Archivo del sitio

Periodismo, CIA y narcotráfico: la persecución contra Gary Webb

Si quieren entender cómo funciona realmente el negocio del narcotráfico, vean la película Matar al mensajero, basada en la investigación del periodista Gary Webb, quien documentó la manera en que la CIA vendía drogas en Los Angeles y otras partes de EE.UU. para financiar la contraguerrilla en Nicaragua. Un esquema que se repetía también en países como Colombia y permite entender parte de lo que ocurre en lugares como México.

¿Y qué le pasó al periodista que sacó a la luz esta información? Se echó en contra al sistema, incluyendo a sus colegas y editores, esos seres mezquinos capaces de vender a su madre para salvar el pellejo. Me ha pasado. En más de una ocasión he tenido que lidiar con esa gentuza. Para ejercer el periodismo se necesita mucho valor, mucho coraje, muchas agallas. Aunque uno se juegue la vida para exponer cosas que a la gente le importan un carajo. La verdad es una doncella ingrata.

 

Crítica a las opiniones simplonas de la clase media mexicana a escasas horas de una elección histórica

Elecciones 2018: El elector volátil decidirá al próximo presidente

A un día de las elecciones, todos tienen una opinión. Y yo no dejo de sorprenderme de lo limitado de muchas “opiniones” que no hacen sino repetir los discursos de las élites que se difunden con virulencia en los medios.

Se nota que no hay el mínimo esfuerzo por pensar tantito, el mínimo esfuerzo por indagar y tratar de comprender lo que ocurre a nuestro alrededor.

Borges decía que el problema con la democracia es que se trataba de “un lamentable abuso de la estadística”. ¿Cómo puede saber la gente, o bajo qué criterios, puede determinar la masa quién es el mejor gobernante? ¿Con la mierda que ven en a diario en la tele?

Interpretar el mundo en que vivimos requiere un esfuerzo para tratar de comprender más allá de las apariencias. Algo para lo cual, es muy útil saber un poco de varios temas: historia, filosofía, literatura, economía, arte, ser curioso, leer, viajar, hablar con gente diferente a la que abunda en nuestro círculo social más inmediato, tratar de establecer empatía con otros muy diversos.

Me da risa cómo la gente construye sus “opiniones” a través de prejuicios y un criterio limitadísimo que no hace sino generar más confusión. Lo cual es muy útil para que el poder hegemónico manipule fácilmente a #LaBorregada, a través de verdades a medias que suelen mezclar con burdas mentiras, que la masa idiota acepta sin chistar o poner en tela de duda.

Después de años y años de trabajar en medios de comunicación, he visto muchos ejemplos de cómo funciona este proceso y cómo se repiten siempre los mismos patrones. Me parece lamentable que muchos amigos y familiares a quienes les platico de estas cosas prefieran creerle a “periodistas” vendidos, por el simple hecho de que salen en la tele, como si eso los hiciera más creíbles en comparación a uno, que se ha recorrido el país hablando con la gente y contando sus historias, uno que se la pasa investigando, cuestionándolo todo, viviendo en carne propia acontecimientos históricos y conversando de viva voz con los protagonistas de la vida nacional. Es más fácil creer las idioteces de un “Youtuber” fabricado en la deleznable industria del escándalo y la vanidad, que creerle a aquellos que han arriesgado su vida para tratar de contar la verdad.

Esas son las coordenadas mediante las cuales la inmensa mayoría de la gente construye sus “opiniones”. Y luego nos sorprendemos de tanto cretino suelto por ahí.

Sus esquemas mentales sorprenden por su sencillez tan elemental, frente a un mundo cada vez más complejo. AMLO=Venezuela. Una simple ecuación con la que intentan justificar sus traumas clasistas: el hecho de que un gobernante no se apegue al estereotipo elitista y oligárquico que contradice cualquier principio democrático. Pensar la política mexicana mediante el eslogan de un publicista. Vaya estrupidez. Como si la Venezuela chavista fuera el único espejo posible para comparar la realidad mexicana. Lo peor es que el desafortunado símil ha sido repetido hasta el cansancio por gente que no sabe un carajo de Venezuela o Cuba, menos aún de muchos otros casos cercanos como los de Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Nicaragua, Honduras, El Salvador o Guatemala. Ya ni hablar de lo que ocurre en Asia, Europa, Medio Oriente, África. La realidad de esos países no figura en ningún caso comparativo en las críticas simplonas que suelen realizar los tristísimos representantes de #LaBorregada. Ya ni para qué hablar de otros espejos más profundos que nos podrían ayudar a entender la realidad compleja en la que estamos inmersos: del neoliberalismo a 500 años de colonialismo, las raíces del capitalismo, el surgimiento del Estado o el lenguaje como una manifestación de las relaciones de poder. Temas demasiado sofisticados para mentes sencillas en busca de respuestas fáciles que les permitan justificar sus filias y sus fobias, gente rudimentaria que ni siquiera sabe leer un periódico. Así son los opinadores multitudinarios que abundan en Facebook y redes sociales en la era de la posverdad.

Otro especímen peculiar en estos tiempos de campañas son aquellos que cómodamente dicen, “¡todos los políticos son lo mismo!”, como una vía para justificar su pasividad. Desde luego, si uno hace análisis superficiales y simplones, uno se vuelve incapaz de percibir matices, relieves, sabores y otras muchas cualidades que conforman este mundo complejo y fascinante. Piensan con plastas y una paleta de colores muy limitada, esquemas poco detallados que evidencian un pensamiento simplón e insoportablemente convencional, una calca de las ideas de los demás.

Entre estos próceres del pensamiento simple y lineal, abundan muchos universitarios, tristemente, lo cual hace a uno cuestionarse lo jodido de un modelo educativo que educa para la obediencia y premia la mediocridad. Quizá por ello, a estas alturas de mi vida no me sorprende, pero no deja de parecerme fascinante, haber conocido campesinos que con apenas la educación primaria terminada tienen una conciencia política mucho más sólida, crítica y profunda que muchos académicos con doctorado, egresados de universidades extranjeras.

Me acaba de suceder hace poco, cuando viajé a un pequeño poblado en Zacatecas, devastado por una minera del multimillonario Carlos Slim, y tuve la oportunidad de platicar con don Roberto, un viejo que entiende muy bien el mundo en que vive y lucha por cambiarlo. En contraparte, hace unos meses fui a platicar con un famoso comentócrata que aparece en la tele y escribe en los periódicos, para entrevistarlo en su lujosa residencia de Bosques de las Lomas, su pequeño feudo a partir del que articula su limitadísima visión del mundo, misma que se propaga en las débiles mentes de los autómatas, quienes se maravillan con títulos nobiliarios por la pura güeva que provoca pensar por uno mismo. Al salir de la casa de este comentócrata, me quedó la sensación de que el sesudo analista no entendía cosas elementales sobre cómo funciona el mundo de allá afuera, lejos de su burbuja llena de comodidades y privilegios.

Lo divertido es que estos cretinos opinan y forman “opinión” entre las masas desinformadas, esa gente chiquita que será siempre sometida a los intereses del abusivo en turno, sin siquiera percatarse de ello.

Aprender es darse cuenta. Y para darse cuenta es necesario estar atento, afilar los sentidos, expandir la mente.

“La peor visión del mundo, de todas las visiones del mundo posibles, es aquella que nunca vio el mundo”, escribió alguna vez Alexander Von Humboldt. Tenía razón.

No hay forma de salir de la confusión sin indagar por nuestra propia cuenta aquellos vínculos secretos que nos permiten comprender el origen de todas las cosas, esa relación misteriosa que nos permite conectarnos con el mundo, esas conexiones mágicas que habitan en nuestro interior.

Mañana son las elecciones del 1 de julio de 2018 y se perfila para ser un día histórico, un día de fiesta, aunque muchos mexicanos cegados por el miedo y la ignorancia que han cultivado asiduamente durante muchos años, ni siquiera se han dado cuenta. Viven presas del miedo que les han inyectado desde los grandes medios de comunicación, esas enormes maquinarias de consumo que son empresas y, como tales, su finalidad es el lucro en lugar de promover el pensamiento crítico, medios basura que no son otra cosa sino eficaces instrumentos de control al servicio del poder hegemónico.

Pobrecillos. Mañana será un día de fiesta y ellos tan ensismados en sus miedos, en sus diminutos problemas, extraviados en su individualidad viciosa que los hace desentenderse de lo colectivo, esa verbena de lo diverso, tan alejados del mundo que aparece tras su ventana, sin siquiera tratar de asimilar las enormes posibilidades que ofrece la condición humana.

Desde luego, habrá que estar atentos para no permitir un nuevo despojo, una nueva trampa, un nuevo saqueo, una nueva afrenta contra la voluntad popular. Ninguna fiesta, ninguna victoria, es eterna. Así en la política como en los otros muchos ámbitos que conforman la existencia humana.

La vida es aprender a caer y levantarse, aprender de nuestros errores y nunca dejar de luchar.

Y así habremos de seguir luchando tras celebrar lo que se perfila como un día de fiesta para los mexicanos, con unas elecciones históricas que marcarán el ocaso de un neoliberalismo voraz que ha destruido al país. Mañana México escribirá una nueva historia.
::.

Crónicas de un suave despertar a la luz del sueño: cuento psiconáutico en tres actos

I

Baja frecuencia con un toque de tensión electrocardiaca. Será el extractivismo psíquico de los últimos días, los espejos cavernosos en los que uno suele extraviarse de vez en cuando. El ansia de vivir a ciegas. Todo sereno por fuera, ebullición por dentro. La vibra del día.

::.

II

Somos la carne y el símbolo: la energía que fluye entre la materia y los sueños. Tendemos al equilibrio: buscamos el placer para compensar el dolor del mundo y hacemos daño para compensar el daño recibido. Dar es recibir, y viceversa. Por eso hay que aprender a dar y también hay que aprender a recibir. Uno es lo que es, no lo que otros quieren que uno sea. Que el instinto sea nuestro guía y la sabiduría la luz que alumbre el camino. No hay que tener miedo de mirarse desnudo y lleno de cicatrices. El dolor es también un maestro si estamos dispuestos a aprender, a cambiar, a transformarnos. Y el amor… aquello que nos permite vincularnos con todas las cosas, aquello capaz de pegar los pedazos rotos para fundirnos en uno solo ser, aquello que otorga sentido al milagro de vivir. Reflexiones vespertinas en la apacible musicalidad de un café.

::.

III

El cuento de los últimos días. A veces uno anda buscando respuestas con los oídos tapados. Para quitarse la sordera, hay que lavarse las orejas a fondo para escuchar la voz interna. Pero pasa que a veces uno le da demasiadas vueltas a las cosas, las piensa demasiado, construye esquemas, arma y desarma incontables veces el rompecabezas al que a veces le faltan o le sobran piezas. Y después de mucho estudiarse a sí mismo, llega la conclusión abrumadora: ¡eres un pendejo! ¡Justo la respuesta que andaba buscando sin saberlo! El mundo se derrumba. Emerge algo nuevo desde las profundidades del inconsciente, ese mar gigantesco lleno de misterios. La revelación de manifiesta de la manera más inesperada, sorpresiva, apabullante. La respuesta siempre estuvo justo frente a nuestras narices, pero no la podíamos ver porque habíamos decidido arrancarnos los ojos. Algo bueno habrá hecho uno en la vida para rodearse de gente maravillosa que lo ayuda a uno a salir del atolladero en el momento preciso. Reinterpretando a Freire en términos budistas se puede concluir que “nadie ilumina a nadie, ni nadie se ilumina solo; el ser humano se ilumina en comunión”. Hoy me siento invencible por una sencilla razón: hoy no tengo que pelearme con el mundo. Hoy bailo a su ritmo, en completa sintonía y correspondencia. Sin conflicto, la relación de vencedor y derrotado pierde todo su sentido. Y uno se da cuenta que la supuesta individualidad del alma es la estupidez más grande de nuestra cultura, raíz de todas las patologías sociales que padecemos a diario. El alma tiene un carácter exógeno. Una parte del alma nos pertenece a nosotros como organismo autonómo, y otra parte de nuestra alma la depositamos en nuestros amores, nuestra familia, nuestros amigos. La completud del alma se da cuando nos damos cuenta que una parte de nosotros vive en todas personas que amamos. Y la soledad se hace humo, la oscuridad se enciende, los nudos llenos de silencio se transforman en canto. Y ya no necesitamos andar juntando los pedazos que vamos dejando por ahí como si estuviéramos rotos. Basta un enorme abrazo para ensanchar el alma, hacernos uno y hacernos todos. Y uno se siente bendecido de estar completamente loco. Hoy, fiel al foreverismo existencial que me caracteriza, les mando un enorme abrazo a todas las personas que conozco y amo de todos los modos posibles, imaginables. Saben muy bien de quienes hablo, a quienes les hablo. Gracias a todos por compartir este viaje alucinante y efervescente que es estar vivo.

::.

::.

La verdad y el olvido al estilo griego

En la Grecia clásica, la antítesis de la ‘verdad’ (alétheia) era el olvido (léthe). Contrario a lo que ocurre actualmente, la verdad no se oponía a la mentira, sino al olvido. La verdad era algo que está ahí, latente, algo que es necesario “develar”, es decir, rescatar del olvido. En este sentido, la verdad es recordar ese pasado mítico del cual provenimos. De ahí la importancia que tenía para los griegos la recreación mítica del mundo a través del ritual y la tradición oral, al menos hasta antes de que el ’logos’ de la racionalidad acuñada por los filósofos acabara con el saber tradicional del ‘mythos’, según explica Carlos García Gual. Formas de ver el mundo que le ayudan a uno a concebir la existencia desde otra perspectiva.

Banco Mundial: del control de las finanzas globales a la gestión de la verdad

Las acusaciones de la exabogada del Banco Mundial, Karen Hudes, sobre la manera en que dicha institución ejerce un control casi absoluto de muchos países a través de la deuda y otros mecanismos financieros, es digna de llamar la atención. Sin embargo, esto no ha sido razón suficiente para que las fuertes declaraciones de Hudes hayan encontrado un eco en los medios tradicionales, salvo en algunas emisiones televisivas afines al actual gobierno ruso (en lo que parece ser la secuela de la Guerra Fría). Nuevamente revive la fábula orwelliana. Resulta casi imposible verificar las acusaciones de Hudes cuando nuestros referentes de lo que significa “información oficial” son administrados por la parte acusada. Es así como se construye la paradoja del Panóptico de Bentham al que hace referencia mIchel Foucault a la hora de explicar los mecanismos a través de los cuales el poder en turno vigila y castiga sin siquiera ser percibido. Y eso es quizá, lo más aterrador del asunto: la manera en que los grupos encumbrados en el poder tienen la capacidad de controlar el sistema de creencias sobre el que se articula nuestra delimitada noción de la verdad y todo lo que esto implica. El terror de Orwell terminó convertido en nuestra realidad de todos los días. ¿Cómo resolver el problema? Evidenciando la manera en que operan nuestros celadores para despojarlos de su umbría máscara. Tomar conciencia de quiénes y para quiénes gobiernan los que gobiernan en el mundo implica reconstruir los equilibrios de poder hoy vigentes. La eterna batalla por la verdad.

La terrible similitud del futbol y la política

futbol_de_mexico_by_wardlarson

El asunto es tan patético que da risa. Una historia llena de personajes lastimeros dotados de una comicidad involuntaria, como si hubiera sido escrita por Moliere. Un fracaso que se veía venir y que, contrario a lo que algunos piensan, no ha tocado fondo. La historia del Tri es tristísima, como tristísima es la historia reciente de este país. Un juego que no divierte a nadie. Un gobierno convertido en administrador del desastre. Quizá por eso la cancha de futbol se ha convertido en el último bastión de la ruina nacional, metáfora perfecta para evidenciar la frustración que se respira a diario en las calles. El futbol se parece cada vez más a la política y nuestros políticos no son sino el grotesco reflejo de lo que somos como sociedad. Las comparaciones absurdas entre Enrique Peña Nieto y el ‘Chepo‘ de la Torre no son casualidad. Son el síntoma de un mal común que aqueja al grueso de la población. El egoísmo es nuestro verdadero deporte nacional. Ahí estamos, peleando todos contra todos, señalándonos unos a otros hasta encontrar un culpable, un chivo expiatorio que permita justificar la devastación del presente y este futuro vacío de esperanza que nos acecha a la vuelta de la esquina. Ahí están los furibundos comentaristas de la televisión pidiendo que se corten cabezas contra los responsables de que el Tri no vaya al Mundial, vociferando contra la arrogancia de ese remedo de futbolistas derrotados sin siquiera meter las manos. Pobres. No se dan cuenta. ¿Ya no se acuerdan la manera en que denostaban a los equipos centroamericanos? ¿Acaso no contribuyeron ellos, desde la comodidad del micrófono, a alimentar esa arrogancia voluminosa que tanto detestan?

Lo mismo pasa todos los días al revisar la portada de los diarios y enterarse de esta crónica de fracasos disfrazada de progreso: la mentira institucional como sustituto de la realidad. No saben que la zalamería con la que actúan terminará por aplastarlos. La realidad no puede mutilarse a conveniencia para que se ajuste a mis propios intereses, como pretenden algunos. La verdad termina siempre por derramarse ahí donde se engendra la corrupción, más tarde o más temprano. ¿No se dan cuenta? Así es este juego de todos contra todos, donde las tribus enseñan los dientes y amenazan con morder. “Mientras yo esté bien, que los demás se chinguen”, es el himno que nos repetimos a diario. Todos defienden sus propios intereses sin importarles lo que ocurra a los demás. La egolatría y la vanidad se erigen como el fundamento de esta realidad viciosa que perfuma el aire con un agrio olor a muerte y podredumbre, un aire espeso, tóxico, asfixiante, que se riega por el mundo como una epidemia.

En el México de hoy no debería sorprendernos que once futbolistas pintados de verde jueguen anteponiendo sus intereses a los del equipo. Por eso no es de sorprenderse que los políticos de todas las denominaciones defiendan los intereses sectarios que atentan contra el bien común. Los ricos contra los pobres y los pobres contra los ricos. La doctrina del ojo por ojo es la única ley posible. Eso explica la ceguera colectiva. “¡Sálvese quien pueda y como pueda!”, es la consigna con la que nos levantamos de la cama. Vivimos una persecución constante. Hay que estar siempre alerta. Si te descuidas el otro te clavará el puñal por la espalda. Si te apendejas el otro te va a joder. En México la Ley de Herodes no es una película de Luis Estrada ni un cuento de Ibargüengoitia: es un símbolo patrio.

Que a nadie le sorprenda que el futbol se haya convertido en el ultimo resquicio del nacionalismo, en la puerta de emergencia para huir de esta frustración sistemática como forma de vida, al igual que el alcohol, las drogas, la violencia o la enajenación silenciosa, esas válvulas de escape donde se canaliza el odio contra el mundo, el odio contra uno mismo. El futbol abandonó su vocación lúdica para convertirse en negocio. Ya no es divertido. Los futbolistas sufren ante el temor punzante de no fallar, no cometer la más ligera equivocación para no ser condenados a la hoguera del escarnio y la humillación pública, la peor de las condenas para el pero de los delitos en esta sociedad fraticida que erige templos a la egolatría como pasatiempo predilecto. Quizá por eso los futbolistas ya no fintan, ya no juegan de taquito ni sonríen. Quizá por eso la gente asiste a los estadios de futbol para escupir y golpear al enemigo, el que viste un color distinto al mío. Triste el día en que el futbolista se convirtió en el prototipo del agelasta. Triste el juego donde no hay risas ni hay amor. Triste país donde no hay risas ni hay amor. La vida es más grande que un juego de futbol o una elección presidencial pero nos gusta creer lo contrario para vomitar toda la frustración y la ira que llevamos dentro. Terminamos atrapados siempre en esa enajenación ritual que conduce al fanatismo, a la sordera conveniente, la estupidez como premisa de escape. Pensándolo bien, el futbol y la política tienen mucho en común. Demasiado en común. Da risa lo patético que resulta jugar este juego sin sentido. Por eso, procuraré reírme de mí mismo la próxima vez que remate de chilenita y caiga de costalazo en el intento. “Quedamos los que puedan sonreír en medio de la muerte”, como canta Silvio. Así en la política como en el futbol. No hay de otra.

Apuntes de sueño y verdad

::.

El teatro de los sueños

En el mundo de los sueños, el alma es “su propio teatro, su actor y espectador”, dice Joseph Addison. ¿Alguien acaso no se ha despertado en shock tras haberse contado sus propios cuentos, interpretados por sí mismo?

::.
::.

El símbolo de la verdad
Dicen en el noticiero: “un símbolo más poderoso que la verdad”. ¿Acaso la verdad no es un símbolo?, pregúntome. La verdad es una construcción simbólica de la realidad. Filosofía teleinformativa.
::.

La filosofía para alcanzar la libertad y transformar la realidad

Un video que explica la importancia de la filosofía como una vía para descubrir la realidad más allá del pensamiento cotidiano y técnico. La conclusión del programa argentino Mentira La Verdad me parece fantástica: hacemos filosofía para ser libres y transformar la realidad. Y todo explicado desde la comodidad del transporte público, uno de los mejores sitios para ejercer el oficio filosófico.

Este programa me recordó el genial curso de filosofía por televisión impartido por José Pablo Feinmann, Filosofía aquí y ahora, una serie atípica que pretende derribar el paradigma de que la televisión como sinónimo de la “caja idiota”. Aquí les dejo una probadita de Hegel y su dialéctica del amo y el escalvo, muy ad hoc para estos tiempos políticos en los que necesitamos entender por qué las cosas funcionan como funcionan para luego poder transformar nuestra realidad.

También les dejo el link con la lista completa del programa. Yo no había visto que ya sacaron también la temporada IV y V, donde se habla de asuntos como el pensamiento crítico latinoamericano o temas fundamentales para entender la globalización que van del terrorismo a los derechos humanos. Aquí les dejo el link para que le echen un ojo con calma:

http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/Programas/detallePrograma?rec_id=50205

::.

El farsante Orson Welles

Para que exista un falsificador es necesario que exista también un experto capaz de diferenciar lo falso y lo verdadero. Y para convertir lo apócrifo en auténtico sólo basta engañar a los expertos, aquellos seres con la autoridad suficiente para validar la mentira.

Sobre esta premisa gira F of Fake, último largometraje en la filmografía de Orson Welles, quien a través del documental, la ficción y el engaño explora la fragilidad de la verdad en el mundo del arte contemporáneo. Un festín posmoderno donde las apariencias juegan un papel central: el simulacro como referente absoluto de lo real.

Tras realizar un breve experimento de cámara oculta para mostrar la delgada línea que divide la mentira de la verdad, la película narra la historia de Elmyr de Hory, el más grande falsificador de arte pictórico del siglo XX, y su biógrafo, Clifford Irving, dos maestros del engaño ante los ojos de Welles, quien haciendo gala de sus dotes de embaucador -como él mismo se define- revela los detalles de la estafa.

Para el realizador del Ciudadano Kane, la genialidad del caso consistió en crear un fraude que en realidad nunca existió: un escritor que vende como verídica la historia de un falsificador ficticio. Una parodia perfecta de la posmodernidad.

Con su libro Fake! The Story of Elmyr de Hory, the Greatest Art Forger of Our Time, Irving fue capaz de posicionar a un desconocido pintor húngaro como el mayor falsificador del mundo entero. Así se construyó el mito en torno a Elmyr de Hory, cuya obra más célebre no fue una pintura, sino la creación de su propio personaje en complicidad con la pluma de Irving. Algo que a la poste, significó un lucrativo negocio para este par de ilusionistas.

Divagando entre el testimonio histórico y la fantasía, Welles reta la capacidad de asombro del espectador, desafiando los límites de lo posible con un par de historias con las que intenta demostrar la farsa oculta en la fastuosidad del arte contemporáneo. Un ensayo que evidencia los alcances de la ficción como una poderosa herramienta en la construcción de la verdad.

El pretexto ideal para ponerle punto final a la carrera  de un mentiroso llamado Orson Welles.

 

A %d blogueros les gusta esto: