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Jung y los sueños: la manifestación del inconsciente

Vaya genio que fue Carl G. Jung. Uno de los precursores sobre el estudio del inconsciente y su relación con las emociones más profundas, los sueños y los mitos. Aquí un interesante documental sobre el tema.

Un paseo por el entintado firmamento de la imaginación

En mi vagancia digital, me topé con la obra de varios artistas interesantes. El primero es el trabajo de James Jean, un ilustrador que lo mismo ha trabajado para DC Comics o Nike, que exponiendo en galerías de arte. Sus dibujos son intensos, desgarradores, como la imaginación que se va deshilvanando entre la espesura de los sueños.


 

Otro artista con un trabajo interesante es Christian Schloe, quien de manera sutil retrata el mundo onírico que pinta el firmamento en tonos suaves que vuelan en el aire.

 

La poesía del viento, la última obra maestra de Miyazaki

El viento se levanta… tiene que intentar vivir”.
Paul Valery

¡Cuánta poesía tiene la última película de Hayao Miyazaki! Un viaje íntimo a través de la suavidad del viento, el amor, los sueños. La sensibilidad de Miyazaki se expresa en toda su magnitud en El viento se levanta, la historia de un ingeniero de aeronáutica, Jiro Horikoshi, inventor de los aviones de caza japoneses utilizados en la Segunda Guerra Mundial. Una historia sobre el amor que se levanta, invisible como el viento, y se derrama sobre la hierba, sombreros que vuelan distraídos, sombrillas que nos arrastran lejos. Tantas metáforas sobre el viento llegaron a mi mente con esta película. Desde la emblemática canción de los Caifanes (“Préstame tu peine, y péiname el alma…) hasta aquel libro inolvidable de Juan Carlos Onetti: Dejemos hablar al viento.

Algo tiene de poético ese suave transcurrir del viento, algo misterioso que nos hace sentirnos ligeros, incluso entre el aire caliente que destila el fuego de la guerra.

“La inspiración abre las puertas del futuro”, le dice Caproni al joven Jiro. Quizá ahí reside la fuerza de este conmovedor e inspirador drama de Miyazaki. Algo mágico tienen los sueños y el amor, que se abren paso entre lo terrible del mundo. Por eso hay que “intentar vivir”, como el viento que se desenreda por el mundo en un lento murmullo de hojas.

Anuncios publicitarios que incitan a la terca imaginación

Una de esas historias chéveres con fines publicitarios que toman por sorpresa a más de uno. Aunque el objetivo del cortometraje sea vender refrescos, no deja de incitarnos a imaginar lo que podría pasar en un universo paralelo donde un veterano basquetbolista termina haciendo jugadas de fantasía en un partido callejero.

Y ya que andamos con estos rollos de la publicidad sonsacadora comparto un par de anuncios más que por extraño que parezca, tienen algo que decir. El primero es un cineminuto sobre la realización de los sueños desde el sueño mismo, cortesía de una marca de whisky. El otro, un comercial de quesos un tanto perturbador, que sustituye nuestra concepción de los osos pandas como animales juguetones y adorables por un psicópata e introvertido que no sabe aceptar una negativa como respuesta, pero que por eso mismo resulta particularmente divertido. Las buenas historias siguen siendo entretenidas e inspiradoras aún cuando detrás de ellas existan intereses de mercado.

La escuela: ¿fábrica de hombres-máquina o semilla transformadora de la realidad?

Una interesante plática de Ken Robinson sobre cómo el actual modelo educativo termina erosionando la creatividad de los alumnos a través de una homogenización del pensamiento diseñada para satisfacer los intereses de mercado. No en balde, los sistemas de educación pública surgieron como consecuencia directa de la revolución industrial, enclavada en un proyecto de modernidad que hoy agoniza ante la irrupción de la globalización, la era de la información y el auge de la genética. La educación como la conocemos se ha quedado desfasada del mundo. Y mientras en México se libra un debate estéril sobre la necesidad de que los profesores sean evaluados para cumplir con los estándares de competitividad de la OCDE, en otros rincones del planeta la discusión empieza a sentar las bases del futuro. Lo que propone Robinson no se trata de una insípida reforma educativa, como esas que tanto celebra nuestra anacrónica clase política (que de educación no sabe nada), sino de una verdadera revolución en la forma de construir el saber. Algo que, de acuerdo con el pensamiento de Foucault, terminará siendo decisivo para replantear las relaciones de poder en el mundo.

Y ya que andamos por estos rumbos de la praxis educativas, les dejo otro pequeño video con un ser humano auténtico que entendió perfectamente cuál debe ser el rumbo de la educación: educar para transformar el mundo, educar para sembrar esperanza. El maestro Paulo Freire hablando explica por qué el amor, y no los intereses monetarios, debe ser la base de una buena educación.

El profeta: sembrador de esperanza

Toda profecía es una reinterpretación del presente. El profeta es capaz de revelar el futuro porque entiende que el futuro no es sino una consecuencia del presente. Su poder para predecir el futuro es el poder de la clarividencia, es decir, el poder de ver con claridad. El profeta anuncia el porvenir al enunciar el significado del mundo. Sabe que si fertiliza la tierra y siembra la semilla, el árbol dará frutos, aunque pasen mil años. Hace falta que florezcan profetas en esta oscuridad para sembrar esperanza en este mundo desahuciado que aprieta los dientes. Y para ello, será necesario viajar a los confines de la existencia, hacia el centro de nosotros mismos. Si queremos entender los problemas del mundo tenemos que mirar hacia dentro, estudiarnos, explorarnos, entender que el mundo no es sino el reflejo de nuestros adentros. Cuando comprendemos esta sencilla verdad, podemos entender el sufrimiento del otro. Creamos un vínculo con su dolor, con su alegría. Luego entenderemos que todos los seres que pueblan este planeta forman un solo organismo. Ya no habrá separación. La empatía va creando vínculos. Mi bienestar será el bienestar de los demás. Se borrará el odio. Germinará la compasión. Y el mundo habrá cambiado. La verdad revelada por el profeta terminará haciéndose realidad. El amor se regará por el mundo. He aquí mi profecía.

La máquina succionadora de sueños

Jorge no quiere creerme, pero es cierto. Yo la he visto con mis propios ojos. Hay una máquina que succiona los sueños.

—¿Y cómo funciona?— preguntó sarcástico, con ese tonito mamón que le sale tan bien y que tanto me encabrona.

— Insertando en el cerebro de la gente sueños prefabricados. ¡De qué otro modo iba a ser!— respondí echando lumbre por la boca.

—Tú y tus conspiraciones ridículas. Pero bueno, no te culpo. Todos somos así cuando salimos de la universidad: fatalistas y rebeldes. El mundo no es tan malo después de todo. Cuando llegues a mi edad entenderás que la vida sigue a pesar de sus muchos inconvenientes— dijo en tono ceremonioso.

Me dieron ganas de patearle la cara. Respiré profundamente. Comprendí que eso no nos llevaría a nada. De todos modos, la discusión estaba destinada a fracasar. Cuando las palabras van subiendo de tono los oídos se tapan junto con el entendimiento. Nada bueno puede salir de ahí. Si Jorge estaba predispuesto a no creerme, muy su pedo. Di un último trago al mezcal mientras trataba de recobrar la compostura. Pedí otro.

—Además, eso de criticar a la televisión ya está pasado de moda, todo el mundo lo sabe. Y sin embargo ahí estamos todos, viéndola, tomando por cierto cada palabra que sale de la caja idiota— continuó.

Jorge es un tipo inteligente, no lo niego. Pero su soberbia generalmente puede más que su capacidad de escuchar. No entendió nada. Media hora hablando a lo pendejo para que saliera con esas mamadas. Comí un par de habas con chile antes de darle un largo trago a la cerveza, en lo que llegaba el otro mezcal. Tomé fuerzas. Empecé de nuevo.

—No me refiero a la tele. Es una máquina más compleja, menos obvia, igual de burda. La televisión en todo caso sería un bonito accesorio. La máquina de la que hablo es mucho más vieja. ¿Alguna vez has visto cómo funcionan los atrapasueños que uno coloca en la cabecera de la cama para espantar las pesadillas? Funciona de modo similar, sólo que esta sustituye los sueños propios por otros prefabricados que se instalan en lo profundo de nuestro subconsciente. Estos sueños artificiales regulan la conducta. Es así como los operadores de la máquina pueden manipular a la gente como si fueran un juguete— expliqué.

La máquina había sido inventada por una inteligencia superior, de eso no había ninguna duda. Algunos especulaban sobre su hechura extraterrestre. Otros, en cambio, le atribuían un origen divino, un regalo de los dioses para que los operadores de tan avanzada tecnología pudieran gobernar a los hombres incapaces de mandarse solos. Yo simplemente prefería creer que era producto de esos extraños momentos de lucidez que a veces padecemos los humanos.

Recordé un estribillo del Gran Silencio: “nuestros sueños son visiones del amor más comercial”. La frase resumía a la perfección la manera en que la máquina sustituye unos sueños por otros diseñados en laboratorio. La mayoría no se dan cuenta de ello. Por eso no me sorprendía la reacción de Jorge, aún cuando no dejaba de parecerme un poco extraño que nunca se hubiera percatado de la existencia de la máquina succionadora de sueños con la que convivíamos a diario.

—Ya todos vimos Matrix, no creas que estas inventando nada nuevo— dijo.

—Y mucho antes de los Wachowski el hinduismo describió la existencia del velo de maya, esa ilusión en que vivimos todos los días. Para que esa realidad artificial pueda operar, necesita máquinas succionadoras de sueños para apendejar a la banda— respondí.

La máquina inhibe la imaginación, la condiciona. Pero para lograr eso, requiere una cantidad enorme de energía. Atrapar los sueños sale muy caro. El recibo de la luz llega con cifras de varios dígitos para los que tienen una en su negocio. Emite partículas invisibles de información a través de ondas que, con el paso del tiempo, van haciendo hoyos en el cerebro, convirtiéndolo en queso gruyere. A partir de ahí, controlar a las masas se convierte en mero trámite.

Jorge me miraba absorto, con los ojos pelones. “Se ha vuelto completamente loco, ahora sí”, pensó. Su mirada inquisitiva hizo que detuviera mi descripción de la máquina un instante. Por eso no quise explicarle que la energía proveniente de las plantas de electricidad es insuficiente (aunque constante) para garantizar el óptimo funcionamiento de la máquina. Por ello requiere de otras fuentes de energía para poder funcionar. Ésta la obtiene del acto sexual y la energía que se libera con la fricción de los cuerpos. La máquina se alimenta del deseo. Ese es su principal combustible. Por eso el deseo suele aprisionar a la imaginación, la sustancia de la cual están hechos los sueños.

Pero eso no es todo. Lo más irónico es que la sustitución de sueños hace indispensable la contratación de soñadores. Son algo así como los programadores de la máquina. Les pagan enormes sumas de dinero para que sueñen por los demás. El problema es que estos programadores van perdiendo potencia con el paso del tiempo, hasta que finalmente son desechados. La imaginación se erosiona bajo los cánones de la producción en serie. Es un problema que los ingenieros encargados de darle mantenimiento a los engranajes de la máquina no han podido resolver. Eso ocasiona fallas esporádicas, apagones masivos que ocurren de vez en cuando. Por eso la imaginación florece mejor en la oscuridad.

Jorge soltó una risita odiosa. Miramos la hora. Era tarde. Dimos un último sorbo a nuestros respectivos tragos y nos marchamos del lugar. El alcohol había hecho su parte. Salí un poco mareado. Me despedí de Jorge y marché rumbo a mi casa. En el camino pensaba en la máquina y sus aterradores alcances. Entonces empecé a flotar en mis propios pensamientos. Palabras que no conocía empezaban a llegar a mi cabeza a toda velocidad, chocando unas con otras. Me sentí ligero. La tiniebla inundó mi cabeza hasta lograr un vacío. Empezaron a desprenderse los colores en una hemorragia interna que se iba haciendo cada vez más grande. No era sólo producto del alcohol. Se había caído la señal. Ninguna máquina es a prueba de errores. Por un momento me sentí libre.

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Apuntes de sueño y verdad

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El teatro de los sueños

En el mundo de los sueños, el alma es “su propio teatro, su actor y espectador”, dice Joseph Addison. ¿Alguien acaso no se ha despertado en shock tras haberse contado sus propios cuentos, interpretados por sí mismo?

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El símbolo de la verdad
Dicen en el noticiero: “un símbolo más poderoso que la verdad”. ¿Acaso la verdad no es un símbolo?, pregúntome. La verdad es una construcción simbólica de la realidad. Filosofía teleinformativa.
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