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Cómo armar un iPhone a la mitad de precio con partes de repuesto

La industrialización y el comercio en China resulta sorprendente. Tanto, que el exempleado de Google e ingeniero de software, Scotty Allen, viajó a la ciudad de Shenzhen, al sur de China, para recorrer mercados de partes y tratar de ensamblar un iPhone 6S de 16 GB con caja incluida, como salido de la fábrica. Y todo, por un costo aproximado de 300 dólares, la mitad de lo que cuesta el mismo modelo iPhone en las tiendas de Hong Kong, según reconoció después.

El resultado es sorprendente. Si bien, ensamblar un teléfono inteligente requirió varias horas de trabajo, Allen muestra que los teléfonos que consumimos no tendrían por qué ser desechables, como ocurre actualmente en Occidente. Si se descompone una de las partes esenciales del teléfono (coraza, tarjeta madre, batería y led), uno podría repararlo sin problemas teniendo las piezas adecuadas a la mano. Aunque por supuesto, esto probablemente le significaría menos ganancias a Apple. Por eso la gran industria prefiere seguir vendiendo la idea de que cambiar de teléfono cada seis meses es la mejor idea. Así funciona el mundo consumista en el que vivimos.

Afortunadamente, existen alternativas, como bien lo demuestra Allen en su video.

 

La industria de la muerte

Impactante fragmento de la película Samsara, sobre el aroma cadavérico que predomina en la industria alimenticia. Desde hace unos meses decidí no participar en esta industria de la muerte. Una cosa es matar para comer y otra muy distinta es fomentar el asesinato sistemático a través de lo que comemos. Me gusta la carne, pero desde hacía un tiempo me causaba conflicto comerla. El placer se fue convirtiendo paulatinamente en sentimiento de culpa. “¿Por qué como carne? Porque me gusta”, era la pregunta y respuesta que yo mismo me hacía. La culpa venía de saber cómo un simple capricho podía ocasionar tanto sufrimiento inncesesario. Luego vino la revelación: me gusta la carne, sí, pero me gusta más saber que no hago daño. Ahí se terminó el conflicto. Decidí dejar de comer carne definitivamente desde hace 9 meses, luego de haber bajado drásticamente mi consumo de carne desde hace un par de años. “El conocimiento nos hace responsables”, decía el Che. Creo que algo así me pasó. Después de saber lo que sé (las múltiples consecuencias ecológicas-médicas-trascendentales de comer carne a diario) no podía seguir actuando del mismo modo. Decidí cambiar. Me alivia saber que mis acciones cotidianas contribuyen en algo a mitigar el gran sufrimiento que existe en este mundo. Una acción pequeña, aparentemente insignificante, cuya trascendencia no puede pasar inadvertida en esta enorme rueda de la vida. “Empuja hoy y serás empujado mañana”, según la ley del karma.

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