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Nomás criticar no resolverá el problema de la violencia

Hacen falta menos opiniones y más trabajo. Es claro que el gobierno está rebasado y que la estrategia de la 4T, tal como lo vengo advirtiendo desde antes que iniciara este mandato, es limitada. Pero más allá de criticar o defender al presidente, el pueblo necesita tomar la iniciativa: organizarse, hacer foros, convocar a universidades, comunidades, movilizar a las distintas fuerzas sociales.

El problema de la inseguridad no es solo responsabilidad del gobierno. Se necesita que el pueblo construya una estrategia de seguridad desde la base social. Si hubiera un programa aterrizado y con amplia convocatoria (que no se limite a las ONGs financiadas por las cúpulas empresariales) se podría presionar al Congreso para destinar recursos a programas específicos. López Obrador ha pretendido resolver el tema de la violencia únicamente desde el gobierno federal y eso es un error. ¿Dónde está el Congreso? ¿Qué han hecho los gobernadores además de mirar placenteramente cómo se les resbala mediáticamente la masacre de moda? ¿Qué han propuesto los otros partidos además de arremeter contra sus adversarios? ¿Las universidades públicas dejarán su burbuja en las aulas para discutir el tema con otras fuerzas sociales? ¿Qué pueden aportar los empresarios, los maestros, los obreros, los campesinos, los ingenieros, los comités vecinales, para resolver el problema de la violencia? Se necesita convocar a las fuerzas sociales para refundar este país, no sólo desde las urnas, sino a través de la participación política y la erradicación de la violencia.

Uno de los rasgos característicos del proyecto neoliberal impulsado por la derecha, es precisamente el desgarramiento del tejido social. Se requiere urgentemente reconstruir esos lazos sociales para contener la epidemia de violencia que vive el país, el cual es un problema estructural que tardará varios años en resolverse.

La crítica por sí sola resulta estéril si no es acompañada de acción política. Está bien exigir resultados al gobierno en turno, pero no es suficiente. ¿Qué harás tú para resolver el problema, más allá de sentarte y opinar sobre las noticias que aparecen en medios y redes sociales? El pueblo debe tomar las riendas de su propio destino. Es el deber histórico que nos demandan los tiempos sanguinarios que vivimos hoy.

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De máscaras, llaves y fantasía: documental de lucha libre con comentarios de Monsivais y el ‘Mago’ Septién

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La lucha libre es algo mágico, cargado de fantasía, capaz de devolverle la capacidad de asombro al más incrédulo. Aquí el documental Gladiadores en la Lucha Libre, de 1990, con entrevistas al escritor Carlos Monsivais, el comentarista Pedro ‘Mago’ Septién, además de leyendas como Blue Demon o el Hijo del Santo. Para echarlo ojo.

 

 

El saldo del neoliberalismo en México: crónica de un país desgarrado y vulnerable frente a Trump

Este análisis lo realicé con motivo de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, con el fin de documentar la situación estructural del país luego de tres décadas de neoliberalismo. Por cuestiones editoriales, no se había publicado este análisis que ejemplifica muy bien cómo fue que se gestó la alta vulnerabilidad de México a los caprichos de EE.UU. y el presidente Donald Trump, quien acaba de anunciar la imposición de aranceles a todas las mercancías mexicanas, como represalia a la política migratoria adoptada por el gobierno de López Obrador.

Los datos son contundentes y forman parte de un ejercicio crítico por entender la magnitud del desastre político, económico y social que dejó el sistema neoliberal en México (ver 20 años del TLCAN: el recuento del desastre). Un modelo económico impulsado desde el sexenio de Miguel de la Madrid, profundizado por Carlos Salinas de Gortari y sus sucesores, incluyendo a Ernesto Zedillo, los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, hasta Enrique Peña Nieto. Todos ellos, corresponsables junto con el PRI y PAN, de que México esté situado en una posición de debilidad estructural frente a los embates de EE.UU., luego del giro proteccionista que tomó la potencia norteamericana con la llegada de Trump al poder en 2017.

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AMLO y el fin de un modelo económico

El cambio político que experimenta México con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, es equiparable al que suele acontecer en otros países luego de una revolución. Un cambio de régimen político con un giro a la izquierda en el modelo económico. Una transformación que, sin embargo, se produjo de manera pacífica, por la vía electoral.

La magnitud del cambio que experimenta en México sólo puede entenderse a la luz de la profunda crisis estructural que se gestó en el país durante poco más de tres décadas de gobiernos neoliberales. Y es aquí donde radica la trascendencia del profundo cambio estructural que implica la llamada “Cuarta Transformación” propuesta por el actual presidente mexicano.

El neoliberalismo siempre fue el enemigo a vencer. Así lo dejó claro López Obrador, durante su toma de protesta el 1 de diciembre de 2018 ante el Congreso de la Unión.

“La crisis de México se originó, no sólo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este periodo de la más inmunda corrupción pública y privada”, dijo López Obrador.

“La política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país”, señaló. “El distintivo del neoliberalismo es la corrupción. Suena fuerte, pero privatización ha sido en México sinónimo de corrupción”, agregó.

Más allá de interpretaciones ideológicas, la contundencia de los números parecieran avalar la mordaz crítica al neoliberalismo hecha por López Obrador, el primer presidente mexicano emanado de un movimiento social de base, desde el fin de la Revolución Mexicana.

Una situación que permitirá comprender a profundidad los retos que enfrentará el nuevo presidente mexicano para llevar a cabo su proyecto reformador ante la grave crisis económica y social que enfrenta el país, tras años de violencia y corrupción política del más alto nivel.

El saldo del neoliberalismo en México

De 1988 a 2017, la economía mexicana creció a una tasa promedio de 2.6% anual según datos del INEGI.[1] En contraste, la tasa de crecimiento demográfico en el país para el mismo periodo fue de 1.57%, según datos del Banco Mundial. Esto significa que durante el periodo neoliberal, la economía mexicana creció a una tasa promedio de apenas un 1.03% anual descontando el crecimiento de la población.

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Mientras que en 1988 la balanza comercial de México arrojaba un saldo favorable de 2,546 millones de dólares, en 2017 México registró un saldo negativo de -20,760 millones de dólares, según datos del Banco Mundial.[2]

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Asimismo, la productividad de México registra una marcada caída desde 1981, misma que continuó a lo largo de todo el proyecto neoliberal. Para 2016, prácticamente todos los sectores de la economía mexicana registran números negativos excepto cuatro: los medios de comunicación, el sector financiero, los servicios de energía eléctrica y la agricultura, según el índice de Productividad Total de los Factores de 1991 a 2016 desarrollado por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).[3]

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Este indicador, que básicamente mide la contribución de la producción a la economía nacional, arroja un saldo negativo en el sector secundario y terciario, correspondiente a infraestructura y servicios.

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En el caso de la agricultura, llama la atención que hasta 2011, también existía un saldo negativo en este sector, situación que se revirtió para 2016 sin cambios estructurales en el campo mexicano. Un hecho que nos lleva a pensar que, posiblemente, el aumento en la producción y valor de las exportaciones de aguacate (que supera incluso a la entrada de divisas por la venta de petróleo)[4] haya jugado un papel relevante en mitigar los efectos negativos de la balanza comercial agrícola que experimentó México de 2000 a 2015.[5]

Más allá de la polémica sobre el caso del campo mexicano, los datos indican que los sectores más beneficiados del modelo neoliberal fueron los medios de comunicación, el sector financiero y la generación de energía eléctrica (que se abrió a las concesiones privadas a partir de 1992)[6].

Por ello, no es casualidad que los medios de comunicación y los banqueros, así como los beneficiados de la reforma energética (impulsada por el expresidente Enrique Peña Nieto, y aprobada en 2014 por los partidos de derecha PRI-PAN), sean los principales opositores a un cambio de régimen político en México, encabezado por López Obrador.

Lo anterior ha generado que sectores pertenecientes a las élites financieras aglutinados en asociaciones empresariales con gran influencia mediática como el Consejo Coordinador Empresarial o Coparmex, sean algunos de los principales críticos del cambio en el modelo económico impulsado por el nuevo régimen.

Esto también explica por qué razón se suele hablar poco de las exorbitantes ganancias del sector financiero en los grandes medios de comunicación en México. No en balde, los dueños de las principales medios de comunicación en México son también dueños y accionistas de la banca[7], por lo cual, la opinión de sus “analistas” suelen favorecer los intereses de las élites financieras antes que los intereses de las clases populares. A final de cuentas, los medios son empresas cuya finalidad es la acumulación de ganancias, lo cual explica la alianza estructural que han forjado con otros sectores que persiguen el mismo fin, como ocurre con los bancos.

Quizá por ello, la inmensa mayoría de los mexicanos ignora por completo que tras el millonario rescate bancario la deuda del Fobaproa sigue creciendo año por año debido a los intereses que genera, pese a que los mexicanos destinan cada año más de 100,000 millones de pesos para engordar las carteras de los banqueros. Hasta agosto de 2018, el total del pasivo que registraba el Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (IPAB) por la deuda del rescate bancario, ascendía a 1 billón 019,376 millones de pesos. De 2000 a 2017, los mexicanos han pagado 2 billones 360,104 millones de pesos por el rescate bancario, aún cuando la deuda inicial contraída en 1998 era de 552,000 millones de pesos (que en su momento equivalía a 60,000 millones de dólares).[8]

Es decir que, aún cuando los mexicanos han pagado 327% más del monto de la deuda original que se gestó durante el rescate bancario en plena era neoliberal, ahora deben casi el doble de lo que debían originalmente. Un negocio infinito del que no se habla en los medios y que explica buena parte el crecimiento de las ganancias de los bancos en México desde 1998 a 2017, año en que la banca privada generó un récord de ganancias sin precedentes por 137,735 millones de pesos (6.804 millones de dólares).[9]

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El caso del rescate bancario y las exorbitantes ganancias del sector financiero en México, son emblemáticos porque representan buena parte de las presiones políticas y financieras que enfrentará el nuevo gobierno de López Obrador a la hora de lidiar con las partidas presupuestales, aunadas a una deuda creciente heredada por las últimas dos administraciones.

La deuda pública de México es equivalente a 43.5% del Producto Interno Bruto, según datos del tercer trimestre de 2018 de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.[10] Sin embargo, el acelerado ritmo de endeudamiento que experimentó el país durante la administración de Enrique Peña Nieto, junto con una devaluación del peso mexicano de 58% frente al dólar en el último sexenio[11], ha generado que cada vez sea necesario destinar mayores recursos para pagar el costo financiero de la deuda.[12]

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Asimismo, durante el periodo neoliberal, la Inversión Extranjera Directa en México pasó de 470 millones de dólares en 1988 a 11,309 millones de dólares en 2018, según datos del Banco de México. Cifras que representan un incremento de la inversión extranjera 24 veces durante el periodo neoliberal, que sin embargo no se tradujo en una mejora en la calidad de vida de los mexicanos, debido a que uno de los incentivos para la llegada de inversión extranjera fue castigar el salario de los trabajadores.

Esto permite entender por qué razón, los niveles de pobreza se mantuvieron prácticamente iguales que hace 30 años, tal como puede observarse en el porcentaje de la población en situación de pobreza de ingresos de 1992 a 2014, según datos de Coneval, que ubican al 53% de los mexicanos en condiciones de pobreza patrimonial y 20.6% en pobreza alimentaria.

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Del  mismo modo, el poder adquisitivo del salario mínimo sufrió una caída pronunciada desde 1982 y prácticamente se estancó desde 1997, más no así la inflación, que ha subido de manera sostenida a lo largo de todo ese periodo neoliberal. De 1988 a noviembre de 2018, la inflación creció 2068.24%, según datos de INEGI.[13]

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Una situación de precarización laboral que explica por qué un mexicano que gana el salario mínimo hoy, tiene que trabajar 24 horas y media para comprar la misma cantidad de comida que compraba en 1987 con apenas 4:53 horas de trabajo, según datos del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM.[14]

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Una precarización del ingreso popular que también se ve reflejado en la correlación entre el salario mínimo y el precio de una canasta alimentaria recomendable, cuyo valor supera 3 veces el salario mínimo.  Esto significa que durante el neoliberalismo se registra una pérdida acumulada del poder adquisitivo del salario mayor al 78.71% respecto a 1987, según datos del CAM-UNAM.[15]

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Dicho de otro modo, en 1988 un mexicano podía comprar 12 kilogramos de tortilla con el salario mínimo mientras que en 2018, apenas se pueden comprar 5 kilogramos de tortilla con el salario mínimo, lo cual evidencia la precarización del poder de compra por parte de los trabajadores mexicanos en las últimas tres décadas.[16]

Y esta pérdida de poder adquisitivo a lo largo del periodo neoliberal, se tradujo también en que el 60% de los trabajadores mexicanos laboren en la economía informal.[17]

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Sin embargo, cabe resaltar que parte de esta crisis estructural en México ha sido mitigada por los poco más de 12 millones de migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos y envían remesas a sus familias, factor que ha permitido la supervivencia de un sector importante de la población mexicana. En 2017, ingresaron a México 28,771 millones de dólares, rompiendo por segundo año consecutivo su máximo histórico, cifra muy superior a los 2,494 millones de dólares que ingresaban en 1990, según datos del Anuario de Migración y Remesas México 2018.[18]

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Pero a pesar de que el ingreso y el poder de compra de los más pobres se redujo a lo largo del periodo neoliberal, no ocurrió así con las élites. Así lo demuestra un estudio reciente de Jaramillo Molina,[19] en el cual se documenta la manera en que los ingresos de las élites mexicanas crecieron entre 50% y 250% de 1988 a 2008, contrario a lo que ocurrió con el resto de los mexicanos y las tendencias globales en términos de distribución de riqueza. Asimismo, el 20% de la población más rica de México aumentó sus ingresos durante las últimas tres décadas, pero en especial, el 1% de la población, cuya riqueza aumentó 10% de 2008 a 2016.

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Una cifra que coincide con otros estudios como el realizado por Oxfam México, en el cual se documenta la manera en que el 1% de los mexicanos concentra un tercio de la riqueza del país.[20] Una situación que se expresa de manera más clara al observar el crecimiento de la riqueza de los cuatro hombres más ricos de México (Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego) a lo largo del periodo neoliberal.

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De este modo, la crisis mexicana provocada por el modelo neoliberal podría sintetizarse en cuatro puntos esenciales:

1) Estancamiento del crecimiento económico

2) Desmantelamiento de la planta productiva nacional

3) Precarización del empleo

4) Enriquecimiento de las élites y el sector financiero

Factores clave para entender la magnitud del cambio político en México y la manera en que se modificó la correlación de fuerzas con el nuevo régimen.

El escenario político

El mantenimiento del proyecto neoliberal en México estuvo siempre vinculado a un bipartidismo de derecha entre PRI y PAN, tras la alianza política que formaron ambos partidos tras el fraude electoral de 1988, que condujo a Carlos Salinas de Gortari a la presidencia del país y profundizó el incipiente proyecto privatizador que comenzó durante el sexenio anterior de Miguel de la Madrid.

Tal como relata la periodista Martha Anaya en su libro 1988: el año que calló el sistema, PRI y PAN pactaron la llegada de Salinas a la presidencia en una reunión secreta realizada el 27 de agosto —a la cual asistieron Salinas de Gortari; Manuel J. Clouthier (candidato presidencial del PAN); Luis H. Álvarez, presidente del blanquiazul; José Luis Salas Cacho, coordinador de la campaña de Maquío; Luis Donaldo Colosio, el hombre de confianza del candidato priista y Manuel Camacho Solís, encargado de la negociación.[21]

En esa reunión, el PAN decide avalar el triunfo de Salinas tras las acusaciones de fraude electoral -realizadas por el entonces candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas- a cambio de que el nuevo gobierno asumiera un agenda de cinco puntos: 1) Cambiar las leyes electorales. Fundamentalmente, crear un padrón confiable y un organismo ciudadano que no dependiera del gobierno a cargo de las elecciones, lo cual marcaría el nacimiento de lo que actualmente es el INE; 2) Darle viabilidad a la economía, con un modelo de apertura económica y desaparecer la figura del ejido; 3) Privatizar la banca; 4) Crear lo que terminaría siendo la Comisión Nacional de Derechos Humanos y 5) Apertura religiosa y restablecimiento de las relaciones con el Vaticano.

A partir de entonces, PRI y PAN formarían una alianza de facto en los grandes temas nacionales durante las siguientes tres décadas -desde el rescate bancario a las llamadas reformas estructurales- bajo un común denominador: mantener el modelo económico neoliberal.

En 1989 el PAN ganaría su primera gubernatura, que abriría brecha para que en el año 2000 se consumara la llamada alternancia en el poder con el triunfo electoral del panista Vicente Fox.

Ya para ese entonces, el triunfo de la izquierda partidista en la Ciudad de México, y el crecimiento de popularidad del entonces jefe de Gobierno de la capital mexicana, Andrés Manuel López Obrador, provocaron que las élites beneficiadas del proyecto neoliberal, de la mano del PRI y PAN, cerraran la puerta a un giro hacia la izquierda en las elecciones de 2006. Un proceso electoral que, nuevamente, se vería marcado por el fantasma del fraude debido a la intervención del gobierno y las cúpulas empresariales en las campañas presidenciales de ese año, que se decidieron por una diferencia de votos de 0.62%, según reconoció el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en su calificación de la elección presidencial.

Los serios problemas de legitimidad con los que llegó el presidente Felipe Calderón a la presidencia de México, permiten entender cómo es que el panista comenzó su famosa “guerra contra el narcotráfico” como una maniobra política que le permitiera lograr gobernabilidad ante el enojo social que privó entre los simpatizantes de López Obrador. Fue así que Calderón ordenó al Ejército salir a las calles para contener la amenaza del crimen organizado como una maniobra política que le permitió desviar la atención del fraude electoral para librar una “guerra” con un alto costo para el país. El resultado: una espiral de violencia y una crisis humanitaria sin precedentes para México que a la fecha arroja un saldo de más de 250,000 asesinatos[22] y más de 40,000 desaparecidos.

Para 2012, la crisis de violencia provocó el regreso del PRI al poder, con Enrique Peña Nieto, quien logró convertirse en presidente gracias a una portentosa maquinaria electoral financiada con el saqueo de las arcas públicas mediante diversos actos de corrupción que se fueron revelando a lo largo de todo su sexenio: desde el caso Monex[23], hasta los sobornos de Odebrecht[24], o la manera en que los gobernadores del PRI desviaron millones de pesos para campañas políticas en lugares como Veracruz[25] y Chihuahua[26].

A lo largo de todo este periodo, el adelgazamiento del Estado provocó que grandes sectores de la población mexicana quedaran en condiciones de vulnerabilidad ante las inequidades del modelo económico. Pero también, provocó el fortalecimiento de los llamados poderes fácticos (medios de comunicación, sindicatos corporativistas y crimen organizado). Un régimen político donde se produjo lo que Edgardo Buscaglia denomina como un “pacto de impunidad entre las élites político-empresariales” que controlan al país.[27]

A pesar de que la evidencia documental sobre los estragos del neoliberalismo en México[28] para 2014 eran cada vez más contundentes[29], esto no fue impedimento para que el bipartidismo de derecha aliada a un fragmentado PRD, que se sumó al Pacto por México[30], profundizaran la agenda neoliberal a través de las llamadas reformas estructurales. Entre ellas, la llamada “madre de todas las reformas”, la reforma energética, con la cual se abrió la industria petrolera a la iniciativa privada y aceleró el desmantelamiento de Petróleos Mexicanos (Pemex), la empresa más importante en la historia del país, la cual permitió financiar el desarrollo de la industria nacional en los años de la posguerra.

La virtual quiebra de Pemex, cuya deuda asciende a más de 2 billones 5,800 millones de pesos[31] (99,738 millones de dólares), equivalentes al 8.56% del Producto Interno Bruto de México, implica uno de los principales problemas estructurales del país, tras la histórica caída en la producción de petróleo (1.84 millones de barriles al día)[32] y la importación y aumento en los precios de los combustibles[33], como consecuencia del abandono de las refinerías.[34]

Todos estos factores, sumados a una crisis de corrupción sin precedente[35], explican el triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena, en las elecciones presidenciales de 2018, con más de 30 millones de votos en todo el territorio nacional, en un hecho sin precedente.

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Una victoria que no sólo implicó un cambio de partido en el poder y un giro en el modelo económico, sino también, una reconfiguración en la correlación de fuerzas al interior del Congreso, donde Morena y sus aliados (PT-PES) obtuvieron mayoría en las dos cámaras (Senadores y Diputados).

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Un resultado que además, relegó al bipartidismo de derecha PRI-PAN a un lugar marginal en la conformación del nuevo Congreso mexicano.

Un escenario similar a lo que ocurrió con las gubernaturas, donde se rompió la hegemonía del PRI, logrando la repartición de gobiernos estatales más plural en la historia del país.

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Un cambio de régimen político que abre una baraja de posibilidades al mismo tiempo que encierra nuevos retos para el nuevo gobierno encabezado por López Obrador, quien tendrá como principales amenazas a los remanentes derrotados del viejo sistema, así como los embates del capital financiero trasnacional, cuyos intereses suelen contraponerse a la visión de un gobierno liberal y nacionalista de izquierda, como el que existe en México con la llamada “Cuarta Transformación”.

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Fuentes:

[1] INEGI, precios de 2013. https://www.inegi.org.mx/temas/pib/

[2] https://datos.bancomundial.org/indicador/NE.RSB.GNFS.CD?end=2017&locations=MX&start=1988&view=chart

[3] http://www.beta.inegi.org.mx/temas/ptf/

[4] http://www.elfinanciero.com.mx/rankings/la-importancia-del-aguacate-para-mexico-en-graficas

[5] https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/395303/Balanza_Comercial_Agropecuaria_y_Agroindustrial_enero_2018.pdf

[6] http://www.cefp.gob.mx/intr/edocumentos/pdf/cefp/cefp0732006.pdf

[7] https://mexico.mom-rsf.org/es/propietarios/

[8] https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/11/14/tras-pagar-mas-de-2-billones-de-pesos-mexicanos-deben-67-mas-por-el-fraude-del-rescate-bancario_a_23269804/

[9] https://actualidad.rt.com/actualidad/295269-mexico-ley-busca-poner-limites-bancos-ganancias

[10] https://www.eleconomista.com.mx/economia/EPN-hereda-una-pesada-losa-de-deuda-a-AMLO-20181129-0086.html

[11] http://www.elfinanciero.com.mx/mercados/el-peso-se-hundio-por-tormenta-perfecta-en-su-contra-en-el-sexenio-de-epn

[12] https://expansion.mx/economia/2018/02/01/mexico-tiene-la-deuda-publica-mas-alta-en-su-historia

[13] https://www.inegi.org.mx/app/indicesdeprecios/CalculadoraInflacion.aspx

[14] https://cam.economia.unam.mx/1018-2/

[15] https://cam.economia.unam.mx/reporte-de-investigacion-120-mexico-esclavitud-moderna-cae-78-71-el-poder-adquisitivo/

[16] https://adnpolitico.com/presidencia/2018/05/21/verdad-o-mentira-que-tan-cierto-es-lo-que-dijeron-en-el-debate

[17] https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Mexico-tiene-un-fuerte-problema-de-informalidad-Roberto-Campa-20180515-0074.html

[18] https://www.bbvaresearch.com/wp-content/uploads/2018/09/1809_AnuarioMigracionRemesas_2018.pdf

[19] https://economia.nexos.com.mx/?p=2034

[20] https://www.oxfammexico.org/sites/default/files/Informe%20Me%CC%81xico-DAVOS-reducido.pdf

[21] https://heraldodemexico.com.mx/opinion/usted-es-ilegitimo-de-origen/

[22] https://actualidad.rt.com/actualidad/272788-mexico-llega-250000-asesinatos-inicio-guerra-narcotrafico

[23] https://aristeguinoticias.com/1607/lomasdestacado/caso-monex-el-recuento/

[24] https://contralacorrupcion.mx/odebrechtepn/

[25] https://aristeguinoticias.com/1101/mexico/red-fantasma-de-duarte-triangulo-dinero-a-campana-presidencial-en-2012/

[26] https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/12/19/acusan-a-videgaray-de-pactar-con-beltrones-para-desviar-250-millones-de-pesos-para-campanas-del-pri_a_23311863/

[27] https://www.dw.com/es/buscaglia-en-m%C3%A9xico-hay-un-pacto-de-impunidad/a-18001753

[28] https://manuelhborbolla.wordpress.com/2014/01/07/20-anos-del-tlcan-el-recuento-del-desastre/

[29] http://idic.mx/wp-content/uploads/2014/11/TLCAN20ANOS_UNAM-IDIC_2014_comprimido.pdf

[30] https://es.wikipedia.org/wiki/Pacto_por_M%C3%A9xico

[31] https://www.jornada.com.mx/2018/07/19/economia/018n1eco

[32] https://expansion.mx/empresas/2018/04/04/la-produccion-de-pemex-sin-despegar-en-2018

[33] https://www.excelsior.com.mx/nacional/2018/02/24/1222521

[34] https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/01/12/el-abandono-de-refinerias-fue-clave-en-el-gasolinazo_a_21653178/

[35] https://www.huffingtonpost.com.mx/2016/11/29/la-generacion-de-gobernadores-mas-corruptos-en-la-historia-de-me_a_21616032/

Apuntes sobre el #MeToo a la mexicana (y el fanatismo de género)

 

¡Qué cantidad de pleitos ha generado la polémica por las denuncias del MeToo en México! Me parece triste tanto el debate como lo que hemos visto en los últimos días.

Por un lado, las mujeres violentadas, acorraladas, no les ha quedado más alternativa que denunciar en redes el acoso que padecen sistemáticamente, ante un aparato de justicia inservible e impregnado de machismo.

Por el otro lado, tal parece que en el nuevo dogma feminista la presunción de inocencia no existe (porque las mujeres por ser mujeres nunca mienten) y eso también es un problema.

En las denuncias había de todo: acusaciones legítimas de mujeres violentadas y también, casos donde la exageración y la banalización estaban a la orden del día. No toda insinuación es acoso, aunque la línea es muy delgada y es difícil establecer con precisión milimétrica cuál es cual. Ni tampoco toda agresión es culpa del heteropatriarcado (me tocó leer por ahí un testimonio de una mujer que se quejaba de eso porque le decían gorda y marimacha en la escuela, como si a los hombres no les dijeran cosas por el estilo en el salón de clases).

Lo más preocupante son los mensajes de odio y fanatismo desbordado que abundan por ahí. Desde las mujeres que aplaudieron el suicidio del bajista Armando Vega Gil (el primer “martir del patriarcado”, según algunas extremistas) hasta la estupidez del MeToo Hombres, creado para, dicen, tratar de contrarrestar el linchamiento femenino en redes con más linchamiento masculino.

Las mujeres en México y el mundo han sido muy lastimadas y por lo tanto, es entendible esa explosión de enojo con la que buscan trastocar las viejas relaciones de poder frente a los hombres. Los niveles de violencia que hemos vivido en este país, los últimos años, no eran para menos. Hay mujeres que en el camino, han ido tomando cada vez mayor conciencia de su propia fuerza y yo lo celebro.

Pero, por otro lado, me da la impresión que algunas mujeres se están haciendo mucho daño en todo este proceso. Una cosa es el empoderamiento femenino y otra cosa es la victimización. El odio exacerbado contra los hombres por parte de algunas feministas raya ya, por momentos, en expresiones propias del fascismo. Es algo que hay que discutir, aunque no sea políticamente correcto decirlo, aunque más de una se podrá sentir ofendida, en esta época donde la susceptibilidad está a tan flor de piel y cualquier comentario puede resultar ofensivo para alguien.

Una de las verdades que emana al develar el velo de maya, según el hinduismo, es comprender la ilusión de la separación. Todo está conectado y la separación es, por lo tanto, una ilusión que no corresponde a la verdad profunda sobre la existencia humana. Por ello resulta preocupante que, en esta era de fanatismo ideológico, esa falsa idea de la separación es cada vez más común en nuestras sociedades: hombre-mujer, blanco-negro, chairo-fifí, rico-pobre, nacionalistas-globalistas.

Yo, por mi parte, anhelo el día en que el hombre y la mujer puedan romper las ataduras del sexo para reconciliarse y amarse sin condiciones. Entender que, pese a nuestras diferencias, quizá podamos encontrar la manera de querernos sin etiquetas y disfrutar de este viaje juntos. La violencia se puede mitigar, pero nunca se podrá erradicar del todo. Es la dolorosa lección que me tomó mucho tiempo aprender. La maldad no existe: sólo es un montón de gente lastimada.

Luego me vienen a la mente un par de sabias frases enunciadas por Buda, quien afirmaba que “el verdadero amor nace de la comprensión”. ¿Tendremos la capacidad de comprender al otro, a la otra, sin juzgarnos de antemano?

“El odio no cesa con el odio, el odio cesa con el amor. Ésta es una ley muy antigua”, afirmaba Siddhartha luego de alcanzar la iluminación.

No nos resta más que esparcir un poco de amor en este mundo tan lleno de odio. Un verdadero acto revolucionario, en esta carnicería de todos contra todos.
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Lo que realmente indigna a la comentocracia mexicana

Llama la atención la embestida mediática contra el presidente Andrés Manuel López Obrador por su crítica a los “expertos” de la “sociedad civil”.

La misma semana, las columnas de los periódicos publicaron una oleada de “opiniones” muy similares, quejándose del desdén de AMLO por el saber técnico de los “expertos”.

Nunca oí a los comentócratas quejarse por cómo se desdeñaba el saber producido en las instituciones públicas como la UNAM, mientras se privilegió a instituciones semilleros de tecnócratas como el ITAM, a la hora de tomar decisiones a lo largo de los 30 años de neoliberalismo que dieron como resultado un país destrozado, con una crisis humanitaria sin precedentes. Pero ahora se quejan al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo.

Los opinólogos pedantes que tienen espacios de privilegio en los medios de comunicación tampoco hablan sobre quiénes son los que financian a las organizaciones que se han autoproclamado como voceros de la “sociedad civil” pese a recibir financiamiento de organizaciones como Open Society (del multimillonario George Soros) o fondos de USAID (el gobierno de EE.UU.) o las cúpulas empresariales mexicanas afines a los intereses del capital financiero trasnacional (ahí están el IMCO y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad como dos ejemplos de ello). Financiamiento que busca influir en la opinión pública y posicionar agendas específicas que suelen situar intereses privados por encima del interés público de los mexicanos. De ahí que los integrantes de la autoproclamada “sociedad civil”, conformada por académicos socialité egresados de universidades extranjeras, peguen el grito en el cielo cuando el nuevo régimen político emanado de la llamada 4T haya optado por cambiar las reglas del juego y abrir espacios de decisión a sectores tradicionalmente marginados que fueron vilmente ignorados en aras de un saber tecnócrata que hizo añicos a este país.

Los comentócratas están furiosos porque no conciben que se socaven su autoridad como depositarios del “saber”. Algo que en realidad tiene que ver con una disputa por el poder político.

“Así, pues, saber consiste en referir el lenguaje al lenguaje; en restituir la gran planicie uniforme de las palabras y de las cosas. Hacer hablar a todo. Es decir, hacer nacer por encima de todas las marcas el discurso segundo del comentario. Lo propio del saber no es ni ver ni demostrar, sino interpretar”, señalaba el Michel Foucault en Las palabras y las cosas.

En su formidable libro, el filósofo francés explica con una lucidez extraordinaria la manera en que el “saber” no es un ente estático o fijo, sino algo que cambia continuamente y se configura culturalmente a partir de las relaciones de poder al interior de todo grupo social. Para Foucault, el saber es sinónimo de poder, pues es precisamente ese “saber” el que legitima el ejercicio del poder político. Y la imposición de un saber hegemónico que aplasta a otras formas del saber, constituye siempre un ejercicio de poder.

Por ello, lo que vemos hoy en la prensa mexicana no es sino una disputa abierta por el poder político, en la que los resquicios de los intelectuales favorecidos por el régimen neoliberal pelean por el control de “la verdad” en una época donde el discurso de la Cuarta Transformación cuenta con un amplio respaldo popular, con niveles de aprobación hacia López Obrador cercanos al 80% de los mexicanos, según las últimas encuestas (El Finanicero, Reforma, Mitofsky).

Algo que tampoco dicen los intelecutales orgánicos del régimen neoliberal, es que el triunfo de López Obrador es en buena medida consecuencia del agotamiento discurso tecnocrático cada vez más alejado de la realidad que viven millones de familias mexicanas agraviadas por la violencia, la falta de oportunidades y el saqueo sistemático de unos pocos a expensas de las mayorías.

La realidad que retratan los opinólogos desde su burbuja de privilegios está completamente divorciada de esa otra realidad que vive la gran mayoría de los mexicanos. Una realidad mucho más cruda de lo que se alcanza a percibir en la comodidad de los cubículos y las estancias académicas en universidades estadounidenses y europeas. Una realidad que golpea en la cara mientras los intelectuales del viejo régimen y los bienpensantes pasan largas horas discutiendo lo que “debería ser” en un mundo ideal que no existe. De ahí su incapacidad para resolver problemas prácticos que, más allá de un saber técnico altamente especializado e inaccesible para el ciudadano común, requiere de sentido común y voluntad para resolver un estado de cosas caótico y complejo que difícilmente se corresponde íntegramente al mundo ideal planteado en los libros.

Un ejemplo de esta situación es el debate sobre la creación de la Guardia Nacional y los espacios otorgados por López Obrador a los militares, que incluyen hasta la construcción del nuevo Aeropuerto. Desde una lógica estrictamente academicista, el planteamiento de la creciente militarización implica un riesgo para los poderes civiles propios de los regímenes democráticos a la usanza liberal. Sin embargo, ese análisis excluye factores prácticos que van más allá de la teoría. Y es que desde una perspectiva políticamente maquiavélica -que suele ofender a los intelectuales puros, inmaculados y éticamente bienintencionados- el acercamiento de López Obrador con el ejército en aras de defender un proyecto nacionalista frente a las presiones del capital financiero trasnacional, tiene toda la lógica del mundo.

¿O acaso no han visto cómo el gobierno de EE.UU. está tratando de invadir Venezuela y dividir a las fuerzas armadas de aquel país para beneficiar sus intereses geoestratégicos en América Latina? ¿No vieron como la soberanía de Chile y Guatemala (con los golpes a Allende y Arbenz) y más recientemente en Honduras y Brasil, se vio burdamente socavada por el imperialismo estadounidense en la región? ¿Qué nos garantiza que los países movidos por banqueros e inversionistas de Wall Street no fomenten un golpe de Estado cuando sus intereses hegemónicos sean afectados para beneficio de los mexicanos?

Todos esos factores están en juego hoy, en el contexto político de México. Pero por supuesto, los comentócratas conservadores no han mencionado una sola palabra de todo esos factores que existen y tratan de ocultar para manipular a su favor a la opinión pública, dentro de una continua disputa por el poder. Lo que vemos a diario en los medios, más que simples opiniones, es en realidad maniobras de guerra en un escenario de confrontación entre dos grupos antagónicos: los que luchan por mantener intactos sus privilegios frente a los que luchan por cambiar el estado de cosas que prevalece en México y el mundo.
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Desabasto de gasolina para principiantes (y uno que otro despistado)

Un resumen con lo que, me parece, algunos de los puntos más relevantes de la crisis de desabasto de combustible que se vive en México ante el plan para combatir el huachicoleo implementado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

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CAUSAS

Las causas del desabasto de combustible son multifactoriales:

1) La manera en que los gobiernos del PRI y PAN toleraron y fomentaron el robo de combustible desde hace 18 años. (En su libro El cártel negro, la periodista Ana Lilia Pérez narra como el negocio del huachicoleo es manejado por el sindicato petrolero en complicidad con organizaciones criminales como Los Zetas y gobiernos de distintos partidos políticos).

2) El cierre de ductos por parte del gobierno de López Obrador para acabar con el huachicoleo. (El 80% de la gasolina se transporta en ductos que tienen un flujo continuo, mientras las pipas se desplazan en carretera desde las refinerías y tardan mucho tiempo en llegar a las gasolineras).

3) El hecho de que muchas gasolineras del país vendían gasolina robada. (En noviembre de 2018, la la Asociación Mexicana de Proveedores de Estaciones de Servicio calculaba que el 29% e las gasolineras del país vendían combustible robado: 3,509 de las 12,100 gasolineras instaladas).

4) Sabotaje hacia ductos de Pemex como parte de una guerra política que busca desestabilizar al gobierno por parte de grupos beneficiados del huachicoleo. (El presidente López Obrador reportó 6 “sabotajes” hasta el 13 de enero).

5) La psicosis social provocada por una campaña de desinformación que busca exacerbar la crisis existente con el fin de golpear al gobierno de López Obrador, lo cual genera compras de pánico y una mayor demanda de gasolina escasa. (Alimentada mediante mentiras como la supuesta reducción en las importaciones de gasolina, desmentida por Presidencia y datos oficiales, tal como puede constatarse hasta finales de diciembre en las Estadísticas de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía).

 

LAS ALTERNATIVAS

Ante este escenario, el gobierno de López Obrador pudo optado por alguna de las dos siguientes alternativas para enfrentar la crisis:

1) Escalonar el cierre y aseguramiento de ductos, para garantizar una adecuada distribución con el número de pipas disponibles.

2) Prever la contratación de pipas suficientes para garantizar el abasto de combustible ante el cierre de ductos. (Se cuenta con 5,000 pipas para abastecer de combustible a las regiones afectadas. Pemex tiene 1,600 pipas propias y otras 3,400 fueron rentadas).

 

ERRORES E INCAPACIDAD

1) Improvisación. El gobierno no previó de manera adecuada los efectos ni la magnitud que traería consigo el cierre de ductos. (La manera en que AMLO y la Sener negaron y después aceptaron problemas con buquetanques estacionados ante la imposibilidad de descargar combustible, es un claro ejemplo de ello).

2) Una mala estrategia de comunicación. La incapacidad dle gobierno para explicar con claridad las causas del problema y las explicaciones vagas que dejan varios vacíos de información, los cuales han sido utilizados por grupos opositores para difundir mentiras. (Como la manera en que el gobierno de AMLO desmintió la información del WSJ sin cifras, o la manera en que niegan y afirman un desabasto de gasolina de manera simultánea, son dos claros ejemplos de la crisis comunicacional que enfrenta el gobierno).

3) La mediocre labor del gabinete. Ni la titular de la Sener, Rocío Nahle, ni el director de Pemex, Octavio Romero, han podido ayudar a López Obrador a mitigar las críticas y el descontento contra el gobierno.

 

BALANCE

1) En términos económicos, los ahorros derivados del ahorro de combustible son mayores a las pérdidas económicas derivadas del desabasto de combustible. (En la última semana, López Obrador reportó que se evitaron pérdidas por 2,500 millones de pesos mientras Coparmex estimó perdidas por 1,500 millones de pesos. Otros organismos como el CEESP, consideran prematuro hacer una estimación, aunque a largo plazo, acabar con el huachicoleo sería mucho más rentable para el país tomando en cuenta los 60,000,000,000 de pesos en pérdidas que se reportaron durante el último año).

2) Una apuesta arriesgada. El gobierno de López Obrador apostó a solucionar de golpe el problema del huachicoleo y sortear el descontento social en el corto plazo, con lo cual, en unos pocos meses el problema del desabasto sería olvidado y su adminsitración podría colgarse un triunfo histórico al acabar en poco tiempo con un problema creciente que se gestó en los últimos 18 años.

3) Una opinión pública favorable. A pesar de las afectaciones en 7 estados del centro del país, incluyendo la capital, (Guanajuato, Michoacán, Querétaro, Hidalgo, Estado de México, Jalisco y Ciudad de México), dos encuestas (Reforma y Massive Caller) dan un margen de aprobación del 73% a las acciones del presidente. Sin embargo, ese apoyo podría verse seriamente diezmado entre más se alargue la crisis.

4) ¿Dejar pasar la impunidad? Al inicio de la crisis, López Obrador informó que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, notificó al líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, para notificarle que se terminaría el negocio ilícito del robo de combustible controlado por el sindicato de Pemex. Romero Deschamps solicitó un amparo que le fue negado, ante la presión creciente en su círculo cercano. El gobierno ha informado de algunos detenidos y una lista de personajes investigados por el robo de gasolinas (incluyendo al General brigadier del Estado Mayor Presidencial, Eduardo León Trauwitz). Si el descontento social sigue creciendo en las próximas semanas, sin resolver el problema de desabasto de gasolina, el gobierno de López Obrador podría dar un golpe mediático procesando a personajes de alto perfil para contener el reclamo de castigo a los culpables. Un tema en el cual habrá que esperar un tiempo para ver resultados concretos.

 

CONCLUSIÓN

El combate al robo de combustible era una medida necesaria y urgente, que el gobierno de López Obrador decidió llevar a cabo de manera decidida, con una estrategia improvisada, implementada de manera torpe, lo cual ha generado una crisis de desabasto de gasolina en el centro del país.

Una acción que representa una apuesta arriesgada para el gobierno de López Obrador: acabar con el huachicoleo de tajo o generar una nueva crisis ante el desabasto de gasolina en el intento.

Si AMLO gana, habrá evitado pérdidas multimillonarias que serán más evidentes en el largo plazo. Si pierde, saldrá debilitado ante una crisis temporal que sin embargo, no acabará con el país (como sí hicieron 30 años de políticas neoliberales).
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Crítica ficcionalista a las elecciones presidenciales de 2018 en México (y a los pejefóbicos que nunca entendieron de qué se trató la cosa)

AMLOVE

Concluye un ciclo histórico de 30 años y empieza una nueva etapa. No sabemos si mejor o peor, pero será una nueva etapa al fin y al cabo. Creo que era un paso necesario y urgente que México tenía que dar para crecer como nación. Llevábamos demasiado tiempo estancados en la misma lógica y siempre es bueno un cambio de aires para refrescar la mirada, aunque eso signifique enfrentar nuevos retos, nuevos desafíos, nuevos vicios, nuevos problemas. El cambio de hoy es muy probable que se corromperá mañana, no sabemos si dentro de tres años o dentro de cien, pero es algo que ocurrirá tarde o temprano, siempre, porque la historia es cíclica, un continuo ir y venir por territorios desconocidos, y las soluciones del ahora están construyendo desde ya los desafíos del futuro. Es la inercia de la vida. Y la política, como cualquier otro ámbito de la vida, no escapa a la dinámica de estas fuerzas fundamentales que rigen todas las cosas.

Por eso mismo, sostengo que el cambio era urgente. La vida de los pueblos como las personas, experimentan el mismo choque de fuerzas que determinan la existencia. La psicología de masas no es sino una suma de psicologías individuales que a su vez, construyen un nuevo ente más complejo, pero que en el fondo, comparten un origen común. Así como las personas somos un nivel de conciencia que surge de la cooperación ordenada de millones de células, la sociedad es también un nivel de conciencia colectiva que responde a la dinámica de las fuerzas primordiales que constituyen el universo.

Y ocurre que el desarrollo espiritual de las naciones es similar al desarrollo espiritual de las personas, el cual depende en buena medida, de enfrentar los demonios internos. Y en las naciones como en las personas, el miedo a enfrentar esos fantasmas delirantes que duermen en nuestras profundidades, suele traer consigo consecuencias trágicas. “Todo deseo contenido engendra peste”, escribió maravillosamente el poeta William Blake. Una peste que proviene del deseo insatisfecho, una necesidad de autorrealización que se ve frenada por el miedo de enfrentarnos a aquellas fuerzas que nos impiden crecer. Por ello, toda tradición mística y esotérica, es ante todo una enseñanza sobre cómo enfrentar nuestros miedos más elementales: el miedo a la muerte, el miedo al dolor, el miedo a la soledad.

No es casualidad que a lo largo de la historia de la humanidad, el mito del héroe que vence a sus demonios internos para alcanzar la armonía existencial, es una constante en cualquier cultura, de cualquier tiempo, en cualquier rincón del planeta. El héroe que en busca de sí mismo que es capaz de crear un cambio significativo en el mundo.

Esta estructura psíquica encargada de simbolizar la experiencia humana (descubierta y descrita por Jung y su concepto de arquetipo e inconsciente colectivo) están presentes en prácticamente cualquier relato, sin importar que se trate de un pasaje de la Biblia, un cuento para niños, una película de Hollywood o un drama de Shakespeare. La psique humana se articula a través de ficciones que nos permiten crear un punto de referencia a partir del cual, podemos interpretar y habitar un mundo articulado, gracias al milagro del lenguaje. No en balde, “los límites del mundo son los límites del lenguaje”, como bien señalaba Wittgenstein. De este modo, toda cultura es el resultado de un complejo proceso de intercambio de experiencias que articulan una cosmovisión, es decir, un relato fundamental a partir del cual se construyen todos los demás relatos posibles. Este relato esencial, que los antropólogos conocen como mito, no es sino un relato de ficción a través del cual, el ser humano se explica y trata de interpetar el mundo en que vive. Dicho mito, es el sustento mismo de la realidad. Es decir, que el mito es un discurso que trata de condensar la experiencia humana durante varias generaciones, para luego plasmarla en un relato capaz de explicar todas las cosas, a partir de las cuales, podemos situarnos en el mundo. Toda cultura, por lo tanto, es un cúmulo de narrativas que buscan entender las implicaciones de la existencia y la relación del ser humano con su entorno.

Para quien entiende esta relación entre vida, cultura y lenguaje, resulta sencillo comprender otros ámbitos como la ideología, es decir, un conjunto de ideas más o menos estructuradas que tratan de explicar la realidad cotidiana. Un conjunto de ideas que alude siempre al mito, a partir del cual, se construye cualquier ideología posible. En este sentido, la política, entendida como una disputa por el poder, no es sino una lucha por el control de la realidad. Una batalla que se libra a través del uso del lenguaje y la construcción de narrativas. Esto nos permite entender por qué razón no existe una diferencia significativa entre el relato de ficción y el relato histórico, ya que como bien apunta Paul Ricoeur en su libro Tiempo y narración, ambas modalidades del relato funcionan a partir de los mismos esquemas mentales que posibilitan el lenguaje. Por ello, es común que la historia, entendida como el estudio de la experiencia humana en el pasado, se construye a través de narrativas. De ahí que, cuando decimos que una persona “hace historia”, significa en el fondo que las acciones de dicha persona provocaron un cambio en la narrativa sobre la experiencia humana en el pasado. Hacer historia, por lo tanto, es cambiar el curso de la narrativa hegemónica mediante la cual, el ser humano se explica a sí mismo, a partir de la experiencia de otros seres humanos que vivieron antes que él. Por ello, el surgimiento de la historia surge como tal con la invención de la escritura, ese artificio del lenguaje que permite fijar en el tiempo y el espacio la experiencia humana a un nivel de detalle imposible de recrear a través de las finitas capacidades de la memoria humana y la tradición oral. En este sentido, no es casualidad que la historia, el derecho y el surgimiento del Estado tengan un origen común, que coincide con la invención de la escritura. De modo similar, la política entendida como un control de la realidad a través de estructuras narrativas, permite comprender la manera en que las ideologías políticas se debilitan y fortalecen con el paso del tiempo, cuando dicho relato deja de tener sentido frente a nuestra experiencia de vida. Por eso, dice Gadamer, la verdad es una afimación (o un relato) de la existencia que debe constatarse continuamente en la experiencia humana. Un discurso político deja de tener sentido (es decir, deja de ser verdadero) cuando dicha afirmación sobre la existencia deja de tener relación con mi propia experiencia de vida y mi propia interpretación del mundo. La verdad, será entonces, un relato cuya validez se otorga a partir de una experiencia de vida común entre los diversos integrantes de un grupo social. La verdad está siempre en entredicho, siempre a prueba, siempre contrastada con mi propia experiencia de vida. Las grandes verdades universales sobre la existencia humana, son aquellas afirmaciones que no pierden vigencia y siguen significando cosas para la gente a través del tiempo, sin importar la época.

Yo me di cuenta de esta situación, quizá no de manera teórica pero sí más intuitiva, cuando comencé a trabajar. Recuerdo que en mi familia y círculo social cercano, crecí con la idea imperante dentro del liberalismo económico, idea hegemónica dentro de nuestra cultura occidental, la cual sostiene que la riqueza es fruto del trabajo. Pero recuerdo que aquella frase dejó de tener un sentido para mí, cuando en mi primer empleo, yo me la pasaba trabajando durante más de ocho horas diarias, seis días a la semana, mientras apenas tenía dinero suficiente para pagar mis necesidades más elementales, al mismo tiempo que veía a otros chicos de mi edad irse de fiesta todos los días porque sus papás tenían dinero suficiente como para que sus hijos no tuvieran la necesidad de trabajar. En un sentido similar, veía a mi alrededor que un albañil, por ejemplo, podía realizar un trabajo más exhaustivo, con jornadas larguísimas de 12 o 14 horas, mientras el “patrón” podía trabajar, pero eso no incidía directamente en los niveles de acumulación de riqueza. A partir de ahí, me di cuenta de que trabajar todo el día, por sí solo, no permite acumular riqueza, sino que por el contrario, existen otros mecanismos sociales que permiten dicha acumulación. Esa intuición fue reforzada cuando, ya en la universidad, tuve la oportunidad de leer El Capital de Karl Marx, libro que no es sino un relato de cómo se genera dicha acumulación a través de la explotación y la apropiación de los medios de producción, relato que tiene mucho más sentido para mí, que el discurso liberal que siguen suelen sostener aquellos cretinos que creen que “los pobres son pobres porque no quieren trabajar”.

Lo que intento demostrar, es que nuestras ideas políticas suelen estar referidas a nuestra experiencia de vida. Y nos identificamos con determinados discursos políticos porque dichos discursos significan algo para nosotros, según nuestra propia experiencia. Pero resulta que nuestra propia experiencia de vida, es al mismo tiempo, una interpretación que pretende dar coherencia lógica y estructura narrativa a distntos hechos aislados, articulados como un todo gracias a la memoria y nuestra capacidad de estructurar relatos de vida, en función de nuestras emociones.

De ahí que cualquier ideología busca en el fondo tratar de establecer una relación causal entre mis emociones y los relatos a partir de los cuales trato de explicar el mundo. Es decir, que toda ideología es en el fondo, un relato sobre la relación entre mis emociones y las cosas que ocurren en mi entorno, es decir, un discurso que me permite explicar por qué me siento como me siente en función de la manera en que me relaciono con el mundo que me rodea. De ahí que toda retórica política tenga un sustento emotivo, más que racional, y explica también el poder del demagogo: ese parlanchín que dice lo que el pueblo quiere oír para tratar de restablecer un equilibrio anímico que ha sido trastocado de alguna manera por algún tipo de crisis que pone en peligro mi bienestar. Esto permite entender cómo es que todo discurso político busca apelar a las emociones de las masas para tratar de construir un relato en torno a las causas del bienestar y el bienestar como propósito de futuro. Y todo discurso político lleva implícitas estructuras mitológicas, como bien lo advirtió el filósofo Ernst Cassirer. Por ello, no existe un solo discurso político que no aluda al bienestar colectivo de un determinado grupo. Es decir, que todo discurso político está orientado a tratar de convencer de que una comunidad se siente como se siente, debido a una serie de causas que es necesario corregir para restablecer el bienestar perdido. Las promesas de campaña tienen este fin: tratar de persuadir sobre las formas en que, una serie de acciones encabezadas por los líderes de la comunidad (los gobernantes) habrán de estar orientadas en tratar de mantener el bienestar existente o tratar de acceder a él.

Sobre estos ejes se estructuran las ideas elementales del espectro político: la derecha como una ideología que busca mantener los mecanismos estructurales que explican el bienestar de un grupo, frente a una izquierda cuyo propósito es acceder a un bienestar que le ha sido negado. De ahí que la disputa entre la derecha y la izquierda es, en el fondo, una lucha por conservar cierto tipo de privilegios o tratar de acceder a dichos privilegios. Desde luego, las posiciones de cada polo serán determinadas en función de los intereses de cada persona. Aunque lo cierto es que, más allá de la condición material, lo que realmente importa es cómo es que cada quién construye su propia narrativa en torno al problema del bienestar. Por ello, el pensamiento de conservador de derecha, generalmente asociado a las clases privilegiadas, buscan preservar dichos privilegios emanados de las estructuras sociales, mientras que la izquierda busca acceder a una forma de bienestar que le ha sido negada, principalmente por relaciones de subordinación. Dicho de otro modo, dentro del contexto de la lucha de clases, el pensamiento conservador busca mantener sus privilegios, mientras que el pensamiento de izquierda busca acceder a un bienestar prohibido. A través de esta dicotomía y polaridad, se puede entender la razón por la cual, es posible establecer, de manera muy general, vínculos entre el pensamiento de derecha y los sectores más ricos de la población, así como un pensamiento de izquierda generalmente asociado a los sectores más pobres. De este modo, la disputa entre derecha e izquierda tiene como trasfondo la continua batalla entre ricos y pobres, o quienes se asumen partido a favor de un bando determinado. Esto explica, en buena medida, el por qué existen “pobres de derecha” y “ricos de izquierda”, pues a final de cuentas, la identidad no tiene que ver únicamente con una condición material per se, sino más bien, con la construcción de una narrativa propia. Un relato que busca relacionarse con una determinada idea de bienestar como fenómeno colectivo, que trasciende incluso la condición individual de cada persona. Es por ello, que toda ideología política, sea de izquierda o derecha, es consecuencia de una identidad colectiva que trata de satisfacer necesidades vitales o equilibrar pulsiones elementales propias de todo ser vivo, frente a una narrativa del bien común.

Es así, que la política busca en el fondo, construir narrativas en torno al problema del bienestar. Y a medida que dicha narrativa tenga una resonancia interna entre las masas, mayor será su efectividad para persuadir, convencer, manipular y controlar.

Por ello, romper esta relación de dominación implica volverse fuerte, y para ello es un requisito indispensable conocerse a uno mismo, vencer el miedo y aprender de nuestros errores, con el fin de construir narrativas que nos permitan reestablecer el equilibrio anímico a nivel individual y colectivo. Pero cuando esto no ocurre, la desgracia suele hacerse presente en la vida de los individuos y los pueblos.

Eso fue justamente lo que hemos vivido en México los últimos años: una sociedad mexicana presa del miedo que decidió votar en contra de quien representaba “un peligro para México”, según una campaña de terror orquestada desde las cúpulas empresariales y el gobierno, para infundir miedo de un cambio. Una situación que derivó en una crisis de violencia sin precedentes que suma más de 250,000 asesinatos y más de 37,000 desaparecidos en 12 años de “guerra contra el narco”. Presa del miedo, México se sumió en una profunda crisis, la cual se hizo aún más profunda con aquella timorata frase que encumbró al PRI en 2012: “mas vale malo conocido que bueno por conocer”. Al fin y al cabo, decían los aplaudidores del PRI, ellos “sí saben gobernar”. Un terror irracional al cambio cuyos ecos se mantuvieron hasta las campañas de 2018, con versiones sin ningún tipo de sustento o evidencia empírica sobre el enorme “peligro que representaba López Obrador para la economía”- Un miedo bien alimentado por rumores, campañas de terrorismo ideológico orquestadas por los bancos y los medios afines al sector financiero, que se filtraron en el imaginario de las clases medias, incapaces de interpretar los intereses ocultos tras la información divulgada en los medios.

Las consecuencias de los últimos dos sexenios, ya lo sabemos, fueron desastrosas. A tal punto, que en 2018 la inmensa mayoría de los mexicanos prefirieron correr el riesgo de convertirse en “Venezuela del Norte” antes que volver a apostar por el bipartidismo de derecha que impulsó el modelo neoliberal, que durante tres décadas devastó al país mediante políticas como las privatizaciones, la firma del TLCAN, el rescate bancario vía el Fobaproa o las llamadas reformas estructurales que incluyeron la privatización del petróleo, así como la precarización del salario y las condiciones laborales.

El PRI y el PAN son los principales responsables de que López Obrador haya ganado las elecciones con una ventaja din precedentes, aplastante, que no hubiera ocurrido si en 2006 las élites político-empresariales que mantuvieron intacto su pacto de impunidad mientras el país se desangraba, no hubieran impedido la llegada de López Obrador a la presidencia, en condiciones más acotadas que lo que ocurrió en 2018. Dicho de otro modo, si hubieran dejado pasar a López Obrador en 2006 no hubiera llegado con mayoría en el Congreso y una cantidad de votos aplastante para la elección de 2018. Hoy en cambio, no sólo se convirtió en el presidente más votado en la historia del país desde la época de la Revolución, sino que además llega con 5 gubernaturas y mayoría en las dos Cámaras. Paradojas de la historia. Una muestra de que, más allá de la política, existen otras fuerzas elementales que rigen la naturaleza y que generan un efecto contrario al que la derecha buscaba generar en un principio, cerrándole el paso a quien se había ganado la simpatía de la gente.

Por otra parte, la tenacidad y perseverancia de Obrador, aderezada con su obsesión por la historia, una moral chapada a la antigua y su afilado colmillo político, le permitieron aprender de sus errores y conformar un movimiento social incluyente que poco a poco lo fue vacunando contra los ataques de un PRIAN, fracturado por la desmedida ambición de sus integrantes, lo cual fue un factor decisivo en la contienda. Esto aún cuando persiste la animadversión clasista contra un personaje popular como Obrador, quien prefiere recorrer las plazas públicas utilizando una retórica sencilla e incluso rudimentaria, para convencer a la gente de la existencia de una “mafia del poder” que tiene secuestrada a las instituciones (lo cual es cierto) y cuyos niveles de corrupción han provocado un nivel de podredumbre generalizado.

Lo interesante aquí, es que el desastre de país en los últimos dos sexenios terminó provocando que el discurso sobre el cual se sostenía la continuidad del modelo neoliberal se derrumbara, ante la urgente necesidad de un cambio que permitiera devolver el equilibrio anímico a la colectividad. Un fenómeno que no es exclusivo de México, sino parte de un proceso histórico mucho más profundo que tiene que ver con la dinámica de la globalziación financierista y las tensiones que esto genera en Estados-nación que ven vulnerada su legitimidad frente al poderío del capital trasnacional.

“En el momento en que el Estado se ve privado de una fuerza identitaria que sostenga su difícil maniobra en el mundo de la globalización, ese Estado trata de relegitimarse volviendo a llamar a su gente, es decir, a su nación; pero esa nación, en muchos casos, ya se ha separado del Estado y cree que no está siendo representada”, refiere Manuel Castells en su ensayo Globalización e identidad. Una situación que explica el resurgimiento de líderes nacionalsitas en todo el mundo que aparecen como alternativa a los estragos de una modelo globalizador basado en la movilidad del capital financiero, que ha devastado comunidades y territorios enteros mediante negocios multimillonarios que son incapaces de satisfacer la insaciable ambición de una pequeña élite a expensas del sufrimiento de millones de personas que se ven obligadas a migrar de sus territorios para ganarse la vida en las ciudades donde se concentra la mayor parte de la riqueza global. Un fenómeno migratorio de gran escala que a su vez, socava la cohesión cultural a través de la cual se sostiene la idea del Estado-nación, lo cual provoca una fractura al interior de las grandes urbes que se convierten en espacios de confrontación entre grupos étnicos, religiosos y multiculturales, muchas veces antagónicos entre sí.

Una situación que ocurre actualmente en México, con el fenómeno migratorio hacia Estados Unidos, la devastación ambiental y social ocasionada en comunidades y pueblos a manos de empresas extractivas protegidas por gobiernos neoliberales que han renunciado a su facultad de proteger a sus ciudadanos, con el pretexto de atraer inversión extranjera, siempre dispuesta a generar riqueza mediante el despojo, la explotación y empleos mal pagados. Una situación que fue evidenciada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional desde la fase inicial del proyecto neoliberal en México y que se fue propagando por todo el país a lo largo de los años, junto a múltiples evidencias del fracaso de la apertura económica a varios niveles.

¿Qué ocurrió entonces? Lo que siempre ocurre en la política. El discurso de López Obrador ofreció una explicación cada vez más convincente de la realidad nacional, lo cual le abrió las puertas del triunfo. Cuando Andrés Manuel afirmaba que el PRIAN era lo mismo, las alianzas entre Diego Fernández de Cevallos y Carlos Salinas de Gortari o los continuos guiños de Vicente Fox con Peña Nieto, siempre con la tecnocracia neoliberal como vaso comunicante entre priistas y panistas, terminó dando razón al tabasqueño en torno a la existencia de una “mafia del poder”, cada vez más obscena y evidente.

Una alianza histórica que, sin embargo, fue dinamitada por un impetuoso Ricardo Anaya que, en aras de su ambición presidencial, provocó una ruptura profunda con el PRI, tras la reunión secreta que sostuvo con Peña en Los Pinos el 20 de enero de 2017 en el contexto de la elección a la gubernatura del Estado de México, en la que supuestamente ambos habrían pactado algo que el líder panista terminó por “traicionar”, según han señalado los cercanos de Peña. Pero esta no fue la única fisura provocada por Anaya, quien utilizó la dirigencia nacional del PAN para apoderarse del partido e impulsar su candidatura presidencial con un alto costo político para la militancia blanquiazul: la fractura y rompimiento con el grupo de Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, lo cual derivó una disputa interna que se mantiene vigente y le pasará factura al joven queretano tras la elección de 2018. No en balde, las cifras muestran que con todo y las alianzas del PAN con PRD y MC, la de Anaya fue la peor votación para un candidato presidencial panista del que se tenga registro en la historia reciente, desde la llamada transición democrática. Por si fuera poco, Anaya construyó una alianza antinatura con el PRD, sí, el mismo partido que surgió como consecuecia del pacto entre PRI y PAN tras el fraude de 1988, situación que en una de esas peculiares paradojas de la historia, terminó arrastrando a su mayor debacle electoral desde el inicio de la alternancia y sepultando al PRD, reducido a un partido satélite luego de haber tenido posibilidades reales de acceder al poder. De este modo, Anaya cometió tres errores clave que dinamitaron la cohesión histórica de la tecnorcracia neoliberal de derecha que sostuvo la hegemonía del PRIAN durante tres décadas.

Ante un escenario así, era más que entendible que un discurso antisistema como el de López Obrador tuviera cada vez más resonancia entre un número creciente de damnificados por los estragos del neoliberalismo, tal como quedó de manifiesto con el gasolinazo, derivado de la reforma energética aprobada por el PRI y el PAN. De este modo, la retórica lopezobradorista se convirtió en la única alternativa viable, ante la notable ausencia de otros discursos antisistema con la fuerza necesaria para satisfacer esa necesidad, razón por la cual, más allá de los aciertos del tabasqueño, la retórica neoliberal aunada a los altos índices de violencia y corrupción, derivados de intentos desesperados por retener un poder decadente y cuestionado por la vía del fraude electoral, como ocurrió en 2006 y 2012, terminó por derrumbar al PRI y al PAN en 2018, convirtiendo a Morena en un movimiento social emergente con posibilidades de construirse como partido hegemónico en un futuro no muy lejano, generando así un cambio de régimen, entendido como el conjunto de instituciones que regulan y administran el poder político.

Por supuesto, la inmensa mayoría de los críticos de López Obrador a lo largo de las campañas electorales ni siquiera se percataron de la enorme trascendencia histórica que encerraban las elecciones de 2018, en buena medida, por la dinámica con que operan los grandes medios de comunicación y la industrialización del internet, que ha convertido cualquier acontecimiento en un espectáculo propio de la sociedad del consumo, a expensas de la reflexión y una búsqueda profunda de la verdad.

De este modo, los sectores conservadores asustados de perder sus privilegios frente a un proyecto político como el de López Obrador -que busca priorizar a los más pobres con el fin de contrarrestar los desequilibrios generados por el mercado frente a un Estado débil- fueron burdamente manipulados por los intereses de las cúpulas empresariales que se han enriquecido de manera indignante mientras la brecha entre ricos y pobres en México se vuelve cada vez más amplia, reavivando los temores de masas desinformadas que, sin conocer a fondo la situación de Venezuela, afirmaban una y otra vez, similitudes inexistentes entre el régimen chavista y el proyecto lopezobradorista.

Estas son las implicaciones de fondo de la elección presidencial de 2018, las cuales pasaron prácticamente inadvertidas por el grueso de la población, felizmente enajenada con muchos memes y críticas chafas que evidenciaron también la crisis al interior de la comentocracia mexicana, alimentada por el régimen neoliberal y con fuerte presencia en los grandes medios de comunicación, cuyos argumentos fueron perdiendo fuerza ante la incapacidad intelectual de las élites para reinterpretar el momento político y social por el que atraviesa México.

En conclusión, considero que el paso que dimos los mexicanos con el arribo de un líder popular, proveniente de movimientos sociales como López Obrador, no sólo resultaba necesario, sino urgente, dado el nivel de descomposición social por el que atraviesa el país.

Sin embargo, no soy ingenuo, y desde luego entiendo que el nuevo régimen traerá consigo una serie de riesgos, favoreciendo a unos y perjudicando a otros, como ocurre con cualquier otro régimen político, pero me parece que el llamado a la reconciliación nacional, proviniendo de un personaje como López Obrador, puede ayudar a México pasar a otra etapa histórica. Un acontecimiento que, como bien escribió Jorge Volpi en un artículo reciente publicado en Reforma, representa una enorme oportunidad para que los mexicanos aprendamos de nuestros errores, enfrentemos nuestros miedos y estemos dispuestos a seguir nuestro camino en un nuevo periodo histórico. Una oportunidad que implica abrir muchas puertas y ventanas que durante mucho tiempo estuvieron cerradas. Pero una cosa es abrir la puerta y otra muy diferente, cruzarla.

No sabemos qué traerá consigo este cambio, pero vale la pena correr el riesgo e intentarlo. En una de esas, no sabemos, quizá el país pueda mejorar un poco en algunos aspectos fundamentales, lo cual sería ya, un pequeño avance, aunque sabemos que siempre habrá grupos inconformes, tal como ocurrió con buena parte de los gobiernos de izquierda que gobernaron en países de Sudamérica durante las primeras dos décadas del siglo XXI. Gobiernos de izquierda que, pese a sus innegables avances en ámbitos como el combate a la pobreza, han tenido muchos problemas para mantener el poder frente a una derecha rapaz protegida por los medios de comunicación afines a las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos y Gran Bretaña, las dos principales sedes del capital financiero trasnacional.

De este modo, confío en que López Obrador hará lo que esté a su alcance para remediar los males que aquejan al país, toda vez que su obsesión histórica y su condición de líder de un movimiento social auténtico, de base, lo hacen un personaje adecuado para encarar en reto. Mucho más adeucado, sin duda alguna, que los tecnócratas “avalados” con sus títulos obtenidos en universidades extranjeras, quienes provocaron la devastación de un país inmensamente rico en posibilidades como lo es México.

La magnitud del cambio histórico que traerá consigo el cambio de régimen es digno de analizarse, discutirse y reflexionarse. En lugar de quejarse amargamente, los pejefóbicos deberían cuestionarse qué fue lo que ocurrió para que un personaje como López Obrador lograra llegar a la presidencia de México en su tercer intento. Quizá entonces, puedan mirar hacia adentro, ser autocríticos y aprender algo en el camino.

La historia, como todo relato de ficción, es un cuento en permanente cambio. Un cuento cuyo sentido depende de su capacidad para apelar a las emociones y las más profundas necesidades humanas- Un cuento que en política, simplifica estos aspectos en la idea del bienestar.

Si bien el regreso del nacionalismo revolucionario remasterizado es preferible a la continuidad de un neoliberalismo fracasado, me parece urgente que los mexicanos comencemos a buscar alternativas para construir otro futuro posible, inventar un nuevo cuento que nos permita redefinir el papel del ser humano y su relación con el mundo, un cuento que cuestione y ponga en duda todos los saberes, un cuento que nos permita reconciliarnos con todos los seres que pueblan el planeta, un cuento que nos permita celebrar nuestras muchas diferencias, un cuento capaz de reescribir la historia misma de la humanidad. Esto, o seguir siendo rehenes de narrativas caducas.

Porque la vida es cuento y la realidad es ficción.

¡Salud!
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Crítica a las opiniones simplonas de la clase media mexicana a escasas horas de una elección histórica

Elecciones 2018: El elector volátil decidirá al próximo presidente

A un día de las elecciones, todos tienen una opinión. Y yo no dejo de sorprenderme de lo limitado de muchas “opiniones” que no hacen sino repetir los discursos de las élites que se difunden con virulencia en los medios.

Se nota que no hay el mínimo esfuerzo por pensar tantito, el mínimo esfuerzo por indagar y tratar de comprender lo que ocurre a nuestro alrededor.

Borges decía que el problema con la democracia es que se trataba de “un lamentable abuso de la estadística”. ¿Cómo puede saber la gente, o bajo qué criterios, puede determinar la masa quién es el mejor gobernante? ¿Con la mierda que ven en a diario en la tele?

Interpretar el mundo en que vivimos requiere un esfuerzo para tratar de comprender más allá de las apariencias. Algo para lo cual, es muy útil saber un poco de varios temas: historia, filosofía, literatura, economía, arte, ser curioso, leer, viajar, hablar con gente diferente a la que abunda en nuestro círculo social más inmediato, tratar de establecer empatía con otros muy diversos.

Me da risa cómo la gente construye sus “opiniones” a través de prejuicios y un criterio limitadísimo que no hace sino generar más confusión. Lo cual es muy útil para que el poder hegemónico manipule fácilmente a #LaBorregada, a través de verdades a medias que suelen mezclar con burdas mentiras, que la masa idiota acepta sin chistar o poner en tela de duda.

Después de años y años de trabajar en medios de comunicación, he visto muchos ejemplos de cómo funciona este proceso y cómo se repiten siempre los mismos patrones. Me parece lamentable que muchos amigos y familiares a quienes les platico de estas cosas prefieran creerle a “periodistas” vendidos, por el simple hecho de que salen en la tele, como si eso los hiciera más creíbles en comparación a uno, que se ha recorrido el país hablando con la gente y contando sus historias, uno que se la pasa investigando, cuestionándolo todo, viviendo en carne propia acontecimientos históricos y conversando de viva voz con los protagonistas de la vida nacional. Es más fácil creer las idioteces de un “Youtuber” fabricado en la deleznable industria del escándalo y la vanidad, que creerle a aquellos que han arriesgado su vida para tratar de contar la verdad.

Esas son las coordenadas mediante las cuales la inmensa mayoría de la gente construye sus “opiniones”. Y luego nos sorprendemos de tanto cretino suelto por ahí.

Sus esquemas mentales sorprenden por su sencillez tan elemental, frente a un mundo cada vez más complejo. AMLO=Venezuela. Una simple ecuación con la que intentan justificar sus traumas clasistas: el hecho de que un gobernante no se apegue al estereotipo elitista y oligárquico que contradice cualquier principio democrático. Pensar la política mexicana mediante el eslogan de un publicista. Vaya estrupidez. Como si la Venezuela chavista fuera el único espejo posible para comparar la realidad mexicana. Lo peor es que el desafortunado símil ha sido repetido hasta el cansancio por gente que no sabe un carajo de Venezuela o Cuba, menos aún de muchos otros casos cercanos como los de Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Nicaragua, Honduras, El Salvador o Guatemala. Ya ni hablar de lo que ocurre en Asia, Europa, Medio Oriente, África. La realidad de esos países no figura en ningún caso comparativo en las críticas simplonas que suelen realizar los tristísimos representantes de #LaBorregada. Ya ni para qué hablar de otros espejos más profundos que nos podrían ayudar a entender la realidad compleja en la que estamos inmersos: del neoliberalismo a 500 años de colonialismo, las raíces del capitalismo, el surgimiento del Estado o el lenguaje como una manifestación de las relaciones de poder. Temas demasiado sofisticados para mentes sencillas en busca de respuestas fáciles que les permitan justificar sus filias y sus fobias, gente rudimentaria que ni siquiera sabe leer un periódico. Así son los opinadores multitudinarios que abundan en Facebook y redes sociales en la era de la posverdad.

Otro especímen peculiar en estos tiempos de campañas son aquellos que cómodamente dicen, “¡todos los políticos son lo mismo!”, como una vía para justificar su pasividad. Desde luego, si uno hace análisis superficiales y simplones, uno se vuelve incapaz de percibir matices, relieves, sabores y otras muchas cualidades que conforman este mundo complejo y fascinante. Piensan con plastas y una paleta de colores muy limitada, esquemas poco detallados que evidencian un pensamiento simplón e insoportablemente convencional, una calca de las ideas de los demás.

Entre estos próceres del pensamiento simple y lineal, abundan muchos universitarios, tristemente, lo cual hace a uno cuestionarse lo jodido de un modelo educativo que educa para la obediencia y premia la mediocridad. Quizá por ello, a estas alturas de mi vida no me sorprende, pero no deja de parecerme fascinante, haber conocido campesinos que con apenas la educación primaria terminada tienen una conciencia política mucho más sólida, crítica y profunda que muchos académicos con doctorado, egresados de universidades extranjeras.

Me acaba de suceder hace poco, cuando viajé a un pequeño poblado en Zacatecas, devastado por una minera del multimillonario Carlos Slim, y tuve la oportunidad de platicar con don Roberto, un viejo que entiende muy bien el mundo en que vive y lucha por cambiarlo. En contraparte, hace unos meses fui a platicar con un famoso comentócrata que aparece en la tele y escribe en los periódicos, para entrevistarlo en su lujosa residencia de Bosques de las Lomas, su pequeño feudo a partir del que articula su limitadísima visión del mundo, misma que se propaga en las débiles mentes de los autómatas, quienes se maravillan con títulos nobiliarios por la pura güeva que provoca pensar por uno mismo. Al salir de la casa de este comentócrata, me quedó la sensación de que el sesudo analista no entendía cosas elementales sobre cómo funciona el mundo de allá afuera, lejos de su burbuja llena de comodidades y privilegios.

Lo divertido es que estos cretinos opinan y forman “opinión” entre las masas desinformadas, esa gente chiquita que será siempre sometida a los intereses del abusivo en turno, sin siquiera percatarse de ello.

Aprender es darse cuenta. Y para darse cuenta es necesario estar atento, afilar los sentidos, expandir la mente.

“La peor visión del mundo, de todas las visiones del mundo posibles, es aquella que nunca vio el mundo”, escribió alguna vez Alexander Von Humboldt. Tenía razón.

No hay forma de salir de la confusión sin indagar por nuestra propia cuenta aquellos vínculos secretos que nos permiten comprender el origen de todas las cosas, esa relación misteriosa que nos permite conectarnos con el mundo, esas conexiones mágicas que habitan en nuestro interior.

Mañana son las elecciones del 1 de julio de 2018 y se perfila para ser un día histórico, un día de fiesta, aunque muchos mexicanos cegados por el miedo y la ignorancia que han cultivado asiduamente durante muchos años, ni siquiera se han dado cuenta. Viven presas del miedo que les han inyectado desde los grandes medios de comunicación, esas enormes maquinarias de consumo que son empresas y, como tales, su finalidad es el lucro en lugar de promover el pensamiento crítico, medios basura que no son otra cosa sino eficaces instrumentos de control al servicio del poder hegemónico.

Pobrecillos. Mañana será un día de fiesta y ellos tan ensismados en sus miedos, en sus diminutos problemas, extraviados en su individualidad viciosa que los hace desentenderse de lo colectivo, esa verbena de lo diverso, tan alejados del mundo que aparece tras su ventana, sin siquiera tratar de asimilar las enormes posibilidades que ofrece la condición humana.

Desde luego, habrá que estar atentos para no permitir un nuevo despojo, una nueva trampa, un nuevo saqueo, una nueva afrenta contra la voluntad popular. Ninguna fiesta, ninguna victoria, es eterna. Así en la política como en los otros muchos ámbitos que conforman la existencia humana.

La vida es aprender a caer y levantarse, aprender de nuestros errores y nunca dejar de luchar.

Y así habremos de seguir luchando tras celebrar lo que se perfila como un día de fiesta para los mexicanos, con unas elecciones históricas que marcarán el ocaso de un neoliberalismo voraz que ha destruido al país. Mañana México escribirá una nueva historia.
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Grandes medios controlados por 11 familias, evidencian falta de pluralidad y fracaso de la reforma de telecomunicaciones

Patrones

La concentración en la propiedad de los medios de comunicación está asociada a una cobertura apegada al poder político y salarios cada vez más bajos para periodistas, revela un informe desarrollado por RSF y Cencos.

Sin título

El control de los grandes medios de comunicación en México está concentrado en 11 familias, afectando la pluralidad de la cobertura noticiosa, evidenciando además grandes deficiencias en la Reforma de Telecomunicaciones impulsada por el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Una situación que, también, ha generado dueños de medios cada vez más ricos con periodistas cada vez más pobres.

Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden del informe Media Owner Monitor México (MOM México), desarrollado por las organizaciones Reporteros Sin Fronteras y Cencos.

En México, 11 familias controlan más de la mitad (24 de 42) de los medios más importantes con las mayores audiencias y, además, reciben la mitad del presupuesto de publicidad oficial”. MOM México

Según los datos, 10 de los 25 dueños de medios mexicanos más importantes analizados por MOM, son familias. En dos casos, una misma familia es propietaria de dos grupos mediáticos cada una: Los Azcárraga (Emilio Azcárraga Jean y Rogerio Azcárraga Madero) y la familia Vázquez (Vázquez Raña y Vázquez Ramos).

De este modo, seis de ocho televisoras, seis de 11 radiodifusoras, seis de 13 sitios online y seis de 10 periódicos impresos forman parte de corporativos que forjaron sus fortunas el siglo pasado, lo cual se traduce en una homogenización de la cobertura informativa.

Más de la mitad de los canales de televisión, programas de radio y diarios impresos reproducen los enfoques noticiosos de élites ligadas tradicionalmente al poder político. Puede observarse mayor pluralidad en el caso de los portales de internet, donde se diversifica la propiedad sobre los medios de comunicación”. MOM México

El análisis por RSF y Cencos, realizado a 42 medios con grandes audiencias (ocho de televisión, 11 de radio, 13 online y 10 de prensa), permitió ubicar a 11 grupos empresariales que controlan la difusión de las noticias que llegan a la mayor parte de los espectadores mexicanos. La mayoría de los negocios de dichos grupos están en distintos sectores de medios (televisión, radio, impresos y digitales) y en otras industrias, como construcción, minería, servicios financieros y casinos.

De este modo, el informe sostiene que entre el 60% y 80% de los medios noticiosos más consumidos del país, “pertenece a conglomerados que, además de tener empresas de medios, tiene negocios que dependen de contratos con el gobierno”.

Una situación que pone en alto riesgo la pluralidad de los grandes medios mexicanos.

El reporte también documentó que no existen regulaciones gubernamentales que permitan conocer las respectivas audiencias de los medios, lo cual representa un problema ahora que el Congreso mexicano tenga que legislar y reglamentar el tema de la publicidad oficial en los medios, ya que no existe forma de saber el impacto que tienen en la esfera mediática.

El gobierno mexicano no ha reglamentado medidas de transparencia para que los medios o empresas privadas certificadas divulguen cifras confiables sobre audiencias. MOM México

“Así, sólo las televisoras que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores o en la Bolsa de Valores de Nueva York tienen obligación de abrir sus datos empresariales”, añade la investigación.

Medios ricos, periodistas pobres

Pese a que en México el sector de medios crece casi cuatro veces más que la economía nacional (8.6% contra 2.5%, respectivamente), esto no se ha visto reflejado en una mejora de salarios para los periodistas, sino todo lo contrario. De este modo, México es un país con medios ricos y periodistas cada vez más pobres, muy por debajo de la media salarial percibida por un profesionista mexicano.

“Pese a sus fortunas familiares, los dueños de los medios en México pagan salarios precarios: en 2013, el blog Periodismo en las Américas del Centro Knight de la Universidad de Texas retomó un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad, que encontró que el periodismo es uno de los cinco trabajos peor pagados en el país con un salario promedio de 7 mil 973 pesos al mes, es decir, aproximadamente 610 dólares. Ese sueldo se ha ido degradando en los últimos años: la empresa de recursos humanos Indeed ubicó en marzo de este año que la media salarial para un reportero mexicano es de apenas 4 mil 560 pesos al mes (245 dólares), de acuerdo con los sueldos de 835 ofertas de trabajo. El salario promedio de un profesionista mexicano es de unos 11 mil pesos mensuales (615 dólares)”, añade el informe.

No podemos hablar de periodismo independiente si no hay un entorno mediático saludable; en México parece ser una paradoja, porque la industria está creciendo pero con una distribución desigual de la riqueza”, dijo Olaf Steenfadt, quien encabeza el proyecto de Monitoreo de Dueños de Medios de RSF a nivel global.

El fracaso de la reforma de telecomunicaciones

Una de las principales promesas y argumentos de la reforma de telecomunicaciones impulsada por el PRI, PAN y PRD a principios de sexenio, dentro del Pacto por México, era acabar con la concentración mediática de algunas grandes corporaciones.

Sin embargo, esto no ocurrió, ya que en sectores como la televisión de paga, que puede incluir los servicios de teléfono e internet, Televisa sigue tendiendo un lugar preponderante con prácticamente nulas restricciones, según explicó Aleida Callejea, experta del del Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia (Observacom).

Cuatro años, casi cinco años de la nueva ley, lo que podemos decir es que en algunos sectores la concentración ha subido. Es el caso de la televisión de paga, donde Televisa fue favorecida por la ley y tiene un poder sustancial del mercado con un control de más del 63% en televisión de paga, televisión de cable y satelital”. Aleida Calleja, Observacom

Sin embargo, y aunque el Poder Judicial facultó al Instituto Federal de Telecomunicaciones para que emitiera medidas de regulación para evitar que Televisa abuse de su poder en ese mercado, el instituto no ha tomado las medidas pertinentes.

“Los cambios en la ley federal tienen que ver con la existencia de legisladores que responden directamente a los intereses de las grandes televisoras”, dijo Calleja.

Sobre la falta de información para conocer a quién pertenecen los medios y las mediciones de audiencia, Calleja aseguró que la ley obliga a los medios entregar dicha información al IFT.

“El problema es que no hacen versiones públicas para que la sociedad tenga este tipo de información. Todos los datos de mediciones de audiencia los tiene el IFT”, dijo. “No hay posibilidad de verificar la competencia efectiva en el mercado ni ver quién concentra, ni tomar decisiones de política pública, si no tienes las mediciones de audiencia”, agregó Calleja.

“En todos los documentos del IFT, está plagado de hacer cumplir el pluralismo y la diversidad, pero no existe un solo criterio para medir el pluralismo en el sistema de medios”, agregó Calleja, quien explica que sede hace cuatro años el instituto prometió emitir dichos criterios. Hasta el momento no hay nada e incluso esa actividad desapareció de su último plan de trabajo anual, lo cual evidencia el abandono del tema por parte del gobierno federal.

Tal como lo muestra el MOM, tenemos contenido noticioso homogéneo por los intereses comerciales o los intereses gubernamentales a través de la publicidad oficial. Esto tiene una gravísima consecuencia en la calidad del debate democrático”. Aleida Calleja, Observacom

La experta añadió que en 2017, el informe de la OCDE evaluando la reforma de telecomunicaciones menciona varios problemas con el órgano regulador y con la ley, para evitar que Televisa siga acumulando poder en el sector de televisión de paga, así como otras medidas inconsistentes que no han permitido una

“Ahora que la OCDE es crítica con el status quo que se sigue manteniendo en el sistema de medios, el gobierno no dijo nada”, añadió Calleja, quien cuestionó que el gobierno no haya hecho nada al respecto, luego de que el asesor jurídico de Televisa considerara que dicho informe de la OCDE había que “tirarlo a la basura”.

“Tenemos un organismo con autonomía constitucional, con facultades cuasi legislativas pero que sigue entendiendo la institucionalidad como un sistema de lealtades”, concluyó Calleja.

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La historia de la conquista, de México a Cusco, y el nacimiento del espíritu latinoamericano

Conquista

Una serie de documentales sobre los pueblos americanos y la invasión española. Una historia cuyos pormenores ha ido borrándose poco a poco de la memoria colectiva y que, por lo mismo, es necesario rescatar del olvido.

La caída del imperio mexica e inca, no se puede explicar sin la manera en que ambos señoríos se desfondaron ante la irrupción de un nuevo actor (los invasores españoles) que cimbrará las relaciones de poder sobre las que se sostenía la hegemonía de México-Tenochtitlán y Tahuantinsuyo con epicentro en Cusco, en cada una de sus respectivas tierras. Un hecho que, aunado a la ingenuidad de los liderazgos indígenas que maravillados con la llegada de los extranjeros, fueron masacrados y perseguidos.

Una historia que explica y marca el fin de una era y el comienzo de otra. El recuerdo de que los grandes imperios pueden derrumbarse en poco tiempo, ante una serie de circunstancias como el descontento social, la incapacidad de mantener las alianzas y agentes externos como la viruela que mató a millones de personas en el llamado Nuevo Mundo.

Un proceso histórico que se explica también por la muerte de los viejos dioses y la reconstrucción del imaginario a partir de un acontecimiento como el encuentro con los europeos. De ahí que la concepción de lo “latinoamericano” sea en realidad, el vertedero de una serie de ideas, mitos y cosmovisiones que se vuelven homogéneas a partir de esa etapa conocida como La Conquista.

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México, país de imbéciles

País de imbéciles

El país se va a la mierda mientras los imbéciles, que son la gran mayoría, van por ahí, pasándola, tan ajenos a todo lo que pasa a su alrededor. Discutiendo pendejadas y frivolidades, mientras la violencia no para y la transformación de México en un Estado totalitario avanza de manera consistente.

Por supuesto, a nadie le importan estas cosas. La ejecución de dos adolescentes a manos de la policía en Veracruz no pasará de ser una anécdota más. No. Lo importante es subirse al tren del mame, con los Oscares o la muerte de Stephen Hawking o algún video de perritos o algún otro meme simplón que explique cómo no pasarse el semáforo en rojo representa una enorme contribución para cambiar la mierda en que vivimos.

Vayan y díganle eso a las familias de los 43 o los desaparecidos de las fosas de Tetelcingo. Explíquenle a sus hijos cómo es que en este país, el crimen organizado, el ejército y la policía pueden desaparecerte, asesinarte, violarte, golpearte o encarcelarte, sólo porque la gran mayoría de los mexicanos son un puñado de cretinos que no hacen otra cosa sino escupir estupideces en Facebook, repitiendo como idiotas las mentiras que ven en la tele.

Ahí están los autómatas advirtiendo el gravísimo riesgo de que México se convierta en Venezuela, cuando no movieron un dedo, un jodido dedo para postear alguna pinche noticia sobre la Ley de Seguridad Interior con la cual se decretó una dictadura militar en México, o la resolución de la SCJN ayer, que abre las puertas y legaliza la extorsión policial que padecemos a diario. De eso no se quejan. Quizá porque no fueron programados para ello, por la sencilla razón que a los señores del dinero y la ignominia no les resulta conveniente, para que puedan seguir haciendo “negocios” con el sufrimiento de millones de ovejas que van en silencio y asintiendo con la cabeza agachada, rumbo al matadero.

En días como hoy, a uno le dan ganas de gritar y morder, ante tanta impotencia, tanta jodida impotencia y dolor regado por doquier.

Vivimos en un país de mierda gracias a imbéciles como usted. Imbéciles que han sido abusados una y otra y otra vez durante más de 30 años, sin siquiera darse cuenta. Siéntase orgulloso, querido autómata.

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(Iracunda reflexión a raíz de varios hechos noticiosos ocurridos en marzo de 2018)

La raíz de la violencia (o de cómo la injusticia engendra monstruos)

Para entender la violencia en México hay que explorar sus causas más profundas. Y para ello, es indispensable comprender la diferencia entre justicia y venganza.

Spanish activist Jil Love and Mexican activist Julia Klug perform with tapes and fake blood during a protest against femicide and violence against women in Mexico City, Mexico

Manuel Hernández Borbolla

Una familia viaja por la carretera México-Puebla. El padre siente deseos de orinar y estaciona la camioneta en la que viaja junto a su esposa, su sobrina (una adolescente de 14 años) y su hijo, un bebé de dos años. La familia es sorprendida por una banda de asaltantes que intenta despojarlos del vehículo. Los ocho agresores golpean al padre, violan a la madre y la hija, y asesinan al bebé. Un día después, el cadáver de una mujer de 25 años es encontrado en Ciudad Universitaria, amarrada por el cuello a una caseta telefónica junto a la Facultad de Química.

Dos casos cuya violencia no deja de estremecer, a pesar de que la crisis humanitaria que vive México desde hace una década pareciera haber convertido la crueldad y el horror en un asunto cotidiano, donde el hallazgo de fosas clandestinas y el recuento de asesinatos se ha vuelto algo normal, parte de la rutina noticiosa que nos ha ido arrebatando nuestra capacidad de asombro e indignación.

Los datos son contundentes. A una década de la llamada guerra contra el narcotráfico decretada por Felipe Calderón, el número de homicidios en el país se disparó desde 2007, registrando su pico más alto en 2011 y con un repunte en los últimos años, según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Pero la tendencia se mantiene a la alza, ya que el primer trimestre de 2017 es ya el inicio de año más violento en la historia reciente de México. Un hecho que incluso ha sido reconocido por el presidente Enrique Peña Nieto, quien asegura que “los índices de criminalidad en diferentes entidades federativas nuevamente empezaron a regresar a escenarios del pasado”.

Homicidios

Pero no solo eso. De 2007 a la fecha, en México se han encontrado 855 fosas clandestinas con 1,548 cadáveres, según un informe reciente de la CNDH. Un país donde la guerra contra el narco provocó una crisis humanitaria con más de 30 mil desaparecidos, una ola de feminicidios y más de 35 mil desplazados. Además, México posee cinco de las 50 ciudades más violentas del planeta, según diversas fuentes. De este modo, el nivel de violencia, equiparable al de países en guerra civil, ha provocado que México sea considerado como el tercer país más peligroso del mundo.

Pero la contundencia de las cifras no es suficiente para comprender la magnitud del fenómeno de la violencia en México y otros países de América Latina, recién reconocida como la región más violenta del planeta. Una región donde el tráfico de las drogas, la pobreza y la desigualdad social no bastan para explicar los niveles de violencia registrados en los últimos años: desde el exterminio de migrantes en San Fernando y las mujeres violadas de Atenco, hasta el atentado y suicidio de un estudiante del Colegio Americano de Monterrey o el hallazgo de 249 cadáveres en una fosa de Veracruz, por mencionar algunos casos recientes.

“Este hombre me contaba, con mucha serenidad, cómo a una de sus víctimas le había abierto el pecho, sacado las costillas para poder arrancarle el corazón vivo y vio cómo se le agotaba el latido en sus manos”, relataba el periodista y corresponsal de guerra David Beriain hace unas semanas, al describir el impactante nivel de violencia de las pandillas en El Salvador.

“Cuando tú te sientas delante de ese al que llaman terrorista, asesino o narcotraficante, gente que mata gente, y no a uno ni a dos, te gustaría pensar que va a existir una distancia infinita entre tú y él, que va a pertenecer prácticamente a otra especie. ¿Y sabes qué es lo que pasa cuando te acercas? Es igual que tú. Y puedes reconocer muchas partes de ti en él. Y eso asusta”, me contaba Beriain en otra ocasión.

¿Pero, cuál es la raíz de la violencia? ¿Qué es lo que lleva a una persona común a realizar actos tan terribles como desollar viva a una persona o asesinar a un bebé de dos años para luego violar a su madre? ¿Qué es lo que ocurre en una sociedad donde continuamente se presentan actos de barbarie como estos? Son preguntas cuya explicación requiere una revisión profunda de la condición humana.

Aftermath Teachers Protest in Oaxaca

La venganza, el odio y la injusticia

Toda violencia es consecuencia de un dolor profundo que busca ser aliviado. Un dolor proveniente de viejas heridas que siguen abiertas y no terminan de sanar, o también, del miedo a ser lastimado otra vez. Y por ello, toda agresión representa, en realidad, un acto de venganza contra el mundo.

Para el investigador de la Universidad de Ámsterdam, Nico Frijda, el dolor, tanto físico como psíquico, es el motor del deseo de vengar el insulto, lesión, pérdida, desprecio, sometimiento o humillación ocasionados por otra persona o grupo social, al existir “un alivio del dolor, a través del ejercicio de un poder elemental sobre el ofensor”, según sostiene en su libro The Lex Talionis: On Vengeance. En un sentido similar, la psiquiatra británica Felicity de Zuleta, autora del libro From Pain to Violence: The Traumatic Roots of Destructiveness, sostiene que las personas particularmente violentas suelen ser aquellas que sufren algún tipo de abuso a edades tempranas y recrean ese mismo patrón siendo adultos: víctimas que se transforman en victimarios.

De ahí que la venganza y la justicia son dos formas de curar el dolor que se genera cuando una persona ha sido lastimada por otra. Y este es un factor clave para comprender las repercusiones sociales de la violencia.

La venganza es un dolor que busca alivio en el dolor ajeno. Que el otro sienta el mismo dolor que yo siento, como un mecanismo de compensación: no se trata de quién nos la hizo, sino de quién nos la paga. Esto explica también el placer momentáneo que produce la venganza. Pero esta necesidad de satisfacer el dolor con el dolor de otro, suele generar un circulo vicioso que conduce a la crueldad, palabra cuyo sentido original hace referencia a algo que se “recrea en la sangre”. Una patología social que puede manifestarse en conductas psicópatas (que no siente culpa por hacer daño) o sadomasoquistas (quien siente placer con el dolor). Es decir, una forma de violencia que se reproduce y multiplica sistemáticamente con consecuencias autodestructivas, pues como bien sugiere aquella bella frase atribuida lo mismo a Shakespeare que a Buda: “La ira es el veneno que uno toma esperando que el otro se muera”.

La venganza y la justicia son dos formas de curar el dolor que se genera cuando una persona ha sido lastimada por otra.

Esto bien podría explicar cómo es que surgen casos como El Ponchis, el niño sicario que mató a cuatro personas a los 14 años, o El Pozolero, el albañil que terminó disolviendo cadáveres para el crimen organizado. Personajes emblemáticos de la galería del horror mexicana que surgen de un contexto social hostil donde la violencia se reproduce en múltiples formas: marginación, abandono, pobreza, abusos, frustración, etcétera. Un ambiente hostil que también ayuda a entender otros fenómenos, como la violencia en los estadios de futbol o la violencia durante protestas políticas. Toda rebelión surge de una furia incontenible.

La justicia, en cambio, busca lidiar con el dolor mediante una compensación del daño recibido. Por ello, la justicia busca restablecer el equilibrio perdido de manera armónica en relación con el orden natural de las cosas o con algún código moral expresado en la cultura. De este modo, el castigo de las malas acciones, ya sea por mandato humano o divino (un castigo de Dios, la ley del karma), suele estar asociado a un sentimiento de justicia. Y este sentimiento de justicia puede ser trastocado cuando las acciones condenables generan una sensación de gozo para quien las lleva a cabo. Un asunto que bien nos podría ayudar a entender el repudio popular que causó la burlona sonrisa del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, tras ser detenido en Guatemala.

De ahí que la injusticia del Estado hace que la gente tenga que recurrir a otras expresiones de fuerza para defenderse de la violencia. Un ejemplo de esto, es la manera en que la impunidad sistemática y la complicidad del gobierno con el crimen organizado provocó que en 2013, un grupo de aguacateros y productores de limón se levantara en armas para constituir los grupos de Autodefensas en Michoacán, luego de que bandas delincuenciales extorsionaban a la población e incluso amenazaron con abusar sexualmente de sus esposas, hijas y madres.

Esta diferencia entre las nociones de justicia y venganza permite entender cómo es que la incapacidad del Estado para proveer seguridad y justicia a las víctimas de la violencia genera más violencia. Por ello, no es casualidad que la diáspora de la violencia en México esté íntimamente vinculada a una debilidad institucional provocada por altos niveles de corrupción e impunidad, que a su vez, ponen en entredicho la viabilidad misma del Estado como garante de la paz social.

Esta diferencia entre las nociones de justicia y venganza permite entender cómo es que la incapacidad del Estado para proveer seguridad y justicia a las víctimas de la violencia genera más violencia.

La justicia es un factor clave para que el Estado pueda ejercer el monopolio de la fuerza. Pero si el Estado mexicano es incapaz de impartir justicia, con niveles de impunidad del 99%, esto explica en buena medida la epidemia de violencia que existe en el país. La injusticia engendra monstruos.

“A mi juicio la violencia está en las instituciones políticas. La desigualdad ha estado aquí siempre y eso por sí solo no explica la violencia del narcotráfico”, me comentaba el historiador y politólogo Lorenzo Meyer en 2011, cuando lo entrevisté para un reportaje que exploraba las causas profundas de la violencia a partir del caso Monterrey, poco antes de que ocurriera el atentado contra el Casino Royale.

Por ello, no es casualidad que la violencia en México esté asociada a la violencia promovida desde las instituciones políticas, el sistema económico, la marginación social y el abuso como forma de vida, sin que existan los mecanismos sociales que permitan mitigar o revertir el daño causado.

La oscuridad es la sangre de las cosas heridas“, dijo alguna vez Jorge Luis Borges en un espléndido verso. No existe la maldad, solo un puñado de gente herida. He ahí la raíz de la violencia.

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Publicado originalmente en el Huffpost México

El nacionalismo trasnochado de la derecha mexicana

Si hubiera existido un ápice del nacionalismo chafa que ahora pulula en México en los más de 30 años de neoliberalismo ortodoxo que hemos padecido en este país, México no sería tan vulnerable a los caprichos de un fascista como Donald Trump.

Si los que ahora se desgarran las vestiduras, no hubieran sido cómplices y sostén del régimen corruptocrático y vendepatrias que se vive desde los sexenios de Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, la catástrofe no sería de este tamaño. Ahí están las consecuencias del bipartidismo de derecha, impulsores de aquel famoso “pacto de impunidad” no escrito entre las miserables élites político-económicas que administran la desgracia de millones para su propio beneficio.

Los que destruyeron este país se envuelven ahora en la bandera nacional ante la amenaza Trump. Pero la debilidad del Estado mexicano no la provocó Trump. La provocaron las élites mafiosas que privatizaron todo. Los que acabaron con los derechos sociales, abarataron los salarios y el empleo en nombre de la competitividad, sólo para beneficiar a las empresas extranjeras. Los que apoyaron la militarización del país para tratar de construir la legitimidad que no pudieron obtener en las urnas y detonando una crisis humanitaria sin precedentes. Los aplaudidores que celebraban con bombo y platillo las reformas estructurales que “salvarían” a México.

Ahí están las desastrosas cuentas que entrega el bipartidismo de derecha que ha gobernado México desde 1988 y que explican la actual crisis política, social y económica que padecemos, ante la pérdida de soberanía nacional y un “libre mercado” que sólo ha servido para enmascarar el saqueo de los grandes capitales trasnacionales que lucran con el sufrimiento de millones de personas que a diario padecen los efectos de la pobreza, la inseguridad, la falta de justicia, las violaciones sistemáticas a la dignidad humana.

En lugar de tirarse al suelo y decir tanta estupidez frente a las cámaras, los próceres de la derecha deberían tener un poquito de vergüenza, dar la cara y rendir cuentas por el desastre de país que nos tiene a merced de un psicópata como Trump, capaz de desatar una guerra mundial por mera egolatría.

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El gasolinazo y la pesadilla del neoliberalismo a la mexicana

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La liberalización de los precios de la gasolina evidencia los estragos de un modelo económico al que México apostó su futuro y hoy está en declive ante el triunfo Trump y el Brexit.

El gasolinazo provocado por la liberalización de los precios de los combustibles es el último capítulo de la pesadilla neoliberal mexicana que lleva 30 años desarrollándose en nuestras narices. Una pesadilla que cobra nuevas dimensiones ante la derrota en la escena internacional del proyecto neoliberal al que México apostó todas sus canicas, empeñando el futuro de una generación entera que ahora se ve forzada a pagar los platos rotos.

Fue a mediados de los años 80 cuando los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, entonces comandados por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, impulsaron una serie de medidas económicas para los países en desarrollo a través de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sentando así las bases del proyecto neoliberal.

La receta del éxito, según los neoliberales, se basaba en tres puntos clave: privatización de las empresas públicas, el fomento del libre comercio y la desregulación de los mercados. Esto, con el fin de que el Estado interviniera lo menos posible en los asuntos económicos. Recomendaciones que en buena medida, explican el actual incremento a los precios de la gasolina.

No pasó mucho tiempo para que México adoptara a rajatabla dicho modelo económico. Tras la privatización de los bancos y otras empresas durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el gobierno firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con la promesa de generar crecimiento económico atrayendo inversión extranjera, impulsando las exportaciones y generando empleos bien pagados. Cosa que nunca ocurrió, toda vez que México desmanteló la industria nacional para convertirse en un país maquilero e importador, arrojando un saldo negativo de la balanza comercial ante el poco valor agregado que genera el modelo maquilador.

Las cifras son contundentes, ya que los mexicanos perdieron el 80% de su poder adquisitivo de 1987 a 2016, duplicando los niveles de pobreza, al pasar del 31% en 1994 al 62% en 2015 según datos del Banco Mundial. Al mismo tiempo, la implementación del modelo neoliberal en México trajo consigo el surgimiento de un selecto grupo de multimillonarios beneficiados por las privatizaciones, tales como Carlos Slim (Telmex), German Larrea (Grupo México), Alberto Bailleres (Grupo Peñoles) y Ricardo Salinas Pliego (Televisión Azteca), cuatro de los 30 empresarios más ricos del país cuya fortuna supera los mil millones de dólares.

Desde entonces, el gobierno mexicano no ha dejado de señalar a diversos “factores externos” como los culpables del estancamiento económico, mientras los cómplices del oficialismo tratan de ocultar la manera en que la implementación del proyecto neoliberal convirtió a México en un país particularmente vulnerable a los caprichos de los mercados internacionales.

Pero a pesar de que con el paso de los años existe cada vez más evidencia sobre los efectos negativos del modelo neoliberal en México, en 2014 el gobierno de Enrique Peña Nieto —valiéndose de un discurso tramposo en el que incluso se aseguraba que Lázaro Cárdenas estaba a favor de la privatización, que por momentos hacía recordar aquella máxima incluida en la novela 1984 de George Orwell sobre la manera en que “quien controla el presente controla también el pasado”—, impulsó la reforma energética aprobada por el PRI y el PAN, cuyo propósito era privatizar la industria petrolera que para ese entonces sostenía una tercera parte del presupuesto anual del país.

De este modo, la codiciada renta petrolera mexicana terminó formando parte del proyecto neoliberal por acuerdos entre los partidos políticos, pese al evidente rechazo de la ciudadanía.

A pesar de que la reforma energética significó cumplir con uno de los mayores anhelos de los tecnócratas neoliberales en México, lo cierto es que la industria petrolera ya venía experimentando una privatización silenciosa a través de las empresas privadas de Pemex que conforman el Grupo PMI, que desde finales desde finales de la década de 1980 hasta 2014 manejó con total discrecionalidad los recursos obtenidos por las exportaciones e importaciones de petróleo crudo y sus derivados, incluyendo la gasolina.

Una práctica inspirada en un modelo de negocios en Pemex basado en la exportación de petróleo crudo, que dejó en el olvido la planta industrial con la que contaba el país, incluyendo refinerías y el sector petroquímica. Y por absurdo que parezca, ahora somos un país importador de gasolina proveniente de Estados Unidos y otros países. Una metáfora de lo que ha sucedido con la economía mexicana a más de dos décadas de la implementación del modelo neoliberal.

A más de dos años de distancia, sobra decir que la reforma fue un rotundo fracaso, tal como lo evidencia la virtual quiebra de Pemex, el desmantelamiento de las refinerías que trabajan al 38% de su capacidad, el desabasto de combustible en al menos 10 estados o el incremento de 20% en el precio de la gasolina, y los incrementos en las tarifas de luz y gas.

Mientras el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, asegura que el “libre mercado” de la gasolina fomentará la “competencia” del sector, lo cierto es que dicho aumento tendrá efectos adversos en el aumento de la inflación y hará aún más compleja aquella “película de terror” a la que hizo referencia el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, para describir el negro escenario económico que se vislumbra en 2017.

Y todo esto, en medio de el derrumbe del neoliberalismo con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea vía el Brexit, dos países donde las políticas de libre mercado cedieron a las presiones de una derecha proteccionista cuyo triunfo representa un duro golpe para los tratados de libre comercio. Un proyecto neoliberal al cual México apostó su futuro y que junto con los altos niveles de corrupción e impunidad que padece el país, han ocasionado un presente incierto y desolador para una generación entera de mexicanos.

¿A quién habremos de pasarle la cuenta del desastre de país que nos han dejado?

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El músculo represor que evidencia la debilidad del actual gobierno

Tres tanquetas del gobierno capitalino y varias hileras de policías que se extendían por toda la Alameda bloquearon el acceso de la CNTE al Zócalo en una marcha que transcurrió de manera pacífica. Nunca había visto un operativo de estas dimensiones por una protesta en el primer cuadro de la Ciudad de México. Las negociaciones entre el magisterio y el gobierno de Mancera para avanzar hasta el epicentro del país, resultaron fallidas. Algunas versiones durante la marcha señalaron que la secretaría de Gobierno de la CDMX, Patricia Mercado, explicó que no podían mover el cerco policiaco por órdenes del gobierno federal. Y mientras tomaba nota, no dejaba de preguntarme ¿por qué el gobierno decidió impedir el paso de la manifestación hasta el Zócalo? Durante la marcha no hubo ningún incidente que justificara un operativo como este. Y el asunto era precisamente ese: mandar un mensaje de fuerza. La dictadura corruptocrática necesitaba desplegar un operativo gigantesco para obtener fotografías impactantes como esta, imágenes que de algún modo, buscan infundir miedo entre los inconformes con la amenaza de la represión.

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Este desastroso gobierno no tiene otra alternativa que recurrir a la amenaza de la violencia para tratar de reafirmar el poder de una élite que durante décadas ha pisoteado los derechos elementales de las mayorías sedientas de justicia que ayer decidieron acompañar a los maestros en su lucha. La postal habla mucho del momento actual que vive el país: la tiranía de un gobierno déspota y autoritario cuya ambición perversa y el malestar creciente entre distintos sectores de la sociedad, han provocado que el chantaje y la bravuconería sean las únicas vías que le quedan a este gobierno ilegítimo para seguir ejerciendo su política idiota del saqueo, el despojo, la manipulación informativa y la violencia en todas sus formas. Vientos de insurrección soplan en todo México. Todavía faltan muchas páginas por escribir en este gran cuento, en esta gran lucha por la libertad, la paz y la justicia, este canto épico donde el coraje del pueblo hace frente a la miseria de sus gobernantes, que no son sino el más crudo retrato de la podredumbre humana.
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Una estampa macroeconómica de lo jodido que está México, gracias a su gobierno mafioso

Hoy todos los titulares de la prensa traen el anuncio de que el gobierno mafioso y vendepatrias encabezado por Enrique Peña Nieto y sus secuaces abrirá la importación de gasolinas a la empresa privada a partir de abril, con lo cual se sigue acelerando la destrucción de un sector estratégico para el país. La velocidad con la que se ha desmantelado a Pemex es sorprendente. En menos de un sexenio no quedará nada de lo que alguna vez fue una de las mayores empresas del mundo. Y por si fuera poca cosa, la Auditoría reporta que en 2014 el Estado dejó de recaudar 1.2 billones de pesos (una cifra gigantesca) al perdonarle el pago de impuestos a las mafias empresariales que controlan al país. Por eso parece particularmente irónico que en México se destine más dinero al pago de deuda que a apoyos sociales para combatir la pobreza. En este sistema mafioso, los banqueros serán siempre una prioridad frente a los pobres. Uno no puede deberle 20 pesos a Hacienda porque inmediatamente están chingando con notificaciones de todo tipo, pero eso sí, los grandes empresarios, los multimillonarios, no pagan un centavo porque el gobierno los exenta del pago de impuestos. Estamos jodidos. No hay día que este gobierno de mierda no deje de sorprendernos con algún caso de corrupción impune, vileza desmedida, estupidez crónica y otras linduras tan representativas de nuestra miserable clase política. Y a pesar de que la situación económica está cada vez está peor —una vez que el salario pierde valor al mismo tiempo que se incrementan los precios de las mercancías por fenómenos como la devaluación y la inflación maquillada en los principales indicadores macroeconómicos—, las mafias político-empresariales que han conducido a México a un estado de crisis económica, política y social, van campantes por la vida, gozando de los muchos privilegios que otorga el poder y la enajenación. Y si no me creen, pregúntenle a Humberto Moreira y a Javier Duarte. Par de rufianes, hijos de la chingada en su máxima expresión. Así las cosas en este país hecho trizas llamado México.

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La sorprendente entrevista de Sean Penn al Chapo Guzmán

Vaya historia la de Sean Penn y Kate del Castillo en su encuentro con el Chapo Guzmán. De película. El relato deja entrever algunos rasgos del capo, retratado como un tipo sencillo, apegado a su madre y su rancho. La relación con los retenes militares en las proximidades de la guarida del Chapo habla del nivel de corrupción que prevalece al interior del gobierno. La entrevista resulta un tanto escueta y pésimamente escrita, pero tiene lo suyo. Me quedo con este pasaje del texto de Penn, en el cual retrata el problema de la droga como algo que va más allá de la biografía del polémico personaje un día después del show mediático que se desató en México tras su recaptura:

“No quiero ser retratado como una monja,” dice El Chapo. Esta representación no se me había ocurrido. Este sencillo hombre de un lugar sencillo, rodeado del simple cariño de sus hijos, no da la impresión de ser el lobo feroz de los cuentos. Su presencia evoca cuestiones de complejidad en un contexto cultural, de sobrevivientes y capitalistas, de agricultores y tecnócratas, de empresarios inteligentes de toda calaña, algunos que dicen plata y otros que dicen plomo”.

“Él (Chapo) nos sugiere que consideramos cambiar los planes de nuestra carrera por el negocio del petróleo. Dice que él aspiraría al sector energético, pero que su dinero de origen ilícito, restringen sus oportunidades de inversión. Él cita (pero me pide no nombrar en el texto) una serie de grandes corporaciones corruptas, tanto en México como en el extranjero. Hace notar, con cierto desdén, a varias empresas a través de las cuales lava dinero, mismas que toman con cinismo su propio trozo del pastel del narco”.

El relato completo en el sitio de la revista Rolling Stone: http://www.rollingstone.com/culture/features/el-chapo-speaks-20160109?page=18

 

México, país de la barbarie

Por definición, la civilización implica un acuerdo mínimo para garantizar la convivencia en sociedades complejas conformadas por personas provenientes de grupos culturalmente diversos. De ahí que el origen de la civilización tenga un origen común con la invención de la escritura y las primeras leyes plasmadas en piedra, lo cual permitió fijar en el tiempo y el espacio esos acuerdos mínimos de convivencia y cuya violación debe ser sancionada por la autoridad para mantener la paz dentro de un determinado grupo social. Lo que caracteriza a la civilización es la impartición justicia a través del respeto por la ley, lo cual no es sino un mecanismo social diseñado para garantizar la convivencia.

Todo lo contrario a lo que ocurre en México, país donde el hábito de la barbarie ha logrado imponerse sobre cualquier norma de convivencia, lo cual permite entender muchos de los comportamientos que vemos a diario en las calles, el resultado de una patología social que se ha venido gestando a lo largo de varias décadas debido al debilitamiento de las instituciones que sostienen al Estado mexicano.

No en balde, los índices de violencia en el país se han recrudecido a la par de la desconfianza en las instituciones y la erosión de los aparatos de impartición de justicia, vulnerados por la corrupción.

De acuerdo con el Índice del Estado de Derecho 2015, elaborado por el Proyecto de Justicia Mundial (WJP), México ocupa el lugar 79 de 102 países en cuanto al debido cumplimiento de su sistema de leyes. En casi todos los apartados de dicho indicador, México aparece por debajo del promedio de mundial y regional, siendo el caso más grave el de “Orden y justicia”, en el cual, México se ubica en el escaño 99, siendo el cuarto país peor evaluado, quedando por debajo de países como Honduras, Tanzania y Kenia. Algo similar ocurre en los apartados de “Justicia penal”, donde México se ubicó en el lugar 93, apenas nueve lugares por encima del peor calificado. También ocupó el lugar 88 en el factor “Ausencia de Corrupción”, y el lugar 82 en lo referente a la impartición de “Justicia Civil”. Los datos evidencian una verdad ya sabida: que en México no existe el respeto por la ley ni acceso a la impartición de justicia.

Otros estudios como el Índice Global de Impunidad 2015, realizado por la Universidad de las Américas de Puebla (UDLAP) y el Consejo Ciudadano de Seguridad y Justicia del estado (CCSPJP), ubican a México como el segundo país con mayor impunidad de 59 países analizados, sólo detrás de Filipinas. La falta de justicia ha derivado en una profunda crisis de legitimidad que se expresa en la desconfianza de los ciudadanos frente a instituciones corruptas.

En este sentido, el Informe de Justicia Cotidiana 2015, elaborado por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), concluye que la mayoría de los ciudadanos mexicanos carecen de medios y condiciones para solucionar sus conflictos a través de las instituciones. Según datos del Barómetro Global de Corrupción 2013, de Transparencia Internacional, más del 80% de los mexicanos perciben como muy corruptos a los partidos políticos, la policía, funcionarios públicos, Poder Legislativo y el Poder Judicial, lo cual habla de la magnitud de la crisis de legitimidad por la que atraviesa el Estado mexicano.

Y esto sin contar con los estudios recientes que documentan un crecimiento exponencial de la brecha entre ricos y pobres como consecuencia de un modelo económico que privilegia el abuso y la desigualdad social, tal como sostiene el estudio de Oxfam, Desigualdad extrema en México —realizado por Gerardo Esquivelel, investigador del Colegio de México—, en el cual se explica que mientras la fortuna de los 4 millonarios más ricos de México representa el 9% del Producto Interno Bruto mexicano, más de la mitad de la población permanece en pobreza. Una cifra que coincide con los 55.3 millones de pobres que existen en México según el más reciente informe del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Y no es casualidad que el aumento de la pobreza y la desigualdad sea consecuencia de la erosión de un Estado de bienestar diseñado originalmente para mitigar las desigualdades provocadas por el sistema económico.

Las cifras sólo confirman la barbarie que vivimos a diario. Un país donde el ejército masacra civiles y niños de manera impune, como ocurrió en Tlatlaya, Apatzingán y Ostula. Un país donde el crimen organizado ha demostrado una y otra vez ser más eficaz que los cuerpos de seguridad, como ocurrió con la fuga de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán. Un país donde los escándalos de corrupción del presidente y su gabinete, poseedores de casas y riquezas inexplicables, no son sancionados o siquiera investigados por la autoridad. Un país donde las reformas a la ley están diseñadas para legalizar el abuso y el despojo de una élite insaciable que privatiza todos los bienes públicos sin tomarse la más mínima molestia de rendir cuentas o dar explicaciones por su reiterada incompetencia. Un país donde el sistema electoral privilegia a estructuras clientelares que se mantienen con dinero que los partidos políticos se roban del erario. Un país donde los grandes empresarios hacen negocios exorbitantes amparados en el tráfico de influencias. Un país donde el Poder Judicial sólo sirve para justificar con argumentos imbéciles los crímenes cometidos de la clase política. Un país donde se castiga a quien denuncia un crimen y se privilegia a quien lo comete. De ahí que no deba extrañarnos que el hábito de la barbarie sea una constante en la calle, donde el respeto a los derechos del otro son vejados rutinariamente en esa lucha idiota de todos contra todos.

Todo lo anterior permite entender cómo es que uno debe permanecer en constante estado de alerta para no ser atracado por la policía, el porqué un chofer de microbús puede pararse a media calle tras pasarse la luz roja del semáforo, el porqué un mirrey puede pasar un examen comprándole una botella de ron al maestro, el porqué un entrenador del representativo nacional de futbol puede golpear a un comentarista de manera burda y sin temor a ser castigado, el porqué 43 alumnos de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa pueden desaparecer de manera impune, el porqué existe desabasto de gasolina en varios estados de la República, el porqué el salario mínimo no alcanza para comer, el porqué los medios de comunicación han hecho del silencio un lucrativo negocio, el porqué la gente reacciona con violencia para sacar toda la frustración acumulada por una vida miserable donde la resignación ante la miseria pareciera ser la única posibilidad.

Casos que evidencian la manera en que los mexicanos han optado por abandonar casi cualquier vestigio de civilidad para sobrevivir en un país gobernado por la barbarie.

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El nuevo muralismo mexicano

Una nueva generación de artistas toma las paredes de la Ciudad de México. El arte en las calles cumple una función social indispensable, que habíamos olvidado: alimentar la imaginación. Super chévere.

¿Votar o no votar? El problema es otro…

Como hemos visto mucha confusión que existe en torno al tema en esta temporada electoral en México, nos dimos a la tarea de armar un video exponiendo un punto de vista diferente al que prevalece en los medios. Votar o no votar da lo mismo, pues la descomposición de las instituciones ha provocado que en México el voto no tenga validez, y por lo tanto, es un instrumento poco eficaz para generar un cambio profundo en el país. Con esto arrancamos transmisiones en el FitzionarioTV. Ahí pa que se animen a seguirnos en el canal de Youtube, donde estaremos subiendo videos con los temas que nos interesan en este espacio, dedicado al arte, el saber, los fenómenos sociales y la transformación del mundo.

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