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La paradoja Lego: el orden contra la imaginación

La película de los populares juguetes Lego es paradójica. Por un lado, es un comercial de hora y media, promoviendo los típicos patrones de consumo de la sociedad norteamericana. Por otro lado, cuenta una historia sobre cómo la fe puede cambiar el curso de los tiempos, en esa lucha permanente entre la inmovilidad de un orden preestablecido y el revolucionario poder de la imaginación. Una película antisistema que opera dentro sistema. Casi como una adaptación de Matrix para niños (y no tan niños). Dotada de un humor dicharachero y un ritmo vertiginoso, la película deja de ser un simple proyecto comercial para transmitir algo más: la posibilidad de crear un nuevo mundo posible. Muy recomendable para pasar un rato jocoso inventando otras posibilidades de realidad.

Bitcoin: dinero digital sin intermediarios ni banqueros multimillonarios

La idea que fundamenta la aparición del Bitcoin, la primera moneda digital P2P de código abierto, es particularmente sugerente: dinero sin intermediarios. Lo trascendente no es el cambio de dinero físico a digital, como suelen destacar los medios, sino las posibilidades que ofrece para rediseñar el sistema monetario global sin la participación de los bancos.

Lo más sorprendente, desde mi perspectiva, es que cada usuario poseedor de un Bitcoin tiene una copia digital con información de todo el dinero circulante en la red, lo cual permite a los usuarios conocer de manera directa cuánta moneda circulante existe en el ciberespacio, situación que hace inoperante la figura de los bancos centrales, encargados de regular la emisión de moneda.

Además, el sistema de código abierto impide, al menos en teoría, que se puedan realizar transacciones inusuales, ya que el sistema creado mediante un algoritmo matemático es capaz de detectar una anomalía en la concentración de Bitcoins, generando una alerta y sacando de la ecuación dichas operaciones irregulares mediante un complejo cómputo de datos realizado a través de mineros, es decir, personas que utilizan su equipo de cómputo para realizar las operaciones requeridas por el sistema diseñado presuntamente diseñado por el fantasmal Satoshi Nakamoto (el cual se supone es el pseudónimo de la persona o el grupo de personas que diseñaron el protocolo Bitcoin en 2008 y que crearon la red en 2009).

“No sólo es rápido, barato y sencillo. En Bitcoin todo el que participa tiene el mismo poder. No hay banqueros porque no hay bancos. Y no hay bancos porque no son necesarios: la gente puede controlar su propio dinero”, aseguró Mike Hearn, desarrollador de Bitcoin Core, en un texto publicado por la BBC en noviembre de 2013.

Más allá de qué tan funcional es actualmente el Bitcoin, lo más interesante es las muchas posibilidades que plantea. Pensar la economía de otro modo a partir del desarrollo de las tecnologías de la información, permiten replantear el funcionamiento de la economía y el papel que desempeñan los bancos, actores centrales en el sistema financiero global a partir del cual se articula buena parte de los grupos de poder que controlan el destino de la humanidad. De ahí que la connotación política y filosófica que conlleva el concepto del Bitcoin, haya despertado la curiosidad de muchas personas que, como yo, creemos que existen otros modelos civilizatorios posibles que puedan acabar con los vicios del capitalismo moderno que continúa generando estragos por doquier. Vale la pena pensar en ello.

La escuela: ¿fábrica de hombres-máquina o semilla transformadora de la realidad?

Una interesante plática de Ken Robinson sobre cómo el actual modelo educativo termina erosionando la creatividad de los alumnos a través de una homogenización del pensamiento diseñada para satisfacer los intereses de mercado. No en balde, los sistemas de educación pública surgieron como consecuencia directa de la revolución industrial, enclavada en un proyecto de modernidad que hoy agoniza ante la irrupción de la globalización, la era de la información y el auge de la genética. La educación como la conocemos se ha quedado desfasada del mundo. Y mientras en México se libra un debate estéril sobre la necesidad de que los profesores sean evaluados para cumplir con los estándares de competitividad de la OCDE, en otros rincones del planeta la discusión empieza a sentar las bases del futuro. Lo que propone Robinson no se trata de una insípida reforma educativa, como esas que tanto celebra nuestra anacrónica clase política (que de educación no sabe nada), sino de una verdadera revolución en la forma de construir el saber. Algo que, de acuerdo con el pensamiento de Foucault, terminará siendo decisivo para replantear las relaciones de poder en el mundo.

Y ya que andamos por estos rumbos de la praxis educativas, les dejo otro pequeño video con un ser humano auténtico que entendió perfectamente cuál debe ser el rumbo de la educación: educar para transformar el mundo, educar para sembrar esperanza. El maestro Paulo Freire hablando explica por qué el amor, y no los intereses monetarios, debe ser la base de una buena educación.

La máquina succionadora de sueños

Jorge no quiere creerme, pero es cierto. Yo la he visto con mis propios ojos. Hay una máquina que succiona los sueños.

—¿Y cómo funciona?— preguntó sarcástico, con ese tonito mamón que le sale tan bien y que tanto me encabrona.

— Insertando en el cerebro de la gente sueños prefabricados. ¡De qué otro modo iba a ser!— respondí echando lumbre por la boca.

—Tú y tus conspiraciones ridículas. Pero bueno, no te culpo. Todos somos así cuando salimos de la universidad: fatalistas y rebeldes. El mundo no es tan malo después de todo. Cuando llegues a mi edad entenderás que la vida sigue a pesar de sus muchos inconvenientes— dijo en tono ceremonioso.

Me dieron ganas de patearle la cara. Respiré profundamente. Comprendí que eso no nos llevaría a nada. De todos modos, la discusión estaba destinada a fracasar. Cuando las palabras van subiendo de tono los oídos se tapan junto con el entendimiento. Nada bueno puede salir de ahí. Si Jorge estaba predispuesto a no creerme, muy su pedo. Di un último trago al mezcal mientras trataba de recobrar la compostura. Pedí otro.

—Además, eso de criticar a la televisión ya está pasado de moda, todo el mundo lo sabe. Y sin embargo ahí estamos todos, viéndola, tomando por cierto cada palabra que sale de la caja idiota— continuó.

Jorge es un tipo inteligente, no lo niego. Pero su soberbia generalmente puede más que su capacidad de escuchar. No entendió nada. Media hora hablando a lo pendejo para que saliera con esas mamadas. Comí un par de habas con chile antes de darle un largo trago a la cerveza, en lo que llegaba el otro mezcal. Tomé fuerzas. Empecé de nuevo.

—No me refiero a la tele. Es una máquina más compleja, menos obvia, igual de burda. La televisión en todo caso sería un bonito accesorio. La máquina de la que hablo es mucho más vieja. ¿Alguna vez has visto cómo funcionan los atrapasueños que uno coloca en la cabecera de la cama para espantar las pesadillas? Funciona de modo similar, sólo que esta sustituye los sueños propios por otros prefabricados que se instalan en lo profundo de nuestro subconsciente. Estos sueños artificiales regulan la conducta. Es así como los operadores de la máquina pueden manipular a la gente como si fueran un juguete— expliqué.

La máquina había sido inventada por una inteligencia superior, de eso no había ninguna duda. Algunos especulaban sobre su hechura extraterrestre. Otros, en cambio, le atribuían un origen divino, un regalo de los dioses para que los operadores de tan avanzada tecnología pudieran gobernar a los hombres incapaces de mandarse solos. Yo simplemente prefería creer que era producto de esos extraños momentos de lucidez que a veces padecemos los humanos.

Recordé un estribillo del Gran Silencio: “nuestros sueños son visiones del amor más comercial”. La frase resumía a la perfección la manera en que la máquina sustituye unos sueños por otros diseñados en laboratorio. La mayoría no se dan cuenta de ello. Por eso no me sorprendía la reacción de Jorge, aún cuando no dejaba de parecerme un poco extraño que nunca se hubiera percatado de la existencia de la máquina succionadora de sueños con la que convivíamos a diario.

—Ya todos vimos Matrix, no creas que estas inventando nada nuevo— dijo.

—Y mucho antes de los Wachowski el hinduismo describió la existencia del velo de maya, esa ilusión en que vivimos todos los días. Para que esa realidad artificial pueda operar, necesita máquinas succionadoras de sueños para apendejar a la banda— respondí.

La máquina inhibe la imaginación, la condiciona. Pero para lograr eso, requiere una cantidad enorme de energía. Atrapar los sueños sale muy caro. El recibo de la luz llega con cifras de varios dígitos para los que tienen una en su negocio. Emite partículas invisibles de información a través de ondas que, con el paso del tiempo, van haciendo hoyos en el cerebro, convirtiéndolo en queso gruyere. A partir de ahí, controlar a las masas se convierte en mero trámite.

Jorge me miraba absorto, con los ojos pelones. “Se ha vuelto completamente loco, ahora sí”, pensó. Su mirada inquisitiva hizo que detuviera mi descripción de la máquina un instante. Por eso no quise explicarle que la energía proveniente de las plantas de electricidad es insuficiente (aunque constante) para garantizar el óptimo funcionamiento de la máquina. Por ello requiere de otras fuentes de energía para poder funcionar. Ésta la obtiene del acto sexual y la energía que se libera con la fricción de los cuerpos. La máquina se alimenta del deseo. Ese es su principal combustible. Por eso el deseo suele aprisionar a la imaginación, la sustancia de la cual están hechos los sueños.

Pero eso no es todo. Lo más irónico es que la sustitución de sueños hace indispensable la contratación de soñadores. Son algo así como los programadores de la máquina. Les pagan enormes sumas de dinero para que sueñen por los demás. El problema es que estos programadores van perdiendo potencia con el paso del tiempo, hasta que finalmente son desechados. La imaginación se erosiona bajo los cánones de la producción en serie. Es un problema que los ingenieros encargados de darle mantenimiento a los engranajes de la máquina no han podido resolver. Eso ocasiona fallas esporádicas, apagones masivos que ocurren de vez en cuando. Por eso la imaginación florece mejor en la oscuridad.

Jorge soltó una risita odiosa. Miramos la hora. Era tarde. Dimos un último sorbo a nuestros respectivos tragos y nos marchamos del lugar. El alcohol había hecho su parte. Salí un poco mareado. Me despedí de Jorge y marché rumbo a mi casa. En el camino pensaba en la máquina y sus aterradores alcances. Entonces empecé a flotar en mis propios pensamientos. Palabras que no conocía empezaban a llegar a mi cabeza a toda velocidad, chocando unas con otras. Me sentí ligero. La tiniebla inundó mi cabeza hasta lograr un vacío. Empezaron a desprenderse los colores en una hemorragia interna que se iba haciendo cada vez más grande. No era sólo producto del alcohol. Se había caído la señal. Ninguna máquina es a prueba de errores. Por un momento me sentí libre.

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