Archivo del sitio

Sobrevolar la superficie terrestre en la noche incandescente

Un espectacular video sobre la manera en que el ser humano ha roto el silencio de la noche para cubrir la superficie del planeta Tierra con brasas. Una secuencia de imágenes que nos ayuda a comprender la magnitud de fenómenos como el cambio climático. El vuelo de la aurora boreal es alucinante.

Infografía del abuso

Los datos son elocuentes. La perfecta estampa de la desigualdad planetaria.

Parte de una gran familia: el ser humano y sus ancestros roedores

marsupial.jpg

Pensar que descendemos de un animal insectívoro parecido a una zarigüeya es digno de volarle los sesos a cualquiera. De acuerdo con un variado grupo de científicos, el retrato de este pequeño animal peludo de casi un kilogramo de peso, representa al primer mamífero con placenta, a partir del cual, se desarrolló una amplia gama de especies: elefantes, murciélagos, roedores, felinos, primates. La fotografía de nuestro abuelo representa el reflejo de nuestra especie visto en el espejo de la evolución.

Cuánto tiempo tuvo que pasar, cuántas vidas y cuántas muertes silenciosas se sucedieron durante años, siglos, milenios, eternidades enteras para que llegaramos al punto de escribir sobre nuestros remotos ancestros en una computadora y publicarlo en un blog. Cuántas pequeñas casualidades, cuántas mutaciones, cuántos dolores y cuántas alegrías tuvimos que pasar para que las ramas de la vida encontraran su cauce y permitieran definir nuestra identidad como especie. Y pensar que en esta larga cadena de la vida, todos tuvimos algún tatarabuelo (multiplicado a la n potencia) similar a un hurón, un reptil, un pez, una bacteria.

Pensar que todos los seres vivos en este planeta provenimos de un origen común nos lleva a replantear nuestro lugar en el mundo, como especie, como individuos. Cobrar conciencia de nuestro origen evolutivo es cobrar conciencia de quiénes somos, hacia dónde vamos. Estamos íntimamente conectados con todas las formas de vida en el planeta. Nuestro cuerpo es también un ecosistema complejo construído a partir de una amplia variedad de células que se reproducen y mueren cada segundo de nuestras vidas, sin que nos demos cuenta de ello. Del mismo modo, cada uno de nosotros formamos una minúscula parte de un organismo superior que ni siquiera alcanzamos a concebir. La realidad se rompe para configurarse en múltiples realidades, del mismo modo en que la luz se descompone en todos los colores del arcoiris cuando atraviesa un prisma de cristal.

Pensarnos como parte de un todo conlleva una responsabilidad grande para con todos los organismos con los que compartimos este planeta, una gran familia, con un origen en común. Nuestro destino está ligado al destino de muchas de las especies que actualmente pueblan la Tierra. Una consideración que olvidamos siempre y que deberíamos tener presente en cada acto de nuestras vidas. Acciones que inciden de forma directa en la vida de nuestros primos lejanos.

BBC: Conozca al antepasado del ser humano

Etnósfera: la extinción cultural, erosión de la imaginación humana

Una plática con Wade Davis, antropólogo, etnobotánico y explorador de la revista National Geographic, en la que explica la importancia de preservar la enorme diversidad cultural del planeta Tierra, misma que se erosiona a gran velocidad por la imposición del modelo cultural hegemónico. Un alucinante viaje a través de la etnósfera, ente que almacena las múltiples posibilidades de la existencia humana en la memoria de los pueblos, tal como explica Davis:

“La etnósfera podría definirse como la suma total de todos los pensamientos, sueños, mitos, ideas, inspiraciones e intuiciones que han cobrado forma gracias a la imaginación humana desde el principio de su conciencia. La etnósfera es el gran legado de la humanidad, el símbolo de todo lo que somos y lo que podemos ser como especie sumamente curiosa”.

::.

Tierra: viva, hermosa… y herida de muerte

El espectáculo de la vida en el planeta se manifiesta en su máximo esplendor en este pequeño homenaje a algunos de los conservacionistas que han dado su vida para defender nuestro único hogar. Quizá algún día el ser humano abandone el estúpido ideal de poseer cosas aún costa de los otros y pueda construír un marco de respeto que garantice la coexistencia armónica con aquellos seres con los que compartimos un planeta Tierra que sangra por la ambición desmedida de los hombres y que habrá de resucitar de entre los muertos cuando el corazón de los hombres se disuelva en ese río universal que lo conecta todo. Nuestro corazón será entonces el corazón de los árboles, del agua, de los cerros y montañas, de los pájaros, las hormigas, y todos los otros seres que le dan sentido a nuestra propia existencia.

A %d blogueros les gusta esto: