña isla ubicada en el Oceáno Pacífico, emprende un viaje de miles de kilómetros para conocer a los nativos de Estados Unidos y llevar un mensaje de paz a los invasores de Iraq y Afganistán. El choque cultural no podría ser más impactante. A partir del contraste, la naturaleza humana sale a flote. Una serie memorable donde se muestra que más allá de las diferencias culturales, la esencia de lo humano es capaz de borrar las fronteras que dividen a los pueblos.

La crisis financiera de 2008, el gigantesco fraude que seguirá impune

Explorar las causas de la crisis global de 2008 es evidenciar la manera fraudulenta con que opera el sistema financiero global. A pesar de las enormes repercusiones que este suceso para millones de familias en todo el planeta, los responsables siguen generando ganancias de miles de millones de dólares a su favor en total impunidad. La crisis de 2008 fue un negocio gigantesco. Un crimen perfecto donde los culpables solo tuvieron que pagar una módica fianza para ser exonerados por un sistema político corrupto y dependiente de una economía criminal. Esta es la cruda realidad que muestra Charles Ferguson en su película Inside Job, un retrato contundente de cómo opera la mafia más grande del mundo en complicidad con los políticos que manejan el destino de los Estados Unidos y el mundo entero. Así las cosas en la dictadura de Wall Street.

El miedo y la resurrección

El miedo siempre ha sido el más eficaz instrumento de dominación. El miedo paraliza, ciega el entendimiento. Y eso es precisamente el escenario que hemos vivido en México los últimos años. De ahí que el terror y la promesa del orden hayan sido utilizadas históricamente como las dos justificaciones más comunes para establecer a las dictaduras. Sólo así puede explicarse el supuesto triunfo electoral del candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, y la alegría incontenible del presidente Felipe Calderón. Sólo así puede explicarse que los medios de comunicación revivieran las campañas del miedo en la recta final de la contienda electoral de 2012. El miedo, la herramienta predilecta de aquellos que operan el sistema político para lucrar con la misera de la gente, el pánico como proyecto económico. Todas estas cuestiones se ilustran a la perfección en el documental Estado de Shock, producido por el Canal 6 de julio, en el que se evidencian los fines ocultos de la llamada guerra contra el narcotráfico, la justificación idónea para maquillar un gobierno ilegítimo, un proyecto de colonización cortesía de la oligarquía norteamericana y una oportunidad perfecta para aniquilar a la disidencia. Un diagnóstico crudo y desolador del país en el que vivimos, tan herido por la enajenación idiota de los cobardes que prefieren evadir la terrible realidad que nos rodea antes que enfrentarla cara a cara.

Sin embargo, no todo está perdido, como bien esgrime la máxima de Hölderlin: “allí donde está el dolor está también lo que salva”. Y esto es precisamente lo que intenta explicar el politólogo estadounidense Gene Sharp en su libro De la dictadura a la democracia, un manual de cómo iniciar una revolución pacífica sin morir en el intento. Sharp considera que para acabar con un régimen corrupto, es necesario atacar aquello que lo legitima. Si bien el argumento de este teórico de la revolución pacífica no es algo nuevo (ya que Max Weber detalla este punto en su célebre obra Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva, al explicar los conceptos de legitimidad y orden social), sí lo es la manera tan esquemática en que explica, paso a paso, cómo desgastar la credibilidad del poder político sin la necesidad de empuñar un arma de fuego. Y esto se debe a la manera en que la paz despierta un sentimiento de humanidad en el corazón de la gente, sin importar que se trate de policías o militares. La paz nos conecta con los otros y le devuelve el poder a la comunidad política.

El discurso de México y Estados Unidos en materia de narcotráfico y seguridad

Un trabajo que rescato de los archivos, realizado en 2009, cuyo principal objetivo es analizar la relación bilateral México-Estados Unidos en materia de narcotráfico e inseguridad desde una perspectiva de comunicación política.

:::.

Antecedentes

Desde principios del siglo XX, la relación bilateral entre México y EU ha sido profundamente marcada por el tema del narcotráfico. A partir de entonces, las políticas antidrogas han sido dictadas por el gobierno estadounidense y asumidas cabalmente por su contraparte mexicana debido a lo que algunos especialistas en el tema denominan una asimetría de poder en la relación entre México-EU.

Sin embargo, esa condición hegemónica de EU no impidió que a partir de la década de los 70, ambos gobiernos emprendieran una lucha cojunta en contra del narcotráfico, tal como quedó de manifiesto con la Operación Condor durante 1977, la cual fue denominada como “la más gigantesca abatida contra el tráfico de drogas que se haya realizado en México”, a decir de algunos funcionarios de la época.[1]

Para la década de los 80, la relación entre México y EU vivió uno de sus puntos más álgidos en materia de narcotráfico luego del asesinato del agente encubierto de la DEA, Enrique Camarena Salazar, a manos de los carteles mexicanos, situación que derivó en una crisis diplomática entre los gobiernos de Miguel de la Madrid y Ronald Reagan, la cual contó con una amplia cobertura mediática a los dos lados del Río Bravo.

A partir de la década de los 90, los distintos carteles del país emprendieron una batalla territorial por el control del tráfico de drogas en México y las principales rutas hacia EU. Durante esta época, las organizaciones de narcotraficantes tuvieron una ingerencia más notable dentro de la política nacional; episodios como los asesinatos del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo o de José Francisco Ruíz Massieau, el entonces secretario general del PRI, sacudieron a la sociedad mexicana de la primera mitad de los 90. Incluso existían sospechas de que el hermano del presidente Carlos Salinas de Gortari, Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente de la República, protegía a varios integrantes del cartel del Golfo, encabezado por Juan García Abrego, quien fue detenido y extraditado a Colorado (por su calidad de ciudadano estadounidense) en 1995, lugar donde actualmente purga una condena. Tan solo una prueba de lo fuertemente vinculados que se encontraban los altos mandos del gobierno y los carteles.

Con el derrumbe del régimen vigente durante más de 70 años y el arribo del PAN a la presidencia de la República en 2000, luego de la victoria de Vicente Fox, las diversas organizaciones de narcotraficantes, vieron en esta, una oportunidad idónea para que los carteles adquirieran una mayor autonomía respecto del poder político.[2] Esto provocó que la disputa territorial arrojara una creciente ola de violencia que ha encendido los focos rojos en Washington, donde crece la preocupación de que la violencia sin control pueda empezar a regarse a través del territorio estadounidense.

A partir de entonces, los gobiernos de México y EU se han visto envueltos en una serie de declaraciones que van desde la “responsabilidad compartida”, hasta descalificaciones mutuas respecto al problema, que de acuerdo con algunos especialistas en la materia, incluso pone en riesgo la viabilidad del Estado mexicano.

:::.

Las contradicciones en el discurso antidrogas de México y EU

En febrero de 2009, Dennis C. Blair, director de Inteligencia Nacional del gobierno de Barack Obama, señaló que el poder de los cárteles de droga mexicanos “impide” la capacidad de las autoridades federales de México de gobernar partes de su territorio e inhabilitan la consolidación de instituciones democráticas.[3]

“La influencia corruptora y la creciente violencia de los cárteles impiden a la capital gobernar en algunas partes del territorio”, explicó Blair, ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, quien sin embargo, sostuvo que el gobierno mexicano era capaz de resolver la crisis.[4]

Además, advirtió que la imposibilidad que ha mostrado el gobierno mexicano para controlar parte de su territorio, y la corrupción alentada por el crimen organizado, erosionarán la tradicional posición privilegiada e influencia política de Estados Unidos en la región, “a menos que el país pueda dar respuesta a esos desafíos de forma más permanente e inmediata”.[5]

La repercusión de la supuesta ingobernabilidad del gobierno mexicano dio pie a que diversos analistas calificaran como muy grave el riesgo actual de que México pueda convertirse en un “Estado fallido”, es decir, una estructura donde la incapacidad del gobierno para ejercer su autoridad, pone en entredicho la viabilidad del Estado mexicano de acuerdo a la definición más básica del término.[6]

La molestia al interior de la administración de Felipe Calderón fue evidente. Las declaraciones de Blair no sólo representaban una severa crítica hacia la situación del país, sino que también echaba abajo la tesis oficial del gobierno mexicano, la cual defiende que la autoridad está ganando la denominada guerra contra el narcotráfico, una de las estrategias de Calderón para legitimar su gobierno luego de las dudas que generó entre la población el proceso electoral de 2006.

El mandatario calificó de absurdas las declaraciones y en un tono molesto criticó “la distorsión que hay de México fuera de nuestras fronteras”, pues consideró que su gobierno está “fortaleciendo la gobernabilidad en aquellas zonas donde se ha visto debilitada o vulnerada, y para ello estamos empleando todas las fuerzas del Estado”, según señaló durante un evento oficial el 12 de marzo pasado.[7]

“Por primera vez el gobierno está limpiando la casa de arriba abajo (…) no se preocupen si ven polvo salir de las ventanas, estamos limpiando la casa”, aseveró Calderón, quien incluso retó a probar la supuesta ingobernabilidad de su administración.

“Es absolutamente falso y absurdo que se señale que México no tiene autoridad sobre un punto del territorio nacional. Yo reto a quien diga eso que me diga a qué puntos del territorio nacional quiere ir, lo único que le pido es que no venga  de vacaciones como parece que vienen algunos analistas a México (…) Exijo que vayamos al punto que quieran del territorio nacional para demostrar el imperio del Estado, Sí tenemos problemas como los que tiene Estado Unidos, pero lo que tenemos nosotros es una firme determinación de terminar un problema que no ha sido creado en nuestro país y que sufre como consecuencia de estar a lado del mayor consumidor de drogas en el mundo y del mayor proveedor de armas del mundo”.[8]

Un poco antes, otro incidente ya había ocasionado una severa indignación entre los altos mandos del gobierno federal, luego de que la revista Forbes ubicara al narcotraficante Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, como uno de los hombres más ricos del mundo. Esto provocó que incluso, el mandatario denunciara una campaña orquestada para dañar la imagen de México ante el mundo. Aunque no dio nombres, la referencia al gobierno estadounidense fue ineludible.

“Hay que lamentar profundamente que se haya escalado una campaña que parece que es una campaña contra México, que la opinión pública y ahora hasta las revistas no sólo se dedican a atacar, a mentir, sobre la situación de México, sino a exaltar a los criminales en lo que en México consideramos que es apología del delito. Eso ni nos arredra ni modifica un ápice nuestra firme determinación de fortalecer el Estado de derecho en México”.[9]

El mandatario aseguró que se ha quebrado una buena parte de la estructura financiera y logística del crimen organizado.

En el mismo tono, el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, calificó de desafortunadas y carentes de seriedad las declaraciones del director nacional de Inteligencia de EU.

“Declaraciones como las del señor Blair son desafortunadas y no contribuyen a generar el clima de confianza indispensable para ganar esta lucha”, aseveró Gómez Mont, quien incluso exigió al gobierno de Estados Unidos que se reconozca el esfuerzo y liderazgo de México en el combate al crimen organizado.

“Porque si Estados Unidos no fuese el mayor mercado de drogas del mundo, nosotros no tendríamos este problema (…) Si ellos asumieran con mayor seriedad, su compromiso para que se respeten las leyes norteamericanas que prohíben la exportación de armas a México, el tenor de esta lucha sería distinto. Al impedir que más droga llegue a niños y jóvenes, la lucha de México contra el narcotráfico, está salvando miles de vidas inocentes en las calles de México y también en las de Estados Unidos”, afirmó el responsable de la política interior.[10]

Desde el inicio de su administración el respaldo del ejército, Calderón inició una cruzada frontal contra el narcotráfico con un operativo de gran resonancia mediática en su natal Michoacán, recién tomó posesión del ejecutivo. A partir de entonces, el gobierno federal ha hecho todo lo posible por defender la tesis de que la autoridad está ganando la guerra contra el narcotráfico, a pesar de que desde el inicio de la administración actual hasta el 13 de marzo de 2009, se contabilizaron 10 mil 475 asesinatos, de acuerdo con cifras de la PGR.[11]

Los ejemplos de cómo los altos funcionarios del gobierno federal han tratado de defender dicha postura son muchos. En mayo de 2008, el procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, afirmó de manera categórica que la guerra contra el crimen organizado la va ganando el Estado, “aunque no lo parezca”.[12] En el mismo tono fueron las declaraciones del entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, quien rechazó que el gobierno federal estuviera perdiendo la batalla contra el crimen organizado, e incluso afirmó que los operativos instrumentados para combatir el narcotráfico arrojaban resultados positivos. “No, de ninguna manera, los operativos están dando resultados. Le estamos dando, y duro en esta lucha contra el crimen organizado, a las estructuras logísticas y financieras de los grupos criminales”, aseguró Mouriño, quien en noviembre de ese mismo año perdería la vida en un accidente aéreo que diversos especialistas atribuyeron al narcotráfico, a pesar de que nadie se adjudicó el hecho.

El énfasis de algunos integrantes del gabinete por enaltecer la cruzada del gobierno federal contra el narcotráfico incluso derivó en algunas declaraciones polémicas, como la del secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, quien aseguró que antes de la llegada al poder del presidente Felipe Calderón, la penetración del crimen organizado en “las entrañas” del gobierno, era tan seria que “el próximo presidente de la República iba a ser un narcotraficante”, según declaró en Paris ante representantes de la comunidad mexicana.[13]

Sin embargo, los hechos parecen contradecir el discurso oficial, según lo expresan las propias cifras del gobierno federal. Un ejemplo claro, son las declaraciones del procurador general de la República, Eduardo Medina Mora y algunos reportes de inteligencia de la SSP. Por una parte, el titular de la PGR reconoció en abril de 2007 que el narco enfrentaba un momento difícil, y por consecuencia, “una severa crisis en su articulación criminal”. En contraparte, un estudio de la SSP titulado Radiografía de las organizaciones de narcotraficantes, actualizado en diciembre de 2008, sostiene que la estructura de algunas orgaizaciones como el cartel de Tijuana están en plena expansión.[14] ¿Cómo puede enfrentar una organización una “severa crisis” y al mismo tiempo estar en plena expansión? Incluso existen reportes del gobierno estadounidense que sugieren que la presencia de los carteles mexicanos en territorio estadounidense va tomando más fuerza en ciudades como Atlanta, por ejemplo.[15]

Otro caso comúnmente citado para demostrar el éxito de la estrategia militar de Calderón es el caso de Ciudad Juárez, Chihuahua. Con cerca de 1,600 ejecuciones el año pasado, Ciudad Juárez es la ciudad más violenta de México. El estado de Chihuahua, donde Ciudad Juárez se localiza, registra dos veces más muertes violentas que el estado que le sigue en violencia, Sinaloa. En 2008, la PGR registro 2,044 muertes violentas en Chihuahua; Sinaloa registro 985 (menos ejecuciones que en Ciudad Juárez por si sola). Aún mas, una noticia filtrada desde la policía de Juárez denunció que en la primera mitad de 2008 (el único período con información disponible), los homicidios se incrementaron en forma constante—casi sin excepción—mes tras mes[16]. La violencia había alcanzado niveles tan álgidos que un residente de Ciudad Juárez puso un cartel fuera de su oficina que informaba: “Aventar la basura o cadáveres esta terminantemente prohibido.” Este mismo hombre fue posteriormente asesinado.

Esto ha demostrado que pese a lo contundente de sus propios datos, el gobierno mexicano sigue manteniendo el mismo discurso, el cual sugiere que se está desarticulando poco a poco a los carteles, y por ende, ganando la guerra contra el narcotráfico. Esto ayuda a entender el por qué, las declaraciones de Blair, quien tiempo después se retractaría de las mismas[17], provocaron tal molestia en el gobierno federal, el cual ya antes había criticado el papel que estaba desempeñando EU en la cruzada contra las drogas, durante los últimos meses de la administración Bush.

Como muestra de ello, en junio de 2008, Calderón consideró “inconcebible” que en un año México haya puesto a disposición de la justicia a más de 20 mil personas vinculadas con el tráfico de drogas, y que en Estados Unidos no haya “una cifra específica” de su compromiso para combatir las redes criminales que operan de ese lado de la frontera.

“Es inconcebible que las redes criminales existan sólo del lado mexicano y que al pasar la droga por la frontera desaparezcan como por arte de magia, como si no existieran”, dijo el Jefe del Ejecutivo durante su encuentro con corresponsales españoles, en el que precisó que su gobierno ha encabezado una lucha frontal contra el narcotráfico: “hemos cerrado espacios a la estructura criminal y golpeado de manera importante su estructura financiera y operativa, y eso ha provocado reacomodo dentro de las propias bandas”.[18]

A raíz del creciente malestar en su contraparte mexicano, el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama decidió entablar un diálogo directo con Calderón para poner sobre la mesa la forma en que la nueva administración estadounidense trataría el problema del narcotráfico, asumiendo de entrada, una “responsabilidad compartida” junto a México.

Este acercamiento sentó las bases para un proceso de negociación y análisis del problema de forma conjunta entre EU y México. En este sentido, la visita oficial de Hillary Clinton, jefa de Estado del gobierno norteamericano, y de Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional de EU, sirvió como antesala de lo que sería la primer visita oficial de Obama a México, programada para el 16 y 17 de abril.

En su arribo a la capital mexicana a finales de marzo, Clinton presentó un discurso más contundente sobre la corresponsabilidad de EU en la lucha contra el narcotráfico, país al que le achaca contar con una legislación laxa en materia de venta de armas de las que se abastecen casi en un 90% los cárteles de la droga mexicanos.

En el vuelo que la trajo a la ciudad de México para una visita de dos días, Clinton mencionó que la incapacidad de EU para enfrentar el problema de la demanda “crea una situación por la cual la gente considera responsables al gobierno y al pueblo mexicanos. Eso no es justo”.[19]

En lo que han sido las declaraciones más directas del gobierno estadounidense en admitir que el narcotráfico es un “problema compartido”, la funcionaria dijo que la “insaciable” demanda de drogas en su país alimenta el problema, así como la falta de resultados para detener el contrabando de armas.

Al finalizar el encuentro con Calderón en Los Pinos, Clinton ofreció una conferencia de prensa en la que descartó que en México existan “territorios ingobernables”, como manifestó a principios de mes el director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Dennis C. Blair. Asimismo, anunció la creación de una Oficina de Implementación Bilateral en México, en la que funcionarios de ambos países “trabajarán para combatir a los narcotraficantes y la violencia que tratan de diseminar”, aunque no precisó más detalles.

El discurso de EU no quedó del todo claro. El mismo día que Clinton se reunió con Calderón en la capital mexicana, Janet Napolitano, secretaria de Defensa y Seguridad de EU, reconoció ante el Congreso de su país que el gobierno de Felipe Calderón se enfrenta a “una amenaza existencial” en su lucha contra los cárteles de la droga y aseguró que EU está elaborando un “plan de contingencia” con las autoridades locales y estatales para responder “al peor de los casos”.[20]

¿Está en riesgo la viabilidad del Estado mexicano o no? Las declaraciones de Napolitano parecen apoyar lo que en un principio declaró Blair, pero por otra parte, el discurso de Clinton parece ir en dirección contraria.

Sin embargo, la visita oficial de Hillary no logró que el malestar de Calderón bajara de tono. El reclamo hacia el gobierno de los EU adquirió cierta repercusión en el ámbito internacional luego de que en una visita oficial a Gran Bretaña, a finales de marzo de 2009, el mandatario declarara al diario británico Financial Times que ni la ayuda financiera de Washington hasta el momento, ni sus intentos por frenar la actividad ilegal a lo largo de su frontera de 3 mil 200 kilómetros, resultaban suficientes para erradicar al narcotráfico, a pesar de que la misma Presidencia de la República aclaró que las declaraciones publicadas por el diario fueron sacadas de contexto.[21]

“La ayuda debería ser equivalente al flujo de dinero que los consumidores estadounidenses dan a los criminales”, señaló Calderón, refiriéndose a las compras de narcóticos de cárteles de drogas mexicanos por personas en EU.[22]

Asimismo, otro hecho continuó con la tensión bilateral, luego de que se diera a conocer que el hoy virtual embajador de EU ante México, Carlos Pascual, de ascendencia cubano-estadunidense y egresado de Harvard, es un experto en “Estados fallidos”, tal como lo publicó el periódico La Jornada.[23]

En la revista Foreing Affairs de julio-agosto de 2004, Pascual, junto con Stephen Krasner, publicó un artículo sobre los “Estados fallidos”, en el que afirmó: “En un mundo interrelacionado los Estados débiles y fallidos representan un riesgo para Estados Unidos y la seguridad global. Además, representan uno de los retos más importantes para la política exterior en la era contemporánea. Cuando el caos prevalece, el terrorismo, el narcotráfico, la proliferación de armas y otras formas de crimen organizado florecen”, según información del rotativo mexicano.

Este hecho puso en entredicho la postura real de EU respecto a México, ya que nuevamente, las acciones del gobierno estadounidense resultan notoriamente contradictorias al discurso oficial y protocolario del que había echado mano Clinton.

Pese a todas las polémicas posteriores a la visita de la Jefa de Estado norteamericana, en la que se preparó el terreno para la visita de Barack Obama a la ciudad de México, el discurso del mandatario estadounidense se dio en un tono conciliador, con el objetivo de limar asperezas con su homólogo mexicano.

Así lo sugieren declaraciones como las del 29 de marzo durante una entrevista concedida al programa Face the Nation, de la cadena CBS. En dicha emisión, Obama rechazó que los cárteles de la droga supongan una “amenaza a la existencia” de los gobiernos de México y Estados Unidos, aunque consideró que esta lucha se le ha escapado de las manos del gobierno mexicano y que esta situación representa una amenaza grave para las comunidades estadounidenses. Sin embargo, refrendó lo dicho por Clinton en relación a la “responsabilidad compartida”.[24]

“Por esta razón tenemos que reconocer que esta lucha es una calle de doble vía”, dijo Obama al reconocer que, desde Estados Unidos, “tenemos que poner de nuestra parte reduciendo el consumo y el tráfico de armas y de dinero” que van a parar a los cárteles de la droga.

Asimismo, el presidente Obama comparó la “valiente y audaz” campaña del presidente de México, Felipe Calderón, contra los cárteles de la droga con la guerra que, en su momento, libró Elliot Ness en EU contra la mafia de Al Capone, declaración que intentó resaltar la labor de Calderón a pesar de ser severamente criticada entre algunos representantes del poder legislativo mexicano.

En su arribo a México, el tema del abastecimiento de armas provenientes de EU y utilizadas por narcotraficantes mexicanos, fue uno de los temas centrales de Obama.

“Nadie tiene ilusiones de que tratar de restaurar esta eliminación será fácil”, dijo el mandatario. “Lo he dicho antes y lo repito, tengo enorme admiración por el valor del presidente (Calderón) y de todo su gabinete, por los policías y los militares que están atacando a estos cárteles”, señaló Obama, quien agregó que la demanda de droga en Estados Unidos es lo que ayuda a que estos cárteles funcionen. “Esta guerra (contra el narcotráfico) se está librando con armas no compradas aquí, sino en mi país”.[25]

“Como dije antes, y es algo que el presidente Calderón y yo reconocemos firmemente, no se puede combatir esta guerra con una sola mano, no se puede simplemente tener un esfuerzo del lado de México y no de Estados Unidos, y lo mismo vale a la inversa(…) Nadie tiene ilusiones de que tratar de reinstaurar esta eliminación será algo fácil. Será cuestión de ver cómo podemos mejorar nuestra policía y nuestra vigilancia (…) No quiere decir que vamos a trabajar hacia una eliminación de las armas de facto, pero rápidamente podemos lograr progresos importantes en este campo”.[26]

A pesar de que no se llegó a un acuerdo concreto para combatir al narcotráfico, el discurso estadounidense de Obama sirvió para reducir los reclamos de Calderón y restablecer un clima más cordial dentro de la relación bilateral, tal como lo dejaron entrever algunas declaraciones posteriores de ambos mandatarios.

Sin embargo, varias voces al interior del gobierno estadounidense, dependientes del poder ejecutivo, parecen no estar muy de acuerdo con la forma en que se está librando la guerra contra el narcotráfico.

A mediados de mayo pasado, Gil Kerilkowske, el recientemente nombrado zar antidrogas de la Casa Blanca, declaró nulo el concepto de “guerra contra las drogas” dentro de Estados Unidos, mientras se intensifica el debate político sobre el fracaso de ese concepto y en favor de la legalización de la mariguana.[27]

Esto representa otra seria contradicción dentro de la administración Obama, ya que mientras EU continúa financiando las “guerras contra la droga” en México y otras regiones, mediante estrategias como la Iniciativa Mérida, dentro del país es cada vez más evidente que hay un cambio de óptica tanto dentro como fuera del gobierno, y hoy fue expresada por uno de los comandantes de esa “guerra”.

Otro ejemplo de inconformidad lo mostró el propio ejército estadounidense, según la conclusión de un reporte sobre la viabilidad de la Iniciativa Mérida elaborado por el Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de Estados Unidos, el cual cuestiona que este plan bilateral no sólo se concentre en combatir a los productores de droga, sino que, además, dice, parece restarle recursos a la prevención de adicciones en ese país.[28]

“La Iniciativa no está siendo acompañada de ningún esfuerzo real de prevención, tratamiento u otros programas relativos a la demanda en Estados Unidos. Peor aún, el dinero gastado en la Iniciativa Mérida parece ser que ha sido a expensas de tales programas”, dice el documento. “El presupuesto para la publicidad en contra de las drogas en Estados Unidos se redujo más de la mitad (de 140 a 60 millones de dólares anualmente) en la administración de George Bush, y la aprobación de la Iniciativa Mérida se dio junto con un recorte de 73 millones de dólares a los programas nacionales de tratamiento”, agrega.

Sin embargo, todo parece indicar que el acercamiento de Obama ya empieza a generar algunos acuerdos concretos entre México y EU, tal como lo apunta el reciente acuerdo de cooperación “sin precedentes” firmado entre ambos países para reforzar la seguridad fronteriza y atajar el tráfico ilegal de drogas, dinero y armas pero sin entorpecer el flujo regular del comercio y de personas.[29]

“Este acuerdo supone un nuevo paso en el terreno de la cooperación bilateral”, aseguró Napolitano en referencia a los programas de desarrollo tecnológico, de intercambio de inteligencia y de entrenamiento.

La secretaria de Seguridad Interna precisó, además, este programa supondrá el aumento de registros e inspecciones de los vehículos que van hacia México; el intercambio de inteligencia sobre actividades delictivas en la frontera y el fortalecimiento de los protocolos para el intercambio de esos datos.

::.

[1] Luis Astorga. El siglo de las drogas: el narcotráfico del Porfiriato al nuevo milenio. Plaza Janés. México. 2005. p. 115

[2] Íbid p. 162

[3] El poder de los cárteles crea ingobernabilidad en México, asegura la inteligencia estadunidense. La Jornada. 12 de febrero de 2009.

[4] EU: Calderón no gobierna en parte del territorio nacional. Milenio diario. 11 de marzo de 2009.

[5] Corrupción y narco en México erosionan a EU: Denis Blair. La Jornada. 11 de marzo de 2009.

[6] “El Estado es una asociación que reclama para sí el monopolio del uso legítimo de la violencia y no puede ser definido de otra manera”, según se afirma en: H. H. Gerth y C. Wright Mills. From Max Weber, Londres, 1948.

[7] Que me digan dónde no gobierno: Calderón. Excélsior. 12 de marzo de 2009.

[8] Calderón reta a EU a comprobar que sí hay autoridad en México. El Universal. 12 de marzo de 2009.

[9] Ibidem.

[10] Segob rechaza que haya ingobernabilidad. El Universal. 11 de marzo de 2009.

[11] Suman 10 mil 475 ejecuciones en esta administración: PGR. El Universal. 25 de marzo de 2009

[12] “Aunque no lo parezca”, vamos ganando: Medina. Milenio diario. 29 de mayo de 2009.

[13] Si no se hubiera enfrentado al crimen, el presidente sería narco: SE. Milenio diario. 18 de febrero de 2009.

[14] Ricardo Ravelo. “La Consolidación” dentro de El México narco: primera parte. Proceso, edición especial número 24, México, junio de 2009.

[16] Bill Conroy. Juarez murders shine light on an emerging ‘Military Cartel’. Narco News. 6 de diciembre de 2008.

[17] Dennis Blair rechaza que haya un “Estado fallido”. El Universal. 27 de mayo de 2009.

[18] EU no aporta ni datos: Calderón. Milenio diario. 10 de junio de 2008.

[19] Hillary: injusto culpar a México por el narco. El Universal. 26 de marzo de 2009.

[20] México enfrenta una “amenaza existencial”, acepta Napolitano. El Universal. 26 de marzo de 2009.

[22] Insuficiente el apoyo contra las drogas: dice Calderón al Financial Times. Milenio diario. 27 de marzo de 2009.

[23] Experto en “estados fallidos”, el próximo embajador de EU. La Jornada. 27 de marzo de 2009.

[24] Narcoviolencia, fuera de control, alerta Obama. El Universal. 30 de marzo de 2009.

[25] Calderón y Obama cerrarán frontera a armas. http://www.eluniversal.com.mx. 16 de abril de 2009.

[26] México y EU buscan nueva era de cooperación bilateral. El Universal. 17 de abril de 2009.

[27] Washington elimina el concepto de “guerra contra las drogas”. La Jornada. 15 de mayo de 2009.

[28] Inefectiva, estrategia contra las drogas: Ejército de EU. El Diario de Ciudad Juárez. 15 de junio de 2009.

[29] México y EU anuncian plan para reforzar seguridad fronteriza. El Informador. 16 de junio de 2009.

A %d blogueros les gusta esto: