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El saldo del neoliberalismo en México: crónica de un país desgarrado y vulnerable frente a Trump

Este análisis lo realicé con motivo de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, con el fin de documentar la situación estructural del país luego de tres décadas de neoliberalismo. Por cuestiones editoriales, no se había publicado este análisis que ejemplifica muy bien cómo fue que se gestó la alta vulnerabilidad de México a los caprichos de EE.UU. y el presidente Donald Trump, quien acaba de anunciar la imposición de aranceles a todas las mercancías mexicanas, como represalia a la política migratoria adoptada por el gobierno de López Obrador.

Los datos son contundentes y forman parte de un ejercicio crítico por entender la magnitud del desastre político, económico y social que dejó el sistema neoliberal en México (ver 20 años del TLCAN: el recuento del desastre). Un modelo económico impulsado desde el sexenio de Miguel de la Madrid, profundizado por Carlos Salinas de Gortari y sus sucesores, incluyendo a Ernesto Zedillo, los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, hasta Enrique Peña Nieto. Todos ellos, corresponsables junto con el PRI y PAN, de que México esté situado en una posición de debilidad estructural frente a los embates de EE.UU., luego del giro proteccionista que tomó la potencia norteamericana con la llegada de Trump al poder en 2017.

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AMLO y el fin de un modelo económico

El cambio político que experimenta México con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República, es equiparable al que suele acontecer en otros países luego de una revolución. Un cambio de régimen político con un giro a la izquierda en el modelo económico. Una transformación que, sin embargo, se produjo de manera pacífica, por la vía electoral.

La magnitud del cambio que experimenta en México sólo puede entenderse a la luz de la profunda crisis estructural que se gestó en el país durante poco más de tres décadas de gobiernos neoliberales. Y es aquí donde radica la trascendencia del profundo cambio estructural que implica la llamada “Cuarta Transformación” propuesta por el actual presidente mexicano.

El neoliberalismo siempre fue el enemigo a vencer. Así lo dejó claro López Obrador, durante su toma de protesta el 1 de diciembre de 2018 ante el Congreso de la Unión.

“La crisis de México se originó, no sólo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este periodo de la más inmunda corrupción pública y privada”, dijo López Obrador.

“La política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país”, señaló. “El distintivo del neoliberalismo es la corrupción. Suena fuerte, pero privatización ha sido en México sinónimo de corrupción”, agregó.

Más allá de interpretaciones ideológicas, la contundencia de los números parecieran avalar la mordaz crítica al neoliberalismo hecha por López Obrador, el primer presidente mexicano emanado de un movimiento social de base, desde el fin de la Revolución Mexicana.

Una situación que permitirá comprender a profundidad los retos que enfrentará el nuevo presidente mexicano para llevar a cabo su proyecto reformador ante la grave crisis económica y social que enfrenta el país, tras años de violencia y corrupción política del más alto nivel.

El saldo del neoliberalismo en México

De 1988 a 2017, la economía mexicana creció a una tasa promedio de 2.6% anual según datos del INEGI.[1] En contraste, la tasa de crecimiento demográfico en el país para el mismo periodo fue de 1.57%, según datos del Banco Mundial. Esto significa que durante el periodo neoliberal, la economía mexicana creció a una tasa promedio de apenas un 1.03% anual descontando el crecimiento de la población.

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Mientras que en 1988 la balanza comercial de México arrojaba un saldo favorable de 2,546 millones de dólares, en 2017 México registró un saldo negativo de -20,760 millones de dólares, según datos del Banco Mundial.[2]

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Asimismo, la productividad de México registra una marcada caída desde 1981, misma que continuó a lo largo de todo el proyecto neoliberal. Para 2016, prácticamente todos los sectores de la economía mexicana registran números negativos excepto cuatro: los medios de comunicación, el sector financiero, los servicios de energía eléctrica y la agricultura, según el índice de Productividad Total de los Factores de 1991 a 2016 desarrollado por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).[3]

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Este indicador, que básicamente mide la contribución de la producción a la economía nacional, arroja un saldo negativo en el sector secundario y terciario, correspondiente a infraestructura y servicios.

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En el caso de la agricultura, llama la atención que hasta 2011, también existía un saldo negativo en este sector, situación que se revirtió para 2016 sin cambios estructurales en el campo mexicano. Un hecho que nos lleva a pensar que, posiblemente, el aumento en la producción y valor de las exportaciones de aguacate (que supera incluso a la entrada de divisas por la venta de petróleo)[4] haya jugado un papel relevante en mitigar los efectos negativos de la balanza comercial agrícola que experimentó México de 2000 a 2015.[5]

Más allá de la polémica sobre el caso del campo mexicano, los datos indican que los sectores más beneficiados del modelo neoliberal fueron los medios de comunicación, el sector financiero y la generación de energía eléctrica (que se abrió a las concesiones privadas a partir de 1992)[6].

Por ello, no es casualidad que los medios de comunicación y los banqueros, así como los beneficiados de la reforma energética (impulsada por el expresidente Enrique Peña Nieto, y aprobada en 2014 por los partidos de derecha PRI-PAN), sean los principales opositores a un cambio de régimen político en México, encabezado por López Obrador.

Lo anterior ha generado que sectores pertenecientes a las élites financieras aglutinados en asociaciones empresariales con gran influencia mediática como el Consejo Coordinador Empresarial o Coparmex, sean algunos de los principales críticos del cambio en el modelo económico impulsado por el nuevo régimen.

Esto también explica por qué razón se suele hablar poco de las exorbitantes ganancias del sector financiero en los grandes medios de comunicación en México. No en balde, los dueños de las principales medios de comunicación en México son también dueños y accionistas de la banca[7], por lo cual, la opinión de sus “analistas” suelen favorecer los intereses de las élites financieras antes que los intereses de las clases populares. A final de cuentas, los medios son empresas cuya finalidad es la acumulación de ganancias, lo cual explica la alianza estructural que han forjado con otros sectores que persiguen el mismo fin, como ocurre con los bancos.

Quizá por ello, la inmensa mayoría de los mexicanos ignora por completo que tras el millonario rescate bancario la deuda del Fobaproa sigue creciendo año por año debido a los intereses que genera, pese a que los mexicanos destinan cada año más de 100,000 millones de pesos para engordar las carteras de los banqueros. Hasta agosto de 2018, el total del pasivo que registraba el Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (IPAB) por la deuda del rescate bancario, ascendía a 1 billón 019,376 millones de pesos. De 2000 a 2017, los mexicanos han pagado 2 billones 360,104 millones de pesos por el rescate bancario, aún cuando la deuda inicial contraída en 1998 era de 552,000 millones de pesos (que en su momento equivalía a 60,000 millones de dólares).[8]

Es decir que, aún cuando los mexicanos han pagado 327% más del monto de la deuda original que se gestó durante el rescate bancario en plena era neoliberal, ahora deben casi el doble de lo que debían originalmente. Un negocio infinito del que no se habla en los medios y que explica buena parte el crecimiento de las ganancias de los bancos en México desde 1998 a 2017, año en que la banca privada generó un récord de ganancias sin precedentes por 137,735 millones de pesos (6.804 millones de dólares).[9]

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El caso del rescate bancario y las exorbitantes ganancias del sector financiero en México, son emblemáticos porque representan buena parte de las presiones políticas y financieras que enfrentará el nuevo gobierno de López Obrador a la hora de lidiar con las partidas presupuestales, aunadas a una deuda creciente heredada por las últimas dos administraciones.

La deuda pública de México es equivalente a 43.5% del Producto Interno Bruto, según datos del tercer trimestre de 2018 de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.[10] Sin embargo, el acelerado ritmo de endeudamiento que experimentó el país durante la administración de Enrique Peña Nieto, junto con una devaluación del peso mexicano de 58% frente al dólar en el último sexenio[11], ha generado que cada vez sea necesario destinar mayores recursos para pagar el costo financiero de la deuda.[12]

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Asimismo, durante el periodo neoliberal, la Inversión Extranjera Directa en México pasó de 470 millones de dólares en 1988 a 11,309 millones de dólares en 2018, según datos del Banco de México. Cifras que representan un incremento de la inversión extranjera 24 veces durante el periodo neoliberal, que sin embargo no se tradujo en una mejora en la calidad de vida de los mexicanos, debido a que uno de los incentivos para la llegada de inversión extranjera fue castigar el salario de los trabajadores.

Esto permite entender por qué razón, los niveles de pobreza se mantuvieron prácticamente iguales que hace 30 años, tal como puede observarse en el porcentaje de la población en situación de pobreza de ingresos de 1992 a 2014, según datos de Coneval, que ubican al 53% de los mexicanos en condiciones de pobreza patrimonial y 20.6% en pobreza alimentaria.

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Del  mismo modo, el poder adquisitivo del salario mínimo sufrió una caída pronunciada desde 1982 y prácticamente se estancó desde 1997, más no así la inflación, que ha subido de manera sostenida a lo largo de todo ese periodo neoliberal. De 1988 a noviembre de 2018, la inflación creció 2068.24%, según datos de INEGI.[13]

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Una situación de precarización laboral que explica por qué un mexicano que gana el salario mínimo hoy, tiene que trabajar 24 horas y media para comprar la misma cantidad de comida que compraba en 1987 con apenas 4:53 horas de trabajo, según datos del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM.[14]

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Una precarización del ingreso popular que también se ve reflejado en la correlación entre el salario mínimo y el precio de una canasta alimentaria recomendable, cuyo valor supera 3 veces el salario mínimo.  Esto significa que durante el neoliberalismo se registra una pérdida acumulada del poder adquisitivo del salario mayor al 78.71% respecto a 1987, según datos del CAM-UNAM.[15]

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Dicho de otro modo, en 1988 un mexicano podía comprar 12 kilogramos de tortilla con el salario mínimo mientras que en 2018, apenas se pueden comprar 5 kilogramos de tortilla con el salario mínimo, lo cual evidencia la precarización del poder de compra por parte de los trabajadores mexicanos en las últimas tres décadas.[16]

Y esta pérdida de poder adquisitivo a lo largo del periodo neoliberal, se tradujo también en que el 60% de los trabajadores mexicanos laboren en la economía informal.[17]

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Sin embargo, cabe resaltar que parte de esta crisis estructural en México ha sido mitigada por los poco más de 12 millones de migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos y envían remesas a sus familias, factor que ha permitido la supervivencia de un sector importante de la población mexicana. En 2017, ingresaron a México 28,771 millones de dólares, rompiendo por segundo año consecutivo su máximo histórico, cifra muy superior a los 2,494 millones de dólares que ingresaban en 1990, según datos del Anuario de Migración y Remesas México 2018.[18]

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Pero a pesar de que el ingreso y el poder de compra de los más pobres se redujo a lo largo del periodo neoliberal, no ocurrió así con las élites. Así lo demuestra un estudio reciente de Jaramillo Molina,[19] en el cual se documenta la manera en que los ingresos de las élites mexicanas crecieron entre 50% y 250% de 1988 a 2008, contrario a lo que ocurrió con el resto de los mexicanos y las tendencias globales en términos de distribución de riqueza. Asimismo, el 20% de la población más rica de México aumentó sus ingresos durante las últimas tres décadas, pero en especial, el 1% de la población, cuya riqueza aumentó 10% de 2008 a 2016.

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Una cifra que coincide con otros estudios como el realizado por Oxfam México, en el cual se documenta la manera en que el 1% de los mexicanos concentra un tercio de la riqueza del país.[20] Una situación que se expresa de manera más clara al observar el crecimiento de la riqueza de los cuatro hombres más ricos de México (Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailleres y Ricardo Salinas Pliego) a lo largo del periodo neoliberal.

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De este modo, la crisis mexicana provocada por el modelo neoliberal podría sintetizarse en cuatro puntos esenciales:

1) Estancamiento del crecimiento económico

2) Desmantelamiento de la planta productiva nacional

3) Precarización del empleo

4) Enriquecimiento de las élites y el sector financiero

Factores clave para entender la magnitud del cambio político en México y la manera en que se modificó la correlación de fuerzas con el nuevo régimen.

El escenario político

El mantenimiento del proyecto neoliberal en México estuvo siempre vinculado a un bipartidismo de derecha entre PRI y PAN, tras la alianza política que formaron ambos partidos tras el fraude electoral de 1988, que condujo a Carlos Salinas de Gortari a la presidencia del país y profundizó el incipiente proyecto privatizador que comenzó durante el sexenio anterior de Miguel de la Madrid.

Tal como relata la periodista Martha Anaya en su libro 1988: el año que calló el sistema, PRI y PAN pactaron la llegada de Salinas a la presidencia en una reunión secreta realizada el 27 de agosto —a la cual asistieron Salinas de Gortari; Manuel J. Clouthier (candidato presidencial del PAN); Luis H. Álvarez, presidente del blanquiazul; José Luis Salas Cacho, coordinador de la campaña de Maquío; Luis Donaldo Colosio, el hombre de confianza del candidato priista y Manuel Camacho Solís, encargado de la negociación.[21]

En esa reunión, el PAN decide avalar el triunfo de Salinas tras las acusaciones de fraude electoral -realizadas por el entonces candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas- a cambio de que el nuevo gobierno asumiera un agenda de cinco puntos: 1) Cambiar las leyes electorales. Fundamentalmente, crear un padrón confiable y un organismo ciudadano que no dependiera del gobierno a cargo de las elecciones, lo cual marcaría el nacimiento de lo que actualmente es el INE; 2) Darle viabilidad a la economía, con un modelo de apertura económica y desaparecer la figura del ejido; 3) Privatizar la banca; 4) Crear lo que terminaría siendo la Comisión Nacional de Derechos Humanos y 5) Apertura religiosa y restablecimiento de las relaciones con el Vaticano.

A partir de entonces, PRI y PAN formarían una alianza de facto en los grandes temas nacionales durante las siguientes tres décadas -desde el rescate bancario a las llamadas reformas estructurales- bajo un común denominador: mantener el modelo económico neoliberal.

En 1989 el PAN ganaría su primera gubernatura, que abriría brecha para que en el año 2000 se consumara la llamada alternancia en el poder con el triunfo electoral del panista Vicente Fox.

Ya para ese entonces, el triunfo de la izquierda partidista en la Ciudad de México, y el crecimiento de popularidad del entonces jefe de Gobierno de la capital mexicana, Andrés Manuel López Obrador, provocaron que las élites beneficiadas del proyecto neoliberal, de la mano del PRI y PAN, cerraran la puerta a un giro hacia la izquierda en las elecciones de 2006. Un proceso electoral que, nuevamente, se vería marcado por el fantasma del fraude debido a la intervención del gobierno y las cúpulas empresariales en las campañas presidenciales de ese año, que se decidieron por una diferencia de votos de 0.62%, según reconoció el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en su calificación de la elección presidencial.

Los serios problemas de legitimidad con los que llegó el presidente Felipe Calderón a la presidencia de México, permiten entender cómo es que el panista comenzó su famosa “guerra contra el narcotráfico” como una maniobra política que le permitiera lograr gobernabilidad ante el enojo social que privó entre los simpatizantes de López Obrador. Fue así que Calderón ordenó al Ejército salir a las calles para contener la amenaza del crimen organizado como una maniobra política que le permitió desviar la atención del fraude electoral para librar una “guerra” con un alto costo para el país. El resultado: una espiral de violencia y una crisis humanitaria sin precedentes para México que a la fecha arroja un saldo de más de 250,000 asesinatos[22] y más de 40,000 desaparecidos.

Para 2012, la crisis de violencia provocó el regreso del PRI al poder, con Enrique Peña Nieto, quien logró convertirse en presidente gracias a una portentosa maquinaria electoral financiada con el saqueo de las arcas públicas mediante diversos actos de corrupción que se fueron revelando a lo largo de todo su sexenio: desde el caso Monex[23], hasta los sobornos de Odebrecht[24], o la manera en que los gobernadores del PRI desviaron millones de pesos para campañas políticas en lugares como Veracruz[25] y Chihuahua[26].

A lo largo de todo este periodo, el adelgazamiento del Estado provocó que grandes sectores de la población mexicana quedaran en condiciones de vulnerabilidad ante las inequidades del modelo económico. Pero también, provocó el fortalecimiento de los llamados poderes fácticos (medios de comunicación, sindicatos corporativistas y crimen organizado). Un régimen político donde se produjo lo que Edgardo Buscaglia denomina como un “pacto de impunidad entre las élites político-empresariales” que controlan al país.[27]

A pesar de que la evidencia documental sobre los estragos del neoliberalismo en México[28] para 2014 eran cada vez más contundentes[29], esto no fue impedimento para que el bipartidismo de derecha aliada a un fragmentado PRD, que se sumó al Pacto por México[30], profundizaran la agenda neoliberal a través de las llamadas reformas estructurales. Entre ellas, la llamada “madre de todas las reformas”, la reforma energética, con la cual se abrió la industria petrolera a la iniciativa privada y aceleró el desmantelamiento de Petróleos Mexicanos (Pemex), la empresa más importante en la historia del país, la cual permitió financiar el desarrollo de la industria nacional en los años de la posguerra.

La virtual quiebra de Pemex, cuya deuda asciende a más de 2 billones 5,800 millones de pesos[31] (99,738 millones de dólares), equivalentes al 8.56% del Producto Interno Bruto de México, implica uno de los principales problemas estructurales del país, tras la histórica caída en la producción de petróleo (1.84 millones de barriles al día)[32] y la importación y aumento en los precios de los combustibles[33], como consecuencia del abandono de las refinerías.[34]

Todos estos factores, sumados a una crisis de corrupción sin precedente[35], explican el triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena, en las elecciones presidenciales de 2018, con más de 30 millones de votos en todo el territorio nacional, en un hecho sin precedente.

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Una victoria que no sólo implicó un cambio de partido en el poder y un giro en el modelo económico, sino también, una reconfiguración en la correlación de fuerzas al interior del Congreso, donde Morena y sus aliados (PT-PES) obtuvieron mayoría en las dos cámaras (Senadores y Diputados).

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Un resultado que además, relegó al bipartidismo de derecha PRI-PAN a un lugar marginal en la conformación del nuevo Congreso mexicano.

Un escenario similar a lo que ocurrió con las gubernaturas, donde se rompió la hegemonía del PRI, logrando la repartición de gobiernos estatales más plural en la historia del país.

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Un cambio de régimen político que abre una baraja de posibilidades al mismo tiempo que encierra nuevos retos para el nuevo gobierno encabezado por López Obrador, quien tendrá como principales amenazas a los remanentes derrotados del viejo sistema, así como los embates del capital financiero trasnacional, cuyos intereses suelen contraponerse a la visión de un gobierno liberal y nacionalista de izquierda, como el que existe en México con la llamada “Cuarta Transformación”.

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Fuentes:

[1] INEGI, precios de 2013. https://www.inegi.org.mx/temas/pib/

[2] https://datos.bancomundial.org/indicador/NE.RSB.GNFS.CD?end=2017&locations=MX&start=1988&view=chart

[3] http://www.beta.inegi.org.mx/temas/ptf/

[4] http://www.elfinanciero.com.mx/rankings/la-importancia-del-aguacate-para-mexico-en-graficas

[5] https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/395303/Balanza_Comercial_Agropecuaria_y_Agroindustrial_enero_2018.pdf

[6] http://www.cefp.gob.mx/intr/edocumentos/pdf/cefp/cefp0732006.pdf

[7] https://mexico.mom-rsf.org/es/propietarios/

[8] https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/11/14/tras-pagar-mas-de-2-billones-de-pesos-mexicanos-deben-67-mas-por-el-fraude-del-rescate-bancario_a_23269804/

[9] https://actualidad.rt.com/actualidad/295269-mexico-ley-busca-poner-limites-bancos-ganancias

[10] https://www.eleconomista.com.mx/economia/EPN-hereda-una-pesada-losa-de-deuda-a-AMLO-20181129-0086.html

[11] http://www.elfinanciero.com.mx/mercados/el-peso-se-hundio-por-tormenta-perfecta-en-su-contra-en-el-sexenio-de-epn

[12] https://expansion.mx/economia/2018/02/01/mexico-tiene-la-deuda-publica-mas-alta-en-su-historia

[13] https://www.inegi.org.mx/app/indicesdeprecios/CalculadoraInflacion.aspx

[14] https://cam.economia.unam.mx/1018-2/

[15] https://cam.economia.unam.mx/reporte-de-investigacion-120-mexico-esclavitud-moderna-cae-78-71-el-poder-adquisitivo/

[16] https://adnpolitico.com/presidencia/2018/05/21/verdad-o-mentira-que-tan-cierto-es-lo-que-dijeron-en-el-debate

[17] https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Mexico-tiene-un-fuerte-problema-de-informalidad-Roberto-Campa-20180515-0074.html

[18] https://www.bbvaresearch.com/wp-content/uploads/2018/09/1809_AnuarioMigracionRemesas_2018.pdf

[19] https://economia.nexos.com.mx/?p=2034

[20] https://www.oxfammexico.org/sites/default/files/Informe%20Me%CC%81xico-DAVOS-reducido.pdf

[21] https://heraldodemexico.com.mx/opinion/usted-es-ilegitimo-de-origen/

[22] https://actualidad.rt.com/actualidad/272788-mexico-llega-250000-asesinatos-inicio-guerra-narcotrafico

[23] https://aristeguinoticias.com/1607/lomasdestacado/caso-monex-el-recuento/

[24] https://contralacorrupcion.mx/odebrechtepn/

[25] https://aristeguinoticias.com/1101/mexico/red-fantasma-de-duarte-triangulo-dinero-a-campana-presidencial-en-2012/

[26] https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/12/19/acusan-a-videgaray-de-pactar-con-beltrones-para-desviar-250-millones-de-pesos-para-campanas-del-pri_a_23311863/

[27] https://www.dw.com/es/buscaglia-en-m%C3%A9xico-hay-un-pacto-de-impunidad/a-18001753

[28] https://manuelhborbolla.wordpress.com/2014/01/07/20-anos-del-tlcan-el-recuento-del-desastre/

[29] http://idic.mx/wp-content/uploads/2014/11/TLCAN20ANOS_UNAM-IDIC_2014_comprimido.pdf

[30] https://es.wikipedia.org/wiki/Pacto_por_M%C3%A9xico

[31] https://www.jornada.com.mx/2018/07/19/economia/018n1eco

[32] https://expansion.mx/empresas/2018/04/04/la-produccion-de-pemex-sin-despegar-en-2018

[33] https://www.excelsior.com.mx/nacional/2018/02/24/1222521

[34] https://www.huffingtonpost.com.mx/2017/01/12/el-abandono-de-refinerias-fue-clave-en-el-gasolinazo_a_21653178/

[35] https://www.huffingtonpost.com.mx/2016/11/29/la-generacion-de-gobernadores-mas-corruptos-en-la-historia-de-me_a_21616032/

Lo que realmente indigna a la comentocracia mexicana

Llama la atención la embestida mediática contra el presidente Andrés Manuel López Obrador por su crítica a los “expertos” de la “sociedad civil”.

La misma semana, las columnas de los periódicos publicaron una oleada de “opiniones” muy similares, quejándose del desdén de AMLO por el saber técnico de los “expertos”.

Nunca oí a los comentócratas quejarse por cómo se desdeñaba el saber producido en las instituciones públicas como la UNAM, mientras se privilegió a instituciones semilleros de tecnócratas como el ITAM, a la hora de tomar decisiones a lo largo de los 30 años de neoliberalismo que dieron como resultado un país destrozado, con una crisis humanitaria sin precedentes. Pero ahora se quejan al unísono, como si se hubieran puesto de acuerdo.

Los opinólogos pedantes que tienen espacios de privilegio en los medios de comunicación tampoco hablan sobre quiénes son los que financian a las organizaciones que se han autoproclamado como voceros de la “sociedad civil” pese a recibir financiamiento de organizaciones como Open Society (del multimillonario George Soros) o fondos de USAID (el gobierno de EE.UU.) o las cúpulas empresariales mexicanas afines a los intereses del capital financiero trasnacional (ahí están el IMCO y Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad como dos ejemplos de ello). Financiamiento que busca influir en la opinión pública y posicionar agendas específicas que suelen situar intereses privados por encima del interés público de los mexicanos. De ahí que los integrantes de la autoproclamada “sociedad civil”, conformada por académicos socialité egresados de universidades extranjeras, peguen el grito en el cielo cuando el nuevo régimen político emanado de la llamada 4T haya optado por cambiar las reglas del juego y abrir espacios de decisión a sectores tradicionalmente marginados que fueron vilmente ignorados en aras de un saber tecnócrata que hizo añicos a este país.

Los comentócratas están furiosos porque no conciben que se socaven su autoridad como depositarios del “saber”. Algo que en realidad tiene que ver con una disputa por el poder político.

“Así, pues, saber consiste en referir el lenguaje al lenguaje; en restituir la gran planicie uniforme de las palabras y de las cosas. Hacer hablar a todo. Es decir, hacer nacer por encima de todas las marcas el discurso segundo del comentario. Lo propio del saber no es ni ver ni demostrar, sino interpretar”, señalaba el Michel Foucault en Las palabras y las cosas.

En su formidable libro, el filósofo francés explica con una lucidez extraordinaria la manera en que el “saber” no es un ente estático o fijo, sino algo que cambia continuamente y se configura culturalmente a partir de las relaciones de poder al interior de todo grupo social. Para Foucault, el saber es sinónimo de poder, pues es precisamente ese “saber” el que legitima el ejercicio del poder político. Y la imposición de un saber hegemónico que aplasta a otras formas del saber, constituye siempre un ejercicio de poder.

Por ello, lo que vemos hoy en la prensa mexicana no es sino una disputa abierta por el poder político, en la que los resquicios de los intelectuales favorecidos por el régimen neoliberal pelean por el control de “la verdad” en una época donde el discurso de la Cuarta Transformación cuenta con un amplio respaldo popular, con niveles de aprobación hacia López Obrador cercanos al 80% de los mexicanos, según las últimas encuestas (El Finanicero, Reforma, Mitofsky).

Algo que tampoco dicen los intelecutales orgánicos del régimen neoliberal, es que el triunfo de López Obrador es en buena medida consecuencia del agotamiento discurso tecnocrático cada vez más alejado de la realidad que viven millones de familias mexicanas agraviadas por la violencia, la falta de oportunidades y el saqueo sistemático de unos pocos a expensas de las mayorías.

La realidad que retratan los opinólogos desde su burbuja de privilegios está completamente divorciada de esa otra realidad que vive la gran mayoría de los mexicanos. Una realidad mucho más cruda de lo que se alcanza a percibir en la comodidad de los cubículos y las estancias académicas en universidades estadounidenses y europeas. Una realidad que golpea en la cara mientras los intelectuales del viejo régimen y los bienpensantes pasan largas horas discutiendo lo que “debería ser” en un mundo ideal que no existe. De ahí su incapacidad para resolver problemas prácticos que, más allá de un saber técnico altamente especializado e inaccesible para el ciudadano común, requiere de sentido común y voluntad para resolver un estado de cosas caótico y complejo que difícilmente se corresponde íntegramente al mundo ideal planteado en los libros.

Un ejemplo de esta situación es el debate sobre la creación de la Guardia Nacional y los espacios otorgados por López Obrador a los militares, que incluyen hasta la construcción del nuevo Aeropuerto. Desde una lógica estrictamente academicista, el planteamiento de la creciente militarización implica un riesgo para los poderes civiles propios de los regímenes democráticos a la usanza liberal. Sin embargo, ese análisis excluye factores prácticos que van más allá de la teoría. Y es que desde una perspectiva políticamente maquiavélica -que suele ofender a los intelectuales puros, inmaculados y éticamente bienintencionados- el acercamiento de López Obrador con el ejército en aras de defender un proyecto nacionalista frente a las presiones del capital financiero trasnacional, tiene toda la lógica del mundo.

¿O acaso no han visto cómo el gobierno de EE.UU. está tratando de invadir Venezuela y dividir a las fuerzas armadas de aquel país para beneficiar sus intereses geoestratégicos en América Latina? ¿No vieron como la soberanía de Chile y Guatemala (con los golpes a Allende y Arbenz) y más recientemente en Honduras y Brasil, se vio burdamente socavada por el imperialismo estadounidense en la región? ¿Qué nos garantiza que los países movidos por banqueros e inversionistas de Wall Street no fomenten un golpe de Estado cuando sus intereses hegemónicos sean afectados para beneficio de los mexicanos?

Todos esos factores están en juego hoy, en el contexto político de México. Pero por supuesto, los comentócratas conservadores no han mencionado una sola palabra de todo esos factores que existen y tratan de ocultar para manipular a su favor a la opinión pública, dentro de una continua disputa por el poder. Lo que vemos a diario en los medios, más que simples opiniones, es en realidad maniobras de guerra en un escenario de confrontación entre dos grupos antagónicos: los que luchan por mantener intactos sus privilegios frente a los que luchan por cambiar el estado de cosas que prevalece en México y el mundo.
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Desabasto de gasolina para principiantes (y uno que otro despistado)

Un resumen con lo que, me parece, algunos de los puntos más relevantes de la crisis de desabasto de combustible que se vive en México ante el plan para combatir el huachicoleo implementado por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

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CAUSAS

Las causas del desabasto de combustible son multifactoriales:

1) La manera en que los gobiernos del PRI y PAN toleraron y fomentaron el robo de combustible desde hace 18 años. (En su libro El cártel negro, la periodista Ana Lilia Pérez narra como el negocio del huachicoleo es manejado por el sindicato petrolero en complicidad con organizaciones criminales como Los Zetas y gobiernos de distintos partidos políticos).

2) El cierre de ductos por parte del gobierno de López Obrador para acabar con el huachicoleo. (El 80% de la gasolina se transporta en ductos que tienen un flujo continuo, mientras las pipas se desplazan en carretera desde las refinerías y tardan mucho tiempo en llegar a las gasolineras).

3) El hecho de que muchas gasolineras del país vendían gasolina robada. (En noviembre de 2018, la la Asociación Mexicana de Proveedores de Estaciones de Servicio calculaba que el 29% e las gasolineras del país vendían combustible robado: 3,509 de las 12,100 gasolineras instaladas).

4) Sabotaje hacia ductos de Pemex como parte de una guerra política que busca desestabilizar al gobierno por parte de grupos beneficiados del huachicoleo. (El presidente López Obrador reportó 6 “sabotajes” hasta el 13 de enero).

5) La psicosis social provocada por una campaña de desinformación que busca exacerbar la crisis existente con el fin de golpear al gobierno de López Obrador, lo cual genera compras de pánico y una mayor demanda de gasolina escasa. (Alimentada mediante mentiras como la supuesta reducción en las importaciones de gasolina, desmentida por Presidencia y datos oficiales, tal como puede constatarse hasta finales de diciembre en las Estadísticas de Hidrocarburos de la Secretaría de Energía).

 

LAS ALTERNATIVAS

Ante este escenario, el gobierno de López Obrador pudo optado por alguna de las dos siguientes alternativas para enfrentar la crisis:

1) Escalonar el cierre y aseguramiento de ductos, para garantizar una adecuada distribución con el número de pipas disponibles.

2) Prever la contratación de pipas suficientes para garantizar el abasto de combustible ante el cierre de ductos. (Se cuenta con 5,000 pipas para abastecer de combustible a las regiones afectadas. Pemex tiene 1,600 pipas propias y otras 3,400 fueron rentadas).

 

ERRORES E INCAPACIDAD

1) Improvisación. El gobierno no previó de manera adecuada los efectos ni la magnitud que traería consigo el cierre de ductos. (La manera en que AMLO y la Sener negaron y después aceptaron problemas con buquetanques estacionados ante la imposibilidad de descargar combustible, es un claro ejemplo de ello).

2) Una mala estrategia de comunicación. La incapacidad dle gobierno para explicar con claridad las causas del problema y las explicaciones vagas que dejan varios vacíos de información, los cuales han sido utilizados por grupos opositores para difundir mentiras. (Como la manera en que el gobierno de AMLO desmintió la información del WSJ sin cifras, o la manera en que niegan y afirman un desabasto de gasolina de manera simultánea, son dos claros ejemplos de la crisis comunicacional que enfrenta el gobierno).

3) La mediocre labor del gabinete. Ni la titular de la Sener, Rocío Nahle, ni el director de Pemex, Octavio Romero, han podido ayudar a López Obrador a mitigar las críticas y el descontento contra el gobierno.

 

BALANCE

1) En términos económicos, los ahorros derivados del ahorro de combustible son mayores a las pérdidas económicas derivadas del desabasto de combustible. (En la última semana, López Obrador reportó que se evitaron pérdidas por 2,500 millones de pesos mientras Coparmex estimó perdidas por 1,500 millones de pesos. Otros organismos como el CEESP, consideran prematuro hacer una estimación, aunque a largo plazo, acabar con el huachicoleo sería mucho más rentable para el país tomando en cuenta los 60,000,000,000 de pesos en pérdidas que se reportaron durante el último año).

2) Una apuesta arriesgada. El gobierno de López Obrador apostó a solucionar de golpe el problema del huachicoleo y sortear el descontento social en el corto plazo, con lo cual, en unos pocos meses el problema del desabasto sería olvidado y su adminsitración podría colgarse un triunfo histórico al acabar en poco tiempo con un problema creciente que se gestó en los últimos 18 años.

3) Una opinión pública favorable. A pesar de las afectaciones en 7 estados del centro del país, incluyendo la capital, (Guanajuato, Michoacán, Querétaro, Hidalgo, Estado de México, Jalisco y Ciudad de México), dos encuestas (Reforma y Massive Caller) dan un margen de aprobación del 73% a las acciones del presidente. Sin embargo, ese apoyo podría verse seriamente diezmado entre más se alargue la crisis.

4) ¿Dejar pasar la impunidad? Al inicio de la crisis, López Obrador informó que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, notificó al líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Deschamps, para notificarle que se terminaría el negocio ilícito del robo de combustible controlado por el sindicato de Pemex. Romero Deschamps solicitó un amparo que le fue negado, ante la presión creciente en su círculo cercano. El gobierno ha informado de algunos detenidos y una lista de personajes investigados por el robo de gasolinas (incluyendo al General brigadier del Estado Mayor Presidencial, Eduardo León Trauwitz). Si el descontento social sigue creciendo en las próximas semanas, sin resolver el problema de desabasto de gasolina, el gobierno de López Obrador podría dar un golpe mediático procesando a personajes de alto perfil para contener el reclamo de castigo a los culpables. Un tema en el cual habrá que esperar un tiempo para ver resultados concretos.

 

CONCLUSIÓN

El combate al robo de combustible era una medida necesaria y urgente, que el gobierno de López Obrador decidió llevar a cabo de manera decidida, con una estrategia improvisada, implementada de manera torpe, lo cual ha generado una crisis de desabasto de gasolina en el centro del país.

Una acción que representa una apuesta arriesgada para el gobierno de López Obrador: acabar con el huachicoleo de tajo o generar una nueva crisis ante el desabasto de gasolina en el intento.

Si AMLO gana, habrá evitado pérdidas multimillonarias que serán más evidentes en el largo plazo. Si pierde, saldrá debilitado ante una crisis temporal que sin embargo, no acabará con el país (como sí hicieron 30 años de políticas neoliberales).
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Los tambores anuncian ya la batalla

 

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Si algo ha quedado claro en las últimas semanas, es que ni Peña ni Calderón gobernaban México. No eran sino simples títeres de los mercados financieros internacionales, coautores de la desgracia mexicana.

Desde Carlos Salinas de Gortari, los presidentes mexicanos han sido rebajados a burdos gerentes del capital financiero, vergonzosos títeres que han permitido que los mexicanos sean rehenes de la banca trasnacional. Durante tres décadas de proyecto neoliberal, los gestores del régimen político no hicieron otra cosa que seguir al pie de la letra los postulados económicos dictados desde Washington y Wall Street, postulados que han enriquecido a los ricos a niveles grotescos a costa de los más pobres.

La desgracia de los mexicanos ha dido un jugoso negocio para el capital financiero trasnacional. Ahí están los indicadores de la creciente desigualdad, ahí está la violencia sin precedentes, la corrupción solapada por los señores del dinero.

A los grandes inversionistas les importa un carajo el bienestar de la gente. Lo han demostrado hasta el cansancio. Por eso los mercados internacionales reaccionaron favorablemente cuando con el fraude que se gestó en Brasil y provocó la llegada al poder de Bolsonaro, un Hitler brasileño.

En el caso mexicano, ya se resiente la presión de los grandes capitales. Al menor intento por regular o limitar la cruel voracidad del sector financiero, los mercados reaccionan provocando turbulencias macroeconómicas, tirando las bolsas de valores, retirando capitales y devaluando la moneda.

Son las consecuencias del proyecto neoliberal que promovió a la
Inversión extranjera como motor de un supuesto desarrollo que, lejos de cumplir con sus promesas, agudizó las condiciones de missria de millones de personas para beneficio de las élites y su insultante riqueza basada en el despojo y el exterminio. Ahí está la devastación provocada por las mineras como un palpable ejemplo de esta situación.

Mientras despojaban de sus tierras a ejidos y comunidades para beneficio de la oligarquía, los mercados fueron felices. Mientras el país se desangraba en la famosa “guerra contra el narco” ls tecnócratas celebraban la “estabilidad macroeconómica” generada por instituciones sometidas al capital financiero internacional.

Ahora que por fin llega en México un gobierno popular, como consecuencia de la catástrofe neoliberal, los mercaderes de la muerte utilizan sus instrumentos para generar caos cuando un gobierno no accede a satisfacer sus intereses y mantener sus privilegios obtenidos con la desgracia de millones.

En esto consiste la profunda crisis estructural del Estado nación y las democracias liberales, rehenes de la insaciable voracidad del capital financiero trasnacional, los señores de la banca, los grandes y omnipotentes inversionistas, dueños del mundo, responsables directos de la actual crisis global.

A pesar de sus errores, Andrés Manuel López Obrador no es responsable de la catástrofe que se avecina. Son los tecnócratas neoliberales quienes pudieron al país en la actual situación de vulnerabilidad, a disposición del capital financiero trasnacional. Los responsables tienen nombre y apellido, aunque las estructuras sociales desarrolladas por la oligarquía traten de ocultar y distorsionar la verdad.

Lo que vemos hoy en México es consecuencia de un nuevo tipo de guerra global, una guerra donde la oligarquía financierista global busca mantener intactos sus privilegios a expensas de la miseria de millones.

Y como en toda guerra, hay que elegir partido. Por supuesto, algunas pobres ovejas, víctimas de la manipulación informativa, el fanatismo exacerbado y la enajenación más soez, defenderán hasta la muerte a sus verdugos, creyendo ingenuamente que los privilegios de las élites son también los suyos.

Y habemos, en cambio, quienes elegimos defender el interés de la gente, de esas grandes mayorías expulsadas del mundo que hoy luchan por tratar de encontrar un lugar en medio de la catástrofe global. Y así hemos de asumir alegres nuestro papel terrestre en esta guerra de todos contra todos: luchando incansables contra la injusticia, la estupidez y la maldad en todas sus formas.

Que suenen los tambores y se escondan los cobardes. Aquí seguiremos dando pelea en esta continua lucha por la supervivencia.
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Disertación contra el fanatismo en redes

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Oigan, en verdad, tómense un tecito de tila para calmar los nervios. La cosa política los trae muy estresados. Pónganse a ver menos noticias en la tele y el Feis y a leer más libros si en verdad quieren entender lo que está pasando en vez de armar escándalo por todo.

Seamos claros.

Yo critico que la decisión del nuevo aeropuerto en Santa Lucía haya carecido de elementos técnicos y haya sido consecuencia de un proceso manipulado por intereses políticos. Creo que merecemos algo mejor y seguiré siendo crítico de esas cosas que considero, están mal, aunque algunos traten de justificar un turbio proceso porque logró imponerse la opción que apoyaban.

Pero de eso a la vergonzosa y alarmista campaña mediática emprendida por las cúpulas empresariales para generar pánico con la subida del dolar y la especulación financiera hay mucho trecho. Ojalá los que ahora se rasguñan la cara hubieran sido igual de críticos con las reformas, la quiebra de Pemex, el alza de los combustibles o la crisis humanitaria sin precedentes que lleva más de 250 mil asesinatos y 30 mil desparecidos. Así que no sean ridículos. No les queda.

Lo que no deja de sorprenderme es la creciente polarización y fanatismo en esta encarnizada lucha de clases a la mexicana. Algo que se refleja en los viscerales y psicóticos comentarios que abundan en redes sociales. Como violentos hinchas de futbol en un enfrentamiento entre barras bravas.

Si uno celebra que López Obrador haga algo bien, uno se convierte en un pinche chairo. Si uno critica a López Obrador por hacer algo mal, entonces uno es un tecnócrata vendido.

El fanatsimo es la antesala del autoritarismo, es ahí donde brota el germen del fascismo que se extiende por todo el planeta. Ese fanatismo imbécil del cual han surgido personajes como Donald Trump en EE.UU., Jair Bolsonaro en Brasil o las acciones terroristas financiadas por el gobierno de Arabia Saudita en Medio Oriente.

Ahí están las expresiones fascistas que vimos en México contra los migrantes centroamericanos como un vivo ejemplo de este enorme peligro que se cierne sobre el mundo.

La vida tiene MATICES y CLAROSCUROS. Pero cuando la simpatía o antipatía hacia un personaje nubla el juicio y cualquier posibilidad de tratar de comprender las motivaciones del otro, la violencia es el siguiente paso. Ahí está la polarización en Venezuela como un ejemplo de ello.

En lugar de estar tan preocupados por emitir opiniones llenas de lugares comunes, que repiten como autómatas con su sesgadísimo consumo noticioso dictado desde los centros del poder hegemónico, yo les recomendaría profundizar y leer libros o ver videos en Youtube que nos ayuden a comprender mejor qué carajos pasa. Es muy diferente el tipo de discusión que se genera cuando ambas partes tratan de descubrir algo nuevo sobre el mundo en que vivimos antes que tratar de imponer mi visión del mundo a los otros.

Yo por eso en este tipo de coyunturas no dejo de referirme al gran Ryszard Kapuscinski, el maestro, a la hora de ahondar en las raíces profundas del fanatismo:

“Si entre las muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú en un fanático”, solía decir, certero, el formidable periodista polaco.

No caigamos en la trampa.
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Diatriba antifascista a propósito de la caravana migrante

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En mis 16 años como periodista, pocas coberturas me han impactado tanto como la caravana migrante. La catástrofe es de gigantescas proporciones. Pero el hecho evidenció el racismo, la xenofobia y la estupidez de muchos mexicanos. Paradójicamente, critican a Trump por denostar a los mexicanos pero ellos hacen lo mismo con los centroamericanos. Ser pobre y luchar por no morir de hambre o acribillado es delito en estos tiempos. ¡Incluso se indignan porque los migrantes “dejan sucias” las relucientes e inmaculadas plazas públicas mexicanas por donde pasan! El fascismo es un germen muy contagioso en estos tiempos.

