Archivo del sitio

El capital financiero y la privatización del espacio urbano en la era de la globalización

Las dinámicas del capital financiero a partir de la década de 1980, que coincide con el fin de la Guerra Fría y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información, ha modificado las estructuras de los Estados nacionales y sentado las bases de un nuevo proceso estructural y global de apropiación de la riqueza.

Un proceso donde la desigualdad social, la migración y el choque de civilizaciones son sólo algunas de sus caras más visibles. Puntos esenciales para comprender el fenómeno de la globalización.

Aquí algunos conceptos para entender este complejo y fascinante proceso: David Harvey sobre la crisis del capitalismo; Saskia Sassen, sobre las desigualdades y el proceso de expulsión que promueve la ciudad global; Zygmunt Bauman sobre la modernidad líquida; y Manuel Castells sobre la sociedad red. Todo un marco conceptual para entender el mundo de hoy.

Historias de un mundo hipeconectado desde la lente de Herzog

¿Cómo podemos definir los límites de lo humano a partir del surgimiento de internet? ¿Cómo debemos interpretar este peculiar momento histórico? Esos son algunos puntos de partida que plantea Werner Herzog en torno a la llamada era de la información en su brillante documental: Lo And Behold: Reveries of the Connected World. Las historias que encuentra el director alemán son fascinantes. ¿El internet podría convertirse en una especie de religión? ¿O al menos fundar una nueva cosmogonía globalizada? ¿Qué pasaría con el actual modelo civilizatorio si existiera un gran apagón de internet? ¿Puede soñar el internet? Son algunas preguntas que sugiere la indagatoria del cineasta sobre un acontecimiento que sin duda, ha sentado las bases de un nuevo modelo de organización social, con la creciente complejidad que eso conlleva, con todo lo bueno y lo malo que implica vivir en un mundo hiperconectado.

Democracia líquida en los tiempos de la sociedad red

Ésta es una de las muchas cosas que debemos discutir al interior de la sociedad red para agilizar la toma de decisiones dentro de las organizaciones civiles para transformar a México y el mundo. Necesitamos una nueva imaginación política y valernos de nuevas herramientas para hacer frente a estos tiempos de apatía de las mayorías y el abuso sistemático de las minorías encumbradas en los aparatos de gobierno. Desde luego, a algunos de estos programas de código abierto diseñados para facilitar el proceso de organización como LiquidFeedback les falta mucho por perfeccionar para que puedan consolidarse realmente como un instrumento de democracia directa y participativa. Y por lo mismo, debemos ir pensando cómo es que las nuevas tecnologías de la información deben ayudarnos a ponernos de acuerdo para los temas realmente importantes.

 

La épica de la sociedad red: de Apple a WikiLeaks (pasando por Facebook)

Toda era necesita sus propios héroes, sus propios mitos. Lo épico, proveniente del griego epos, es un término cuyo significado puede traducirse como “palabra, historia, poema”. La historia del mundo es la autorrepresentación del ser humano construyendo su propia narrativa. Por eso la historia de la humanidad no es sino una reinterpretación de hechos concretos que solo pueden trascender un espacio-tiempo específico elevándose al nivel de símbolo. De ahí que el poeta o el cuentista de la tribu sea el personaje encargado de reconfigurar la realidad a través de la palabra. Todo grupo cultural tiene sus propios mitos fundacionales: Adán y Eva, Rómulo y Remo, el profético sueño de Aztlán, las guerras independentistas. Relatos que van edificando nuevos discursos y nuevas posibilidades de lo real. Esto explica el poder transformador del arte, ya que como toda manifestación del lenguaje, es un juego de espejos capaz de imponer nuevos límites al mundo, un nuevo orden que se teje a través de la representación. Dicho de otra forma, el poder transformador del arte reside en su capacidad para convertir la realidad en signo lingüístico. Por ello, Michel Foucault considera que la posibilidad de aprehender el mundo está condicionada a la capacidad de cada persona para interpretar los signos que construyen y delimitan al mundo:

“El mundo está cubierto de signos que es necesario descifrar y estos signos, que revelan semejanzas y afinidades, solo son formas de la similitud. Así pues, conocer será interpretar: pasar de la marca visible a lo que se dice a través de ella y que, sin ella, permanecería como palabra muda, adormecida entre las cosas”.[1]

Esto ayuda a entender el poder del cine como un eficaz instrumento simbolizador de lo real. Y si el mundo se codifica a partir de sus signos, ¿cómo deberíamos interpretar al mundo actual a partir del séptimo arte? Si bien la sola intención de interpretar la totalidad al mundo se presenta como una tarea exhaustiva imposible de realizar, sí es posible identificar ciertos discursos con el poder suficiente para reconfigurar el significado del mundo.

Un ejemplo concreto de este tipo de discursos lo encontramos en la épica de la sociedad red edificado en Hollywood en los últimos años, una narrativa potencializada a partir del vertiginoso auge de las tecnologías de la información, el avance de la globalización y un mundo decadente cuyas estructuras obsoletas lo hacen buscar con desesperación una posibilidad de futuro cancelada por los viejos dogmas.

Por ello resulta fascinante, al menos para mí, la manera en que la industria cinematográfica estadounidense, icono de ese mundo agónico que se resiste al cambio, ha contribuido de manera significativa a construir el discurso de la sociedad red a partir de películas como Red social, Jobs y El quinto poder. Tres filmes de corte biográfico que tratan de desentrañar la manera en que el mundo ha logrado extender sus propios límites mediante el internet y la hiperconectividad que ofrece el ciberespacio a la hora de desdoblar la realidad. Y por supuesto, ninguna narrativa estaría completa sin sus propios héroes. Ahí están Mark Zuckerberg (creador de Facebook), Steve Jobs (fundador de Apple, la compañía más poderosa del planeta) y Julian Assange (hacker y activista fundador del sitio WikiLeaks), como ejemplos palpables del nuevo héroe del siglo XXI: seres iconoclastas e inconformes con las caducas estructuras del mundo que buscaron reconstruir a partir de sus propias obsesiones, curiosamente relacionadas con el fenómeno informático que ha marcado la nueva era digital a partir de 2000.

Idolatrado por generaciones de jóvenes por su visión innovadora y habilidad para los negocios, Jobs fue un pionero en entender las enormes posibilidades que ofrecía la revolución informática que se desplegaba ante sus ojos a partir del desarrollo del microchip en el desierto de Sillicon Valley. Eso es precisamente lo que intenta retratar la película Jobs (2013), dirigida por Joshua Michael Stern y protagonizada Ashton Kutcher, filme que retrata la manera en que un hippie desarrollador de videojuegos se convirtió en el director de la compañía más famosa del planeta, luego de revolucionar la comunicación con dispositivos como el iPhone, primer teléfono inteligente en la historia, aparato que marcaría un parteagüas en la historia y cuya repercusión todavía resulta difícil de medir con precisión.

Algo similar ocurrió con el filme Red social (2010), de David Fincher y el actor Jesse Eisenberg, cinta que relata la historia del creador de Facebook, la plataforma que transformó la interacción social a través de la web. El eslogan de la película es elocuente: “No puedes tener 500 millones de amigos sin hacerte de algunos enemigos”. Una fotografía del mundo hiperconectado de hoy, donde una persona puede vivir aislado de todo contacto humano a pesar de tener 500 millones de amigos, situación que evidencia las asimetrías y paradojas que plantea este nuevo modo de interacción social.

Con El quinto poder, dirigida por Bill Condon, la narrativa de la sociedad red adquiere un matiz más político, de tintes anarquistas, mientras tratamos de revelar las motivaciones revolucionarias y libertarias de un personaje excéntrico, megalomaniático y obsesivo como Assange, interpretado por Benedict Cumberbatch. El filme representa una crítica a las instituciones caducas que sostienen al mundo actual, cuyas fronteras han sido borradas por las computadoras y cuyas instituciones evidencian profundos síntomas de agotamiento, tal como ocurre con la corrupción imperante en los gobiernos, las instituciones financieras y los mass media, incluyendo al cine hollywoodense que se parodia a sí mismo en el brillante final de la película. El desarrollo de la trama no solo cuenta las tensiones y contradicciones inherentes a la mayor filtración de información de la historia, la cual se hizo en una pequeña y portátil memoria USB, sino que retrata un mundo globalizado donde un mismo hecho noticioso se ve forzado en salir a la luz a través de plataformas mediáticas multinacionales: The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde o incluso La Jornada. Una nueva forma de guerrilla donde la información es convertida en arma contra un régimen opresor que vigila permanentemente, al estilo George Orwell. El cine como analogía de la realidad. No en balde, la película fue estrenada al mismo tiempo que el mundo entero se convulsiona con el programa de espionaje de los Estados Unidos, el cual quedó descubierto a partir de las revelaciones hechas por el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, Edward Snowden, quien fácilmente podría protagonizar la secuela de El quinto poder, mientras Assange encuentra la manera de burlar el arraigo domiciliario que enfrenta en la embajada ecuatoriana en Londres de un tiempo a la fecha. ¿Cuánto tiempo pasará para que alguna productora hollywoodense decida llevar la historia de Snowden a la pantalla grande? ¿Cuándo veremos el primer filme protagonizado por Anonymous? ¿Y la película sobre Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google? Pareciera cuestión de tiempo.

Estos héroes informáticos han dotado de una nueva identidad a los expertos en informática. Las burlas contra los nerds de los 80s se convirtió en la idolatría de los geeks de los 2000s. Series televisivas como Big Bang Theory parecen confirmar la hipótesis. Nada más cool actualmente que ser un genio del internet que abandonó la universidad para amasar fortunas millonarias en el ciberespacio, hacer yoga por las mañanas, moverse en bicicleta y cazar zombis en los ratos libres. La prosa de nuestros días.#


[1] Michel Foucault. Las palabras y las cosas. México. Siglo XXI. 2008. Página 40.

El último papel de Lanata

En mi lectura diaria de noticias, me topé con un texto interesante de la BBC sobre el periodista argentino Jorge Lanata y su afrenta abierta contra el gobierno de Cristina Krichner. Sin ser yo un conocedor a fondo de tan complejo y descarnado pleito, me recordó la entrevista que le hice a Lanata en 2008, poco después de fundar el diario Crítica de la Argentina, en aquellos meses de mi estadía en Buenos Aires, tras recorrer buena parte del continente americano. Al desempolvar este viejo texto del baúl, uno no deja de sorprenderse de cómo algunas cosas nunca cambian.  En aquel entonces escribí sobre el corpulento periodista que me atendió amablemente en su oficina dentro de la redacción del diario: “Lanata ha demostrado una disposición poco usual para mantenerse en el centro de la polémica”. Cinco años después constato, para mi sorpresa, que no andaba yo tan equivocado.

Jorge_Lanata

 

El nombre de Jorge Lanata es un referente del periodismo argentino. De estilo irreverente, creativo, Lanata es un tipo inquieto que lo mismo puede incursionar en prensa escrita, televisión, radio o cine. Siempre fiel a su forma de contar historias sin un molde prestablecido y acostumbrado a generar reacciones con sus mordaces comentarios, se confiesa como un obsesionado a revelar el lado oscuro del poder.

Lanata ha demostrado una disposición poco usual para mantenerse en el centro de la polémica. Así lo dejó en claro con el lanzamiento del diario Crítica de la Argentina el pasado 2 de marzo (2008), mismo que ha comenzado a despertar interés entre los argentinos y el ámbito mediático por su peculiar eslogan: “el último diario de papel”. Un acontecimiento atípico luego de que los dirigentes de diversos diarios estadounidenses como The New York Times pronostican el fin de los diarios impresos dentro de los próximos cinco años ante el imponente avance de internet.

¿Cómo percibe el momento actual de los diarios frente al avance de nuevas tecnologías como el internet?

Creo que estamos en un momento de transición, pero es demasiado rápido para decretar la defunción de los diarios de papel. Si analizas las diferencias de conexión a internet, vemos que en el hemisferio sur tenemos un treinta y seis por ciento de conectividad mientras en el norte es de noventa por ciento, pero aún así falta mucho para que el papel sea remplazado. Para que eso ocurra, hay que desarrollar papel electrónico, algo con la textura y el grosor del papel, algo que tarde o temprano va a suceder, además de superar la dificultad de dar notas largas en pantalla. Creo que superando eso, tal vez la web pueda remplazar a los diarios dentro de un tiempo, pero estamos hablando de veinte o treinta años por lo menos, dentro de cinco años todo va a seguir igual. De hecho, si nos dijeran hoy que el papel desaparece, pero que se mantienen los avisos publicitarios, a nosotros nos conviene, porque el papel representa el cuarenta por ciento del costo total del diario. Si sólo sacáramos el diario en internet, donde el soporte es gratis, sería buenísimo, pero es algo que no creo que vaya a pasar dentro de poco tiempo.

En el caso de Crítica, el diario es uno solo, pero sale en dos soportes. La web no es un espejo del diario, sino parte del mismo. El sitio web esta pensado como una agencia de noticias de actualización y una forma de transparentar la información al permitir que el lector pueda ver cómo se va formando la edición del día siguiente.

¿Podría decirse que el avance de internet ha redefinido el papel que juegan los diarios dentro de la sociedad?

Los medios electrónicos te dan la noticia de primera mano, pero no tienen tiempo o la dinámica de contarte por qué pasan las cosas, además de que los periodistas que laboran en dichos medios, no están preparados para hacerlo, pues están más preocupados por la forma en la que dan las información, en lugar de preocuparse más por lo que dicen. Los periodistas que trabajan dentro de la prensa escrita tienen mejor formación que los que trabajan en televisión, por eso es más fácil que alguien que ha pasado por el rigor de una redacción puede trabajar con mayor facilidad en radio o televisión, cosa que no ocurre al revés. Creo que en parte, es porque que la palabra escrita tiene un peso distinto al estar publicada, no son palabras al aire.

¿Qué cambios existen entre Página 12 y Crítica de la Argentina? ¿Tuvo oportunidad de corregir algunos detalles con el lanzamiento de su segundo diario?

Todo es muy distinto, épocas diferentes. Cuando saqué Página 12 tenía veintiséis años, ahora tengo cuarenta y siete, por lo que tengo más experiencia. En algunas cosas soy más seguro, en otras no. Sigo quejándome de que no hay buenos periodistas. En estos últimos años no hubo quienes formaran escuela en Argentina; la última generación, que después emigró a distintos medios, fue la que formamos en Página y eso se siente mucho a la hora de convocar gente nueva, pues el desnivel profesional es muy grande.

No salieron medios que formaran camadas. Creo que los chicos están más preocupados por ser famosos que por ser buenos. Ser famoso es fácil, pero ser buen periodista no lo es. En general los jóvenes escriben mal porque leen poco. Es increíble que en una redacción cualquiera de cualquier parte del mundo, el noventa por ciento del personal no habla inglés, algo absurdo. Es como los periodistas económicos que no leen The Economist o Wall Street Journal, publicaciones que tienen que leer. No estoy diciendo que les tiene que gustar o que tengan que estar de acuerdo con la postura de estos medios pero no pueden dejar de leerlo. Eso pasa aquí y en toda Argentina. Los periodistas leen poco y creo que eso se nota después, con la exigencia del trabajo diario.

¿Qué relación considera que debe existir entre la forma y el contenido? Por momentos pareciera que existe una preocupación mayor por el diseño gráfico por encima de la información…

Trabajamos mucho en ese tema. Para mi todos los medios son experimentales, hay muchas cosas que se pueden hacer en la radio, la televisión y por supuesto en los diarios. En Página 12, diario que fundé veinte años atrás, trabajamos mucho en la relación entre la forma y contenido porque el diario demostró a través de los años, que vos podías hacer un chiste en la tapa, hacer un fotomontaje, hacerle un guiño al lector y que eso no te hacía perder credibilidad. Si la información era seria, funcionaba igual. Cuando hicimos la revista Veintitrés, se nos ocurrió sacar un número con un agujero en medio de la revista al publicar una nota relacionada al presupuesto, donde la idea era representar una especie de agujero negro. Mucha gente habló de ese número y del tema, llamó mucho la atención, pero la nota que publicamos era en serio, sólo que la manera con la que decidimos comunicar eso era original. Esto lo repetimos varias veces en Página 12, jugando con el color del diario y cosas por el estilo. Mientras el contenido sea serio, la relación con la forma es infinita, además de que sirve para renovar la relación con el lector. Me parece que la relación entre forma y contenido es un rubro en el que se puede explorar, pero no hay que perder de vista que el entretenimiento es algo inherente en los medios, sin que esto signifique sacar notas frívolas o idiotas. Hay que buscar la manera de hacer buenas notas y comunicar de forma creativa, porque entretenerse no está mal, todo depende la manera en que uno lo haga.

¿Qué opina de géneros periodísticos como la crónica y el reportaje? Pareciera que pierden terreno con la dinámica con que operan los medios actuales.

Para mí los géneros no existen. Lo importante es que tengas algo que decir, la forma en que lo digas no importa. Yo no soy trabajador de Blockbuster, no me importa en qué estantes o dónde vayan acomodadas las películas, yo hago películas sin importar que la llamen documental o ficción, es lo de menos. Acá existe el estereotipo de que una crónica tiene que ser colorida e interesante por lo que diga, pero si es nota, tiene que ser seca y aburrida. No, eso es una idiotez. Una crónica puede tener elementos de la noticia. ¿Por qué no ofrecer una noticia bien escrita e interesante? Lo que la gente quiere leer son buenas historias. Cualquier periodista puede entrevistar a Clinton, pero lo difícil es que el portero del edificio me cuente su historia: amó, persiguió, fue perseguido, odió, tuvo un problema… lo importante radica en hacer que el tipo cuente su historia. Si uno lo logra, en ese momento se hace periodismo, sin importar que se llame crónica, reportaje o nota.

¿Cuál es el reto del llamado periodismo independiente en un mundo donde la concentración del poder mediático en grupos económicos que los utilizan como herramienta de control político es una constante que se repite a diario?

La palabra periodismo independiente es lo que en el estudio de la lógica, se conoce como tautología. Es lo mismo que decir que un can es un perro. El periodismo es independiente, si no, no es periodismo. Lo otro es publicidad, son dos cosas distintas. El periodismo independiente es una categoría inventada por los medios tradicionales para fingir ser independientes. Yo no necesito decir que soy independiente, no hace falta aclarar esas cosas. Si tienes que dar explicaciones al respecto estas en un problema, porque significa que algo tienes que ocultar. Un diario es un puente entre la sociedad y el poder, y uno elige de qué lado ponerse. Nosotros elegimos ponernos del lado de la gente y otros del lado del poder. Los resultados son muy distintos. Los que están en el poder creen que siempre van a estar ahí, pero no es verdad, los ministros cambian, pasan, incluso en ocasiones tiramos a alguno, pero no son importantes en el fondo, el periodismo tiene que mirar hacia otro lado y apostar por la gente que siempre va a estar ahí.

¿Existe algún método para que los medios impresos logren la autonomía en su política editorial sin la interferencia de los anunciantes y que, al mismo tiempo sea un negocio redituable? ¿Cómo se logra esto?

Es un equilibrio difícil. Hay algunos medios como el Canal Algene de Francia, un semanario anarquista que venden medio millón de ejemplares sin que tengan un solo aviso en sus páginas. Se sustentan únicamente por la venta, cosa que pueden hacer por el gran volumen que manejan. Uno puede tratar de de posicionarse lo más posible con la venta directa, más publicidad de producto y menos publicidad de gobierno, la cual siempre esta condicionada a algo. Hay que apostar a eso y al tiempo, estar en la calle hasta convertirse en un referente.

 

¿Qué papel juega el periodismo de investigación en los esquemas de negocios de los diarios? Hay quienes perciben a la investigación como un gasto innecesario…

En primera, creo que ese es otro concepto equivocado, porque todo el periodismo es de investigación. Yo no voy a copiar un cable de otro porque no sé si sea cierto lo que dice la agencia. Siempre hay que tener un par de fuentes enfrentadas que puedan hablar del mismo tema desde su punto de vista, así que cada nota es una mini investigación y después se puede hablar de investigaciones en serio, un término que está muy desvirtuado, porque una nota que llevó tres días para su elaboración se dice de investigación, pero no es así, una buena nota de investigación requiere un par de meses por lo menos.

Sin embargo, no existe una relación entre la circulación de los diarios y este tipo de información. Las notas de investigación no te van a hacer vender más diarios, pero te dan prestigio, te dan seriedad y sirven para ir formando una imagen ante el público.

 

¿Cuál es el principal problema de la actualidad en cuanto a la libertad de expresión? ¿A qué nivel trabaja la censura dentro de los medios?

Hoy se puede hablar más de la autocensura. Durante los primeros años del gobierno de Kirchner hubo mucha censura directa, amenazando, intimidando o insultando periodistas, pero ahora están comprados, así que los dirigente de los medios prefieren no meterse en problemas con el poder en turno.

 

¿Cómo percibe la participación de los medios argentinos en el desarrollo de la crisis agraria que enfrenta el país actualmente?

Tenemos un gobierno difícil con los medios. Acabamos de ver como el gobierno calificó como golpistas a todos los que pensaban distinto a ellos, lo cual es una locura, porque en Argentina no existe ninguna posibilidad real de que exista un golpe de estado. Me parece que los medios están muy controlados por el gobierno, pero aún así no alcanza, el gobierno quiere más control. Es una lógica que nunca termina, porque el gobierno esta permanentemente al tanto de lo que los medios dicen sobre ellos. Creo que la gente que trabaja en el gobierno debería de dejar de leer tantos diarios y leer más libros.

En este momento, no hay programas políticos en la televisión abierta porque así lo quiso el gobierno, sólo existen en cable. Gran parte de los medios reciben publicidad oficial y están muy condicionados por el gobierno. A nivel nacional debe haber dos o tres diarios que no tienen presiones o que si las tienen, no les importan. Algunos radios y algunas revistas están en esa situación, pero todos los demás están alineados.

 

¿Cree que es necesaria una restructuración en cuanto a contenidos dentro de los mismos medios?

No estoy muy de acuerdo con que el estado regule los medios. Tiene que haber medios fuertes por parte del estado, pero que después dejen de joder. El público tiene que servir de regulador, la gente no es tonta ni es cierto que sólo le guste la mierda, no es así. En ocasiones se subestima al público, ya que creo que está más preparado de lo que pensamos, a pesar de que se deberían de realizar campañas a favor de apagar la televisión, apagar la radio o cambiar de canal, la gente no está del todo consiente de ello, pero es importante saber que existen otras posibilidades. Como lo dije anteriormente, los medios son experimentales, no hay nada establecido y creo que en el caso de los medios electrónicos se están buscando otras alternativas, algo que además resulta muy divertido.

¿Cómo percibe el nacimiento de Crítica a un mes de su aparición? ¿Qué se puede esperar para el futuro?

Es muy rápido para hace una evaluación pero hay cosas interesantes. El diario se está asentando, encontrando su identidad. Los diarios que publicamos hoy son mejores que los de hace 20 días. Tanto la edición en papel como la web tuvieron mucha repercusión, pues mientras en la edición en papel estamos tirando 40 mil ejemplares por día, en internet tenemos cerca de 150 mil visitantes al día. Hasta ahora la evaluación es buena, pero tomando en cuenta que es un proyecto a largo plazo.

Estamos haciendo el diario en un país de tercer mundo con todo en contra y estamos tratando de estabilizarlo. No quiero ser el primer diario de Argentina, porque no me interesa y porque no tenemos el dinero para ello, pero si dentro de unos años podemos posicionarnos como el segundo o tercer diario, sería muy bueno. Espero seguir aquí mientras pueda decir lo que se me ocurra, no podría estar condicionado. ::.

::.

