Archivo del sitio

El origen del sexo

¿Cómo o por qué fue que la vida desarrolló la reproducción sexual? Es uno de los grandes misterios de la biología evolutiva. Una cuestión que nos permite entender grandes procesos sociales y culturales que ocurren actualmente sin que nos demos cuenta.

Es por ello que el documental El origen del sexo, me resultó tan estimulante. Sobre todo, el caso donde se exponen las diferencias de comportamiento entre los chimpancés y bonobos, dos comunidades donde las relaciones de poder condicionan y configuran diferentes maneras de ejercer la sexualidad, y por ende, modifican por completo las dinámicas sociales.

Las relaciones de poder para principiantes: Foucault, Gramsci y Hegel

Dos de los grandes pensadores de todos los tiempos en torno al fenómeno del poder, en versión para novatos. Un par de videos introductorios a la obra de Michel Foucault, Antonio Gramsci y Hegel. Para comprender un poco mejor el mundo caótico y violento en que vivimos, donde los aparatos de control se enfrentan a la rebelión de la conciencia.

HEGEL from diego levy on Vimeo.

La otra historia universal y la filosofía política de Dussel

La lucidez y erudición de Enrique Dussel a la hora de narrar esa otra historia universal lejos del eurocentrismo absolutista de la modernidad, ha refrescado de una manera tremenda la discusión política de las últimas décadas. En esta conferencia magistral, el filósofo más destacado de América Latina describe al poder como una “voluntad de vida consensual acerca de cosas posibles”, donde “la comunidad es la sede del poder político (potencia)”, concepto que aglutina los tres ejes de lo político: vida, consenso, factibilidad.

Para Dussel, “la comunidad debe crear instituciones (potestas)”, y cuando “la institución se cree sede del poder se fechitiza, y es el emperador, el faraón, Hitler (…) Cuando la institución se fetichiza se hace dominación, pero cuando la institución está al servicio de un pueblo, entonces tiene otro sentido”, afirma.

En este sentido, Dussel considera que “la ley no es el principio de justicia, sino la fe”, entendida como una creencia colectiva que constituye el principio de legitimación. “Antes que la Constitución está la legitimidad y la legitimidad está en el consenso del pueblo”, señala Dussel. Conceptos muy precisos para construir una nueva forma de entender la política desde América Latina. Imperdible.

 

Banco Mundial: del control de las finanzas globales a la gestión de la verdad

Las acusaciones de la exabogada del Banco Mundial, Karen Hudes, sobre la manera en que dicha institución ejerce un control casi absoluto de muchos países a través de la deuda y otros mecanismos financieros, es digna de llamar la atención. Sin embargo, esto no ha sido razón suficiente para que las fuertes declaraciones de Hudes hayan encontrado un eco en los medios tradicionales, salvo en algunas emisiones televisivas afines al actual gobierno ruso (en lo que parece ser la secuela de la Guerra Fría). Nuevamente revive la fábula orwelliana. Resulta casi imposible verificar las acusaciones de Hudes cuando nuestros referentes de lo que significa “información oficial” son administrados por la parte acusada. Es así como se construye la paradoja del Panóptico de Bentham al que hace referencia mIchel Foucault a la hora de explicar los mecanismos a través de los cuales el poder en turno vigila y castiga sin siquiera ser percibido. Y eso es quizá, lo más aterrador del asunto: la manera en que los grupos encumbrados en el poder tienen la capacidad de controlar el sistema de creencias sobre el que se articula nuestra delimitada noción de la verdad y todo lo que esto implica. El terror de Orwell terminó convertido en nuestra realidad de todos los días. ¿Cómo resolver el problema? Evidenciando la manera en que operan nuestros celadores para despojarlos de su umbría máscara. Tomar conciencia de quiénes y para quiénes gobiernan los que gobiernan en el mundo implica reconstruir los equilibrios de poder hoy vigentes. La eterna batalla por la verdad.

La captura del ‘Chapo’ Guzmán, la (falsa) solución a todos nuestros problemas

Ahora México podrá dormir tranquilo, el mal ha sido erradicado con la captura de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán (ajá, cómo no), el “delincuente más buscado del mundo”, según dicen reiteradamente en las noticieros de televisión mientras se difundían las primeras imágenes oficiales sobre la captura del líder del Cártel del Pacífico. La noticia se difundió como pólvora luego de que la agencia estadounidense AP diera a conocer la noticia alrededor de las 9:45 horas. El país enteró se paralizó. No era para menos. La fama del capo mexicano se fortaleció desde hace un par de años con una intensa publicidad promovida desde el gobierno de Estados Unidos en su afán de construir enemigos públicos como parte de una añeja tradición política.

En México, la noticia inicial provocó desconfianza (¿por qué será?). La imagen del ‘Chapo’ Guzmán con el rostro golpeado circuló con virulencia por Twitter y las redes sociales. Las confirmaciones extraoficiales de dicha información en los medios de comunicación iban acabando con la incredulidad. Noticia bomba. Alrededor de las 13:42 horas, Enrique Peña Nieto confirmaba la noticia a través de su cuenta de Twitter. Minutos más tarde, casi en punto de las 14:00 horas, el gabinete de seguridad del gobierno mexicano daría a conocer los pormenores de la captura. El procurador Jesús Murillo Karam, acompañado de los secretarios de la Defensa Nacional y la Marina, explicó que el narcotraficante fue capturado a las 6:40 de la mañana, en la ciudad costera de Mazatlán, Sinaloa, tras varios días de seguirle la pista. La historia de las siete casas del capo mexicano, conectadas a través de túneles y sistemas de drenaje, además de equipadas con puertas de hierro, aderezaban el escueto relato del procurador. Finalmente, el ‘Chapo’ salió de un hangar del Aeropuerto de la Ciudad de México para desfilar frente a la prensa y subir a un helicóptero de la Policía Federal.

Los comentarios no se hicieron esperar. Y pese a la estridente cobertura sobre la captura del líder de la mayor organización de tráfico de drogas en el planeta, la noticia está muy lejos de convertirse en la solución de todos nuestros problemas. Cómo estará la situación en el país que el gobierno de Peña estaba urgido de un golpe mediático como este, como en su momento fue Elba Esther Gordillo, para tratar de construir gobernabilidad a base de noticas bomba. En esta ocasión le tocó al Chapo ser el sacrificado en esta ruleta del poder. ¿Con esto se debilitan las estructuras criminales que sostienen al narcotráfico en México? ¿Se debilitaron los Zetas con el supuesto asesinato del Heriberto Lazcano ‘El Lazca’ o la captura de Miguel Treviño Morales, mejor conocido como el ‘Z-40’? Preguntas difíciles de responder con precisión. No sabemos hasta qué punto Guzmán seguía controlando los hilos del cártel del Pacifico. Desde hace unos días, me llamó la atención un análisis realizado por la agencia Insight Crime, especializada en temas de crimen organizado, en el cual se aseguraba que Ismael ‘Mayo’ Zambada —uno de los tres líderes del Cártel del Pacífico junto con Guzmán y Juan José Esparragoza ‘El Azul’— había perdido fuerza, tal como lo evidenciaban las capturas de varios familiares y colaboradores cercanos. Tal parece que ese fue el hilo que condujo a la aprehensión del Chapo.

¿Por qué se dio la detención en este momento? Es algo que no queda claro, sobre todo, tomando en cuenta las relaciones que existen entre las organizaciones criminales y el gobierno, tal como sostiene el exoficial de inteligencia de la DEA, Phil Jordan, en una declaración atípica con la cadena Univisión, en la que afirma que informes de la inteligencia estadounidense tienen conocimiento de que el ‘Chapo’ Guzmán financió parte de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto:

Esto coincide con algunas investigaciones de la prensa estadounidense e información filtrada a través del sitio WikiLeaks, ya que de acuerdo con información de la agencia Sratfor, especializada en asuntos de inteligencia y preveedora de información del gobierno estadounidense, la DEA tuvo en la mira al ‘Chapo’ Guzmán en 2010 pero le perdonó la vida debido a una orden proveniente de altos funcionarios del gobierno de Barack Obama para no hacerlo, según un reportaje escrito por Douglas Lucas y publicado en el sitio de investigación WhoWhatWhy?

