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El origen del sexo

¿Cómo o por qué fue que la vida desarrolló la reproducción sexual? Es uno de los grandes misterios de la biología evolutiva. Una cuestión que nos permite entender grandes procesos sociales y culturales que ocurren actualmente sin que nos demos cuenta.

Es por ello que el documental El origen del sexo, me resultó tan estimulante. Sobre todo, el caso donde se exponen las diferencias de comportamiento entre los chimpancés y bonobos, dos comunidades donde las relaciones de poder condicionan y configuran diferentes maneras de ejercer la sexualidad, y por ende, modifican por completo las dinámicas sociales.

La vida fetal y nuestro origen remoto

Lennart Nilsson. Feto con siete semanas de gestación

Por azares del destino, me topé con la obra del fotógrafo sueco Lennart Nilsson y sus deslumbrantes imágenes sobre embriones humanos. La génesis de la vida se revela de maneras increíbles. Y embelesado en las muchas posibilidades de la vida, me topé con este otro documental alusivo a nuestro desarrollo embrionario y la teoría de la evolución. La vida es un tejido de posibilidades, del que los seres humanos formamos parte junto con todas las otras especies que pueblan la Tierra. El otro día lo recordé durante varios minutos mientras alimentaba con tortillas a pequeños pájaros. La única constante de la vida es el cambio.

Aves del paraíso: fantasía en la densa selva de Nueva Guinea

No es un sueño, aunque sus formas y colores insinúen lo contrario. En lo profundo de la selva tropical de Nueva Guinea habitan las aves del paraíso, cuya extensa gama de plumajes y comportamiento sexual son un deleite visual que evidencia la rica biodiversidad que habita en el planeta y que podría ayudar a los científicos a descifrar el misterio evolutivo de la reproducción sexual. De ahí que un ornitólogo de la Universidad de Cornell, Ed Scholes, y el fotógrafo Tim Laman han pasado la última década documentando a estos maravillosos seres extraídos de los confines más remotos de la imaginación del creador.

 

Parte de una gran familia: el ser humano y sus ancestros roedores

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Pensar que descendemos de un animal insectívoro parecido a una zarigüeya es digno de volarle los sesos a cualquiera. De acuerdo con un variado grupo de científicos, el retrato de este pequeño animal peludo de casi un kilogramo de peso, representa al primer mamífero con placenta, a partir del cual, se desarrolló una amplia gama de especies: elefantes, murciélagos, roedores, felinos, primates. La fotografía de nuestro abuelo representa el reflejo de nuestra especie visto en el espejo de la evolución.

Cuánto tiempo tuvo que pasar, cuántas vidas y cuántas muertes silenciosas se sucedieron durante años, siglos, milenios, eternidades enteras para que llegaramos al punto de escribir sobre nuestros remotos ancestros en una computadora y publicarlo en un blog. Cuántas pequeñas casualidades, cuántas mutaciones, cuántos dolores y cuántas alegrías tuvimos que pasar para que las ramas de la vida encontraran su cauce y permitieran definir nuestra identidad como especie. Y pensar que en esta larga cadena de la vida, todos tuvimos algún tatarabuelo (multiplicado a la n potencia) similar a un hurón, un reptil, un pez, una bacteria.

Pensar que todos los seres vivos en este planeta provenimos de un origen común nos lleva a replantear nuestro lugar en el mundo, como especie, como individuos. Cobrar conciencia de nuestro origen evolutivo es cobrar conciencia de quiénes somos, hacia dónde vamos. Estamos íntimamente conectados con todas las formas de vida en el planeta. Nuestro cuerpo es también un ecosistema complejo construído a partir de una amplia variedad de células que se reproducen y mueren cada segundo de nuestras vidas, sin que nos demos cuenta de ello. Del mismo modo, cada uno de nosotros formamos una minúscula parte de un organismo superior que ni siquiera alcanzamos a concebir. La realidad se rompe para configurarse en múltiples realidades, del mismo modo en que la luz se descompone en todos los colores del arcoiris cuando atraviesa un prisma de cristal.

Pensarnos como parte de un todo conlleva una responsabilidad grande para con todos los organismos con los que compartimos este planeta, una gran familia, con un origen en común. Nuestro destino está ligado al destino de muchas de las especies que actualmente pueblan la Tierra. Una consideración que olvidamos siempre y que deberíamos tener presente en cada acto de nuestras vidas. Acciones que inciden de forma directa en la vida de nuestros primos lejanos.

BBC: Conozca al antepasado del ser humano

El trágico adiós del Solitario Jorge

La muerte del Solitario Jorge significó también la extinción de la especie Geochelone nigra abingdoni, una de las tortugas gigantes oriunda de las islas Galápagos, mítico lugar que sirvió de inspiración al naturalista británico Charles Darwin para formular su teoría de la evolución. Murió jóven, a los 100 años, una edad temprana para esta especie de tortugas que llegaban a vivir hasta 200 años. el deceso se dio tras varios intentos fallidos de reproducción. Esta irremediable pérdida nos lleva a cuestionarnos qué tanto tuvo que ver la mano fatal del ser humano en su desaparición. De acuerdo con un cálculo del biólogo Edward Osborne Wilson, célebre por sus aportes al conocimiento de la evolución, se estima que con el actual ritmo de destrucción humana de la biosfera la mitad de las formas de vida se extinguirán en 100 años, según escribió en su libro The Future of Life. Algunos expertos en el tema consideran que el potencial del ser humano para acabar con la biodiversidad del planeta es equiparable a las seis extinciones masivas que ha experimentado el planeta a lo largo de su vida. De ahí que muchos científicos hayan optado por acuñar el nombre de Antropoceno para referirse a esta era de extinciones masivas a consecuencia de la intervención del ser humano en fenómenos de gran escala como la transformación del clima. Un tema para reflexionar mientras despedimos a Jorge y el legado de millones de años que se llevó consigo. Descanse en paz.

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