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Sobrevolar la superficie terrestre en la noche incandescente

Un espectacular video sobre la manera en que el ser humano ha roto el silencio de la noche para cubrir la superficie del planeta Tierra con brasas. Una secuencia de imágenes que nos ayuda a comprender la magnitud de fenómenos como el cambio climático. El vuelo de la aurora boreal es alucinante.

Debajo del limonero

Precedido del tedio y ese aburrimiento crónico que se hace cada vez más recurrente conforme se van acumulando los años, me resigné a dormir temprano un viernes por la noche, derrotado, agotado por un tibio desgano que hizo imposible levantarme temprano para asistir a la escuela. El sueño fue pesado pero eficiente. Desperté al día siguiente, ya entrada la mañana. Decidí que seguir cultivando el fastidio de la noche anterior era algo estúpido. Me levanté a recorrer 16 kilómetros en la escaladora de la sala mientras veía televisión, para luego seguir con algunos ejercicios de brazo. El desgaste físico fue reconfortante, ante la imperiosa necesidad de sentir el cuerpo. Salí al jardín. El cielo nublado presagiaba un día lluvioso, pero aún así decidí sentarme un rato a meditar larga y tendidamente debajo de un limonero.

Empezó el trance con el fluir de la respiración y el adormecimiento paulatino de las piernas. Cerré los ojos para poner atención al sonido de la mañana. Fue entonces que todo comenzó a cobrar sentido. Escuchando el trinar de las aves, comprendí al fin que nuestro canto debe ser como el de ellos: un cántico sagrado que nos lleve al corazón del otro, rasguñando la estratósfera para arrojarnos al centro mismo del universo, ese punto infinito e inconmesurable debajo del limonero donde las ideas fluyen como el oleaje del mar hecho pura abstracción, tan vaga como la perfección misma que se crea y destruye dentro de nosotros, tan endeble como un suspiro o el impulso natural de abrir los ojos sólo para ver colores cuya existencia ignorábamos desde siempre. Supe de pronto que sólo somos sombras de otros tiempos. Descubrí a qué huele mi respiración. El universo y yo estábamos alineados, uno detrás del otro, en la perfecta armonía de una tonada musical, como un presagio, como las voces elocuentes de otras manos, de otros tiempos y otras vidas hechas carne en el presente, en ese instante preciso. Comprendí entonces que no estaba solo. Después de ese día, el mundo no podía seguir siendo el mismo.

limonero

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