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Para comprender la guerra del cambio de divisas

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La política monetaria y el cambio de divisas, es una arma geopolítica que está siendo muy utilizada en nuestros días. EE.UU. defiende la hegemonía del dólar mientras que la Unión Europea apuesta al euro como alternativa, al mismo tiempo que las potencias orientales como China, Rusia y Turquía intentan explorar otras posibilidades como el yuan o la adquisición de oro como una medida para contrarrestar el poderío hegemónico estadounidense.

Algo que yo no sabía y me llamó la atención, es la manera en que al ser una divisa fiduciaria, con una amplia presencia más allá de sus fronteras, la hegemonía del dólar le permite a la Reserva Federal de EE.UU. imprimir con más holgura el papel moneda y generar riqueza con poco impacto inflacionario, lo cual es una ventaja importante a la hora de, por ejemplo, adquirir deuda. Un proceso que se conoce como monetización de

El asunto de los mercados financieros de divisas es algo sumamente complejo de entender. Pero por ahí encontré algunos videos que pueden ayudar a clarificar algunos puntos importantes.

Pactos de sangre: la política como lucha de clanes

La familia es el núcleo del poder político. Permite acumular capital, en forma de bienes, pero también conocimiento, a través de la cultura. Por ello, no es casualidad que un grupo pequeño de familias pueda permanecer siglos en el poder político, tal como lo han demostrado las grandes dinastías, desde los Ming, los Habsburgo o los Borbón, entre muchas otras. En esto consiste en esencia, el verdadero Juego de Tronos que es la política, tan fielmente retratado en la obra de George R. Martin.

Aunque las revoluciones burguesas cambiaron las reglas del sistema de gobierno a partir del cual se justifica el poder, el sistema dinástico se mantiene intacto en lo fundamental, tal como puede constatarse con las familias que se mantienen durante siglos encumbradas dentro de la clase política, aún cuando la reformulación del acuerdo político moderno como consecuencia de la construcción del Estado-nación, implica una rotación en los cargos que detentan el poder, concepto fundamental de las llamadas democracias liberales emanadas del siglo XVIII. Sin embargo, los vínculos de sangre siguen jugando un papel central en la ecuación del poder político, y para muestra, basta citar el reinado de los Bush en Estados Unidos, o la manera en que ciertos expresidentes buscan regresar al poder a través de sus hijos, esposas o parientes cercanos.

De este modo, la política se reduce a una disputa entre clanes, que al igual que ocurre desde tiempos remotos, utilizan el poder de la sangre para reafirmar su poderío por encima de otros. La raíz para entender esta disputa, se remonta a la lucha entre familias fuertes tratando de dominar a familias débiles. Esta disputa trae como consecuencia la lucha de clases, que no es sino un grupo de familias o clanes en contra de otras familias y clanes fragmentados. Una disputa en que el uso de las armas y la riqueza, pero sobre todo el lenguaje como medio de control de la realidad (incluida la religión y cualquier otra forma de ideología), juega un papel fundamental para explicar la dominación de un grupo sobre otro. Esto permite entender cómo en un primer momento la fuerza física de un líder guerrero podía implicar un poderío mayor dentro de la tribu, tal como ocurría en sociedades primitivas. Sin embargo, la necesidad de realizar alianzas con otros grupos para garantizar la superviviencia del clan, fue un factor determinante para que la fuerza física fuera gradualmente sustituida por otros atributos, como la capacidad de negociación, la inteligencia para prever escenarios y otro tipo de cualidades propios de un auténtico animal político.

De este modo, la supervivencia del clan se basa en la capacidad de establecer acuerdos de sangre con otros clanes. Y este acuerdo de sangre se da a través del matrimonio y la procreación. De ahí que “provenir de buena familia”, implica acceder a los privilegios que el clan ha acumulado a lo largo de generaciones. Por ello, la hegemonía de una clase social sobre otra, se basa en un tipo de “selección natural de segundo orden”, donde además del factor genético, existen otros atributos a tomar en cuenta a la hora de establecer alianzas de sangre con otros clanes. La fuerza del clan consiste en su capacidad de pactar con otros clanes. En términos políticos, esto tiene dos ventajas: 1) da mayor cohesión al grupo gobernante; 2) la hace menos vulnerable a ataques del exterior.

En toda familia existen historias de ruina, perversión y excesos. Pero guardar el secreto del clan los hace menos vulnerables a los embates de otros grupos. De ahí que “la ropa sucia se lave en casa”. De este modo, el poder político en el contexto humano puede resumirse a una lucha de clanes, donde la cultura y la ideología se vuelven factores cruciales no solamente para establecer su poderío. Esto permite entender desde una perspectiva más amplia, la manera en que opera el bloque hegmónico al que refería Gramsci, pues la dominación de un clan por encima de otro se fija en el imaginario del sometido a través de la cultura. No es casualidad que la fundación de un Estado-nación esté justificada en un conflicto bélico de rasgos mitológicos donde el grupo ganador es convertido en héroe a través del arte y el discurso. De este modo, para poder ostentar el poderío político, hace necesario que los clanes en el poder construyan su propia mitología capaz de someter a otros desde el imaginario. Por ello, la política es una continua lucha de narrativas cuyo objetivo es el control de la realidad. Un control donde los medios de comunicación (sean orales, escritos o digitales) cobran una particular relevancia a la hora de ejercer el poder político.

Esto permite entender cómo es que todo proyecto revolucionario es ante todo, un disurso capaz de trastocar los intereses del grupo dominante. Un discurso cuya legitimación se da en la acción, en la lucha, cuya máxima expresión es el ofrecimiento de la vida a cambio de un ideal. Un nuevo pacto de sangre capaz de romper el otro pacto de sangre establecido por las élites. De este modo, toda revolución busca crear su propia mitología, con el fin de justificar su permanencia en el poder. El debilitamiento o fortalecimiento de dicho grupo revolucionario dependerá de su capacidad para mantener la coherencia del discurso mitológico, para lo cual, se vuelve indispensable crear vínculos emocionales con ese “artificio de realidad” construido por los grupos de poder a través del lenguaje y la cultura. De este modo, todo concepto de realidad, como ocurre también con todo acto de lenguaje, implica un ejercicio del poder político. Esto permite entender el papel del arte en todo proceso revolucionario como ese gran transformador de narrativas, y permite también entender la manera en que el poder hegemónico trata de capturar y canalizar hacia sus propios intereses, el poder transformador del arte: desde el arte sacro del medievo hasta Hollywood como instrumento de propaganda.

Sin embargo, la familia como cualquier otro ente vivo, también es susceptible de ver menguado su poderío político a partir de las disputas internas u otros vicios propios de la condición humana, como dan cuenta la ruina de múltiples dinastías que en su momento parecían imbatibles. La perversión, la enajenación, la corrupción, el vicio y la podredumbre humana en sus distintas manifestaciones son siempre el preludio de la ruina, la explicación fundamental para entender la caída de los grandes imperios y los grandes clanes. Sólo el más apto sobrevive, siguiendo la máxima darwinista sobre la selección natural aplicada en el terreno de lo político. Y en esa rueda interminable que es la vida, algunos caen y otros se levantan, mientras otros luchan por mantenerse. Es el juego de la vida, el juego de lo político, donde el control de la realidad persigue un solo fin: la supervivencia de la especie a través del clan.
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La guerra de Trump

Trump
Estados Unidos bombardea Siria con el pretexto de que el gobierno de Al Assad, supuestamente, utilizó armas químicas contra civiles. El gobierno de Trump no ha dado una sola prueba de que el ataque fue orquestado por el gobierno sirio y ha tensado a la comunidad internacional.
Los hechos se dan apenas unos días después de un supuesto atentado terrorista en San Petersburgo, Rusia. Otro atentado se presenta en Estocolmo justo después de los bombardeos. La reunión en el Consejo de Seguridad de la ONU transcurrió con serias acusaciones de los rusos contra la ilegalidad del bombardeo norteamericano, de acuerdo con el derecho internacional. Y mientras tanto, los rusos enseñaron los dientes y retiraron la cooperación que habían mostrado en los primeros meses de la nueva administración estadounidense.
Y aún cuando el gobierno de Donald Trump quiso mostrar el músculo, lo único que evidencia es una debilidad interna de su gobierno que ahora están tratando de disfrazar. No en balde, el bombardeo se da horas después de que el asesor estrella de Trump, Steve Bannon, fue retirado del Consejo de Seguridad Nacional.
Un ataque que, dicho sea de paso, no contó con la aprobación del Congreso estadounidense, lo cual ha generado malestar entre los demócratas, quienes han tachado de irresponsables las acciones de Trump. Este es el problema de dejar a un imbécil al frente de la mayor potencia bélica del planeta.

La torre y el laberinto

La torre y el laberinto

Cuentan que, antes de morir, el viejo Tanus escondió el secreto de la vida eterna en lo alto de una torre cuyo interior albergaba un laberinto. Era lo menos que podía hacer para mantener a salvo el secreto legado por los antiguos maestros y de paso, consumar su anhelada venganza contra el tirano rey que le arrancó los ojos con un hierro caliente.

Nadie sabe con certeza de dónde provino aquel extraño viejo. Se dice que llegó de un pueblo lejano al este de Moravia, un lugar perdido en las montañas del que nadie había escuchado jamás y cuyo nombre ya nadie recuerda. Una tarde se presentó ante la corte el rey Ullrich para ofrecer sus servicios como consejero, a cambio de que el monarca financiara la construcción de un enorme reloj capaz de medir ciclos cósmicos y anunciar el comienzo de la nueva era que estaba aún por nacer. Maravillado con la idea, Ullrich accedió a la propuesta del viejo, convencido de que aquella fascinante máquina extendería por el mundo la fama del reino de Chequia y despertaría la envidia de sus enemigos. Los años posteriores a la llegada de Tanus, el pueblo vivió una época de prosperidad. Las cosechas eran abundantes y la relativa calma que se respiraba en la aldea propició el florecimiento de las artes. Por consejo de Tanus, el rey emprendió grandes obras de ingeniería para garantizar el abastecimiento de agua y fortalecer las defensas del reino. En aquel entonces, nadie hubiera imaginado que la dicha sería tan efímera. La paz del reino permitió a Tanus trabajar con esmero y sigilo en la construcción del reloj. Ensamblar cada pieza de la formidable máquina requería varios meses de meticuloso esfuerzo y planeación. Había que medir la posición de los astros y hacer elaborados cálculos antes de forjar artesanalmente cada engranaje de la compleja maquinaria, para luego ponerla a prueba, corregir errores y repetir todo el proceso, el cual se llevaba a cabo con la ayuda de Patricio, un muchacho pobre del pueblo a quien Tanus adoptó como aprendiz. Largos años tuvieron que pasar antes de que la magnífica obra estuviera lista, pese a la impaciencia del rey, quien a menudo cuestionaba la lentitud de Tanus en el desarrollo del proyecto. Una noche de invierno, fechada por los historiadores en el 21 de diciembre del año 1415, el reloj quedó terminado. Todo el pueblo se reunió afuera de la torre para presenciar por vez primera aquel milagro de la ciencia. Las manecillas del reloj iniciaron su interminable recorrido justo al entrar la media noche, con la llegada del equinoccio de invierno. El asombro de los pueblerinos se convirtió en noches de júbilo y verbena. Todos en el pueblo hablaban de las maravillas de aquel prodigio de la inventiva humana, concedida a Tanus por la gracia de los dioses. Además de la hora, el reloj era capaz de medir los meses del año, los ciclos lunares y hasta el movimiento del sol en su milenario y rítmico vaivén por la bóveda celeste. El rey quedó tan fascinado y orgulloso con el resultado, que a las pocas semanas ya había ordenado a un grupo de juglares y emisarios del reino difundir la noticia dentro y fuera de las fronteras de Chequia. Aquello fue suficiente para revivir rencillas y alimentar viejos rencores en los reinos vecinos. La disputa por los territorios de Dujanska y Hummené, sumada a las fuertes heladas que trajo consigo la hambruna, reactivaron las tensiones políticas que conducirían a la guerra. El rey Ullrich asestaría el primer golpe al invadir el reino de Brezno con más de veinte mil hombres. A pesar de la feroz resistencia, los enemigos de Ullrich fueron cayendo uno por uno. Trece años más tarde, tras la conquista de la ciudad de Mijavya pondría fin a la guerra. Ullrich se convirtió en amo y señor de una extensa porción de tierra que sus ancestros ni siquiera se hubieran atrevido a soñar. A medida que el poder de Ullrich aumentaba, también lo hacía su yugo contra los pueblos vecinos. Su famosa crueldad pronto le valió ser conocido como Ullrich ‘El sanguinario‘. El rey era capaz de arrasar con pueblos enteros, asesinando mujeres, niños y ancianos indefensos, solo para sembrar un profundo temor en el corazón de sus adversarios. Los métodos utilizados por Ullrich lo fueron distanciando de Tanus, quien pasaba largas noches en vela al interior de la torre, preparándose para abandonar Chequia a la menor oportunidad. Los planes del viejo llegaron a oídos del rey. Temeroso de que los secretos del reloj, símbolo de su grandeza, pudieran ser utilizados para reproducir semejante prodigio de la ciencia fuera de sus dominios, Ullrich mandó llamar al mago. El tirano le reprochó al viejo una supuesta falta de gratitud, al mismo tiempo que Tanus condenaba la actuación del monarca, alegando que el rey había sido corrompido por su insaciable ambición de poder. Tras una breve y fuerte discusión, Ullrich ordenó a los guardias arrancarle los ojos a Tanus, con el fin de imposibilitarlo para construir otro maravilloso artificio que pudiera eclipsar o siquiera cuestionar el poderío y la grandeza de Ullrich. Uno de los guardias tomó un hierro caliente para cumplir con la orden. El mago maldijo al rey antes de quedar ciego, jurando vengarse del tirano antes de ser echado del castillo. Con ayuda de su discípulo, Tanus ascendió a lo alto de la torre, dio algunas instrucciones a Patricio para luego salir por la cornisa, recitar a todo pulmón una frase pronunciada en una lengua antigua y arrojarse desde el último piso para morir justo frente al reloj que tantos años le tomó construir. “Tyranni morietur in carcere corpore suo”, fueron las palabras que pronunció Tanus justo antes de morir, las cuales podrían traducirse como “el tirano morirá en la prisión de su cuerpo”. Las palabras del mago fueron interpretadas por algunos como una maldición contra el rey, versión que se difundió entre los aldeanos hasta convertirse en verdad incuestionable dentro del imaginario popular. El cadáver de Tanus fue recogido y quemado en la plaza pública por órdenes de Ullrich, quien utilizó la tragedia del mago para reafirmar su tiranía ante los ojos de la muchedumbre. El deceso de Tanus causó un gran impacto en el pueblo, lo cual contribuyó a hacer más evidente el descontento contra el rey y su recurrente aumento de impuestos, mismos que servían para financiar las constantes guerras con las que había logrado someter a sus detractores, quienes pagaban cualquier expresión de inconformidad con su cabeza, la hoguera o la horca. A pesar de las muchas batallas ganadas, una espesa sombra se asentó en el reino de Chequia. La peste y las heladas de los años siguientes agudizó la agonía del pueblo y la tiranía del rey. Los aldeanos comentaban que los malos tiempos comenzaron justo con la muerte de Tanus, de la cual culpaban al monarca y su insaciable ambición. Agobiado por los muchos problemas que aquejaban al reino y las continuas disputas al interior de la corte, la salud de Ullrich se deterioró de manera notable en poco tiempo. Se veía pálido y ojeroso, demacrado, como si fuera un simple cuerpo sin alma, un cadáver movido por la podrida inercia del poder. Los insoportables dolores y los continuos vómitos hicieron que el rey se fuera consumiendo lentamente, como una hedionda vela, con lo cual optó por recluirse dentro de su castillo, refugiándose en su propia amargura, una forma de justificarse y evadir los muchos problemas que debía afrontar para mantener a flote el reino. Al mismo tiempo, la angustia de no haber dejado descendencia lo iba devorando por dentro. Los dos hijos que Ullrich tuvo con la reina Constanza murieron a los pocos días de nacidos tras sufrir enfermedades extrañas. Agobiada por tales sucesos, una noche, la reina tomó un potente veneno para quitarse la vida, lo cual hizo que el carácter de Ullrich se volviera aún más umbrío.

Pasaron muchos años de desgracias e infortunios hasta que una mañana, apareció Patricio ante las puertas del castillo para solicitar una audiencia con el rey. “Dígale que le traigo un mensaje de Tanus”, dijo el muchacho a uno de los guardias que custodiaban la entrada principal del castillo. La visita tomó por sorpresa al monarca. ¿Un mensaje de Tanus? ¿Cómo era eso posible si estaba muerto? Él mismo había visto arder su cadáver en la plaza central desde lo alto del castillo. Intrigado por aquella extraña noticia, Ullrich ordenó que dejaran pasar al muchacho. Una vez frente al rey, Patricio entregó una carta dentro de un sobre, firmada con sangre por el mismo Tanus. La carta decía así: “Pasarán los años Ullrich, los campos se secarán, morirán de hambre los niños y la desgracia del pueblo será también tu desgracia. La tiranía y la sed de sangre tienen un precio, mismo que pagarás con tu vida. Si estás leyendo esto ahora significa que llevas años pudriéndote en la miseria que tú mismo has provocado. Pero nada es para siempre, ni siquiera la muerte. Por eso he escondido el secreto de la vida eterna en lo alto de la torre, la cura contra todos tus dolores, algo que tú y sólo tú serás capaz de descifrar. ¡Tómalo si te atreves, oh maldito rey, marcado por el sino imborrable de la podredumbre humana!”. La advertencia de Tanus encerraba una especie de reto y una amenaza. Colérico, Ullrich rompió la carta y mandó encerrar a Patricio. Tuvieron que pasar algunas semanas para que, ante una nueva racha de dolores insoportables, Ullrich encomendara a un grupo de hombres encontrar el supuesto remedio para su malestar, escondido en lo alto de la torre. Los hombres regresaron sin éxito, alegando que en el cuarto ubicado en el último piso de la torre sólo había una serie de imágenes e inscripciones pintadas sobre la pared. Ullrich pidió a sus súbditos que le describieran a detalle cada palabra, cada imagen pintada con esmero en lo que alguna vez fue el laboratorio del mago. Los guardias explicaron al rey que las imágenes parecían contar alguna historia demoniaca, pues entre otras muchas figuras, aparecía una hombre desnudo con cuernos gigantes sosteniendo un cráneo con una flor en su interior. “Lo más extraño es que aquel hombre retratado en la pared tenía un enorme parecido con vuestra majestad”, según confesó con cierto temor y vergüenza el capitán de la guardia real. Aquella imagen, además, estaba decorada con escenas de viejos cuentos populares, donde la aparición de gente riendo o llorando solían mezclarse con toda clase de personajes fantásticos que parecían relatar una historia. Intrigado con semejante descripción, Ullrich desestimó las amenazas del mago y pidió que lo llevaran a lo alto de la torre. Debido a su maltrecho estado de salud, aquello representó todo una odisea. El rey fue cargado por su servidumbre hasta la entrada de la torre, cuyo descuidado reloj marcaba las coordenadas cósmicas de aquel nublado 21 de junio de 1432. Como las escaleras eran demasiado estrechas, Ullrich tuvo que subir por sí mismo hasta lo alto de la torre, ayudado por sus sirvientes. Tras tomarse varios minutos de descanso y experimentar insoportables dolores que le hacían palidecer como si se tratara de un espectro, Ullrich finalmente subió el último peldaño que lo conduciría al secreto de la vida eterna. Al entrar a la habitación, el rey pudo percibir la presencia de Tanus. Era como si aquel cuarto estuviera impregnado con la esencia del mago, quizá por aquel olor a incienso que solía identificar con el mago o por alguna otra misteriosa razón. Luego de mirar el imponente mural que decoraba el recinto, Ullrich se sintió sorprendido por el detalle de las imágenes. Lo observó con cautela y un agudo sentido analítico, casi como si se tratara de un mapa de guerra. La historia relatada en la pintura parecía relatar lo que había sido la historia del reino de Chequia tras la muerte de Tanus, como si el mago supiera de antemano lo que sucedería luego de su muerte. La mirada de Ullrich se detuvo en el centro del muro, donde aparecía su retrato con grandes cuernos, sentado sobre su trono, sosteniendo con su mano derecha un cráneo del cual brotaba un tulipán amarillo y su mano izquierda señalaba sutilmente a un perro doberman, erguido, en cuyo hocico parecía tener restos del cuerpo de dos niños recién nacidos que yacían sobre el piso. De inmediato Ullrich relacionó dicha imagen con la muerte de sus hijos. A un costado del perro, una mujer cuyo rostro permanecía oculto entre sus cabellos rojizos se derramaba una copa con un líquido rojo que lo mismo podía ser vino o sangre. También aparecía un retrato de Tanus, sin ojos y sonriente, sosteniendo un pergamino que decía la misma frase que recitó antes de morir, la misma frase con la que había maldecido al rey: Tyranni morietur in carcere corpore suo. La anhelada venganza del mago había sido finalmente consumada. El monarca comenzó a temblar de rabia al mismo tiempo que sintió un ardor que le recorría todo el cuerpo. Escupió sobre la imagen y arrojó un mazo de hierro sobre la pared de piedra, misma que, para sorpresa de todos, hizo un enorme agujero. La falsa pared de piedra conducía a un estrecho y lúgubre pasillo que conectaba con una puerta de madera custodiada por un gran candado. A la entrada podía leerse otra inscripción escrita en latín: “Risum, occulto elixir vitae”, algo que podría interpretarse como “reír, el secreto elixir de la vida”. Ullrich, quien tomó aquello como una burla, dio la orden de forzar la puerta. Pasaron algunos minutos hasta que los guardias lograron su cometido. Ullrich, acompañado por un pequeño grupo de no más de cinco personas, ingresó con sigilo a la cámara secreta, en donde habían otras cinco puertas. Abrieron una por una hasta descubrir que cada puerta conectaba a una habitación con otras cinco puertas que a su vez conectaba con otras cinco puertas y así sucesivamente hasta el infinito. Ullrich había caído en la trampa. Sin saberlo, había sido conducido por el mago hasta un secreto laberinto que se ocultaba en lo alto de la torre. Cuando finalmente el rey se dio cuenta de ello, quiso regresar por donde había venido, pero para ese entonces, era ya demasiado tarde. Nunca más se volvió a saber nada de Ullrich, quien fue devorado por el laberinto. Los guardias que permanecieron al pie de la falsa pared de piedra en espera de su rey pasaron muchas noches esperando el regreso del tirano. Algunos grupos salieron en la búsqueda del cruel gobernante, pero fue inútil. Ullrich había desaparecido sin dejar rastro. Conforme pasaban los días, la ausencia del tirano se hizo cada vez más evidente al interior del reino. Al no dejar descendientes, las disputas por el trono entre los miembros de la corte hicieron aún más profunda la crisis interna que ya de por sí enfrentaba el reino de Chequia. Los pueblos sometidos aprovecharon el acontecimiento para rebelarse contra sus opresores y reducir a cenizas lo que alguna vez fue un enorme imperio. Lo único que sobrevivió de aquellos tiempos fue la torre del reloj, cuyas manecillas permanecieron inmóviles durante varias décadas, casi como si aquello fuera una alegoría del tiempo perdido entre tanta sangre inútil. Un día de invierno, el reloj comenzó a funcionar con normalidad, hasta el día de hoy. Si uno visita el lugar para contemplar aquel misterioso prodigio de la inventiva humana, la gente del pueblo dice que Ullrich sigue vagando en lo alto de la torre, atrapado en el laberinto de su ambición, tratando de encontrar la salida al insoportable cansancio de su miserable existencia.

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Apuntes sobre ‘El arte de la guerra’ según Sun Tzu

El ímpetu nunca será suficiente para ganar una batalla. Para ello se requiere estrategia, orden, disciplina, claridad. Ahora que las protestas contra el gobierno mexicano han cobrado fuerza en todo el país, pensé que no estaría de más revisar algunos consejos prácticos de cómo ganar en el campo de batalla. Tras la lectura del clásico libro de Sun Tzu, me queda claro que si queremos cambiar las cosas de verdad hace falta más organización. A final de cuentas, el arte de la guerra pasa por un entendimiento profundo de cómo se mueve la energía, la misma energía elemental que regula la vida y la muerte. De ahí que la guerra sea también un reflejo profundo de la esencia humana, lugar donde se vierten todas las pasiones humanas. Van los apuntes:

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– El arte de la guerra se basa en el engaño.

– Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas. Así pues, lo más importante en una operación militar es la victoria y no la persistencia. Esta última no es beneficiosa. Un ejército es como el fuego: si no lo apagas, se consumirá por sí mismo.

– Si intentas utilizar los métodos de un gobierno civil para dirigir una operación militar, la operación será confusa.

– Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después. Esta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no tienen planes premeditados.

– La fuerza es la energía acumulada o la que se percibe. Esto es muy cambiante. Los expertos son capaces de vencer al enemigo creando una percepción favorable en ellos, para así obtener la victoria sin necesidad de ejercer su fuerza.

– La ortodoxia y la heterodoxia no es algo fijo, sino que se utilizan como un ciclo (…) El ataque directo es ortodoxo. El ataque indirecto es heterodoxo. (Es decir, hay que ser flexible para desconcertar al enemigo. La rigidez de las maniobras te vuelve predecible*).

– Un antiguo libro que trata de asuntos militares dice: “Las palabras no son escuchadas, para eso se hacen los símbolos y los tambores. Las banderas y los estandartes se hacen a causa de la ausencia de visibilidad.” Símbolos, tambores, banderas y estandartes se utilizan para concentrar y unificar los oídos y los ojos de los soldados. Una vez que están unificados, el valiente no puede actuar solo, ni el tímido puede retirarse solo: ésta es la regla general del empleo de un grupo.

– Utilizar el orden para enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse con los que se agitan, esto es dominar el corazón.

– No presiones a un enemigo desesperado. Un animal agotado seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza.

– La rapidez de acción es el factor esencial de la condición de la fuerza militar, aprovechándose de los errores de los adversarios, desplazándose por caminos que no esperan y atacando cuando no están en guardia.

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*El paréntesis es mío.

La necesidad de un nuevo pacto social en México

La crisis actual del Estado mexicano tiene al país al borde de una guerra civil. No es exageración. Los primeros brotes de una insurrección popular son más que evidentes con el surgimiento de los grupos de autodefensa en Michoacán y las protestas por la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa. En ambos casos, los vínculos entre el crimen organizado y los tres niveles de gobierno han desnudado la profunda crisis de legitimidad por la que atraviesan los aparatos del Estado. Una crisis estructural que no pasa sólo por el poder Ejecutivo, sino también por el Legislativo, el Judicial y otros metapoderes como la élite empresarial que controla a los medios de comunicación.

En su libro Vacíos de poder en México, el investigador de la Universidad de Columbia, Edgardo Buscaglia, señala que los altos niveles de violencia en México son consecuencia de un ‘pacto de impunidad’ entre las élites político-empresariales del país, en el cual se han debilitado intencionalmente los controles legales encargados de combatir al crimen organizado, con el objetivo de crear negocios multimillonarios al amparo de la corrupción y la impunidad. De ahí que el gobierno de Enrique Peña Nieto reconociera al principio de su administración que en México existían niveles de impunidad cercanos al 99%, tal como reconoció públicamente el gobierno federal al inicio del sexenio. Pero fuera de resolver el problema, el actual gobierno ha acentuado la crisis creando más vacíos legales para hacer negocios estratosféricos con reformas antipopulares como la energética, en la cual se crean más lagunas para que las empresas privadas puedan hacer negocios multimillonarios con los recursos naturales propiedad de la nación.

La restauración autoritaria que pretenden imponer el PRI y sus aliados que sostienen al actual régimen, es directamente proporcional a su miopia política. Los tricolores pretenden gobernar con mano dura y repression a los opositores, como en los viejos tiempos, sin entender que las cosas en el país han cambiado durante las últimas décadas. El actual régimen es incapaz de garantizar la gobernabilidad por la debilidad de las instituciones mexicanas, mismas que fueron desmanteladas en aras de un proyecto económico desastroso cuya premisa era precisamente “adelgazar” al Estado para permitir que el “libre mercado” y el capital financiero pudieran operar sin el menor obstáculo. Y eso fue precisamente lo que sucedió. El mercado terminó devorando al débil Estado mexicano, el cual pretende recomponer su dictadura imperfecta a partir de viejas prácticas autoritarias. Sólo bajo esta lógica neoliberal puede entenderse la complicidad existente entre el Estado y el crimen organizado. Sólo así puede entenderse el enorme poder que en los últimos años han adquirido los cárteles de la droga y los grandes grupos empresariales que han magnificado sus fortunas al amparo de la corrupción. El crimen organizado se apoderó del Estado mediante inyección de dinero ilícito a las campañas electorales que sustentan a la partidocracia que gobierna bajo la misma lógica de la corrupción, la misma lógica con la que se legisla y se administra la justicia para satisfacer los intereses de las élites que tienen secuestrado al país.

De ese tamaño es la crisis estructural que padece el Estado mexicano. Una crisis provocada por un régimen corrupto que opera un Estado fallido que violenta el pacto social que antiguamente le otorgaba legitimidad al gobierno. Y es precisamente este vacío de legitimidad de las instituciones lo que genera el actual clima generalizado de violencia en el que los opositores al régimen desaparecen por miles mientras las fosas clandestinas desbordadas de cadáveres anónimos aparecen todos los días a lo largo y ancho del territorio nacional. De ahí que la violencia que vive el país provenga del Estado mismo.

El pacto social que legitima al Estado mexicano está roto, toda vez que el Estado (encarnado en el mal gobierno) no ha cumplido su parte del acuerdo dentro del pacto social. Y esa ruptura es la misma que genera un clima de desestabilización e ingobernabilidad que podría desencadenar una guerra civil en el futuro próximo como un intento desesperado de la población por restablecer el orden extraviado, al mismo tiempo que los grupos de poder mueven sus fichas para generar un reacomodo de fuerzas al interior del gobierno para seguir manteniendo el control. Si las instituciones del Estado son incapaces de resolver los problemas para los cuales fueron creadas, no tiene caso obedecerlas. Y si la vía institucional para resolver los problemas ha dejado de ser factible, la inconformidad se ve en la necesidad que buscar otras vías para resolver sus problemas, incluyendo las armas. De ahí el riesgo de que un conflicto armado pueda estallar en el futuro inmediato si no existen mecanismos capaces de resolver la crisis.

 

Reconstruir el pacto social

¿Cómo puede resolverse la crisis estructural del Estado mexicano? Reconstruyendo el pacto social a través del diálogo entre los distintos sectores sociales fuera de la vía institucional.

El espacio natural para establecer el diálogo necesario para construir un nuevo pacto social sería el Congreso, pero resulta que una buena parte de la actual crisis política pasa precisamente por la poca o nula legitimidad del Poder Legislativo. Una pérdida de legitimidad que se explica a partir de una crisis en el modelo de representación política implantado en México, ya que los legisladores responden más a las lógicas propias de los partidos políticos, cuyo carácter organizativo está basado en estructuras clientelares cuyo margen de acción depende del dinero público que desvían los gobiernos de los tres niveles con fines electorales. De ahí que el sistema político mexicano no pueda entenderse hoy en día sin el componente estructural de la corrupción, el cual articula todos los engranes de una maquinaria política divorciada de la ciudadanía. Sólo así puede entenderse la manera en que el Congreso ha logrado aprobar iniciativas de ley antipopulares como la reforma laboral, diseñada para satisfacer los intereses de las mafias político-empresariales que mantienen el control institucional del país sin contrapesos reales que permitan a la ciudadanía incidir en los procesos de participación política y toma de decisiones. Otro ejemplo es la manera en que iniciativas de ley promovidas por la ciudadanía son deformadas en su espíritu y en su forma por los legisladores de las distintas facciones partidistas para satisfacer a los intereses de la clase política, tal como ocurrió con la Ley General de Víctimas promovida por el Movimeinto por la Paz con Justicia y Dignidad. Por ello, la misma ilegitimidad del Congreso mexicano hace imposible que sea ese el lugar donde pueda darse el diálogo necesario para la construcción de un nuevo pacto social.

¿Y cómo construir este escenario de participación ante la grave crisis institucional que enfrenta el Estado? A partir del diálogo. ¿Y desde que estructura debe darse este diálogo entre los distintos sectores sociales? Desde una organización popular e incluyente que permita a la sociedad civil discutir los problemas del país sin pasar por el filtro de partidos políticos y un Congreso de dudosa legitimidad. De ahí la importancia de construir una estructura abierta que promueva la participación ciudadana y permita la construcción de un nuevo proyecto de nación mediante un nuevo pacto social que promueva nuevos modos de convivencia y un reparto mas equitativo del poder político y un rediseño institucional del Estado mexicano, lo cual debe plasmarse en una nueva Constitución redactada por un Congreso Constituyente, ajeno a los intereses sectarios de los partidos politicos y la corrompida clase política.

La teoría social nos ha enseñado que las instituciones son un producto de los hábitos -tal como sostienen tanto Berger y Luckman como Giddens con su teoría de la estructuración social- y por lo tanto, la construcción de un nuevo acuerdo social tiene que pasar por la institucionalización del diálogo como una vía para que los mexicanos puedan resolver sus diferencias.

Y es aquí donde el papel de las universidades, tanto públicas como privadas, juega un papel determinante en la conformación de estos espacios plurales que promuevan el diálogo entre distintos grupos sociales, con el fin de construir un proyecto alternativo de nación que permita solucionar la actual crisis de Estado que ha desembocado en diversas expresiones de violencia emanadas del pacto de impunidad existente entre gobiernos de los tres niveles y las organizaciones criminales que controlan el territorio, los sistemas de impartición de justicia, los medios de información y la toma de decisiones.

De ahí la importancia de construir un nuevo pacto social que otorgue la legitimidad perdida al Estado y ponga fin al actual ‘pacto de impunidad’ existente entre gobiernos de los tres niveles y las organizaciones criminales que controlan el territorio, los sistemas de impartición de justicia, los medios de información y la toma de decisiones.

La reconstrucción del orden social a través de una reconfiguración del Estado implica una revolución. En nosotros queda que esta revolución pueda concretarse de manera pacífica.

La violenta historia de Israel y Palestina: el fracaso de la humanidad en el reino de Dios

Un documental bello y terrible sobre las causas del conflicto Palestino-Israelí en voz de los niños. Un espejo de ese mundo donde el odio se se sigue reproduciendo una y otra vez hasta el fin de los tiempos. Quizá por eso el documental Las promesas de Justine Shapiro, B.Z. Goldberg y Carlos Bolado sigue teniendo una vigencia aterradora. Los niños que en aquel lejano 2001 manifestaban sus temores profundos hacia el otro, son los mismos que se matan todos los días en esa guerra estúpida por ver quién controla a quién. ¿De qué sirve creer en Dios cuando somos incapaces de creer en el otro? Descubrir al otro es descubrirse a uno mismo, es verse reflejado en el espejo del otro. Más allá de la lengua, la cultura y la época, todos los humanos tienen un rasgo común. Yo soy tú, tu eres yo. Si recordáramos esa premisa el mundo sería otro. No habría muros de contención que nos separaran unos de otros. Unir lo que un día fue separado. Ese es el principio de todo proceso de paz. Pegar los pedazos rotos del ser humano, fragmentado por la guerra idiota de todos contra todos.

Disertación sobre el periodismo contemporáneo a raíz de mi visita a la World Press Photo 2013

Cada año me decepciona más la World Press Photo. Se ha vuelto monotemática. El dolor humano en el Medio Oriente y sus alrededores. Algunas prostitutas y una que otra tragedia espantosa como la señora y la hija sin cara porque el marido decidió echarle ácido en el rostro, complementan la exposición. Hasta las de deportes tienen ya un aire trágico. De no ser por los pingüinos emperador, cortesía de National Geographic, y una que otra foto por ahí, uno bien podría pasar de largo la exposición. Recuerdo la primera vez que asistí a una World Press Photo en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México por ahí de 2008. Una foto alucinante de Marylin Manson en un autobús de escuela junto a varios morros, era una de las primeras imágenes de la muestra. Más adelante, el detalle de una fotografía del presidente ruso Vladimir Putin resaltaba del resto. La amplia gama de historias me cautivó. Pero la variedad de temas ha ido decreciendo. Ahora hay pocas imágenes que nos hagan imaginar que otro mundo ajeno al sufrimiento vil es posible. Las fotografías describen puntualmente la miseria humana, pero ahondan poco en las causas que han generado ese dolor.

Eso lo lleva a uno a cuestionar el papel que juega actualmente la prensa a nivel global. Con esto, no quiero decir que la labor de los fotorreporteros que arriesgaron sus vidas para documentar la catástrofe no sea digna de reconocimiento. Todo lo contrario. Sin embargo, ya no es suficiente enunciar la perdición del mundo. El periodismo tiene el deber ético y moral de buscar alternativas de futuro para este mundo enfermo de todos contra todos. Mientras no le demos vuelo a las historias de las personas capaces de transformar esta realidad viciosa seguiremos padeciendo ese dolor victimario que desborda los diarios del planeta. Tal pareciera que el dolor es la única narrativa posible en este mundo. Echarnos limón en una herida que nunca cierra. ¡Qué bonita profesión la que hemos escogido nosotros los periodistas!

El mundo, al ser una correlación de significados (como bien sugiere Wittgenstein en su famoso Tractatus Logico-Philosophicus) puede transformarse a partir de un cambio profundo radical en el discurso hegemónico. Los periodistas y los medios solemos dar muchas cosas por hecho cosas que no necesariamente son ciertas. ¿El crecimiento macroeconómico es sinónimo de bienestar? No necesariamente. Y sin embargo, los diarios lo dan por hecho, como si se tratara de una verdad irrefutable. Estamos atrapados en el discurso de un proyecto civilizatorio en crisis. Y mientras la prensa se limite a describir la fatalidad del mundo, apegada a los intereses financieros de los grandes capos de la información, el mundo seguirá jodido tal como está ahora. Hay que anunciar el advenimiento de ese nuevo mundo que está gestándose en algunos rincones del planeta y que los diarios no voltean a ver. De ahí la importancia de que los medios, como escenario donde se libra el debate público en estos tiempos hipermodernos, rompa con los viejos paradigmas para construir un nuevo modelo informativo. La objetividad inspirada en la ciencias formales ya no satisface por sí misma las necesidades de la gente. Algo que parece confirmar la explosión de las redes sociales. El periodismo debe transformarse para poder transformar al mundo.

Y mientras ponemos de nuestra parte para hacer que esto ocurra, la única fotografía de la World Press Photo 2013 que me arrebató el aliento, en la lente del fotógrafo Paul Nicklen.

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El miedo y la resurrección

El miedo siempre ha sido el más eficaz instrumento de dominación. El miedo paraliza, ciega el entendimiento. Y eso es precisamente el escenario que hemos vivido en México los últimos años. De ahí que el terror y la promesa del orden hayan sido utilizadas históricamente como las dos justificaciones más comunes para establecer a las dictaduras. Sólo así puede explicarse el supuesto triunfo electoral del candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, y la alegría incontenible del presidente Felipe Calderón. Sólo así puede explicarse que los medios de comunicación revivieran las campañas del miedo en la recta final de la contienda electoral de 2012. El miedo, la herramienta predilecta de aquellos que operan el sistema político para lucrar con la misera de la gente, el pánico como proyecto económico. Todas estas cuestiones se ilustran a la perfección en el documental Estado de Shock, producido por el Canal 6 de julio, en el que se evidencian los fines ocultos de la llamada guerra contra el narcotráfico, la justificación idónea para maquillar un gobierno ilegítimo, un proyecto de colonización cortesía de la oligarquía norteamericana y una oportunidad perfecta para aniquilar a la disidencia. Un diagnóstico crudo y desolador del país en el que vivimos, tan herido por la enajenación idiota de los cobardes que prefieren evadir la terrible realidad que nos rodea antes que enfrentarla cara a cara.

Sin embargo, no todo está perdido, como bien esgrime la máxima de Hölderlin: “allí donde está el dolor está también lo que salva”. Y esto es precisamente lo que intenta explicar el politólogo estadounidense Gene Sharp en su libro De la dictadura a la democracia, un manual de cómo iniciar una revolución pacífica sin morir en el intento. Sharp considera que para acabar con un régimen corrupto, es necesario atacar aquello que lo legitima. Si bien el argumento de este teórico de la revolución pacífica no es algo nuevo (ya que Max Weber detalla este punto en su célebre obra Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva, al explicar los conceptos de legitimidad y orden social), sí lo es la manera tan esquemática en que explica, paso a paso, cómo desgastar la credibilidad del poder político sin la necesidad de empuñar un arma de fuego. Y esto se debe a la manera en que la paz despierta un sentimiento de humanidad en el corazón de la gente, sin importar que se trate de policías o militares. La paz nos conecta con los otros y le devuelve el poder a la comunidad política.

El discurso de Chaplin

La desesperación de Chaplin es más que evidente en su elocuente discurso en los agónicos años de la guerra. 70 años después está más vigente que nunca.

 

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