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El golpe contra el IPN y la urgencia revolucionaria

Los estudiantes se defienden con argumentos y tomando las calles de manera pacífica ante el golpe del régimen contra el Instituto Politécnico Nacional (IPN). No conformes con entregar la industria petrolera a los intereses extranjeros, este régimen controlado por miserables vendepatrias, ahora pretende desmantelar instituciones educativas para que las empresas extranjeras, amparadas en la reforma laboral aprobada por el PRI y el PAN, y la reforma educativa (un logro calificado como “histórico” por lo más selecto del PRD y su celebrado Pacto por México), puedan contar con mano de obra barata.

Solo un puñado de infames como los que ostentan el poder gubernamental son capaces de deteriorar la educación universitaria de su gente para que el capital extranjero y el gobierno corrupto acumule ganancias millonarias a partir de la explotación laboral, sueldos miserables y el sufrimiento de millones.

A grandes rasgos, los estudiantes plantean que la reforma del IPN desmantela el principio público con el que se fundó la institución para convertirse en una fábrica de mano de obra barata para la iniciativa privada a partir de modificaciones sustanciales al plan de estudios y otros candados legales que abren la puerta a un manejo cada vez más discrecional de la institución. Esto ha sido una constante en el actual régimen: fomentar la discrecionalidad para facilitar la corrupción y el control político. Ahí están los resultados de sus reformas estructurales y su dichosa “competitividad”. Así es la educación en los tiempos del autoritarismo jurásico recargado. Por supuesto, no tardará el linchamiento mediático contra los estudiantes conforme el descontento siga creciendo. La mediocracia cortesana y aplaudidora (empezando por las televisoras) no tardará en descalificar la protesta estudiantil. El gobierno, por su parte, ha asegurado que van a postergar la crisis aplazando la aprobación del reglamento, evidenciando que apostarán por una estrategia de desgaste.

El anuncio se da paralelamente a otra crisis al interior del gobierno federal: la matanza de 22 personas a manos del ejército en Tlatlaya y el “encubrimiento” del caso por parte de las autoridades gubernamentales y la siempre omisa Comisión Nacional de Derechos Humanos (la misma institución que dejó impune al gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, por el asesinato de un niño de 13 años con una bala de goma a manos de la policía estatal). Esto, aunado a los múltiples casos de impunidad acumulados durante el pasado reciente, el aumento de la delincuencia común y los asesinatos en el país, así como el creciente clima de encono social por la falta de oportunidades laborales y educativas, así como un pobre crecimiento de la economía mexicana, son factores dignos de tomar en consideración a la hora de describir el explosivo coctel que pareciera estar gestándose en las entrañas de la sociedad mexicana.

Necesitamos una revolución de la conciencia para detener a esta gente y su obsesión idiota de realizar sus ambiciones personales a costa del sufrimiento de millones. La sociedad mexicana no puede permanecer indiferente a lo que está sucediendo. Cabe resaltar que el gobierno será el único responsable si la violencia se llega a derramar en las calles el próximo 2 de octubre, cosa que deseo desde lo más hondo de mí, se pudiera evitar. Justamente por eso es urgente construir un proyecto revolucionario: para evitar que la sangre se derrame por las calles en un acto de legítima defensa ante la ambición desmedida de las élites. Debemos construir un proyecto de país que garantice la justicia social y acote a su insaciable élite político-empresarial.  ‪#‎TodosSomosPolitécnico‬

Algunos links con información sobre el origen de la crisis, pueden consultar:

¿Qué pasa en el IPN? ¿Por qué protestan los estudiantes?

Siete aspectos que debes conocer sobre el nuevo reglamento del IPN

El trágico fin de la Revolución Mexicana: la muerte del pacto social tras la agonía neoliberal

De un plumazo, el presidente Enrique Peña Nieto firmó el acta de defunción de la Revolución Mexicana. La larga agonía llegó a su fin. La privatización de la industria petrolera acabó con cualquier vestigio de ese proyecto político y cultural derivado del pacto social plasmado en la Constitución de 1917. El mismo proyecto que sentó las bases para el mayor desarrollo en la historia del país entre 1930 y 1976, época en que el mundo hablaba del ‘milagro mexicano’ que permitió construir, entre otras cosas, instituciones fundamentales para el desarrollo del país a lo largo del siglo XX.

Por partida doble, la reforma energética pulverizó los dos grandes triunfos históricos de la Revolución Mexicana: el reparto agrario y la expropiación petrolera. Con la nueva legislación aprobada en el Congreso por el PRI y PAN (junto a sus partidos satélite, PVEM y Panal) establece que el gobierno tendrá facultades para obligar a los propietarios a rentar sus tierras a las empresas privadas para la explotación de hidrocarburos, una actividad considerada como prioritaria para los intereses de la nación, lo cual representa una expropiación disfrazada en la jerga legislativa. El solo argumento expuesto en la Ley de Hidrocarburos es aberrante. En las últimas décadas, las empresas mineras han demostrado hasta el cansancio la manera en que los intereses privados son capaces de pisotear los derechos elementales de las comunidades ante un Estado mexicano incapaz de impartir justicia. Los casos sobran. No en balde, los conflictos sociales derivados provocados por el despojo de los recursos naturales se ha incrementado de manera sustancial en los últimos años, tal como evidencian algunos informes de académicos y organizaciones civiles[1]. De ahí la preocupación externada por organizaciones campesinas en torno a la manera en que los intereses de las trasnacionales energéticas, apoyados por el gobierno mexicano, acentuarán los conflictos sociales que existen hoy en día ante el despojo como política de Estado y la utilización de técnicas extractivas con un alto impacto ambiental y social, tal como ocurre con el proceso de fractura hidráulica utilizado para la explotación del gas shale.[2]

Del otro lado, aún con la reforma energética ya aprobada, quedan muchas dudas del impacto económico que provocará el agujero fiscal de entre 200 mil y 800 mil millones de pesos que dejará la reforma energética en el presupuesto, ya que contrario a lo establecido en la ley, la iniciativa aprobada por el PRI y PAN no cuenta con un estudio prospectivo en materia económica[3]. Una situación que agudizaría las precarias finanzas de estados y municipios de todo el país ante la posible reducción de las participaciones federales como consecuencia de que Pemex comparta la renta petrolera con empresas privadas.

Por supuesto, el asunto de la privatización de la industria energética evidencia el abandono definitivo del PRI al proyecto social que le vio nacer. Aunque esto no es nuevo, ya que desde la década de 1980 la fractura interna del tricolor y las privatizaciones impulsadas tras la adopción del modelo neoliberal evidenciaban el distanciamiento ideológico del partido hegemónico frente al nacionalismo revolucionario que justificaba la existencia del PRI, las reformas estructurales del tricolor apegadas a los intereses de las cúpulas empresariales del país han dado la última estocada a la Revolución Mexicana, luego de que la reforma laboral cancelara los derechos conquistados tras años de luchas como las huelgas de Cananea y Río Blanco.

Hoy no queda nada. Los artículos 3, 27 y 123 de la Constitución, mismos que regulaban la educación, la propiedad de la nación sobre sus recursos naturales y los derechos de los trabajadores, los cuales el PRI presumía pomposamente aún durante el sexenio fúnebre de Carlos Salinas de Gortari y su sucesor Ernesto Zedillo, son letra muerta. Los tres pilares del nacionalismo revolucionario, (el sector obrero, campesino y popular) fueron aniquilados por líderes corruptos y un modelo económico que se ha cansado de evidenciar su inoperancia ante la ineficiente política exportadora y los fallidos tratados de libre comercio que el gobierno mexicano sigue impulsando con todo y sus miserable’s resultados, incluyendo la precarización del salario, el aumento sostenido de la pobreza y las altas tasas de migración hacia los Estados Unidos.

Más allá del rollo ideológico, el PRI pareciera no haberse dado cuenta de las repercusiones que tendrán estas reformas en la vida política del país y el problema de gobernabilidad que se avecina. Esto se debe a que la restauración del modelo autoriario que pretende reinstalar el PRI es directamente proporcional a su incapacidad para constatar que el México de hoy no es el mismo que el México jurásico de la ‘dictadura imperfecta’ acuñada por el escritor peruano Mario Vargas Llosa.

El PRI es incapaz de garantizar la gobernabilidad del país e imponer su mano dura como en antaño por una sencilla razón: la debilidad de las instituciones mexicanas. Las mismas instituciones que el PRI ayudó a desmantelar en aras de un proyecto económico que a lo largo del tiempo ha resultado desastroso en términos macroeconómicos, con una tasa de crecimiento prácticamente nula en tres décadas al comparar el Producto Interno Bruto por habitante.

La diferencia entre el viejo PRI, aquel viejo monstruo del corporativismo clientelar que “robaba pero dejaba robar” y el no tan nuevo PRI de corte neoliberal tras el cisma de los años 80 está en sus bases. Las instituciones con las que contaba el viejo PRI fueron el resultado de ese caos llamado la Revolución Mexicana y el pacto social que se materializó en la Constitución de 1917. Las instituciones con las que cuenta el nuevo PRI son la consecuencia directa del proyecto neoliberal confeccionado en el concejal de Washington, donde irónicamente, uno de los principales objetivos era debilitar al Estado mexicano para cederle el paso al ‘libre mercado’. Y eso fue exactamente lo que sucedió. Los grandes intereses económicos terminaron por devorar a un Estado débil como el mexicano. Sólo así puede entenderse el enorme poder de los cárteles de la droga y los grandes grupos empresariales que han magnificado sus negocios mediante la corrupción promovida desde el gobierno. Fue así como el crimen organizado, el de pistola en mano y cuello blanco, se apoderó del país. La mafia se disputa el mercado mientras el Estado intenta recobrar su papel de intermediario. Eso es lo que dejan entrever reformas como la de telecomunicaciones, donde el gobierno pretende recuperar el poder perdido para posicionarse como mediador en un conflicto de particulares disfrazado de política pública, tal como ocurre con la disputa entre América Móvil y Televisa. Algo similar ocurrió con el gremio magisterial, cuyos liderazgos fueron cobijados durante la docena trágica panista encabezada por Vicente Fox y Felipe Calderón. Es así como a través de medidas autoritarias y antipopulares (de acuerdo con las últimas encuestas de opinión en torno a la reforma energética), el PRI intenta el control que el Estado cedió a los poderes fácticos.

El problema de fondo reside en que la debilidad sistemática de las instituciones que dan sustento al Estado mexicano representa un problema político de grandes dimensiones, ya que esto explica en buena medida, el incremento de la corrupción, la violencia y la criminalidad en todo el país. Mientras el Estado debiera ser el ente encargado de garantizar la convivencia social entre los diferentes grupos, la ineptitud de los aparatos gubernamentales para hacer cumplir la ley, con el objetivo de beneficiar los intereses de las cúpulas empresariales a través de vacíos legales que fomentan la corrupción y el crimen organizado (tal como advierte acertadamente el investigador de la Universidad de Columbia, Edgardo Buscaglia, en su libro Vacíos de poder) ha generado un ambiente de descontento generalizado tras la ruptura del pacto social que daba permitía niveles mínimos de cohesión y convivencia.

Ahora que el proyecto revolucionario ha llegado a su fin, México parece navegar a la deriva. Al no existir un acuerdo social que salvaguarde los intereses de los distintos grupos que conforman ese país llamado México para beneficiar a las cúpulas, terminará por agudizar el descontento social y la violencia que se sigue viviendo a lo largo y ancho del país aunque los medios oficialistas intentan matizar en sus titulares. El saldo de una transición democrática fallida donde las élites mexicanas han logrado sepultar de una vez por todas el proyecto revolucionario para dar paso a una reedición del Porfiriato donde los grandes hacendados serán sustituidos por las trasnacionales petroleras. Son los giros trágicos de la historia en un país desmemoriado, educado para aceptar con resignación e ingenuidad los desplantes despóticos de sus amos y su nostalgia por las asimetrías sociales que provocaron esa insurrección que alguna vez fue la Revolución Mexicana.

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[1] Emir Olviares e Israel Rodríguez. En riesgo, grandes extensiones de tierra en 4 estados por cambios en materia energética. La Jornada. http://www.jornada.unam.mx/2014/06/16/politica/006n1pol; También puede consultarse: Andrés Barreda Marín, Diagnóstico Ambiental de México, ANAA, 2009. http://www.afectadosambientales.org/andres-barreda-marin-diagnostico-ambiental-de-mexico-anaa-2009/; José Luis Lezama y Boris Graizbord. Los grandes problemas de México, capítulo IV: Medio Ambiente. Colmex, 2010. http://2010.colmex.mx/16tomos/IV.pdf

[2] Manuel H. Borbolla. Expropiación de tierras, cara oculta de la reforma energética. Agencia Quadratín: http://mexico.quadratin.com.mx/Expropiacion-de-tierras-cara-oculta-de-la-reforma-energetica-I/; Piden campesinos modificar legislación por expropiaciones: http://mexico.quadratin.com.mx/Piden-modificar-legislacion-de-expropiaciones-por-reforma-energetica/

[3] Esto de acuerdo con un estudio de la Universidad Iberoamericana campus Puebla, presentado por la bancada del PT en el Senado en julio de 2014 dentro de la discusión de la reforma energética: http://oaxaca.quadratin.com.mx/Reforma-energetica-dejara-hoyo-fiscal-de-800-mil-mdp-Bartlett/

La captura del ‘Chapo’ Guzmán, la (falsa) solución a todos nuestros problemas

Ahora México podrá dormir tranquilo, el mal ha sido erradicado con la captura de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán (ajá, cómo no), el “delincuente más buscado del mundo”, según dicen reiteradamente en las noticieros de televisión mientras se difundían las primeras imágenes oficiales sobre la captura del líder del Cártel del Pacífico. La noticia se difundió como pólvora luego de que la agencia estadounidense AP diera a conocer la noticia alrededor de las 9:45 horas. El país enteró se paralizó. No era para menos. La fama del capo mexicano se fortaleció desde hace un par de años con una intensa publicidad promovida desde el gobierno de Estados Unidos en su afán de construir enemigos públicos como parte de una añeja tradición política.

En México, la noticia inicial provocó desconfianza (¿por qué será?). La imagen del ‘Chapo’ Guzmán con el rostro golpeado circuló con virulencia por Twitter y las redes sociales. Las confirmaciones extraoficiales de dicha información en los medios de comunicación iban acabando con la incredulidad. Noticia bomba. Alrededor de las 13:42 horas, Enrique Peña Nieto confirmaba la noticia a través de su cuenta de Twitter. Minutos más tarde, casi en punto de las 14:00 horas, el gabinete de seguridad del gobierno mexicano daría a conocer los pormenores de la captura. El procurador Jesús Murillo Karam, acompañado de los secretarios de la Defensa Nacional y la Marina, explicó que el narcotraficante fue capturado a las 6:40 de la mañana, en la ciudad costera de Mazatlán, Sinaloa, tras varios días de seguirle la pista. La historia de las siete casas del capo mexicano, conectadas a través de túneles y sistemas de drenaje, además de equipadas con puertas de hierro, aderezaban el escueto relato del procurador. Finalmente, el ‘Chapo’ salió de un hangar del Aeropuerto de la Ciudad de México para desfilar frente a la prensa y subir a un helicóptero de la Policía Federal.

Los comentarios no se hicieron esperar. Y pese a la estridente cobertura sobre la captura del líder de la mayor organización de tráfico de drogas en el planeta, la noticia está muy lejos de convertirse en la solución de todos nuestros problemas. Cómo estará la situación en el país que el gobierno de Peña estaba urgido de un golpe mediático como este, como en su momento fue Elba Esther Gordillo, para tratar de construir gobernabilidad a base de noticas bomba. En esta ocasión le tocó al Chapo ser el sacrificado en esta ruleta del poder. ¿Con esto se debilitan las estructuras criminales que sostienen al narcotráfico en México? ¿Se debilitaron los Zetas con el supuesto asesinato del Heriberto Lazcano ‘El Lazca’ o la captura de Miguel Treviño Morales, mejor conocido como el ‘Z-40’? Preguntas difíciles de responder con precisión. No sabemos hasta qué punto Guzmán seguía controlando los hilos del cártel del Pacifico. Desde hace unos días, me llamó la atención un análisis realizado por la agencia Insight Crime, especializada en temas de crimen organizado, en el cual se aseguraba que Ismael ‘Mayo’ Zambada —uno de los tres líderes del Cártel del Pacífico junto con Guzmán y Juan José Esparragoza ‘El Azul’— había perdido fuerza, tal como lo evidenciaban las capturas de varios familiares y colaboradores cercanos. Tal parece que ese fue el hilo que condujo a la aprehensión del Chapo.

¿Por qué se dio la detención en este momento? Es algo que no queda claro, sobre todo, tomando en cuenta las relaciones que existen entre las organizaciones criminales y el gobierno, tal como sostiene el exoficial de inteligencia de la DEA, Phil Jordan, en una declaración atípica con la cadena Univisión, en la que afirma que informes de la inteligencia estadounidense tienen conocimiento de que el ‘Chapo’ Guzmán financió parte de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto:

Esto coincide con algunas investigaciones de la prensa estadounidense e información filtrada a través del sitio WikiLeaks, ya que de acuerdo con información de la agencia Sratfor, especializada en asuntos de inteligencia y preveedora de información del gobierno estadounidense, la DEA tuvo en la mira al ‘Chapo’ Guzmán en 2010 pero le perdonó la vida debido a una orden proveniente de altos funcionarios del gobierno de Barack Obama para no hacerlo, según un reportaje escrito por Douglas Lucas y publicado en el sitio de investigación WhoWhatWhy?

Desde luego, la captura funcionará muy bien para fortalecer al actual régimen. El mensaje es muy claro: el PRI volverá a administrar el crimen organizado como en los viejos tiempos luego de la ineptitud de los panistas y su docena trágica. Los tricolores se consolidan como los dueños de la baraja, serán ellos quien repartan el botín, al mismo tiempo que recibirán su palmadita en la espalda por parte del gobierno de Estados Unidos. Ahora las portadas no solo serán en la revista Time, sino también en The New York Times o el Washington Post, así como el primetime en la cadena NBC y demás. La noticia ya se ha difundido con fuerza en los principales diarios del planeta. Aplausos por doquier para el gobierno mexicano. Fuegos artificiales cuyo impacto real dista mucho de esa otra realidad que a diario se vive en las calles. El mercado de la droga seguirá siendo igual de lucrativo con o sin la participación del ‘Chapo’ Guzmán. Quizá cambien los dueños de la empresa, pero el negocio seguirá intacto. El gobierno mexicano ha sido muy eficaz para capturar a aquellos personajes que afectan los intereses del grupo en el poder, pero eso no necesariamente significa que el gobierno mexicano esté dispuesto a acabar de fondo con el problema del crimen organizado. El desinterés que ha mostrado la presente administración por construir un andamiaje institucional que permita disminuir el problema de la corrupción es un claro ejemplo de ello. Y esto se debe a que la falta de controles institucionales facilita muchas de las tareas con las cuales los grupos políticos buscan mantener el poder: desvío de recursos, lavado de dinero, inyección de recursos ilícitos en las campañas electorales y un largo, largo etcétera. El problema estructural del narcotráfico seguirá ahí, intacto. Será sólo cuestión de tiempo para que surjan varias réplicas del ‘Chapo’ Guzmán. Y ahí estará el actual régimen, intentando administrar al crimen organizado para reafirmar su poder a costa de las libertades y derechos que la ciudadanía pierde a diario con tal de satisfacer los intereses de las élites. Por supuesto, no faltarán los millones de ingenuos que caerán en la trampa.

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La protesta social a ritmo de son jarocho

La inconformidad del México rural. “Me gusta la leche me gusta el café, pero mi salario no da pa‘ comer”. Así canta este son de los Cojolites, dedicado al presidencialismo mexicano.

La fastuosa impunidad: el IFE como instrumento del régimen

Durante la campaña, los “críticos” más feroces de Andrés Manuel López Obrador le reprochaban que antes de la elección desconociera a “las instituciones democráticas de este país”, en alusión al IFE. Meses después, el tiempo le dio la razón al Peje. Cualquiera que haya vivido de cerca las campañas presidenciales sabe que la inequidad en la contienda fue tremenda en lo que a recursos económicos se refiere. ¿Ya se olvidó la manera en que el PRI tapizó el país con espectaculares de Peña Nieto? ¿Los viajes en avión privado? ¿Los más de 30 spots con la firma de Pedro Torres, productor estrella de Televisa? ¿Los hoteles de lujo? ¿La mordaza monetaria impuesta a los medios? Ahora resulta que López Obrador fue el que rebasó los topes de gasto de campaña. Así es la política mexicana de aires kafkianos. “Las instituciones de este país están bajo control de la mafia en el poder”, argumenta el tabasqueño. ¿Alguien en su sano juicio puede contradecir esta premisa?

¿Dónde están ahora los críticos que defendían con tanta vehemencia a las “instituciones democráticas” de este país? ¿Dónde están los cuestionamientos de Aguilar Camín, Ciro Gómez Leyva, Carlos Loret y otros críticos de ocasión? Con las cabezas debajo de la tierra como avestruces, aplaudiendo con fervor los logros del PRI en su regreso al poder.  El golpeteo político como sustituto podrido de la realidad.

Los consejeros del IFE tuvieron que utilizar argumentos hilarantes para exonerar al PRI. Reconocieron que el PRI había triangulado al menos 66 millones de pesos a través de Monex para la campaña de Peña Nieto, pero dijeron, no podían multar al tricolor porque el contrato que hizo con la empresa Alkino (a través de la cual se trianguló todo el asunto) era para “dispersar” monederos electrónicos, no dinero en efectivo. Poco les importó que esos monederos electrónicos tuvieran 50 millones de pesos adentro. A ese nivel discursivo, tan lastimero como indignante, tuvieron que recurrir para defender lo indefendible. La prueba contundente de la ilegitimidad del actual régimen, tema que se omite con alevosía y ventaja de la esfera mediática. Silencio cómplice convertido en mercancía para darle validez a la escena teatral que intentan disfrazar de democracia. Fastuosa impunidad.

El común denominador de la impunidad: la ceguera conveniente

Era de esperarse. En un país gobernado por la corrupción todo es posible. El IFE reconoce que se inyectaron al menos 50 millones de pesos a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto a través de tarjetas electrónicas Monex, pero al mismo tiempo no encuentra (o mejor dicho, no quiere encontrar) razones para fundamentar las quejas del PAN y la coalición de las izquierdas conformadas por el PRD-PT-MC. Vaya sorpresa.

El castigo no pasará de una multa de varios millones de pesos, con lo cual, se reafirma que la presidencia de México está a la venta del mejor postor. Poco importa que el cargo se compre con dinero público desviado de los gobiernos estatales para las campañas, recursos provenientes de los monopolios o el crimen organizado. Lo mismo da. Quizá por ello aun desconocemos la procedencia del dinero inyectado a la campaña de Peña a través de empresas fantasma como Inizzio y Grupo Efra.

La inminente expiación de toda culpa al hoy presidente de la República sólo evidencia la ceguera conveniente de las autoridades electorales, entes diseñados para la simulación imbécil y humillante de un Estado democrático que sólo existe en la imaginación perversa de nuestra clase política. Los casos sobran para sostener el dicho. Ahí están los sobornos de Wal-Mart para fortalecer su monopolio. Ahí está la privatización silenciosa e ilegal de Pemex y sus contratos de coinversión con Mexichem. Ahí están los privilegios fiscales para el Dragon Mart de Cancún. Las deudas exorbitantes de gobiernos estatales y municipales marcados por la opacidad de sus finanzas y el robo sistemático como modus vivendi. Las mafias de casinos protegidas por el PAN. Las policías comunitarias en la Costa Chica de Guerrero que buscan mantener con vida a sus pueblos frente a los embates del crimen organizado y la ineptitud de gobiernos que dan fuerza a la hipótesis de México como Estado fallido. El silencio mordaz e interesado de los llamados líderes de opinión, mercaderes de la mentira y el aplauso fácil. Casos actuales con un común denominador: la impunidad.

La clase política intenta vernos la cara de pendejos otra vez, como lo ha hecho antes, exitosamente, lamentablemente. Una vez más, el país atestigua un triunfo electoral marcado por la infamia, la trampa permanente como medio garantizado para acceder al poder. Ahí está también una oposición hecha añicos, avalando la traición que intentan lavar con las dádivas del Pacto por México y las reformas neoliberales que garantizarán a las cúpulas mantener el control del país unos años más. Y mientras tanto, el ominoso letargo de la ciudadanía sigue atrapado en los anhelos de conseguir fama y fortuna a cambio de no mover un dedo. Los aullidos aislados naufragando en la desidia cómplice de los sordos. Otro día de luto para este país moribundo que escupe sangre desde sus entrañas. ::.

La reforma laboral del PRIAN: el intento de la burguesía mexicana para aplastar a los trabajadores

La reforma laboral que pretenden aprobar el PRI y el PAN es una afrenta contra los trabajadores de este país, cuyo propósito es legalizar condiciones de esclavitud similares a las que existen en países como China con el fin de aumentar la “competitivdad” y las ganancias de los empresarios. Esto significa a grandes rasgos, legalizar un nivel mayor de explotación laboral.

Cualquiera que haya leído El Capital de Karl Marx, sabe una mayor explotación laboral implica una mayor concentración de riqueza por parte de los dueños del capital, dadas las características del trabajo como mercancía para generar plusvalor. De este modo, la burguesía mexicana pretende facilitar los despidos a través de contratos basura y outsourcing para que los empleados no generen antigüedad y no tengan derecho a liquidación ni otro tipo de prestación legal.

En síntesis, pretenden aplastar a los más pobres y a las clases medias con tal de beneficiar a los ricos. Y si encima de eso la derecha logra también concretar una reforma laboral para aumentar el IVA y gravar alimentos y medicinas, estamos jodidos.

Ni siquiera les importa la opinión de los expertos, ya que el mismo Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM se ha pronunicado en contra de la reforma debido a que la propuesta por el gobierno federal y los empresarios, no es un factor que detone el empleo, ya que sólo se busca disminuir los costos de producción, para competir contra el resto de las economías, sólo con mano de obra barata y no con mayor eficiencia productiva. Si tomamos en cuenta que a fines de 2011 el 56.8% de los trabajadores ocupados en México, tenían ingresos máximos de tres salarios mínimos ¿qué consecuencias sociales podemos esperar de una reforma tan mezquina como la que pretende aprobar el PRIAN? Sobre todo, cuando datos del IIEc de la UNAM señalan que en los últimos 12 años los salarios tuvieron un crecimiento de apenas 0.5%, además de que las dos terceras partes de las fuentes de trabajo que hoy se generan en México se ubican en la informalidad. (http://eleconomista.com.mx/industrias/2012/03/07/reforma-laboral-no-abatira-desempleo-mexico-unam)

Yo me pregunto: ¿dónde están ahora todos aquellos que votaron por los miserables del PRI y el PAN? ¿Dónde están aquellos que celebran el sexenio de Felipe Calderón (la prueba más contundente de la ignorancia y enajenación que existe en este país)? ¿Dónde están aquellos que decían que el Peje era un peligro para México? ¿Qué van a hacer ahora que les quiten sus prestaciones y los dejen sin liquidación cuando llegue un recorte de personal?

La reforma laboral evidencia el profundo desprecio que tienen las élites del poder económico y político por las mayorías. Lo más triste es que los aparatos de dominación en este país funcionan con tanta eficacia, que el grueso de la gente ni siquiera se enterará de qué putas trata la reforma laboral. He ahí el precio que pagan los pueblos por tener una población sometida y manipulada en función a los intereses de las élites. No en balde, la derecha parlamentaria pretende aprobarla en modalidad “fast track” y en lo “oscurito” con el fin de evitar un conflicto político y una confrontación abierta con las clases trabajadoras de este país.

¿Qué vamos a hacer al respecto? Salir a las calles y advertirles a los señores feudales de México que habemos quienes no estamos dispuestos a permitir semejante ignominia. Si la presión social no es suficiente para detener esta barbarie, dado el grado de apatía y estupidez generalizada que prevalece en el grueso de la población, la clase política deberá asumir las consecuencias de sus actos. Que no se sorprendan cuando un sector de la población debidamente informada les cobre la cuenta.

Así las cosas: la realidad mexicana en vísperas de la elección presidencial

A pocos días de las elecciones presidenciales el panorama es desolador. La gente se encuentra confundida, resignada, impotente ante lo que pareciera ser un destino inevitable. Los poderes fácticos se alinean a favor del poderoso: todos quieren brincar al barco ganador. Pareciera que el sistema político mexicano ya votó por Enrique Peña Nieto y no hay nada más que hacer.

En lo personal, me siento abatido. Me resisto a seguir siendo tratado como peón de aquellos que se piensan como amos y señores de México, eligiendo el futuro de  millones de personas con sus carteras llenas y su indiferencia al sufrimiento de otros.

No es nada en contra de Peña, lo juro. Es un tipo bien educado en las formas (no así en los fondos), políticamente correcto, entrenado para no salirse del guión impuesto por los grupos de poder a los que representa. Un político insípido que se limita a decir “yo respeto” cada vez que se topa con un tema incómodo. Un autómata fabricado a imagen y semejanza del régimen autoritario al que pertenece, un sistema basado en el control. Así fue su campaña: controlada de principio a fin. Cada acto fue planeado por sus asesores con precisión milimétrica. En los spots nunca se le despeinó un solo pelo, ni se le veía una sola arruga a sus camisas. Todo salió impecable en este melodrama con tintes de farsa producido por Televisa.

Ante las críticas, Peña optó por el control de los medios. Repartir dinero se convirtió en el remedio a todos sus problemas, tanto a los reporteros que cubrieron su campaña (salvo honrosas excepciones) como a los grandes jeques de los medios, esos señores feudales de la información, capaces de inventarse de la nada a un candidato ganador y construirse una realidad paralela que sólo es posible en las pantallas de televisión y los titulares de la prensa. Quizá por eso me resulte tan difícil entender que un ex gobernador con una gestión tan  mediocre (por decir lo menos) se nos presente como puntero de las encuestas. Por más que busco justificaciones para ello, no encuentro argumentos sólidos para explicar cómo es que un gobernador cuyo mayor logro fue construir carreteras cuente con el beneplácito de millones. Basta darse una vuelta al Estado de México para darse de topes con la verdad.

Durante el segundo debate entre los presidenciables, Peña aseguró que si algo lo había marcado durante su campaña era haber visto de cerca las condiciones de pobreza y marginación en la que vivían millones de mexicanos. Un descubrimiento cuyo cinismo no deja de parecerme terrible, dados los casi de siete millones de pobres (43% de la población que vive en el Estado de México) que habitan la entidad que gobernó durante seis años.[1] Personas a quienes la administración de Peña mantuvo en el olvido, según evidencian datos como los del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), organismo que ubica al Estado de México como la entidad donde más creció la pobreza de 2008 a 2010[2] y donde existen tres de los diez municipios más pobres del país (Ecatepec, Nezahualcóyotl y Toluca).[3]

Sin embargo, la pobreza no es el único tema en el que el Estado de México presenta deficiencias. En materia de derechos humanos la administración de Peña resultó ser un desastre rotundo como lo evidenció el caso Atenco, de acuerdo con el análisis de organizaciones civiles como el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez [4].

Algo similar ocurre en temas vinculados con la inseguridad, donde la falta de datos confiables impide hacer una evaluación seria de la política de seguridad de Peña, según la opinion de especialistas de la organización México Evalúa[5] y los vacíos de información que se presentan en estudios como el del Instituto Ciudadano de Estudios Sobre Inseguridad.[6]

En materia económica el escenario no es muy diferente. Datos del IMCO en 2010 ubicaban al Estado de México como la entidad con el segundo lugar en corrupción (dato con el cual coincide la organización Transparencia Mexicana[7]) y la segunda entidad con mayor deuda (aún cuando habrá que reconocerle a Luis Videgaray la manera en que reestructuró las finanzas del estado tras la criminal gestión de Arturo Montiel), ubicándose como la quinta entidad menos competitiva del país, a pesar de contar con el presupuesto más oneroso de la federación.[8]

En educación tampoco se obtuvieron logros importantes. Según el informe Estado de la educación en México 2011, desarrollado por la organización Mexicanos Primero, las estrategias locales impulsadas por el gobierno mexiquense “no han alcanzado a impactar en forma contundente” en el grueso de la población[9], aún con los pequeños avances que los estudiantes mexiquenses del nive básico y medio han registrado en la prueba Enlace desarrollada por la Secretaría de Eduación Pública.[10]

En el tema de infraestructura tampoco puede hablarse de resultados del todo exitosos para la administración Peña, pues si bien es cierto cumplió con la mayoría de sus compromisos firmados ante notario, muchos de ellos los cumplió a medias (123 según el PAN).[11] De ahí que para analistas como Raymundo Riva Palacio, casos como el de Zumpango evidencien las obras a medio terminar que dejó Peña, pues de los tres compromisos firmados en dicho municipio, tres de ellos quedaron inconclusos: un parque ecológico contaminado, un hospital sin doctores y una biblioteca sin libros.[12] Quizá por ello, los logros que presume el ex gobernador mexiquense resulten tan cuestionables para algunos expertos.[13]

Por más que intento, no puedo encontrar elementos suficientes para justificar la ventaja de Peña en función de sus resultados como gobernante. ¿Cómo puede un gobernante tan gris llevar una ventaja holgada en todas las encuestas? Pues por el apoyo que le han dado los medios para tapar sus debilidades. Ahí están las denuncias hechas por medios como Proceso y el diario británico The Guardian para tartar de demostrar el vínculo entre Peña y Televisa. Ahí están las portadas de diarios como Milenio, El Sol de México, El Universal, La Razón o La Crónica, los comentarios de los locutores de cadenas como RadioFórmula, o “líderes de opinion” tan cínicos como Cyro Gómez Leyva, Ricardo Alemán, Joaquín López Dóriga y muchos otros, siempre tan aplaudidores del PRI, apostándole siempre a su gallo en la contineda presidencial. “Ya luego vendrá la recompensa cuando Peña sea presidente”, se dicen a sí mismos mientras se frotan las manos llenos de avaricia y sin importarles un carajo su responsabilidad social a la hora de informar. Medios que, como todos, operan en función de sus propios intereses aún cuando se dicen defensores del interés público. Vaya hipocresía. Sólo así puede entenderse la supuesta supremacía electoral de un candidato que ha realizado campaña con las estructuras de su partido político en lugar de acercarse a la gente, al pueblo, algo que incluso se evidencia en sus spots donde resaltan las calles vacías que evidencian su carácter antipopular. Ahí se revelan las intenciones de Peña para gobernar desde la comodidad del televisor.

Y sin embargo, Peña es el menor de nuestros problemas. Lo grave es que un probable triunfo electoral del PRI significaría el regreso al modelo de partido hegemónico. Al controlar la presidencia de la República, obtener mayorías en las dos cámaras del poder legislativo y asegurar más de la mitad de las gubernaturas, el equilibrio de poder que se venía construyendo desde la fallida alternancia, nuestra incipiente democracia terminará de joderse. He ahí el riesgo inminente: el regreso del régimen autoritario y vertical que gobernó a su antojo este país durante 70 años, acompañado de las mafias que hoy buscan servirse con la cuchara grande.

Ahí están también los vínculos del PRI con los cárteles de la droga en estados como Tamaulipas y Veracruz, ahí están los 34 mil millones que Humberto Moreira robó a Coahuila, ahí están Elba Esther Gordillo y Carlos Romero Deschamps, tan impunemente libres, al igual que gobernadores criminales como Ulises Ruíz y Mario Marín, por citar tan solo algunos de los nombres más selectos de la camarilla tricolor. Ahí estarán también personajes maquiavélicos como Manlio Fabio Beltrones y Carlos Salinas de Gortari, operando desde las sombras con la protección de Peña para que el PRI pueda construirse una estructura legal y política lo suficientemente sólida como para mantener el poder en los años venideros. Ahí estarán los priístas, aprobando sus reformas liberales para terminar de hundir a un país que no termina de reponerse de linduras como el Tratado de Libre Comercio o el Fobaproa. Ahí estarán fortaleciendo sus aparatos de espionaje y control, sus clientelas siempre listas para las despensas que dejará el próximo proceso electoral. Ahí estará el grueso de los mexicanos, tan serviles a las órdenes del nuevo amo que buscará ser reverenciado en cada acto público, en cada entrevista. Ahí estarán las promesas de poner en cintura a las bandas criminales, aún cuando esto no represente ninguna garantía de estabilidad.

Sin embargo, el actual escenario previo a la jornada electoral del 1 de julio no podría entenderse sin la manera en que el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador perdió la inercia ascendente que llevaba a lo largo de la contienda tras su participación en el segundo debate entre los presidenciables, realizado en Guadalajara. El tabasqueño perdió el momentum al apostarle a una estrategia de no confrontación, en aras de convencer a los votantes independientes. Peña salió ileso del segundo debate, aún cuando había material para evidenciarlo ante las millones de personas que siguieron el ejercicio a través de la televisión. López Obrador dejó escapar la oportunidad ideal para asestarle el golpe definitivo al candidato tricolor.

Tampoco reaccionó en el posdebate, cuando el presidente Felipe Calderón aseguró que no le salían las cuentas, situación que fue aprovechada por el PRI para golpear a su más cercano perseguidor. Rogelio Ramírez de la O, la propuesta de López Obrador para encabezar la Secretaría de Hacienda, nunca dio la cara ante los medios para aclarar el punto y contrarrestar el ataque.

El otro golpe bajo lo asestó el PRI un día antes del debate organizado por el movimiento estudiantil #YoSoy132, cuando a través de YouTube se dieron a conocer las grabaciones que vinculaban a los universitarios con líderes de la izquierda, lo cual ayudó a fortalecer la campaña que el PRI emprendió contra los estudiantes desde varias semanas atrás, mediante las descalificaciones de columnistas y líderes de opinión coptados por el tricolor. Fue así que el equipo de Peña buscó quitarle legitimidad al debate de los #YoSoy132, al cual se negó a asistir para administrar su ventaja.

Y mientras todo esto ocurría, López Obrador se enredaba en sus propias contradicciones, dando respuestas confusas cada vez que se le preguntaban si respetaría los resultados del Instituto Federal Electoral. Un día denunciaba un intento de fraude y al día siguiente celebraba la imposibilidad del fraude denunciado el día anterior. La esquizofrenia del discurso lopezobradorista fue tierra fértil para que sus enemigos volvieran a golpearlo mediante comparaciones con el presidente venezolano Hugo Chávez.

La lentitud de AMLO para reaccionar le pasó factura. Desaprovechó el escándalo mediático generado por la nota del diario británico The Guardian, famoso por haber sido el eje de las filtraciones de WikiLeaks, sobre el vínculo de Peña con las televisoras. También pasó por alto caso denunciado por la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, sobre una red de espionaje con fines políticos financiada con dinero del Estado de México para favorecer la carrera de Peña Nieto rumbo a Los Pinos, un tema que evidencia el carácter autoritario del PRI y que sin embargo se diluyó de la agenda pública gracias al fuerte cerco mediático impuesto por el tricolor. Tampoco se aprovechó el peso mediático de Marcelo Ebrard Casaubon y Juan Ramón de la Fuente (propuestos para la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública, respectivamente), quienes al igual que Cuauhtémoc Cárdenas, terminaron regateando su apoyo al tabasqueño, quien nunca terminó de explotar realmente a su gabinete.

A una semana del día definitivo, la campaña de López Obrador nunca terminó por prender del todo, a pesar de que el instinto de supervivencia del político tabasqueño lo tiene con posibilidades de dar la sorpresa, aún con la amplia desventaja que tiene frente al PRI en cuanto a recursos económicos y estructura. Además, los análisis de prospectiva actuales no han logrado medir cuál será el impacto real que tendrá el Movimiento de Regeneración Nacional  (Morena) el día de la elección. El arma secreta del Peje es un misterio que sólo sus colaboradores más íntimos conocen a fondo, luego de seis años de recorrer todos los rincones del país en busca de un contrapeso a las estructuras partidistas. El éxito de López Obrador dependerá del voto independiente que logre captar en esta recta final de la contienda. Las plazas llenas en estados como Nuevo León, Jalisco, Puebla, Oaxaca o incluso el propio Estado de México, todavía mantienen viva la esperanza de sus simpatizantes, aún a pesar de las pifias cometidas por el tabasqueño en las últimas semanas y a pesar de los personajes que lo siguen arrastrando al descrédito público y que van desde el ex priísta Manuel Bartlett hasta el siempre recordado René Bejarano.

Si bien Josefina ha logrado levantarse un poco en las últimas semanas tras su desastrosa campaña, esto no impedirá que el PAN termine como tercera fuerza. Los panistas están derrotados y lo saben. Un secreto a voces que incluso han reconocido fuera de micrófonos integrantes del cuarto de guerra blanquiazul como Ernesto Cordero, Juan Ignacio Zavala o Alberto Pérez Cuevas, brazo derecho de Chepina. Me da la impresión de que el partido de Calderón evitará que su candidata se desfonde para apostarle a un conflicto poselectoral, ante una elección cerrada, y sentarse a negociar con el PRI. Un escenario muy similar al de 1988, cuando el PAN empezó su carrera a Los Pinos tras validar el fraude que terminaría imponiendo a Carlos Salinas de Gortari en la silla presidencial.

Gabriel Quadri en cambio, nunca pasó de ser una puntada de la maestra Gordillo que fue perdiendo gracia y simpatías conforme su enorme arrogancia terminó destacando más que sus propuestas de corte liberal. Si acaso le ayudará al partido Nueva Alianza a captar algunos votos para asegurar el registro mientras las estructuras del magisterio operan a favor de Peña, justo como se planeó desde el inicio.

Así las cosas, el panorama luce difícil. Sobre todo, porque la inmensa mayoría de los mexicanos parecieran no entender lo que está en juego. Las discusiones de política a través de las redes sociales se han centrado, en buena medida, en la capacidad y honestidad de los personajes, elementos que, si bien no dejan de tener cierta relevancia, pasan a segundo término cuando lo que está en el aire es el proyecto estructural que deberá seguir el país los próximos seis años: apostar por la continuidad de las política de libre mercado o darle fortalecer al Estado como ente regulador de la desigualdad que genera el mercado. Si bien cada candidato tiene matices muy particulares en sus plataformas programáticas (aquí un buen análisis de ellas: http://arenaelectoral.com/como_van#temas_pos), me parece que no hay que perder de vista lo importante a la hora de salir a las urnas: la urgente necesidad de un cambio de fondo en las relaciones de poder para quitarle peso a las partidocracias y fortalecer al ciudadano en lo referente a la toma de decisiones. Algo que resulta particularmente preocupante en votantes muy concentrados en la elección presidencial y que ha reparado poco en la manera en que se articularán las fuerzas políticas al interior del Congreso, tal como lo sostiene un estudio del Comité Conciudadano para la Observación Electoral, el cual señala que los mexicanos votarán a ciegas por sus representantes debido a que sólo el 2% de los 6 mil 442 candidatos al poder legislativo se han dado a conocer ante la ciudadanía.[14]

Debemos entender a los políticos como un instrumento para alcanzar nuestras metas como sociedad, no como un fin en sí mismos. Me parece urgente utilizar las herramientas que tenemos a la mano para romper con las aparatos de dominación hoy vigentes que pretenden fortalecer aún más el poder de los oligopolios, aún cuando sus abusos están desgarrando al país entero. Por eso mi voto este 1 de julio estará con López Obrador, ese “caudillo anticuado que no conoce la autocrítica pero que representa un mal menor”, como bien apunta Juan Villoro.[15] Aclaro que mi voto por la izquierda no representa un cheque al portador y que, gane quien gane, habremos de exigirles resultados y cuentas claras a quienes resulten electos, siempre y cuando ganen en buena lid. Ante este ambiente de tintes fúnebres y esperanzas a medio coagular, no queda más remedio que seguir transformando al mundo desde la trinchera que le corresponde a cada quién. La democracia y la construcción de ciudadanía no pueden reducirse únicamente a un proceso electoral. Así las cosas, que pase lo que tenga que pasar.


Semiótica electoral a la mexicana: los presidenciables y sus spots

Los cuatro candidatos a la presidencia de México presentaron sus primeros spots televisivos con los que bombardearán a la ciudadanía durante los tres meses de campaña. Por ello resulta interesante hacer un breve análisis sobre la manera en que cada uno ha construído la forma y contenido de sus respectivos mensajes:

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Enrique Peña Nieto

Por mucho, los spots de mejor hechura, no sólo por el tratamiento audiovisual (cortesía de Televisa y su productor estrella, Pedro Torres), sino también por la claridad del mensaje que desea transmitir. La presencia mediática de Peña Nieto es su punto fuerte durante la campaña y sus asesores lo han sabido explotar. La idea de grabar spots por todo el país, con un Peña paseándose por rincones emblemáticos de cada entidad y emitiendo mensajes diferenciados para llegar a públicos (mercados) diferentes, fue una movida atinada en términos de comunicación política. Una jugada que le ayudará a posicionar su imagen como un tipo cercano a la gente en el imaginario de los mexicanos y que además permitirá contrarrestar la idea de que López Obrador es el candidato que mejor conoce el país. Aún cuando no sea lo mismo conocer todos los municipios de México durante seis años que hacer un mini recorrido de dos meses, poco importa para efectos mediáticos a la hora de manipular a la opinión pública que se dejará seducir por la imagen de Peña Nieto encarnando el papel de galán telenovelero al que aspiran millones de personas influenciadas por los insoportables melodramas de Telerrisa. Las imágenes son impecables. El ex gobernador mexiquense luce fresco, pulcro, portando ropa de diseñador, con el pelo perfectamente engominado mientras camina firme y decidido por las calles de Guanajuato, baila un danzón en el puerto jarocho o se come unos tacos de pescado en las costas de Quintana Roo. Algo que además, refuerza a los gobernadores como el epicentro del poder priísta en la actualidad. La oferta política es clara: cumplir sus compromisos. Algo que va muy ad hoc con el nombre de la coalición PRI-PVEM (Compromiso por México) y que ayudará a fortalecer la campaña mediática que hizo durante sus seis años como gobernador del Estado de México. Si la presidencia de la República se decide en las pantallas de televisión, el ganador es indiscutible, siempre y cuando no cometa errores garrafales que le hagan perder la ventaja en las preferencias electorales.

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Josefina Vázquez Mota

La Chepina prefirió utilizar una estrategia mucho más dramática que intenta posicionarla como una mujer fuerte, capaz de lidiar con el crimen organizado en un país donde la cifra de muertos derivados de la guerra contra el narco ya supera los 60 mil. Cada uno de los spots toca temas diversos: seguridad, educación y su origen. En ninguno menciona lo que había sido su principal fortaleza durante la precampaña: su condición de mujer. Los mensajes son duros, directos, con palabras gigantes en el fondo dando martillazos al televidente, mientras la música tétrica evidencia la situación de crisis por la que atraviesa el país. Por ello, su oferta política es totalmente contradictoria. La candidata que promete darle continuidad al proyecto panista comandado por Felipe Calderón ofrece también “Un México diferente”. ¿Qué diablos quiere decir? ¿Darle continuidad a las mismas políticas pero al mismo tiempo lograr un cambio? El mensaje es falaz, confuso, lo cual difícilmente podrá revertir la caída de Vázquez Mota en las últimas encuestas. La última parte, donde aparece la Chepina viendo el atardecer con un rostro más amigable, quizá hubiera sido la parte que debieron explotar sus asesores de imagen: una imagen más afable y hogareña que hiciera un contrapeso a los otros candidatos. Sus spots son inconsistentes, al igual que la carrera política de Vázquez Mota, quien necesitará todo el apoyo de Calderón y los recursos públicos al alcance del gobierno federal para tener posibilidades reales de alcanzar la presidencia de la República, “haiga sido como haiga sido”.

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Andrés Manuel López Obrador

Los spots en radio y televisión nunca han sido el fuerte del Peje. Lo dejó claro con sus primeros spots, los cuales dejan mucho que desear en términos de comunicación política. El primero de ellos, AMLO ofrece su “mano franca en señal de reconciliación (…) a quien pudo afectar en su determinación de luchar por la democracia y la paz”. El mensaje es claro: ofrece reconciliación y pide perdón a medias. El problema es que el spot grabado en una sola toma resulta aburrido, poco estimulante en términos audiovisuales, además de que su lenguaje corporal luce tieso, acartonado, lo cual le resta credibilidad e impide que el público pueda engancharse con lo que ofrece. En el segundo, se hace un recuento histórico de los últimos cien años de México con fotografías en blanco y negro acompañadas de la narración del actor Damián Alcazar, para darle un toque de cine documental. El mensaje, cargado de altas dosis de ideología, trata de posicionar a López Obrador como heredero de la Revolución Mexicana y como la única opción disponible frente a la derecha encarnada por el PRIAN. La fotografía en la que se ve acompañado de Cuauhtémoc Cárdenas resulta lejana, apenas discernible, algo que definitivamente no ayuda a contrarrestar el distanciamiento que una vez más, ha mantenido el ingeniero dentro de la campaña presidencial, tal como lo evidenció con su notable ausencia en la toma de protesta del Peje ante el PRD y su posterior registro en el IFE. El spot es plano, gris. Ni siquiera cuando aparece AMLO a colores logra impactar. El cierre, dando la espalda al televidente y mirando por la ventana es desastroso, pues además, impide que el espectador pueda retener la figura del dirigente de Morena. Si bien su popularidad no lo necesita, podría ayudarle a transmitir con mayor eficiencia su menaje de reconciliación. Si López Obrador aspira a repuntar en la contienda presidencial, tendrá que replantear su estrategia mediática, aún cuando resongue todo el tiempo de ella. Necesita spots menos teóricos y más emotivos, explotando su discurso amoroso y el posicionamiento de su eslogan sobre el “cambio verdadero”. También sería pertinente meter en sus spots una canción pegajosa como el himno de Morena, una cumbia populachera y guapachosa, con el fin de lograr mayor retención en el público. Aunque puede corregir el rumbo, su necedad y la cerrazón de sus asesores más cercanos serán el principal obstáculo para ello.

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Gabriel Quadri

Un spot de risa para una campaña de broma cortesía de la maestra Elba Esther Gordillo y sus huestes. Una combi color acua y cuatro jóvenes parodiando a los cuatro candidatos presidenciables. Sólo les falta conseguirse un perro estilo Scooby Doo y resolver misterios por todo el territorio nacional para completar la caricatura. Quadri nunca se presenta a los espectadores, aún cuando apenas es conocido por un 20% de los votantes. “La Nueva Alianza es contigo. ¿Contamos contigo?”, un eslogan flaco que sin embargo busca posicionar la imagen del partido propiedad del sindicato de maestros. Los personajes y la trama ya la definieron. Ojalá Quadri y su campaña de caricatura nos sigan entregando buenas dosis de entretenimiento chatarra durante los próximos tres meses. Sólo Juanito y su candidatura presidencial podrían hacerle sombra.

De la barbarie del neoliberalismo a la esperanza de la organización social

Hay que tomar el documental De la barbarie a la esperanza como lo que es: propaganda en tiempos electorales (sobre advertencia no hay engaño). Sin embargo, el caracter propagandístico de la película no le resta ciertas virtudes, como explicar a detalle cómo se ha generado la actual crisis económica, política y social que padece México, producto de la ambición desmedida de los pocos a costa del trabajo de los muchos. Se podrá cuestionar a López Obrador y su doble cara, su cercanía con personajes como René Bejarano, su carácter seco y en ocasiones socarrón, pero la verdad que denuncia difícilmente puede ser cuestionado a través de argumentos racionales. El dato de la cantidad de mexicanos que aparecen en la revista Forbes antes y después de la apertura comercial con Estados Unidos habla mucho del país en que vivimos actualmente.

Lo mismo ocurre con los estragos generados por las mineras, petroleras y bancos extranjeros que operan bajo el amparo y la complicidad de los gobiernos de derecha que juegan a pintarse de diferentes colores para tratar de disfrazar que, en el fondo, tanto el PRI como el PAN obedecen a los mismos intereses, es decir,  beneficiar a las oligarquías y los grupos de poder que pretenden imponer su voluntad a toda costa.

Las elecciones de julio próximo no definirán el triunfo de un candidato presidencial, sino el triunfo de un proyecto político: la continuidad del modelo neoliberal o la resintalación del proyecto inconcluso de la Revolución Mexicana.

Dice Lorenzo Meyer que en México la izquierda nunca ha podido alcanzar el poder por la vía pacífica. Esperemos que lo logre pronto, ya sea a través del voto o por la construcción de una conciencia colectiva que nos ayude a darnos cuenta de que otro México es posible.

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