Desde luego, la captura funcionará muy bien para fortalecer al actual régimen. El mensaje es muy claro: el PRI volverá a administrar el crimen organizado como en los viejos tiempos luego de la ineptitud de los panistas y su docena trágica. Los tricolores se consolidan como los dueños de la baraja, serán ellos quien repartan el botín, al mismo tiempo que recibirán su palmadita en la espalda por parte del gobierno de Estados Unidos. Ahora las portadas no solo serán en la revista Time, sino también en The New York Times o el Washington Post, así como el primetime en la cadena NBC y demás. La noticia ya se ha difundido con fuerza en los principales diarios del planeta. Aplausos por doquier para el gobierno mexicano. Fuegos artificiales cuyo impacto real dista mucho de esa otra realidad que a diario se vive en las calles. El mercado de la droga seguirá siendo igual de lucrativo con o sin la participación del ‘Chapo’ Guzmán. Quizá cambien los dueños de la empresa, pero el negocio seguirá intacto. El gobierno mexicano ha sido muy eficaz para capturar a aquellos personajes que afectan los intereses del grupo en el poder, pero eso no necesariamente significa que el gobierno mexicano esté dispuesto a acabar de fondo con el problema del crimen organizado. El desinterés que ha mostrado la presente administración por construir un andamiaje institucional que permita disminuir el problema de la corrupción es un claro ejemplo de ello. Y esto se debe a que la falta de controles institucionales facilita muchas de las tareas con las cuales los grupos políticos buscan mantener el poder: desvío de recursos, lavado de dinero, inyección de recursos ilícitos en las campañas electorales y un largo, largo etcétera. El problema estructural del narcotráfico seguirá ahí, intacto. Será sólo cuestión de tiempo para que surjan varias réplicas del ‘Chapo’ Guzmán. Y ahí estará el actual régimen, intentando administrar al crimen organizado para reafirmar su poder a costa de las libertades y derechos que la ciudadanía pierde a diario con tal de satisfacer los intereses de las élites. Por supuesto, no faltarán los millones de ingenuos que caerán en la trampa.

::.

Impresión 3D: ¿una nueva revolución industrial en la era de la información?

Las posibilidades son infinitas. ¿Qué pasará cuando la revolución industrial sea igual de accesible que un teléfono inteligente? Es lo que se plantea actualmente el mundo de la tecnología digital ante el vertiginoso avance de la impresión en 3D. El cambio de paradigma no es menor. Dicen los postulados de la teoría marxista que el poder de la burguesía se basa en la apropiación de los medios de producción. ¿Qué pasará cuando los medios de producción puedan ser accesibles a las mayorías? ¿Qué pasará cuando una cooperativa decida comprar su propia impresora 3D para fabricar sus propias impresoras 3D de bajo costo? ¿Qué pasará con las reglas que articulan al sistema capitalista actual? ¿Cómo influirá esto en la conformación de nuevas relaciones de poder al interior de los sistemas políticos? ¿Qué pasará cuándo grupos opositores utilicen esta tecnología para imprimir armas? Preguntas para las cuales no existe una respuesta determinada, pero que incitan a la imaginación, a la utopía y por supuesto, al apocalipsis, como bien ha ocurrido en la historia cada vez que la tecnología da un paso lo suficientemente grande para poner en entre dicho el mundo como lo conocemos.

Lo más interesante del asunto, es que la revolución del 3D no es un hecho aislado, sino que por el contrario, se suma a la ola de revoluciones tecnológicas de las últimas dos décadas: la informática, la genética y la nanotecnología. ¿Qué pasará cuándo en internet estén disponibles archivos al alcance de un clic para imprimir todas las piezas necesarias para construir tu propio avión, tu propio iPhone, tu propio corazón artificial? ¿Qué descubrimientos e innovaciones iremos descubriendo en el camino? ¿Qué consecuencias traerá consigo? Por supuesto que da vértigo pensar en todas esas implicaciones, peor no por ello dejaremos de explorar las nuevas posibilidades que se presentan a partir de avances tecnológicos como este. Será una aventura emocionante.

Revolución o dictadura: la disyuntiva que se dibuja en el México actual

La crisis política y social que vive México ha alcanzado niveles que tienen al país al borde de una guerra civil. No es una exageración. Es una posibilidad latente, debido a una profunda crisis estructural al interior del actual régimen. Por ello, los alcances de los grupos de autodefensa de Michoacán resultan un tema particularmente incómodo para el gobierno mexicano, pues además de desnudar su ineptitud el asunto ha puesto en evidencia la inviabilidad del actual régimen y el Estado fallido con el que administran la desgracia de millones.

El Estado, según la corriente contractualista encabezada por Hobbes, surge de un contrato social en el que los ciudadanos ceden al Estado su legítimo derecho a defender su vida a cambio de que dicho ente garantice la seguridad de los ciudadanía a través del monopolio del uso legítimo de la coacción. La legitimidad de dicho uso legítimo de la fuerza es regulado a través de un contrato social materializado en la Constitución y plasmado en un sistema legal y jurídico que garantice cierto nivel de convivencia social. De ahí que el dichoso Estado de derecho (que tanto le gusta citar a nuestra ignorante clase política) es aquel que se rige por un sistema de leyes e instituciones ordenado en torno de una Constitución, regulando el funcionamiento de los funcionarios públicos y manteniendo un cierto equilibrio de poder entre los diversos grupos sociales que conforman una nación. Estas son las bases sobre las que se construye el pacto social entre el Estado y la ciudadanía. Todo lo que no ocurre en el México de hoy.

De ahí que la tesis del Estado fallido mexicano resulte tan contundente a la hora de describir la crisis institucional que enfrenta actualmente el país. El pacto social está roto, tal como sugieren los analistas serios (que rara vez aparecen en las primeras planas de la mediocracia nacional). Esto se debe a que el pacto social construido durante la Revolución Mexicana y plasmado en la Constitución de 1917 —el cual permitió la industrialización del país y un crecimiento sostenido de la economía del país de 1940 a mediados de la década de 1970, época del llamado “milagro mexicano”— ha sido reducido a cenizas tras varias décadas de gobiernos corruptos, cuyo funcionamiento está enfocado en generar beneficios para una élite político-empresarial castigando a las mayorías. Basta revisar la manera en que las fortunas de las élites empresariales del país han crecido de manera exorbitante en las últimas dos o tres décadas, con la complicidad de los políticos en turno, al mismo tiempo que la pobreza y las condiciones de vida de la mayoría han sufrido un deterioro pronunciado en el mismo periodo de tiempo. Las cifras son contundentes y pueden revisarse en el texto publicado en este mismo blog con motivo de los 20 años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

La manera en que el gobierno mexicano adoptó el proyecto neoliberal como modelo de desarrollo a partir de 1983, con la bandera de la desregulación estatal y el libre mercado como bandera, aunado al fraude electoral de 1988 que a la poste llevaría a Carlos Salinas de Gortari a la presidencia de México, fueron dos hechos determinantes que aceleraron la descomposición del tejido social, tal como evidenció el levantamiento indígena en Chiapas con la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1 de enero de 1994, misma fecha en que el TLCAN entraba en vigor. Sin embargo, la aparición de los zapatistas fue solo una de las muchas caras que poco a poco iban evidenciando la debilidad del Estado mexicano, tal como ocurrió con la crisis económica del 94 y el subsecuente rescate bancario, el fortalecimiento sostenido de los principales cárteles de la droga mexicanos, el éxodo masivo en que millones de trabajadores mexicanos que se vieron forzados a migrar ilegalmente a los Estados Unidos para no morir de hambre. Este escenario, aunado a una guerra por el poder al interior del mismo régimen, que derivó en asesinatos de políticos de gran impacto como el de Carlos Ruíz Massieu, Luis Donaldo Colosio y el sospechoso accidente en el que murió el panista Manuel Clouthier, sumado a las presiones del gobierno de Estados Unidos, fueron construyendo en pocos años, las condiciones necesarias para que el régimen abriera una válvula de escape a esa olla de presión a punto de reventar. Esa válvula de escape fue la llamada alternancia democrática que permitió que en 1997 el PRD ganara la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal en las primeras elecciones de su historia, y que el panista Vicente Fox ocupara la presidencia de la República en el año 2000.

La situación en ese entonces parecía inmejorable: instituciones fuertes como aquel Instituto Federal Electoral encabezado por José Woldemberg, un ligero crecimiento de la economía en la segunda mitad de los 90, elevados precios del petróleo que alcanzaron los 100 dólares por barril o la esperanza de que la tan anhelada democracia mexicana finalmente comenzaba a tomar forma, eran algunas señales positivas en aquel efímero periodo de transición. El desencanto no tardó en llegar.

El cambio de colores en la silla presidencial no resolvió los viejos problemas. Por el contrario, los agravó. La corrupción y la impunidad fueron una constante en los primeros seis años de la docena trágica panista. Los escándalos de corrupción de la familia Fox, junto a Martha Sahagún y sus hijos, permanecen impunes hasta nuestros días. Lo mismo ocurrió con escándalos como el Pemexgate o la poco creíble fuga de Joaquín ‘Chapo’ Guzmán, líder del cártel del Pacífico, del penal de “alta seguridad” de Puente Grande, Jalisco. El desafuero y la guerra sucia durante los meses previos a la elección presidencial de 2006 para impedir que el izquierdista Andrés Manuel López Obrador llegara a Los Pinos terminó por dinamitar la confianza en las instituciones del Estado mexicano y dividir a la población ante un proceso electoral amañado y tramposo. Tanto, que el propio Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación señaló que la intervención de Fox en el proceso electoral puso en riesgo la validez de la elección. A pesar de que el órgano reconoció (a medias) una elección de Estado y la intervención de poderes fácticos durante los comicios (lo cual sería el fundamento principal del Congreso para realizar la reforma electoral de 2007), esto no impidió que Felipe Calderón asumiera la presidencia de México en un ambiente de tensión y la crisis política ante la falta de pruebas suficientes para convencer a la población de que, efectivamente, el PAN había ganado “por las buenas”. Una falta de confianza que se traduciría en un gobierno débil de dudosa (o escasa) legitimidad.

Esta debilidad de origen fue determinante para que Calderón buscara el respaldo inmediato de las fuerzas armadas como una manera de afianzar su poder ante las protestas de la oposición, encabezadas por López Obrador, al mismo tiempo que declaraba una guerra contra el narcotráfico para tratar de construir la legitimidad que no obtuvo en las urnas. Las consecuencias de mandar al ejército a las calles para combatir a las bandas del crimen organizado, sin un diagnóstico previo o los instrumentos jurídicos necesarios para justificar la intervención del ejército en labores propias de las fuerzas civiles, nuevamente terminaría por atentar una vez más contra el famoso Estado de derecho basado en el respeto de la legalidad.

Luego vendrían los pagos de favores a los grupos que influyeron en la imposición de Calderón en la silla presidencial: las concesiones a la líder del sindicato magisterial, Elba Esther Gordillo (a quien entregó el control de la Secretaría de Educación Pública, el ISSSTE y la Lotería Nacional); la poco recordada Ley Televisa (que finalmente no prosperó); el primer intento de una reforma energética para privatizar el petróleo (que finalmente no prosperó gracias a la fuerte oposición de la izquierda y la negativa del PRI), las concesiones de obra pública a empresas españolas como OHL; los contratos de la iniciativa privada en el sector eléctrico y petrolero (incluyendo casos memorables de corrupción como el protagonizado por Siemens y el ex presidente del PAN, César Nava); la entrega al por mayor del territorio nacional a través de concesiones mineras y protección a empresas como Walmart, involucrada en un escándalo de sobornos; la cancelación masiva de créditos fiscales por 483,086 millones de pesos; concesiones para casinos administrados por empresarios vinculados al PAN o la reforma laboral como cereza en el pastel.

Algo similar a lo que ocurriría con otros casos de corrupción que hasta la fecha permanecen impunes, tal como los responsables por el incendio de la Guardería ABC, la construcción de la Estela de Luz y los festejos del Bicentenario, o casos de desvío de recursos en estados como Veracruz, Jalisco, Chiapas o Coahuila, cuyos gobernadores permanecen impunemente libres. La debilidad del Estado a la hora de hacer cumplir la ley quedaba nuevamente de manifiesto. Un terreno próspero para que los poderes fácticos incrementaran su poder durante la docena trágica panista, amparados por gobiernos incompetentes y orientados a satisfacer sus propios intereses político-electorales con la ayuda de grandes grupos económicos que actuaban dentro y fuera de la ley.

Y mientras la corrupción y la impunidad continuaba devorando a las instituciones del Estado mexicano, la guerra de Calderón demostró su ineficacia para acabar con el crimen al mismo tiempo que resultaba sumamente efectiva para justificar la muerte al por mayor de adversarios políticos, periodistas y activistas sociales inconformes con el actual régimen. El saldo: 203,690 homicidios dolosos en seis años y al menos 83,000 ejecuciones en un alud de crímenes sin resolver. La violencia desbordada durante el Calderonato provocó que regiones enteras del país terminaran siendo secuestradas por el crimen organizado y la disputa de cárteles. La disputa entre las bandas delictivas en el norte del país suscitó hechos inéditos en la historia del país como la evacuación de pueblos enteros, (como en Ciudad Mier, Tamaulipas) o toques de queda civiles (como el registrado en Ciudad Juárez, Chihuahua).

La presencia de las fuerzas armadas en las calles no impidió que el crimen organizado diversificara sus negocios. A la par del tráfico de drogas, las bandas delictivas comenzaron a incursionar en actividades como el secuestro, cobro de cuotas en giros negros y sectores de la economía informal, extorsiones, trata de personas, cobros por “derecho de piso” o robos de combustible, así como otros negocios de carácter “legal” a través de empresas fantasma producto de lavado de dinero, tales como centros de apuestas, hoteles, constructoras, restaurantes, hospitales o explotación de minas, muchos de estos, con el apoyo directo o indirecto de los gobiernos en turno, tal como denunció en su momento el exgobernador de Coahuila y expresidente nacional del PRI, Humberto Moreira.

Esto provocó que el crimen organizado se apoderara de grandes porciones del territorio nacional, convirtiéndose en una especie de Estado paralelo con sus propios sistemas de cobro de impuestos, sistemas de salud, desarrollo social o “impartición de justicia”, su propia maquinaría bélica e incluso sus propias políticas para regular el precio de productos agrícolas en el mercado formal.

Y es precisamente en este contexto de degradación social y debilidad institucional que aparecen los primeros brotes de insurgencia civil. Tal es el caso de Cherán, comunidad de Michoacán que decidió levantarse en armas para defenderse del acoso del crimen organizado en 2010, y que representa el referente directo para entender la proliferación de grupos de autodefensa y policías comunitarias en al menos ocho estados del país: Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Chiapas, Estado de México, Morelos, Chihuahua y Jalisco, además de Colima y Tabasco, según diversos reportes publicados en 2013.

Fuente: Milenio

::.

La ingobernabilidad en dichas regiones del país, aunado al control hegemónico de los cárteles de la droga en lugares como Tamaulipas, la Comarca Lagunera (Coahuila y Durango) o Sinaloa, evidencia el tamaño de la crisis política que enfrenta el Estado mexicano. Una crisis a la cual habría que sumar las expresiones de descontento prevaleciente entre grupos como los que normalistas de Ayotzinapa, los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y los autodenominados anarquistas, tras otro proceso electoral marcado por indicios claros de corrupción tolerados por la autoridad, tal como ocurrió en enero de 2013 cuando el Instituto Federal Electoral utilizó una argumentación patética para desechar las acusaciones del llamado caso Monex que condujo a Enrique Peña Nieto a la silla presidencial por la vía de la ilegalidad.

De ahí que la preocupación del actual régimen por contener los brotes de insurrección armada que se han presentado en Michoacán durante el último año, tal como ocurrió con el encarcelamiento de 45 integrantes del grupo de autodefensa de Aquila, a manos del ejército en agosto de 2013. Y a pesar de que el gobierno federal ha señalado en reiteradas ocasiones que intervendrá en Michoacán para restablecer el orden, la falta de resultados ha puesto en evidencia la debilidad del Estado mexicano, devorado por la corrupción.

Por eso, la manera en que el Concejo Ciudadano de Autodefensa de Tepalcatepec y otros grupos civiles armados de Michoacán lograron replegar a Los Caballeros Templarios en municipios como Nueva Italia, evidencian la debilidad de un Estado mexicano desfondado por la corrupción al interior de sus instituciones y la violación sistemática de los derechos civiles. ¿Cómo es posible que un grupo de civiles improvisados en tácticas de combate haya podido contener a los grupos criminales mientras el Estado se ha declarado incompetente para ello, pese a supuestamente tener los recursos humanos y materiales necesarios para erradicar el conflicto? En otras palabras, el Estado no ha cumplido con su parte en el contrato social. Y ese incumplimiento de sus obligaciones explica el surgimiento de grupos civiles armados a lo largo y ancho del país, tal como explica el doctor José Manuel Mireles, uno de los líderes de las autodefensas michoacanas, al describir la manera en que la ciudadanía tuvo que recurrir a la vía armada para defenderse del crimen tras recurrir inútilmente a las instancias legales promovidas por un gobierno coludido con los grupos delictivos:

Las imágenes de los grupos de autodefensa sometiendo a los policías locales, habla de la magnitud de este fenómeno social. Con el avance de las autodefensas en varios municipios de Michoacán, en una estampa que no se veía desde tiempos de la Revolución Mexicana, el gobierno federal optó por desarmar a los grupos de autodefensa asesinando a civiles que protestaron ante una medida que los dejaría en estado de indefensión ante las represalias del crimen organizado. Un acto que claramente viola el contrato social que justifica la existencia misma del Estado.

El gobierno no solo es incapaz de garantizar la seguridad de la población, sino que además reprime de manera violenta el derecho de la gente a ejercer el legítimo uso de la fuerza ante el incumplimiento del contrato social por parte del Estado. Un hecho que además, evidencia el carácter autoritario del actual régimen, el cual utiliza sistemáticamente el uso de la fuerza para reafirmar su poder ante los grupos disidentes. Dicho en otras palabras, el gobierno pretende someter por la fuerza a los grupos que atenten contra los intereses de las élites en el poder, una medida con la cual el Estado de derecho es sustituido por una política de “ajuste de cuentas” propio de los grupos criminales que el gobierno dice combatir. Es aquí donde la legitimidad del actual gobierno se desmorona: ¿cómo se pretende que la ciudadanía cumpla con la ley si el gobierno viola permanentemente los derechos civiles? ¿por qué debo pagar mis impuestos mientras el Estado no castiga a quienes se enriquecen de manera ilícita con recursos públicos? ¿por qué debo entregar las armas cuando el Estado es incapaz de garantizarme la seguridad para la cual fue creado? ¿por qué debo acatar las reglas de un juego diseñado para beneficiar a unos pocos a costa de las mayorías? Preguntas que cobran fuerza mientras la corrupción del actual régimen evidencia la debilidad de un gobierno antidemocrático que atenta contra los intereses de la mayoría, tal como pudo constatarse con la aprobación de la antipopular reforma energética, solo por mencionar uno de los agravios más recientes.

A partir de este intrincado panorama se cierran las posibilidades y surge la disyuntiva: ¿revolución o dictadura? Resolver la violencia y el descontento generalizado que existe actualmente en México implica construir un nuevo pacto social mediante un Congreso Constituyente que redacte una nueva Constitución y establezca un nuevo equilibrio de poderes entre los diversos grupos sociales y un nuevo régimen que ponga en cintura a los poderes fácticos y le arrebate el control de la maquinaria estatal a una partidocracia que no representa los intereses de las mayorías (recordemos que el régimen se define como el conjunto de instituciones que regulan el poder político). Es decir, una revolución. La construcción de consensos entre las bases sociales permitiría ir consolidando gradualmente un Estado fuerte capaz de hacer valer la ley con el fin de garantizar niveles mínimos de convivencia sobre los que se sostiene cualquier sistema social. De ahí la necesidad de construir un proyecto revolucionario que establezca objetivos concretos y metas específicas a alcanzar en un determinado periodo de tiempo, al mismo tiempo que corrija todos los vacíos institucionales que han generado este ambiente de inestabilidad y encono que se traduce en violencia y resentimiento social.

Sin embargo, no será fácil lograr esto, ya que la política del garrote implementada por el actual régimen hace suponer que el actual gobierno utilizará mecanismos propios de los sistemas autoritarios —campañas de miedo y desinofrmación basadas en el control mediático, el uso de la fuerza, la persecución contra los disidentes, la aprobación exprés de leyes que le otorguen un mayor poder al mismo tiempo que reduce a su mínima expresión iniciativas que otorguen mayor poder a la ciudadanía, tales como la transparencia y rendición de cuentas— para mantener el actual régimen de privilegios del que gozan las élites político empresariales del país. Una dictadura que imponga por la fuerza medidas antipopulares. Basta ver la manera en que el Congreso ha aprobado las famosas reformas estructurales entre barricadas para darse cuenta de que esto es algo que de hecho, ya sucede.

El presente y futuro del país están en peligro inminente. De nosotros dependerá ponerle solución al problema y decidir el camino que habremos de elegir. El tiempo se agota. Nuestra fecha límite para impedir una guerra civil y el inminente reguero de sangre están a la vuelta de la esquina. Deberemos estar preparados para entonces. Y dado todo lo anterior: ¡que viva la revolución!

La carnicería impune: una metáfora visual de la criminalidad del poder, según Rocío Caballero

Hacía un tiempo que no salía de un museo con tan buen sabor de boca. La exposición de National Geographic sobre las 50 fotografías que cambiaron al mundo fue el pretexto para descubrir la obra de Rocío Caballero. En su exposición titulada De crimen y sin castigo, conformada por 10 cuadros de gran formato, la artista plástica explora el dilema moral de la corrupción planteado en la célebre novela de Dostoievski utilizando metáforas visuales dotadas de una carga simbólica que evidencia la podredumbre del mundo actual. De ahí que las reiteradas referencias al reino animal evoquen aquella granja retratada por George Orwell en su mítica fábula sobre las contradicciones del autoritarismo. Quizá por ello, una de las pinturas llamó particularmente mi atención. En Lección 9: Omnipotencia, Caballero evidencia la crudeza y arrogancia del poder político en todo su esplendor: un ejecutivo en medio de una carnicería. Un rostro impávido en medio del dolor del cuchillo. La metáfora perfecta para describir la impunidad criminal de las élites y su indiferencia ante un mundo cruel que intentan mantener a toda costa.

NOVIEMBRE-3

Algo similar ocurre en la serie La búsqueda de la ataraxia, en la cual, Caballero expresa la apatía funcionalista del hombre moderno a partir de contrastes: la dictadura infernal del reloj, la felicidad del tiempo libre o la vida terrenal como un mosaico de emociones y experiencias, tal como retrata puntualmente en Tarot.

La búsqueda de la ataraxia, Tarot

El drama de morirse por dentro en este juego de sombras donde la simulación y el engaño son una constante en este carnaval de la ignominia. ¿Cómo sobrevivir a este mortal carrusel de antifaces? Es la pregunta incómoda que hace Caballero en esta exposición altamente recomendable.

Poder, sociedad civil y tecnologías de la comunicación

medios-y-libertad-de-expresic3b3n

El poder no es la capacidad de someter al otro, sino la capacidad de un sujeto para transformar su realidad a través de la acción. Poderoso es el que puede, aquel capaz de reconfigurar la relación de significados que estructuran una determinada idea de mundo objetivo a través del poder-hacer, tal como lo establece la raíz etimológica del término que significa “tener expedita la facultad o potencia de hacer algo”.[1]

De ahí que la autoridad de un auténtico líder se fundamente en el reconocimiento de una capacidad de acción mayor que la de sus seguidores. El líder puede más que los demás y es precisamente en el reconocimiento de dicha capacidad de acción sea la fuente de su poder. En este sentido apunta Hegel al desarrollar su dialéctica del amo y el esclavo, idea en la cual establece que la génesis de toda relación de sometimiento-dominación entre dos individuos iguales, se da cuando uno de ellos decide enfrentar su miedo a la muerte, lo cual provoca el sometimiento del segundo individuo luego de reconocer en su contraparte una mayor capacidad a la hora de actuar más allá de sus propios miedos, estableciendo así una relación de superioridad-obediencia. Y aunque el ejemplo descrito por Hegel puede prestarse a la polémica, evidencia la manera en que el poder aparece como capacidad de transformar el entorno. O como diría Ernani María Fiori al hacer una revisión crítica sobre la obra de Paulo Freire: “la verdad del opresor reside en la conciencia del oprimido[2]El poder se manifiesta en la acción, entendiendo por dicho término la definición de Weber:

“Por acción debe entenderse una conducta humana (bien consista en hacer un uso externo o interno, ya en un omitir o permitir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo. La acción social, por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orientándose por ésta en su desarrollo”.[3]

 

De este modo, el poder no tiene sentido sin la acción y, como bien apunta Habermas con su teoría de la acción comunicativa, toda acción social presupone la existencia de un lenguaje previo sobre el que se estructura la comunicación. Para Habermas, esto se debe a que toda acción poseedora de sentido se construye como signo lingüístico, requisito escencial para que pueda operar la condición de racionalidad sobre la que se estructura la idea de mundo objetivo que permite comunicarnos con otros miembros de un determinado grupo social[4]. En otras palabras, la racionalidad está condicionada por la comunicación. De ahí que Habermas posicione a la acción comunicativa como el punto de partida de lo social. Al respecto sostiene el filósofo alemán:

“Las manifestaciones racionales tienen el carácter de acciones plenas de sentido e inteligibles en su contexto, con las que el actor se refiere a algo en el mundo objetivo. Las condiciones de validez de las expresiones simbólicas remiten a un saber de fondo, compartido intersubjetivamente por la comunidad de la comunicación”.[5]

Esto explica la estrecha relación que existe entre los términos de poder, racionalidad y comunicación, conceptos que emanan de la misma fuente: el lenguaje. De ahí que autores como Castells consideren que “la comunicación es el espacio en el que se construyen las relaciones de poder, toda vez que “cualquier tipo de poder tiene que pasar por el espacio de la comunicación para poder llegar a nuestras mentes”.[6]

La afirmación de Castells parece darle consistencia a la teoría del bloque hegemónico enunciada por Gramsci, la cual afirma que el poder politico se sostiene a través de un discurso hegemónico diseñado en función de los intereses de las elites y que se reproduce a través de las superestructuras sociales, es decir, los componentes psíquicos que hacen funcionar al sistema social, los cuales van de la cultura, la religión, los valores morales, etcétera.

En el mismo sentido apunta Foucault al describir el funcionamiento de los aparatos de poder a través de lo que denomina ‘modos de subjetivación’, una técnica de dominación diseñada para condicionar la conducta de los individuos en función a los intereses de ciertos grupos a través de la apropiación de una realidad social que se expresa en un discurso hegemónico. Por ello, no resulta extraño que Foucault afirme que la raíz de todo poder se sostiene en una construcción simbólica de la realidad, al igual que ocurre con la construcción del saber y el desarrollo de determinados sujetos históricos, referentes ideales del ser humano que ayudan a regular la conducta de las personas a través de una determinada tabla de valores. El poder es una relación de significados capaz de establecer una diferencia entre lo que es acceptable socialmente y lo que no lo es, algo que Foucault puntualiza al explicar la forma en que los conceptos de “normal y anormal” son utilizados por las élites para ejercer un poder de dominación sobre masas subordinadas, incapaces de cuestionar la validez del orden social.

Lo mismo pasa con las instituciones, ya que el ejercicio del poder institucional está íntimamente ligado a las fronteras del lenguaje impuestas por ciertos grupos, como bien apunta Lyotard. Si las instituciones son por definición un conjunto de prácticas y significados comúnes capaces de trascender un espacio-tiempo específico para acumular información y simplificar la toma de decisiones al interior del grupo social, siguiendo la teoría de la estructuración social propuesta por Giddens[7], esto significa que toda institución es también una manifestación de poder delimita y condiciona la conducta de las personas, promoviendo ciertas cosas al mismo tiempo que prohibe otras. Al respecto señala Lyotard:

“Esas limitaciones operan como filtros sobre la autoridad del discurso, interrumpen conexiones posibles en las redes de comunicación: hay cosas que no se pueden decir. Y privilegian, además, determinadas clases de enunciados, a veces uno solo, de ahí que el predominio caracterice el discurso de la institución: hay cosas que se pueden decir y maneras de decirlas”.[8]

Todo lo anterior nos permite ubicar al poder como algo que se construye a partir de la acción comunicativa, una noción que sólo tiene sentido en términos de relación. El poder no es autorreferencial, toda vez que su existencia presupone una relación causal que sólo es possible a través de la comunicación. De ahí que la comunicación, entendida como una manifestación activa de nuestra capacidad de lenguaje, la base estructural de todo poder. No en balde, la legitimación de cualquier poder político se da en términos discursivos, como bien señala Weber[9]. Si el mundo es una construcción social generada a través de procesos comunicativos, esto significa que toda acción poseedora de sentido (y por lo tanto susceptible de ser interpretada como signo lingüístico) es capaz de trastocar las estructuras de poder institucional sobre las que opera el poder político. Al respecto señala Holloway:

“La realidad y el poder están tan imbricados que insinuar siquiera la posibilidad de disolver el poder es pararse fuera de la realidad. Todas nuestras categorías de pensamiento, todas nuestras certezas acerca de lo que la realidad es o lo que la política, la economía o hasta el lugar en el que vivimos son, están tan penetradas por el poder que sólo decir ¡No! al poder nos precipita hacia un mundo vertiginoso”.[10]

::.

El empoderamiento de la sociedad civil

Desde Tocqueville hasta Habermas, la sociología moderna ha definido a la sociedad civil como un conjunto de organizaciones ajenas al Estado y el sistema económico, ubicada en un tercer ámbito de lo social donde se construye la cultura y donde la comunicación se posiciona como la unidad de significación, tal como sostiene Fernández Santillán al hacer una revisión de la teoría de las tres esferas planteada por Habermas:

“La distinción entre las esferas social, económica y política es uno de los temas que se encuentran prácticamente en todos los escritos habermasianos. Lo que sucede es que a esas esferas las denomina con otros vocablos. De manera muy general podríamos decir que a las partes económica y política las concentra en lo que  llama  “sistema”;  pero  advierte  la  presencia,  dentro  del  “sistema”,  de  dos subsistemas, es decir el mercado, de una parte, y, de otra, el aparato estatal. Esos subsistemas a su vez son coordinados por medios (otro concepto habermasiano) diferentes, el dinero para el mercado y el poder para el aparato de estatal. Por lo que hace a lo social, también de manera muy general, lo relaciona con el “mundo de  la  vida”.  Se  trata  del  espacio  sociocultural,  de  la  reproducción  de  las mentalidades  y  la  integración.  En  el “mundo  de  vida”  el  medio  esencial  es  la comunicación (…) La sociedad civil está formada por las asociaciones, organizaciones y movimientos que más o menos espontáneamente intensifican la resonancia originada en la esfera no estatal ni económica para luego transmitir esta resonancia amplificada a la esfera política. La sociedad civil está constituida por una red asociativa que institucionaliza discursos orientados a resolver cuestiones de interés general”.[11]

Aunque la teoría de las tres esferas propuesta por Habermas permite esbozar a grandes rasgos los diferentes ámbitos de los sistemas sociales, no está exenta de contradicciones profundas, toda vez que el Estado, el mercado y la sociedad civil no pueden ser concebidos como entes de un mismo nivel que interactúan y buscan ejercer su influencia entre sí. Por el contrario, el Estado y la economía son subsistemas que sólo pueden desarrollarse a partir de la construcción previa de un discurso dominante que sólo puede construirse a través de los procesos comunicativos que se desarrollan al interior de un determinado grupo social. Esto se debe a que tanto el Estado como el mercado, son construcciones simbólicas que requieren un nivel mínimo de racionalidad para poder operar, y dicha racionalidad no puede funcionar sin la existencia previa de un consenso social que se articula a través de la comunicación. De ahí que tanto el Estado como el mercado son consecuencias de un complejo proceso comunicativo que otorga un valor determinado a ciertas cosas. Así ocurre por ejemplo con las potestades conferidas al Estado a través del derecho y un determinado marco jurídico, así como el problema del valor dentro de la teoría económica, nociones que pueden ser modificadas a lo largo del tiempo en función de los criterios sobre los que se construye el discurso hegemónico que habrá de dar sustento al mundo objetivo que comparten todos los integrantes de un determinado grupo social. De ahí que, al establecer a la palabra como unidad mínima de autorreferencia en el ámbito de acción sobre el que opera la sociedad civil, se establece una relación desigual frente al monopolio del legítimo derecho a la coacción (unidad mínima de referencia en el Estado) y el dinero (en el caso del mercado), según plantea Habermas en su teoría. Y esto se explica dado que tanto la legitimidad de la coacción y el valor del dinero sólo pueden tener un sentido racional a través de un pacto social que sólo puede lograrse a través de la comunicación.

Todo lo anterior permite establecer que el poder se construye a partir de la articulación del lenguaje, como bien lo sabe un abogado capaz de manipular la ley a través de la palabra o un publicista a la hora de confeccionar con precisión mensajes audiovisuales que habrán de difundirse a través de los medios masivos de comunicación. El poder es una derivación del lenguaje, y por ello, la apropiación del lenguaje propio permite que los individuos sometidos por un determinado poder puedan reconocerse a sí mismos como sujetos autónomos dotados de un poder de crítica capaz de desarticular racionalmente los conceptos base sobre los que se fundamenta el poder de su opresor. Esto es precisamente lo que apunta el pensamiento de Freire al considerar que la apropiación de la palabra representa un mecanismo de liberación para los oprimidos, o la manera en que Gandhi pudo desactivar el poder de coacción del imperialismo británico mediante el uso de la resistencia civil pacífica.

Esto también explica la manera en que a lo largo de la historia de la civilización, existe una relación directa entre las tecnologías de la información y la horizontalidad del poder político.

El desarrollo del lenguaje y la eventual aparición de la cultura transformaron la interacción social de los grupos humanos, generando así nuevos esquemas de organización social, tal como ocurrió con la división del trabajo. A partir de entonces, los grupos humanos fueron capaces de concebir un mundo más complejo, en el cual, la interacción con los otros miembros del grupo cobró otra dimensión al quedar plasmada en la conformación de una identidad colectiva, capaz de extender los alcances del grupo social a través de redes de significación que dieron origen a los primeros clanes y tribus que utilizaron este conjunto de significados culturales como una herramienta eficaz para fortalecer la cohesión social del grupo. Es decir, que con la creación de la cultura, cada expresión oral del individuo tiene una conexión con las pautas de pensamiento y acción del grupo al que pertenece.[12]

Durante este periodo de la prehistoria, el surgimiento de la cultura permitió la conformación de una inteligencia y memoria colectiva capaz de almacenar y transmitir información a las siguientes generaciones. De este modo, la estructuración del lenguaje a través de signos lingüísticos capaces de objetivar la realidad, se convirtió en una tecnología sumamente efectiva en la transmisión de información, lo cual tuvo un impacto directo en los modos de organización social que surgieron a partir del descubrimiento de la agricultura, con lo cual, el hombre pasó de ser nómada a sedentario con el establecimiento de las primeras aldeas. La cultura permitió un modo más efectivo en cuanto a la transmisión del conocimiento de una generación a otra, y sin duda, este fue un factor clave para entender la conformación de grupos sociales cada vez más complejos.

Tras la invención de la cultura como un subproducto del lenguaje, la siguiente gran transformación de la humanidad se efectuó gracias a la invención de la escritura, una tecnología de la comunicación que serviría como una extensión del lenguaje oral que permitiría el surgimiento de la civilización y el comienzo de la historia, ya que sólo una sociedad que posee escritura “puede ‘situarse a sí misma’ en el tiempo y el espacio”, como bien señala Giddens[13]. De este modo, la escritura permitió una transmisión mucho más efectiva de información en comparación al lenguaje oral, y por ello, se convirtió en una pieza clave dentro de la conformación de grupos sociales cada vez más grandes.

Esta nueva tecnología fue el factor determinante en la aparición en la articulación de las primeras leyes y códigos de conducta sobre los que se construyó el concepto de ciudad-estado que surge en Mesopotamia y que se extendería a diversos rincones del planeta con el devenir de los siglos siguientes. Asimismo, la organización social basada en esta nueva tecnología provocó el surgimiento de la burocracia, una élite de letrados encargados de administrar el aparato social que se extendió de forma directamente proporcional a la manera en que la escritura expandía los límites espacio-temporales de la comunicación humana.

A partir de este momento, el contacto directo con otras personas ya no sería una limitación para establecer un vínculo comunicativo con los otros. Con la escritura, el pasado se convierte en presente, la información viaja a una velocidad nunca antes vista, y esto a su vez, tendrá fuertes repercusiones en los mecanismos con los que operarían las sociedades civilizadas.[14]

Otro paso en la evolución de la comunicación se dio con la invención del alfabeto, una tecnología que aparece varios siglos después de la invención de la escritura y que permitió un grado mayor de abstracción simbólica a partir de la construcción de un sencillo sistema de signos con el que fue posible alcanzar una claridad conceptual sin precedentes[15].

El alfabeto permitió al ser humano adquirir una concepción más profunda de su entorno y su propia existencia, además de ser un nuevo vehículo capaz de incrementar los alcances del lenguaje escrito como medio de difusión de la información, ya que esta tecnología permitió que la información fuera accesible a un mayor número de sectores sociales que hasta entonces permanecían marginados en cuanto a la construcción del conocimiento. Si bien el uso de esta tecnología seguía estando concentrado en pocas manos, pues en la antigüedad la gran mayoría de las personas no sabían leer ni escribir, los procesos de expansión territorial del comercio y el control político provocó que un número creciente de individuos tuviera acceso al uso de esta tecnología, algo que resultó fundamental en el eventual fortalecimiento de los aparatos burocráticos.

Por ello, algunos autores consideran que la invención del alfabeto fue un factor determinante para explicar la manera en que la Grecia antigua empieza a generar nuevas formas de pensar la realidad a través de un marco lógico-conceptual que pudiera hacer frente al marco epistemológico sobre el que se construyó el mundo antiguo, basado en el mito y la magia como medios para conocer el mundo, según sostienen Goody y Watt al afirmar que “el surgimiento de la civilización griega es, pues, el primer ejemplo histórico de la transición a una sociedad con verdadera cultura escrita”[16].

Si bien el acceso a esta tecnología seguía estando limitado para ciertos sectores sociales, el alfabeto permitió una expansión nunca antes vista de la palabra escrita y otras redes de significación, lo cual influyó de forma determinante para la constitución de una sociedad más equitativa en la que aparecen los primeros intentos por establecer un sistema de gobierno democrático que posicionara el bien común por encima de los intereses personales.

En este contexto fue que pensadores de la talla de Aristóteles y Platón, por mencionar a algunos, empezaron a confeccionar un nuevo mundo a través de diversos textos todavía vigentes, gracias a los alcances de una escritura capaz de reproducir el lenguaje oral y una precisión conceptual a niveles nunca antes vistos.

La Grecia clásica representa a una sociedad letrada capaz de ejercer un nuevo nivel de crítica hacia el status quo, establecido durante la antigüedad, a través de una plataforma de comunicación con la fuerza suficiente para potencializar a la razón como un medio para construir una nueva dimensión de la realidad[17]. Esto debido a que la aparición del alfabeto fonético propició nuevos esquemas de comunicación que tendrían un efecto decisivo en la conformación de una inteligencia colectiva con el poder necesario para detonar una transformación social que sólo sería posible gracias a nuevos esquemas de pensamiento, capaces de delimitar el poder de los gobernantes a través de disciplinas como la política, el derecho y la filosofía, situación que se aceleraría todavía más, con el surgimiento de la imprenta en Europa algunos siglos más tarde.

Con la aparición de Gutenberg y su imprenta de tipos móviles a mediados del siglo XV, la comunicación dio otro enorme salto en la historia de occidente[18]al permitir que la información contenida en los libros pudiera reproducirse de forma vertiginosa, lo cual trajo como consecuencias que en poco más de tres siglos, las ideas surgidas en la Ilustración lograran expandirse rápidamente por todo Europa hasta materializarse en las revoluciones burguesas que marcarían el comienzo de la modernidad. Una vez más, los procesos de comunicación serían determinantes en la construcción de un nuevo orden social, y esto se debe a que la letra impresa revolucionó la velocidad de los flujos de información, algo que se extendió por todo el planeta con el proceso de globalización que empieza a gestarse con el colonialismo europeo y que tomaría forma a partir de la Revolución Industrial.

Algo similar ocurre hoy en día con la llegada del internet, cuya aparición a finales del siglo XX ha detonado una transformación social a ritmo acelerado, pues los cambios que antes demoraban miles de años para tomar forma y consolidarse, ahora lo hacen en unas cuantas décadas. Un acontecimiento que de acuerdo con autores como Castells o Wellman, ha propiciado el surgimiento de un nuevo esquema de organización social: la sociedad en red[19].

El principal atributo del internet reside en su capacidad de generar conexiones múltiples entre personas de todo el mundo, sin que la geografía sea una limitante para entablar una relación directa de comunicación además del encuentro cara a cara. Esto ha generado que la gente con ideas afines pueda establecer vínculos sin necesidad de intermediarios, lo cual ha derivado en una conectividad sin precedentes en la historia humana.

De ahí que algunos teóricos de la comunicación consideren que el surgimiento de internet representa un parteaguas en la reconfiguración del aparato social. Las reglas del juego son otras, y esto tiene repercusiones directas en diferentes componentes estructurales del tejido social, desde cambios profundos en los procesos de producción y generación de la riqueza, hasta la manera en que se desarrollan las relaciones de poder. Un nuevo mundo se está gestando y esto se debe en gran parte, a las posibilidades que ofrece el ciberespacio para comunicarnos con otros y las facilidades que brinda esta herramienta para generar acciones colectivas. Acontecimiento que para algunos, representa el inicio de una nueva era, tal como bien señala Galindo Cáceres:

“La lógica de la comunicación, de la vida horizontal, del diálogo, de la interacción, del enriquecimiento mutuo, también está presente y gana espacio gracias a la red de relaciones, y no gracias a la concentración de la información en un solo lugar. La red es la respuesta a la paranoia de la sociedad de la información; entre más grande, entre más múltiple y diversa, menos posibilidades de control central autárquico: el monstruo se desvanece, aparece una nueva sociedad con una nueva cultura, la cibersociedad y la cibercultura”[20].

La información ya no circula en un solo sentido, como ocurría anteriormente, sino que fluye en múltiples direcciones, distribuyendo así el conocimiento y el poder de forma cada vez más horizontal. En el ciberespacio la gente deja de ser un ente pasivo que simplemente recibe información para participar activamente en la toma de decisiones. La sociedad de masas se convierte entonces en multitudes inteligentes capaces de producir realidad social por medio de la acción colectiva.

Todo lo anterior nos permite establecer que existe una relación profunda entre el nivel de comunicación y la velocidad con la que se desarrollan las transformaciones sociales, y esto se debe principalmente a la manera en que las redes de comunicación amplifican el poder del sujeto como agente transformador de lo social[21]. Una conectividad mayor de los sujetos dentro de una red de transmisión de información, genera un efecto multiplicador capaz de generar una nueva conciencia colectiva que sirva de base para la construcción del mundo.

Si la construcción del aparato social es ante todo un reflejo de la mente humana, eso quiere decir que al modificar el significado de los mensajes que utilizamos a diario para comunicarnos con los otros, esto tiene una repercusión directa en la construcción del mundo y su transformación. El medio es el mensaje, de acuerdo con McLuhan, y por ello, la manera en que nos relacionamos con los otros y la forma en que operan los procesos de comunicación en el seno de lo social tienen un efecto directo en la modificación de las estructuras simbólicas que sostienen la idea de mundo, pues como bien apunta Norbert Bolz, “el mundo es todo aquello que es comunicado”[22]. @

 


[1] De acuerdo con la definición de la Real Academia de la Lengua Española. Otros autores como Cabrera establecen que el poder es “tener facultad, virtud, disposición, aptitud para hacer alguna cosa” [Ramón Cabrera. Diccionario de etimologías de la lengua castellana. España. Imprenta de don Marcelino Calero. 1837. Tomo I, página 545].
[2] Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. México. Siglo XXI. 2005, página 12.
[3] Max Weber. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. México. Fondo de Cultura Económica. 1996. Décima reimpresión, pág. 5.
[4] Wittgenstein define a la realidad como todo aquello que es posible; el mundo, en cambio, lo define como una relación causal de hechos basados en un conjunto de ‘entidades’ que conforman la condición de posibilidad del mundo: la estructura lógica, los valores morales-estéticos y el sujeto metafísico. Mientras la realidad absoluta es infinita, el mundo es una delimitación de lo real, efectuada a partir de una estructura racional que funciona como marco de referencia para la construcción del mundo a partir de un sujeto que piensa. [Ludwig Wittgenstein. Tractatus lógico-philosophicus. España. Alianza Editorial. Tercera reimpresión. 2002, 5.632 y 5.633].
[5] Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008, página 31.
[6] Manuel Castells. “El poder en la era de las redes sociales”. Nexos, número 417. México. Septiembre de 2012, página 45.
[7] “Los sistemas sociales se constituyen de acciones y relaciones humanas: lo que les confiere a éstas su pauta es su repetición a través de periodos de tiempo y distancias en el espacio. Así en el análisis sociológico las ideas de reproducción social y de estructura social están íntimamente ligadas. Hemos de entender las sociedades humanas como edificios que en todo momento son reconstruidos por los mismos ladrillos que las componen. Las acciones de todos nosotros están influidas por las características estructurales de las sociedades en las que crecemos y vivimos; al mismo tiempo, recreamos (y también hasta cierto punto, alteramos) esas características estructurales con nuestras acciones”. [Anthony Giddens. Sociología. España. Alianza Universidad Textos. 1996. Segunda edición. Segunda reimpresión,pág. 52].
[8] Jean François Lyotard. La condición postmoderna: informe sobre el saber. Argentina. Ediciones Cátedra. 1991. Segunda edición, pág. 18].
[9] Max Weber. Op. cit., pág. 26.
[10] John Holloway. “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. México. Sísifo Ediciones-Bajo Tierra Ediciones, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 2010, pág. 43.
[11] José Fernández Santillán. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf
[12] Blai Guarné Cabello. Oralidad, escritura y tecnologías de la comunicación, en Adriana Gil Juárez, et al. Tecnologías sociales de la comunicación. España. Editorial UOC. 2005, pág. 80.
[13] Anthony Giddens. Sociología., pág. 74.
[14] “La conciencia del pasado depende, pues, de una sensibilidad histórica que difícilmente puede darse en ausencia de registros escritos permanentes. La escritura introduce cambios similares en la transmisión de otros elementos del repertorio cultural. Pero el alcance de estos cambios varía según la índole y la distribución social del sistema de escritura en cuestión, es decir, varía en función de la eficacia intrínseca del sistema como medio de comunicación, y en función de las restricciones sociales que le son impuestas, o sea, del grado de difusión que tiene el uso del sistema en la sociedad” [Jack Goody. Cultura escrita en sociedades tradicionales. España. Editorial Gedisa. 2003. Primera reimpresión, pág. 46].
[15] Esta tecnología es el reflejo de la evolución de la escritura ideográfica a la fonética. A finales del IV milenio a.C., los sumerios comenzaron a escribir su idioma mediante ideogramas, que representaban palabras y objetos, pero no conceptos abstractos. Se cree que el alfabeto fonético, que sustituyó al silábico, pudo tener su origen en el alfabeto semítico septentrional o cananeo, datado entre el 1700 y el 1500 a.C., mismo que dio origen al alfabeto fenicio que se expandió rápidamente por todo el Oriente Medio y parte del Mediterráneo, del cual se desprenden otros alfabetos como el griego, cirílico, arameo, hebreo, árabe, etrusco y romano.
[16] Jack Goody. Op. cit., pág. 53.
[17] Otros autores parecen ir en un sentido similar, tal como señala Antonio Alegre Gorri al hacer una revisión del trabajo de Havelock: “El paso de la oralidad a la escritura alfabética –es decir, a un medio de expresión escrita accesible, al menos en potencia, a todo el mundo, y además capaz de acoger y reproducir toda la riqueza fonética del habla oral- es un momento decisivo para la transición de una sociedad regida por la tradición, que experimentaba el orden de las relaciones sociales como sagrado e inmutable, a una sociedad política que concibe su propio ordenamiento como objeto de decisión consciente de sus miembros y, por ende, de discusión racional. Sólo en este horizonte pueden emerger las nociones de razón, sujeto y moral (y con ello, la filosofía, la política, la retórica y el derecho); y sólo a partir de ahí, la indagación del orden de la naturaleza deja de ser privilegio de una casta sacerdotal y queda abierta a la especulación racional de cualquiera que esté capacitado para ello: he aquí lo que se ha designado, con cierto anacronismo, como el ‘nacimiento de la ciencia’”. [Erick A. Havelock. La musa aprende a escribir: reflexiones sobre la oralidad y la escritura desde la antigüedad hasta el presente. España. Ediciones Paidós. 2008, pág. 15].
[18] Se dice que entre 1041 y 1048, Bì Shēng inventó en China el primer sistema de imprenta de tipos móviles, donde ya existía un tipo de papel de arroz, a base de complejas piezas de porcelana en las que se tallaban los caracteres chinos; esto constituía un complejo procedimiento por la inmensa cantidad de caracteres que hacían falta para la escritura china. En 1234 artesanos del reino de Koryo (actual Corea), conocedores de los avances chinos con los tipos móviles, crearon un juego de tipos que se anticipó a la imprenta moderna. Sin embargo, la imprenta moderna no se creó hasta el año 1440 aproximadamente, de la mano de Johannes Gutenberg [es.wikipedia.org]. El éxito de la imprenta europea frente a su contraparte china sólo puede explicarse en virtud de las facilidades que ofrece esta tecnología al alfabeto occidental compuesto por alrededor de 30 caracteres, frente a la complejidad de la escritura china.
[19] El término sociedad red fue acuñado en 1991 por Jan van Dijk en su obra De Netwerkmaatschapágs.ij (La Sociedad Red). Sin embargo, es Manuel Castells quien ha contribuido a mayor desarrollo y popularización del término a partir del extenso análisis que desarrolla sobre los cambios sociales derivados de las tecnologías de la comunicación. Al respecto explica Castells: “Las redes son estructuras abiertas, capaces de expandirse sin límites, integrando nuevos nodos mientras puedan comunicarse entre sí, es decir, siempre que compartan los mismo códigos de comunicación (por ejemplo, valores o metas de actuación). Una estructura social que se base en las redes es un sistema muy dinámico y abierto, susceptible de innovarse sin amenazar su equilibrio”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red. México. Siglo XXI. 2005. Sexta edición, pág. 507]. Si bien este modo de organización no es nuevo, sí lo son sus alcances a partir de las nuevas tecnologías de la información: “Aunque la forma en red de la organización social ha existido en otros tiempos y espacios, el nuevo paradigma de la tecnología de la información proporciona la base material para que su expansión cale toda la estructura social” [Ibidem, pág. 505].
[20] Jesús Galindo Cáceres. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”. Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, época II, volumen IV, número 7. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pág. 17.
[21] Un tema ampliamente desarrollado por Castells, quien sostiene que “la relación histórica parece indicar que, en términos generales, cuanto más estrecha sea la relación entre los emplazamientos de la innovación, la producción y el uso de las nuevas tecnologías, más rápida será la transformación de las sociedades y mayor la retroalimentación positiva de las condiciones sociales sobre las condiciones generales necesarias para que haya más innovaciones”. [Manuel Castells. La era de la información: economía, sociedad y cultura. Volumen I: La sociedad red, pág. 64].
[22] Norbert Bolz. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

::.

::.

Bibliografía:

BLANCO JAKSIC, Christian. El concepto de sociedad civil. Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Humanidades. Chile, 2005. http://www.libertadesciudadanas.cl/documentos/docs/El%20Concepto%20de%20Sociedad%20Civil.pdf

BOLZ, Norbert. Comunicación mundial. Editorial Katz. Argentina, 2006.

FERNÁNDEZ SANTILLÁN, José. “Habermas: sociedad civil y política deliberativa”. Este País, número 116, México. Noviembre, 2000.http://estepais.com/inicio/historicos/116/4_ensayo2_habermas-fernandez.pdf

FREIRE, Paulo. Pedagogía del oprimido. Siglo XXI. México, 2005. Segunda edición.

GALINDO CÁCERES, Jesús. “Cibercultura, ciberciudad, cibersociedad: hacia la construcción de mundos posibles en nuevas metáforas conceptuales”.Estudios sobre las Culturas Contemporáneas, número 7, Época II, volumen IV. México. Universidad de Colima. Junio de 1998, pp. 9-23.

HABERMAS, Jürgen. El discurso filosófico de la modernidad. Katz Editores. España, 1998. Primera edición.

HABERMAS, Jürgen. Escritos sobre moralidad y eticidad. Ediciones Paidós. España, 2003.

HABERMAS, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa I: Racionalidad de la acción y racionalidad social. Editorial Taurus. México, 2008.

WEBER, Max. Economía y sociedad: esbozo de sociología comprensiva. Fondo de Cultura Económica. México, 1996. Décima reimpresión.

WITTGENSTEIN, Ludwig. Tractatus lógico-philosophicus. Alianza Editorial. España, 2002. Tercera reimpresión.

Reinventar la democracia en código abierto: Clay Shirky

Una plática de Clay Shirky, especialista en medios y redes sociales, sobre las posibilidades que ofrece el internet para construir nuevas vías de democracia participativa. ¿Será posible redactar una Constitución en código abierto? ¿Será Linux el referente para reinventar al poder legislativo? Ideas que estimulan la imaginación de los ciudadanos inconformes. Nuevas vías de afrontar la profunda crisis de los sistemas de representación política emanados de la modernidad.

A %d blogueros les gusta esto: