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Venezuela: el nuevo campo de batalla en la guerra geopolítica de EE.UU. y Europa contra Rusia y China

Más que una lucha por la democracia y los derechos humanos, una serie de factores e intereses de las grandes potencias explican la atención que ha tenido la crisis venezolano a nivel internacional.

Manuel Hernández Borbolla

La dimensión internacional que ha adquirido la crisis política en Venezuela, poco tiene que ver con una lucha por la democracia o la soberanía nacional.

Por el contrario, la crisis venezolana se convirtió en un nuevo campo de batalla geopolítica entre las potencias hegemónicas: el bloque conformado por EE.UU. y Europa frente a la alianza entre China y Rusia.

Una situación que permite entender por qué razón el conflicto político en Venezuela, ha desatado una crisis diplomática a nivel internacional como no ha ocurrido con otros países que enfrentan crisis humanitarias provocadas por regímenes autoritarios, tal como ocurre en Honduras, Nicaragua, Haití, Arabia Saudita o la hambruna en Yemen.

He aquí algunas de las razones que explican la importancia de la crisis política Venezuela a nivel geoestratégico.

 

Fragilidad económica y tensiones políticas

La debacle económica que ha sufrido Venezuela en los últimos años, ha sido uno de los principales ingredientes de la crisis política.

Venezuela registró una hiperinflación de 1.698.000% en 2018 según la Asamblea Nacional, única cifra oficial en el país. Una situación que se produjo por una política de divisas, problemas financieros y una alta dependencia a las exportaciones de petróleo, cuyo precio se desplomó en 2014, lo cual agudizó la situación y produjo una serie de efectos como escasez de alimentos. La venta de crudo supone aproximadamente el 96% de los ingresos de Venezuela.

De acuerdo con Latinbarómetro, en 2018 los venezolanos registraron la peor percepción de progreso y situación económica en América Latina. “En Venezuela no hay nadie (1% es estadísticamente no significativo) que diga que hay buena situación económica”, señala el estudio.

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La debacle económica debilitó al Gobierno del presidente Nicolás Maduro, ya que en 2015, la oposición se hizo del control de la Asamblea Nacional. Para contrarrestar el descalabro, Maduro impulsó la creación de la Asamblea Nacional Constituyente, órgano que asumió facultades plenipotenciarias por encima de la Asamblea Nacional, con el propósito de que Maduro pudiera mantener el control del Poder Legislativo. Un acontecimiento que aumentó el descontento de la oposición y las tensiones políticas -incluyendo las acusaciones de represión y autoritarismo- que ya existían desde la época del expresidente Hugo Chávez.

Pese al malestar por la situación política y económica, Maduro logró mantenerse a flote gracias al apoyo de sectores populares, el respaldo del Ejército y el Poder Judicial.

Sin embargo, el debilitamiento del régimen provocó que Venezuela tuviera que buscar ayuda en el exterior. Una situación que fue capitalizada por China y Rusia para aumentar su influencia geopolítica en el continente americano, frente a la animadversión histórica de EE.UU. hacia el chavismo y su respaldo a la oposición venezolana.

La dependencia al capital chino

Para saldar sus deudas, Venezuela tuvo que solicitar diversos préstamos a China, lo cual ha reforzado la presencia geopolítica del gigante asiático en la región.

“Venezuela ha recibido más préstamos de instituciones chinas que cualquier otro país en la región”, lo cual “refleja la creciente dependencia del gobierno venezolano en el capital chino, para mantener su liquidez y como un vehículo de desarrollo”, señala un informe elaborado por la Red China y América Latina (REDCAEM).

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El Centro para los Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington (CSIS, por sus siglas en inglés), estima que China ha invertido en Venezuela un monto cercano a los 62.000 millones de dólares. Un monto que implica el 52% de la inversión china en América Latina.

En este sentido, Venezuela impulsó la creación de la Petrolera Sinovensa -una compañía de capital misto con inversión estatal y participación de la China National Petroleum Corporation- diseñada para pagar con petróleo las líneas de crédito que los bancos chinos otorgan al Gobierno venezolano.

“Los acuerdos con China no generan deuda, todo el dinero que se debe se ha pagado con petróleo”, reconoció Maduro en septiembre de 2018, tras realizar un viaje a Pekín para reforzar acuerdos de cooperación con el mandatario chino Xi Jiping. En dicha visita, los presidentes de China y Venezuela firmaron 28 acuerdos de cooperación en las áreas de energía, comunicación, minería y financiamiento.

Venezuela es el país con las mayores reservas petroleras del planeta, con 300.900 millones de barriles, según datos de la CIA, equivalentes a casi el 18% de las reservas petroleras globales.

La mayor parte del petróleo venezolano se destina a China en un 40%, India 20%, EE.UU. 20% y un 20% se vende al resto del mundo, de acuerdo con datos oficiales recabados por la DW.

El oro para Turquía

Ante la caída de los precios de petróleo y la producción de la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), el Gobierno de Maduro optó por explorar otras alternativas para diversificar la entrada de divisas.

Una de estas alternativas, fue impulsar la explotación minera, ya que Venezuela tiene las reservas de oro sin explotar más grandes del mundo, con unas 7.000 toneladas métricas en reservas estimadas, según un informe de la consultora española Iberglobal.

De este modo, Venezuela es el país con más oro después de EE.UU., que posee 8.133 toneladas del mineral áureo.

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Además de oro, el Gobierno venezolano estima que en el país hay 33,8 millones de quilates de diamante (cuyo valor supera el Producto Interno Bruto de países como Chile y Dinamarca), 3.644 millones de toneladas de hierro (cuyo valor superaría el PIB de México y España), además de gigantescos yacimientos probados de bauxita, cobre, coltán y otros minerales. Todo esto, en el llamado “Arco Minero del Orinoco” que busca ser explotado comercialmente pese al alto impacto ambiental.

En este sentido, Venezuela exportó 23,62 toneladas de oro a Turquía en 2018, valoradas en 900 millones de dólares, según cifras oficiales de la nación euroasiática.

El Gobierno de Venezuela dejó de enviar oro a Suiza, ante el temor de que le sea decomisado por sanciones internacionales, por lo cual, la administración de Maduro ha celebrado diversos acuerdos con Turquía para refinar ahí el oro venezolano.

De este modo, Venezuela está alentando a que empresas turcas inviertan en la industria del oro en el país sudamericano. A cambio, Turquía envía alimentos.

Esta medida ha desatado la molestia de EE.UU. y su presidente Donald Trump, que en noviembre de 2018 firmó una orden ejecutiva imponiendo sanciones sobre las exportaciones de oro y otros sectores de la economía de Venezuela.

Países como Turquía, Rusia y China han comprado grandes cantidades de oro en los últimos años para reducir su dependencia al dólar como divisa. De acuerdo con algunos analistas, el oro es el activo más seguro porque no puede ser congelado o puesto en una lista negra. Una situación que da más independencia a las potencias orientales frente al control financiero de EE.UU.

La demanda mundial de oro por parte de bancos centrales creció 4% en 2018, el aumento más grande en 50 años, según el World Gold Council.

La presencia militar de Rusia

Ante las tensiones geopolíticas en Sudamérica, el Gobierno de Venezuela también ha reforzado en los últimos años su cooperación militar con Rusia, una situación que no es vista con buenos ojos por EE.UU. y Colombia, su principal aliado en la región.

Tan sólo entre 2005 y 2013, Caracas firmó con Moscú unos 30 contratos de defensa por valor de más de 11.000 millones de dólares, según contabiliza la agencia rusa Tass. Estos contratos incluyeron la adquisición de equipo militar como:

  • 100,000 rifles de asalto Kalashnikov AK-103
  • 24 aviones de combate Sukhoi Su-30MK2
  • 34 helicópteros Mi-17V-5
  • 10 helicópteros Mi-35M y otros 3 Mi-26T
  • 92 tanques de batalla Т-72B1
  • Sistemas de misiles antiaéreos Igla-S
  • Vehículos de combate BMP-3

De acuerdo con el índice Global Fire Power 2018, Venezuela se encuentra entre los seis Ejércitos con mayor capacidad de fuego en América Latina, al contar con un total de 696 tanques y 280 aeronaves de guerra.

A pesar de tener 123.000 efectivos militares, las Fuerzas Armadas venezolanas pueden llegar a contar con cerca de 550.000 personas, ya que el Gobierno otorgó armas a civiles con el objetivo de constituir una fuerza de reserva.

Un poderío militar que ha ido creciendo con la adquisición de armamento ruso en años recientes, aunque no existen cifras precisas y disponibles para dimensionar la venta de armamento ruso y chino en Venezuela.

Esto sin contar con la cada vez más estrecha relación militar entre Caracas y Moscú, que en diciembre pasado anunciaron operaciones militares conjuntas casi al mismo tiempo que dos aviones bombarderos rusos con capacidad nuclear Túpolev Tu-160 (conocidos como Cisne Blanco), realizaban operaciones de práctica en territorio venezolano.

“En la época de la Guerra Fría, Rusia nunca llegó a poner un avión de ese nivel en América Latina. Nunca entró en el patio trasero de los EE.UU.”, aseguró en diciembre pasado el analista y experto en geopolítica, Néstor Rosanía, director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz de Colombia, en entrevista con el programa Al Punto.

Para Rosanía, el aumento de la presencia de Rusia en Venezuela es una respuesta a las operaciones militares de la OTAN en el Báltico. Esto, luego de que la OTAN realizara en noviembre pasado su mayor ejercicio militar desde el final de la Guerra Fría, el denominado “Trident Juncture 2018”, realizado en Noruega, con la participación de 50.000 soldados. Las maniobras se llevaron a cabo en un contexto de tensión creciente con Rusia, por la instalación de una base militar de EE.UU. en el país nórdico y varios casos de espionaje.

Un respaldo del presidente ruso Vladimir Putin a Maduro se produjo mendiante un nuevo acuerdo por 6.000 millones de dólares entre el Kremlin y Miraflores.

Casi al mismo tiempo que Irán anunció el envío de buques de guerra al Atlántico, con el objetivo de realizar operaciones militares conjuntas con Venezuela, informó Touraj Hassani Moqaddam, subcomandante de la Armada de Irán.

“Lo que vemos es que todavía seguimos con lógicas de la Guerra Fría. Hay dos superpotencias que tienen un tablero geopolítico y nosotros somos esos pequeños países satélite que vamos a tener el choque de esas decisiones de alto nivel. Lo que está pasando en Siria y otros países, también lo vamos a ver en el Caribe, con Colombia y Venezuela, que son aliados satélite de esos dos grandes bloques hegemónicos”, apuntó Rosanía.

La injerencia de EE.UU. y sus aliados

Aunque históricamente el Gobierno de EE.UU. ha apoyado a la oposición venezolana desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999, el debilitamiento del régimen de Maduro ofreció una oportunidad para mover sus fichas en el ajedrez geopolítico para reafirmar su poderío en el continente americano y debilitar a sus rivales.

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De ahí que el apoyo de Trump hacia Guaidó se produce en un contexto en que varios países de Sudamérica han dado un giro hacia la derecha en países como Argentina, Chile y principalmente Brasil, el gigante latinoamericano cuya frontera colinda con Venezuela y es uno de los mayores aliados de EE.UU. en la región tras la llegada al poder del fascista Jair Bolsonaro.

