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Una banda de robots

De cuando los robots fueron programados para hacer música. Se llama Automática.

La formidable versión de Take five interpretada por Brubeck y compañía

Disculparán mi ignorancia jazzera pero no conocía esta versión de la clásica canción. Una cosa tremenda, alucinante. Señores músicos los que interpretan esta formidable pieza. Paul Desmond (alto sax), Joe Morello (batería), Eugene Wright (bajo) y Dave Brubeck (piano). La escuché y quedé prendado. Sublime.

 

El deseo sexual hecho canción

Un video que ha sido censurado por las buenas conciencias de Facebook y Youtube, al considerarlo pornográfico. Desde luego que el video de Pink Guy tiene connotaciones sexuales explícitas, pero también una propuesta estética interesante, que va más allá del puro coito. Es más, me parece incluso que es una interesante muestra de los tiempos en que vivimos: una era gobernada por el PornHub. Una época donde el disfrute sexual ni siquiera necesita de contacto físico, pues está al alcance de un clic. Casi como coger con robots. Es el placer erótico en la era de la información. No podíamos esperar otra cosa de los creadores del hentai.

セックス大好き「I LOVE SEX」- PINK GUY [MUSIC VIDEO] from Nicolas Pomet on Vimeo.

Pitágoras, música y matemáticas: la resonancia del universo

Una imperdible conferencia sobre la dimensión sagrada de las matemáticas y su aplicación en la música, según la escuela pitagórica, cortesía del profesor Jaime Buhigas, quien es en sí mismo, todo un personaje.

“El número tiene una dimensión cualitativa. El número es un mito”, afirma Buhigas en su memorable conferencia que retoma la tradición perdida a la hora de reinterpretar la matemática como un vínculo con lo sagrado.

“La música es geometría en el tiempo” y “el trasfondo del amor es el regreso a la unidad”. Son algunas de las frases memorables con las que me quedo tras escuchar la ponencia. Qué diferente sería el mundo si en las escuelas se enseñara matemáticas desde esta otra perspectiva.

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El espejo que refleja la simetría del tiempo

Una sugerente pieza de danza contemporánea inspirada en la pieza The Mirror, del compositor Alexandre Desplat. Una interpretación sorprendente que muestra las simetrías y curvatura de nuestro propio reflejo a través del paso del tiempo.

Una cuerda, ritmo y mucha actitud

Siempre me ha impresionado este video. Cuando el ritmo y la música se trae dentro, basta una simple cuerda en una guitarra desvencijada para prender a la banda. Vaya manera de hacer música con tan pocos recursos materiales a la mano. La creatividad humana es sorprendente.

La simetría del movimiento

Vagando en internet, me topé con estos compas del colectivo AXYZM que se califican a sí mismos como “diseñadores de movimiento”. De cuando la coreografía puede ser llevada a niveles insospechados, con los infinitos alcances de la imaginación humana.

La rana psicodélica a ritmo de Sol Pereyra

La gracia de este anfibio multicolor es una cosa alucinante. Ideal para una respuesta sarcástica en redes sociales. Pero fue la curiosidad de saber quién cantaba la rola de la célebre rana lo que me condujo a la música de Sol Pereyra, una morra con rolas buena onda y letras de contenido pa seguirle con esta racha sonora de música hipster. El vidio de la canción Nadie te preguntó es bastante bueno, pero competirle a la rana tornasol está cabrón. Vale la pena echarle ojo a los otros vidios.

El suave aliviane sensorial de Caloncho

La música de este compa es tranqui, casi como una tarde de ver películas tirado en el sofá junto a una morra. Quizá demasiado suave para mis gustos melodramáticos, pero me agradó el rollo visual de los videos: muchos colores, escenas imaginativas, texturas sensoriales que lo hacen a uno sentirse liviano. Un buen exponente de la onda hipster.

Las rolas azules de Loli Molina

¡Vaya sentimiento de esta morra en la guitarra! Poseedora de un enorme talento y creatividad en lo que a escalas musicales se refiere, la principal virtud de la compositora argentina Loli Molina es la manera de hacer vibrar las cuerdas con la misma resonancia del alma. Una artista en toda la extensión de la palabra.

La máquina de canicas que hace canciones

Un instrumento musical alucinante, el cual produce sonido a partir de una compleja maquinaria que funciona a con canicas. Una asombrosa pieza de ingeniería e imaginación creada por el diseñador, artista y músico Martin Molin. Algo así como los organilleros del nuevo milenio.

Dos pláticas con el Caifán mayor

Mi relación con Saúl Hernández siempre ha sido intensa, aunque él no lo sepa. De esas relaciones íntimas que se establecen entre el artista y el público que se identifica con su obra. Empecé a interesarme en la poesía hace muchos años, gracias a las canciones de Caifanes. Sentía que había una verdad secreta detrás de aquellas palabras que sólo tenían sentido en el terreno de la poesía, de la metáfora, los intrincados terrenos del lenguaje donde la experiencia humana revienta en un torrencial aguacero de emociones desbordadas. Desde que tenía 13 o 14 años, las canciones de este tipo me han acompañado a lo largo de la vida. E inevitablemente siempre regreso a aquellas canciones melancólicas con las que me identificaba desde los corrosivos años de la adolescencia sin siquiera saber por qué. Quizá por eso no deja de sorprenderme la manera en que me siento justo igual que el autor de la Célula que explota, cuando le piden hablar de política. “Simplemente lo acepto”, dice con la resignación de quien está dispuesto a seguir viviendo en la plena consciencia del inmenso dolor que puebla el mundo. El arte será siempre el refugio de los doloridos seres que buscan aliviar sus dolores en el sublime acto de la creación. Será por eso que desde hace unas semanas me ha entrado una fiebre de escribir canciones.

Bebé escuchando reguetón

bebe escuchando reggaeton

π (pi) en La menor

Un interesante experimento musical que traduce en notas los valores del enigmático número π (pi).

De música arbórea

La música secreta que se oculta en el interior de los árboles. Si nuestra percepción de la música es posible gracias a un patrón matemático que se reproduce en otras capas del universo, ¿por qué habría de extrañarnos que los árboles toquen música con las entrañas? Traducir las diferentes posibilidades de experimentar el universo a través de las muchas posibilidades de concebir y celebrar la vida, es una tarea propia de nuestro tiempo.

La mente cósmica

cosmos

La luz roja anunciaba el fin de un largo trayecto. La cámara de animación suspendida detuvo el proceso. Ranjit despertó lentamente mientras su respiración y los latidos del corazón volvían a la normalidad. Presionó el interruptor dentro de la cabina para abrir la puerta. Revisó el calendario. Le parecía increíble que en solo un abrir y cerrar de ojos pudiera pasar tanto tiempo. Ranjit había pasado los últimos ocho años dormido desde la última vez que había estado consciente, esperando el momento en que las máquinas lo despertaran de su letargo para constatar los datos obtenidos en la computadora, analizarlos y enviar un corte preliminar a la Tierra. Bastarían un par de días para que la nave que transportaba a Ranjit cruzara la delgada línea imaginaria que delimitaba el Sistema Solar. Ningún hombre había llegado hasta aquí antes, y sin embargo, a Ranjit parecía no emocionarle la idea. Quizá porque había pasado la mayor parte de su vida dormido en una cámara de animación suspendida, inmerso en ese infatigable deseo humano de explorarlo todo. Nadie sabía con precisión dónde terminaría la aventura, pero eso parecía poco trascendental para un científico con anhelos de fuga. Había pasado mucho tiempo desde que Ranjit se había enlistado para una misión sin retorno a los confines del universo, una expedición suicida donde los objetivos no estaban del todo claros. ¿Qué ganaría el ser humano con abandonar por vez primera el Sistema Solar? Era la pregunta que a veces rondaba la cabeza de Ranjit, cuando pensaba que había cometido un error. De cualquier modo, procuraba no pensar en ello. No había marcha atrás, así que no tenía caso quejarse. La Tierra siempre le pareció un lugar poco agradable para vivir, luego de las medidas implementadas para controlar la población humana en el planeta, tras rebasar los 22 mil millones de habitantes. Y eso sin contar con las colonias establecidas en la Luna. La tecnología no pudo contrarrestar los efectos devastadores de la arrogancia humana. Aquello se había convertido en un caos absoluto, donde la disputa por los recursos naturales habían convertido aquello en un verdadero infierno. Una guerra interminable de todos contra todos. Millones morían de hambre a diario para satisfacer la ambición de unos cuantos. Ranjit recordó con nostalgia sus días de la infancia y dejó escapar un hondo suspiro. Luego pensó en el infierno que tuvo que soportar cuando una horda de fanáticos religiosos mató a su familia en un año de revueltas sociales en que el gobierno se vió rebasado ante el descontento y la ira incontenible de la gente. Ese fue el detonante para que decidiera emprender un viaje sin regreso a los linderos de la galaxia. Sin nada más que perder, quiso huir de su pena enlistándose en el programa espacial con el objetivo de explorar otros planetas aptos para ser explotados por la voracidad insaciable del hombre. Extraviarse en el limbo cósmico era su particular forma de rendirse al irremediable destino de vivir arrastrando viejos dolores.
Tomó los sensores conectados a la computadora para medir sus signos vitales tras el largo sueño. Todo parecía estar en normalidad. Revisó con detenimiento su presión sanguínea. Luego revisó los resultados arrojados por el escáner cerebral. Los colores revelaban las zonas del cerebro que habían estado trabajando durante el letargo de ocho años. Una época plagada de sueños que apenas y podía recordar. La animación suspendida era como una prolongación de la muerte: permanecer en estado latente, como una semilla capaz de esperar mil años antes de germinar. Ranjit miró atentamente el informe con los datos completos de la tomografía, mientras las imágenes holográficas se desplegaban en el monitor. Se detuvo un instante a observar las postales de su cerebro. Una mancha en lo profundo de su cerebro, ubicada casi a la altura del tálamo, llamó su atención. Los estudios posteriores confirmarían el miedo de Ranjit. Se trataba de un tumor inoperable. Así lo mostraba aquella mancha con forma de cangrejo observada desde los modelos tridimensionales que arrojó el escáner microscópico. Se sorprendió que algo así hubiera podido desarrollarse dentro de sí a pesar de permanecer dormido durante tanto tiempo. Otra de las tantas injusticias de la vida. Se sintió devastado, pero al cabo de unas horas, su condición dejó de parecerle un problema. De cualquier modo iba a morir tarde o temprano, condenado a la soledad de los exploradores espaciales que han dejado todo atrás para dar un paso adelante en esa larga lista de tristezas que es la historia humana. Quizá ahora que cruzara la frontera de lo conocido por el hombre y abandonara el Sistema Solar sería recordado como una persona importante en la Tierra. O quizá sería olvidado como un conejillo de indias sacrificado en un experimento. Daba lo mismo. Ranjit se desplazó lentamente hacia la cocina. Sacó una ración de proteína sintética, papas fritas y un vaso de agua con endulzante rojo. Se sintió reconfortado después de comer algo luego de tantos años conectado a la sonda que controlaba su lento metabolismo con una precisión asombrosa. Al terminar de comer, recogió la basura y la depositó en el contenedor. Se detuvo un instante y miró por la ventana. Contemplar las estrellas podía convertirse en algo monótono, pero por alguna extraña razón, le ayudaba a relajarse. Era como perderse en un mar oscuro donde podían diluirse todos los pensamientos en el vacío del espacio. Aunque a veces se sentía solo, recordaba que había decidido embarcarse en una misión como esta para escapar del dolor. Dormir durante tantos años hasta el fin del cosmos se había convertido en el sustituto perfecto de la muerte. No había que detenerse a pensar demasiado. Cuando se sentía triste encendía los controles de la cámara de animación suspendida y se echaba a dormir varios años, perdido en extraños sueños que se desvanecían tan pronto habría los ojos. Un remedio más efectivo que el más avanzado fármaco disponible para acabar con la tristeza. Ranjit envió un par de informes a la Tierra para luego leer algunas páginas del Bhagavad-guitá, el libro que lo acompañaba en esta larga travesía. “El Espíritu nunca nace y nunca muere: es eterno. Nunca ha nacido, está más allá del tiempo; del que ha pasado y el que ha de venir. No muere cuando el cuerpo muere”, repitió en voz baja las palabras de Krishna. Las palabras resonaban en su imaginación, como si hubiera descubierto por vez primera una antigua verdad. Ranjit contuvo el aliento para arrojar un hondo suspiro. Miró por la ventana y su corazón enmudeció. Una galaxia con forma de cangrejo resplandecía a lo lejos. La misma mancha que apenas un par de días atrás observó en su cerebro. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Fue entonces que Ranjit tuvo una revelación: aquella galaxia remota era el mismo tumor que permanecía dentro de su cabeza. Comprendió que la realidad es un fractal que envuelve todas las dimensiones de la existencia. Los extremos se tocan. Lo grande es lo chico, del mismo modo en que la combustión de millones de galaxias puede caber en el efímero suspiro de una célula. “El infinito es tan breve cuando lo miramos con los ojos de nuestra propia finitud”, pensó Ranjit. Por un instante sintió que su misión suicida tenía un propósito. Comprendió que el tiempo no existe, y que el pasado puede ser transformado con solo modificar el punto de vista del narrador, como ocurre con cualquier relato. La realidad se tornó flexible. Descubrió que todas las posibilidades de la existencia caben en nuestra capacidad de imaginarlas. Lo eterno es una creación de la mente para reconciliarse con la muerte. Era como si cada acontecimiento de su vida estuviera conectado para llegar a este preciso momento. Ahora todo tenía sentido. El vacío que dejó su soledad era tan grande que sólo la totalidad del universo entero podía llenar ese hueco. Las palabras se diluyeron en la música del viento sideral. Se borraron las fronteras. Ahí estaba, absorto, sintiendo el palpitar del universo dentro de su propio corazón. “Nada es para siempre, ni siquiera la tristeza”, se dijo Ranjit. Cerró los ojos, aflojó el cuerpo y se recostó flotando apenas separado del piso. Se quedó dormido. La nave seguía su curso. Sin darse cuenta, cruzó la delgada línea de la historia para dejar atrás el Sistema Solar. Una tenue sonrisa dibujada en el rostro de Ranjit parecía anunciar el principio de un nuevo comienzo.

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Momias, mimos, quijoterías y otras postales cervantinas

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Siempre había querido ir al Festival Internacional Cervantino pero nunca había podido. Ahora que después de muchos años tengo al oportunidad de dedicarme de lleno al estudio, aproveché el fin de semana para darme una escapada y echar un vistazo. Aquí el registro fotográfico del breve pero significativo paseo en el cual tuve oportunidad de conocer gente chévere e incitar a la terca imaginación con tanta actividades culturales y arte derramado en cada esquina de la ciudad de Guanajuato. Aquí algunas postales sobre momias, mimos shakespirianos, calaveras paseando perros, sepulcro de una patria dolorida y otras historias emanadas de una ciudad donde la triste figura del Quijote es evocada con singular alegría en diferentes expresiones de la cultura local. Desde la compañía teatral Ñaca Ñaca, hasta el Voalá Project o el trío de jazzistas proveniente de Nueva Orleans conformado por Nathan Rivera, Jimbino Vegan y Karl Kummerle, entre otros espectáculos peculiares. Todo un deleite etílico-espiritual.

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https://www.flickr.com/photos/manuelhborbolla/sets/72157646434446314/

El adiós de Paco de Lucía: el mundo no volverá a sonar igual

Hoy se fue uno de los grandes músicos de este tiempo. Un hombre que llevó las posibilidades expresivas de la guitarra a alturas insospechadas y reinventó la manera de tocar flamenco. Cuenta la leyenda que su padre lo amarraba a la cama y le impedía salir de casa hasta que no terminara de practicar 10 o 12 horas al día. Desde los nueve años, la guitarra se convirtió para él en un salvavidas. El mundo no volverá a sonar igual tras la partida de Paco de Lucía.

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