Poder, sociedad civil y tecnologías de la comunicación

medios-y-libertad-de-expresic3b3n

El poder no es la capacidad de someter al otro, sino la capacidad de un sujeto para transformar su realidad a través de la acción. Poderoso es el que puede, aquel capaz de reconfigurar la relación de significados que estructuran una determinada idea de mundo objetivo a través del poder-hacer, tal como lo establece la raíz etimológica del término que significa “tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”.[1]

De ahí que la autoridad de un auténtico líder se fundamente en el reconocimiento de una capacidad de acción mayor que la de sus seguidores. El líder puede más que los demás y es precisamente en el reconocimiento de dicha capacidad de acción sea la fuente de su poder. En este sentido apunta Hegel al desarrollar su dialéctica del amo y el esclavo, idea en la cual establece que la génesis de toda relación de sometimiento-dominación entre dos individuos iguales, se da cuando uno de ellos decide enfrentar su miedo a la muerte, lo cual provoca el sometimiento del segundo individuo luego de reconocer en su contraparte una mayor capacidad a la hora de actuar más allá de sus propios miedos, estableciendo así una relación de superioridad-obediencia. Y aunque el ejemplo descrito por Hegel puede prestarse a la polémica, evidencia la manera en que el poder aparece como capacidad de transformar el entorno. O como diría Ernani María Fiori al hacer una revisión crítica sobre la obra de Paulo Freire: “la verdad del opresor reside en la conciencia del oprimido[2]El poder se manifiesta en la acción, entendiendo por dicho término la definición de Weber:

“Por acción debe entenderse una conducta humana (bien consista en hacer un uso externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo. La acción social, por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo”.[3]

 

De este modo, el poder no tiene sentido sin la acción y, como bien apunta Habermas con su teoría de la acción comunicativa, toda acción social presupone la existencia de un lenguaje previo sobre el que se estructura la comunicación. Para Habermas, esto se debe a que toda acción poseedora de sentido se construye como signo lingüístico, requisito escencial para que pueda operar la condición de racionalidad sobre la que se estructura la idea de mundo objetivo que permite comunicarnos con otros miembros de un determinado grupo social[4]. En otras palabras, la racionalidad está condicionada por la comunicación. De ahí que Habermas posicione a la acción comunicativa como el punto de partida de lo social. Al respecto sostiene el filósofo alemán:

“Las manifestaciones racionales tienen el carácter de acciones plenas de sentido e inteligibles en su contexto, con las que el actor se refiere a algo en el mundo objetivo. Las condiciones de validez de las expresiones simbólicas remiten a un saber de fondo, compartido intersubjetivamente por la comunidad de la comunicación”.[5]

Esto explica la estrecha relación que existe entre los términos de poder, racionalidad y comunicación, conceptos que emanan de la misma fuente: el lenguaje. De ahí que autores como Castells consideren que “la comunicación es el espacio en el que se construyen las relaciones de poder, toda vez que “cualquier tipo de poder tiene que pasar por el espacio de la comunicación para poder llegar a nuestras mentes”.[6]

La afirmación de Castells parece darle consistencia a la teoría del bloque hegemónico enunciada por Gramsci, la cual afirma que el poder politico se sostiene a través de un discurso hegemónico diseñado en función de los intereses de las elites y que se reproduce a través de las superestructuras sociales, es decir, los componentes psíquicos que hacen funcionar al sistema social, los cuales van de la cultura, la religión, los valores morales, etcétera.

En el mismo sentido apunta Foucault al describir el funcionamiento de los aparatos de poder a través de lo que denomina ‘modos de subjetivación’, una técnica de dominación diseñada para condicionar la conducta de los individuos en función a los intereses de ciertos grupos a través de la apropiación de una realidad social que se expresa en un discurso hegemónico. Por ello, no resulta extraño que Foucault afirme que la raíz de todo poder se sostiene en una construcción simbólica de la realidad, al igual que ocurre con la construcción del saber y el desarrollo de determinados sujetos históricos, referentes ideales del ser humano que ayudan a regular la conducta de las personas a través de una determinada tabla de valores. El poder es una relación de significados capaz de establecer una diferencia entre lo que es acceptable socialmente y lo que no lo es, algo que Foucault puntualiza al explicar la forma en que los conceptos de “normal y anormal” son utilizados por las élites para ejercer un poder de dominación sobre masas subordinadas, incapaces de cuestionar la validez del orden social.

Lo mismo pasa con las instituciones, ya que el ejercicio del poder institucional está íntimamente ligado a las fronteras del lenguaje impuestas por ciertos grupos, como bien apunta Lyotard. Si las instituciones son por definición un conjunto de prácticas y significados comúnes capaces de trascender un espacio-tiempo específico para acumular información y simplificar la toma de decisiones al interior del grupo social, siguiendo la teoría de la estructuración social propuesta por Giddens[7], esto significa que toda institución es también una manifestación de poder delimita y condiciona la conducta de las personas, promoviendo ciertas cosas al mismo tiempo que prohibe otras. Al respecto señala Lyotard:

“Esas limitaciones operan como filtros sobre la autoridad del discurso, interrumpen conexiones posibles en las redes de comunicación: hay cosas que no se pueden decir. Y privilegian, además, determinadas clases de enunciados, a veces uno solo, de ahí que el predominio caracterice el discurso de la institución: hay cosas que se pueden decir y maneras de decirlas”.[8]

Todo lo anterior nos permite ubicar al poder como algo que se construye a partir de la acción comunicativa, una noción que sólo tiene sentido en términos de relación. El poder no es autorreferencial, toda vez que su existencia presupone una relación causal que sólo es possible a través de la comunicación. De ahí que la comunicación, entendida como una manifestación activa de nuestra capacidad de lenguaje, la base estructural de todo poder. No en balde, la legitimación de cualquier poder político se da en términos discursivos, como bien señala Weber[9]. Si el mundo es una construcción social generada a través de procesos comunicativos, esto significa que toda acción poseedora de sentido (y por lo tanto susceptible de ser interpretada como signo lingüístico) es capaz de trastocar las estructuras de poder institucional sobre las que opera el poder político. Al respecto señala Holloway:

“La realidad y el poder están tan imbricados que insinuar siquiera la posibilidad de disolver el poder es pararse fuera de la realidad. Todas nuestras categorías de pensamiento, todas nuestras certezas acerca de lo que la realidad es o lo que la política, la economía o hasta el lugar en el que vivimos son, están tan penetradas por el poder que sólo decir ¡No! al poder nos precipita hacia un mundo vertiginoso”.[10]

::.

El empoderamiento de la sociedad civil

Desde Tocqueville hasta Habermas, la sociología moderna ha definido a la sociedad civil como un conjunto de organizaciones ajenas al Estado y el sistema económico, ubicada en un tercer ámbito de lo social donde se construye la cultura y donde la comunicación se posiciona como la unidad de significación, tal como sostiene Fernández Santillán al hacer una revisión de la teoría de las tres esferas planteada por Habermas:

“La distinción entre las esferas social, económica y política es uno de los temas que se encuentran prácticamente en todos los escritos habermasianos. Lo que sucede es que a esas esferas las denomina con otros vocablos. De manera muy general podríamos decir que a las partes económica y política las concentra en lo que  llama  “sistema”;  pero  advierte  la  presencia,  dentro  del  “sistema”,  de  dos subsistemas, es decir el mercado, de una parte, y, de otra, el aparato estatal. Esos subsistemas a su vez son coordinados por medios (otro concepto habermasiano) diferentes, el dinero para el mercado y el poder para el aparato de estatal. Por lo que hace a lo social, también de manera muy general, lo relaciona con el “mundo de  la  vida”.  Se  trata  del  espacio  sociocultural,  de  la  reproducción  de  las mentalidades  y  la  integración.  En  el “mundo  de  vida”  el  medio  esencial  es  la comunicación (…) La sociedad civil está formada por las asociaciones, organizaciones y movimientos que más o menos espontáneamente intensifican la resonancia originada en la esfera no estatal ni económica para luego transmitir esta resonancia amplificada a la esfera política. La sociedad civil está constituida por una red asociativa que institucionaliza discursos orientados a resolver cuestiones de interés general”.[11]

Aunque la teoría de las tres esferas propuesta por Habermas permite esbozar a grandes rasgos los diferentes ámbitos de los sistemas sociales, no está exenta de contradicciones profundas, toda vez que el Estado, el mercado y la sociedad civil no pueden ser concebidos como entes de un mismo nivel que interactúan y buscan ejercer su influencia entre sí. Por el contrario, el Estado y la economía son subsistemas que sólo pueden desarrollarse a partir de la construcción previa de un discurso dominante que sólo puede construirse a través de los procesos comunicativos que se desarrollan al interior de un determinado grupo social. Esto se debe a que tanto el Estado como el mercado, son construcciones simbólicas que requieren un nivel mínimo de racionalidad para poder operar, y dicha racionalidad no puede funcionar sin la existencia previa de un consenso social que se articula a través de la comunicación. De ahí que tanto el Estado como el mercado son consecuencias de un complejo proceso comunicativo que otorga un valor determinado a ciertas cosas. Así ocurre por ejemplo con las potestades conferidas al Estado a través del derecho y un determinado marco jurídico, así como el problema del valor dentro de la teoría económica, nociones que pueden ser modificadas a lo largo del tiempo en función de los criterios sobre los que se construye el discurso hegemónico que habrá de dar sustento al mundo objetivo que comparten todos los integrantes de un determinado grupo social. De ahí que, al establecer a la palabra como unidad mínima de autorreferencia en el ámbito de acción sobre el que opera la sociedad civil, se establece una relación desigual frente al monopolio del legítimo derecho a la coacción (unidad mínima de referencia en el Estado) y el dinero (en el caso del mercado), según plantea Habermas en su teoría. Y esto se explica dado que tanto la legitimidad de la coacción y el valor del dinero sólo pueden tener un sentido racional a través de un pacto social que sólo puede lograrse a través de la comunicación.

Todo lo anterior permite establecer que el poder se construye a partir de la articulación del lenguaje, como bien lo sabe un abogado capaz de manipular la ley a través de la palabra o un publicista a la hora de confeccionar con precisión mensajes audiovisuales que habrán de difundirse a través de los medios masivos de comunicación. El poder es una derivación del lenguaje, y por ello, la apropiación del lenguaje propio permite que los individuos sometidos por un determinado poder puedan reconocerse a sí mismos como sujetos autónomos dotados de un poder de crítica capaz de desarticular racionalmente los conceptos base sobre los que se fundamenta el poder de su opresor. Esto es precisamente lo que apunta el pensamiento de Freire al considerar que la apropiación de la palabra representa un mecanismo de liberación para los oprimidos, o la manera en que Gandhi pudo desactivar el poder de coacción del imperialismo británico mediante el uso de la resistencia civil pacífica.

Esto también explica la manera en que a lo largo de la historia de la civilización, existe una relación directa entre las tecnologías de la información y la horizontalidad del poder político.

El desarrollo del lenguaje y la eventual aparición de la cultura transformaron la interacción social de los grupos humanos, generando así nuevos esquemas de organización social, tal como ocurrió con la división del trabajo. A partir de entonces, los grupos humanos fueron capaces de concebir un mundo más complejo, en el cual, la interacción con los otros miembros del grupo cobró otra dimensión al quedar plasmada en la conformación de una identidad colectiva, capaz de extender los alcances del grupo social a través de redes de significación que dieron origen a los primeros clanes y tribus que utilizaron este conjunto de significados culturales como una herramienta eficaz para fortalecer la cohesión social del grupo. Es decir, que con la creación de la cultura, cada expresión oral del individuo tiene una conexión con las pautas de pensamiento y acción del grupo al que pertenece.[12]

Durante este periodo de la prehistoria, el surgimiento de la cultura permitió la conformación de una inteligencia y memoria colectiva capaz de almacenar y transmitir información a las siguientes generaciones. De este modo, la estructuración del lenguaje a través de signos lingüísticos capaces de objetivar la realidad, se convirtió en una tecnología sumamente efectiva en la transmisión de información, lo cual tuvo un impacto directo en los modos de organización social que surgieron a partir del descubrimiento de la agricultura, con lo cual, el hombre pasó de ser nómada a sedentario con el establecimiento de las primeras aldeas. La cultura permitió un modo más efectivo en cuanto a la transmisión del conocimiento de una generación a otra, y sin duda, este fue un factor clave para entender la conformación de grupos sociales cada vez más complejos.

Tras la invención de la cultura como un subproducto del lenguaje, la siguiente gran transformación de la humanidad se efectuó gracias a la invención de la escritura, una tecnología de la comunicación que serviría como una extensión del lenguaje oral que permitiría el surgimiento de la civilización y el comienzo de la historia, ya que sólo una sociedad que posee escritura “puede ‘situarse a sí misma’ en el tiempo y el espacio”, como bien señala Giddens[13]. De este modo, la escritura permitió una transmisión mucho más efectiva de información en comparación al lenguaje oral, y por ello, se convirtió en una pieza clave dentro de la conformación de grupos sociales cada vez más grandes.

Esta nueva tecnología fue el factor determinante en la aparición en la articulación de las primeras leyes y códigos de conducta sobre los que se construyó el concepto de ciudad-estado que surge en Mesopotamia y que se extendería a diversos rincones del planeta con el devenir de los siglos siguientes. Asimismo, la organización social basada en esta nueva tecnología provocó el surgimiento de la burocracia, una élite de letrados encargados de administrar el aparato social que se extendió de forma directamente proporcional a la manera en que la escritura expandía los límites espacio-temporales de la comunicación humana.

A partir de este momento, el contacto directo con otras personas ya no sería una limitación para establecer un vínculo comunicativo con los otros. Con la escritura, el pasado se convierte en presente, la información viaja a una velocidad nunca antes vista, y esto a su vez, tendrá fuertes repercusiones en los mecanismos con los que operarían las sociedades civilizadas.[14]

Otro paso en la evolución de la comunicación se dio con la invención del alfabeto, una tecnología que aparece varios siglos después de la invención de la escritura y que permitió un grado mayor de abstracción simbólica a partir de la construcción de un sencillo sistema de signos con el que fue posible alcanzar una claridad conceptual sin precedentes[15].

El alfabeto permitió al ser humano adquirir una concepción más profunda de su entorno y su propia existencia, además de ser un nuevo vehículo capaz de incrementar los alcances del lenguaje escrito como medio de difusión de la información, ya que esta tecnología permitió que la información fuera accesible a un mayor número de sectores sociales que hasta entonces permanecían marginados en cuanto a la construcción del conocimiento. Si bien el uso de esta tecnología seguía estando concentrado en pocas manos, pues en la antigüedad la gran mayoría de las personas no sabían leer ni escribir, los procesos de expansión territorial del comercio y el control político provocó que un número creciente de individuos tuviera acceso al uso de esta tecnología, algo que resultó fundamental en el eventual fortalecimiento de los aparatos burocráticos.

Por ello, algunos autores consideran que la invención del alfabeto fue un factor determinante para explicar la manera en que la Grecia antigua empieza a generar nuevas formas de pensar la realidad a través de un marco lógico-conceptual que pudiera hacer frente al marco epistemológico sobre el que se construyó el mundo antiguo, basado en el mito y la magia como medios para conocer el mundo, según sostienen Goody y Watt al afirmar que “el surgimiento de la civilización griega es, pues, el primer ejemplo histórico de la transición a una sociedad con verdadera cultura escrita”[16].

Si bien el acceso a esta tecnología seguía estando limitado para ciertos sectores sociales, el alfabeto permitió una expansión nunca antes vista de la palabra escrita y otras redes de significación, lo cual influyó de forma determinante para la constitución de una sociedad más equitativa en la que aparecen los primeros intentos por establecer un sistema de gobierno democrático que posicionara el bien común por encima de los intereses personales.

En este contexto fue que pensadores de la talla de Aristóteles y Platón, por mencionar a algunos, empezaron a confeccionar un nuevo mundo a través de diversos textos todavía vigentes, gracias a los alcances de una escritura capaz de reproducir el lenguaje oral y una precisión conceptual a niveles nunca antes vistos.

La Grecia clásica representa a una sociedad letrada capaz de ejercer un nuevo nivel de crítica hacia el status quo, establecido durante la antigüedad, a través de una plataforma de comunicación con la fuerza suficiente para potencializar a la razón como un medio para construir una nueva dimensión de la realidad[17]. Esto debido a que la aparición del alfabeto fonético propició nuevos esquemas de comunicación que tendrían un efecto decisivo en la conformación de una inteligencia colectiva con el poder necesario para detonar una transformación social que sólo sería posible gracias a nuevos esquemas de pensamiento, capaces de delimitar el poder de los gobernantes a través de disciplinas como la política, el derecho y la filosofía, situación que se aceleraría todavía más, con el surgimiento de la imprenta en Europa algunos siglos más tarde.

Con la aparición de Gutenberg y su imprenta de tipos móviles a mediados del siglo XV, la comunicación dio otro enorme salto en la historia de occidente[18]al permitir que la información contenida en los libros pudiera reproducirse de forma vertiginosa, lo cual trajo como consecuencias que en poco más de tres siglos, las ideas surgidas en la Ilustración lograran expandirse rápidamente por todo Europa hasta materializarse en las revoluciones burguesas que marcarían el comienzo de la modernidad. Una vez más, los procesos de comunicación serían determinantes en la construcción de un nuevo orden social, y esto se debe a que la letra impresa revolucionó la velocidad de los flujos de información, algo que se extendió por todo el planeta con el proceso de globalización que empieza a gestarse con el colonialismo europeo y que tomaría forma a partir de la Revolución Industrial.

Algo similar ocurre hoy en día con la llegada del internet, cuya aparición a finales del siglo XX ha detonado una transformación social a ritmo acelerado, pues los cambios que antes demoraban miles de años para tomar forma y consolidarse, ahora lo hacen en unas cuantas décadas. Un acontecimiento que de acuerdo con autores como Castells o Wellman, ha propiciado el surgimiento de un nuevo esquema de organización social: la sociedad en red[19].

El principal atributo del internet reside en su capacidad de generar conexiones múltiples entre personas de todo el mundo, sin que la geografía sea una limitante para entablar una relación directa de comunicación además del encuentro cara a cara. Esto ha generado que la gente con ideas afines pueda establecer vínculos sin necesidad de intermediarios, lo cual ha derivado en una conectividad sin precedentes en la historia humana.

De ahí que algunos teóricos de la comunicación consideren que el surgimiento de internet representa un parteaguas en la reconfiguración del aparato social. Las reglas del juego son otras, y esto tiene repercusiones directas en diferentes componentes estructurales del tejido social, desde cambios profundos en los procesos de producción y generación de la riqueza, hasta la manera en que se desarrollan las relaciones de poder. Un nuevo mundo se está gestando y esto se debe en gran parte, a las posibilidades que ofrece el ciberespacio para comunicarnos con otros y las facilidades que brinda esta herramienta para generar acciones colectivas. Acontecimiento que para algunos, representa el inicio de una nueva era, tal como bien señala Galindo Cáceres:

“La lógica de la comunicación, de la vida horizontal, del diálogo, de la interacción, del enriquecimiento mutuo, también está presente y gana espacio gracias a la red de relaciones, y no gracias a la concentración de la información en un solo lugar. La red es la respuesta a la paranoia de la sociedad de la información; entre más grande, entre más múltiple y diversa, menos posibilidades de control central autárquico: el monstruo se desvanece, aparece una nueva sociedad con una nueva cultura, la cibersociedad y la cibercultura”[20].

La información ya no circula en un solo sentido, como ocurría anteriormente, sino que fluye en múltiples direcciones, distribuyendo así el conocimiento y el poder de forma cada vez más horizontal. En el ciberespacio la gente deja de ser un ente pasivo que simplemente recibe información para participar activamente en la toma de decisiones. La sociedad de masas se convierte entonces en multitudes inteligentes capaces de producir realidad social por medio de la acción colectiva.

Todo lo anterior nos permite establecer que existe una relación profunda entre el nivel de comunicación y la velocidad con la que se desarrollan las transformaciones sociales, y esto se debe principalmente a la manera en que las redes de comunicación amplifican el poder del sujeto como agente transformador de lo social[21]. Una conectividad mayor de los sujetos dentro de una red de transmisión de información, genera un efecto multiplicador capaz de generar una nueva conciencia colectiva que sirva de base para la construcción del mundo.

Si la construcción del aparato social es ante todo un reflejo de la mente humana, eso quiere decir que al modificar el significado de los mensajes que utilizamos a diario para comunicarnos con los otros, esto tiene una repercusión directa en la construcción del mundo y su transformación. El medio es el mensaje, de acuerdo con McLuhan, y por ello, la manera en que nos relacionamos con los otros y la forma en que operan los procesos de comunicación en el seno de lo social tienen un efecto directo en la modificación de las estructuras simbólicas que sostienen la idea de mundo, pues como bien apunta Norbert Bolz, “el mundo es todo aquello que es comunicado”[22]. @

 


[1] De acuerdo con la definición de la Real Academia de la Lengua Española. Otros autores como Cabrera establecen que el poder es “tener facultad, virtud, disposición, aptitud para hacer alguna cosa” [Ramón Cabrera. Diccionario de etimologías de la lengua castellana. España. Imprenta de don Marcelino Calero. 1837. Tomo I, página 545].
[2] Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. México. Siglo XXI. 2005, página 12.
[3] Max Weber. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. México. Fondo de Cultura Económica. 1996. Décima reimpresión, pág. 5.
[4] Wittgenstein define a la realidad como todo aquello que es posible; el mundo, en cambio, lo define como una relación causal de hechos basados en un conjunto de ‘entidades’ que conforman la condición de posibilidad del mundo: la estructura lógica, los valores morales-estéticos y el sujeto metafísico. Mientras la realidad absoluta es infinita, el mundo es una delimitación de lo real, efectuada a partir de una estructura racional que funciona como marco de referencia para la construcción del mundo a partir de un sujeto que piensa. [Ludwig Wittgenstein. Tractatus lógico-philosophicus. España. Alianza Editorial. Tercera reimpresión. 2002, 5.632 y 5.633].
[5] Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008, página 31.
[6] Manuel Castells. “El poder en la era de las redes sociales”. Nexos, número 417. México. Septiembre de 2012, página 45.
[7] “Los sistemas sociales se constituyen de acciones y relaciones humanas: lo que les confiere a éstas su pauta es su repetición a través de periodos de tiempo y distancias en el espacio. Así en el análisis sociológico las ideas de reproducción social y de estructura social están íntimamente ligadas. Hemos de entender las sociedades humanas como edificios que en todo momento son reconstruidos por los mismos ladrillos que las componen. Las acciones de todos nosotros están influidas por las características estructurales de las sociedades en las que crecemos y vivimos; al mismo tiempo, recreamos (y también hasta cierto punto, alteramos) esas características estructurales con nuestras acciones”. [Anthony Giddens. Sociología. España. Alianza Universidad Textos. 1996. Segunda edición. Segunda reimpresión,pág. 52].
[8] Jean François Lyotard. La condición postmoderna: informe sobre el saber. Argentina. Ediciones Cátedra. 1991. Segunda edición, pág. 18].
[9] Max Weber. Op. cit., pág. 26.
[10] John Holloway. “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. México. Sísifo Ediciones-Bajo Tierra Ediciones, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 2010, pág. 43.
[11] José Fernández Santillán. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf
[12] Blai Guarné Cabello. Oralidad, escritura y tecnologías de la comunicación, en Adriana Gil Juárez, et al. Tecnologías sociales de la comunicación. España. Editorial UOC. 2005, pág. 80.
[13] Anthony Giddens. Sociología., pág. 74.
[14] “La conciencia del pasado depende, pues, de una sensibilidad histórica que difícilmente puede darse en ausencia de registros escritos permanentes. La escritura introduce cambios similares en la transmisión de otros elementos del repertorio cultural. Pero el alcance de estos cambios varía según la índole y la distribución social del sistema de escritura en cuestión, es decir, varía en función de la eficacia intrínseca del sistema como medio de comunicación, y en función de las restricciones sociales que le son impuestas, o sea, del grado de difusión que tiene el uso del sistema en la sociedad” [Jack Goody. Cultura escrita en sociedades tradicionales. España. Editorial Gedisa. 2003. Primera reimpresión, pág. 46].
[15] Esta tecnología es el reflejo de la evolución de la escritura ideográfica a la fonética. A finales del IV milenio a.C., los sumerios comenzaron a escribir su idioma mediante ideogramas, que representaban palabras y objetos, pero no conceptos abstractos. Se cree que el alfabeto fonético, que sustituyó al silábico, pudo tener su origen en el alfabeto semítico septentrional o cananeo, datado entre el 1700 y el 1500 a.C., mismo que dio origen al alfabeto fenicio que se expandió rápidamente por todo el Oriente Medio y parte del Mediterráneo, del cual se desprenden otros alfabetos como el griego, cirílico, arameo, hebreo, árabe, etrusco y romano.
[16] Jack Goody. Op. cit., pág. 53.
[17] Otros autores parecen ir en un sentido similar, tal como señala Antonio Alegre Gorri al hacer una revisión del trabajo de Havelock: “El paso de la oralidad a la escritura alfabética –es decir, a un medio de expresión escrita accesible, al menos en potencia, a todo el mundo, y además capaz de acoger y reproducir toda la riqueza fonética del habla oral- es un momento decisivo para la transición de una sociedad regida por la tradición, que experimentaba el orden de las relaciones sociales como sagrado e inmutable, a una sociedad política que concibe su propio ordenamiento como objeto de decisión consciente de sus miembros y, por ende, de discusión racional. Sólo en este horizonte pueden emerger las nociones de razón, sujeto y moral (y con ello, la filosofía, la política, la retórica y el derecho); y sólo a partir de ahí, la indagación del orden de la naturaleza deja de ser privilegio de una casta sacerdotal y queda abierta a la especulación racional de cualquiera que esté capacitado para ello: he aquí lo que se ha designado, con cierto anacronismo, como el ‘nacimiento de la ciencia’”. [Erick A. Havelock. La musa aprende a escribir: reflexiones sobre la oralidad y la escritura desde la antigüedad hasta el presente. España. Ediciones Paidós. 2008, pág. 15].
[18] Se dice que entre 1041 y 1048, Bì Shēng inventó en China el primer sistema de imprenta de tipos móviles, donde ya existía un tipo de papel de arroz, a base de complejas piezas de porcelana en las que se tallaban los caracteres chinos; esto constituía un complejo procedimiento por la inmensa cantidad de caracteres que hacían falta para la escritura china. En 1234 artesanos del reino de Koryo (actual Corea), conocedores de los avances chinos con los tipos móviles, crearon un juego de tipos que se anticipó a la imprenta moderna. Sin embargo, la imprenta moderna no se creó hasta el año 1440 aproximadamente, de la mano de Johannes Gutenberg [es.wikipedia.org]. El éxito de la imprenta europea frente a su contraparte china sólo puede explicarse en virtud de las facilidades que ofrece esta tecnología al alfabeto occidental compuesto por alrededor de 30 caracteres, frente a la complejidad de la escritura china.
[19] El término sociedad red fue acuñado en 1991 por Jan van Dijk en su obra De Netwerkmaatschapágs.ij (La Sociedad Red). Sin embargo, es Manuel Castells quien ha contribuido a mayor desarrollo y popularización del término a partir del extenso análisis que desarrolla sobre los cambios sociales derivados de las tecnologías de la comunicación. Al respecto explica Castells: “Las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites, integrando nuevos nodos mientras puedan comunicarse entre sí, es decir, siempre que compartan los mismo códigos de comunicación (por ejemplo, valores o metas de actuación). Una estructura social que se base en las redes es un sistema muy dinámico y abierto, susceptible de innovarse sin amenazar su equilibrio”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México. Siglo XXI. 2005. Sexta edición, pág. 507]. Si bien este modo de organización no es nuevo, sí lo son sus alcances a partir de las nuevas tecnologías de la información: “Aunque la forma en red de la organización social ha existido en otros tiempos y espacios, el nuevo paradigma de la tecnología de la información proporciona la base material para que su expansión cale toda la estructura social” [Ibidem, pág. 505].
[20] Jesús Galindo Cáceres. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II, volumen IV, número 7. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pág. 17.
[21] Un tema ampliamente desarrollado por Castells, quien sostiene que “la relación histórica parece indicar que, en términos generales, cuanto más estrecha sea la relación entre los emplazamientos de la innovación, la producción y el uso de las nuevas tecnologías, más rápida será la transformación de las sociedades y mayor la retroalimentación positiva de las condiciones sociales sobre las condiciones generales necesarias para que haya más innovaciones”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red, pág. 64].
[22] Norbert Bolz. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

::.

::.

Bibliografía:

BLANCO JAKSIC, Christian. El concepto de sociedad civil. Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades. Chile, 2005. http://www.libertadesciudadanas.cl/documentos/docs/El%20Concepto%20de%20Sociedad%20Civil.pdf

BOLZ, Norbert. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

FERNÁNDEZ SANTILLÁN, José. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf

FREIRE, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI. México, 2005. Segunda edición.

GALINDO CÁCERES, Jesús. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”.Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, número 7, Época II, volumen IV. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pp. 9-23.

HABERMAS, Jürgen. El discurso filosófico de la modernidad. Katz Editores. España, 1998. Primera edición.

HABERMAS, Jürgen. Escritos sobre moralidad y eticidad. Ediciones Paidós. España, 2003.

HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008.

WEBER, Max. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. Fondo de Cultura Económica. México, 1996. Décima reimpresión.

WITTGENSTEIN, Ludwig. Tractatus lógico-philosophicus. Alianza Editorial. España, 2002. Tercera reimpresión.

Reinventar la democracia en código abierto: Clay Shirky

Una plática de Clay Shirky, especialista en medios y redes sociales, sobre las posibilidades que ofrece el internet para construir nuevas vías de democracia participativa. ¿Será posible redactar una Constitución en código abierto? ¿Será Linux el referente para reinventar al poder legislativo? Ideas que estimulan la imaginación de los ciudadanos inconformes. Nuevas vías de afrontar la profunda crisis de los sistemas de representación política emanados de la modernidad.

La comunicación emergente: hacia un nuevo modelo de organización social

En el reacomodo de libros y demás, salió a la luz un trabajito que hice en la universidad en abril de 2010  y que, de algún modo, es un borrador del capítulo III de mi tesis profesional Sujeto y comunicación: bases de la transformación social. Les dejo este ensayo previo que tiene algunos datos y referencias que olvidé incluir en la tesis o que de plano ya no tuvieron cabida. Les comparto el texto que presenté como trabajo final para mi extraordinario en la materia de Análisis de la comunicación emergente.

El cambio de paradigma social

Son tiempos de ruptura, de cambios profundos que marcarán el comienzo de una nueva era. La civilización maya predijo que el mundo como lo conocemos terminaría por derrumbarse en diciembre de 2012, lo cual, a estas alturas del partido, no puede parecer más evidente, pues no cabe la menor duda de que el mundo en el que vivirán las próximas generaciones de seres humanos distará mucho del que vivimos actualmente, una vez que el sistema social emanado del proyecto de modernidad finalmente termine por colapsarse.

A inicios de 1600, Descartes declararía formalmente inaugurada la era moderna al separar las nociones de sujeto-objeto y establecer el predominio de la razón como un instrumento capaz de liberar al ser humano de las ataduras de las instituciones religiosas que utilizaron la figura de Dios para legitimar un poder político que se expandió durante siglos por toda Europa. Esta expansión de la monarquía europea, provocó la necesidad de construir una estructura administrativa que le permitiera a la corona poder ejercer un control más efectivo sobre su territorio, acto que irónicamente, terminaría abriendo las puertas para que la burguesía naciente asumiera el poder luego de que la expansión de las ideas emanadas de la Revolución Francesa. A partir de entonces, la razón se impuso como medida de todas las cosas, permitiendo el florecimiento de la ciencia moderna, la revolución industrial y la consolidación de un sistema capitalista vigente hasta nuestros días pese al evidente desgaste por el que atraviesan las estructuras sobre las que se sostiene el sistema económico.

La modernidad ha rebasado sus propios límites y por ello, podemos afirmar que su tiempo ha terminado. Expliquémoslo desde un enfoque funcionalista al estilo de Luhmann. El sistema social, al igual que cualquier otro, busca sobrevivir y expandirse. Una vez que no puede crecer más, el sistema cobra conciencia de sí mismo, por decirlo de alguna manera, y se da cuenta de que necesita reinventarse para poder garantizar su existencia. El sistema muere sólo para dar paso al nacimiento de un nuevo sistema que, tarde o temprano, habrá de terminar sólo para comenzar de nuevo, debido a que el tiempo es cíclico, tal como bien explica Nietzsche con su noción del eterno retorno. La monarquía inventó a la burguesía para crecer más allá de sus propios límites, y eso precisamente terminaría por imponer un nuevo sistema social llamado modernidad, el cual ha llegado a su límite máximo.

El agotamiento de este sistema es evidente en la manera en que opera el sistema económico vigente, el cual ha provocado, más allá de la creciente desigualdad social, una crisis ambiental sin precedentes, tal como queda de manifiesto con los efectos del cambio climático, fenómeno que ha provocado una revisión profunda de la estructura económica actual. El sistema económico no es compatible con la capacidad del planeta para renovarse. Tenemos un sistema económico lineal operando en un mundo que funciona a base de ciclos. Pongamos un ejemplo. Si una empresa como Coca Cola impone récord de ventas en 2008, en 2009 va a querer superar dicho récord, en 2010 igual y así sucesivamente, pues el capitalismo no conoce límite alguno. Este proceso, basado en un consumo excesivo, tiene un alto costo para el planeta debido a los altos gastos de energía que se requieren dentro del proceso productivo. Por ello, existen algunas propuestas económicas que plantean reinventar el sistema desde sus bases más profundas, incluyendo los criterios para establecer precios de algunos bienes. ¿Cómo ponerle precio a un árbol en medio de un bosque? Mientras una visión clásica de la economía establecería dicho costo basado en los principios de oferta y demanda, esta perspectiva no contempla todos los beneficios que implica ese árbol para equilibrar el sistema natural, tal como ocurre con la captación de agua y captura de gases de efecto invernadero (causantes del calentamiento global), por ejemplo. De ahí, que en las últimas décadas hayan aparecido términos como el de “mochila ecológica”, “huella de carbono” y más recientemente “capital natural”, los cuales pretenden integrar los recursos naturales con las leyes de mercado con el fin de restablecer el equilibrio perdido por la voracidad del sistema capitalista. Todo esto, implica cambios de gran escala en el mundo como lo conocemos, ya que esto provocará cambios en nuestros patrones de consumo y la manera en que producimos energía, lo cual a su vez cambiará las relaciones de poder entre los países del mundo. Incluso, algunos especialistas como Serge Latouche empiezan a hablar sobre la posibilidad de que el descrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se convierta en un modelo de desarrollo que combata al consumo excesivo que prevalece hoy en día.

Del mismo modo, la propiedad privada (uno de los pilares del sistema económico de acuerdo con Adam Smith) empieza a ceder terreno frente a otras formas de propiedad colectiva, una situación evidente en el mundo del ciberespacio, donde la cooperación empieza a ser parte de un nuevo esquema de organización social sin precedentes, situación que sólo pudo ser posible a partir del vertiginoso desarrollo del internet.

En su libro Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, Howard Rhiengold sostiene que “internet es el ejemplo de bien público artificial con mejores resultados de los últimos tiempos”, pues internet no es sino la “infraestructura que posibilita nuevos modos de organizar la acción colectiva a través de tecnologías de la comunicación”[1]. Esta afirmación del especialista en tecnologías de la información deja claro la manera en que el internet se ha convertido en un  detonante capaz de revolucionar las relaciones sociales mediante la creación de bienes públicos, ya que, tal como señala Lawrence Lessig, profesor de derecho en Harvard y Stanford, “el valor de internet no procede de una institución o compañía, sino de las innovaciones colectivas de millones de participantes”[2].

Este cambio en la manera de percibir muchas de las estructuras sociales que se creían intocables, ha permitido explorar otras posibilidades de la organización social, tal como explica Clay Shirky, quien considera que en un futuro no muy lejano, los grupos cerrados y compañías darán paso a redes más laxas donde pequeñas contribuciones juegan un rol importante y la cooperación fluida reemplaza formas rígidas de planeación, y donde el poder de las instituciones fluya de manera más horizontal[3].

::.

El ejemplo de Wikipedia

Hoy en día, son pocos los usuarios de internet que pueden negar los beneficios que arroja la cooperación de los usuarios en la construcción del conocimiento, tal como ocurre con proyectos web como Wikipedia, la enciclopedia libre, sitio que en poco tiempo ha logrado consolidarse como uno de los más visitados del mundo, casi a la par de buscadores como Yahoo, MSN y Google que ocupan los primeros tres puestos de la lista global.

Wikipedia se define a sí misma como una enciclopedia libre plurilingüe basada en la tecnología wiki. Wikipedia se escribe de forma colaborativa por voluntarios, permitiendo que la gran mayoría de los artículos sean modificados por cualquier persona con acceso mediante un navegador web, misma que surge  como “un esfuerzo para crear y distribuir una enciclopedia libre, de la más alta calidad posible, a cada persona del planeta, en su idioma, para lograr un mundo en el que cada persona del planeta tenga acceso libre a la suma de todo el saber de la humanidad”, según la visión de sus creadores[4].

Originalmente, el proyecto de la enciclopedia libre surge a raíz de la aparición de Nupedia en marzo de 2000, el cual fue dirigido por Jimmy ‘Jimbo’ Wales y Larry Sanger, editor en jefe, con el objetivo de crear una enciclopedia en línea de alta calidad, de código abierto y que pudiera ser modificada con la participación de académicos y eruditos de todo el mundo.

Sin embargo, la lentitud de los procesos burocráticos y revisión de contenido, provocó que Wales y Sanger decidieran iniciar un ‘pequeño proyecto alterno’ en el que usuarios de todo el mundo pudieran editar y escribir artículos que fueran revisados posteriormente por los especialistas, mediante la utilización de un código wiki, desarrollado por Ward Cunningham, quien definió dicho código, como “la base de datos en línea más simple que pueda funcionar”[5]. Fue así como Wikipedia, nació un 15 de enero de 2001 originalmente como un proyecto en lengua inglesa, aunque dos meses más tarde, en marzo de 2001, se inició la segunda edición del proyecto, la Wikipedia en alemán. El crecimiento acelerado de la Wikipedia, provocó que Wales y Sanger abandonaran el proyecto de la Nupedia, para enfocarse de lleno al desarrollo de la ‘nueva’ enciclopedia libre, misma que tomó su nombre de una propuesta de Sanger, quien se dedicó a establecer algunas pautas y lineamientos del sitio web, la cual trabaja con una licencia de documentación libre GNU (también conocida como GDFL), es decir, una licencia copyleft para contenido libre, diseñada por la Fundación del Software Libre, la cual estipula que cualquier copia del material, incluso de ser modificado, debe llevar la misma licencia. Dichas copias pueden ser vendidas pero, de ser producidas en cantidad, deben ser distribuidas en un formato que garantice futuras ediciones. Wikipedia es el mayor proyecto que utiliza esta licencia.

En síntesis, podríamos decir que Wikipedia es una enciclopedia, entendida como soporte que permite la recopilación, el almacenamiento y la transmisión de la información de forma estructurada. Es un wiki, por lo que, con pequeñas excepciones, puede ser editada por cualquiera, debido a su contenido abierto que utiliza la licencia GDFL.

A pesar de que la libre participación de la sociedad dentro del proyecto se ha convertido en el principal blanco por parte de la crítica, ésta es también su mayor fuerza, ya que la democratización del conocimiento a través de la interacción grupal de los diversos asentamientos humanos, es el motor principal de la sociedad de la información, en la que el acceso a ella y la participación ciudadana juegan un papel central, tal como lo expresa Armand Mattelart:

“El peligro para las ciencias de la comunicación está en la política de la tábula rasa: olvidar que somos el producto de construcciones anteriores (…) No puede haber una sociedad de la información o diversidad cultural, sin diversidad mediática y sin participación, porque esa es la definición que hacen de la comunicación estos medios alternativos: el acceso y la participación”[6].

En la misma tónica, el especialista en comunicación y nuevas tecnologías, Raúl Trejo Delabre, sugiere que aunque el proyecto de la enciclopedia libre es susceptible a tener fallas de fiabilidad, éste tipo de herramientas no pueden ser desechadas por la pedagogía, ya que de cualquier modo, brinda una excelente oportunidad para constatar algunos datos que faciliten el conocimiento por parte de los estudiantes.

“Como todo proyecto abierto, en Wikipedia existe la posibilidad de errores o engaños. Pero ese mismo carácter contiene los mecanismos para que la información allí disponible sea verificada y enmendada constantemente. En tan solo seis años, Wikipedia se ha convertido en referencia indispensable de la cultura contemporánea y es el proyecto intelectual más concurrido que haya existido jamás. Su diseño básico reproduce la estructura colaborativa en la que se desarrolla la creación del conocimiento. Vale la pena no marginar a la educación a distancia, y a la educación en todas sus modalidades, de experiencias como esa”[7].

La participación de la sociedad global en la construcción de Wikipedia, presenta un punto llamativo dentro del estudio de las ciencias sociales, ya que la democratización del conocimiento ha provocado que la gente se sienta comprometida a seguir generando nuevas plataformas para el desarrollo del conocimiento humano y por lo tanto, un beneficio directo tanto para el individuo como para la sociedad en su conjunto, de la misma forma que lo establecen otras ciencias como las matemáticas aplicadas, dentro de la ‘teoría de los juegos’[8].

::.

Los efectos sociales de las redes de comunicación

La participación ciudadana en proyectos de esta índole, podría producir algunos frutos en el futuro próximo, tal como señala el periodista James Surowiecki en su libro ‘La Sabiduría de los grupos: Por qué los muchos son más inteligentes que los pocos y cómo la sabiduría colectiva da forma a los negocios, economía, sociedades y naciones’, publicado por primera vez en 2004. Esto, debido a que la combinación de la información en grupos suele producir una toma de decisiones más acertada que las que podrían haber sido tomadas por un solo miembro del grupo. Según la tesis de Surowiecki, basada en un perfil económico y psicológico, no todas las masas son sabias, ya que para que esto ocurra es necesario que intervengan factores como la diversidad de opinión, pues cada persona debería tener información privada aún si es sólo una interpretación excéntrica de los hechos conocidos, la independencia del individuo, donde las opiniones de la gente no deberían ser determinadas por las opiniones de los que los rodean, la descentralización, donde la gente debería poder especializarse y recurrir al conocimiento local, y la Combinación, ya que existen algunos mecanismos para convertir los juicios privados en decisiones colectivas.

Si tomamos en cuenta los puntos de Surowiecki, el conocimiento al alcance de las masas podría ser un factor de suma importancia dentro del desarrollo de la historia del hombre, ya que esto podría abrir un camino nunca antes visto en la toma de decisiones de la sociedad en cuestiones de interés público, tal como lo referente al gobierno y el estado.

Esto es precisamente a lo que Rheingold ha denominado como multitudes inteligentes, es decir, grupos sociales que cuentan cada vez con mayor información a la hora de tomar sus decisiones debido al rápido crecimiento de las redes de comunicación, las cuales podrían explicar la rapidez con la que se generan los cambios sociales.

Si la sociedad es comunicación, como afirma Luhmann, esto podría ayudarnos a entender como el desarrollo del internet y de las redes de comunicación han logrado transformar a la sociedad global de principios de siglo XXI.

Kevin Kelly ejemplifica muy bien esta cuestión al comparar al internet con un cerebro humano, en el cual, se desarrollan una serie de conexiones y redes neurológicas capaces de construir mayores capacidades cognoscitivas, y donde cada aparato que se conecta a esa enorme máquina llamada internet sería comparable con cada una de las neuronas que constituyen nuestro cerebro[9].

La proliferación y el aumento de estas redes comunicacionales han ayudado a desarrollar un conocimiento colectivo que se manifiesta claramente en las nuevas generaciones de seres humanos. Mucho se habla, por ejemplo, de que los niños de la actualidad son cada vez más inteligentes que los de antaño, una afirmación que es necesario revisarla a profundidad para evitar caer en suposiciones carentes de fundamento. La diferencia entre un niño nacido en el siglo XXI y uno nacido a principios del siglo XX no estriba en su capacidad intelectual, que es básicamente la misma, sino en la manera en que las redes de comunicación han logrado influir de forma visible en el comportamiento de las nuevas generaciones. En otras palabras, podríamos decir que la construcción de estas complejas redes de información han hecho que los niños de la actualidad cuenten con una sorprendente capacidad de interpretar el mundo en el que viven. Algo lógico, si tomamos en cuenta que mientras a principios de siglo XX la información disponible para los grandes públicos estaba limitada al material impreso de difícil acceso en comparación al bombardeo mediático de la actualidad. Para los niños de hoy, basta apretar un botón para acceder a otras dimensiones de la realidad humana, sin importar ningún tipo de restricción espacial o temporal, lo cual, necesariamente, se traduce en una “inteligencia” por encima de las generaciones anteriores, lo cual es en realidad, un reflejo de la manera en que los procesos comunicativos son capaces de transformar la realidad social. Al respecto dice Arun Netravali, el entonces presidente de los laboratorios Bell durante 2002:

“Cuando sus hijos tengan su edad, una megarred de redes envolverá a la Tierra como una piel de comunicación. A medida que la comunicación se vuelva más rápida, más pequeña, más barata y más inteligente durante el milenio que comienza, esta piel, alimentada por un flujo constante de información (…) contendrá millones de sistemas de medición electrónica que controlarán ciudades, ferrocarriles y medio ambiente[10].

Y si estas redes son capaces de transformar a la sociedad de la manera en que refiere Netravali, se debe a la manera en que estas redes tienen la posibilidad de modificar la percepción de la realidad presente en la gente, en la sociedad. De ahí que este fenómeno sobre las redes comunicativas es sumamente interesante, pues en realidad, son una de las estructuras fundamentales sobre las que se construye la sociedad. ¿Podríamos imaginar o entender a nuestra civilización sin la aparición del alfabeto y la escritura? Por supuesto que no, y del mismo modo, es probable que en algunos siglos no podamos concebir a la civilización sin la existencia de estas nuevas tecnologías de la información que paulatinamente irán borrando los límites actuales entre el hombre y la máquina, tal como puede observarse hoy en día con la todavía incipiente nanotecnología que dentro de algunas décadas se convertirá en una práctica común en cualquier hospital del mundo.

Por ello, no resulta insensato asegurar que el internet es una de las bases fundamentales sobre las que se sostiene este cambio de paradigma social por el que estamos viviendo. Internet ha representado una apertura total de información susceptible de transformarse en un conocimiento colectivo capaz de transgredir el orden social vigente en nuestros días. Esto es fácil de explicar, ya que cuando una persona cambia su conciencia del mundo y la trascendencia de sus acciones, puede cambiar sus hábitos, el cambio de hábitos es capaz de transformar a las instituciones (tal como afirma Giddens), y la transformación de dichas instituciones con capaces de cambiar la realidad social.

Este cambio en el paradigma social representa importantes retos para la política y la manera en que se desarrollan las relaciones de poder, ya que al cambiar las estructuras fundamentales sobre las que se sostiene la sociedad contemporánea la política tendrá forzosamente que dar un giro, tal como afirma Sloterdijk con su concepto de hiperpolítica. Al respecto de este cambio que las nuevas tecnologías han propiciado en las nuevas generaciones nos dice Sloterdijk:

“Los jugadores del nuevo juego mundial de la nueva era industrial ya no se definen a sí mismos por la patria y el suelo, sino por medio de los accesos a estaciones de ferrocarril, a terminales, a posibilidades de enlace. El mundo es para ellos una hiperesfera conectada en red. El que accede a la clase de las tareas elevadas, la propia de los actores de la hiperesfera, empieza a tener que ver con lo grande de una forma muy distinta, una forma que no podía aprenderse en Roma, ni en Atenas, ni en los Lycèes y Gymnasien de la Europa moderna”[11].

Si el concepto del Estado como lo conocemos ha de sufrir un cambio sustancial, lo mismo debe ocurrir con la política, en la cual, los hombres ya no pueden seguir utilizando a otros hombres para reproducir un discurso dominante que ayude a las élites a mantener el poder, sino por el contrario, es necesario que la sociedad construya estructuras sólidas que permitan a los seres humanos inventarse a sí mismos construyéndose como sujetos autónomos, actores de sus propios actos, seres creadores capaces de darle un giro de 180 grados a nuestra definición de realidad social. Seres capaces de cambiar al mundo por medio de sus acciones. Por ello, es necesario que los seres humanos construyan un nuevo paradigma de sociedad a partir del entendimiento de que la sociedad es precisamente, una dimensión más amplia de la conciencia humana.

Fromm afirma en su obra El corazón del hombre, que el hombre actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito, pero lo más grave, es que la mayor parte de las personas que viven en el sistema actual, se han construido a sí mismos como objetos, como máquinas capaces de generar riqueza y reproducir un discurso, meros instrumentos que han ayudado a consolidar una dominación de la que ni siquiera perciben su existencia.

Según el autor, en la sociedad actual el éxito y el fracaso se basa en el saber invertir la vida. El valor humano, se ha limitado a lo material, en el precio que pueda obtener por sus servicios y no en lo espiritual (cualidades de amor, ni su razón, ni su capacidad artística). La autoestima en el hombre depende de factores externos y de sentirse triunfador con respecto al juicio de los demás. De ahí que vive pendiente de los otros, y que su seguridad reside en la conformidad; en no apartarse del rebaño. El hombre debe estar de acuerdo con la sociedad, ir por el mismo camino y no apartarse de la opinión o de lo establecido por ésta. Para funcionar bien, la sociedad de consumo necesita una clase de hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos que quieren consumir más y más, cuyos gustos estén estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Este tipo de sociedad necesita hombres que se sientan libres o independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que no obstante estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social. Los hombres actuales son guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin ninguna meta, salvo la de continuar en movimiento, de avanzar. Esta clase de hombre es el autómata, persona que se deja dirigir por otra.

Este concepto de ‘hombre máquina’, el cual aparece también en la obra de Herbert Marcuse y su noción de ‘hombre unidimensional’, es el mayor reto que enfrenta la sociedad actual. Alguna vez escribió el pedagogo brasileño Paulo Freire, que la libertad es conquista y no donación, y por ello, es necesario que el ser humano aprenda a pensarse por sí mismo y asumir la responsabilidad de sus acciones, a pesar de que sea más fácil y cómodo dejar que sean otros los que piensen por uno. El ser humano necesita más que nunca salirse del sistema, de esa jaula de hierro de la que hablaba Weber, de esa Matrix que mantiene preso al ser humano. Y en esta búsqueda y en esta conquista de la libertad, la comunicación y el desarrollo de las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental.

 

BIBLIOGRAFÍA

CIBERGOLEM. La quinta columna digital: antitratado sobre hiperpolítica. Gedisa Editorial. España, 2005.

FROMM. Erich. El corazón del hombre. FCE. México, 1983.

LUHMANN, Niklas. Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia. Editorial Trotta. España, 1998.

MATTELART, Armand. La comunicación masiva en el proceso de liberación. Siglo XXI. México, 1988. Decimosegunda edición.

RHEINGOLD, Howard. Multitudes inteligentes: la próxima revolución social. Gedisa Editorial. España, 2004.

SLOTERDIJK, Peter. En el mismo barco: ensayo sobre la hiperpolítica. Ediciones Siruela. España, 2008. Quinta edición.


[1] Howard Rhiengold. Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, página 74.

[2] Ibídem, página 82.

[5] Un wiki (del hawaiano wiki wiki, que significa rápido) es un sitio web colaborativo que puede ser editado por varios usuarios. Los usuarios de una wiki pueden así crear, editar, borrar o modificar el contenido de una página web, de una forma interactiva, fácil y rápida; dichas facilidades hacen de una wiki una herramienta efectiva para la escritura colaborativa. La tecnología wiki permite que páginas web alojadas en un servidor público (las páginas wiki) sean escritas de forma colaborativa a través de un navegador, utilizando una notación sencilla para dar formato, crear enlaces, etc, conservando un historial de cambios que permite recuperar fácilmente cualquier estado anterior de la página. Cuando alguien edita una página wiki, sus cambios aparecen inmediatamente en la web, sin pasar por ningún tipo de revisión previa. Los orígenes de los wikis están en la comunidad de patrones de diseño, que los utilizaron para escribir y discutir patrones. El primer WikiWikiWeb fue creado por Ward Cunningham, quien inventó y dio nombre al concepto wiki, y produjo la primera implementación de un servidor WikiWiki para el repositorio de patrones Portland (Portland Pattern Repository) en 1995. En palabras del propio Cunningham, un wiki es “la base de datos en línea más simple que pueda funcionar”.

[6] Entrevista con Armand Mattelart, realizada por Johanna Puyol y publicada en la revista digital Rebelión.

[7] Raúl Trejo Delarbre. La nueva alfabetización: el e-learning en la lógica reticular y abierta de Internet.

[8] La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas de incentivos (los llamados juegos). Sus investigadores estudian las estrategias óptimas así como el comportamiento previsto y observado de individuos en juegos. Tipos de interacción aparentemente distintos pueden, en realidad, presentar estructuras de incentivos similares y, por lo tanto, representar conjuntamente un mismo juego. Los economistas han usado la teoría de juegos para analizar un amplio abanico de problemas económicos, incluyendo subastas, duopolios, oligopolios, la formación de redes sociales, y sistemas de votaciones. Estas investigaciones normalmente están enfocadas a conjuntos particulares de estrategias conocidos como conceptos de solución. La investigación en ciencias políticas también ha usado resultados de la teoría de juegos. Una explicación de la teoría de la paz democrática es que el debate público y abierto en la democracia envía información clara y fiable acerca de las intenciones de los gobiernos hacia otros estados. Por otra parte, es difícil conocer los intereses de los líderes no democráticos, qué privilegios otorgarán y qué promesas mantendrán. Según este razonamiento, habrá desconfianza y poca cooperación si al menos uno de los participantes de una disputa no es una democracia.

[9] Kevin Kelly sobre los próximos 5000 días de la “web”. http://www.ted.com/talks/lang/spa/kevin_kelly_on_the_next_5_000_days_of_the_web.html

[10] Howard Rheingold. Op cit., páginas 111-112.

[11] Peter Soderlijk. En el mismo barco: ensayo sobre la hiperpolítico, página 68.

¿De dónde vienen las buenas ideas?

Un video que explica cómo las grandes ideas surgen de las conexiones con las ideas de otros. Al estar más conectados, la velocidad con la que circula la información al interior de la red se acelera. Esto permite entender cómo es que a mayor comunicación entre los integrantes de un grupo se aceleran los cambios sociales. El mundo no es sino una idea que se construye con las ideas de todos.

El tsunami y la SOPA: La guerra en tiempos de internet

 

La iniciativa de ley Stop Online Piracy Act (mejor conocida como SOPA), no será el primero ni el último de los intentos de los gobiernos del mundo por controlar el contenido que circula libremente por internet. La clausura de sitios web como Megaupload y la contraofensiva de grupos en defensa de la libertad en la red como Anonymous representan la primera batalla de una guerra ideológica que apenas empieza. Una colisión de civilizaciones con el poder de transformar drásticamente el mundo como lo conocemos. El futuro nos ha alcanzado.

Y a pesar del revuelo que ha causado el tema en las redes sociales que pueblan ese universo paralelo conocido como el ciberespacio, pocos han reparado en el verdadero trasfondo del tema: el derrumbe de un sistema político y la aparición de nuevos esquemas de organización con el poder de reinventar los sistemas sociales como los conocemos. Vivimos tiempos de transición que van de la agonía de la modernidad al nacimiento de la sociedad red que profetizó Manuel Castells hace más de una década en su monumental obra, La era de la información.

El trasfondo real de SOPA tiene poco que ver con el combate a la piratería, como intentan hacer creer algunos congresistas estadounidenses, sino con la defensa de un sistema político que utiliza la acumulación de capital como un instrumento de control social que  garantiza el bienestar de los pocos a costa del sufrimiento de los muchos. Y en este extenso y fascinante rompecabezas, el control del internet representa un elemento clave para mantener intactas las asimetrías que sostienen el status quo.

¿Cómo opera el sistema social en que vivimos al día de hoy? Bases del sistema político-económico de la modernidad

Como bien explicó Marx en su libro El Capital, la más profunda crítica al capitalismo que se haya hecho, la creciente brecha entre ricos y pobres sólo puede entenderse a partir de las estructuras de explotación-dominación sobre las que se sostiene el sistema económico actual. Si el trabajo es la única mercancía capaz de generar plusvalor por sí misma, siguiendo a Marx, esto significa que las grandes fortunas del planeta son producto de la acumulación del trabajo de otros mediante la explotación.

¿Qué significa esto? En términos más coloquiales: el hecho de que un personaje como el empresario mexicano Carlos Slim Helú, el hombre más rico del mundo, haya podido acumular una fortuna valuada en 74 mil millones de dólares, esto significa que detrás de esa riqueza existe la explotación de millones de personas en todo el planeta.

De modo similar a lo que ocurre con la ley de la conservación de la energía, podríamos decir que la riqueza no se crea ni se destruye, sólo se acumula. Quizá algunas cifras pueden ayudar a entender la monstruosa diferencia entre ricos y pobres. Datos de la ONU en 2011 sostienen que el 80% de la riqueza del mundo está en control de apenas una cuarta parte de los 7 mil millones de personas que habitan el planeta[1]. En el mismo tono, la OCDE sostienen que la brecha entre ricos y pobres han crecido de forma alarmante en los últimos 30 años[2].

Otros datos más contundentes muestran que mientras en los años 90 una persona rica tenía 30 veces más que una pobre, en los últimos años la proporción se disparó en una proporción de 130 a uno, según un reporte de Amnistía Internacional en 2007[3]. Un dato más: mientras la revista Forbes calcula que en el mundo existen 1 mil 210 magnates con fortunas superiores a los mil millones de dólares[4], la ONU calcula que 925 millones de personas padecen hambre en el planeta[5], es decir, una proporción de uno por cada 764 mil 463.

Este sistema económico que enriquece más a los ricos y empobrece más a los pobres, sólo pudo ser posible a través de la instauración de un complejo sistema político que permitiera a las élites ejercer un control sobre los oprimidos. Algo que Antonio Gramsci, el gran teórico marxista de la deominación explicaría a través de su concepto de hegemonía, es decir, la manera en que los grupos de poder construyen las estructuras sociales que les facilitan mantener dicho control.

Este sistema político surge precisamente a partir de lo que el historiador Eric Hobsbawm denomina como las ‘Revoluciones Burguesas’ que iniciaron formalmente en Francia y que terminarían propagándose a todos los rincones del orbe con el fin de establecer un marco regulatorio a favor de la economía de libre mercado que terminaría afianzando el poder de la burgesía, los nuevos dueños del mundo.

De esta manera fue como los sistemas de dominación sufrieron una transformación de forma, más no de fondo. La nobleza que soportaba el poder de la monarquía se convirtió en la nueva clase política que habría de sostener a las democracias liberales de los siglos siguientes.

Esto permitió que el poder emergente de la burguesía europea, basado en el colonialismo y la explotación de sus respectivos esclavos, fincara las bases de un sistema de dominación que cambió las reglas del juego social. Así fue que ideas como Estado-nación, división de poderes, parlamentos o ciudadanía, terminarían convirtiéndose en herramientas de un nuevo sistema de dominación que pretendía ocultar los viejos esquemas de explotación basados en la asimetría creciente entre ricos y pobres. El obrero sustituye al esclavo, el capitalista al señor feudal, los bancos a la iglesia, la clase política a la nobleza.

Las democracias de libre mercado son entonces, una máscara que pretende disfrazar la manera en que las élites ejercen su poder sobre los oprimidos a través de la acumulación del capital y la defensa a ultranza de la propiedad privada, aún cuando esto vaya en contra del interés colectivo.

Sólo así puede entenderse que el Estado moderno sea capaz de pisotear los derechos humanos con tal de beneficiar los intereses de las grandes corporaciones. Así, los gobiernos pretenden justificar estos privilegios bajo el pretexto de crecimiento económico y generación de empleos mal pagados que lo único que hacen es reproducir y fortalecer el mismo esquema de dominación. Por eso muchos países prefieren optar por rescatar bancos en quiebra con dinero público en lugar de resolver la epidemia de pobreza que aqueja a más de la mitad de la población global, aún cuando exista dinero para ello[6].

Lo anterior sirve muy bien para ejemplificar la crisis económica que padecen actualmente potencias globales como Estados Unidos o los países que integran la Unión Europea, generada por 30 años de políticas neoliberales que profundizaron las asimetrías entre países ricos y pobres.

Esto ha provocado que las cifras de la migración hacia países que concentran la mayor proporción de la riqueza global aumentara drásticamente en las últimas décadas, un mecanismo que tiende a restablecer el equilibrio perdido en cuanto a la inequidad en la distribución del ingreso[7].

Sin embargo, este esquema político y económico que tiende al crecimiento de la desigualdad social sólo puede mantenerse vigente a través de un sistema de producción-consumo alimentado por un individualismo exacerbado que se impone desde las instituciones que condicionan la conducta a través de la cultura. Así es como las reglas del sistema se transmiten generación tras generación mediante normas que se fijan en el inconsciente colectivo que auto regula el rango de acción de los individuos al interior de los sistemas sociales.

Esto genera que ciertas ideas puedan afirmarse sinónimos de verdad sin la necesidad de ponerlas en duda, situación que es aprovechada por los grupos de poder para imponer determinadas pautas de conducta a sus subordinados mediante el control de los mensajes que se difunden a través de las redes de comunicación.

Fue así como a lo largo del siglo XX la burguesía construyó un sistema de dominación orientado a promover el consumo y la explotación de otros como una forma de vida plasmada en el american way of life que se reforzaba psicológicamente a través de los medios masivos de comunicación: los diarios, el cine, la radio y la televisión, por mencionar algunos.

Sin embargo, este refinado sistema de dominación no estaba exento de fallas, pues su necesidad creciente de reafirmar su poder a través de las redes de información terminaría por modificar gradualmente las estructuras mismas de todo el sistema político. El intercambio de mercancías fue sustituido por un intercambio de signos, situación que modificó drásticamente los objetivos del sistema económico: ya no se trataba de producir mercancías, sino consumidores. Y para ello, era necesario reforzar el control a través de los medios de información cuya importancia crecía a ritmo acelerado.

Este fenómeno, conocido como economía política del signo, de acuerdo con el filósofo francés Jean Baudrillard, permite entender el ‘boom’ de las técnicas de mercado y la publicidad a lo largo del siglo XX. No se trataba más de vender simples mercancías sino estilos de vida que posicionaran al consumo como un referente inequívoco del éxito y bienestar social.

¿Qué tiene que ver todo esto con la disputa por el control del internet? Claves para entender el derrumbe del sistema capitalista como lo conocemos

Con el paso de los años, el sistema terminó por calentarse y reventar. Los crecientes índices de desigualdad social y el escenario de crisis económica que predomina en el mundo entero a raíz del colapso de los bancos, provocado por los vicios de un sistema financiero que opera con base en la especulación.

Así como las primeras agencias informativas del mundo surgieron como una necesidad comercial de los empresarios del siglo XIX (caso de Reuters, por ejemplo), la especulación de los sistemas financieros propició la aparición de tecnologías de la información cada vez más eficaces y veloces. Dicho contexto hizo favorable el surgimiento del internet, una herramienta que funciona en base a una red de conexiones en la que la información circula a una velocidad que hasta hace un par de décadas sonaba a ciencia ficción.

A partir de los años 70, innovaciones tecnológicas como el microchip, las telecomunicaciones o la fibra óptica permitirían construir los cimientos del estallido informático de las décadas siguientes y reconfigurar para siempre las reglas de operación del sistema económico.

En el caso concreto de los Estados Unidos, la manera en que las grandes empresas de la era industrial comenzaron a verse rezagadas por las reglas de operación de las empresas surgidas a partir de la era de la información. Algo que se ilustra a la perfección en la amnera en que la industria automotriz iba perdiendo terreno paulatinamente frente a las pequeñas empresas de garaje instaladas en Silicon Valley, lugar que se convirtió en pocas décadas en el epicentro de la innovación global y referente de la una revolución informática que apenas comenzaba a dar los primeros avisos de lo que vendría en las próximas décadas.

El vertiginoso despegue de la web durante la década de los 90, y su uso masificado a partir de 2000, terminó por sentar las bases de un nuevo sistema económico. Nació la era google, donde la información fluye en múltiples direcciones haciendo de la inmediatez una norma de vida para estos tiempos donde las telecomunicaciones acabaron con las distancias.

El ciberespacio borró las fronteras impuestas por los Estados-nación para dar pie a una verdadera sociedad global que comparte problemas comunes. Los dos bloques hegemónicos de la Guerra Fría quedaron obsoletos para abrir las puertas de un mapa geopolítico más plural. Aparecen bloques como el G-20 o el BRIC (Brasil, Rusia, India y China, las potencias emergentes). El mundo ya no puede entenderse sin los países del mal llamado “Tercer Mundo”, término con el que los países ricos buscan mantener su hegemonía sobre los países pobres que ahora tienen verdadera voz y voto en el concierto de las naciones.

Cuando finalmente, la especulación financiera terminó por desatar una crisis económica sin precedentes a partir de 2008, preludio de la muerte del capitalismo como lo conocemos, el malestar de la gente se regó como pólvora a través del mundo entero, luego de que los privilegios del sector bancario por parte de una servil clase política global se hicieron cada vez más evidentes a los ojos de la ciudadanía. En cuestión de semanas, la Primavera Árabe iniciada en Túnez y con clímax en Egipto, se propagó por Europa y Norteamérica. Los ‘Indignados’ españoles tomaron las plazas públicas del mismo modo en que los ‘Occupy’ hicieron lo propio en Wall Street. Movimientos de protesta que han empezado a criticar las bases mismas de un sistema capitalista cuya viabilidad ya no puede ser defendida por los bancos internacionales, los jefes de Estado, las clases empresariales o los industriales de los medios.

Al igual que ha ocurrido desde los albores de la humanidad con la invención de la escritura, el alfabeto y la imprenta, la llegada del internet modificó los antiguos esquemas de organización social, modificando estructuras que en otros tiempos parecían inamovibles, como el sistema económico.

La especulación financiera dejará muy pronto de regir la economía del planeta para cederle su lugar a la confianza, tal como ocurre en sitios de ventas por internet como e-bay, donde la certidumbre y la reputación juegan un papel fundamental en las transacciones comerciales.

Sin embargo, quizá el más grande logro del ciberespacio haya sido modificar el concepto de individualismo psicótico que prevaleció en el siglo XX por un nuevo pensamiento colectivo que participa activamente en la construcción de un nuevo sujeto social que habrá de convertirse en la piedra angular de este nuevo sistema social que se encuentra en labor de parto.

De este modo, la acumulación está siendo sustituida por la cooperación. Y esta es la clave para entender la monumental transformación que experimenta el sistema económico de la actualidad y que han hecho de figuras legales como los derechos de autor, algo totalmente desfasado en el espacio-tiempo, tal como explica Rachel Bostman al explicar el concepto de consumo colaborativo:

Las empresas del futuro inmediato (tan inmediato que bien podríamos ponerlo en presente) no serán las que logren acumular mayor capital a través de la explotación, sino las que compartan más ese capital con otros, provocando una distribución más horizontal del conocimiento y la riqueza, y por ende, modificando la arquitectura de los sistemas sociales. El auge de Facebook, Twitter, Youtube, Flickr, Megaupload y muchos otros sitios web no puede entenderse de otro modo.

Esto explica por qué la venta de periódicos se ha convertido en un sinsentido en una era donde los diarios impresos tienen forzosamente que ser gratuitos para seguir existiendo. La era donde las grandes empresas regían al mundo, ha llegado a su fin, luego de que su esperanza de vida se viera drásticamente disminuida en tan sólo un par de décadas. Por ello, la volatilidad de las grandes corporaciones ha empezado a cuestionar la viabilidad financiera de los grandes emporios industriales[8].

Esto ha generado que compartir se esté convirtiendo rápidamente en el nuevo paradigma social que habrá de reinventar las bases que dan fundamentos a los sistemas sociales. Y si las empresas no quieren perder competitividad en el mercado, tendrán que adoptar las nuevas reglas del juego. Adaptarse al cambio o morir en el intento, como lo demostró Mercedez Benz al hacer eco de la doctrina del Che Guevara durante una expo de automóviles diseñados para compartir viajes con desconocidos. La frase del Zetsche, el presentador del coche ejemplifica muy bien la cuestión: “algunos colegas todavía creen que compartir carro raya con el comunismo (…) Pero si ése es el caso, ¡viva la revolución!”[9].

La cooperación como medio de generar riqueza (plusvalor) ha roto los paradigmas clásicos del sistema capitalista que defiende a capa y espada el derecho a la propiedad privada. Las licencias creative commons o copy left se erigen ahora como contraparte de las licencias por derechos de autor (copyright), cada vez más en desuso.

La propiedad privada no tiene sentido en el ciberespacio si no permite compartir algo con otros. Y esto es precisamente lo que intentan defender sitios emblemáticos como Wikipedia, Yahoo! y Google con sus protestas por la ley SOPA, al igual que sucede con Anonymous, un grupo de revolucionarios que buscan detener los abusos de las grandes corporaciones y los grupos de poder que han secuestrado los aparatos seudodemocráticos que operan en función de los intereses de la burguesía, los grandes millonarios del mundo que pretenden mantener intactos sus privilegios aún a costa del sufrimiento de millones de personas.

SOPA, condenada al fracaso

Por todo lo anterior, SOPA está condenada a ser un fracaso rotundo, aún cuando sea aprobada. Si los Estados Unidos pretenden imponerle un marco regulatorio a la web, es probable que las grandes empresas del ciberespacio opten por mudar sus servidores a países con regulación más laxa en este sentido bajo la promesa de un desarrollo económico acorde con las reglas de operación del nuevo sistema social. Esto haría viable que por ejemplo, Facebook o cualquier otra compañía pudiera cambiar de dirección fiscal para asentarse, por ejemplo, en países como India o Brasil, lo cual representaría un duro golpe a la economía norteamericana que sigue aferrada a las reglas del viejo régimen.

El temor de Obama a la hora de apoyar dicha iniciativa, refleja perfectamente esta situación, pues sabe (o debería saber) que el futuro de la economía gringa depende en buena medida de lo que ocurra en esa realidad alterna del ciberespacio.

Del mismo modo en que las grandes potencias no han podido detener fenómenos que rebasan la capacidad operativa del Estado-nación (como ocurre con la migración de los países pobres a países ricos), los poderes fácticos no podrán imponer en el mundo marcos regulatorios rígidos que hagan aún más evidentes los intentos de acabar con la libertad de expresión que dicen defender los sistemas democráticos, ya que esta contradicción plantea un suicidio político a la hora de tratar de legitimar el orden social vigente.

Si aún así los gobiernos del mundo deciden seguir el ejemplo de China, las grandes potencias occidentales corren el riesgo de que las protestas sociales maduren y se terminen por convertirse en un proyecto social con la suficiente fuerza para declarar, de una buena vez, el inicio oficial del sistema social que surgirá de esta era de la información.

SOPA representa un intento desesperado del sistema capitalista por mantener el control en los términos dictados por el viejo régimen económico y político de la era industrial. Quien siga resistiéndose a los cambios vertiginosos que le han tocado vivir a nuestra generación, tendrá que prepararse para afrontar las consecuencias. Podrán construir rompeolas gigantes, pero este tsunami nadie lo para.

 

 


[1] Más justicia: ONU insta a reducir brecha entre ricos y pobres. http://www.dw-world.de/dw/article/0,,15444448,00.html
[3] Se agranda la brecha entre ricos y pobres http://edant.clarin.com/diario/2007/08/13/elmundo/i-02202.htm
[4] Forbes: Slim sigue a la cabeza, pero crece la cifra de multimillonarios. http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/03/110309_economia_millonarios_forbes_lista_jrg.shtml
[7] Aumentan las remesas a los países en desarrollo. http://www.cinu.mx/noticias/mundial/aumentan-las-remesas-a-los-pai/
A %d blogueros les gusta esto: