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Castells y la sociedad red

A raíz de su última visita a México, el pasado 5 de octubre en la Universidad Iberoamericana, he releído un poco sobre la obra de Manuel Castells. No deja de sorprenderme la manera en que el sociólogo catalán se anticipó desde mediados de la década de 1990 a lo que sucedería las próximas tres décadas, incluyendo la magnitud del profundo cambio que se produjo a partir de las nuevas tecnologías de la información.

Aquí una entrevista en Colombia, realizada en 1999, donde Castells elabora su concepto de “sociedad red”.

Y ya que andamos por estos rumbos, otro video sobre la visión de Castells en torno a la metodología y la praxis intelectual de, quizá, el teórico social vivo más importante del mundo.

Democracia líquida en los tiempos de la sociedad red

Ésta es una de las muchas cosas que debemos discutir al interior de la sociedad red para agilizar la toma de decisiones dentro de las organizaciones civiles para transformar a México y el mundo. Necesitamos una nueva imaginación política y valernos de nuevas herramientas para hacer frente a estos tiempos de apatía de las mayorías y el abuso sistemático de las minorías encumbradas en los aparatos de gobierno. Desde luego, a algunos de estos programas de código abierto diseñados para facilitar el proceso de organización como LiquidFeedback les falta mucho por perfeccionar para que puedan consolidarse realmente como un instrumento de democracia directa y participativa. Y por lo mismo, debemos ir pensando cómo es que las nuevas tecnologías de la información deben ayudarnos a ponernos de acuerdo para los temas realmente importantes.

 

La épica de la sociedad red: de Apple a WikiLeaks (pasando por Facebook)

Toda era necesita sus propios héroes, sus propios mitos. Lo épico, proveniente del griego epos, es un término cuyo significado puede traducirse como “palabra, historia, poema”. La historia del mundo es la autorrepresentación del ser humano construyendo su propia narrativa. Por eso la historia de la humanidad no es sino una reinterpretación de hechos concretos que solo pueden trascender un espacio-tiempo específico elevándose al nivel de símbolo. De ahí que el poeta o el cuentista de la tribu sea el personaje encargado de reconfigurar la realidad a través de la palabra. Todo grupo cultural tiene sus propios mitos fundacionales: Adán y Eva, Rómulo y Remo, el profético sueño de Aztlán, las guerras independentistas. Relatos que van edificando nuevos discursos y nuevas posibilidades de lo real. Esto explica el poder transformador del arte, ya que como toda manifestación del lenguaje, es un juego de espejos capaz de imponer nuevos límites al mundo, un nuevo orden que se teje a través de la representación. Dicho de otra forma, el poder transformador del arte reside en su capacidad para convertir la realidad en signo lingüístico. Por ello, Michel Foucault considera que la posibilidad de aprehender el mundo está condicionada a la capacidad de cada persona para interpretar los signos que construyen y delimitan al mundo:

“El mundo está cubierto de signos que es necesario descifrar y estos signos, que revelan semejanzas y afinidades, solo son formas de la similitud. Así pues, conocer será interpretar: pasar de la marca visible a lo que se dice a través de ella y que, sin ella, permanecería como palabra muda, adormecida entre las cosas”.[1]

Esto ayuda a entender el poder del cine como un eficaz instrumento simbolizador de lo real. Y si el mundo se codifica a partir de sus signos, ¿cómo deberíamos interpretar al mundo actual a partir del séptimo arte? Si bien la sola intención de interpretar la totalidad al mundo se presenta como una tarea exhaustiva imposible de realizar, sí es posible identificar ciertos discursos con el poder suficiente para reconfigurar el significado del mundo.

Un ejemplo concreto de este tipo de discursos lo encontramos en la épica de la sociedad red edificado en Hollywood en los últimos años, una narrativa potencializada a partir del vertiginoso auge de las tecnologías de la información, el avance de la globalización y un mundo decadente cuyas estructuras obsoletas lo hacen buscar con desesperación una posibilidad de futuro cancelada por los viejos dogmas.

Por ello resulta fascinante, al menos para mí, la manera en que la industria cinematográfica estadounidense, icono de ese mundo agónico que se resiste al cambio, ha contribuido de manera significativa a construir el discurso de la sociedad red a partir de películas como Red social, Jobs y El quinto poder. Tres filmes de corte biográfico que tratan de desentrañar la manera en que el mundo ha logrado extender sus propios límites mediante el internet y la hiperconectividad que ofrece el ciberespacio a la hora de desdoblar la realidad. Y por supuesto, ninguna narrativa estaría completa sin sus propios héroes. Ahí están Mark Zuckerberg (creador de Facebook), Steve Jobs (fundador de Apple, la compañía más poderosa del planeta) y Julian Assange (hacker y activista fundador del sitio WikiLeaks), como ejemplos palpables del nuevo héroe del siglo XXI: seres iconoclastas e inconformes con las caducas estructuras del mundo que buscaron reconstruir a partir de sus propias obsesiones, curiosamente relacionadas con el fenómeno informático que ha marcado la nueva era digital a partir de 2000.

Idolatrado por generaciones de jóvenes por su visión innovadora y habilidad para los negocios, Jobs fue un pionero en entender las enormes posibilidades que ofrecía la revolución informática que se desplegaba ante sus ojos a partir del desarrollo del microchip en el desierto de Sillicon Valley. Eso es precisamente lo que intenta retratar la película Jobs (2013), dirigida por Joshua Michael Stern y protagonizada Ashton Kutcher, filme que retrata la manera en que un hippie desarrollador de videojuegos se convirtió en el director de la compañía más famosa del planeta, luego de revolucionar la comunicación con dispositivos como el iPhone, primer teléfono inteligente en la historia, aparato que marcaría un parteagüas en la historia y cuya repercusión todavía resulta difícil de medir con precisión.

Algo similar ocurrió con el filme Red social (2010), de David Fincher y el actor Jesse Eisenberg, cinta que relata la historia del creador de Facebook, la plataforma que transformó la interacción social a través de la web. El eslogan de la película es elocuente: “No puedes tener 500 millones de amigos sin hacerte de algunos enemigos”. Una fotografía del mundo hiperconectado de hoy, donde una persona puede vivir aislado de todo contacto humano a pesar de tener 500 millones de amigos, situación que evidencia las asimetrías y paradojas que plantea este nuevo modo de interacción social.

Con El quinto poder, dirigida por Bill Condon, la narrativa de la sociedad red adquiere un matiz más político, de tintes anarquistas, mientras tratamos de revelar las motivaciones revolucionarias y libertarias de un personaje excéntrico, megalomaniático y obsesivo como Assange, interpretado por Benedict Cumberbatch. El filme representa una crítica a las instituciones caducas que sostienen al mundo actual, cuyas fronteras han sido borradas por las computadoras y cuyas instituciones evidencian profundos síntomas de agotamiento, tal como ocurre con la corrupción imperante en los gobiernos, las instituciones financieras y los mass media, incluyendo al cine hollywoodense que se parodia a sí mismo en el brillante final de la película. El desarrollo de la trama no solo cuenta las tensiones y contradicciones inherentes a la mayor filtración de información de la historia, la cual se hizo en una pequeña y portátil memoria USB, sino que retrata un mundo globalizado donde un mismo hecho noticioso se ve forzado en salir a la luz a través de plataformas mediáticas multinacionales: The Guardian, The New York Times, Der Spiegel, Le Monde o incluso La Jornada. Una nueva forma de guerrilla donde la información es convertida en arma contra un régimen opresor que vigila permanentemente, al estilo George Orwell. El cine como analogía de la realidad. No en balde, la película fue estrenada al mismo tiempo que el mundo entero se convulsiona con el programa de espionaje de los Estados Unidos, el cual quedó descubierto a partir de las revelaciones hechas por el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense, Edward Snowden, quien fácilmente podría protagonizar la secuela de El quinto poder, mientras Assange encuentra la manera de burlar el arraigo domiciliario que enfrenta en la embajada ecuatoriana en Londres de un tiempo a la fecha. ¿Cuánto tiempo pasará para que alguna productora hollywoodense decida llevar la historia de Snowden a la pantalla grande? ¿Cuándo veremos el primer filme protagonizado por Anonymous? ¿Y la película sobre Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google? Pareciera cuestión de tiempo.

Estos héroes informáticos han dotado de una nueva identidad a los expertos en informática. Las burlas contra los nerds de los 80s se convirtió en la idolatría de los geeks de los 2000s. Series televisivas como Big Bang Theory parecen confirmar la hipótesis. Nada más cool actualmente que ser un genio del internet que abandonó la universidad para amasar fortunas millonarias en el ciberespacio, hacer yoga por las mañanas, moverse en bicicleta y cazar zombis en los ratos libres. La prosa de nuestros días.#


[1] Michel Foucault. Las palabras y las cosas. México. Siglo XXI. 2008. Página 40.

La comunicación emergente: hacia un nuevo modelo de organización social

En el reacomodo de libros y demás, salió a la luz un trabajito que hice en la universidad en abril de 2010  y que, de algún modo, es un borrador del capítulo III de mi tesis profesional Sujeto y comunicación: bases de la transformación social. Les dejo este ensayo previo que tiene algunos datos y referencias que olvidé incluir en la tesis o que de plano ya no tuvieron cabida. Les comparto el texto que presenté como trabajo final para mi extraordinario en la materia de Análisis de la comunicación emergente.

El cambio de paradigma social

Son tiempos de ruptura, de cambios profundos que marcarán el comienzo de una nueva era. La civilización maya predijo que el mundo como lo conocemos terminaría por derrumbarse en diciembre de 2012, lo cual, a estas alturas del partido, no puede parecer más evidente, pues no cabe la menor duda de que el mundo en el que vivirán las próximas generaciones de seres humanos distará mucho del que vivimos actualmente, una vez que el sistema social emanado del proyecto de modernidad finalmente termine por colapsarse.

A inicios de 1600, Descartes declararía formalmente inaugurada la era moderna al separar las nociones de sujeto-objeto y establecer el predominio de la razón como un instrumento capaz de liberar al ser humano de las ataduras de las instituciones religiosas que utilizaron la figura de Dios para legitimar un poder político que se expandió durante siglos por toda Europa. Esta expansión de la monarquía europea, provocó la necesidad de construir una estructura administrativa que le permitiera a la corona poder ejercer un control más efectivo sobre su territorio, acto que irónicamente, terminaría abriendo las puertas para que la burguesía naciente asumiera el poder luego de que la expansión de las ideas emanadas de la Revolución Francesa. A partir de entonces, la razón se impuso como medida de todas las cosas, permitiendo el florecimiento de la ciencia moderna, la revolución industrial y la consolidación de un sistema capitalista vigente hasta nuestros días pese al evidente desgaste por el que atraviesan las estructuras sobre las que se sostiene el sistema económico.

La modernidad ha rebasado sus propios límites y por ello, podemos afirmar que su tiempo ha terminado. Expliquémoslo desde un enfoque funcionalista al estilo de Luhmann. El sistema social, al igual que cualquier otro, busca sobrevivir y expandirse. Una vez que no puede crecer más, el sistema cobra conciencia de sí mismo, por decirlo de alguna manera, y se da cuenta de que necesita reinventarse para poder garantizar su existencia. El sistema muere sólo para dar paso al nacimiento de un nuevo sistema que, tarde o temprano, habrá de terminar sólo para comenzar de nuevo, debido a que el tiempo es cíclico, tal como bien explica Nietzsche con su noción del eterno retorno. La monarquía inventó a la burguesía para crecer más allá de sus propios límites, y eso precisamente terminaría por imponer un nuevo sistema social llamado modernidad, el cual ha llegado a su límite máximo.

El agotamiento de este sistema es evidente en la manera en que opera el sistema económico vigente, el cual ha provocado, más allá de la creciente desigualdad social, una crisis ambiental sin precedentes, tal como queda de manifiesto con los efectos del cambio climático, fenómeno que ha provocado una revisión profunda de la estructura económica actual. El sistema económico no es compatible con la capacidad del planeta para renovarse. Tenemos un sistema económico lineal operando en un mundo que funciona a base de ciclos. Pongamos un ejemplo. Si una empresa como Coca Cola impone récord de ventas en 2008, en 2009 va a querer superar dicho récord, en 2010 igual y así sucesivamente, pues el capitalismo no conoce límite alguno. Este proceso, basado en un consumo excesivo, tiene un alto costo para el planeta debido a los altos gastos de energía que se requieren dentro del proceso productivo. Por ello, existen algunas propuestas económicas que plantean reinventar el sistema desde sus bases más profundas, incluyendo los criterios para establecer precios de algunos bienes. ¿Cómo ponerle precio a un árbol en medio de un bosque? Mientras una visión clásica de la economía establecería dicho costo basado en los principios de oferta y demanda, esta perspectiva no contempla todos los beneficios que implica ese árbol para equilibrar el sistema natural, tal como ocurre con la captación de agua y captura de gases de efecto invernadero (causantes del calentamiento global), por ejemplo. De ahí, que en las últimas décadas hayan aparecido términos como el de “mochila ecológica”, “huella de carbono” y más recientemente “capital natural”, los cuales pretenden integrar los recursos naturales con las leyes de mercado con el fin de restablecer el equilibrio perdido por la voracidad del sistema capitalista. Todo esto, implica cambios de gran escala en el mundo como lo conocemos, ya que esto provocará cambios en nuestros patrones de consumo y la manera en que producimos energía, lo cual a su vez cambiará las relaciones de poder entre los países del mundo. Incluso, algunos especialistas como Serge Latouche empiezan a hablar sobre la posibilidad de que el descrecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) se convierta en un modelo de desarrollo que combata al consumo excesivo que prevalece hoy en día.

Del mismo modo, la propiedad privada (uno de los pilares del sistema económico de acuerdo con Adam Smith) empieza a ceder terreno frente a otras formas de propiedad colectiva, una situación evidente en el mundo del ciberespacio, donde la cooperación empieza a ser parte de un nuevo esquema de organización social sin precedentes, situación que sólo pudo ser posible a partir del vertiginoso desarrollo del internet.

En su libro Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, Howard Rhiengold sostiene que “internet es el ejemplo de bien público artificial con mejores resultados de los últimos tiempos”, pues internet no es sino la “infraestructura que posibilita nuevos modos de organizar la acción colectiva a través de tecnologías de la comunicación”[1]. Esta afirmación del especialista en tecnologías de la información deja claro la manera en que el internet se ha convertido en un  detonante capaz de revolucionar las relaciones sociales mediante la creación de bienes públicos, ya que, tal como señala Lawrence Lessig, profesor de derecho en Harvard y Stanford, “el valor de internet no procede de una institución o compañía, sino de las innovaciones colectivas de millones de participantes”[2].

Este cambio en la manera de percibir muchas de las estructuras sociales que se creían intocables, ha permitido explorar otras posibilidades de la organización social, tal como explica Clay Shirky, quien considera que en un futuro no muy lejano, los grupos cerrados y compañías darán paso a redes más laxas donde pequeñas contribuciones juegan un rol importante y la cooperación fluida reemplaza formas rígidas de planeación, y donde el poder de las instituciones fluya de manera más horizontal[3].

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El ejemplo de Wikipedia

Hoy en día, son pocos los usuarios de internet que pueden negar los beneficios que arroja la cooperación de los usuarios en la construcción del conocimiento, tal como ocurre con proyectos web como Wikipedia, la enciclopedia libre, sitio que en poco tiempo ha logrado consolidarse como uno de los más visitados del mundo, casi a la par de buscadores como Yahoo, MSN y Google que ocupan los primeros tres puestos de la lista global.

Wikipedia se define a sí misma como una enciclopedia libre plurilingüe basada en la tecnología wiki. Wikipedia se escribe de forma colaborativa por voluntarios, permitiendo que la gran mayoría de los artículos sean modificados por cualquier persona con acceso mediante un navegador web, misma que surge  como “un esfuerzo para crear y distribuir una enciclopedia libre, de la más alta calidad posible, a cada persona del planeta, en su idioma, para lograr un mundo en el que cada persona del planeta tenga acceso libre a la suma de todo el saber de la humanidad”, según la visión de sus creadores[4].

Originalmente, el proyecto de la enciclopedia libre surge a raíz de la aparición de Nupedia en marzo de 2000, el cual fue dirigido por Jimmy ‘Jimbo’ Wales y Larry Sanger, editor en jefe, con el objetivo de crear una enciclopedia en línea de alta calidad, de código abierto y que pudiera ser modificada con la participación de académicos y eruditos de todo el mundo.

Sin embargo, la lentitud de los procesos burocráticos y revisión de contenido, provocó que Wales y Sanger decidieran iniciar un ‘pequeño proyecto alterno’ en el que usuarios de todo el mundo pudieran editar y escribir artículos que fueran revisados posteriormente por los especialistas, mediante la utilización de un código wiki, desarrollado por Ward Cunningham, quien definió dicho código, como “la base de datos en línea más simple que pueda funcionar”[5]. Fue así como Wikipedia, nació un 15 de enero de 2001 originalmente como un proyecto en lengua inglesa, aunque dos meses más tarde, en marzo de 2001, se inició la segunda edición del proyecto, la Wikipedia en alemán. El crecimiento acelerado de la Wikipedia, provocó que Wales y Sanger abandonaran el proyecto de la Nupedia, para enfocarse de lleno al desarrollo de la ‘nueva’ enciclopedia libre, misma que tomó su nombre de una propuesta de Sanger, quien se dedicó a establecer algunas pautas y lineamientos del sitio web, la cual trabaja con una licencia de documentación libre GNU (también conocida como GDFL), es decir, una licencia copyleft para contenido libre, diseñada por la Fundación del Software Libre, la cual estipula que cualquier copia del material, incluso de ser modificado, debe llevar la misma licencia. Dichas copias pueden ser vendidas pero, de ser producidas en cantidad, deben ser distribuidas en un formato que garantice futuras ediciones. Wikipedia es el mayor proyecto que utiliza esta licencia.

En síntesis, podríamos decir que Wikipedia es una enciclopedia, entendida como soporte que permite la recopilación, el almacenamiento y la transmisión de la información de forma estructurada. Es un wiki, por lo que, con pequeñas excepciones, puede ser editada por cualquiera, debido a su contenido abierto que utiliza la licencia GDFL.

A pesar de que la libre participación de la sociedad dentro del proyecto se ha convertido en el principal blanco por parte de la crítica, ésta es también su mayor fuerza, ya que la democratización del conocimiento a través de la interacción grupal de los diversos asentamientos humanos, es el motor principal de la sociedad de la información, en la que el acceso a ella y la participación ciudadana juegan un papel central, tal como lo expresa Armand Mattelart:

“El peligro para las ciencias de la comunicación está en la política de la tábula rasa: olvidar que somos el producto de construcciones anteriores (…) No puede haber una sociedad de la información o diversidad cultural, sin diversidad mediática y sin participación, porque esa es la definición que hacen de la comunicación estos medios alternativos: el acceso y la participación”[6].

En la misma tónica, el especialista en comunicación y nuevas tecnologías, Raúl Trejo Delabre, sugiere que aunque el proyecto de la enciclopedia libre es susceptible a tener fallas de fiabilidad, éste tipo de herramientas no pueden ser desechadas por la pedagogía, ya que de cualquier modo, brinda una excelente oportunidad para constatar algunos datos que faciliten el conocimiento por parte de los estudiantes.

“Como todo proyecto abierto, en Wikipedia existe la posibilidad de errores o engaños. Pero ese mismo carácter contiene los mecanismos para que la información allí disponible sea verificada y enmendada constantemente. En tan solo seis años, Wikipedia se ha convertido en referencia indispensable de la cultura contemporánea y es el proyecto intelectual más concurrido que haya existido jamás. Su diseño básico reproduce la estructura colaborativa en la que se desarrolla la creación del conocimiento. Vale la pena no marginar a la educación a distancia, y a la educación en todas sus modalidades, de experiencias como esa”[7].

La participación de la sociedad global en la construcción de Wikipedia, presenta un punto llamativo dentro del estudio de las ciencias sociales, ya que la democratización del conocimiento ha provocado que la gente se sienta comprometida a seguir generando nuevas plataformas para el desarrollo del conocimiento humano y por lo tanto, un beneficio directo tanto para el individuo como para la sociedad en su conjunto, de la misma forma que lo establecen otras ciencias como las matemáticas aplicadas, dentro de la ‘teoría de los juegos’[8].

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Los efectos sociales de las redes de comunicación

La participación ciudadana en proyectos de esta índole, podría producir algunos frutos en el futuro próximo, tal como señala el periodista James Surowiecki en su libro ‘La Sabiduría de los grupos: Por qué los muchos son más inteligentes que los pocos y cómo la sabiduría colectiva da forma a los negocios, economía, sociedades y naciones’, publicado por primera vez en 2004. Esto, debido a que la combinación de la información en grupos suele producir una toma de decisiones más acertada que las que podrían haber sido tomadas por un solo miembro del grupo. Según la tesis de Surowiecki, basada en un perfil económico y psicológico, no todas las masas son sabias, ya que para que esto ocurra es necesario que intervengan factores como la diversidad de opinión, pues cada persona debería tener información privada aún si es sólo una interpretación excéntrica de los hechos conocidos, la independencia del individuo, donde las opiniones de la gente no deberían ser determinadas por las opiniones de los que los rodean, la descentralización, donde la gente debería poder especializarse y recurrir al conocimiento local, y la Combinación, ya que existen algunos mecanismos para convertir los juicios privados en decisiones colectivas.

Si tomamos en cuenta los puntos de Surowiecki, el conocimiento al alcance de las masas podría ser un factor de suma importancia dentro del desarrollo de la historia del hombre, ya que esto podría abrir un camino nunca antes visto en la toma de decisiones de la sociedad en cuestiones de interés público, tal como lo referente al gobierno y el estado.

Esto es precisamente a lo que Rheingold ha denominado como multitudes inteligentes, es decir, grupos sociales que cuentan cada vez con mayor información a la hora de tomar sus decisiones debido al rápido crecimiento de las redes de comunicación, las cuales podrían explicar la rapidez con la que se generan los cambios sociales.

Si la sociedad es comunicación, como afirma Luhmann, esto podría ayudarnos a entender como el desarrollo del internet y de las redes de comunicación han logrado transformar a la sociedad global de principios de siglo XXI.

Kevin Kelly ejemplifica muy bien esta cuestión al comparar al internet con un cerebro humano, en el cual, se desarrollan una serie de conexiones y redes neurológicas capaces de construir mayores capacidades cognoscitivas, y donde cada aparato que se conecta a esa enorme máquina llamada internet sería comparable con cada una de las neuronas que constituyen nuestro cerebro[9].

La proliferación y el aumento de estas redes comunicacionales han ayudado a desarrollar un conocimiento colectivo que se manifiesta claramente en las nuevas generaciones de seres humanos. Mucho se habla, por ejemplo, de que los niños de la actualidad son cada vez más inteligentes que los de antaño, una afirmación que es necesario revisarla a profundidad para evitar caer en suposiciones carentes de fundamento. La diferencia entre un niño nacido en el siglo XXI y uno nacido a principios del siglo XX no estriba en su capacidad intelectual, que es básicamente la misma, sino en la manera en que las redes de comunicación han logrado influir de forma visible en el comportamiento de las nuevas generaciones. En otras palabras, podríamos decir que la construcción de estas complejas redes de información han hecho que los niños de la actualidad cuenten con una sorprendente capacidad de interpretar el mundo en el que viven. Algo lógico, si tomamos en cuenta que mientras a principios de siglo XX la información disponible para los grandes públicos estaba limitada al material impreso de difícil acceso en comparación al bombardeo mediático de la actualidad. Para los niños de hoy, basta apretar un botón para acceder a otras dimensiones de la realidad humana, sin importar ningún tipo de restricción espacial o temporal, lo cual, necesariamente, se traduce en una “inteligencia” por encima de las generaciones anteriores, lo cual es en realidad, un reflejo de la manera en que los procesos comunicativos son capaces de transformar la realidad social. Al respecto dice Arun Netravali, el entonces presidente de los laboratorios Bell durante 2002:

“Cuando sus hijos tengan su edad, una megarred de redes envolverá a la Tierra como una piel de comunicación. A medida que la comunicación se vuelva más rápida, más pequeña, más barata y más inteligente durante el milenio que comienza, esta piel, alimentada por un flujo constante de información (…) contendrá millones de sistemas de medición electrónica que controlarán ciudades, ferrocarriles y medio ambiente[10].

Y si estas redes son capaces de transformar a la sociedad de la manera en que refiere Netravali, se debe a la manera en que estas redes tienen la posibilidad de modificar la percepción de la realidad presente en la gente, en la sociedad. De ahí que este fenómeno sobre las redes comunicativas es sumamente interesante, pues en realidad, son una de las estructuras fundamentales sobre las que se construye la sociedad. ¿Podríamos imaginar o entender a nuestra civilización sin la aparición del alfabeto y la escritura? Por supuesto que no, y del mismo modo, es probable que en algunos siglos no podamos concebir a la civilización sin la existencia de estas nuevas tecnologías de la información que paulatinamente irán borrando los límites actuales entre el hombre y la máquina, tal como puede observarse hoy en día con la todavía incipiente nanotecnología que dentro de algunas décadas se convertirá en una práctica común en cualquier hospital del mundo.

Por ello, no resulta insensato asegurar que el internet es una de las bases fundamentales sobre las que se sostiene este cambio de paradigma social por el que estamos viviendo. Internet ha representado una apertura total de información susceptible de transformarse en un conocimiento colectivo capaz de transgredir el orden social vigente en nuestros días. Esto es fácil de explicar, ya que cuando una persona cambia su conciencia del mundo y la trascendencia de sus acciones, puede cambiar sus hábitos, el cambio de hábitos es capaz de transformar a las instituciones (tal como afirma Giddens), y la transformación de dichas instituciones con capaces de cambiar la realidad social.

Este cambio en el paradigma social representa importantes retos para la política y la manera en que se desarrollan las relaciones de poder, ya que al cambiar las estructuras fundamentales sobre las que se sostiene la sociedad contemporánea la política tendrá forzosamente que dar un giro, tal como afirma Sloterdijk con su concepto de hiperpolítica. Al respecto de este cambio que las nuevas tecnologías han propiciado en las nuevas generaciones nos dice Sloterdijk:

“Los jugadores del nuevo juego mundial de la nueva era industrial ya no se definen a sí mismos por la patria y el suelo, sino por medio de los accesos a estaciones de ferrocarril, a terminales, a posibilidades de enlace. El mundo es para ellos una hiperesfera conectada en red. El que accede a la clase de las tareas elevadas, la propia de los actores de la hiperesfera, empieza a tener que ver con lo grande de una forma muy distinta, una forma que no podía aprenderse en Roma, ni en Atenas, ni en los Lycèes y Gymnasien de la Europa moderna”[11].

Si el concepto del Estado como lo conocemos ha de sufrir un cambio sustancial, lo mismo debe ocurrir con la política, en la cual, los hombres ya no pueden seguir utilizando a otros hombres para reproducir un discurso dominante que ayude a las élites a mantener el poder, sino por el contrario, es necesario que la sociedad construya estructuras sólidas que permitan a los seres humanos inventarse a sí mismos construyéndose como sujetos autónomos, actores de sus propios actos, seres creadores capaces de darle un giro de 180 grados a nuestra definición de realidad social. Seres capaces de cambiar al mundo por medio de sus acciones. Por ello, es necesario que los seres humanos construyan un nuevo paradigma de sociedad a partir del entendimiento de que la sociedad es precisamente, una dimensión más amplia de la conciencia humana.

Fromm afirma en su obra El corazón del hombre, que el hombre actual se caracteriza por su pasividad y se identifica con los valores del mercado porque el hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente. El hombre se ha convertido en un consumidor eterno y el mundo para él no es más que un objeto para calmar su apetito, pero lo más grave, es que la mayor parte de las personas que viven en el sistema actual, se han construido a sí mismos como objetos, como máquinas capaces de generar riqueza y reproducir un discurso, meros instrumentos que han ayudado a consolidar una dominación de la que ni siquiera perciben su existencia.

Según el autor, en la sociedad actual el éxito y el fracaso se basa en el saber invertir la vida. El valor humano, se ha limitado a lo material, en el precio que pueda obtener por sus servicios y no en lo espiritual (cualidades de amor, ni su razón, ni su capacidad artística). La autoestima en el hombre depende de factores externos y de sentirse triunfador con respecto al juicio de los demás. De ahí que vive pendiente de los otros, y que su seguridad reside en la conformidad; en no apartarse del rebaño. El hombre debe estar de acuerdo con la sociedad, ir por el mismo camino y no apartarse de la opinión o de lo establecido por ésta. Para funcionar bien, la sociedad de consumo necesita una clase de hombres que cooperen dócilmente en grupos numerosos que quieren consumir más y más, cuyos gustos estén estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Este tipo de sociedad necesita hombres que se sientan libres o independientes, que no estén sometidos a ninguna autoridad o principio o conciencia moral y que no obstante estén dispuestos a ser mandados, a hacer lo previsto, a encajar sin roces en la máquina social. Los hombres actuales son guiados sin fuerza, conducidos sin líderes, impulsados sin ninguna meta, salvo la de continuar en movimiento, de avanzar. Esta clase de hombre es el autómata, persona que se deja dirigir por otra.

Este concepto de ‘hombre máquina’, el cual aparece también en la obra de Herbert Marcuse y su noción de ‘hombre unidimensional’, es el mayor reto que enfrenta la sociedad actual. Alguna vez escribió el pedagogo brasileño Paulo Freire, que la libertad es conquista y no donación, y por ello, es necesario que el ser humano aprenda a pensarse por sí mismo y asumir la responsabilidad de sus acciones, a pesar de que sea más fácil y cómodo dejar que sean otros los que piensen por uno. El ser humano necesita más que nunca salirse del sistema, de esa jaula de hierro de la que hablaba Weber, de esa Matrix que mantiene preso al ser humano. Y en esta búsqueda y en esta conquista de la libertad, la comunicación y el desarrollo de las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental.

 

BIBLIOGRAFÍA

CIBERGOLEM. La quinta columna digital: antitratado sobre hiperpolítica. Gedisa Editorial. España, 2005.

FROMM. Erich. El corazón del hombre. FCE. México, 1983.

LUHMANN, Niklas. Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia. Editorial Trotta. España, 1998.

MATTELART, Armand. La comunicación masiva en el proceso de liberación. Siglo XXI. México, 1988. Decimosegunda edición.

RHEINGOLD, Howard. Multitudes inteligentes: la próxima revolución social. Gedisa Editorial. España, 2004.

SLOTERDIJK, Peter. En el mismo barco: ensayo sobre la hiperpolítica. Ediciones Siruela. España, 2008. Quinta edición.


[1] Howard Rhiengold. Multitudes inteligentes: la próxima revolución social, página 74.

[2] Ibídem, página 82.

[5] Un wiki (del hawaiano wiki wiki, que significa rápido) es un sitio web colaborativo que puede ser editado por varios usuarios. Los usuarios de una wiki pueden así crear, editar, borrar o modificar el contenido de una página web, de una forma interactiva, fácil y rápida; dichas facilidades hacen de una wiki una herramienta efectiva para la escritura colaborativa. La tecnología wiki permite que páginas web alojadas en un servidor público (las páginas wiki) sean escritas de forma colaborativa a través de un navegador, utilizando una notación sencilla para dar formato, crear enlaces, etc, conservando un historial de cambios que permite recuperar fácilmente cualquier estado anterior de la página. Cuando alguien edita una página wiki, sus cambios aparecen inmediatamente en la web, sin pasar por ningún tipo de revisión previa. Los orígenes de los wikis están en la comunidad de patrones de diseño, que los utilizaron para escribir y discutir patrones. El primer WikiWikiWeb fue creado por Ward Cunningham, quien inventó y dio nombre al concepto wiki, y produjo la primera implementación de un servidor WikiWiki para el repositorio de patrones Portland (Portland Pattern Repository) en 1995. En palabras del propio Cunningham, un wiki es “la base de datos en línea más simple que pueda funcionar”.

[6] Entrevista con Armand Mattelart, realizada por Johanna Puyol y publicada en la revista digital Rebelión.

[7] Raúl Trejo Delarbre. La nueva alfabetización: el e-learning en la lógica reticular y abierta de Internet.

[8] La teoría de juegos es un área de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas de incentivos (los llamados juegos). Sus investigadores estudian las estrategias óptimas así como el comportamiento previsto y observado de individuos en juegos. Tipos de interacción aparentemente distintos pueden, en realidad, presentar estructuras de incentivos similares y, por lo tanto, representar conjuntamente un mismo juego. Los economistas han usado la teoría de juegos para analizar un amplio abanico de problemas económicos, incluyendo subastas, duopolios, oligopolios, la formación de redes sociales, y sistemas de votaciones. Estas investigaciones normalmente están enfocadas a conjuntos particulares de estrategias conocidos como conceptos de solución. La investigación en ciencias políticas también ha usado resultados de la teoría de juegos. Una explicación de la teoría de la paz democrática es que el debate público y abierto en la democracia envía información clara y fiable acerca de las intenciones de los gobiernos hacia otros estados. Por otra parte, es difícil conocer los intereses de los líderes no democráticos, qué privilegios otorgarán y qué promesas mantendrán. Según este razonamiento, habrá desconfianza y poca cooperación si al menos uno de los participantes de una disputa no es una democracia.

[9] Kevin Kelly sobre los próximos 5000 días de la “web”. http://www.ted.com/talks/lang/spa/kevin_kelly_on_the_next_5_000_days_of_the_web.html

[10] Howard Rheingold. Op cit., páginas 111-112.

[11] Peter Soderlijk. En el mismo barco: ensayo sobre la hiperpolítico, página 68.

¿De dónde vienen las buenas ideas?

Un video que explica cómo las grandes ideas surgen de las conexiones con las ideas de otros. Al estar más conectados, la velocidad con la que circula la información al interior de la red se acelera. Esto permite entender cómo es que a mayor comunicación entre los integrantes de un grupo se aceleran los cambios sociales. El mundo no es sino una idea que se construye con las ideas de todos.

El tsunami y la SOPA: La guerra en tiempos de internet

 

La iniciativa de ley Stop Online Piracy Act (mejor conocida como SOPA), no será el primero ni el último de los intentos de los gobiernos del mundo por controlar el contenido que circula libremente por internet. La clausura de sitios web como Megaupload y la contraofensiva de grupos en defensa de la libertad en la red como Anonymous representan la primera batalla de una guerra ideológica que apenas empieza. Una colisión de civilizaciones con el poder de transformar drásticamente el mundo como lo conocemos. El futuro nos ha alcanzado.

Y a pesar del revuelo que ha causado el tema en las redes sociales que pueblan ese universo paralelo conocido como el ciberespacio, pocos han reparado en el verdadero trasfondo del tema: el derrumbe de un sistema político y la aparición de nuevos esquemas de organización con el poder de reinventar los sistemas sociales como los conocemos. Vivimos tiempos de transición que van de la agonía de la modernidad al nacimiento de la sociedad red que profetizó Manuel Castells hace más de una década en su monumental obra, La era de la información.

El trasfondo real de SOPA tiene poco que ver con el combate a la piratería, como intentan hacer creer algunos congresistas estadounidenses, sino con la defensa de un sistema político que utiliza la acumulación de capital como un instrumento de control social que  garantiza el bienestar de los pocos a costa del sufrimiento de los muchos. Y en este extenso y fascinante rompecabezas, el control del internet representa un elemento clave para mantener intactas las asimetrías que sostienen el status quo.

¿Cómo opera el sistema social en que vivimos al día de hoy? Bases del sistema político-económico de la modernidad

Como bien explicó Marx en su libro El Capital, la más profunda crítica al capitalismo que se haya hecho, la creciente brecha entre ricos y pobres sólo puede entenderse a partir de las estructuras de explotación-dominación sobre las que se sostiene el sistema económico actual. Si el trabajo es la única mercancía capaz de generar plusvalor por sí misma, siguiendo a Marx, esto significa que las grandes fortunas del planeta son producto de la acumulación del trabajo de otros mediante la explotación.

¿Qué significa esto? En términos más coloquiales: el hecho de que un personaje como el empresario mexicano Carlos Slim Helú, el hombre más rico del mundo, haya podido acumular una fortuna valuada en 74 mil millones de dólares, esto significa que detrás de esa riqueza existe la explotación de millones de personas en todo el planeta.

De modo similar a lo que ocurre con la ley de la conservación de la energía, podríamos decir que la riqueza no se crea ni se destruye, sólo se acumula. Quizá algunas cifras pueden ayudar a entender la monstruosa diferencia entre ricos y pobres. Datos de la ONU en 2011 sostienen que el 80% de la riqueza del mundo está en control de apenas una cuarta parte de los 7 mil millones de personas que habitan el planeta[1]. En el mismo tono, la OCDE sostienen que la brecha entre ricos y pobres han crecido de forma alarmante en los últimos 30 años[2].

Otros datos más contundentes muestran que mientras en los años 90 una persona rica tenía 30 veces más que una pobre, en los últimos años la proporción se disparó en una proporción de 130 a uno, según un reporte de Amnistía Internacional en 2007[3]. Un dato más: mientras la revista Forbes calcula que en el mundo existen 1 mil 210 magnates con fortunas superiores a los mil millones de dólares[4], la ONU calcula que 925 millones de personas padecen hambre en el planeta[5], es decir, una proporción de uno por cada 764 mil 463.

Este sistema económico que enriquece más a los ricos y empobrece más a los pobres, sólo pudo ser posible a través de la instauración de un complejo sistema político que permitiera a las élites ejercer un control sobre los oprimidos. Algo que Antonio Gramsci, el gran teórico marxista de la deominación explicaría a través de su concepto de hegemonía, es decir, la manera en que los grupos de poder construyen las estructuras sociales que les facilitan mantener dicho control.

Este sistema político surge precisamente a partir de lo que el historiador Eric Hobsbawm denomina como las ‘Revoluciones Burguesas’ que iniciaron formalmente en Francia y que terminarían propagándose a todos los rincones del orbe con el fin de establecer un marco regulatorio a favor de la economía de libre mercado que terminaría afianzando el poder de la burgesía, los nuevos dueños del mundo.

De esta manera fue como los sistemas de dominación sufrieron una transformación de forma, más no de fondo. La nobleza que soportaba el poder de la monarquía se convirtió en la nueva clase política que habría de sostener a las democracias liberales de los siglos siguientes.

Esto permitió que el poder emergente de la burguesía europea, basado en el colonialismo y la explotación de sus respectivos esclavos, fincara las bases de un sistema de dominación que cambió las reglas del juego social. Así fue que ideas como Estado-nación, división de poderes, parlamentos o ciudadanía, terminarían convirtiéndose en herramientas de un nuevo sistema de dominación que pretendía ocultar los viejos esquemas de explotación basados en la asimetría creciente entre ricos y pobres. El obrero sustituye al esclavo, el capitalista al señor feudal, los bancos a la iglesia, la clase política a la nobleza.

Las democracias de libre mercado son entonces, una máscara que pretende disfrazar la manera en que las élites ejercen su poder sobre los oprimidos a través de la acumulación del capital y la defensa a ultranza de la propiedad privada, aún cuando esto vaya en contra del interés colectivo.

Sólo así puede entenderse que el Estado moderno sea capaz de pisotear los derechos humanos con tal de beneficiar los intereses de las grandes corporaciones. Así, los gobiernos pretenden justificar estos privilegios bajo el pretexto de crecimiento económico y generación de empleos mal pagados que lo único que hacen es reproducir y fortalecer el mismo esquema de dominación. Por eso muchos países prefieren optar por rescatar bancos en quiebra con dinero público en lugar de resolver la epidemia de pobreza que aqueja a más de la mitad de la población global, aún cuando exista dinero para ello[6].

Lo anterior sirve muy bien para ejemplificar la crisis económica que padecen actualmente potencias globales como Estados Unidos o los países que integran la Unión Europea, generada por 30 años de políticas neoliberales que profundizaron las asimetrías entre países ricos y pobres.

Esto ha provocado que las cifras de la migración hacia países que concentran la mayor proporción de la riqueza global aumentara drásticamente en las últimas décadas, un mecanismo que tiende a restablecer el equilibrio perdido en cuanto a la inequidad en la distribución del ingreso[7].

Sin embargo, este esquema político y económico que tiende al crecimiento de la desigualdad social sólo puede mantenerse vigente a través de un sistema de producción-consumo alimentado por un individualismo exacerbado que se impone desde las instituciones que condicionan la conducta a través de la cultura. Así es como las reglas del sistema se transmiten generación tras generación mediante normas que se fijan en el inconsciente colectivo que auto regula el rango de acción de los individuos al interior de los sistemas sociales.

Esto genera que ciertas ideas puedan afirmarse sinónimos de verdad sin la necesidad de ponerlas en duda, situación que es aprovechada por los grupos de poder para imponer determinadas pautas de conducta a sus subordinados mediante el control de los mensajes que se difunden a través de las redes de comunicación.

Fue así como a lo largo del siglo XX la burguesía construyó un sistema de dominación orientado a promover el consumo y la explotación de otros como una forma de vida plasmada en el american way of life que se reforzaba psicológicamente a través de los medios masivos de comunicación: los diarios, el cine, la radio y la televisión, por mencionar algunos.

Sin embargo, este refinado sistema de dominación no estaba exento de fallas, pues su necesidad creciente de reafirmar su poder a través de las redes de información terminaría por modificar gradualmente las estructuras mismas de todo el sistema político. El intercambio de mercancías fue sustituido por un intercambio de signos, situación que modificó drásticamente los objetivos del sistema económico: ya no se trataba de producir mercancías, sino consumidores. Y para ello, era necesario reforzar el control a través de los medios de información cuya importancia crecía a ritmo acelerado.

Este fenómeno, conocido como economía política del signo, de acuerdo con el filósofo francés Jean Baudrillard, permite entender el ‘boom’ de las técnicas de mercado y la publicidad a lo largo del siglo XX. No se trataba más de vender simples mercancías sino estilos de vida que posicionaran al consumo como un referente inequívoco del éxito y bienestar social.

¿Qué tiene que ver todo esto con la disputa por el control del internet? Claves para entender el derrumbe del sistema capitalista como lo conocemos

Con el paso de los años, el sistema terminó por calentarse y reventar. Los crecientes índices de desigualdad social y el escenario de crisis económica que predomina en el mundo entero a raíz del colapso de los bancos, provocado por los vicios de un sistema financiero que opera con base en la especulación.

Así como las primeras agencias informativas del mundo surgieron como una necesidad comercial de los empresarios del siglo XIX (caso de Reuters, por ejemplo), la especulación de los sistemas financieros propició la aparición de tecnologías de la información cada vez más eficaces y veloces. Dicho contexto hizo favorable el surgimiento del internet, una herramienta que funciona en base a una red de conexiones en la que la información circula a una velocidad que hasta hace un par de décadas sonaba a ciencia ficción.

A partir de los años 70, innovaciones tecnológicas como el microchip, las telecomunicaciones o la fibra óptica permitirían construir los cimientos del estallido informático de las décadas siguientes y reconfigurar para siempre las reglas de operación del sistema económico.

En el caso concreto de los Estados Unidos, la manera en que las grandes empresas de la era industrial comenzaron a verse rezagadas por las reglas de operación de las empresas surgidas a partir de la era de la información. Algo que se ilustra a la perfección en la amnera en que la industria automotriz iba perdiendo terreno paulatinamente frente a las pequeñas empresas de garaje instaladas en Silicon Valley, lugar que se convirtió en pocas décadas en el epicentro de la innovación global y referente de la una revolución informática que apenas comenzaba a dar los primeros avisos de lo que vendría en las próximas décadas.

El vertiginoso despegue de la web durante la década de los 90, y su uso masificado a partir de 2000, terminó por sentar las bases de un nuevo sistema económico. Nació la era google, donde la información fluye en múltiples direcciones haciendo de la inmediatez una norma de vida para estos tiempos donde las telecomunicaciones acabaron con las distancias.

El ciberespacio borró las fronteras impuestas por los Estados-nación para dar pie a una verdadera sociedad global que comparte problemas comunes. Los dos bloques hegemónicos de la Guerra Fría quedaron obsoletos para abrir las puertas de un mapa geopolítico más plural. Aparecen bloques como el G-20 o el BRIC (Brasil, Rusia, India y China, las potencias emergentes). El mundo ya no puede entenderse sin los países del mal llamado “Tercer Mundo”, término con el que los países ricos buscan mantener su hegemonía sobre los países pobres que ahora tienen verdadera voz y voto en el concierto de las naciones.

Cuando finalmente, la especulación financiera terminó por desatar una crisis económica sin precedentes a partir de 2008, preludio de la muerte del capitalismo como lo conocemos, el malestar de la gente se regó como pólvora a través del mundo entero, luego de que los privilegios del sector bancario por parte de una servil clase política global se hicieron cada vez más evidentes a los ojos de la ciudadanía. En cuestión de semanas, la Primavera Árabe iniciada en Túnez y con clímax en Egipto, se propagó por Europa y Norteamérica. Los ‘Indignados’ españoles tomaron las plazas públicas del mismo modo en que los ‘Occupy’ hicieron lo propio en Wall Street. Movimientos de protesta que han empezado a criticar las bases mismas de un sistema capitalista cuya viabilidad ya no puede ser defendida por los bancos internacionales, los jefes de Estado, las clases empresariales o los industriales de los medios.

Al igual que ha ocurrido desde los albores de la humanidad con la invención de la escritura, el alfabeto y la imprenta, la llegada del internet modificó los antiguos esquemas de organización social, modificando estructuras que en otros tiempos parecían inamovibles, como el sistema económico.

La especulación financiera dejará muy pronto de regir la economía del planeta para cederle su lugar a la confianza, tal como ocurre en sitios de ventas por internet como e-bay, donde la certidumbre y la reputación juegan un papel fundamental en las transacciones comerciales.

Sin embargo, quizá el más grande logro del ciberespacio haya sido modificar el concepto de individualismo psicótico que prevaleció en el siglo XX por un nuevo pensamiento colectivo que participa activamente en la construcción de un nuevo sujeto social que habrá de convertirse en la piedra angular de este nuevo sistema social que se encuentra en labor de parto.

De este modo, la acumulación está siendo sustituida por la cooperación. Y esta es la clave para entender la monumental transformación que experimenta el sistema económico de la actualidad y que han hecho de figuras legales como los derechos de autor, algo totalmente desfasado en el espacio-tiempo, tal como explica Rachel Bostman al explicar el concepto de consumo colaborativo:

Las empresas del futuro inmediato (tan inmediato que bien podríamos ponerlo en presente) no serán las que logren acumular mayor capital a través de la explotación, sino las que compartan más ese capital con otros, provocando una distribución más horizontal del conocimiento y la riqueza, y por ende, modificando la arquitectura de los sistemas sociales. El auge de Facebook, Twitter, Youtube, Flickr, Megaupload y muchos otros sitios web no puede entenderse de otro modo.

Esto explica por qué la venta de periódicos se ha convertido en un sinsentido en una era donde los diarios impresos tienen forzosamente que ser gratuitos para seguir existiendo. La era donde las grandes empresas regían al mundo, ha llegado a su fin, luego de que su esperanza de vida se viera drásticamente disminuida en tan sólo un par de décadas. Por ello, la volatilidad de las grandes corporaciones ha empezado a cuestionar la viabilidad financiera de los grandes emporios industriales[8].

Esto ha generado que compartir se esté convirtiendo rápidamente en el nuevo paradigma social que habrá de reinventar las bases que dan fundamentos a los sistemas sociales. Y si las empresas no quieren perder competitividad en el mercado, tendrán que adoptar las nuevas reglas del juego. Adaptarse al cambio o morir en el intento, como lo demostró Mercedez Benz al hacer eco de la doctrina del Che Guevara durante una expo de automóviles diseñados para compartir viajes con desconocidos. La frase del Zetsche, el presentador del coche ejemplifica muy bien la cuestión: “algunos colegas todavía creen que compartir carro raya con el comunismo (…) Pero si ése es el caso, ¡viva la revolución!”[9].

La cooperación como medio de generar riqueza (plusvalor) ha roto los paradigmas clásicos del sistema capitalista que defiende a capa y espada el derecho a la propiedad privada. Las licencias creative commons o copy left se erigen ahora como contraparte de las licencias por derechos de autor (copyright), cada vez más en desuso.

La propiedad privada no tiene sentido en el ciberespacio si no permite compartir algo con otros. Y esto es precisamente lo que intentan defender sitios emblemáticos como Wikipedia, Yahoo! y Google con sus protestas por la ley SOPA, al igual que sucede con Anonymous, un grupo de revolucionarios que buscan detener los abusos de las grandes corporaciones y los grupos de poder que han secuestrado los aparatos seudodemocráticos que operan en función de los intereses de la burguesía, los grandes millonarios del mundo que pretenden mantener intactos sus privilegios aún a costa del sufrimiento de millones de personas.

SOPA, condenada al fracaso

Por todo lo anterior, SOPA está condenada a ser un fracaso rotundo, aún cuando sea aprobada. Si los Estados Unidos pretenden imponerle un marco regulatorio a la web, es probable que las grandes empresas del ciberespacio opten por mudar sus servidores a países con regulación más laxa en este sentido bajo la promesa de un desarrollo económico acorde con las reglas de operación del nuevo sistema social. Esto haría viable que por ejemplo, Facebook o cualquier otra compañía pudiera cambiar de dirección fiscal para asentarse, por ejemplo, en países como India o Brasil, lo cual representaría un duro golpe a la economía norteamericana que sigue aferrada a las reglas del viejo régimen.

El temor de Obama a la hora de apoyar dicha iniciativa, refleja perfectamente esta situación, pues sabe (o debería saber) que el futuro de la economía gringa depende en buena medida de lo que ocurra en esa realidad alterna del ciberespacio.

Del mismo modo en que las grandes potencias no han podido detener fenómenos que rebasan la capacidad operativa del Estado-nación (como ocurre con la migración de los países pobres a países ricos), los poderes fácticos no podrán imponer en el mundo marcos regulatorios rígidos que hagan aún más evidentes los intentos de acabar con la libertad de expresión que dicen defender los sistemas democráticos, ya que esta contradicción plantea un suicidio político a la hora de tratar de legitimar el orden social vigente.

Si aún así los gobiernos del mundo deciden seguir el ejemplo de China, las grandes potencias occidentales corren el riesgo de que las protestas sociales maduren y se terminen por convertirse en un proyecto social con la suficiente fuerza para declarar, de una buena vez, el inicio oficial del sistema social que surgirá de esta era de la información.

SOPA representa un intento desesperado del sistema capitalista por mantener el control en los términos dictados por el viejo régimen económico y político de la era industrial. Quien siga resistiéndose a los cambios vertiginosos que le han tocado vivir a nuestra generación, tendrá que prepararse para afrontar las consecuencias. Podrán construir rompeolas gigantes, pero este tsunami nadie lo para.

 

 


[1] Más justicia: ONU insta a reducir brecha entre ricos y pobres. http://www.dw-world.de/dw/article/0,,15444448,00.html
[3] Se agranda la brecha entre ricos y pobres http://edant.clarin.com/diario/2007/08/13/elmundo/i-02202.htm
[4] Forbes: Slim sigue a la cabeza, pero crece la cifra de multimillonarios. http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/03/110309_economia_millonarios_forbes_lista_jrg.shtml
[7] Aumentan las remesas a los países en desarrollo. http://www.cinu.mx/noticias/mundial/aumentan-las-remesas-a-los-pai/
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