Pero lo más sorprendente e indignante, me parece, es la mordaza mediática. A juzgar por las noticias, pareciera que los migrantes surgieron de la nada, por generación espontánea. Nadie habla de la violencia y la carestía que trajo consigo el golpe de Estado, el fraude y la dictadura impuesta por el actual presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, con ayuda de Estados Unidos. La catástrofe hondureña no tiene resonancia ni siquiera por el éxodo masivo que ha detonado en toda la región. Los hondureños no son migrantes, son refugiados de una guerra civil que ni siquiera es guerra para los medios de comunicación.

Muchos se indignan con la situación en Venezuela, pero ni siquiera se han enterado del otro desastre que está por consumarse en Brasil, donde un fascista de mierda de nombre Jair Bolsonaro está por llegar al poder con la complacencia, sí, otra vez, de Estados Unidos y su maquinaria mediática, que se reproduce fehacientemente en países que se dicen independientes pero son en realidad colonias del imperio.

Por supuesto, eso no les indigna a los imbéciles que se sienten identificados con el neonazismo, próceres de la higiene a ultranza, ellos, con sus delirios de grandeza a la gringa, insoportablemente ignorantes, vacíos, políticamente indiferentes, seres frívolos y tristes que tratan de esconder su miseria humana odiando al otro: al pobre, al jodido, al extranjero. Por eso sueñan en secreto ser güeros y ricos como Trump, déspotas y tiranos, vulgares, inmundos, machistas que sienten placer sometiendo y sobajando a la mujer. Ese es el “progreso” de la supremacía blanca, ese anhelo que nos han metido a la fuerza en el cine y las noticias.

Pobres diablos. Tan urgidos de todo porque sólo poseen cosas materiales. Tan encerrados en sus prejuicios y sus odios. Tan ensimismados en su propia podredumbre, sin siquiera imaginar que existe un mundo allá fuera, un mundo distinto en el que viven personas que están dispuestas a caminar miles de kilómetros con niños recién nacidos entre los brazos para escapar de la miseria. ¡Y todavía los tachan de irresponsables! Lo responsable, según esta gente ilustrada y estúpida, sería quedarse en su país a buscar trabajo y resignarse a morir de hambre. Total, como “el cambio está en uno mismo”, basta con tirar la basura en su lugar para evitar que los pandilleros de la MS-13 te maten a tiros por el simple hecho de vivir en territorios bárbaros donde la única ley que vale es la ley del más fuerte.

Lo mismo pasa para quienes discuten sobre la viabilidad del nuevo Aeropuerto, sin tratar de entender una chingada, exhibiendo sus prejuicios y fantasías pueriles, como si construir un jodido aeropuerto no trajera irremediablemente consecuencias ambientales, sociales y económicas. Pero hay quienes prefieren vivir en su mundo de caramelo antes de aceptar que el mundo es en ocasiones un lugar terrible donde hay que tomar decisiones dolorosas.

Un infantilismo político, promovido dese la hiperrealidad -ese peculiar rinconcito del capitalismo y la modernidad en el cual, nada existe a menos que salga en la tele y en el Feis- que incita a la inacción política, porque “la política es mala y el poder corrompe”. Pero resulta que nadie está dispuesto a esuciarse los zapatos y ejercer el poder de manera responsable, pues es más cómodo dejarlo en manos de los tiranos o simplemente elucubrar complejas teorías de la conspiración, pero hasta ahí.

Tan podrido está todo. Pero a pesar de que en días como este a uno le dan ganas de echarse a dormir y no despertar, eso no sucederá. Mientras haya vida, habrá lucha. Y mi deber terrestre como periodista y poeta es precisamente ese: luchar contra la estupidez y la oscuridad que se esparce por el mundo en todas sus formas, luchar contra el fascismo y lo prejuicios, luchar contra el odio y la tiranía, con el único objetivo de propagar la alegría y reescribir el mundo. Así he de vivir hasta el último de mis días.

¡He dicho!
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10 puntos para tratar de entender el ataque de porros contra estudiantes de la UNAM

Tras el ataque de porros ocurrido el 3 de septiembre de 2018 en Ciudad Universitaria, cuando un grupo de estudiantes del CCH Azcapotzalco fueron agredidos por grupos de choque, hay varias cosas que llaman la atención.

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1. El ataque de porros contra estudiantes del CCH Azcapotzalco fue un atentado orquestado contra la UNAM.

2. Aunque varios señalan como responsable del ataque a Rectoría, queda claro que Enrique Graue y la dirigencia de la universidad es uno de los grupos más afectados con la crisis.

3. Sin embargo, es de resaltar la inoperancia e ineptitud de las autoridades universitarias para contener la violencia nada más y nada menos que a las afueras de Rectoría. La manera en que Teófilo Licona “El Cobra”, fue captado en medio de los disturbios sin realizar mayor esfuerzo por detener la violencia, aunado a las órdenes de no actuar por parte de las autoridades de la UNAM es un ingrediente que genera sospechas y Rectoría debe aclarar.

4. El comunicado de Rectoría, en el cual se insinúa un golpe orquestado por un grupo político para desestabilizar a la UNAM, es un mensaje entre líneas, un tanto inusual. Me llama la atención el penúltimo párrafo: “Agresiones como la sucedida esta tarde son inadmisibles, pues sólo buscan enturbiar el ambiente y desestabilizar la vida académica de esta casa de estudios”.

5. La crisis de violencia en todos los planteles de la UNAM sigue siendo un tema sin resolver que debilita a la institución y sigue haciendo crecer el malestar entre la comunidad estudiantil (lo cual es un caldo de cultivo para que grupos ajenos a la universidad puedan gestar una crisis relativamente fácil).

6. El ataque contra la UNAM se produce el mismo día en que el rector Enrique Graue se encontraba en el sexto y último informe del presidente Enrique Peña Nieto, el mismo día, en que el equipo de Andrés Manuel López Obrador decide hacer público que el exfiscal electoral Santiago Nieto (quien fue cesado del cargo tras indagar los sobornos millonarios de Odebrecht a la campaña presidencial de Peña Nieto vía Emilio Lozoya), será el encargado de perseguir el lavado de dinero, lo cual es un mensaje para Peña y sus secuaces. Llama también la atención que Obrador no tuvo actividades públicas.

7. El ataque, perpetrados por porros de tres planteles distintos (los grupos 3 de marzo, 31 de marzo y Federación de Estudiantes de Naucalpan), tienen presuntos vínculos con el PRI, de acuerdo con algunas versiones que todavía es necesario confirmar.

8. El ataque se produce exactamente un mes antes de que se cumplan 50 años de la matanza del 2 de octubre. Llama la atención que el ataque no fue perpetrado únicamente por el grupo porril de un plantel, sino de varios. Alguien está muy interesado en desestabilizar a la UNAM y al país a casi tres meses de la sucesión presidencial y el cambio de régimen que ya comenzó en el Congreso. ¿Con qué finalidad? Es algo que todavía no queda del todo claro.

9. Las permanentes disputas entre distintos grupos de poder al interior de la UNAM, es otro asunto que no debemos perder de vista. Históricamente las autoridades de la UNAM han sido priistas, y con el cambio de régimen, es posible que también estemos en presencia de movidas políticas con el fin de golpear e intentar abrir puertas con la nueva élite hegemónica. Recordemos que la presencia de Claudia Sheinbaum como parte de uno de los grupos de poder al interior de la UNAM (los llamados Güeros del Colegio Madrid), también forman parte de la ecuación. Y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), que domina este grupo, inmediatamente aprobó cerrar las instalaciones tras la asamblea que realizaron los estudiantes de dicha facultad. ¿Qué otros grupos dentro de la UNAM están aprovechando la coyuntura para patearse debajo de la mesa?

10. El cambio de régimen no será tan terso como se pensaba. Se avecina un mes de mucha movilización estudiantil en la capital del país. Alguien tuvo la intención de ir a patear el avispero y remover las aguas. A río revuelto, ganancia de pescadores. ¿Quiénes son exactamente esos grupos que preparan ya sus redes para salir de pesca? Es la pregunta importante que habrá que tratar de responder. Y para responderla hay que seguir la cola de rata: ¿quiénes manejan a los grupos porriles que orquestaron la agresión? Esa pista, si se investiga, permitirá identificar a los agresores que se esconden en la sombra.

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Crítica ficcionalista a las elecciones presidenciales de 2018 en México (y a los pejefóbicos que nunca entendieron de qué se trató la cosa)

AMLOVE

Concluye un ciclo histórico de 30 años y empieza una nueva etapa. No sabemos si mejor o peor, pero será una nueva etapa al fin y al cabo. Creo que era un paso necesario y urgente que México tenía que dar para crecer como nación. Llevábamos demasiado tiempo estancados en la misma lógica y siempre es bueno un cambio de aires para refrescar la mirada, aunque eso signifique enfrentar nuevos retos, nuevos desafíos, nuevos vicios, nuevos problemas. El cambio de hoy es muy probable que se corromperá mañana, no sabemos si dentro de tres años o dentro de cien, pero es algo que ocurrirá tarde o temprano, siempre, porque la historia es cíclica, un continuo ir y venir por territorios desconocidos, y las soluciones del ahora están construyendo desde ya los desafíos del futuro. Es la inercia de la vida. Y la política, como cualquier otro ámbito de la vida, no escapa a la dinámica de estas fuerzas fundamentales que rigen todas las cosas.

Por eso mismo, sostengo que el cambio era urgente. La vida de los pueblos como las personas, experimentan el mismo choque de fuerzas que determinan la existencia. La psicología de masas no es sino una suma de psicologías individuales que a su vez, construyen un nuevo ente más complejo, pero que en el fondo, comparten un origen común. Así como las personas somos un nivel de conciencia que surge de la cooperación ordenada de millones de células, la sociedad es también un nivel de conciencia colectiva que responde a la dinámica de las fuerzas primordiales que constituyen el universo.

Y ocurre que el desarrollo espiritual de las naciones es similar al desarrollo espiritual de las personas, el cual depende en buena medida, de enfrentar los demonios internos. Y en las naciones como en las personas, el miedo a enfrentar esos fantasmas delirantes que duermen en nuestras profundidades, suele traer consigo consecuencias trágicas. “Todo deseo contenido engendra peste”, escribió maravillosamente el poeta William Blake. Una peste que proviene del deseo insatisfecho, una necesidad de autorrealización que se ve frenada por el miedo de enfrentarnos a aquellas fuerzas que nos impiden crecer. Por ello, toda tradición mística y esotérica, es ante todo una enseñanza sobre cómo enfrentar nuestros miedos más elementales: el miedo a la muerte, el miedo al dolor, el miedo a la soledad.

No es casualidad que a lo largo de la historia de la humanidad, el mito del héroe que vence a sus demonios internos para alcanzar la armonía existencial, es una constante en cualquier cultura, de cualquier tiempo, en cualquier rincón del planeta. El héroe que en busca de sí mismo que es capaz de crear un cambio significativo en el mundo.

Esta estructura psíquica encargada de simbolizar la experiencia humana (descubierta y descrita por Jung y su concepto de arquetipo e inconsciente colectivo) están presentes en prácticamente cualquier relato, sin importar que se trate de un pasaje de la Biblia, un cuento para niños, una película de Hollywood o un drama de Shakespeare. La psique humana se articula a través de ficciones que nos permiten crear un punto de referencia a partir del cual, podemos interpretar y habitar un mundo articulado, gracias al milagro del lenguaje. No en balde, “los límites del mundo son los límites del lenguaje”, como bien señalaba Wittgenstein. De este modo, toda cultura es el resultado de un complejo proceso de intercambio de experiencias que articulan una cosmovisión, es decir, un relato fundamental a partir del cual se construyen todos los demás relatos posibles. Este relato esencial, que los antropólogos conocen como mito, no es sino un relato de ficción a través del cual, el ser humano se explica y trata de interpetar el mundo en que vive. Dicho mito, es el sustento mismo de la realidad. Es decir, que el mito es un discurso que trata de condensar la experiencia humana durante varias generaciones, para luego plasmarla en un relato capaz de explicar todas las cosas, a partir de las cuales, podemos situarnos en el mundo. Toda cultura, por lo tanto, es un cúmulo de narrativas que buscan entender las implicaciones de la existencia y la relación del ser humano con su entorno.

Para quien entiende esta relación entre vida, cultura y lenguaje, resulta sencillo comprender otros ámbitos como la ideología, es decir, un conjunto de ideas más o menos estructuradas que tratan de explicar la realidad cotidiana. Un conjunto de ideas que alude siempre al mito, a partir del cual, se construye cualquier ideología posible. En este sentido, la política, entendida como una disputa por el poder, no es sino una lucha por el control de la realidad. Una batalla que se libra a través del uso del lenguaje y la construcción de narrativas. Esto nos permite entender por qué razón no existe una diferencia significativa entre el relato de ficción y el relato histórico, ya que como bien apunta Paul Ricoeur en su libro Tiempo y narración, ambas modalidades del relato funcionan a partir de los mismos esquemas mentales que posibilitan el lenguaje. Por ello, es común que la historia, entendida como el estudio de la experiencia humana en el pasado, se construye a través de narrativas. De ahí que, cuando decimos que una persona “hace historia”, significa en el fondo que las acciones de dicha persona provocaron un cambio en la narrativa sobre la experiencia humana en el pasado. Hacer historia, por lo tanto, es cambiar el curso de la narrativa hegemónica mediante la cual, el ser humano se explica a sí mismo, a partir de la experiencia de otros seres humanos que vivieron antes que él. Por ello, el surgimiento de la historia surge como tal con la invención de la escritura, ese artificio del lenguaje que permite fijar en el tiempo y el espacio la experiencia humana a un nivel de detalle imposible de recrear a través de las finitas capacidades de la memoria humana y la tradición oral. En este sentido, no es casualidad que la historia, el derecho y el surgimiento del Estado tengan un origen común, que coincide con la invención de la escritura. De modo similar, la política entendida como un control de la realidad a través de estructuras narrativas, permite comprender la manera en que las ideologías políticas se debilitan y fortalecen con el paso del tiempo, cuando dicho relato deja de tener sentido frente a nuestra experiencia de vida. Por eso, dice Gadamer, la verdad es una afimación (o un relato) de la existencia que debe constatarse continuamente en la experiencia humana. Un discurso político deja de tener sentido (es decir, deja de ser verdadero) cuando dicha afirmación sobre la existencia deja de tener relación con mi propia experiencia de vida y mi propia interpretación del mundo. La verdad, será entonces, un relato cuya validez se otorga a partir de una experiencia de vida común entre los diversos integrantes de un grupo social. La verdad está siempre en entredicho, siempre a prueba, siempre contrastada con mi propia experiencia de vida. Las grandes verdades universales sobre la existencia humana, son aquellas afirmaciones que no pierden vigencia y siguen significando cosas para la gente a través del tiempo, sin importar la época.

Yo me di cuenta de esta situación, quizá no de manera teórica pero sí más intuitiva, cuando comencé a trabajar. Recuerdo que en mi familia y círculo social cercano, crecí con la idea imperante dentro del liberalismo económico, idea hegemónica dentro de nuestra cultura occidental, la cual sostiene que la riqueza es fruto del trabajo. Pero recuerdo que aquella frase dejó de tener un sentido para mí, cuando en mi primer empleo, yo me la pasaba trabajando durante más de ocho horas diarias, seis días a la semana, mientras apenas tenía dinero suficiente para pagar mis necesidades más elementales, al mismo tiempo que veía a otros chicos de mi edad irse de fiesta todos los días porque sus papás tenían dinero suficiente como para que sus hijos no tuvieran la necesidad de trabajar. En un sentido similar, veía a mi alrededor que un albañil, por ejemplo, podía realizar un trabajo más exhaustivo, con jornadas larguísimas de 12 o 14 horas, mientras el “patrón” podía trabajar, pero eso no incidía directamente en los niveles de acumulación de riqueza. A partir de ahí, me di cuenta de que trabajar todo el día, por sí solo, no permite acumular riqueza, sino que por el contrario, existen otros mecanismos sociales que permiten dicha acumulación. Esa intuición fue reforzada cuando, ya en la universidad, tuve la oportunidad de leer El Capital de Karl Marx, libro que no es sino un relato de cómo se genera dicha acumulación a través de la explotación y la apropiación de los medios de producción, relato que tiene mucho más sentido para mí, que el discurso liberal que siguen suelen sostener aquellos cretinos que creen que “los pobres son pobres porque no quieren trabajar”.

Lo que intento demostrar, es que nuestras ideas políticas suelen estar referidas a nuestra experiencia de vida. Y nos identificamos con determinados discursos políticos porque dichos discursos significan algo para nosotros, según nuestra propia experiencia. Pero resulta que nuestra propia experiencia de vida, es al mismo tiempo, una interpretación que pretende dar coherencia lógica y estructura narrativa a distntos hechos aislados, articulados como un todo gracias a la memoria y nuestra capacidad de estructurar relatos de vida, en función de nuestras emociones.

De ahí que cualquier ideología busca en el fondo tratar de establecer una relación causal entre mis emociones y los relatos a partir de los cuales trato de explicar el mundo. Es decir, que toda ideología es en el fondo, un relato sobre la relación entre mis emociones y las cosas que ocurren en mi entorno, es decir, un discurso que me permite explicar por qué me siento como me siente en función de la manera en que me relaciono con el mundo que me rodea. De ahí que toda retórica política tenga un sustento emotivo, más que racional, y explica también el poder del demagogo: ese parlanchín que dice lo que el pueblo quiere oír para tratar de restablecer un equilibrio anímico que ha sido trastocado de alguna manera por algún tipo de crisis que pone en peligro mi bienestar. Esto permite entender cómo es que todo discurso político busca apelar a las emociones de las masas para tratar de construir un relato en torno a las causas del bienestar y el bienestar como propósito de futuro. Y todo discurso político lleva implícitas estructuras mitológicas, como bien lo advirtió el filósofo Ernst Cassirer. Por ello, no existe un solo discurso político que no aluda al bienestar colectivo de un determinado grupo. Es decir, que todo discurso político está orientado a tratar de convencer de que una comunidad se siente como se siente, debido a una serie de causas que es necesario corregir para restablecer el bienestar perdido. Las promesas de campaña tienen este fin: tratar de persuadir sobre las formas en que, una serie de acciones encabezadas por los líderes de la comunidad (los gobernantes) habrán de estar orientadas en tratar de mantener el bienestar existente o tratar de acceder a él.

Sobre estos ejes se estructuran las ideas elementales del espectro político: la derecha como una ideología que busca mantener los mecanismos estructurales que explican el bienestar de un grupo, frente a una izquierda cuyo propósito es acceder a un bienestar que le ha sido negado. De ahí que la disputa entre la derecha y la izquierda es, en el fondo, una lucha por conservar cierto tipo de privilegios o tratar de acceder a dichos privilegios. Desde luego, las posiciones de cada polo serán determinadas en función de los intereses de cada persona. Aunque lo cierto es que, más allá de la condición material, lo que realmente importa es cómo es que cada quién construye su propia narrativa en torno al problema del bienestar. Por ello, el pensamiento de conservador de derecha, generalmente asociado a las clases privilegiadas, buscan preservar dichos privilegios emanados de las estructuras sociales, mientras que la izquierda busca acceder a una forma de bienestar que le ha sido negada, principalmente por relaciones de subordinación. Dicho de otro modo, dentro del contexto de la lucha de clases, el pensamiento conservador busca mantener sus privilegios, mientras que el pensamiento de izquierda busca acceder a un bienestar prohibido. A través de esta dicotomía y polaridad, se puede entender la razón por la cual, es posible establecer, de manera muy general, vínculos entre el pensamiento de derecha y los sectores más ricos de la población, así como un pensamiento de izquierda generalmente asociado a los sectores más pobres. De este modo, la disputa entre derecha e izquierda tiene como trasfondo la continua batalla entre ricos y pobres, o quienes se asumen partido a favor de un bando determinado. Esto explica, en buena medida, el por qué existen “pobres de derecha” y “ricos de izquierda”, pues a final de cuentas, la identidad no tiene que ver únicamente con una condición material per se, sino más bien, con la construcción de una narrativa propia. Un relato que busca relacionarse con una determinada idea de bienestar como fenómeno colectivo, que trasciende incluso la condición individual de cada persona. Es por ello, que toda ideología política, sea de izquierda o derecha, es consecuencia de una identidad colectiva que trata de satisfacer necesidades vitales o equilibrar pulsiones elementales propias de todo ser vivo, frente a una narrativa del bien común.

Es así, que la política busca en el fondo, construir narrativas en torno al problema del bienestar. Y a medida que dicha narrativa tenga una resonancia interna entre las masas, mayor será su efectividad para persuadir, convencer, manipular y controlar.

Por ello, romper esta relación de dominación implica volverse fuerte, y para ello es un requisito indispensable conocerse a uno mismo, vencer el miedo y aprender de nuestros errores, con el fin de construir narrativas que nos permitan reestablecer el equilibrio anímico a nivel individual y colectivo. Pero cuando esto no ocurre, la desgracia suele hacerse presente en la vida de los individuos y los pueblos.

Eso fue justamente lo que hemos vivido en México los últimos años: una sociedad mexicana presa del miedo que decidió votar en contra de quien representaba “un peligro para México”, según una campaña de terror orquestada desde las cúpulas empresariales y el gobierno, para infundir miedo de un cambio. Una situación que derivó en una crisis de violencia sin precedentes que suma más de 250,000 asesinatos y más de 37,000 desaparecidos en 12 años de “guerra contra el narco”. Presa del miedo, México se sumió en una profunda crisis, la cual se hizo aún más profunda con aquella timorata frase que encumbró al PRI en 2012: “mas vale malo conocido que bueno por conocer”. Al fin y al cabo, decían los aplaudidores del PRI, ellos “sí saben gobernar”. Un terror irracional al cambio cuyos ecos se mantuvieron hasta las campañas de 2018, con versiones sin ningún tipo de sustento o evidencia empírica sobre el enorme “peligro que representaba López Obrador para la economía”- Un miedo bien alimentado por rumores, campañas de terrorismo ideológico orquestadas por los bancos y los medios afines al sector financiero, que se filtraron en el imaginario de las clases medias, incapaces de interpretar los intereses ocultos tras la información divulgada en los medios.

Las consecuencias de los últimos dos sexenios, ya lo sabemos, fueron desastrosas. A tal punto, que en 2018 la inmensa mayoría de los mexicanos prefirieron correr el riesgo de convertirse en “Venezuela del Norte” antes que volver a apostar por el bipartidismo de derecha que impulsó el modelo neoliberal, que durante tres décadas devastó al país mediante políticas como las privatizaciones, la firma del TLCAN, el rescate bancario vía el Fobaproa o las llamadas reformas estructurales que incluyeron la privatización del petróleo, así como la precarización del salario y las condiciones laborales.

El PRI y el PAN son los principales responsables de que López Obrador haya ganado las elecciones con una ventaja din precedentes, aplastante, que no hubiera ocurrido si en 2006 las élites político-empresariales que mantuvieron intacto su pacto de impunidad mientras el país se desangraba, no hubieran impedido la llegada de López Obrador a la presidencia, en condiciones más acotadas que lo que ocurrió en 2018. Dicho de otro modo, si hubieran dejado pasar a López Obrador en 2006 no hubiera llegado con mayoría en el Congreso y una cantidad de votos aplastante para la elección de 2018. Hoy en cambio, no sólo se convirtió en el presidente más votado en la historia del país desde la época de la Revolución, sino que además llega con 5 gubernaturas y mayoría en las dos Cámaras. Paradojas de la historia. Una muestra de que, más allá de la política, existen otras fuerzas elementales que rigen la naturaleza y que generan un efecto contrario al que la derecha buscaba generar en un principio, cerrándole el paso a quien se había ganado la simpatía de la gente.

Por otra parte, la tenacidad y perseverancia de Obrador, aderezada con su obsesión por la historia, una moral chapada a la antigua y su afilado colmillo político, le permitieron aprender de sus errores y conformar un movimiento social incluyente que poco a poco lo fue vacunando contra los ataques de un PRIAN, fracturado por la desmedida ambición de sus integrantes, lo cual fue un factor decisivo en la contienda. Esto aún cuando persiste la animadversión clasista contra un personaje popular como Obrador, quien prefiere recorrer las plazas públicas utilizando una retórica sencilla e incluso rudimentaria, para convencer a la gente de la existencia de una “mafia del poder” que tiene secuestrada a las instituciones (lo cual es cierto) y cuyos niveles de corrupción han provocado un nivel de podredumbre generalizado.

Lo interesante aquí, es que el desastre de país en los últimos dos sexenios terminó provocando que el discurso sobre el cual se sostenía la continuidad del modelo neoliberal se derrumbara, ante la urgente necesidad de un cambio que permitiera devolver el equilibrio anímico a la colectividad. Un fenómeno que no es exclusivo de México, sino parte de un proceso histórico mucho más profundo que tiene que ver con la dinámica de la globalziación financierista y las tensiones que esto genera en Estados-nación que ven vulnerada su legitimidad frente al poderío del capital trasnacional.

“En el momento en que el Estado se ve privado de una fuerza identitaria que sostenga su difícil maniobra en el mundo de la globalización, ese Estado trata de relegitimarse volviendo a llamar a su gente, es decir, a su nación; pero esa nación, en muchos casos, ya se ha separado del Estado y cree que no está siendo representada”, refiere Manuel Castells en su ensayo Globalización e identidad. Una situación que explica el resurgimiento de líderes nacionalsitas en todo el mundo que aparecen como alternativa a los estragos de una modelo globalizador basado en la movilidad del capital financiero, que ha devastado comunidades y territorios enteros mediante negocios multimillonarios que son incapaces de satisfacer la insaciable ambición de una pequeña élite a expensas del sufrimiento de millones de personas que se ven obligadas a migrar de sus territorios para ganarse la vida en las ciudades donde se concentra la mayor parte de la riqueza global. Un fenómeno migratorio de gran escala que a su vez, socava la cohesión cultural a través de la cual se sostiene la idea del Estado-nación, lo cual provoca una fractura al interior de las grandes urbes que se convierten en espacios de confrontación entre grupos étnicos, religiosos y multiculturales, muchas veces antagónicos entre sí.

Una situación que ocurre actualmente en México, con el fenómeno migratorio hacia Estados Unidos, la devastación ambiental y social ocasionada en comunidades y pueblos a manos de empresas extractivas protegidas por gobiernos neoliberales que han renunciado a su facultad de proteger a sus ciudadanos, con el pretexto de atraer inversión extranjera, siempre dispuesta a generar riqueza mediante el despojo, la explotación y empleos mal pagados. Una situación que fue evidenciada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional desde la fase inicial del proyecto neoliberal en México y que se fue propagando por todo el país a lo largo de los años, junto a múltiples evidencias del fracaso de la apertura económica a varios niveles.

¿Qué ocurrió entonces? Lo que siempre ocurre en la política. El discurso de López Obrador ofreció una explicación cada vez más convincente de la realidad nacional, lo cual le abrió las puertas del triunfo. Cuando Andrés Manuel afirmaba que el PRIAN era lo mismo, las alianzas entre Diego Fernández de Cevallos y Carlos Salinas de Gortari o los continuos guiños de Vicente Fox con Peña Nieto, siempre con la tecnocracia neoliberal como vaso comunicante entre priistas y panistas, terminó dando razón al tabasqueño en torno a la existencia de una “mafia del poder”, cada vez más obscena y evidente.

Una alianza histórica que, sin embargo, fue dinamitada por un impetuoso Ricardo Anaya que, en aras de su ambición presidencial, provocó una ruptura profunda con el PRI, tras la reunión secreta que sostuvo con Peña en Los Pinos el 20 de enero de 2017 en el contexto de la elección a la gubernatura del Estado de México, en la que supuestamente ambos habrían pactado algo que el líder panista terminó por “traicionar”, según han señalado los cercanos de Peña. Pero esta no fue la única fisura provocada por Anaya, quien utilizó la dirigencia nacional del PAN para apoderarse del partido e impulsar su candidatura presidencial con un alto costo político para la militancia blanquiazul: la fractura y rompimiento con el grupo de Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala, lo cual derivó una disputa interna que se mantiene vigente y le pasará factura al joven queretano tras la elección de 2018. No en balde, las cifras muestran que con todo y las alianzas del PAN con PRD y MC, la de Anaya fue la peor votación para un candidato presidencial panista del que se tenga registro en la historia reciente, desde la llamada transición democrática. Por si fuera poco, Anaya construyó una alianza antinatura con el PRD, sí, el mismo partido que surgió como consecuecia del pacto entre PRI y PAN tras el fraude de 1988, situación que en una de esas peculiares paradojas de la historia, terminó arrastrando a su mayor debacle electoral desde el inicio de la alternancia y sepultando al PRD, reducido a un partido satélite luego de haber tenido posibilidades reales de acceder al poder. De este modo, Anaya cometió tres errores clave que dinamitaron la cohesión histórica de la tecnorcracia neoliberal de derecha que sostuvo la hegemonía del PRIAN durante tres décadas.

Ante un escenario así, era más que entendible que un discurso antisistema como el de López Obrador tuviera cada vez más resonancia entre un número creciente de damnificados por los estragos del neoliberalismo, tal como quedó de manifiesto con el gasolinazo, derivado de la reforma energética aprobada por el PRI y el PAN. De este modo, la retórica lopezobradorista se convirtió en la única alternativa viable, ante la notable ausencia de otros discursos antisistema con la fuerza necesaria para satisfacer esa necesidad, razón por la cual, más allá de los aciertos del tabasqueño, la retórica neoliberal aunada a los altos índices de violencia y corrupción, derivados de intentos desesperados por retener un poder decadente y cuestionado por la vía del fraude electoral, como ocurrió en 2006 y 2012, terminó por derrumbar al PRI y al PAN en 2018, convirtiendo a Morena en un movimiento social emergente con posibilidades de construirse como partido hegemónico en un futuro no muy lejano, generando así un cambio de régimen, entendido como el conjunto de instituciones que regulan y administran el poder político.

Por supuesto, la inmensa mayoría de los críticos de López Obrador a lo largo de las campañas electorales ni siquiera se percataron de la enorme trascendencia histórica que encerraban las elecciones de 2018, en buena medida, por la dinámica con que operan los grandes medios de comunicación y la industrialización del internet, que ha convertido cualquier acontecimiento en un espectáculo propio de la sociedad del consumo, a expensas de la reflexión y una búsqueda profunda de la verdad.

De este modo, los sectores conservadores asustados de perder sus privilegios frente a un proyecto político como el de López Obrador -que busca priorizar a los más pobres con el fin de contrarrestar los desequilibrios generados por el mercado frente a un Estado débil- fueron burdamente manipulados por los intereses de las cúpulas empresariales que se han enriquecido de manera indignante mientras la brecha entre ricos y pobres en México se vuelve cada vez más amplia, reavivando los temores de masas desinformadas que, sin conocer a fondo la situación de Venezuela, afirmaban una y otra vez, similitudes inexistentes entre el régimen chavista y el proyecto lopezobradorista.

Estas son las implicaciones de fondo de la elección presidencial de 2018, las cuales pasaron prácticamente inadvertidas por el grueso de la población, felizmente enajenada con muchos memes y críticas chafas que evidenciaron también la crisis al interior de la comentocracia mexicana, alimentada por el régimen neoliberal y con fuerte presencia en los grandes medios de comunicación, cuyos argumentos fueron perdiendo fuerza ante la incapacidad intelectual de las élites para reinterpretar el momento político y social por el que atraviesa México.

En conclusión, considero que el paso que dimos los mexicanos con el arribo de un líder popular, proveniente de movimientos sociales como López Obrador, no sólo resultaba necesario, sino urgente, dado el nivel de descomposición social por el que atraviesa el país.

Sin embargo, no soy ingenuo, y desde luego entiendo que el nuevo régimen traerá consigo una serie de riesgos, favoreciendo a unos y perjudicando a otros, como ocurre con cualquier otro régimen político, pero me parece que el llamado a la reconciliación nacional, proviniendo de un personaje como López Obrador, puede ayudar a México pasar a otra etapa histórica. Un acontecimiento que, como bien escribió Jorge Volpi en un artículo reciente publicado en Reforma, representa una enorme oportunidad para que los mexicanos aprendamos de nuestros errores, enfrentemos nuestros miedos y estemos dispuestos a seguir nuestro camino en un nuevo periodo histórico. Una oportunidad que implica abrir muchas puertas y ventanas que durante mucho tiempo estuvieron cerradas. Pero una cosa es abrir la puerta y otra muy diferente, cruzarla.

No sabemos qué traerá consigo este cambio, pero vale la pena correr el riesgo e intentarlo. En una de esas, no sabemos, quizá el país pueda mejorar un poco en algunos aspectos fundamentales, lo cual sería ya, un pequeño avance, aunque sabemos que siempre habrá grupos inconformes, tal como ocurrió con buena parte de los gobiernos de izquierda que gobernaron en países de Sudamérica durante las primeras dos décadas del siglo XXI. Gobiernos de izquierda que, pese a sus innegables avances en ámbitos como el combate a la pobreza, han tenido muchos problemas para mantener el poder frente a una derecha rapaz protegida por los medios de comunicación afines a las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos y Gran Bretaña, las dos principales sedes del capital financiero trasnacional.

De este modo, confío en que López Obrador hará lo que esté a su alcance para remediar los males que aquejan al país, toda vez que su obsesión histórica y su condición de líder de un movimiento social auténtico, de base, lo hacen un personaje adecuado para encarar en reto. Mucho más adeucado, sin duda alguna, que los tecnócratas “avalados” con sus títulos obtenidos en universidades extranjeras, quienes provocaron la devastación de un país inmensamente rico en posibilidades como lo es México.

La magnitud del cambio histórico que traerá consigo el cambio de régimen es digno de analizarse, discutirse y reflexionarse. En lugar de quejarse amargamente, los pejefóbicos deberían cuestionarse qué fue lo que ocurrió para que un personaje como López Obrador lograra llegar a la presidencia de México en su tercer intento. Quizá entonces, puedan mirar hacia adentro, ser autocríticos y aprender algo en el camino.

La historia, como todo relato de ficción, es un cuento en permanente cambio. Un cuento cuyo sentido depende de su capacidad para apelar a las emociones y las más profundas necesidades humanas- Un cuento que en política, simplifica estos aspectos en la idea del bienestar.

Si bien el regreso del nacionalismo revolucionario remasterizado es preferible a la continuidad de un neoliberalismo fracasado, me parece urgente que los mexicanos comencemos a buscar alternativas para construir otro futuro posible, inventar un nuevo cuento que nos permita redefinir el papel del ser humano y su relación con el mundo, un cuento que cuestione y ponga en duda todos los saberes, un cuento que nos permita reconciliarnos con todos los seres que pueblan el planeta, un cuento que nos permita celebrar nuestras muchas diferencias, un cuento capaz de reescribir la historia misma de la humanidad. Esto, o seguir siendo rehenes de narrativas caducas.

Porque la vida es cuento y la realidad es ficción.

¡Salud!
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Crítica a las opiniones simplonas de la clase media mexicana a escasas horas de una elección histórica

Elecciones 2018: El elector volátil decidirá al próximo presidente

A un día de las elecciones, todos tienen una opinión. Y yo no dejo de sorprenderme de lo limitado de muchas “opiniones” que no hacen sino repetir los discursos de las élites que se difunden con virulencia en los medios.

Se nota que no hay el mínimo esfuerzo por pensar tantito, el mínimo esfuerzo por indagar y tratar de comprender lo que ocurre a nuestro alrededor.

Borges decía que el problema con la democracia es que se trataba de “un lamentable abuso de la estadística”. ¿Cómo puede saber la gente, o bajo qué criterios, puede determinar la masa quién es el mejor gobernante? ¿Con la mierda que ven en a diario en la tele?

Interpretar el mundo en que vivimos requiere un esfuerzo para tratar de comprender más allá de las apariencias. Algo para lo cual, es muy útil saber un poco de varios temas: historia, filosofía, literatura, economía, arte, ser curioso, leer, viajar, hablar con gente diferente a la que abunda en nuestro círculo social más inmediato, tratar de establecer empatía con otros muy diversos.

Me da risa cómo la gente construye sus “opiniones” a través de prejuicios y un criterio limitadísimo que no hace sino generar más confusión. Lo cual es muy útil para que el poder hegemónico manipule fácilmente a #LaBorregada, a través de verdades a medias que suelen mezclar con burdas mentiras, que la masa idiota acepta sin chistar o poner en tela de duda.

Después de años y años de trabajar en medios de comunicación, he visto muchos ejemplos de cómo funciona este proceso y cómo se repiten siempre los mismos patrones. Me parece lamentable que muchos amigos y familiares a quienes les platico de estas cosas prefieran creerle a “periodistas” vendidos, por el simple hecho de que salen en la tele, como si eso los hiciera más creíbles en comparación a uno, que se ha recorrido el país hablando con la gente y contando sus historias, uno que se la pasa investigando, cuestionándolo todo, viviendo en carne propia acontecimientos históricos y conversando de viva voz con los protagonistas de la vida nacional. Es más fácil creer las idioteces de un “Youtuber” fabricado en la deleznable industria del escándalo y la vanidad, que creerle a aquellos que han arriesgado su vida para tratar de contar la verdad.

Esas son las coordenadas mediante las cuales la inmensa mayoría de la gente construye sus “opiniones”. Y luego nos sorprendemos de tanto cretino suelto por ahí.

Sus esquemas mentales sorprenden por su sencillez tan elemental, frente a un mundo cada vez más complejo. AMLO=Venezuela. Una simple ecuación con la que intentan justificar sus traumas clasistas: el hecho de que un gobernante no se apegue al estereotipo elitista y oligárquico que contradice cualquier principio democrático. Pensar la política mexicana mediante el eslogan de un publicista. Vaya estrupidez. Como si la Venezuela chavista fuera el único espejo posible para comparar la realidad mexicana. Lo peor es que el desafortunado símil ha sido repetido hasta el cansancio por gente que no sabe un carajo de Venezuela o Cuba, menos aún de muchos otros casos cercanos como los de Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Nicaragua, Honduras, El Salvador o Guatemala. Ya ni hablar de lo que ocurre en Asia, Europa, Medio Oriente, África. La realidad de esos países no figura en ningún caso comparativo en las críticas simplonas que suelen realizar los tristísimos representantes de #LaBorregada. Ya ni para qué hablar de otros espejos más profundos que nos podrían ayudar a entender la realidad compleja en la que estamos inmersos: del neoliberalismo a 500 años de colonialismo, las raíces del capitalismo, el surgimiento del Estado o el lenguaje como una manifestación de las relaciones de poder. Temas demasiado sofisticados para mentes sencillas en busca de respuestas fáciles que les permitan justificar sus filias y sus fobias, gente rudimentaria que ni siquiera sabe leer un periódico. Así son los opinadores multitudinarios que abundan en Facebook y redes sociales en la era de la posverdad.

Otro especímen peculiar en estos tiempos de campañas son aquellos que cómodamente dicen, “¡todos los políticos son lo mismo!”, como una vía para justificar su pasividad. Desde luego, si uno hace análisis superficiales y simplones, uno se vuelve incapaz de percibir matices, relieves, sabores y otras muchas cualidades que conforman este mundo complejo y fascinante. Piensan con plastas y una paleta de colores muy limitada, esquemas poco detallados que evidencian un pensamiento simplón e insoportablemente convencional, una calca de las ideas de los demás.

Entre estos próceres del pensamiento simple y lineal, abundan muchos universitarios, tristemente, lo cual hace a uno cuestionarse lo jodido de un modelo educativo que educa para la obediencia y premia la mediocridad. Quizá por ello, a estas alturas de mi vida no me sorprende, pero no deja de parecerme fascinante, haber conocido campesinos que con apenas la educación primaria terminada tienen una conciencia política mucho más sólida, crítica y profunda que muchos académicos con doctorado, egresados de universidades extranjeras.

Me acaba de suceder hace poco, cuando viajé a un pequeño poblado en Zacatecas, devastado por una minera del multimillonario Carlos Slim, y tuve la oportunidad de platicar con don Roberto, un viejo que entiende muy bien el mundo en que vive y lucha por cambiarlo. En contraparte, hace unos meses fui a platicar con un famoso comentócrata que aparece en la tele y escribe en los periódicos, para entrevistarlo en su lujosa residencia de Bosques de las Lomas, su pequeño feudo a partir del que articula su limitadísima visión del mundo, misma que se propaga en las débiles mentes de los autómatas, quienes se maravillan con títulos nobiliarios por la pura güeva que provoca pensar por uno mismo. Al salir de la casa de este comentócrata, me quedó la sensación de que el sesudo analista no entendía cosas elementales sobre cómo funciona el mundo de allá afuera, lejos de su burbuja llena de comodidades y privilegios.

Lo divertido es que estos cretinos opinan y forman “opinión” entre las masas desinformadas, esa gente chiquita que será siempre sometida a los intereses del abusivo en turno, sin siquiera percatarse de ello.

Aprender es darse cuenta. Y para darse cuenta es necesario estar atento, afilar los sentidos, expandir la mente.

“La peor visión del mundo, de todas las visiones del mundo posibles, es aquella que nunca vio el mundo”, escribió alguna vez Alexander Von Humboldt. Tenía razón.

No hay forma de salir de la confusión sin indagar por nuestra propia cuenta aquellos vínculos secretos que nos permiten comprender el origen de todas las cosas, esa relación misteriosa que nos permite conectarnos con el mundo, esas conexiones mágicas que habitan en nuestro interior.

Mañana son las elecciones del 1 de julio de 2018 y se perfila para ser un día histórico, un día de fiesta, aunque muchos mexicanos cegados por el miedo y la ignorancia que han cultivado asiduamente durante muchos años, ni siquiera se han dado cuenta. Viven presas del miedo que les han inyectado desde los grandes medios de comunicación, esas enormes maquinarias de consumo que son empresas y, como tales, su finalidad es el lucro en lugar de promover el pensamiento crítico, medios basura que no son otra cosa sino eficaces instrumentos de control al servicio del poder hegemónico.

Pobrecillos. Mañana será un día de fiesta y ellos tan ensismados en sus miedos, en sus diminutos problemas, extraviados en su individualidad viciosa que los hace desentenderse de lo colectivo, esa verbena de lo diverso, tan alejados del mundo que aparece tras su ventana, sin siquiera tratar de asimilar las enormes posibilidades que ofrece la condición humana.

Desde luego, habrá que estar atentos para no permitir un nuevo despojo, una nueva trampa, un nuevo saqueo, una nueva afrenta contra la voluntad popular. Ninguna fiesta, ninguna victoria, es eterna. Así en la política como en los otros muchos ámbitos que conforman la existencia humana.

La vida es aprender a caer y levantarse, aprender de nuestros errores y nunca dejar de luchar.

Y así habremos de seguir luchando tras celebrar lo que se perfila como un día de fiesta para los mexicanos, con unas elecciones históricas que marcarán el ocaso de un neoliberalismo voraz que ha destruido al país. Mañana México escribirá una nueva historia.
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Poder: la voluntad de vivir como principio fundamental de las relaciones humanas

Perseo

Poder es la capacidad de imponer la voluntad de uno sobre otro. Es la realización del deseo personal frente al deseo del otro. De ahí que el ejercicio del poder pueda manifestarse de muchas formas: desde la fuerza física hasta la persuasión, carisma, conocimiento. Poder es la capacidad de convertir la voluntad personal en la voluntad del otro, a través de la coacción física, el convencimiento o la seducción. Poder es la capacidad de satisfacer el deseo personal a través del deseo del otro, o a pesar del deseo del otro.

El deseo es la raíz del poder, toda vez que nuestra condición de seres vivos nos vuelve seres con necesidades que buscamos satisfacer permanentemente. Y es en la lucha por la realización de dichos deseos, que el poder se manifiesta en la vida cotidiana de todo ser. Esto permite entender al poder como una capacidad propia de todo ser vivo para satisfacer sus necesidades dentro de un entorno marcado por las necesidades de otros. Poder es disputa y comunión, la capacidad de materializar nuestros sueños.

El poderoso es aquel que satisface su necesidad y su apetencia, un ejercicio a través del cual, todo ser busca sentirse bien para seguir viviendo. Poder es voluntad de vivir. El poderoso vive mientras otros mueren, pero también, es aquel capaz de sobreponerse al temor de la muerte en pos de un bien superior que da sentido a la vida misma. Poder es la afirmación de la vida sobre la muerte. Por ello, el poderoso es aquel capaz de vivir y seguir viviendo más allá de los confines de la muerte, es aquel capaz de trascender a la muerte. Poder es la voluntad de vivir a pesar del peligro mortal que esto conlleva. Poderoso es el que sobrepone a la adversidad, los obstáculos que enfrenta todo ser vivo para seguir viviendo. Poder es sinónimo de vida, y por lo tanto, una condición elemental de todo ser vivo. Poder es la manifestación del deseo vital.

El poder como ejercicio, puede convertirse en una técnica capaz de ser transmitida de generación en generación. Cada familia o grupo humano, transmite a su descendencia un conocimiento específico sobre cómo ejercer el poder. El poder, al igual que ocurre con cualquier fuerza física en el ámbito de la mecánica clásica, tiende a mantenerse a lo largo del tiempo a menos que exista una fuerza mayor capaz de contrarrestar la fuerza inercial.

Esto permite entender también al poder como una cultura, un conjunto de reglas, mecanismos y procedimientos que se despliegan simbólicamente en la imaginación humana, como una forma de satisfacer el deseo personal en un mundo caótico donde impera el continuo choque de los deseos.

Y es precisamente en el seno de la vida familiar que el poder se manifiesta por primera vez, a través de los padres, que representan la figura de poder por excelencia en la psique profunda de todo individuo y cuya finalidad, es garantizar la supervivencia de su descendencia. En general, los padres buscan el bienestar de sus hijos como una manera de sentirse bien consigo mismos y también garantizar su propia supervivencia. Es por ello que al ejercer el poder sobre sus hijos, los padres transmiten también un conocimiento específico de cómo ejercer el poder mediante diversas formas. El poder se vuelve entonces, parte de una tradición familiar que busca garantizar la supervivencia del clan, la supervivencia del grupo al cual se pertenece frente al peligro que encierran otros grupos sociales que buscan también satisfacer sus propios deseos.

Esto explica el origen mismo de las primeras sociedades primitivas, donde las relaciones de parentesco, constituían la base de las estructuras de poder, y posteriormente, las bases mismas de la civilización. De ahí que el linaje constituya una de las más esenciales formas de constituir el poder en términos sociales. La descendencia de un ser humano poderoso implica que sus sucesores recibirán también un conocimiento esencial sobre cómo ejercer el poder. Esto explica la existencia de familias fuertes capaces de someter a familias débiles que a su vez crean sus propias formas culturales de resistir al poderío de otros.

Sin embargo, esta correlación de fuerzas es siempre dinámica y se encuentra en constante cambio: al igual que ocurre con los individuos, existen familias fuertes que se debilitan, y existen también familias débiles que se vuelven fuertes con el paso del tiempo. Esta dinámica de las fuerzas sociales, explica el desarrollo mismo de la historia humana, entendida como un continuo choque de fuerzas.

De ahí que toda revolución implique siempre un estallido donde el abuso de unos sobre otros se vuelve insostenible, una lucha donde los sometidos pierden el miedo a la muerte para luchar por su propia supervivencia frente a los aparatos de control impuestos por las élites que detentan el poder político y el control de las instituciones. Toda revolución es una colisión de voluntades, es el deseo de vivir que se manifiesta en lo político, entendiendo lo político como ese continuo choque de deseos que se manifiesta en todo grupo social.

Pero como bien señalé al principio, el ejercicio del poder no se da sólo como una imposición, sino que puede ejercerse también de manera seductora: carismática y persuasiva. Esto explica en buena medida, el uso de la sexualidad como un mecanismo de control y poder. Pero también explica la manera en que se constituye la legitimidad como un ejercicio benéfico del poder al interior de cualquier grupo social.

La legitimidad es el reconocimiento de la voluntad del otro, el reconocimiento de la fuerza del poderoso, el principio esencial de toda autoridad verdadera. Legitimidad es reconocer una fuerza de voluntad superior en el otro, un fenómeno que lo mismo despierta admiración o fascinación, como manifestación del deseo vital del poderoso. El deseo del otro se convierte así en el deseo propio. De este modo, la voluntad del poderoso como seducción, refleja siempre la voluntad secreta del otro, un deseo reprimido que busca manifestarse en la fuerza del otro. Por ello, el liderazgo auténtico se produce cuando una masa crítica reconoce la autoridad y la fuerza del poderoso.

Si el grupo no reconoce la autoridad y la fuerza de un supuesto líder, su poder sobre los otros se verá cuestionado y debilitado. Esto explica por qué al igual que ocurre en las familias, la tribu, las empresas o la política, los verdaderos líderes son aquellos personajes capaces de afirmar su autoridad a través de una voluntad fuerte, capaz de resonar en la voluntad de los otros. De este modo, la atracción que ejerce un verdadero líder sobre los otros, reafirma su autoridad sobre los demás.

Los liderazgos débiles, en cambio, suele generar problemas al interior de cualquier grupo social, al propiciar luchas descarnadas por conquistar la voluntad de los otros para satisfacer la voluntad personal. Una disputa en la cual, la ausencia de liderazgos —es decir, la ausencia de voluntades lo suficientemente fuertes para cautivar a los demás— buscará ser compensada por otras vías de ejercer el poder.

Esto explica el por qué, los gobiernos tiranos se ven obligados a utilizar la fuerza como forma de someter a otros que no reconocen su legítima autoridad a favor del bien común. Los gobiernos débiles engendran peste, al ser una expresión del deseo insatisfecho de las masas, un deseo reprimido que genera malestar y descontento.

En cambio, la autoridad legítima propicia el orden social y el florecimiento de las relaciones humanas, al ser una proyección profunda del deseo colectivo realizado, situación que genera bienestar. Por ello los grandes líderes de la historia son catalizadores sociales que permiten expresar los deseos profundos de la gente. Un gobierno legítimo es la manifestación de la voluntad popular.

El poder es entonces, una forma de vivir, la manera de ejercer una voluntad de vivir que lo mismo genera fascinación u hostilidad en los otros. El poder es la realización del deseo personal que interactúa con el deseo de los otros, un choque de voluntades que puede engendrar vida o engendrar muerte. Poder es la capacidad de despertar la conciencia o sepultar la ira de los demás, es la realización de un sueño, el anhelo de la felicidad como destino último de la existencia.

Poder es llevar a cabo la utopía de la realización personal, la voluntad de vida que logra imponerse a los muchos peligros de un entorno caótico, la fascinación que inspira a los demás en la persecución del bienestar.

Poder es la posibilidad de derramar nuestros sueños sobre el mundo.

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Apuntes de Masa y poder de Elías Canetti

Otro de los textos rescatados del archivo, de los años de colegial. Un resumen del libro Masa y poder, en el cual, Elías Canetti analiza el fenómeno de las masas desde una perspectiva de la antropología filosófica. Aquí un resumen con algunas definiciones para entender ese extraño y peculiar fenómeno que es el poder de las masas.

Canetti

Inversión del hombre de ser tocado

Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido. Solamente inmerso en la masa el hombre puede librarse del temor de ser tocado. En masa, el hombre pierde ese temor, busca la densidad, se siente seguro.

 

Cuatro características esenciales de la masa.

La masa siempre quiere crecer. La compulsión a crecer es la primera y suprema característica de la masa.

La masa unifica: todos son iguales en ella. En el interior de la masa reina la igualdad.

La masa ama la densidad.

La masa necesita una dirección.

 

Otras características

Posee una descarga, un objetivo común.

El ataque desde fuera solo puede fortalecer a la masa. Físicamente separados, sus miembros tienden a juntarse con más fuerza. En cambio, el ataque desde dentro es peligroso de verdad.

 

Masa abierta

Su crecimiento no tiene límites prefijados. La masa abierta existirá mientras siga creciendo. Su desintegración empieza en cuanto deja de crecer.

 

Masa Cerrada

Busca establecerse, creando su propio espacio al limitarse. El límite impide un crecimiento incontrolado, pero dificulta y retarda la desintegración. Lo que gana en estabilidad, sacrifica en posibilidad de crecimiento.

 

La descarga

El fenómeno más importante que se produce al interior de la masa es la descarga. Antes de ella, la masa no existe propiamente: solo la descarga la constituye de verdad. En el instante que todos forman parte de ella se deshacen de sus diferencias y se sienten iguales. La descarga es el objetivo para el cual se formó la masa.

 

Estallido

Repentina transición de una masa cerrada a una abierta.

 

Domesticación de las masas

La dirección se convierte en lo más importante. Cuanto más lejana la meta, más posibilidades tiene de perdurar, tal como ocurre en las religiones.

 

Pánico

El pánico es una desintegración de la masa dentro de la masa. El individuo quiere abandonarla y escapar de ella, que está amenazada en cuanto a su totalidad. Pero como aún se halla físicamente en su interior, debe arremeter contra ella.

 

Ritmo

En la masa rítmica densidad e igualdad coinciden desde el principio. Todo en ella depende del movimiento.

 

Retención

La masa retenida es compacta, cualquier movimiento libre le resultaría del todo imposible. La masa retenida espera.

 

La masa invisible

La percepción de que existe una masa más allá de la existencia, tal como los muertos o las generaciones que aún no han nacido.

 

 

Clasificación según la dominante afectiva

  1. Masa de acoso – se constituye teniendo como finalidad la consecución rápida de un objetivo. Este es conocido y señalado con precisión, se encuentra próximo.
  2. Masa de fuga – se genera por una amenaza. Es propio de ella que todos huyan y arrastren todo en su huída. El peligro que amenaza es el mismo para todos.
  3. Masa de prohibición – Cuando muchos resuelven no seguir haciendo lo que hasta ese momento hacían individualmente. La prohibición es repentina, ellos mismos se la imponen. El mejor ejemplo es una huelga.
  4. Masa de inversión- Las revoluciones son el ejemplo típico de cuando los que durante tanto tiempo permanecieron indefensos, enseñan los dientes. Su número compensa la falta de experiencia o maldad.
  5. Masa festiva – Hay gran abundancia en un espacio limitado y todos los que se mueven en él pueden participar de lo que haya. La fiesta es la meta. La vida y el placer estarán asegurados mientras dure la fiesta.

 

Cristales de masas

Pequeños y rígidos grupos humanos, bien delimitados y de gran estabilidad, que sirven para desencadenar la formación de masas.

 

La muta

Unidad previa a los cristales de masa y a la masa. Su principal característica es que no puede crecer, pero lo desea. Este fenómeno se da en tribus. En ella, crecimiento y densidad son características representadas, igualdad y dirección sí existen. Aunque circunstancias adversas la obliguen a dividirse, la muta a diferencia de la masa, siempre volverá a reunirse.

 

Las entrañas del poder

“Quien quiera dominar seres humanos intentará rebajarlos, privarlos arteramente de su resistencia y sus derechos hasta tenerlos impotentes a sus pies, como animales (…) Su objetivo será siempre succionarlos y digerirlos. Le es indiferente lo que de ellos quede”.

 

Agarrar e incorporar

La mano y la psicología del comer

 

El superviviente

El momento de sobrevivir es el momento del poder. El espanto ante la visión de la muerte se disuelve en la satisfacción de no ser uno mismo el muerto. Todas las aspiraciones del hombre a la inmortalidad contienen algo del ansia de sobrevivir. El que sobrevive, siempre será sinónimo de poder, pues representará ciertas características que lo hacen más fuerte, más apto que los demás. Le da superioridad. Por ello, la aversión de los poderosos hacia los supervivientes.

 

Elementos del poder

Fuerza y poder

A diferencia de la fuerza, el poder supone cierta expansión, más espacio y más tiempo. Poder es la capacidad de administrar la fuerza. (Ejemplo del gato y el ratón).

 

Velocidad

Toda velocidad forma parte del ámbito del poder, la velocidad física como propiedad del poder.

 

Pregunta y respuesta

Toda pregunta tiene condicionada una orden de respuesta. El que interroga ejerce poder sobre el otro.

 

El secreto

Se halla en la médula misma del poder. El acto de acechar a la presa es mantener un secreto de los movimientos a seguir. Se utiliza la sorpresa, lo inesperado como arma.

 

Sentenciar y enjuiciar

El que juzga, ejerce poder sobre el otro. Al rebajar nos encumbramos. El juez separa qué es bueno y malo.

 

El poder del perdón y la gracia

El que concede perdón sobre el otro, ejerce poder. Un buen ejemplo de esto es la Iglesia católica y el perdón de los pecados.

 

La orden

Es el poder de ejercer la voluntad propia sobre el otro, de manera directa o indirecta.

 

 

Metamorfosis

La metamorfosis de la masa es una propiedad que por medio de una ilusión, fantasía o mito, ejerce poder sobre el otro. Un ejemplo de esto es la esclavitud, en la que el hecho de que un hombre se perciba como propiedad de otro, ya es un indicio de que se está ejerciendo poder sobre él.

 

 

Sobre las posiciones del hombre que contienen poder

 

Estar de pie

Se funda en la necesidad de ser libre y no necesitar ningún tipo de apoyo.

 

Estar sentado

El hombre se procura la ayuda de piernas ajenas a las suyas, a las que ha renunciado momentáneamente, para sostenerse.

 

Yacer

Para el hombre yacer es como deponer las armas. El yacente quiere desprenderse de su entorno, además de que incorporarse bruscamente siempre resulta seductor, estar de lo más bajo a lo más alto en un instante.

 

Acuclillarse

Pone de manifiesto la ausencia de necesidades sin replegarse sobre si mismo, luce tranquilo.

 

Arrodillarse

Hay que interpretar este movimiento como el hecho de pedir gracia.

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Pactos de sangre: la política como lucha de clanes

La familia es el núcleo del poder político. Permite acumular capital, en forma de bienes, pero también conocimiento, a través de la cultura. Por ello, no es casualidad que un grupo pequeño de familias pueda permanecer siglos en el poder político, tal como lo han demostrado las grandes dinastías, desde los Ming, los Habsburgo o los Borbón, entre muchas otras. En esto consiste en esencia, el verdadero Juego de Tronos que es la política, tan fielmente retratado en la obra de George R. Martin.

Aunque las revoluciones burguesas cambiaron las reglas del sistema de gobierno a partir del cual se justifica el poder, el sistema dinástico se mantiene intacto en lo fundamental, tal como puede constatarse con las familias que se mantienen durante siglos encumbradas dentro de la clase política, aún cuando la reformulación del acuerdo político moderno como consecuencia de la construcción del Estado-nación, implica una rotación en los cargos que detentan el poder, concepto fundamental de las llamadas democracias liberales emanadas del siglo XVIII. Sin embargo, los vínculos de sangre siguen jugando un papel central en la ecuación del poder político, y para muestra, basta citar el reinado de los Bush en Estados Unidos, o la manera en que ciertos expresidentes buscan regresar al poder a través de sus hijos, esposas o parientes cercanos.

De este modo, la política se reduce a una disputa entre clanes, que al igual que ocurre desde tiempos remotos, utilizan el poder de la sangre para reafirmar su poderío por encima de otros. La raíz para entender esta disputa, se remonta a la lucha entre familias fuertes tratando de dominar a familias débiles. Esta disputa trae como consecuencia la lucha de clases, que no es sino un grupo de familias o clanes en contra de otras familias y clanes fragmentados. Una disputa en que el uso de las armas y la riqueza, pero sobre todo el lenguaje como medio de control de la realidad (incluida la religión y cualquier otra forma de ideología), juega un papel fundamental para explicar la dominación de un grupo sobre otro. Esto permite entender cómo en un primer momento la fuerza física de un líder guerrero podía implicar un poderío mayor dentro de la tribu, tal como ocurría en sociedades primitivas. Sin embargo, la necesidad de realizar alianzas con otros grupos para garantizar la superviviencia del clan, fue un factor determinante para que la fuerza física fuera gradualmente sustituida por otros atributos, como la capacidad de negociación, la inteligencia para prever escenarios y otro tipo de cualidades propios de un auténtico animal político.

De este modo, la supervivencia del clan se basa en la capacidad de establecer acuerdos de sangre con otros clanes. Y este acuerdo de sangre se da a través del matrimonio y la procreación. De ahí que “provenir de buena familia”, implica acceder a los privilegios que el clan ha acumulado a lo largo de generaciones. Por ello, la hegemonía de una clase social sobre otra, se basa en un tipo de “selección natural de segundo orden”, donde además del factor genético, existen otros atributos a tomar en cuenta a la hora de establecer alianzas de sangre con otros clanes. La fuerza del clan consiste en su capacidad de pactar con otros clanes. En términos políticos, esto tiene dos ventajas: 1) da mayor cohesión al grupo gobernante; 2) la hace menos vulnerable a ataques del exterior.

En toda familia existen historias de ruina, perversión y excesos. Pero guardar el secreto del clan los hace menos vulnerables a los embates de otros grupos. De ahí que “la ropa sucia se lave en casa”. De este modo, el poder político en el contexto humano puede resumirse a una lucha de clanes, donde la cultura y la ideología se vuelven factores cruciales no solamente para establecer su poderío. Esto permite entender desde una perspectiva más amplia, la manera en que opera el bloque hegmónico al que refería Gramsci, pues la dominación de un clan por encima de otro se fija en el imaginario del sometido a través de la cultura. No es casualidad que la fundación de un Estado-nación esté justificada en un conflicto bélico de rasgos mitológicos donde el grupo ganador es convertido en héroe a través del arte y el discurso. De este modo, para poder ostentar el poderío político, hace necesario que los clanes en el poder construyan su propia mitología capaz de someter a otros desde el imaginario. Por ello, la política es una continua lucha de narrativas cuyo objetivo es el control de la realidad. Un control donde los medios de comunicación (sean orales, escritos o digitales) cobran una particular relevancia a la hora de ejercer el poder político.

Esto permite entender cómo es que todo proyecto revolucionario es ante todo, un disurso capaz de trastocar los intereses del grupo dominante. Un discurso cuya legitimación se da en la acción, en la lucha, cuya máxima expresión es el ofrecimiento de la vida a cambio de un ideal. Un nuevo pacto de sangre capaz de romper el otro pacto de sangre establecido por las élites. De este modo, toda revolución busca crear su propia mitología, con el fin de justificar su permanencia en el poder. El debilitamiento o fortalecimiento de dicho grupo revolucionario dependerá de su capacidad para mantener la coherencia del discurso mitológico, para lo cual, se vuelve indispensable crear vínculos emocionales con ese “artificio de realidad” construido por los grupos de poder a través del lenguaje y la cultura. De este modo, todo concepto de realidad, como ocurre también con todo acto de lenguaje, implica un ejercicio del poder político. Esto permite entender el papel del arte en todo proceso revolucionario como ese gran transformador de narrativas, y permite también entender la manera en que el poder hegemónico trata de capturar y canalizar hacia sus propios intereses, el poder transformador del arte: desde el arte sacro del medievo hasta Hollywood como instrumento de propaganda.

Sin embargo, la familia como cualquier otro ente vivo, también es susceptible de ver menguado su poderío político a partir de las disputas internas u otros vicios propios de la condición humana, como dan cuenta la ruina de múltiples dinastías que en su momento parecían imbatibles. La perversión, la enajenación, la corrupción, el vicio y la podredumbre humana en sus distintas manifestaciones son siempre el preludio de la ruina, la explicación fundamental para entender la caída de los grandes imperios y los grandes clanes. Sólo el más apto sobrevive, siguiendo la máxima darwinista sobre la selección natural aplicada en el terreno de lo político. Y en esa rueda interminable que es la vida, algunos caen y otros se levantan, mientras otros luchan por mantenerse. Es el juego de la vida, el juego de lo político, donde el control de la realidad persigue un solo fin: la supervivencia de la especie a través del clan.
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El Estado absolutista, una revisión a la obra de Perry Anderson

 

“El poder político es simplemente el poder

organizado de una clase para oprimir a otra”

Karl Marx

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Quizá la famosa frase que define la figura del déspota ilustrado, L’êtat c’est rnoi (el estado soy yo) atribuida al monarca francés Luis XVI, no podía estar más lejos de la verdad, tal como lo enunciarían algunos estudios posteriores sobre el estado absolutista, ya que precisamente fue la creación del estado lo que terminó por precipitar la caída del sistema político que pretendía defender.  A pesar de que la mayoría de las definiciones del absolutismo enuncian como característica principal de esta etapa histórica, la concentración del poder en la figura del rey, lo cierto es que ocurrió todo lo contrario, ya que aunque el rey seguía ejerciendo un papel determinante al aglutinar a las fuerzas políticas dominantes de la época, la creación de diversas instituciones emanadas del surgimiento de los estados nacionales provocaron un deterioro lento y progresivo por parte del control de la nobleza, la cual terminaría por colapsarse con el ascenso al poder al término de las revoluciones burguesas de los siglos posteriores.

En su libro El estado absolutista, el historiador inglés Perry Anderson realizó un estudio minucioso y bien fundamentado estudio sobre las causas que provocaron un cambio radical en el sistema político y económico de la Europa feudal y que tras una serie de sucesos terminarían por poner los cimientos para que la burguesía accediera al poder algunos siglos después.

“Los cambios en las formas de explotación feudal que acaecieron al final de la época medieval no fueron en absoluto insignificantes; por el contrario, son precisamente esos cambios los que modifican las formas del Estado. El absolutismo fue esencialmente eso: un aparato reorganizado y potenciado de dominación feudal, destinado a mantener a las masas campesinas en su posición social tradicional, a pesar y en contra de las mejoras que habían conquistado por medio de la amplia conmutación de las cargas. Dicho de otra forma, el estado absolutista nunca fue un árbitro entre la aristocracia y la burguesía ni, mucho menos, un instrumento de la naciente burguesía contra la aristocracia: fue el nuevo caparazón político de una nobleza amenazada”.

Esta serie de cambios pueden explicarse a través de la crisis del sistema feudal, ya que la mejora de las técnicas agrícolas y el consiguiente incremento del comercio, a partir del siglo XIII, provocaron que una cada vez más poderosa clase burguesa comenzara a presionar a la nobleza en el poder para que se facilitara la apertura económica de los espacios cerrados de las urbes, se redujeran los tributos de peaje y se garantizaran formas de comercio seguro, factores que hicieron posible que la nobleza realizara algunos ajustes en el sistema político para mantener el control, tal como lo afirma Anderson al referir que el estado absolutista no es otra cosa que “un rediseño del aparato feudal de dominación con el fin de devolver a la masa campesina a su rol social original, luego de que ésta ganara la conmutación de cuotas”.

Debido a esto, la clase en el poder tuvo la necesidad de reorganizar su estructura política y económica, por lo que el viejo modelo de ciudades estado dominadas por un señor feudal se transformó en el surgimiento del estado nacional, luego de que entre las prioridades del poder estuviera la centralización de la administración pública, lo cual a su vez, provocó el surgimiento por parte de una serie de instituciones que hicieran más fácil la administración del estado, tal como lo evidencia Anderson al enunciar que “el estado absolutista fue una transición del poder entre la nobleza feudal y el sistema capitalista. Por ello, durante el absolutismo el sistema feudal presentó síntomas de crisis en el poder de clase: el advenimiento de las revoluciones burguesas y el surgimiento de los estados capitalistas”, y no un árbitro entre las dos clases, como pensaba Federico Engels.

Sin embargo este proceso de cambios radicales no estuvo exento de ironías, ya que por ejemplo, mientras garantizar la seguridad de la población se convirtió en una de las prioridades del estado, esto provocó que el señor feudal fuera perdiendo gradualmente el control absoluto de los vasallos, al tiempo que la creciente burguesía afianzaba su dominio sobre el sistema burocrático necesario para que el estado pudiera ejercer sus funciones, lo cual se traduciría, siglos más tarde, en la toma del poder político por parte de una fortalecida burguesía.

Entre las características más importantes de esta serie de transformaciones, se encuentra la creación de instituciones políticas tales como el ejército, sistema tributario, la burocracia, los tratados comerciales o la diplomacia, las cuales hicieron que el estado ganara peso en el poder y mayor legitimidad entre la sociedad al tiempo que solucionaban problemas de organización política.

Asimismo, esta serie de estructuras darán pie a la aparición y conformación del mercado interno y externo, uno de los puntos de apoyo más importantes para que la burguesía fuera ganando terreno dentro de la disputa de clases por el poder, ya que a partir de esta etapa, la burguesía jugaría un rol decisivo en el cambio de las políticas económicas del estado.

Aunque es cierto que dentro de esta etapa el mercantilismo y la acumulación de riqueza representó uno de los ejes del sistema económico, donde el estado regulaba la cantidad de importaciones y exportaciones mediante la imposición de aranceles, lo cierto es que a partir de entonces, el comercio sería la actividad económica que empezaría a marcar la pauta de lo que sucedería siglos más tarde hasta la actualidad, ya que desde entonces, la guerra sufriría una transformación sustancial, pues no sólo era un mecanismo de controlar el territorio y extraer riqueza, sino un medio para abrir nuevos mercados y por ende en una parte fundamental del sistema capitalista, a diferencia de lo que afirmara Anderson al señalar que, en aquel entonces, “la morfología del estado no corresponde a una racionalidad capitalista, sino a una creciente memoria medieval en cuanto a las funciones de la guerra”, ya que a pesar de que efectivamente, existía toda una estructura en torno a la guerra, ésta empezaba a tomar un rumbo diferente que se haría más notorio con el paso del tiempo.

Es por eso, que las alianzas entre señores eran más comunes, ya no tanto para la guerra, sino para permitir el desarrollo económico de sus respectivos territorios, donde la figura del rey fue el elemento aglutinador de dichas alianzas.

Por otra parte, a medida que el absolutismo político se impone y desarrolla la teorización sobre algunos problemas derivados de la justificación del poder, tales como el derecho divino de los reyes y la limitación de su poder, las bases de la sociedad política, el desarrollo de la conciencia nacional y su fundamento, justificación y límites incluida la reconsideración de la relación de la iglesia con el estado.

 

 

La ruptura en el pensamiento político

La percepción del poder y los gobernantes en occidente sufrió cambios importantes. La pujante clase burguesa empieza a cuestionar el poder del monarca conforme va subiendo en la escalera del poder. Para una sociedad donde la ciencia empezaba a dar sus primeros pasos, la religión dejó de ser válida para que los monarcas reinantes pudieran justificar el origen de su mandato.

Esta etapa fomentó la aparición de algunos de los primeros pensadores políticos modernos tales como Maquiavelo o Hobbes, cuyas ideas serían un antecedente importante para poder entender el desarrollo del pensamiento que dio origen a las revoluciones burguesas.

Para Nicolás Maquiavelo, padre de la ciencia política moderna, el asunto del poder estaba lejos del compromiso ético que en alguna ocasión plantearon los griegos clásicos como Platón o Aristóteles. Para Maquiavelo el poder es la capacidad de obligar a otros a la obediencia. En el ejercicio del poder rechaza cualquier norma ética o moral en favor de la razón de Estado y la eficacia. Todo es válido en la práctica del poder.

Maquiavelo, uno de los primeros analistas políticos de la historia, era partidario del Estado republicano, aunque consideraba que en situaciones difíciles es necesario acudir a un príncipe que mantenga el orden. La anarquía es el peor de los males, y un príncipe es preferible a la anarquía, además de que consideraba que existía un ciclo inevitable en las formas que adopta el Estado: monarquía, tiranía, aristocracia, oligarquía, democracia y anarquía, esta última fase ha de ser evitada con el recurso a un príncipe fuerte, con lo que se vuelve a la monarquía.

Por ello en su libro más famoso, El príncipe, Maquiavelo hace una serie de recomendaciones para mantener el poder a toda costa: estudiar lo que la gente quiere, emplear la violencia con medida y mantener al pueblo contento, para lo cual, si es necesario, ha de instrumentalizar la religión para conseguir sus fines políticos. También puede utilizar la censura para evitar que el pueblo se corrompa, y ha de proporcionarle: educación cívica y amor a la patria.

Uno de los puntos más innovadores del pensamiento maquiavélico es la construcción del concepto de Estado de Derecho, pues consideraba que un país es afortunado cuando tiene unas leyes que le hacen continuar como país, le sostiene y a las que todos están sometidos. Para ello, es necesaria la ley y la moral del pueblo, pero el príncipe está por encima de ella, en virtud de la razón de Estado y la eficacia política.

Estas aportaciones al pensamiento político de la época inicó una serie de cambios en los sistemas de poder. El aporte de Maquiavelo abrió camino a la modernidad en su concepción política y a la reestructuración social.

Asimismo, las aportaciones de Hobbes también representaron una ruptura con el pensamiento que justificaba al Estado Absolutista. Para Hobbes, el estado de naturaleza es un estado de guerra y de anarquía donde los hombres son iguales por naturaleza. No existe noción de los justo y de lo injusto, y tampoco la de propiedad. No hay industria, ni ciencia, ni sociedad. Hobbes se opone, con esta visión pesimista, a los teóricos del derecho natural y a todos aquellos que disciernen en el hombre una inclinación natural a la sociabilidad. Dentro de estos parámetros, las nociones de lo moral y lo inmoral, de lo justo y de lo injusto no tienen allí cabida. Donde no hay un poder común, no hay ley; y donde no hay ley, no hay injusticia.

Hobbes define al Estado como “una persona de cuyos actos, por mutuo acuerdo entre la multitud, cada componente de ésta se hace responsable, a fin de que dicha persona pueda utilizar los medios y la fuerza particular de cada uno como mejor le parezca, para lograr la paz y la seguridad de todos” y se dice que un Estado ha sido creado o instituido cuando “una multitud de hombre establece un convenio entre todos y cada uno de sus miembros, según el cual se le da a un hombre o a una asamblea de hombres, por mayoría, el derecho de personificar a todos, es decir, de representarlos”, según expresó el autor en su libro Leviatán.

Estos razonamientos revolucionarios resultan aún más contundentes luego de que el pensador inglés argumentara que “si los súbditos no pueden cambiar de forma de gobierno, y por lo tanto están sujetos a un monarca , pueden abolir la monarquía sin su aprobación y volver a la confusión propia de una multitud desunida”.

Estos preceptos sirvieron de base para la implementación de los primeros sistemas parlamentarios, un antecedente importante que buscaba limitar el poder del gobernante. El parlamentarismo surge en Inglaterra hacia 1640 (aunque existen referencias muy parecidas en el siglo XIII) y durante un breve plazo de tiempo, hasta que Cromwell instaura la dictadura en 1649. No obstante, ésta primera irrupción del modelo va a mostrar ya sus rasgos fundamentales. En primer lugar, el Parlamento era una asamblea popular elegida por los ciudadanos en igualdad de condiciones y que gozaba de todos los poderes del Estado, sin que fuera posible violentar su autonomía; en segundo lugar, lo que hoy conocemos como el poder ejecutivo estaba sometido plenamente a la asamblea; y en tercer lugar, el parlamento sólo podía ser disuelto por el propio pueblo que lo había elegido. El triunfo definitivo del régimen parlamentario ocurre con la Revolución Gloriosa en 1688, a partir del cual el Reino Unido aplicó el mismo de manera integral.

En el continente europeo se habrá de esperar hasta la Revolución Francesa para que se atisbe un modelo de representación democrático-parlamentario similar, que indisolublemente va unido a la división de poderes formulada por Montesquieu, dentro del periodo con el que inician las revoluciones burguesas.

La ironía más grande en que cayeron los monarcas durante el Estado Absolutista, es que al buscar las herramientas necesarias que les permitieran extender sus dominios y por ende, acrecentar su poder, abrieron la puerta para que la pujante clase burguesa adquiriera los conocimientos necesarios para administrar el Estado, tomando posiciones claves que decicidirían el curso de la historia occidental tras las primeras guerras por tomar el poder y reconstruir la visión del Estado moderno.

La soberbia de Luis XVI es un síntoma ineludible de la miopía política del monarca francés. El Estado no podía entenderse a través del monarca, sino a través de las diversas instituciones y estructuras sociales, políticas y administrativas que contribuyeron a que el poder absoluto se repartiera entre algunos más (no necesariamente de forma equitativa). Quizá en el momento no lo supo, pero al crearse las bases del Estado moderno, Luis XVI y el poder absoluto que representaba, terminaron cavando su propia tumba.

(Texto escrito en 2009 y rescatado del archivo personal).
Fuentes:

Perry Anderson. El Estado Absolutista. Siglo XXI. México. 1985.

Las relaciones de poder para principiantes: Foucault, Gramsci y Hegel

Dos de los grandes pensadores de todos los tiempos en torno al fenómeno del poder, en versión para novatos. Un par de videos introductorios a la obra de Michel Foucault, Antonio Gramsci y Hegel. Para comprender un poco mejor el mundo caótico y violento en que vivimos, donde los aparatos de control se enfrentan a la rebelión de la conciencia.

HEGEL from diego levy on Vimeo.

El nacionalismo trasnochado de la derecha mexicana

Si hubiera existido un ápice del nacionalismo chafa que ahora pulula en México en los más de 30 años de neoliberalismo ortodoxo que hemos padecido en este país, México no sería tan vulnerable a los caprichos de un fascista como Donald Trump.

Si los que ahora se desgarran las vestiduras, no hubieran sido cómplices y sostén del régimen corruptocrático y vendepatrias que se vive desde los sexenios de Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, la catástrofe no sería de este tamaño. Ahí están las consecuencias del bipartidismo de derecha, impulsores de aquel famoso “pacto de impunidad” no escrito entre las miserables élites político-económicas que administran la desgracia de millones para su propio beneficio.

Los que destruyeron este país se envuelven ahora en la bandera nacional ante la amenaza Trump. Pero la debilidad del Estado mexicano no la provocó Trump. La provocaron las élites mafiosas que privatizaron todo. Los que acabaron con los derechos sociales, abarataron los salarios y el empleo en nombre de la competitividad, sólo para beneficiar a las empresas extranjeras. Los que apoyaron la militarización del país para tratar de construir la legitimidad que no pudieron obtener en las urnas y detonando una crisis humanitaria sin precedentes. Los aplaudidores que celebraban con bombo y platillo las reformas estructurales que “salvarían” a México.

Ahí están las desastrosas cuentas que entrega el bipartidismo de derecha que ha gobernado México desde 1988 y que explican la actual crisis política, social y económica que padecemos, ante la pérdida de soberanía nacional y un “libre mercado” que sólo ha servido para enmascarar el saqueo de los grandes capitales trasnacionales que lucran con el sufrimiento de millones de personas que a diario padecen los efectos de la pobreza, la inseguridad, la falta de justicia, las violaciones sistemáticas a la dignidad humana.

En lugar de tirarse al suelo y decir tanta estupidez frente a las cámaras, los próceres de la derecha deberían tener un poquito de vergüenza, dar la cara y rendir cuentas por el desastre de país que nos tiene a merced de un psicópata como Trump, capaz de desatar una guerra mundial por mera egolatría.

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El músculo represor que evidencia la debilidad del actual gobierno

Tres tanquetas del gobierno capitalino y varias hileras de policías que se extendían por toda la Alameda bloquearon el acceso de la CNTE al Zócalo en una marcha que transcurrió de manera pacífica. Nunca había visto un operativo de estas dimensiones por una protesta en el primer cuadro de la Ciudad de México. Las negociaciones entre el magisterio y el gobierno de Mancera para avanzar hasta el epicentro del país, resultaron fallidas. Algunas versiones durante la marcha señalaron que la secretaría de Gobierno de la CDMX, Patricia Mercado, explicó que no podían mover el cerco policiaco por órdenes del gobierno federal. Y mientras tomaba nota, no dejaba de preguntarme ¿por qué el gobierno decidió impedir el paso de la manifestación hasta el Zócalo? Durante la marcha no hubo ningún incidente que justificara un operativo como este. Y el asunto era precisamente ese: mandar un mensaje de fuerza. La dictadura corruptocrática necesitaba desplegar un operativo gigantesco para obtener fotografías impactantes como esta, imágenes que de algún modo, buscan infundir miedo entre los inconformes con la amenaza de la represión.

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Este desastroso gobierno no tiene otra alternativa que recurrir a la amenaza de la violencia para tratar de reafirmar el poder de una élite que durante décadas ha pisoteado los derechos elementales de las mayorías sedientas de justicia que ayer decidieron acompañar a los maestros en su lucha. La postal habla mucho del momento actual que vive el país: la tiranía de un gobierno déspota y autoritario cuya ambición perversa y el malestar creciente entre distintos sectores de la sociedad, han provocado que el chantaje y la bravuconería sean las únicas vías que le quedan a este gobierno ilegítimo para seguir ejerciendo su política idiota del saqueo, el despojo, la manipulación informativa y la violencia en todas sus formas. Vientos de insurrección soplan en todo México. Todavía faltan muchas páginas por escribir en este gran cuento, en esta gran lucha por la libertad, la paz y la justicia, este canto épico donde el coraje del pueblo hace frente a la miseria de sus gobernantes, que no son sino el más crudo retrato de la podredumbre humana.
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La dictadura de la corruptocracia: la represión del gobierno contra la disidencia magisterial

30 Encajoso

 

Manuel Hernández Borbolla

Una dictadura puede definirse como una forma de gobierno en que una persona o una élite ejerce el poder político a través de diversos mecanismos institucionales para contener a sus opositores a través de la fuerza y otros instrumentos de coerción. Para quien a estas alturas del partido todavía siga dudando si vivimos o no dentro de una dictadura, basta ver lo ocurrido en México durante las últimas semanas desde una perspectiva más amplia para darse cuenta de la verdad. Más allá de que podamos estar a favor o en contra de la manera en que los maestros de la CNTE realizan sus protestas contra la llamada reforma educativa, el tema de fondo que se debería estar discutiendo en medios y redes es la manera autoritaria y represiva en que el gobierno detuvo a los líderes magisteriales violentando el debido proceso judicial, según lo relatado por testigos que presenciaron la detención de Rubén Núñez, quien de inmediato fue trasladado a Sonora por supuestos delitos que tuvieron una amplia resonancia en la campaña mediática contra el magisterio en resistencia, orquestada por Aurelio Nuño desde la Secretaría de Educación Pública. Por ello, lo importante no es discutir si los maestros deben ser evaluados o no, aún cuando ese sea solo el pretexto para que el PRI recupere el control del magisterio luego de que las administraciones docena trágica panista de Vicente Fox y Felipe Calderón cedieron una serie de privilegios a las cúpulas mafiosas del sindicato docente entonces encabezado por Elba Esther Gordillo con fines político-electorales. Lo realmente importante es cuestionar la manera tan burda en que el gobierno utiliza la maquinaria del Estado para reprimir a la disidencia, es decir, la manera en que utilizan la ley para reprimir a todo aquel que se manifieste en contra el actual régimen corruptocrático.

No es la primera vez que esto sucede. Así ocurrió con José Manuel Mireles y las autodefensas de Michoacán, quienes a la fecha siguen presos, y casos como el de Emilio Álvarez Icaza, a quien le fueron imputados cargos por un supuesto fraude como represalia por haber impulsado, desde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, las investigaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes que hizo trizas la versión histórica de la PGR sobre lo ocurrido con los 43 estudiantes de Ayotiznapa.

Esto, sin contar con la presión que ejerció el gobierno de Enrique Peña Nieto para censurar a los muy pocos medios críticos, como pasó con el veto a Carmen Aristegui y sus colaboradores tras la investigación de la Casa Blanca, aún cuando algunos medios que han resistido el cerco informativo siguen denunciado y evidenciado la corrupción al interior del actual régimen, como recientemente ocurrió con la investigación de Animal Político contra el nefasto gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien cínicamente sigue en su cargo de manera impune pese a su desastrosa administración y de que existen muchas pruebas documentales sobre la manera en que él y sus colaboradores se han enriquecido a expensas del dinero público destinado para combatir la pobreza. Mientras el gobierno es sumamente efectivo para hacer “cumplir la ley” y reprimir a los líderes de la sección 22 de la CNTE con delitos fabricados, que van de lavado de dinero al “robo de libros de texto”, el mismo gobierno resulta particularmente omiso a la hora de ejercer la ley contra la larga lista de exgobernadores vinculados con el crimen organizado y acusados de saquear las arcas públicas, incluyendo a personajes como el exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, quien incluso fue defendido legalmente por una comisión del gobierno mexicano sin que existiera justificación alguna para ello, tras su detención en España por lavado de dinero.

Es decir, que en México la ley es utilizada para beneficiar a corruptos y reprimir a la disidencia, rasgos típicos del autoritarismo y de una dictadura oligárquica donde la corrupción es aquello que le da cohesión a todo sistema político mexicano. Es por ello que, lejos de vivir en una democracia, en México padecemos desde hace ya varios años una dictadura corruptocrática que explica en buena medida la manera en que el PRI y sus secuaces han detenido el avance de las leyes anticorrupción en el Congreso promovidas por la sociedad civil. Pero si bien el impulso de medidas como la Ley 3de3 resultan necesarias y urgentes ante la apabullante corrupción en todos los niveles de la esfera pública, la elaboración de una ley difícilmente podrá revertir la profunda crisis institucional que enfrenta México, pues a final de cuentas la justicia seguirá siendo aplicada de manera discrecional por la corruptocracia que tiene secuestrada al país.

Elude Senado reclamo de mexicanos y aprueba Ley 3 de 3 rasurada

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Y esta profunda crisis estructural de las instituciones mexicanas es lo que ha provocado que México pueda ser considerado hoy como un Estado fallido, incapaz de satisfacer las necesidades elementales de la población, tal como queda evidenciado con los altos niveles de inseguridad, pobreza, marginación y violencia que prevalecen a lo largo y ancho del territorio nacional, donde el abuso y la violación sistemática de los derechos humanos pareciera ser la única regla que saben respetar al pie de la letra los señores de la corruptocracia. Un argumento que se sostiene con cifras oficiales, ya que más del 92% de los delitos que se cometen en México quedan impunes debido a la falta de un Estado de derecho que permita el acceso a la justicia, según datos que se desprenden de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (INEGI, 2015).

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Por ello resulta tan grotesco que los grandes medios de comunicación, que no son sino aplaudidores y voceros del actual régimen corruptocrático, celebren el triunfo del PAN frente al PRI en las recientes elecciones, como si esto fuera una muestra de una supuesta alternancia democrática que en realidad ha funcionado como disfraz para ejercer un bipartidismo de derecha, el mismo que en los últimos 28 años ha aprobado casi todas las reformas legales que actualmente tienen en la ruina al país, desde la apertura del Tratado de Libre Comercio hasta las reformas laboral, educativa y energética, pasando por el rescate bancario del FOBAPROA y la privatización de prácticamente todo el patrimonio nacional que tanto trabajo costó construir tras la Revolución Mexicana. Un esquema de simulación democrática que queda en evidencia en los procesos electorales, donde la compra de votos mediante el desvío de recursos públicos es una constante y casos como el de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, donde el alto grado de abstencionismo sólo se explica por la manera en que el sistema de partidos es ajeno a los intereses de los ciudadanos. Así pudo constatarse en los muchos candados que se impusieron para la participación de candidatos independientes, así como la manera en que, a pesar de haber obtenido más votos en la Ciudad de México, Morena tendrá menos representantes que el PRI a la hora de redactar la nueva constitución capitalina, debido a la manera en que fue negociada la reforma política de la Ciudad de México en el Congreso federal, entre las cúpulas del PRI, PAN y PRD dentro del Pacto por México.

Cómo estarán las cosas, que hasta el cínico del expresdiente Carlos Salinas de Gortari, el principal promotor del modelo neoliberal en México, ahora reniega del neoliberalismo al señalar que “sólo propone abusos de mercado”. Lo que olvidó decir Salinas es que él junto con algunos de sus colaboradores cercanos han sido beneficiarios de dichos abusos, tal como ocurre con sus exsecretarios Pedro Aspe y Luis Téllez, quienes siguen enriqueciéndose con la reforma energética que convirtió la quiebra de Pemex un gran negocio para las mafias empresariales cercanas al poder.

Pero el saqueo sistemático no es el único problema derivado del fallido Estado mexicano, ya que la crisis de violencia, asesinatos y desaparecidos que se mantiene desde 2006 hasta la fecha, situación por la cual, organizaciones internacionales como Open Society consideran que los gobiernos Calderón y Peña son corresponsables por delitos de lesa humanidad contra ciudadanos mexicanos, crímenes típicos de gobiernos dictatoriales entre los cuales se encuentran casos como el de Ayotzinapa, las masacres como las de Tlatlaya, Apatzingán y San Fernando, y otros casos menos conocidos como los de Tetelcingo, Ojinaga y Allende, por mencionar solo algunos.

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Todos ellos, casos de desaparición forzada, tortura, asesinato y detenciones con fines políticos, donde la participación del Estado es innegable y donde incluso los altos jefes del ejército mexicano han tenido que salir a pedir disculpas por los abusos cometidos contra la sociedad civil, al mismo tiempo que la corruptocracia pretende darle más facultades a las fuerzas armadas para allanar domicilios e intervenir las comunicaciones de los ciudadanos, medidas típicas de las dictaduras para reprimir a todo aquel que se manifieste abiertamente en contra del gobierno, como ocurre actualmente con los maestros de la CNTE y otros grupos inconformes. Por ello, no es casualidad que los mismos militares sigan jugando un papel clave para contener las protestas de la disidencia magisterial en entidades como Chiapas y Oaxaca.

Todo lo anterior deja ver que la restauración autoritaria no es una posibilidad latente, sino una realidad consumada, luego de que la división de poderes al interior del Estado obedece a los intereses oligárquicos que explican la manera en que las resoluciones judiciales de alto impacto obedecen más a intereses políticos que la impartición de justicia. Por eso resulta absurdo seguir tratando de abordar la profunda crisis institucional que vive México desde el filtro de una supuesta alternancia democrática, como insisten en hacernos creer los intelectuales leales al actual régimen y los críticos descafeinados que han hecho de sus moderados comentarios una apacible forma de vida.

De ahí la importancia de tener en claro que, más allá de estar o no de acuerdo en los métodos utilizados por la CNTE en sus protestas, no podemos permitir que el gobierno siga utilizando los aparatos de control del Estado para reprimir a quienes se manifiestan en contra del actual régimen corruptocrático, cuyos rasgos autoritarios permiten establecer una similitud notable frente a las peores dictaduras del siglo XX. ¿Cuánto tiempo más va a pasar para que llamemos a las cosas por su nombre? La dictadura de la corruptocracia. Así se llama este triste episodio en la historia de México. ¿Qué vamos a hacer al respecto?

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Cocinar la revolución a fuego lento

En un mundo donde la gente muere lo mismo de hambre que obesidad, los científicos buscan la manera alimentar a los 9 mil millones de personas que seremos en 2050, mientras el terreno disponible para cultivar comida se agota a ritmo acelerado. ¿Cómo resolver el problema? Reduciendo la velocidad de nuestros ritmos de vida, sugiere Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food, quien considera que para resolver la crisis agroalimentaria del planeta es necesario emprender una revolución en la manera en que nos relacionamos con la comida. Una iniciativa que además de plantear una transformación profunda en los sistemas sociales, busca restablecer el equilibrio energético del planeta.

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Manuel Hernández Borbolla

Nunca antes en la historia de la humanidad se había producido más comida ni se habían desperdiciado más alimentos que en la actualidad. Tampoco se habían padecido simultáneamente epidemias de hambre y obesidad como las que existen hoy en día.

Las señales de alarma están en rojo. ¿Qué pasará con el ser humano cuando el crecimiento acelerado de la población y la falta de tierras cultivables en el planeta terminen colapsando a un sistema alimentario en crisis? ¿Qué pasará cuando estos problemas se agudicen con los efectos del cambio climático y el aumento de los precios de la comida? Son las mismas preguntas que se hacen los científicos del mundo para tratar de evitar un futuro parecido a una película de tintes apocalípticos.

Según un informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Organización de Naciones Unidas, publicado en 2013, la población global pasará de 7,200 millones de personas a 9,600 millones para 2050. Esta tasa de crecimiento significa que diariamente se suman al mundo 200,000 nuevas bocas que alimentar, con lo cual, la ONU estima que hacia 2050 se requerirá incrementar 70% la producción de alimentos a nivel mundial para satisfacer la demanda global de comida.

¿Cómo resolver el problema? Quizá la respuesta sea reducir la velocidad de nuestros acelerados ritmos de vida. Al menos eso es lo que plantea el gastrónomo y sociólogo italiano Carlo Petrini, fundador del movimiento Slow Food, quien sostiene que alimentar a las próximas generaciones con el actual modelo agrícola representa “una locura”.

“Tenemos una situación insostenible. La humanidad pensó que los recursos de la tierra eran infinitos. No es verdad. El agua, de la tierra o la biodiversidad son recursos finitos. Destruir los recursos de la naturaleza plantea una situación de entropía que genera una crisis muy fuerte. Superar esta crisis con antiguos paradigmas es una locura, no es suficiente en este momento histórico”, afirma Petrini en entrevista con Fitzionario.

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La historia de Petrini como figura pública comenzó en 1986, cuando, armado con un tazón de pasta entre las manos, encabezó las protestas contra la instalación del primer McDonald´s en Italia. La anécdota marcaría una declaración de guerra contra las grandes cadenas de comida rápida y el modelo económico neoliberal que estas representaban, ya que los manifestantes consideraban que la homogenización de los hábitos alimenticios terminaría por erosionar la riqueza cultural de la cocina italiana.

Aunque el emblemático local de hamburguesas terminaría abriendo sus puertas en el corazón de Roma, el movimiento slow (lento) se extendería en los años siguientes por diversos países de Europa mientras el modelo neoliberal permeaba rápidamente en el Viejo continente. En 1989, tomando un caracol como insginia, nacería oficialmente la organización Slow Food en respuesta a los problemas sociales y ecológicos provocados por un mundo obsesionado con la rapidez. A partir de ese momento, el movimiento slow buscaría contrarrestar “la locura universal de la fast life” con el “tranquilo placer material de redescubrir los sabores y aromas de la cocina tradicional”, según reza el manifiesto de la organización. Fue así como una revolución empezaba a cocinarse a fuego lento.

Con el paso del tiempo, el movimiento slow se propagó a otros países de Europa y comenzó a involucrarse en problemas relacionados con la alimentación desde una perspectiva integral que fuera más allá de la gastronomía convencional para incursionar en campos como la física, la genética, el desarrollo sustentable, la antropología y hasta la economía política.

Por ello Petrini considera que los cocineros deben jugar un papel activo en la transformación del mundo. Después de todo, “la gastronomía es todo lo que refiere al hombre cuando come”, tal como alguna vez escribió el jurista francés Jean Anthelme Brillant-Savarin, el padre de la gastronomía moderna, en su célebre tratado sobre La fisiología del gusto, publicado en 1825. Un personaje al que Petrini suele citar con fervor a la hora de explicar la necesidad de realizar cambios profundos en un sistema agroalimentario en crisis, al cual califica como “criminal” debido a sus devastadores efectos tanto sociales como ambientales. La frialdad de los números pareciera confirmar la hipótesis.

En su informe sobre El estado de la agricultura y la comida en el mundo 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) estima que 860 millones de personas en el mundo padecen hambre. Al mismo tiempo, existen 2,000 millones de personas con algún tipo de desnutrición y 1,400 millones con problemas de obesidad.

Y mientras esto ocurre, fenómenos como la degradación del suelo y el cambio climático recrudecerán los problemas relacionados con la producción de alimentos en las próximas décadas.

“En cualquier país del mundo, si uno puede preguntarle a un campesino anciano cómo estaba la fertilidad del suelo hace 40 o 60 años antes, la respuesta es siempre la misma: antes el suelo era más rico, más fuerte, ahora es ‘pobrecito’. 130 años de química para producir mucho más en la primera parte del siglo XX fueron útiles, ahora son una desgracia”, apunta Petrini.

Estimaciones de la ONU señalan que cada año, 12 millones de hectáreas son transformadas en desiertos a causa del hombre y que una cuarta parte de las tierras de cultivo del planeta tienen un suelo altamente degradado.

Un estudio de la ONU, titulado Economía de la degradación de los suelos, señala que la degradación “es principalmente el resultado de la mala gestión del suelo, hambrunas relacionadas con sequías y las percepciones erróneas de la abundante producción de comida, grandes reservas de alimentos en Europa, fronteras abiertas, comida subvencionada relativamente barata, bajos precios del suelo y abundantes recursos hídricos y energéticos”.

Además de esto, los científicos prevén un aumento en los periodos de sequía de diversas regiones del planeta para las próximas décadas, incluyendo a países como México, de acuerdo con el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático.

Sin embargo, los efectos podrían ser aún más graves, ya que una caída en la oferta sumada a una creciente demanda de comida provocará un incremento en el precio de los alimentos, situación que podría derivar en una crisis humanitaria sin precedentes al afectar principalmente a los países más pobres. Un escenario que podría estar más próximo de lo que suponemos, ya que de seguir la actual tendencia climática, el precio de la comida podría incrementarse hasta 40% en la próxima década, según el informe Perspectivas Agrícolas OCDE-FAO 2013-2022.

Pero el problema no se reduce a una simple cuestión estadística. Además de la falta de agua y la pérdida de fertilidad del suelo, la acelerada pérdida de biodiversidad es otro de los grandes problemas generados por el actual modelo agrícola basado en el monocultivo, lo cual provoca que cada año se pierda una enorme variabilidad genética que podría ser la clave para contrarrestar las hambrunas del futuro.

“En 110 años, la humanidad ha perdido el 70% de especies endémicas de frutas, verduras y razas animales, porque este sistema alimentario privilegia sólo a las razas fuertes. Si una raza no puede entrar a un supermercado o a una red de distribución, puede desaparecer. ¡Eso es criminal!”, señala el gastrónomo italiano.

¿Cuánta comida produce el mundo? (2010, miles de toneladas)
Cereales 2,476,416
Oleaginosas 170,274
Legumbres 68,829
Raíces y tubérculos 747,740
Vegetales 1,044,380
Azúcar 228,748
Nueces 13,940
Frutas 608,926
Cultivos de fibras 28,143
Carne 296,107
Huevos 69,092
Leche 719,000
Mantequilla 9,044
Queso 20,222
Pescado 88,604
Pescado (acuacultura) 59,873
FAO Stats, 2013 

Para ilustrar la magnitud del problema, Petrini cuenta la historia de la ‘hambruna de la papa’ en Irlanda. Originario de Sudamérica, el tubérculo llegó a Europa en el siglo XVI como una curiosidad llevada por los conquistadores españoles. Sin embargo, pasó prácticamente inadvertida como alimento por más de siglo y medio, en el que fue cultivada como planta ornamental, debido aen gran parte a sus bellas flores, en los jardínes de los reyes. Fue en Sevilla el lugar donde los europeos comenzaron a experimentar con “los nuevos tubérculos” como alimento de los enfermos de hospitales, soldados y animales, debido a su bajo costo. Para finales del siglo XVI, la papa se convirtió en un alimento común en Italia, Alemania, Polonia y Rusia, donde incluso se convirtió en la base para la elaboración del vodka, debido entre otras cosas, a la gran resistencia que la planta presentaba durante el frío invierno europeo.

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Sin embargo, el poder nutricional de la papa fue comprobado al salvar de la hambruna a Alemania durante la llamada Guerra de los Treinta Años, utilizándose como alimento sustituto de la dieta germana ante la caída en las cosechas de cereales. Para el siglo XVIII, los científicos y aristócratas franceses convencieron a la población sobre las ventajas de comer papas.

A partir de entonces, la también llamada patata se convirtió en un alimento común en todo el Viejo Continente, incluyendo países como Irlanda, lugar donde el tubérculo se convirtió en el alimento base de un pueblo oprimido por la hegemonía británica. Debido a que la mayor parte de la propiedad agrícola pertenecía a la aristocracia británica, los campesinos irlandeses cultivaban el trigo que era exportado a Inglaterra mientras ellos se alimentaban con papas cultivadas en el huerto familiar, debido a su alto rendimiento. Las condiciones de pobreza y la dependencia hacia un solo alimento fueron construyendo la catástrofe de manera silenciosa. La crisis detonó cuando repentinamente, una aparición de una plaga provocada por el organismo protista Phytophthora infestans que destruyó casi en su totalidad los cultivos de papa, provocando que el tubérculo se pudriera antes de su recolección. El hambre se convirtió en pandemia, cobrando la vida de un millón de personas que murieron por inanición entre 1845 y1852, además de provocar un éxodo masivo de millones de irlandeses que migraron hacia Estados Unidos, Gran Bretaña y Sudamérica, hecho conocido como la ‘gran diáspora irlandesa’. Los efectos de la catástrofe marcaron la historia del país y continuaron durante décadas. Hasta la fecha, Irlanda no ha podido recuperar los niveles de población previos a la hambruna. Un censo de 1841 contabilizó poco más de 8 millones de personas, cifra que contrasta con los 6 millones 400 mil irlandeses que había en 2011. Una historia de lo que puede suceder cuando se ponen todos los huevos en la misma canasta. Sin embargo, la lección pareciera no haber sido del todo bien aprendida.

Aunque el ser humano ha seleccionado y cultivado más de 7,000 especies vegetales desde que aprendió a hacerlo hace miles de años y existen cerca de 30,000 especies de plantas terrestres comestibles en el mundo, según datos de la FAO, apenas una treintena de cultivos cubren el 95% de nuestras necesidades de energía alimentaria y sólo cinco de ellos —arroz, trigo, maíz, mijo y sorgo— comprenden el 60%. Lo mismo pasa con los animales, ya que los datos más recientes señalan que el 22% de las razas de ganado del mundo están en peligro de extinción.

La FAO estima que en el siglo pasado, alrededor del 75% de la diversidad genética de los cultivos se perdió cuando los agricultores en todo el mundo dejaron de producir variedades locales de ciertos alimentos para cultivar variedades genéticamente uniformes de alto rendimiento. Una pérdida que nos hace cada vez más vulnerables a una epidemia de hambre similar a la que ocurrió en Irlanda, pero con un alcance global. Esto se debe a que la diversidad genética funciona como un escudo para que las especies puedan hacer frente a enfermedades repentinas o fenómenos como el cambio climático.

Un ejemplo de esto se encuentra en una variedad de trigo de Turquía descubierta en la década de 1980, misma que poseía genes resistentes a muchos tipos de hongos causantes de enfermedades, lo cual permite a los fitogenetistas utilizar estos genes para desarrollar variedades de trigo resistentes a dichas enfermedades.

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“La historia de la humanidad nos ha enseñado que cuando se pierde la biodiversidad existe hambre, muerte e infelicidad”, agrega Petrini, quien considera que la manera en que opera el sistema agroalimentario a nivel global ha condenado a la extinción a muchos alimentos que no encuentran cabida en el mercado de la comida ante la estandarización de los hábitos de consumo. Un asunto cultural que fomenta el desperdicio.

La FAO calcula que cada año se desperdicia una tercera parte de la comida producida en el mundo, equivalente a 1,300 millones de toneladas, según el informe La huella del desperdicio de alimentos: impactos en los recursos naturales, publicado en septiembre de 2013.

“La comida no tiene valor, es sólo mercancía, commodity. Se habla del precio, pero no del valor. Son cosas distintas. Detrás del valor de un producto, hay gente que lo trabaja, que lo transforma, que lo vende. Esto es el valor y en todo el mundo entendemos que la comida no tiene valor. ¡Las cosas en el mundo están increíbles!”, sostiene el gastrónomo italiano.

“En Europa el 30% de los productos biológicos van a la composta. ¿Por qué? Porque en la gran distribución, si la zanahoria no es perfecta, no se compra. Si la patata tiene un tubérculo extra, tampoco. El campesino deja esto para hacer composta. Una cuestión estética. Estos productos tienen el mismo valor nutricional pero en la gran distribución no puede entrar al mercado por una concepción nazi-fascista. ¡La estética!”, exclama Petrini.

—¿Esto tiene que ver con que las personas no sean concientes de todo lo que hay detrás de un plato de arroz para que este llegue a su mesa?—, pregunté a Petrini durante su última visita a México, en mayo de 2013.

— Es el resultado principal de un consumismo pasivo. Siempre en la historia de la humanidad, la relación de los hombres con la comida era de trabajo y participación activa, de manera espiritual al interior de las comunidades. Ahora la comida tiene sólo una relación de consumismo. Significa que perdió su visión holística y ahora se le percibe como un carburante, un combustible. Esta situación genera ignorancia, una ausencia de respeto por la naturaleza y las comunidades que producen el alimento. Esta es una situación muy mala porque no hay defensa contra la ignorancia. Se necesita reconquistar el valor de la comida. Comprender que detrás de ella hay gente que trabaja, hay comunidades, hay historia, muchas cosas que la sociedad consumista olvidó totalmente.

Una consecuencia del desapego a la tierra característico de los centros urbanos de todo el planeta luego de que la Revolución Industrial y modificara nuestra relación con la comida, donde el alto consumo energético es una constante.

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La paradoja energética

La comida es sinónimo de energía. A través del metabolismo, los seres vivos transforman la energía contenida en los alimentos para convertirla en el combustible que permite a las células desarrollar diversas actividades: respirar, crecer, reproducirse, responder a estímulos. La vida como la conocemos no podría concebirse sin ese complejo proceso capaz de convertir la energía del sol en movimiento. Una idea base para entender la crisis de la comida que enfrenta actualmente la humanidad a nivel global.

La comida es nuestra principal fuente de energía. A diferencia de los organismos autótrofos —que son capaces de producir su propio alimento al transformar materia inorgánica en energía mediante la absorción de luz solar o la oxidación de ciertos compuestos químicos—, los animales necesitan alimentarse de materia orgánica, proveniente de otros seres vivos, para que las células obtengan la energía necesaria para realizar funciones relacionadas con el metabolismo. De este modo, la comida es una transferencia de la energía capaz de mantener en equilibrio el ciclo de la vida a través de la cadena alimenticia.

Con el descubrimiento de la agricultura y la domesticación de animales hace 10,000 años, los humanos fueron capaces de almacenar importantes cantidades de energía para poder afrontar los tiempos difíciles. Esta acumulación de energía a través de la comida permitió también el surgimiento de la civilización y los primeros asentamientos humanos, situación que modificó por completo el modo de vida nómada que prevaleció durante miles de años.

Con la llegada de la Revolución Industrial en el siglo XIX, la agricultura daría un nuevo giro. Las innovaciones tecnológicas permitieron mejorar los procesos de producción agrícola con el uso de maquinaria. Con una mayor cantidad de comida disponible, el crecimiento demográfico vino acompañado de un crecimiento acelerado de las ciudades y una creciente demanda de energía.

El desarrollo tecnológico en el campo durante los años siguientes hizo posible que la producción de comida diera otro salto con la llamada Revolución verde ocurrida entre 1940 y 1970 en Estados Unidos, la cual permitió incrementar de dos a cinco veces la producción agrícola a través de semillas mejoradas en grandes extensiones de terreno de monocultivo, acompañadas por grandes cantidades de grandes cantidades de agua, fertilizantes y plaguicidas. Los altos rendimientos en la producción de comida provocó que algunos especialistas llegaran a creer que el problema del hambre en el mundo sería finalmente resuelto. El desencanto fue creciendo mientras las pruebas científicas documentaban los efectos negativos de la Revolución verde pero principalmente uno: el deterioro del suelo. Con la pérdida de nutrientes, derivada del monocultivo y el uso de agroquímicos, el suelo se volvió poco fértil. Los rendimientos de las cosechas no volvieron a ser los mismos. Aunado a esto, el alto consumo de insumos hizo que la demanda de energía en el sector agrícola se incrementara drásticamente. De acuerdo con un informe de la FAO, la cadena productiva de la comida utiliza el 30% de la energía producida en el mundo.

Un escenario que plantea un “problema de entropía” en el actual sistema de producción agrícola, según sostiene Petrini. La entropía es un concepto utilizado en termodinámica para medir el desperdicio de energía dentro de un sistema y que permite explicar el desbalance energético en la producción de alimentos. El argumento es simple: no se puede gastar mucha energía para producir poca energía.

“La comida es energía para la vida. Toda la humanidad vive porque come. Si el alimento genera una determinada cantidad de energía y yo utilizo cuatro veces más energía para producirlo, hay una crisis entrópica. No es posible consumir mucha energía para producir poca energía. En el sector de la comida, esto es una gestión dramática”, sostiene Petrini.

¿Cuánta energía se utiliza para producir comida? Era la pregunta obligada. Luego de varios meses de infructuosa búsqueda del dato, decidí realizar mi propia investigación sobre el tema utilizando datos de la FAO, el Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía en 2009. Tras varios meses de investigación, el dato resultó revelador: utilizamos 7.23 veces más energía para producir alimentos en comparación con la cantidad de energía que obtenemos de la comida[1]. Sin embargo, la cifra no considera factores como el enorme desperdicio de comida que existe en el planeta, por lo que el número podría ser aún mayor.

Datos recientes del Banco Mundial parecieran confirmar la hipótesis, ya que por cada caloría de comida desperdiciada, se utilizan entre 7 y 10 calorías para producirla. Esto significa un enorme desperdicio de energía que contribuye a agudizar los efectos devastadores del cambio climático y su tendencia a generar sequías más prolongadas en todo el planeta, lo cual a su vez, podría generar una mayor escasez de alimentos en las décadas siguientes.

Esto es justo lo que ocurrió en 2011 en el Cuerno de África, cuando la sequía provocó una severa crisis alimentaria a lo largo de Somalia, Etiopía, Kenia, Djibouti y Uganda, amenazando la subsistencia de más de 12 millones de personas.

De acuerdo con la FAO, la crisis se agravó debido al elevado precio de los cereales a nivel local, una excesiva mortalidad del ganado, los conflictos y el acceso restringido a la ayuda humanitaria en algunas zonas. Y es ahí donde la dinámica del mercado global de alimentos juega su parte a la hora de generar crisis humanitarias como la que se sigue viviendo en el Cuerno de África, donde incluso la ayuda internacional obedece al lucro de las naciones ricas.

Esto es lo que plantean los investigadores Roger Thurow and Scott Kilman, quienes en su libro Suficiente: ¿por qué los más pobres se mueren de hambre en el mundo en la era de la abundancia? explican la manera en que una buena parte de la economía agrícola de Estados Unidos depende de la ayuda alimentaria que proporciona el gobierno norteamericano a los países más pobres, lo cual genera la quiebra sistemática de agricultores locales en países como Etiopía, incapaces de competir en el mercado con los precios de los granos estadounidenses, generando así un “síndrome de dependencia” alimentaria. Esto ha provocado que muchos etiopes incluso estén más preocupados de que llueva en Iowa, al otro lado del planeta, que en su propio país. Un caso que ejemplifica la manera en que el actual sistema económico genera crisis humanitarias de gran escala.

 

El trabajo fotográfico de Peter Hanzel, reunidos en el libro Hunger planet (Lo que come el mundo) ilustra a la perfección los diferentes hábitos alimenticios alrededor del mundo y las diferencias sobre el acceso a la comida. 

Otros expertos parecen coincidir con este punto de vista. Para el investigador Lester Brown, fundador del Earth Policy Institute, el problema es que la dinámica del mercado está creando una “burbuja alimentaria” que está elevando constantemente los precios de la comida debido al uso indiscriminado de los recursos naturales, tal como ocurrió con el incrmento de los precios de los granos en 2007 y 2008. De acuerdo con el especialista, esto ha provocado que la humanidad esté entrando en una “época de escasez crónica de alimentos, que está dando lugar a una intensa competencia por el control de recursos como la tierra y agua, creando una nueva geopolítica de la comida”.

De ahí el temor de los expertos de que el control de los grandes grupos económicos en la producción, distribución y precios de los alimentos puedan crear epidemias de hambre cada vez más grandes a través de la especulación financiera y prácticas monopólicas. Esto se debe a que el sistema agroalimentario global está diseñado para generar ganancias en lugar de acabar con el hambre.

Y mientras al mismo tiempo que la hambruna hace estragos en los rincones más pobres del planeta, la epidemia de la obesidad a nivel global sigue creciendo aceleradamente. Según datos de la FAO el sobrepeso y la obesidad en adultos aumentó en todas las regiones del planeta al pasar del 24% al 34% entre 1980 y 2008. Esto ha provocado que en regiones como América del Norte, Europa, América Latina y Oceanía, más del 50% de los adultos tengan algún problema de sobrepeso, lo cual ha contribuido a elevar los indices de enfermedades como la diabetes y trastornos cardiovasculares.

Ver: National Geographic- Lo que come el mundo

Los expertos consideran que las principales causas que explican este incremento de la obesidad en las últimas décadas tienen que ver con un cambio en los hábitos alimentarios y el sedentarismo típico de los grandes centros urbanos.

De acuerdo con un estudio de 2006 realizado por Boyd Eaton, investigador del Departamento de Antropología y Radiología de la Universidad de Emory, el principal cambio en la dieta actual, en comparación con la que prevalecía en la antigüedad, está íntimamente vinculada a un mayor consumo de carbohidratos, azúcares y grasas, así como una reducción considerable en la ingesta de proteínas, frutas, verduras y fibra.

Diferencias en la dieta del hombre antiguo y moderno
Antigüedad Modernidad
Grasas

35%

33%
Grasas saturadas 8% 12%
Carbohidratos 35% 50%
Azúcar añadido 2.5% 15%
Proteína 30% 15%
Frutas y verduras 50% 16%
Fibra 100 gramos/día 15 gramos/día
Fuente: S. Boyd Eaton. The ancestral human diet: what was it and should it be a paradigm for contemporary nutrition? Departments of Anthropology and Radiology, Emory University, Atlanta, USA.

Una de las explicaciones más comúnes para explicar este cambio en los hábitos alimenticios de la humanidad tienen que ver con nuestro desarrollo evolutivo aunado a la abundancia de comida que trajo consigo la Revolución Industrial.

“¿Por qué la gente come tanto? ¡Porque puede!”, señala Kelly Brownell, director del Rudd Center for Food Policy and Obesity de la Universidad de Yale.

Esto se debe a que no comemos para satisfacer el hambre, sino simplemente porque la comida está ahí. El desarrollo evolutivo de nuestro cerebro hizo que la comida rica en grasa y azúcares detone nuestras ganas de comer aún cuando estemos satisfechos, ya que el cerebro le manda el mensaje al cuerpo de que recoja toda la energía disponible para soportar las épocas de carestía. La misma situación que permitió la superviviencia de nuestros ancestros explica también la epidemia de obesidad que existe en prácticamente todo el planeta y principalmente en las sociedades industrializadas, donde la comida suele estar siempre disponible con un mínimo esfuerzo. Basta con marcar el teléfono para recibir una pizza en pocos minutos y sin necesidad de salir de casa.

De ahí que Petrini considere que la manera en que la comida es un problema no solo ambiental, sino también de economía política, ya que los patrones de consumo en el actual modelo civilizatorio promovido desde occidente ha provocado que la comida haya perdido su valor en términos culturales.

Una situación preocupante que implica buscar nuevas maneras de abordar el problema de la alimentación a nivel global, ya que los métodos promovidos por el actual modelo económico para aumentar la producción de comida son incapaces de resolver el problema, ya que el sistema económico hace que el sistema agroalimentario esté diseñado para generar dinero en lugar de acabar con el hambre. Esto explica el por qué avances tecnológicos como los generados durante la Revolución verde y más recientemente con los organismos genéticamente modificados, son incapaces de resolver por sí mismos el problema de la alimentación global mientras exista un sistema económico que fomenta el desperdicio en los países ricos al mismo tiempo que genera epidemias de hambre entre los sectores más pobres de la población global.[]

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La comida que produce el mundo

De los aproximadamente 2.3 millones de toneladas de cereales que actualmente se producen, aproximadamente mil millones de toneladas se destinan a uso alimentario, a 750 millones de toneladas se emplea como alimento para animales, y los restantes 500 millones de toneladas se procesan para el sector industrial.

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Los 10 alimentos con mayor producción en el mundo (toneladas)

1 Caña de azúcar 1,800,377,642
2 Maíz 885,289,935
3 Arroz 722,559,584
4 Avena 701,395,334
5 Leche 614,578,723
6 Papas 373,158,351
7 Remolacha azucarera 273,500,615
8 Vegetales 268,833,780
9 Soya 262,037,569
10 Mandioca 256,404,044

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Los 10 alimentos más producidos en México

1 Caña de azúcar 49,735,273
2 Maíz 17,635,417
3 Leche 10,724,288
4 Narnajas 4,079,678
5 Avena 3,627,511
6 Carne (pollo) 2,757,986
7 Huevo 2,458,732
8 Tomate 2,435,788
9 Carne (ganado) 2,190,100
10 Limones 2,147,740

 

Fuente: FAO, 2011

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Las tres grandes etapas del hombre y al comida

Según The Cambridge World History of Food, la historia de la alimentación de la humanidad puede dividirse en tres periodos:

Hace 1.5 millones de años – Mioceno y pleistoceno. Los ancestros del ser humano comenzaron a preparar plantas crudas y comían restos de carne que dejaban otros depredadores

700,000 años – En el medio pleistoceno. El hombre se convierte en cazador de especies cada vez más grandes como bisontes, caballos y mamuts. La alimentación de plantas sigue jugando un papel importante.

10,000 años – Domesticación de animales. Pasa de la recolección de plantas al cultivo de plantas.

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Un problema que crece rápidamente

La población global pasará de 7,200 millones de personas a 9,600 millones para 2050, según un informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU publicado en 2013. Esta tasa de crecimiento significa que diariamente se suman al mundo 200,000 nuevas bocas que alimentar. La ONU estima que hacia 2050 se requerirá incrementar 70% la producción de alimentos a nivel mundial para satisfacer la demanda de comida.

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Sin agua y tierra disponible

La agricultura utiliza actualmente el 11% de la superficie terrestre para la producción de cultivos y utiliza el 70% del agua total extraída de acuíferos, ríos y lagos. En últimos 50 años las tierras de cultivo se han extendido 12% y la producción agrícola prácticamente se ha triplicado. Sin embargo, la ONU advierte que las tasas de crecimiento de la producción agrícola han ido disminuyendo, lo cual aumentará los conflictos por la disputa de recursos como la tierra y el agua, según el informe El estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura.

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La escasez por cambio climático

El sector agrícola es un emisor importante de gases de efecto invernadero, pues origina el 13.5% de las emisiones globales. El cambio climático supone riesgos adicionales para los agricultores ante una creciente aridez y cambios en los regímenes de lluvias, así como la creciente incidencia de los fenómenos climáticos extremos.

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Hambre y obesidad

Los números son elocuentes. En su informe sobre El estado de la agricultura y la comida en el mundo 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) estima que 860 millones de personas en el mundo padecen hambre. Al mismo tiempo, existen 2,000 millones de personas con algún tipo de desnutrición y 1,400 millones con problemas de obesidad.

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[1] NOTA: La metodología utilizada para obtener el dato sobre la cantidad de energía utilizada para producir comida frente a la energía de los alimentos producidos, fue la siguiente:

  1. De acuerdo con datos de la FAO de 2009, en promedio, cada persona en el planeta consumió 2,831 kilocalorías por día. (FAOSTAT)
  2. El Banco Mundial estima que en 2009 había 6,805,251,332 de personas en planeta
  3. Al multiplicar las kilocalorías por persona, por 365 días del año, por el número de personas que el BM estimó para 2009, obtenemos que la población global consumió 7,031,968,280,125,580 kcal en 2009.
  4. Al convertir kcal a PJ, obtenemos 29,434.412 PJ consumidos por la población global en 2009.
  5. De acuerdo con la FAO, la cadena productiva de la comida utiliza el 30% de la energía producida en el planeta (Energy-Smart Food at FAO: An Overview, pag. 6 http://www.fao.org/docrep/015/an913e/an913e.pdf)
  6. De acuerdo con la Agencia Mundial de Energía, el mundo consumió 709,572 PJ en 2009 (http://www.iea.org/Sankey/index.html#?c=World&s=Balance)
  7. Al hacer la conversión para obtener el 30% del total de energía consumida en 2009, obtenemos que el sistema de producción y distribución de comida utilizó alrededor de 212,871.6 PJ en 2009.
  8. Al dividir la energía utilizada en el sistema de producción y distribución alimentaria entre la energía consumida por la población global a través de la comida, obtenemos que la energía utilizada para producir comida fue 7.23 mayor a la energía consumida a través de la comida durante 2009.
  9. NOTA: Sin embargo, dicha estimación no contempla el desperdicio de comida que va directo a la basura, por lo que el desperdicio de energía podría ser todavía mayor.

La otra historia universal y la filosofía política de Dussel

La lucidez y erudición de Enrique Dussel a la hora de narrar esa otra historia universal lejos del eurocentrismo absolutista de la modernidad, ha refrescado de una manera tremenda la discusión política de las últimas décadas. En esta conferencia magistral, el filósofo más destacado de América Latina describe al poder como una “voluntad de vida consensual acerca de cosas posibles”, donde “la comunidad es la sede del poder político (potencia)”, concepto que aglutina los tres ejes de lo político: vida, consenso, factibilidad.

Para Dussel, “la comunidad debe crear instituciones (potestas)”, y cuando “la institución se cree sede del poder se fechitiza, y es el emperador, el faraón, Hitler (…) Cuando la institución se fetichiza se hace dominación, pero cuando la institución está al servicio de un pueblo, entonces tiene otro sentido”, afirma.

En este sentido, Dussel considera que “la ley no es el principio de justicia, sino la fe”, entendida como una creencia colectiva que constituye el principio de legitimación. “Antes que la Constitución está la legitimidad y la legitimidad está en el consenso del pueblo”, señala Dussel. Conceptos muy precisos para construir una nueva forma de entender la política desde América Latina. Imperdible.

 

La captura del ‘Chapo’ Guzmán, la (falsa) solución a todos nuestros problemas

Ahora México podrá dormir tranquilo, el mal ha sido erradicado con la captura de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán (ajá, cómo no), el “delincuente más buscado del mundo”, según dicen reiteradamente en las noticieros de televisión mientras se difundían las primeras imágenes oficiales sobre la captura del líder del Cártel del Pacífico. La noticia se difundió como pólvora luego de que la agencia estadounidense AP diera a conocer la noticia alrededor de las 9:45 horas. El país enteró se paralizó. No era para menos. La fama del capo mexicano se fortaleció desde hace un par de años con una intensa publicidad promovida desde el gobierno de Estados Unidos en su afán de construir enemigos públicos como parte de una añeja tradición política.

En México, la noticia inicial provocó desconfianza (¿por qué será?). La imagen del ‘Chapo’ Guzmán con el rostro golpeado circuló con virulencia por Twitter y las redes sociales. Las confirmaciones extraoficiales de dicha información en los medios de comunicación iban acabando con la incredulidad. Noticia bomba. Alrededor de las 13:42 horas, Enrique Peña Nieto confirmaba la noticia a través de su cuenta de Twitter. Minutos más tarde, casi en punto de las 14:00 horas, el gabinete de seguridad del gobierno mexicano daría a conocer los pormenores de la captura. El procurador Jesús Murillo Karam, acompañado de los secretarios de la Defensa Nacional y la Marina, explicó que el narcotraficante fue capturado a las 6:40 de la mañana, en la ciudad costera de Mazatlán, Sinaloa, tras varios días de seguirle la pista. La historia de las siete casas del capo mexicano, conectadas a través de túneles y sistemas de drenaje, además de equipadas con puertas de hierro, aderezaban el escueto relato del procurador. Finalmente, el ‘Chapo’ salió de un hangar del Aeropuerto de la Ciudad de México para desfilar frente a la prensa y subir a un helicóptero de la Policía Federal.

Los comentarios no se hicieron esperar. Y pese a la estridente cobertura sobre la captura del líder de la mayor organización de tráfico de drogas en el planeta, la noticia está muy lejos de convertirse en la solución de todos nuestros problemas. Cómo estará la situación en el país que el gobierno de Peña estaba urgido de un golpe mediático como este, como en su momento fue Elba Esther Gordillo, para tratar de construir gobernabilidad a base de noticas bomba. En esta ocasión le tocó al Chapo ser el sacrificado en esta ruleta del poder. ¿Con esto se debilitan las estructuras criminales que sostienen al narcotráfico en México? ¿Se debilitaron los Zetas con el supuesto asesinato del Heriberto Lazcano ‘El Lazca’ o la captura de Miguel Treviño Morales, mejor conocido como el ‘Z-40’? Preguntas difíciles de responder con precisión. No sabemos hasta qué punto Guzmán seguía controlando los hilos del cártel del Pacifico. Desde hace unos días, me llamó la atención un análisis realizado por la agencia Insight Crime, especializada en temas de crimen organizado, en el cual se aseguraba que Ismael ‘Mayo’ Zambada —uno de los tres líderes del Cártel del Pacífico junto con Guzmán y Juan José Esparragoza ‘El Azul’— había perdido fuerza, tal como lo evidenciaban las capturas de varios familiares y colaboradores cercanos. Tal parece que ese fue el hilo que condujo a la aprehensión del Chapo.

¿Por qué se dio la detención en este momento? Es algo que no queda claro, sobre todo, tomando en cuenta las relaciones que existen entre las organizaciones criminales y el gobierno, tal como sostiene el exoficial de inteligencia de la DEA, Phil Jordan, en una declaración atípica con la cadena Univisión, en la que afirma que informes de la inteligencia estadounidense tienen conocimiento de que el ‘Chapo’ Guzmán financió parte de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto:

Esto coincide con algunas investigaciones de la prensa estadounidense e información filtrada a través del sitio WikiLeaks, ya que de acuerdo con información de la agencia Sratfor, especializada en asuntos de inteligencia y preveedora de información del gobierno estadounidense, la DEA tuvo en la mira al ‘Chapo’ Guzmán en 2010 pero le perdonó la vida debido a una orden proveniente de altos funcionarios del gobierno de Barack Obama para no hacerlo, según un reportaje escrito por Douglas Lucas y publicado en el sitio de investigación WhoWhatWhy?

Desde luego, la captura funcionará muy bien para fortalecer al actual régimen. El mensaje es muy claro: el PRI volverá a administrar el crimen organizado como en los viejos tiempos luego de la ineptitud de los panistas y su docena trágica. Los tricolores se consolidan como los dueños de la baraja, serán ellos quien repartan el botín, al mismo tiempo que recibirán su palmadita en la espalda por parte del gobierno de Estados Unidos. Ahora las portadas no solo serán en la revista Time, sino también en The New York Times o el Washington Post, así como el primetime en la cadena NBC y demás. La noticia ya se ha difundido con fuerza en los principales diarios del planeta. Aplausos por doquier para el gobierno mexicano. Fuegos artificiales cuyo impacto real dista mucho de esa otra realidad que a diario se vive en las calles. El mercado de la droga seguirá siendo igual de lucrativo con o sin la participación del ‘Chapo’ Guzmán. Quizá cambien los dueños de la empresa, pero el negocio seguirá intacto. El gobierno mexicano ha sido muy eficaz para capturar a aquellos personajes que afectan los intereses del grupo en el poder, pero eso no necesariamente significa que el gobierno mexicano esté dispuesto a acabar de fondo con el problema del crimen organizado. El desinterés que ha mostrado la presente administración por construir un andamiaje institucional que permita disminuir el problema de la corrupción es un claro ejemplo de ello. Y esto se debe a que la falta de controles institucionales facilita muchas de las tareas con las cuales los grupos políticos buscan mantener el poder: desvío de recursos, lavado de dinero, inyección de recursos ilícitos en las campañas electorales y un largo, largo etcétera. El problema estructural del narcotráfico seguirá ahí, intacto. Será sólo cuestión de tiempo para que surjan varias réplicas del ‘Chapo’ Guzmán. Y ahí estará el actual régimen, intentando administrar al crimen organizado para reafirmar su poder a costa de las libertades y derechos que la ciudadanía pierde a diario con tal de satisfacer los intereses de las élites. Por supuesto, no faltarán los millones de ingenuos que caerán en la trampa.

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