Un hecho que es evidente en el respaldo de países con Gobiernos afines a la política exterior de EE.UU., tal como ocurre con el llamado Grupo de Lima, que ha presionado para desconocer a Maduro y respaldar a la oposición venezolana.

De este modo, EE.UU. lograría reafirmar su papel de potencia hegemónica en América Latina, en algo que muchos analistas consideran como un relanzamiento de la Doctrina Monroe, al mismo tiempo que cierra la puerta a China y Rusia en la región.

Esto, al cortar el principal destino de inversiones chinas y rusas en el continente, al mismo tiempo que cortaría el suministro de petróleo hacia China, con quien EE.UU. libra una guerra comercial.

Así lo ha reconocido John Bolton, asesor de Seguridad de la Casa Blanca y principal estratega del llamado intento de “golpe de Estado” orquestado por EE.UU. en Venezuela.

“Nos estamos enfocando en desconectar el régimen ilegítimo de Maduro de las fuentes de sus ingresos”, reconoció Bolton, quien añadió: “es un proceso muy complicado”.

Ante un posible derrocamiento de Maduro, EE.UU. quedaría en una posición ventajosa para explotar las riquezas petroleras y mineras de Venezuela.

En este sentido, Bolton aseguró que ya existen pláticas con petroleras estadounidenses para explotar yacimientos en Venezuela ante un posible cambio de régimen.

Desde que Bolton llegó a la Casa Blanca como asesor en abril pasado de 2018, se endurecieron las sanciones de EE.UU. contra Venezuela con el fin de estrangular financieramente al Gobierno de Maduro ante una posible invasión armada promovida por los estadounidenses desde sus bases de operación en Colombia.

Una estrategia que la administración Trump busca reforzar mediante una campaña mediática enfocada en señalar la ausencia de democracia en Venezuela y resaltar la necesidad de enviar apoyos económicos para enfrentar la crisis humanitaria que se vive en aquel país ante falta de víveres, incremento de violencia y tensiones crecientes con la oposición.

Todo esto, al mismo tiempo que EE.UU., de manera directa y a través de Guaidó, intenta reclutar militares venezolanos inconformes con el régimen para dividir a las fuerzas armadas de Venezuela, tal como expresó Bolton al señalar que el gobierno estadounidense dará una “amnistía” a militares que participen en el golpe contra Maduro.

Una maniobra que ha sido respaldada por las principales potencias de la Unión Europea -como Francia, Alemania y España, además de Gran Bretaña-, ante la fuerte dependencia que tiene Europa al poderío militar estadounidenses para hacer frente a lo que perciben como la “amenaza rusa”.

De ahí que los paralelismos entre Venezuela y la situación política en Siria -en el sentido de que el choque de las potencias hegemónicas para mantener y quitar al presidente en turno- han reavivado los temores de que la división social pueda derivar en una guerra civil como la que ha dejado más de medio millón de muertos tras siete años de conflicto armado.

Un complejo escenario geopolítico que explica por qué, a diferencia de otros países, Venezuela se ha convertido en el más reciente campo de batalla entre las potencias Occidentales y Orientales, en su disputa por la hegemonía globlal.

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Dialéctica revolucionaria

Una crónica de cómo me tocó vivir el Referéndum constitucional de Venezuela en diciembre de 2007, proceso electoral donde el bando del ex presidente Hugo Chávez fue derrotado. Tipo polémico y lleno de claroscuros, este texto y las versiones publicadas en el diario mexicano Excélsior, el 3 y 4 de diciembre de 2007, refleja la fractura que existe entre los simpatizantes y detractores de la Revolución Bolivariana encabezada por Chávez. Un orador impactante. Hoy, en el día de su muerte, rescatamos este pequeño relato, esperando que su fallecimiento pueda ayudar a aliviar viejas rencillas y acabar con la dialéctica venezolana instalada hace más de una década. Descanse en paz, Hugo Chávez Frías.

Cierre de campaña de Chávez para el referéndum constitucional de diciembre, 2007

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La tensión estaba a punto de reventar. Los resultados no llegaban y la impaciencia empezaba a cobrar factura mientras los venezolanos se mantenían expectantes en la televisión hasta entrada la madrugada con el destino del país en el aire.

Unos días atrás, Carlos Adampol, mi compañero de viaje, y yo decidimos meter el acelerador para observar de cerca las elecciones del 2 de diciembre de 2007, en las que los venezolanos decidirían parte importante de su destino como nación mediante el referéndum constitucional convocado por el presidente Hugo Chávez.

Llegamos a Caracas un jueves a medio día. Tomamos el metro hasta la estación Chacaíto, buscamos el número exacto en la calle Francisco Solano hasta llegar a casa de Roberto Campos, nuestro anfitrión, quien contactamos por Internet durante los días previos. Una vez instalados, tomé la cámara y bajé inmediatamente. La marcha convocada por los estudiantes ya había comenzado. La idea de la oposición chavista era abarrotar la Avenida Bolívar y hacer un llamado para votar en contra de la propuesta de reforma constitucional que, entre otras cosas, le daría mayor poder al presidente Hugo Chávez para continuar con el proyecto de la llamada Revolución Bolivariana y de paso, mantenerlo en el poder por tiempo indefinido.

Las cosas en Venezuela eran muy simples: o estabas a favor de Chávez o en su contra. Sí o No a la reforma. Así de simple. No había cabida para medias tintas, todo mundo tenía que tomar una posición. La polarización de Venezuela era visible a varios niveles. Encender la televisión era un claro ejemplo de esta confrontación política. En Venevisión, el canal del Estado, la presencia del polémico presidente Hugo Chávez era una constante. Nadie se atrevía a contradecir al comandante, el que nunca se equivocaba. Al cambiar el canal las cosas resultaban diametralmente diferentes. En Globovisión la línea informativa estaba claramente marcada en favor de la oposición, encabezada por estudiantes universitarios.

Continuaba la marcha a través de las principales calles de Caracas. Los reclamos son muchos y muy variados, al igual que el colorido bloque opositor: desde el descontento por el deseo de Chávez de mantenerse en el poder por tiempo indefinido hasta el desabasto de productos de la canasta básica como carne y leche. El recorrido continúa mientras la masa corea el tema del momento, “¿Por qué no te callas?”, en alusión al famoso incidente entre el Rey Juan Carlos de España y Hugo Chávez. Los diversos contingentes finalmente llegan al corazón de Caracas, la Avenida Bolivar, ante la penetrante mirada de los simpatizantes del régimen que sólo observan a distancia, esperando ansiosos a que llegara el día siguiente para responder con fuerza.

Hay un clima tenso ante alguna posible confrontación, pero eso no impide que la gente se exprese, grite o exhiba orgullosa sus pancartas con descalificaciones de todo tipo en contra de Chávez, el gran villano.

La dirigencia estudiantil hace un llamado al No desde la plataforma instalada en la Avenida Bolívar que luce llena a pesar de que en Venevisión las imágenes muestran una realidad totalmente diferente. Algunas estaciones de radio denuncian que el canal estatal manipuló las imágenes tomadas desde el helicóptero para restarle fuerza a la marcha de la oposición. Las imágenes transmitidas “en vivo”, en realidad fueron captadas durante las primeras horas de la marcha, cuando la gente no había llegado al punto de encuentro.

Así transcurrió la jornada, en la que la oposición puso sus cartas sobre la mesa. Faltaba la respuesta oficial por parte del régimen.

El viernes, todo estaba listo para el mitin en el que los simpatizantes de la revolución responderían a sus adversarios. Caracas se vistió de rojo aquel 30 de noviembre, mientras el ejército hacía notar su presencia en las calles ante el “intento de asesinato” que planeaba el gobierno imperialista de George Bush, según había declarado Chávez a la prensa durante los días previos para echarle sabor al caldo.

Las calles de la ciudad ahora estaban llenas de puestos de comida y otras curiosidades, incluyendo la parafernalia revolucionaria. Imágenes del Che, panfletos con el discurso de la denominada revolución del siglo XXI, fundamentada en la tesis del alemán Heinz Dietrich Steffa y su crítica al marxismo convencional, y a los intentos previos que han existido para establecer el socialismo en el mundo. Sonaba música de Silvio Rodríguez, como si se tratara de un himno, al igual que el pegajoso “Sí, sí, sí, ahora sí, sí, sí” con el que se promocionaba la reforma constitucional.

Las horas pasaban lentamente, pero la gente permanecía quieta, esperando el momento exacto en que apareciera el comandante, sin importar el calor vespertino. Nadie quería perder su lugar. La tribuna lucía impactante. Un inmenso Sí en color rojo como telón de fondo enmarcaba el escenario en el que Chávez pronunciaría su discurso. La imagen se me figuraba una de esas postales de Hitler hablando ante su público o al mismísmo Ciudadano Kane de Orson Wells a media campaña electoral. Los extremos se tocan.

Mientras espero, platico con la gente. “Algunos dicen que se quiere quedar eternamente en el poder, pero hay que aprovecharlo para que gobierne mientras pueda”, me dice una señora. Otro peculiar sujeto va un poco más allá: “Dios lo mandó para que gobernara estas tierras. Yo me puedo morir tranquilo porque sé que va a seguir gobernando”, según me comentó el ferviente seguidor del comandante.

Por momentos, el carisma que despierta Chávez en sus seguidores me desconcierta. Parece más un líder religioso que un político que lleva ocho años en el poder. Eso me queda claro cuando por fin, a lo lejos se aproxima el presidente, saludando a la gente arriba de un vehículo. De pronto se desata la estampida. Todos quieren estar cerca de él, tocarlo o saludarlo.

Por fin, empieza el discurso mientras cae la noche. Lo primero que salta a la vista son las cualidades natas de Chávez como orador. Empieza entonando el himno nacional y continúa hablando con un tono familiar que la gente percibe cercano, amigable. Lo hace de forma espontánea y natural, sin retórica proselitista como se podría pensar. Empiezan las descalificaciones contra EU, el eterno enemigo, la gente se anima. Continúan las anécdotas, los recuerdos de la infancia y la juventud, aquellos que forjaron al hombre que hoy se dirige a sus seguidores para consolidar ese proyecto revolucionario que tanto ha costado y que de alguna manera, ha demostrado al mundo que las revoluciones también pueden efectuarse desde las urnas.

A pesar de que la oposición no está del todo convencida de la transparencia del sistema, todos los venezolanos saben que mientras Chávez compita en un proceso electoral va a ganar. Ni siquiera hace falta hacer trampa, el carisma es suficiente para mantenerlo en el poder el tiempo que sea necesario, y si la constitución lo imposibilita de hacerlo, tan sólo es cosa de cambiar las reglas. Hay mucho en juego. Las reformas podrían cambiarle el rostro a Venezuela, para bien o para mal.

El discurso se prolonga más de dos horas. El ambiente es distinto al proselitismo político que se realiza en México. Esta es una fiesta, la gente bebe en las calles, hay globos gigantes con la imagen de Chávez, comida por doquier. Hay confianza de que la revolución continúe su paso pese a las protestas. Después de todo, el comandante marcha invicto en las urnas, nunca ha perdido una elección.

El domingo inicia la jornada electoral, tras un día de descanso. Las calles de Caracas lucían apacibles, casi desiertas, algo inusual, luego de los días de tensión en los que el pueblo venezolano vivió momentos de una fuerte confrontación ideológica durante el cierre de campañas a favor y en contra de la reforma. Un domingo tranquilo en el que se decidió el futuro de Venezuela.

Las casillas se instalaron sin mayores problemas el día sábado en diversos centros educativos y comunitarios, para que desde temprana hora la ciudadanía saliera a emitir su voto, efectuado mediante una computadora respaldada por un recibo impreso depositado en una urna. Una jornada en la que la ausencia de largas filas llama la atención de los medios.

En algunos puntos de Caracas, hay tensión. Nadie quiere ceder un ápice de terreno al enemigo. Así ocurrió en el Liceo Andrés Bello, ubicado en la Avenida México, donde simpatizantes y opositores a la revolución bolivariana y al régimen chavista discutieron airadamente, manoteando y haciendo un último esfuerzo por convencer a los indecisos que esperan su turno para entrar a las casillas, donde el ejército fue el encargado de mantener el orden.

Ahí, el temor de un fraude electoral se hizo presente, luego de que un ciudadano denunciara ante las cámaras de televisión la imposibilidad de emitir su voto debido a que, como le informaron los miembros de mesa, su nombre aparecía en el padrón electoral como si ya hubiera efectuado el sufragio, por lo que le aconsejaron poner una queja ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), órgano encargado de legitimizar la elección. Las especulaciones se hicieron presentes en las calles, pese a que en la gran mayoría de las casillas la jornada transcurrió de forma sencilla y sin inconvenientes mayores, más allá de algunas pequeñas fallas de las máquinas de votación, que de inmediato fueron reparadas.

Algunos reportes en las estaciones de radio locales, informaban sobre problemas en el Consulado de Miami para que los venezolanos residentes de aquella ciudad estadunidense pudieran emitir su voto.

Cayó la tarde y las casillas cerraron a las 16:00 horas, aunque diversos centros en todo el país permanecieron abiertos para que la gente que esperó hasta el último minuto para hacer valer su derecho al voto, pudiera hacerlo efectivo.

Los informes de los medios hablan de un proceso electoral limpio a pesar de los cerca de 40 detenidos en todo el territorio nacional, mientras los líderes estudiantiles y los integrantes del gobierno avalan el proceso.

Avanzó el proceso lentamente hasta la noche, donde el nerviosismo empezó a crecer a pasos agigantados. Originalmente, se daría un informe con los resultados alrededor de las 20:00 horas. Sin embargo, entrada la madrugada todavía no hay resultados. Nadie habla, nadie sabe exactamente qué pasa. La ley impide que se publiquen resultados preliminares hasta que el CNE emita el primer boletín. Los reporteros van de un lado a otro. La tensión se siente en cualquier punto del país, mientras la gente espera al filo del televisor a que algo ocurra. La oposición se ve inquieta. Algunos representantes buscan dar a conocer sus propios resultados pese a ser ilegal ante la desconfianza de un fraude electoral.

Cuando la crisis estaba a punto de reventar, la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, se presentó ante las cámaras para dar los resultados poco después de la medianoche, más de nueve horas después de cerradas las urnas.

Hubo final de fotografía. Por el NO, votaron el 50.5 por ciento de los electores y por el Sí 49.29 por ciento. Chávez había sido derrotado por un mínimo margen que se evidenció en la cara del mandatario tras reconocer la derrota ante los medios de comunicación. Histórico. Cacerolazos, rítmicas tonadas con el claxón de los coches, gritos de júbilo se hacían presentes en varias colonias de Caracas mientras los barrios populares guardaban silencio. Nadie lo podía creer.

Los simpatizantes de Chávez que preparaban la tarima para los festejos en cuanto se emitiera el resultado empezaban a sentir cierta culpa. Algo había salido mal. Alguien le había fallado al comandante, al país, a la revolución. Sin embargo, siempre hay tiempos de revanchas y los chavistas lo saben muy bien. Tuvieron que pasar dos años más para que la revolución terminara por imponerse en la Constitución, luego del nuevo referéndum constitucional de 2009. []

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